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Caminando por la calle de Alcalá desde Cibeles en dirección a la Puerta del Sol, por un bellísimo y emblemático Madrid, estos días impresiona comprobar cómo los edificios de la llamada “Operación Canalejas” están siendo prácticamente demolidos. Los que corresponden a los números 6 a 14 de Alcalá, con vuelta a la calle de Sevilla, hasta la plaza de Canalejas, ejemplos de una arquitectura singular y testigos de toda una época.

Mayo 2014

Calle Sevilla, Alcalá, mayo 2014

Quedan solo las fachadas. Tras los huecos de las ventanas en los entristecidos muros contemplamos el vacío… como si hubiera ocurrido una catástrofe irremediable. Pero no, fueron las grúas y máquinas demoledoras de las que desconozco su nombre las que se apoderaron del interior de las construcciones hace ya meses.

La obra arquitectónica, el espacio ideado por sus autores y finalmente construido (también las reformas sufridas a lo largo de los años), todo está desapareciendo. Impunemente. Dicen los promotores que los elementos valiosos serán conservados, restaurados y restituidos…

Marzo 2015

Marzo 2015

Lo más grave, lo más preocupante, es que varios de estos edificios estaban protegidos, dos de ellos al máximo Nivel 1. La antigua sede del Banco Español de Crédito, antes Palacio de La Equitativa, calle Alcalá 14, incoado Bien de Interés Cultural desde 1977; y el Banco Hispano Americano, con fachada a la Plaza de Canalejas nº 1, declarado BIC. Ambos, catalogados como edificio Singular, con el rango de Monumento. Pero no ha servido de nada.

Los niveles de protección fueron rebajados para poder dar vía libre al proyecto de construir en la codiciada manzana un nuevo y único edificio que incluirá entre otras cosas un centro comercial y un hotel.

Hoy no vamos a contar la historia de los edificios, ni la vida de los arquitectos que los crearon. La Asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio elaboró con fecha febrero de 2014 un informe precioso y completísimo sobre los edificios amenazados, firmado por Amparo Berlinches, que podéis leer aquí. Y denunció la situación aportando toda la información necesaria.

Lamentablemente todos los esfuerzos por evitar la destrucción fueron inútiles. Ya no tiene remedio.

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Algo que sinceramente nunca imaginé podría ocurrir. Hay lugares que creemos que están a salvo, son tan importantes que nadie podría derribarlos… pero ahora ya podría temer cualquier cosa.

¿Podríamos imaginar que en esta misma calle de Alcalá esplendorosos edificios como Las Cariátides, antiguo Banco de la Plata, luego Banco Central, actual y bien conservado Instituto Cervantes, o el mismísimo Banco de España, fueran vaciados por completo? Incluso el Palacio de Cibeles, actual sede del Ayuntamiento, antes de Correos… todos ellos edificios con interiores maravillosos. Si los vendieran… ¿qué pasaría? Es solo una desagradable suposición, pero tal como están las cosas, hoy todo parece posible.

banesto2

Yo no recuerdo cómo pudo ser la sede del histórico edificio de Banesto, sí recuerdo vagamente, por haber entrado con mi padre alguna vez cuando era pequeña, la oficina del Banco Hispano Americano. La belleza de la Sala central de Operaciones, el lujo de sus mármoles, escaleras… el aspecto de las entidades bancarias construidas a finales del siglo XIX, comienzos del siglo XX. Muestras de Arquitectura, con mayúsculas, no solo fachadas. Bienes de interés cultural, histórico y artístico, máximos ejemplos de utilización de las artes decorativas, que alcanzaron su esplendor en esta etapa y en estos edificios singulares, hoy desprotegidos.

Por : Mercedes Gómez

 

La plaza de Manuel Becerra está situada en el distrito de Salamanca; a ella se asoman cuatro de sus barrios, el de Lista, Goya, Fuente del Berro y la Guindalera. La calle de Alcalá la cruza, y en ella convergen las de Francisco Silvela, del Doctor Esquerdo (antiguos Paseo de Ronda y Foso de Circunvalación) y la calle de don Ramón de la Cruz.

Recordemos que el barrio de Salamanca fue proyectado en 1860 por Carlos María de Castro dentro del plan de Ensanche de Madrid. Hacia 1866 estaba trazado pero apenas había comenzado su construcción; ya existían las primeras manzanas junto a la Puerta de Alcalá y la calle de Serrano pero poco más. Mas allá casi todo era campo y la futura plaza de Manuel Becerra estaba en el límite este del proyectado Ensanche. Los terrenos entre el antiguo Camino de la Fuente del Berro al sur (aproximadamente en el lugar donde hoy discurre la entonces incipiente calle de Goya), y la Vereda de la Guindalera al norte, eran sobre todo huertas y campo.

En los comienzos del siglo XX la plaza recibía el nombre de Glorieta de la Alegría, dicen que debido a una venta o ventorro situado en las proximidades. Otros cronistas hablan de los comentarios más o menos ingeniosos o irónicos que provocaba el nombre debido a que por allí había que pasar para dirigirse al Cementerio del Este, hoy de la Almudena.

Plano de Facundo Cañada (1900)

Plano de Facundo Cañada (1900)

Lo cierto es que, según el plano del Madrid de 1900, había un merendero llamado la Alegría, pero a algo más de un kilómetro de distancia de la glorieta, al otro lado del arroyo Abroñigal (actual M-30), junto a su afluente, el arroyo Calero.

Plano de F.Cañada (a900) Merendero de la Alegría

Plano de F.Cañada (1900) Merendero de la Alegría

Estaba en lo que hoy es aproximadamente la calle Elfo números 13-15. Es curioso comprobar que la calle de Alcalá, al otro lado del Puente de Ventas, cerca de la cual se encontraba el merendero, entonces (según el plano) se llamaba calle de Vista Alegre.

Volviendo a la glorieta, en los terrenos al otro lado del paseo del Ensanche las construcciones eran escasas. En la esquina entre el paseo y la calle de Alcalá se encontraba la Quinta de los Leones o Quinta de Nogueras, así llamada por su primer propietario Francisco Noguera.

Junto a la extensa Quinta también había algunas villas o casas de campo, Villa Amalia, Villa Luisa… y ya se habían construido las primeras fases de la Colonia del Madrid Moderno. Frente a ella, al otro lado de la calle de Alcalá, se hallaba la Estación del Tranvía del Este (donde hoy se encuentra el Parque de Bomberos). El Tranvía unía las Ventas del Espíritu Santo con la plaza de Cibeles, y un ramal llevaba a los aficionados hasta la Plaza de Toros, entonces situada donde hoy se encuentra el Palacio de los Deportes en la calle Goya.

En el centro de la plaza estaba el Fielato de consumos, donde se cobraban las tasas municipales que se aplicaban al tráfico de mercancías en esta salida de Madrid.

En el plano de Facundo Cañada todas estas edificaciones están representadas en color rojo.

Plano de Facundo Cañada (1900)

Plano de Facundo Cañada (1900)

En 1905 por acuerdo municipal se cambió su denominación por la de plaza de Manuel Becerra, en honor al político que fue diputado y Ministro de Ultramar y Fomento en diferentes periodos entre los años 1868 y 1894. Becerra, nacido en 1823 en Lugo, había muerto en Madrid en 1896.

