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La Plaza del Conde de Barajas se encuentra en el corazón del Madrid Medieval, al que tanto nos gusta volver de vez en cuando, visitar sus rincones y, siempre con la ayuda de la imaginación, recrear su historia.

Allí, junto a la muralla, entre la Puerta de Guadalajara y la Puerta Cerrada, en los comienzos del siglo XV Ruy Sánchez Zapata construyó su casa-palacio. Don Ruy, que pertenecía a la sexta generación de los Zapata, originarios del Reino de Aragón, fue el primero de una familia que se convertiría en una de las más influyentes de la nobleza madrileña.

Nació alrededor del año 1360 y siendo un doncel creció junto a la hija del rey Pedro IV, Leonor. La infanta se casó en 1375 con el que llegaría a ser el rey Juan I. Al parecer el joven Ruy llegó a Castilla con el cortejo de doña Leonor. En algún momento, en los comienzos del siglo XV, nuestro protagonista se estableció en Madrid, ya para siempre.

Por entonces era Copero Mayor de Enrique III (hijo de los mencionados Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón), uno de los monarcas castellanos que mostró más querencia por la Villa, vivió largas temporadas en ella y realizó obras en el Alcázar con el fin de acondicionarlo como residencia real.

Antes de continuar, merece la pena que volvamos por un momento al Castillo de la Alameda que recordemos fue construido hacia 1400 por Diego Hurtado de Mendoza cuya familia había obtenido los Señoríos de Barajas y la Alameda unos años antes. El poderoso don Diego se casó dos veces y, además, tuvo una amante, su prima Mencía Gonzalez de Ayala, a la que, a su muerte en 1404, legó los señoríos, y el Castillo.

Dos años después Ruy se casó con Mencía, quien desgraciadamente murió pocos años después. Él heredó su fortuna y los señoríos de las antiguas aldeas de Barajas y La Alameda, que ella había entregado como dote. Así fue cómo el Castillo pasó de los Mendoza a los Zapata.

Por esa época, tras la muerte de Enrique III, desempeñó la misma función de Copero Mayor para su hijo Juan II, que reinó desde 1406 hasta 1454.

Cuando Ruy quedó viudo contaba más de 50 años, sin descendencia, por lo que al poco tiempo se concertó una nueva boda con la joven Constanza de Aponte con la que tuvo tres hijos. Otra muestra de su vecindad y poder en la Villa es que en 1421 fue procurador en Cortes por Madrid.

Sin duda Don Ruy eligió un buen lugar para establecerse, cerca de la Puerta más importante, la de Guadalajara, principal salida de Madrid, junto a la plaza de San Salvador, hoy plaza de la Villa, lugar de mercado y de reunión del Concejo.

Como decíamos al principio, allí, al abrigo de la muralla, en 1430 construyó Ruy Sánchez Zapata su palacio.

Ese mismo año Ruy y su segunda esposa Constanza fundaron una capilla junto a la cercana iglesia de San Miguel de los Octoes, muy lujosa y con un rico artesonado según los cronistas, la de Nuestra Señora de la Estrella.

Parece ser que Ruy Sánchez Zapata llamado “el Viejo” fue un hombre longevo para la época, vivió al menos 75 años. Su hijo primogénito, Ruy Sánchez Zapata “El Mozo”, heredó su cargo de Copero de Juan II y los Señoríos.

En 1572 Felipe II otorgó el título de Conde de Barajas a su descendiente Francisco Zapata y Cisneros. Los Zapata, condes de Barajas, llegaron a ser dueños de gran parte de las casas de la zona, con el tiempo darían nombre a la plaza, que ya aparece así representada en el plano de Texeira.

Plano de Texeira (1656)

De aquellos tiempos medievales no queda nada, apenas la forma de las calles y la muralla, y el recuerdo de la vida de don Ruy y sus ricos descendientes, pero hoy día la plaza es una de las más bonitas, y su arquitectura nos ofrece un bello paseo por la historia de Madrid.

En el nº 1, sobre el antiguo Palacio de los Zapata, se encuentra el que fuera Palacio de la Secretaría de la Santa Cruzada. Construido en 1888 por Gabriel Abreu según proyecto de Francisco de Cubas y González-Montes, marqués de Cubas.

En el nº 2, un edificio de viviendas, uno de los más antiguos de Madrid, pues su origen se remonta a los años 60 del siglo XVII, conservando las características sencillas típicas de la arquitectura del Siglo de Oro.

