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Recordemos que finalizada la guerra de la Independencia, tras la ocupación francesa y la destrucción de edificios por parte del ejército inglés, los Jardines del Buen Retiro se encontraban en ruinas; Fernando VII promovió su recuperación. El rey mantuvo la apertura al público de casi todo el recinto pero destinó los terrenos situados en la esquina noreste para su uso personal. Encargó a su arquitecto Isidro González Velázquez la creación de sus Jardines Reservados cuyas obras se iniciaron en 1817. Además de la creación de los jardines se construyeron varios caprichos románticos, edificios de tipo recreativo reservados al disfrute de la familia real. La mayoría desaparecidos, se conservan algunos, uno de ellos es la Montaña Artificial que ya visitamos. Muy cerca, a sus pies, se construyó la Casita del Pescador. En las fotos más antiguas tras la casita aún se puede ver el templete que coronaba la Montaña, hoy desaparecido.

Foto Archivo Regional. Comunidad de Madrid.

La Casita del Pescador, situada en el centro de un pequeño estanque, es una construcción modesta, encantadora, cubierta con un chapitel de zinc tradicional de la arquitectura madrileña, rematada con un pomo o bola de metal. A principios del siglo XX estaba rodeada por una valla de madera.

Lacoste, 1903 (foto memoriademadrid)

Después de la guerra la valla fue sustituida por una verja de hierro.

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Construida como capricho, posteriormente ha tenido diversos usos, alternados con épocas de cierre e incluso de abandono. Entre los variopintos destinos que ha tenido la diminuta casita en 1904 el Ayuntamiento acordó cederla, junto a la Montaña Artificial, a la Real Sociedad Colombófila de Madrid para que instalara en ellas su estación central de palomas mensajeras.

O. Wunderlich, 1917-19. Foto IPCE.

A lo largo del tiempo ha sido restaurada en varias ocasiones. A finales de 1928 se anunció su reforma, así como la de la Montaña Artificial y la Casa del Rico y el Pobre, que aún no había sido derribada.

A. Passaporte, 1927-1936. Archivo Loty. IPCE.

En 1959, recién desaparecida esta última, se anunciaron novedades para el Retiro. La Casita fue restaurada, así como todo el entorno arbolado, y se proyectaba la instalación de una biblioteca con libros y revistas de jardinería en su interior.

Lo cierto es que pocos años después, en 1965, la Casita del Pescador debía estar en mal estado. Por esas fechas el arquitecto Carlos de Miguel envió una carta abierta al Concejal Delegado de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Madrid, publicada en la revista Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid, respecto a la necesaria restauración de esta pequeña construcción, que “por su emplazamiento, por el ambiente que la rodea y por su elegante arquitectura, constituye una auténtica pieza de arte”. Proponía una suscripción de particulares que él abría con la aportación de mil pesetas, una buena cantidad para la época. Confiaba en las aportaciones del vecindario madrileño.

Dos meses después la misma revista publicó que la iniciativa no había tenido éxito; si no se completaba devolverían la aportación a las pocas personas que habían respondido. Uno de los participantes había sido Manuel Herrero Palacios, entonces jefe de Parques y Jardines del Ayuntamiento.

Al cabo de un año el Consistorio se hizo cargo del asunto. El propio Herrero Palacios fue el autor del proyecto que pretendía salvar el edificio y convertirlo en Biblioteca infantil. Herrero pidió la realización de una colección de fotografías de las pinturas que adornaban la casita con el fin de que fueran fielmente reproducidas. Restaurada, en mayo de 1968, durante las fiestas de San Isidro con motivo de la Feria de la Flor y de la Planta, fue abierta al público.

No he conseguido saber si alguno de esos proyectos de biblioteca, de jardinería o infantil, llegó a ser realidad. En 1995 su destino fue el de dispensario para curar a los animales del parque que pudieran resultar heridos, inaugurado en mayo nuevamente. Ardillas, patos… atendidos por estudiantes de la Facultad de Veterinaria.

Una vez más, en 2003, muy deteriorada debido al maltrato de okupas y grafiteros, y al abandono, la Casita fue andamiada y sometida a un gran proceso de limpieza y restauración.

En 2005, totalmente recuperada, fue una de las sedes de una iniciativa magnífica, fue Oficina de información del Retiro, de sus actividades, historia, botánica, etc. Había una preciosa pequeña biblioteca a disposición de los visitantes, con libros, documentos, folletos… y la atención de personal especializado. Desgraciadamente pocos años después la cerraron.

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La Casita del Pescador consta de dos habitaciones, ambas de planta rectangular, una muy pequeña en el lado norte, y otra, la principal a la que se accede por la pasarela o puentecillo sobre el estanque. Manuel Herrero Palacios, en los planos que levantó en 1950, las denominó el gabinete y el salón.

Tanto en su interior como exterior la casita fue decorada con pinturas inspiradas en el estilo pompeyano –las que recordemos Herrero Palacios encargó fotografiar para ser reconstruidas fielmente– y hornacinas que en origen debieron alojar esculturas.

Las pinturas restauradas continúan adornando la preciosa casita.

En su interior, el techo y los muros muestran delicadas figuras.

