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El 15 de julio de 1894 La Ilustración Española y Americana publicó un artículo dedicado al escultor Alfonso Bergaz titulado Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio. Lo firmaba Pedro de Madrazo. Como se desprende del título el objetivo del autor era rescatar del olvido al que él consideraba un gran artista, fallecido hacía más de ochenta años.

Opinaba Madrazo que su obra tenía tanta calidad como la de otros autores que en aquellos momentos finales del siglo XIX gozaban de gran notoriedad, Felipe de Castro, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena o Roberto Michel, y sin embargo el nombre de Bergaz había sido eclipsado totalmente. Una primera explicación que nos da es el hecho de que el historiador Ceán Bermúdez no le había incluido en su célebre Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de las Bellas Artes en España.

Alfonso Giraldo Bergaz nació en Murcia el 23 de enero de 1744 (fecha que publicó la Gaceta de Madrid a su muerte, aceptada hoy por la mayoría de autores, aunque Madrazo dijo que fue en 1745).

Su padre, también escultor, natural de Cuenca, estaba trabajando en la fachada de la Catedral de Murcia, por lo que el niño debió nacer allí de una forma accidental. Finalizada la obra la familia se trasladó a Madrid. Con solo 14 años el joven comenzó a aprender el oficio y el arte de la escultura bajo la dirección de Felipe de Castro, entonces escultor de Cámara de Carlos III y director de la Real Academia de Bellas Artes.

El rey Carlos III acababa de llegar a Madrid y se encontraba dedicado entre otras cosas a la creación de la Real Fábrica de Porcelana en el Buen Retiro. Se pidió a la Real Academia la presencia de algunos de los estudiantes más jóvenes para seleccionar a quien pudiera ocuparse de ese nuevo arte bajo la dirección de Juan Tomás Bonicelli y de varios escultores traídos de Nápoles. Mediante concurso, uno de los elegidos para trabajar en la Fábrica de la China fue Alfonso Bergaz. Estuvo allí trabajando diez años, mientras continuaba sus estudios en la Academia. Al cabo de este tiempo cayó enfermo, sugiere Madrazo que pudo deberse a la humedad que se respiraba en el Buen Retiro, dejó la Fábrica y se dedicó únicamente a perfeccionarse junto a su maestro Felipe de Castro.

En aquellos tiempos los alumnos de Bellas Artes se podían presentar a los Premios generales que se convocaban. El joven Alfonso con apenas 18 años obtuvo el primero, en 1763, y otro en 1766. Por esto y por las importantes obras que luego se le encomendaron, a pesar del olvido de Ceán, sabemos que en su época alcanzó gran prestigio.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

En 1774 solicitó y obtuvo el título de Académico de Mérito. Nueve años después fue propuesto para el cargo de teniente director de la Real Academia y el rey se lo concedió, siendo esta la última concesión de Carlos III. En 1795, al filo de los 50 años, fue nombrado Escultor de Cámara de Carlos IV.

Alfonso Bergaz también fue Escultor oficial de la Villa y Corte debido a lo cual participó en la creación de las fuentes instaladas en el Salón del Prado, construidas a partir de los proyectos del arquitecto Ventura Rodríguez cuyos dibujos se encuentran en el Museo de Historia de Madrid.

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La Fuente de la Alcachofa, una de las más bonitas de la ciudad, en un primer momento estuvo ubicada frente a la Puerta de Atocha cerca del lugar donde hoy se encuentra el monumento a Claudio Moyano; se construyó entre 1781 y 1786.

De granito y piedra caliza, está formada por una columna en cuya parte inferior hay una nereida y un tritón de piedra que sostienen el escudo de Madrid. Sobre la columna en una taza hay varios niños y sobre ellos una alcachofa. Los niños y la alcachofa fueron realizados por el escultor Antonio Primo y los motivos mitológicos en la parte inferior por Alfonso Bergaz.

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

En 1880 fue trasladada al Retiro y situada en la plaza de Honduras junto al Estanque, donde felizmente continúa.

