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Allá donde en el siglo IX los musulmanes fundaron Mayrit, en lo alto de una colina frente al río, entre los arroyos de las Fuentes de San Pedro y de Leganitos, hoy día se encuentran la Catedral de la Almudena, el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Debajo, a muchos metros de profundidad, se esconde la historia del origen de Madrid.

Hoy Pedro y yo os invitamos a un nuevo y para nosotros emocionante viaje al pasado, al tiempo y al lugar en que los árabes construyeron su castillo y su muralla. Los mayritíes se fueron instalando en los alrededores, y allí vivieron hasta la conquista cristiana en el siglo XI.

A pesar de que lamentablemente la mayor parte de los hallazgos fueron destruidos, las obras realizadas en los años 90 para la construcción de un aparcamiento subterráneo en la Plaza de Oriente, y actualmente las del Museo de Colecciones Reales, han ido poco a poco desvelando secretos y dando a conocer cómo era Madrid en aquellos tiempos lejanos y su evolución como ciudad.

Se conoce bastante bien el recorrido de las murallas madrileñas -de las que se conservan valiosos restos-, tanto de la musulmana del siglo IX como la cristiana del siglo XII, sin embargo existen aún muchas incógnitas, sobre todo en la zona donde hoy día se levanta el Palacio Real y en una gran parte de la Plaza de Oriente, nunca excavada.

Bajo el Palacio Real pudo existir un reducto fortificado, posible residencia del Gobernador de Mayrit, sobre el cual los cristianos acaso levantaron su primer Alcázar, precedente del Alcázar de los Austrias incendiado en 1734.

Otro enigma es el camino que siguió la muralla cristiana desde la plazuela de los Caños del Peral -plaza de Isabel II-, donde discurría paralela al Arroyo del Arenal, hasta unirse al Alcázar.

Por entonces el paisaje era muy distinto al actual. Como todo el entorno, el terreno era un escarpado bosque surcado por barrancos y cursos de agua. El arroyo más importante era el del Arenal, pero no el único, la actual Plaza de Oriente de norte a sur estaba dividida por el Arroyo de la Parra. Encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños… una vegetación muy rica, con un clima más frío y húmedo que el actual. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La zona situada más al norte correspondía al barranco y al Arroyo del Arenal, que provenía de la plazuela de los Caños del Peral y, rodeando el cerro del alcázar, se dirigía a desembocar en el Arroyo de Leganitos –bajo la actual Cuesta de San Vicente-.

En la plaza, frente al Teatro Real, fueron hallados los restos de una Atalaya islámica del siglo XI, que se conservan y pueden visitarse en la primera planta del aparcamiento. Se trata de una torre de vigilancia que probablemente, al igual que otros elementos de fortificaciones musulmanas, fueron luego utilizados por los cristianos. Resulta difícil pensar que esa torre fue el único elemento defensivo construido en la zona. La atalaya está situada junto al barranco, y los arqueólogos no descartan que existiera alguna otra. El cimiento de la torre nos muestra el nivel del suelo medieval.

Muy cerca del Palacio también fueron localizados los restos de un sólido muro -no conservado- de la segunda mitad del siglo X que podía pertenecer a un Albacar, o recinto anejo a la fortificación de la ciudad, probable ampliación del primer recinto árabe hacia el norte, que entre otras funciones pudo tener la de servir de refugio a la población en caso de ataque.

Gracias a los hallazgos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos abruptos terrenos además de vida militar hubo actividad agrícola, cultural y artesanal. Una atalaya, restos de una fortificación …. Y huertos, pozos de agua, basureros, hornos… Se hallaron candiles, cuencos, cazuelas y otros utensilios domésticos.

Pero el antiguo cauce del Arroyo del Arenal, bajo la plaza y los terrenos al norte del Palacio, aún esconde muchos misterios y tesoros.

En el camino que seguían el barranco y el arroyo, en su misma dirección, a casi treinta metros de profundidad, en las proximidades del Palacio Real, existe un maravilloso pasadizo que nos traslada a tiempos pasados y hace volar nuestra imaginación.

Resguardado entre dos colectores, mide unos veinte metros de largo por uno veinte de ancho. Llama la atención su altura, aproximadamente cinco metros hasta la clave del techo, mucho para un mero pasadizo. Quizá es otra fantasía, pero se nos ocurre que en caso de necesidad podría haberse recorrido a caballo.

Los muros están construidos en su mayor parte con duro y brillante pedernal, apenas algunos trozos de piedra caliza.

Otro detalle singular es la existencia de varias hileras de adobe, antiquísimo material de construcción.

La bóveda del techo también es de adobe.

Por su interior hoy día sin uso, solo fluye un pequeño hilo de agua, probablemente debido a las filtraciones del terreno. El suelo de piedra está muy desgastado por la erosión del agua y el tiempo.

