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En el Parque del Retiro no solo encontramos árboles centenarios, flores, monumentos, fuentes históricas, notables edificios… también sencillas construcciones que en el pasado fueron sede de servicios auxiliares y hoy forman parte del conjunto del Jardín.

Una de ellas es una casita, un poco escondida entre la arboleda, que fue almacén de los aperos de los jardineros, cercana a la entrada principal de la Plaza de la Independencia, hace poco reformada y convertida en aseos públicos.

casita Retiro

El edificio de ladrillo que ha sido restaurado conserva algunos de sus elementos originales, como su techumbre con vigas de madera.

casita Retiro techo

casita Retiro lateral

Llaman la atención los dos escudos, situados sobre las dos entradas, realizados en cerámica. Se trata del escudo de Madrid utilizado desde mediados del siglo XIX hasta 1967.

Los azulejos están firmados por A. Caballero, Calle Mayor 80. Madrid.

escudo Retiro

Ángel Caballero trabajó en el taller de Enrique Guijo que recordemos estaba en la calle Mayor, originalmente perteneciente a Juan Ruiz de Luna.

Nos cuenta Antonio Perla en su extraordinaria obra sobre la cerámica madrileña que Caballero era el contable de Enrique Guijo quien perdió el taller de la calle Mayor debido a graves dificultades económicas. Caballero se quedó con el local del cual se fue apropiando al parecer no precisamente con buenas artes, aprovechándose de la situación de Guijo. El objetivo del contable, que además trabajaba en el Ayuntamiento, cuenta Ruiz de Luna en sus Memorias, –que cita Antonio Perla–, fue apropiarse del taller, lo cual consiguió.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

PERLA, Antonio. Cerámica aplicada en la arquitectura madrileña. Comunidad de Madrid 1988.

Enrique Guijo, espíritu del Renacimiento, inquieto de todo arte, sin abandonar la cerámica ni apartarse por completo del terrible y fascinador “nido de víboras”, que es el horno donde cuajan los esmaltes, extendió su actividad a otras manifestaciones de las artes aplicadas y suntuarias: la decoración arquitectónica, el mobiliario, la talla, la herrería artística…

(Manuel Machado, en La Esfera, 26 junio 1920)

 

Enrique Guijo Navarro, espíritu del Renacimiento, como bien le definió su amigo Manuel Machado, fue pintor, decorador, ceramista, restaurador… uno de tantos artistas que a pesar de haber sido importante para Madrid, y reconocido en su época, actualmente es casi un desconocido y sus huellas corren el peligro de desaparecer.

Nació en Córdoba en 1871. Su madre se llamaba Antonia, y su padre Mariano, quien desgraciadamente murió muy pronto, cuando Enrique contaba apenas catorce años de edad, hecho que quizá condicionó todo su futuro pues en lugar de estudiar tuvo que trabajar. Junto a su madre viajó a Sevilla, acaso en busca de una vida mejor. En su primer empleo, en el taller del escenógrafo Antonio Matarredoma, se inició en el arte del dibujo y la pintura. De allí pasó a una fábrica de cerámica, probablemente la de la familia Mensaque, y finalmente al taller de Manuel Rodríguez donde definitivamente se formó en el arte de la cerámica.

Hacia 1898 se trasladó a Madrid con su mujer y su recién nacida hija Enriqueta. Hay noticias de que vivieron en la calle de la Parada, debía tratarse de la Travesía de la Parada, nº 7, próxima a San Bernardo.

En esta primera estancia conoció, entre otros intelectuales, a dos personas que más adelante serían muy importantes en su vida: Francisco Alcántara, futuro director de la Escuela de Cerámica, y Manuel Machado, futuro director del Museo Municipal. Frecuentó tertulias, entre ellas la del Café Comercial, a la que acudían los hermanos Machado. Personas que le conocieron afirmaron que era una buena persona, alegre y simpático. Su carácter y desenvoltura seguramente le ayudaron a labrarse su carrera.

En esta etapa en Madrid trabajó como pintor decorador de algunos palacios, uno de ellos el de Medinaceli en la plaza de Colón, desaparecido. En 1907 viajó a Talavera a probar fortuna donde conoció a Juan Ruiz de Luna. Juntos fundaron la Fábrica de Cerámica Artística Nuestra Señora del Prado, en Talavera de la Reina. Las piezas las firmaban Ruiz de Luna, Guijo y Cia., como la que regalaron a su amigo Joaquín Sorolla, seguramente obra de Guijo, hoy expuesta en el Museo Sorolla.

