Los terrenos situados entre el paseo de la Castellana y el final de la calle de Serrano en el siglo XIX, aún sin urbanizar, eran conocidos como el Cerro del Viento.

A partir de 1878, momento en que se inauguró el Hipódromo construido a sus pies (donde actualmente se ubican los Nuevos Ministerios), la zona pasó a ser conocida como los Altos del Hipódromo y a formar parte de los planes de urbanización del Ensanche de Madrid.

En 1887 fue inaugurado el nuevo Palacio de las Artes y la Industria, construido para la celebración de la Exposición Nacional de Bellas Artes, que hoy alberga el Museo de Ciencias Naturales y la Escuela de Ingenieros.

Plano de F. Cañada, h. 1900

Plano de F. Cañada, h. 1900

En 1911 el Ministerio de Instrucción Pública donó estos terrenos a la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas que hacía solo cuatro años había sido creada con el fin de promover la investigación científica, heredera de Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío, impulsores de la Institución Libre de Enseñanza. El objetivo de la Junta, presidida en un primer momento por Santiago Ramón y Cajal, era desarrollar los ideales de la ILE. Allí en los llamados Altos del Hipódromo se levantaron una serie de edificaciones rodeadas de jardines diseñados por Javier de Winthuysen.

Juan Ramón Jiménez dió un nuevo nombre a los Altos, Colina de los Chopos, debido a los más de tres mil árboles de esta especie que al parecer él mismo ayudó a plantar, título que utilizó también para uno de sus poéticos textos.

Este Cerro del Viento, cuando eran solo aquí viento y cerro, esta hoy Colina de los Chopos (que paran el viento con su nutrido oasis y nos lo entretienen humanamente ya)…

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La Residencia de Estudiantes se comenzó a construir a espaldas del Palacio de las Artes en 1913 según proyecto de Antonio Flórez, autor como sabemos de varios centros escolares en Madrid, igualmente inspirados en la ILE. Suyos son los pabellones gemelos y el llamado transatlántico. En 1916 se construyó el pabellón central, proyectado por Francisco Javier de Luque.

El recinto, que se encontraba muy deteriorado, fue restaurado a finales de los años 90 del pasado siglo. En la actualidad conserva todo su encanto y actividad cultural y da gusto visitarlo.

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Los dos pabellones gemelos continúan albergando habitaciones para los residentes, separados por el antiguo Jardín de las Adelfas, creado también por el poeta Juan Ramón Jiménez. En uno de ellos se ha instalado una recreación de lo que pudo ser una habitación como las que ocuparon Lorca, Dalí o cualquier otro estudiante que se puede contemplar a través de un cristal.

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En aquellos comienzos se crearon varias instituciones siempre dentro del ámbito de la investigación científica que perseguía la Junta.

Entre 1913 y 1927 se fundó el Instituto Nacional de Física y Química. El edificio fue costeado por la Fundación Rockefeller; ganaron el concurso los arquitectos Manuel Sánchez Arcas y Luis Lacasa Navarro. Es el actual Instituto de Física y Química Roca Solano.

En la zona norte de la colina entre 1931 y 1933 Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron el Instituto-Escuela y el Auditórium, con biblioteca, salas de conferencias, etc.

Después de la guerra, a partir de 1940 como sabemos las orientaciones pedagógicas cambiaron, también las arquitectónicas. Se construyeron nuevos edificios que se ordenaron alrededor de una gran plaza junto a los que ya existían a modo de campus. La Colina de los Chopos pasó a estar ocupada por lo que hoy es el recinto del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que fue el organismo heredero que se hizo cargo desde entonces.

El edificio central del CSIC en 1942 fue encargado a Ricardo Fernández Vallespín; fue proyectado por Miguel Fisac. En esta obra el gran arquitecto, en su primera etapa profesional, aún utilizó elementos clasicistas. Hoy es el lado oeste del conjunto.

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Ese mismo año el en esos momentos denominado Ministerio de Educación Nacional decidió construir una Capilla para atender las necesidades espirituales, tanto de los investigadores como de los alumnos del cercano instituto de Enseñanza Media.

Se hizo sobre el Auditórium existente, y se encargó el proyecto al propio Fisac. Junto al auditórium recordemos se encontraba el Instituto-Escuela que se convirtió en el Instituto de Enseñanza Media Ramiro de Maeztu.

Las dependencias del Servicio Central del Rectorado del CSIC, proyectado asimismo por Miguel Fisac en 1944 para Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal, son hoy la fachada principal del conjunto, en su lado este, a la altura del nº 115 de la calle Serrano.

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Como nos cuenta la placa del Colegio de Arquitectos en la fachada, son dos pabellones de ladrillo independientes que delimitan un patio interior abierto al que se accede mediante una escalinata con cuatro pilares graníticos simulando un propileo monumental.

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El 15 de enero de 2007 con motivo de la celebración del Centenario de la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios fueron inauguradas las dos esculturas con las figuras de Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa, obra del artista Víctor Ochoa, situadas tras la puerta de entrada al recinto.

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En el lado sur se halla el edificio que alberga el Archivo Histórico Nacional, obra de Manuel Martínez Chumillas (1944), arquitecto racionalista que perteneció al GATEPAC y sin embargo al parecer se vio obligado a levantar un edificio historicista.

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Enfrente, en el lado norte, el Instituto de Óptica Daza de Valdés, actual Centro de Física Miguel A. Catalán integrado por varios institutos (Estructura de la materia, Óptica y Física Fundamental). Proyecto de Fisac, fue construido hacia 1950.

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Nueve años después se levantó el antiguo Centro de Investigaciones Geológicas, actual Centro de Ciencias Medioambientales del CSIC. Nuevamente obra de Fisac, tiene algunas de las características que desarrolló el arquitecto con el tiempo, novedosa en cuanto al uso del hormigón armado. La obra de diez plantas contrasta enormemente con los sencillos pabellones de la Residencia construidos en los comienzos del siglo y de la actividad de la Junta.

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Recorrer la antigua Colina de los Chopos es muy agradable y bonito, en cierto modo es un paseo por nuestra historia. Llegar hasta la Residencia de Estudiantes, al final de la calle del Pinar, admirar sus jardines y contemplar a lo lejos, más allá de la cúpula del Museo de Ciencias Naturales, los rascacielos del nuevo Madrid, impensables entonces.

Después conocer los edificios del CSIC en la calle de Serrano, desde el nº 113 al 127, con el Instituto Ramiro de Maeztu situado en el punto más alto del antiguo cerro junto a la Capilla construida en 1942 antes mencionada, la Capilla del Espíritu Santo a cuyas puertas hoy nos detenemos.

