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En las primeras décadas del siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V se produjeron grandes cambios en la sociedad española y en la vida cultural. Entre otras instituciones, se crearon las Reales Academias y se fundó la Real Biblioteca Pública, origen de la actual Biblioteca Nacional, que acaba de cumplir trescientos años.

El día 29 de diciembre de 1711 el monarca aprobó el proyecto, y el 1 de marzo de 1712 nació la Real Biblioteca que se puso a disposición de todos. Su primera sede fue el Pasadizo que unía el Alcázar con el Monasterio de la Encarnación -uno de los varios pasadizos elevados que se construyeron en el siglo XVII uniendo las plantas superiores de dos edificios-.

Planos, alzados y cortes de la Real Biblioteca sita en la calle del Tesoro de Madrid (BNE)

Con la llegada de José Bonaparte al trono en 1808 y las obras de remodelación de la plaza de Oriente, el Pasadizo desapareció y la Biblioteca fue instalada en el Convento de la Trinidad Calzada en la calle de Atocha. Tras la vuelta de Fernando VII, en 1819 fue trasladada nuevamente, al Palacio del Consejo del Almirantazgo, en la plaza de la Marina Española (antes Palacio de Godoy). En 1826 su destino fue una casa que había pertenecido al Marqués de Alcañices, en la calle de Arrieta, sobre parte del solar donde luego se levantaría la Academia de Medicina.

En 1836 pasó al Estado y adoptó el nombre de Biblioteca Nacional.

Treinta años después la Reina Isabel II colocó la primera piedra del edificio que hoy alberga la Biblioteca y el Museo Arqueológico, en el Paseo de Recoletos, el Palacio de Museos, Archivo y Biblioteca Nacionales, proyectado por el arquitecto Francisco Jareño en estilo neoclásico.

La Biblioteca Nacional en 1892 (BNE)

Finalizado, con algunas modificaciones, por Antonio Ruiz de Salces en 1892, la Biblioteca fue inaugurada el 16 de marzo de 1896.

El magnífico edificio es Monumento Nacional desde el año 1983. Destaca la fachada adornada con seis esculturas y once medallones que representan a los grandes autores de la literatura española, y el bello frontón, esculpido en mármol por Agustín Querol, que simbólicamente, dicen, nos transmite la sabiduría si nos decidimos a subir por la escalinata y entrar en la Biblioteca.

En el vestíbulo, a los pies de una monumental escalera, se encuentra la estatua dedicada a Marcelino Menéndez Pelayo, director de la Biblioteca de 1898 a 1912, obra del escultor Lorenzo Coullaut Valera.

Una vez al año al menos la Biblioteca nos abre sus puertas. Da gusto recorrer sus lujosas salas rodeadas de barandillas de hierro forjado, muebles de finas maderas, contemplar las vidrieras de sus techos… todo es precioso, pero uno de los momentos más emocionantes sucede cuando llegas a conocer sus sencillos depósitos con pasillos repletos de libros esperando ser leídos y, éstos de verdad, transmitirnos la sabiduría que encierran muchas de sus páginas.

Libros… y revistas, periódicos, grabados, planos, mapas, fotografías, vídeos… los fondos de la Biblioteca Nacional son riquísimos y abarcan todos los medios de información posibles.

Además, esta institución admirable incluye el Museo de la Biblioteca Nacional, antiguo Museo del Libro, y dos salas de exposiciones temporales.

Actualmente, una espectacular exposición celebra el aniversario mostrando algunos de sus preciados tesoros. Desde los primeros manuscritos y objetos de la Biblioteca Real hasta la actualidad. Su título: La Biblioteca Nacional, trescientos años haciendo historia.

Comienza la muestra con lienzos del pintor madrileño más importante de la época, Miguel Jacinto Meléndez, que representan al rey Felipe V y la reina Isabel de Farnesio, su segunda esposa.

A continuación, obras de artistas de todos los tiempos y estilos: Velázquez, Rembrandt, Fortuny, Picasso…

De los escasos dibujos atribuidos al gran Diego Velázquez, la Biblioteca Nacional de España conserva cuatro y en esta ocasión, un poco escondidos en una esquinita, expone dos de ellos, dos pequeñas obras maestras realizadas con lápiz de carbón.