Debido a los problemas económicos que surgieron, en 1910 se trasladó a Madrid con el fin de ocupar una plaza de profesor de la Escuela de Cerámica, cuyo primer director fue Francisco Alcántara, que le contrató junto a Daniel Zuloaga con el fin de poner en marcha el proyecto.

Guijo continuó representando a Ruiz de Luna en Madrid y se hizo cargo de la sucursal de la fábrica en la calle Mayor 80 (actual nº 74). En 1915 la sociedad se disolvió definitivamente. Enrique Guijo continuó con el taller de la calle Mayor de donde salieron numerosas obras, anuncios para tiendas y para el Metro de Madrid, casi todo desaparecido. Felizmente sí se conservan algunos de los anuncios que realizó para la estación de Chamberí, restaurados tras tantos años abandonados en el interior de la estación “fantasma”, que permaneció varios años cerrada, hoy convertida en maravilloso Museo del Metro de Madrid.

Museo del Metro. Plaza de Chamberí.

Por entonces la publicidad era una novedad. Como indica uno de los pequeños letreros del museo la mayor parte de los anuncios realizados para el Metropolitano los realizaron Enrique Guijo y Alfonso Romero, en algunos casos con la firma del taller, E.Guijo. Mayor 80. Madrid, en otros E.Guijo. Madrid.

Los autores que han estudiado su obra coinciden en que fue un gran rotulista. De esta faceta existe un precioso ejemplo en la Travesía del Arenal, en la antiquísima Librería de los Bibliófilos Españoles.

Travesía del Arenal

Desde aquí nos dirigimos a la calle del Espíritu Santo esquina Santa Lucía donde se encontraba uno de los rótulos que Guijo realizó para tiendas madrileñas. La casa, en esta histórica calle en la que una gran parte de sus edificios datan de finales del siglo XIX, ha sido pintada de vistoso color azul.

En el lugar de la antigua tienda de Comestibles, quesos y ultramarinos, que sabemos existió gracias a la foto de Antonio Perla en su imprescindible libro sobre la Cerámica aplicada en la arquitectura madrileña, hay un bar, parece que los azulejos han desaparecido, pero no, solo están tapados. Permanece el escudo, y bajo el material pegado sobre la cerámica se adivinan las letras y números del letrero centenario.

Muy cerca, en la calle de San Vicente Ferrer 27, en el nuevo establecimiento sí podemos admirar los azulejos de la Antigua Huevería.

Junto a ella, la famosa Farmacia de los Laboratorios Juanse, en la esquina con la calle de San Andrés en la que algunas escenas está firmadas por el pintor Mardomingo y en otras aparece la firma del taller, E. Guijo. Mayor 80.

Abandonamos el barrio de Malasaña y continuamos nuestro paseo buscando los vestigios de las obras realizadas por Enrique Guijo y llegamos a uno de los barrios más singulares de Madrid, aunque casi desaparecido, los hotelitos del antiguo Madrid Moderno, en la Guindalera, cerca de la plaza de las Ventas. En el nº 30 de la calle de Roma subsiste a duras penas el letrero de la que en otro tiempo debió ser espléndida Villa Sara, hoy completamente destrozada, incluso sus balcones han sido arrancados.

¿Por qué un edificio llega a alcanzar este lamentable estado?. Solo el letrerito de azulejos  sobre la puerta con el nombre de la mujer que tal vez inspiró su construcción conserva sus letras azules y su orla, tristemente pintarrajeadas.

Enrique Guijo, además de trabajar como profesor en la Escuela de Cerámica participó en numerosos proyectos junto a Luis Bellido, arquitecto municipal.

En 1914 restauró los azulejos de la Casa de la Panadería y los frescos de Claudio Coello, que hace tiempo tuvimos la suerte de conocer. También realizó las pinturas de la fachada, sustituyendo a las antiguas que estaban muy deterioradas. Eran las que los madrileños pudimos contemplar hasta 1992 en que nuevamente fueron sustituidas por las actuales, obra de Carlos Franco.

Plaza Mayor, Casa de la Panadería (1893-1954) Archivo Moreno (Mº Cultura). Pinturas de Enrique Guijo.

Entre 1910 y 1925 participó en la construcción del Matadero y Mercado Municipal de Ganado, nuevamente con Luis Bellido. Además de otros elementos cerámicos, Guijo fue el autor de los rótulos pintados sobre azulejos.

