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Después de seis años de obras ayer día 1 de abril se inauguró el nuevo Museo Arqueológico Nacional.

Cuando lo visitamos en los comienzos de 2011 y vimos sus obras en marcha se anunciaba una apertura parcial para finales de ese año, pero se retrasó. Por fin, con una gran expectación entre la prensa y el público, ayer nos abrió sus puertas. Volveremos más adelante pues son muchas las piezas que nos esperan, y varios los aspectos que podemos comentar sobre este importantísimo museo, hoy solo quería celebrar la reapertura y contemplar una obra que hace años deseaba ver y hoy por fin ha sido posible, el Puteal de la Moncloa.

El Puteal, brocal en latín, de un pozo –puteus– es una bella pieza romana esculpida en mármol en el siglo I, inspirada en una obra griega del siglo IV antes de C., hallada en los jardines de la Moncloa a finales del siglo XIX.

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Durante un tiempo se relacionó con los perdidos relieves del frontón oriental del Partenón de Atenas, aunque hoy se sabe que no es una copia directa de la decoración del templo ateniense.

Antes de llegar al Museo Arqueológico, el antiquísimo brocal, que debió pertenecer a una casa romana, vivió una larga y azarosa historia, decorando los palacios de distintas familias reales. Su primera propietaria conocida fue la reina Cristina de Suecia. Después de su muerte en Roma en 1689 pasó por diversas manos hasta llegar a ser adquirido por el rey Felipe V que recién llegado a España en los inicios del siglo XVIII construía y decoraba el Palacio de La Granja de San Ildefonso. Allí fue a parar el puteal, hasta que Carlos III lo trasladó a Aranjuez. Hacia 1816 fue trasladado al Palacio de la Moncloa.

En 1868 Juan de Dios de la Rada, conservador del Arqueológico, lo encontró enterrado en los jardines del palacete, que ya había sido cedido al Estado por la reina Isabel II, y lo trasladó al museo.

Decorado con relieves que representan el nacimiento de Atenea, tiene un diámetro de 84 cm. y una altura de 99,50. cm.

“En el centro aparece Zeus, sentado de perfil en un trono, y a su derecha la diosa Atenea, que ha surgido de su cabeza ya totalmente desarrollada y revestida con todas sus armas. Entre ellos, Nike, la Victoria alada, vuela para coronar a Atenea. Detras de Zeus, Hefesto, que con su hacha de doble filo ha proporcionado el golpe decisivo para facilitar el parto, se retira asombrado ante la terrible aparición de la diosa. En la parte posterior tres mujeres llevan en sus manos diversos instrumentos: son las moiras, divinidades del destino, que tejen el hilo de la vida de los recién nacidos.”

Ahora, tras la remodelación, continúa expuesto, esplendoroso, aunque es una pena que no lo hayan colocado de forma que se pueda rodear y contemplar todas las figuras.

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Está ubicado en uno de los espacios dedicados a Grecia, el de los dioses del Olimpo nacidos por la relación que Eros creó entre las fuerzas de la Tierra, el Océano y el Cielo. Zeus, Afrodita, Apolo, Atenea, Hermes…

Además de tratarse de una pieza valiosa, una más a admirar en el Museo, podemos sumarla a nuestro recuerdo de la diosa griega, otra representación de Atenea en Madrid.

por : Mercedes Gómez

 

 

 

 

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De vez en cuando me gusta volver a visitar las salas dedicadas a la escultura clásica en el Museo del Prado, y moverme despacio entre las figuras llenas de significados y simbolismos que nos trasladan al mundo Antiguo. Sobre todo de noche, con la luz artificial (Ariadna dormida reflejándose en los cristales que dan al patio, aún más esplendorosa), parece que cobran vida.

En la planta baja, junto a la sala 73 dedicada a la escultura clásica griega se encuentran la sala 74 y la sala 72, ambas con obras realizadas en talleres romanos.

La sala 72 está dedicada a la escultura mitológica romana en la que se exhiben reproducciones de obras griegas, generalmente perdidas. No solo son en cierto modo recuperaciones de las grandes obras del arte griego y sus dioses (Zeus, Heracles, Dioniso y Afrodita) sino que además son testigos del arte y del gusto clásico romano. En ella, entre otras figuras, encontramos las de cuatro deidades adoradas en Roma:

El gran Júpiter, la máxima divinidad y protector del Imperio romano; Hércules, héroe y hombre modélico; Baco, dios del vino, del bienestar y la diversión; y Venus, diosa del amor y de las mujeres.

En una de las esquinas vemos una gran figura de mármol, mide 1,84 m. Es conocida como la Venus de Madrid.

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Venus de Madrid. Museo del Prado.

Según el letrero junto a la estatua, se trata de una  variación de una Afrodita procedente de la acrópolis griega de Corinto fechada entre los años 320-300 a. C. En el original la diosa tenía el torso desnudo, aquí, como en otras réplicas, está vestida con un chitón o túnica fina.

Fue realizada hacia el año 150, hace casi mil novecientos años. A lo largo de todo este tiempo ha debido vivir muchas aventuras, algunas buenas, seguro, otras no tanto. Ya en el siglo XVIII llegó al Palacio Real de La Granja en Segovia, luego Carlos IV la llevó a Aranjuez. Por fin, procedente de la colección real, llegó al Prado.

