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Continuando con mi tradición veraniega de publicar un artículo contando la historia de algún lugar visitado en tierras catalanas, este año os invito a conocer el Monasterio de Pedralbes y especialmente su Capilla de San Miguel, decorada con extraordinarias pinturas murales del siglo XIV.

El Monasterio de Pedralbes fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón (1267-1327). Dedicado a Santa María, fue ocupado por monjas clarisas. Una pequeña comunidad de once monjas continúa viviendo en nuevas dependencias junto al antiguo monasterio, hoy convertido en un magnífico museo.

El lugar elegido para su construcción fue Sarriá, una localidad que fue independiente hasta 1921, año en que fue anexionada al municipio de Barcelona. Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta, que ya vimos cuando visitamos otra población próxima, Cornellá.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

En Sarriá, que hoy pertenece al distrito barcelonés de Sarriá-San Gervasio, se encontraba la zona de Pedralbes.

Pedralbes proviene del latín, petras albas (piedras blancas), nombre documentado desde finales del siglo X.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

A lo largo de los años el monasterio primitivo se fue ampliando con nuevas estancias. Hoy día el conjunto es un bello ejemplo del arte gótico. Originalmente estaba rodeado por una muralla de la que solo se conservan dos puertas y sus respectivas torres de vigilancia.

La iglesia es uno de los elementos más antiguos, los monarcas colocaron la primera piedra el 26 de marzo de 1326.

Es de una sola nave, con capillas a los lados, cubierta con bóvedas de crucería.

Original del siglo XIV es también el claustro gótico que consta de dos galerías con veintiséis columnas de piedra a cada lado y de un tercer piso levantado posteriormente a modo de buhardilla.

El techo es de madera y los capiteles, que sostienen bellos arcos ojivales, están decorados con los escudos de la casa real y de la familia Montcada.

En el patio se ha recreado un Jardín medieval en el que se cultivan plantas medicinales, convertido así en un jardín entre científico y espiritual.

Alrededor del claustro se organizan las dependencias del monasterio. La sala capitular, la cocina, el dormitorio, la abadía, el refectorio, las procuras…

Las procuras, así llamadas porque estaban a cargo de la procuradora del monasterio, responsable del abastecimiento, era el lugar donde se almacenaban los alimentos, utensilios y herramientas del huerto.

Desde sus comienzos se dispuso de una enfermería que pronto necesitó reformas; los espacios que hoy se pueden ver son del siglo XVI, construidos en 1568 gracias a la donación de 600 ducados de oro del rey Felipe II.

Las pequeñas celdas de día, algunas de las cuales hoy se pueden contemplar, adornadas como capillas, son del siglo XVI al XX, aunque la mayoría de las que se conservan son modernas.

Las estancias, con su mobiliario y objetos, nos explican cómo era la vida conventual. La cocina, situada junto al refectorio o comedor, utilizada desde el siglo XIV hasta 1983, es testigo del paso del tiempo y de las diferentes épocas.

El dormitorio es otro de los espacios más antiguos, del siglo XIV, junto con la iglesia y la planta baja del claustro, como vimos. El techo data del año 1533. Fue remodelado en 1990 siendo convertido en una espectacular sala de exposiciones.

Uno de los tesoros del monasterio sin duda es la capilla de San Miguel, decorada con pinturas murales realizadas en 1345 por el pintor Ferrer Bassa.

Fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, sobrina de la reina Elisenda, Francesca ça Portella.

Con el tiempo la capilla tuvo diversos usos, fue archivo, fue utilizada como guardarropa –quedando ocultos los murales–, se abrieron ventanas… A finales del siglo XIX las pinturas fueron descubiertas y valoradas, interés que felizmente ha ido en aumento. En el siglo XX fueron restauradas por primera vez. Y en la actualidad han sido objeto de un largo y minucioso proceso de restauración.

