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Hace tiempo visitamos la Casa Palacio del conde de Guaqui, que actualmente forma parte de las dependencias del Museo Thyssen. Recordemos que su autor fue el arquitecto Cesáreo Iradier que en 1917 la construyó inspirándose en el estilo antiguo del renacimiento español, utilizando elementos que se convertirían en característicos de la arquitectura de comienzos del siglo XX, historicistas y regionalistas. Como hemos visto en otras ocasiones, en aquellos tiempos destacaba el uso que hicieron los arquitectos de las artes decorativas, como la escultura, la vidriera, el hierro forjado y la cerámica, en la construcción de casas palacio para la aristocracia y edificaciones para instituciones.

Antes que el palacio para el conde de Guaqui, en 1909 Iradier ya había construido un edificio de Viviendas para el conde de Artaza, en la calle Marqués de Villamejor nº 6.

Calle Marqués de Villamejor, 6

Se observan algunos detalles decorativos modernistas en los balcones y las rejerías.

También en el sencillo interior del portal.

Como curiosidad diremos que en esta casa vivió otro arquitecto singular, Fernando García Mercadal, como recuerda la placa municipal instalada en 1991 en la fachada.

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Para el mismo conde de Artaza, Iradier proyectó en 1915 el edificio que se considera fue su obra maestra.

El edificio originalmente de Viviendas, comercios y oficinas para el conde de Artaza está situado en la Gran Vía nº 11, con fachadas a la calle del Clavel y Caballero de Gracia. Las obras finalizaron en 1917.

Foto: “La Construcción moderna”, 1917 (Biblioteca Nacional)

Actualmente alberga el Hotel de las Letras.

Hotel de las Letras, 2018.

Tras varias reformas a lo largo del tiempo, ha perdido algunos de los bellos elementos primitivos, como la crestería y pináculos que adornaban la parte superior de la fachada que se aprecian en la foto antigua.

La última reforma tuvo lugar en 2002, a cargo de Marta Torres y Virginia Figueras que proyectaron su rehabilitación para hotel, el Hotel de las Letras, que fue inaugurado en 2005.

Felizmente se conservan muchos elementos decorativos originales.

La cerrajería fue obra de García Nieto y de Bernardo Asins.

La puerta de hierro de la entrada es una obra de arte. Aún conserva el sello del taller de Gabriel Asins.

Cesáreo Iradier utilizó los materiales e instalaciones de mayor calidad, a cargo de la mejores empresas en aquellos momentos. No solo la cerrajería de Asins sino los mármoles de Nicoli y Franci, vidrieras de Maumejean, ascensores de Boetticher y Navarro…

Tanto en la fachada como en el interior se utilizó cerámica de Talavera.

Los diseños atribuidos a Francisco Arroyo, que era el director artístico, fueron realizados en la fábrica de Juan Ruiz de Luna.

Los bellos azulejos decoran el portal y la escalera de acceso.

El Hotel de las Letras es un hermoso edificio, uno de los que jalonan la Gran Vía madrileña, de los primeros levantados en la segunda década del pasado siglo XX, en el primer tramo de la entonces llamada Avenida del Conde de Peñalver, todos ellos muy lujosos, acordes con el gran proyecto, una maravilla que hoy podemos admirar.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GALLEGO, Eduardo. “Casa de alquiler en la Gran Vía”. La Construcción moderna. Madrid, 30 marzo 1917. (BNE)
ROCHA ARANDA, Óscar da: El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica. Madrid, 2009.
monumentamadrid.es

 

 

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Hay calles en que su forma esconde toda su historia, son las calles que nacieron a partir de los accidentes del terreno, antiguos caminos, o arrimadas a las murallas. La Cava Baja -su nombre ya nos cuenta su origen medieval-, antigua cava o foso de la muralla cristiana, es una de ellas.

Cava Baja

Cava Baja

Aunque su historia es más antigua. Como sabemos gracias a la arqueología (hallazgos de silos, restos de un muro de época islámica, materiales domésticos…), los terrenos entre Puerta de Moros y Puerta Cerrada se fueron poblando, conformando el llamado arrabal de la Cava Baja, uno de los arrabales musulmanes que existieron entre los siglos IX al XI, donde luego los cristianos levantaron uno de los tramos de su muralla.

