Queridos amigos:

Tengo el placer de anunciar el comienzo de un nuevo ciclo de conferencias organizado por el Instituto de Estudios Madrileños en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, con motivo de los 400 años que cumple la construcción de nuestra Plaza Mayor.

Las charlas serán impartidas por algunos de los mejores especialistas en la materia, que tratarán todos los aspectos relacionados con la histórica plaza, su arquitectura, transformaciones, las diferentes celebraciones que en ella tuvieron lugar, etc.

El sugerente y prometedor ciclo se desarrollará a lo largo de los próximos meses, de octubre a diciembre 2017.

Los expertos utilizarán “las fuentes documentales, cartográficas y bibliográficas
 que se encuentran en diferentes archivos, museos y bibliotecas madrileños” .

La gran noticia se complementa con el hecho de que todas las conferencias serán publicadas tanto en formato impreso como digital.

La conferencia inaugural, “La Plaza Mayor”, por Antonio Bonet Correa, tendrá lugar el próximo martes 3 de octubre.

Como todo el ciclo, tendrá lugar en el Salón Real de la Casa de la Panadería, en la propia Plaza Mayor, a las 19,00 h.

La entrada es libre hasta completar aforo.

Espero que sea de vuestro interés.

Mercedes Gómez

Anuncios

Como vimos en el artículo publicado a finales de 2014 dedicado al Madrid romano, durante las famosas obras de soterramiento de la M-30 tuvo lugar un hallazgo muy importante. Junto al Puente de Segovia, en la avenida Virgen del Puerto … aparecieron restos de un pequeño caserío.

Eran estructuras de edificación de los siglos I-II, que ya estaban documentados… Se hallaron suelos empedrados, fragmentos de pinturas murales, zócalos, y una estructura hidráulica.

 

Hoy volvemos al Puente de Segovia para conocer mejor esa villa romana que en aquellos momentos nos pareció tan importante y tan desconocida. Gracias a dos circunstancias.

Nunca podremos ver esos restos porque la construcción del colector que provocó el hallazgo siguió adelante y todo desapareció. Pero fueron estudiados y debieron ser trasladados al Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares. En la actualidad sí existe una, aunque más que escasa presencia en el Museo de San Isidro. Dos pequeñas piezas, discretos testigos del pasado, que veremos.

Y sobre todo a que ahora disponemos de valiosa información y bibliografía sobre el tema, gracias a Aldo Petri, uno de los arqueólogos que trabajó en esta excavación.

Entonces yo desconocía en qué lugar estaba situada exactamente la villa romana localizada en el Paseo Virgen del Puerto. Gracias a su comentario supe que el hallazgo se produjo en la pequeña cuesta que desciende hacia la sala “La Riviera” junto al Puente de Segovia.

Sin duda la villa fue construida en un buen lugar, junto al río; las tierras debían ser ricas, aptas para cultivos y propicias para la crianza de ganado. Es difícil imaginarlo, pensemos que ni siquiera existía el puente hoy llamado de Segovia; aunque desde muy antiguo debió existir un vado, ya documentado en la edad media. Allí desembocaban las aguas de un arroyo que bajaba entre dos cerros, cursos que con el tiempo recibirían los nombres de arroyo de las Fuentes de San Pedro (hoy calle de Segovia) y río Manzanares.

Las noticias sobre la presencia romana en estos terrenos se remontan a los comienzos del siglo XX cuando Fidel Fuidio –igual que había ocurrido, recordemos, en Villaverde durante sus paseos con los alumnos por las orillas del Manzanares en busca de sílex– documentó el hallazgo de restos de cerámicas junto al Puente de Segovia en los desmontes realizados por entonces. Aunque la certeza y gran hallazgo llegó hace pocos años, como ya vimos, durante las obras de soterramiento de la M-30.

El hallazgo se produjo durante la excavación de una rampa de acceso a la zanja del colector de la calzada interior del soterramiento entre el puente de Segovia y el de San Isidro.

La excavación puso de manifiesto que estos terrenos fueron ocupados al menos en tres fases distintas a lo largo de dos siglos y medio, –con un breve intervalo entre ellas pues no se detectaron niveles de abandono–, entre mediados del siglo I hasta finales del siglo III.

Proceso de excavación (Foto: Argea Consultores SL)

La zanja excavada, entre dos pantallas, una de pilotes y otra de un parking cercano, solo permitió actuar sobre unos cien metros cuadrados que atravesaban la villa romana. Se desconoce su tamaño total pero se estima que la villa no era tan modesta. Se trataba de un pequeño conjunto residencial de cierta entidad.

Este enclave pudo formar parte de un camino en dirección este-oeste que atravesaba lo que hoy es la ciudad de Madrid cruzando el arroyo Abroñigal (Puente de Ventas) hasta llegar a esta zona y cruzar el río desde Complutum en dirección a Guadarrama.

La conclusión de los arqueólogos fue que su dimensión e importancia debía ser similar a las villas de Villaverde y Carabanchel, todas ellas formando parte de una serie de asentamientos rurales a lo largo de las riberas del Manzanares vinculados al mencionado núcleo urbano de Complutum.

Así lo indican la importante presencia de pintura mural y la gran variedad de tipos de cerámica Terra Sigillata Hispánica hallados.

La zanja atravesaba una parte del peristilo y una habitación de la villa. A unos seis metros de profundidad los hallazgos fueron notables, en cuanto a restos constructivos y restos materiales.

Entre los restos constructivos, en lo que debió ser el centro del atrio se localizó una estructura hidráulica, parte de una pileta construida en opus signinum, un material utilizado en la Roma antigua, decorada en su interior con un pequeño zócalo.

Pileta de la zona del atrio rota por un pozo medieval (Foto: Argea Consultores SL)

La zona del peristilo aún conservaba parte del pavimento y fragmentos de pintura mural. Se encontraron seis tramos de zócalos en varios niveles de suelos, en muros de una anchura entre 50-60 cm.

Museo de San Isidro. Moldura decorativa (51-300 d.C.) Villa romana del Puente de Segovia (pieza cedida en depósito por el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid)

Entre los vestigios destaca la pintura mural con fragmentos que correspondían al menos a dos espacios domésticos por su diferencia en cuanto a colores y motivos. Los muros de las estancias no se pudieron documentar porque estaban fuera de la zona de excavación pero la cantidad y calidad de los fragmentos hallados de pintura en distintas tonalidades y tipos dan muestra de su interés.

Algunas de las piezas tenían líneas rojas sinuosas sobre un fondo blanco simulando mármol –como sabemos, la técnica del trampantojo ya fue utilizada por los griegos y los romanos–, otras de mármol auténtico y teselas de algún pavimento no localizado. Todo ello demuestra el gran valor de los elementos decorativos.

