You are currently browsing the tag archive for the ‘Delicias’ tag.

El edificio de la Antigua Compañía Telefónica Nacional de España en la Gran Vía fue uno de los primeros rascacielos que se construyeron y durante un tiempo fue el más alto de Madrid, de España e incluso de Europa. Proyectado en 1925, las obras finalizaron oficialmente el 1 de enero de 1930.

El Espacio Fundación Telefónica ha inaugurado una pequeña exposición pero gran homenaje al autor del emblemático edificio, Ignacio de Cárdenas, un arquitecto pionero.

cardenas en la obra

Varias pantallas con fotografías de esos años, colocadas entre las vigas de acero roblonado hoy a la vista, nos explican el desarrollo de la obra.

Telefonica vigas

La exposición recorre, a la vez que el proceso del proyecto y construcción del edificio, la vida del arquitecto. Conocemos así el origen de la edificación pero sobre todo quién era Ignacio de Cárdenas.

Ignacio de Cárdenas Pastor nació en Madrid el 22 de diciembre de 1898. Penúltimo de dieciséis hermanos, las fotografías de la numerosa familia nos lo muestran cuando era un bebé en brazos de una de sus hermanas.

(Foto archivo familiar, 1899)

(Foto Colección de la familia, 1899)

El joven creció en una época difícil. Mientras estudiaba en la Escuela de Arquitectura fue llamado a filas para luchar en la guerra que España mantenía contra Marruecos. Entre otros documentos expuestos en las vitrinas, vemos fotografías de su estancia en África.

En 1924, con su flamante título de arquitecto, fue contratado por la Telefónica, fundada ese mismo año, compañía a la que quedó vinculado profesionalmente hasta el fin de la guerra.

cardenas carnet empleado

Carnet de empleado (Colección de la familia).

Cárdenas fue durante los años 20 y 30 Jefe de la Sección de Edificios de la Telefónica, departamento que construyó otras cuarenta y dos centrales telefónicas en Madrid. Firmó diecisiete de ellas. La primera, proyectada en 1926, fue la Central de Delicias en la calle Batalla del Salado, con vuelta a las calles de Delicias y de Pedro Unanúe.

Calle Batalla del Salado, 5.

Calle Batalla del Salado, 5.

En el proyecto del edificio de la Gran Vía empezó como colaborador de Juan Moya, primer elegido para la creación de la sede madrileña, para acabar recibiendo el encargo definitivo.

Él lo diseñó, lo construyó y, según aprendemos aquí, lo cuidó durante toda su vida, perdiendo incluso la salud en su empeño. Durante la guerra vivió en él, resistiendo a los cañonazos lanzados sobre la Gran Vía, que llegó a ser conocida como la Avenida de los Obuses, y sobre la propia sede de la Compañía Telefónica. El edificio más alto servía de referencia a los ataques que llegaban desde la Casa de Campo.

telefonica gran via

El arquitecto fue señalando sobre los planos del edificio los impactos de la artillería nacional que rodeaba la ciudad; uno de ellos, el de la fachada principal, podemos verlo en una de las vitrinas. Cárdenas permaneció a pie de obra dirigiendo las reparaciones.

Es conocida la historia de los corresponsales de guerra alojados en el cercano Hotel Florida, en la plaza de Callao –obra de Antonio Palacios, derribada desgraciadamente en los años 60 del pasado siglo XX para construir unos grandes almacenes–, desde donde acudían a la Telefónica para enviar sus crónicas.

El arquitecto cayó enfermo de tuberculosis antes de que acabara la guerra; con su mujer y sus cuatro hijos se trasladó a la alta Saboya con el fin de curarse. Finalizada la contienda tuvo que permanecer en Francia unos años.

cardenas ficha empleado

Libro de personal del Dpto. de Ingeniería. Años 20-30

Volvió a España en 1944 aunque debido a su fidelidad al gobierno de la República había sido sancionado con inhabilitación perpetua para cargos públicos y durante cinco años para ejercer la profesión de forma privada. Aún así, él mismo escribió que no le faltó la suerte, tuvo “días de alegría. Otros de preocupación. Tuve gran suerte”. A su vuelta participó, con su sobrino Gonzalo, en la construcción del edificio Bancaya (1947) en la Avenida de América, conocido como edificio Iberia por su famoso anuncio.