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La visitaremos en el próximo artículo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. 2003.
FERNÁNDEZ, Rocío. Guía del Madrid de Juan Ramón Jiménez. Comunidad de Madrid, 2007.
Residencia de Estudiantes

 

Hoy os invito a volver a la ciudad de Toro, en Zamora, para visitar el Monasterio de Sancti Spiritus el Real de Madres Dominicas. Fundado en los comienzos del siglo XIV, fue construido extramuros, algo alejado del centro histórico, al borde de un gran barranco junto al río Duero; una maravilla que ha sabido conservar su arquitectura y sus obras de arte en un entorno espectacular.

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Merece ser visitado por su riqueza inmensa y su historia. El Coro, que guarda tres sepulcros, el de la fundadora doña Teresa Gil, un túmulo de piedra con pinturas del siglo XIV; el de la reina Beatriz de Portugal, de alabastro, del siglo XV; y en el suelo la tumba de doña Leonor de Castilla que fue priora del convento, cubierta por azulejos del siglo XVI. La iglesia con su artesonado mudéjar original del siglo XIV, el retablo churrigueresco del XVII; el claustro con el olivo milenario…

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El Monasterio está lleno de tesoros. Las propias estancias, con sus techos artesonados medievales, cerámicas y pavimentos, infinidad de magníficas obras de arte, pintura, escultura, ajuares, etc.

Aunque en este artículo vamos a centrarnos en la extraordinaria colección de sargas que posee. A pesar de que no se encuentran en Madrid sino en la bella localidad de Toro creo que es obligado conocerlas y que formen parte de la serie de trabajos aquí publicados sobre las Sargas, telas pintadas, el Oficio de pintor de sargas en Madrid en el siglo XVI y Una sarga del siglo XIX en el Museo Cerralbo.

En el impresionante Refectorio, de 40 m. de largo, restaurado en 1982, con su suelo de ladrillos cocidos y restos del artesonado originales, así como las mesas de nogal y la azulejería, se expone la mayor parte de la colección de sargas del siglo XVI que a pesar de todos los avatares sufridos en el monasterio a lo largo de los siglos se han conservado con su policromía original.

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Cuando comenzó la guerra en 1936, ante la situación de incertidumbre que se vivió, las sargas fueron escondidas en la bodega de la casa de una familia de Toro. Después volvieron a su lugar, siendo guardadas, bien protegidas, en un desván.

Las monjas por entonces sabían que eran obras de gran valor. Las Madres dominicas, la generación anterior a las que actualmente habitan el convento, fueron conscientes de la importancia de estas obras de arte pero quizá no sabían en realidad hasta qué punto.

Una de las cosas que demostró su importancia es que aparecían mencionadas a menudo en los libros del Archivo del monasterio, por ejemplo en los apuntes que reflejaban los gastos conventuales cuando con mucha frecuencia se colgaban para tapar algún altar.

Recordemos que en los siglos XV y XVI se realizaron muchas sargas debido a que eran más baratas que los tapices, para cubrir paredes con un fin decorativo. También eran utilizadas como puertas de los órganos en las iglesias o cortinas para cubrir los retablos de los altares en tiempos de Cuaresma. Por este motivo, igual que en Toro, se conservan otras sargas sobre todo en pequeños pueblos de toda España.

Hacia 1980 un ministro del Gobierno de la época visitó el convento. Se preparó la sarga del Prendimiento y la colgaron en el Claustro, lo cual demuestra la importancia que las monjas le daban ante un acontecimiento para ellas tan especial.

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El monasterio en esos momentos había llegado a un estado de gran deterioro. Felizmente, a partir de entonces se inició una época de restauración en la que se acometieron grandes reformas y mejoras. Hoy día es un placer contemplar sus estancias cuidadas y el magnífico museo, con un montaje expositivo moderno y alegre.

Cuando el refectorio pasó a formar parte del recorrido museístico fue decorado, como decía más arriba, con cinco de las siete sargas que forman la colección que describe escenas de La Pasión.

sarga

Los personajes están representados en actitud exagerada y desmedida, llegando incluso a parecer caricaturas debido a sus facciones, como leemos en el texto de Mª Dolores Pérez, la autora del folleto editado por el propio monasterio, citado al final.

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En la Sala capitular, sala gótica, se encuentran las otras dos sargas, de la serie de siete. Es la parte más antigua del conjunto, hermosísima, reformada en el siglo XVII. Dos arcos torales la dividen en tres naves, una central que termina en un altar de azulejería en el que hay restos de pintura mural del siglo XIV, y dos laterales, más pequeñas.

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En estas últimas, una frente a otra, se ubican las dos sargas, de gran tamaño, 9 x 7 metros, La Caída…

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… y La Crucifixión.

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El estilo de todas ellas está inspirado en estampas florentinas y flamencas.

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La Crucifixión (detalle)

Por otra parte, en la zona habilitada como Museo de Arte Sacro se exponen tres telas, aguada sobre sarga. La Santa Cena, Oración del Huerto y Camino del Calvario, obras de Cristóbal Ruiz de la Talaya realizadas hacia 1643.

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Proceden de la iglesia de San Miguel, de Villavendimio, y emplean la técnica de las arquitecturas fingidas al trampantojo, tan utilizadas en el siglo XVII.

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Finalmente, aunque situada en la recepción del museo, mencionamos una última sarga, aquí situada por su gran tamaño, obra del siglo XVIII que procede del Obispado de Zamora.

La escena, enmarcada en un óvalo rodeado de flores, representa al joven San Estanislao de Kostka, de la Compañía de Jesús, que murió novicio.

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Si tenéis ocasión no dejéis de visitar este Monasterio y su Museo, es una delicia, ejemplo en el cuidado de sus obras de arte y en la forma en que es posible mostrar sus tesoros, entre ellos las delicadas sargas.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Sor Mª Dolores Pérez Mesuro por su ayuda.

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Bibliografía:

PÉREZ MESURO, Sor Mª Dolores. Monasterio de Sancti Spiritus el Real. Valladolid, 1994.

El pasado mes de noviembre durante la Semana de la Ciencia 2016 tuvimos ocasión de disfrutar de un singular, magníficamente guiado Paseo geográfico por los miradores del sureste de la ciudad de Madrid. La cita fue junto a la estación de metro de Portazgo en la avenida de la Albufera, Vallecas.

Comenzamos subiendo al parque del Cerro del Tío Pío (que ya conocimos con motivo de nuestra visita a Vallecas y el Museo de Bomberos). Luego en autobús nos dirigimos al barrio de Santa Eugenia para desde allí subir al Cerro Almodóvar.

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Además de ofrecer unas vistas espectaculares de Madrid y sus alrededores, este cerro de 726 metros de altura sobre una base de 670 m. tiene una gran historia y las explicaciones que nos dieron nos depararon unas enseñanzas muy interesantes, en parte sorprendentes.

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Junto al Patrimonio Histórico y Artístico al que nos referimos habitualmente hay otros elementos de interés que son los que corresponden al Patrimonio Natural, y dentro de él hay uno de grandísima importancia, el Patrimonio Geológico. Está formado por espacios protegidos por sus valores geológicos. Uno de ellos es el Cerro Almodóvar.

