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La historia de la Puerta del Sol, recordemos, es muy antigua. Se remonta a la Edad Media, cuando en el siglo XV allí se situó una de las Puertas de la nueva Cerca del Arrabal. Desde entonces, a lo largo de los siglos, ha sido reformada en varias ocasiones. Desde que en 1768 se construyó la Real Casa de Correos, proyecto de Jaime Marquet, hasta hoy día en que va a comenzar la enésima obra. Ese edificio, actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, es el más antiguo que subsiste, todos los demás fueron desapareciendo.

Desde muy pronto allí debió de existir una fuente. Al menos ya en los inicios del siglo XVII había una, surtida por el Viaje de Agua del Alto Abroñigal.

Plano de Mancelli (1623)

Sobre la fuente existente se construyó otra monumental conocida como Fuente de la Mariblanca.

Ya conocemos la historia de la Mariblanca, la estatua de la bella diosa que llegó a Madrid en 1625, junto a otras esculturas que Ludovico Turqui trajo de Italia., que fue colocada coronando la fuente –diseño de Rutilio Gaci– frente a la iglesia y hospital del Buen Suceso que habían sido construidos tras el establecimiento de la Corte en Madrid en el siglo XVI.

Plano de Texeira, 1656

La estatua fue retirada en 1838; en 1853 se convocó un concurso para reformar el conjunto. Se barajaron varios proyectos completamente diferentes, al final en 1859 la estructura de la plaza fue configurada por Lucio del Valle, Juan Rivera y José Morer,

Después fue instalada la famosa Fuente de la Puerta del Sol, hasta finales del siglo XIX en que fue trasladada.

Puerta del Sol. J. Laurent (h. 1870) BNE.

El siglo XX comenzó en la Puerta del Sol sin fuentes y con un habitual atasco de carros, tranvías y peatones reflejado en numerosas imágenes.

A principios de los años 50 tuvo lugar otra gran remodelación de la plaza, proyectada por Manuel Herrero Palacios, entonces Jefe de Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Madrid, gran amante de las fuentes y estanques, como vimos.

1950, maqueta. A.R.C.M., Fondo M. Santos Yubero.

Herrero Palacios fue quien diseñó las fuentes neobarrocas que adornaron la plaza de la Puerta del Sol desde entonces.

Godoy (Revista Gran Madrid, 1951) (memoriademadrid)

Nuevamente en enero de 1985 comenzó una reforma más, a cargo de los arquitectos Antonio Riviere Gómez, Javier Ortega Vidal y, como asesor, Antonio González-Capitel.

Tres meses después, las dos fuentes de Herrero Palacios fueron sustituidas por otras dos modernas fuentes gemelas, instaladas en la nueva zona peatonal creada en Sol, donde continúan. Constan de un pilón de granito con una taza central de acero desde donde brota el agua que cae a modo de cortina.

En 2003 con motivo de la construcción de la macro estación de trenes de Cercanías de Renfe, se produjo una nueva transformación, incluyendo el acceso acristalado, bautizado popularmente como la ballena. La Estación fue inaugurada, después de casi seis años de trabajos, conflictos y hallazgos arqueológicos, en junio de 2009. No se si milagrosamente, las fuentes permanecieron en su lugar.

Ahora, marzo 2022, se anuncia que el Ayuntamiento va a emprender una reforma más en la Puerta del Sol.

Además de otros elementos, como la boca de entrada a la estación –después de solo trece años, el ayuntamiento actual decide cambiarla–, las fuentes desaparecen de la plaza. Lo que se anuncia como una nueva fuente, más parece un estanque alrededor del monumento a Carlos III; habrá que ver en qué queda ese proyecto y cómo será ese estanque en realidad. Y ¿a dónde irán a parar las actuales fuentes de la Puerta del Sol?

Mientras, viajemos en busca de las antiguas fuentes de la Puerta del Sol, recorriendo un camino en cierto modo inverso.

Las fuentes del siglo XX, de Herrero Palacios, se encuentran en Vallecas, en el paseo de Federico García Lorca, adonde fueron trasladadas en 1985, felizmente a salvo, bien cuidadas.

Paseo de Federico García Lorca

Están formadas cada una por un vaso circular con un conjunto escultórico en el centro formado por cuatro hojas de acanto diseñadas en piedra caliza sobre un pedestal de granito, coronado por una flor metálica.

En el borde del vaso hay unos adornos en forma de volutas de piedra de los que cuatro chorros de agua parten hacia el centro.

También podemos acercarnos a la Casa de Campo y contemplar, frente a la Casa de los Vargas, la fuente que estuvo en la Puerta del Sol en el siglo XIX. Antes de llegar aquí estuvo en la glorieta de Cuatro Caminos.

Casa de Campo

Consta de un gran vaso central y dos laterales, mucho más pequeños, todos de piedra caliza, que reciben el agua del central a través de dos bonitas conchas.

En cuanto a la fuente más antigua, desaparecida, en la actualidad una réplica de la estatua de la Mariblanca adorna la plaza, como sabemos, y parece que allí va a continuar –cambiándola de sitio, eso sí–.

El proyecto aprobado por el Ayuntamiento se puede ver aquí: El Ayuntamiento da luz verde a la nueva Puerta del Sol

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Arquitectura de Madrid. 2003.

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.

monumentamadrid.es

Las riberas del Manzanares y sus isletas, los sotos y sotillos arbolados junto al río, fueron lugar de ocio, fiestas y romerías desde muy antiguo. Pedro Texeira las dibujó en su plano. Eran los tiempos de Felipe IV.

Plano de Texeira, 1656 (detalle)

Aguas abajo, antes de llegar al Puente de Segovia, se hallaban, en la orilla derecha, los Sotos del Corregidor y de Migas Calientes; a la izquierda, la Florida y el Parque de Palacio. El Soto y las Huertas de Migas Calientes estaban junto al Camino del Pardo –en la actualidad allí se encuentran la Planta de Compostaje y el Vivero municipal de Migas Calientes–.

Un poco hacia el sur estaba el Molino Quemado, a la altura de la actual ermita de San Antonio. El Puente Verde –actualmente, el Puente de la Reina– cruzaba el río.

