You are currently browsing the category archive for the ‘Madrid subterráneo’ category.

Hoy tenemos que contaros una buena noticia. La Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa ha solicitado a la Comunidad de Madrid la declaración de los Viajes de Agua de Madrid como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), con el fin de que estos elementos tan singulares tengan “un grado de protección acorde con su importancia en la historia de la Villa”.

Como hemos comentado en más de una ocasión, los Viajes de Agua forman parte de nuestro Patrimonio Histórico por lo que sus restos merecen ser conservados y conocidos, y la Coordinadora está trabajando para que esto se cumpla.

Tras una breve justificación del porqué de la petición, la carta presentada a la Dirección General de Patrimonio Histórico por esta asociación de entidades sociales y vecinales, incluye una bonita explicación sobre qué son los Viajes de Agua y lo que significaron en la vida madrileña y el devenir de su historia.

Además de describir la técnica de los Viajes, el escrito hace hincapié en los importantísimos aspectos social y humano.

Finalmente, se expone una más que interesante propuesta que incluye, además de su Catalogación como Bien de Interés Cultural, la creación de una Oficina de los Viajes de Agua, cuyas funciones serían su protección, documentación, información a los madrileños, etc. y un Centro de Interpretación o museo que ofreciera la posibilidad de visitar alguno de los tramos.

Podéis leer el texto completo en su blog, Los Cordeles de la Dehesa.

La presentación de la solicitud es solo el primer paso de un largo camino que esperamos se complete con éxito.

Gracias a Luis Díez San Emeterio y a la Coordinadora por su excelente trabajo en el estudio y defensa de los Viajes de Agua y su importante significado dentro de la historia de Madrid.

Por supuesto, su iniciativa cuenta con todo nuestro apoyo.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Anuncios

En Madrid existe un lugar mágico, por donde hace siglos corría el Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo-matriz, Matrice, según la teoría de Oliver Asín, que pudo ser el origen del nombre de Madrid. El arroyo que con el tiempo y la urbanización del terreno se convirtió en la calle de Segovia.

A orillas del arroyo, que desde Puerta Cerrada bajaba hasta el Río, luego llamado Manzanares, estuvo el Madrid más remoto, allí se produjeron los asentamientos humanos más antiguos, junto al agua.

Las primeras noticias arqueológicas sobre grupos de población organizados datan nada más y nada menos que de la Edad del Bronce, allá por los siglos XIII-XV antes de Cristo, como supimos durante uno de nuestros paseos por las Vistillas y el primer poblado madrileño. Y hay indicios -en ello se fundó Asín para su teoría- de que allí hubo asentamientos anteriores a la llegada de los musulmanes, un poblado construido en el siglo VII por los visigodos dedicados al pastoreo y a la caza.

En el siglo IX los árabes construyeron su castillo y la recia muralla, rodeando la almudena, recinto militar, y la medina, o recinto civil. Fuí sobre agua edificada, mis muros de fuego son, dice el antiguo emblema de la Villa de Madrid. Agua y pedernal, los símbolos del Viejo Madrid.

Después, en el siglo XII, los cristianos construyeron su cerca, que partía de la musulmana, en lo alto de la Cuesta de la Vega, cruzaba la gran hondonada entre las dos colinas, entre el Alcázar y las Vistillas, y se dirigía hacia la Puerta de Moros.

Era el terreno tan abrupto que cuesta trabajo imaginarlo. Si ahora el desnivel, salvado por el Viaducto, entre ambos cerros es considerable, en la Edad Media era mucho mayor, y más peligroso. Entonces no era una bonita calle, como ahora, la calle de Segovia, rodeada de césped, era el Barranco, así con mayúsculas, porque aunque no era el único en la villa, era el más profundo y difícil.

Cuando Felipe II convirtió a Madrid en capital y sede de la Corte, la muralla aún se mantenía en pie, imponente. Fue entonces, en el siglo XVI cuando comenzó a desaparecer, devorada por las construcciones que a ella se arrimaban o por la tierra.

