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En los comienzos del año se publicaba la noticia, una empleada del Aeropuerto de Barajas y un excorresponsal británico, Yolanda Sánchez y William Chislett, junto con Isabel Fernández, recogían firmas para solicitar que se dedicara una calle o plaza al autor de La forja de un rebelde, una vía pública dedicada al escritor Arturo Barea. Por entonces ya habían conseguido alrededor de quinientas que enviaron al Ayuntamiento con mucha ilusión.

La belleza de su obra sobre la ciudad y su gente y la desgarrada sinceridad de su relato sobre la Guerra Civil en Madrid justifican recordar y recuperar el espíritu humanista y reconciliador de Barea”, expresaba la petición a la que se sumaron otros destacados miembros del mundo cultural español.

Pocos meses después, la historia ha tenido un final feliz.

Por unanimidad el pasado día 30 de noviembre el Pleno de la Junta Municipal de Centro aprobó elevar a la Junta de Gobierno la asignación del nombre Plaza de Arturo Barea al espacio conocido popularmente, no de forma oficial, como Plaza de la Corrala, situada frente a las antiguas Escuelas Pías en las que el escritor fue alumno hasta los 13 años.

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Arturo Barea nació en Badajoz en 1897 pero pasó gran parte de su vida en Madrid.

A causa de la guerra civil en 1938 se fue a Inglaterra donde entre 1940 y 1945 escribió las tres novelas autobiográficas (aunque él dijo que narraban más lo colectivo que lo individual). La forja, La llama y La ruta componen la trilogía La forja de un rebelde. Originalmente fue publicada en inglés, traducida por su esposa Ilsa.

Allí trabajó para la BBC en español. Desgraciadamente no se conservan los programas pero se puede escuchar su voz en una entrevista en el espacio Ondas del ayer de Radio 5.

Murió en Londres en 1957. Su obra no fue publicada en España hasta 1978.

Con motivo de esta feliz decisión, la denominación de la Plaza de Arturo Barea, y como homenaje a su figura y su vinculación con este barrio, el distrito de Centro ha organizado unos paseos literarios por Lavapiés, barrio en el que pasó su infancia y al que volvió siempre, hasta que se fue de España, muy identificado con su pasado y su historia.

Guiados por el colectivo La Liminal he tenido el placer de participar ayer en el primer paseo, relato caminado por la memoria de Madrid, por la memoria de Arturo Barea. El paseo-relato es bonito y emotivo, como los recuerdos de Barea y la propia novela. El punto de encuentro fue la plaza de Cascorro, en el corazón del barrio.

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Desde allí nos dirigimos a la plaza de Tirso de Molina, entonces del Progreso, muy cerca de la que fue calle de las Urosas (actual Luis Vélez de Guevara) donde se encontraba la buhardilla de la corrala en la que el escritor vivió con su madre y hermanos. La calle de Mesón de Paredes, la antigua plaza de Cabestreros, calle del Amparo, Sombrerete…

En fin, recorrimos algunos de los lugares de la novela y de la vida del autor, aunque son muchos más. El Madrid de Arturo Barea, tan bien reflejado en su libro, llega hasta el río Manzanares y sus lavaderos, a la Cuesta de Moyano, a la Gran Vía… Un plano elaborado dentro de este precioso proyecto municipal nos los muestra y explica cada punto proponiéndonos otros paseos y otros recuerdos. Nos indica los sitios que podemos recorrer, desde esta calle de las Urosas hasta la que va a ser la Plaza de Arturo Barea.

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Después nos dirigimos al Centro Cultural Casino de la Reina donde se nos invitó a recordar, reflexionar sobre los lugares visitados, los temas sugeridos, lo que deseamos transmitir…

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Para ello elaboramos una placa, a partir del tema elegido entre todas las ideas expuestas. La infancia, la lucha de las madres y la instituciones de beneficencia, las tabernas como lugar de encuentro, los sentidos (olores, sonidos… de Lavapiés), etc.

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En mi grupo elegimos las Escuelas Pías, donde Barea estudió y adonde volvió en 1936 y a las que vio arder. Las ruinas de la iglesia, restauradas, son testigo de aquellos sucesos.

Recordamos la frase de uno de los primeros capítulos, cuando el protagonista era un niño, Madrid huele a sol por las mañanas. Y su vuelta al comienzo de la guerra: El barrio entero olía a quemado y caía una lluvia finísima de cenizas.

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Salimos nuevamente a la calle y colocamos las placas creadas entre todos en los muros de Lavapiés.

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Son placas efímeras, pero que seguro verán muchos paseantes, que invitan a conocer mejor a la persona, al escritor y su obra. Y también la historia reciente de Madrid.

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La placa más importante, y definitiva, será colocada frente a las ruinas de las Escuelas, junto a la Corrala, será la placa que señalizará la Plaza de Arturo Barea.