Plano de Núñez Granés (1910)

Plano de Núñez Granés (1910)

En 1914 en el centro de la plaza ajardinada fue instalado el llamado Obelisco de la Fuente Castellana, procedente del paseo de la Castellana. La fuente, que contaba con dos esfinges-surtidores de bronce, había sido construida por encargo de Fernando VII para celebrar el nacimiento de su hija, futura Isabel II. En 1869 el pilón había sido eliminado ajardinándose la zona alrededor del obelisco, y las esfinges trasladadas al parque del Retiro. Con su ubicación en la plaza de Manuel Becerra recuperó la condición de fuente y las esfinges.

Por esa misma época en la esquina con Francisco Silvela fue levantada la iglesia de Nuestra Señora de Covadonga, sobre terrenos de la antigua Quinta cedidos por algunos miembros de la aristocracia que habían pasado a ser sus propietarios (marquesas de Aldama y de Ortueta) y una parte adquirida por el prelado de la diócesis.

Conocemos cómo era la plaza en aquellos momentos gracias a una valiosa postal del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Manuel Becerra antigua

La primera piedra de la iglesia había sido colocada el 26 de marzo de 1913. El proyecto inicial, realizado en 1911, fue obra de Joaquín María Fernández y Menéndez-Valdés aunque tras su fallecimiento la obra fue llevada a cabo por Diego de Orbe. Su estilo era neorománico, diseñado dentro del historicismo que imperaba en la época. Fue inaugurada en junio de 1915.

Manuel Becerra antigua copia

Muy dañada durante la guerra, fue reconstruida.

En 1952 el arquitecto Manuel Muñoz Monasterio además de edificar la casa parroquial alargó la nave central y construyó una nueva fachada.

iglesia fachada

La torre del campanario con su antiguo chapitel desapareció, y fue sustituida por un nuevo campanario de ladrillo. El aspecto del templo se transformó completamente.

En 1961 el Consistorio volvió a cambiar la denominación, pasando a ser la plaza de Roma. Unos años después, en 1969 el Obelisco se desmontó nuevamente para construir el paso subterráneo bajo la plaza por el que hoy continúan circulando los automóviles; el pobre monumento, que no encontraba descanso, fue entonces situado en el parque de la Arganzuela junto al río Manzanares. Recientemente, tras las obras de soterramiento de la M-30 ha vuelto a su lugar junto al río, pero una vez más ha perdido su carácter de fuente.

La antigua Quinta de los Leones, dividida en tres fincas a mediados del siglo XX, fue convertida en el parque de Eva Perón y se abrió la calle del Doctor Gómez Ulla.

parque eva peron

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de Covadonga tiene tres naves, sin crucero. Las pilastras imitan mármoles.

iglesia nave central

Las pinturas del ábside fueron realizadas en 1947 por Pedro de Varzi Roa.

iglesia altar mayor

La mayor parte de las imágenes son modernas, posteriores a la guerra, pues todo lo anterior fue destruido o desapareció. Excepto un Cristo de la Humildad del siglo XVIII (según García Gutiérrez y Martínez Carbajo, autores del libro Iglesias de Madrid) que se encuentra a los pies de la Epístola, junto a un Cristo nazareno, en una hornacina barroca un poco escondida, difícil de contemplar.

Y la imagen de la Virgen de Covadonga situada en el Altar Mayor, en un camarín en forma de hornacina con dos columnas a cada lado, que según afirman en la propia parroquia, procede del histórico Convento de San Plácido.

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La actual plaza de Manuel Becerra, que recuperó su anterior nombre en 1980, es sin duda muy distinta a aquellos comienzos del siglo XX en que era el límite de un nuevo Madrid, con el jardín y el Obelisco en el centro, y la coqueta iglesia. La postal ha cambiado.

manuel becerra 2014

Ya no pasa el tranvía sino demasiados automóviles, hay una estación de metro y paradas de autobuses que te llevan a casi todas partes. No hay merenderos pero sí bares con numerosas terrazas, churrerías, quioscos de prensa… el Antiguo Universal Cinema construido en los años 40, hoy vaciado y convertido en gimnasio… hasta un puesto de flores, y muchos bancos, donde los vecinos se sientan a charlar o pasar el rato como antaño. Ha cambiado mucho pero sigue siendo una plaza viva, no solo un lugar de paso, sino un lugar de encuentro.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía y otras fuentes:

ABC 25 marzo 1913
ABC 15 junio 1915
La Construcción moderna. 30 jun 1915.
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
P. García Gutiérrez y A.F. Martínez Carbajo. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería, Madrid 2009.
Parroquia de Covadonga
IDE histórica de la ciudad de Madrid

A propósito de la Chimenea de Torre Arias, en el verano de 2011 recordábamos lo que significaron en la historia de Madrid esos terrenos situados en el antiguo Camino de Alcalá. Contamos que una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561 la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-.

En los comienzos del siglo XX el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran Quinta de Canillejas, actualmente llamada Quinta de Torre Arias.

Su historia es larga, su origen se remonta a los últimos años del siglo XVI. Sucesivos propietarios y obras de rehabilitación la fueron configurando. La última reforma fue realizada hacia 1850, recién adquirida por el X marqués de Bedmar, que le dio el aspecto que más o menos ha llegado hasta nuestros días.

Restitución de la planta del conjunto hacia 1860. M. Lasso de la Vega, 1999

Restitución de la planta del conjunto hacia 1860. Miguel Lasso de la Vega, 1999

Desaparecidas prácticamente todas las quintas de recreo, o muy transformadas, como las de Vista Alegre y Campo Alange en Carabanchel, la de Torre Arias ha subsistido casi en toda su extensión (más de 16 hectáreas) y hasta hace poco ha mantenido el uso residencial gracias a su última dueña, doña Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher VIII Condesa de Torre Arias con Grandeza de España, XI Marquesa de Santa Marta y Marquesa de la Torre de Esteban Hambrán.

Tatiana nació en San Sebastián el 26 de octubre de 1923, ciudad en la que sus padres pasaban una parte del año. Pero residió toda su vida en Madrid y dicen que se consideraba muy madrileña. Nacida en el seno de una familia de las de más rancio abolengo de España, creció en un ambiente propio de la nobleza de pasado más ilustre. Su madre, nacida en Alemania, organizó su educación, que tenía lugar en su casa. Aprendió francés, inglés y alemán, sin embargo, cuentan, no le gustaba salir de casa y, incluso ya mayor, continuaba aprendiendo de sus libros y revistas.

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Foto: Fundación T.P. de Guzmán el Bueno

En 1949 se casó con el Físico Julio Peláez Avendaño, quien le transmitió el amor a la ciencia y a la investigación. No tuvieron hijos.

Tras la muerte de su madre Ana Juliana Seebacher y Muller en 1953, se instaló con su marido en la Quinta y allí ambos vivieron toda su vida. A la muerte de su padre, Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno y Salabert en 1977, heredó los títulos y el patrimonio familiar.