La capillita, después de más de diez años cerrada al público, ha sido reabierta hace pocas semanas. La exposición Murales divinos los muestra espléndidos, intentando recordar lo que debió ser una estancia resplandeciente, envolvente, destinada a la meditación.

Bajo un techo-cielo estrellado, los murales de la diminuta estancia estaban destinados a deslumbrar con sus tonos dorados y plateados realizados con láminas finas de estaño, plata y oro, lamentablemente perdidos.

Los primitivos muros blancos, gracias a las pinturas de Ferrer Bassa, se transformaron en un intenso fondo azul para las escenas, azul de azurita, que con el tiempo y la aplicación de fijadores se fue oscureciendo. Gracias a la restauración ha recobrado parte de su esplendor.

Las pinturas, de carácter italianizante, innovadoras en su momento, fueron ejecutadas con una técnica mixta: al fresco y al seco. Se han conservado mejor los frescos que las realizadas al temple o al óleo, más afectadas por desprendimientos.

Los especialistas han considerado que tienen influencia de varios maestros, Giotto entre ellos. Los espacios representados son tridimensionales, con tratamiento de la perspectiva, y las figuras muy expresivas.

Varios paneles explican la iconografía que se inspira en las devociones marianas y representa la Pasión de Cristo, los gozos de la Virgen y varias figuras de santos. La narración discurre de izquierda a derecha en franjas.

Se han eliminado repintes y retoques antiguos que ocultaban el original.

La restauración también ha permitido descubrir los mármoles fingidos, puro trampantojo, del nivel inferior, antes tapados.

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

Monasterio de Pedralbes

Murales divinos. Capilla de San Miguel Monasterio de Pedralbes. Ajuntament de Barcelona, 2018.

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Siguiendo una antigua tradición, como otros veranos me voy a permitir salir de Madrid y contaros la historia de un bonito parque situado en el municipio de Cornellá de Llobregat, en las proximidades de Barcelona, el parque de Can Mercader. Recordemos que la historia de Cornellá es muy antigua, con pasado romano, y que en el siglo XVII Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta.

Los terrenos en los que se ubica el parque, situados en un alto a pocos kilómetros de la capital catalana, fueron habitados desde muy antiguo. Desde la Edad Media existió un masía conocida como Oriol del Empedrado.

Igual que otras zonas rurales del Bajo Llobregat fueron adquiridos por una familia de la nobleza catalana para construir su finca de recreo.

La familia Sadurní en 1748 compró la masía junto con las 48 hectáreas de campos que la rodeaban. María Sadurní se casó con Felipe Mercader, pasando la posesión a manos de esta última familia. Como veremos uno de sus descendientes se trasladó allí a vivir y construyó los bellos jardines.

Joaquín Mercader y Belloch (1824-1904), hijo de Ramón Mercader y María Mercedes Belloch, conde de Belloch, fue arqueólogo y propietario del Museo zoológico conde de Belloch fundado por su padre. La colección arqueológica la guardaba en su casa del elegante Paseo de Gracia en Barcelona.

Hacia 1865 construyó el palacio que hoy se conserva. El autor del proyecto fue el arquitecto José Domínguez y Valls. La fachada es simétrica, con un balcón central y el escudo familiar. Los adornos son sencillos, cornisas sobre las ventanas, un dentellón en el cuerpo superior y almenas.

El edificio está situado al final del Paseo de los Plátanos al que se accede desde la Carretera de Hospitalet. A su alrededor se organiza todo el parque, los caminos, las terrazas del jardín… Además de los plátanos destacan las palmeras y una gran variedad de árboles singulares.

La construcción de estilo ecléctico tiene planta cuadrada, organizada alrededor de un patio central cubierto, con cuatro torres octogonales en cada esquina que evocan las fortalezas medievales.

Del primitivo jardín romántico se conservan algunos elementos como el lago con su bonito mirador.

