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Una de las exposiciones más interesantes recientemente inauguradas en Madrid es Todo Madrid es teatro. Los escenarios de la Villa y Corte en el Siglo de Oro, en el mejor escenario posible, la Casa-Museo de Lope de Vega, uno de los genios de nuestro teatro.

Como leemos en el folleto, “el teatro español del Siglo de Oro, tanto cuantitativa como cualitativamente, es la aportación más importante que nuestra cultura ha legado a la universal”.

La muestra nos ofrece un recorrido por los lugares en que las obras de nuestros grandes dramaturgos fueron representadas. Los ambientes palaciegos (el Alcázar y el Buen Retiro), el corral de comedias y las calles y plazas. Dibujos, documentos, videos y maquetas nos transportan a la extraordinaria época.

Uno de los escenarios principales fue el del Salón de Comedias o Salón Dorado en el Real Alcázar cuya recreación virtual nos permite conocer dónde estaba ubicado y cómo pudo ser. El otro escenario en el que se representaron las obras de los grandes autores del barroco fue el Coliseo del Buen Retiro.

Maqueta (Juanjo Reinoso. 2018) de la escena de “El Infierno” acto II de la “Fábula de Andrómeda y Perseo”, Calderón de la Barca.

El teatro también se representaba en las calles y plazas de la Villa.

Juan Gómez de Mora. “Tablado que se montaba en la Plaza Mayor de Madrid para la representación de los autos sacramentales”. 1644. (Archivo de Villa)

Grandes protagonistas de este recorrido teatral son los Corrales de Comedias. Además de la maqueta del Corral del Príncipe, que habitualmente podemos ver en el museo, se exponen varios dibujos y planos y una pantalla nos cuenta la historia de los corrales y su gran significado social y económico. Llegó a ser tan importante su actividad que las autoridades se vieron obligadas a reglamentar todo lo que con ellos tenía que ver, no solo horarios o ese tipo de cosas, sino todo lo referente al comportamiento del público, precios y permisos para la venta de bebidas y frutas, etc.

Gracias a los planos de Pedro de Ribera, Maestro Mayor de Alarifes de Madrid en 1735, conservados en el Archivo de Villa y aquí expuestos, conocemos cómo eran los Corrales del Príncipe y de la Cruz.

Maqueta del Corral del Príncipe, Casa Museo Lope de Vega (Antiqua Escena SL, 2014)

No podía faltar el plano de nuestro cartógrafo Pedro Texeira que representa el Madrid del siglo XVII, la villa que habitaron y recorrieron los protagonistas: autores, escenógrafos, pintores y doradores, vendedores de aloja –una bebida muy popular en la época, de agua, miel y especias–, creadores del vestuario, actores… y por supuesto el público.

La exposición con la ayuda del plano nos propone una ruta por los espacios teatrales en los siglos de oro, la calle, la Corte, palacios y residencias particulares, hospitales, corrales de comedias, espacios de la farándula y espacios religiosos.

De la Plaza Mayor al Convento de las Trinitarias, pasando por el Mentidero de representantes, Madrid es teatro.

Por : Mercedes Gómez

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Exposición Todo Madrid es teatro.
Casa-Museo de Lope de Vega
Calle Cervantes, 11
Hasta 30 sept. 2018

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Retomamos la historia del pintor Juan Vicente de Ribera cuya vida y obra conocimos en el artículo Juan Vicente de Ribera, pintor madrileño. Entre otras facetas, el artista destacó por sus pinturas al temple, en la que se mostró heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

Como vimos, en 1685, al morir su maestro Francisco Rizi, continuó su formación con Antonio Palomino con quien trabajó hasta aproximadamente 1700. Desde al menos un año antes ya había establecido sus primeros contactos con la Compañía de Jesús, a la que estuvo vinculado toda su vida y para la que realizó un buen número de obras. Una de ellas, la que ha dado origen a la revisión de su obra y su recuperación a raíz de su restauración en 1994, fueron las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas, en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares. Anteriormente habían sido atribuidas a Juan Cano de Arévalo. Las obras sacaron a la luz la firma del autor, Juan Vicente de Ribera.

Recordábamos en dicho trabajo el equívoco que arrastrado durante dos siglos provocó el olvido de este pintor, verdadero autor de la obra.

En esos momentos, estábamos en 2013, no pudimos visitar ni el Camarín de Nuestra Señora del Rosario en la iglesia de San Pedro Ad Víncula de Vallecas, ni la Capilla de San Ignacio en la iglesia del Hospital de Antezana en Alcalá de Henares, ambas en obras de restauración. Y ambas actualmente atribuidas a nuestro protagonista.

El Camarín de Nuestra Señora del Rosario en Vallecas por fin tuvimos el placer de conocerlo. Hoy os invito a visitar la Capilla de San Ignacio de Loyola en Alcalá de Henares.

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La Capilla de San Ignacio está situada a los pies de la iglesia del Hospital de nuestra Señora de la Misericordia, conocido como Hospital de Antezana. El origen de la casa se remonta al siglo XV, reformada y transformada en hospital en el XVI.

Hospital de Antezana (Hauser y Menet, h. 1910)

La primera Capilla de San Ignacio de Loyola se construyó en 1616 en recuerdo del santo que había llegado a Alcalá casi un siglo antes. En el Hospital estuvo alojado y trabajó como enfermero.

En 1667 fue ampliada y posteriormente decorada con pinturas murales, como decíamos atribuidas a Ribera, de las cuales quedan algunos restos.

Retablo de San Ignacio. Foto: Archivo Moreno (1893-1953) (IPCE)

El espacio que ocupa hoy la Capilla barroca corresponde a los dos pisos existentes en la época en que aquí vivió San Ignacio. El piso bajo, que ya sería alguna dependencia de la iglesia, y el piso superior que probablemente era el aposento que ocupó el santo. Eliminada la separación entre ambos pisos, quedó el lugar tal como hoy lo contemplamos.

La planta es rectangular, con una antecapilla cubierta con una bóveda de arista.

Y la capillita propiamente dicha cubierta con una cúpula sobre pechinas con linterna. Ambas estancias están separadas por un arco.

Las pechinas sobre las que se apoya la cúpula muestran la imagen de cuatro santos de la Compañía de Jesús: San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka.

Curiosamente, la Capilla se construyó en el siglo XVII en el interior de una edificación anterior, del siglo XVI. Debido a ello la cúpula queda oculta a la vista –sobresale la linterna–. Actualmente, tras las obras de rehabilitación del Hospital, durante las visitas guiadas que ofrecen, desde el patio se puede observar el exterior de la construcción de ladrillo que conforma la cúpula, en el interior de una de las habitaciones del piso superior.

La casa original del siglo XV fue transformada en el XVI para alojar el hospital de caridad, como comentamos.

El estudio de los materiales ha mostrado que los utilizados en la capilla corresponden al siglo XVII.

En el interior de la capilla, en el retablo dorado hay un cuadro de San Ignacio de Loyola pintado en 1669 por Diego González de la Vega, discípulo de Francisco Rizi –igual que lo fue Ribera por cierto–. Debajo hay dos tablitas que representan a la Virgen y Cristo con la cruz, que podrían ser del mismo autor.