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La estructura geológica de un medio natural o de un lugar es uno de sus elementos más importantes. La superficie terrestre se asienta sobre un sustrato que proporciona los cimientos del conjunto y que además es el elemento más antiguo de dicho lugar. El sustrato está formado por diferentes tipos de rocas que a lo largo del tiempo y los procesos geológicos se han ido conformando. Así, en cierto modo las rocas son documentos que permiten reconstruir el pasado de un terreno, o sea no dejan de ser un documento histórico que nos facilita información muy valiosa.

En la Comunidad de Madrid se distinguen dos grandes conjuntos geomorfológicos o unidades de relieve, la Sierra y la Depresión.

Mapa geológico. Casiano del Prado (1864)

Mapa geológico. Casiano del Prado (1864)

La Sierra está formada por cimas, vertientes y depresiones, con sus canteras de granito y la hermosa piedra gneis que admiramos durante nuestra visita a Buitrago. Casiano del Prado la representó en su mapa con los tonos rosados.

La Depresión ocupa la zona central (que incluye la ciudad de Madrid), este y sureste. A su vez está formada por altas superficies, relieves intermedios, depresiones y valles. Entre los relieves intermedios se encuentran los cerros, generalmente coronados por un nivel duro, caliza o sílex; son llamados cerros testigo porque están aislados en una zona plana. Ese nivel duro es el que posibilitó su formación pues la piedra es resistente a la erosión que sufrieron estos terrenos hace miles de años.

Como sabemos, el sílex o pedernal y la piedra caliza, abundantes en minas antiguas, junto con el modesto ladrillo fueron materiales principales utilizados en la construcción de Madrid y sus monumentos. El sílex, importante desde la prehistoria para la construcción de herramientas, luego utilizado en la edificación de la primera muralla islámica, se convirtió en emblema de Madrid.

Casiano del Prado, ingeniero de minas y geólogo, fue uno de los pioneros en escribir sobre este tema; publicó su Descripción física y geológica de la provincia de Madrid en 1864. En su obra se refiere al Cerro de Vallecas que suele llamarse también de Almodóvar.

En el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1875 está representado con este nombre, Cerro Almodóvar, se cree que de origen árabe, que aparecerá en los mapas posteriores.

Mapa IGN, director Gral. I. Íbero, 1875

Mapa IGN, director Gral. I. Íbero, 1875

En ellos se aprecia cómo el límite entre ambos pueblos, hoy distritos de Madrid, atraviesa el Cerro. En la actualidad ambas Juntas de Distrito, Villa de Vallecas y Vicálvaro tienen competencias sobre él.

Describe Casiano del Prado, que lo recorrió al menos en dos ocasiones, que lo primero que se ve bajo las capas vegetales es la arcilla toda llena de guijos o fragmentos no rodados de sílex. Esto es lo que yo he visto en 1850… en los cortes que allí ofrecen las canteras en que se extrae esta piedra.

Nos cuenta también que el sílex o pedernal se encontraba con bastante abundancia en Vicálvaro y Vallecas, igual que en otros cerros como el cercano Cerro de los Ángeles en Getafe.

No es de extrañar que hace pocos años, en 2008, a pocos metros de la base del Cerro fue hallado un yacimiento paleolítico con restos de pedernal labrado por los habitantes de la época, los neandertales.

El Cerro Almodóvar forma parte de una serie de cerros testigo en los que tienen mucha importancia no solo el sílex, también la sepiolita. El Cerro de las Canteras de San Fernando al norte; al sur el Cerro de los Ángeles, Cantueña en Parla y el Cerro Batallones en Torrejón de Velasco, donde se encuentra otro yacimiento arqueológico importantísimo.

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Como decíamos, en Madrid tradicionalmente han existido y en la actualidad existen canteras y yacimientos de rocas y minerales. Arenas y gravas, arcillas, calizas, yeso, granitos, gneises, sepiolita, etc. La sepiolita se encuentra en gran cantidad en Vallecas, Vicálvaro y Barajas. Se utiliza como absorbente, aglomerante, decolorante…

Entre Coslada y Vicálvaro continúa existiendo una mina de sepiolita, actualmente a cielo abierto, una de las más importantes del mundo, que se puede ver desde aquí.

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Cerca de la mina, a los pies del cerro se encuentra la fábrica TOLSA, que procesa la sepiolita y la transforma en productos industriales y de consumo (lechos higiénicos, toallitas y alimentación para mascotas, filtros de cigarrillos…)

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En la cumbre del cerro se encuentra uno de los vértices o puntos geodésicos que forma parte de la Red Geodésica Nacional que sirve al Instituto Geográfico para elaborar sus mapas, calcular distancias, etc.

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Cumbre en la cual, aunque ya no existan canteras, aún se encuentran numerosos fragmentos del preciado sílex, testigo de la larga historia de este cerro y sus alrededores, desde la prehistoria hasta nuestros días.

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Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

PRADO, Casiano de. Descripción física y geológica de la provincia de Madrid. Madrid, 1864.

Atlas geo-científico del medio natural de la Comunidad de Madrid. Instituto Geológico y Minero de España. Madrid, 1988.

web Patrimonio Geológico-Minero del IGME

Diario El País 3 nov. 1983; 13 oct. 2008; 22 agosto 2014.

Queridos amigos:

Celebramos un nuevo cumpleaños. Por increíble que parezca en este inmenso y variable mundo que es internet cumplimos ocho años y aquí seguimos, juntos.

A lo largo de ocho años han pasado muchas cosas, en nuestra ciudad y fuera de ella, buenas y malas, como siempre en la vida. A nosotros mismos nos han pasado muchas cosas. Hemos cambiado, nuestra vida ha podido cambiar también, el mundo de los blogs es otro sin duda, las redes sociales ocupan casi todo el escenariopero lo que parece continuar intacto es nuestro amor e interés por el arte y la historia de Madrid. Y eso es lo que nos mantiene. Por eso, una vez más, debo daros las gracias a todos los posibles lectores, conocidos o anónimos.

A los que me acompañáis ¡algunos casi desde el principio!, a todos los que os habéis ido incorporando, llegasteis un día quizá en busca de alguna información, y os habéis quedado, miles de gracias. Por supuesto a todos los que aunque sea de forma ocasional habéis formado parte de la tertulia en algún momento.