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En la parte posterior de la columna una inscripción indica en números romanos el año 1782.

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Desde 1986 hay una réplica en bronce cerca de su primitivo emplazamiento, en la glorieta de Atocha.

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Por la misma época se proyectaron las Cuatro Fuentes ubicadas en el Paseo del Prado a la altura de la plaza de Murillo. De las cuatro figuras que las remataban, tritones y nereidas con delfines, dos fueron obra de Roberto Michel y las otras dos de Bergaz.

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Fueron construidas con piedra caliza de Colmenar, excepto los tritones y las nereidas que se hicieron con piedra de Redueña, muy poco resistente, de forma que el tiempo y el agua los deterioró hasta casi desaparecer; hace pocos años fueron sustituidos por réplicas. Los originales casi desfigurados se encuentran en el Patio del Museo de San Isidro.

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Otro de nuestros valiosos tesoros, aunque menos famosa que sus vecinas de Neptuno y Cibeles, y la única que podemos admirar de cerca, es la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones, proyectada por el mismo arquitecto en 1777. Fue encargada a Manuel Álvarez que realizó las figuras de las estaciones pero murió antes de terminar la estatua del dios Apolo que la corona. Lo hizo Alfonso Bergaz entre 1799 y abril de 1803.

Realizada en piedra de Redueña, aunque fue restaurada en los años 90 del pasado siglo, está muy erosionada, sobre todo las figuras de las Cuatro Estaciones que necesitan una nueva reparación. La estatua de Apolo está en mejor estado.

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También son de Bergaz los dos mascarones, los surtidores con las imágenes de Circe y Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

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La más emblemática, la Fuente de Cibeles, realizada en mármol de Montesclaros, fue proyectada también en 1777, aunque se terminó antes que la de Apolo. Como sabemos la diosa Cibeles fue realizada por Francisco Gutiérrez y los leones fueron obra de Roberto Michel.

En 1791 fue Juan de Villanueva quien proyectó la instalación de dos grifos, un Oso y un Dragón, emblemas de la Villa, que surtieran de agua potable a los madrileños, uno de ellos, el dragón, de uso público; el oso estaba reservado a los aguadores. Siguiendo el modelo del arquitecto, los ejecutó Bergaz, igualmente en mármol. Los conocemos gracias a los grabados y alguna fotografía de la época.

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fueron retirados en 1862 cuando se decidió que la fuente dejara de dar agua potable. Tras una azarosa historia, que ya contamos aquí, reposan en el patio del Museo de San Isidro, junto a los pequeños tritones de las Cuatro Fuentes del Prado.

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Bergaz también trabajó para casas de la nobleza y personajes notables. Para el conde de Altamira, Duque de Alba, etc. En la escalera del llamado Palacio de Godoy, que visitamos hace tiempo, recordemos se hallaba un valioso friso en altorelieve. Contamos entonces que cuando el Ministerio de Marina y el Museo Naval (que estuvieron un tiempo en dicho palacio) se trasladaron al Paseo del Prado esquina calle Montalbán fue uno de los elementos trasladados a la nueva sede. Cuando escribí ese artículo desconocía que esta obra que en la actualidad adorna la espectacular escalera del Cuartel de la Armada (que por otra parte aún no había podido contemplar) era de Bergaz.

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Es un Triunfo romano, hermoso relieve inspirado en motivos clásicos.

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Bergaz trabajó también para varias iglesias madrileñas, San Francisco, Santa Cruz, Monasterio de San Martín…. Se conservan algunas de sus obras aunque lamentablemente la mayoría al parecer se han perdido.

Dos de ellas son las estatuas de mármol blanco, San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, en la espléndida fachada de la iglesia de las Salesas Reales. La hoy parroquia de Santa Bárbara fue construida entre 1750 y 1758, cuando el artista era aún muy pequeño. Sin duda sus esculturas fueron colocadas posteriormente.

