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En la 4ª planta de Centro Centro en el Palacio de Cibeles podemos visitar la exposición Ciudad en Proceso, que forma parte del Ciclo Concentrador de arquitectura, ciudad y pensamiento, una serie dedicada a la arquitectura madrileña, la desaparecida, la existente y la futura.

Hace unos meses conocimos la Ciudad Emocional, la Ciudad Visible y la Ciudad Decisiva, que se recogen en la web concentrador.org, un ciclo expositivo sobre cómo ver, entender y pensar la ciudad y su arquitectura a través de diferentes formatos que la representan. Fotografías, mapas, planos y documentos.

Ahora, hasta el mes de septiembre, la Ciudad en Proceso presenta una reflexión sobre las prácticas de desarrollo actuales de espacios para la cultura que están teniendo lugar en este momento en Madrid. Una selección de proyectos tanto públicos como privados de un nuevo uso cultural de algunos edificios.

El CA2M de la Comunidad de Madrid; la Colección Solo en la plaza de la Independencia; el Espacio Mahou en el Palacio del Infantado; Grigri Pixel, espacio vecinal en Arganzuela…

Y el Museo del Palacio del Capricho, proyecto de obras de rehabilitación y museográfico en el antiguo palacio de la duquesa de Osuna en los Jardines de El Capricho para la ciudad de Madrid.

El futuro museo se creará en torno en la figura de la duquesa, una mujer avanzada para la época y preocupada por las artes y las ciencias, como ya contamos aquí en agosto de 2015 haciéndonos eco de la buena noticia, el proyecto del Ayuntamiento de convertir el Palacio de la duquesa de Osuna del Parque del Capricho en un museo.

Un museo dedicado a la figura de este personaje singular, una mujer culta, ilustrada, amante de la música, del teatro y mecenas del arte, doña María Josefa de Pimentel (1752-1834), condesa-duquesa de Benavente, casada con don Pedro Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna.

El Ayuntamiento de Madrid en mayo de 2016 convocó un concurso de ideas para la realización de dicho proyecto. En agosto se publicó que el ganador había sido el proyecto Entre-luces. Los arquitectos Patricia Fernández y José Ramón Gámez proponían un espacio de doble altura alrededor del cual se articularían el resto de las salas.

En esta pequeña exposición en Centro Centro un panel muestra el proyecto de ejecución y explica que el objetivo es intentar establecer un diálogo abierto con la Ilustración, un intercambio entre la cultura ilustrada y la cultura actual.

Se muestran los paneles del concurso. Los recorridos propuestos en el futuro museo no son secuenciales sino que toman muchas direcciones a través de una Caja de intercambios.

En esta caja de intercambios mediante proyecciones se verán las pinturas de Francisco de Goya que en su día adornaban el palacio.

En la planta baja, a su alrededor, se reconstruirá el Comedor de los mosaicos, que quedarán protegidos por unas losetas de vidrio. Otras estancias estarán dedicadas al teatro y a la música del siglo XVIII.

En la planta 1 se reconstruirán los gabinetes del duque y de la duquesa y se explicará cómo era la vida doméstica entonces en el palacio. Una biblioteca, con fondos de la Biblioteca Nacional, expondrá en papel y digitalizados libros pertenecientes a la duquesa.

Finalmente en la 2ª planta tres estancias explicarán la historia de los duques de Osuna, el significado de la mujer ilustrada y la invasión napoleónica.

En el panel se pueden ver también dos planos muy bonitos en los que se representa el Eje Alcalá – Alameda, el Madrid de 1875 comparado con el Madrid actual. Un eje que iba desde la Casa de los duques de Osuna en las Vistillas por la calle de Alcalá hasta el parque del Capricho en la Alameda de Osuna.

Esperamos que pronto tendremos el placer de disfrutar de un nuevo espacio cultural en Madrid, muy especial, el Museo del Palacio del Capricho.

Mercedes Gómez

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Centro Centro
Plaza de Cibeles, 1
4ª planta
Ciudad en Proceso

Más información:
Ayuntamiento de Madrid
COAM. Memoria y proyecto museográfico Palacio del Capricho. Entre-luces.

El General José Miaja, Jefe de las Fuerzas de Defensa de Madrid, el día 6 de enero de 1937 decidió ocupar la Alameda de Osuna e instalar en ella la brigada de carros de combate. Era un lugar perfecto por varios motivos, entre ellos su espeso arbolado, que servía de camuflaje natural, y su situación estratégica, fuera del frente pero cercana a Madrid y bien comunicada con la base de Alcalá de Henares.

Sin embargo los carros de combate solo estuvieron unos meses en la Alameda de Osuna. En la primavera de 1937 el Jefe del Estado Mayor del Ejército de Centro Vicente Rojo comunicó a Benito Crippa, Capitán Jefe de la Compañía Obrera, la orden de Miaja de realizar las obras necesarias para instalar en ella el Cuartel General del Ejército de Centro. El Jardín de El Capricho fue denominado desde entonces Posición Jaca.

El puesto de mando se ubicó en el Palacio de la Duquesa de Osuna, edificio principal de la Alameda. Existe una conocida imagen en la que el General Miaja aparece en la portada del diario ABC del día 7 de noviembre de ese año 37, en aquellos momentos diario republicano de izquierdas, junto a las columnas y verjas de entrada al Palacio.

