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Francisco de Goya pintó La última Comunión de San José de Calasanz en 1819 para la Iglesia de San Antón del colegio de las Escuelas Pías en la calle Hortaleza de Madrid.

Goya recibió el encargo del rector de la iglesia, que aceptó de muy buen grado se cree que por su condición de antiguo alumno de los escolapios en Zaragoza. En la actualidad el cuadro que se expone en la iglesia es una copia.

La pintura original está en la Capilla de la Orden de las Escuelas Pías de la Provincia Betania, en la calle de Gaztambide nº 65.

El edificio en el que se encuentra fue construido en 1960 por el arquitecto Cecilio Sánchez-Robles, autor de varias obras de arquitectura religiosa en los años 50-60 del pasado siglo XX.

El cuadro pintado por Goya está en el altar de la sencilla capilla que se creó para acoger la obra. Recordemos que en 1989 el Colegio de las Escuelas Pías de San Antón en la calle de Hortaleza había sido vendido y el edificio vivió un periodo de abandono. Tras su limpieza y restauración en 1994, de las que se encargó el Museo del Prado, el lienzo pasó a su nuevo emplazamiento, en la residencia de Gaztambide.

Como se puede leer en el letrero del marco, es un depósito del Colegio de Padres Escolapios de San Antón.

Es un gran cuadro de altar, óleo sobre lienzo, firmado, de 250 x 180 cm. La firma de Goya se aprecia perfectamente en el extremo inferior izquierdo, “Franco Goya, año 1819”.

Goya (1746-1828) cuando realizó esta obra –hacía cerca de dos siglos que había muerto José de Calasanz (1557-1648)– estaba ya en su última época, la misma en la que comenzó a realizar las Pinturas negras en su Quinta cercana al Manzanares. Tenía 73 años.

La pintura es tenebrista, un juego de luces y sombras. La escena tiene lugar en una iglesia oscura, iluminada únicamente por potentes rayos de luz que llegan hasta el rostro de San José de Calasanz, que arrodillado, con las manos juntas, recibe la comunión. El sacerdote acerca la Sagrada Forma al santo. Solo el blanco y el dorado de la casulla del padre y el cojín rojo sobre el que se apoya el santo se apartan de los grises y negros dominantes.

“Llama la atención la disposición espacial y luminosa que revela la lección aprendida de Las Meninas de Velázquez con la que Goya buscó deliberadamente crear la ilusión óptica de que el espacio real de la iglesia se prolongaba en el espacio imaginado del lienzo”. (Museo del Prado).

La pintura expresa la gran religiosidad de José de Calasanz, que muestra un aspecto agonizante. Para esta imagen Goya utilizó la mascarilla mortuoria del santo.

Forman parte de la escena además del santo y el padre que le ofrece la comunión otros sacerdotes y varios niños del colegio.

Los padres escolapios guardan un esquema dibujado y escrito a mano, firmado por J.L. Monge, con los personajes pintados por Goya y la indicación de a quién representan algunos de ellos.

Los personajes principales son, con el nº 1, el Padre Vicente Berro, contemporáneo del santo, aunque más joven, y con el nº 2, San José de Calasanz.

Entre ambos (la figura nº 3) se ha identificado a un canónigo amigo de Goya.

A la izquierda, junto al marco (nº 4), J.L. Monge identifica al propio pintor, Francisco de Goya, que habría utilizado el recurso del autorretrato, tal como por cierto ya hizo Velázquez en sus Meninas.

Junto a él el otro rostro (nº 5) corresponde a Camilo Goya, su hermano, que era párroco en Chinchón, Madrid.

Al otro lado, los niños, alumnos del colegio. Los dos a la derecha, en primer plano, se indica que son Mariano, nieto de Goya, hijo de Javier, a su vez hijo de Goya; y junto a él se ha identificado al escritor Víctor Hugo que estudió en el colegio de San Antón de la calle Hortaleza de Madrid.

Acompañan el conjunto varias Figuras Negras, preludio de las pinturas que poco después crearía Goya.

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Hace unos días se ha conocido la noticia, dentro de unos meses la extraordinaria pintura de Francisco de Goya se podrá contemplar en el Museo del Prado.