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana y San Francisco de Sales fueron los fundadores de la orden de la Visitación, la orden del Monasterio de las Salesas, por lo que ocupan un lugar preferente tanto en el exterior como interior de esta iglesia.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En los detalles de las formas esculpidas por Bergaz se aprecia una delicadeza y perfección extraordinarias.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En la actual Biblioteca de la UNED sobre el arco de medio punto de la rotonda de la que fue antigua iglesia pervive el Escudo de las Escuelas Pías de San Fernando sostenido por dos ángeles, obra de nuestro protagonista, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés.

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Finalmente en la iglesia de San Ginés encontramos una imagen de madera policromada realizada en 1807, el Cristo Crucificado ubicado en una Capilla aneja, flanqueado por cuatro ángeles atribuidos a Pompei Leoni. La escultura es magnífica, producto de la madurez alcanzada por el artista.

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Como hemos visto, el escultor a lo largo de su vida obtuvo casi todos los cargos importantes, llegando ese año a ser nombrado Director General de las Bellas Artes de San Fernando.

Alfonso Giraldo Bergaz murió en Madrid el 19 de noviembre de 1812. Tenía 67 años.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Jesús C.V. por su ayuda y la cesión de sus magníficas fotos de la iglesia de las Salesas.

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Bibliografía :

Gaceta de Madrid, nº 39 (1 dic 1812)
MADRAZO, Pedro. “Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio”. La Ilustración Española y Americana. Madrid, 1894.
MELENDRERAS, José Luis. “Dos escultores murcianos en la Corte: Alfonso Giraldo Bergaz y Ramón Barba Garrido”. Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y Letras. Murcia, 1985.
El País. “Las fuentes de Pontejos y de las Cuatro Estaciones, restauradas” El País, 17 mayo, 1994.
ALBARRÁN, Virginia. “Escultores académicos del siglo XVIII en el Diccionario de Ceán Bermúdez. Nuevas adiciones (I)”. AEA, 2005.
MARTÍNEZ CARBAJO y GARCÍA GUTIÉRREZ. Fuentes de Madrid, La Librería, 2009.

El Monasterio Real de la Visitación de Nuestra Señora, más conocido como las Salesas Reales, fue fundado en 1748 por la reina Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI.

Como ya contamos, al parecer uno de los motivos para la construcción de las Salesas por parte de Bárbara de Braganza fue la de poder disponer de un lugar de retiro en caso de que el rey falleciera y así quedar protegida frente a Isabel de Farnesio, la Reina Madre. La realidad fue que ella murió antes que él, en 1758, solo un año después de inaugurado el convento, a los 47 años. Al año siguiente, a los 45 murió el rey Fernando VI. Ambos, que estaban enamorados y deseaban seguir juntos, fueron enterrados en su fundación sin apenas haber podido disfrutarla.

El conjunto de las Salesas Reales estaba formado por el convento, los jardines, huertos y la iglesia.

El edificio, reconstruido tras el gran incendio sufrido en 1915, es actualmente la sede del Tribunal Supremo, uno de los más espectaculares de Madrid. Los Jardines ya no existen, pero sobre el antiguo Jardín de la Reina hoy día se encuentran los Jardines de la Villa de París, uno de los dos únicos casos singulares entre los desaparecidos jardines de conventos madrileños en los que se ha conservado su espacio ajardinado, recuerdo del pasado. El otro es el Huerto de las Monjas que también hemos visitado, ubicado en el lugar donde estuvo el Convento del Sacramento.

La iglesia, hoy Parroquia de Santa Bárbara, es el único elemento original que se salvó.

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Proyecto de François Carlier, las obras fueron dirigidas por Francisco Moradillo entre 1750 y 1758. Moradillo por entonces también construyó la Sacristía de los Caballeros, junto al convento de las Comendadoras de Santiago.

La fachada, rematada por un frontón, está formada por siete calles. Las tres centrales en su primer cuerpo forman el pórtico de entrada bajo tres arcos de medio punto que dan acceso al atrio.