Molino Quemado. Plano de Texeira, 1656.

Las fiestas que allí se celebraban eran frecuentadas por nobles, damas y caballeros, en ocasiones al parecer el mismísimo rey Felipe IV, y por el pueblo; así lo reflejaron los literatos del siglo de Oro, Calderón, Lope y Quevedo, entre otros.

Félix Castello (?) pintó estos escenarios en los Baños en el Manzanares en el paraje de Molino Quemado (1636-1637), extraordinaria pintura que se expone en el Museo de Historia de Madrid. Muestra una romería junto al Manzanares, frente a la Casa de Campo. Todas las figuras y el propio paraje están representados de forma minuciosa, los bañistas desnudos, comensales en la pradera, los carruajes, el Molino que luego dibujaría Texeira en su plano, y el paisaje.

Félix Castello ? “Baños en el Manzanares”, 1636-37 (detalle). Museo de Historia de Madrid.

Con el paso del tiempo las riberas del río continuaron siendo lugar de encuentro, amoríos y festejos. Junto al Soto del Corregidor, hacia el norte, se ubicó la Pradera de la Fuente de la Teja. La fuente aparece citada desde muy antiguo, al menos ya en 1778 es mencionada su existencia.

A lo largo del siglo XIX son numerosas las referencias a la pradera y a la fuente. En 1861 la noticia fue que se estaba haciendo «un gran plantío de árboles en la pradera del río inmediata a la Fuente de la Teja, con lo que tendrá mayor atractivo aquel espacioso paseo, tan frecuentado para comidas campestres en todas las épocas de año».

En los últimos años del XIX y hasta la guerra civil, la Pradera del Corregidor era una de las zonas de la ribera del Manzanares que contaba con más merenderos. Algunas familias preferían el merendero a la pradera, donde compraban el vino para poder tomar allí asiento y comían lo que habían traído de casa.

En el inicio del siglo XX, los jardines de la Fuente de la Teja y la Pradera del Corregidor formaban parte de una cadena de terrenos arbolados y lavaderos enlazados a lo largo del río.

Plano de Facundo Cañada, h. 1900 (detalle)

Antiguo lugar de romerías y verbenas, como hemos visto, la Fuente de la Teja, durante la semana escenario del duro trabajo de las lavanderas, los domingos y festivos se convirtió en habitual lugar de reunión de las clases más modestas, sobre todo niñeras, criadas y soldados.

«Vista desde la Fuente de la Teja», 1902. Archivo Regional Comunidad de Madrid.

Además de lavaderos y merenderos la zona se fue ocupando con viviendas. En el Archivo de Villa hay documentos relativos a fincas rústicas que se refieren a las tierras junto a la fuente de la teja, desde 1826 a 1887. Alguna venta, subasta y arrendamiento.

La zona hacia 1910 está bien representada, y la fuente indicada, en el plano de Luciano Delage.

Praderas de la Fuente de la Teja y del Corregidor, L. Delage, 1910

Hoy día quedan huellas de la humilde pero famosa fuente. Nos encontramos en el barrio de Casa de Campo, distrito de Moncloa-Aravaca.

Sobre la Pradera del Corregidor en las proximidades de la Fuente de la Teja, entre el Manzanares y la Casa de Campo, en la segunda mitad de la década de los años 20 fue edificada la Colonia del Manzanares. Su mercado actual recibe el nombre de Fuente de la Teja; y desde 1984 allí se encuentra una fuente de granito instalada en su recuerdo, frente a la calle del Acantilado, cerca del lugar donde se encontraba la original.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Es una fuente homenaje, en recuerdo de las antiguas fuentes de la Teja y del Sopapo, según explica una placa de mármol en la parte posterior, enmarcada en un paisaje que no tiene nada que ver con el pasado…

¿Cómo era la Fuente de la Teja?

Recordemos que en la Memoria de 1931 de la Casa de Campo se mencionan diecinueve fuentes. Una de estas fuentes de la Casa de Campo era la Fuente de la Teja, situada en los terrenos entonces conocidos como Casa Quemada, uno de los diez cuarteles en que en el siglo XX fue dividida la antigua propiedad real.

Una placa, para entonces casi ilegible según informa la prensa de la época, indicaba que se había arreglado en 1864, habilitando un nuevo caño, pero al parecer el agua se estancaba en el pilón, lo cual podía suponer un peligro para la salud, e impedía llegar al caño (*).

La estampa Un domingo en la Fuente de la Teja, propiedad del Museo de Historia, describe la vida en torno a la fuente, un domingo; un grupo de personas bajo un emparrado de alguno de los merenderos. La escena, en la que no faltan las mozas y los militares que frecuentaban la zona, está llena de detalles que merece la pena observar, tanto del lugar como de los personajes; puede desarrollarse a finales del siglo XIX, inicios del XX (el grabador, Arturo Carretero murió en 1903). Era la época del reinado de Alfonso XIII.

«Un domingo en la Fuente de la Teja»
Grabador: A. Carretero (mediado sg. XIX – 1903)
Dibujante: M. Alcázar (1858-1914). Xilografía, 25,5 cm x 32,5 cm, Museo de Hª de Madrid.

Finalmente, nos queda otro recuerdo: hacia 1890 Joaquín Sorolla pintó una escena similar. Hacía un año que el pintor se había instalado con su familia en Madrid.

El cuadro, que pertenece al Museo Sorolla, Fuente de la Teja es un óleo pequeño que representa la escena costumbrista. Leemos en el Catálogo del museo:

«Bajo un toldo, varios soldados conversan ataviados con calzón rojo y chaqueta azul marino. A ambos lados, emparrado, y en la parte derecha, otro soldado sentado. Al fondo, arquitectura recortada sobre cielo azul».

Joaquín Sorolla. “Fuente de la Teja”. Óleo 20 cm por 16,80 cm. Catálogo Museo Sorolla.

La fuente, construida la pared en recia piedra berroqueña, desapareció durante la guerra.