Museo de San Isidro. Pintura mural (50-300 d.C.) Villa romana del Puente de Segovia. (pieza cedida en depósito por el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid)

Recordemos que los restos localizados anteriormente en otras villas (Carabanchel, Villaverde…) revelan, aunque dentro de la sencillez propia de lo que eran construcciones rurales, que siempre había un intento de dotarlas de una decoración exquisita y de comodidades a la manera de Roma.

Y en segundo lugar la cultura material es importantísima pues facilita información acerca de la época, forma de vida, etc. Se hallaron materiales metálicos, líticos, óseos, y sobre todo cerámicos.

Se recuperaron muchísimos fragmentos, más de siete mil, aunque en general debido al pequeño tamaño de la mayoría resultó muy difícil la reconstrucción de su forma completa. Aún así se identificaron cuencos, platos, copas… utensilios domésticos que describen la vida de los pobladores de la villa. Este tipo de material se encontraba en las zonas que se supone eran habitaciones delimitadas por muros de piedra y adobe enlucido.

En general eran piezas lisas, aunque algunas estaban decoradas. Se pudo diferenciar los tipos, la cerámica común, utilizada en los utensilios domésticos, en los que se almacenaba, cocinaban y comían los alimentos. Ollas, platos, cuencos, fuentes, botellas… útiles de cocina. Y otra cerámica digamos más refinada, empleada en útiles de mesa.

Además se localizaron teselas de mármol y piedra caliza, restos de Sigillatas Negras y Brillantes y otras cerámicas además de la mencionada Terra Sigillata Hispánica.

———

Aunque en el Museo de San Isidro solo se exponen dos fragmentos entre tantos vestigios hallados, merece la pena ir a verlos y contemplar las vitrinas y zonas dedicadas al Madrid romano, a las residencias señoriales o villas, los mosaicos de Carabanchel, etc.

Museo de San Isidro, Plaza de San Andrés, 2.

Y observar la maqueta que representa una de estas villas …

Museo de San Isidro

… e intentar imaginarla habitada por sus pobladores junto al Manzanares hace más de diecisiete siglos.

Por: Mercedes Gómez

———-

Bibliografía:

VEGA MIGUEL, Jorge; PETRI, Aldo; HERRERA VIÑAS, Teresa; CUESTA, Marta. “La villa romana del Puente de Segovia” en Vides Monumenta Veterum. Madrid y su entorno en época romana. Vol I. Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares, 2017.

VEGA MIGUEL, Jorge; PETRI, Aldo; HERRERA VIÑAS, Teresa; MENDUIÑA GARCÍA, Roberto; MÉNDEZ MADRID, Juan Carlos; FERRER MEJÍA, Genaro y CARRASCO SÁNCHEZ, Ángeles. “La villa romana del Puente de Segovia (Madrid)”, en Actas de las octavas jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2011.

CABALLERO, Carlos. “Madrid romano: nuevos puntos de vista”, El nuevo miliario, nº 3, dic. 2006.

El emir de Córdoba Muhammad I fundó Mayrit, una pequeña ciudad amurallada origen de Madrid, hacia el año 865. Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada en nuestras tierras, primero con un objetivo meramente militar.

La recia muralla del primer recinto mayrití, además de algunos portillos, tenía tres puertas, la de la Sagra al norte, la de la Vega al oeste y la de la Almudena al este.

Primer recinto madrileño. Maqueta Museo de San Isidro (detalle).

La Puerta de la Vega es la mejor conocida, gracias a los documentos y sobre todo gracias a las excavaciones arqueológicas. Se cree que estaba formada por una entrada recta, típica del modelo de época emiral y califal, como apuntó el profesor Manuel Montero Vallejo.

Puerta de la Vega (recreación Museo de San Isidro)

Desde esta Puerta de la Vega una vía principal atravesaba la medina de Mayrit hasta la puerta oriental, la puerta o Arco de la Almudena conocida también como de la Mezquita por su proximidad al templo, situado en el lugar donde luego se levantaría la iglesia cristiana que conservó el nombre antiguo, Santa María de la Almudena.

El Arco de la Almudena debía ser muy sencillo –según modelos de la arquitectura islámica de los siglos IX al XI, como decíamos–, la construcción justa para cumplir su función, permitir la entrada y la salida de la fortaleza por el camino que llevaba a Guadalajara.

En este caso sí hay constancia documental pero no arqueológica; a falta de una excavación, no hay que descartar que existan restos bajo la calle Mayor, entre el Palacio de Uceda y el comienzo de la calle del Factor.

Del Arco de la Almudena partían dos caminos que con el tiempo se convertirían en las dos vías más importantes del Madrid medieval, futuras calle del Arco de la Almudena y de la Puerta de Guadalajara, actuales calles Sacramento y Mayor.

Los especialistas coinciden en que el Arco de la Almudena debía ser similar a la Puerta de la Vega, con salida recta, según Montero Vallejo muy parecida a la de la Bisagra vieja o la de Valmardón en Toledo.

Puerta de Bisagra antigua, Toledo (siglo X) (Foto: Wunderlich, 1915-30, del IPCE)

Lo confirma su única representación conocida, la del croquis de Villarreal del año 1549 que ya vimos cuando visitamos el Palacio de Abrantes en la manzana 440.

Croquis de Villarreal, 1549 (detalle) (Real Chancillería de Valladolid. Ministerio de Cultura)

La Puerta, que pasó a denominarse de Santa María, sobrevivió varios siglos pues era fortísima de pedernal, tal como escribió López de Hoyos y recogió Jerónimo de la Quintana en 1629 en su “A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid…”

Aunque en los comienzos del siglo XVI ya estaba muy deteriorada. Tenemos constancia de ello porque a lo largo del mes de junio de 1515 el Concejo madrileño reunido habló en varias ocasiones de su derribo y así lo reflejó en sus actas o Libros de Acuerdos. El 1 de junio se acordó que se acabe de derribar lo del arco de la Almudena...

Quince días después las actas recogen el acuerdo de que se saque… la piedra de lo que se cayó del arco de la Almudena e lo haga llegar a la puente de Valnadú. Estamos ante un ejemplo más de las eternas reparaciones y reutilizaciones de piedra de las murallas que se llevaron a cabo en el Madrid medieval.