Los muros laterales muestran restos de las pinturas murales realizadas al temple por Juan Vicente de Ribera que un día los decoraron.

En el lado izquierdo hubo una cartela, que recogió Cabello Lapiedra en 1922, que decía: ” I H S / ESTA CAPILLA FUE EL APOSENTICO / EN QUE VIVIÓ PARA / ASISTIR A LOS ENFER / MOS S. IGNACIO / DE LOIOLA.”

Cabello Lapiedra. Revista de Arte. 1922.

Igual que las pinturas de la cúpula, prácticamente todas las de la parte inferior de los muros se han perdido.

En la derecha, donde hay una ventanita que da al patio, se conserva algo más de los murales de Ribera. Jarrones, flores, guirnaldas y falsos mármoles se combinan con restos de arquitecturas fingidas.

Realmente es una pena que no se conserven y poder contemplar la recoleta capilla en todo su esplendor, pero en cualquier caso merece la pena acercarse a visitarla y por supuesto conocer la iglesia y sus obras de arte.

Por: Mercedes Gómez

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Hospital de Antezana. Visitas guiadas.
Calle Mayor, 46
Alcalá de Henares.

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Bibliografía:

VVAA. “El hospital de Antezana (Alcalá de Henares, Madrid): estudio arqueométrico y análisis arquitectónico de ladrillos y morteros”. En: X Congreso Ibérico de Arqueometría: 2013, Museo de Bellas Artes de Castellón.
ROMÁN, C. y FERNÁNDEZ, J. Datos históricos y evolución arquitectónica de la Fundación Antezana. Alcalá de Henares, 1996.
GALINDO, Natividad. “El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera”. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
CABELLO LAPIEDRA, L.M. “San Ignacio en Alcalá”. Arte Español, Madrid 1922.

La Casa de la Panadería está situada en el lado norte de la Plaza Mayor, antigua Plaza del Arrabal. Hace tiempo, con motivo de nuestra visita al Salón Real, contamos brevemente su historia. Hoy hablaremos de las pinturas que a lo largo del tiempo han adornado su fachada.

Juan de la Corte. Fiesta en la Plaza Mayor, h. 1630 (Museo de Historia)

El día 2 de agosto de 1672 hubo un gran incendio, el segundo de los tres que sufriría la plaza –el primero había tenido lugar en 1631–, en el que de la Casa de la Panadería únicamente se salvaron el sótano y la primera planta. El 7 de septiembre el Ayuntamiento aprobó la construcción de una nueva. La obra fue terminada diecisiete meses después, conservando la antigua traza de tres cuerpos con balcones y las dos torrecillas en los extremos. En el centro del primer cuerpo se situó el balcón del Salón Real.

Durante mucho tiempo algunos autores han considerado que Claudio Coello fue el autor de los frescos que la adornaron. Pero no fue así, hoy se cree que la decoración exterior es posterior al siglo XVII, como veremos.

Se sabe que en el siglo XVIII se adornó la plaza, pintándola desde los tejados hasta las basas de las columnas de azul y blanco; se colocaron azulejos entre ventana y ventana y los balcones se pintaron de negro. La fachada de la Panadería se adornó especialmente, con la pintura al fresco de medallas y festones de flores, y sus balcones pintados de verde y oro y el balcón del Rey dorado.

La imagen conocida más antigua de las pinturas podría ser el cuadro de Lorenzo de Quirós Ornato de la Plaza Mayor, con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III, realizado hacia 1760.

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia)

Como decíamos, los frescos fueron atribuidos a Claudio Coello, también a José Jiménez Donoso y a Francisco Pacheco. Sin embargo estudios más recientes indican que son posteriores, obra de la segunda mitad del siglo XVIII de Luis González Velázquez (1715-1763).

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia) (Detalle)

Lo cierto es que ya Ceán Bermúdez así lo citó en su Diccionario histórico publicado en 1800 como autor de los “adornos y niños de claro oscuro en la fachada” de la Panadería.

También Antonio Ponz en su Viaje de España (que comenzó a publicarse en 1772) escribió al referirse a la fachada de la Panadería que “entre las ventanas hay pinturas de claro, y oscuro, en que se representan Niños, y otras figuras, que executó D. Luis Velázquez”.

El Semanario Pintoresco Español, que recogió estos datos, publicó en 1844 que “en los ángulos se levantan dos torres cuadradas , y entre las ventanas hay pinturas de claro oscuro, obra de Luis Velázquez, terminando el todo con una elegante cubierta de pizarra que da buen remate al conjunto”.

Semanario Pintoresco Español, 1844.

De estas pinturas el Museo de Historia de Madrid posee un documento impagable.

Procedente de la Biblioteca Histórica, desde 1998 el museo municipal guarda un álbum que contiene una albúmina y catorce acuarelas sobre cartulina (29×18 cm.) que reproducen algunos de estos frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería que existieron hasta al menos 1880, creadas con el fin de que quedara constancia de ellos antes de proceder a realizar la nueva decoración.

Las acuarelas fueron realizadas en 1880 por el pintor Manuel Fernández Sanahuja siguiendo las indicaciones del informe emitido por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a petición del Ayuntamiento de Madrid.

Una de las inscripciones del álbum dice que las catorce acuarelas que contiene este libro son copia exacta de algunos de los frescos que existen en la fachada … Dichos frescos desaparecerán dando lugar a otros, que según dictamen de la Real Academia de San Fernando serán pintados por el que sea referido en el concurso que al efecto se abrirá.

Las inscripciones, firmadas por Fernández Sanahuja, indican las figuras que copió. Eran grisallas, a las que se añadió los colores azul y dorado sobre fondo rojizo que representaban figuras al trampantojo, con efecto escultórico. Ángeles que portaban jarrones o elementos vegetales y seis medallones con las figuras de seis musas.

Las seis primeras, del piso principal, eran las que estaban mejor conservadas.

(Primer piso) (memoriademadrid.es)

El séptimo era uno de los cuatro de los costados, solo se copió uno ya que los demás eran iguales.

(Costado primer piso)

Lo mismo ocurrió en el segundo piso, cuyas pinturas estaban en bastante mal estado.

Musa (2º piso)

(Costado segundo piso)

De los del tercer piso quedaban tan escasos restos que no se pudieron copiar.

El 17 de noviembre de 1879 se había acordado no restaurar las pinturas que estaban muy deterioradas y convocar un concurso para seleccionar el pintor que realizaría las nuevas.

Al concurso se presentaron entre otros Ramón Mélida y Salvador Martínez Cubells. También Arturo Mélida presentó un proyecto al concurso para la decoración de la fachada de la Casa de la Panadería con el lema “Arquitectura y Pintura”, con cariátides clásicas y jarrones, conservado en el Museo de Historia; Mélida incluyó el busto de Juan de Villanueva, autor de la reconstrucción de la plaza tras el incendio de 1790, el tercero que sufriría.