Una vez más el libro La Forma de la Villa nos ofrece información valiosa. Uno de los importantes sondeos realizados en los años 80 del pasado siglo, el del misterioso solar, tantos años cerrado, ubicado en el nº 22, además de constatar la presencia de un lienzo de muralla de cuatro metros y un cubo semicircular, “la estratigrafía del terreno deparó el hallazgo de una serie de estructuras constructivas interpretadas por los directores de la excavación (Luis Caballero y Araceli Turina) como un probable arrabal de época islámica”.

cava baja 22 2

Cava Baja 22, a la izquierda

Las excavaciones en otros inmuebles, números 30 y 32, también ofrecieron información sobre el pasado árabe de la zona.

En los inicios del siglo XVI, construyendo en estos solares arrimados a la antigua tapia, se creó la manzana 150. Originalmente comenzaba a numerarse en Puerta Cerrada, seguía por la Cava Baja de San Francisco, hoy Cava Baja, volvía por la calle del Almendro, y por la calle del Nuncio llegaba nuevamente a Puerta Cerrada.

En los comienzos del siglo XVII Antonio Mancelli dibujó la manzana con el lienzo completo de la muralla y sus torres. Es un dibujo precioso, se observa todo el tramo que aún entonces debía estar a la vista.

Plano de Antonio Mancelli (detalle), 1625.

Plano de Antonio Mancelli (detalle), 1623.

Unos años después Pedro Texeira también la dibujó, detallando extraordinariamente alguno de los lienzos, el resto quizá ya ocultos por los inmuebles que los habían utilizado como muro.

Plano de Pedro Texeira (detalle), 1656.

Plano de Pedro Texeira (detalle), 1656.

Por entonces en la Cava Baja se ubicaban varias dependencias del Pósito, almacén de trigo o granero municipal. El Peso de la Harina, que estaba enfrente, en la Casa nº 4 de la manzana 148, representada en el plano de Texeira con el número 27. El edificio después se convertiría en la primera Posada madrileña, actualmente restaurante La Posada de la Villa, en el número 9 de la calle.

Posada de la Villa (2010), antiguo Peso de la Harina

Posada de la Villa, antiguo Peso de la Harina

El Alholí de la Villa ocupaba un gran solar en la manzana a que nos referimos, la 150; tenía dos puertas, la llamada Puerta Falsa que daba a la calle del Almendro (Casa 40), y la principal a la Cava (Casa 13).

Entre otras dependencias, allí existían también dos mesones. Uno de ellos, junto al Alholí, era el Mesón del Dragón.

Esta Casa del Alholí de la Villa de Madrid, Alhóndiga o primer Pósito municipal, del que ya conocimos su historia, cuyo origen se remonta a la época de los Reyes Católicos, había sido construido en los comienzos del siglo XVI sobre la muralla del siglo XII. Entre 1664 y 1665 se realizaron obras para la instalación de cuatro muelas para la tahona, proyecto del maestro de obras Juan de Lobera. Como sabemos, en 1666 el Pósito se trasladó a las afueras de la villa, junto a la Puerta de Alcalá. En 1745 el antiguo Alholí fue transformado en depósito de pan y de aceite.

El conjunto fue demolido a mediados del siglo XIX cuando el Ayuntamiento procedió a la prolongación de la calle del Almendro hasta la Cava, atravesando la manzana que quedó partida en dos, por la casa nº 13 que -según la Planimetría- en el siglo XVIII pertenecía al Real Pósito de la Villa y antes fue del Alholí. Eran del Pósito estas casas mencionadas, la nº 13 y la colindante nº 40.

Calle del Almendro

Calle del Almendro

Como tuvimos ocasión de comprobar durante nuestro último paseo en busca de la muralla cristiana, la Cava Baja ofrece algunos de los tramos mejor conservados.

Un nuevo paseo nos permite contemplar detenidamente otros vestigios, cuidados y conservados con cariño, en los inmuebles construidos sobre una parte del antiguo Alholí y mesones, en los primeros números pares de la calle, en la luego denominada manzana 150 “duplicado”, cimentados sobre la muralla.

Posada del León de Oro, Cava Baja 12

Posada del León de Oro, Cava Baja 12

En los actuales números 12 y 14 se encuentran la Posada del León de Oro y la Posada del Dragón, que guardan los vestigios de la muralla y de la historia de Madrid. Durante las obras de rehabilitación para convertirlas en hoteles modernos se realizaron las correspondientes sondeos arqueológicos. Se documentaron los lienzos extramuros al recinto fortificado del siglo XII y el foso de la muralla, además de los mencionados hallazgos anteriores a la ocupación cristiana, y se conservaron los tramos sacados a la luz, hoy día a la vista del público.