En 1985, en tiempos del Alcalde Enrique Tierno Galván, a raíz de la recalificación urbanística de algunos terrenos de su propiedad que les permitieron una serie de actuaciones, llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento. A cambio de las ventajas obtenidas los condes cedieron a la ciudad la propiedad de la Quinta, con la condición de que ambos continuarían allí viviendo hasta su muerte. Su voluntad fue que, después, pudiera abrirse para disfrute de todos los madrileños.

Su marido murió en 2003; ella continuó su vida discreta dedicada a su amor a la naturaleza, las plantas y su interés por la ciencia.

El 9 de abril de 2012 creó una Fundación, de la que fue la primera presidenta, con la misión de gestionar su patrimonio con una finalidad de servicio a la sociedad, mediante el desarrollo de acciones concretas en los campos de la formación de la juventud, la investigación científica y el medio ambiente.

Hasta poco antes de morir doña Tatiana vivió en la Quinta, y aún visitaba los invernaderos para cuidar sus plantas como había hecho desde muy joven.

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Foto: El Confidencial 1 junio 2013

La condesa falleció el 1 de octubre de 2012, faltando pocos días para cumplir 89 años.

Hasta entonces doña Tatiana había sido una gran desconocida. En ese momento las noticias acerca de la gran herencia que dejaba (al parecer más de 500 millones de euros, y otras propiedades), la dieron a conocer y pusieron de manifiesto que fue una persona inquieta, llena de intereses y con las ideas muy claras, una mujer admirable, que a su vez admiraba a las mujeres que destacaban en la ciencia. Y generosa.

Tras la muerte de la condesa el Ayuntamiento de Madrid, la ciudad de Madrid, heredó la Quinta, que debía convertirse en parque público y sede de servicios para los madrileños.

Desde los comienzos de este mes de octubre se están realizando una serie de visitas guiadas, por una zona del recinto, a una de las cuales he tenido el placer de poder asistir. Se aprecia que los campos y construcciones necesitan un gran trabajo de limpieza, cuidado y restauración, que ya ha comenzado. Pero el lugar es una maravilla.

arbolado

La visita es muy interesante y los rincones bonitos poco a poco van apareciendo antes nuestros ojos.

caseta guarda

Cerca de la entrada, donde se encuentra la caseta del guarda, hay dos invernaderos (los que visitaba doña Tatiana para cuidar sus flores) que van a ser restaurados y recuperados.

invernadero hierro

Lógicamente, el agua era muy importante para el mantenimiento de los campos, arbolado y jardines. Los terrenos, como se puede ver en el plano en el comienzo de esta entrada, estaban atravesados de oeste a este por el Arroyo de la Quinta.

arroyo

Se conservan dos de los puentes que lo cruzaban sobre su cauce hoy seco, que aún muestra vestigios de una antigua canalización de ladrillo en los laterales.

puente

Además, dos Viajes de Agua discurrían por su subsuelo, el de Minaya y el de la Isabela.

Caminando llegamos a otra casita, en muy mal estado por lo que no podemos entrar, pero importante pues en su interior aún guarda el Pozo.

casa del pozo

Muy cerca, una gran Alberca junto a la cual estaba el Lavadero.

alberca

Son muchos los detalles que llaman nuestra atención. El hierro juega un papel destacado; fue utilizado en elementos como bancos, farolas, pararrayos… además de la utilidad se buscaba la belleza.

farola

En la casa-palacio, igual que en otras construcciones de la quinta, el principal material utilizado es el ladrillo.

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El edificio construido en estilo ecléctico destaca por su torreón y otros detalles medievalistas así como elementos neomudéjares.

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Uno de los árboles singulares es un cedro espectacular, situado frente al palacio.

cedro frente a palacio

Bajo sus ramas, frente a la entrada principal, hay una fuente en muy mal estado, que ojalá sea recuperada.

fuente

Las dudas y la polémica surgen en cuanto al futuro uso del Palacio.

El Ayuntamiento ha aprobado un Plan Especial de Protección y Ordenación para la finca “Torre Arias”, sita en calle Alcalá, número 551, Distrito de San Blas-Canillejas, publicado en el Boletín de la Comunidad de Madrid el 22 de agosto de 2014. En él se detallan los niveles de protección de los elementos en grado singular Nivel 1 (el palacio, las caballerizas y la casa del guarda), los elementos singulares según niveles de protección. Histórico-artística (puente principal sobre el arroyo de la Quinta, estanque…); histórica (invernadero, alberca…); y referencial. Así como algunos de los árboles calificados como singulares.

Antiguas caballerizas

Antiguas caballerizas

Algunas construcciones no han sido catalogadas y serán derribadas. Según nos cuentan durante la visita solo se van a derribar elementos cuyo estado de ruina hace muy difícil su rehabilitación, pero estos casos no pudimos verlos.

Los últimos meses han aparecido en la prensa noticias según las cuales el palacio podría destinarse a campus de una universidad privada, la Universidad de Navarra, interesada en el edificio. La realidad es que aún se desconoce el uso futuro del palacio.

La condesa deseaba que tras su fallecimiento su dinero y sus posesiones continuaran fomentando sus grandes aficiones: el estudio y cuidado de la naturaleza, la investigación científica, con especial atención a la labor de las mujeres, y la ayuda a los jóvenes, favoreciendo su formación. Para ello creó la Fundación. En cuanto a la Quinta, la legó a la ciudad de Madrid.

E imaginamos que querría que continuara siendo un conjunto unitario, como lo ha sido a lo largo de más de cuatro siglos. Y eso esperamos.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes y bibliografía:

Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno.
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Miguel Lasso de la Vega. Quintas de recreo y casas de campo aristocráticas alrededor de Madrid. Tomo I. Ayuntamiento de Madrid, 2006.
Alberto Tellería. Informe Torre Arias. Madrid Ciudadanía y Patrimonio, julio 2014.

 

Roberto Michel nació en 1720 en Francia, en un pueblo llamado Le Puy-en-Velay, y comenzó a estudiar en su tierra natal en talleres de escultura siendo apenas un niño, pero se trasladó a Madrid con solo 20 años de edad. Aquí vivió, desarrolló su arte y sin duda se convirtió en uno de los escultores más madrileños. Sus obras adornan nuestros museos y nuestras calles, algunas verdaderamente emblemáticas.

Por entonces reinaba en España el francés Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica. Nada más llegar a la capital el joven escultor recibió encargos, para algunas iglesias y para la Corona comenzando a trabajar en la decoración del Palacio Real.

Fernando VI, sucesor de Felipe V, fue quien alrededor de 1743 puso en marcha el plan para realizar las estatuas de los reyes hispanos que deberían decorar el Palacio Real, estatuas de azarosa vida que aún hoy día esconden algunos misterios, algunas desaparecidas y otras sin identificar. Roberto Michel realizó algunas, entre ellas la estatua de Teudis, rey godo, que se encuentra en Vitoria, ciudad a la que el escultor estuvo vinculado debido a su boda, poco después de llegar a Madrid, con la alavesa Rosa Ballerna.