Su proximidad a Palacio y su situación junto al antiguo cauce del Arenal, al oeste de la atalaya islámica, nos hace pensar que el pasadizo pudo formar parte de una antigua muralla o fortificación, conservado a lo largo de los siglos, uno de los muchos caminos subterráneos que al parecer llegaban hasta el Alcázar y más tarde al Palacio Real.

Al final del tramo se halla una reja antigua, que para nosotros simboliza el gran y desconocido mundo que se esconde en el subsuelo y que nos transporta al Madrid más remoto.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización : Pedro Jareño

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Bibliografía:

VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

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La Historia de Madrid se esconde en el subsuelo. A veces es difícil descifrarla, pero siempre es bella, y emocionante. Hoy Pedro y yo queremos mostraros un lugar impensable. Puede parecer un sueño, pero el lugar existe, a casi treinta y cinco metros de profundidad.

Recordemos que en el Madrid más antiguo, abrupto y surcado por numerosos cursos de agua, uno de los arroyos más importantes era el Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo Matrice, que bajaba hacia el Río por un enorme Barranco, entre dos colinas, la de las Vistillas y la del Alcázar. El otro era el Arroyo de Leganitos, cuyas aguas corrían por el otro costado del cerro donde los musulmanes construyeron su castillo en el siglo IX.

Cuando Felipe II y su Corte llegaron a Madrid en 1561, a los pies de los Altos del Alcázar ya existía un puente que permitía cruzar el tortuoso barranco y el arroyo, junto a unas curiosas construcciones con arcos según el dibujo de Hoefnagel.

Vista de Madrid, detalle. (Hoefnagel, h. 1562)

El Rey fue adquiriendo terrenos alrededor del Alcázar, y acometiendo reformas con el fin de mejorarlos, acomodarlos a sus gustos y también que le aislaran y protegieran de miradas indiscretas. Al oeste, los terrenos que bajaban hasta el río eran antiguas huertas que Felipe II ordenó transformar en prado y bosque, convirtiéndose con el tiempo en el Parque de Palacio, hoy día conocido como Jardines del Campo del Moro, frente a la Casa de Campo.

El Arroyo nacía al norte de la Villa, en terrenos donde aún no existían casas, solo bosques, en los alrededores de la actual calle de Fuencarral, y bajaba hacia el oeste por la calle de los Reyes hasta lo que hoy es la Plaza de España, donde debido al aumento de población y de las edificaciones, en los comienzos del XVII junto a la Fuente se construyó el Puente de Leganitos.

Allí se abría el Barranco de Leganitos, por donde el arroyo transcurría junto al Camino del Río -actual Cuesta de San Vicente-, rodeado de huertas, hasta llegar al Parque de Palacio, actuando por ese lado como una frontera y protección natural del Alcázar.

Arroyo de Leganitos. Del puente de Leganitos al Puente del Parque. (Mancelli, 1623)

En ese punto era donde uno de los dos ramales del Arroyo del Arenal, procedente de la Plazuela de los Caños del Peral, se unía al de Leganitos. El Arroyo de Leganitos entraba en el Parque de Palacio, y desde allí se dirigía al Río. Es curioso comprobar que hoy día esa zona del Campo del Moro conserva el nombre de “bosquete del barranco”.

Desconocemos en qué momento fue construido el Puente del Parque tal como se aprecia en el Plano de Texeira,  es posible que las sucesivas reformas y ampliaciones lo fueran transformando, como sucedía desde tiempos medievales con la mayoría de pontones, puentes y puentecillos que continuamente necesitaban ser reparados. Desde luego, en el siglo XVII, a juzgar por el dibujo del gran cartógrafo, debió ser muy importante. La zona continuaba libre de construcciones, pero pensemos que estamos en terrenos próximos al Alcázar, para uso por tanto del rey y su Corte.

Puente del Parque (Texeira, 1656)

El Puente del Parque, sobre el Arroyo de Leganitos y su afluente el Arroyo del Arenal, era una construcción complicada, con paredones, arcos, ojos… y dos brazos en cuya confluencia se encontraba el acceso a la Puerta del Parque, antecedente de la futura Puerta de San Vicente. Uno de los brazos del puente estaba situado sobre el Arroyo de Leganitos y cruzaba el Camino del Río, el otro se adentraba en el Parque sobre la unión de ambos arroyos.

En el siglo XVIII se llevó a cabo una gran obra urbanística y de ingeniería con el fin de suavizar el fuerte desnivel existente entre el Alcázar y el Río. Para ello se realizó un aporte de tierras allanando el terreno, creándose el Paseo de la Florida, la Cuesta de San Vicente y la calle Bailén. El arroyo y sus puentes desaparecieron.

En algún momento, el cauce de ambos arroyos fue entubado en galerías, convertidas en colectores, que actualmente continúan en uso.