La Posada del León conserva además del arranque del cubo que ya pudimos contemplar en el edificio contiguo -en el nº 10-, y la mitad de otro cubo, un lienzo de unos 12 metros de largo y un metro de anchura.

posada del leon muralla1

Este bonito hotel ha resguardado bajo cristales los restos defensivos que se pueden admirar en su restaurante, a la entrada del local.

posada del leon muralla2

En el edificio contiguo, en el nº 14, se encuentra la Posada del Dragón.

Posada del Dragón, Cava Baja mº 14.

Posada del Dragón, Cava Baja mº 14.

Las vigas de madera de la antigua corrala que aloja las habitaciones están decoradas con frases que cuentan la historia de Madrid.

posada dragon corrala

Es un lugar encantador que ha conservado varios elementos de la antigua posada del siglo XX, como el viejo pilón de piedra en el patio.

posada dragon pilon

Han recuperado también la contigua tienda de Jabones La Antoñita manteniendo los letreros históricos de su fachada y su bañera de mármol, donde se elaboraba el jabón, que se ha instalado en los lavabos, junto a una reproducción del primer plano de Madrid, el de Mancelli, adornando sus paredes.

antoñita bañera

Y por supuesto el acogedor bar y restaurante en la planta baja también guarda la muralla.

posada del dragon muralla1

El antiguo Mesón del Dragón junto al Alholí de la Villa, luego Posada, hoy es un Hotel que ha sabido salvar su historia.

Por : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Planimetría General de Madrid.

Pérez Vicente, Daniel. “Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico”, en Testimonios del Madrid Medieval. Madrid musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.

Ortega Vidal, Javier y Marín Perellón, Francisco José : La Forma de la Villa. Comunidad de Madrid. 2004.

Oñate, Pilar y Sanguino Juan. “Intervención arqueológica previa al proyecto de rehabilitación del inmueble ubicado calle Cava Baja nº 12 de Madrid., en IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares 2007.

 

 

Junto al Gran Lujo clásico de hoteles como el Ritz, que tuvimos ocasión de visitar hace un año con motivo de su centenario, Madrid ofrece otras alternativas. Hoteles nuevos, igualmente suntuosos y con todas las comodidades posibles, pero inspirados en los gustos actuales. En los inicios del siglo XXI, de la misma forma que ocurrió en el naciente siglo XX, la ciudad necesitaba hoteles que cubrieran las necesidades de un nuevo Madrid. Uno de los más sugerentes es sin duda el Hotel Urban, situado en la Carrera de San Jerónimo 34.

La Carrera de San Jerónimo, como la calle de Alcalá, nació en el siglo XVI cuando comenzaron las edificaciones en las afueras de la Puerta del Sol y surgieron los caminos en dirección al Prado Viejo de San Jerónimo, hoy Paseo del Prado. Desde entonces, a lo largo de los siglos, conventos, palacios, famosos restaurantes, cafés y hoteles han dado vida a esta histórica calle.

Sobre el solar situado en la esquina con la calle Ventura de la Vega, antes calle del Baño, desde 1589 se encontraba ubicado el Convento de religiosas de San Bernardo que se había trasladado a Madrid desde Pinto.

Cuenta Mesonero Romanos que era un edificio poco notable y su iglesia pobre y sin adornos, pero con un gran jardín.

Plano Nicolás de Fer (h. 1706)

El Convento y su iglesia fueron derribados en 1836, durante la Desamortización de Mendizábal. Sobre su solar se construyeron varias casas.

Foto: M.Urech (h. 1960). Catálogo “Madrid al paso” 2007 (Diario Madrid).

Entre la plaza de Canalejas y Ventura de la Vega se conserva en gran parte el sabor de siglos pasados, siendo el último tramo de la calle, de aquí a la Plaza de las Cortes, el que más transformación ha sufrido, con el derribo en 1988 de varias viviendas para la construcción de la polémica ampliación del Congreso.

diciembre 2011

En los primeros años del siglo XXI, tras el derribo del edificio que ocupaba el solar, que había sido declarado en ruina por el Ayuntamiento, fue levantado el nuevo hotel. Construido en acero y cristal, obra de los arquitectos Carles Bassò y Mariano Martitegui, fue inaugurado a finales de 2004. A pesar de tratarse de un edificio que rompe con la arquitectura tradicional, es respetuoso y armónico con el entorno.

Una torre de cristal, en la que se reflejan los edificios vecinos, que recuerda la proa de un barco, se eleva orgullosa en la esquina con la calle de Ventura de la Vega.