Casi un mes después, el sábado 14 de julio, ante una situación que parecía suponer un verdadero peligro para los vecinos, el Concejo acordó que:

… porque la torre y arco de la Almudena se empezó a caer y se cayó, de suyo, un pedazo de ella, y lo que queda está en mucho peligro y en perjuicio de los que por allí pasan, que se quejan porque no la derriban, y de los vecinos que tienen junto a ella casas, y por ver en ello y tener el dicho arco, como está, no viene provecho a la villa, antes daño, que mandaran e mandaron derribar el dicho arco y la torre que está peligrosa.

El asunto parece que se demoraba, aunque por fin el 20 de julio mandaron que para derrocar la Puerta de la Almudena se asignaran ocho peones para que la derriben nuevamente.

Pero la puerta debió ser reparada o reformada pues siguió existiendo hasta al menos 1569 en que finalmente fue demolida.

Como ya contamos, en el interior del Palacio de Abrantes admiramos un muro de piedra caliza y pedernal de unos cinco metros que discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor.

Debe corresponder al comienzo del lienzo y el cubo de la muralla árabe que Villarreal dibujó en el siglo XVI.

Una placa en la fachada de la calle Mayor 84, manzana 435, recuerda que junto a este lugar se situó hasta 1569 la Puerta o Arco de Santa María perteneciente a la muralla de la Almudena, fortaleza del Madrid musulmán.

Los restos de la Puerta, si es que existen, no deben estar muy lejos.

Por : Mercedes Gómez

 

Finalizada la guerra de la Independencia, tras la ocupación francesa y la destrucción de edificios por parte del ejército inglés, los Jardines del Buen Retiro se encontraban en ruinas; Fernando VII promovió su recuperación. El rey mantuvo la apertura al público de casi todo el recinto pero destinó los terrenos situados en la esquina noreste para su uso personal. Encargó a su arquitecto Isidro González Velázquez la creación de sus Jardines Reservados cuyas obras se iniciaron en 1817, ahora se cumplen los doscientos años.

Además de la creación de los jardines se construyeron varios caprichos románticos, edificios de tipo recreativo reservados al disfrute de la familia real. La mayoría desaparecidos, se conservan algunos, uno de ellos es la Montaña Artificial o Montaña Rusa, así aparece mencionada en los planos del siglo XIX, quizá por los empinados caminos que la surcan. Otros nombres populares fueron el Tintero y la Escribanía, por la forma del templete. Después, en una época de abandono, fue conocida como la Montaña de los gatos.

Plano de Madrid (1866) (detalle)

La montaña está levantada sobre unas bóvedas de ladrillo y mampostería, de planta circular. En su interior se encontraba la noria que surtía el agua de la ría que la rodeaba y adornaba. La entrada en la base tenía aspecto de castillo como se aprecia en un grabado fechado antes de 1841 titulado Permiso de entrada a la casa reservada del rey, del grabador Blas Ametller según dibujo del pintor Fernando Brambila, que guarda el Museo de Historia de Madrid.

Casa Reservada de S.M. (anterior a 1841) Blas Ametller y Fernando Brambila (memoriademadrid.es)

En la cumbre se construyó un templete, desaparecido, que era utilizado como observatorio. Tenía tres torres, una central de planta octogonal flanqueada por otras dos más pequeñas cilíndricas unidas por una arquería.

El Museo Universal, 1858 (BNE)

En la actualidad se accede a la Montaña Artificial por la Puerta de O’Donnell, en la esquina de esta calle y la avenida de Menéndez Pelayo, abierta en 1968.

Una curiosidad, como ya vimos, es que la puerta de hierro procede del Palacio de Anglada, luego Palacio de Larios, que se encontraba en el Paseo de la Castellana, rescatada por el Ayuntamiento tras el derribo del edificio.

Lógicamente en origen los jardines estaban rodeados por una tapia que no permitía contemplarlos desde el exterior. La verja actual que da a la avenida Menéndez Pelayo fue instalada en 1974, una parte nueva y otra procedente de la que antiguamente separaba la Casa de Fieras del Paseo de Coches.

La montaña tiene una altura de unos 15 metros por 20 de ancho y 20 de fondo.

Del capricho que coronaba la montaña apenas queda nada. Solo un muro de piedra que rodea una construcción cilíndrica que tal vez servía de base al templete.

Reformada en 1986, su interior fue convertido en Sala de exposiciones. La entrada acastillada que se aprecia en los grabados fue convertida en una entrada con tres puertas de hierro y decorada con cerámica.

Los azulejos fueron realizados en 1989.

La sala está formada por unos corredores cubiertos por bóvedas de cañón que parten del punto central, al parecer cubierto por una bonita bóveda semiesférica de ladrillo.

Foto: C. Ariza “Jardines del Buen Retiro”, tomada de la web “El Retiro y yo” (elretiroyyo.com)

La Sala de Exposiciones fue cerrada hace años debido a los problemas que causaba la humedad. Aunque la ría y el estanque seguían existiendo, al menos en 2008.

La Montaña Artificial en 2008

Hace unos años, no recuerdo cuántos, volvieron las obras y la zona fue cerrada. Hoy día no tienen agua. Un cartel indica que la instalación está en proceso de rehabilitación.

La Montaña Artificial en 2017

Esperemos que algún día se solucionen los problemas, vuelva el agua a la ría, sus cascadas y por fin se pueda abrir la Sala de Exposiciones.

Junto a la Montaña se construyó la deliciosa Casita del Pescador, que también se conserva y que espero visitemos próximamente.

Por: Mercedes Gómez

———-

Bibliografía:

DURÁN, Consuelo. Jardines del Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2002.
ARIZA, Carmen. Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2001.
ARIZA, Carmen. Los Jardines de Madrid en el siglo XIX, Ed. Avapiés, Madrid, 1988.
El País, 28 nov. 1986
ABC, 9 feb. 1974

Molière escribió su primera versión de El Tartufo, Le Tartuffe, ou l’Imposteur, en 1664. Desde el principio la obra sufrió prohibiciones y los problemas fueron numerosos; el entonces controvertido tema –la relación entre la religión y la hipocresía– le obligó a escribir distintas versiones y tardó cuatro años en poder estrenarla, hasta que obtuvo el permiso del rey. El protagonista era un hombre de gran devoción, pero solo en apariencia. Un falso devoto, hipócrita, embaucador… y ladrón.

El nombre del personaje creado en el siglo XVII, Tartufo, el protagonista de la comedia de Molière, alcanzó tanta fama que llegó a convertirse en un sustantivo que significa Hombre hipócrita y falso, así lo refleja el Diccionario de la RAE.

Desde el siglo XVII hasta hoy se ha representado en muchas ocasiones en Madrid, la obra forma parte de la memoria teatral madrileña. Una de las más recordadas es sin duda la versión de Enrique Llovet que dirigió Adolfo Marsillach estrenada en 1969 en el Teatro de la Comedia trescientos años después de su estreno en París. Cuentan las crónicas que fue un gran escándalo. El propio Marsillach con nueva adaptación de Llovet, ya en tiempos de democracia, la repuso diez años después, en 1979, interpretando él mismo en esta ocasión el papel de Tartufo.

