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El vestíbulo de entrada al Museo de Historia de Madrid está adornado por dos esculturas antiguas. Son dos joyas históricas y artísticas, propiedad del Museo Arqueológico Nacional, conservadas en depósito en nuestro querido museo municipal.

Son las figuras de la Abundancia y de Endimión. Según consta en las cartelas, ambas coronaban dos fuentes monumentales en el siglo XVII madrileño.

entrada estatuas2

Dentro del plan para solucionar las necesidades de agua en Madrid tras el aumento de población que provocó la llegada de la Corte en 1561, en los comienzos del siglo siguiente se construyeron viajes de agua (Abroñigal, Castellana…) y se instalaron numerosas fuentes públicas. La mayor parte eran muy sencillas, modestos caños de vecindad, pero también se crearon algunas fuentes monumentales con el fin de decorar las plazas más notables de la Villa.

Una de las primeras fue la de la plaza de la Cebada, encargada en 1617 al arquitecto Juan Gómez de Mora. Otras, entre ellas la cercana Fuente del Humilladero de San Francisco, al año siguiente fueron diseñadas por el escultor Rutilio Gaci. Ambas aparecen dibujadas por Pedro Texeira en su plano realizado unos años después, en 1656.

Con la leyenda nº 46, la Fuente de la plaza de la Cebada que se encontraba en un lateral de la gran plaza dedicada a mercado. Suministraba agua procedente del Viaje del Alto Abroñigal.

texeira cebada

Fue realizada por el alarife Pedro de Pedrosa y el maestro de cantería Martín de Gortairi. Se coronó con una figura mitológica.

Según indica el letrero del museo, la estatua de mármol de la Abundancia sosteniendo un niño, realizada hacia 1650, formó parte del remate escultórico.

la abundancia

La Abundancia (h. 1650)

En el interior del museo podemos ver dos pinturas del siglo XVIII que representan la importante plaza.

La Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) de Manuel de Chozas.

Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) M. de Chozas

Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) M. de Chozas

En la esquina a nuestra izquierda aparece la fuente. En el conjunto escultórico hay otro niño a los pies de la figura principal.

fuente procesion cebada

Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) M. de Chozas (detalle)

Y la Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), de Manuel de la Cruz, perteneciente al Museo del Prado.

Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), M. de la Cruz

Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), M. de la Cruz

En esta pintura ya no aparece el niño en la base.

abundancia feria cebada

Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), M. de la Cruz (detalle)

La fuente sufrió varias obras y reformas en los siglos XVII y XVIII; muy deteriorada, fue demolida en 1840. No he conseguido información sobre los posibles cambios en el remate escultórico y si la estatua fue sustituida por otra en algún momento.

Con el nº 50 Texeira dibujó la Fuente del Humilladero de San Francisco, de Puerta de Moros o de Endimión; en este caso se surtía del Viaje del Bajo Abroñigal.

texeira endimion

Se cree que fue obra de Rutilio Gaci y el mismo Martín Gortairi; se construyó entre 1620 y 1638. La obra de cantería fue encargada al maestro Miguel de Collado.

Fue rematada por la figura de Endimión, igualmente de mármol, obra reformada y limpiada por el escultor Manuel Pereira, trabajo tasado en 1640.

A mediados del siglo XIX la escultura fue trasladada a la fuente de la plaza de Lavapiés.

Foto Revista Villa de Madrid

Foto Revista Villa de Madrid nº 53

Fuente que también desapareció, pero la escultura felizmente se conserva.

Endimión (h. 1620)

Endimión (h. 1620)

Endimión y la Abundancia nos reciben cuando llegamos al Museo de Historia de Madrid, en la calle de Fuencarral nº 78. Merece la pena detenerse unos minutos, contemplarlas y recordar su larga historia y los misterios que las envuelven.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MOLINA CAMPUZANO, Miguel. Fuentes artísticas madrileñas del siglo XVII. Ayuntamiento de Madrid – IEM 1970.
DÍAZ y DÍAZ, Mª del Sol. “Fuentes públicas monumentales del Madrid del siglo XVII” Revista Villa de Madrid nº 53. Madrid, 1976.

La Casa de Campo es el gran parque de Madrid con más de mil setecientas hectáreas sobre todo de bosque; pinos, encinas, fresnos, robles, cedros… muchos de ellos centenarios y singulares. Doscientas ochenta y cuatro no son de libre acceso (Club de Campo, Zoo, etc.)

Hoy, aunque en un largo paseo, vamos a recorrer un pequeña parte, la zona de El Zarzón, que recibe este nombre por la abundancia de zarzas o zarzamoras que crecen en las orillas del arroyo Meaques, uno de los que surcan el Real Bosque y desembocan en el Manzanares.

La Casa de Campo está dividida en cuarteles, al suroeste está el Cuartel de Rodajos, en la zona baja del parque, que incluye el Zarzón.

casa de campo sierra

La historia del Real Bosque, primer Real Sitio, es muy antigua. En las proximidades del arroyo Meaques, igual que del río Manzanares, hubo asentamientos humanos desde el Paleolítico.

ribera Meaques

Ya en la Edad Moderna, recordemos que aquí frente al Alcázar en el siglo XVI Felipe II, después de traer la Corte a la Villa, construyó su Jardín Reservado con sus Grutas renacentistas. En los terrenos que el rey había ordenado comprar, con huertas y arbolado se hallaba la finca de los Vargas, con su casa-palacio, que luego fueron ampliados con otras tierras.

En el siglo XVII, en época de Felipe IV la posesión fue en gran medida abandonada, pues casi todos los cuidados iban destinados al nuevo Palacio del Buen Retiro. Pero el siglo XVIII supuso la llegada de una época de esplendor. Tanto el primer monarca borbón Felipe V como su hijo Fernando VI aumentaron su superficie con adquisiciones de nuevos terrenos, y sobre todo Carlos III, que aunque no debió frecuentarla mucho en realidad, realizó diversas mejoras, siempre dirigidas por su arquitecto e ingeniero Francisco Sabatini, con la colaboración del arquitecto José de la Ballina.

Se reforzó su carácter de reservado real. Las edificaciones fueron escasas, solo las estrictamente necesarias, pues fue considerado un Real Bosque, no una residencia real, como sí lo fueron Aranjuez, el Pardo o el propio Palacio Real de Madrid. El carácter lúdico-recreativo que tuvo el Jardín para Felipe II se transformó en productivo (agrícola y ganadero), en línea con el pensamiento más racionalista de la Ilustración.

Como iremos viendo, se reconstruyó la tapia, se crearon puentes, rejas de los arroyos, etc. Y, entre otras cosas, se construyó un sistema de distribución del agua. En 1768 Sabatini acometió un proceso de canalización de las aguas del Real Sitio, un complejo sistema hidráulico para evitar los desbordamientos. En la Cerca instaló una serie de pasos con rejas que permitían el paso del agua pero no de las personas, y la protegían de las riadas.

Lo primero que realizó fueron las Rejas. Las riadas causaban mucho daño, incluso la Cerca estaba muy deteriorada debido a la fuerza de las aguas desbordadas. Sabatini la reconstruyó entre 1768-1779. Los materiales empleados fueron el ladrillo y el pedernal, cubierto el muro por una albardilla de piedra berroqueña.

Eran numerosos los arroyos que iban a desembocar en el río Manzanares, el Meaques era el más importante. Sobre el Meaques se construyeron varios Puentes.

En julio de 1782 Carlos III encargó a Sabatini la creación de cinco puentes con albardilla de piedra, pues los que ya existían eran todos de madera, por tanto muy frágiles. Constan en el expediente los de la Agachadiza, del Álamo Negro, del Batán y el Puente Estrecho o de la Culebra; el quinto o no lo nombran, o no se ejecutó.