Además de tratarse de un edificio elegante y vanguardista, su mayor singularidad es que también, en cierto modo, es un museo. En él se exponen valiosas piezas procedentes de la Colección Arqueológica del propietario, Jordi Clos, quien además de empresario hotelero es fundador del Museo Egipcio de Barcelona. La arquitectura más moderna acoge piezas de las culturas más antiguas, Egipto, China, India, etc.

Desde la calle, tras los cristales, se puede contemplar la planta baja donde se encuentra, a la derecha, el bar, y a la izquierda, más discreto, el restaurante.

El ambiente logrado en el restaurante, que visitamos vacío, es muy cálido, con cómodos muebles y vajillas sencillas.

Junto a las obras de arte allí expuestas, destacan algunos elementos decorados con teselas de oro.

Todo en el Glass Bar, o Bar de Cristal, es transparente. El suelo, las sillas, lámparas…

En la Recepción, y en varios lugares del hotel, se encuentran diversos postes y figuras antropomorfas, en las que dicen residían los espíritus de antepasados que otorgaban la sabiduría del conocimiento.

El edificio está construido alrededor de un patio o atrio, un espacio coronado por un tragaluz tras el cual se encuentra el cielo de Madrid. Lamentablemente, nuestra visita se produce en otoño y de noche, por lo que no podemos acceder a la última planta, donde se encuentra la terraza desde la cual seguramente se puede contemplar una vista maravillosa.

Sin embargo, gracias a que es de noche sí podemos admirar la columna de alabastro que ilumina el atrio de piedra negra o granito de Zimbabue.

En cada piso, en el pasillo, junto a los ascensores panorámicos que llevan a las plantas superiores, hay una obra cuidadosamente elegida. Llegamos a uno de los últimos pisos donde nos recibe una espléndida talla de madera camboyana del siglo XVIII. Se trata de un elemento arquitectónico hindú cuyas protagonistas son las Absaras, divinidades femeninas, ninfas celestiales que simbolizan las aguas del cielo y la energía del océano.

Para terminar nuestro paseo por las instalaciones de este hotel tan especial, nos muestran la que consideran su “mejor habitación”, un dúplex encantador con un gran ventanal ocupando la esquina del edificio, en el que las mayores comodidades, los últimos avances tecnológicos y la decoración más moderna conviven con las obras de arte.

Es asombroso, una columna simbólica del siglo XVIII, procedente de un templo budista birmano, realizada en madera estucada y pintada, y otras figuras antiquísimas, producen un contraste muy bello con los demás elementos de la moderna y confortable estancia.

Ha sido un placer poder conocer este hotel-museo, o museo-hotel, gracias a la amabilidad de su Director de Comunicación, Pepe García, que permitió la visita, a su Jefe de Eventos, Sylvia Robles, que la organizó y nos dio todas las facilidades, y al personal que nos atendió. Muchas gracias a todos.

Por Mercedes Gómez

El Palacio del Conde de Tepa se encuentra en la calle de San Sebastián nº 2, frente a la Parroquia del mismo nombre, con fachadas a esta calle, a la de Atocha y a la plaza del Ángel, en uno de los barrios más bonitos de Madrid, el Barrio de Las Letras. La plaza de Santa Ana, Huertas, Lope de Vega… es un auténtico placer pasear por estas calles y plazuelas.

Fue construido entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX por Jorge Durán, en piedra y ladrillo alrededor de dos patios, al estilo neoclásico, aunque la historia del lugar es mucho más antigua, como veremos.

Su transformación en viviendas al final del siglo XIX y la instalación de distintos locales comerciales a lo largo del siglo XX fueron eliminando casi todas las huellas del antiguo palacio, que llegó a estar muy deteriorado. Recientemente ha sido convertido en un lujoso hotel de cinco estrellas, magníficamente restaurado por los arquitectos Javier Feduchi Benlliure y Werner Durrer.

Calle de San Sebastián esquina Atocha. Febrero 2011.

Durante las obras de rehabilitación se realizó la correspondiente intervención arqueológica, gracias a la cual han salido a la luz los espectaculares restos del Viaje de Agua de La Castellana, que surtía a las “Casas situadas frente a la Parroquia de San Sebastián” durante los siglos XVII y XVIII, y después probablemente al Palacio del Conde de Tepa, hasta la llegada del Agua a Madrid, ya mediado el siglo XIX.