El pasado año 2016 se presentó una nueva versión de Pedro Víllora bajo la dirección de José Gómez-Friha que ahora, hasta el próximo 1 de octubre volvemos a tener la oportunidad de disfrutar en el Teatro Infanta Isabel.

La obra, como la comedia que ideó Molière, utiliza el humor, pero adaptado a nuestros días, que divierte al público a lo largo de toda la representación, por supuesto gracias también al buen hacer de los actores.

Este Tartufo: ¿el Impostor? intenta trasladar el clásico a la actualidad y plantear situaciones que conocemos, para obligarnos a reflexionar.

Es muy interesante el uso del color en el vestuario para diferenciar los dos mundos, los tonos rojos y granate de Tartufo y el engañado Orgón, y los azules de los personajes que perciben la verdad pero no consiguen convencer.

(Foto Venezia Teatro)

 

(Foto Venezia Teatro)

La comedia original de Moliére, la versión estrenada en 1669 gracias al permiso de Luis XIV, terminaba con Tartufo preso tras la intervención del propio rey.

Este Tartufo moderno no tiene castigo.

Al final de la representación el falso devoto se deshace de sus ropajes, toma un micrófono y habla al público… entonces nosotros debemos sacar nuestras propias conclusiones.

Hasta el próximo 1 de octubre, en el Teatro Infanta Isabel.

Toda la información y compra de entradas: aquí.

Por : Mercedes Gómez

La Junta de Ampliación de Estudios en 1910 creó la Residencia de Estudiantes, inspirada en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza –que, como hemos comentado en otros artículos, había sido impulsada por Francisco Giner de los Ríos–.

Después se fundó el grupo femenino, la Residencia de Señoritas, que abrió sus puertas en octubre de 1915 bajo la dirección de María de Maeztu.

Sus antecedentes se encuentran en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fundada por Fernando de Castro, pero se puede considerar que la Residencia de Señoritas fue el primer centro español creado con el objetivo principal de fomentar la educación superior femenina, con el deseo de dar paso a la igualdad y a la emancipación de la mujer.

 

Calle Fortuny

La Residencia de Señoritas fue inaugurada en un pequeño hotel con capacidad para treinta estudiantes en la calle Fortuny nº 14 (luego nº 30) cuando el grupo masculino que lo ocupaba se trasladó a su nueva sede en la Colina de los Chopos.

Calle Fortuny 14 (luego nº 30) (Foto: Residencia de Estudiantes, residencia.csic.es)

Quince años después de su fundación, en 1930, la Residencia de Señoritas estaba instalada en diez hoteles con jardín en la calle Fortuny números 30 y 53. Llegó a ocupar doce edificios con una capacidad para trescientas plazas. Los hotelitos se encontraban entre las calles de Fortuny y Rafael Calvo.

Jardines Pabellones Fortuny-Rafael Calvo (Foto Fundación Ortega y Gasset)

La Residencia de Señoritas no alcanzó tanta fama como la de Estudiantes varones pero sí todo el prestigio y riqueza cultural. En 1931 allí se alojó la investigadora Marie Curie cuando visitó Madrid para impartir dos conferencias, una de ellas en la propia Residencia. Y es solo un ejemplo. Importantes figuras de la cultura la visitaron y de sus aulas salieron profesionales con una gran formación que llegaron a tener una importancia decisiva en la renovación del papel de la mujer, su incorporación al estudio y al trabajo, y para la sociedad en general. Investigadoras, escritoras, pintoras…

Varios grupos de residentes se instalaron en un palacete en el nº 53 de la calle Fortuny.

Fortuny, 53 (1930) (Revista Crónica, BNE)

El palacete, pabellón original que se conserva en el interior de la parcela, data de 1900. También la bonita fuente de hierro coronada por una piña que aparece en la foto antigua.

Fortuny, 53 (2017)

El mirador, habitación conocida en el pasado como La Rotonda, igualmente aún se asoma al bello jardín.

La Rotonda. Nuevo Mundo (1923) (BNE)

Pabellón Fortuny (2017)

El edificio fue reformado por Carlos Arniches en 1932 –que por entonces como veremos construyó un nuevo pabellón en la esquina con la calle Miguel Ángel–.

Pabellón Fortuny 53 (2017)

 

 

Instituto Internacional de Señoritas

La Residencia desde sus comienzos contó con la ayuda del Instituto Internacional de Señoritas de España, institución norteamericana dedicada a la educación femenina que había sido fundada unos años antes y cuya sede se encontraba en la misma manzana, en la calle Miguel Ángel nº 8.

Instituto Internacional de Señoritas (h. 1910) (Foto: Residencia de Estudiantes)

 

Instituto Internacional, calle Miguel Ángel, 8 (2017)

El edificio, de estilo historicista, fue proyectado en 1904-06 por Joaquín Saldaña para la filial española de la institución fundada por Alice Gordon Gulick, el International Institute for Girls in Spain.

Instituto de Señoritas, 12 marzo 1936 (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Fondo M. Santos Yubero)

En ese proyecto participaron mujeres admirables como María Goyri, investigadora y filóloga –una de las primeras mujeres que estudió Filosofía y Letras­–, casada con Ramón Menendez Pidal; y la escritora Zenobia Camprubí, casada con Juan Ramón Jiménez. Todos ellos, hombres y mujeres, comprometidos con la cultura.

En su interior destacan algunos elementos arquitectónicos y decorativos, sobre todo el vestíbulo, sus columnas de hierro fundido y la escalera.

La Residencia organizó una extraordinaria biblioteca, de catorce mil volúmenes, la mitad cedidos por el Instituto Internacional; ambas bibliotecas se habían fusionado en 1928.

Biblioteca, calle Miguel Ángel 8, h. 1930 (Archivo International Institute in Spain)

La hermosa y rica biblioteca sigue existiendo.

La institución continúa su labor como Instituto Internacional, Centro Cultural norteamericano en Madrid.

Clase del Instituto Internacional al aire libre hacia 1911 (Fototeca del IPCE)

Tanto el edificio como su jardín fueron restaurados en 1990.

 

Pabellón Arniches

Como decíamos, en 1932 La Junta construyó un nuevo pabellón para la Residencia de Señoritas en la esquina del paseo General Martínez Campos con la calle Miguel Ángel, el Pabellón Arniches, así llamado por ser obra del arquitecto Carlos Arniches.