Existe una pintura que a pesar de ser imaginada, realizada en los años 50 del siglo XX por Pierre Schild, refleja de forma asombrosa lo que pudieron ser aquellos parajes. El cuadro se encuentra en uno de los salones del Restaurante Sobrinos de Botín. Representa ese Madrid de 1561, con el Barranco en primer plano, atravesado por la muralla, sus torreones, sus arcos, callejones y sus adarves.

P. Schild

La primera reforma de la zona fue llevada a cabo poco después, hacia 1570, el rey quiso convertirla en transitable y facilitar la salida de Madrid hacia Segovia. Fue así cómo la muralla fue desapareciendo y el barranco allanado, aunque seguía siendo terrible en la Cuesta de los Ciegos, así aparece en el siglo XVII, dibujado por Texeira.

Plano de Texeira (1656)

Tras los derrumbes accidentales y los derribos provocados, la piedra fue utilizada para adoquinar la nueva calle y aprovechada en nuevas construcciones. La muralla desapareció del Barranco y de la Cuesta de los Ciegos, pero continuó subiendo por la calle Yeseros y entre las calles de Mancebos y Don Pedro, donde aún hoy día perviven restos, como sabemos.

La calle, llamada de la Puente en el siglo XVII, nació sobre el camino natural marcado por el cauce del arroyo. Otras calles surgieron aprovechando la ronda exterior de la muralla, como las Cavas, o la calle de Don Pedro, antes de la Alcantarilla, por haber servido de foso a la muralla. La Alcantarilla llegaba hasta el Arroyo de San Pedro.

Nuevas obras en la zona, a cargo de Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, los desmontes para suavizar el terreno en el XIX, la construcción de la escalera de la Cuesta de los Ciegos y más reformas durante la 2ª República en el XX… acabaron de transformar la Calle Segovia y su entorno en el bonito lugar que es hoy día. Pero al observar el paisaje ante nuestros ojos, no podemos olvidar como fue en el pasado.

¿Resulta descabellado pensar que a pesar de todo existen restos medievales bajo la antiquísima Cuesta de los Ciegos?

Hoy Pedro y yo os invitamos a un Viaje a la Edad Media. Puede ser producto de nuestra imaginación, pero parece real, juzgad vosotros mismos.

En todo el barrio de la Morería, las galerías del alcantarillado son, como en otros barrios del centro, de ladrillo enfoscado. También los túneles que comunican algunas de las construcciones más antiguas, algunos dicen que con el mismísimo Palacio Real, como por ejemplo el pasadizo que sale de la actual Academia de Ingeniería en la calle de Don Pedro, donde recordemos existe un largo lienzo de muralla cristiana, son de ladrillo.

Sin embargo bajo la Cuesta de los Ciegos, en este lugar tan misterioso para nosotros, cerca del camino por donde transcurría la vieja muralla, bajo la ladera ahora ajardinada, escondido entre subterráneos vericuetos, existe un pasadizo increíble, emocionante, y sin uso, por el que, además de las ratas, únicamente corre un pequeño hilo de agua limpia.

Una de sus singularidades es que mide cerca de dos metros de altura por 1,20 de ancho. No se trata de una galería cualquiera.

Y otra, muy importante, es que sus muros están construidos en mampostería de pedernal, aunque algunos tramos tienen refuerzos intermedios de ladrillo.

El camino es además de apasionante, sorprendente. Los muros del pasadizo, en algún lugar, cuenta Pedro, entroncan “en perfecta armonía” con una especie de cámara o espacio circular de construcción espectacular, con un precioso arco de acceso.

Lo mismo ocurre en otro punto del pasadizo, que continúa en la dirección de la muralla.

En otra parte del trayecto se incorpora al pasadizo una estrecha galería que parece pertenecer a un viaje que en caso de necesidad proporcionaría el agua.

Hoy día todo esto puede parecer imposible, una fantasía, pero creemos que se puede tratar de un Pasadizo construido cuando aún existía la muralla, acaso procedente de uno de los edificios próximos. Un camino de entrada o salida de la Villa en un lugar en el que no debía resultar fácil, escarpado y de difícil acceso, lejos de la Puerta de Moros, y separado de la Puerta de la Vega por el tortuoso barranco.

por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

Continuará… quizá.