Cuando el pasado mes de mayo iniciamos la serie de artículos dedicados a los Viajes de Agua, intentando llamar la atención sobre la existencia de restos de este importante y singular elemento del Patrimonio Histórico madrileño, decíamos que ojalá alguna vez pudiéramos disfrutar en Madrid de un Museo de los Viajes de Agua, y conocer cómo eran y cómo funcionaban gracias a los tramos conservados bajo el subsuelo.

De momento, ha sido una grata sorpresa el descubrir la existencia de estos vestigios bajo los cimientos del antiguo palacio y la forma en que se han conservado en el nuevo hotel bajo un suelo acristalado sobre el cual podemos caminar y contemplar todos los elementos hallados.

Cuatro paneles informativos muy detallados completan el pequeño museo. El primero de ellos nos cuenta la historia del solar que ocupa el palacio. Sus orígenes como suelo urbano se remontan a mediados del siglo XVI, época en que se produjo un gran crecimiento en la población y urbanización de la Villa.

Nada más iniciarse el siglo XVII Francisco González Heredia adquirió el solar y construyó una casa-palacio que probablemente pervivió hasta la construcción del edificio actual.

Como indica una placa en la fachada, allí estuvo la Fonda de San Sebastián, donde se reunían los literatos de la época de Carlos III, los literatos de la Ilustración, constituyendo la tertulia más famosa e influyente de la época.

El segundo panel describe la etapa que va desde la creación del Palacio a finales del siglo XVIII hasta la actualidad.

El Palacio fue encargado por el primer Conde de Tepa al arquitecto Jorge Durán, proyecto aprobado por la Villa de Madrid y su Arquitecto Mayor, entonces Juan de Villanueva, aunque finalmente el edificio construido fue más sencillo que el inicialmente diseñado.

El tercer panel está dedicado a los Viajes de Agua. El de la Fuente Castellana construido a partir de 1612, atravesaba parte del palacio, de forma que durante la intervención arqueológica han aparecido restos de la gran obra hidráulica, perfectamente detallados en el cuarto y último panel.

Un esquema de la planta de los elementos conservados ayuda a identificar los restos que se hallan bajo nuestros pies. El aljibe, de cuyo interior se muestran fotografías. Unas escaleras nuevas llegan hasta la entrada a la galería.

Junto al pozo de registro, uno de los restos más bonitos, que estimulan nuestra imaginación y nos trasladan a los tiempos en que este era el medio por el que el agua llegaba al palacio, un pilón de granito.

Recordemos que el Viaje de la Castellana abastecía a 11 fuentes públicas, con 147 aguadores y 85 fuentes particulares. Una de ellas, la de la casa-palacio frente a la Parroquia de San Sebastián.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Hotel NH Palacio Conde de Tepa
entrada Plaza del Ángel nº 10.

En Madrid desde siempre existieron Posadas, Paradores, Fondas, Casas de huéspedes… Hoy día disponemos de Pensiones y Hoteles para todos los bolsillos, algunos de ellos espectaculares, por dentro y por fuera, pero en los comienzos del siglo XX aún no había muchos hoteles donde elegir.

Por supuesto no existían hoteles de lujo que pudieran alojar a los cada día más numerosos visitantes adinerados que acudían a la capital. La llegada del tren y el poderoso nuevo Madrid “financiero” surgido alrededor del Banco de España, contribuyeron a ello. Se hacía necesario un establecimiento que cumpliera las expectativas de estos nuevos visitantes.

Era un Madrid con unas grandes diferencias sociales, el Madrid de los palacetes y el de los carros, de los banqueros y las lavanderas.

En 1908, sobre los terrenos de un antiguo jardín de recreo, se comenzó a construir el primer gran hotel, el Hotel Ritz, en la plaza que ya visitamos, la Plaza de la Lealtad, junto al Museo del Prado. Fue inaugurado dos años después. Poco después, el Hotel Palace. Y algunos otros.

El arquitecto elegido fue el francés Charles Mewes, que ya había diseñado los de París y Londres, de acuerdo con el gusto dominante por entonces, en que varios edificios notables -como el Casino de Madrid, en la calle de Alcalá, que fue inaugurado ese mismo año- fueron construidos en estilo afrancesado. Las obras fueron dirigidas por el arquitecto español Luis de Landecho.

El pasado 2 de octubre ha cumplido 100 años, y para celebrarlo ha organizado varios actos, exposiciones y visitas guiadas, en los que nos invitan a los madrileños a Descubrir el Hotel Ritz. Sobre las verjas que rodean el Jardín se han colocado varios paneles que explican su historia, pero lo más importante se encuentra en su interior.