Por: Mercedes Gómez

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NOTA:

Gracias a David Gutiérrez Pulido, que consiguió que me interesara por la Fuente de la Teja y escribiera este artículo. Me envió, entre otros documentos, la imagen del cuadro de Sorolla, desconocido para mí. David, historiador del arte, es especialista en la obra del pintor. Os recomiendo visitar su web: Sorolla en Jávea

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Bibliografía:

Diario noticioso universal. Nº 36, Madrid, 1778
La Correspondencia de España, 28 dic. 1861
SOTO, Joaquín. “La pradera, la fuente y el río”, Nuevo Mundo, 7 febrero 1930.
Inventario de Secretaría del Archivo de Villa (Tomo 37): Fincas rústicas (1327-1894)

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(*) ACTUALIZACIÓN, 5 nov. 2021:

Queridos amigos:

He eliminado la foto que inicialmente había incluido como “Fuente de la Teja” publicada por el Museo de Historia de Madrid ya que se trataba de un error. Lo siento mucho, este es un ejemplo más de que siempre, siempre hay que comprobar los datos que utilizamos en nuestros trabajos, y no lo hice. Los errores son inevitables a veces, lo importante es corregirlos y aprender. En este caso, gracias a Joaquín Giménez que fue quién se dio cuenta y su comentario nos ha permitido subsanarlo.

Quiero dar las gracias al Museo, mejor dicho a las personas que allí trabajan, siempre dispuestas a ayudar. El Museo de Historia de Madrid, con la amabilidad que le caracteriza, me envía una nota en la que pide disculpas por el error e indica su origen:

La fotografía formó parte de una donación realizada en 1984 por un particular, consistente en 28 negativos antiguos, todos ellos de Madrid salvo uno, que fue consignado escuetamente como “La Fuente de la Teja”, de modo que nadie se cuestionó que se refería a la fuente de la Teja de Madrid, y así ha permanecido “hasta la aparición de tu publicación”. Y añade: “Tras comprobar que, efectivamente, se trata de la fuente de Santa María del patio de los Naranjos de Córdoba, procedemos a corregir los datos en el catálogo del Museo, no sin manifestarte el agradecimiento del Museo por tu fundada advertencia y tu colaboración”.

Gracias a todos

Mercedes

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Manuel Herrero Palacios nació en 1911. Estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Comenzó a trabajar para el Ayuntamiento de la Villa después de la guerra y se convirtió en un importante arquitecto municipal cuyas huellas aún subsisten en gran parte de la ciudad. Durante muchos años fue Jefe del departamento de Parques y Jardines y Estética urbana, cargo desde el cual trabajó en destacadas obras y reformas.

Él mismo escribió en 1958 en la revista Villa de Madrid que «… las zonas verdes y arboladas tienen una importantísima misión para la vida y el confort de la Ciudad…»

Además, desde su puesto en el Ayuntamiento, bajo una visión en cierto modo un tanto barroca de la ciudad, siempre prestó mucha atención al agua, su importancia en jardines, paseos y plazas, su necesidad para el bienestar de los ciudadanos; don Manuel diseñó láminas de agua, estanques y fuentes, algunas de las cuales felizmente se conservan.

En 1944 Herrero Palacios comenzó la gran reforma del Salón del Prado, el hoy llamado eje Prado-Recoletos, que se llevó a cabo durante los siguientes veinticinco años.

A lo largo de ese trayecto, desde Atocha hasta Colón, incluso en su prolongación, la Castellana, encontramos sus creaciones.

Frente al hoy Ministerio de Sanidad, –el Museo del Prado al otro lado del paseo–, se conserva un estanque de granito con tres surtidores verticales realizado hacia 1952.

Paseo del Prado

Dentro de esta amplia reforma a finales de los años 50, en el Paseo del Prado, en una pequeña plazoleta frente a la calle de Montalbán, instaló la Fuente de los Patos, cuyas esculturas como ya contamos son muy antiguas.

Otro precioso estanque es el de Recoletos, de 1969, con la cascada en otro tiempo llamada de la Mariblanca pues allí fue colocada la emblemática estatua, hasta 1984, como también vimos. Aunque sin la bella Mariblanca, la hermosa cascada, a lo largo de siete láminas de agua escalonadas, continúa adornando el paseo.

Paseo de Recoletos

En 1949 diseñó un estanque de granito para los Jardines de Sabatini, fiel a su estilo habitual. La escultura central fue instalada años después, al parecer es obra de Roberto Baeza.

Jardines de Sabatini, 2007.

En 1950 fue autor de otro de los grandes proyectos urbanísticos madrileños, la primera reforma de la Puerta del Sol. Se instalaron dos fuentes que en la actualidad se encuentran en Vallecas.

Paseo de Federico García Lorca

Ese mismo año fue instalada en la calle de la Princesa la Fuente mural homenaje al doctor Jaime Ferrán, situada al pie de un conjunto con doble escalinata que salva el desnivel entre esta calle y la plaza de Cristino Martos. Herrero Palacios trabajó junto al también arquitecto municipal Luis Pérez-Mínguez. La decoración escultórica fue obra de Federico Coullaut-Valera Mendigutia, hijo de Federico Coullaut-Valera. En 1975 fue restaurada por el propio Herrero Palacios.

En 1958 amplió y reformó el estanque donde se encuentra el monumento a Isabel la Católica cuando este fue trasladado al emplazamiento actual por motivos del creciente tráfico del paseo de la Castellana.

Monumento a Isabel la Católica.

En marzo de 1962 fue inaugurada en los Jardines de Cecilio Rodríguez en El Retiro la Fuente de las Gaviotas, donada por la Embajada de Noruega. Una fuente circular con un surtidor junto a un estanque en el que siete gaviotas unidas por las alas adornan el conjunto. El escultor de las figuras fue Jaime Fernández Pimentel; las rocas que rodean las gaviotas fueron traídas desde la Pedriza por orden del arquitecto. Las aves fueron fundidas en hierro por lo que sufrieron gran deterioro; el propio escultor en 1999 realizó las réplicas en acero inoxidable que vemos actualmente.

Fuente de la Gaviota, Jardines de Cecilio Rodríguez.