El Palacio del Conde de Tepa se encuentra en la calle de San Sebastián nº 2, frente a la Parroquia del mismo nombre, con fachadas a esta calle, a la de Atocha y a la plaza del Ángel, en uno de los barrios más bonitos de Madrid, el Barrio de Las Letras. La plaza de Santa Ana, Huertas, Lope de Vega… es un auténtico placer pasear por estas calles y plazuelas.

Fue construido entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX por Jorge Durán, en piedra y ladrillo alrededor de dos patios, al estilo neoclásico, aunque la historia del lugar es mucho más antigua, como veremos.

Su transformación en viviendas al final del siglo XIX y la instalación de distintos locales comerciales a lo largo del siglo XX fueron eliminando casi todas las huellas del antiguo palacio, que llegó a estar muy deteriorado. Recientemente ha sido convertido en un lujoso hotel de cinco estrellas, magníficamente restaurado por los arquitectos Javier Feduchi Benlliure y Werner Durrer.

Calle de San Sebastián esquina Atocha. Febrero 2011.

Durante las obras de rehabilitación se realizó la correspondiente intervención arqueológica, gracias a la cual han salido a la luz los espectaculares restos del Viaje de Agua de La Castellana, que surtía a las “Casas situadas frente a la Parroquia de San Sebastián” durante los siglos XVII y XVIII, y después probablemente al Palacio del Conde de Tepa, hasta la llegada del Agua a Madrid, ya mediado el siglo XIX.

Cuando el pasado mes de mayo iniciamos la serie de artículos dedicados a los Viajes de Agua, intentando llamar la atención sobre la existencia de restos de este importante y singular elemento del Patrimonio Histórico madrileño, decíamos que ojalá alguna vez pudiéramos disfrutar en Madrid de un Museo de los Viajes de Agua, y conocer cómo eran y cómo funcionaban gracias a los tramos conservados bajo el subsuelo.

De momento, ha sido una grata sorpresa el descubrir la existencia de estos vestigios bajo los cimientos del antiguo palacio y la forma en que se han conservado en el nuevo hotel bajo un suelo acristalado sobre el cual podemos caminar y contemplar todos los elementos hallados.

Cuatro paneles informativos muy detallados completan el pequeño museo. El primero de ellos nos cuenta la historia del solar que ocupa el palacio. Sus orígenes como suelo urbano se remontan a mediados del siglo XVI, época en que se produjo un gran crecimiento en la población y urbanización de la Villa.

Nada más iniciarse el siglo XVII Francisco González Heredia adquirió el solar y construyó una casa-palacio que probablemente pervivió hasta la construcción del edificio actual.

Como indica una placa en la fachada, allí estuvo la Fonda de San Sebastián, donde se reunían los literatos de la época de Carlos III, los literatos de la Ilustración, constituyendo la tertulia más famosa e influyente de la época.

El segundo panel describe la etapa que va desde la creación del Palacio a finales del siglo XVIII hasta la actualidad.

El Palacio fue encargado por el primer Conde de Tepa al arquitecto Jorge Durán, proyecto aprobado por la Villa de Madrid y su Arquitecto Mayor, entonces Juan de Villanueva, aunque finalmente el edificio construido fue más sencillo que el inicialmente diseñado.

El tercer panel está dedicado a los Viajes de Agua. El de la Fuente Castellana construido a partir de 1612, atravesaba parte del palacio, de forma que durante la intervención arqueológica han aparecido restos de la gran obra hidráulica, perfectamente detallados en el cuarto y último panel.

Un esquema de la planta de los elementos conservados ayuda a identificar los restos que se hallan bajo nuestros pies. El aljibe, de cuyo interior se muestran fotografías. Unas escaleras nuevas llegan hasta la entrada a la galería.

Junto al pozo de registro, uno de los restos más bonitos, que estimulan nuestra imaginación y nos trasladan a los tiempos en que este era el medio por el que el agua llegaba al palacio, un pilón de granito.

Recordemos que el Viaje de la Castellana abastecía a 11 fuentes públicas, con 147 aguadores y 85 fuentes particulares. Una de ellas, la de la casa-palacio frente a la Parroquia de San Sebastián.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

——–

Hotel NH Palacio Conde de Tepa
entrada Plaza del Ángel nº 10.