Avenida de América, 2.

Avenida de América, 2.

Pero su carrera como arquitecto innovador quedó truncada en cierto modo.

Foto inferior, 1949. Foto sperior, 1975.

Foto inferior a la izq., año 1949. Foto superior, 1975.

Murió el 18 de agosto de 1979 en El Espinar, Segovia.

Aún hoy, en la época de los grandes rascacielos, cuando muchas construcciones lo han superado en altura, su gran obra, el Edificio Telefónica, destaca desde muchos lugares, su singular perfil aparece cuando menos se espera, tanto a pie de calle, mientras paseamos por Madrid, como cuando nos subimos a esas azoteas que tanto nos gustan.

Uno de los valiosos planos del Edificio Telefónica que se exponen nos muestra las indicaciones de los diferentes tipos de piedra empleados, el granito, la piedra caliza y la arenisca; la sólida piedra de su fachada que forma parte de la bella y mágica fisonomía de la Gran Vía madrileña.

gran via

Y su torre inconfundible, que desde entonces forma parte de la línea del cielo de Madrid.

telefonica torre

Por: Mercedes Gómez

——-

Más información, incluyendo un interesante video, en:
Ignacio de Cárdenas, un arquitecto pionero
Espacio Fundación Telefónica
Calle Fuencarral, 3

 

 

Anuncios

La calle Murcia nace en el Paseo de Santa María de la Cabeza, cruza el Paseo de las Delicias y muere en la calle de Méndez Álvaro, frente a la Estación de Atocha. Es una calle breve, situada en el vértice norte del barrio que surgió en el triángulo creado en el siglo XVIII sobre las Delicias, surcado por los paseos que iban desde la Puerta de Atocha hasta el Río.

Hacia 1900 aún eran escasas las construcciones, casi nulas en el segundo tramo. El barrio había comenzado a crecer hacía pocos años, alrededor de las estaciones de Delicias y Mediodía (actual Atocha).

Plano de F. Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

De aquellas primeras edificaciones no queda recuerdo.

Calle Murcia

Calle Murcia

Hoy es una de tantas calles arboladas y acogedoras de Madrid, secundaria y discreta, que quizá solo conocen bien los vecinos del barrio (oficialmente, barrio de Palos de Moguer), pero que como todas las calles aunque no sean famosas tiene su historia. El edificio más antiguo que se conserva precisamente en ese primer tramo, entonces aún un solar, es el nº 3, de 1909.

Calle Murcia, 3

Calle Murcia, 3

Hace diez años fue noticia por su estado ruinoso y falto de higiene. Actualmente la fachada centenaria se encuentra cubierta por una lona y las únicas ventanas que quedan a la vista están tapiadas, como en 2004. Enfrente un edificio de solo dos plantas, debe ser también de esa época.

Calle Murcia, 4

Calle Murcia, 6

En el nº 10 se encontraba el edificio de Transportes Fluiters, construido por Augusto Sanz Marcos entre 1927-1928 para guardamuebles, naves y oficinas de don Pedro Fluiters. Fue demolido en 1984, pero se conservó la fachada como ejemplo de construcción industrial.

Calle Murcia, 10

Calle Murcia, 10

Resulta un tanto extraña pues ha quedado aislada del moderno edificio de viviendas levantado tras ella, pero conserva algunos detalles del art-déco que la adornaba y es un testigo de los tiempos pasados en que la industria crecía en la zona.

Calle Murcia, 10 (detalle)

Calle Murcia, 10 (detalle)

En esta misma acera de los números pares, esquina al Paseo de las Delicias 26 (antiguo 28) el 12 de septiembre de 1959, tal como publicó la prensa de la época, se inauguró el Hotel Carlton, con “aire acondicionado, radio, cuartos de baño y teléfono en todas las habitaciones”, novedades propias de un local de primera categoría.

Hotel Carlton

Hotel Carlton

La fachada cóncava de la esquina fue decorada por el ceramista Santiago Padrós con un mosaico dedicado a las Ciudades españolas monumentales.