Diego Velázquez. "Cabeza de niña" (h. 1620). (BNE)

Podemos admirar códices medievales, documentos de valor incalculable, ejemplares pertenecientes a la antigua biblioteca de la Torre Alta del Alcázar de los Austrias -que gracias a su traslado a la Biblioteca Real se salvó del incendio que destruyó el palacio real en 1734-, la biblioteca del propio Felipe V, la primera edición del Quijote en los comienzos del siglo XVII…  archivos personales y documentos originales de escritores, Lope de Vega, Ramón Gómez de la Serna, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, etc.

Maravillosos mapas y planos, uno de ellos es el primero que se conoce de Madrid, en su edición más antigua, que muestra la Villa y Corte de finales del reinado de Felipe III y comienzos de Felipe IV.

Asistimos al nacimiento de las técnicas al servicio de la Cultura, por ejemplo la fotozincografía o transferencia de fotografía a planchas de zinc, que por fin hizo posible la reproducción mecánica.

Sorprende la belleza de los primeros aparatos que permitieron guardar y escuchar los documentos sonoros, como el fonógrafo o el gramófono. Una de las joyas de esta biblioteca, muy emotiva, es el archivo de la palabra, que guarda las voces de los protagonistas de nuestra Historia. Leer es enriquecedor, pero quizá escuchar lo es mucho más.

Por supuesto, están presentes las modernas tecnologías, la web de la Biblioteca Nacional, que ofrece una informacion inmensa, los medios sociales, twitter, flickr, una completa y bonita aplicación para los teléfonos que se puede descargar de forma gratuita…

Ideas, palabras, dibujos, fotografías, sonidos, toda la creatividad a nuestro alcance, desde hace tres siglos.

Por Mercedes Gómez

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El Palacio de Fomento, hoy sede del Ministerio de Medio Ambiente, que se asoma a la plaza del Emperador Carlos V, más conocida como glorieta de Atocha, es uno de los edificios más monumentales y emblemáticos de Madrid.

El Ministerio de Fomento, creado en 1856, fue instalado en el antiguo Convento de la Trinidad, en la calle de Atocha, hasta que en 1879 se decidió construir una sede propia ya que el viejo convento no reunía las condiciones necesarias para un organismo de este tipo.  El terreno finalmente elegido pertenecía al Real Jardín Botánico. Con el fin de separar el nuevo edificio del Jardín se abrió una nueva calle, la de Claudio Moyano.

Tras unos inicios llenos de avatares y cambios –de arquitectos, ministros del ramo, usos…- se hizo cargo del proyecto Ricardo Velázquez Bosco, quien para entonces ya había construido el Palacio de Velázquez, así llamado hoy en su honor, y el maravilloso Palacio de Cristal en el Retiro.

R. Velázquez Bosco (La Ilustración Española y Americana 8 oct. 1897) (BNE)

Dieciocho años después, las obras finalizaron; en 1897 comenzaron a trasladarse las oficinas ministeriales, aunque gran parte de la decoración fue realizada posteriormente.

Foto: J.Laurent (1903). Museo de Historia (memoriademadrid.es).

El gran conjunto escultórico obra de Agustín Querol, sobre el ático, no quedó instalado hasta 1905, a la par que finalizaba el cerramiento del solar con la verja de hierro fundido con columnas corintias y fustes rematados por bustos de la diosa Minerva. Como ya sabemos, gracias a nuestro paseo hace ya más de dos años en busca de La Gloria y los Caballos Alados originales, estas gigantescas esculturas de mármol han vivido una historia muy azarosa desde que fueron sustituidas por una copia en bronce que es la que actualmente corona el edificio.

La situación de los caballos alados o Pegasos no ha cambiado en este tiempo, el que se encuentra en el almacén de la calle del Áncora continúa al descubierto y muestra sus heridas, aunque me ha gustado comprobar que sigue ahí, mirando el cielo, cerca de nosotros.

Calle Ancora, noviembre 2011.

El de Legazpi, más amenazado por el tráfico a su alrededor, ha sido envuelto con empeño protector y muestra un extraño aspecto.

Legazpi, noviembre 2011

Volviendo a nuestro edificio protagonista, su planta es rectangular, con cuatro cuerpos de esquinas levemente salientes rematadas por cúpulas de pizarra, larga fachada y gran pórtico, características del gusto del arquitecto, ya utilizadas en el Pabellón de Velázquez.