La muralla construida por los cristianos en el siglo XII es, junto con la muralla árabe del siglo IX, uno de los monumentos madrileños más antiguos e importantes, siendo sus restos catalogados de interés Histórico-Artístico, por lo cual estamos obligados a protegerlos.

Su recorrido se conoce bastante bien gracias a los varios lienzos conservados, por lo que en algunos tramos, aunque no se haya constatado su presencia, los investigadores han podido establecer el posible camino que seguía.

Restos conservados y bien restaurados, otros en mal estado, como los de la calle del Almendro, y otros perdidos por motivos urbanísticos o inmobiliarios, pero constatados. Incluso puede que existan restos en alguna parte, localizados, pero desconocidos para la mayoría de nosotros, quién sabe.

Y seguramente existen restos aún desconocidos, tras algunas paredes o entre los cimientos de algunas viviendas, o en el rico subsuelo, que como sabemos esconde muchos tesoros aún por descubrir.

Hoy Pedro -a quien ya conocéis por la serie de Los Viajes de Agua- y yo, queremos mostraros algo que a ambos nos parece muy emocionante.

Podemos equivocarnos, pero creemos que podría tratarse de un lienzo de muralla cristiana.

No vamos a especificar el lugar exacto en el que se encuentra, al menos de momento, para evitar que personas no profesionales y con ganas de aventura se disfracen de trabajadores del subsuelo y se adentren donde no deben, pero sí os contaremos que este muro está situado muy cerca de uno de los lienzos conservados pertenecientes a la muralla cristiana, sigue su misma dirección y está situado en un lugar por donde se supone transcurría la muralla.

El trozo visible, intramuros, mide aproximadamente unos 2 metros de largo por 1,70 m. de alto, aunque, en caso hipotético de prolongar la excavación que desconocemos en qué momento habrá tenido lugar, podría aparecer la continuación del lienzo.

Esperamos conseguir más información y contarla. Por supuesto cualquier opinión o aportación será bienvenida.

Por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

———

Artículos anteriores:

La Muralla Cristiana.
La Muralla Cristiana en el Palacio de Villafranca. Calle de Don Pedro nº 10.

El Viaje de Agua de la Fuente del Berro no llegaba a las Puertas de la población, como otros viajes que hemos visitado hasta ahora, sino que surtía una zona de huertas situadas al este de la Villa, extramuros, que habían nacido a la vera del arroyo Abroñigal. Sin embargo sus aguas llegarían a ser las más famosas.

No se sabe con certeza si se trataba de un viaje independiente o de un ramal del Bajo Abroñigal, en cualquier caso se trata de un Viaje de Agua muy antiguo. Existen documentos que cuentan que en el año 1470 se buscaban artífices para trabajar en las zonas de captación de la Fuente del Berro. Según algunas fuentes podría haberse comenzado a construir en la primera mitad del siglo XVI durante el reinado de Carlos I.

Aunque estos terrenos quedaban fuera de los límites del Plano de Texeira, de 1656, se sabe que ya en el siglo XVII hubo allí una hermosa Quinta llamada de Miraflores, comprada por la Corona en 1631, en tiempos del rey Felipe IV, a quien, según cuentan los cronistas, era el agua que más le gustaba y mandaba trasladarla al Palacio del Buen Retiro. Pero no fue el único miembro de la realeza que la prefería, en 1686 la reina María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II, mandaba acarrear el agua a Palacio con una mula de silla.

El agua de la Fuente del Berro también era del gusto del pueblo de Madrid, y la Corona permitió su uso público, manteniendo la fuente fuera de las tapias de la posesión. Como además debía suministrar agua a la propia finca, el masivo consumo provocó algunos conflictos y pleitos.

En el siglo XVIII Carlos III ordenó construir una casilla alrededor de la fuente, que pasó a llamarse Fuente del Rey. Fuera quedaron los caños públicos. El agua de la Fuente del Berro continuaba llevándose al Palacio del Buen Retiro, luego al Palacio Real Nuevo, y más tarde a Aranjuez, el Pardo, La Granja y El Escorial.