Con motivo de la celebración del bicentenario del museo que fue inaugurado en 1819, el mismo año en que fue pintado el cuadro, los padres escolapios lo prestarán para su exposición temporal, durante un año, prorrogable a dos.

El cuadro volverá al Museo del Prado el próximo mes de octubre o noviembre por tercera vez. Antes de su restauración en 1994 como hemos comentado, La última comunión de San José de Calasanz se expuso en 1983 en la muestra Goya en las Colecciones madrileñas.

TVE emitió un programa dedicado a esta pintura y su estancia en la gran Pinacoteca el 9 de mayo de 1983 en la serie Mirar un cuadro.

Ahora, por un año, tal vez dos, volverá a ser cuidado por el Museo del Prado y allí podremos admirarlo.

Por : Mercedes Gómez

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Hace unos días hemos conocido una noticia muy estimulante, el proyecto del Ayuntamiento de convertir el Palacio de la duquesa de Osuna del Parque del Capricho en un museo. Un museo dedicado a la figura de este personaje singular, una mujer culta, ilustrada, amante de la música, del teatro y mecenas del arte, doña María Josefa de Pimentel (1752-1834), condesa-duquesa de Benavente, casada con don Pedro Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna. Un museo de la historia del Jardín y su época.

La Duquesa quiso tener una villa de recreo, su “capricho”, como ella misma lo llamó. Buscó y encontró en las afueras de Madrid, en Canillejas, una antigua casa de campo que había sido propiedad del conde de Barajas, que en 1783 los duques de Osuna compraron a los condes de Priego.

El Jardín se encuentra en el actual barrio de la Alameda de Osuna en el distrito de Barajas. Declarado Jardín Histórico en 1934, propiedad municipal desde 1974, fue restaurado y hoy es uno de los lugares más bonitos de Madrid, ejemplo de Jardín Romántico Clásico. Reabrió sus puertas en junio del año 2000.

entrada Capricho

El palacio fue construido sobre una casa existente. Desde 1784 a 1788 se sucedieron las reformas, a cargo del arquitecto Manuel Machuca, que añadió dos torres a la construcción primitiva. En 1793 se hizo cargo Mateo Medina, quien añadió otros dos torreones llamados del Duque y de la Duquesa; los otros se destinaron a los hijos, las habitaciones de los señoritos. La casa, de planta casi cuadrada, quedó delimitada por cuatro torres aterrazadas y adornadas con jarrones, actualmente cubiertas.

Google Maps (2015)

Google Maps (2015)

La construcción terminó en 1798, la única fachada modificada años después fue la que da al jardín. En ella se construyó un peristilo con ocho columnas y una escalera de cantería con dos ramales.

Desde Valencia llegaron los suelos y elementos decorativos. Más adelante, Ángel María Tadey realizó decoraciones pictóricas.

El interior está completamente transformado, casi todos los elementos originales han desaparecido, pero los documentos han permitido conocer cómo pudo ser, información muy valiosa de cara a una posible recreación.

Un inventario de los muebles y alhajas existentes en la casa-palacio en 1795 revela cómo era el Cuarto principal o Pieza de comer, con sus mesas finas de nogal y cortinas de China, el Cuarto de señoritas con sus cortinas de tafetán encarnadas, blancas con cenefas achinadas en el Gabinete; la Ante alcoba de mi señora, y su Alcoba con cama imperial charolada color de porcelana. En el Gabinete de mi señora entre otras cosas había una escribanía de plata…

En la planta noble se encontraban las estancias de la duquesa, las más lujosas. En una de las torres que da al jardín se encontraba su Gabinete redondo, una de las joyas del palacio.

Foto Catálogo Jardines clásicos madrileños, Ayunt. de Madrid 1981

Foto Catálogo Museo Municipal “Jardines clásicos madrileños” 1981.

Allí se colocaron los cuadros comprados a Goya en 1799, siete pinturas entre las que se encontraban La pradera de San Isidro y cuatro pinturas de las Estaciones del año.

Goya, La pradera de San Isidro (1788) (Museo del Prado)

Goya, La pradera de San Isidro (1788) (Museo del Prado)

En dicha planta estaban también las habitaciones del duque y la biblioteca, entre otras. En la planta alta estaban las habitaciones de los criados.