Y sobre todo gracias a todos los que a lo largo del año habéis participado con vuestros comentarios, ¡gracias!, ha sido un placer disfrutar de vuestra compañía,

34bm, Adrián, AJC Asesor fiscal, Alberto de la peña garoz, Alejandro Prensa Martínez, Alfonso Calle, Alfonso, Alfredo, Alfredo M., Almudena, Álvaro González, Amalia Gallego, Amparo Berlinches, Ana, Ana María, anarganda, Ángel Alda, Ángel Pérez, Ángel, Aníxiu, Asociación Cultural Memoriarte, Álvaro González, Beatriz Dutor, bescorp, Blas, Boro, capa212, Carlos Alberto, Carlos Alcañiz, Carlos Osorio, Carlos Rodríguez Borge, Carlos Sánchez Gómez del Pulgar, carlovino, Carmen Ortega, Carmen Porras, Carmen Requejo, Carmen Robles, Carmen Santiago Jaquete, Carolina, Celeste, César Brandariz, Cibeles Madrid, concha, Concha Montoya, Consuelo Espinosa, Consuelo Hernández, cris, Dan, Daniel Liebana, David Luigi, descubriendomayrit, desde Montilla (Andalucía), Dino Armas, el blog de charo ulecia, El Sereno de Madrid, Elena Casas Castells, Elena, Emilio Guerra, Emilio Sarabia, Enrique, Enrique de Aguinaga, Enrique Fernández Envid, ensondeluz, Fanny Ribes Cot, Fátima de la Fuente, Feli Moya, Félix Santiago González, Fernando, Fernando Escolano, Fernando Moreno, Francis, Francisco, Gabriel, Gabriel Rentero, Ignacio, Iñaki Abalos, Isabel Uriarte, Javier Callejo, Javier Jiménez Pilar, Javier-Julio García Miravete, Javier, Joana Isabel Coll, jordidiazcallejo, jose, Jose Antonio Perálvarez, Jose Carlos Hidalgo Romero, José Fresgut, José Luis, José Luis Díaz, José, Joselino Vaamonde Horcada, Juan, Juan Carlos García, Juan Francisco Fernández, juan luis, Juan Zevi, juanamartinramirez, julián, Julio Moreno, Kikeco, Lázaro, Leopoldo Fernández, Leticia, Ligia, Luis, M.Rosario, Mª Isabel, Madrid en ruta, madridconm, Maite, Maite Castañares, Mamen nogales, Marcos, Marga, Margarita, María José Bayón, María Luisa, María Paz Ramos, María Victoria Arribas, Mariarosa, Maribel Piqueras, Miguel, Miguel Guerra, Miguel Mercado, Nacho, Nicoletta De Matthaeis, Nuria, Olavide, Óscar Perea Rodríguez, oscar, Pablo Jauralde Pou, Paco Gómez, Paloma, Paloma Pineda, Paloma Villalobos, Papageno, Pedro, Pepa Bolgar, Pilar, Rafael Martín, Ramón Martín Pérez, Ramón Oria, Raquel rs, Ricardo Gago, Rita anoz, Robert Lukman, Rosa, Rubén, Salvador Quero, sonila, Soraya Manso, Vega Briones, Víctor, Victoria.

Saludos y besos

Mercedes

 

En el barrio de Pacífico, calle de Granada nº 16 con vuelta calle de Narciso Serra nº 7, se encuentra el Colegio Público Francisco de Quevedo. El singular edificio que lo alberga guarda una gran historia en la que se cruzan las vidas de dos personajes notables, el fotógrafo Jean Laurent y el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco.

A pesar de la diferencia de edad –Laurent era veintisiete años mayor que Velázquez– fueron grandes amigos. Además de tener contacto debido a sus respectivas profesiones la relación personal llegó a ser estrecha; el arquitecto incluso fue el padrino de uno de los nietos del fotógrafo.

Jean Laurent, nacido en Garchizy, Francia, el 23 de julio de 1816, recordemos, llegó a Madrid en 1844 con 27 años. En 1857 se casó con Amalia Daillencq, un año menor que él. Ella era viuda con una hija fruto de su anterior matrimonio, Catalina Melina Dosch que por entonces tenía unos 15 años de edad. Catalina vivió con su madre y su padrastro hasta que tres años después se casó con el fotógrafo también francés Alfonso Roswag.

Amalia murió en 1869. Catalina y su marido, que de vez en cuando volvieron al domicilio de sus padres, se trasladaron definitivamente a vivir con Laurent, formando en 1873 la compañía “Laurent & Cía.”.

En Madrid Jean Laurent tuvo varios estudios y domicilios privados. Desde la calle del Olivo, hoy de Mesonero Romanos, en sus comienzos, hasta su famoso estudio de la Carrera de San Jerónimo.

Foto anónima, “Estudio de J. Laurent en la carrera de san Jerónimo, nº 39 (Madrid)”, Colección particular. (Imagen publicada por H. Pérez Gallardo en “Itinerario histórico…”)

Foto anónima, “Estudio de J. Laurent en la carrera de san Jerónimo, nº 39 (Madrid)”, Colección particular. (Imagen publicada por H. Pérez Gallardo en “Itinerario histórico…”)

En 1881, tenía 65 años y estaba enfermo, Laurent cedió el negocio a su hijastra Catalina y a su yerno Alfonso Roswag a cambio de una pensión, aunque por supuesto continuó ligado a él. Por entonces nació la idea de crear un estudio que a la vez sirviera de vivienda a la familia. El nuevo edificio sería proyectado por su amigo Ricardo Velázquez Bosco.

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Fototipia J. Laurent y Cía. en la calle Granada

Hacia 1875, como se aprecia en el plano del General Ibáñez de Íbero, la zona al norte de la actual Avenida Ciudad de Barcelona (entonces Carretera de Valencia) estaba apenas urbanizada, habiendo comenzado el trazado de la calle de Granada.

Plano de I. Ibero (1875)

Plano de I. Ibero (1875)

El nuevo barrio nacía entre la Ronda de Vallecas junto al Retiro (actual Avenida de Menéndez Pelayo), la mencionada carretera de Valencia y el campo.

En 1882 Catalina y su marido compraron allí un solar; poco después solicitaron el desmonte del accidentado terreno. Tras una serie de avatares en 1884 se presentó la licencia de construcción con los planos firmados por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco.

En 1885 el barrio ya estaba trazado.

Plano de José Pilar Morales (1885)

Plano de José Pilar Morales (1885)

En el plano de Facundo Cañada de finales del siglo XIX, principios del XX aparece representado el nuevo edificio junto a un almacén de maderas, en unos terrenos aún con construcciones escasas pero con gran futuro debido a la proximidad de la estación de Atocha.

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

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Ricardo Velázquez Bosco , como hemos visto en varios artículos en este blog, fue sin duda uno de los grandes arquitectos de Madrid.

El edificio para Laurent fue proyectado en 1884, quizá antes.

El arquitecto ya había construido en el Retiro el que luego llevaría su nombre, el Palacio de Velázquez, y estaba edificando la Escuela de Ingenieros de Minas en un estilo arquitectónico muy definido que alcanzaría su máximo esplendor con el Palacio de Fomento en Atocha. Todos ellos fueron fotografiados por la empresa de Laurent.

Laurent y Cía. Palacio de Velázquez en el Retiro (1880-1900), obra de Velázquez Bosco. Archivo Ruiz Vernacci (Fototeca Mº Cultura).

Laurent y Cía. Palacio de Velázquez en el Retiro (1880-1900), obra de Velázquez Bosco. Archivo Ruiz Vernacci (Fototeca Mº Cultura).