Caminamos próximos a la ribera del arroyo Meaques. Primero vemos el puente de Hierro, moderno. El segundo puente con el que nos topamos es el del Álamo Negro. La calle de los Álamos Negros y el puente del Álamo Negro, próximo a uno de los árboles de esta especie, son citados ya en el siglo XVI al hablar del Real Bosque.

puente alamo negro2

Contaba con tres ojos, dos laterales con arcos rebajados y uno central con arco de medio punto. Dos tajamares curvos por un lado, y por el otro otros dos en ángulo. Su perímetro era de fábrica de ladrillo y las albardillas de piedra berroqueña. En la actualidad está cubierto por una capa de cemento y alguno de sus ojos está cegado.

puente alamo negro1

Los demás puentes eran similares a este. Todos fueron terminados en marzo de 1783.

Llegamos a la laguna o charca de El Zarzón, con su puentecito de madera, que llega hasta el puente de la Culebra. El paisaje es precioso.

meaques laguna

El puente de la Culebra, o puente estrecho, así figura en los documentos antiguos, es el de mayor valor artístico. Consta de cuatro ojos con arcos de medio punto y un pretil de piedra berroqueña con albardilla curva que le confiere su forma especial.

puente culebra1

El pavimento está formado por losas de piedra. El sinuoso puente es muy bello.

puente culebra floron

Una banda de piedra separa esta zona superior de la inferior formada por los pilares, arcos, bóvedas y tajamares de ladrillo.

puente culebra ext

El pedernal está presente en todas las construcciones.

puente culebra pedernal

Tras cruzarlo, muy cerca, se halla la fuente del Zarzón, anterior a la época de la República en que el parque se abrió al público y se construyeron varias fuentes. Aparece mencionada en documentos al menos desde 1898.

fuente del zarzon

Las fuentes, tanto ornamentales como utilitarias, fueron muy importantes en el Real Sitio desde muy antiguo. De las primeras, aunque no en su ubicación original, se conserva la Fuente del Águila.

Seguimos nuestro camino, ahora paralelo a la Cerca, que en algunos tramos conserva la construcción del siglo XVIII, espléndida, de ladrillo, granito y pedernal.

Casi oculta entre la vegetación se encuentra la reja del arroyo del Espinillo.

cerca y reja

Bajo el camino observamos el cauce del arroyo que desemboca en el del Prado del Rey.

arroyo espinillo

Igual que los puentes, las rejas en algunos casos constaban de tajamares situados frente a la corriente. La mayoría se conserva, las dos de Antequina, la de la Zorra, Meaques y la del arroyo de Prado del Rey, a su vez afluente del Meaques, con cinco arcos escarzanos.

rejas prado del rey

Desde las rejas de Prado del Rey seguimos caminando, ahora junto a la ribera de este arroyo y escondida entre los árboles y arbustos hallamos la Fuente de Rodajos, también anterior a la República.

fuente de rodajos

En la ribera del arroyo, cerca de la fuente, hay una alberca, ahora sin agua.

casa de campo alberca

En el siglo XIX se realizaron nuevas obras de canalización, muchos metros de acequias de las que subsisten numerosos vestigios.

acueducto pequeño

En 1845 a la entrada del arroyo Meaques, con el fin de aumentar el caudal se realizaron obras en la más pura tradición de los antiguos viajes de agua.

acequias

Es un placer pasear por la Casa de Campo, uno de los tesoros madrileños, privilegio de esta gran ciudad, e ir descubriendo admirados sus elementos históricos.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Armando Herrero que preparó el recorrido con esmero y me guió en este maravilloso paseo.

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Bibliografía:
TEJERO, Beatriz. Casa de Campo. Fund. Cajamadrid-Doce Calles, Madrid 2001.
VVAA. La Casa de Campo. Más de un millón de años de historia. Lundwerg- Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2003.
APARISI LAPORTA, Luis Miguel. La Casa de Campo. Historia documental. Lundwerg-Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2003.

Hace más de seis años visitamos las Grutas del Jardín de Felipe II en la Casa de Campo. Contamos entonces que Felipe II fue el rey más poderoso, también el rey jardinero. Esta es quizá una de sus facetas más desconocidas, aunque es sabido que tuvo un gran interés por el arte.

Enamorado de las plantas, y conocedor de los jardines italianos, franceses y flamencos, transformó el jardín español, hasta entonces encerrado en los claustros de los conventos y palacios medievales. El Reservado de Felipe II fue uno de los lugares más refinados y sofisticados de aquella época; arquitectos reales, los más reputados maestros flamencos en hidráulica, los mejores escultores y decoradores italianos, los más exquisitos jardineros españoles… todos participaron en su creación.

El Reservado de la Casa de Campo -junto con el Jardín de la Isla en Aranjuez- fue el más claro ejemplo de jardín del gusto de Felipe II, trazado por Juan Bautista de Toledo, su primer arquitecto, dentro de la rehabilitación de la antigua Casa de los Vargas.

Las fuentes monumentales llegaron a desempeñar un papel de primer orden en estos jardines; las más notables llegaron desde Italia a Aranjuez y a la Casa de Campo. Eran fuentes clasicistas que se situaban en los lugares de reposo a lo largo del recorrido de los recintos ajardinados. También eran punto de referencia de los ejes del trazado.

El Jardín geométrico frente al Palacete se conformó mediante dos ejes, uno norte-sur, en el que se encontraba la fuente, y otro este-oeste. Más adelante, en el siglo XVII, en el centro se situó la estatua ecuestre de bronce de Felipe III obra de Juan de Bolonia y Pietro Tacca, que actualmente está en la Plaza Mayor.

Pasado

La Fuente del Águila era el elemento decorativo más importante del Jardín, donde se encontraba instalada al menos desde 1584.

Tenía un pilón ochavado con cabezas de león en las esquinas y tres grupos escultóricos superpuestos. Como remate, un águila de dos cabezas, lo cual hizo pensar que fue realizada en tiempos de Carlos V, pero últimos estudios indican que fue construida durante el reinado de Felipe II y que fue obra de autores italianos.

Además de los planos –incluido el de Pedro Texeira-, en el Museo de Historia contemplamos dos pinturas que la reflejan.

Museo de Historia

Museo de Historia de Madrid

Félix Castello la pintó en su cuadro La Casa de Campo (1615-1651), ubicada frente al Palacete de los Vargas.

F.Castello.

F.Castello. “La Casa de Campo”.

“… en la misma calle del Caballo se levanta una magnífica y hermosa fuente de mármol, y consta de cuatro tazas unas sobre otras…” (A. Ponz).

F. Castello.

F. Castello. “La Casa de Campo” (detalle).

En la misma Sala la vemos representada en la Vista de los jardines de la Casa de Campo (1601-1650), anónimo madrileño, propiedad del Museo del Prado, hoy en depósito en el Museo de Historia.

Anónimo Madrileño, h. 1634. Vista de los jardines de la Casa de Campo.

Anónimo Madrileño, h. 1634. Vista de los jardines de la Casa de Campo (Foto: Museo del Prado)

Anónimo Madrileño, h. 1634. Vista de los jardines de la Casa de Campo (detalle).

Anónimo Madrileño, h. 1634. Vista de los jardines de la Casa de Campo (detalle). (Foto: Museo del Prado)

En 1895 el cuerpo central de la fuente fue trasladado al Escorial e instalado en el patio principal de la Casa de la Compaña, que formaba parte del conjunto del Monasterio, actualmente sede del Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid.