En el nº 3, construido en los comienzos del siglo XX, la filósofa María Zambrano vivió desde 1931 hasta 1936, así lo recuerda una placa.

Los nº 4 y 6 son obra de Valentín Roca Carbonell, del año 1910.

En los años 80 del siglo XX la plaza del Conde de Barajas se convirtió en la plaza de los pintores.

Desde entonces todos los domingos por la mañana un colectivo de artistas exponen sus obras y alegran la antiquísima plazuela. Es un placer recorrer los tenderetes y contemplar las pinturas, dibujos y acuarelas que nos ofrecen, disfrutar de la plaza, sus bares y su ambiente, y recordar su origen hace tantos siglos. Seguramente aún de vez en cuando se pasea por allí el espíritu de don Ruy y, quién sabe, doña Constanza.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. Ruy Sánchez Zapata, la Parroquia de San Miguel y la Capilla de Nuestra Señora de la Estrella. Anales Inst. Estudios Madrileños nº 37, 1997.

El Castillo de Madrid. Guía del Castillo de la Alameda y su entorno. Ayuntamiento de Madrid 2010.

Guía de Arquitectura de Madrid. COAM 2003.

 

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El Distrito de Chamberí está formado por los barrios de Gaztambide, Arapiles, Trafalgar, Almagro, Ríos Rosas y Vallehermoso.

El barrio de Almagro, situado entre la calle de Santa Engracia y el paseo de la Castellana actualmente acoge a las clases altas madrileñas, aunque también a numerosos organismos públicos o embajadas que han elegido algunos de los numerosos palacetes de la zona para instalarse. Pero a comienzos del siglo XIX, este barrio era en una gran parte propiedad de las Órdenes Religiosas.

Por entonces esta zona del Ensanche, al norte de Madrid, atrajo a la Iglesia, debido entre otras cosas a la cantidad de suelo disponible. Su presencia fue disminuyendo durante la primera mitad del siglo debido sobre todo a las leyes de desamortización de Mendizábal, aunque después de la restauración de la monarquía en el año 1874, la iglesia volvió a ser la gran propietaria del barrio, no solo en forma de conventos sino también de asilos o colegios, algunos de los cuales aún perviven.

Hoy os invito a conocer cuatro de estos edificios, de marcado carácter historicista, situados entre la calle de Almagro y Santa Engracia en su primer tramo.

Comenzamos por el antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres, con entrada por la calle Almagro nº 9.

De estilo neomudéjar, fue construido por Antonio Ruiz de Salces en 1875, ampliado en una planta en 1927 y rehabilitado en 1983. Hoy convertido en Residencia privada, es un monumento BIC desde 1996. La Capilla es de influencia gótica.

Todo el conjunto se ordena alrededor de un jardín con arquerías.

Allí sigue el pozo de piedra que en otro tiempo debió proporcionar el agua tan necesaria.

El Patronato de Enfermos, asociación fundada a principios del siglo XX para socorrer a enfermos pobres, encargó la creación de este hospital a Luis Ferrero, la cual comenzó en 1921. En el número 11 de Santa Engracia, llama la atención su construcción mezcla de ladrillo y piedra, y su decoración con azulejos, firmados por José Navarro, de cerámica valenciana.


El Convento e Iglesia de San José de la Montaña, en la calle Fernández de la Hoz, esquina Españoleto, de finales del siglo XIX:


 

Para terminar, por hoy, entramos en el Monasterio de la Visitación o Salesas Reales.

La Iglesia y Convento de las Salesas de Nuestra Señora de la Visitación, conjunto proyectado en 1880 por el arquitecto Francisco de Cubas, Marqués de Cubas, se encuentra en la calle de Santa Engracia nº 18.

La bella construcción ocupa toda la manzana, entre las calles de Caracas, Fernández de la Hoz, Zurbarán y la propia Santa Engracia, y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1977.

Este monasterio constituye una de las mayores edificaciones religiosas de Chamberí, y fue levantado en sustitución del primer edificio incautado en 1870 por el Estado para Palacio de Justicia, actual Tribunal Supremo. Finalizado en 1881, la planta del conjunto es casi cuadrada.

La iglesia, de estilo neogótico, se alza orgullosa al inicio de la calle, con su única torre.

Su planta es de cruz latina con capillas laterales, sobre las cuales se hallan las tribunas.