Foto: Hemeroteca Dº ABC

Foto: Hemeroteca Dº ABC

Para la instalación del Cuartel General se llevaron a cabo una serie de obras que modificaron el jardín y su entorno. Se construyeron varios pabellones además de otras edificaciones varias. Benito Crippa proyectó y dirigió las obras, excepto las del Refugio antiaéreo subterráneo. Las obras del refugio fueron dirigidas por el Comandante Valero aunque el proyecto fue firmado por Gustavo Agudo.

Hoy, felizmente recuperado el Jardín, de todas las construcciones realizadas para el Cuartel las únicas que se conservan son las subterráneas: el Refugio antiaéreo, una Galería de escape que se creó bajo el Comedor del Palacio y el llamado Polvorín. Este último, aunque debió ser un refugio en origen, probablemente al no ser utilizado como tal se convirtió en un almacén y por eso se le conoce con ese nombre.

 

El Refugio antiaéreo

El Refugio antiaéreo, conocido como Búnker de El Capricho, fue realizado para que en el caso de que se produjera un bombardeo sobre el Cuartel –que nunca llegó a producirse–, pudiera servir de protección al personal que estaba acuartelado, aunque como hemos visto en realidad tenía su sede en el Palacio. De forma que el refugio como tal se cree que nunca llegó a ser utilizado. Estaba previsto que pudiera alojar unas doscientas personas.

Los planos conservados en el Archivo Militar de Ávila proporcionan muchos datos sobre este refugio, proyecto firmado el 5 de septiembre de 1937, tal como nos informa Mª Isabel Pérez Hernández. Era uno de los cincuenta y seis que entonces se estaban construyendo o proyectando en Madrid a cargo de la Sección de Refugios, de la Comandancia de Fortificaciones.

Dentro de la compleja organización del Ejército, existía una Unidad de vaciado de tierras, en el Estado de mediciones, por la que se sabe que fueron 442,324 metros cúbicos las tierras extraídas del subsuelo para la construcción del refugio, que se extendieron por el jardín, entre otras cosas por la dificultad de trasladarlas a otro lugar pero también porque se pensó servirían como mayor protección ante posibles bombardeos.

refugio 2005

El Refugio o Búnker de El Capricho, tras varios años de demanda y lucha por parte de los vecinos del barrio y de los madrileños en general, y varios intentos por parte del municipio, por fin acaba de abrir sus puertas al público. Se puede visitar, previa inscripción, los fines de semana.

refugio 2016

Su superficie, sin contar las escaleras, es de aproximadamente 330 metros cuadrados. Entramos por el acceso principal –uno de los cuatro existentes–, situado frente a la fachada norte del Palacio. Traspasada la puerta, bajamos dos tramos de escaleras de ladrillo, unos 15 metros.

refugio escaleras

Para llegar a un descansillo al que también va a parar la escalera de otra entrada paralela.

refugio bajada

Una puerta de hierro separa esta zona del pasillo central, abovedado, de unos 34 metros de longitud, con espacios separados por otras puertas metálicas estancas.

refugio puerta cierre

El pasillo tiene una altura de 2,50 m. y una anchura de unos 2 m. Las once estancias se dispusieron a ambos lados del pasillo en zigzag con el fin de evitar las consecuencias de las posibles explosiones.

(Plano expuesto en la entrada al Refugio)

(Plano expuesto en la entrada al Refugio)

La primera que encontramos a la izquierda es un cuarto en el que estaba el depósito y una bomba que regulaba el agua, que ya no existe.

deposito agua

La segunda es en la que estaban los aseos, con duchas y otros elementos sanitarios de los que se aprecian las huellas.

refugio duchas

Una segunda puerta de hierro separa esta zona del centro del refugio donde estaban la mayor parte de las dependencias.

refugio entrada

La mayoría estaban separadas por puertas con marcos de madera, muchos de los cuales se conservan. El suelo es de hormigón, cubierto por baldosas de varios tipos, algunas de gran calidad, formando dibujos, diferentes según las zonas.

refugio suelo y puerta

Y los muros están alicatados. Los azulejos son blancos, con unas molduras rojizas en una parte de los pasillos y estancias.

Algunas de ellas a su vez se comunican por un pasillo trasero de 1 m. de anchura, al que solo podemos asomarnos.

refugio pasillo trasero

Todos los cuartos tenían sus salidas de ventilación.

refugio ventilacion

En el cuarto de maquinaria se supone había un motor que facilitaba la ventilación de todo el refugio.

refugio sala maquinas

Sin duda, debido a sus importantes destinatarios, los militares del Cuartel General, la construcción fue muy cuidada, incluso en la medida de lo posible se tuvo en cuenta la estética, perceptible en los suelos y muros, algo totalmente impensable en los refugios construidos para la población civil, obviamente funcionales.

refugio pasillo

Tras la breve visita, de unos quince minutos, salimos nuevamente al exterior.

Junto a la entrada principal del Refugio hay una fuente, fin de uno de los cuatro viajes de agua que abastecían a la antigua posesión.

remate fuente

Curiosamente, una las galerías de este viaje discurre sobre el refugio, a unos 7 metros de profundidad. Por debajo, el refugio fue construido a unos 14 metros. Este hecho es el que según sus estudiosos prueba el hecho de que el refugio fue construido en mina, no desde el exterior.

 

Galería de escape

Se construyó también una galería de escape desde el Palacio, una salida rápida de seguridad al jardín para caso de necesidad, que igualmente sigue existiendo.

Tras la visita al Refugio continuamos paseando por el bellísimo jardín, que nos depara alguna sorpresa.

