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La Casa de la Panadería está situada en el lado norte de la Plaza Mayor, antigua Plaza del Arrabal. Hace tiempo, con motivo de nuestra visita al Salón Real, contamos brevemente su historia. Hoy hablaremos de las pinturas que a lo largo del tiempo han adornado su fachada.

Juan de la Corte. Fiesta en la Plaza Mayor, h. 1630 (Museo de Historia)

El día 2 de agosto de 1672 hubo un gran incendio, el segundo de los tres que sufriría la plaza –el primero había tenido lugar en 1631–, en el que de la Casa de la Panadería únicamente se salvaron el sótano y la primera planta. El 7 de septiembre el Ayuntamiento aprobó la construcción de una nueva. La obra fue terminada diecisiete meses después, conservando la antigua traza de tres cuerpos con balcones y las dos torrecillas en los extremos. En el centro del primer cuerpo se situó el balcón del Salón Real.

Durante mucho tiempo algunos autores han considerado que Claudio Coello fue el autor de los frescos que la adornaron. Pero no fue así, hoy se cree que la decoración exterior es posterior al siglo XVII, como veremos.

Se sabe que en el siglo XVIII se adornó la plaza, pintándola desde los tejados hasta las basas de las columnas de azul y blanco; se colocaron azulejos entre ventana y ventana y los balcones se pintaron de negro. La fachada de la Panadería se adornó especialmente, con la pintura al fresco de medallas y festones de flores, y sus balcones pintados de verde y oro y el balcón del Rey dorado.

La imagen conocida más antigua de las pinturas podría ser el cuadro de Lorenzo de Quirós Ornato de la Plaza Mayor, con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III, realizado hacia 1760.

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia)

Como decíamos, los frescos fueron atribuidos a Claudio Coello, también a José Jiménez Donoso y a Francisco Pacheco. Sin embargo estudios más recientes indican que son posteriores, obra de la segunda mitad del siglo XVIII de Luis González Velázquez (1715-1763).

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia) (Detalle)

Lo cierto es que ya Ceán Bermúdez así lo citó en su Diccionario histórico publicado en 1800 como autor de los “adornos y niños de claro oscuro en la fachada” de la Panadería.

También Antonio Ponz en su Viaje de España (que comenzó a publicarse en 1772) escribió al referirse a la fachada de la Panadería que “entre las ventanas hay pinturas de claro, y oscuro, en que se representan Niños, y otras figuras, que executó D. Luis Velázquez”.

El Semanario Pintoresco Español, que recogió estos datos, publicó en 1844 que “en los ángulos se levantan dos torres cuadradas , y entre las ventanas hay pinturas de claro oscuro, obra de Luis Velázquez, terminando el todo con una elegante cubierta de pizarra que da buen remate al conjunto”.

Semanario Pintoresco Español, 1844.

De estas pinturas el Museo de Historia de Madrid posee un documento impagable.

Procedente de la Biblioteca Histórica, desde 1998 el museo municipal guarda un álbum que contiene una albúmina y catorce acuarelas sobre cartulina (29×18 cm.) que reproducen algunos de estos frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería que existieron hasta al menos 1880, creadas con el fin de que quedara constancia de ellos antes de proceder a realizar la nueva decoración.

Las acuarelas fueron realizadas en 1880 por el pintor Manuel Fernández Sanahuja siguiendo las indicaciones del informe emitido por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a petición del Ayuntamiento de Madrid.

Una de las inscripciones del álbum dice que las catorce acuarelas que contiene este libro son copia exacta de algunos de los frescos que existen en la fachada … Dichos frescos desaparecerán dando lugar a otros, que según dictamen de la Real Academia de San Fernando serán pintados por el que sea referido en el concurso que al efecto se abrirá.

Las inscripciones, firmadas por Fernández Sanahuja, indican las figuras que copió. Eran grisallas, a las que se añadió los colores azul y dorado sobre fondo rojizo que representaban figuras al trampantojo, con efecto escultórico. Ángeles que portaban jarrones o elementos vegetales y seis medallones con las figuras de seis musas.

Las seis primeras, del piso principal, eran las que estaban mejor conservadas.

(Primer piso) (memoriademadrid.es)

El séptimo era uno de los cuatro de los costados, solo se copió uno ya que los demás eran iguales.

(Costado primer piso)

Lo mismo ocurrió en el segundo piso, cuyas pinturas estaban en bastante mal estado.

Musa (2º piso)

(Costado segundo piso)

De los del tercer piso quedaban tan escasos restos que no se pudieron copiar.