Al parecer en los techos y muros de los torreones aún se conservan pinturas, quizá algunas de las que realizó Tadey en 1797, al menos así era en los comienzos de los años 80 del pasado siglo XX, cuando se publicó el Catálogo de la exposición Jardines clásicos madrileños y Pedro Navascués publicó su trabajo, citado aquí al final.

El suelo del Comedor era de azulejos representando la batalla de Issos, que al parecer también se conserva.

Foto Diario ABC (2012)

Foto Diario ABC (2012)

Aunque según Ezquerra del Bayo, que publicó el inventario en 1926, todo era muy sencillo, destinado a pasar cortas temporadas de verano, guardando los duques el mobiliario y objetos de lujo para su residencia habitual, que entonces era el Palacio de la Puerta de la Vega, conocido como Palacio de Benavente –construido por cierto sobre la muralla árabe que apareció al derribarse el edificio en 1970–.

Desde los comienzos del siglo XIX el palacio y sus jardines sufrieron muchos avatares. Durante la ocupación francesa la posesión fue incautada hasta 1812 y el edificio sufrió graves daños, además de desaparecer muchos objetos y muebles. Antonio López Aguado, en aquellos momentos Arquitecto Mayor de Madrid, fue el encargado de su restauración.

Después de la muerte de la Duquesa en 1834 se acometieron más reformas, a cargo de Martín López Aguado hijo del anterior arquitecto. Fue entonces cuando los torreones se cubrieron con tejados.

Charles Clifford, 1856 (BNE)

Charles Clifford, 1856 (BNE)

En 1900 pasó a ser propiedad de la familia Bauer y el palacio sufrió más transformaciones, incluido un nuevo piso en la fachada norte y nueva distribución de algunas estancias.

Como dijimos, en 1934 fue declarado Jardín Histórico pero la guerra volvió a provocar desperfectos. En 1937 se instaló en su interior el Cuartel General de la Defensa de Madrid, centro de mando del Ejército Republicano, a las órdenes del General Miaja. Y el edificio sufrió nuevas transformaciones, de esa época es al parecer un muro que separa el Comedor de gala de la pieza del Café.

Pero las desventuras del pobre palacio no acabaron aquí. Arruinados los Bauer, en 1946 fue vendido a una Inmobiliaria para ser convertido en Hotel. Entonces se perdió toda la distribución interior pues se dividió con el fin de obtener el mayor número de habitaciones posible. Aunque felizmente el proyecto no llegó a hacerse realidad.

Cuando lo compró el Ayuntamiento el estado del Jardín y del Palacio era lamentable. En 1978 se restauró la fachada y comenzó la restauración del Jardín que fue inaugurado en el verano del año 2000.

Palacio de Osuna (agosto 2005)

Palacio de Osuna (agosto 2005)

Las reformas han continuado; en 2009 se restauró la casa, reparándose grietas y humedades de la cubierta, fachadas, en las que se cambió el color del revoco, y forjados. A pesar de haber existido algunos proyectos ninguno se puso en marcha y lleva cerrado muchos años.

Palacio de Osuna (agosto 2015)

Palacio de Osuna (agosto 2015)

Ahora, como decíamos al principio, existe la idea de convertirlo en museo. La alcaldesa de Madrid Manuela Carmena se ha reunido con Miguel Zugaza, el director del Museo del Prado, con la intención de que se cedan cuadros y quizá mobiliario para el futuro museo. La idea es convertir el Palacete en un lugar de divulgación de su historia. Bienvenido sea.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

EZQUERRA DEL BAYO, Joaquín. “La Alameda de Osuna”. Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, nº IX, Ayuntamiento de Madrid, enero 1926.

Catálogo de la Exposición del Antiguo Madrid. Ayuntamiento de Madrid 1926, pp. 56-66.

NAVASCUÉS, Pedro. “El Capricho (Alameda de Osuna)”, Catálogo exposición Jardines clásicos madrileños, Museo Municipal, Madrid 1981, pp. 133-150.

AÑÓN, Carmen. “El Capricho” de la Alameda de Osuna. Ed. Doce Calles. Fund. Cajamadrid. Madrid 2001.

Diario El País 11.5.1999, 13.4.2009; Diario ABC 28.9.2012; Diario El Mundo 7.8.2015

 

La Iglesia de San Antón, en la calle de Hortaleza nº 63, ha abierto sus puertas.