Real Centro Universitario Escorial-María Cristina

Real Centro Universitario Escorial-María Cristina

Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. Claustro principal.

Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. Claustro principal.

En 1998 se celebró el IV Centenario de la muerte de Felipe II, ocurrida el 13 de septiembre de 1598, con una exposición memorable en El Escorial; y otra en Aranjuez, con la intención de mostrar esta faceta del rey jardinero y defensor de los bosques, comisariada por Carmen Añón, Felipe II, el rey íntimo. Jardín y naturaleza en el siglo XVI.

El jardín privado de Felipe II, en el palacio real de Aranjuez, también obra de Juan Bautista de Toledo, formó parte del recorrido de la exposición. Allí se instaló la Fuente del Águila con las piezas que se encontraban en el propio Palacio y las procedentes del Escorial, del patio de María Cristina; faltaba el águila bicéfala, desaparecida.

La Sociedad Estatal para la conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V financió la restauración y reproducción completa de esta fuente.

Presente

En septiembre del año 2000, la reproducción se instaló en el Jardín del Claustro del Centro Universitario María Cristina, en el mismo lugar donde antes estuvo la fuente original. Como antaño en la Casa de Campo, la fuente se encuentra en el centro de una plazuela, remanso de descanso en un delicioso jardín formado por caminitos rodeados de bancos, parterres y flores.

patio desde arriba escorial

Durante un tiempo se atribuyó la autoría de la fuente al escultor Juan Antonio Sormano, hoy se cree que debió ser realizada en Italia por Giovanni Angelo Montorsoli.

fuente del aguila

Así consta en la placa colocada al pie de la fuente.

Casi todos los autores reproducen el texto de Antonio Ponz, el historiador viajero que pudo verla en el siglo XVIII, por ser la mejor descripción. Esta es la transcripción:

La fuente del Águila «… consta de cuatro tazas, unas sobre otras. La mayor y más baja es de figura octogonal, puesta sobre tres gradas: en cada ángulo hay una cabeza de león, haciendo pie en la parte inferior una garra del mismo animal; en los espacios intermedios alternan águilas de dos cabezas y máscaras, formando con el collar del Toysón una especie de festón, que pende de las cabezas de leones, de las máscaras y de las águilas.

fuente aguila pilon

En las molduras de dicha taza hay diferentes labores de conchas, delfines, hojas, etcétera.

fuente aguila primer plato

Para sostener la segunda taza hay tres figuras de tritones agrupadas a una columna, ejecutadas con mucha inteligencia y grandioso carácter, y en el reverso tiene labores de delfines, conchas y otras cosas.

fuente del aguila hombres

La tercer taza está sostenida por otras tres figuras más pequeñas que las de abajo, esto es, menores que el natural; no tienen representación determinada, y son desnudos de hombres hechos con gran inteligencia. Su relieve es casi entero y están arrimadas a la columna que sostiene dicha taza, en la que hay tres mascarones para echar el agua.

fuente del aguila sup

La taza cuarta se sostiene por tres niños enteramente relevados y una columnita en el medio. Las manos y brazos de todas estas figuras se unen mutuamente, y las actitudes tienen contraste y variedad.

fuente aguila plato 3

Es una bellísima réplica de la Fuente del Águila, que desde la Casa de Campo viajó hasta este patio en el siglo XIX y desde aquí a Aranjuez para ser restaurada en 1998.

Pero entonces… ¿dónde se encuentra la Fuente del Águila original, la fuente del jardín renacentista de Felipe II?

Según me cuentan en el propio Centro, permanece guardada en Aranjuez, desmontada, desde 1998.

¿Futuro?

La Fuente del Águila es la fuente monumental más antigua de Madrid -aún más que la Fuente de los Tritones-, una verdadera joya artística e histórica. Ya que fue restaurada debería ser expuesta al público, ojalá vuelva a Madrid y podamos contemplarla.

Como vimos en el artículo mencionado al principio dedicado a las Grutas, en junio de 2009 el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid publicó el Acuerdo por el que se incoaba el expediente para la Declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Sitio Histórico, a favor de la Casa de Campo.

Se anunciaba que el antiguo Palacete o Casa de los Vargas y las Grutas Renacentistas tendrían “un uso característico cultural-museológico, ligado preferentemente a hechos o actividades relacionados con el Sitio Histórico”.

En el apartado dedicado a los Edificios históricos se afirmaba que se recuperaría la antigua Casa de Campo de los Vargas, eliminando los añadidos recientes que falsean su apariencia. Esto se ha cumplido, la Casa ha sido restaurada.

También se establecía como objetivo “la recuperación de los elementos arquitectónicos trasladados o perdidos a lo largo del tiempo, que puedan documentarse con fidelidad, en especial la Fuente del Águila, instalada en 1890 en el Colegio Universitario Reina Cristina de San Lorenzo de El Escorial…”

Según Decreto de 15 de julio de 2010 la Casa de Campo de Madrid se declaró Bien de Interés Cultural, en la categoría de Sitio Histórico.

Desde 2010 hemos vivido tiempos difíciles, de todo esto poco se ha convertido en realidad, ¿qué ocurrirá en un futuro próximo?

Ojalá por fin se recupere el Jardín renacentista de Felipe II. Ojalá las Grutas, restos de un conjunto arquitectónico único en nuestra ciudad, construido en la segunda mitad del siglo XVI, y único vestigio de un jardín del Renacimiento madrileño, y uno de los pocos ejemplos en España, sean restauradas y rehabilitadas. Y ojalá la Fuente del Águila vuelva a su lugar.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Tejero Villarreal, Beatriz. “Las fuentes genovesas en los jardines de Felipe II”, en Felipe II, el rey íntimo. Jardín y naturaleza en el siglo XVI. Sociedad Estatal para la conmemoración de los centenarios de Felipe II y Carlos V, 1998, pp. 399-420.

Samaniego, F. “El palacio de Aranjuez ofrece una visión de Felipe II como rey jardinero”. El País. 23 sept. 1998.

Luengo Añón, Ana. Aranjuez, utopía y realidad: la construcción de un paisaje. IEM, CSIC y Ed. Doce Calles. Madrid 2008.

Hace tiempo, en octubre de 2010, contamos la historia del Estanque de las Campanillas, antiguo Estanque Ochavado, que por entonces se encontraba en obras. Como vimos, aunque muy transformado este estanque es uno de los pocos elementos originales del primitivo Real Sitio del Buen Retiro creado en el siglo XVII.

Gracias a la Asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio hemos conocido los resultados preliminares de la Intervención arqueológica en la Fuente de las Campanillas, en el Parque del Retiro, publicados en las Actas de las X Jornadas Arqueológicas de la Comunidad de Madrid, celebradas el pasado año 2014. Por ello, recordamos la historia y actualizamos el artículo.

Como explicamos entonces, el Jardín Ochavado fue uno de los Jardines del Real Sitio creados para el rey Felipe IV, que se encontraba entre el Palacio y el Estanque Grande.

El Jardín Ochavado en el plano de Texeira, 1656.

El Jardín Ochavado en el plano de Texeira, 1656.

Era un jardín formado por ocho paseos que se unían en una pequeña plaza central. Una estructura de madera adornada con enredaderas formaba ocho túneles de frondosa vegetación. Unos huecos o ventanas permitían contemplar los árboles y los espacios entre los paseos.