Arnau Mercader (1852-1932), hijo y heredero de Joaquín, fue un hombre, igual que su padre, muy culto, aficionado a la meteorología, astronomía y temas culturales en general. Hacia 1900 reformó el palacio y allí trasladó la residencia familiar.

Además mandó construir en la parte más alta de la posesión la hoy llamada Torre de la Miranda con el fin de que sirviera de mirador de las aves migratorias y como observatorio astronómico.

La torre es de planta hexagonal, tiene 3 metros de lado y 27 de altura. Es de estilo ecléctico, con elementos neomudéjares que le dan un aspecto medieval, igual que el palacio.

Hoy la torre queda fuera del parque, situada junto a los altos edificios del barrio de San Ildefonso, pero desde el palacio aún se puede ver su cúpula tras los árboles.

Antes de la construcción de esos edificios, los últimos a finales de los años 70 del pasado siglo XX, la torre se divisaba desde casi todos los puntos de la ciudad. Hace años, aún en medio del campo, parecía estar muy lejos para los habitantes de Cornellá, era destino de excursiones infantiles y estaba rodeada de leyendas y cuentos protagonizados por princesas.

Una curiosidad: por entonces sus terrenos sin urbanizar fueron escenario de la película Libertad provisional (Roberto Bodegas, 1976). Aunque la foto que vemos a continuación aparece en el catálogo Así es Madrid en el cine, no se trata de Madrid, la torre es inconfundible, es la Torre de la Miranda. La película, con guión del escritor Juan Marsé, de hecho describe ambientes de la periferia barcelonesa.

Desde 1975 Can Mercader es propiedad del Ayuntamiento. En 1995, tras varios procesos de restauración, el Palacio se convirtió en museo municipal, el Museu Palau Mercader de Cornellà de Llobregat.

Muestra cómo era la vida en estas fincas catalanas en el siglo XIX, a través del mobiliario, decoración, útiles… También se exponen objetos que pertenecieron a Joaquín Mercader que entre otras cosas, como decía más arriba, fue arqueólogo.

Colección de arqueología

El museo ocupa la planta noble, con estancias en diferentes estilos todos ellos muy lujosos. Se expone pintura, cerámica, etc.

Como en todo palacio de la época no podía faltar el Salón árabe.

El parque, que en la actualidad ocupa algo más de 10 hectáreas, se convirtió en un lugar cuidado y con mucha vida.

Y la torre que hoy ya parece estar muy cerca del centro, rodeada de edificios y automóviles, es sin duda uno de los emblemas de Cornellá.

A sus pies un mirador nos permite disfrutar de vistas espectaculares de la ciudad de Barcelona y del mar, como hace más de un siglo seguro pudo admirar don Arnau Mercader.

Por : Mercedes Gómez

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Ayuntamiento de Cornellá

Historia de nuestro cine

Catálogo exposición Así es Madrid… en el cine, Museo de Arte Contemporáneo, Madrid 2008.

 

Aunque un poco más tarde que otros años ­–agosto llega a su fin­–, y ya de vuelta en Madrid, no quería dejar de cumplir la tradición y dedicarle una entrada veraniega a las tierras catalanas.

En la misma localidad en que el verano pasado conocimos el Museo de las Aguas  (¡agua va! no se gritaba solo en Madrid), Cornellá de Llobregat, hace unos días he visitado su centro histórico donde se conservan de forma impecable los restos que cuentan su pasado, su origen romano y posterior historia medieval. El nombre proviene del patronímico latino Cornelius, que dio lugar a la palabra Cornelianus.

Las ruinas y una serie de paneles explicativos se sitúan alrededor de la iglesia moderna, la iglesia de Santa María, comenzada a construir en 1940 e inaugurada en 1953, sobre los terrenos de la primitiva.