 

El Polvorín

Frente a la Casa de la Vieja llama nuestra atención una pequeña edificación cubierta por la vegetación que desde fuera parece una casa encantada.

polvorin

Lo que vemos a través de la mirilla, similar a las de las puertas del refugio, nos parece la galería de un viaje de agua… pero tampoco es eso…

Resulta ser el llamado Polvorín, edificación posterior pues fue realizada en los comienzos de 1938, en origen otro refugio subterráneo.

polvorin entrada

Seguramente fue construido debido a la gran extensión del jardín, entonces Cuartel. Algunas de las instalaciones estaban demasiado alejadas del refugio principal, así, ante un posible bombardeo se creó este más sencillo, más próximo a la entrada. Su construcción es similar aunque a menor escala, y en este caso sin ningún tipo de ornamentación.

Los pasillos son galerías con bóvedas de ladrillo, sin estancias secundarias, y sin revocos ni enfoscados.

polvorin boveda

Los muros, igualmente de ladrillo, sin alicatar.

polvorin muro

Según leemos en la bibliografía citada al final, únicamente existen bancos corridos en algunos de los tramos.

Estas imágenes del inicio de la bajada, aunque apenas nos permiten imaginar cómo serán los siete tramos de galería de este refugio, cada uno de entre tres-siete metros, nos recuerdan el Refugio de Cuatro Caminos excavado frente al antiguo Hospital de Jornaleros cuando este fue ocupado por las Milicias Populares y utilizado como hospital de sangre con el nombre de Sanatorio de Milicias Populares. Acaso otro de esos cincuenta y seis proyectados por la Sección de Refugios.

banco

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

CASTELLLANO, Ricardo. “El Parque de El Capricho en la Alameda de Osuna: de jardín romántico a Cuartel General.” Revista Madrid Histórico, nº 6, Madrid 2006, pp. 30-36
PÉREZ HERNÁNDEZ, Mª Isabel. “El jardín histórico El Capricho de la Alameda de Osuna en la Guerra Civil española”. Revista Frente de Madrid, nº 27. Gefrema, Madrid, julio 2015, pp. 5-30.
MORCILLO LÓPEZ, Antonio. Artículos en el número monográfico “La Guerra Civil en la Alameda de Osuna. Los Refugios Subterráneos”. Revista Frente de Madrid, nº 27. Gefrema, Madrid, julio 2015, pp. 31-41

Visitas Guiadas Búnker El Capricho. Información y reservas.

Hace unos días hemos conocido una noticia muy estimulante, el proyecto del Ayuntamiento de convertir el Palacio de la duquesa de Osuna del Parque del Capricho en un museo. Un museo dedicado a la figura de este personaje singular, una mujer culta, ilustrada, amante de la música, del teatro y mecenas del arte, doña María Josefa de Pimentel (1752-1834), condesa-duquesa de Benavente, casada con don Pedro Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna. Un museo de la historia del Jardín y su época.

La Duquesa quiso tener una villa de recreo, su “capricho”, como ella misma lo llamó. Buscó y encontró en las afueras de Madrid, en Canillejas, una antigua casa de campo que había sido propiedad del conde de Barajas, que en 1783 los duques de Osuna compraron a los condes de Priego.

El Jardín se encuentra en el actual barrio de la Alameda de Osuna en el distrito de Barajas. Declarado Jardín Histórico en 1934, propiedad municipal desde 1974, fue restaurado y hoy es uno de los lugares más bonitos de Madrid, ejemplo de Jardín Romántico Clásico. Reabrió sus puertas en junio del año 2000.

entrada Capricho

El palacio fue construido sobre una casa existente. Desde 1784 a 1788 se sucedieron las reformas, a cargo del arquitecto Manuel Machuca, que añadió dos torres a la construcción primitiva. En 1793 se hizo cargo Mateo Medina, quien añadió otros dos torreones llamados del Duque y de la Duquesa; los otros se destinaron a los hijos, las habitaciones de los señoritos. La casa, de planta casi cuadrada, quedó delimitada por cuatro torres aterrazadas y adornadas con jarrones, actualmente cubiertas.

Google Maps (2015)

Google Maps (2015)

La construcción terminó en 1798, la única fachada modificada años después fue la que da al jardín. En ella se construyó un peristilo con ocho columnas y una escalera de cantería con dos ramales.

Desde Valencia llegaron los suelos y elementos decorativos. Más adelante, Ángel María Tadey realizó decoraciones pictóricas.

El interior está completamente transformado, casi todos los elementos originales han desaparecido, pero los documentos han permitido conocer cómo pudo ser, información muy valiosa de cara a una posible recreación.

Un inventario de los muebles y alhajas existentes en la casa-palacio en 1795 revela cómo era el Cuarto principal o Pieza de comer, con sus mesas finas de nogal y cortinas de China, el Cuarto de señoritas con sus cortinas de tafetán encarnadas, blancas con cenefas achinadas en el Gabinete; la Ante alcoba de mi señora, y su Alcoba con cama imperial charolada color de porcelana. En el Gabinete de mi señora entre otras cosas había una escribanía de plata…

En la planta noble se encontraban las estancias de la duquesa, las más lujosas. En una de las torres que da al jardín se encontraba su Gabinete redondo, una de las joyas del palacio.

Foto Catálogo Jardines clásicos madrileños, Ayunt. de Madrid 1981

Foto Catálogo Museo Municipal “Jardines clásicos madrileños” 1981.