En la esquina noreste, al final de una de las calles, en el punto más alto, se formó una glorieta, también rodeada de madera, donde se instaló un Estanque Pequeño, el Estanque Ochavado, así llamado por su forma polilobulada. Ocho lados semicirculares que constituían el vaso del estanque en el que nadaban patos y otras aves acuáticas y alrededor del cual paseaban el rey, su familia y sus invitados. El Jardín Ochavado era un ejemplo perfecto de jardín barroco de la época de los Austrias en los que se combinaba la jardinería, el agua, la arquitectura, los juegos y la escenografía.

Pedro Texeira, en su plano realizado unos años después que los propios jardines del Buen Retiro, detalla perfectamente los paseos de madera y los árboles entre ellos, así como la torrecilla en el centro del estanque de ocho lados y su puentecillo de acceso.

Estanque de las Campanillas, Texeira 1656.

Estanque de las Campanillas, Texeira 1656.

El jardín mostraba una gran pendiente natural, que en el siglo XVIII fue allanada para la formación del nuevo jardín al estilo francés, el Parterre.

La torrecilla desapareció y en el siglo XIX, en tiempos de Fernando VII, el arquitecto real Isidro González Velázquez en el centro de la fuente instaló un pequeño pabellón o templete chinesco del que colgaban una serie de campanillas que sonaban con la ayuda del viento. Este templete también desapareció en la siguiente gran reforma, siendo instalada en 1911 la rocalla que aún hoy día podemos contemplar.

La necesidad de realizar unas obras de impermeabilización del vaso de la fuente para resolver los problemas de fugas de agua que se habían detectado motivó las obras y la actuación arqueológica.

2 de octubre 2010

2 de octubre 2010

La hoy llamada Fuente de las Campanillas, como después han confirmado los restos arqueológicos, era en origen un estanque utilizado para el riego de los jardines situados al sur y oeste del mismo.

En una primera fase se realizaron tres sondeos, dos de ellos en el interior del vaso. Uno de los principales objetivos fue documentar la estructura del vaso original.

Después se realizó una zanja perimetral, con el fin de controlar el movimiento de tierras, en la que se documentaron numerosos restos asociados a la fuente de diferentes etapas históricas. Arquetas, canalizaciones, una galería y un pozo de ladrillo. Aún a la espera de un estudio de los materiales, según las autoras, una de las principales conclusiones es que se han hallado elementos de una de las construcciones más antiguas de los Jardines del Palacio del Buen Retiro.

Se trata de vestigios de las tres fases constructivas, la primitiva del siglo XVII, las reformas del siglo XIX, ­cuando se sustituyó la torre por el remate chinesco, y la última gran reforma en el siglo XX, momento en que se colocó la rocalla que hoy vemos. Estas conclusiones preliminares se basan en los diferentes tipos de ladrillo y argamasa utilizados.

A una primera fase, la época más antigua, corresponde el muro perimetral exterior del vaso y una de las arquetas, de planta rectangular.

Planta del muro perimetral (M.L.García y A.B.Martínez. Actas X Jornadas Patrimonio Arqueológico)

Planta del muro perimetral (M.L.García y A.B.Martínez. Actas X Jornadas Patrimonio Arqueológico)

Arqueta 2 (M.L.García y A.B.Martínez. Actas X Jornadas Patrimonio Arqueológico)

Arqueta 2 (M.L.García y A.B.Martínez. Actas X Jornadas Patrimonio Arqueológico)

A través de las arquetas se distribuía el agua del estanque hacia los jardines. La torrecilla central y la pasarela han desaparecido.

En el siglo XIX, segunda fase, se reforzó el interior del vaso adosando un nuevo muro al antiguo, se sustituyó la antigua arqueta por otra y se construyó una nueva pasarela hacia la figura chinesca.

En el siglo XX se rellenó el vaso, aumentando la cota del suelo; fue entonces cuando el estanque se convirtió en una fuente, se construyó la rocalla y se eliminó la pasarela.

Las tres etapas se aprecian en todos los aspectos. Las tuberías más antiguas son de cerámica, que después fueron sustituidas por otras de hormigón y finalmente por otras de hierro.

Tuberías de alimentación de agua de cerámica (M.L.García y A.B.Martínez. Actas X Jornadas Patrimonio Arqueológico)

Tuberías de alimentación de agua de cerámica (M.L.García y A.B.Martínez. Actas X Jornadas Patrimonio Arqueológico)

A finales de 2013 las obras habían terminado. Los machones o pilares de piedra y la verja habían vuelto a su lugar.

Fuente de las Campanillas (noviembre 2013)

Fuente de las Campanillas (noviembre 2013)

El año pasado 2014, en junio, fue reinaugurada.

Junio 2014

Fuente de las Campanillas (junio 2014)

Hoy estaba vacía, los encargados de su cuidado la estaban limpiando, lo cual hacen cada tres o cuatro meses según me cuentan. Mañana o pasado habrá vuelto el agua a la fuente.

mascaron

5 mayo 2015

Según el informe arqueológico, “estas primeras conclusiones serán ampliadas o modificadas al término del estudio que se está llevando a cabo en relación al sistema de canalizaciones, galerías y otros elementos ornamentales de la fuente, como mascarones, machones y barandilla, que, junto con el estudio de materiales completarán los datos”.

Los hallazgos arqueológicos son muy importantes pues, como decíamos al principio, una parte corresponde a la época más antigua del Buen Retiro, datada en 1632. Y los informes técnicos son muy valiosos y agradecemos a Patrimonio Histórico que la versión digital de estas Actas esté disponible para todos. Esperamos con gran interés las anunciadas conclusiones y datos definitivos.

Pero lamentamos una vez más que los hallazgos sean documentados y luego “tapados”, ¿no merecían ser mostrados de alguna manera y explicados a todos los madrileños? El Retiro es uno de nuestros mayores tesoros patrimoniales, no solo un bello jardín al que acudir a pasear y tomar el sol, y el Estanque Ochavado, luego Fuente de las Campanillas, uno de los pocos recuerdos de aquella época de esplendor del Jardín en el siglo XVII.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ARIZA, Carmen. Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2001.
DURÁN, Consuelo. Jardines del Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2002.
GARCÍA GARCÍA-SAAVEDRA, Mª Luisa; MARTÍNEZ GRANERO, Ana Belén. “Intervención arqueológica en la Fuente de las Campanillas, Parque del Retiro, Madrid. Resultados preliminares.” Actas X Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2014. Pág. 229-238.

En el Museo del Prado, en lugar privilegiado, a continuación de las salas dedicadas a Velázquez, la sala 16 a reúne una serie de cuadros de temática cortesana, uno de los aspectos más importantes de la Pintura española del siglo XVII : las Imágenes de la Corte.

La poderosa monarquía de los Austrias originó una inmensa Corte a su alrededor, servidores reales en todos los ámbitos, incluido el artístico, con una amplia lista de pintores que trabajaban para el rey, empezando por el gran Diego Velázquez.

Las pinturas expuestas en esta sala ilustran la vida en torno a Felipe IV y Carlos II. La familia real, las estancias del Alcázar, las ceremonias, autos de fe, la caza… y los jardines reales. Doña Margarita de Austria y el Príncipe Baltasar Carlos, de Juan Bautista Martínez del Mazo; la reina Mariana de Austria y su hijo Carlos II adolescente en el Salón de los Espejos del Alcázar, y otros personajes, de Juan Carreño de Miranda. Eugenia Martínez Vallejo, vestida y desnuda, en la línea de la colección de bufones y personajes con alguna deformidad o deficiencia física o psíquica tan del gusto del barroco, también de Carreño. La Cacería del tabladillo en Aranjuez, de Martínez del Mazo. El Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid, de Ricci, una de las facetas más duras del siglo de oro madrileño… Y un bello paisaje, La Fuente de los Tritones en el Jardín de la Isla, de Aranjuez.