Los restos arqueológicos expuestos corresponden a varias etapas históricas. Los siglos II y III, cuando en el lugar donde hoy se encuentra el Ayuntamiento junto a la plaza de la Iglesia, existió una villa romana. Restos del siglo V, y de una pequeña iglesia del siglo VI cuyo ábside se conserva en el suelo cubierto por un cristal a la entrada del Ayuntamiento. A este templo primitivo en el siglo X, en torno al año 977 se añadieron dos columnas prerománicas, de tipo califal, que hoy se conservan en la entrada de la Casa Consistorial. Así como vestigios posteriores, medievales de los siglos XIV y XV, y modernos del XVIII y XIX.

Casa Consistorial

Casa Consistorial

Columna prerománica siglo X

Columna prerománica siglo X

Junto a la primitiva iglesia visigótica en el siglo XV se levantó el nuevo templo que, tras posteriores reformas y ampliaciones, subsistió hasta la guerra civil en que fue destruida.

Iglesia siglo XV y su entorno hacia 1920

Iglesia siglo XV y su entorno hacia 1920

En la actualidad, junto al muro de la iglesia del siglo XX, se conservan los restos de los cimientos de la antigua iglesia del siglo XV con un tramo del muro romano hallado en su interior.

iglesia siglo XV

Este artículo no tiene nada que ver con Madrid, permitidme la excepción, aunque ambas villas sí tuvieron algo en común: en el siglo XVII nuestro mágico cartógrafo, Pedro Texeira, las visitó.

Antes de comenzar nuestro Plano de la Topographia de la Villa de Madrid, Texeira representó esta pequeña ciudad catalana en su bellísimo Atlas del Rey Planeta, el atlas realizado para su rey Felipe IV, durante doce años de duro trabajo.

Texeira Barcelona

Texeira incluyó la ciudad en su atlas, cercana a la amurallada Barcelona, a la que entonces pertenecía.

Texeira Cornella

La pintó junto al río Llobregat representada con dos edificios, quizá su castillo y su iglesia medieval que el Cosmógrafo Real debió poder contemplar.

Texeira Cornell2a

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes e información:

Felipe Pereda y Fernando Marías. “El Atlas del Rey Planeta de Pedro Texeira. La Descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos (1634)”. Ed. Nerea, 2003.

Cornellá. Patrimonio histórico.

Estamos de vacaciones veraniegas y he abandonado Madrid por unos días pero me gustaría hablaros de un museo que he tenido ocasión de visitar fuera de nuestra ciudad, el Museo de las Aguas. Es un museo dedicado al Agua, instalado en la Central Cornellá de Aguas de Barcelona.

Cornellá es una ciudad próxima a Barcelona muy antigua, en la que aún queda algún recuerdo de su origen romano. Debía tener su importancia en el siglo XVII pues Pedro Texeira la dibujó en su Atlas para el Rey Planeta, y en el siglo XX se convirtió en una de las importantes ciudades industriales que crecieron alrededor de la capital catalana.

La Central de Aguas fue inaugurada en 1909 por la francesa Societé Générale des Eaux de Barcelone, que había obtenido la concesión. Se creó con el objetivo de aprovechar el acuífero del valle del río Llobregat cuyas aguas discurrían muy cerca de estos terrenos situados en el límite sur del municipio con el fin de abastecer a la ciudad de Barcelona, que en aquellos comienzos del siglo XX se encontraba en plena expansión. Es la actual empresa Aigües de Barcelona.

Maqueta del complejo industrial

Maqueta del complejo industrial

El conjunto de hierro y ladrillo fue construido en estilo modernista por el arquitecto Josep Amargós i Samaranch.

edificio Aguas

En el exterior, formando parte del complejo industrial, se encuentran el Paso de Humos y la gran Chimenea; el segundo Depósito Circular de 2.000 m3 de capacidad, edificado en 1954, activo hasta 2003, que actualmente su espectacular bóveda de ladrillo alberga la Sala de Exposiciones Temporales; el primer Pozo, de 1905, llamado Fives-Lille que aún hoy extrae agua a más de 34 metros de profundidad, etc.