A. Mélida. Proyecto para el concurso de la Casa Panadería, 1881 (no seleccionado) (Museo de Historia)

El concurso lo ganó el pintor Salvador Martínez Cubells, aunque Arturo Mélida consiguió un accésit con su proyecto y en 1901 llegó a participar de alguna manera en la restauración de la fachada –además de en el interior del Salón Real, como ya vimos–, considerándose este su último trabajo. Murió al año siguiente.

Por algún motivo –los retrasos parecen algo habitual en Madrid desde antiguo– los nuevos frescos en sustitución de los de Luis González Velázquez los pintó Enrique Guijo en 1914 –en enero de ese año había muerto Martínez Cubells–.

Recordemos que Enrique Guijo durante su estancia en Madrid colaboró con el Ayuntamiento junto al arquitecto municipal Luis Bellido en varios trabajos. Uno de ellos fue la realización de los nuevos frescos en la fachada de la Panadería –además participó en la restauración de los azulejos y pinturas del interior del Salón Real–.

Plaza Mayor: Casa de la Panadería (1893-1954). Archivo Moreno (IPCE)

En los años 80 del siglo XX, ante el mal estado de los frescos, nuevamente debido a la climatología, el sol y los sucesivos repintes se decidió renovar las pinturas de Guijo. En 1988, a la vez que se realizaba una nueva restauración de la Casa de la Panadería, el Ayuntamiento de Madrid convocó un nuevo concurso.

En el concurso restringido participaron los artistas Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta y Carlos Franco, que fue el ganador.

Casa de la Panadería (2017)

Los motivos elegidos, que son los que podemos contemplar en la actualidad, tenían relación con la mitología y la historia madrileñas. Vemos a Cibeles, Cupido, Baco, sátiros, venus, leones, gatos, tritones, jarrones, … las figuras miden unos tres metros y medio y recuerdan las antiguas pinturas barrocas. A los colores de la carne de las figuras se suman nuevamente los azules y los dorados.

En lugar de la pintura al fresco, tan delicada, el pintor Carlos Franco utilizó pintura al silicato, más resistente.

En 2015-2016 tuvo lugar en el Palacio Real un gran ciclo de entrevistas organizado por Patrimonio Nacional, “En torno al arte contemporáneo. Conversaciones con artistas en Palacio”. Una de ellas fue la realizada por Estrella de Diego a Carlos Franco. Naturalmente hablaron de las pinturas de la Plaza Mayor.

Contó Carlos Franco cómo acometió este encargo público tan importante, con la colaboración de ocho pintores, pero siempre siendo él responsable de cada detalle y del resultado final que debía ser unitario; cómo se enfrentó a la técnica de la pintura mural recurriendo al Libro del arte de Cennino Cennini, las dificultades con los colores al trasladarlos del papel al muro…

Piensa el artista que, entre los grandes pintores que concursaron, él fue elegido por ser su propuesta la más barroca. Cuenta que en aquellos momentos se debatía si debía considerarse a la Panadería una obra de Juan de Villanueva que recordemos reconstruyó y reformó la plaza a finales del siglo XVIII, o si era una obra del Barroco madrileño. Felizmente predominó esta última idea, de acuerdo con el origen de la plaza y el edificio. El proyecto de Carlos Franco, totalmente barroco –como lo habían sido las figuras de Guijo–, fue el ganador.

La obra duró entre seis y siete meses de trabajo efectivo, pero se alargó en el tiempo tres años debido a los muchos problemas que surgieron y al cambio de alcalde, que se produjo hasta en tres ocasiones. Con dos años de retraso, las pinturas se dieron por finalizadas en 1992.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Dibujos en el Museo de Historia de Madrid: Arquitectura madrileña de los siglos XIX y XX. Museo de Historia de Madrid, 2010.
SÁNCHEZ-CABEZUDO, Ángel. “Enrique Guijo, artista esencial en el historicismo cerámico de Talavera”. En Renacimientos: la cerámica española en tiempos de Ruiz de Luna. Universidad Castilla-La Mancha. Cuenca 2010.
GUERRA, Esperanza. “La Casa de Panadería”, Revista de la biblioteca, archivo y museo. Ayuntamiento de Madrid, oct. 1931.
Conde de POLENTINOS. “La Plaza Mayor y la Real Casa Panadería”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Madrid, 1er. trimestre, 1913.
“La Casa Real de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid”, Semanario Pintoresco Español, 22 dic., 1844
Ayuntamiento de Madrid
Los frescos de la Plaza Mayor, memoriademadrid, 25 enero 2012.

La fuente de la Fama, obra de Pedro de Ribera, fue originalmente conocida como la fuente de Antón Martín debido a que esta plazuela fue su primera ubicación.

Ribera, que por entonces era Arquitecto Mayor de Obras Reales y Maestro Mayor de las Obras de Madrid, recibió el encargo de Felipe V de crear una serie de fuentes para abastecer a Madrid que a la vez sirvieran de adorno de la ciudad. La destinada a Antón Martín fue proyectada en 1716, aunque las obras comenzaron en 1731 cuando Ribera ya había alcanzado el cargo de Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua.

El maestro cantero fue Pedro de la Piedra y el encargado de las esculturas, Juan Bautista.

Foto: Alfonso Begué. 1864. (Museo de Historia)

Se trata de una obra que explica perfectamente el arte del arquitecto Ribera, uno de los representantes del barroco tardío madrileño, llamado barroco castizo, junto con Ardemans y Churriguera, hoy felizmente valorado, pero no siempre fue así.

Como ya contamos a propósito de la historia del Hospicio de San Fernando hoy sede del Museo de Historia, son de sobra conocidas las críticas tan crueles a las que los cronistas madrileños del siglo XIX (Mesonero Romanos, Madoz, Monlau, Fernández de los Ríos…), defensores del neoclasicismo, sometieron a Pedro de Ribera y a la fuente.

Don Ramón de Mesonero Romanos en su paseos por El Antiguo Madrid, publicado en 1861, al hablar de la Fuente de Antón Martín se refirió a ella como caprichosa y una lastimosa aberración. Pascual Madoz por su parte calificó a los delfines grandotes, los niños que se cobijan en conchas y las hornacinas con floreros de trivialidades y ridiculeces que terminaban con la figura de una fama. No se quedó atrás Fernández de los Ríos, quien afirmó que Ribera parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles. Aunque todos ellos estaban de acuerdo en que debía conservarse para la historia del arte, como ejemplo de mal gusto. Pensemos que eran cosas de la época…

En cualquier caso, aparte su probable mal estado y que debió convertirse en un estorbo para el tránsito en la plazuela, lo cierto es que en 1879 la fuente, tan denostada, fue desmontada y las piezas decorativas trasladadas a un almacén municipal hasta comienzos del siglo siguiente en que fueron recuperadas, cumpliendo los curiosos deseos de los decimonónicos cronistas, que no llegaron a verlo.

El 9 de septiembre de 1907 se presentó al Ayuntamiento una memoria de las obras de cantería precisas para montarla de nuevo. Eran necesarias sesenta y ocho piezas para lo cual se recurrió a la piedra resultante del derribo del cuartel de San Gil que se había iniciado el año anterior. Se hicieron cargo de la restauración y reconstrucción el arquitecto José Loute y el escultor Ángel García Díaz.