Fuente de los Tritones (Foto: Museo del Prado)

La Fuente de los Tritones. Foto: Museo del Prado.

Esta pintura, guardada en los almacenes del museo hasta hace poco tiempo, no se podía contemplar ­–sí una copia que se encuentra en uno de los salones del Teatro Real–. En septiembre de 2006 fue trasladada a los talleres de restauración, informan en el Prado; recientemente ha sido instalada en esta sala donde ahora luce esplendorosa. El cuadro, procedente de la Colección Real, óleo sobre lienzo (1657), mide 248 x 223 cm.

En algún momento fue atribuida a Velázquez, posteriormente se consideró que su autor fue su yerno Juan Bautista Martínez del Mazo. Actualmente, con el nº P01213 en el catálogo del Museo del Prado figura como perteneciente al Taller de Diego Velázquez.

A finales del siglo XVIII se encontraba en el Palacio de Aranjuez, en el Cuarto de la Reina, Pieza del Cubierto. Representaba la fuente barroca que en 1657 había sido instalada en el cercano Jardín de la Isla.

Además de la fuente, en la parte inferior del cuadro el pintor representó una serie de escenas cortesanas, amables y algo románticas, otra de las caras de la vida en el Madrid del siglo XVII. Dos damas charlan sentadas en el suelo sobre unos cojines, dos religiosos conversan, un caballero galante ofrece una flor a otra dama sentada junto a un árbol…

La Fuente de los Tritones (detalle). Foto: Museo del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Museo del Prado.

Los personajes, vestidos a la moda del siglo XVII, nos cuentan cómo era la vida cortesana en aquellos parajes palaciegos.

En 1845, en tiempos de Isabel II, la Fuente de los Tritones fue trasladada desde Aranjuez a los Jardines del Campo del Moro, donde se conserva.

No se conoce exactamente su fecha de construcción, en cualquier caso anterior a 1657 pues en esa fecha estaba ya en el Jardín de la Isla y es la que figura en el pedestal.

La Fuente de los Tritones (detalle). Foto: Museo del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Museo del Prado.

El pilón cuadrangular, que se aprecia en la pintura, fue sustituido por uno circular.

Mascarones, guirnaldas, columnas toscanas, victorias, delfines, sirenas y ninfas de mármol la adornan. El nombre proviene de los tres tritones que, sujetando unos escudos, cargan unos cestos por donde mana el agua que cae al pilón de granito desde las dos grandes tazas.

El Campo del Moro es uno de los jardines más hermosos de Madrid. La entrada, desde el paseo de la Virgen del Puerto, muestra una alfombra verde que lleva hasta Palacio, con dos fuentes barrocas, magníficas, alineadas a lo largo del paseo llamado Praderas de las Vistas del Sol, la de las Conchas y la de los Tritones. La perspectiva con las dos fuentes, y el Palacio Real al fondo, es de las más espectaculares y mágicas de Madrid.

Jardines del Campo del Moro

Jardines del Campo del Moro

La de los Tritones está situada en la parte más alta, a los pies del Palacio. Debido a su proximidad al edificio lamentablemente no es posible acercarse a ella para disfrutarla. Desde la Cuesta de San Vicente también se puede contemplar a lo lejos.

 

Jardines del Campo del Moro (desde la Cuesta de San Vicente).

Jardines del Campo del Moro (desde la Cuesta de San Vicente).

La Fuente de los Tritones es la más antigua de Madrid, la única fuente monumental que se conserva casi completa, y en funcionamiento.

Hoy la bellísima fuente está sola, alejada de los visitantes y de las escenas que se producen en el bonito jardín, público desde que en 1978 el rey Juan Carlos abriera sus puertas, escenas del siglo XXI; pero ahí sigue, junto al Palacio Real, testigo del presente que se vive a sus pies, y también del pasado que se vivió en el Jardín de la Isla, reflejado para siempre en la pintura del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Foto: Museo del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Museo del Prado.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Museo del Prado
www.monumentamadrid.es
Martínez Carbajo, A.F. y García Gutiérrez, P.F. Fuentes de Madrid. Arte e Historia. Ed. La Librería. Madrid 2009.

Los orígenes de la calle de Santa Isabel se remontan al siglo XVI cuando en esos terrenos que entonces eran solo campo, situados extramuros, el secretario de Felipe II Antonio Pérez construyó su casa de recreo, que él llamaba su Casilla, según cuentan los cronistas muy suntuosa y llena de riquezas y pinturas valiosas. Eran las afueras de la Puerta de Antón Martín, una de las puertas de la Cerca de Felipe II.

calle santa isabel

Después de que Antonio Pérez huyera su casa pasó a manos de la Corona y Felipe II creó allí un colegio para niños y niñas desatendidos. Más adelante, en los comienzos del siglo XVII Margarita de Austria, esposa de Felipe III, trasladó a la Casilla a las monjas agustinas que en tiempos de Felipe II habían llegado a Madrid procedentes de Ávila y que desde entonces estaban instaladas en la calle del Príncipe. Fue hacia 1610 cuando la Casilla fue acondicionada para Convento y las monjas, por mandato de la reina, debieron hacerse cargo del colegio que hasta ese momento había sido laico. Fue Felipe IV quien las liberó de esa tarea que al parecer no deseaban y desde entonces es otra la orden religiosa la que dirige el Colegio.

A pesar de su azarosa historia y las sucesivas reformas, el conjunto del Real Monasterio de Agustinas Recoletas de la Visitación de Santa Isabel y Colegio de Nuestra Señora de la Asunción se ha conservado hasta nuestros días, siendo una de las joyas del barroco madrileño.

Como hemos comentado en otras ocasiones, en el Madrid del siglo XVII, aparte los conventos (las monjas de Santa Isabel tenían su propia fuente), hospitales y palacios, pocas casas particulares tenían agua, la mayoría debía surtirse de las fuentes públicas.

La Fuente de Santa Isabel, ubicada junto a los muros del Convento, era una de las fuentes abastecidas por el Viaje del Bajo Abroñigal.

Según el Libro de Juntas de Fuentes conservado en los Archivos municipales, su construcción fue acordada en la Junta del 18 de junio de 1621 y encargada a Martín Gortairy o de Gortairi, quien en 1918 había trabajado como maestro de cantería junto al alarife Pedro de Pedrosa en la fuente de la plaza de la Cebada, de Juan Gómez de Mora.

Recordemos que las actividades relacionadas con los Viajes y el Agua estaban a cargo de una Junta de Fuentes, presidida por el Corregidor. El Maestro Mayor de Fuentes era el que se encargaba de las obras, y se trataba de un cargo que solía recaer en el Maestro Mayor de Obras de la Villa, en aquellos momentos reinando Felipe III era Gómez de Mora.

La fuente tenía su importancia, en el manuscrito de la Biblioteca Nacional que recorre las Casas y Calles de Madrid de mediados del siglo XVII, figura la Tercera traviesa que vuelve de la Calle de Atocha a Santa Isabel, hasta la fuente todo derecho. Era la calle de Santa Inés, que hoy como ayer va desde Atocha hasta Santa Isabel, frente al Convento.

Texeira la reflejó en su plano con el nº 56, aunque no la dibujó.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

A juzgar por los documentos, debía ser sencilla, con un número de cuerpos impar, quizá tres, y estaba situada sobre unas gradas, el pilón tenía ocho antepechos. El cuerpo central estaba formado por tres piezas en los que aparecían los escudos reales y de la Villa. Tenía cuatro caños por lo que se supone eran cuatro las caras, la última estaba rematada por una cruz de bronce.