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La fachada está ricamente decorada con esculturas de Giovanni Domenico Olivieri, que fue Escultor de Cámara de Fernando VI. Sin embargo las dos estatuas, San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, son obra de Alfonso Giraldo Bergaz. Estos santos fueron, en 1610, los fundadores de la Orden de la Visitación.

El medallón o tondo central, en el que se representa la Visitación emblema de la Orden, sí es obra del italiano Olivieri.

El interior del templo igualmente atesora valiosas obras realizadas por los grandes pintores y escultores del último periodo barroco del siglo XVIII con algunos elementos del exquisito rococó francés, como el púlpito y la tribuna regia.

Su planta es de cruz latina, con una única nave.

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El retablo del altar mayor fue diseñado por el propio Carlier, realizado con lujosos mármoles verdes y bronce dorado. El lienzo es obra del pintor napolitano Francesco de Mura. A ambos lados, las esculturas de San Fernando y Santa Bárbara son obra de Olivieri.

A la izquierda se encuentra la mencionada tribuna regia, que comunicaba con el Cuarto Real, de madera dorada y cristal, con los escudos de España y Portugal en la parte superior.

Además de los altares laterales, el retablo mayor y otros detalles decorativos, destacan los monumentos funerarios de los reyes, Fernando VI y Bárbara de Braganza. Diseñados por Francisco Sabatini por encargo de su hermanastro y sucesor, Carlos III, la obra escultórica fue realizada por Francisco Gutiérrez (autor de varias obras en Madrid, entre ellas la diosa Cibeles de nuestra emblemática fuente) y Juan León.

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Monumento funerario Fernando VI

El crucero está cubierto por una cúpula sobre pechinas. A los pies, un coro alto.

Las pinturas murales realizadas al temple son obra de los hermanos González Velázquez, que realizaron entre 1755 y 1757, dirigidos por el italiano Corrado Giaquinto.

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Precisamente Giaquinto es el autor del primer cuadro a los pies en la Epístola, que una vez más representa a san Francisco de Sales y santa Juana de Chantal.

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Llegando al crucero una puerta da acceso a un pasillo que lleva hasta la Capilla, llamada del Reservado, antiguo coro bajo de las monjas.

En dicho pasillo hay una bella Inmaculada Concepción de taller sevillano del XIX, inspirada en el estilo de Murillo.

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El retablo de la Capilla es de mármol, con una esplendorosa Sagrada Familia de Olivieri.

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A los pies se encuentra el sepulcro de doña Bárbara, situado a espaldas del de don Fernando.

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Monumento funerario Bárbara de Braganza

Los dos monumentos que guardan los restos de ambos están separados por una pared.

Se conserva el precioso suelo de marquetería de la Capilla, dicen, elegido por la reina.

En esta iglesia se encuentra otra creación del XIX, el mausoleo del General Leopoldo O´Donnell realizado por Jerónimo Suñol.

Son muchas las obras de arte que guarda este templo y merece la pena detenerse ante todas ellas.

A partir de 2010 tras la redacción de un Plan Director que asegurase su buena conservación se han acometido obras varias (en cubiertas, fachadas y la Capilla del Reservado ). Actualmente en su interior se están restaurando la caja del órgano y las pinturas murales.

Los grandes andamios en los que trabajan los restauradores ocupan los pies de la iglesia y toda la fachada delantera.

La caída del pebetero de una de las torres el año pasado sembró la alarma y se constató que la fachada principal estaba gravemente deteriorada principalmente debido al paso del tiempo.

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Se trata de una de las iglesias más notables y hermosas de Madrid, declarada Bien de Interés Cultural en 1979, espléndido ejemplo del arte del siglo XVIII, con elementos franceses, italianos y españoles.

Gracias al programa Abierto por obras de la Comunidad de Madrid actualmente podemos visitarla, incluida la Capilla del Reservado, normalmente cerrada, y conocer su historia gracias a las buenas explicaciones que nos ofrecen. Si el tiempo y las obras acompañan se puede subir al andamio exterior y contemplar de cerca las esculturas de la fachada.