Allí se colocaron los cuadros comprados a Goya en 1799, siete pinturas entre las que se encontraban La pradera de San Isidro y cuatro pinturas de las Estaciones del año.

Goya, La pradera de San Isidro (1788) (Museo del Prado)

Goya, La pradera de San Isidro (1788) (Museo del Prado)

En dicha planta estaban también las habitaciones del duque y la biblioteca, entre otras. En la planta alta estaban las habitaciones de los criados.

Al parecer en los techos y muros de los torreones aún se conservan pinturas, quizá algunas de las que realizó Tadey en 1797, al menos así era en los comienzos de los años 80 del pasado siglo XX, cuando se publicó el Catálogo de la exposición Jardines clásicos madrileños y Pedro Navascués publicó su trabajo, citado aquí al final.

El suelo del Comedor era de azulejos representando la batalla de Issos, que al parecer también se conserva.

Foto Diario ABC (2012)

Foto Diario ABC (2012)

Aunque según Ezquerra del Bayo, que publicó el inventario en 1926, todo era muy sencillo, destinado a pasar cortas temporadas de verano, guardando los duques el mobiliario y objetos de lujo para su residencia habitual, que entonces era el Palacio de la Puerta de la Vega, conocido como Palacio de Benavente –construido por cierto sobre la muralla árabe que apareció al derribarse el edificio en 1970–.

Desde los comienzos del siglo XIX el palacio y sus jardines sufrieron muchos avatares. Durante la ocupación francesa la posesión fue incautada hasta 1812 y el edificio sufrió graves daños, además de desaparecer muchos objetos y muebles. Antonio López Aguado, en aquellos momentos Arquitecto Mayor de Madrid, fue el encargado de su restauración.

Después de la muerte de la Duquesa en 1834 se acometieron más reformas, a cargo de Martín López Aguado hijo del anterior arquitecto. Fue entonces cuando los torreones se cubrieron con tejados.

Charles Clifford, 1856 (BNE)

Charles Clifford, 1856 (BNE)

En 1900 pasó a ser propiedad de la familia Bauer y el palacio sufrió más transformaciones, incluido un nuevo piso en la fachada norte y nueva distribución de algunas estancias.

Como dijimos, en 1934 fue declarado Jardín Histórico pero la guerra volvió a provocar desperfectos. En 1937 se instaló en su interior el Cuartel General de la Defensa de Madrid, centro de mando del Ejército Republicano, a las órdenes del General Miaja. Y el edificio sufrió nuevas transformaciones, de esa época es al parecer un muro que separa el Comedor de gala de la pieza del Café.

Pero las desventuras del pobre palacio no acabaron aquí. Arruinados los Bauer, en 1946 fue vendido a una Inmobiliaria para ser convertido en Hotel. Entonces se perdió toda la distribución interior pues se dividió con el fin de obtener el mayor número de habitaciones posible. Aunque felizmente el proyecto no llegó a hacerse realidad.

Cuando lo compró el Ayuntamiento el estado del Jardín y del Palacio era lamentable. En 1978 se restauró la fachada y comenzó la restauración del Jardín que fue inaugurado en el verano del año 2000.

Palacio de Osuna (agosto 2005)

Palacio de Osuna (agosto 2005)

Las reformas han continuado; en 2009 se restauró la casa, reparándose grietas y humedades de la cubierta, fachadas, en las que se cambió el color del revoco, y forjados. A pesar de haber existido algunos proyectos ninguno se puso en marcha y lleva cerrado muchos años.

Palacio de Osuna (agosto 2015)

Palacio de Osuna (agosto 2015)

Ahora, como decíamos al principio, existe la idea de convertirlo en museo. La alcaldesa de Madrid Manuela Carmena se ha reunido con Miguel Zugaza, el director del Museo del Prado, con la intención de que se cedan cuadros y quizá mobiliario para el futuro museo. La idea es convertir el Palacete en un lugar de divulgación de su historia. Bienvenido sea.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

EZQUERRA DEL BAYO, Joaquín. “La Alameda de Osuna”. Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, nº IX, Ayuntamiento de Madrid, enero 1926.

Catálogo de la Exposición del Antiguo Madrid. Ayuntamiento de Madrid 1926, pp. 56-66.

NAVASCUÉS, Pedro. “El Capricho (Alameda de Osuna)”, Catálogo exposición Jardines clásicos madrileños, Museo Municipal, Madrid 1981, pp. 133-150.

AÑÓN, Carmen. “El Capricho” de la Alameda de Osuna. Ed. Doce Calles. Fund. Cajamadrid. Madrid 2001.

Diario El País 11.5.1999, 13.4.2009; Diario ABC 28.9.2012; Diario El Mundo 7.8.2015

 

El artículo de hoy está dedicado a Doña Umé, amable lectora de este blog. Ella es la dueña de la idea, y quien nos contó los detalles que han permitido escribirlo. Si recordáis, el día que hablamos de la Chimenea de la Fábrica de Vidrios, y de alguna otra, todas ellas recuerdos de antiguas fábricas madrileñas, nos dio la pista: en los comienzos de la antigua carretera de Vicálvaro, actual avenida de Canillejas a Vicálvaro, existe una muy bonita, ubicada en unos terrenos con historia.

Una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561, la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en el antiguo Camino de Alcalá, en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-, sobre unos terrenos escarpados y surcados por arroyos.