Uno de esos colectores sigue el mismo camino que seguía el antiquísimo Arroyo de Leganitos hace siglos entre árboles y cultivos, ahora bajo los edificios, desde su nacimiento hasta el Manzanares.

La pendiente, bajo la tierra, como lo era en la superficie en el pasado, es muy acusada, y el agua baja a gran velocidad, como antes lo hiciera el Arroyo de Leganitos.

Caminando por el antiguo cauce, ahora entubado, por los mismos lugares que el agua recorriera en siglos pasados, llegamos a un espectacular tramo con ciento ochenta y cinco escalones.

Al acercarnos al punto en que se encuentran los antiguos cauces de los Arroyos de Leganitos y del Arenal, a la altura del lugar donde se encontraba el Puente del Parque, antes de que acaso desapareciera bajo la tierra, a más de treinta metros de profundidad, descubrimos una serie de arcadas construidas en ladrillo sobre pilares de piedra.

Veinticinco arcos perfectos van apareciendo ante nuestros ojos uno tras otro. Su estado de conservación es bastante bueno.

Tres metros de altura por tres de ancho, bajo una estructura muy poderosa, y antigua, muy antigua. Creemos que puede pertenecer al viejo Puente del Parque que aquí existió hasta hace alrededor de trescientos años.


Traspasados los veinticinco impresionantes arcos, llegamos al lugar en que el Arroyo del Arenal llegaba a término, el fin del primitivo cauce del otro arroyo que bordeaba el Alcázar. El mismo lugar donde los brazos del Puente dibujado por Texeira se unían.

El espacio es algo sobrecogedor. Impresiona su magnitud, imaginar la época en que los arcos pudieron ser construidos, hace mucho tiempo, sobre las aguas del torrencial Arroyo de Leganitos, y pensar que milagrosamente allí continúan, a salvo, en nuestro Museo Subterráneo Matricense. Un museo virtual, pero real.

por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

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ACTUALIZACIÓN 3 octubre 2012

Corregido error en la fecha del Plano de Antonio Mancelli, la fecha correcta es 1623.

 

Hoy tenemos que contaros una buena noticia. La Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa ha solicitado a la Comunidad de Madrid la declaración de los Viajes de Agua de Madrid como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), con el fin de que estos elementos tan singulares tengan “un grado de protección acorde con su importancia en la historia de la Villa”.

Como hemos comentado en más de una ocasión, los Viajes de Agua forman parte de nuestro Patrimonio Histórico por lo que sus restos merecen ser conservados y conocidos, y la Coordinadora está trabajando para que esto se cumpla.

Tras una breve justificación del porqué de la petición, la carta presentada a la Dirección General de Patrimonio Histórico por esta asociación de entidades sociales y vecinales, incluye una bonita explicación sobre qué son los Viajes de Agua y lo que significaron en la vida madrileña y el devenir de su historia.

Además de describir la técnica de los Viajes, el escrito hace hincapié en los importantísimos aspectos social y humano.

Finalmente, se expone una más que interesante propuesta que incluye, además de su Catalogación como Bien de Interés Cultural, la creación de una Oficina de los Viajes de Agua, cuyas funciones serían su protección, documentación, información a los madrileños, etc. y un Centro de Interpretación o museo que ofreciera la posibilidad de visitar alguno de los tramos.

Podéis leer el texto completo en su blog, Los Cordeles de la Dehesa.

La presentación de la solicitud es solo el primer paso de un largo camino que esperamos se complete con éxito.

Gracias a Luis Díez San Emeterio y a la Coordinadora por su excelente trabajo en el estudio y defensa de los Viajes de Agua y su importante significado dentro de la historia de Madrid.

Por supuesto, su iniciativa cuenta con todo nuestro apoyo.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

En Madrid existe un lugar mágico, por donde hace siglos corría el Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo-matriz, Matrice, según la teoría de Oliver Asín, que pudo ser el origen del nombre de Madrid. El arroyo que con el tiempo y la urbanización del terreno se convirtió en la calle de Segovia.

A orillas del arroyo, que desde Puerta Cerrada bajaba hasta el Río, luego llamado Manzanares, estuvo el Madrid más remoto, allí se produjeron los asentamientos humanos más antiguos, junto al agua.

Las primeras noticias arqueológicas sobre grupos de población organizados datan nada más y nada menos que de la Edad del Bronce, allá por los siglos XIII-XV antes de Cristo, como supimos durante uno de nuestros paseos por las Vistillas y el primer poblado madrileño. Y hay indicios -en ello se fundó Asín para su teoría- de que allí hubo asentamientos anteriores a la llegada de los musulmanes, un poblado construido en el siglo VII por los visigodos dedicados al pastoreo y a la caza.

En el siglo IX los árabes construyeron su castillo y la recia muralla, rodeando la almudena, recinto militar, y la medina, o recinto civil. Fuí sobre agua edificada, mis muros de fuego son, dice el antiguo emblema de la Villa de Madrid. Agua y pedernal, los símbolos del Viejo Madrid.