En algún momento perdió los brazos y la cabeza, ¡ay!, pero hoy continúa en pie, discreta, resguardada en un rinconcito en el extremo sur de la planta baja del Museo, esta monumental y bella Venus de Madrid.

Por Mercedes Gómez

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Otros artículos:

Flora y Hércules.
Mitos griegos.
La diosa Atenea en Madrid.

No es la primera vez que evocamos aquí los mitos griegos, hace poco hemos conocido la historia de Dioniso y Ariadna, de Sálmacis y Hermafrodito… pero sí es la primera vez que he podido visitar Grecia y ver de cerca algunas de sus maravillas, que animan a recordar una vez más la presencia de este bello país y su cultura milenaria en Madrid.

Atenea es una de las diosas principales de la mitología griega. Hija de Zeus, rey de todos los dioses, y Metis, se le atribuyen infinidad de cualidades. Considerada diosa de la guerra, sin embargo no le gustaban las batallas, valoraba más la inteligencia que la violencia. Por eso es también diosa de la sabiduría, la razón y la guerra justa. Dicen que solo peleaba si se veía obligada a ello, y siempre ganaba.

Entre los años 450 y 440 a. de C. el escultor griego Mirón creó su figura en bronce junto con otra del sátiro Marsias. El conjunto escultórico, que fue instalado en la Acrópolis entre los Propileos o entrada monumental, y el Partenón, representaba a la diosa enfadada por la actitud de Marsias, que había tratado de recoger la flauta que ella misma había arrojado, al descubrir que al hacerla sonar deformaba su rostro.

La diosa, según su antiquísima leyenda, nunca tuvo amantes, por lo que recibió el nombre de Atenea Parthenos (Atenea virgen).

En su honor se edificaron varios templos, el más famoso fue el Partenón, en la Acrópolis de Atenas, ciudad que quizá le debe su nombre, aunque no se sabe con certeza, pudo ser al revés, que la diosa tomara el nombre de la ciudad.

El Partenón, Acrópolis de Atenas.

Únicamente sus cimientos son de piedra caliza, el resto fue construido en mármol del Monte Pentélico, cercano a Atenas, cuyas canteras proporcionaban este mármol especial que en contacto con el aire y el sol adquiere reflejos dorados, que hoy aún podemos contemplar y deslumbran, imaginando cómo pudo ser el lugar en la antigüedad, con la ciudad a sus pies.

Desgraciadamente, a lo largo de los siglos, el Partenón ha sufrido guerras, robos, terremotos… por lo que solo se conservan sus ruinas. Sus hermosas columnas dóricas nos transportan al siglo V a. de C., tiempo de esplendor de la civilización griega, el gran siglo de Pericles, quien mandó levantar el templo en honor a Atenea cuya estatua sería colocada en su interior, en el centro de una gran nave.

La colosal imagen, de al menos diez metros de altura, fue obra de Fidias, el gran artista de la Grecia clásica.

Contaba el historiador griego Pausanias en el siglo II que la imagen estaba hecha de marfil y oro.

Existen varias copias antiguas de la monumental escultura, una de ellas en el propio Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

En nuestro Museo del Prado, planta 0, junto a la sala 74 que ya visitamos, se encuentra la sala 73, dedicada a la escultura clásica griega. En ella se conserva una preciosa réplica romana, esculpida en mármol en el siglo II d. de C., de solo 98 cm. de altura. Dicen los expertos del Prado que se trata de una de las mejores reproducciones de la diosa Atenea, en esta ocasión vestida con un sencillo manto de perfectos pliegues.

Atenea Parthenos. Museo del Prado.

Los adornos se perdieron, también la cabeza, siendo la que ahora vemos un vaciado en yeso de una réplica del Museo Liebieghaus de Frankfurt.

Esta delicada obra procede de la Colección del rey Carlos III, del Palacio Real de Madrid.

Otras dos representaciones de la diosa Atenea, Minerva en la mitología romana, se encuentran en el Círculo de Bellas Artes, en la calle de Alcalá.

El edificio fue construido por Antonio Palacios entre los años 1921 y 1926. Por entonces José Capuz proyectó una figura de la diosa que por motivos económicos no llegó a realizarse. En los años 60 se convocó un nuevo concurso para la creación de la estatua. Una de las Minervas presentadas se encuentra en el interior, en el centro de la escalera imperial, frente a la entrada.

El boceto ganador fue el del escultor Juan Luis Vasallo. La majestuosa escultura, de casi siete metros de altura, fue instalada en la azotea en los comienzos de 1966. Desde entonces la diosa de la guerra y también de la paz vigila toda nuestra ciudad cuyos tejados contempla impasible desde su pedestal de piedra, igual que las Ateneas de Mirón y de Fidias contemplaban la ciudad de Atenas.

Son visiones distintas de la diosa, separadas por siglos. Todas merecen ser admiradas de cerca, sobre todo la pequeña y refinada estatua de mármol, tan antigua, casi escondida en la sala generalmente solitaria del Museo del Prado.

También la clásica figura que nos recibe nada más entrar en el edificio del Círculo de Bellas Artes, en el primer rellano de la monumental escalera. Y por supuesto la gran estatua de bronce, desafiante bajo el cielo de Madrid.

Por Mercedes Gómez

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Museo del Prado
Paseo del Prado, s/n.

Círculo de Bellas Artes
Calle de Alcalá, 42.

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