Al igual que en todas sus obras, Velázquez Bosco cuidó hasta el último detalle, contando con los mejores artistas. La cerámica de Daniel Zuloaga, las esculturas de Querol, Ricardo Bellver, Ángel García Díaz, … Las estrellas de la decoración del edificio son sin duda la escultura, y el color proporcionado por el ladrillo de diferentes tonalidades, y sobre todo por la cerámica.

A ambos lados de la puerta se instalaron dos majestuosas Cariátides, obra de José Alcoverro, que representan a la Industria y al Comercio, y que sustentan el balcón. Sobre ella, ocho columnas y un escudo de mármol esculpido por Bellver.

A principios del siglo XX las obras continuaban… Hubo que construir una chimenea para la salida de humos de la calefacción, y el arquitecto la diseñó y realizó en ladrillo con gran diversidad de bellos elementos decorativos.

Las cornisas, repisas, impostas y pilastras de la fachada se construyeron en piedra de Novelda, muy poco resistente a algunas agresiones. Entonces aún circulaban los carros por las calles madrileñas, y nadie pudo imaginar hasta qué punto la contaminación que se avecinaba podría destruir esta delicada piedra blanca con el paso de los años. Las columnas tuvieron que ser sustituidas, y las primitivas se encuentran en otros lugares de la ciudad, por ejemplo en el Jardín del Palacio de Buenavista hay dos de ellas.

Jardín del Palacio de Buenavista

El pasado doce de octubre, en una festiva Jornada de Puertas Abiertas en muchos edificios y museos de Madrid, por fin traspasamos la espléndida puerta de entrada, que conserva el sello de su constructor, Gabriel Asins, y pudimos acceder al lujoso zaguán, antesala de la bellísima escalera construida en mármol italiano, excepto el zócalo que procede de las canteras del pueblo madrileño de Robledo de Chavela.

Llega únicamente hasta la planta principal y desgraciadamente hoy día no recibe la luz suficiente para apreciar toda su belleza, ya que sus ventanales fueron cegados al construirse nuevos despachos por necesidades de espacio, aún así su contemplación, deslumbra.

Fue diseñada por el propio arquitecto y decorada con pinturas de los artistas madrileños Alejandro Ferrant y Manuel Domínguez, igualmente terminadas en 1905. Ferrant pintó la bóveda y Domínguez las lunetas. Las enjutas de los arcos están formadas por esculturas de García Díaz.

Frente al acceso a la planta principal se encuentra el que fuera  el Gran Salón de Recepciones, decorado en origen de forma muy suntuosa. En los años 50 del pasado siglo XX fue muy transformado, hoy día únicamente conserva algunos restos de las columnas primitivas, recibe el nombre de Sala de Micrófonos y se utiliza como Sala de Juntas. Sus balcones se asoman a la glorieta de Atocha.

La escalera imperial está situada entre los dos patios o lucernarios con cubiertas de hierro y cristal en torno a los cuales se ordena el edificio.

Galería de Retratos

Como casi todos los elementos de hierro, las cubiertas fueron realizadas en los Altos Hornos de Bilbao y montadas en los talleres madrileños de Industrias González.

Sus fachadas, al igual que las galerías, presentan la misma decoración que la fachada exterior. Todo en este edificio es armónico, tanto en su exterior como  interior.

Existen otras dos escaleras de servicio general, construidas en hierro y madera, muy bonitas. Las piezas de fundición fueron realizadas en Industrias González.

Finalizado el edificio, se construyó un bello Jardín a su alrededor, que aún se conserva, siendo de interés histórico-artístico.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Juan Carlos Arbex. El Palacio de Fomento. Mº de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid 1988.

Ricardo Velázquez Bosco

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Hoy vuelve Celia, conocida de todos por sus anteriores colaboraciones dedicadas al Claustro de los Jerónimos y a la Ampliación del Museo Arqueológico Regional, para descubrirnos todos los secretos de uno de los panteones más espectaculares de la Sacramental de San Isidro, el Panteón Guirao, obra del escultor Agustín Querol.

En estos días próximos al 2 de noviembre, nuestro tradicional Día de Difuntos, nos regala un interesante texto y un espléndido reportaje fotográfico sobre una obra de arte prácticamente desconocida.

Mercedes
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El Panteón Guirao en el patio de la Concepción de la Sacramental de San Isidro, obra póstuma de Agustín Querol, es para muchos una obra cumbre del modernismo español -con el permiso del historiador del arte Gaya Nuño, no especialmente devoto de la obra de Querol-. Para su correcta ubicación espacial y cronológica merece la pena detenerse en una breve explicación histórica de la Sacramental, cuyo nombre completo es en la actualidad de San Isidro, San Pedro y San Andrés.