El propio arquitecto lo describió. La casa “destinada a habitación y talleres de estampación del establecimiento fotográfico de los Señores J. Laurent y Cía en el solar situado en la calle de Granada esquina a la de Narciso Serra, constará de piso de sótanos de 4 metros de altura, de planta baja de 4,35 m. de altura y de planta principal en la cual, según se indica en los adjuntos planos estará situada la galería y los talleres…”

Así, las tres plantas albergaron los talleres, almacén, despacho, archivo, laboratorio… y el domicilio de la familia.

Alzado calle Granada, Archivo de Villa (imagen COAM)

Alzado calle Granada, Archivo de Villa (imagen COAM)

El ala de la calle Narciso Serra contigua a la esquina en origen solo tenía dos plantas y en ella se encontraba la vivienda.

Alzado calle Narciso Serra, Archivo de Villa (imagen COAM)

Alzado calle Narciso Serra, Archivo de Villa (imagen COAM)

Se construyó, excepto el zócalo de piedra, en ladrillo visto, con decoraciones de estilo neomudéjar. Delante de la casa se creó un pequeño jardín separado de la calle por una verja de hierro.

Un letrero en la fachada indicaba: “Fototipia y fotografía de J. Laurent y Compañía”. Hoy otro rótulo nos dice que se trata del “Colegio Nacional Francisco de Quevedo”.

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Calle Granada

Un nuevo piso en la calle de Narciso Serra fue levantado en 1930 en una primera reforma y ampliación. En los años 40 fue convertido en sede escolar. Sufriría otra reforma en 1960. Otras obras de rehabilitación del colegio se acometieron en 1992 y en 2002.

Calle Narciso Serra

Calle Narciso Serra

El edificio aunque en este caso es muy sencillo recuerda las obras monumentales de Velázquez Bosco antes mencionadas, con sus dos cuerpos a modo de torreones a ambos lados del cuerpo central, tanto en su estructura como en los materiales utilizados.

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Las fachadas conservan los adornos de cerámica, probablemente procedentes de la Fábrica de Cerámica de la Moncloa, entonces dirigida por los Zuloaga, cuyo uso fue habitual en todas las construcciones del arquitecto.

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La antigua Fototipia hoy día ha quedado situada entre altos edificios, ya no hay almacenes de maderas ni campo. De aquellos tiempos únicamente pervive el gran desnivel del terreno surcado por empinadas calles.

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La familia se trasladó a la calle Granada en 1886. Cuenta Helena Pérez Gallardo que el empeño en su construcción más el posible descenso de encargos provocó su ruina, aunque la firma permaneció varios años aquí dirigida por Roswag.

En esta casa murió Jean Laurent el 24 de noviembre de ese mismo año. Tenía 70 años.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GUTIÉRREZ, Ana. “J. Laurent, creador, innovador y maestro de la fotografía”, en Jean Laurent en el Museo Municipal de Madrid. Retratos. Tomo I. Artistas Plásticos. Museo Municipal de Madrid. Madrid, 2005.
BALDELLOU, Miguel Ángel. “El taller y estudio de Laurent”. Revista Cuaderno de Notas, nº 13. Madrid, 2010.
PÉREZ GALLARDO, Helena. “Itinerario histórico por la biblioteca fotográfica de la firma Laurent¬Cia. (1850-1900)”. Anales de Historia del Arte. Madrid, 2016.
Arquitectura de Madrid. COAM.
http://idehistoricamadrid.org
Colegio Francisco de Quevedo

Hay calles en que su forma esconde toda su historia, son las calles que nacieron a partir de los accidentes del terreno, barrancos, antiguos caminos o arrimadas a las murallas. Dos de ellas son la Cava Baja y la calle del Almendro.

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Originalmente la manzana 150 comenzaba a numerarse en Puerta Cerrada, seguía por la Cava Baja de San Francisco, hoy Cava Baja, volvía por la calle del Almendro y por la calle del Nuncio llegaba nuevamente a Puerta Cerrada. Desde el siglo XV la muralla construida en el siglo XII sirvió de apoyo a las casas que la fueron conformando, siendo la calle del Almendro la zona intramuros y la Cava Baja el antiguo foso situado extramuros. Se trata de uno de los tramos de la muralla cristiana con vestigios mejor documentados y representados en los planos.

En el primer plano conocido de la Villa de Madrid Antonio Mancelli la representó de forma esquemática pero muy clara, con sus torres, tres de ellas semicirculares.

Plano de A.Mancelli (1623)

Plano de A.Mancelli (1623) (detalle, Biblioteca Digital Comunidad de Madrid)

Unos años después en 1656 Texeira la dibujó en su plano. En los de Espinosa (1769) y de Coello y Madoz (1849) se aprecia cómo la calle del Almendro iba desde la plaza de San Andrés hasta la calle del Nuncio.

Hacia la mitad del siglo XIX, pues así aparece ya reflejada en el plano topográfico de 1866, la calle del Almendro se prolongó hasta la Cava, atravesando la manzana que quedó partida en dos.

Tramo final de la calle del Almendro abierto en el siglo XIX

Tramo de la calle del Almendro abierto en el siglo XIX visto desde la Cava Baja.

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Hoy volvemos al solar que visitamos a finales del pasado mes de agosto, solar con entrada por la calle del Almendro nº 3 y la Cava Baja 22. Actualmente, tal como estaba previsto, el espacio está en obras. El Ayuntamiento lo está acondicionando para que los vecinos y visitantes podamos disfrutarlo como ya contamos.

solar-almendro

Calle del Almendro nº 3

Recordemos que había sido abierto al público después de más de treinta años cerrado y tapiado.

Cava Baja, 22.

Cava Baja, nº 22 (agosto 2016)

Eliminados el tapiado y enfoscado se ha recuperado el muro original de piedra y ladrillo así como los huecos de las ventanas de la planta baja del edificio que ocupó el solar hasta su demolición ahora protegidas solo por unos barrotes que permiten ver el interior. La bonita puerta de entrada ha sido restaurada.

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Cava Baja, nº 22 (diciembre 2016)

El lugar por el que discurría la muralla y un torreón, cuyos restos subsisten bajo el nivel del suelo, se han marcado en el pavimento que recrea la forma de su planta; se han dibujado tal como hicieran Mancelli y Texeira hace siglos. Los visitantes del parque ahora podremos ver y comprender el camino que seguía la muralla, límite de Madrid en el siglo XII.

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Dichos restos fueron estudiados en 1983. Como ya vimos, durante la excavación aparecieron vestigios de su cimentación y el arranque de uno de los cubos semicirculares, ahora recreado. En altura se conservan restos en la medianería del edificio contiguo, nº 24 de la Cava Baja.

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Además fueron encontrados dos silos en los que aparecieron numerosos vestigios de cultura material, ataifores o platos islámicos y otras cerámicas. Estos materiales hallados en su relleno eran todos de cronología islámica (siglos X y XI), así como cinco fondos para encajar grandes tinajas, de la misma época.