Se trata de uno de los edificios más singulares del racionalismo madrileño.

Pabellón Calle Fortuny 53 y Pabellón Arniches (Fototeca IPCE, Mº Cultura)

El arquitecto diseñó todos los elementos, incluido el mobiliario. Básicamente el nuevo edificio se dedicó a dormitorios; los salones, comedor, el laboratorio, etc. continuaron en el palacete.

Recordemos que por esa misma época Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron el Instituto-Escuela y el Auditórium en la Colina de los Chopos.

El conjunto del Pabellón de Fortuny 53, su jardín y el Pabellón Arniches son hoy la sede de la Fundación Ortega y Gasset inaugurada en 1983.

Una placa en la esquina del paseo General Martínez Campos y la calle Miguel Ángel recuerda a sus antiguas inquilinas, a la Residencia de Señoritas que aquí tuvo su sede desde 1917 a 1936, dirigida por María de Maeztu que trabajó por elevar la formación de la mujer en España.

Merece la pena dar una vuelta a la manzana y evocar su historia.

Por : Mercedes Gómez

———-

Bibliografía:

Exposición Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario (1915-2015).

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

Siguiendo una antigua tradición, como otros veranos me voy a permitir salir de Madrid y contaros la historia de un bonito parque situado en el municipio de Cornellá de Llobregat, en las proximidades de Barcelona, el parque de Can Mercader. Recordemos que la historia de Cornellá es muy antigua, con pasado romano, y que en el siglo XVII Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta.

Los terrenos en los que se ubica el parque, situados en un alto a pocos kilómetros de la capital catalana, fueron habitados desde muy antiguo. Desde la Edad Media existió un masía conocida como Oriol del Empedrado.

Igual que otras zonas rurales del Bajo Llobregat fueron adquiridos por una familia de la nobleza catalana para construir su finca de recreo.

La familia Sadurní en 1748 compró la masía junto con las 48 hectáreas de campos que la rodeaban. María Sadurní se casó con Felipe Mercader, pasando la posesión a manos de esta última familia. Como veremos uno de sus descendientes se trasladó allí a vivir y construyó los bellos jardines.

Joaquín Mercader y Belloch (1824-1904), hijo de Ramón Mercader y María Mercedes Belloch, conde de Belloch, fue arqueólogo y propietario del Museo zoológico conde de Belloch fundado por su padre. La colección arqueológica la guardaba en su casa del elegante Paseo de Gracia en Barcelona.

Hacia 1865 construyó el palacio que hoy se conserva. El autor del proyecto fue el arquitecto José Domínguez y Valls. La fachada es simétrica, con un balcón central y el escudo familiar. Los adornos son sencillos, cornisas sobre las ventanas, un dentellón en el cuerpo superior y almenas.

El edificio está situado al final del Paseo de los Plátanos al que se accede desde la Carretera de Hospitalet. A su alrededor se organiza todo el parque, los caminos, las terrazas del jardín… Además de los plátanos destacan las palmeras y una gran variedad de árboles singulares.

La construcción de estilo ecléctico tiene planta cuadrada, organizada alrededor de un patio central cubierto, con cuatro torres octogonales en cada esquina que evocan las fortalezas medievales.

Del primitivo jardín romántico se conservan algunos elementos como el lago con su bonito mirador.

Arnau Mercader (1852-1932), hijo y heredero de Joaquín, fue un hombre, igual que su padre, muy culto, aficionado a la meteorología, astronomía y temas culturales en general. Hacia 1900 reformó el palacio y allí trasladó la residencia familiar.

Además mandó construir en la parte más alta de la posesión la hoy llamada Torre de la Miranda con el fin de que sirviera de mirador de las aves migratorias y como observatorio astronómico.

La torre es de planta hexagonal, tiene 3 metros de lado y 27 de altura. Es de estilo ecléctico, con elementos neomudéjares que le dan un aspecto medieval, igual que el palacio.

Hoy la torre queda fuera del parque, situada junto a los altos edificios del barrio de San Ildefonso, pero desde el palacio aún se puede ver su cúpula tras los árboles.

Antes de la construcción de esos edificios, los últimos a finales de los años 70 del pasado siglo XX, la torre se divisaba desde casi todos los puntos de la ciudad. Hace años, aún en medio del campo, parecía estar muy lejos para los habitantes de Cornellá, era destino de excursiones infantiles y estaba rodeada de leyendas y cuentos protagonizados por princesas.

Una curiosidad: por entonces sus terrenos sin urbanizar fueron escenario de la película Libertad provisional (Roberto Bodegas, 1976). Aunque la foto que vemos a continuación aparece en el catálogo Así es Madrid en el cine, no se trata de Madrid, la torre es inconfundible, es la Torre de la Miranda. La película, con guión del escritor Juan Marsé, de hecho describe ambientes de la periferia barcelonesa.

Desde 1975 Can Mercader es propiedad del Ayuntamiento. En 1995, tras varios procesos de restauración, el Palacio se convirtió en museo municipal, el Museu Palau Mercader de Cornellà de Llobregat.

Muestra cómo era la vida en estas fincas catalanas en el siglo XIX, a través del mobiliario, decoración, útiles… También se exponen objetos que pertenecieron a Joaquín Mercader que entre otras cosas, como decía más arriba, fue arqueólogo.

Colección de arqueología

El museo ocupa la planta noble, con estancias en diferentes estilos todos ellos muy lujosos. Se expone pintura, cerámica, etc.

Como en todo palacio de la época no podía faltar el Salón árabe.

El parque, que en la actualidad ocupa algo más de 10 hectáreas, se convirtió en un lugar cuidado y con mucha vida.

Y la torre que hoy ya parece estar muy cerca del centro, rodeada de edificios y automóviles, es sin duda uno de los emblemas de Cornellá.

A sus pies un mirador nos permite disfrutar de vistas espectaculares de la ciudad de Barcelona y del mar, como hace más de un siglo seguro pudo admirar don Arnau Mercader.

Por : Mercedes Gómez

——–

Ayuntamiento de Cornellá

Historia de nuestro cine

Catálogo exposición Así es Madrid… en el cine, Museo de Arte Contemporáneo, Madrid 2008.

 

Como ya contamos, el pasado día 1 de junio viajamos al valle del Jarama para conocer el Pontón de la Oliva y la pequeña central hidroeléctrica de Torrelaguna. La primera parada de la jornada fue en Torremocha de Jarama donde conocimos la historia de los orígenes del Canal de Isabel II que se remontan a la construcción del embalse del Pontón de la Oliva situado en el término municipal de Patones.