La Fundación Mensajeros de la Paz, tal como ellos mismos cuentan en su web, se ha hecho cargo del templo y “va a emprender en sus instalaciones un ambicioso proyecto religioso, social y cultural, con atención permanente; abierto a todos, y en el que todos caben”. Y así es, todo el mundo es bienvenido, incluidos los animales de compañía. Durante todo el día, todos los días del año.

san anton entrada

Una iglesia abierta a todas aquellas personas que lo necesiten. No solo ayuda religiosa, sino de todo tipo, social, psicológica… alimentos, un ropero, simplemente un café si hace falta… y adaptándose a la vida actual, hay hasta wi-fi, conexión gratuita a internet, y modernas pantallas de televisión.

Los cepillos están abiertos, bajo el lema “deja lo que puedas, coge lo que necesites”.

Se puede colaborar de muchas maneras, además de estos cepillos hay una máquina para realizar donaciones similar a la que la Fundación instaló las dos últimas Navidades en el cercano Humilladero de la calle Fuencarral con el fin de comprar alimentos para las familias que más lo necesiten. El objetivo es ayudar a cubrir las necesidades espirituales y también las necesidades básicas.

Y no han olvidado que la iglesia construida en el siglo XVIII es un Bien de Interés Cultural, por lo que consideran que debe estar abierta igualmente a la Cultura y a todos los madrileños y visitantes interesados en conocer el valioso patrimonio que alberga.

La iglesia de las Escuelas Pías de San Antón, hoy convertidas en sede del Colegio de Arquitectos de Madrid, fue proyectada hacia 1735 por Pedro de Ribera. Su fachada se perdió en el siglo XIX cuando se construyó el colegio.

La nueva fachada que podemos contemplar hoy es de estilo neoclásico, del gusto que imperaba en la época. Sobre la portada, en una hornacina, se situó una escultura de San Antonio Abad.

san anton fachada

Sí se conserva la espléndida planta barroca con las formas curvas de las capillas ideadas por Ribera.

san anton interior

Un cartel en la entrada, junto a una mesita camilla que ofrece un café solidario (“si necesitas un café pero no puedes pagarlo, sírvetelo; si puedes, deja pagado otro para otra persona”), explica brevemente la historia del edificio y las obras más importantes.

Además, junto a las piezas de mayor valor artístico se ha colocado un cartel explicativo.

En el lado de la epístola, a la entrada a la derecha, en la pequeña Capilla del Santísimo se encuentra una Inmaculada del siglo XVIII, del tipo de la escuela de Pedro de Mena.

san anton inmaculada xviii

A continuación un Sagrado Corazón de Jesús moderno, salvado del gran incendio de 1995, que estaba colocado en la escalera monumental del Colegio. En la segunda capilla, una copia del cuadro que Francisco de Goya pintó en 1819, la Última comunión de San José de Calasanz, en su última época, la misma en la que realizó las Pinturas negras, en su Quinta cercana al Manzanares. Acompañan a esta pintura las Reliquias de San Antón y de San Valentín.

capilla reliquias

El Altar mayor reconstruido igual que la fachada en los inicios del XIX, es neoclásico. En la gran hornacina central la imagen de San Antonio, de finales del siglo XVIII.

altar san anton

En la primera capilla del lado del Evangelio se encuentra un San José que procede del Convento de Agozinantes de San Camilo de la calle Fuencarral, al parecer obra de finales del XVII de Sebastián Herrera Barnuevo, artista madrileño que tuvo entre otros cargos el de Maestro Mayor de Obras Reales con Felipe IV.

En la cuarta y última capilla un magnífico Cristo de los niños, talla anónima del siglo XVII próxima al estilo de Gregorio Fernández, autor al que algunos autores atribuyen la obra.

san anton cristo xvii

Sobre esta capilla contemplamos un órgano del siglo XIX.

cristo y organo

Es sin duda un proyecto muy bonito, ejemplar. Aparte las creencias religiosas, toda una lección en estos tiempos que vivimos. Hay que tener, además de buenas intenciones, mucha confianza en los demás.

Confianza, solidaridad y cultura en uno de los templos barrocos más notables de Madrid.

Por Mercedes Gómez

 

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