Parroquia de Santa Bárbara
Plaza de las Salesas
Hasta el próximo 8 de diciembre
Inscripciones
en la web Abierto por obras.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Abierto por obras, folleto.

Gª GUTIÉRREZ, P.F y MTNZ. CARBAJO, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería. Madrid, 2006.

Las Escuelas Pías de San Fernando fueron el primer colegio perteneciente a la Orden de los Padres Escolapios creado en Madrid, anterior a las Escuelas Pías de San Antón de la calle de Hortaleza.

El Convento y Colegio de San Fernando, fundado en 1729 por el padre rector de las Escuelas Pías, se instaló en la calle del Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés, en los terrenos donde en 1617 se había levantado el Hospital de Nuestra Señora de Montserrat perteneciente a la Corona de Aragón, en la esquina de la entonces calle de Cabestreros con Tribulete.

Plano de Texeira (1656)

El número de alumnos acogidos fue aumentando poco a poco, así que tras la adquisición de otras casas en el mismo solar se decidió construir un nuevo Colegio más espacioso encargándose el proyecto a Francisco Ruiz, uno de los notables arquitectos madrileños de la primera mitad del siglo XVIII, arquitecto de la Corte y Villa de Madrid, como él mismo firmó en algún documento.

Recorriendo despacio la calle del Mesón de Paredes y sus alrededores se encuentran las huellas de antiguos conventos, recuerdos de fuentes cuyas aguas en el pasado ofrecían eróticas promesas, una de las cuales se conserva, la Fuente de Cabestreros, iglesias y tabernas centenarias, corralas… y se intuye la presencia de los arquitectos castizos que de un momento a otro imaginamos se van a cruzar con nosotros camino de su casa, ataviados con casacas y calzones a la francesa o acaso con chaquetillas cortas como las de los majos del barrio…

Francisco Ruiz, que nació en Barajas hacia 1680, casado con María Campoy y con tres hijos, tuvo sus casas principales en la calle de la Encomienda. Casi de la misma edad que Pedro de Ribera, quien recordemos nació y vivió en este barrio, fueron vecinos y probablemente se conocieron. Sin duda, el barroco, primero de Ardemans y luego de Ribera, influyó en él. Y, aunque la arquitectura oficial estuviera dominada por estos dos arquitectos, Ruiz también recibió algunos encargos y se movió en el ambiente de la Corte.

El otro maestro de Ribera, José Benito de Churriguera, curiosamente, quince años antes también había nacido en la calle Mesón de Paredes, en el nº 2, como nos recuerda una placa.

En 1734 Ruiz proyectó la planta del Colegio, del Convento y su Iglesia, y tres años después comenzó su construcción.

Tras la muerte del arquitecto en 1744, José Álvarez continuó con las obras del conjunto que finalizaron en 1791, exhibiendo una arquitectura heredera de la del siglo XVII. La fachada principal daba a la calle de Mesón de Paredes, actual número 68, aunque el Colegio tenía una entrada por la calle del Tribulete.

Escuelas Pías de San Fernando, foto de A.Passaporte (Archivo Loty, Fototeca Ministerio de Cultura)

En el interior de la iglesia, sus altares guardaban una colección de esculturas de gran valor, en madera policromada a tamaño natural, obra de los más renombrados escultores. Un San Juan Bautista de Manuel Pereira, un San José y una Virgen de las Angustias  de Juan Adán… y varias obras de Alfonso Bergaz, entre ellas una imagen de San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías.

En el siglo XIX se acometieron varias obras de ampliación del Colegio que llegó a tener unas buenas instalaciones, biblioteca, gabinete de Historia Natural, de Física, comedor para los alumnos internos, sala de visitas, etc.

Desgraciadamente en 1936 llegó la guerra civil, tras la cual solo quedaron en pie las ruinas de la iglesia: la fachada, parte de los muros, el crucero con el tambor de la cúpula y algunos elementos decorativos.

Fachada de la iglesia de las Escuelas Pías. Mesón de Paredes.

Tambor de la cúpula.