En los comienzos del siglo XX, el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces, en el margen izquierdo de la vía, aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran quinta hoy llamada de Torre Arias, como se aprecia en el plano de Facundo Cañada, con el nombre de Quinta de Canillejas.

Detalle plano de F. Cañada (h. 1900)

En el margen derecho, frente a esta posesión, nacía la mencionada Carretera de Vicálvaro que atravesaba unas tierras aún sin edificar, en su mayoría huertas y tierras de labor.

La actualmente llamada Quinta de Torre Arias, cuyo origen se remonta al siglo XVI, creada por los condes de Aguilar, sorprendentemente pervive en toda su extensión y mantiene el uso residencial.

(Bing Maps) 2011

A lo largo de más de cuatro siglos ha tenido diversos propietarios, hasta llegar a la actual dueña, la marquesa de Torre Arias, que al parecer continúa habitándola.

Tapia de la Quinta de Torre Arias

La marquesa fue, quizá sigue siendo, la dueña de otros terrenos en los alrededores, entre ellos los que se encuentran frente a la Quinta, al otro lado de la calle de Alcalá. Se trata de aquellas tierras de labor, que en el siglo XX se transformaron en zona industrial.

Carretera de Vicálvaro frente a la Quinta de Torre Arias

Sobre uno de los solares, actual nº 6 de la Avenida de Canillejas a Vicálvaro, existió una fábrica de ladrillos con su clásica chimenea en ladrillo cocido, que hacia el año 1970, o quizá algo después, según me cuenta un vecino del barrio, se convirtió en una fábrica de quesos, la Central Quesera (era famoso el queso Carvel).

Fue derribada en los años 80, incluido el muro que la rodeaba, salvándose únicamente la chimenea, de foma poligonal.

El lugar, un descampado entre viviendas y modernas oficinas, se convirtió en algo parecido a un basurero. El pasado año la concejala del distrito de San Blas informó de que la Junta Municipal había acometido “por ejecución subsidiaria” la limpieza y cerramiento de la parcela, una vieja demanda de los vecinos. El coste, que ascendió a 57.000 euros, afirmó sería reclamado a la propiedad. Ignoro si esta propietaria es la marquesa de Torre Arias, o el solar pertenece a alguna empresa.

Solar de la antigua fábrica en 2010 (Foto : Gacetas Locales)

Nos contaba Doña Umé algo muy bonito, que la parte superior de la chimenea parece un encaje de ladrillos, y así es.

Otra curiosidad es que, durante la Guerra Civil, el comandante en jefe de las tropas defensoras de Madrid, el general José Miaja, vivió en una casita situada junto al solar de la fábrica.

Y no debería extrañarnos, teniendo en cuenta que el militar tenía su despacho en el cercano parque de El Capricho, en la que fuera finca de los duques de Osuna, donde a 15 metros de profundidad se encontraba el centro de mando del Ejército Republicano. Hace unos años fueron descubiertos mil quinientos metros cuadrados de túneles abovedados con zócalos de cerámica en sus muros y sólidas puertas de madera dotadas de seguros cerrojos, construidos cerca de uno de los Viajes de Agua que atraviesan el histórico Jardín. Bajo el despacho, instalado en el palacio de Osuna, otro laberíntico túnel le llevaría hacia algún lugar.

La zona ha cambiado mucho, desaparecieron los arroyos y las tierras de labor, pero allí sigue la gran Quinta de Torre Arias, y junto a su tapia hoy día existe un magnífico jardín público. Las antiguas fábricas se transformaron en modernas industrias y oficinas… pero allí continúa la bonita chimenea.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Gacetas Locales, 25 marzo 2010.
Asociación de Vecinos de Canillejas
El País


trampantojo.
(De trampa ante ojo).
1. m. coloq. Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.
(Real Academia Española)

Es más conocida la expresión francesa “trompe l’oeil”, engañar al ojo, aunque ahora comienza a utilizarse la palabra española, trampantojo, trampa a los ojos.

El trampantojo es una técnica pictórica que simula, que aparenta, que intenta suplir la realidad. Los trampantojos pretenden engañar, esta es su principal característica, no debemos confundirlo con la pura imitación o el realismo. Simulan objetos, perspectivas, paisajes, o materiales (madera, mármol…) con el objetivo de ocultar defectos, decorar, ampliar o simplemente alegrar una pared, una estancia, o una medianería. Puertas falsas, o que imitan madera, ventanas sin fondo, celosías dibujadas, personajes inmóviles,… escaleras que no llevan a ninguna parte… Los pintores utilizan la perspectiva para engañarnos y darnos sensación de realidad. Como en el edificio de la Plaza de los Carros donde los balcones falsos se confunden con los verdaderos.

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Plaza de los Carros

Se trata de un recurso muy antiguo, ya los griegos y romanos lo utilizaron; en el Renacimiento dio profundidad a los techos y a las paredes de iglesias, palacios, etc., pero sin duda fue el Barroco su época de mayor brillo. Durante el siglo XVII fue habitual su uso tanto en la pintura, sobre todo en el bodegón, como en las bóvedas, techos y muros de edificios.