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Todos los interesados y admiradores de la obra del escritor disfrutaréis mucho en esta actividad, no dejéis de apuntaros. Y si no habéis leído La forja de un rebelde, os la recomiendo, es una obra magnífica, te atrapa desde el principio. Y disfrutad del paseo igualmente, podéis leerla después, seguro que os apetecerá iniciar su lectura nada más terminar el recorrido.

Toda la información en: La Liminal. Arturo Barea. Relatos caminados por la memoria de Lavapiés.

Por : Mercedes Gómez

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En estos artículos se puede conocer mejor la historia de la recuperación de la figura de Barea:

CHISLETT, William. “Recuperando a Arturo Barea”. El País, 19 nov. 2012.

FRAGUAS, Rafael. “Una calle en Lavapiés para Arturo Barea”. El País, 15 enero 2016.

 

Gabriel García Márquez, el gran escritor, el mago de la escritura, ha muerto.

A pesar de su muerte anunciada, como la de su famosa Crónica del asesinato de Santiago Nasar, y de que hace tiempo no esperábamos nuevas historias nacidas de su imaginación… ¡qué pena!

Supongo que todos a los que nos ha gustado leer casi desde siempre, desde niños, recordamos los primeros libros que nos impresionaron y el descubrimiento de los auténticos artistas de la palabra escrita, aquellos que nos divertían no solo con la historia que nos contaban sino por cómo la contaban. Debía tratarse, aunque no nos diéramos cuenta entonces, de la magia del arte de escribir, esa que pocos alcanzan. En ese sentido creo que, en mi vida de lectora, García Márquez fue el primero.

He disfrutado mucho leyendo sus obras, desde la primera que llegó a mis manos, aún era la biblioteca de mis padres, la esplendorosa Cien años de soledad, que recuerdo algunos amigos leíamos a la vez y comentábamos al encontrarnos por las tardes, en lejanos tiempos de estudiantes, hasta la última que leí no hace mucho, sus Memorias, de las que desgraciadamente nunca pudo escribir un segundo tomo, de título tan significativo, Vivir para contarla. Pasando por sus cuentos, tan maravillosos como sus novelas, y sus talleres. Cómo se cuenta un cuento, o Me alquilo para soñar, dedicado al guión de cine. Del amor y otros demonios, esa historia de amor en los tiempos del cólera a lo largo de sesenta años, El coronel no tiene quien le escriba. Y tantas otras.

libros garcia marquez

Hoy su figura y su obra está en todos los medios, dicen que ha dejado una novela inacabada… esperemos que todos los reportajes y crónicas sirvan, además de para decirle adiós con agradecimiento, para que alguien que nunca haya leído sus relatos sienta curiosidad y los descubra. Y para los que hace tanto tiempo que lo leímos que apenas recordamos muchas historias, volvamos a ellas.

Muchas gracias, Gabriel García Márquez, por habernos empujado a conocer y disfrutar de una de las más bellas artes, la Literatura.

Por Mercedes Gómez

Antonio Machado nació en 1875 en Sevilla y murió el 22 de febrero de 1939 en Colliure, Francia. El próximo sábado se cumplen 75 años de su muerte.

Estos días de homenajes y recuerdos nos invitan a volver a leer sus poemas, evocar su figura y su vida en nuestra ciudad, y pasear por los barrios que frecuentó. Antonio Machado vivió durante largo tiempo en Madrid, aquí creció, estudió, escribió, vivió su amor secreto… Tuvo numerosos domicilios aunque nunca llegó a tener una casa en propiedad. Las mudanzas estuvieron motivadas, además de por los cambios familiares y profesionales, en gran medida por razones económicas.

Su familia llegó a Madrid en 1883, Antonio tenía ocho años de edad. El primer barrio que conocieron fue el de Salamanca cuya construcción había comenzado pocos años antes; se instalaron en un piso interior de la calle Claudio Coello nº 13, esquina con la calle Villanueva.

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Calle Claudio Coello

El domicilio fue elegido entre otras razones porque se encontraba cerca de la Institución Libre de Enseñanza, colegio al que los niños de la casa, los mayores Manuel, Antonio y José acudieron a estudiar, en la calle Infantas nº 42, próximo a la plaza del Rey. Caminando por la calle Villanueva hacia Recoletos, atravesando Serrano, no demasiados minutos después llegarían a la plaza del Rey, ¿quizá por la calle Almirante hasta la del Barquillo?

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Calle Infantas

Precisamente al año siguiente se trasladaron al número 3 de Almirante, principal izquierda, un piso más grande y más cercano al colegio. Era un bonito –entonces nuevo– edificio construido por el Marqués de Cubas.

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Calle Almirante

La Institución Libre de Enseñanza fue trasladada al paseo del General Martínez Campos 14 –sede que hoy acoge la Fundación Giner de los Ríos– y la familia en el verano de 1885 se mudó a un segundo piso de la calle Santa Engracia 52, una vez más muy cerca de la escuela.

Antonio Machado fue a este colegio durante seis cursos, hasta los 14 años. Entonces aprobó el examen de ingreso al Instituto de San Isidro de la calle Toledo, cuyo claustro quizá recorría todos los días antes de acudir a clase.