En los años 40 en parte del solar, con fachada a la calle de Embajadores, se construyó el Mercado de San Fernando, obra de Casto Fernández-Shaw.

Mercado de San Fernando

Después, hacia 1950 en el solar de la calle del Tribulete donde estuvo el Colegio, se inauguró el Cine Lavapiés. En sus bajos se encontraba la Sala de Fiestas famosa en los años 50, Moulin Rouge, o El Molino Rojo, como se anunciaba a veces, la más típica de Madrid, que estuvo abierta hasta el comienzo de los años 80.

En 1979 el cine, que llevaba cinco años cerrado, fue convertido en el Teatro Lavapiés, hasta 1984 en que fue cerrado. Tres años después el Ayuntamiento adquirió el edificio con el proyecto de crear un museo, teatro, local para representaciones de zarzuela… incluso se llegó a hablar de su nombre, el futuro Centro de Casticismo. Pero pasaban los años y lo único que prosperaba era el deterioro del lugar, por eso en 1993 cuando llegaron las máquinas de obra los vecinos creyeron que comenzaba la restauración del edificio, sin embargo lo que pudieron contemplar fue su demolición, llevada a cabo por decisión del nuevo Consistorio.

Los locales del viejo cine, en el nº 16 de la calle del Tribulete, estaban catalogados con el máximo nivel de protección (que en cualquier caso implicaba que la nueva construcción debería ser dedicada al mismo uso cultural) por lo que su derribo provocó bastante polémica entre los vecinos y la prensa.

La historia de las Escuelas Pías es también la historia de la plaza creada sobre las ruinas de la antigua Inclusa y el Hospital de Maternidad que ocupaban el solar contiguo a las Escuelas, en el nº 66 de Mesón de Paredes.

Foto de S. Yubero (Biblioteca virtual Madrid)

El edificio fue derribado. En su lugar se construyeron varias viviendas y un parque, uno de los tres inaugurados el día 15 de mayo de 1973.

En la esquina una placa recuerda que en la Inclusa vivió Eloy Gonzalo.

Se crearon tres plazas ajardinadas con numerosos árboles de distintas especies, arbustos, hiedras, césped y bancos. La plaza de la Corrala, de la Iglesia y del Sombrerete.

Alrededor de las ruinas de la iglesia se creó un jardín que se comunicaba con la plaza del Sombrerete formando casi una única plaza.

Los jardines del Sombrerete fueron adornados además con una fuente, copia de la Fuente de los Delfines que se encontraba -y que continúa- en la plaza de San Ildefonso. Un artístico caño de vecindad de hierro fundido que representa dos delfines entrelazados.

Desde hace unos años la del Sombrerete es conocida como la plaza de Agustín Lara. En 1975, nuevamente en mayo, fue inaugurada la estatua dedicada a este músico muy querido en nuestra ciudad, autor entre otras obras del famoso chotis Madrid. La estatua de bronce es obra del escultor mexicano Humberto Peraza, y el pedestal de granito fue costeado por el Ayuntamiento. En una foto de aquellos años se ve que fue situada de espaldas a Mesón de Paredes, mirando hacia los jardines. Al otro lado de las escaleras que bajaban al jardín se aprecia la fuente.

(En “Madrid en sus plazas” de M. Jiménez)

En 1999 comenzaron las obras de construcción de un aparcamiento bajo la plaza, siendo retirada la escultura. El proyecto global fue obra del arquitecto José Ignacio Linazasoro. Los trabajos finalizaron en 2001.

Agustín Lara volvió a la plaza, al lugar que hoy ocupa, junto a las ruinas.

Entre 2001 y 2004 se puso en marcha el proyecto realizado por el mismo arquitecto para la restauración y rehabilitación de las Ruinas de las Escuelas Pías con el fin de convertirlas en biblioteca y la construcción de un aulario para la Universidad Nacional a Distancia (UNED). Sobre el solar del teatro, que estaba vacío desde que fue derribado, se construyó el Aulario.

Y en las ruinas de la iglesia se creó la Biblioteca.