No se conoce con certeza su devenir a lo largo de los siglos. En la foto que mostramos a continuación, de comienzos del siglo XX, no hay ninguna fuente junto al Monasterio.

Monasterio de Santa Isabel (Fuente:

Monasterio de Santa Isabel (Foto: http://www.flickr.com/photos/nicolas1056/6220285001/)

La fuente actual está datada alrededor de 1900.

fuente santa isabel

Las gradas desaparecieron, también el pedestal de piedra que alojaba el sistema de suministro de agua que fue sustituido por otro de metal fundido por Picazo como muestra la inscripción en la base.

fundicion picazo

El pilón con basa, cuerpo central y cornisa es de granito; tampoco debe ser el original pues este tiene seis antepechos. En el centro, el mástil de metal atornillado a la base sobre una pieza también de piedra separa dos vasos. En el pilón hay unos hierros forjados que debían servir para apoyar los cántaros.

modernismo

Dicho mástil o columna de planta cuadrada está decorada con dibujos de inspiración modernista, unas franjas vegetales en la basa, una flor en el fuste -donde se encontraban los caños- y unas bolas en el capitel.

Año 2004

Agosto 2004

El año pasado se realizaron obras de reforma de la calle, incluyendo renovación de calzada y aceras, que fueron ensanchadas.

Mayo 2013

Mayo 2013

Demostrando una valoración de la fuente por parte del Ayuntamiento, en el suelo fue colocada una placa que dice que su construcción fue realizada por el maestro cantero Martín de Gortairy entre 1621 y 1622.

placa

También fue retirada la inoportuna señal de tráfico que estaba situada junto al pilón.

Lo cierto es que no se sabe si conserva algún elemento de la fuente primitiva. En cualquier caso, y aunque no se trate de una fuente monumental, es uno de los escasos antiguos caños de vecindad que a duras penas subsisten en Madrid.

Aunque sin agua, clausurados los grifos, y maltratada por algunas personas que la consideran su basurero y la pintarrajean impunemente, tiene su encanto, y sobre todo es uno de esos sencillos elementos urbanos que discretamente también nos cuentan la Historia de Madrid.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

www.monumentamadrid.es
Manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid Corte de España. 1658. Transcripción de Roberto Castilla.
Mª del Sol Díaz y Díaz. Fuentes públicas monumentales del Madrid del siglo XVII. Revista Villa de Madrid nº 53. Madrid 1976.
M. Molina Campuzano. Fuentes artísticas madrileñas del siglo XVII. Ayuntamiento de Madrid – IEM 1970.

En los inicios del siglo XVII el paseo del Prado Viejo de San Jerónimo era muy diferente al actual Paseo del Prado. Entonces no había calles asfaltadas, ni aceras, ni automóviles. Situado en las afueras de la villa, aún no estaba urbanizado, era un camino de tierra arbolado, surcado por un arroyo, con puentecillos y fuentes. A ambos lados había numerosos solares de pequeño tamaño en su mayor parte ocupados por huertas.

Ya desde el siglo XVI tras la llegada de la Corte a la Villa fue lugar de encuentro y diversión sobre todo para las clases altas madrileñas. Después, en tiempos del rey Felipe IV entre los años 1630-1640 se construyó el Real Sitio del Buen Retiro lo cual provocó que muchos nobles se instalaran en sus proximidades. Uno de los hombres más poderosos que construyó su casa de recreo en las cercanías de la posesión real fue el duque de Lerma, recordemos edificada según proyecto de Juan Gómez de Mora.

Los cortesanos que deseaban vivir cerca del rey fueron convirtiendo las tierras de labor que se encontraban frente al Buen Retiro en los jardines de sus casas.

Según el manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid (magníficamente transcrito por el investigador Roberto Castilla, desgraciadamente inédito), hacia 1650 la última edificación de la Carrera de San Jerónimo hasta el Prado era una casa-jardín en esos momentos propiedad del secretario Luis Sánchez García.

Este inmueble, junto con otros cuatro colindantes, formaron el sitio nº 6 de la que sería la manzana nº 173, que hacia 1750 era propiedad de la condesa de Altri, según consta en la Planimetría General. En 1771 su dueño pasó a ser el duque de Villahermosa, quien construyó el edificio actual, remodelado y adaptado por el arquitecto Rafael Moneo para albergar el Museo Thyssen-Bornemisza, inaugurado en 1992.

Entramos en el museo en cuyo vestíbulo hay un cuadro que representa el lugar en que nos encontramos, el ambiente y el aspecto de las calles tal como debían ser en las últimas décadas del siglo XVII, durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias.

museo thyssen

Foto: Museo Thyssen.

Es la Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas.

Anónimo, atribuido a Jan van Kessel III, pintor nacido en Amberes en 1654 que a finales de la década de los 70 llegó a Madrid y trabajó en la Corte. Óleo sobre lienzo de gran tamaño (164 x 445 cm) pintado hacia 1680, pertenece a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Se encuentra en depósito en el Museo.

Tampoco se sabe con certeza qué acontecimiento representa pero parece claro que fue pintado con ocasión de la visita de algún alto dignatario a los monarcas, Carlos II y María Luisa de Orleans. Las carrozas se dirigen hacia el Palacio del Buen Retiro y a su alrededor se producen infinidad de escenas en las que los protagonistas son los madrileños de la época.

Todo tipo de personajes, nobles y pobres, hidalgos, curas y monjas, encapuchados, damas con abanicos, mujeres vestidas muy modestamente con su hijo en brazos, niños descalzos, perros jugando, un mozalbete bebiendo de la fuente, varias personas sentados en el borde del pilón o de pie, conversando… Los vecinos se asoman a ver pasar la comitiva…

fuentes

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

La pintura también nos proporciona una preciosa información acerca del caserío y las calles. A la izquierda se aprecia un trozo del muro o tapia de la casa del Duque de Lerma, y una de las Fuentes del Prado.

El Prado fue el primer lugar en que se empezaron a construir fuentes con un objetivo meramente ornamental, aspecto que cobró importancia con la llegada de la Corte a Madrid. A partir de ese momento, las fuentes siempre tuvieron protagonismo en los proyectos urbanísticos de la zona. La sencillez fue su principal característica. Por una parte, las fuentes-taza, puramente ornamentales, y por otra las pilas con uno o dos pedestales de granito, coronados con las tradicionales bolas graníticas herrerianas, dotados con surtidores que vertían a un pilón. Ambas aparecen representadas en el magnífico cuadro.

En la Carrera de San Jerónimo adivinamos el Convento del Espíritu Santo, sin terminar pues aún no aparecen las torres de la iglesia cuyas obras finalizaron alrededor de 1684, únicamente se ve una cruz coronando el tejado.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

A la derecha, el Paseo del Prado, con su frondoso arbolado. Al fondo, la Huerta de Juan Fernández, lugar de recreo inmortalizado por Tirso de Molina.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

Frente a la esquina donde hoy se encuentra el Museo Thyssen, aunque no se ve, en lo que hoy es la Plaza de la Lealtad estaba la Torrecilla de Música, sencilla casita donde se colocaban unos músicos que alegraban el paseo, y que también servía como alojería, o quiosco de bebidas.

Infinidad de detalles y pequeñas historias que poco a poco vamos contemplando con admiración en esta maravillosa Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado gracias a la cual, una vez más, paseamos por el Madrid del siglo XVII.

Por Mercedes Gómez

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Museo Thyssen-Bornemisza
Vestíbulo Palacio de Villahermosa,
Paseo del Prado 8.