La Sacramental de San Pedro y San Andrés fue el segundo cementerio -primero fuera del casco urbano- que se construyó en Madrid a partir de 1.811 ante la prohibición del rey José Bonaparte de enterrar a los difuntos en el interior de las iglesias, tras el Cementerio General del Norte, llamado vulgarmente de la Puerta de Fuencarral, cuyo lugar hoy ocupa un conocido centro comercial de Arapiles.

El primer patio llamado de San Pedro está junto a la parte trasera de la Ermita, hacia el oeste. Sobre la puerta de entrada en el lado sur una placa nos recuerda:

“SE CONSTRUYÓ ESTE CEMENTERIO
A ESPENSAS DE LOS YNDIVIDUOS
DE LA Rª ARCHICOFRADIA SACRAMENTAL
DE S. PEDRO Y S. ANDRES EN EL AÑO DE 1811.”

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Al norte del patio de San Pedro se encuentra el Patio de San Andrés, fechado en 1.829, obra de José Llorente, y al oeste de ambos, construido en 1.842, el de San Isidro, de José Alejandro Álvarez.

El Patio

El Patio de San Pedro, en acusado estado de abandono, y la conexión con el patio de San Andrés

Patio

Patio de San Isidro, fotografiado desde el patio de la Concepción

Los tres presentan una cierta unidad tipológica, con planta rectangular, estructura claustral con galerías porticadas y sepultura predominante de nichos, si bien el de San Isidro, de mayores proporciones y con templete central, en el más noble de los tres.

A mediados del siglo XIX se hace necesaria una nueva ampliación, por lo que Francisco Enríquez Ferrer, arquitecto de la cofradía, inicia en 1.850 el proyecto del patio de la Concepción, cuya construcción terminaría, tras radicales modificaciones del trazado original, José Núñez Cortés en 1.890.

El patio de la Concepción se encuentra al oeste de los primitivos en una terraza superior, por lo que está separado de ellos mediante una escalinata para salvar el desnivel: no hay que olvidar que nos encontramos en las prehistóricas terrazas del Manzanares, que descienden con fuerte pendiente hacia el río.

Plano de la Sacramental en el siglo XIX. Al norte la Sacramental de San Justo. www.madridhistorico.com

Plano de la Sacramental en el siglo XIX. Al norte la Sacramental de San Justo. (www.madridhistorico.com)

De estructura neoclásica y columnata porticada, su perímetro tiene forma de teatro clásico, unión de semicírculo y rectángulo. Encierra un formidable conjunto de panteones con todos los estilos del siglo XIX, y ya Mesonero Romanos lo comparó con el cementerio Père-Lachaise de París. La columnata se interrumpe rítmicamente con dieciséis pabellones, dotados de grandes huecos de acceso en forma de arcos de medio punto. Las pilastras que enmarcan los huecos de los pabellones, así como las columnas de la galería presentan capiteles decorados con motivos vegetales entre los que destacan la presencia del animal que es a la vez símbolo de la sabiduría y la muerte, el búho.

Vista general del patio de la Concepción

Vista general del patio de la Concepción

Detalle de uno de los pabellones

Detalle de uno de los pabellones

Se accede al patio de la Concepción, cuyo eje de simetría no está alienado con el de la ermita sino con el del patio de San Isidro, mediante un bello paseo ascendente que se inicia junto a la puerta situada a la izquierda de la ermita y termina en uno de los pabellones, que hace función de vestíbulo o antesala del patio.

Paseo de acceso al patio de la Concepción, y detalle del pabellón de acceso desde la terraza inferior de los patios primitivos

Paseo de acceso al patio de la Concepción, y detalle del pabellón de acceso desde la terraza inferior de los patios primitivos

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En origen el patio debió tener una estructura de calles y plazuelas bien marcadas dónde se situaban los panteones, como si se tratara de una ciudad ideal a una escala reducida, prolongación de la ciudad de los vivos, dónde han de estar presentes todas las familias que en algún momento fueron importantes para la ciudad. Con el tiempo esta estructura se ha ido perdiendo, pues la vegetación que marcaba las calles se ha expandido, y panteones más modernos han ido ocupando los espacios residuales.

El Panteón Guirao tiene, sin embargo, una posición privilegiada no solo en el patio de la Concepción sino en el conjunto de la Sacramental.