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Claustro del Instituto San Isidro

Al año siguiente le trasladaron al Instituto Cisneros, en la calle de los Reyes.

Después de otros cambios de domicilio sobre los que hay datos más dudosos, los Machado se mudaron a la calle Fuencarral, que recorrerían casi entera empujados por los numerosos avatares que sufrieron. El primer edificio que habitaron fue en el número 46, junto al Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad. Pero la muerte del padre les obligo a trasladarse al nº 98, cerca de la glorieta de Bilbao; y en 1896 la muerte del abuelo, que aportaba la mayor parte de los ingresos familiares, los problemas económicos los trasladaron a un piso aún más modesto en el nº 148 de la misma calle, poco antes de llegar a la glorieta de Quevedo.

Machado

En 1909, ya casado con la joven Leonor –que murió solo tres años después–, desde Soria el escritor volvió a Madrid. Entonces su madre, Ana Ruiz, y sus hermanos, tenían un nuevo domicilio, habían abandonado la calle Fuencarral y vivían en la Corredera Baja de San Pablo número 20.

En la primavera de 1917 la familia realizó el que fue su último cambio de vivienda en Madrid, alquilando una espaciosa casa de ocho habitaciones en la calle del General Arrando, 4, 1º dcha., cerca de la plaza de Chamberí.

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Calle General Arrando, 4

En 1928 Antonio Machado conoció a Pilar de Valderrama, Guiomar, que también era escritora y al parecer le admiraba. Pilar fue a Segovia, donde entonces vivía el poeta, para verle, y él se enamoró de ella. Estaba casada, su marido la engañaba, su matrimonio no era feliz. Le quería, pero “por fidelidad a sus creencias –era católica– y a sus hijos no podía ofrecerle más que una amistad sincera”. Si no, no se volverían a ver.

Él cada semana llegaba en el tren desde Segovia hasta la Estación del Norte y subía atravesando el parque del Oeste hasta el paseo de Rosales donde ella vivía… a veces la veía asomarse, otras veces no.

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Se encontraban secretamente. Durante el verano se refugiaron en los jardines de la Moncloa que por entonces eran propiedad, junto con el Palacio, del Ministerio de Instrucción Pública. Se sentaban en un banco de piedra, cerca de una fuente, por eso lo llamaban el Jardín de la Fuente, y Machado puso al banco el nombre de banco de los enamorados.

Hoy día, sede de la Presidencia del Gobierno, no se pueden visitar. A pesar de que tanto los jardines como el palacete fueron destruidos durante la guerra, luego reconstruidos, la fuente sobrevivió, así nos lo cuenta Ian Gibson en su biografía del escritor, Ligero de equipaje.

"El Jardín de la Fuente" (I.Gibson. "Ligero de equipaje")

“El Jardín de la Fuente” (I.Gibson. “Ligero de equipaje”)

Cuando llegó el otoño comenzaron a verse en un café de Cuatro Caminos que ya no existe.

A pesar de lo que ella escribió en sus memorias Sí, soy Guiomar, no está claro que correspondiera a Machado, ¿cuáles eran sus motivaciones?, ¿buscaba beneficios para su propia obra literaria?… Lo único cierto es que vivieron un amor puramente platónico que hizo sufrir mucho al poeta. Leer las cartas que Antonio envió a su amada, las que la diosa conservó de su poeta, pues la mayor parte las destruyó o borró párrafos comprometidos, encoge el corazón.

Sevilla, Madrid, París, Soria, Baeza, Segovia…

Machado volvió a Madrid en 1932 tras conseguir una plaza de profesor titular en el Instituto Calderón de la Barca.

Durante esta última etapa de su vida tanto él como su hermano Manuel eran asiduos de las tertulias. Al parecer cambiaban a menudo de local, cuando era demasiado conocida su presencia en algún café y querían huir de compañías no deseadas.

Sus preferidos fueron: el Varela en la calle Preciados, esquina Santo Domingo;  el Español en la calle Carlos III junto al Teatro Real; y el más famoso, el Café de las Salesas en la calle Bárbara de Braganza, por la foto que le hizo Alfonso a finales del año 1933, publicada en el diario La Libertad el 12 de enero de 1934, junto a la periodista Rosario del Olmo, que iniciaba con Machado una serie de entrevistas dedicadas a los “deberes del arte” en momentos difíciles.

La Libertad, 12 enero 1934 (BNE)

La Libertad, 12 enero 1934 (BNE)

Aunque la foto más reproducida y conocida es una copia recortada en que aparece solo el poeta.

No es el único recuerdo que Madrid guarda de Antonio Machado. Ninguna placa municipal pero sí una instalada por la Sociedad General de Autores en 1985 en este último domicilio conocido del poeta en Madrid, con motivo del homenaje nacional a Federico García Lorca, Miguel Hernández y el propio Machado.

Calle General Arrando 4

Calle General Arrando 4

En 1986 fue colocado un busto de bronce del poeta en los jardines del Centro Cultural que lleva su nombre, en el distrito de San Blas, calle San Román del Valle 8.