Además creó otras obras para el Palacio Real. En el Museo del Prado, en el pasillo de la segunda planta que comunica las salas dedicadas al siglo XVIII español, se exponen dos relieves esculpidos en mármol entre los años 1753 y 1761, San Ildefonso y Santa Leocadia, y el Martirio de Santa Eulalia.

Martirio de Santa Eulalia. Museo del Prado.

Son dos de los treinta y cuatro relieves cuyo destino era decorar los pasillos del Palacio Real. Eran escenas bélicas o religiosas que fueron consideradas demasiado recargadas por Carlos III de forma que en 1761 interrumpió el proyecto de Fernando VI, igual que ordenó bajar las estatuas de reyes que adornaban la fachada del Palacio.

Fernando VI en 1757 había nombrado a Michel Escultor de Cámara. Posteriormente, a propuesta de Francisco Sabatini con el apoyo de Antonio Rafael Mengs, arquitecto y pintor reales respectivamente, la gran calidad de su escultura llevó a Carlos III a nombrarle Escultor de su real persona en 1775, lo cual incluía la dirección de todas las obras escultóricas realizadas para los Palacios Reales.

Roberto Michel trabajó en varias ocasiones para el arquitecto Francisco Sabatini. Una de las primeras colaboraciones, según proyecto de 1761, fue la decoración de la antigua Real Casa de la Aduana, en la calle de Alcalá nº 9, hoy Ministerio de Hacienda.

Iniciamos aquí un paseo por la calle de Alcalá que se convierte en un paseo por la vida y la obra de Roberto Michel, por el siglo XVIII madrileño y por el Madrid de Carlos III.

Para la fachada de la Real Casa de la Aduana Roberto Michel esculpió el nuevo escudo real adoptado por Carlos III en 1759,  además de otras esculturas, siguiendo siempre el diseño de Sabatini.

Antigua Real Casa de la Aduana. Alcalá, 9.

Muy cerca, en el nº 13, se encuentra la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tanto Roberto Michel como su hermano Pedro, ocho años menor, formaron parte de la Academia desde sus comienzos, y participaron en la introducción de la escultura neoclásica. Fundada en 1752, Roberto fue nombrado Teniente Director de Escultura. Pedro, Académico de Mérito seis años después.

En 1780 Carlos III convocó un concurso para la creación de un modelo de estatua ecuestre de su padre Felipe V, se cree que probablemente con el fin de instalar su estatua en bronce en alguna plaza o lugar importante de Madrid, como sucedía con sus antecesores los reyes de la dinastía austriaca, Felipe III y Felipe IV. No se llevó a cabo.

Presentaron sus bocetos Manuel Álvarez, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena, Juan Adán y Roberto Michel. Uno de los que se conservan es el de Michel.

R. Michel. Retrato ecuestre Felipe V (1780). Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El Museo de la Academia conserva otra obra del escultor, el Busto de Antonio Ponce de León XI Duque de Arcos esculpido en mármol blanco en 1783.

Continuamos nuestro camino por la acera de los impares de la calle de Alcalá y llegamos a la iglesia de San José, en el nº 43. La Virgen del Carmen de la fachada es obra suya.

R. Michel. Virgen del Carmen. Iglesia de San Jose.

Como decíamos al principio, realizó bastantes trabajos para iglesias madrileñas. Entre las más notables se encuentran la Caridad romana y la Fortaleza en la Basílica de San Miguel, de mármol blanco, y los ángeles y querubines de la iglesia de San Marcos. Estos templos merecerán una visita pero de momento ahora permanecemos en uno de los lugares más bonitos de Madrid, frente a la iglesia de San José, allí donde nace la Gran Vía y desde donde ya a lo lejos podemos contemplar la bellísima fuente de Cibeles, instalada en 1782 en el Salón del Prado.

Según dibujo de Ventura Rodríguez, los Leones que tiran del carro de la diosa son obra de Michel. Los modelos previos que realizó el escultor se pueden ver en el Museo de la Moneda.

Cerca de aquí, en el Paseo del Prado se encuentran las Cuatro Fuentes para las cuales nuestro artista creó los Tritones y Nereidas que las adornan, junto a los escultores Francisco Gutiérrez y Alfonso Bergaz. Las figuras actuales son réplicas realizadas debido al mal estado en que se encontraban las originales por el efecto del tiempo y del agua. Actualmente se encuentran en el Patio del Museo de los Orígenes.

Y llegamos al final del paseo donde se encuentra otro de los monumentos más representativos de Madrid, la maravillosa Puerta de Alcalá, en la plaza de la Independencia.

Carlos III ordenó construir una nueva Puerta de Alcalá que fue finalizada en 1778. El arquitecto fue Francisco Sabatini, y la decoración escultórica fue obra de Francisco Gutiérrez (lado este, lado que mira hacia el exterior) y de Roberto Michel (oeste, lado que mira al centro de la ciudad).

Roberto Michel creó diversas figuras ensalzando los triunfos del rey. Trofeos militares de gran tamaño, sobre la cornisa, que el propio Michel denomina torsos, que se recortan contra el cielo y dan a la Puerta su aspecto tan característico; cabezas de leones sobre las tres puertas centrales, y cornucopias sobre las dos laterales.

Murió en 1786, con 66 años, solo hacía un año que había sido nombrado Director General de la Real Academia de Bellas Artes, el máximo cargo en la institución a la que había estado ligado casi toda su vida. Fue enterrado en la madrileña iglesia de Santa María de la Almudena, derribada en 1869. Sus restos se perdieron.

El cargo de Escultor de Cámara lo heredó su hermano Pedro Michel, y lo mantuvo durante el reinado de Carlos IV, completando así una larga carrera de ambos hermanos como escultores reales a lo largo de los reinados de los Borbones, desde Felipe V hasta Carlos IV.

Pedro murió en 1809. Solo un año antes había donado a la Real Academia de San Fernando el Retrato anónimo de su hermano Roberto.

Anónimo, “Roberto Michel” (Siglo XVIII. Museo Academia Bellas Artes de San Fernando)

Texto :  Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

C. Lorente Arévalo y C.M. Tascón Gárate. Nuevas aportaciones a la biografía del escultor Roberto Michel. Anales de Hª del Arte, n.” 5. UCM Madrid 1995.

J.J. Martín González. La escultura neoclásica en la Academia de San Fernando. Siglo XVIII. Universidad Coruña 1994.

Museo del Prado. Sala 85.

Mª Luisa Tárraga. Esculturas y escultores de la Puerta de Alcalá. Dpto. Hª del Arte del CSIC. Madrid 2008.

Este artículo está dedicado a María Rosa, que tranquilamente viaja por España y por el mundo, pasea por Madrid, y nos lo cuenta todo con mucho encanto.

La historia de la Iglesia de San Manuel y San Benito tiene todos los ingredientes para ser el escenario de una película ambientada en el Madrid de finales del siglo XIX, principios del XX. Su construcción a cargo de un matrimonio de pudientes burgueses, sus objetivos, su privilegiada ubicación cercana al Retiro y la Puerta de Alcalá, su arquitectura y obras de arte… y haber sido testigo de la historia de Madrid durante cien años.