En 1911 la fuente fue instalada en el Parque del Oeste.

Foto: Antonio Passaporte. Archivo Loty (IPCE)

Durante la guerra volvió a desmontarse y guardarse. Después, en 1941 fue instalada en los jardines que recibieron el nombre de Jardines del Arquitecto Ribera, en honor de su autor, a espaldas del Museo Municipal, igualmente obra suya como sabemos, donde continúa.

La nueva base, al parecer diseño del arquitecto Luis Bellido, en tres de sus cuatro lados muestra un escudo con los años de creación y reubicación, 1731, 1911 y 1941. En el cuarto se encuentra el escudo de Madrid con el oso y el madroño.

En Marzo de 1995 concluyeron las obras de restauración durante las cuales se consolidó, reparó y limpió. Fue también por esa época cuando tuvo lugar el cerramiento de la histórica fuente, que se hallaba muy deteriorada por los actos de vandalismo que sufría, mediante una verja metálica sobre un poyete.

Cerrado al público durante años, este verano se ha abierto el acceso al jardín, desde el museo, de forma que después de tanto tiempo podemos volver a acercarnos al borde del pilón que es tetralobulado, dando singularidad al conjunto. En la base, cuatro delfines la custodian.

Los elementos decorativos son de piedra de Colmenar; en el segundo cuerpo hay unas hornacinas con jarrones y en cada esquina unos niños que sujetan grandes veneras.

El pilón y el resto de la fuente son de granito.

Todo el conjunto, a una altura de unos diez metros, se corona con la figura de la Fama.

Sin duda es un monumento muy bello que ha sufrido una vida azarosa, desmontajes y reformas, pero conserva la esencia del proyecto de Pedro de Ribera, una de las pocas fuentes del siglo XVIII que siguen existiendo en Madrid. El Jardín del Museo de Historia es un remanso de paz, merece la pena visitarlo, igual que por supuesto el propio museo.

Por : Mercedes Gómez

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Museo de Historia de Madrid
Calle de Fuencarral, 78
Horario: de martes a domingos de 10 a 20 horas
Acceso gratuito

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Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.
RINCÓN, José. Historia de los monumentos de la Villa de Madrid. Madrid, 1909. Ed. Facsimil, Asoc. Libreros de Lance, 2011.
memoriademadrid.es

La madrugada del día 20 de mayo del año 2004 tuvo lugar un robo sorprendente. Dos hombres entraron en la Capilla del Hospital del Niño Jesús en la madrileña avenida de Menéndez Pelayo frente al Retiro, descolgaron uno de los cuadros que adornaban sus paredes y lo robaron. Los ladrones no se entretuvieron en quitar los clavos que unían el lienzo al bastidor, lo cortaron, dañándolo gravemente y enrollado se lo llevaron. Se trataba de una valiosa pintura, la Resurrección de Santa Leocadia.

El Hospital del Niño Jesús fue fundado por doña María del Carmen Hernández y Espinosa (nacida en Motril, Granada, en 1828), recordada como duquesa de Santoña por su segundo matrimonio con don Juan Manzanedo, duque de Santoña y marqués de Manzanedo, hombre de gran fortuna, y por su lujoso palacio en la calle de las Huertas, el Palacio de Santoña, hoy propiedad de la Cámara de Comercio.

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El hospital y su iglesia fueron construidos según proyecto de 1879 del cotizado arquitecto Francisco Jareño, que ya había levantado la Biblioteca y Museo Arqueológico Nacionales y el Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes.

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Avenida de Menéndez Pelayo, 65

De estilo neomudéjar, según la moda dominante en aquellos años finales del siglo XIX, la iglesia en su fachada está adornada con esculturas y bellos detalles.

La iglesia en su interior, con su única nave, es sin embargo neogótica, muy sencilla, pero con obras de gran valor artístico. Óleos sobre lienzo, óleos sobre metal en el púlpito del templo, las vidrieras, obra de 1881 de la Casa Mayer y un extraordinario viacrucis.

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La duquesa era poseedora de una gran riqueza; a pesar de ello murió en 1894, a los 66 años, en Madrid, sola y arruinada, ella misma afectada por una historia azarosa. Pero era dueña de un gran patrimonio artístico, en el que destacaba su colección de pintura, que legó al Hospital.

La Colección estaba formada sobre todo por obras de temática religiosa del siglo XVII, principalmente del barroco madrileño. En la actualidad el Hospital, Bien de Interés Cultural desde 1995, cuenta con más de ciento cincuenta obras de arte de gran valor.

En 1992 comenzó la restauración de algunas pinturas, entre ellas el Descanso en la huida de Egipto y la Huida de Egipto de Antonio Castrejón que hoy día podemos admirar en uno de los muros en el interior del hospital.

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Otras obras restauradas fueron Caballero orante y Caballero de Santiago (anónimos, también del XVII) ubicadas en el Coro del templo, y Jesús ante Caifás, situada a la derecha del Altar Mayor.

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La propia Santa Leocadia, atribuida a Juan de Roelas, fue restaurada por primera vez en 1997.

Juan de Roelas fue un pintor sevillano, al menos durante mucho tiempo se ha considerado que nació en Sevilla (debido a que así lo afirmó Ceán Bermúdez) aunque de padres flamencos; ahora se cree que pudo nacer en Flandes hacia 1570, según investigación de Mª Antonia Fernández del Hoyo. En cualquier caso trabajó en Sevilla, Valladolid y Madrid.

Está documentada su estancia en Valladolid entre 1.598 y 1.603 de donde pasó a estar bajo la protección del Conde Duque de Olivares, en el pueblo de Olivares, cerca de Sevilla.

En 1614 se había convertido en clérigo y fue nombrado Capellán real. Por esto se trasladó a Madrid, con el objetivo de lograr un puesto de pintor en la Corte. Estuvo en la Villa entre 1616 y 1619, periodo en el que se cree pintó esta Resurrección de Santa Leocadia. Al no conseguir sus propósitos de convertirse en pintor del rey volvió a Olivares y desempeñó su labor religiosa como canónigo en la Colegiata. Murió en su ciudad en 1625.

Al parecer la obra le fue encargada por don Antonio de Loaisa, que vivía en Granada, pero se cree que debió de ser pintada en su etapa madrileña por dos motivos: el tema característico de la advocación toledana y su procedencia de la colección de la Duquesa de Santoña. Probablemente fue un encargo de alguna iglesia de Toledo:

Santa Leocadia resucita milagrosamente de su sepulcro en el mismo instante en que San Ildefonso corta con la daga del Rey Recesvinto un trozo de su mortaja, que el pintor imagina como un velo transparente. Alrededor de un espacio de arquitectura religiosa asisten atónitos al prodigio el pueblo de Toledo.

Resurrección de Santa Leocadia (detalle)

Resurrección de Santa Leocadia (detalle)

Tras el robo gracias a la existencia de una cámara la policía pudo localizar a los ladrones y pocos días después la pintura fue recuperada. El lienzo se encontraba en muy malas condiciones, con cortes, desgarros y dobleces que provocaron pérdida de capas de pintura. Se procedió a una delicada y minuciosa restauración.