Recordemos también las Cabezas obra del escultor Pablo Serrano, de las que tenemos tres ejemplos. Una en el Museo de Bellas Artes de San Fernando. El monumento-fuente dedicado por el Pueblo de Madrid al poeta Antonio Machado en la Ciudad de los Poetas, en terrenos de la antigua Dehesa de la Villa; tanto la calle en la que se ubica el monumento como la estación del metro que nos lleva hasta allí, se llaman Antonio Machado. Y la última, en los jardines de la Biblioteca Nacional.

En 1936 consiguió la Cátedra de Lengua y Literatura francesas del Instituto Cervantes de 2ª Enseñanza, entonces ubicado en la calle Prim, un barrio que él conocía bien. Pero comenzó la guerra y Machado se marchó a Valencia. Nunca volvería a Madrid.

Las últimas fotografías que se conservan del escritor muestran un hombre muy desmejorado y cansado.

Antonio Machado murió el 22 de febrero de 1939. Hacía poco más de un mes que había abandonado España con su madre, en un penoso viaje bajo la lluvia desde Barcelona hasta la frontera con Francia. Tenía 64 años. Su madre murió tres días después, con 88.

Fue un final muy triste. Machado guardaba varios poemas en el bolsillo de su abrigo, los encontró su hermano José, uno de ellos dedicado a Guiomar.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GIBSON, Ian. La vida de Antonio Machado. Ligero de equipaje. Ed. Aguilar, Madrid 2006.

En la calle Galileo nº 52, barrio de Gaztambide distrito de Chamberí, visitamos el Centro de Arte Moderno, un lugar estimulante para los amantes de la literatura, el arte y la cultura en general.

Nada más entrar se respira el aroma literario que desprenden las fotografías, los objetos, y por supuesto los libros. Allí está el espíritu de Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Ramón Gómez de la Serna, Max Aub, Rafael Azcona… y la presencia viva de algunos de nuestros escritores favoritos, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, Juan Marsé… y tantos otros.

tienda

Procedentes de Argentina, ya hace diez años que Raúl Manrique Girón y Claudio Pérez Míguez llegaron a Madrid y desde entonces han contribuido a enriquecer la actividad cultural madrileña con una preciosa librería, un exquisito sello editorial, galería de arte, presentaciones de libros, conciertos, talleres, etc. Además, este Centro singular guarda el Archivo Onetti, que incluye su biblioteca, cartas y objetos personales.

En su Del Centro Editores publican libros artesanales de ediciones limitadas y numeradas que son verdaderas obras de arte.

La Galería del Centro ofrece muestras de artistas de todas partes del mundo; actualmente expone En lo profundo, quince coloristas libros de artista de la canadiense Alexandra Haeseker, realizados en papel sintético y material plástico reciclado.

A. Haeseker. “Vigilar” 60 x 80 cm. (2014)

A. Haeseker. “Vigilar” 60 x 80 cm. (2014)

La  Librería del Centro está especializada en literatura de autores latinoamericanos y españoles con presencia en América.

Y, entre otras sorpresas, allí se encuentra el Museo del Escritor.

Nació hace cuatro años con pocos objetos, ahora está formado por más de cinco mil de los que solo se expone una parte. Su único punto en común es que pertenecieron a escritores de lengua española.

museo del escritor

A los responsables de este pequeño museo les gusta hablar de objetos afectivos.

No se trata de cosas valiosas en sí mismas, el valor se lo concede el saber a quién han pertenecido, lo que significaron en algún momento, para su dueño, su vida, o su obra, en su relación con otras personas… Es curioso observarlos, si además conocemos su pequeña historia y lo que significaron nos explican también la historia de los países en los que sus dueños vivieron y escribieron, incluso nos cuentan la historia de la literatura y cómo han ido cambiando las costumbres de los escritores y los medios con los que contaban.

escribir a mano

Bellos manuscritos, una pluma y un tintero de cristal junto a disquetes donde los pioneros en el uso del ordenador guardaban sus textos.

disquetes y tintero

Y la máquina de escribir, la gran protagonista.

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La cuidadosa disposición en las vitrinas y la forma en que Raúl me cuenta la historia de estos pequeños tesoros, destilan cariño. Es un placer escuchar su relato.

En la medida en que conocemos a los escritores y hemos leído sus novelas, sus cuentos o sus poemas, aún resulta más conmovedor contemplar estos objetos, la mayoría sencillos y cotidianos. Alguno imaginativo, como esa cajita diminuta llena de papelitos con letras que Mercedes Roffé escogía al azar para formar palabras y frases en un ejercicio de creatividad.

Las pipas de Ramón Gómez de la Serna y de Julio Cortázar, los sombreros de Bioy Casares y de Max Aub, gafas, lápices, carteritas… emociona leer la dedicatoria escrita a mano de Mario (Benedetti) a su amigo Juan (Onetti). Y el apunte de un poema en una simple hoja con el membrete de un hotel junto a sus gafas olvidadas en un restaurante de Madrid, que nunca recuperó pues ya enfermo nunca pudo volver a España.

benedetti

Es bonito contemplar estos recuerdos, pero lo mejor es escuchar las explicaciones y anécdotas durante la visita guiada que nos ofrecen. Todo un mundo de ecos literarios y afectivos, para disfrutar.