El Pontón de la Oliva antes de hacer la presa (El Museo Universal, 1858)

Como contaba el periódico La Ilustración en agosto de 1851 el día 11 había sido colocada la primera piedra de la presa de donde habían de partir las aguas del Canal de Isabel II que debían abastecer a Madrid.

Pontón de la Oliva (La Ilustración, 1851)

En 1848 el proyecto de la traída de aguas a Madrid fue encargado a los ingenieros Juan Rafo y Juan Ribera. El primer director fue José García Otero, ingeniero militar y arquitecto, nombrado en julio de 1851. En 1855 fue sustituido por Lucio del Valle que finalizó las obras. Juan de Ribera sucedió a Valle en la dirección del Canal justo tras su inauguración. También participaron Eugenio Barrón y Constantino Ardanaz.

En la obra trabajaron un gran número de obreros, entre ellos más de mil quinientos presos, la mayoría carlistas. Para su alojamiento fue construida en la ladera del Cerro de la Oliva la Caserna del Presidio.

Caserna del Presidio (Foto: Clifford) (BNE)

De este edificio no queda nada, en su lugar hoy se encuentra una caseta en ruinas.

Junto a la caseta sí se conservan los restos románico-mudéjares de la Ermita de Nuestra Señora de la Oliva, del siglo XII-XIII. La modesta iglesia de ladrillo pertenecía a la antigua Dehesa de la Oliva. En algún momento pasó a pertenecer a la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares. Salió a subasta en 1843 y ya perteneciendo a algún particular en aquellos tiempos sirvió de capilla a los presos. En la actualidad continúa siendo de propiedad privada. Sólo se mantiene en pie el ábside y el primer tramo de la nave con sus bóvedas de ladrillo que deberían ser restauradas.

A los pies del cerro se encuentra el curso del río Lozoya. El paisaje es espectacular, de una gran belleza.

Puente de la Oliva

La presa fue construida en sillería caliza sobre el río. Además las obras incluyeron algunos acueductos, sifones, minas, así como edificios auxiliares, almacenes, cuadras… y la mencionada caserna del presidio.

La dureza del trabajo, falta de higiene, el clima, los problemas de control sobre los presos, inundaciones, una epidemia de cólera… dificultaron enormemente las obras. Estas finalizaron en 1858 y todo el proceso quedó reflejado en el impagable reportaje fotográfico que el Canal había encargado realizar al inglés Charles Clifford. Una colección de imágenes recogidas en el álbum “Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II” que guarda la Biblioteca Nacional de España.

La presa tiene una altura de 32 metros sobre cimientos.

30 m. de ancho en la base y 6,7 en la coronación.

También se edificó una torre para la toma del Canal.

La torre muestra el antiguo mecanismo de dicha toma del agua.

En la pared izquierda se conservan una argollas a las que dicen se encadenaba a los presos.

Después de años de trabajo y muchas dificultades sufridas por fin el 24 de junio de 1858 tuvo lugar la inauguración de la llegada del agua del Lozoya a Madrid, desde el Pontón de la Oliva hasta el hoy llamado Primer Depósito del Campo de Guardias situado en la actual calle de Bravo Murillo. Este Canal Primitivo que llevaba el agua hasta el norte de Madrid tenía un recorrido de 70 kilómetros con tramos de acueducto a cielo abierto y tramos subterráneos.

Lo cierto es que la presa estuvo poco tiempo en funcionamiento; lamentablemente en el terreno de roca caliza compacta sobre el que se hallaba había una zona kárstica por donde se filtraba el agua lo cual provocó muchos problemas y nuevas obras; hacia 1869 el Canal de Isabel II construyó una nueva presa, la de El Villar, que hoy es la más antigua en funcionamiento.

En 1904 la presa del Pontón de la Oliva dejó de funcionar definitivamente. Aunque sin duda guarda un importante valor histórico y artístico tanto desde el punto de vista de la ingeniería como de la arquitectura.

Por : Mercedes Gómez

——–

Bibliografía:

Arquitectura y desarrollo urbano. Comunidad de Madrid Zona Norte (tomo IV). Comunidad de Madrid, 1999.

El Canal. Patrimonio Histórico. Canal Isabel II. BVCM.

“Canal de Isabel II. Presa del Pontón de la Oliva”, Revista de Obras Públicas, 1854. Tomo I, pág. 151.

 

 

El Real Sitio del Buen Retiro fue construido entre los años 1630-40 durante el reinado de Felipe IV como sabemos. En su calidad de sitio real era por tanto propiedad de la Corona y aunque anteriormente se había permitido la entrada al público ocasionalmente o a determinadas zonas, no fue hasta el siglo XIX cuando el Retiro pasó a ser propiedad municipal y el Real Sitio se convirtió en el Parque de Madrid. Tras la apertura al público proliferaron una serie de nuevas construcciones de diversa índole. A los caprichos creados en la época de Fernando VII en el llamado Reservado se sumaron otros edificios, recreativos, hoteleros, artísticos… incluso científicos.

En este último caso se encontraba el hoy llamado Castillo del Retiro.

En algunas publicaciones y blogs se puede leer que este fue uno de los caprichos de Fernando VII obra de su arquitecto Isidro González Velázquez, pero no parece que así fuera. El Castillo fue construido con fines nada caprichosos como veremos, algunos años después de que ambos, tanto el rey –en 1833– como el arquitecto –en 1840– murieran. Su función fue albergar el telégrafo óptico, formando parte de la red de telegrafía que se estaba creando en España.

Las torres telegráficas, además de importantes elementos de comunicación a distancia eran fortines con una función defensiva debido a los problemas que por entonces sufría nuestro país. Aunque, a pesar del aspecto de gran fortaleza que adoptó, precisamente la del Retiro era la menos expuesta a cualquier ataque por su situación en el interior del parque.

Normalmente fueron situadas en cerros para facilitar la comunicación; el castillo fue situado en la parte más alta del parque.

El Castillo del Retiro está situado en el paseo de Coches, frente a la Rosaleda; hoy día un cartel en la fachada cuenta brevemente su historia. En él podemos leer que se construyó en la década de 1840, momento en que las líneas del telégrafo óptico se levantaron a lo largo del país, incluida la Comunidad de Madrid.

Fue Pascual Madoz quien describió en su Diccionario Geográfico publicado en 1848 en qué consistía y cómo funcionaba el Telégrafo. Enumeraba también las torres que había en Madrid; la estación central se había colocado en origen en la torre del antiguo cuartel de Conde Duque, aunque por entonces se acababa de construir otra en la Casa de Correos en la Puerta del Sol. No nombra la del Retiro.