Hoy he actualizado varias entradas gracias a vuestra ayuda, lo comento aquí y pongo los enlaces por si a alguien le interesa alguno de los temas, ya que no es fácil ver las actualizaciones o comentarios nuevos en artículos antiguos:

En los comienzos del pasado diciembre Esther nos contó que la maqueta de la Gran Vía había desparecido, y nos preguntábamos el motivo. Según publicó el diario ABC el pasado viernes 11, una conductora se estrelló contra el monumento. La maqueta está ahora en un almacén municipal a la espera de su restauración y poder volver a su lugar.

En vísperas de Nochebuena, JuanZevi nos regaló una bonita información sobre la Fuente de los Niños, la fuente de Mariano Benlliure, tan bella que le gustaba a todo el mundo y el artista realizó varias réplicas. Una de ellas, fundida en bronce, se encuentra en Santander, frente a la playa del Sardinero. Sobre ella Juan nos contaba los detalles reflejados en su libro Viaje apasionado por las escuelas de Cantabria. A los pocos días mi querida amiga Mar me envió la foto que acabo de incluir y que ilustra el comentario de Juan.

En el segundo artículo dedicado a los Pasadizos volados he añadido la foto de dos de los varios ejemplos aportados por Fernando Moreno en uno de sus comentarios: el del Palacio de Santa Cruz, Ministerio de Asuntos Exteriores, y la galería que se encuentra en la Quinta de Vista Alegre, que aunque no es exactamente un pasadizo volado merece la pena incluirla por su singularidad y el lugar en que se encuentra.

Quinta de Vista Alegre

Quinta de Vista Alegre

Y hablando de Vista Alegre, fantástico el recuerdo y la crónica de Antonio que ayer intentó visitarla pero como era sábado no pudo entrar y paseando la rodeó completa. Luego nos contaba sus impresiones. Te agradecemos mucho este comentario Antonio, rescatando a la pobre y olvidada Quinta.

Mercedes

El pasado día 29 de febrero fue inaugurada la nueva y luminosa sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, construida en la calle de Hortaleza sobre unos terrenos con mucha historia. En el siglo XVII en este lugar, entre las calles de San Juan –hoy de la Farmacia–  y Santa Brígida, existió un hospital para enfermos contagiosos, el Hospital de San Antonio Abad o San Antón, patrono de la Orden que lo regentaba, los Antoninos. Ya entonces había una fuente en la esquina con Santa Brígida, la Fuente de las Recogidas, como muestra Texeira en su plano, un sencillo pilón que abastecía las casas cercanas.

Plano de Texeira (1656)

El pilón en 1772 se convirtió en una bonita fuente vecinal obra de Ventura Rodríguez, la Fuente de los Galápagos.

Fuente de los Galápagos (Foto: Begué. Museo de Historia)

Unos años antes, hacia 1740 Pedro de Ribera había construido la Iglesia de San Antón, que se conserva.

El final del siglo XVIII y primeras décadas del XIX fueron importantes en la transformación de la zona. Poco después de finalizar la construcción de la vecina Real Academia de Farmacia en la calle de San Juan, los Padres Escolapios solicitaron trasladarse al hospital, que había quedado libre. Entre los años 1794 y 1832 se incorporaron nuevos solares de cercanas edificaciones y todo el conjunto fue reformado por el arquitecto Francisco Rivas, convirtiéndose en Convento y Colegio de San Antón. La fachada de la iglesia fue transformada al estilo neoclásico, es la que podemos contemplar actualmente, perdiéndose la fachada de Ribera. Felizmente en su interior se conservó la iglesia barroca. También se mantuvo la fuente adosada al muro del colegio.

En los comienzos del siglo XX la fuente de las históricas Escuelas Pías fue reformada y los galápagos fueron sustituidos por dos delfines entrelazados.

Calle de Hortaleza, esquina Santa Brígida (Foto: Guía Arquitectura de Madrid, COAM)

En abril de 1989 la prensa publicó que los padres escolapios habían vendido su colegio por mil millones de pesetas. A partir de ese momento el edificio vivió unos años de abandono y deterioro hasta que el día 14 de noviembre de 1995 sufrió una grave incendio. Cuatro años después fue adquirido por el Ayuntamiento.

Gracias a unos videos subidos a youtube por un antiguo alumno, inestimables documentos, podemos conocer y recordar cómo era el Antiguo Colegio de San Antón.

..

…..

En el verano de 2005, después de diversos avatares y la convocatoria de un concurso internacional, fueron seleccionadas seis propuestas, entre ochenta y nueve, para rehabilitar el antiguo colegio y convertirlo en la sede del Colegio de Arquitectos de Madrid. El Ayuntamiento cedía el local a cambio de que los arquitectos se hicieran cargo de las obras y construyeran una serie de servicios públicos. Así, además de la sede del Colegio de Arquitectos y su Centro de Documentación, las antiguas Escuelas Pías albergarían un centro de mayores, una escuela, una biblioteca, piscina pública… También se habló de que acogería el Museo Nacional de Arquitectura.

Resultó elegido el proyecto “Sobre un jardín”, del estudio madrileño de Gonzalo Moure. Las obras comenzaron en 2008.

Por fin hace pocos días la nueva sede del COAM ha sido inaugurada.

Calle de Hortaleza, 63.

El nuevo edificio, de cristal, granito, madera,… sobre el histórico solar, está organizado alrededor del jardín prometido, abierto al público.

Sin duda es un bonito jardín, adornado con sencillez: césped, granito y dos magnolios. Junto a la nueva construcción se puede ver la espalda de la iglesia del siglo XVIII.

Sobre todo parece creado para iluminar el interior, cuyas estancias se asoman a este espacio verde, que se cuela en ellas a través de los grandes ventanales y crea un ambiente realmente agradable.

Reservadas las plantas superiores al Colegio Oficial, en las plantas inferiores se encuentran la Fundación y las Salas de Exposiciones.

Actualmente hay varias, una de ellas es Domusae. Espacios para la cultura, que recordaréis pudimos visitar el año pasado en el antiguo Salón de Reinos, y que ahora retoma la Fundación Arquitectura COAM.

Por otra parte, una serie de paneles explican el proyecto arquitectónico de la propia Sede del COAM, obra de Gonzalo Moure.

Una exposición de maquetas de la Solar Decathlon Europe 2012, una competición para universidades de todo el mundo que tiene el objetivo de diseñar y construir una vivienda autosuficiente energéticamente, alimentada por el sol. La competición culminará con el montaje y exposición de las 22 viviendas diseñadas y construidas por las universidades participantes en la llamada Villa Solar. La Villa solar estará situada en el entorno natural de la Casa de Campo y se abrirá al público en septiembre de 2012.

Otra, muy curiosa, es la titulada Royalties. Mobiliario de Maestros de los siglos XX y XXI, con muebles de Marcel Breuer, Walter Gropius, Ludwig MiesVanDer Rohe…

Los tiempos han cambiado, al contrario que la Iglesia que en el siglo XIX perdió su fachada, del Colegio es lo unico que hoy se ha conservado, lo demás ha desaparecido.

La nueva Casa de los Arquitectos, como no podía ser menos, es un bello espacio arquitectónico, abierto al barrio y a los madrileños en general, con una fachada histórica.

Y la Fuente de los Delfines, en cuyo friso aún se puede leer la inscripción con la fecha: MDCCLXXII, año 1772, aunque el agua ahora no sea potable porque ya no es necesaria para los vecinos, allí continúa, adornando la calle y el muro del Antiguo Colegio de San Antón.