Por Mercedes Gómez

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Centro de Arte Moderno
Calle Galileo, 52

Visitas guiadas: tel. 91 429 83 63

Más información y fotografías en su página de Facebook. Y en este artículo del diario El País.

En Madrid no quedan muchos ejemplos de arquitectura civil del siglo XVII, pero en algunos barrios sí perviven las huellas de lo que fue la vida en aquellos tiempos y el espíritu de sus moradores. Es el caso del barrio de las Letras y del barrio de la Corredera y aledaños. En algunos de sus rincones parece que se ha detenido el tiempo. En el barrio de las Letras se puede respirar el aire que sus antiguos habitantes compartieron. Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Luis de Góngora, Quevedo…

Francisco de Quevedo nació en Madrid en septiembre de 1580. Aunque nunca tuvo una vida estable ni domicilio fijo, en Madrid llegó a ser propietario de dos casas, lo cual no era fácil en aquellos tiempos. Ninguna de las dos se conserva.

La primera estaba situada en la calle del Niño, hoy llamada calle de Quevedo, que compró en 1620 en el barrio de los corrales de comedias, poblado por comediantes, escritores, pintores, escultores… un barrio lúdico y animado, con numerosas tabernas, fondas, casas de juego y mancebías que nuestro literato protagonista frecuentaba. Es obligado recordar que en esa casa vivió de alquiler Luis de Góngora varios años. Parece ser que Quevedo nunca la habitó, sin embargo una espléndida lápida le recuerda (no así a Góngora), en la esquina a la calle de Lope de Vega, antes Cantarranas.

La segunda casa estaba en la calle de la Madera que en aquel tiempo estaba dividida en dos tramos, la Madera Baja, que iba desde la calle de la Luna hasta la del Pez. Y la de la Madera Alta, que subía desde Pez hasta Espíritu Santo. En el siglo XX se convirtió en una única vía, aunque se conservan los bonitos letreros antiguos.

Calle de la Madera Alta

Su hermana Margarita, cinco años menor, se casó con Juan de Alderete, caballerizo del rey, y eligieron para vivir un barrio más tranquilo, el barrio de la Corredera, en el que habitaban otros servidores reales, así como tratantes y mercaderes. La casa propiedad de Margarita estaba en la calle de la Madera Alta y allí acudía Quevedo de vez en cuando. Ella murió en 1633.

En diversas fuentes se considera que esta “casa de Quevedo” estuvo situada en el lugar que hoy día corresponde a los números 24-26, una de las construcciones más antiguas del barrio, proyectada en 1792 por Juan Manuel Martín Vidal. Entre 1797 y 1803 allí vivió el músico Luigi Boccherini, tal como indica una placa en la fachada.

Según se ha publicado estos días el edificio es propiedad del Ayuntamiento y está dedicado a vivienda social, sin embargo al parecer está en venta junto a otros de similares características.

Madera 24-26

Aunque de finales del siglo XVIII estas casas nos recuerdan la arquitectura del siglo XVII, incluso en su interior, pues conserva el patio, bien cuidado, con los restos de una fuente de piedra y algunos arbolitos.

Era la casa nº 22 de la Manzana 459 que empezaba a numerarse por la calle del Escorial, bajaba por la del Molino de Viento, calle del Pez y subía por la de la madera Alta hasta la del Escorial nuevamente.

Según la Planimetría de Madrid se componía de dos sitios o inmuebles colindantes que ni en el siglo XVIII ni anteriormente habían pertenecido a Quevedo ni a ningún miembro de su familia.

Sin embargo, la casa contigua, la casa nº 23 (actual nº 28), una casa más pequeña y modesta, sobre un solar estrecho y alargado que actualmente también conserva sus antiguas dimensiones, nos revela la Planimetría, sí fue de Margarita de Quevedo.

Manzana nº 459, sitios 22 y 23. Planimetria General de Madrid.

Por tanto la “casa de Quevedo” estuvo en el lugar que hoy ocupa el número 28 de la calle de la Madera.

Probablemente el error tenga su origen en los cambios que ha sufrido la numeración de la calle a lo largo del siglo XX.

Escribió Mesonero Romanos antes de 1861 que “En la calle Alta de la Madera, al número 26 nuevo, existió hasta hace poco, que fue reedificada de planta, una casa que fue propiedad de D. Francisco Quevedo y Villegas, y luego de su descendiente D. José Bustamante y Quevedo… Esta casa ha sido derribada y construida de nuevo.”

En tiempos de Mesonero, y otros cronistas del siglo XIX, la casa de los Quevedo era la nº 26 de la calle, y este dato ha debido ser trasmitido hasta hoy día por diversos autores. Pero desde mediados del siglo XX la antigua casa que fue propiedad de Margarita, luego quizá de Francisco, y finalmente en el siglo XVIII de sus herederos, como nos indica la Planimetría, es la nº 28.