Antes de trasladarse aquí, tras la exclaustración, mientras se construía el nuevo convento, las religiosas se establecieron durante unos años en el Monasterio de las Salesas Nuevas en la calle San Bernardo 72, hasta que pudieron trasladarse a su nuevo edificio de Santa Engracia, en el que continúan.

por Mercedes Gómez


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Bibliografía:

COAM. “Arquitectura de Madrid”, Madrid 2003.

JIMÉNEZ BLASCO, B.C. “La ocupación del suelo por parte de las órdenes religiosas en el sector oriental de Chamberí” . Anales de Geografía de la Universidad Complutense, Madrid 2002.

Como contábamos en el artículo anterior sobre La Forja artesanal, con la llegada del siglo XIX las viejas herrerías del Barrio de la Chispería fueron desapareciendo. A lo largo de la primera mitad del siglo los talleres comenzaron a incorporar maquinaria y se fueron convirtiendo en pequeñas fábricas.

Por entonces existían numerosos yacimientos y minas de hierro en varios pueblos de la Comunidad de Madrid, como Colmenar Viejo, Valdemorillo, Galapagar, Manzanares el Real,… lo cual propició el nacimiento de importantes fundiciones que a su vez facilitarían el nacimiento de otras industrias. Aunque algo más tarde que a otras capitales europeas, a mediados del XIX, la Industria llegó a Madrid.

Una de las primeras fue la Fábrica de Hierros de Bonaplata, fundada en 1839. Hacia la mitad del siglo, el Taller de Tomás de Miguel, quien antes que empresario fue un gran artista, el último Maestro Herrero y Cerrajero del Ayuntamiento de Madrid, antes de que desapareciera este cargo. La Fundición de Hierros Sanford, y la última de las cuatro grandes fundiciones, la Fundición Safón.

Así comenzó la época de esplendor de las Fundiciones. Nació una Arquitectura del hierro -de la que quedan algunos ejemplos que quizá podamos visitar en otra ocasión-, se convirtió en el material principal en la construcción de los elementos urbanos, rejas, bancos, farolas, quioscos,… y fue por supuesto el material decorativo por excelencia. El hierro se convirtió en protagonista de la ciudad, en elemento urbano característico que daría una nueva imagen a Madrid.

En esta segunda mitad del XIX surgieron los miradores que, junto a los balcones, se convirtieron en elementos muy significativos de nuestra ciudad. Los primeros eran de madera, pero pronto se utilizó el hierro.

Calle Amnistía

A la labor de los excelentes talleres se sumó la calidad de muchos de los arquitectos de la época, gracias a cuyo trabajo podemos decir que hoy día se conservan algunas balconadas “de autor”, pues ellos diseñaban y supervisaban el desarrollo de las obras, que ejecutaban los mejores rejeros. Los últimos veinte años de la centuria fueron muy productivos en este aspecto, construyéndose unos edificios magníficos, muchos de los cuales aún perviven.

Por ejemplo, las viviendas construidas por Francisco de Cubas, el Marqués de Cubas, en terrenos del antiguo Pósito, hoy calle Villalar números 7 y 9, entre los años 1879 y 1881. Junto con el resto de edificios de esta calle y los de la cercana calle de Recoletos, conforman uno de los conjuntos más bonitos de Madrid, con sus balcones de sofisticada rejería.

Calle de Villalar

En cualquier momento, en cualquier lugar de Madrid, paseando, podemos encontrar auténticas maravillas, como este inesperado edificio en la calle del Barco número 21, de 1882, con sus balcones y miradores de inspiración árabe.

Calle del Barco

El Centro de Madrid, el barrio de los Jerónimos, Lavapiés, Chamberí, Salamanca, etc. nos regalan preciosos balconajes de todo tipo, balaustres con o sin redropie, dibujos en círculo, en rocalla, chapeados muy decorativos, complicados ornamentos, etc.

Calle de Alfonso XI (chapeado)

Además de los balcones y miradores, que alcanzaron una complejidad artística que daría lugar a verdaderas obras de arte, la presencia del hierro en las fachadas madrileñas fue llegando a otros elementos, como las puertas, antes realizadas en madera. Primero, se adueñó de los montantes, y después de la puerta completa. El hierro también sustituyó a la madera en las barandillas de las escaleras, tanto en palacetes como en las corralas de vecindad más modestas. Otros elementos característicos de esta etapa y estilo fueron las columnas de fundición, que aún se conservan en el interior de algunos locales, las marquesinas, etc.