Situado al final del eje central del patio, aparece en el recorrido como foco del paseo principal sin la proximidad avasalladora de otros panteones y siguiendo la tendencia romántica del siglo XIX la vegetación que rodea el monumento -cuatro cipreses de enorme tamaño- es tan importante en la composición como el Panteón en si mismo.

Fotografía aérea de los patios históricos de la Sacramental, con la posición del Panteón Guirao

Fotografía aérea de los patios históricos de la Sacramental, con la posición del Panteón Guirao

Vistas frontales del Panteón Guirao

Vistas frontales del Panteón Guirao

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La galería columnada del patio está abierta en el punto medio del semicírculo. Esta apertura fue la entrada trasera al cementerio antes de la construcción de las últimas ampliaciones del siglo XX, y hasta entonces el Panteón Guirao era visible desde el exterior de la Sacramental, mientras que hoy en día lo es desde las terrazas superiores dónde están las mencionadas ampliaciones.

Vista posterior desde las ampliaciones superiores del siglo XX

Vista posterior desde las ampliaciones superiores del siglo XX

Una bellísima rejería de hierro Art Nouveau cierra el acceso a la cripta. Es probable que fuera diseñada por el propio escultor pues guarda analogías con la decoración vegetal del basamento, aunque fue ejecutada por el taller de Francisco Torras Codina, y representa unas estilizadas plantas de cardo. La rejería está coronada por un relieve en piedra de clara analogía funeraria.

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Pero es desde las vistas laterales dónde se comprende mejor la estructura y composición general del Panteón. Un doble basamento escalonado y el sarcófago albergan la cripta en su interior y junto con la cruz sirven de soporte a un conjunto de relieves y figuras variadas que frente al común hieratismo de la escultura funeraria se caracterizan por la sensación de movimiento en contraposición con la naturaleza estática y sólida de la piedra.

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Se pone el énfasis en el dolor y lo breve de la existencia humana más que en la quietud del descanso o en las virtudes de los difuntos, de quienes no hay ninguna representación, y tan sólo en la parte posterior del sarcófago encontramos la inscripción

“PANTEÓN DEDICADO A LA MEMORIA
DE LA SEÑORA
Dª LUISA SANCHO MATA”

Y un poco más abajo, sobre el basamento

“AQUÍ YACEN LOS RESTOS DE
Dª LUISA SANCHO MATA,
FALLLECIDA EL DÍA 8 DE JULIO
DE 1907

D. BALTASAR MATA GARCIA,
FALLECIDO EL 9 DE OCTUBE
DE 1879”

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A pesar del nombre por el que es conocido el Panteón, no hay ni una sola referencia a la familia Guirao ni al esposo de Dª Luisa, Federico Guirao Girada, prototipo del burgués y aristócrata de su tiempo y uno de los fundadores de la Real Sociedad Fotográfica.

Tampoco la hay al autor, Agustín Querol. Da Rocha Aranda y Muñoz Fajardo (*) citan como coautores del monumento al ya mencionado Francisco Torras y al arquitecto Ignacio de Aldama Elorz -autor del Hospital Asilo de San Rafael, la Casa Pellico y el edificio de la Castellana 15 entre otras obras-. Gaya Nuño, en afirmaciones no exentas de crítica e ironía, subraya en ARS HISPANIE, Arte del siglo XIX, que Querol “modelaba en barro, ayudado por múltiples auxiliares, y los marmolistas de Carrara tallaban el grupo, figura o monumento”.

Fotograbado de fragmento del prototipo del monumento –probablemente de yeso- en el estudio de Querol en la calle del Cisne. Cuando en 1.910 se publicó esta imagen en “Querol, Monografías de Arte”, -Rodolfo Gil, Sáenz de Jubea Hermanos, Editores- hacia pocos meses que el escultor había fallecido.

Fotograbado de fragmento del prototipo del monumento –probablemente de yeso- en el estudio de Querol en la calle del Cisne. Cuando en 1.910 se publicó esta imagen en “Querol, Monografías de Arte”, -Rodolfo Gil, Sáenz de Jubea Hermanos, Editores- hacia pocos meses que el escultor había fallecido.

Sea como fuere la gestación del proyecto y la realización de la obra no puede discutirse su singularidad y belleza y son muchas las críticas levantadas respecto al estado de conservación, no ya de este monumento en concreto, sino de toda la Sacramental a pesar de su declaración de Bien de Interés Cultural.