En 1920 abrió un taller en Carabanchel, por entonces debía tener muchos encargos. Allí trabajaron su sobrino Joaquín Bustillo, su hija Enriqueta (que también fue profesora de la Escuela) y el pintor Alfonso Romero, antes de abrir el suyo propio.

Hay otras obras suyas adornando diversas calles de Madrid (o al menos lo hacían hace pocos años): los bonitos paneles de la antigua Vaquería La Tierruca, en la calle Monte Igueldo 103, La Andaluza Fábrica de aguardientes, en Muñoz Grandes esquina General Ricardos, la Mina de Oro en la Avenida Ciudad de Barcelona 58, los azulejos en la parte del superior del edificio de Altamirano nº 10, y alguno más.

Otra de sus más notables obras cerámicas fueron algunos de los murales de azulejos que durante muchos años decoraron la taberna Los Gabrieles, en la calle Echegaray 17.

Pero como ya hemos visto, la Cerámica no fue la única actividad de Enrique Guijo. En 1925, tras presentarse a un concurso, obtuvo el cargo de Conservador de Edificios Municipales de Madrid.

En 1926, recordemos nuestra visita al antiguo Hospicio, tuvo lugar un acontecimiento que resultaría decisivo para el futuro del edificio, la celebración de la exposición El Antiguo Madrid, precedente del Museo Municipal. Luis Bellido comenzó su restauración para museo. En 1929 fue inaugurado el Museo Municipal, con Manuel Machado como primer director y Guijo fue nombrado Conservador del museo, a la par que se le asignaba una zona como vivienda en el propio edificio.

Durante la guerra civil el Museo permaneció cerrado pero él continuó viviendo allí.

(en Catálogo “El Arte redivivo” Expo. Centenario Ruiz de Luna. Talavera 2008)

Enrique Guijo fue perdiendo la vista. Murió ciego, en Madrid. Respecto a la fecha de su muerte no hay unanimidad, ¿1945, 1954, 1955?, en lo que sí parecen coincidir los autores es en que murió solo, casi olvidado.

Que no ocurra lo mismo con su obra, deberíamos cuidarla con cariño, con el fin de que no desaparezca y darle todo el valor que merece.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Antonio Perla. Cerámica aplicada en la arquitectura madrileña. Comunidad de Madrid 1988.
Ángel Sánchez-Cabezudo. Enrique Guijo, artista esencial en el historicismo cerámico de Talavera. En Renacimientos: la cerámica española en tiempos de Ruiz de Luna. Universidad Castilla-La Mancha. Cuenca 2010.
Catálogo ”El arte redivivo. Exposición del I Centenario de la Fábrica de Cerámica Ruiz de Luna Nuestra Señora del Prado”. Talavera 2008.

Juan Ruiz de Luna Rojas nació en 1863, en Noez, Toledo. Muy joven comenzó a trabajar en la empresa familiar, fabricante de castañuelas y otros objetos artesanos, luego se trasladó a Talavera de la Reina para ayudar a sus hermanos que eran pintores decoradores. El propio Juan allí trabajó como pintor y fotógrafo, y se tuvo que hacer cargo del taller de pintura debido a la muerte de sus hermanos. Hasta la llegada de Enrique Guijo a Talavera, momento en que cambió su vida.

Enrique Guijo -a quien tuvimos ocasión de conocer al hablar del gran pintor ceramista Alfonso Romero-, nació en Córdoba en 1871, se formó como ceramista en Sevilla, y en 1900 se trasladó a Madrid. Siete años después fue a Talavera donde conoció a Juan Ruiz de Luna, a quien inició en el mundo de la cerámica.

Juntos, en 1908, fundaron la Fábrica de Cerámica Artística Nuestra Señora del Prado, en Talavera de la Reina. Enrique tenía 37 años, y Juan 45. La cerámica toledana estaba en un mal momento, olvidada, y gracias a estos dos hombres revivió y recuperó la tradición perdida, que aún hoy día se conserva. Formaron la sociedad “Ruiz de Luna, Guijo y Cia”, con el objetivo, según palabras del propio Ruiz de Luna, de poner en marcha una fábrica destinada a “hacer resurgir la Cerámica artística de Talavera tan famosa en los siglos XVI y XVII”.

Enrique Guijo era el director artístico. Después la fábrica se convirtió en Escuela, y Guijo ejerció de maestro de pintores. Debido a los problemas económicos que surgieron, en 1910 se trasladó a Madrid con el fin de ocupar una plaza de profesor de la Escuela de Cerámica. Continuó representando a Ruiz de Luna en Madrid y se hizo cargo de la sucursal de la fábrica en la calle Mayor 80, que se inauguró en 1914.