Calle de la Madera 28

La casa actual fue levantada en el siglo XIX, como también nos cuenta Mesonero, conserva sus bonitas puertas de madera y la escalera de piedra de la entrada.

Continuamos camino por la empinada calle, que guarda muchos detalles evocadores de su pasado. Antiguos oficios, encuadernadores, broncistas… y bellas puertas adinteladas.

Quevedo murió en septiembre de 1645 cuando iba a cumplir 65 años, tras una vida muy agitada y azarosa, pero su recuerdo pervive en estos barrios madrileños por los que transitaba, igual que otros personajes del Siglo de Oro, incluso el mismísimo rey Felipe IV.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Planimetría General de Madrid.
Fundación Francisco de Quevedo
COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. 2002.
Ramón de Mesonero Romanos. El antiguo Madrid : paseos históricos-anecdóticos por las calles y casas de esta villa. Tomo segundo. 1861.

La historia de las Cabezas de Antonio Machado comenzó en 1966 cuando un grupo de ciudadanos quiso rendir un homenaje al escritor. El lugar elegido fue Baeza, el pueblo de Jaén donde el poeta había pasado varios años de su vida. Dentro de los actos previstos el más importante era la inauguración de un monumento diseñado por el arquitecto Fernando Ramón, en el que sería colocada la escultura realizada por Pablo Serrano, la Cabeza de Machado, fundida en bronce.

Intelectuales, artistas, estudiantes, destacados escritores, amantes de la poesía… se dirigieron a Baeza desde Madrid y desde muchos otros lugares de España, con la escultura, que según cuentan viajó bien protegida en un modesto automóvil “dos caballos” conducido por el arquitecto.

Pero el homenaje no tuvo lugar, la autoridad competente no lo permitió, al parecer de forma contundente. Según la prensa de la época, la excusa oficial fue que “el monumento no estaba terminado” pero, entre otras cosas, a las autoridades no les gustó “el descuido en el vestir” que mostraban los asistentes, quizá les pareció similar al del propio Machado, “ya conocéis mi torpe aliño indumentario”, como él mismo dijo al escribir su propio “Retrato”.

De forma que todos los integrantes de la comitiva, junto con la escultura, que habían viajado hasta Baeza volvieron a Madrid.

También se pudo leer en los periódicos que en 1970 cuando se fundó la librería Antonio Machado en la calle de Fernando VI, allí se trasladó, para al año siguiente volver a ser resguardada en casa de uno de los organizadores del fallido homenaje, donde pasó varios años, a la espera de poder llegar a su destino. Pero este hecho no he podido ratificarlo, nadie actualmente en la librería puede dar fe de ello.

Poco a poco los tiempos fueron cambiando.

En 1981 Pablo Serrano fue nombrado Académico de Bellas Artes y el escultor regaló a la institución otra Cabeza de Machado. Allí podemos contemplarla hoy día, en la tercera planta del museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se encuentra la Interpretación al retrato de Antonio Machado que, como indica el cartel explicativo del museo, “esta poderosa cabeza… no es una recreación literal sino que interpreta el espíritu del poeta andaluz y su gesto serio, un tanto amargo…

Academia de Bellas Artes, calle Alcalá 13.

Al año siguiente el artista aragonés visitó Soria, donde Machado también fue profesor durante unos años, y donó a esta ciudad otra escultura de la serie, la cual fue instalada sobre un pedestal de piedra frente al instituto donde el escritor había impartido sus clases.

Por fin en 1983 se pudo realizar el homenaje que no había podido celebrarse diecisiete años antes. Casi con los mismos protagonistas de entonces, aunque algo más viejos, el busto fue colocado en Baeza.

En 1985 se celebró otro homenaje nacional, a Federico García Lorca, Miguel Hernández y al propio Machado. Con este motivo, el día 15 de octubre la Sociedad General de Autores instaló en el edificio de la calle del General Arrando nº 4, la que creo única placa que recuerda el paso del poeta por los numerosos domicilios que tuvo en Madrid a lo largo de su vida. Dos días antes se había inaugurado el monumento dedicado por “El Pueblo de Madrid al poeta Antonio Machado” en un barrio conocido más por el nombre de la empresa constructora Saconia, que por el bello nombre de la Ciudad de los Poetas, en terrenos de la antigua Dehesa de la Villa. Tanto la calle en la que se ubica el monumento como la estación del metro que nos lleva hasta allí, se llaman “Antonio Machado”.

Calle de Antonio Machado

Diseñado por el arquitecto Joaquín Roldán, acoge una nueva Cabeza, obra del mismo autor, de gran tamaño; fue inaugurado en presencia de los vecinos, artistas y del entonces alcalde Enrique Tierno Galván, como indica una de las dos lápidas; la otra parece que grita:

¡Madrid, Madrid!, ¡Qué bien tu nombre suena.
Rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena.
Tú sonríes con el plomo en las entrañas.
(Antonio Machado. 7 de noviembre de 1936)

Poco después de la inauguración del monumento, el 26 de noviembre de ese mismo año 1985 en Madrid, murió Pablo Serrano, sin duda uno de los escultores españoles más importantes del siglo XX.