Los protagonistas, Manuel Caviggioli y su esposa Benita Maurici, de origen italiano y humilde, nacieron en Barcelona, él en 1825, ella en 1819. No se sabe muy bien cómo, forjaron una gran fortuna. Afincados en Madrid desde jóvenes, consiguieron entrar en los círculos más aristocráticos.

Don Manuel proyectaba construir un templo panteón que una vez fallecidos guardara sus restos, así como una residencia para una comunidad religiosa que sería la encargada de dirigir una Fundación cuyo fin sería la instrucción gratuita de la clase obrera. Murió en 1901, y fue su viuda, doña Benita, la que finalmente puso en marcha el proyecto.

Las secuencias de la historia nos muestran cómo eran las relaciones de la alta burguesía con la Iglesia en aquellos tiempos y su influencia en la expansión de sus valores y enseñanzas. También describen una forma de beneficencia, de ayuda a las clases más bajas con el fin de facilitar su promoción cultural y social.

Don Manuel y doña Benita emplearon una parte de su dinero en la construcción de la iglesia y de la escuela, encomendadas a los Padres Agustinos. A cambio, en el futuro, deberían recordarles en sus plegarias celebrando misas y honras fúnebres mensuales y en fechas especiales. Junto a las sin duda buenas intenciones y creencias religiosas de la pareja, existía un deseo de perpetuar su memoria y dejar constancia de su poder. Todo ello lo lograron.

El irregular solar, de su propiedad, entre las actuales calles de Alcalá, Lagasca y Columela, frente al Parque del Retiro, era de los pocos que por entonces quedaban por construir en aquel emergente Barrio de Salamanca en el Ensanche de Madrid. El arquitecto elegido fue Fernando Arbós y Tremanti, uno de los más notables en aquellos momentos, quien construyó la iglesia en estilo neobizantino.

La primera piedra de la llamada Iglesia del Salvador -luego de San Manuel y San Benito, en honor a sus impulsores-, y de las Escuelas gratuitas, fue colocada y bendecida en 1903. Doña Benita falleció al año siguiente, por lo que tampoco pudo ver finalizada la obra.

Cumpliendo sus deseos, el 30 de diciembre de 1910 tuvo lugar el traslado de los féretros desde el cementerio de la Almudena hasta el nuevo templo. En esos comienzos del siglo XX, cuando por la empedrada calle de Alcalá circulaban los carros, el 1 de enero de 1911 tuvo lugar la inauguración oficial.

Foto : Lacoste 1927 (memoriademadrid.es)

El exterior fue construido en piedra y mármol blanco, y la espléndida cúpula de cobre rojo. En la esquina entre las calles de Alcalá y Lagasca, donde se encuentran las entradas a la iglesia, fue situada una torre o campanile de planta cuadrada, de más 43 metros de altura.

El edificio de la Fundación, donde se instalaron las Escuelas para los jóvenes obreros, los otros personajes verdaderamente importantes en esta imaginaria película, se situó en la calle Columela. Allí continúa la inscripción “Fundación Caviggioli Maurici. Escuelas para obreros”.

Los requisitos para acudir a la Escuela eran sencillos: los alumnos debían tener entre 14 y 30 años, y saber leer y escribir. Podían escoger las asignaturas a cursar, además de Religión y Moral, se impartía Geografía, Historia, Contabilidad, Dibujo, Escritura, Francés, Inglés, etc. Tras la seguramente dura jornada laboral allí acudían albañiles, electricistas, torneros, sastres, tapiceros…

La Escuela funcionó hasta el comienzo de la guerra en 1936. La iglesia, convento y aulas se convirtieron en salón de baile, almacén, economato, biblioteca pública, y sede del Partido Comunista entre otras cosas.

Después de la guerra hubo varios intentos de reanudar la actividad docente, pero nunca se consiguieron los permisos. Hoy día alberga la sacristía, despachos parroquiales, aulas para actividad cultural y otras estancias.

El conjunto está rodeado por jardincillos y una bonita verja de hierro forjado, que desde el Retiro ofrece una imagen espectacular.

La iglesia de San Manuel y San Benito es de uno esos contados edificios en los cuales cuando entras por primera vez quedas admirado por su belleza. Nuevamente el mármol, blanco de Macael en el ábside semicircular que alberga el Altar Mayor, con adornos de varios colores. Otro de los detalles más singulares y bellos de este templo son los mosaicos que adornan las paredes y techos. Y las esculturas de Ángel García Díaz, que ya visitamos, y que nos siguen maravillando. En el centro del Altar se encuentra la figura de El Salvador que mide dos metros y medio, a los lados San Agustín y San José, todas ellas realizadas en mármol de Carrara.

Suyas son también las imágenes de las dos Capillas laterales, la de la izquierda, dedicada a Santa Rita, y la de la derecha que alberga los sepulcros de los fundadores.

Sobre el cuerpo central, la magnífica cúpula con mosaicos que representan a los evangelistas. A los pies, en el coro alto, uno de los mejores órganos de Madrid. En fin, todos los detalles son de gran riqueza artística.

La iglesia de San Manuel y San Benito, situada en la calle de Alcalá nº 83, ha cumplido cien años, y lo celebra entre otras actividades con una pequeña exposición en la que siete paneles nos resumen todo un siglo de vida.

También han editado un libro “San Manuel y San Benito. Centenario de la Iglesia 1911-2011″, que incluye toda la historia de la institución y detallada descripción del edificio y obras de arte.

Transcurridos cien años, en este soleado mes de octubre de 2011, junto a la viva parroquia circulan los automóviles en lugar de los carruajes de antaño, y su cúpula se refleja en los cristales de los modernos edificios que hoy día conviven con las construcciones centenarias del barrio.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

El artículo de hoy está dedicado a Doña Umé, amable lectora de este blog. Ella es la dueña de la idea, y quien nos contó los detalles que han permitido escribirlo. Si recordáis, el día que hablamos de la Chimenea de la Fábrica de Vidrios, y de alguna otra, todas ellas recuerdos de antiguas fábricas madrileñas, nos dio la pista: en los comienzos de la antigua carretera de Vicálvaro, actual avenida de Canillejas a Vicálvaro, existe una muy bonita, ubicada en unos terrenos con historia.

Una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561, la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en el antiguo Camino de Alcalá, en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-, sobre unos terrenos escarpados y surcados por arroyos.

En los comienzos del siglo XX, el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces, en el margen izquierdo de la vía, aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran quinta hoy llamada de Torre Arias, como se aprecia en el plano de Facundo Cañada, con el nombre de Quinta de Canillejas.

Detalle plano de F. Cañada (h. 1900)

En el margen derecho, frente a esta posesión, nacía la mencionada Carretera de Vicálvaro que atravesaba unas tierras aún sin edificar, en su mayoría huertas y tierras de labor.

La actualmente llamada Quinta de Torre Arias, cuyo origen se remonta al siglo XVI, creada por los condes de Aguilar, sorprendentemente pervive en toda su extensión y mantiene el uso residencial.