 

Entre ambos, la nueva construcción y las viejas ruinas, separadas por el gran desnivel de la calle del Mesón de Paredes, se construyó una escalera que por un lado distribuye las dependencias del nuevo edificio y por otro se asoma a la biblioteca instalada en la iglesia.

Los materiales utilizados, la cálida madera y el sencillo ladrillo junto al hormigón, ayudan a la integración de las nuevas estructuras con las antiguas.

Arriba nos espera una acogedora terraza desde la cual podemos asombrarnos una vez más contemplando los tejados bajo el cielo de Madrid.

La idea era integrar la Biblioteca en las ruinas, sin alterarlas, de forma que conservaran su aspecto sugestivo y romántico.

Todo el proyecto estaba condicionado por los restos del edificio primitivo. Por una vez, lo nuevo se supeditó a lo viejo, los restos del pasado no se exhiben como un mero adorno sino que son valorados en sí mismos.

Los altares del templo ahora vacíos rodean el nuevo y confortable espacio lleno de libros y luz. Sobre el arco de medio punto de la emblemática rotonda aunque un poco maltrecho pervive el Escudo de las Escuelas Pías sostenido por dos ángeles, obra de Alfonso Bergaz, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés y en Madrid.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
José Ferrándiz. El templo de San Fernando y su olvidado tesoro artístico. Revista de la Biblioteca: Archivo y Museo del Ayuntamiento, nº 11, jul. 1926.
Virginia Tovar. Tres proyectos del arquitecto madrileño del siglo XVIII, Francisco Ruiz. Revista de la Biblioteca: Archivo y Museo del Ayuntamiento, nº 1-2, 1977.
Margarita Jiménez. Madrid en sus plazas, parques y jardines. Abaco Ediciones 1977.
ABC
, 15 mayo 1973.
El País
, 5 nov. 2001

El antiguo Museo de San Isidro, hoy llamado Museo de los Orígenes, se encuentra en una de las plazas más recoletas y sugerentes de Madrid, la plaza de San Andrés, alrededor de cuya iglesia a lo largo de la Edad Media las casas señoriales se fueron instalando. Una de estas casas fue el Palacio de los Condes de Paredes, aunque su denominación ha ido cambiando en función de los dueños que se han ido sucediendo.

A pesar de que no existe certeza documental, tradicionalmente se cree que en el siglo XII, en este lugar estuvo enclavada la casa de los Vargas en la que vivió y murió San Isidro, por lo cual el edificio también es conocido como Casa de San Isidro. El palacio fue construido en la primera mitad del siglo XVI por los Señores de Luján, antes de que el rey Felipe II trajera la Corte a Madrid en el año 1561; posteriormente pasaría a manos de los Condes de Paredes.

El Palacio de los Señores de Luján o de los Condes de Paredes fue derribado en 1974, y durante años el solar permaneció abandonado y rodeado de vallas. Era propiedad del Ayuntamiento desde 1986 que tres años después propuso la construcción de un Museo dedicado a San Isidro. El actual edificio es un magnífico ejemplo de cómo lo viejo y lo nuevo pueden no solo convivir sino beneficiarse mutuamente. Un edificio histórico, que incorpora al pasado elementos arquitectónicos modernos adaptándose al entorno del barrio.

Gracias a su reconstrucción, hoy día podemos admirar el que quizá fue uno de los palacios renacentistas más notables de la época. Del edificio original únicamente se conservan el pozo, conocido como Pozo del Milagro, la Capilla dedicada al Santo, que permaneció protegida por una caja de ladrillo cuando el edificio fue demolido. Y el Patio.