El 17 de noviembre de 1879 se había acordado no restaurar las pinturas que estaban muy deterioradas y convocar un concurso para seleccionar el pintor que realizaría las nuevas.

Al concurso se presentaron entre otros Ramón Mélida y Salvador Martínez Cubells. También Arturo Mélida presentó un proyecto al concurso para la decoración de la fachada de la Casa de la Panadería con el lema “Arquitectura y Pintura”, con cariátides clásicas y jarrones, conservado en el Museo de Historia; Mélida incluyó el busto de Juan de Villanueva, autor de la reconstrucción de la plaza tras el incendio de 1790, el tercero que sufriría.

A. Mélida. Proyecto para el concurso de la Casa Panadería, 1881 (no seleccionado) (Museo de Historia)

El concurso lo ganó el pintor Salvador Martínez Cubells, aunque Arturo Mélida consiguió un accésit con su proyecto y en 1901 llegó a participar de alguna manera en la restauración de la fachada –además de en el interior del Salón Real, como ya vimos–, considerándose este su último trabajo. Murió al año siguiente.

Por algún motivo –los retrasos parecen algo habitual en Madrid desde antiguo– los nuevos frescos en sustitución de los de Luis González Velázquez los pintó Enrique Guijo en 1914 –en enero de ese año había muerto Martínez Cubells–.

Recordemos que Enrique Guijo durante su estancia en Madrid colaboró con el Ayuntamiento junto al arquitecto municipal Luis Bellido en varios trabajos. Uno de ellos fue la realización de los nuevos frescos en la fachada de la Panadería –además participó en la restauración de los azulejos y pinturas del interior del Salón Real–.

Plaza Mayor: Casa de la Panadería (1893-1954). Archivo Moreno (IPCE)

En los años 80 del siglo XX, ante el mal estado de los frescos, nuevamente debido a la climatología, el sol y los sucesivos repintes se decidió renovar las pinturas de Guijo. En 1988, a la vez que se realizaba una nueva restauración de la Casa de la Panadería, el Ayuntamiento de Madrid convocó un nuevo concurso.

En el concurso restringido participaron los artistas Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta y Carlos Franco, que fue el ganador.

Casa de la Panadería (2017)

Los motivos elegidos, que son los que podemos contemplar en la actualidad, tenían relación con la mitología y la historia madrileñas. Vemos a Cibeles, Cupido, Baco, sátiros, venus, leones, gatos, tritones, jarrones, … las figuras miden unos tres metros y medio y recuerdan las antiguas pinturas barrocas. A los colores de la carne de las figuras se suman nuevamente los azules y los dorados.

En lugar de la pintura al fresco, tan delicada, el pintor Carlos Franco utilizó pintura al silicato, más resistente.

En 2015-2016 tuvo lugar en el Palacio Real un gran ciclo de entrevistas organizado por Patrimonio Nacional, “En torno al arte contemporáneo. Conversaciones con artistas en Palacio”. Una de ellas fue la realizada por Estrella de Diego a Carlos Franco. Naturalmente hablaron de las pinturas de la Plaza Mayor.

Contó Carlos Franco cómo acometió este encargo público tan importante, con la colaboración de ocho pintores, pero siempre siendo él responsable de cada detalle y del resultado final que debía ser unitario; cómo se enfrentó a la técnica de la pintura mural recurriendo al Libro del arte de Cennino Cennini, las dificultades con los colores al trasladarlos del papel al muro…

Piensa el artista que, entre los grandes pintores que concursaron, él fue elegido por ser su propuesta la más barroca. Cuenta que en aquellos momentos se debatía si debía considerarse a la Panadería una obra de Juan de Villanueva que recordemos reconstruyó y reformó la plaza a finales del siglo XVIII, o si era una obra del Barroco madrileño. Felizmente predominó esta última idea, de acuerdo con el origen de la plaza y el edificio. El proyecto de Carlos Franco, totalmente barroco –como lo habían sido las figuras de Guijo–, fue el ganador.

La obra duró entre seis y siete meses de trabajo efectivo, pero se alargó en el tiempo tres años debido a los muchos problemas que surgieron y al cambio de alcalde, que se produjo hasta en tres ocasiones. Con dos años de retraso, las pinturas se dieron por finalizadas en 1992.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Dibujos en el Museo de Historia de Madrid: Arquitectura madrileña de los siglos XIX y XX. Museo de Historia de Madrid, 2010.
SÁNCHEZ-CABEZUDO, Ángel. “Enrique Guijo, artista esencial en el historicismo cerámico de Talavera”. En Renacimientos: la cerámica española en tiempos de Ruiz de Luna. Universidad Castilla-La Mancha. Cuenca 2010.
GUERRA, Esperanza. “La Casa de Panadería”, Revista de la biblioteca, archivo y museo. Ayuntamiento de Madrid, oct. 1931.
Conde de POLENTINOS. “La Plaza Mayor y la Real Casa Panadería”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Madrid, 1er. trimestre, 1913.
“La Casa Real de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid”, Semanario Pintoresco Español, 22 dic., 1844
Ayuntamiento de Madrid
Los frescos de la Plaza Mayor, memoriademadrid, 25 enero 2012.