Lo cierto es que parece ser que la construcción de la Torre del Buen Retiro fue aprobada en 1850 para ser creada como cabecera de la línea Valencia-Barcelona. Todo indica que ese año se estaba construyendo, como se puede leer en la prensa de la época.

La torre telegráfica que se está construyendo en el Retiro, además de servir para las líneas de Andalucía y Valencia, puede considerarse como un objeto de adorno. Toda ella será de una arquitectura elegante, y en el primer cuerpo, que es acastillado con tambores en los cuatro extremos, habrá un lujoso gabinete para SS.MM.” (El Católico, 1850)

Por ser cabecera de línea era mayor que otras torres. Su planta era cuadrada con un torreón cilíndrico en cada esquina. Fue representada en La Ilustración en 1851.

El telégrafo óptico del Retiro no aparece en el plano de Coello y Madoz de 1849, sí en el plano de José Pilar de 1866.

1866 (Plano de José Pilar)

El uso de la telegrafía óptica duró muy poco, fue pronto sustituida por la eléctrica, pero se conservan algunas torres en España, entre ellas esta en la ciudad de Madrid, en el parque del Retiro, conocida como el Castillo o castillete.

Entonces el edificio fue destinado a escuela de la nueva telegrafía eléctrica. En 1888 fue cedido por el Ayuntamiento de Madrid para albergar el Instituto Meteorológico.

A. Arcimis. Instituto Meteorológico 1902-04. (IPCE, Mº Cultura)

Conocemos muy bien el edificio en esta época gracias al Archivo fotográfico Arcimis propiedad de la Fundación Duques de Soria de Ciencia y Cultura Hispánica, depositado en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Este archivo tiene una gran valor pues además de su interés científico (historia de la meteorología, aeronáutica, etc) es un gran documento histórico que describe algunas ciudades, entre ellas Madrid, y cuenta la historia del Retiro, del Castillo y del propio Arcimis y su ambiente profesional y familiar.

Arcimis trabajando (h. 1900) (IPCE, Mº Cultura)

El archivo consta de 835 placas de vidrio conservadas en 49 cajas y un visor estereoscópico que pertenecieron a Augusto Arcimis (1844-1910), astrónomo y meteorólogo, importante miembro de la Institución Libre de Enseñanza, que fue el primer director del Instituto Central Meteorológico, actual Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que tuvo su primera sede aquí en el Castillo del Retiro tras su cesión municipal.

Arcimis. Decoración interior Inst. Meteorológico (h. 1900) (IPCE, Mº Cultura)

Posteriormente se añadieron otras edificaciones.

(Pulsar para ampliar)

Un nuevo edificio (“A”) fue construido en 1913 al norte del castillete. El organismo había pasado a llamarse Observatorio Central Meteorológico. El conjunto fue su sede hasta 1963 en que se trasladó a la Ciudad Universitaria.

Edificio “A”. Centro meteorológico AEMET.

Dos más pequeños, uno en 1954 (edificio “C”) y otro en los años 60 (edificio “B”) fueron añadidos al complejo.

El Castillo del Retiro (foto 1910-50). Archivo Ruiz Vernacci (IPCE, Mº Cultura)

Hoy día el Castillo ha perdido todos sus elementos decorativos, las almenas, ventanas ojivales…

Julio 2017

El conjunto, los cuatro pabellones rodeados de un jardín, continúa adscrito a la Aemet. Otro cartel en la fachada muestra el “Proyecto de ejecución del Complejo integrado de Meteorología y Climatología para la Comunidad de Madrid”. Según el texto el proyecto inicial es de 2002. El torreón fue destinado a albergar un Museo de Meteorología y sala de conferencias.

Estamos ante una de tantas historias madrileñas que parecen no terminar nunca. Comenzadas las obras, en 2011 la empresa encargada quebró. En 2014 fueron finalizadas las reformas de uno de los edificios. Ahora continúa esperando la restauración y rehabilitación del Castillo, la antigua torre del telégrafo óptico que esperamos algún día recupere sus elementos originales.

A finales de dicho año 2014 el Ministerio de Medio Ambiente convocó un concurso para la contratación de un “Servicio para la redacción de proyecto de remodelación del edificio “D” (Castillo) de la Delegación Territorial de AEMET en el Parque del Retiro de Madrid”, así consta en el BOE.

Han pasado casi tres años… Parece que hay obras… ¿se va a retomar el proyecto? Los carteles no indican fechas ni plazos.

Por : Mercedes Gómez

———–  

Bibliografía:

Diario El Mundo 29 marzo 2017
BOE 17 nov. 2014 nº 278.
SCHNELL, Pablo. “Torres fortificadas del telégrafo óptico en la Comunidad de Madrid”, en Revista Castillos de España, Madrid 2005.
ARIZA, Carmen. Los Jardines de Madrid en el siglo XIX, Ed. Avapiés, Madrid, 1988.
“Los Telégrafos en España”. La Ilustración, 3 mayo 1851.
Diario El Católico, 7 agosto 1850.

 

 

Don Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido como Ventura Rodríguez, nació el 14 de julio de 1717 en Ciempozuelos, Madrid. Celebramos por tanto el tercer centenario de su nacimiento por cuyo motivo se han organizado dos exposiciones, una en Boadilla del Monte, Ventura Rodríguez en Palacio, hasta el 2 de julio. Y otra en el Centro Cultural Conde Duque, Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales hasta el 23.

Es Ventura Rodríguez sin duda uno de los grandes arquitectos de Madrid, sin embargo no son muchos los recuerdos que le dedica la que fue su ciudad. Nació en Ciempozuelos pero llegó a la villa muy joven, aquí vivió, trabajó, ocupó cargos reales y municipales, y murió.

Una calle lleva su nombre, y una estación de metro. A él fue dedicado uno de los medallones que adornan la fachada del Museo del Prado. Y apenas una placa municipal mal ubicada, como veremos más adelante.

Pero sus huellas en la ciudad son numerosas e importantes. No se refieren únicamente a los edificios que construyó sino también al urbanismo en el que don Ventura jugó un gran papel desde su cargo de Maestro y Fontanero Mayor de las Obras de Madrid. Por eso no es fácil proponer una sola ruta para conocer sus pasos por Madrid pues se encuentran por toda la ciudad. Edificios proyectados no construidos, construidos pero desaparecidos, y los conservados; alineaciones de calles, reformas; y su gran legado, el Paseo del Prado y sus bellas fuentes. Todo ello se puede ver en las dos exposiciones mencionadas.

Como pequeño homenaje hoy propongo centrarnos en la historia más personal de Ventura Rodríguez, en el Madrid de sus inicios y de su final. Caminar por el entorno del Palacio Real y la iglesia de San Marcos hasta su casa de la calle de Leganitos donde murió.