Farmacia en la calle Juan de Mena

En este Madrid de Isabel II se produjo otro cambio importante en la ciudad, que ahora muchos añoramos, se ajardinaron las plazas. Casi todas las plazas madrileñas, fueron adornadas con árboles, arbustos, esculturas, fuentes y bancos, todo ello rodeado por bonitas verjas.

En los jardines, las verjas sustituyeron a las antiguas tapias. Un ejemplo importante es el Retiro, cuyo enverjado actual es quizá el de mayor longitud de la ciudad, cada cierto tiempo pintado a mano, barrote a barrote, pero hay otros (Biblioteca Nacional, Escuelas Aguirre, etc.)

Al final del siglo se abrieron los talleres de Juan González y el de Bernardo Asins, para los cuales a partir de entonces trabajaron los mejores arquitectos y rejeros.

De esta última fundición nacieron algunas de las obras más importantes que perduran hoy día, como la verja del Palacio de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército, que fue realizada durante la primera ampliación del Palacio, entre los años 1869-75.

Y las del Banco de España, realizadas entre 1884 y 1894, en las cuales aún se puede leer la firma de “B. Asins Constructor”.

Banco de España, entrada calle de Alcalá

(detalle)

Banco de España (Firma de Bernardo Asins)

En los primeros años del siglo XX, los arquitectos continuaron construyendo preciosos balcones y miradores.

Calle de Antonio Maura (Daniel Zavala, 1901)

Antonio Palacios fue el máximo exponente en cuanto a arquitecto que integró las artes decorativas en sus edificios, la cerámica de Zuloaga, la escultura de Angel García Díaz, y la cerrajería de Gabriel Asins, hijo de Bernardo, que unos años después, recogiendo la herencia de su padre, creó obras como la espléndida puerta y las rejas del edificio de las Cariátides para Palacios, donde también dejó su firma.

Sello de Gabriel Asins en "Las Cariátides"

En estos inicios del siglo en Europa surgió el Modernismo, que quizá no tuvo una gran repercusión en Madrid como corriente estilística, pero sí se construyeron muchos edificios bajo su influencia, los más conocidos son el Palacio de Longoria, en la calle de Fernando VI, y el edificio Villaamil en la plaza de Matute, aunque no los únicos. Además, hay bastantes elementos de influencia modernista repartidos por la ciudad. Un ejemplo, las puertas y la verja de la antigua Casa de Socorro en la calle de las Navas de Tolosa, donde por cierto también trabajó García Díaz, como vimos.

Antigua Casa de Socorro (Martínez Zapata, 1913)

Finalmente, a mediados de los años 20 apareció el Art Déco, que igualmente dejó sus huellas en Madrid. Aunque pronto nuestra arquitectura se decantó por los elementos tradicionales españoles, en los cuales el hierro desempeñó un papel importante.

Calle Goya, esq. Gral. Pardiñas (Luis Ferrero 1920-23)

En la segunda mitad de este siglo XX, el hierro fue cayendo en desuso, y en las fachadas se comenzó a utilizar otro tipo de materiales, como los paneles de vidrio o el aluminio. Proliferaron las viviendas “con terraza”, que todo el mundo deseaba, pero que una gran mayoría luego cerraba para ganar espacio a la vivienda, no solo en los barrios modestos.

Calle O'Donnell

En este siglo XXI ya no se construyen apenas balcones, aunque al menos tampoco se construyen “terrazas”. Pero no con el fin de embellecer la villa, como inocentemente yo había pensado. En ello al parecer influyen las nuevas leyes. El Plan General de Ordenación Urbana de 1997 considera que la superficie de un balcón o de una terraza no es suelo construido, y por tanto no se puede cobrar al precio astronómico que ha alcanzado el metro cuadrado en Madrid. Así, los constructores optan por los nuevos miradores, incluidos en el cálculo de superficie total del piso.

Calle de Ayala

El final de la calle Ayala, quizá es representativa de lo que está ocurriendo en algunas zonas de la ciudad, aún conserva bonitos balcones y farolas de hierro, pero está viendo como algunos de sus edificios son derribados y sustituidos por modernas viviendas con sus nuevos miradores del siglo XXI.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Sobre la Rejería madrileña y española en general, lo ha escrito todo el autor Fernando de Olaguer-Feliú.


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