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Como ya hemos comentado alguna vez, Madrid hasta el siglo XVI, cuando Felipe II estableció la Corte en la Villa, uno de sus límites al norte estaba en la plaza de Santo Domingo. Mas allá de la Puerta del mismo nombre sólo había bosques y cursos de agua que regaban los fértiles terrenos. Por entonces comenzaron a aparecer pequeños núcleos de edificaciones fuera de la cerca, llamados pueblas, pero no fue hasta el siglo XVII cuando se produjo un gran crecimiento de población, y bajo el reinado de Felipe IV se construyó una nueva Cerca y se llevó a cabo la urbanización de toda esta zona.

La Puerta de salida de la villa por el norte pasó a situarse en la actual glorieta de San Bernardo, era la Puerta de Fuencarral. Entre ambas puertas, sobre el antiguo camino, surgió la calle de los Convalecientes de San Bernardo, luego calle Ancha de San Bernardo, actual calle de San Bernardo.

san bernardo gran via

En el siglo XVIII la zona, a ambos lados de la vía, fue elegida por numerosos nobles o personajes adinerados para instalar su palacio, de los que se conservan algunos. El paseo merece la pena. Además de otros edificios singulares de diferentes épocas, encontramos el antiguo Palacio de la marquesa de Sonora hoy Ministerio de Justicia en el 45, La Casa-palacio de don Antonio Barradas en el nº 63…

Y el Palacio Bauer en el nº 44, que se ha podido visitar a lo largo de este mes de septiembre gracias al programa de la Comunidad de Madrid Bienvenidos a palacio.

Comienza la explicación de nuestra guía, Elena, con una importante aclaración, que agradecemos:

En algunas publicaciones, en internet o impresas (incluido el folleto oficial que nos entrega antes de la visita), aparece que el Palacio Bauer fue construido en el siglo XVIII “para los marqueses de Guadalcázar”, pero este dato es erróneo. Y aprovecha para recordarnos algo que olvidamos demasiado a menudo: no se deben copiar las informaciones ajenas sin intentar contrastarlas pues a veces ocurre lo que en este caso, un autor copia a otro, éste a otro… y así un error se va transmitiendo infinitamente.

La verdad es que el Palacio que fue propiedad de los marqueses de Guadalcázar no es el que perteneció a los Bauer, en el nº 44, sino el hoy llamado Palacio de Parcent, ubicado en la misma calle de San Bernardo, en el nº 62.

Recurriendo una vez más a la Planimetría General de Madrid, podemos comprobar que el Palacio de Parcent, actualmente ocupado por dependencias del Ministerio de Justicia, en el siglo XVIII era la Casa nº 1 de la manzana 485, propiedad de los marqueses de Mejorada y de la Breña. La marquesa de la Breña fue también marquesa de Guadalcázar, así el palacio pasó a manos de los marqueses de Guadalcázar.

El Marqués que lo reedificó en el siglo XIX ya que se encontraba en muy mal estado, llegó a Madrid en 1865, así nos lo cuenta Virginia Tovar en su libro sobre el Palacio de Parcent. Entonces el Palacio de la marquesa de la Breña pasó a ser el Palacio de Guadalcázar.

No se sabe bien porqué, después de haber realizado grandes obras, la familia de Mejorada-Guadalcázar abandonó el palacio. Don Isidro Alfonso de Sousa Portugal, marqués de Guadalcázar, fue el último propietario de este título.

En el siglo XX fue el hotel de los Iturbe-Scholtz Hermendorff, y luego de los Parcent-Hohenlohe. Finalmente el edificio pasó al Estado, conservando el nombre de Parcent.

noviciado

En cuanto al Palacio Bauer, era la antigua Casa nº 4 de la manzana 490, actual nº 44 de la calle de San Bernardo, que a mediados del siglo XVIII era propiedad de la Casa Noviciado de la Compañía de Jesús.

En el siglo XIX fue adquirida por el banquero Ignacio Bauer; hacia 1870 su hijo Gustavo Bauer encargó su reforma a Arturo Mélida.

