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El Distrito de Chamberí está formado por los barrios de Gaztambide, Arapiles, Trafalgar, Almagro, Ríos Rosas y Vallehermoso.

El barrio de Almagro, situado entre la calle de Santa Engracia y el paseo de la Castellana actualmente acoge a las clases altas madrileñas, aunque también a numerosos organismos públicos o embajadas que han elegido algunos de los numerosos palacetes de la zona para instalarse. Pero a comienzos del siglo XIX, este barrio era en una gran parte propiedad de las Órdenes Religiosas.

Por entonces esta zona del Ensanche, al norte de Madrid, atrajo a la Iglesia, debido entre otras cosas a la cantidad de suelo disponible. Su presencia fue disminuyendo durante la primera mitad del siglo debido sobre todo a las leyes de desamortización de Mendizábal, aunque después de la restauración de la monarquía en el año 1874, la iglesia volvió a ser la gran propietaria del barrio, no solo en forma de conventos sino también de asilos o colegios, algunos de los cuales aún perviven.

Hoy os invito a conocer cuatro de estos edificios, de marcado carácter historicista, situados entre la calle de Almagro y Santa Engracia en su primer tramo.

Comenzamos por el antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres, con entrada por la calle Almagro nº 9.

De estilo neomudéjar, fue construido por Antonio Ruiz de Salces en 1875, ampliado en una planta en 1927 y rehabilitado en 1983. Hoy convertido en Residencia privada, es un monumento BIC desde 1996. La Capilla es de influencia gótica.

Todo el conjunto se ordena alrededor de un jardín con arquerías.

Allí sigue el pozo de piedra que en otro tiempo debió proporcionar el agua tan necesaria.

El Patronato de Enfermos, asociación fundada a principios del siglo XX para socorrer a enfermos pobres, encargó la creación de este hospital a Luis Ferrero, la cual comenzó en 1921. En el número 11 de Santa Engracia, llama la atención su construcción mezcla de ladrillo y piedra, y su decoración con azulejos, firmados por José Navarro, de cerámica valenciana.


El Convento e Iglesia de San José de la Montaña, en la calle Fernández de la Hoz, esquina Españoleto, de finales del siglo XIX:


 

Para terminar, por hoy, entramos en el Monasterio de la Visitación o Salesas Reales.

La Iglesia y Convento de las Salesas de Nuestra Señora de la Visitación, conjunto proyectado en 1880 por el arquitecto Francisco de Cubas, Marqués de Cubas, se encuentra en la calle de Santa Engracia nº 18.

La bella construcción ocupa toda la manzana, entre las calles de Caracas, Fernández de la Hoz, Zurbarán y la propia Santa Engracia, y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1977.

Este monasterio constituye una de las mayores edificaciones religiosas de Chamberí, y fue levantado en sustitución del primer edificio incautado en 1870 por el Estado para Palacio de Justicia, actual Tribunal Supremo. Finalizado en 1881, la planta del conjunto es casi cuadrada.

La iglesia, de estilo neogótico, se alza orgullosa al inicio de la calle, con su única torre.

Su planta es de cruz latina con capillas laterales, sobre las cuales se hallan las tribunas.

Antes de trasladarse aquí, tras la exclaustración, mientras se construía el nuevo convento, las religiosas se establecieron durante unos años en el Monasterio de las Salesas Nuevas en la calle San Bernardo 72, hasta que pudieron trasladarse a su nuevo edificio de Santa Engracia, en el que continúan.

por Mercedes Gómez


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Bibliografía:

COAM. “Arquitectura de Madrid”, Madrid 2003.

JIMÉNEZ BLASCO, B.C. “La ocupación del suelo por parte de las órdenes religiosas en el sector oriental de Chamberí” . Anales de Geografía de la Universidad Complutense, Madrid 2002.

Como contábamos en el artículo anterior sobre La Forja artesanal, con la llegada del siglo XIX las viejas herrerías del Barrio de la Chispería fueron desapareciendo. A lo largo de la primera mitad del siglo los talleres comenzaron a incorporar maquinaria y se fueron convirtiendo en pequeñas fábricas.

Por entonces existían numerosos yacimientos y minas de hierro en varios pueblos de la Comunidad de Madrid, como Colmenar Viejo, Valdemorillo, Galapagar, Manzanares el Real,… lo cual propició el nacimiento de importantes fundiciones que a su vez facilitarían el nacimiento de otras industrias. Aunque algo más tarde que a otras capitales europeas, a mediados del XIX, la Industria llegó a Madrid.

Una de las primeras fue la Fábrica de Hierros de Bonaplata, fundada en 1839. Hacia la mitad del siglo, el Taller de Tomás de Miguel, quien antes que empresario fue un gran artista, el último Maestro Herrero y Cerrajero del Ayuntamiento de Madrid, antes de que desapareciera este cargo. La Fundición de Hierros Sanford, y la última de las cuatro grandes fundiciones, la Fundición Safón.