En 1994 se inauguró su museo, el Museo Pablo Serrano, en la ciudad de Zaragoza.

Como nos cuentan en esta institución, el propio escultor dejó instrucciones de que se hiciera más de un vaciado del molde original de la Cabeza de Antonio Machado. A Pablo Serrano le gustaba que sus obras llegaran a cuánto más público mejor, y sin duda a lo largo de su vida demostró ser un artista generoso.

Como hemos visto la primera fue la de Baeza, que realizó de forma gratuita. Existen ejemplares en tres tamaños. La mayor mide alrededor de un metro de altura, como la de la fuente de la Dehesa de la Villa. La mediana más de 60 centímetros, como la de Bellas Artes. Y existe un tamaño menor, de unos 18 cm.

En el propio museo hay varios ejemplares. Una de gran tamaño, una mediana y otra pequeña, además de un original de la pequeña, en escayola.

Interpretación al retrato de Antonio Machado (1966), exposición “Las Huellas del Caminante” (de la colección del Museo Pablo Serrano)

Existen tres Cabezas fuera de España, dos de ellas en dos de los museos más importantes del mundo. Una forma parte de la Colección del Museo de Arte Moderno de París, o Centre Pompidou realizada en 1962 y adquirida por el museo en 1971, otra se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MoMA, según información del propio museo, esta obra, “Head of Antonio Machado” fue adquirida en 1967. Ambas son de tamaño mediano. Y la tercera, en la Universidad Brown, en Providence, Rhode Island (EEUU), de la que no he conseguido obtener ningún dato.

Existe además algún ejemplar en Colecciones particulares, pero estas no están catalogadas en el Archivo del Museo Pablo Serrano.

Y finalmente, el 19 de junio de 2007 fue colocada la última Cabeza, sobre un pedestal del diseñador Alberto Corazón, en los jardines de la Biblioteca Nacional en el Paseo de Recoletos. Homenaje al poeta, que nos recuerda que “se hace camino al andar”.

Biblioteca Nacional. Pº de Recoletos

Texto y fotografias por : Mercedes Gómez

Madrid, agosto de 2008

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Fuentes:

Museo Pablo Serrano de Zaragoza.
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.
The Museum of Modern Art. Department of Painting and Sculpture. New York.
VVAA. Pablo Serrano 1908-1985. Las huellas del Caminante. Catálogo exposición. Gobierno de Aragón/Ibercaja 2008.
Diario El País

El Sanatorio de Nuestra Señora del Rosario, que ocupa la manzana entre las calles Juan Bravo, Castelló, Padilla y Príncipe de Vergara, con fachada principal en el número 53 de esta última, es un hospital centenario. Está dirigido por la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, que a finales del siglo XIX compraron una casa en lo que por entonces eran las afueras de Madrid, una zona prácticamente sin construcciones, que se convertiría en la actual calle Castelló, donde acogían a los convalecientes que salían del hospital y no tenían quien les atendiese.

El hospital fue inaugurado el 22 de Marzo de 1.889, entonces bajo el nombre de Casa de Salud y Convalecientes. A principios del siglo XX se convirtió en un sanatorio o lugar de reposo para personas acomodadas. En 1958 se inauguró el nuevo edificio anexo destinado a maternidad, que llegaría a adquirir mucha fama, que aún mantiene.

Durante sus más de cien años de vida este centro ha acogido muchos pacientes, algunos de ellos ilustres. Fue durante mucho tiempo el domicilio de Juan Ramón Jiménez, uno de los varios que tuvo el poeta en nuestra ciudad.

Juan Ramón llegó a Madrid muy joven, con 19 años. Era el año 1900.

Muy pronto sufrió su primera crisis depresiva, y después de un año en un hospital francés, que tuvo que abandonar por sus amoríos con algunas enfermeras, ingresó en el del Rosario, donde vivió tres años, aunque él decía que se trasladó allí “no porque estuviera enfermo sino porque necesitaba vivir entre árboles”.

Entrada al jardín

Entrada al jardín

Interior del jardín

Interior del jardín

Allí organizó tertulias, a las que asistían los hermanos Machado y Valle Inclán entre otros, se enamoró de alguna monja, escribió y fue feliz. Es curioso comprobar que la mayoría de los domicilios posteriores de Juan Ramón siempre fueron próximos al Sanatorio. Desde el último, en la calle de Padilla -donde se encuentra la lápida que le recuerda- se veía el jardín

Ventana de su habitación

Ventana de su habitación

Desde su ventana en el segundo piso, ahora con un aparato de aire acondicionado, el poeta divisaba el jardín en el que pasó tantas tardes. Allí continúa la palmera que, según nos cuentan, ha cumplido 108 años.