Hoy día la planta continúa funcionando con modernas bombas de impulsión que conviven con la primitiva instalación hidráulica de vapor que forma parte del museo.

edificio Aguas2

En el interior del edificio principal, las naves guardan las Calderas que convertían el agua en vapor y los Generadores eléctricos que permitían accionar las bombas del Pozo.

generadores

La Exposición Permanente además ofrece otras visiones del Agua, desde el punto de vista de la física, de la química, medio ambiente, higiene, y por supuesto de la historia.

Tras unas vitrinas diversos objetos explican la historia del agua, desde los romanos, “los grandes ingenieros del agua”, hasta nuestros días, y rememoran los grandes esfuerzos que ha supuesto siempre el poder disponer del precioso líquido.

romanos

No hay ninguna referencia a los Viajes de Agua porque los paneles se refieren solo a la historia de Cataluña, pero sí al uso de pozos y norias “difundidas por las zonas mediterráneas de la mano de los musulmanes”. Una de ellas muestra cómo entre los siglos XV y XVIII el agua de lluvia era conducida mediante tejas y tuberías de cerámica con vidriado interior.

Otra vitrina llama nuestra atención, está dedicada al famoso grito de ¡agua va!, que, al contrario de lo que a veces podamos creer, no era exclusivo de la Villa de Madrid. En Cataluña, “con el progresivo deterioro de las alcantarillas romanas desapareció el sistema público de evacuación. Así, durante la edad media, las aguas residuales y la basura circulaban por canales situados en el centro de las calles. No fue hasta el siglo XVIII cuando se prohibió tirar residuos a la vía pública y se empezaron a construir letrinas colectivas que iban a parar a pozos negros”.

Vemos un grabado medieval que ilustra la costumbre que existía de tirar los residuos domésticos a la calle, de W.Reyburn, en The story of Thomas Crapper.

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W.Reyburn, “The story of Thomas Crapper”.

También hay un recuerdo para los Lavaderos donde las mujeres lavaban la ropa y trabajaban duramente, no solo a la orilla del río –como en nuestro querido Manzanares– sino en pleno centro de las ciudades donde las instalaciones públicas les permitían cubrir las necesidades higiénicas que la falta de agua en sus casas no facilitaba. En la entrada anterior supimos de la existencia de los Lavaderos de la calle Jorge Juan, aquí vemos una foto de los de la Gran Vía de Barcelona junto a útiles y un cuadro de cerámica representando una fuente-lavadero.

lavaderos

En fin, es muy bonito el homenaje que el museo dedica a las Fuentes, con una completa base de datos a disposición del público. Una pantalla interactiva permite recorrer la historia, características y ubicación de cada una de la fuentes de Barcelona, monumentales, ornamentales y públicas.

Fuentes

Una de estas últimas, que se encuentran en muchas calles de la ciudad proporcionando agua al paseante, adorna el espacio a ellas dedicado.

Por otra parte el Ayuntamiento de Barcelona ha creado una web en la que invita a conocer sus fuentes, a las que reconoce “un gran valor cultural, social, histórico y natural”, son los Caminos del Agua, patrimonio de la ciudad que invita a descubrir.

por Mercedes Gómez

En Barcelona, ciudad que como Madrid y otros muchos lugares de España, sufrió los bombardeos indiscriminados sobre la población civil durante la guerra, existieron más de mil refugios algunos de los cuales se conservan. Uno de ellos, el que hacía el número 307, construido en el barrio de  Poble Sec, es visitable. Forma parte del Museo de Historia de la Ciudad.

Es muy bonita, y valiosa, la forma en que Barcelona va integrando en el Museo de su Historia diferentes hallazgos o enclaves importantes de su pasado. El año pasado visitamos la Plaza de la Villa de Madrid en la que se encuentra la Vía Sepulcral romana, ahora os invito a conocer este impresionante refugio.

Resulta emocionante poder visitarlo después de conocer nuestros refugios de Cuatro Caminos y de las Ventas, que ojalá algún día puedan ser también visitables.