En 1915 la sociedad se disolvió definitivamente. A pesar de todas las dificultades, Juan Ruiz de Luna estaba decidido a continuar, luchó, se convirtió en el único propietario de la Fábrica y la sacó adelante. Enrique Guijo continuó con el Taller de la calle Mayor. Y aquí le dejamos por hoy, pues sin duda merecerá que algún día contemos su propia historia.

Francisco Arroyo pasó a ser el director artístico de la fabrica en Talavera, y al año siguiente se casó con la hija mayor de Ruiz de Luna.

En 1922 Ruiz de Luna inauguró una nueva tienda en Madrid, en la calle Floridablanca 3, de la que se hizo cargo su hijo Juan.

No son muchas las obras de la fábrica de Juan Ruiz de Luna en Madrid -aunque seguramente más de las que he podido localizar-, todas de mucho valor. Algunas fueron realizadas en la primera etapa de la fábrica, entre los años 1910 y 1915, época en la que Guijo era el director artístico y representante en nuestra ciudad. Ruiz de Luna trabajó para diversos arquitectos.

Uno de ellos fue Luis Bellido, arquitecto municipal que en 1910 acometió la reforma de la Casa de Cisneros, en la Plaza de la Villa. Las escaleras y el patio fueron decorados con cerámica talaverana realizada en la Fábrica de Ruiz de Luna.

Plaza de la Villa

En la planta baja del edificio construido por Jesús Carrasco Muñoz entre 1913 y 1914, en la calle Mayor nº 59, se encuentra la farmacia más antigua de Madrid, la Real Botica de la Reina Madre. En su interior, lleno de joyas, existen unos adornos realizados por Ruiz de Luna.

Para José María Mendoza Ussía decoró un friso bajo la cornisa del edificio construido para la antigua Papelera Española, en la calle Mejía Lequerica nº 8, actualmente en obras.

De su trabajo para Carlos de Luque se conservan dos magníficos ejemplos, el primero en la Plaza de Olavide nº 1, cuyos elementos modernistas y adornos cerámicos del friso superior y la cubierta del torreón, fueron realizados por Juan Ruiz de Luna y Francisco Arroyo.

Plaza de Olavide nº 1

El segundo se encuentra en la calle de Antonio Acuña, esquina Duque de Sesto, con una fachada exquisita que combina los elementos cerámicos y escultóricos. El interior del portal también está decorado por Ruiz de Luna.

Calle de Antonio Acuña nº 9

Recordemos la colaboración de Ruiz de Luna con Benlliure en la decoración de su casa y las dos Fuentes de los Niños. También decoró la casa de Sorolla, cercana a la de Benlliure, en el Paseo del General Martínez Campos. Fue obra suya el zócalo de azulejos de uno de los salones  y de la galería del patio.

De la segunda etapa de la Fábrica, con Arroyo de director artístico, se conservan algunas obras realizadas entre 1925 y 1930, como la fachada de la antigua Vaquería del Carmen,  en la Avenida de Filipinas nº 1, realizada en 1928, que desaparecida la vieja tienda ha sido de todo, últimamente disco-pub, tienda de bolsos, y actualmente moderna taberna-franquicia. Únicamente permanecen los azulejos pintados, testigos del cambio de los tiempos.

Av. de Filipinas nº 1

En la calle de San Bernardo números 67 y 112, Ruiz de Luna decoró dos edificios construidos por José Antonio de Agreda en los que la mezcla del hierro con la cerámica ofrece una arquitectura de gran belleza.

Portal San Bernardo 67.

Juan Ruiz de Luna murió en 1945. Fue el primero de una gran familia de artistas que aún hoy día continúa trabajando. No fue únicamente un ceramista sino que fue un estudioso e investigador de la cerámica talaverana que había sido tan importante en los siglos XVI y XVII, recuperándola ya para siempre.

Sus hijos Juan, Rafael y Antonio se hicieron cargo de la empresa en la que desde muy jóvenes habían aprendido el oficio y el arte de la cerámica.

La tienda de Floridablanca fue traspasada en 1933, y Juan  volvió a Talavera. En la última etapa de la Fábrica, desde 1942 a 1961, fue el director artístico. Ese año, nuevas dificultades, esta vez definitivas, obligaron a cerrar la histórica Fábrica, que por entonces se llamaba Cerámicas Ruiz de Luna S.L.