Ya en el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II se realizaron obras para la conducción del agua al Prado y se instaló una bomba junto al Arroyo Abroñigal con el fin de aumentar el caudal del viaje que enlazaba la Fuente del Berro con otras fuentes, de forma que los aguadores la vendían en la calle de Alcalá, cerca de la Venta del Espíritu Santo, lugar donde hoy se encuentra la Plaza de Toros, o en los puestos instalados en el Prado y en Recoletos. Lo curioso es que se trataba de agua de gran dureza debido a su alto contenido en minerales, muy distinta a las aguas finas que hoy día preferimos los madrileños.

El Viaje de Agua de la Fuente del Berro tenía dos ramales, y de ambos quedan restos.

Uno era el Ramal Norte, que nacía cerca de la Plaza de Toros de las Ventas (calle de Pedro Heredia):

Pozo visto desde el interior

Las galerías de este Ramal están revestidas de ladrillo:

En algunos tramos el agua iba canalizada por un tubo, y en otros no.

Algunos tramos parecen reformados, otros se encuentran sin reformar, pero en bastante buen estado:

Un rápido del Viaje, reformado:

Y el otro, el Ramal Sur, nacía cerca de la calle de Ibiza, pasaba por la zona del Palacio de los Deportes y de ahí se dirigía al Paseo del Marqués de Zafra, donde se unía con el otro ramal. Debido a la diferencia del terreno, este ramal no estaba revestido, por lo que su forma responde a lo que se conoce como “lomo de caballo”:

Ambos ramales llegaban juntos por el final de la calle Peñascales hasta el Parque de la Fuente del Berro. La fuente continúa fuera del Parque, frente a la tapia de entrada, conservando su carácter de fuente pública que tuvo desde el principio, a pesar de pertenecer a la Corona. El pozo de bajada se halla detrás de la fuente.

En la tapa todavía se puede leer “Viaje Antiguo de Agua”.

El Viaje de Agua de la Fuente del Berro ha perdurado hasta 1977, en que hubo de ser clausurado debido a la contaminación de sus famosas aguas, siendo desviadas al Estanque de los Patos, en el interior de los jardines.

Fuente próxima al Estanque de los Patos.

En 1983, tras reparar y limpiar la Fuente, esta fue abastecida por el Canal de Isabel II. Actualmente sigue en funcionamiento.

Texto: Mercedes Gómez

Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

——–

Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VII).- Buen Retiro.

——–

Bibliografía :

I. de Bustamante, B. López-Camacho, M. Bascones.The Fuente del Berro (Madrid). Universidad Alcalá de Henares. (en inglés)
VVAA. Los viajes del agua. Revista Obras Públicas. Madrid 1999
Angela Souto. La Fuente del Berro. Ed. Doce Calles. Madrid 2001.

——-


Los Viajes de Agua del Buen Retiro, el Alto y Bajo Retiro, fueron construidos en 1631, en tiempos de Felipe IV, además de para el abastecimiento, para el riego del Real Sitio que se comenzaba a edificar en las afueras de la Villa.

Nacían en el término de Chamartín. El Viaje del Alto Retiro atravesaba la Guindalera, el camino de Hortaleza y la calle de Alcalá, donde se encontraba la primera arca de distribución, de donde partían las aguas que surtían las Fuentes del Retiro. Tenía una longitud de 15 kilómetros.

El Viaje del Bajo Retiro atravesaba los caminos de Chamartín y Hortaleza. El arca de medida estaba situada en el inicio de la actual calle de López de Hoyos cerca del Paseo de la Castellana, siguiendo después por lo que es hoy la calle de Serrano hasta el arca de distribución, a la entrada del Retiro. Tenía una longitud de 4 kilómetros.

En el Palacio del Buen Retiro existían norias que eran utilizadas para elevar el agua, surtir a las numerosas fuentes y poder ser utilizadas en el riego de los jardines. En los años 90 del pasado siglo XX, durante unas excavaciones arqueológicas, fueron hallados restos de Porcelanas de la Antigua Fábrica creada en tiempos de Carlos III, y vestigios de un sistema hidráulico. Las construcciones más antiguas halladas fueron una noria y su estanque que ya estaban en uso a mediados del siglo XVII y que servían para el riego de los huertos cercanos.

Del Viaje del Bajo Retiro se conservan restos de una galería cuyo pozo de bajada, sin pates, se encuentra a la altura del número 74 de la Calle de Claudio Coello.