(Bing Maps) 2011

A lo largo de más de cuatro siglos ha tenido diversos propietarios, hasta llegar a la actual dueña, la marquesa de Torre Arias, que al parecer continúa habitándola.

Tapia de la Quinta de Torre Arias

La marquesa fue, quizá sigue siendo, la dueña de otros terrenos en los alrededores, entre ellos los que se encuentran frente a la Quinta, al otro lado de la calle de Alcalá. Se trata de aquellas tierras de labor, que en el siglo XX se transformaron en zona industrial.

Carretera de Vicálvaro frente a la Quinta de Torre Arias

Sobre uno de los solares, actual nº 6 de la Avenida de Canillejas a Vicálvaro, existió una fábrica de ladrillos con su clásica chimenea en ladrillo cocido, que hacia el año 1970, o quizá algo después, según me cuenta un vecino del barrio, se convirtió en una fábrica de quesos, la Central Quesera (era famoso el queso Carvel).

Fue derribada en los años 80, incluido el muro que la rodeaba, salvándose únicamente la chimenea, de foma poligonal.

El lugar, un descampado entre viviendas y modernas oficinas, se convirtió en algo parecido a un basurero. El pasado año la concejala del distrito de San Blas informó de que la Junta Municipal había acometido “por ejecución subsidiaria” la limpieza y cerramiento de la parcela, una vieja demanda de los vecinos. El coste, que ascendió a 57.000 euros, afirmó sería reclamado a la propiedad. Ignoro si esta propietaria es la marquesa de Torre Arias, o el solar pertenece a alguna empresa.

Solar de la antigua fábrica en 2010 (Foto : Gacetas Locales)

Nos contaba Doña Umé algo muy bonito, que la parte superior de la chimenea parece un encaje de ladrillos, y así es.

Otra curiosidad es que, durante la Guerra Civil, el comandante en jefe de las tropas defensoras de Madrid, el general José Miaja, vivió en una casita situada junto al solar de la fábrica.

Y no debería extrañarnos, teniendo en cuenta que el militar tenía su despacho en el cercano parque de El Capricho, en la que fuera finca de los duques de Osuna, donde a 15 metros de profundidad se encontraba el centro de mando del Ejército Republicano. Hace unos años fueron descubiertos mil quinientos metros cuadrados de túneles abovedados con zócalos de cerámica en sus muros y sólidas puertas de madera dotadas de seguros cerrojos, construidos cerca de uno de los Viajes de Agua que atraviesan el histórico Jardín. Bajo el despacho, instalado en el palacio de Osuna, otro laberíntico túnel le llevaría hacia algún lugar.

La zona ha cambiado mucho, desaparecieron los arroyos y las tierras de labor, pero allí sigue la gran Quinta de Torre Arias, y junto a su tapia hoy día existe un magnífico jardín público. Las antiguas fábricas se transformaron en modernas industrias y oficinas… pero allí continúa la bonita chimenea.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Gacetas Locales, 25 marzo 2010.
Asociación de Vecinos de Canillejas
El País


JARDINES DEL PASEO DEL PRADO-RECOLETOS (III)

Retomamos los recorridos por los jardines históricos madrileños que perviven en algunas zonas de la ciudad. Ya tuvimos ocasión de pasear por algunos rincones de la Castellana, por el Paseo de Recoletos y nos adentramos en el Jardín del Palacio de Linares. Justo enfrente, en la otra esquina del Paseo con la calle de Alcalá, se encuentra el Palacio de Buenavista rodeado de un bello jardín de Interés Histórico-Artístico.

Situado entre las calles de Alcalá, Barquillo, Prim y el Paseo de Recoletos, parece una pequeña ciudad, con sus distintos edificios, calles y jardines.

La historia del lugar es muy antigua, allí vivieron ilustres personajes y sucedieron hechos notables durante siglos. Ya en el siglo XVI existía una casa-palacio en la colina conocida como Altillo de Buenavista, rodeada de huertas, a la salida del Camino de Alcalá. Eran las afueras de la Villa cuando Felipe II la eligió como capital, y el entonces propietario, el Cardenal Quiroga, se la cedió como casa de campo y lugar de descanso próximo al Alcázar.

Recordemos que en aquellos tiempos los límites de Madrid por el este se hallaban en la Puerta del Sol, una de las puertas de la Cerca que el propio Felipe II mandó levantar.

Los terrenos situados junto a la Casa, en el siglo XVII se convirtieron en la Huerta del Regidor Juan Fernández, entonces zona pública, de paseo y acaso devaneos, hasta el punto que Tirso de Molina escribió una obra titulada La Huerta de Juan Fernández, en gran parte escenario de la trama de esta comedia de enredo.

Altillo de Buenavista (Plano de Texeira 1656)

En 1769 don Fernando de Silva Álvarez de Toledo, Duque de Alba, adquirió estas casas llamadas de Buenavista y fue su nieta, la Duquesa de Alba, la famosa María Teresa Cayetana, quien inició la construcción de un gran palacio, junto a su esposo, José Álvarez de Toledo con quien antes de trasladarse aquí vivió en su Palacio de la calle de Don Pedro, que ya visitamos.

Pero del Palacio de Buenavista, actual sede del Cuartel General del Ejército, que posee maravillosos salones y obras de arte, quizá hablemos otro día, hoy recordemos la historia del jardín.

En época de José Bonaparte, se construyó la escalera que va desde el Palacio hasta la calle de Alcalá. La posesión, que había ido aumentando su extensión con las casas cercanas, estaba cercada por un muro.

J.Laurent. Ministerio de la Guerra. Antes de 1863 (memoriademadrid.es)

Posteriormente se creó un jardín geométrico, al estilo francés.

Fue después de 1870 cuando se construyeron edificios accesorios, se instaló la bonita verja de hierro y el jardín se transformó al estilo paisajista.

Plano del Gral I. de Ibero (h. 1875)

En 1882 fue noticia la instalación de luz eléctrica que por la noche embellecía la vista del palacio y del jardín.

La Ilustración Española y Americana 1882 (en http://www.bne.es)

Constaba de varios parterres de formas curvas organizados alrededor de la gran escalinata, que siguen existiendo. En el paseo central, mirando hacia la calle de Alcalá, se instaló una escultura dedicada al Valor.

En la terraza superior, a cada lado, una encantadora fuente de piedra.

Árboles de varias especies, castaños de indias, cedros, magnolios… rodeados de césped  y setos adornan el precioso jardín romántico. Leo que entre ellos hay dos árboles singulares, un Ginkgo o árbol de los cuarenta escudos, que mide más de 30 metros de altura, el más grande y más viejo de Madrid de esta especie procedente de China, con alrededor de 120 años de edad. El otro es una Casuarina, rara en Madrid, que con sus más de 20 metros es un ejemplar único.

Es bonito observar cómo, después de más de ciento cuarenta años, se conserva el trazado del jardín, por eso su valor no es únicamente histórico sino también artístico.

Altillo de Buenavista 2011 (Bing Maps)

Ahora por la calle de Alcalá circulan coches en lugar de carruajes.

18 de febrero 2011

Pero el antiguo Altillo de Buenavista ahí continúa, el palacio casi oculto tras los hermosos árboles.