Después, en el siglo XII, los cristianos construyeron su cerca, que partía de la musulmana, en lo alto de la Cuesta de la Vega, cruzaba la gran hondonada entre las dos colinas, entre el Alcázar y las Vistillas, y se dirigía hacia la Puerta de Moros.

Era el terreno tan abrupto que cuesta trabajo imaginarlo. Si ahora el desnivel, salvado por el Viaducto, entre ambos cerros es considerable, en la Edad Media era mucho mayor, y más peligroso. Entonces no era una bonita calle, como ahora, la calle de Segovia, rodeada de césped, era el Barranco, así con mayúsculas, porque aunque no era el único en la villa, era el más profundo y difícil.

Cuando Felipe II convirtió a Madrid en capital y sede de la Corte, la muralla aún se mantenía en pie, imponente. Fue entonces, en el siglo XVI cuando comenzó a desaparecer, devorada por las construcciones que a ella se arrimaban o por la tierra.

Existe una pintura que a pesar de ser imaginada, realizada en los años 50 del siglo XX por Pierre Schild, refleja de forma asombrosa lo que pudieron ser aquellos parajes. El cuadro se encuentra en uno de los salones del Restaurante Sobrinos de Botín. Representa ese Madrid de 1561, con el Barranco en primer plano, atravesado por la muralla, sus torreones, sus arcos, callejones y sus adarves.

P. Schild

La primera reforma de la zona fue llevada a cabo poco después, hacia 1570, el rey quiso convertirla en transitable y facilitar la salida de Madrid hacia Segovia. Fue así cómo la muralla fue desapareciendo y el barranco allanado, aunque seguía siendo terrible en la Cuesta de los Ciegos, así aparece en el siglo XVII, dibujado por Texeira.

Plano de Texeira (1656)

Tras los derrumbes accidentales y los derribos provocados, la piedra fue utilizada para adoquinar la nueva calle y aprovechada en nuevas construcciones. La muralla desapareció del Barranco y de la Cuesta de los Ciegos, pero continuó subiendo por la calle Yeseros y entre las calles de Mancebos y Don Pedro, donde aún hoy día perviven restos, como sabemos.

La calle, llamada de la Puente en el siglo XVII, nació sobre el camino natural marcado por el cauce del arroyo. Otras calles surgieron aprovechando la ronda exterior de la muralla, como las Cavas, o la calle de Don Pedro, antes de la Alcantarilla, por haber servido de foso a la muralla. La Alcantarilla llegaba hasta el Arroyo de San Pedro.

Nuevas obras en la zona, a cargo de Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, los desmontes para suavizar el terreno en el XIX, la construcción de la escalera de la Cuesta de los Ciegos y más reformas durante la 2ª República en el XX… acabaron de transformar la Calle Segovia y su entorno en el bonito lugar que es hoy día. Pero al observar el paisaje ante nuestros ojos, no podemos olvidar como fue en el pasado.

¿Resulta descabellado pensar que a pesar de todo existen restos medievales bajo la antiquísima Cuesta de los Ciegos?

Hoy Pedro y yo os invitamos a un Viaje a la Edad Media. Puede ser producto de nuestra imaginación, pero parece real, juzgad vosotros mismos.

En todo el barrio de la Morería, las galerías del alcantarillado son, como en otros barrios del centro, de ladrillo enfoscado. También los túneles que comunican algunas de las construcciones más antiguas, algunos dicen que con el mismísimo Palacio Real, como por ejemplo el pasadizo que sale de la actual Academia de Ingeniería en la calle de Don Pedro, donde recordemos existe un largo lienzo de muralla cristiana, son de ladrillo.

Sin embargo bajo la Cuesta de los Ciegos, en este lugar tan misterioso para nosotros, cerca del camino por donde transcurría la vieja muralla, bajo la ladera ahora ajardinada, escondido entre subterráneos vericuetos, existe un pasadizo increíble, emocionante, y sin uso, por el que, además de las ratas, únicamente corre un pequeño hilo de agua limpia.

Una de sus singularidades es que mide cerca de dos metros de altura por 1,20 de ancho. No se trata de una galería cualquiera.

Y otra, muy importante, es que sus muros están construidos en mampostería de pedernal, aunque algunos tramos tienen refuerzos intermedios de ladrillo.

El camino es además de apasionante, sorprendente. Los muros del pasadizo, en algún lugar, cuenta Pedro, entroncan “en perfecta armonía” con una especie de cámara o espacio circular de construcción espectacular, con un precioso arco de acceso.

Lo mismo ocurre en otro punto del pasadizo, que continúa en la dirección de la muralla.

En otra parte del trayecto se incorpora al pasadizo una estrecha galería que parece pertenecer a un viaje que en caso de necesidad proporcionaría el agua.