Ese mismo año el arquitecto diseñó la Fuente de la plaza de Mariano de Cavia en la que repitió el diseño de aves volando, en movimiento gracias a un mecanismo que lo permite. Siempre se ha considerado que era la Fuente de las Gaviotas, aunque en algún lugar figura que son tres patos… En cualquier caso, el escultor fue Gerardo Martín Gallego. Hace unos meses las esculturas no estaban en su lugar, acaso trasladadas para su restauración; hoy día lucen espléndidas.

Plaza de Mariano de Cavia

Cerca del monumento a Isabel la Católica, hacia 1965 fue construida por el ingeniero Carlos Buigas (autor de las conocidas fuentes de Montjuich en Barcelona), con la colaboración del arquitecto Herrero Palacios, la Fuente de la plaza de San Juan de la Cruz. Su gran pilón circular está adornado por doce peces, varios juegos de agua, y un surtidor central de catorce metros.

Plaza de San Juan de la Cruz

En 1969 diseñó la Fuente de las Conchas o del Nacimiento del Agua, que estuvo en la Plaza de España hasta que comenzaron las obras actuales. Las ninfas de bronce fueron realizadas en 1970 por el escultor Antonio Campillo.

Plaza de España (antes de 2019)

Las piezas del pilón de esta fuente pudimos verlas numeradas en el Almacén municipal del Taller de Cantería de la Casa de Campo, con la esperanza de que vuelvan a adornar y refrescar la nueva plaza de España, finalizadas las obras.

Taller de cantería, 2019.

Ese mismo año de 1969 proyectó la Fuente de los delfines en la plaza de la República Argentina. En este caso las esculturas de bronce son obra del artista Cristino Mallo.

Plaza de la República Argentina

A partir de 1970 nuestro protagonista trabajó en la reconstrucción y restauración del Templo de Debod junto al arqueólogo Martín Almagro Basch. Diseñó el estanque.

Una de las fuentes de Manuel Herrero Palacios desaparecidas, de la que hemos hablado aquí hace poco, es la Fuente de la Red de San Luis. En esos comienzos de los años 70 del pasado siglo XX el arquitecto volvió a utilizar en su diseño unas aves en movimiento, en este caso se conoció como la Fuente de los cisnes.

Entre 1976 y 1977, tras el derribo de la Casa de la Moneda y la convocatoria de un concurso, finalmente el arquitecto municipal fue el encargado de organizar la plaza de Colón; él diseñó los Jardines del Descubrimiento, incluyendo el estanque que rodea las esculturas de Joaquín Vaquero Turcios.

Igualmente creó la gran fuente-cascada que rodeaba la entrada al Centro Cultural de la Villa así como las conocidas como Fuentes Océanas, situadas en el centro del paseo, evocando las tres carabelas del viaje al Nuevo Mundo. Tanto la cascada como las fuentes fueron eliminadas en 2009, al dar comienzo la última reforma de la plaza de Colón.

Fuentes Océanas, 2005.

Aunque se habló de la recuperación y posible ubicación de las dos fuentes en la plaza de Legazpi, nunca llegó a realizarse ese proyecto. Sus restos también pudimos verlos en el almacén del Taller de cantería en la Casa de Campo.

Taller de cantería, 2019.

Manuel Herrero Palacios murió en 1992. Los jardines de la antigua Casa de Fieras del Retiro llevan su nombre desde 1981, son los Jardines del Arquitecto Herrero Palacios, en agradecimiento a los servicios prestados al Ayuntamiento para la mejora y embellecimiento de la Villa, como recuerda una lápida instalada en la entrada.

Una de las puertas del Parque del Retiro, en la avenida de Menéndez Pelayo, también lleva su nombre.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

HERRERO PALACIOS, Manuel. «Madrid, sus jardines y sus parques», Revista Villa de Madrid, 1958.

Ayuntamiento de Madrid

La plazuela de San Luis es muy antigua,  en el siglo XVII ya debía de ser importante pues aparece indicada en el plano de Antonio Mancelli, el primer plano conocido de Madrid.

Plano de Mancelli, 1623

Unos años después es mencionada en el Plano de Pedro Texeira, vía que subía desde la Puerta del Sol hasta la calle de Fuencarral.

Plano de Texeira, 1656

La plaza se considera que desde muy pronto estuvo ocupada por un mercado. A mediados del XIX la Red de San Luis era así llamada «por hallarse en ella los cajones para la venta de comestibles y la red del pan».

La denominación fue suprimida por acuerdo municipal en el año 1835. De todas formas, aunque el nombre ya no es oficial, muchos madrileños hoy día continuamos refiriéndonos a la plazoleta que existe entre el final de la calle de la Montera frente a las calles de Fuencarral y Hortaleza como Red de San Luis.

En 1717, durante el reinado de Felipe V, allí se instaló una fuente, obra de Pedro de Ribera. El primer plano en que se representa es el de Chalmandrier.

Plano de Chalmandrier (1761)

No se sabe mucho sobre ella, aunque sí constan los repetidos comentarios de los cronistas del XIX al hablar de la obra del gran arquitecto barroco madrileño calificándola como churrigueresca y mezquina.

En 1832, reinando Fernando VII, se instaló la nueva Fuente de los Galápagos o de Isabel II, con motivo del primer aniversario de la princesa, futura Isabel II.

Fuente de los Galápagos en la Red de San Luis (h. 1870) (Foto: memoriademadrid)

La nueva fuente fue diseñada por Francisco Javier Mariátegui, entonces arquitecto mayor de Madrid, con esculturas en bronce y piedra de Colmenar de José Tomás. Recordemos que la Gran Vía aún no existía.

Plano General I. de Ibero (1875)

En 1878 la hermosa fuente fue trasladada al Parque del Retiro, donde felizmente continúa.

Llegamos al siglo XX. En 1919 se inauguró la primera línea del Metro de Madrid, una de cuyas estaciones era la de Red de San Luis, actual Gran Vía, con su famoso templete de granito con marquesina de hierro y cristal, obra del arquitecto Antonio Palacios.

En 1970 fue desmontado y trasladado a Porriño, pueblo donde había nacido Antonio Palacios, cedido por el Ayuntamiento de Madrid. Allí, en un parque del pueblo gallego, continúan los restos que se conservan del templete.