También aparecieron restos arquitectónicos superpuestos o adosados a ella, desde el siglo XIV al XIX.

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(Foto: agosto 2016)

El muro perpendicular a la muralla que llamó nuestra atención este verano ha sido limpiado y luce espléndido con sus cajones de mampostería entre hiladas de ladrillo, típica construcción medieval.

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(Foto: diciembre 2016)

Es muy probable que se trate de restos de edificaciones que, como hemos visto en otros artículos, se fueron adosando a la muralla a partir del siglo XV. En esta zona, entre Puerta Cerrada y Puerta de Moros, las primeras casas extramuros fueron levantadas a partir de 1517.

El edificio contiguo al solar, actual nº 5 de la calle del Almendro, fue estudiado en 2003. Se llevó a cabo la excavación de un sondeo arqueológico y documentación del muro testero del inmueble con motivo del proyecto de su rehabilitación. En este caso no se encontró muralla pero fue hallado un pozo de época islámica.

Calle del Almendro, 5

Calle del Almendro, nº 5

En el nº 15 existe otro lienzo, de unos 16 metros de largo por 11 de alto, hallado tras el derribo de un edificio en 1967, que hasta ahora nunca había sido restaurado ni objeto de estudio. Su estado, muy deteriorado por antiguas perforaciones y el paso del tiempo, es de ruina.

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Actualmente, de la misma forma que el solar de Almendro nº 3, el jardincito cerrado durante años está en obras para ser acondicionado como espacio público y la muralla andamiada para su restauración. Gran noticia.

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Por fin, después de años de abandono y desinterés por parte de las autoridades competentes, la muralla medieval comienza a recibir la atención que merece y esperamos continúe.

Algunos de los solares que el Concejo de la Villa fue cediendo a algunos vecinos para construir viviendas desde los comienzos del siglo XVI ahora, convertidos en parques, van a poder ser disfrutados por todos los vecinos del siglo XXI.

Al fondo, jardincito calle del Almendro 15

Al fondo, jardincito calle del Almendro nº 15

Continuará…

Texto y fotos : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

SOLER, Álvaro. “Excavación de la muralla de Madrid. El solar de la Cava Baja 22 (octubre de 1983)”, Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas, Ayuntamiento de Madrid, 1987, nº 5.

SOLER, Álvaro y TURINA, Araceli. “Excavaciones arqueológicas en el solar de la Cava Baja 22”, Madrid del siglo IX al XI. Comunidad de Madrid, 1990.

VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Ed Doce Calles, Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.

ORTEGA VIDAL, Javier y MARÍN PERELLÓN, Francisco José : La Forma de la Villa. Comunidad de Madrid. 2004.

Queridos amigos:

Os deseo unas muy felices fiestas, que disfrutéis junto a vuestra familia y amigos, y que el año próximo ojalá se cumplan vuestros deseos.

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Y un año más os doy infinitas ¡gracias! por vuestra compañía.

Muchos saludos y besos

Mercedes

El 15 de julio de 1894 La Ilustración Española y Americana publicó un artículo dedicado al escultor Alfonso Bergaz titulado Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio. Lo firmaba Pedro de Madrazo. Como se desprende del título el objetivo del autor era rescatar del olvido al que él consideraba un gran artista, fallecido hacía más de ochenta años.

Opinaba Madrazo que su obra tenía tanta calidad como la de otros autores que en aquellos momentos finales del siglo XIX gozaban de gran notoriedad, Felipe de Castro, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena o Roberto Michel, y sin embargo el nombre de Bergaz había sido eclipsado totalmente. Una primera explicación que nos da es el hecho de que el historiador Ceán Bermúdez no le había incluido en su célebre Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de las Bellas Artes en España.

Alfonso Giraldo Bergaz nació en Murcia el 23 de enero de 1744 (fecha que publicó la Gaceta de Madrid a su muerte, aceptada hoy por la mayoría de autores, aunque Madrazo dijo que fue en 1745).

Su padre, también escultor, natural de Cuenca, estaba trabajando en la fachada de la Catedral de Murcia, por lo que el niño debió nacer allí de una forma accidental. Finalizada la obra la familia se trasladó a Madrid. Con solo 14 años el joven comenzó a aprender el oficio y el arte de la escultura bajo la dirección de Felipe de Castro, entonces escultor de Cámara de Carlos III y director de la Real Academia de Bellas Artes.

El rey Carlos III acababa de llegar a Madrid y se encontraba dedicado entre otras cosas a la creación de la Real Fábrica de Porcelana en el Buen Retiro. Se pidió a la Real Academia la presencia de algunos de los estudiantes más jóvenes para seleccionar a quien pudiera ocuparse de ese nuevo arte bajo la dirección de Juan Tomás Bonicelli y de varios escultores traídos de Nápoles. Mediante concurso, uno de los elegidos para trabajar en la Fábrica de la China fue Alfonso Bergaz. Estuvo allí trabajando diez años, mientras continuaba sus estudios en la Academia. Al cabo de este tiempo cayó enfermo, sugiere Madrazo que pudo deberse a la humedad que se respiraba en el Buen Retiro, dejó la Fábrica y se dedicó únicamente a perfeccionarse junto a su maestro Felipe de Castro.

En aquellos tiempos los alumnos de Bellas Artes se podían presentar a los Premios generales que se convocaban. El joven Alfonso con apenas 18 años obtuvo el primero, en 1763, y otro en 1766. Por esto y por las importantes obras que luego se le encomendaron, a pesar del olvido de Ceán, sabemos que en su época alcanzó gran prestigio.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

En 1774 solicitó y obtuvo el título de Académico de Mérito. Nueve años después fue propuesto para el cargo de teniente director de la Real Academia y el rey se lo concedió, siendo esta la última concesión de Carlos III. En 1795, al filo de los 50 años, fue nombrado Escultor de Cámara de Carlos IV.

Alfonso Bergaz también fue Escultor oficial de la Villa y Corte debido a lo cual participó en la creación de las fuentes instaladas en el Salón del Prado, construidas a partir de los proyectos del arquitecto Ventura Rodríguez cuyos dibujos se encuentran en el Museo de Historia de Madrid.

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La Fuente de la Alcachofa, una de las más bonitas de la ciudad, en un primer momento estuvo ubicada frente a la Puerta de Atocha cerca del lugar donde hoy se encuentra el monumento a Claudio Moyano; se construyó entre 1781 y 1786.

De granito y piedra caliza, está formada por una columna en cuya parte inferior hay una nereida y un tritón de piedra que sostienen el escudo de Madrid. Sobre la columna en una taza hay varios niños y sobre ellos una alcachofa. Los niños y la alcachofa fueron realizados por el escultor Antonio Primo y los motivos mitológicos en la parte inferior por Alfonso Bergaz.