Hoy día todo esto puede parecer imposible, una fantasía, pero creemos que se puede tratar de un Pasadizo construido cuando aún existía la muralla, acaso procedente de uno de los edificios próximos. Un camino de entrada o salida de la Villa en un lugar en el que no debía resultar fácil, escarpado y de difícil acceso, lejos de la Puerta de Moros, y separado de la Puerta de la Vega por el tortuoso barranco.

por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

Continuará… quizá.

El Palacio del Conde de Tepa se encuentra en la calle de San Sebastián nº 2, frente a la Parroquia del mismo nombre, con fachadas a esta calle, a la de Atocha y a la plaza del Ángel, en uno de los barrios más bonitos de Madrid, el Barrio de Las Letras. La plaza de Santa Ana, Huertas, Lope de Vega… es un auténtico placer pasear por estas calles y plazuelas.

Fue construido entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX por Jorge Durán, en piedra y ladrillo alrededor de dos patios, al estilo neoclásico, aunque la historia del lugar es mucho más antigua, como veremos.

Su transformación en viviendas al final del siglo XIX y la instalación de distintos locales comerciales a lo largo del siglo XX fueron eliminando casi todas las huellas del antiguo palacio, que llegó a estar muy deteriorado. Recientemente ha sido convertido en un lujoso hotel de cinco estrellas, magníficamente restaurado por los arquitectos Javier Feduchi Benlliure y Werner Durrer.

Calle de San Sebastián esquina Atocha. Febrero 2011.

Durante las obras de rehabilitación se realizó la correspondiente intervención arqueológica, gracias a la cual han salido a la luz los espectaculares restos del Viaje de Agua de La Castellana, que surtía a las “Casas situadas frente a la Parroquia de San Sebastián” durante los siglos XVII y XVIII, y después probablemente al Palacio del Conde de Tepa, hasta la llegada del Agua a Madrid, ya mediado el siglo XIX.

Cuando el pasado mes de mayo iniciamos la serie de artículos dedicados a los Viajes de Agua, intentando llamar la atención sobre la existencia de restos de este importante y singular elemento del Patrimonio Histórico madrileño, decíamos que ojalá alguna vez pudiéramos disfrutar en Madrid de un Museo de los Viajes de Agua, y conocer cómo eran y cómo funcionaban gracias a los tramos conservados bajo el subsuelo.

De momento, ha sido una grata sorpresa el descubrir la existencia de estos vestigios bajo los cimientos del antiguo palacio y la forma en que se han conservado en el nuevo hotel bajo un suelo acristalado sobre el cual podemos caminar y contemplar todos los elementos hallados.

Cuatro paneles informativos muy detallados completan el pequeño museo. El primero de ellos nos cuenta la historia del solar que ocupa el palacio. Sus orígenes como suelo urbano se remontan a mediados del siglo XVI, época en que se produjo un gran crecimiento en la población y urbanización de la Villa.

Nada más iniciarse el siglo XVII Francisco González Heredia adquirió el solar y construyó una casa-palacio que probablemente pervivió hasta la construcción del edificio actual.

Como indica una placa en la fachada, allí estuvo la Fonda de San Sebastián, donde se reunían los literatos de la época de Carlos III, los literatos de la Ilustración, constituyendo la tertulia más famosa e influyente de la época.

El segundo panel describe la etapa que va desde la creación del Palacio a finales del siglo XVIII hasta la actualidad.

El Palacio fue encargado por el primer Conde de Tepa al arquitecto Jorge Durán, proyecto aprobado por la Villa de Madrid y su Arquitecto Mayor, entonces Juan de Villanueva, aunque finalmente el edificio construido fue más sencillo que el inicialmente diseñado.

El tercer panel está dedicado a los Viajes de Agua. El de la Fuente Castellana construido a partir de 1612, atravesaba parte del palacio, de forma que durante la intervención arqueológica han aparecido restos de la gran obra hidráulica, perfectamente detallados en el cuarto y último panel.

Un esquema de la planta de los elementos conservados ayuda a identificar los restos que se hallan bajo nuestros pies. El aljibe, de cuyo interior se muestran fotografías. Unas escaleras nuevas llegan hasta la entrada a la galería.

Junto al pozo de registro, uno de los restos más bonitos, que estimulan nuestra imaginación y nos trasladan a los tiempos en que este era el medio por el que el agua llegaba al palacio, un pilón de granito.

Recordemos que el Viaje de la Castellana abastecía a 11 fuentes públicas, con 147 aguadores y 85 fuentes particulares. Una de ellas, la de la casa-palacio frente a la Parroquia de San Sebastián.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Hotel NH Palacio Conde de Tepa
entrada Plaza del Ángel nº 10.