Tras el cierre, Juan y su familia se fueron a vivir a Málaga, donde sus descendientes continúan la tradición.

En Madrid continúa trabajando su nieto, hijo de Antonio, Alfredo Ruiz de Luna González. Suyas son las placas de cerámica que indican y adornan muchas de las calles madrileñas desde 1991.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo “El arte redivivo. Exposición del I Centenario de la Fábrica de Cerámica Ruiz de Luna Nuestra Señora del Prado”. Talavera 2008.

Museo Ruiz de Luna. Talavera de la Reina.

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ACTUALIZACIÓN 21.3.2011

Actualizamos el post dedicado a Ruiz de Luna porque la antigua Vaquería del Carmen, en la avenida de Filipinas nº 1, ha generado una bonita “conversación”, dentro y fuera del blog.

Esta es la foto que me ha enviado antonioiraizoz, como veréis es muy curiosa:

Vaquería del Carmen, Ayer (munimadrid)

Además, una persona que vive muy cerca me ha contado que recuerda la Vaquería, que estuvo varios años cerrada hasta que, hace relativamente poco tiempo, al menos después de 1983, fue derribado el edificio anterior y construido el actual, en cuya puerta de cristal hoy se reflejan modernos edificios.

Vaquería del Carmen, Hoy

¡Muchas gracias, Antonio!

Mercedes

En el número 9 de la calle de la Victoria se encuentra la taberna Alhambra, fundada en 1929, de forma que en este 2009 cumple ochenta espléndidos años.

1 fachada

Era famoso su ambiente taurino, incluso se cuenta que en ella se veían el torero Luis Miguel Dominguín y la actriz Ava Gardner. Allí se vendían las entradas para los Toros, aunque de eso hace muchísimo tiempo. Actualmente, justo enfrente, en el inicio del Pasaje de Matheu, existe una caseta donde se pueden seguir adquiriendo las localidades para acudir a las Ventas. Tampoco se conserva su fachada original, los azulejos del exterior son modernos, obra de Adolfo Montes.

Lo que sí se conserva son sus ricas tapas, el buen ambiente y los cuadros de cerámica de su interior, obra del gran pintor ceramista Alfonso Romero.

cuadro ARomero

Alfonso Romero Mesa nació en 1882 en Montellano, Sevilla, y en el barrio de Triana de esta ciudad aprendió el arte de la cerámica de la mano de su maestro Antonio Romero.

En 1906 se trasladó a Madrid. Primero trabajó en la fábrica de Carabanchel de Enrique Guijo, a quien ya había conocido en Sevilla, y en 1915 entró en su famoso taller de la calle Mayor. De ambos ceramistas, andaluces, son muchas de las maravillosas obras de arte que felizmente aún hoy día adornan algunas tabernas y tiendas madrileñas.

Entre otras, Romero es autor de las famosas cerámicas del antiguo Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana, realizadas en 1928.

DSC03476

Junto con Guijo creó las obras que decoraban las paredes de Los Gabrieles en la calle Echegaray, taberna de ambiente flamenco cerrada desde 2004. Según se ha publicado hace pocos meses en la prensa (*) los espectaculares azulejos de la tradicional taberna no solo no se han perdido sino que se han restaurado y serán repuestos, de forma que podamos acceder a ellos, aunque la empresa encargada de la rehabilitación del inmueble aún no sabe en qué condiciones.

Suya es también la preciosa azulejería de la monumental Plaza de Toros de las Ventas.

Otras obras de este artista se encuentran en las Bodegas Rosell, en General Lacy 14; en el número 36 de la misma calle, la Bodega Los Romero; y La Ardosa, en Santa Engracia 70.

Bodegas Rosell

Bodegas Rosell

En 1929, año de apertura de La Alhambra, el artista abrió su propio taller, con su horno, del cual saldrían muchas de las pinturas sobre azulejo que aún hoy día podemos contemplar. A partir de entonces junto a su nombre en sus obras figuró la dirección de la calle del Rollo, también número 9.

Alfonso Romero murió en 1941, en Madrid.

firma

Texto y fotografías por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Cámara de Comercio de Madrid. El azulejo en el comercio de Madrid. Madrid 1989.

Carlos Osorio. Tabernas y Tapas en Madrid. Guía de tabernas madrileñas con Historia. Ed. La Librería. Madrid 2007.

(*) Manuel García Blázquez. “La Taberna de los Gabrieles resucita”. El País, suplemento “Propiedades”. 6 febrero 2009.

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