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

En 1880 fue trasladada al Retiro y situada en la plaza de Honduras junto al Estanque, donde felizmente continúa.

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En la parte posterior de la columna una inscripción indica en números romanos el año 1782.

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Desde 1986 hay una réplica en bronce cerca de su primitivo emplazamiento, en la glorieta de Atocha.

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Por la misma época se proyectaron las Cuatro Fuentes ubicadas en el Paseo del Prado a la altura de la plaza de Murillo. De las cuatro figuras que las remataban, tritones y nereidas con delfines, dos fueron obra de Roberto Michel y las otras dos de Bergaz.

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Fueron construidas con piedra caliza de Colmenar, excepto los tritones y las nereidas que se hicieron con piedra de Redueña, muy poco resistente, de forma que el tiempo y el agua los deterioró hasta casi desaparecer; hace pocos años fueron sustituidos por réplicas. Los originales casi desfigurados se encuentran en el Patio del Museo de San Isidro.

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Otro de nuestros valiosos tesoros, aunque menos famosa que sus vecinas de Neptuno y Cibeles, y la única que podemos admirar de cerca, es la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones, proyectada por el mismo arquitecto en 1777. Fue encargada a Manuel Álvarez que realizó las figuras de las estaciones pero murió antes de terminar la estatua del dios Apolo que la corona. Lo hizo Alfonso Bergaz entre 1799 y abril de 1803.

Realizada en piedra de Redueña, aunque fue restaurada en los años 90 del pasado siglo, está muy erosionada, sobre todo las figuras de las Cuatro Estaciones que necesitan una nueva reparación. La estatua de Apolo está en mejor estado.

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También son de Bergaz los dos mascarones, los surtidores con las imágenes de Circe y Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

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La más emblemática, la Fuente de Cibeles, realizada en mármol de Montesclaros, fue proyectada también en 1777, aunque se terminó antes que la de Apolo. Como sabemos la diosa Cibeles fue realizada por Francisco Gutiérrez y los leones fueron obra de Roberto Michel.

En 1791 fue Juan de Villanueva quien proyectó la instalación de dos grifos, un Oso y un Dragón, emblemas de la Villa, que surtieran de agua potable a los madrileños, uno de ellos, el dragón, de uso público; el oso estaba reservado a los aguadores. Siguiendo el modelo del arquitecto, los ejecutó Bergaz, igualmente en mármol. Los conocemos gracias a los grabados y alguna fotografía de la época.

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fueron retirados en 1862 cuando se decidió que la fuente dejara de dar agua potable. Tras una azarosa historia, que ya contamos aquí, reposan en el patio del Museo de San Isidro, junto a los pequeños tritones de las Cuatro Fuentes del Prado.

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Bergaz también trabajó para casas de la nobleza y personajes notables. Para el conde de Altamira, Duque de Alba, etc. En la escalera del llamado Palacio de Godoy, que visitamos hace tiempo, recordemos se hallaba un valioso friso en altorelieve. Contamos entonces que cuando el Ministerio de Marina y el Museo Naval (que estuvieron un tiempo en dicho palacio) se trasladaron al Paseo del Prado esquina calle Montalbán fue uno de los elementos trasladados a la nueva sede. Cuando escribí ese artículo desconocía que esta obra que en la actualidad adorna la espectacular escalera del Cuartel de la Armada (que por otra parte aún no había podido contemplar) era de Bergaz.

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Es un Triunfo romano, hermoso relieve inspirado en motivos clásicos.

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Bergaz trabajó también para varias iglesias madrileñas, San Francisco, Santa Cruz, Monasterio de San Martín…. Se conservan algunas de sus obras aunque lamentablemente la mayoría al parecer se han perdido.

Dos de ellas son las estatuas de mármol blanco, San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, en la espléndida fachada de la iglesia de las Salesas Reales. La hoy parroquia de Santa Bárbara fue construida entre 1750 y 1758, cuando el artista era aún muy pequeño. Sin duda sus esculturas fueron colocadas posteriormente.

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana y San Francisco de Sales fueron los fundadores de la orden de la Visitación, la orden del Monasterio de las Salesas, por lo que ocupan un lugar preferente tanto en el exterior como interior de esta iglesia.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En los detalles de las formas esculpidas por Bergaz se aprecia una delicadeza y perfección extraordinarias.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En la actual Biblioteca de la UNED sobre el arco de medio punto de la rotonda de la que fue antigua iglesia pervive el Escudo de las Escuelas Pías de San Fernando sostenido por dos ángeles, obra de nuestro protagonista, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés.

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Finalmente en la iglesia de San Ginés encontramos una imagen de madera policromada realizada en 1807, el Cristo Crucificado ubicado en una Capilla aneja, flanqueado por cuatro ángeles atribuidos a Pompei Leoni. La escultura es magnífica, producto de la madurez alcanzada por el artista.

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Como hemos visto, el escultor a lo largo de su vida obtuvo casi todos los cargos importantes, llegando ese año a ser nombrado Director General de las Bellas Artes de San Fernando.

Alfonso Giraldo Bergaz murió en Madrid el 19 de noviembre de 1812. Tenía 67 años.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Jesús C.V. por su ayuda y la cesión de sus magníficas fotos de la iglesia de las Salesas.

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Bibliografía :

Gaceta de Madrid, nº 39 (1 dic 1812)
MADRAZO, Pedro. “Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio”. La Ilustración Española y Americana. Madrid, 1894.
MELENDRERAS, José Luis. “Dos escultores murcianos en la Corte: Alfonso Giraldo Bergaz y Ramón Barba Garrido”. Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y Letras. Murcia, 1985.
El País. “Las fuentes de Pontejos y de las Cuatro Estaciones, restauradas” El País, 17 mayo, 1994.
ALBARRÁN, Virginia. “Escultores académicos del siglo XVIII en el Diccionario de Ceán Bermúdez. Nuevas adiciones (I)”. AEA, 2005.
MARTÍNEZ CARBAJO y GARCÍA GUTIÉRREZ. Fuentes de Madrid, La Librería, 2009.

En los comienzos del año se publicaba la noticia, una empleada del Aeropuerto de Barajas y un excorresponsal británico, Yolanda Sánchez y William Chislett, junto con Isabel Fernández, recogían firmas para solicitar que se dedicara una calle o plaza al autor de La forja de un rebelde, una vía pública dedicada al escritor Arturo Barea. Por entonces ya habían conseguido alrededor de quinientas que enviaron al Ayuntamiento con mucha ilusión.

La belleza de su obra sobre la ciudad y su gente y la desgarrada sinceridad de su relato sobre la Guerra Civil en Madrid justifican recordar y recuperar el espíritu humanista y reconciliador de Barea”, expresaba la petición a la que se sumaron otros destacados miembros del mundo cultural español.

Pocos meses después, la historia ha tenido un final feliz.