En los comienzos del año 2006 fue expuesto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la exposición Huellas. Actuaciones de la Comunidad de Madrid en el Patrimonio Histórico, llena de maravillas entre las que pudimos contemplar el cuadro de Roelas.

En la actualidad felizmente podemos verla en su lugar de siempre, en la iglesia del Hospital del Niño Jesús, a la izquierda del Altar Mayor.

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Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia. “Juan de Roelas, pintor flamenco”. Boletín del Museo Nacional de Escultura, nº 4, 2000, págs.. 25-28.

Diario El Mundo. 7 junio 2004; 8 junio 2004.

Catálogo Huellas. Actuaciones de la Comunidad de Madrid en el Patrimonio Histórico. Comunidad de Madrid, 2006.

Hospital del Niño Jesús

La villa de Pinto, situada a 20 km. al sur de Madrid, es una localidad que merece la pena ser visitada. Conocer su centro histórico, con calles que evocan su pasado, sobre todo las situadas alrededor de la Plaza de la Constitución, la imponente Torre en la que estuvieron presos la Princesa de Éboli y Antonio Pérez, los restos de la fábrica de chocolate la Compañía Colonial, la iglesia del convento de las Capuchinas, la ermita del Cristo del Calvario… y la iglesia de Santo Domingo de Silos.

La iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos fue construida entre los siglos XVI y XVII, probablemente sobre un templo anterior románico que quizá a su vez pudo haber sido levantado sobre una mezquita. La historia de Pinto es muy antigua.

Vista de Pinto, anónimo (entre 1880-1912). Col. Ripollés. Comunidad de Madrid.

Vista de Pinto. Anónimo (entre 1880-1912). Foto: Colección Ripollés. Comunidad de Madrid.

Lamentablemente se perdió la fachada de finales del XVI, que al parecer estaba adornada con esculturas y columnas platerescas; la que hoy contemplamos es muy sencilla, de ladrillo y mampostería. A mediados del siglo XX también la torre se derrumbó y fue construida la actual.

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Pero su estructura primitiva sigue existiendo.

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En la esquina superior de uno de los muros de una parte de la construcción más tardía hay una inscripción, seguramente la fecha en que fue edificada, año 1698.

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El templo, muy hermoso, conserva elementos originales, y en su interior guarda rasgos góticos y renacentistas. Tiene planta rectangular con tres naves separadas por arcos de medio punto cubiertas por bóvedas de crucería.

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Además de su espectacular arquitectura posee varias piezas que sobresalen por su gran valor artístico.

La pila bautismal es quizá el elemento más antiguo de la iglesia.

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Bellísimo y también muy antiguo es el púlpito, realizado en la primera mitad del siglo XVI, labrado en piedra y yeso, así como los adornos del pilar al que se encuentra adosado. Se trata de una delicada, exquisita obra de arte enmarcada dentro del estilo manierista, siguiendo los modelos de Alonso de Covarrubias. La singular construcción está cubierta por un dosel, un templete con columnillas y una cupulilla.

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Adornada con grutescos y todo tipo de figuras fantásticas, humanas, animales y vegetales.

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El valioso púlpito fue restaurado en dos fases entre 2000 y 2001. Tras una limpieza general, eliminando una capa de cemento, se recuperaron los querubines perdidos bajo una capa de yeso, se consolidó y se protegió el conjunto con un barniz.

Púlpito (detalle) Foto: Comunidad de Madrid.

Púlpito (detalle) Foto: Comunidad de Madrid.

Otra de las joyas de esta iglesia es el retablo mayor de madera dorada y policromada. Como escribió Alfonso Pérez Sánchez, es un ejemplo magnífico de lo que puede considerarse etapa intermedia del gran barroco madrileño, en cuya creación intervinieron algunos de los grandes artistas de la época.

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La obra fue realizada en el segundo tercio del XVII por Pedro de la Torre con la colaboración de otro arquitecto y escultor toledano, Francisco González de Vargas. Contratado en 1637, su construcción terminó en 1653, siendo dorado por José Hernández entre 1653 y 1655. Finalizado el retablo se contrataron las pinturas.

Está formado por banco en la parte inferior, un cuerpo de tres calles, separadas por cuatro columnas de orden corintio con fuste estriado que sostienen un rico entablamento y ático en forma de cascarón en la superior.

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En la calle central y bajo una hornacina se ubica la escultura de Santo Domingo, realizada por Pedro de la Torre.

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En la bóveda del presbiterio sobre el retablo llaman la atención los frescos. Son un ejemplo pictórico muy original, no se trata estrictamente de pintura mural sobre revoco de cal y arena sino que se pintó sobre planchas de madera encastradas en los huecos o plementos entre los nervios, preparadas a modo de pinturas murales. Además de decoraciones vegetales, se pintaron dos figuras alegóricas, la Justicia y la Fortaleza.

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Las del retablo son pinturas al óleo, obra del madrileño Francisco Camilo y de Antonio de Pereda.

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Son obra de Pereda, a la derecha la Adoración de los Reyes y, debajo en el banco, la Visitación.

La Adoración de los Reyes

La Adoración de los Reyes

La Adoración de los pastores y se cree que el resto de óleos del banco o parte inferior pertenecen a Camilo.

La Adoración de los pastores

La Adoración de los pastores

El retablo fue restaurado en 2001 por la Comunidad de Madrid. Se realizó una limpieza general y se recuperó la policromía original que había desaparecido bajo un repinte. Fueron restauradas las pinturas, los frescos y como dijimos, el púlpito.

También son notables los retablos barrocos laterales, con excelentes pinturas y esculturas de los siglos XVII y XVIII. El de San Sebastián, Sagrado Corazón o del Cristo.

Ahora la iglesia va a ser restaurada en su totalidad, algo necesario debido al estado general. Mientras, el culto se celebrará en un nuevo espacio situado junto a la Sacristía, una antigua Sala capitular que hasta hace poco se utilizaba como salón de actos, conferencias, etc.

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Hoy la preciosa estancia abovedada del siglo XVII, cuyo exterior vimos al principio, se encuentra en obras con el fin de habilitarla como parroquia provisional hasta que finalicen las de restauración del templo que se prevén largas. Como es obligado se realizarán las correspondientes catas arqueológicas. Esperamos que los trabajos terminen lo más pronto posible y la iglesia brille en todo su esplendor.

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Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

CHUECA GOITIA, Fernando. “La iglesia de Santo Domingo de Silos, en Pinto (Madrid)”, Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo CLXXXII. Nº I. Año 1985.

Conservar y restaurar. Cuatro años de actuaciones. Comunidad de Madrid, 2003.

Pintura mural de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, 2015.

PintoTurismo

José Benito de Churriguera nació en Madrid el 21 de marzo de 1665. Una placa en la calle Mesón de Paredes nº 2 lo recuerda.

José Benito se convirtió en uno de los grandes arquitectos de Madrid, valorado en su época. Su estilo de gran barroquismo, sobre todo como decorador, está representado en el monumental retablo realizado en 1720 que se conserva en la iglesia de las Calatravas.