Desde el pasado 24 de octubre 2006 al 7 de enero 07, tuvimos ocasión de poder visitar una exposición en el Museo del Prado sobre Bodegones españoles con un título muy significativo, “Lo fingido verdadero“, tomado de una obra de Lope de Vega. El “Cesto con melocotones y ciruelas” de Pedro de Camprobín es un magnífico ejemplo del bodegón barroco español que recurre al trampantojo, al efecto de engaño visual, la fruta parece que se sale del cuadro, que quiere salirse del marco:

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La cortina fue otro de los primeros recursos utilizados, también las barandillas; las figuras que se asoman son algo habitual en la pintura del XVII. Otro tema del trampantojo es fingir las figuras dentro de un marco. Un ejemplo, aunque no se encuentra en Madrid, sino en la National Gallery de Londres, es el Autorretrato de Murillo (1670).

Velázquez, durante su segundo viaje a Italia (noviembre 1648 – junio 1651), con el fin de completar la decoración del Alcázar, contactó con los mejores especialistas italianos en pintura al fresco, y así fue cómo se fraguó el viaje a Madrid de Agostino Mitelli y Michele Angelo Colonna para trabajar al servicio de Felipe IV. Mitelli y Colonna realizaron varias obras para el Alcázar, lamentablemente perdidas. Tres frescos decoraron los techos de las habitaciones cercanas al “cuarto bajo” , la bóveda central del Salón de los Espejos y una Galería en los Jardines de la Reina. Estos artistas, los más prestigiosos en Italia, llegaron a Madrid en 1658 y se alojaron en la Casa del Tesoro. Ejercieron una gran influencia sobre los pintores del barroco madrileño, introduciendo las técnicas de las perspectivas fingidas para bóvedas y muros, que ellos dominaban, y que imitaban espacios arquitectónicos. Pintores de la escuela madrileña, como Ricci o Carreño de Miranda.

Palomino, cronista en el siglo XVIII, explica muy bien cómo funcionaba este juego ilusionista:

“En esta galería pintó Mitelli todas las paredes, enlazando algo la arquitectura verdadera con la fingida, con tal perspectiva, arte y gracia, que engañaba la vista, siendo necesario valerse del tacto para persuadirse que era pintado. De mano de Colonna fueron las figuras fingidas, y los festones de las hojas, y de frutas, y otras cosas movibles, y un muchacho negrillo que bajaba por una escalera, que éste se fingió natural, una pequeña ventana verdadera, que se introdujo en el cuerpo de la arquitectura fingida; y es de considerar que, dudando los que miraban esta perspectiva, que fuese fingida esta ventana (que no lo era), dudaban que fuese verdadera, causando esta equivocación la mucha propiedad de los demás objetos, que eran fingidos”.

Como en la plaza del Comandante de las Morenas, en el edificio que desde el número 1 se asoma a la Calle Mayor y en cuya medianería los verdaderos ventanucos se mezclan con las falsas ventanas

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Plaza del Comandante de las Morenas

El barroco madrileño nos ofrece varias muestras perfectas de esta técnica pictórica.

En el Monasterio de las Descalzas Reales hay maravillosos ejemplos: La escalera principal del palacio, del siglo XVI, es realmente espectacular. Los murales sin embargo son la mayoría del siglo XVII, obra de pintores de la Escuela Madrileña. Claustros y jardines con estatuas provocan la ilusión óptica de que la escalera se prolonga más allá de la realidad. Puro trampantojo. En la Sala Capitular también las paredes están completamente cubiertas de obras pictóricas. Pinturas murales y catorce lienzos clavados en la pared simulando frescos enmarcados por arquitectura fingidas. La culminación del trampantojo es la “Capilla del Milagro” , aunque se encuentra en la clausura y no forma parte de la visita.

Toda la capilla está decorada de forma ilusionista al trampantojo. Hasta la puerta de entrada pretende engañar, es de madera pero simula una reja de bronce dorado. Las dos estancias, la antecapilla y la capilla propiamente dicha están decoradas con maravillosas pinturas de arquitecturas fingidas y falsas esculturas.

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La Capilla del Milagro, Monasterio de las Descalzas Reales
(en BONET CORREA, “Iglesias madrileñas del siglo XVII“)

La Bóveda de la iglesia de San Antonio de los Alemanes “San Antonio de Padua en gloria” (1665-1668), de Juan Carreño, es otro magnífico ejemplo, una obra maestra. Juan Carreño de Miranda (1614-1685), fue Pintor del Rey en 1669 y Pintor de Cámara en 1671. Contemporáneo de Francisco Ricci, ambos trabajaron en las decoraciones al fresco y al temple de San Antonio de los Alemanes, y ambos trabajaron juntos también en otras obras perdidas, como las de la iglesia de Atocha, o en el Alcázar, donde lo hicieron a las órdenes de Mitelli y Colonna. Mateo Cerezo, J. Martín Cabezalero, F. Ignacio Ruiz de la Iglesia, Jiménez Donoso y Claudio Coello fueron otros pintores de la escuela madrileña, discípulos de Carreño.

La cúpula de la Iglesia del Sacramento (1690-1744, reconstruida en los años 40 del siglo XX), en la calle del mismo nombre, y actualmente Iglesia Arzobispal de la Fuerzas Armadas, está decorada también con fantásticos trampantojos.

En la Capilla de la Iglesia de la Venerable Orden Tercera (1679-1686), junto a San Francisco el Grande, el techo de la Sacristía, obra de Teodoro Ardemans, representa personajes asomados a una barandilla una vez más, y arriba el cielo y el “arrebato de San Francisco”. Durante la visita a esta iglesia la guía comenta que quizá Goya pudo inspirarse en esta obra para realizar sus frescos de San Antonio de la Florida.