En la esquina contraria, donde ahora se encuentran las oficinas de una entidad bancaria, estaban las Bodegas Villa, cervecería muy frecuentada por los vecinos del barrio en los años 50-60.

Al otro lado del paseo, en el nº 14, esquina Paseo de las Delicias 19, un edificio de viviendas con sus rejas onduladas construido hacia 1930.

Calle Murcia, 14

Calle Murcia, 14

En la planta baja, en la esquina, había una tienda, entonces se llamaban de ultramarinos, la tienda de Peñalver, que algunos vecinos seguro recuerdan. Ahora hay una tienda de chinos.

Calle Murcia, 14 (1ª foto : COAM)

Calle Murcia, 14 (1ª foto : COAM)

Seguimos en la acera de los pares. En el nº 16, hay una casa sencilla y cuidada, con preciosos balcones de forja.

Calle Murcia, 16

Calle Murcia, 16

Enfrente estaba el Mercado Atocha, cuyo acceso principal estaba en el Pasaje Tortosa, un callejón sin salida que parte de la calle Tortosa; sin embargo entonces había una entrada por la calle Murcia. Tras una pérdida de clientela, desaparición de puestos y un grave deterioro, cerró definitivamente en 2006, siendo convertido en Escuela Municipal de Música.

Son muy bonitas las casas que se conservan anteriores a los años 70 del pasado siglo XX, en que muchas fueron derribadas.

Calle Murcia, 18

Calle Murcia, 18

A continuación, en el lugar del edificio moderno que hoy ocupa el solar del nº 20, había una Fábrica de Hielo, una de las que existían en Madrid (otra, recordemos, estaba en la calle de San Andrés). No sabemos en qué año exactamente sería derribada, pero en 1973 la prensa anunciaba los nuevos pisos y animaban a comprobar la calidad de su construcción.

En el nº 22 se hallan las viviendas para don Andrés Palomeque, proyecto de José María Rodríguez Gómez de 1930. En los impares, las viviendas del nº 17 muestra una sencilla y elegante decoración clásica, con dos pequeños torreones.

Calle Murcia, 17

Calle Murcia, 17

Y llegamos al final de la calle. Además de un mercado y la fábrica de hielo, otro servicio fundamental para el vecindario se instaló en la calle Murcia. En el nº 21 sigue en pie el Colegio Público Menéndez y Pelayo, una de las escuelas creadas por Antonio Flórez Urdapilleta, Jefe de la Oficina Técnica para Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública, como ya comentamos aquí.

Esta escuela, frente al racionalismo dominante en construcciones posteriores, dentro de su sencillez y búsqueda de la funcionalidad, aún muestra ciertos elementos historicistas, sobre todo en las portadas.

El Grupo Escolar inicialmente llamado de Méndez Álvaro fue uno de los seis cuyo proyecto fue aprobado y publicado en la Gaceta de Madrid en 1923, gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento y el Estado. En un principio los planos fueron obra del arquitecto municipal Pablo Aranda Sánchez, aunque fueron modificados por Flórez. El colegio fue construido entre los años 1923-1928. El edificio con su entrada principal en Méndez Álvaro 16, se asoma a la calle Rafael de Riego 1 y Murcia 21.

Calle Méndez Álvaro

Calle Méndez Álvaro, 16

Construido en ladrillo y con aleros de madera, sus fachadas son muy armónicas.

colegio torres

Fue reformado y ampliado por el propio Flórez y Bernardo Giner de los Ríos en 1932.

colegio caseta

Una segunda ampliación a cargo del arquitecto Joaquín Roldán tuvo lugar en 1970. Fue en 1932 cuando se construyó la caseta para servicios médicos y para el guarda en la esquina de Méndez Álvaro con la calle Murcia, donde finaliza nuestra calle y nuestro paseo por hoy.

Por : Mercedes Gómez

—–

Bibliografía:

Guía-Callejero de Madrid 1970.
ABC, 31 octubre 1973
ABC 2 marzo 2004, pág 41
ABC 6 junio 2006, pág, 40
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003
F.J. Rodríguez. Plan de construcciones escolares de 1922 para Madrid. El caso del Grupo Menéndez Pelayo”. III Foro Ibérico de Museísmo Pedagógico – V Jornadas Científicas. Murcia 2012.