El jardín normalmente está cerrado al público, únicamente se abre en ocasiones especiales (Noche en Blanco, Semana de la Arquitectura…), al menos de momento.

En los comienzos de este mes de febrero de 2011, el Alcalde de Madrid presentó el Proyecto Madrid Centro, en el cual se proponen una serie de intervenciones y planes para Madrid, de futuro incierto. Uno de ellos consiste en abrir al público estos jardines del palacio de Buenavista. Volver a abrir al público, como en el siglo XVII, ¿será posible?.

Nunca se sabe. Como dice un personaje en la obra de Tirso, en aquella Huerta de Juan Fernández, hoy Jardín del Palacio de Buenavista,

… que aunque es confusión Madrid,
tiene mucha claridad su cielo, …

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Alfonso De Carlos. El Palacio de Buenavista. Revista Villa de Madrid nº 52. Madrid 1976.
Rafael Moro. Árboles de Madrid. La Librería 2007.

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Otros artículos:

Paseo de la Castellana I.- Jardín del Museo de Ciencias Naturales.
Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo.
Paseo de la Castellana III.- El Jardín del Hotel Villa Magna.
Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.

1910 fue un año lleno de acontecimientos. Se fundó la Residencia de Estudiantes, nació el poeta Miguel Hernández, comenzaron las obras para la creación de la Gran Vía, Antonio Palacios empezó a construir la sede del Banco Río de la Plata, conocida como Las Cariátides, se inauguraron el Hotel Ritz y el Casino de Madrid…

El Casino celebra este año el centenario de la inauguración de su sede, en la calle de Alcalá nº 15, aunque esta no fue su primera casa.

Sus fundadores, en 1836, como toda buena tertulia, comenzaron a reunirse en un café, el Café de Sólito, situado en la calle del Príncipe, en la esquina con la calle de la Visitación -hoy Manuel Fernández González- ahora ocupada por el Teatro Español. Los tertulianos alquilaron el primer piso del edificio, que ya no existe.

Como cada día eran más socios, se mudaron a otro local más amplio, en la misma calle del Príncipe, junto a otro teatro, el de la Comedia, por lo que durante un tiempo fue conocido como Casino del Príncipe. En un principio se pretendió que fuera un lugar modesto, pero un buen grupo de socios, con José de Salamanca a la cabeza, se opusieron y cambiaron todo el mobiliario. Aquí comenzó la primera época de esplendor y lujo del Casino. Los socios aumentaban, y llegaban los miembros más destacados de la política, del arte y de la sociedad madrileña en general.

Pocos años después, se establecieron en el Palacio del Marqués de Santiago, hoy desaparecido, en la Carrera de San Jerónimo. Allí, cómo no, también existía un café famoso por sus tertulias, el Café de la Iberia.

Posteriormente los casinistas se trasladaron a la calle de Sevilla esquina Alcalá, al edificio que actualmente alberga el BBVA, y en el cual entonces se encontraba el Café Suizo.

Después cruzaron la calle, instalándose en La Equitativa.


Poco a poco, fueron recorriendo el camino que les llevó desde la Plaza de Santa Ana hasta la calle de Alcalá donde en 1903 decidieron construir su propia sede.

Tras un concurso en el que participaron los mejores arquitectos de la época y que fue declarado desierto, la dirección de las obras fue adjudicada a José López Sallaberry, socio del Casino, aunque no pudo firmarlas debido a su condición de arquitecto municipal, cosa que hizo su cuñado el arquitecto Luis Esteve.

Sallaberry integró lo mejor de algunos de los proyectos presentados, que habían sido comprados, y la construcción se llevó a cabo utilizando los mejores materiales, igual que en su decoración interior, de forma que el resultado fue inmejorable, todo ello costeado por las aportaciones de los propios socios. El Patrimonio artístico del Casino es inmenso, tanto en lo que se refiere a su arquitectura, como a pintura, escultura o artes decorativas. El edificio fue declarado Monumento Bien de Interés Cultural en 1993.

La fachada de estilo ecléctico afrancesado, muy valorado en aquellos primeros años del siglo, llama la atención por su asimetría, con la puerta situada en un lateral en lugar de en el centro, con un torreón.

Cruzamos la puerta de hierro obra de Pascual González y la lujosa entrada que aparece ante nuestros ojos nos avisa de todas las maravillas que vamos a encontrar.

Subimos la escalera de mármol, y cuatro vaciados de esculturas clásicas, prestados por la vecina Academia de Bellas Artes, dan la bienvenida.

En la Planta Baja se encuentra el patio central, o Patio de Honor, cuya cúpula muestra las preciosas vidrieras de la Casa Maumejéan.

La espectacular Escalera de Honor, que ya conocemos, diseñada por Sallaberry y decorada con esculturas de Ángel García Díaz, que representan el mito de Eros y Psique.

En el centro del patio se encuentra una Ruleta de Caballos, única en España.

En esta planta se encuentran también el Salón Principal, hoy dedicado a sala de conferencias, en cuya entrada está situada el boceto que Benlliure realizó de la escultura de Emilio Castelar, situada en el Paseo de la Castellana. También están en esta planta los billares.

Subimos a la Planta Principal por la bella escalera y encontramos esculturas de Mateo Inurria, Miguel Blay y Mariano Benlliure. Aquí se sitúan el Salón de Baile, actual Salón Real, y el Salón Alcalá.

El Salón Real es un de los más bonitos, decorado con pinturas de grandes autores, como Manuel Benedito, Cecilio Pla, Julio Romero de Torres…

Conjuro (Alegoría de la Noche), Julio Romero de Torres.

En la Planta Conde de Malladas –presidente impulsor de la construcción del edificio-, entre otras estancias, se encuentra la Biblioteca gótica que también hemos tenido ocasión de visitar, realizada en hierro en los talleres de Casa Asins, procedente al menos una parte de la anterior sede del Casino en el piso principal de La Equitativa, cuyo espléndido edificio podemos contemplar desde la terraza del Casino de Madrid.

Y en esta mágica terraza finaliza nuestra visita.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

——

Fuente:

Casino de Madrid
Alcalá, 15

Quizá recordéis que a lo largo del año hemos hablado varias veces del viejo mojón de piedra de la antigua Vía Pecuaria que pasaba/pasa por la calle de Alcalá.

Primero, su desaparición, cuando comenzaron las obras en la plaza de la Independencia. Luego su vuelta, convertido en uno nuevo, reluciente y sospechosamente simétrico, a juego con el pavimento de granito recién instalado.

Por entonces, tras las dudas que surgieron en algunos de nuestros comentarios, me dirigí al Ayuntamiento de Madrid preguntando si se trataba del hito original o de una réplica.

Hoy he recibido la respuesta procedente de la Dirección General de Infraestructuras. Me informan de que “el mojón se retiró y se ha vuelto a instalar después de un proceso de restauración por parte de los canteros del Ayuntamiento de Madrid“.