La muralla construida por los cristianos en el siglo XII es, junto con la muralla árabe del siglo IX, uno de los monumentos madrileños más antiguos e importantes, siendo sus restos catalogados de interés Histórico-Artístico, por lo cual estamos obligados a protegerlos.

Su recorrido se conoce bastante bien gracias a los varios lienzos conservados, por lo que en algunos tramos, aunque no se haya constatado su presencia, los investigadores han podido establecer el posible camino que seguía.

Restos conservados y bien restaurados, otros en mal estado, como los de la calle del Almendro, y otros perdidos por motivos urbanísticos o inmobiliarios, pero constatados. Incluso puede que existan restos en alguna parte, localizados, pero desconocidos para la mayoría de nosotros, quién sabe.

Y seguramente existen restos aún desconocidos, tras algunas paredes o entre los cimientos de algunas viviendas, o en el rico subsuelo, que como sabemos esconde muchos tesoros aún por descubrir.

Hoy Pedro -a quien ya conocéis por la serie de Los Viajes de Agua- y yo, queremos mostraros algo que a ambos nos parece muy emocionante.

Podemos equivocarnos, pero creemos que podría tratarse de un lienzo de muralla cristiana.

No vamos a especificar el lugar exacto en el que se encuentra, al menos de momento, para evitar que personas no profesionales y con ganas de aventura se disfracen de trabajadores del subsuelo y se adentren donde no deben, pero sí os contaremos que este muro está situado muy cerca de uno de los lienzos conservados pertenecientes a la muralla cristiana, sigue su misma dirección y está situado en un lugar por donde se supone transcurría la muralla.

El trozo visible, intramuros, mide aproximadamente unos 2 metros de largo por 1,70 m. de alto, aunque, en caso hipotético de prolongar la excavación que desconocemos en qué momento habrá tenido lugar, podría aparecer la continuación del lienzo.

Esperamos conseguir más información y contarla. Por supuesto cualquier opinión o aportación será bienvenida.

Por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

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Artículos anteriores:

La Muralla Cristiana.
La Muralla Cristiana en el Palacio de Villafranca. Calle de Don Pedro nº 10.

El Viaje de Agua de la Fuente del Berro no llegaba a las Puertas de la población, como otros viajes que hemos visitado hasta ahora, sino que surtía una zona de huertas situadas al este de la Villa, extramuros, que habían nacido a la vera del arroyo Abroñigal. Sin embargo sus aguas llegarían a ser las más famosas.

No se sabe con certeza si se trataba de un viaje independiente o de un ramal del Bajo Abroñigal, en cualquier caso se trata de un Viaje de Agua muy antiguo. Existen documentos que cuentan que en el año 1470 se buscaban artífices para trabajar en las zonas de captación de la Fuente del Berro. Según algunas fuentes podría haberse comenzado a construir en la primera mitad del siglo XVI durante el reinado de Carlos I.

Aunque estos terrenos quedaban fuera de los límites del Plano de Texeira, de 1656, se sabe que ya en el siglo XVII hubo allí una hermosa Quinta llamada de Miraflores, comprada por la Corona en 1631, en tiempos del rey Felipe IV, a quien, según cuentan los cronistas, era el agua que más le gustaba y mandaba trasladarla al Palacio del Buen Retiro. Pero no fue el único miembro de la realeza que la prefería, en 1686 la reina María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II, mandaba acarrear el agua a Palacio con una mula de silla.

El agua de la Fuente del Berro también era del gusto del pueblo de Madrid, y la Corona permitió su uso público, manteniendo la fuente fuera de las tapias de la posesión. Como además debía suministrar agua a la propia finca, el masivo consumo provocó algunos conflictos y pleitos.

En el siglo XVIII Carlos III ordenó construir una casilla alrededor de la fuente, que pasó a llamarse Fuente del Rey. Fuera quedaron los caños públicos. El agua de la Fuente del Berro continuaba llevándose al Palacio del Buen Retiro, luego al Palacio Real Nuevo, y más tarde a Aranjuez, el Pardo, La Granja y El Escorial.

Ya en el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II se realizaron obras para la conducción del agua al Prado y se instaló una bomba junto al Arroyo Abroñigal con el fin de aumentar el caudal del viaje que enlazaba la Fuente del Berro con otras fuentes, de forma que los aguadores la vendían en la calle de Alcalá, cerca de la Venta del Espíritu Santo, lugar donde hoy se encuentra la Plaza de Toros, o en los puestos instalados en el Prado y en Recoletos. Lo curioso es que se trataba de agua de gran dureza debido a su alto contenido en minerales, muy distinta a las aguas finas que hoy día preferimos los madrileños.

El Viaje de Agua de la Fuente del Berro tenía dos ramales, y de ambos quedan restos.

Uno era el Ramal Norte, que nacía cerca de la Plaza de Toros de las Ventas (calle de Pedro Heredia):

Pozo visto desde el interior

Las galerías de este Ramal están revestidas de ladrillo:

En algunos tramos el agua iba canalizada por un tubo, y en otros no.