Poco después se construyó una nueva Fuente de la Red de San Luis, obra del arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios.

Fue inaugurada por el mismo alcalde que había desmontado el templete, Carlos Arias Navarro, momento que quedó para la posteridad en un gran reportaje realizado por el fotógrafo Martín Santos Yubero.

M. Santos Yubero, “La Fuente de la Red de San Luis e inauguración”. Archivo Regional Comunidad de Madrid.

Esta fuente estaba adornada por unas figuras, unas aves de metal en movimiento, obra del escultor Gerardo Martín Gallego, por lo que  también era conocida como Fuente de los Cisnes.

Fuente de la Red de San Luis, probablemente h. 1972 (memoriademadrid)

En una enésima reforma de la calle, las esculturas desaparecieron.

Fuente de la Red de San Luis, 2005.

En octubre de 1999, durante la alcaldía de José María Álvarez del Manzano, se anunció que, en breve, el templete iba a ser reconstruido. El proyecto municipal consistía en convertirlo en caseta de información de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) y en taquilla para espectáculos. La idea en ese momento fue construir un pabellón más ligero que el original pero con una marquesina similar. Nunca se llevó a cabo.

El siguiente alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, recuperó la idea. En septiembre de 2008 anunció la construcción de una réplica del templete. El tramo de la calle Fuencarral más próximo a la Gran Vía iba a peatonalizarse. Además, debido a ello, se notificó que la fuente sería desmontada. Fuencarral se peatonalizó y la fuente desapareció. Pero el templete no se construyó.

Calle Montera (2012)

En su lugar se colocó un olivo.

Red de San Luis, 2010

El proyecto actual, no municipal en esta ocasión, sino que ha formado parte de las obras de reforma de la estación de metro de Gran Vía, que comenzaron en agosto de 2018, acaba de cumplirse; se ha hecho realidad la antigua promesa de realizar una réplica del antiguo templete de Antonio Palacios.

Calle de la Montera, antigua Red de San Luis. Al fondo, las calles de Fuencarral y Hortaleza (2021)

Hoy 15 de julio de 2021 las autoridades han inaugurado la nueva estación.

El templete es de granito, como el original. La marquesina, de vidrio y acero.

Por: Mercedes Gómez

El Real Bosque, primer Real Sitio, fue abierto al público el 1 de mayo de 1931; pronto cumplirá 90 años como parque de Madrid, la Casa de Campo, una de las zonas verdes más importantes de nuestra ciudad.

El Real Sitio había sido cedido al Ayuntamiento por el Estado pocos días después de la proclamación de la 2ª República, el 14 de abril de ese mismo año, «según consta en el acta de entrega oficial, firmada en Madrid el día 6 de mayo de 1931, ante el Notario y Abogado de esta capital D. Pedro Tobar, y que suscribieron el excelentísimo señor Ministro de Hacienda D. Indalecio Prieto y Tuero, en representación del Estado, y el excelentísimo señor Alcalde de Madrid D. Pedro Rico y López, en representación del Ayuntamiento, quien se hace cargo de los terrenos de la Casa de Campo y de los del parque Campo del Moro, comprendidos dentro de las tapias de dichas posesiones, de acuerdo con las condiciones que se consignaron en el decreto de cesión de 20 de abril último, publicado en la Gaceta de Madrid del 22 de abril de 1931, número 112».

Izado de la bandera republicana en el edificio de Administración en la Cesión de la Casa de Campo al Ayuntamiento de Madrid (Servicio Fotográfico Municipal, 1931)

El estado general de la Casa de Campo era bastante malo, con zonas muy abandonadas. Se realizó un inventario, y de casi todo quedó constancia gracias al Servicio Fotográfico Municipal.

Se proyectaron una serie de obras, reformas de acondicionamiento, etc. Algunas no pudieron ser terminadas, primero debido a la mala situación económica y luego debido a la guerra. Pero otras sí se completaron, el saneamiento de estanques y fuentes, mejoras de vías de paseo y accesos…

Con fecha 2 de noviembre de 1931, firmado por el arquitecto municipal José de Lorite, se publicó la Descripción y reseña histórica de la Casa de Campo, un plan para su utilización y aprovechamiento. En el documento se especifica que la antigua posesión real tenía en esos momentos 19 fuentes.

En julio de 1933 el Ayuntamiento de Madrid publicó la Memoria sobre la labor realizada por el primer Ayuntamiento de la segunda República Española, una recopilación de los trabajos en que intervino el Servicio municipal de Vías y Obras.

Algunas de las fuentes que ya existían antes de la apertura al público se reformaron; varias siguen felizmente existiendo. Una de ellas es la antigua Fuente del Zarzón.

Fuente del Zarzón
Fuente del Zarzón en la actualidad

Otra fuente anterior a las obras de la República, y que también se conserva, es la Fuente de Rodajos.

Fuente de Rodajos
Fuente de Rodajos en la actualidad

Sin olvidar la Fuente de la Concha, ubicada en el antiguo Jardín Reservado de Felipe II, que guarda una historia emocionante.

Gracias a los fotógrafos municipales conocemos cómo eran esas fuentes en aquellos años. Hoy las podemos ver en la impagable biblioteca digital memoriademadrid.

Fuente de Covatillas (h. 1932)

Fuente de las Siete hermanas (h. 1932)

Por otra parte, entre 1932 y 1934, se construyeron otras nuevas –ya les dedicamos un recuerdo en la entrada las Fuentes de la República–, como la Fuente de los Neveros.

Fuente de los Neveros (1933) en la actualidad

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo de la exposición en el Centro Cultural Conde Duque, Ayuntamiento de Madrid, Madrid, una ciudad en transformación (1910-1935), Madrid 2015.

A mediados del mes de marzo pasado recibí un bonito correo hablándome de uno de mis temas preferidos, las fuentes y caños de vecindad. Me escribía Milton Valenzuela, arquitecto urbanista, desde la ciudad de Cochabamba en Bolivia.

Milton ha investigado la historia y paradero de una fuente donada en 1786 por el rey Carlos III al Pueblo de Cochabamba, antigua Villa de Oropeza, “por su lealtad con la corona ante unos levantamientos indígenas que sucedieron en esa época”.