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Sacristía de la Capilla de la VOT, obra de Teodoro Ardemans

Sobre la escalera del Hospital de dicha V.O.T., el techo también es obra de Ardemans, y en su capilla abundan los falsos mármoles y dorados.

El interior de la ermita de San Antonio de la Florida, edificio construido entre 1792 y 1798 según diseño de Felipe Fontana, presenta una impresionante decoración al fresco realizada por Francisco de Goya. En la cúpula, alrededor de una barandilla fingida y con un fondo de paisaje, una multitud de personajes del pueblo asisten al milagro de San Antonio, que resucita a un hombre asesinado para que testifique la inocencia de su padre, acusado del crimen.

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San Antonio de la Florida (en “Guía de San Antonio de la Florida”)

Pero no todos los trampantojos se encuentran en las iglesias o conventos. En los jardines de El Capricho, hay un pequeño embarcadero junto a la desembocadura de la ría, conocido como la Casa de Cañas, por estar revestido de dicho material; el edificio incluía un pequeño pabellón de reposo que servía como comedor ocasional. El autor es Ángel María Tadey, pintor, decorador, escenógrafo y tramoyista milanés, que entre 1792 y 1795 construyó una serie de edificios para disfrute de los visitantes.

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Casa de Cañas, Jardines de El Capricho

Tanto el interior del embarcadero como el salón están decorados con pinturas murales que simulan falsa arquitectura, con la técnica pictórica del trampantojo que sirve para que el espectador que está dentro de los edificios pueda contemplar un paisaje dibujado a través de huecos también pintados. En el embarcadero unos falsos cortinajes simulan el interior de una tienda de campaña, y en el comedor unas finas columnas sostienen un toldo. A través de los huecos pintados en los muros el espectador contempla un paisaje inexistente a la vez que contempla la realidad por las ventanas auténticas. Al igual que el edificio, los murales fueron restaurados entre 1999 y 2001.

Otro edificio es la Ermita o Casa del ermitaño. Tadey quiso darle un aspecto de ruina y envejecimiento para lo cual pintó el exterior resquebrajado utilizando la misma técnica, al reproducir en los muros exteriores e interiores falsas grietas, ventanas inexistentes y mobiliario fingido. Restaurada en 2001, eliminando la capa de enlucido que escondía los trampantojos, consiguiendo también en el interior una iglesia también en ruinas, con falsas esculturas, etc.

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Ermita, Jardines de El Capricho

Pero volvamos al siglo XVII, época en la que además del fresco ilusionista fue habitual la construcción de elementos de Arquitectura fingida. Se trataba de arquitecturas construidas a propósito para los festejos espectaculares, como las entradas de nuevas reinas, etc. Normalmente, la arquitectura para dichos festejos de la Corte del Barroco eran efímeras, construidas especialmente para la ocasión, por lo que raramente se utilizaba la piedra, sino la madera, pasta de papel o la tela, materiales con los que se construían fachadas, arcos, obeliscos, castillos, montañas, galerías, perspectivas fingidas… Al final de las celebraciones los materiales se subastaban y eran reutilizados, sobre todo la madera. En su construcción participan todos, arquitectos que diseñaban, pintores que decoraban, escultores, maestros de obras, carpinteros, sastres, “maestros de apariencias” en definitiva.

Un ejemplo: en 1680, se construyó la Galería o Calle de los Reinos, arquitectura fingida levantada para decorar el recorrido de la entrada en Madrid de María Luisa de Orleans, futura esposa de Carlos II, a la salida del Real Sitio del Buen Retiro, en el paso que comunicaba el palacio con el Prado de San Jerónimo. Su traza fue obra de Claudio Coello y José Jiménez Donoso.

Hoy día cada vez más ciudades en el mundo lo utilizan para decorar sus calles, y no únicamente las paredes, sino también el suelo. Es famoso Julian Beever que ha trabajado en varios lugares del mundo (Reino Unido, Francia, EEUU, etc.) y llegó a Madrid en julio del pasado año 2007 para mostrarnos su habilidad. Podríamos decir que se trata de un recurso artístico muy distinto a los graffiti, ya que únicamente busca decorar, alegrar, mejorar, de una forma constructiva, cosa que no siempre ocurre en el otro caso.

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Graffiti en la Calle del Doctor Esquerdo, 33

A sí mismos, los grafiteros se llaman “escritores”, incluso son valorados en ciertos círculos artísticos convencionales. El año 2006 hubo una exposición de grafitis en Leganés, el “Museo del Graffiti” al aire libre. Y aunque en teoría el graffiti también tiene una dimensión creativa, y de ellos podemos encontrar muestras en Madrid, la realidad es que en muchos casos tiene un componente de egocentrismo, y en la mayoría de ellos supone un problema para las ciudades. A veces no parece claro el límite entre el presunto arte de algunas acciones y la simple falta de civismo por parte de los autores de la mayoría de pintadas sobre monumentos, mobiliario urbano, etc. Madrid gasta cerca de seis millones de euros al año en la limpieza de los muros, estatuas, etc. Muchos de los mejores trampantojos madrileños están manchados por los graffitis, como el de la calle de la Montera

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Calle de la Montera nº 22

Aunque hay otros casos muy interesantes como el de “el Tono”, antiguo grafitero en París y actualmente “pintor de puertas” en Madrid. Uno de los muros de la Fundación Elorz, en la calle Conde Peñalver, que fue antigua cárcel en la que estuvo Miguel Hernández, hoy Residencia con un bonito jardín, muestra una de sus “obras”.