Algunos tramos parecen reformados, otros se encuentran sin reformar, pero en bastante buen estado:

Un rápido del Viaje, reformado:

Y el otro, el Ramal Sur, nacía cerca de la calle de Ibiza, pasaba por la zona del Palacio de los Deportes y de ahí se dirigía al Paseo del Marqués de Zafra, donde se unía con el otro ramal. Debido a la diferencia del terreno, este ramal no estaba revestido, por lo que su forma responde a lo que se conoce como “lomo de caballo”:

Ambos ramales llegaban juntos por el final de la calle Peñascales hasta el Parque de la Fuente del Berro. La fuente continúa fuera del Parque, frente a la tapia de entrada, conservando su carácter de fuente pública que tuvo desde el principio, a pesar de pertenecer a la Corona. El pozo de bajada se halla detrás de la fuente.

En la tapa todavía se puede leer “Viaje Antiguo de Agua”.

El Viaje de Agua de la Fuente del Berro ha perdurado hasta 1977, en que hubo de ser clausurado debido a la contaminación de sus famosas aguas, siendo desviadas al Estanque de los Patos, en el interior de los jardines.

Fuente próxima al Estanque de los Patos.

En 1983, tras reparar y limpiar la Fuente, esta fue abastecida por el Canal de Isabel II. Actualmente sigue en funcionamiento.

Texto: Mercedes Gómez

Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

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Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VII).- Buen Retiro.

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Bibliografía :

I. de Bustamante, B. López-Camacho, M. Bascones.The Fuente del Berro (Madrid). Universidad Alcalá de Henares. (en inglés)
VVAA. Los viajes del agua. Revista Obras Públicas. Madrid 1999
Angela Souto. La Fuente del Berro. Ed. Doce Calles. Madrid 2001.

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Los Viajes de Agua del Buen Retiro, el Alto y Bajo Retiro, fueron construidos en 1631, en tiempos de Felipe IV, además de para el abastecimiento, para el riego del Real Sitio que se comenzaba a edificar en las afueras de la Villa.

Nacían en el término de Chamartín. El Viaje del Alto Retiro atravesaba la Guindalera, el camino de Hortaleza y la calle de Alcalá, donde se encontraba la primera arca de distribución, de donde partían las aguas que surtían las Fuentes del Retiro. Tenía una longitud de 15 kilómetros.

El Viaje del Bajo Retiro atravesaba los caminos de Chamartín y Hortaleza. El arca de medida estaba situada en el inicio de la actual calle de López de Hoyos cerca del Paseo de la Castellana, siguiendo después por lo que es hoy la calle de Serrano hasta el arca de distribución, a la entrada del Retiro. Tenía una longitud de 4 kilómetros.

En el Palacio del Buen Retiro existían norias que eran utilizadas para elevar el agua, surtir a las numerosas fuentes y poder ser utilizadas en el riego de los jardines. En los años 90 del pasado siglo XX, durante unas excavaciones arqueológicas, fueron hallados restos de Porcelanas de la Antigua Fábrica creada en tiempos de Carlos III, y vestigios de un sistema hidráulico. Las construcciones más antiguas halladas fueron una noria y su estanque que ya estaban en uso a mediados del siglo XVII y que servían para el riego de los huertos cercanos.

Del Viaje del Bajo Retiro se conservan restos de una galería cuyo pozo de bajada, sin pates, se encuentra a la altura del número 74 de la Calle de Claudio Coello.

Aún pervive la antigua verja de hierro de la entrada.

Como muchos de los tramos de las antiguas galerías de conducción, este fue reutilizado para instalar canalizaciones de servicios.

La galería tiene aproximadamente 1,60 metros de altura, parece menor que otras visitadas, y debido a la existencia de los anclajes para la instalación de las canalizaciones y cableados, el camino resulta algo difícil para Pedro y sus compañeros.

La galería está revestida de ladrillo, como todos los tramos de otros viajes que hemos visitado hasta el momento. A lo largo del recorrido llegamos a una zona en la que se observan arcos en ambos muros.

Un compañero de Pedro observa el muro bajo los arcos y nos cuenta que se trata de tosco.

Los antiguos constructores de las minas de captación de agua hablaban de dos tipos de terreno, los arenosos o “de miga” y los “toscos”, más arcillosos y casi impermeables.

Llegamos a un punto donde la galería se encuentra condenada y de donde sale otra galería más moderna con un pozo de acceso.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

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Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.