Iglesia de las Calatravas

Iglesia de las Calatravas

Pero en la segunda mitad del siglo XVIII fue denostado por los artistas neoclásicos, incluso su apellido llegó a ser utilizado como sinónimo de lo excesivo, de lo feo, fue lo churrigueresco. Luego los cronistas matritenses del XIX (Monlau, Fernández de los Ríos, Mesonero Romanos…) abundaron en esta corriente de moda entonces, calificando sus obras (y las de otros autores, como Pedro de Ribera) de ridículas, extravagantes y mezquinas. Felizmente estas opiniones decimonónicas pasaron a mejor vida y hoy día Churriguera es valorado como merece.

Junto con Pedro de Ribera y Teodoro Ardemans fueron los creadores de lo que se conoce como barroco castizo.

Para su amigo Juan de Goyeneche construyó dos obras muy importantes, el pueblo de Nuevo Baztán y su residencia en Madrid, el Palacio de Goyeneche, actual sede de la Real Academia y Museo de Bellas Artes de San Fernando en la calle de Alcalá nº 13.

El proyecto del palacio está fechado alrededor de 1715. José Benito murió en 1725, antes de terminarlo, de forma que sus hijos finalizaron la obra.

En 1773 el edificio fue adquirido para sede de la Real Academia de San Fernando y reformado por Diego de Villanueva (hermano de Juan) que suprimió todos los detalles barrocos aunque gran parte de la estructura ideada por Churriguera se conserva.

Un dibujo propiedad de la Real Academia muestra el proyecto de Diego de Villanueva para “depurar” la fachada, con el diseño original a la izquierda y a la derecha el proyecto de modificación.

Diego de Villanueva. Dibujo de la fachada modificada de la Real Academia de BBAA de San Fernando (1773)

Diego de Villanueva. Dibujo de la fachada modificada de la Real Academia de BBAA de San Fernando (1773)

La fachada de Churriguera fue sustituida por la actual.

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Aparte este dibujo, hasta hace pocos años se desconocían los detalles de la portada original creada por José de Churriguera. El hallazgo de otro precioso dibujo, de propiedad particular, desveló gran parte del misterio. Se trata del “Proyecto de fachada”, tinta y aguadas sobre papel, obra de 1724-25.

B. de Churriguera, Palacio de Goyeneche, “Proyecto de fachada” (1724-1725). 24,3x30,8 cm. Propiedad particular.

B. de Churriguera, Palacio de Goyeneche, “Proyecto de fachada” (1724-1725). 24,3×30,8 cm. Propiedad particular.

El dibujo fue restaurado en 2007 y se pudo contemplar tres años después en la Real Academia de San Fernando en la exposición Restauramos.

Su formato es pequeño, 24,3 x 30,8 cm., debió ser un primer boceto para presentar a Goyeneche, pero permitió conocer los restos del diseño original de la portada de Churriguera así como algunos elementos conservados detrás de la puerta.

B. de Churriguera, Palacio de Goyeneche, “Proyecto de fachada” (detalle)

B. de Churriguera, Palacio de Goyeneche, “Proyecto de fachada” (detalle)

Después de esta y otras reformas efectuadas a lo largo de más de dos siglos se considera que de la obra original de Churriguera y sus hijos solo se conserva, como explica Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, “una mínima parte de la fachada principal a la calle de Alcalá, el vestíbulo que le sigue, el corredor que lleva al patio principal y la magnífica escalera que conduce a la planta noble, además de sótanos y escaleras de caracol de entrada a ellos. Posiblemente el patio principal ha llegado hasta nosotros en buena parte inalterado así como, en la planta noble, la crujía transversal donde se sitúa la pequeña capilla cupulada.”

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Traspasado el patio, al fondo, un gran trampantojo evoca la puerta original.

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Pero el trabajo de los expertos nos depara más sorpresas.

Galería de Esculturas (2008)

Galería de Esculturas (2008)

Este año 2016, durante unas obras en la Galería de Esculturas de la Real Academia, apareció un arco de piedra que en un principio se pensó pertenecía a la obra de Villanueva.

Durante una espléndida visita disfrutada hace pocos días, con motivo de la Semana de la Ciencia, la arqueóloga Carmen Alonso nos explicó, con un gran entusiasmo que compartimos, que se cree que muy probablemente sea un resto de la construcción original de Churriguera.

Galería de Esculturas (2016)

Galería de Esculturas (2016)

 

Galería de Esculturas (2016). Detalle.

Galería de Esculturas (2016). Detalle.

El gran arquitecto, tan maltratado en el pasado, hoy día goza de toda nuestra admiración, y alegra y emociona descubrir nuevos datos sobre su obra.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

BLASCO ESQUIVIAS, Beatriz. “Ni fatuos ni delirantes. José Benito de Churriguera y el esplendor del barroco español”. Lexicon nº 2, 2006.

Restauramos. Catálogo exposición en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 2010. Ed. Ayuntamiento de Madrid, 2010.

RODRÍGUEZ G. DDE CEBALLOS, Alfonso. “José de Churriguera, Juan de Goyeneche y la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando”. Academia. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 1º y 2º semestres de 2011, nº 112-113. Madrid, 2011.

La iglesia de San Pedro Ad Víncula, que visitamos hace ya más de año y medio, en junio de 2014, se encuentra en el Casco Histórico de Vallecas. Recordemos que inicialmente el motivo de nuestra visita fue conocer la Capilla del Santísimo, antiguo Camarín de Nuestra Señora del Rosario, que entonces hallamos cerrada debido a las obras de restauración.

san pedro

El templo, su historia y las obras de arte que guarda fueron un inesperado premio, un gran descubrimiento, mereció la pena el paseo. Hoy volvemos a la Villa de Vallecas para admirar el valioso Camarín, una verdadera joya barroca cuyas pinturas hasta ahora solo conocíamos por las fotografías de la Junta de Incautación de Madrid que se conservan en el Ministerio de Cultura, Fototeca del Patrimonio Histórico.

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

La Capilla es muy bella. Situada junto al altar mayor, en el lado de la epístola, fue creada en el siglo XVII sobre una construcción anterior.

capilla

Consta de dos espacios. El principal es de planta cuadrangular.

capilla completa

Está cubierto con una bóveda semiesférica con casquete central sobre pechinas.

cupula

Bóveda del Camarín de la Virgen del Rosario, Vallecas, diciembre 2015

Y tres lunetos, todo ello decorado al temple. Dos de los lunetos tienen una ventana en el centro.

cupula 3 lunetos

El tercero está adornado con el Nacimiento de la Virgen.

luneto3

La obra pictórica tradicionalmente se consideró próxima al arte de Lucas Jordán hasta que Natividad Galindo, como ya vimos en el artículo dedicado a Juan Vicente de Ribera, la relacionó con la Capilla de las Sagradas Formas de Alcalá de Henares. Su similitud en cuanto a estilo y contenido figurativo deja casi fuera de toda duda la autoría de Ribera.