Comparando el viejo mojón con el reinstalado cuesta trabajo creer que se trata del mismo, pero así es según el Ayuntamiento.

por Mercedes Gómez

Hace algún tiempo, M.Carmen, la autora del imprescindible blog TODO MADRID, nos recomendó una Panadería nueva, un lugar muy apetecible a juzgar por sus palabras. Su entrada provocó algunos comentarios, uno de ellos recordaba la curiosa proximidad del nuevo local con el lugar donde estuvo ubicado el antiguo Pósito de la Villa. Bonita historia, comenté yo, y M.Carmen “retó” a Arte en Madrid a contarla.

Ahí va, M.Carmen, espero que te guste, que os guste a todos :-)

Mercedes

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El trigo fue alimento básico en la dieta de los madrileños desde los tiempos más antiguos, sobre todo para los pobres, tiempos muy duros por la escasez, epidemias, etc. Por eso, desde muy pronto, su abastecimiento fue objeto de preocupación y vigilancia por parte del Concejo.

Ya en el antiguo Fuero de Madrid de 1202, primeras leyes escritas que regularon la vida madrileña, aparecía reflejada esta preocupación. Se intentaba proteger el suministro en el interior de la Villa multando a quien intentara sacar el grano y lo vendiera fuera de ella, debiendo pagar dos maravedises, … a menos que probara su inocencia con el testimonio de dos vecinos.

El Fuero también hacía referencia a que si se encontraba cualquier Panadera -el término en femenino hace pensar que en Madrid en el siglo XIII no había panaderos- vendiendo pan falto de peso debería pagar medio maravedí, siempre y cuando se tratara de más de tres panes.

Con el objetivo de poder controlar los precios y el suministro, se crearon las alhóndigas, lugar de compra y venta del grano.

Las alhóndigas, alholíes o pósitos –en origen con algunas diferencias, con el tiempo se fueron solapando sus funciones- eran graneros municipales, el lugar de almacenamiento del Pan, y también donde se regulaba su distribución y venta. Su objetivo principal era de tipo benéfico, vender el trigo a precios moderados, amasar el pan y venderlo lo más barato posible.

Sabemos por los Libros de Acuerdos, actas redactadas por los miembros del ayuntamiento madrileño, que a finales del siglo XV en Madrid había dos “casas de la harina” o alhóndigas –término de origen árabe-, una en la plazuela de San Salvador, y otra en la plaza del Arrabal, hoy Plaza Mayor. En la plaza del Arrabal se construyó la Casa de la Panadería, almacén de trigo y lugar de control de los precios, pero no era horno.

El primer Pósito propiedad de la Villa de Madrid se remonta a la época de los Reyes Católicos. Fue construido en los comienzos del siglo XVI en la Cava de San Francisco, en el número 14 de la actual Cava Baja. Con el número 27 aparece representada en el plano de Texeira la Alhóndiga o Casa del Alholí de la Villa, frente al Peso de la Harina, cuyo edificio después se convertiría en la primera Posada madrileña, actualmente el restaurante de la Posada de la Villa. La Alhóndiga se convertiría en otra Posada, la del Dragón.

Plano de Texeira 1656

Reinando Carlos II, en 1666 el Pósito se trasladó junto a la Puerta de Alcalá, en las afueras de la villa. Además del pósito o almacén para el grano se construyó un barrio completo, conocido como de Barrio de Villanueva, con 42 casas, con su horno, para 42 panaderos. Eran conocidos como los Hornos de la Villa, o de Villanueva. En su interior hubo incluso una Capilla, la de Nuestra Señora del Sagrario, o el “Oratorio de los Hornos de Villanueva” cuya puerta de entrada se encontraba frente al Retiro. También tenían su propia Fuente.

Según los cronistas del siglo XIX, en 1743 la Junta de Abastos eliminó los hornos de Villanueva, y con ánimo de proteger a los panaderos “les invitó a formar gremio”. La propia Junta se haría cargo de comprar el trigo necesario y almacenarlo, por lo que dos años después construyó un nuevo Pósito, gran edificio alrededor de un patio, que era descrito como edificio “vasto y suntuoso”.

El plano más detallado de todo el conjunto es el de Chalmandrier:

Pósito de la Villa (Chalmandrier, 1761)

Ocupaba la manzana 276, entre el Paseo de Recoletos, la entonces llamada calle del Pósito –la actual calle de Alcalá entre Cibeles y Plaza de la Independencia-, y el campo. Entre 1835 y 1871, este tramo de calle recibió el nombre de calle del Pósito.

Manzana 276 (Plano de Espinosa, 1769)

Unos años después, ya en época de Carlos III, en los terrenos entre el pósito o gran panera, y la Puerta de Alcalá se construyeron nuevas paneras.

En el siglo XIX hubo nuevas edificaciones. Una de ellas era utilizada como almacén de las herramientas de la Villa. Existían entonces cinco tahonas aunque solo tres funcionaban, y once hornos.

Detalle del grabado de A. Guesdon “Vista de Madrid”, 1854.

Cuando se creó la nueva Plaza de la Independencia, hacia 1869, llegó el momento de derribar el antiguo Pósito, que hacía años había perdido su carácter de granero municipal y había sido destinado a otros usos (cuartel, almacén del Teatro Príncipe…)

El Pósito en 1869 (foto de J.Suárez) (memoriademadrid)

Sobre sus terrenos, en la esquina con la plaza de la Independencia, actual nº 2, en 1883 se construyó un edificio de viviendas hoy ocupado por la Cámara de Comercio de Madrid.

Una placa colocada por el Ayuntamiento en 1991 recuerda que allí estuvo el Real Pósito de la Villa de Madrid.

Todos los edificios que se construyeron para configurar la Plaza de la Independencia debían reunir una serie de requisitos, como la forma circular de su fachada adaptada a la forma de la plaza alrededor de la histórica Puerta. Los terrenos situados al otro lado de la calle de Alcalá, actual nº 10 de la plaza, todavía pertenecían al Buen Retiro, y no fueron construidos hasta el año 1877.

En el siglo XX el pan continuaba siendo el alimento base de las familias modestas, pero curiosamente tras la guerra casi se convirtió en un artículo de lujo, sujeto al racionamiento, lo cual originó un mercado negro con precios tan altos que solo estaba al alcance de unos pocos.

Actualmente ni el trigo ni la venta de pan necesitan ser regulados ni racionados. Es un producto que continúa siendo habitual en los hogares españoles, aunque en la última década su consumo ha ido decreciendo. Por otra parte, aumenta el gusto por el buen pan elaborado artesanalmente.

El azar ha querido que muy cerca del antiguo Pósito, sobre los antiguos terrenos del Buen Retiro, hoy día se haya instalado una Panadería del siglo XXI que ofrece a los madrileños pan de varias clases, todas ellas de buena calidad.

Horno de la Panadería en el nº 10 de la plaza de la Independencia.

El nombre elegido para el local no puede ser más atinado: se llama Harina.

Esta moderna y sofisticada nueva Casa de la Harina, además de tienda es restaurante, y desde sus acogedoras mesas, mientras tomamos nuestro desayuno o comida ligera, observamos la Puerta de Alcalá -que ahora se refleja en los cristales-, como en otro tiempo lo hicieran los inquilinos y visitantes del Real Pósito de la Villa de Madrid.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

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