Palmera centenaria

Palmera centenaria

También la bonita fuente bajo el emparrado y la pérgola, lugar al que al parecer el poeta bajaba a sentarse todas las tardes

Fuente Sanatorio del Rosario

Fuente Sanatorio del Rosario

La Pérgola

La Pérgola

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Rocío Fernández Berrocal. “Guía del Madrid de Juan Ramón Jiménez”, Guías culturales Comunidad de Madrid. Madrid 2007.

y gracias al Sanatorio Ntra. Sra. del Rosario que amablemente mostraron su jardín.

La Casa-Museo de Lope de Vega, en la calle de Cervantes número 11, en pleno Barrio de las Letras, es, en mi opinión, uno de los lugares más bonitos de Madrid, y quizá uno de los museos más desconocidos.

Dentro de pocos días hará un año en que se anunció su rehabilitación.

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El Museo fue cedido por la Real Academia de la Historia, propietaria de la casa desde que en 1935 se hiciera cargo de su restauración, a la Comunidad de Madrid, con el fin de que ésta se haga cargo de su gestión, la potencie como museo y centro cultural para la ciudad, y le de todo el valor que se merece como Casa que fue de uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

Hoy tenemos una buena noticia: se anuncia la inauguración del renovado Museo.

Además de la aplicación de medidas de conservación a todo el edificio y acondicionamiento, básicamente las obras han consistido en la rehabilitación de la planta baja con el fin de que pueda acoger diversas actividades de índole cultural (conferencias, talleres literarios, recitales de poesía, etc.) sobre todo encaminadas a dar a conocer el Siglo de Oro español, cuyo principal escenario no olvidemos fue la Villa de Madrid. Vecinos de Lope fueron Cervantes y Quevedo, entre otros.

La Casa conserva todo el encanto que le otorga el ser un fiel reflejo de lo que podía ser una casa común del siglo XVII en Madrid y que reconstruye con bastante fidelidad la casa en la que vivió el autor desde que la compró en 1610 hasta su muerte en 1635.

El ambiente recreado es perfecto. Libros de la época -gracias a la Biblioteca Nacional-, pinturas magníficas como las que pudieron adornar las estancias cuando el autor las habitaba -cedidas por el Museo del Prado y el cercano Convento de las Trinitarias-, o mobiliario procedente del Museo de Artes Decorativas, permiten al visitante realizar un verdadero viaje a otra época e imaginarse al dramaturgo en su huerto o subiendo por las escaleras de madera hacia los aposentos de la casa.

En la planta baja, tras atravesar el zaguán, se accede al pequeño jardín, con su palomar, sus árboles frutales y el pozo, que es el original, no así el brocal que fue reconstruído. Aunque parezca mentira, pues nos encontramos en el centro de Madrid, el único sonido que percibimos es el canto de los pájaros.

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Visitamos el Oratorio, donde el propio Lope, sacerdote desde 1614, oficiaría la misa. Una figura de San Isidro, del siglo XVII, preside el altar. Las alcobas; la habitación destinada a los huéspedes, en la que el Capitán Contreras tantas veces se alojó, que allí, sobre un sofá junto a la cama, descansa una espada en su recuerdo. El comedor, la cocina…

escalera

comedor

El estudio de Lope, y junto a él, el estrado, la habitación más curiosa para nosotros, lugar de reunión donde las damas solían recibir a las visitas, mientras quizá los hombres mantenían su tertulia en el estudio. Los estrados consistían en una tarima de madera o corcho sobre la que se colocaban alfombras y grandes almohadones, los cuales hacían las veces de sillas para las señoras que allí podían dedicarse a charlar. En estas estancias también había sillas, donde se sentaban los personajes importantes, o banquetas, lugar común donde se sentaban los hombres, al contrario que las mujeres que se sentaban sobre sus piernas cruzadas. Como vemos, las diferencias entre los hombres y las mujeres eran entonces abismales, afectando incluso a la forma de sentarse.

estrado

estudio

Lope de Vega dejó una gran obra y vivió una vida azarosa. Nació en Madrid, y aquí murió; tuvo varias mujeres, hijos, y también amantes aún después de ser ordenado sacerdote -con aparente especial predilección por las actrices de su teatro-. Como buen personaje del siglo XVII, conoció la cárcel y el destierro, al parecer también la guerra como voluntario de la Armada Invencible, los conflictos con sus colegas,… y la gloria como dramaturgo.

A partir de hoy será más fácil visitar la que fuera Casa del gran maestro del Siglo de Oro, pues estará abierta incluso los domingos, y tal vez animarnos a conocer un poco mejor a don Félix Lope de Vega y Carpio, Fénix de los Ingenios.

Casa-Museo Lope de Vega. Cervantes, 11. Martes a domingo, de 10.00 a 15.00. Entrada gratuita. Lunes cerrado

Fuentes:
González Martel, J.Manuel. “Casa Museo de Lope de Vega. Guía y Catálogo“. Madrid 1993.
DocuMadrid. “El Madrid de Velázquez”. Madrid 1999

Texto y fotografías por:  Mercedes Gómez

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