Aún pervive la antigua verja de hierro de la entrada.

Como muchos de los tramos de las antiguas galerías de conducción, este fue reutilizado para instalar canalizaciones de servicios.

La galería tiene aproximadamente 1,60 metros de altura, parece menor que otras visitadas, y debido a la existencia de los anclajes para la instalación de las canalizaciones y cableados, el camino resulta algo difícil para Pedro y sus compañeros.

La galería está revestida de ladrillo, como todos los tramos de otros viajes que hemos visitado hasta el momento. A lo largo del recorrido llegamos a una zona en la que se observan arcos en ambos muros.

Un compañero de Pedro observa el muro bajo los arcos y nos cuenta que se trata de tosco.

Los antiguos constructores de las minas de captación de agua hablaban de dos tipos de terreno, los arenosos o “de miga” y los “toscos”, más arcillosos y casi impermeables.

Llegamos a un punto donde la galería se encuentra condenada y de donde sale otra galería más moderna con un pozo de acceso.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

——

Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.

——

Más bibliografía:

J. Llorca Aquesolo y J.L. Monte Sáez. El antiguo sistema de abastecimiento de agua de Madrid y su influencia en la vía pública, construcciones en servicio y nueva construcción. Revista de Obras Públicas. 1984

—-

Como ya comentamos durante nuestra visita a los Viajes de la Alcubilla, Castellana, Alto Abroñigal y Bajo Abroñigal, a comienzos del siglo XVII, establecida definitivamente la Corte en Madrid, la población creció, y también la necesidad de agua, iniciándose la construcción de los Viajes mencionados, propiedad de la Villa. La Corona, con el fin de asegurar el abastecimiento al Alcázar, entre los años 1614 y 1619 construyó el Viaje de Amaniel, siendo por tanto de su propiedad, por lo que sería conocido también como Viaje de Palacio.

Como los demás Viajes, el de Amaniel nacía en el Norte de Madrid, dividiéndose en dos ramales. Uno atravesaba la Dehesa de la Villa, donde hoy día aún podemos contemplar varios “capirotes” que cubren los antiguos pozos de aireación.

Y el otro discurría por la llamada Huerta del Obispo, zona próxima al paseo de Juan XXIII, actualmente Colonia de Villamil. Ambos ramales se unían al final de la Dehesa de la Villa, en la Quinta de los Pinos.

En 2005, durante unas obras en la zona del paseo de Juan XXIII para la creación de un parque, se hallaron restos del antiguo Viaje de Amaniel.

En el interior de la galería se observó una gran acumulación de raíces.

Interior de la galería en 2006:

El pozo de aireación, está cerrado en cascarones (o cucharón). Este es su aspecto desde el interior:

Se pudo comprobar que la entrada del agua al Viaje estaba canalizada:

Los vecinos y asociaciones del barrio pidieron que los restos hallados fueran conservados y expuestos al público de forma que sirvieran para explicar lo que significaron los Viajes de Agua en la Historia de Madrid.

Por fin, dichos restos fueron integrados en el nuevo parque, a la altura del Paseo de Juan XXIII nº 46. Estas fotos, de hace pocos meses, muestran el estado del lugar, ensuciado por las firmas de los llamados grafiteros.

Una de las entradas conserva una puerta de hierro:

Ajena a todo, y sorprendentemente, el agua sigue fluyendo.

Nos gustaría que este parque que guarda los restos de uno de los Antiguos Viajes de Agua madrileños, apenas único testigo de una de las mayores singularidades de nuestra historia, fuera cuidado y dado a conocer como se merece.

A partir de aquí, el Viaje de Amaniel bajaba por la actual calle de Guzmán el Bueno. A la altura de Fernando el Católico se desviaba hasta llegar a la Glorieta de San Bernardo donde se encontraba la Puerta de Fuencarral y el arca principal del Viaje.

Por dicha Puerta entraba en la Villa y, por la calle de San Bernardo, iba hasta las de Quiñones, San Dimas, Norte, Noviciado y Amaniel. Atravesaba la plaza de los Mostenses, la actual Gran Vía, para llegar a la calle de la Bola, San Quintín, Bailén y la Plaza de Oriente, hasta Palacio. Su extensión era de 6 kilómetros.