El patio plateresco es sin duda alguna la joya más valiosa que alberga el palacio. Remanso de paz, arte y tradición, se trata de un espacio rectangular porticado y adintelado, que únicamente conserva sus alas norte y oeste. Su configuración nos recuerda al Patio de la Reina del Antiguo Alcázar de los Austrias, construido bajo los mismos criterios de patio porticado de tipo palaciego, habitual en esa primera mitad del siglo XVI.

claustro2

Año 2006

Durante la excavación arqueológica previa a la reconstrucción, en el propio solar aguardaron pacientes sus elementos arquitectónicos, los dinteles y las columnas trabajadas en granito, con capiteles vegetales, el escudo de los Lujanes, o las zapatas con rosetas tallados en la piedra, así como las vigas de madera del techo decoradas igualmente con las mismas rosetas. Hasta que todo recuperó lugar.

capitel

Por fin en su interior, en cierto modo emprendemos un viaje al pasado, aún pervive la huella de los Lujanes en la imagen de la muralla tallada en el escudo de los capiteles, en recuerdo del título de don Pedro de Luján que en el siglo XV además de Camarero del rey Juan II fue Guarda de la Puerta Cerrada y de los lienzos de la muralla hasta la Puerta de Moros.

Recientemente el segundo piso ha sido cerrado, con el fin de ampliar las dependencias del museo.

patio cerrado

15 de mayo de 2009

El mágico patio renacentista, con sus elementos conservados desde el siglo XVI, es tan acogedor, que allí reposan varias esculturas cargadas de historia.

Como el Oso y el Dragón, antaño en la Cibeles, obras de Alfonso Bergaz, de las que en otro tiempo manara el agua potable cuando la fuente de la Diosa no era únicamente un motivo ornamental sino que también proporcionaba agua para beber a los madrileños. Se retiraron de la fuente en 1862, comenzando así su peregrinaje por diversos lugares, para al fin encontrar refugio bajo una de las zonas porticadas. Antes de llegar aquí, el Dragón, aunque al aire libre, durante un buen periodo de tiempo estuvo resguardado en el jardín de la Casa de Cisneros.

El Dragón

El Dragón de la Cibeles, hasta 1862.

El Oso vivió un ambiente más bullicioso; después de otros avatares, estuvo en la antigua Casa de Fieras del parque de El Retiro, a la vista de todos los visitantes y recibiendo amablemente a todo aquel que se le acercaba, incluso al parecer los niños jugaban sobre sus lomos.

El oso que estuvo en la Cibeles hasta

El Oso

También los pequeños Tritones de Las Cuatro Fuentes del Paseo del Prado, diseñadas por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, muy desgastados por el tiempo y el agua, reposan junto a ellos. Una réplica adorna ahora las fuentes frente al Botánico y el Museo del Prado.

Uno de los tritones

Uno de los tritones de las Fuentes del Prado

Sin embargo las imágenes de San Isidro y de Santa María de la Cabeza son reproducciones de las esculturas originales, a las que si nos acercamos a ver al Puente de Toledo, comprobaremos que también están bastante deterioradas. Quien sabe si en un futuro se acercarán a descansar en la que es su Casa.

San Isidro

San Isidro

Santa María de la Cebeza

Santa María de la Cabeza

Por supuesto no podía faltar la fuentecilla en el centro, aunque se trate de una fuente moderna, realizada para el Museo por los canteros municipales.

Fuente

La tradición a veces tiene mucha más fuerza que la realidad, y muchos vecinos echaban de menos la visita al pozo para beber el agua del santo, que se había interrumpido durante años. Ahora, un tanto inocentemente, todos los quince de mayo, día del patrón, como hoy, nos acercamos a la pequeña pila instalada en el patio, hacemos cola y nos miramos unos a otros sonrientes, y bebemos un vasito de agua, aunque sabemos que es un rito, una tradición y nada más, quizá alguien piense que el agua es milagrosa, y eso le ayude, y a la mayoría nos traslada a ese mundo imaginado que fue real, la historia de siglos pasados, nuestra historia.

Pila

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez


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Fuentes:

Olga VALLESPIN. “Excavaciones arqueológicas en la Casa de San Isidro“, en “Testimonios del Madrid Medieval”, Museo de San Isidro, Madrid 2002.

y el propio Museo.

Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés 2


Nota: Este artículo es una revisión y actualización del publicado en la Revista “Amigos del Foro” nº 3, Invierno 2007.

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© Mercedes Gómez

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