Por Mercedes Gómez

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Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
Hortaleza, 63

Exposiciones Fundación COAM

El primer jardín botánico madrileño fue el que Felipe II creó en Aranjuez cerca del Palacio Real, allá por el siglo XVI, recién estrenada la capitalidad; y al parecer su hijo Felipe III dispuso de un jardín de plantas medicinales en la Huerta de la Priora, junto al Alcázar. Pero se puede considerar que el primer Real Jardín Botánico fue fundado por Fernando VI en la antigua Huerta de Migas Calientes, junto al río Manzanares, en 1755, trasladado unos años después bajo el reinado de Carlos III al entonces Viejo Prado de Atocha, zona de huertas y olivares en las afueras de Madrid.

El Real Jardín Botánico fue inaugurado en 1781. Transcurridos más de dos siglos, felizmente hoy día podemos seguir disfrutando de uno de los lugares más hermosos de la ciudad, un auténtico tesoro escondido en el centro de Madrid.

Nada más traspasar la entrada, sea cual sea la estación del año en que nos encontremos, percibes que estás en un lugar especial: en otoño con su gama de colores, durante el frío invierno, la esplendorosa primavera, o en verano, cuando el jardín se convierte en un refugio. Sea cual sea nuestro estado de ánimo sus bancos de piedra nos acogen y sus paseos entre maravillosas flores y árboles centenarios invitan a la serenidad. Esos paseos jalonados con treinta sencillos pilones o fontines labrados en granito son los que nos disponemos a recorrer ahora.

El jardín está dividido desde su origen en tres terrazas o planos, diseñados geométricamente al estilo neoclásico, en forma de escalera, con el objetivo de salvar la fuerte pendiente del terreno existente entre el Paseo del Prado y la antigua calle Granada, hoy Alfonso XII.  Aunque recientemente, en 2005, se haya inaugurado una nueva pequeña terraza tras el pabellón de Villanueva, con dos estanques.

Años 50 del siglo XX ( Archivo del Real Jardín Botánico)

En 1942 fue declarado jardín artístico, pero al Botánico le esperaban años de dificultades;  desde 1965 a 1974 vivió un periodo de gran penuria económica, a veces no se podía pagar ni el agua de riego ni encender la calefacción en sus instalaciones. La situación de abandono llegó a ser insostenible, y los fontines, que no habían sido objeto de ninguna reparación desde 1929, se encontraban en un estado lamentable.

En mayo de 1974, a causa de la caída de una gruesa rama de un olmo que sepultó el coche de un profesor de la Universidad, la dirección decidió cerrar el jardín al público. Ya no se volvería a abrir hasta 1981.

Antes de la restauración (Foto J.Armada. y S.Castroviejo)

Entre los años 1974 y 1978 los recursos económicos de la institución aumentaron, emprendiéndose obras importantes. El problema fue que estas obras cambiaron la fisonomía del jardín, desvirtuando su estilo y el trazado original, las críticas fueron tan numerosas que provocaron un replanteamiento de la restauración desde un punto de vista histórico. La realidad era que el trazado neoclásico inicial de las tres terrazas estaba prácticamente desdibujado y oculto, tanto por el descuido de los años pasados como por las obras. Los fontines de la etapa fundacional estaban prácticamente enterrados en el suelo.

A lo largo de 1977 se elaboró un proyecto que en septiembre de 1978 fue aprobado por Bellas Artes y dos meses después comenzaron los trabajos.  En algunos sitios fue necesario remover terrenos entre un metro y un metro veinte centímetros de espesor. Aparecieron escalones, muretes de granito… y las fuentes enterradas.

Este fue el comienzo de la recuperación del antiguo trazado del siglo XVIII, y con él, de sus Fontines, elementos importantes pero discretos, pues se saben accesorios y ceden todo el protagonismo a las plantas, las flores y los árboles que les rodean. Aunque son tan acogedores que invitan a sentarse en el borde a descansar y observar algunos peces que sorprenden y añaden encanto a una de las fuentes.

Los dos primeros Planos, que han recuperado el estilo neoclásico original, están divididos en espacios cuadrados con un fontín en el centro de cada uno de ellos.

Paseo de los Cuadros (primavera 2008)

En el primero, en la zona más baja y próxima al Paseo del Prado, se encuentra la Terraza de los Cuadros, formada por dieciséis espacios, cada uno con su pilón, alrededor de los cuales podemos admirar plantas ornamentales, aromáticas, medicinales, y de todo tipo.

Terraza de las Escuelas (invierno 2012)

El paseo central separa esta terraza de la Terraza de las Escuelas Botánicas, con todo el reino vegetal representado alrededor de otras dos series de fontines, siete en la primera y siete en la segunda.

Cedro del Himalaya, invierno 2012.

La última de la primera serie, es la nueva escuela botánica dedicada a la familia de las Palmeras, convertida hace poco en la escuela nº 13. En ese lugar, antiguo vivero, nunca hubo fontín, hasta la reciente colocación del que se convirtió en el número ocho del paseo y el número treinta del Jardín, construido a imitación de los originales.

Y la tercera, en la parte más alta, la Terraza del Plano de la Flor, con maravillosos árboles y arbustos, fue reformada en la época de Isabel II, abandonando las dos series de cuadros primitivos, para convertirse en un jardín Romántico, con sus paseos curvos alrededor del estanque ovalado con la Fuente de granito en el centro, rematada por un busto de bronce del naturalista Carlos Linneo, y los dos fontines colocados a ambos lados, con pilón de ocho lóbulos y una verja de hierro en el borde, que probablemente sean los originales que aparecen en los planos conservados de la primera época del jardín.

Esta reforma, que tuvo lugar entre 1853 y 1859, fue respetada en la restauración posterior, de forma que actualmente podemos admirar los diferentes estilos que se han sucedido en el jardín, el neoclásico del XVIII y el paisajista del XIX. En la foto a continuación se aprecia cómo el nivel del terreno actual es superior al nivel en el que fueron construidas ambas fuentes, que la reforma respetó enmarcándolas  en un “hueco” de piedra y que permite apreciar el nivel original de la terraza superior:

Uno de los fontines en el Plano de la Flor

Finalmente, el día 2 de diciembre del año 1981 los reyes de España descubrieron una escultura dedicada a Carlos III, monarca impulsor de la creación del Jardín Botánico, durante el acto oficial de la reapertura del histórico recinto, después de siete años de clausura y al cumplirse el bicentenario de su fundación. El jardín quedó abierto al público.

Desde la reapertura, el agua de riego del Jardín Botánico es proporcionada gratuitamente por el Canal de Isabel II.

Los antiguos pilones son circulares con una moldura en el borde superior, aunque no todos son iguales; en el centro los pequeños surtidores están colocados sobre mojones de granito que muestran distintas formas, redondeada, octogonal o cuadrada. Inicialmente su misión fue proporcionar el riego de los espacios que los rodean y que forman los parterres del jardín, aunque también sin duda fueron construidos como adorno encantador.

Durante nuestro paseo, nos acercamos a otro de los fontines y contemplamos cómo las hojas de los árboles que caen en su interior se confunden con las hojas que se reflejan en el agua,  que a su vez se confunde con el cielo azul.

Por Mercedes Gómez

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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)

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Bibliografía

ARMADA, Juan y CASTROVIEJO, Santiago. “El Real Jardín Botánico, Madrid”. Cajamadrid, Madrid 1994. 2ª ed. revisada y ampliada, Madrid 2001.
MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. El Avapiés, Madrid 1994.
El País
24 jun 1979
Convenio CSIC-Canal Isabel II – ver El País 13 marzo 1981.

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