Y sobre todo, los recuerdos de Fernando, antiguo vecino de la calle, a quien dedico el artículo y envío muchos besos.

 

 

El Paseo de las Delicias nace en la plaza del Emperador Carlos V, en el lugar donde estuvo la Puerta de Atocha, hasta el año 1851 en que fue derribada, y llega hasta la plaza de Legazpi. Su historia se remonta al siglo XVIII. Antes, en el siglo XVII, tras la puerta que en el plano de Pedro Texeira aparece con el nombre de Puerta de Vallecas únicamente existía un camino rodeado de sembrados.

En 1748, reinando Fernando VI, dentro de un amplio plan de reformas de la zona, se construyó una nueva Puerta. A la salida, extramuros, como continuación del Salón del Prado, se crearon unos hermosos paseos arbolados en dirección al Río Manzanares que recibieron el nombre de Las Delicias. El artista italiano Antonio Joli reflejó las novedades en uno de sus mágicos cuadros realizados durante su estancia en Madrid, la Vista de la Calle de Atocha. A la izquierda, tras la nueva puerta de la Cerca que rodeaba Madrid, Joli pintó el inicio de los paseos.

A. Joli, Vista de la calle de Atocha (h.1750). Casa de Alba.

La imagen más ilustrativa es otra bella pintura creada hacia 1785 por Francisco Bayeu, pintor de cámara, El paseo de las Delicias, un pequeño óleo sobre lienzo de 37×56 cm. que podemos contemplar en el Museo del Prado.

En la segunda planta al sur del edificio, se encuentran las salas dedicadas al siglo XVIII español, entre ellas la Sala de Bocetos y Pintura de Gabinete. Una de las obras expuestas es este boceto para un cartón de tapiz realizado para el cuarto de los Príncipes de Asturias del Palacio del Pardo.

Paseo de las Delicias, Francisco Bayeu (1785). Museo del Prado.

El Paseo de las Delicias se convertiría en uno de los más frecuentados de la ciudad. Su ambiente era más popular que el del Salón del Prado, que era visitado por los nobles y clases más altas, pero era igualmente lugar de alegre entretenimiento y relación social. En el cuadrito de Bayeu se puede apreciar muy bien cómo debía ser la vida allí y los personajes que lo animaban.

Según la descripción de Pascual Madoz, en el siglo XIX, a la salida de la puerta se veían dos malas fuentes (debían ser abrevaderos para el ganado), y tras un camino alargado se llegaba a una plazuela en la que había otras dos fuentes, de la cual partían tres caminos: el denominado paseo de las Delicias que llevaba al puente de Santa Isabel sobre el Canal del Manzanares, adornado con cuatro filas de árboles y dividido en tres calles, y el de Santa María de la Cabeza, de iguales características, que llevaba hasta el Embarcadero. Tanto uno como otro tenían de trecho en trecho sus plazuelas, algunas con bancos de piedra, y eran muy frecuentados por las personas que paseaban por conveniencia y sin otro objeto que respirar un aire libre. Finalmente, el último ramal que salía de dicha plazuela era la Ronda de la Cerca que rodeaba Madrid, que desde la Puerta de Atocha se dirigía a la Puerta de Toledo.

Cuando se creó el paseo de las Delicias de Isabel II, actual paseo de la Castellana, nuestro paseo recibió, para diferenciarlo, el nombre de Delicias del Río.

La construcción de la Estación de Delicias, proyectada en 1878, y la de Atocha pocos años después, en 1890, condicionaron la evolución del barrio. Por entonces ya habían comenzado a trazarse las calles hasta la línea que marcaba el paso del ferrocarril, que partía el barrio en dos (futura calle del Ferrocarril). En los comienzos del siglo XX la zona ya estaba urbanizada, desde Atocha hasta el Río. Al abrigo de la Estación de Delicias se instalaron varias fábricas y almacenes de tipo industrial. También surgieron nuevas formas de ocio, los cines, los bares… , el paseo continuaba siendo un lugar de esparcimiento y encuentro, como lo fuera en el siglo XVIII.