Se utilizó el recurso del trampantojo, en sus molduras fingidas y en bonitos dibujos.

Felizmente la Casita del Pescador vuelve a tener uso, la mejor manera de conservarla y valorarla. Como escribió Carlos de Miguel, es una auténtica pieza de arte.

En la actualidad acoge el Centro de información sobre adopción de animales de compañía. La oficina abre los fines de semana, toda la información aquí.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

DURÁN, Consuelo. Jardines del Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2002.
Diario El País, 15 mayo 1995; 12 enero 2003. Hoja del Lunes 13 mayo 1968. Diario ABC 17 sept. 1966.
COAM. Revista Arquitectura nº 76 y 78 (1965)
CASTÁN, Fernando. “Hoy y el mañana del Retiro” Revista Villa de Madrid. nº 24. Madrid 1959.

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Finalizada la guerra de la Independencia, tras la ocupación francesa y la destrucción de edificios por parte del ejército inglés, los Jardines del Buen Retiro se encontraban en ruinas; Fernando VII promovió su recuperación. El rey mantuvo la apertura al público de casi todo el recinto pero destinó los terrenos situados en la esquina noreste para su uso personal. Encargó a su arquitecto Isidro González Velázquez la creación de sus Jardines Reservados cuyas obras se iniciaron en 1817, ahora se cumplen los doscientos años.

Además de la creación de los jardines se construyeron varios caprichos románticos, edificios de tipo recreativo reservados al disfrute de la familia real. La mayoría desaparecidos, se conservan algunos, uno de ellos es la Montaña Artificial o Montaña Rusa, así aparece mencionada en los planos del siglo XIX, quizá por los empinados caminos que la surcan. Otros nombres populares fueron el Tintero y la Escribanía, por la forma del templete. Después, en una época de abandono, fue conocida como la Montaña de los gatos.

Plano de Madrid (1866) (detalle)

La montaña está levantada sobre unas bóvedas de ladrillo y mampostería, de planta circular. En su interior se encontraba la noria que surtía el agua de la ría que la rodeaba y adornaba. La entrada en la base tenía aspecto de castillo como se aprecia en un grabado fechado antes de 1841 titulado Permiso de entrada a la casa reservada del rey, del grabador Blas Ametller según dibujo del pintor Fernando Brambila, que guarda el Museo de Historia de Madrid.

Casa Reservada de S.M. (anterior a 1841) Blas Ametller y Fernando Brambila (memoriademadrid.es)

En la cumbre se construyó un templete, desaparecido, que era utilizado como observatorio. Tenía tres torres, una central de planta octogonal flanqueada por otras dos más pequeñas cilíndricas unidas por una arquería.

El Museo Universal, 1858 (BNE)

En la actualidad se accede a la Montaña Artificial por la Puerta de O’Donnell, en la esquina de esta calle y la avenida de Menéndez Pelayo, abierta en 1968.

Una curiosidad, como ya vimos, es que la puerta de hierro procede del Palacio de Anglada, luego Palacio de Larios, que se encontraba en el Paseo de la Castellana, rescatada por el Ayuntamiento tras el derribo del edificio.

Lógicamente en origen los jardines estaban rodeados por una tapia que no permitía contemplarlos desde el exterior. La verja actual que da a la avenida Menéndez Pelayo fue instalada en 1974, una parte nueva y otra procedente de la que antiguamente separaba la Casa de Fieras del Paseo de Coches.

La montaña tiene una altura de unos 15 metros por 20 de ancho y 20 de fondo.

Del capricho que coronaba la montaña apenas queda nada. Solo un muro de piedra que rodea una construcción cilíndrica que tal vez servía de base al templete.

Reformada en 1986, su interior fue convertido en Sala de exposiciones. La entrada acastillada que se aprecia en los grabados fue convertida en una entrada con tres puertas de hierro y decorada con cerámica.

Los azulejos fueron realizados en 1989.

La sala está formada por unos corredores cubiertos por bóvedas de cañón que parten del punto central, al parecer cubierto por una bonita bóveda semiesférica de ladrillo.

Foto: C. Ariza “Jardines del Buen Retiro”, tomada de la web “El Retiro y yo” (elretiroyyo.com)

La Sala de Exposiciones fue cerrada hace años debido a los problemas que causaba la humedad. Aunque la ría y el estanque seguían existiendo, al menos en 2008.

La Montaña Artificial en 2008

Hace unos años, no recuerdo cuántos, volvieron las obras y la zona fue cerrada. Hoy día no tienen agua. Un cartel indica que la instalación está en proceso de rehabilitación.

La Montaña Artificial en 2017

Esperemos que algún día se solucionen los problemas, vuelva el agua a la ría, sus cascadas y por fin se pueda abrir la Sala de Exposiciones.

Junto a la Montaña se construyó la deliciosa Casita del Pescador, que también se conserva y que espero visitemos próximamente.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

DURÁN, Consuelo. Jardines del Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2002.
ARIZA, Carmen. Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2001.
ARIZA, Carmen. Los Jardines de Madrid en el siglo XIX, Ed. Avapiés, Madrid, 1988.
El País, 28 nov. 1986
ABC, 9 feb. 1974

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