La huella de Arturo Mélida Alinari, gran y polifacético artista, arquitecto, escultor, pintor y decorador, permanece en el magnífico Palacio que fue de los Bauer.

palacio bauer

Calle San Bernardo, 44

El sencillo exterior no permite imaginar la barroca y lujosa decoración que se esconde en su interior, apenas un recuerdo de lo que debió ser el palacio en su época de esplendor.

Después de varias reformas, cambios de dueños y usos, el palacio está muy transformado aunque conserva las trazas y gran parte de la decoración realizada por Arturo Mélida. Lógicamente cuando los Bauer dejaron de ser sus propietarios se llevaron todo el mobiliario y obras de arte de su propiedad, como nos cuenta nuestra guía, pero se conservan los techos, artesonados o yesos, pinturas al fresco y vidrieras originales del siglo XIX.

El edificio está formado por dos cuerpos, el que da a San Bernardo, esquina calle del Pez, y otro, junto al jardín, a la calle Pozas.

Calle de Pozas

Calle de Pozas

Mélida los reorganizó y comunicó, creó nuevas estancias, entre ellas el espectacular y neo-barroco Salón de Baile, decorado con mármoles, esculturas de bronce, hornacinas de cerámica vidriada y pinturas al fresco.

salon techo y barandillas

El arquitecto también creó el saloncito Bauer decorado con bellísimas obras de Mariano Benlliure. Algunas de ellas, pertenecientes a una Colección particular, el Busto de Ignacio Bauer (1895) y el Idilio (1896) pudimos verlas el año pasado 2013 en la exposición celebrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Otra, que formaba pareja con el Idilio, el Canto de amor (1897), se puede admirar en el Museo del Prado, en la Sala 63. Una maravilla.

En el siglo XX el palacio fue reformado en varias ocasiones. En 1924-25, según proyecto de Pedro Muguruza; poco después la quiebra de los Bauer provocó su abandono del edificio.

Durante la guerra fue ocupado por los milicianos, siendo adquirido y reformado en los años 40 por el Ministerio de Educación Nacional para Real Conservatorio de Música y posteriormente para Escuela de Arte Dramático y Danza. Cuando estos organismos se trasladaron al Teatro Real, en 1970 José Manuel González Valcárcel lo reformó para acoger la Escuela Superior de Canto, que allí continúa. Fue entonces cuando el Salón de Baile fue convertido en Teatro.

salon de baile

En 1972 el antiguo Palacio de los Bauer fue declarado Monumento histórico-artístico.

Durante la visita conocemos algunos de los antiguos salones, el de Tapices, el Salón de los Cueros…

Antiguo Salón de Tapices

Antiguo Salón de Tapices

… que solo conservan los techos y el suelo originales. Las pinturas que hoy adornan sus paredes pertenecen al Museo del Prado.

Antiguo Salón de Cueros

Antiguo Salón de Cueros

Aunque ya no existen, el palacio, como era usual en el Madrid decimonónico, tenía su Salón árabe y su Salón de fumar.

Otra de las joyas que sí se mantiene es el pequeño Salón de las Cuatro Estaciones, así llamado por las pinturas que lo adornan; en este caso no son frescos, son telas enmarcadas por molduras.

Salón de las Cuatro Estaciones

Salón de las Cuatro Estaciones

Era como una rotonda del palacio, con cuatro puertas, que comunicaba distintas estancias. Igual que el techo, las puertas de madera en su cara interior, pintadas en la exterior, son una obra de arte.

cuatro estaciones puerta madera

Una última reforma del edificio fue proyectada por Mª Dolores Artigas, Vicente Patón y Rafael Pina en 1989. Además de las cubiertas y espacios interiores se restauró el Jardín con su fuente central, espacio que originalmente estuvo ocupado por un estanque, del que parten ocho callecitas. El pavimento es moderno, debe ser de esta época.

jardin fuente

Aunque actualmente cegado, sí se conserva el antiguo pozo que surtía el agua necesaria, testigo del pasado.

jardin pozo

En el teatro, antiguo Salón de Baile, de la hoy Escuela Superior de Canto de vez en cuando se celebran conciertos gratuitos, hasta completar el aforo. Una gran ocasión para escuchar buena música y conocer un bello e histórico palacio. Se puede obtener información en la propia Escuela.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Planimetría General de Madrid.
BOE. 21 marzo 1972
África Martínez. Palacios madrileños del siglo XVIII. La Librería 2003.
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Virgina Tovar y Cristóbal Marín Tovar. Palacio de Parcent. Madrid, 2009.
Bienvenidos a palacio. Palacio Bauer. Comunidad de Madrid 2014.

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