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Algunos de los grupos escultóricos aparecen seriamente mutilados, sin que nadie parezca hacerse cargo de los restos desprendidos

Detalle de una de las esculturas

Detalle de una de las esculturas

Cabe preguntarse no obstante por qué el Panteón fue ejecutado con una piedra tan blanda en lugar de mármol, y reflexionar como el trabajo de tantos artistas que marcaron una época cae con frecuencia en el olvido junto con los anhelos humanos de pervivir y ser recordados.

Texto y fotografías por : Celia Vinuesa, arquitecto.

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BIBLIOGRAFÍA

(*) Madrid Modernista: guía de arquitectura. Óscar da Rocha Aranda y Ricardo Muñoz Fajardo. Editorial Tébar, 2007.

El panteón Guirao, de Agustín Querol, en la Sacramental de San Isidro. Carlos Saguar Quer. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo XIII, 1.986, pags. 79-86.

Querol, Monografías de Arte, de Rodolfo Gil, Sáenz de Jubea Hermanos, Editores, 1.910.

EN LA RED:

Los Cementerios Decimonónicos.
Las olvidadas arquitecturas de la sacramental de San Isidro. Javier Carcía-Guiérrez Mosteiro. El País 2 nov. 2004
Federico Guirao Girada. El Mundo 2 nov 1999.

La Gloria y los Caballos Alados o Pegasos es un conjunto escultórico que ha vivido una historia azarosa, quizá en gran parte debido a sus grandes dimensiones, desde que en 1905 fue creado por Agustín Querol para la sede del entonces Ministerio de Fomento, hoy Ministerio de Medio Ambiente.

El conjunto original es de mármol y pesa demasiado. Además, durante la guerra civil sufrió desperfectos que amenazaban con desprendimientos, cosa que al final ocurrió, de forma que, ante la situación de peligro, en 1976 fue sustituido por una copia en bronce mediante vaciado, obra de Juan de Avalos, que es la que actualmente corona el edificio en Atocha.

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Formada por tres partes exentas, la obra fue enviada a un almacén municipal donde permaneció durante años. Hasta que los caballos alados fueron separados de La Gloria. En 1997 fueron instalados en la plaza de Legazpi, formando parte de una fuente cada uno de ellos. Y La Gloria permaneció en el almacén, aunque por poco tiempo como veremos.

Debido a las obras de soterramiento de la M-30, en la primavera de 2005, las fuentes de Legazpi fueron desmontadas y los caballos andamiados.

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Plaza de Legazpi, abril de 2005

Uno de ellos resultó dañado en este proceso y fue trasladado una vez más a un almacén municipal para ser restaurado. Los Pegasos fueron separados.

Terminadas las obras, ambos continúan en el mismo lugar, uno en la plaza andamiado, el otro en el almacén del Ayuntamiento de la calle Ancora, se le puede ver perfectamente desde el exterior tras el muro, magnífico. Ambos están presos, cada uno a su manera, y a mí me dan una sensación de abandono, ¡tanto tiempo en la misma situación!

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Plaza de Legazpi, 17 de marzo 2009

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Calle Ancora, 17 de marzo 2009

Las noticias sobre el futuro de la plaza de Legazpi se han sucedido. Que si los caballos alados volverán a su lugar, que si se construirá un nuevo intercambiador de transportes … Las últimas noticias hablan del proyecto de trasladar aquí las fuentes de la plaza de Colón, para a su vez ceder su sitio al monumento al Descubridor. También se dice que cuando las esculturas sean restauradas tendrán un nuevo destino -¿serán restauradas?, ¿cuándo, por fin, después de casi cuatro años?-.

Desde Legazpi, atravesando el Puente de la Princesa, conocido como Puente de Andalucía, llegaremos a la Glorieta de Cádiz donde a fines de 1997 fue instalada La Gloria.

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Glorieta de Cádiz, julio 2008

Parece imposible que alguna vez vuelvan a reunirse las tres esculturas, entre otras cosas porque al menos La Gloria ahora parece muy bien instalada y feliz en su nueva plaza, con su fuente alrededor, aunque en Madrid nunca se sabe… La azarosa historia continúa. Dentro de todo, me ha encantado comprobar que el caballo alado “perdido” se encuentra en ese almacén, mucho más cercano, aunque fuera a través de la verja, que su pobre compañero cubierto por la tela metálica y rodeado de coches.

Texto y fotografías por Mercedes Gómez

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