Como indican en el folleto de este museo, el refugio ha sido recuperado para mostrar la crueldad de las guerras y sus consecuencias.

El Refugio de Pueblo Seco fue excavado en la montaña de Montjuic, frente al mar, proyectado por un arquitecto de nombre desconocido, vecino del barrio. Parece ser que el autor conocía las publicaciones sobre refugios que se habían editado desde 1936. Cuando las bombas llegaron a Barcelona, en marzo de 1937, otras ciudades, entre ellas Madrid, ya habían sufrido enormemente este horror, y habían comenzado a construir sus refugios.

La construcción, de tipo galería de mina, preveía unos 400 metros de túneles. El refugio nunca llegó a terminarse, pero se completaron, con el trabajo de muchas personas, más de 200 metros de túneles abovedados, de alrededor 2 metros de altura por 1,5-2 m. de anchura.

En el exterior, se han colocado unos paneles explicativos a modo de introducción. Frente a ellos comienza la visita guiada.

La falta de alimentos y el hambre, los bombardeos y el miedo, fueron devastadores. Mediante fotos, textos y las explicaciones de la guía vamos rememorando los terribles efectos de la guerra. Como leemos en la puerta de entrada al refugio: Nunca más y en ninguna parte. Ese es el objetivo.

Accedemos por fin a las galerías horadadas en la dura piedra, a mano, a pico y pala, con mucho esfuerzo, por hombres, mujeres y niños, para protegerse de las bombas. La entrada es en zig-zag para evitar las consecuencias de las posibles explosiones, y los cambios de dirección redondeados para permitir la salida-entrada de las camillas con heridos.

Los muros están revestidos de ladrillo y las bóvedas del techo de ladrillo y mortero, en una gran parte encaladas para dar una mayor sensación de amplitud y en la medida de lo posible aminorar la tristeza.

Como nos cuentan, en un refugio no sobraba el oxígeno, por lo que los ocupantes debía estar tranquilos y callados. Al parecer, en los carteles con las normas de comportamiento de los que aún quedan restos, estaba prohibido hablar de religión, política y fútbol.

Dentro hace frío y hay agua en el suelo. Las galerías son estrechas y los techos no muy altos, resulta duro imaginar el lugar lleno de gente huyendo de los bombardeos. Aunque este refugio es de los que contaba con bastantes medios, seguramente más que la mayoría de ellos. En una de las inscripciones conservadas se lee la petición a los refugiados de que dejen sus donativos para contribuir a mantener las instalaciones.

Nada más entrar, a la izquierda, cuatro pequeñas habitaciones, todas iguales. Adosados a los muros se instalaron bancos de madera, y pequeños huecos en las paredes servían de armario para guardar las cosas más necesarias, alimentos, alguna manta, y poco más.

A la derecha, los servicios, para los hombres y para las mujeres…

… y a continuación una pila, y es que, como veremos dentro de un momento, parece ser que disfrutaban incluso de agua corriente.

Continuamos caminando por la galería central descubriendo las diferentes estancias y sus recovecos.

Durante la excavación la suerte quiso que se toparan con un manantial de agua natural. La fuente y la alcantarilla construidas cubrieron las necesidades de los en teoría hasta dos mil ocupantes.

Otro de los habitáculos principales era la enfermería, en el que aún se aprecian las señales de las literas colgadas de los muros.

En algún momento se pensó crear una guardería, un espacio para los niños, aunque nunca llegó a ser utilizado como tal, sino como almacén.

Vamos recorriendo las galerías, algún tramo sin revestir, tan bajito que debemos agacharnos, un poco asombrados imaginando a duras penas los terribles momentos allí vividos, pero también pensando en la maravilla del trabajo colectivo realizado para salvarse.

En alguna de las galerías se utilizó la llamada bóveda catalana o tabicada en la que en la parte más plana se colocan ladrillos creando una lámina que cubre el techo. Al parecer es muy aislante y se utiliza a menudo en espacios subterráneos para ampliar el espacio en altura.