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Más bibliografía:

J. Llorca Aquesolo y J.L. Monte Sáez. El antiguo sistema de abastecimiento de agua de Madrid y su influencia en la vía pública, construcciones en servicio y nueva construcción. Revista de Obras Públicas. 1984

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Como ya comentamos durante nuestra visita a los Viajes de la Alcubilla, Castellana, Alto Abroñigal y Bajo Abroñigal, a comienzos del siglo XVII, establecida definitivamente la Corte en Madrid, la población creció, y también la necesidad de agua, iniciándose la construcción de los Viajes mencionados, propiedad de la Villa. La Corona, con el fin de asegurar el abastecimiento al Alcázar, entre los años 1614 y 1619 construyó el Viaje de Amaniel, siendo por tanto de su propiedad, por lo que sería conocido también como Viaje de Palacio.

Como los demás Viajes, el de Amaniel nacía en el Norte de Madrid, dividiéndose en dos ramales. Uno atravesaba la Dehesa de la Villa, donde hoy día aún podemos contemplar varios “capirotes” que cubren los antiguos pozos de aireación.

Y el otro discurría por la llamada Huerta del Obispo, zona próxima al paseo de Juan XXIII, actualmente Colonia de Villamil. Ambos ramales se unían al final de la Dehesa de la Villa, en la Quinta de los Pinos.

En 2005, durante unas obras en la zona del paseo de Juan XXIII para la creación de un parque, se hallaron restos del antiguo Viaje de Amaniel.

En el interior de la galería se observó una gran acumulación de raíces.

Interior de la galería en 2006:

El pozo de aireación, está cerrado en cascarones (o cucharón). Este es su aspecto desde el interior:

Se pudo comprobar que la entrada del agua al Viaje estaba canalizada:

Los vecinos y asociaciones del barrio pidieron que los restos hallados fueran conservados y expuestos al público de forma que sirvieran para explicar lo que significaron los Viajes de Agua en la Historia de Madrid.

Por fin, dichos restos fueron integrados en el nuevo parque, a la altura del Paseo de Juan XXIII nº 46. Estas fotos, de hace pocos meses, muestran el estado del lugar, ensuciado por las firmas de los llamados grafiteros.

Una de las entradas conserva una puerta de hierro:

Ajena a todo, y sorprendentemente, el agua sigue fluyendo.

Nos gustaría que este parque que guarda los restos de uno de los Antiguos Viajes de Agua madrileños, apenas único testigo de una de las mayores singularidades de nuestra historia, fuera cuidado y dado a conocer como se merece.

A partir de aquí, el Viaje de Amaniel bajaba por la actual calle de Guzmán el Bueno. A la altura de Fernando el Católico se desviaba hasta llegar a la Glorieta de San Bernardo donde se encontraba la Puerta de Fuencarral y el arca principal del Viaje.

Por dicha Puerta entraba en la Villa y, por la calle de San Bernardo, iba hasta las de Quiñones, San Dimas, Norte, Noviciado y Amaniel. Atravesaba la plaza de los Mostenses, la actual Gran Vía, para llegar a la calle de la Bola, San Quintín, Bailén y la Plaza de Oriente, hasta Palacio. Su extensión era de 6 kilómetros.

Texto: Mercedes Gómez

Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

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Bibliografía:
Mª Teresa Solesio de la Presa. “Los Viajes de Agua madrileños”. En: “Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña.” Ed. Polifemo. Madrid 1992.

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Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.

Antes de hablar de temas nuevos o de visitar otros Viajes de Agua, hoy queremos invitaros a conocer otro pozo correspondiente a un ramal del Alto Abroñigal que atravesaba el actual Barrio de Salamanca. De sus galerías quedan algunos restos, y también algunos “misterios por resolver”.

El único pozo al que de momento se ha podido acceder se encuentra en la calle de José Ortega y Gasset a la altura de los números 48-50.

Cuenta Pedro que de todos los Viajes que ha visitado, este ramal quizá sea el de mayor cota, 28 metros de profundidad aproximadamente.

Bajando por el pozo, hacia la mitad del camino, él y sus compañeros, notaron una cierta falta de oxígeno, pero una vez en el interior de la galería el nivel de oxígeno se recuperó debido a que el agua sigue llegando hasta aquí. Maravillas de la vida, dice.

Al final de la bajada, encontraron un contrapozo de acceso a la galería de unos 3 metros de profundidad.


Corona de acceso a la galería mediante contrapozo:

No se percibe muy bien, pero el pozo es de cierre a cascarón:

En la galería de conducción se observa la antigüedad de los muros y bóveda.

La galería tiene filtraciones de agua, que permiten respirar a tanta profundidad.

En el breve tramo recorrido no se ha observado que esta galería haya sido utilizada para la instalación de ningún tipo de servicio. Pero ahí siguen sus viejos muros revestidos de ladrillo, para en cierto modo permitirnos un viaje al pasado.

Muy cerca, existen otros dos pozos de bajada, que de momento no han podido ser visitados, por lo que se desconoce si existen restos del antiguo viaje de aguas. Quizá en un futuro podamos descubrirlo.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

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