En los años 40 y 50 había varios cines de sesión continua a lo largo de la calle. Uno de ellos fue el Lusarreta, que con el tiempo se convertiría en el nuevo Teatro Cómico. En 1945 se inauguró el Pizarro, y al final de la década, el 6 de abril de 1958, se inauguró el Candilejas, en la plaza de Luca de Tena. Era un cine de los llamados de “reestreno” donde los vecinos podían ver las películas más recientes sin tener que acudir a las salas del centro. Desapareció, como tantos cines de barrio, pero aún perviven su recuerdo y los restos de la antigua entrada.

Por entonces, no es cosa de ahora, según leemos en la publicidad de la época, se puso de moda ver los partidos de fútbol en televisión en los bares por toda la ciudad, algunos de ellos en el Paseo de las Delicias, como por ejemplo en el entonces llamado Bar el 5, en el nº 5 del paseo.

Hoy día el paisaje es muy diferente, ya no existe una cerca ni puertas que cierren la ciudad, pero perviven huellas de la historia vivida.

Algunos de los edificios que jalonan el Paseo hoy día fueron construidos en los comienzos del siglo XX, como los primeros números, del 8 al 14, entre 1900 y 1910. En el nº 19, esquina a la calle Murcia, hay una bonita casa construida hacia 1925, con sus balcones de onduladas rejas.

Justo enfrente, en el número 28, el 12 de septiembre de 1959, fue inaugurado el Hotel Carlton, de 1ª categoría. Pocos pasos después, en el 27, se encuentra el callejón de entrada a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Angustias, que ya visitamos.

Entre las nuevas edificaciones de los años 40, en el nº 74-76 destaca un edificio de Secundino Zuazo y Vicente Eced.

En la plaza de Luca de Tena, como en las plazuelas dieciochescas, hay bancos y jardincillos, con árboles y arbustos, incluso un bonito madroño que el próximo otoño dará su fruto.

En 1970 se inauguró la nueva parroquia de las Delicias, actual nº 61. El barrio iba cambiando con los tiempos y de acuerdo a sus necesidades. A continuación pervive la verja de entrada a la antigua Estación de Delicias, donde en 1984 se instalaron el Museo del Ferrocarril y el Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica, este último quizá bastante desconocido. Ambos merecen una visita.

En el nº 67 se encuentra otro de los edificios más antiguos, el Colegio de Nuestra Señora de las Delicias, originalmente Instituto del Pilar para la Educación de la Mujer, para huérfanas hijas de Madrid, construido entre 1902 y 1913 junto al campo de fútbol de La Ferroviaria, según proyecto de Julio Martínez-Zapata, uno de los arquitectos para los que trabajó el escultor Ángel García Díaz, autor de algunas de las esculturas de la Capilla.

La fachada neomudejar parece haber sido restaurada recientemente y luce alegre.

El paseo es muy largo. Al final, en una de las antiguas plazoletas, hoy gran plaza de la Beata María Ana de Jesús, se cruza con la calle de Embajadores antes de continuar su camino hasta las proximidades del Río.

En el siglo XXI las tiendas tradicionales han ido desapareciendo, también las fábricas y los cines, incluso la Estación, pero hoy día el Paseo de las Delicias continúa siendo un paseo arbolado. Aunque ahora destinado a los automóviles, a ambos lados, sus aceras, con bancos de madera, siguen siendo lugar de encuentro del barrio.

Por Mercedes Gómez

Contacto

artedemadrid@gmail.com

Política de privacidad

Lee nuestra Política de Privacidad antes de introducir tu dirección de correo-e para recibir notificación de nuevas entradas

Contenido del blog

Los textos y fotografías publicados en este blog están a disposición de todos aquellos a quienes puedan interesar.
Pueden ser utilizados, citando su procedencia y a su autor.
No deben ser utilizados sin autorización en ninguna publicación con ánimo de lucro.

Contenido protegido por el Registro de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid.

© Mercedes Gómez

Archivos

Estadísticas del blog

  • 2,617,010 Visitas totales

Sígueme en Twitter

@ArteEnMadrid

Anuncios