Su investigación le ha permitido localizar la fuente, que durante mucho tiempo se creyó desmantelada y perdida, y encontrarla, al menos lo que pervive de ella, transformada, como es habitual en muchos casos; así ha ocurrido en Madrid a menudo, como sabemos. Fue una alegría saber que mis trabajos sobre algunas de las fuentes madrileñas le han servido de ayuda en su estudio.

Hoy, en estos tiempos de confinamiento y graves problemas que vivimos en todo el mundo, incluidas las ciudades de Cochabamba y de Madrid, os invito a viajar virtualmente a Bolivia, y conocer la fuente que Carlos III regaló a Oropeza en el siglo XVIII.

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Corría el año 1786, cuando “a su magnificencia el Rey de España don Carlos III, le hizo gracia donar 10.000 pesos de las arcas reales para la construcción de una Fuente al centro de la Plaza Principal de regular y abundante agua”, como reconocimiento del Rey a la Villa de Oropeza.

La antigua Plaza Principal es la actual Plaza 14 de septiembre. Se creía que la fuente había desaparecido por completo, demolida en 1850, sustituida por el actual monumento Columna de los Héroes, pero no fue así, como veremos.

Columna de los Héroes, plaza 14 de sept., Cochabamba (Bolivia), febrero 2020. Foto: M.Valenzuela.

La historia de nuestra fuente comienza con la necesidad de la Villa de Oropeza, en 1619, de contar con una fuente de agua en su Plaza Principal, solicitada en aquella época a España por el Procurador Martin Salazar, aunque entonces la petición fue ignorada. No fue hasta 1786 cuando el rey Carlos III donó 10.000 pesos para la construcción de la fuente.

Hay pocas referencias a la desconocida pila. El Gobernador Viedma en 1788, hablando de la plaza dice: “hay una fuente en medio, de regular y abundante agua costeada por la magnificencia del Señor D. Carlos III…

La única descripción escrita acerca de la forma que tenía, realizada por Francisco Viedma y por Federico Blanco en su obra “Diccionario Geográfico del Departamento de Cochabamba” a finales del XIX es la siguiente:

“…La columna del centro estaba rodeada hasta hace poco de una verja de piedra y cuatro piletas, cuyo conjunto formaba la pila principal, la misma que desde 1786 ha tomado distintas formas…”.

En busca de información sobre su morfología, Milton Valenzuela estudió la de otras fuentes, tres fuentes madrileñas, como la Fuente de Peñuelas, de 1860, que nosotros conocemos bien, y otras, como las de Pontejos y la de Puerta Cerrada que, igual que la de Cochabamba, fueron tomando distintas formas a lo largo del tiempo.

En esta etapa de la investigación, el autor pensó que era muy posible que hubiera sido muy parecida a la Fuente de Peñuelas, “donde sobresalía solo una columna central, que posiblemente también tendría decoración tallada”.

Madrid. Fuente de Peñuelas. Begué, 1864

Una fotografía publicada en el libro “Cochabamba siglo XIX” resultó definitiva, con detalles fascinantes que le dieron la clave.

La foto muestra la Columna de los Héroes, aún rodeada por una balaustrada de piedra y cuatro piletas, una en cada uno de los lados del cuadrado que forma.

Foto: «Cochabamba siglo XIX», Registro Fotográfico de la Cooperativa San Pedro.

La foto del monumento a los Héroes, que aún no tenía el aspecto actual, ofrece detalles reveladores. En el centro, la columna, seguramente perteneciente a la fuente original, que habría sufrido diversas transformaciones.

Foto: «Cochabamba siglo XIX», Registro Fotográfico de la Cooperativa San Pedro (detalle).

La imagen ayudó a concluir que la forma cuadrangular del pilón que circunda la base de la columna, rodeada por una baranda con balaustres de piedra, delatan que el basamento en el que descansa la actual Columna de los Héroes, es en realidad la original fuente de Carlos III.

Base Columna de los Héroes (Foto: M.Valenzuela)

Los cuatro surtidores y la balaustrada de piedra que rodeaba la fuente fueron eliminados y la columna central como vemos fue reutilizada como base del monumento actual, hoy rodeado por una lámina de agua.

(Foto: M.Valenzuela)

Y no todo se perdió. Parte de la balaustrada de piedra acabó coronando la fachada del Teatro Achá.

Teatro Achá. (Foto: M.Valenzuela)

Explica el arquitecto que la fachada presenta la misma cantidad de balaustres separados entre muretes (7 en total), por lo que podemos deducir que fue utilizada la mitad de la verja .

Teatro Achá, detalle balaustrada. (Foto: M.Valenzuela)

Como en Madrid, y en tantos otros lugares, en Cochabamba el patrimonio histórico y artístico sufre agresiones y deterioros que deberían ser evitados y restaurados.

Detalle monumento Columna de los Héroes. (Foto: M.Valenzuela)

“La fuente de Carlos III es un patrimonio cochabambino de incalculable valor histórico, testigo mudo de las transformaciones de la ciudad y todas las reivindicaciones sociales, revueltas, golpes de estado, arte, arquitectura, política y cómo no también testigo de innumerables encuentros, es parte también de nuestra historia personal, motivo por el cual debemos preservar este monumento que ya bastantes agresiones sufrió durante su historia”, escribe Milton Valenzuela.

No dejéis de visitar su blog La Cueva del Milo y sus Lecturas para la cuarentena para conocer su trabajo completo, que está publicando en varias partes. La historia de una fuente que llegó a la Plaza Principal de Oropeza, Cochabamba, gracias a Carlos III.

Por: Mercedes Gómez

 

 

Como vimos hace unos días hablando de la fuente de Puerta Cerrada, en la segunda mitad del siglo XIX se construyeron algunos caños de vecindad, fuentes destinadas al uso público, de los cuales se conservan muy pocos.

La más antigua, la mencionada de Puerta Cerrada; otra es la fuente de los Delfines de la plaza de San Ildefonso, una obra de arte en hierro fundido, de finales del XIX o comienzos del XX. La actual fuente de Santa Isabel, datada hacia 1900. Más modernas, de los años 30 del siglo XX, se conservan las de la Cuesta de los Ciegos y de Cabestreros. Y casi tan antigua como la de Puerta Cerrada, la fuente de la plaza de las Peñuelas.