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Calle Juan Bravo, 50

Gran parte de los murales y trampantojos que decoran Madrid hoy día datan de los años 80 del pasado siglo XX. Como los de Puerta Cerrada, obra de Alberto Corazón, realizados en 1983. Uno de ellos, el “Gallo carnicero”, que nos observaba desde la medianería del nº 3 de la plaza, junto al enorme río de frutas y verduras que adornan el muro vecino, desapareció en 1995, al producirse una reforma en el edificio. Sí pervive el falso paisaje del edificio contiguo, así como también enfrente, la celosía de madera con falsas enredaderas junto al pedernal que nos recuerda que Madrid fue sobre agua edificada y que sus muros son de fuego, antigua leyenda.

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Puerta Cerrada

Alberto Pirongelli es el autor de varios de los trampantojos más conseguidos, como el que podemos contemplar subiendo por la cuesta de la Carrera de San Francisco, a espaldas de la iglesia de San Andrés. Resulta difícil diferenciar la falsa fachada de la verdadera.

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Carrera de San Francisco

Este pintor y extraordinario muralista es autor también del de la plaza de los Carros, de la calle San Bernardo y de la calle de la Montera.

Otros trampantojos, muy cerca, en la calle Segovia o en la Costanilla de San Andrés muestran un recurso bastante habitual, los falsos sillares dibujados en las paredes de los edificios.

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Calle Segovia

En la calle de la Cruz, allá donde en el siglo XVII estuviera el Corral de Comedias, bajo el cielo azul una calle imaginaria se abre ante nuestros ojos.

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Calle de la Cruz

A un paso de la Plaza Mayor nos saludan los personajes creados por Antonio Mingote que se asoman en animada tertulia a los balcones de la Calle de la Sal

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Calle de la Sal

En la Cava Baja el amable cocinero nos invita a entrar en la antigua Posada de la Villa

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Cava Baja

Incluso decorando lonas publicitarias o simplemente ocultando las obras en los edificios. Hay preciosos trampantojos por toda la ciudad, y no únicamente en el centro. En la calle Azcona, esquina con Francisco Silvela, algo deteriorado, un reloj de sol en Embajadores, etc.

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Calle Azcona

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Calle Escorial

El Madrid del siglo XXI continúa escribiendo páginas en su contribución a la historia del arte. Comprobar que las técnicas descubiertas en la más remota antigüedad y llevadas a la más pura perfección en el siglo XVII son utilizadas hoy día de esta forma resulta muy gratificante.

Los ejemplos son interminables: Una antigua corrala, a un paso de la Castellana, en la calle Fernández de la Hoz, luce un gran trampantojo dibujado por el artista José Luis Tirado en 1987, que representa a un gigante avanzando entre los edificios. Es propiedad del Ivima que al parecer tiene intención de vender el edificio, sin duda situado en un lugar muy cotizado, y realojar a los inquilinos.

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Calle Fernández de la Hoz, 63

O las clásicas pinturas del Palacio de Abrantes en la calle Mayor. O uno de los trampantojos más puros, desconocidos y acertados en su propósito de engañarnos, la falsa puerta en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se trata de un maravilloso tapiz que reproduce la antigua y desaparecida puerta de entrada al Palacio, obra de Churriguera, anterior a la restauración del edificio de la calle de Alcalá.

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Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Y por fin, en la calle Alfonso XI, bajando desde el Retiro por la calle Valenzuela vemos un trampantojo con el palacio de Correos -hoy palacio de Cibeles- al fondo, más emparentado con el arte moderno que ninguno de los visitados hasta el momento. Obra de Vaquero Turcios, simula altos edificios en blanco y negro, y es de los más fotografiados y a menudo utilizado en películas y spots publicitarios.

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Calle Alfonso XI

Ya únicamente resta animar a todos los posibles curiosos que hayan llegado hasta aquí, a pasear por Madrid, a “mirar” Madrid y continuar descubriendo los preciosos trampantojos y murales que adornan la villa. Y a cuidarlos, pues sin duda forman también parte de nuestro patrimonio artístico y cultural.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

BONET CORREA, A. Iglesias madrileñas del siglo XVII. CSIC 2ª ed. Madrid 1984.

FEINBLATT, Ebria “A ‘Boceto’ by Colonna-Mitelli in the Prado“. The Burlington Magazine. Jul. 1965

GARCÍA GARCÍA, Bernardo J.. “Arquitectura y efectos de la fiesta“. SEACEX Catálogo “Teatro y fiesta del Siglo de Oro en tierras europeas de los Austrias”. Mayo 2003.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J. “Acerca del trampantojo en España”. Cuadernos de arte e iconografía, Tomo 1, Nº. 1, 1988.

Bodegones Españoles”. Folleto exposición. Museo del Prado. Octubre 2006.
El Real Alcázar de Madrid.” Catálogo Exposición 1994.
Las Descalzas Reales. Guía de Visita“.
San Antonio de la Florida“. Guía.
Paneles informativos en el Jardín de El Capricho.
Diarios El País 21 abril 2006, El País 11 julio 2007, ABC 21 nov 2006, El Mundo 27 agosto 06, ADN, 8 enero 2007.

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NOTA: La primera versión de este artículo, realizada entre los meses de julio 2006 y enero 2007, fue revisada y publicada en la web de Amigos del Foro http://www.amigosdelforo.es en junio 2008.

El trabajo sobre el Arte Urbano publicado en este blog, surgió como una continuación de estos Trampantojos en Madrid.

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