Tras la puerta giratoria se halla un cálido y acogedor espacio, aunque de grandes dimensiones, cuya decoración te traslada al año 1910. Es el llamado Jardín de Invierno, originalmente cubierto por una estructura de hierro, oculta desde los años 50 debido a su deterioro tras la bóveda actual. En la reforma integral del edificio que se va a acometer en un próximo futuro, está prevista la recuperación de este techo primitivo.

El bar allí instalado está muy animado, las mesas observadas de reojo están llenas de productos apetitosos, frutas, pasteles, champagnes o cavas, dan ganas de ocupar uno de esos sillones y sentarse a charlar, descansar y permitirnos un capricho. Pero nosotros vamos a dejar eso para otro momento, la visita va a comenzar.

En el centro han colocado una vitrina con diversos documentos que ilustran los primeros años del Ritz. Allí nuestro guía y anfitrión comienza a contarnos la historia de este lugar casi legendario que ya forma parte de la historia de Madrid. Desde sus aristocráticos inicios, con la inauguración por el rey Alfonso XIII, el hotel ha sido escenario de todo tipo de acontecimientos, fue hospital de campaña durante la guerra, y por sus salones han pasado personajes de todo tipo.

En esta planta baja hay varias vitrinas llenas de recuerdos, y objetos repartidos por las zonas comunes del hotel, que nos sorprenden. Una curiosa y antiquísima báscula de baño, abanicos, antifaces de fiestas de Carnaval, fotografías, …

Los lujosos salones acogen celebraciones o eventos de empresas. El primero que visitamos, el Salón Alfonso XIII, guarda dos de las obras más valiosas que posee el Hotel, dos tapices del siglo XVII, la Historia de Diana, francés, manufactura de Saint Michel (París), y Apolo y las musas, flamenco. Recién restaurados, lucen en todo su esplendor.

Desde aquí salimos al delicioso Jardín del Ritz, en el cual existen árboles de diversas especies que consituyen un pequeño jardín botánico, igualmente centenario.

En los pasillos de acceso a los salones otras vitrinas muestran diversos objetos del Museo Ritz, delicadas cristalerías realizadas en la Real Fábrica de Cristales de La Granja, vajillas de plata…

El salón más grande, el llamado Salón Real, es el que acoge los famosos Desayunos del Ritz, en los que participan los más altos representantes del mundo de la empresa y de la política. El suelo tuvo que ser reconstruido.

Se conservan todos los elementos decorativos del año 1910. Las lámparas, alfombras, etc., cuando han necesitado ser renovadas siempre se ha hecho siguiendo fielmente el modelo original.

Otro de los salones conserva los diversos bureaux o escritorios que a principios del siglo XX estaban a disposición de los clientes para que pudieran contestar su correspondencia utilizando sus elegantes plumas estilográficas.

A continuación nos dirigimos al corazón del hotel, la zona de servicio, donde se encuentran las Cocinas.

La cocina dedicada a eventos de grupo (bodas, etc.), otra más pequeña para las comidas a la carta, una exclusivamente dedicada a la Pastelería, y la Cocina Fría, donde se guardan y preparan las carnes, jamones, etc.

Diversas mesas y anaqueles muestran utensilios de todo tipo, vajillas con el escudo del Ritz, elementos de plata…

El Hotel cuenta con su propia floristería, servicios de costura, lavandería, plancha, etc. todo lo que los clientes puedan necesitar.

Este el único hotel de Madrid que continúa utilizando sábanas de suave lino, bordadas a mano.

Finalmente subimos a conocer dos de las suites, una más pequeña, de una habitación y saloncito, y otra mayor, formada por un salón y dos habitaciones.

Los clientes en todas las estancias son recibidos con frutas, champagne o cava, y la tarta especial “Centenario” elaborada por los reposteros del hotel, igual que todos los dulces que aquí se sirven.

En cada planta la alfombra es distinta, todas ellas realizadas en la Real Fábrica de Tapices.

En 1910 aún no había llegado el agua corriente a todo Madrid, pero como hotel de gran lujo, el Ritz tenía varios cuartos de baño en cada planta, con jofainas de la mejor porcelana.

Ahora por supuesto cada habitación tiene el suyo propio.

Y todas las comodidades, incluida la conexión a internet wi-fi, para que los clientes puedan contestar su correspendencia, hoy día mediante correo electrónico, naturalmente.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez
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Descubra el Hotel Ritz
Plaza de la Lealtad nº 5

correo-e

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