Salimos por el otro extremo del refugio, que como mandaban las normas de seguridad, tenía tres entradas, con la sensación de haber conocido un poco más nuestro pasado, y siempre con el mismo deseo, que no suceda nunca más, en ningún lugar.

Por Mercedes Gómez

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MUHBA
Refugio 307
C/ Nou de la Rambla, 169.
Barcelona

Hoy me voy a permitir una excepción, voy a contaros algo relacionado con Madrid, pero que no se encuentra en nuestra ciudad. Os invito a conocer la barcelonesa plaza de la Villa de Madrid, que he visitado en estos días de vacaciones veraniegas.

La plaza se encuentra en una de las zonas históricas de Barcelona, en pleno distrito de Ciutat Vella, la Ciudad Vieja, muy cerca de las famosas Ramblas. Nació a finales de los años 50 del pasado siglo XX, a raíz de una reforma urbanística acometida sobre el solar que desde el año 1588 había ocupado el Convento de Santa Teresa de carmelitas descalzas.

Durante la guerra civil sus pasadizos subterráneos fueron utilizados como refugio por los vecinos del barrio. Tanto el convento como los edificios a su alrededor -permanecen algunos de mediados del siglo XIX y comienzos del XX- fueron afectados por las bombas, de forma que tras la guerra se decidió la remodelación de la zona, en parte influenciada por el Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes por el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (GATCPAC) que ya antes de la guerra habían defendido la necesidad de abrir espacios en la ciudad.

En 1954, durante la construcción de uno de los nuevos edificios de viviendas, fueron descubiertos unos restos arqueológicos muy importantes, una Vía Sepulcral romana. El arquitecto municipal encargado de las obras Adolf Florensa planteó la creación de una plaza de forma que pudiera incorporar el hallazgo como conjunto monumental.

Fueron hallados monumentos funerarios de diferente tipología: cupae estructies,  en mampostería y revestidos de estuco; cupae solidae, en piedra; aras, estelas, túmulos cónicos y de base cuadrangular. Excepto algún elemento que se encuentra en otra ubicación, y algún otro reconstruido debido al mal estado en que apareció, la mayoría se encuentran en esta bonita plaza dedicada a la Villa de Madrid.

Una gran necrópolis perteneciente a los siglos II-III formada por 70 tumbas de piedra, que revelan la forma en que los romanos construían sus cementerios fuera de la ciudad amurallada, situando los enterramientos en línea a ambos lados de un camino.

La nueva plaza fue inaugurada en 1958.

Hoy día se pueden contemplar los restos funerarios desde un mirador elevado rodeado por un jardín, una fuente de piedra con una escultura de mármol dedicada a La Maja, que data de la misma época de construcción de la plaza, una terraza y numerosos bancos. Además se ha instalado un pequeño museo explicativo junto a las ruinas, que pertenece al Museo de Historia de Barcelona.


En la parte superior de la plaza, junto a los paneles informativos, existe una inscripción en la piedra, que por cierto puede pasar desapercibida pues está un tanto escondida y se lee con dificultad, inaugurada en su momento por el Alcalde de Madrid:

La Casa de Madrid de Barcelona y el pueblo madrileño en agradecimiento a los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona por su solidaridad con las víctimas del atentado del 11 de marzo de 2004”.

Una lápida de cerámica, con las imágenes de la Sagrada Familia y la Puerta de Alcalá, instalada en algún momento también por la Casa de Madrid en la Ciudad Condal, nos recuerda el lugar en que nos encontramos.

La plaza, dedicada a nuestra Villa de Madrid, forma parte de la ruta romana, una de las varias e interesantes rutas turísticas que ofrece esta histórica ciudad. La Vía Sepulcral, situada extramuros, pervive como recuerdo de la Barcelona más antigua, la Barcino romana.

por Mercedes Gómez

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