Esta plaza era el centro del barrio de las Peñuelas. Situado en las afueras del Portillo de Embajadores, al principio estaba poco poblado. Hoy la plaza, rodeada de edificios modernos, junto al Pasillo Verde Ferroviario, está ocupada por un pequeño parque.

Plaza de Peñuelas, plano 1866, y actualmente, agosto 2019.

 

El 13 de agosto de 1860 el diario La Correspondencia de España publicó que “Por una real orden reciente, ha sido autorizado el ayuntamiento de esta capital, para ejecutar las obras necesarias, a fin de establecer en el barrio de las Peñuelas, afueras del portillo de Embajadores, la fuente de la Dorotea que estuvo situada en el paseo de Recoletos, de donde se quitó al propio tiempo que la puerta de dicho nombre”.

Es posible que la fuente de la Dorotea, muy sencilla, de un caño, fuera trasladada a este barrio, pero no parece que se trate de la fuente que actualmente se encuentra en la plaza de las Peñuelas; tal vez estuvo en otro lugar del barrio, o pronto fue sustituida por esta, con dos caños.

Cuenta José del Corral que la fuente de la Dorotea consistía en un pilón semicircular adosado a un muro de donde salía el caño de agua –este tipo de fuentes fue muy habitual por entonces–.

A mediados de siglo sabemos que siendo alcalde don José de Osorio y Silva, duque de Sexto, se instalaron varias nuevas fuentes que fueron fotografiadas por Alfonso Begué que quedaron reflejadas en el “Álbum fotográfico de varias fuentes vecinales y de ornato existentes en la Villa de Madrid” que se conserva en el Museo de Historia.

Una de ellas, como la de Puerta Cerrada, fue la fuente de las Peñuelas, construida hacia 1860.

Fuente de Peñuelas. Foto: Begué, 1864 (foto: memoriademadrid)

En algún momento del siglo XX fue retirada y guardada en un almacén municipal. Hasta que en los años 80, durante la alcaldía de Enrique Tierno Galván, fue restaurada y reinstalada en su lugar. La pieza que la remataba casi se perdió, solo queda una parte de lo que debieron ser flores o formas vegetales.

Plaza de las Peñuelas, años 80 (foto: monumentamadrid)

El vaso o pilón circular, hoy día prácticamente oculto por los setos y la verja que la rodean, es de granito.

Agosto 2019

El pilar central, de planta cuadrada, es de piedra caliza. De dos de sus lados parten los caños de los que cae el agua.

Está formado por tres cuerpos distintos y con decoración tallada. En uno de los lados, bajo el remate, hay una inscripción con la fecha.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.
DEL CORRAL, José. Sucedió en Madrid. La Librería, 2007.
La Correspondecia de España,13 agosto 1860 (Hemeroteca BNE).
monumentamadrid

 

 

 

Hoy el acceso al parque de la Fuente del Berro al final de la calle de los Peñascales estaba en obras. Y la puerta de entrada, junto a la fuente, estaba cerrada.

Detrás de un camión algunas personas estaban trabajando en torno a un gran agujero cuadrado excavado en el lugar donde se encuentra el acceso al viaje de agua Fuente del Berro, a espaldas de la fuente.

Fuente del Berro, 2013

Allí se conservaba la tapa de entrada al pozo del viaje, imagino que estará a buen recaudo, con la inscripción Viaje antiguo de agua Ayuntamiento de Madrid.

Las obras consisten, según me dicen, en su acondicionamiento para hacerlo visitable.

La persona que vigilaba y no permitía acercarse mucho me ha dicho que en breve se publicará una “nota de prensa”, y que pronto se podrá visitar.

Nosotros hace unos años ya contamos la historia del Viaje de Agua Fuente del Berro y tuvimos la suerte de saber cómo es su interior aquí.

Viaje de la Fuente del Berro, 2010 (Foto: Pedro Jareño)

Ahora parece que podremos entrar, recorrer una parte y conocerlo mejor. A veces, incluso en agosto, llegan buenas noticias.

Los viajes de agua son parte importantísima de la historia de Madrid, construcciones hidráulicas singulares características de nuestra ciudad. Es una alegría ver que estos últimos años el Ayuntamiento madrileño les ha dado un cierto valor. Antes que la Fuente del Berro se recuperó un tramo del Viaje de Amaniel, el primero visitable.

Esperemos que continúe esta política… y el próximo sea el posible viaje de la plaza de los Carros.

Son muchos los artículos dedicados a este tema en Arte en Madrid, si os interesa este es el enlace: Viajes de agua

Por: Mercedes Gómez

Desde su origen en la Villa de Madrid hubo pozos y fuentes que proporcionaban agua a los habitantes. Estas comenzarían siendo simples pilones, para ir tomando importancia como elementos de adorno, sobre todo a partir del siglo XVI.

Dentro del plan para solucionar las necesidades de agua en Madrid tras el aumento de población que provocó la llegada de la Corte en 1561, en los comienzos del siglo siguiente se construyeron viajes de agua y se instalaron numerosas fuentes públicas. La mayor parte eran muy sencillas, pero también se crearon algunas fuentes ornamentales con el fin de decorar el paseo del Prado primero, y las plazas más notables de la ciudad después. Una de ellas fue la Fuente de Diana en Puerta Cerrada que existió desde comienzos del siglo XVII hasta mediados del XIX.

En esos tiempos, en el siglo XIX, las fuentes estaban asignadas a los aguadores, que tenían licencia para recoger y vender el agua. También se construyeron algunas destinadas únicamente a los vecinos; fueron los llamados caños de vecindad.

Se conservan muy pocos; de todos ellos, el más antiguo es el de Puerta Cerrada, que data de 1850, instalado en el mismo lugar donde estuvo la mencionada fuente de Diana.