Plano de Espinosa, 1769 (detalle) Iglesia de San Marcos y Casa nº 13 de la manzana 522

El joven Ventura con apenas 18 años comenzó a trabajar como dibujante para Filippo Juvarra que había llegado a Madrid en 1735 para trabajar en el proyecto del futuro Palacio Real Nuevo. Juvarra se convirtió en su primer maestro pero murió inesperadamente al año siguiente con 57 años. Le sucedió su discípulo y colaborador en Turín Juan Bautista Sachetti quien mantuvo a Ventura Rodríguez en su puesto, y le fue concediendo cargos que le convirtieron en uno de los grandes arquitectos de la Corte. Sin duda ambos maestros valoraron el gran talento del madrileño.

Su primer gran encargo particular, cuando tenía poco más de 30 años, fue la construcción de la iglesia de San Marcos en la calle de San Leonardo.

Juvarra, Sachetti y el haber trabajado durante veinticinco años en la construcción del Palacio Real marcaron su vida artística y su futuro.

En 1760 Sachetti fue destituido –y con él Ventura Rodríguez– del servicio a la Corona por orden de Carlos III y sustituido por Francisco Sabatini, aunque siguió ocupando su cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid. Nuestro protagonista continuó trabajando con él en las obras madrileñas, y a su muerte le sucedió en el cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid y de sus Fuentes y Viajes de Agua que ocupó desde 1764, tenía 47 años, hasta el fin de sus días.

——–

Don Ventura se casó tres veces y las tres enviudó, curiosamente como su padre, aunque en su caso no tuvo hijos; fue su sobrino Manuel Martín Rodríguez quien se convirtió en su principal discípulo y finalizó las obras que quedaron inacabadas tras su muerte.

Tuvo varios domicilios. Con su primera esposa Josefa Flores vivió en la calle de Segovia; ella murió el 20 de agosto de 1749 y fue enterrada en la cripta de la Capilla de la Real Congregación de Arquitectos, en la iglesia de San Sebastián. Después se casó con Antonia Rojo, que murió muy pronto, el 10 de agosto de 1750, por lo que este segundo matrimonio fue muy breve. Vivieron en la calle de Santa María y ella fue enterrada en la iglesia de San Luis.

Finalmente por tercera vez se casó con Micaela Cayón, que murió en enero de 1776 siendo enterrada en la iglesia que había proyectado su marido, San Marcos.

Francis de Blas, Retrato de Ventura Rodríguez realizado a partir del pintado por Francisco de Goya en 1784 y conservado en el Museo de Estocolmo, 2015 (Exposición Palacio de Boadilla)

Vivían en la calle de Leganitos, donde el arquitecto continuó hasta su propia muerte el 26 de agosto de 1785, solo un año después de que Goya le retratara.

Fue enterrado en San Marcos, tal como él deseaba, junto a su tercera esposa.

Aunque sus restos no permanecieron allí. En 1869 fueron trasladados a San Francisco el Grande donde se había proyectado la creación de un gran Panteón Nacional. En vista de que nunca llegó a realizarse, la Congregación de Arquitectos reclamó los cuerpos de Ventura Rodríguez y de Juan de Villanueva.

Allí –donde recordemos había sido enterrada su primera mujer– fueron trasladados ambos arquitectos y allí continúan sus féretros, compartiendo lápida.

Cripta en la Iglesia de San Sebastián, calle de Atocha.

——–

Creada sobre antiguas huertas en torno al arroyo y las fuentes de la zona, la calle de Leganitos nace en la plaza de Santo Domingo. Cercana al Palacio Real, fue un buen lugar para acoger el último domicilio de don Ventura. Muy próxima también a la iglesia de San Marcos.

El caserío y el urbanismo de la zona fueron modificándose, y a mediados del siglo XX en la plaza de España emergió la Torre de Madrid, pero la histórica calle siempre conservó su trazado en este primer tramo.

Calle de Leganitos, foto: Urech (1960)

Hoy día varios de los edificios son modernos.

En 1991 el Ayuntamiento de Madrid instaló una placa en recuerdo de Ventura Rodríguez, en el actual nº 13 de la calle.

Efectivamente esta fue la calle en la que vivió y murió el arquitecto pero la placa no está situada en el lugar donde estuvo la casa en la que vivió.

Como nos desvelan los autores Francisco José Marín y Javier Ortega (*) su partida de defunción conservada en la parroquia de San Martín, de la que dependía San Marcos, indicaba que don Ventura vivió en la calle de Leganitos nº 13.

Sí, pero esto no se puede tomar al pie de la letra. Como ya vimos hace tiempo en un artículo sobre los rótulos de las calles de Madrid, en el siglo XVIII la numeración de las casas era muy diferente a la actual.

Recurriendo una vez más a la Planimetría General de Madrid, vemos que la calle de Leganitos a la izquierda, acera de los impares, corresponde a la antigua manzana 551; y la de la derecha, los pares, a la manzana 522. Cada una de ellas contaba con un nº 13. Ventura Rodríguez vivió en la segunda, en una casa que era propiedad del Monasterio de los Padres Mostenses. Así nos lo muestra un plano Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid en la exposición en Conde Duque.

La casa que fue el nº 13 de la manzana 522 en el siglo XVIII cuando vivió en ella Ventura Rodríguez corresponde en la actualidad al nº 20 de la calle y parte del 18. La planimetría de la manzana, la distribución de los solares ha cambiado bastante en la actualidad respecto a la del siglo XVIII y por supuesto la numeración.

A la derecha, calle de Leganitos, 18 y 20

No sería muy costoso cambiar la placa de sitio, trasladarla al lugar donde realmente se encontraba la vivienda de nuestro arquitecto.

Y poder recordar así el camino por donde discurrieron los últimos pasos de don Ventura Rodríguez que tantas brillantes huellas ha dejado en nuestra ciudad, Madrid.

Por : Mercedes Gómez

——–

(*) MARÍN, J.F. y ORTEGA, J. Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid (1735-1785), en:

Catálogo Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales. Madrid, 2017.

 

correo-e

artedemadrid@gmail.com

Contenido del blog

Los textos y fotografías publicados en este blog están a disposición de todos aquellos a quienes puedan interesar.
Pueden ser utilizados, citando su procedencia y a su autor.
No deben ser utilizados sin autorización en ninguna publicación con ánimo de lucro.

Contenido protegido por el Registro de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid.

© Mercedes Gómez

Intoduce tu dirección de correo-e para seguir este blog y recibir notificación de nuevas entradas

Archivos

Estadísticas del blog

  • 2,431,319 Visitas totales

Sígueme en Twitter

@ArteEnMadrid