Por unanimidad el pasado día 30 de noviembre el Pleno de la Junta Municipal de Centro aprobó elevar a la Junta de Gobierno la asignación del nombre Plaza de Arturo Barea al espacio conocido popularmente, no de forma oficial, como Plaza de la Corrala, situada frente a las antiguas Escuelas Pías en las que el escritor fue alumno hasta los 13 años.

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Arturo Barea nació en Badajoz en 1897 pero pasó gran parte de su vida en Madrid.

A causa de la guerra civil en 1938 se fue a Inglaterra donde entre 1940 y 1945 escribió las tres novelas autobiográficas (aunque él dijo que narraban más lo colectivo que lo individual). La forja, La llama y La ruta componen la trilogía La forja de un rebelde. Originalmente fue publicada en inglés, traducida por su esposa Ilsa.

Allí trabajó para la BBC en español. Desgraciadamente no se conservan los programas pero se puede escuchar su voz en una entrevista en el espacio Ondas del ayer de Radio 5.

Murió en Londres en 1957. Su obra no fue publicada en España hasta 1978.

Con motivo de esta feliz decisión, la denominación de la Plaza de Arturo Barea, y como homenaje a su figura y su vinculación con este barrio, el distrito de Centro ha organizado unos paseos literarios por Lavapiés, barrio en el que pasó su infancia y al que volvió siempre, hasta que se fue de España, muy identificado con su pasado y su historia.

Guiados por el colectivo La Liminal he tenido el placer de participar ayer en el primer paseo, relato caminado por la memoria de Madrid, por la memoria de Arturo Barea. El paseo-relato es bonito y emotivo, como los recuerdos de Barea y la propia novela. El punto de encuentro fue la plaza de Cascorro, en el corazón del barrio.

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Desde allí nos dirigimos a la plaza de Tirso de Molina, entonces del Progreso, muy cerca de la que fue calle de las Urosas (actual Luis Vélez de Guevara) donde se encontraba la buhardilla de la corrala en la que el escritor vivió con su madre y hermanos. La calle de Mesón de Paredes, la antigua plaza de Cabestreros, calle del Amparo, Sombrerete…

En fin, recorrimos algunos de los lugares de la novela y de la vida del autor, aunque son muchos más. El Madrid de Arturo Barea, tan bien reflejado en su libro, llega hasta el río Manzanares y sus lavaderos, a la Cuesta de Moyano, a la Gran Vía… Un plano elaborado dentro de este precioso proyecto municipal nos los muestra y explica cada punto proponiéndonos otros paseos y otros recuerdos. Nos indica los sitios que podemos recorrer, desde esta calle de las Urosas hasta la que va a ser la Plaza de Arturo Barea.

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Después nos dirigimos al Centro Cultural Casino de la Reina donde se nos invitó a recordar, reflexionar sobre los lugares visitados, los temas sugeridos, lo que deseamos transmitir…

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Para ello elaboramos una placa, a partir del tema elegido entre todas las ideas expuestas. La infancia, la lucha de las madres y la instituciones de beneficencia, las tabernas como lugar de encuentro, los sentidos (olores, sonidos… de Lavapiés), etc.

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En mi grupo elegimos las Escuelas Pías, donde Barea estudió y adonde volvió en 1936 y a las que vio arder. Las ruinas de la iglesia, restauradas, son testigo de aquellos sucesos.

Recordamos la frase de uno de los primeros capítulos, cuando el protagonista era un niño, Madrid huele a sol por las mañanas. Y su vuelta al comienzo de la guerra: El barrio entero olía a quemado y caía una lluvia finísima de cenizas.

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Salimos nuevamente a la calle y colocamos las placas creadas entre todos en los muros de Lavapiés.

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Son placas efímeras, pero que seguro verán muchos paseantes, que invitan a conocer mejor a la persona, al escritor y su obra. Y también la historia reciente de Madrid.

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La placa más importante, y definitiva, será colocada frente a las ruinas de las Escuelas, junto a la Corrala, será la placa que señalizará la Plaza de Arturo Barea.

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Todos los interesados y admiradores de la obra del escritor disfrutaréis mucho en esta actividad, no dejéis de apuntaros. Y si no habéis leído La forja de un rebelde, os la recomiendo, es una obra magnífica, te atrapa desde el principio. Y disfrutad del paseo igualmente, podéis leerla después, seguro que os apetecerá iniciar su lectura nada más terminar el recorrido.

Toda la información en: La Liminal. Arturo Barea. Relatos caminados por la memoria de Lavapiés.

Por : Mercedes Gómez

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En estos artículos se puede conocer mejor la historia de la recuperación de la figura de Barea:

CHISLETT, William. “Recuperando a Arturo Barea”. El País, 19 nov. 2012.

FRAGUAS, Rafael. “Una calle en Lavapiés para Arturo Barea”. El País, 15 enero 2016.

 

En los comienzos del mes de diciembre de 2015 con motivo de la presentación del proyecto La Estación. Gran Teatro Príncipe Pío tuvimos la oportunidad de visitar la antigua y enigmática Cabecera de la Estación del Norte o de Príncipe Pío, cerrada hacía tanto tiempo.

Fue el antiguo Vestíbulo de Salidas, construido como ampliación de la Estación cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX. Ya contamos su historia aquí.

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Y conocimos el origen del proyecto actual, después de que la propietaria Adif, dependiente del Ministerio de Fomento, pusiera el edificio en alquiler.

Después de aquella visita emocionante, justo un año después hemos vuelto.

Los promotores, igual que el año pasado el entusiasta Luis Álvarez y el ingenioso Santiago Segura, presentaban la nueva empresa en que se han embarcado, OnBank, el banco del teatro que nace con la intención de financiar exclusivamente propuestas del mundo del espectáculo. Sin ánimo de lucro, los posibles beneficios, nos cuentan, serán reinvertidos. Su sede estará en uno de los torreones. Animan a presentar ideas que serán estudiadas y las seleccionadas serán financiadas.

Por otra parte, la noticia más importante sin duda fue que por fin han obtenido la licencia de obras para la rehabilitación de la antigua Cabecera, que pronto comenzarán.

Igual que entonces, tras la presentación, pudimos acceder al antiguo vestíbulo. Probablemente sea la última vez que lo veamos con este sugerente pero deteriorado aspecto. Su restauración es necesaria.

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Nos recuerdan que la idea no es convertir la estación en un teatro sino instalar un teatro en una estación.

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Por supuesto se conservarán los elementos protegidos, entre ellos la magnífica escalera de acceso a los andenes.

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Como hace un año, acabamos la visita subiendo a la Torre de Poniente.

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En ella se instalará un restaurante y un mirador desde el que se podrá contemplar la línea del cielo de Madrid.

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Esperamos poder volver una vez más, quizá dentro de un año. Para entonces tal vez el gran teatro instalado dentro de la estación ya sea una realidad.

Mientras, sigue la actividad en la gran carpa, con aires de cabaret, La Estación Gran Teatro Príncipe Pío, aquí toda la programación.

Por : Mercedes Gómez

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