Ese año el arquitecto fontanero de la Villa era Martín López Aguado que realizó varios traslados y reformas de las fuentes madrileñas con el fin de mejorar la mala situación, ruinosa y poco higiénica de algunas de ellas. El objetivo, leemos en la revista La Ilustración, era “retirar de los puntos más frecuentados el obstáculo material que oponían a la circulación, y el repugnante espectáculo de los aguadores, con su innumerable escuadrón de cubetas, sus voces, riñas y cantinelas”. No todo debía ser tan idílico como a veces puede parecer según las crónicas castizas en ese Madrid de mediados del siglo XIX.

La antigua fuente de Puerta Cerrada fue demolida (la escultura de Diana que la coronaba fue trasladada a la nueva fuente de la calle de Segovia, donde continúa). En su lugar, entre las calles de Segovia y del Sacramento, se creó el sencillo caño de vecindad.

La fuente vecinal fue rematada con un farol, lo cual en ese momento era una novedad. También lo era el sistema de grifos, que permitían la interrupción del flujo del agua.

La nueva fuente de Puerta Cerrada consistía “… en un basamento de piedra berroqueña y de poca altura, con dos piloncillos de buen perfil: encima hay un pedestal de buen dibujo y proporciones, con su zócalo y corona de formas sencillas, que sostiene una elegante columna de hierro fundido, coronada por una hermosa farola para alumbrar aquel espacio…” .

La Ilustración, 1850 (Prensa Histórica Mº Cultura)

Unos años después fue fotografiada por Alfonso Begué, imagen que forma parte del “Álbum fotográfico de varias fuentes vecinales y de ornato existentes en la Villa de Madrid” que se conserva en el Museo de Historia.

Begué, 1864 (memoriademadrid)

A lo largo de los años la fuentecilla ha sufrido muchas modificaciones, lo cual es comprensible, dada su antigüedad, función y características.

En algún momento, posterior a 1864 como indica la foto de Begué, la modesta farola original fue cambiada por otra de cuatro brazos, con cinco luminarias, una en cada brazo y otra en el centro. Así aparecía en 1930.

La Esfera, 1930 (Prensa Histórica Mº Cultura)

Entre otros cambios, los pilones primitivos fueron sustituidos por otros semicirculares.

Nuevamente en muy mal estado, en 1995 el Ayuntamiento se encargó de su limpieza y algunas piezas fueron sustituidas.

Puerta Cerrada, 2004

Los pilones y el cuerpo central son de granito, y el pedestal de piedra caliza y granito.

Está adornada por rosetas de hierro forjado y placas de caliza blanca. De hierro es también la tapa de acceso al interior de la fuente.

No se exactamente desde cuando, pero hace muchos meses que la farola desapareció. ¿Dónde se encuentra?, ¿es recuperable? No he conseguido datos “oficiales” sobre su suerte.

Puerta Cerrada, julio 2019

Es seguro que la luz de la farola que era necesaria en 1850 ya no lo es, las calles madrileñas están muy bien iluminadas. Y probablemente el hierro forjado estaría deteriorado.

Pero se trata (¿o trataba?) de una de las pocas farolas de estilo fernandino auténticas que se conservan, aunque no de la época del reinado de Fernando VII. La farola de cinco brazos es posterior a 1864 al menos, como vimos, a no ser que fuera instalada procedente de otro lugar…

En cualquier caso, su valor histórico y artístico es indudable.

Lo cierto es que figura en el último Inventario municipal de Bienes muebles de carácter histórico o artístico de 2018 como «Fuente de Puerta Cerrada , fuente con remate de farol de cinco brazos”, catalogada como fuente ornamental con el número de archivo 90101.

Mientras, sigue cumpliendo su función, la de un caño de vecindad, el más antiguo de la villa.

Por: Mercedes Gómez

 

ACTUALIZACIÓN: 27 AGOSTO 2019

Decíamos que no se sabía exactamente desde cuando ni el motivo por el que había desaparecido la farola decimonónica que había adornado la fuente de Puerta Cerrada.

Hace unas semanas, ante la pregunta en Twitter de Eduardo de Madrid @demadrideduardo preguntando ¿alguien sabe qué fue de la farola de la fuente de Puerta Cerrada?, nos respondió Mar Espinar, concejal portavoz de Cultura del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, con la promesa de indagar sobre el tema.

Hoy nos ha enviado el informe que explica todo lo ocurrido. El mal estado de la farola, anclaje y falta de estabilidad, junto a una antigua y peligrosa instalación eléctrica, llevaron al desmontaje.

 

Muchas gracias a Mar Espinar por ayudarnos a conocer el penúltimo capítulo de esta histórica fuente.

——–

Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.

monumentamadrid

En el Parque del Retiro no solo se encuentran fuentes monumentales sino también otras más sencillas, pero igualmente importantes. Antiguas fuentes para beber, como la Fuente de la Salud que ya conocemos, fuentecillas que esconden su historia y muestran una cierta belleza.

Otra es la que podríamos llamar Fuente de Madrid, adornada con el escudo de la Villa, el Oso y el Madroño.

La fuente es muy sencilla, el único elemento ornamental es el precioso escudo de piedra caliza rodeado de seis estrellas (faltaría la séptima) y roleos o volutas a ambos lados. Se ha perdido la parte superior, incluida la corona.

Este escudo de Madrid, que mide 1,20 m de alto x 1,10 de ancho, se considera una obra que podría haber sido realizada hacia el año 1750.

Está colocado sobre un pilar que mide 40 cm. de alto por 30 de ancho, con un solo caño. En el suelo un sencillo vaso de granito.

De propiedad municipal, tal como nos cuenta el propio Ayuntamiento es su web monumentamadrid, fue restaurado en 1994 dentro del Plan de Actuación del Retiro bajo la dirección del arquitecto Heliodoro Martín Artola.

Se cree que esta pieza, procedente de un almacén, pudo estar en la fachada de algún edificio municipal desaparecido, siendo colocada en la fuente como adorno, o tal vez haber pertenecido a algún otro elemento escultórico. En cualquier caso su antigüedad, considerada de mediados del siglo XVIII como vimos, le otorga un valor histórico y artístico.

La fuente está situada junto al Paseo de Bolivia del Parque del Retiro, cerca de un pequeño estanque, a espaldas del monumento a los Hermanos Álvarez Quintero.

Por: Mercedes Gómez

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