Así comenzó la época de esplendor de las Fundiciones. Nació una Arquitectura del hierro -de la que quedan algunos ejemplos que quizá podamos visitar en otra ocasión-, se convirtió en el material principal en la construcción de los elementos urbanos, rejas, bancos, farolas, quioscos,… y fue por supuesto el material decorativo por excelencia. El hierro se convirtió en protagonista de la ciudad, en elemento urbano característico que daría una nueva imagen a Madrid.

En esta segunda mitad del XIX surgieron los miradores que, junto a los balcones, se convirtieron en elementos muy significativos de nuestra ciudad. Los primeros eran de madera, pero pronto se utilizó el hierro.

Calle Amnistía

A la labor de los excelentes talleres se sumó la calidad de muchos de los arquitectos de la época, gracias a cuyo trabajo podemos decir que hoy día se conservan algunas balconadas “de autor”, pues ellos diseñaban y supervisaban el desarrollo de las obras, que ejecutaban los mejores rejeros. Los últimos veinte años de la centuria fueron muy productivos en este aspecto, construyéndose unos edificios magníficos, muchos de los cuales aún perviven.

Por ejemplo, las viviendas construidas por Francisco de Cubas, el Marqués de Cubas, en terrenos del antiguo Pósito, hoy calle Villalar números 7 y 9, entre los años 1879 y 1881. Junto con el resto de edificios de esta calle y los de la cercana calle de Recoletos, conforman uno de los conjuntos más bonitos de Madrid, con sus balcones de sofisticada rejería.

Calle de Villalar

En cualquier momento, en cualquier lugar de Madrid, paseando, podemos encontrar auténticas maravillas, como este inesperado edificio en la calle del Barco número 21, de 1882, con sus balcones y miradores de inspiración árabe.

Calle del Barco

El Centro de Madrid, el barrio de los Jerónimos, Lavapiés, Chamberí, Salamanca, etc. nos regalan preciosos balconajes de todo tipo, balaustres con o sin redropie, dibujos en círculo, en rocalla, chapeados muy decorativos, complicados ornamentos, etc.

Calle de Alfonso XI (chapeado)

Además de los balcones y miradores, que alcanzaron una complejidad artística que daría lugar a verdaderas obras de arte, la presencia del hierro en las fachadas madrileñas fue llegando a otros elementos, como las puertas, antes realizadas en madera. Primero, se adueñó de los montantes, y después de la puerta completa. El hierro también sustituyó a la madera en las barandillas de las escaleras, tanto en palacetes como en las corralas de vecindad más modestas. Otros elementos característicos de esta etapa y estilo fueron las columnas de fundición, que aún se conservan en el interior de algunos locales, las marquesinas, etc.

Farmacia en la calle Juan de Mena

En este Madrid de Isabel II se produjo otro cambio importante en la ciudad, que ahora muchos añoramos, se ajardinaron las plazas. Casi todas las plazas madrileñas, fueron adornadas con árboles, arbustos, esculturas, fuentes y bancos, todo ello rodeado por bonitas verjas.

En los jardines, las verjas sustituyeron a las antiguas tapias. Un ejemplo importante es el Retiro, cuyo enverjado actual es quizá el de mayor longitud de la ciudad, cada cierto tiempo pintado a mano, barrote a barrote, pero hay otros (Biblioteca Nacional, Escuelas Aguirre, etc.)

Al final del siglo se abrieron los talleres de Juan González y el de Bernardo Asins, para los cuales a partir de entonces trabajaron los mejores arquitectos y rejeros.

De esta última fundición nacieron algunas de las obras más importantes que perduran hoy día, como la verja del Palacio de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército, que fue realizada durante la primera ampliación del Palacio, entre los años 1869-75.

Y las del Banco de España, realizadas entre 1884 y 1894, en las cuales aún se puede leer la firma de “B. Asins Constructor”.

Banco de España, entrada calle de Alcalá

(detalle)

Banco de España (Firma de Bernardo Asins)

En los primeros años del siglo XX, los arquitectos continuaron construyendo preciosos balcones y miradores.

Calle de Antonio Maura (Daniel Zavala, 1901)

Antonio Palacios fue el máximo exponente en cuanto a arquitecto que integró las artes decorativas en sus edificios, la cerámica de Zuloaga, la escultura de Angel García Díaz, y la cerrajería de Gabriel Asins, hijo de Bernardo, que unos años después, recogiendo la herencia de su padre, creó obras como la espléndida puerta y las rejas del edificio de las Cariátides para Palacios, donde también dejó su firma.

Sello de Gabriel Asins en "Las Cariátides"

En estos inicios del siglo en Europa surgió el Modernismo, que quizá no tuvo una gran repercusión en Madrid como corriente estilística, pero sí se construyeron muchos edificios bajo su influencia, los más conocidos son el Palacio de Longoria, en la calle de Fernando VI, y el edificio Villaamil en la plaza de Matute, aunque no los únicos. Además, hay bastantes elementos de influencia modernista repartidos por la ciudad. Un ejemplo, las puertas y la verja de la antigua Casa de Socorro en la calle de las Navas de Tolosa, donde por cierto también trabajó García Díaz, como vimos.