Texto: Mercedes Gómez

Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

—-

Bibliografía:
Mª Teresa Solesio de la Presa. “Los Viajes de Agua madrileños”. En: “Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña.” Ed. Polifemo. Madrid 1992.

—-

Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.

Antes de hablar de temas nuevos o de visitar otros Viajes de Agua, hoy queremos invitaros a conocer otro pozo correspondiente a un ramal del Alto Abroñigal que atravesaba el actual Barrio de Salamanca. De sus galerías quedan algunos restos, y también algunos “misterios por resolver”.

El único pozo al que de momento se ha podido acceder se encuentra en la calle de José Ortega y Gasset a la altura de los números 48-50.

Cuenta Pedro que de todos los Viajes que ha visitado, este ramal quizá sea el de mayor cota, 28 metros de profundidad aproximadamente.

Bajando por el pozo, hacia la mitad del camino, él y sus compañeros, notaron una cierta falta de oxígeno, pero una vez en el interior de la galería el nivel de oxígeno se recuperó debido a que el agua sigue llegando hasta aquí. Maravillas de la vida, dice.

Al final de la bajada, encontraron un contrapozo de acceso a la galería de unos 3 metros de profundidad.


Corona de acceso a la galería mediante contrapozo:

No se percibe muy bien, pero el pozo es de cierre a cascarón:

En la galería de conducción se observa la antigüedad de los muros y bóveda.

La galería tiene filtraciones de agua, que permiten respirar a tanta profundidad.

En el breve tramo recorrido no se ha observado que esta galería haya sido utilizada para la instalación de ningún tipo de servicio. Pero ahí siguen sus viejos muros revestidos de ladrillo, para en cierto modo permitirnos un viaje al pasado.

Muy cerca, existen otros dos pozos de bajada, que de momento no han podido ser visitados, por lo que se desconoce si existen restos del antiguo viaje de aguas. Quizá en un futuro podamos descubrirlo.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

Tras visitar la Alcubilla, la Castellana y el Alto Abroñigal, llegamos al último de los cuatro Viajes más importantes de aguas finas que abastecieron a los madrileños desde el siglo XVII hasta 1858, el Viaje del Bajo Abroñigal, que se comenzó a construir en 1619. Nacía al Sur de Canillas, en la Casilla de los Mochuelos, a 3 metros de profundidad. Cruzaba el Arroyo a la altura del puente de Las Ventas y bajaba por la calle Goya hasta la Puerta de Recoletos, actual plaza de Colón. Allí estaba el arca principal, desde donde el agua se distribuía a la Villa.

De este Viaje vamos a tener la oportunidad de conocer los restos de dos pozos.

El primero al que se ha podido acceder está en la esquina de la calle Goya con Serrano.

En una de las galerías pervive una llave de paso, que ya no funciona, instalada alrededor de 1900.

En el interior del tramo del viaje se observa una tubería del Canal (aguas limpias de abastecimiento), que también parece antigua.

Más adelante existe un rebaje o disminución de la altura de la galería, por lo que en la última inspección no se pudo completar el recorrido, pero se conoce la existencia de un elemento singular, una placa que conserva la inscripción del nombre del Maestro de Obras de este Viaje de Aguas o tramo, o quizá del Maestro Fontanero.

Pedro pudo verla, desgraciadamente en esta ocasión no le fue posible llegar hasta el punto de la galería en que se encuentra y fotografiarla. Al menos de momento, deberemos contentarnos con imaginarla.

El otro pozo de bajada se encuentra situado en la calle de Alcalá nº 65, entre la Puerta de Alcalá y la Cibeles.

Este tramo está en muy mal estado. Nada más bajar se encuentran cascotes y zonas hundidas… pero también un tesoro, una antiquísima puerta de hierro que conserva la cerradura cuya llave guardaría el Maestro Fontanero encargado del viaje. Posiblemente el cerramiento sea del siglo XVIII.

Las actividades relacionadas con los Viajes y el Agua estaban a cargo de una Junta de Fuentes, presidida por el Corregidor. El Maestro Mayor de Fuentes era el que se encargaba de las obras, y se trataba de un cargo que solía recaer en el Maestro Mayor de Obras de la Villa.