La cúpula está dividida en ocho gajos por nervios cajeados fingidos tan perfectos que parecen verdaderos, adornados con ramos de frutas. En cada uno de ellos se halla la figura de un ángel, distinto en cada caso, con motivos alegóricos; en los extremos, letras que forman la frase “Mª del Rosario”. La bóveda se remata con un óculo con nuevas figuras de ángeles.

cupula angeles

Las cuatro pechinas son falsamente cóncavas gracias a la representación de arquitecturas fingidas con las imágenes de los cuatro Evangelistas. Son numerosos los recursos al trampantojo, característicos del Barroco. Juan Vicente de Ribera fue heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

pechina

El segundo espacio, más pequeño, es la antecapilla, situada tras un arco que, en lugar de un luneto, ocupa el cuarto lado de la cúpula.

antecapilla completa

El Camarín ha sido restaurado en varias ocasiones, en los años 50 del pasado siglo, entre 1996-2004 y más recientemente, entre 2012-2013, bajo la supervisión de la Comunidad de Madrid. De julio a septiembre 2012 se llevaron a cabo la limpieza y eliminación de antiguos morteros procedentes de una intervención anterior.

Igual que todo el templo, presentaba un gran deterioro debido a las humedades y a intervenciones no apropiadas. Su estado era lamentable por lo que se procedió a una restauración en profundidad. Era utilizado como almacén de forma que hubo que retirar armarios, entelados, cables, etc. para devolverle su aspecto original y recuperar elementos ocultos y dañados.

Después en esta primera fase se procedió a la consolidación y reintegración de elementos perdidos, con materiales estables, inocuos y reversibles.

En la cúpula, además de su restauración se realizaron una serie de catas en busca de las pinturas de la decoración primitiva que se suponía había bajo el temple actual sobre yeso, de las que solo se veía un pequeño fragmento en uno de los paramentos. Apareció una decoración al temple sobre cal y arena, de principios del siglo XVII.

pintura paramento

En los vanos de los huecos convertidos en armarios había decoraciones de dos épocas diferentes. Abajo, sin datar aún, al temple sobre cal y arena. Arriba, óleo sobre yeso, quizá del XVIII.

En la antecapilla aparecieron restos arquitectónicos y pinturas más antiguas, realizadas antes que las de la cúpula, muy sencillas pero de gran interés.

arco y pinturas

En los años 50 del pasado siglo XX fue cubierta por una bóveda de cañón que tapaba una anterior bóveda de arista. Se eliminó un muro ciego que dejó a la vista el arco de medio punto entre los dos espacios, con decoración vegetal de temple y oro sobre yeso.

arco y bovedas

Toda la capa pictórica fue limpiada y consolidada. En septiembre-noviembre 2013 finalizaron los trabajos en la cúpula y en el arco de encuadre entre los dos espacios, recuperándose los volúmenes y pinturas originales, las más antiguas probablemente realizadas en torno a 1650. Una de las tareas más delicadas fue la reintegración de las pinturas perdidas en la cúpula, que pudo llevarse a cabo gracias a las fotografías conservadas en los archivos del IPHE, siempre teniendo en cuenta la reversibilidad.

Finalmente, en 2014-2015 han terminado los trabajos de consolidación y restauración de la pintura, recuperada en los huecos de los vanos, la bóveda de arista y el arco de comunicación entre los dos espacios.

En la estancia más pequeña se hallaron vestigios de pintura de ángeles y flores al temple sobre yeso que corresponden al arranque de la bóveda de arista y paramentos primitivos, de una primera capilla-camarín.

Se realizó un estudio completo del estado de conservación, técnica del pintor, etc. y se descubrieron una serie de hechos importantes.

antecapilla

La capilla está realizada en fábrica de mampostería y ladrillo, con dos enlucidos de mortero, una primera capa de temple sobre cal y arena de comienzos del siglo XVII y una segunda capa de yeso de mediados del mismo siglo. Sobre esta última están las pinturas realizadas al temple de Juan Vicente de Ribera.

El Camarín es una joya que merece la pena contemplar, lleno de detalles pictóricos y arquitectónicos, pero también toda la iglesia. Sus muros, la bóveda gótica… eliminados los daños por la humedad, ahora lucen en todo su esplendor.

Antes de abandonar el histórico templo, no hay que olvidar tampoco admirar la pintura La Liberación de San Pedro de Angelo Nardi, igualmente restaurada por la Comunidad de Madrid, que pudimos ver de cerca en la exposición El triunfo de la imagen, uno de los cuadros situados en el altar mayor, a la izquierda de La liberación de San Pedro de Ricci, ubicada en el muro exterior del Camarín.

Mucho arte para disfrutar.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GALINDO, Natividad. El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
GARCÍA GUTIÉRREZ, P.F. y MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería 2006.
LÓPEZ FERNÁNDEZ, Yolanda. “Iglesia de San Pedro Ad Vincula de Vallecas (Madrid). Restauración de la capilla de la Virgen del Rosario”, en Pintura mural de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, 2015.

 

 

Seguimos en San Lorenzo del Escorial. Hoy, en silencio, y con una cierta emoción, nos dirigimos hacia la Sacristía del Monasterio, situada junto a la Basílica, por los majestuosos pasillos del Claustro Mayor.

escorial claustro

Primero accedemos a la antesacristía, un gran vestíbulo cubierto por una magnífica bóveda de grutescos pompeyanos o figuras caprichosas, obra de Nicola Granello, que recordemos también trabajó en la Sala de Batallas. En el centro se representa un ángel con una vasija y una toalla, referencias al agua purificadora con la que los sacerdotes se lavan las manos antes de entrar en la Sacristía.

boveda antesacristia

Con ese fin, en uno de los muros hay una bella fuente o lavatorio realizado en mármol, jaspe y bronce.

lavatorio antesacristia

Lavatorio antesacristía

 

Lavatorio antesacristía (detalle grifo)

Lavatorio antesacristía (detalle)

Y por fin entramos en la Sacristía. Treinta asombrosos metros de largo por nueve de ancho y once de altura sobre un suelo de mármol blanco y gris se presentan ante nuestros ojos.

sacristia escorial

En el lado izquierdo nueve ventanas que se asoman a los jardines del Monasterio iluminan la estancia.

ventana sacristia

La bóveda está igualmente decorada con grutescos, pintados al fresco por el mismo artista, Granello, y su hermanastro Fabricio Castello.

boveda sacristia

Son muchos los elementos valiosos que vamos descubriendo admirados. Las pinturas de Tiziano, Ribera, Lucas Jordán… Un espejo de cristal de roca regalo de la reina Mariana de Austria, madre de Carlos II… Muebles de fina madera con grandes cajoneras que guardan las casullas y otras prendas utilizadas en las celebraciones litúrgicas sin necesidad de doblarlas…

tiziano y espejo sacristia

Y la gran joya, situada al fondo, el suntuoso retablo barroco realizado entre 1685 y 1690, el retablo de la Sagrada Forma.

sagrada forma

El diseño y ejecución artística fue obra de José del Olmo, Maestro Mayor de Obras Reales. La riqueza de los materiales empleados impresiona. Bronce, madera y adornos de concha en las dos puertas a los lados que dan acceso al Camarín. Sobre ellas dos nichos y dos medallones de mármol blanco enmarcados en jaspe, representando historias relacionadas con la profanación de las Formas consagradas en la iglesia de Gorkum, Holanda, y la Forma considerada milagrosa, entregada a Felipe II.