Los Fontaneros de la Villa se ocupaban de los arreglos, higiene, etc. y guardaban las llaves.

Ante la posibilidad de desprendimientos no se puede continuar bajando. La siguiente galería se aprecia hundida en parte, galería por la que probablemente el agua se dirigía a la Castellana.

El Viaje del Bajo Abroñigal con sus ramales abastecía a 22 fuentes públicas con 393 aguadores, y a 115 fuentes particulares.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

Después del Viaje de Agua de la Alcubilla y el de la Fuente Castellana, hoy visitamos los restos del Viaje del Alto Abroñigal, otro de los viajes construidos en los comienzos del siglo XVII ante el aumento de la población madrileña y la necesidad de agua que se produjo tras el establecimiento definitivo de la Corte en Madrid por Felipe III el año 1606.

Fue construido en 1614. Nacía en Canillas, a 4 metros de profundidad cerca del Arroyo del mismo nombre, el Arroyo del Abroñigal, hoy tapado por la M-30 en su tramo este. Con una longitud de unos 15 kilómetros, entraba en la villa por la llamada casa del Relator Ávila, tras la Huerta de los Recoletos Agustinos, entre el actual Paseo de Recoletos y la calle de Serrano, donde hoy se encuentran la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico, distribuyendo las aguas a la Villa desde ese punto.

Precisamente cerca de dicho punto, como recordaremos, el pasado verano, durante las obras de la calle Serrano para la construcción de un aparcamiento subterráneo, aparecieron diversos restos arqueológicos, parte de la Cerca de Felipe IV y otras estructuras que en un principio se dijo correspondían a un Viaje de Agua. Según se publicó, el tramo hallado presumiblemente procedía del ramal principal del Viaje del Abroñigal Alto.

Foto El País, 25 julio 2009

Foto El País, 30 julio 2009

Tras varios enfrentamientos entre la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, polémicas y numerosas noticias en los periódicos, lo único que parece cierto es que bajo Serrano ya no queda ningún resto del pasado, únicamente plazas de aparcamiento.

En este Viaje del Alto Abroñigal el único pozo de bajada accesible está localizado en la calle de las Huertas esquina calle del León, en el Barrio de las Letras.

El pozo tiene pates que permiten la bajada.

Al igual que la Alcubilla y la Castellana, las galerías de los Viajes Alto y Bajo Abroñigal -este último, que guarda sorpresas interesantes, lo conoceremos en breve-, están revestidas de ladrillo. Existe otro tipo de Viajes de Agua, que llaman de “lomo de caballo”, cuyas paredes no se revestían, más adelante visitaremos alguno de ellos.

Esta galería del Viaje del Alto Abroñigal, como casi todos los tramos que se han podido visitar de las galerías de conducción de los viajes antiguos de aguas, se han aprovechado para galerías de servicios, cableado, tubos de agua e incluso colectores de aguas sucias.

Abastecía 9 fuentes públicas atendidas por 217 aguadores, y a 85 fuentes particulares.

Este Viaje llega hasta la calle de Atocha, cuyo colector de aguas sucias coincide con un punto en que el antiguo Viaje del Alto Abroñigal está cortado.

Había leído muchas veces que bajo nuestra ciudad hay “otro Madrid”, en el que sus calles, igual que sus vecinas en la superficie, reciben sus nombres, y están igualmente señalizadas, para no perderse. Pero nunca había visto una de esas calles. Aquí tenéis la subterránea calle de Atocha.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño


Contacto

artedemadrid@gmail.com

Política de privacidad

Lee nuestra Política de Privacidad antes de introducir tu dirección de correo-e para recibir notificación de nuevas entradas

Contenido del blog

Los textos y fotografías publicados en este blog están a disposición de todos aquellos a quienes puedan interesar.
Pueden ser utilizados, citando su procedencia y a su autor.
No deben ser utilizados sin autorización en ninguna publicación con ánimo de lucro.

Contenido protegido por el Registro de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid.

© Mercedes Gómez

Archivos

Estadísticas del blog

  • 2.924.144 Visitas totales

Sígueme en Twitter

@ArteEnMadrid

Anuncios