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En el centro, La Sagrada Forma, la extraordinaria pintura de Claudio Coello, cuya vida y obra ya conocimos aquí.

El cuadro, de tres por cinco metros, encargado por Carlos II, reproduce la escena, a modo de espejo, que tuvo lugar en la propia Sacristía, cuando en 1684 se trasladó la Sagrada Forma desde el altar de reliquias en la basílica hasta aquí.

Coello terminó la pintura en 1690, tres años antes de su muerte, y casi poco antes del fin del Barroco madrileño.

cuadro coello

Numerosos personajes asisten a la ceremonia. El P. Francisco de los Santos que se dispone para la bendición. Frente a él, a la derecha, arrodillado, el monarca Carlos II; detrás, los nobles. A la izquierda en el extremo inferior varios personajes aparecen como espectadores, entre ellos el propio Coello. Al fondo los niños cantores y los religiosos Jerónimos… En la parte superior tres figuras alegóricas, en relación a las figuras representadas debajo: el amor divino, la religión y la monarquía. La pintura está llena de símbolos.

La Forma quedó instalada en el camarín detrás del cuadro, oculta.

desde el camarin

La reliquia se guarda en un templete neogótico diseñado por el pintor Vicente López en el siglo XIX situado bajo dos ángeles y el Cristo crucificado de bronce dorado obra del escultor Pietro Tacca.

camarin

El Cristo es una de las joyas escultóricas del Monasterio, donde ya se encontraba al menos desde 1648. Realizado en el taller florentino de Tacca su primer destino fue el Panteón.

Desde aquí, en el interior del camarín, únicamente vemos la parte posterior del crucifijo de madera al que se encuentra unido el Cristo cuya figura solo adivinamos pues mira hacia la Sacristía.

cristo pietro tacca

Solo una vez al año, el último domingo de septiembre, el cuadro de Claudio Coello es bajado mediante poleas, de forma que no se dobla, y todo queda a la vista.

Así el próximo día 27 habrá ocasión de visitar la Sacristía y contemplar el Cristo de Pietro Tacca y el templete con la Sagrada Forma en su Custodia, de 10 a 13 h.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Portela Sandoval, Francisco José. “Varia sculptorica escurialensia”. Actas del simposium La escultura en el Monasterio del Escorial, 1994, pp. 215-254.

“Sacristía y Panteones”, Tesoros artísticos en el Monasterio del Escorial nº 11. Real Monasterio del Escorial 2013.

Fernández Peña, María Rosa. Blog Viajando tranquilamente por España, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

monasteriodelescorial.com

 

La Iglesia de San Antón, en la calle de Hortaleza nº 63, ha abierto sus puertas.

La Fundación Mensajeros de la Paz, tal como ellos mismos cuentan en su web, se ha hecho cargo del templo y “va a emprender en sus instalaciones un ambicioso proyecto religioso, social y cultural, con atención permanente; abierto a todos, y en el que todos caben”. Y así es, todo el mundo es bienvenido, incluidos los animales de compañía. Durante todo el día, todos los días del año.

san anton entrada

Una iglesia abierta a todas aquellas personas que lo necesiten. No solo ayuda religiosa, sino de todo tipo, social, psicológica… alimentos, un ropero, simplemente un café si hace falta… y adaptándose a la vida actual, hay hasta wi-fi, conexión gratuita a internet, y modernas pantallas de televisión.

Los cepillos están abiertos, bajo el lema “deja lo que puedas, coge lo que necesites”.

Se puede colaborar de muchas maneras, además de estos cepillos hay una máquina para realizar donaciones similar a la que la Fundación instaló las dos últimas Navidades en el cercano Humilladero de la calle Fuencarral con el fin de comprar alimentos para las familias que más lo necesiten. El objetivo es ayudar a cubrir las necesidades espirituales y también las necesidades básicas.

Y no han olvidado que la iglesia construida en el siglo XVIII es un Bien de Interés Cultural, por lo que consideran que debe estar abierta igualmente a la Cultura y a todos los madrileños y visitantes interesados en conocer el valioso patrimonio que alberga.

La iglesia de las Escuelas Pías de San Antón, hoy convertidas en sede del Colegio de Arquitectos de Madrid, fue proyectada hacia 1735 por Pedro de Ribera. Su fachada se perdió en el siglo XIX cuando se construyó el colegio.

La nueva fachada que podemos contemplar hoy es de estilo neoclásico, del gusto que imperaba en la época. Sobre la portada, en una hornacina, se situó una escultura de San Antonio Abad.

san anton fachada

Sí se conserva la espléndida planta barroca con las formas curvas de las capillas ideadas por Ribera.

san anton interior

Un cartel en la entrada, junto a una mesita camilla que ofrece un café solidario (“si necesitas un café pero no puedes pagarlo, sírvetelo; si puedes, deja pagado otro para otra persona”), explica brevemente la historia del edificio y las obras más importantes.

Además, junto a las piezas de mayor valor artístico se ha colocado un cartel explicativo.

En el lado de la epístola, a la entrada a la derecha, en la pequeña Capilla del Santísimo se encuentra una Inmaculada del siglo XVIII, del tipo de la escuela de Pedro de Mena.

san anton inmaculada xviii

A continuación un Sagrado Corazón de Jesús moderno, salvado del gran incendio de 1995, que estaba colocado en la escalera monumental del Colegio. En la segunda capilla, una copia del cuadro que Francisco de Goya pintó en 1819, la Última comunión de San José de Calasanz, en su última época, la misma en la que realizó las Pinturas negras, en su Quinta cercana al Manzanares. Acompañan a esta pintura las Reliquias de San Antón y de San Valentín.

capilla reliquias

El Altar mayor reconstruido igual que la fachada en los inicios del XIX, es neoclásico. En la gran hornacina central la imagen de San Antonio, de finales del siglo XVIII.

altar san anton

En la primera capilla del lado del Evangelio se encuentra un San José que procede del Convento de Agozinantes de San Camilo de la calle Fuencarral, al parecer obra de finales del XVII de Sebastián Herrera Barnuevo, artista madrileño que tuvo entre otros cargos el de Maestro Mayor de Obras Reales con Felipe IV.

En la cuarta y última capilla un magnífico Cristo de los niños, talla anónima del siglo XVII próxima al estilo de Gregorio Fernández, autor al que algunos autores atribuyen la obra.

san anton cristo xvii

Sobre esta capilla contemplamos un órgano del siglo XIX.

cristo y organo

Es sin duda un proyecto muy bonito, ejemplar. Aparte las creencias religiosas, toda una lección en estos tiempos que vivimos. Hay que tener, además de buenas intenciones, mucha confianza en los demás.

Confianza, solidaridad y cultura en uno de los templos barrocos más notables de Madrid.

Por Mercedes Gómez

 

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