Antigua Casa de Socorro (Martínez Zapata, 1913)

Finalmente, a mediados de los años 20 apareció el Art Déco, que igualmente dejó sus huellas en Madrid. Aunque pronto nuestra arquitectura se decantó por los elementos tradicionales españoles, en los cuales el hierro desempeñó un papel importante.

Calle Goya, esq. Gral. Pardiñas (Luis Ferrero 1920-23)

En la segunda mitad de este siglo XX, el hierro fue cayendo en desuso, y en las fachadas se comenzó a utilizar otro tipo de materiales, como los paneles de vidrio o el aluminio. Proliferaron las viviendas “con terraza”, que todo el mundo deseaba, pero que una gran mayoría luego cerraba para ganar espacio a la vivienda, no solo en los barrios modestos.

Calle O'Donnell

En este siglo XXI ya no se construyen apenas balcones, aunque al menos tampoco se construyen “terrazas”. Pero no con el fin de embellecer la villa, como inocentemente yo había pensado. En ello al parecer influyen las nuevas leyes. El Plan General de Ordenación Urbana de 1997 considera que la superficie de un balcón o de una terraza no es suelo construido, y por tanto no se puede cobrar al precio astronómico que ha alcanzado el metro cuadrado en Madrid. Así, los constructores optan por los nuevos miradores, incluidos en el cálculo de superficie total del piso.

Calle de Ayala

El final de la calle Ayala, quizá es representativa de lo que está ocurriendo en algunas zonas de la ciudad, aún conserva bonitos balcones y farolas de hierro, pero está viendo como algunos de sus edificios son derribados y sustituidos por modernas viviendas con sus nuevos miradores del siglo XXI.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Sobre la Rejería madrileña y española en general, lo ha escrito todo el autor Fernando de Olaguer-Feliú.


Al pasar frente al número 7 de la calle de Cedaceros un edificio llama poderosamente nuestra atención, por su decoración, pero también por su estado de abandono. Un letrero indica que se trata del Cine Bogart, pero la entrada está tapiada. Restos de cerámica de color azul alrededor de lo que fue la puerta del cine parecen testigos mudos de una larga y azarosa historia que comenzó hace más de un siglo.

Calle de Cedaceros

Historia de un local que además de cine ha sido teatro, frontón, y aún antes salón de variedades. Usos diversos e infinidad de nombres. Salón Madrid, Teatro de los Polichinelas, Frontón Salón Madrid, Teatro Rey Alfonso, Cine Panorama, Teatro Arniches, Cine Cedaceros, y por fin Cine Bogart.

Durante casi cien años sus dueños se han visto obligados varias veces a cambiar el tipo de espectáculo que ofrecían y adaptarse a los nuevos tiempos para salir adelante. Vendido en subasta pública por orden judicial en más de una ocasión, sin embargo siempre mantuvo su carácter de lugar dedicado al ocio y al entretenimiento.

Igualmente, las reformas arquitectónicas han sido numerosas. Quizá una de sus peculiaridades, la planta en “L”, con fachadas a Cedaceros y Los Madrazo, haya supuesto una dificultad, ya que la esquina de ambas calles está ocupada por un edificio de viviendas.

Planta principal, por Luis Ferrero (Guía COAM)

El primitivo local fue construido en 1907 para albergar un pequeño salón-teatro, el Salón Madrid, que en aquellos primeros momentos tenía su entrada por la calle de Los Madrazo. Su arquitecto fue Luis López López, quien solo dos años después emprendería la primera reforma para convertirlo en cine, aunque en esos comienzos de siglo y del cinematógrafo, además de películas se ofrecían espectáculos de variedades, como por ejemplo las habilidades de perros amaestrados.

Salón Madrid (Revista “El arte del teatro” 15 agosto 1907)

Francisco Reynals entre 1916 y 1918 lo transformó en un frontón femenino, el Frontón Salón Madrid para “señoritas raquetistas”.

Y dos años más tarde el arquitecto Luis Ferrero Tomás proyectó una nueva reforma para cine-teatro y frontón en la parte superior, local que recibió el nombre de Teatro Rey Alfonso. En este momento fue trasladada la entrada principal a Cedaceros, que entonces se llamaba calle Nicolás María Rivero. Y la entrada por la calle de los Madrazo quedó comunicada con el escenario y camerinos de los artistas.

Fachada calle de Los Madrazo, actualmente cegada.

Ferrero fue quien dio al edificio el estilo arquitectónico que conserva, construido con el “encanto de la originalidad”, como decía la prensa de la época. Estilo calificado como Regionalista, caracterizado por el uso y mezcla de elementos arquitectónicos tradicionales. El interior debía ser espléndido, con sus butacas tapizadas de cuero color oro viejo, sus catorce palcos, y los adornos de hierro repujado; el techo artesonado de madera policromada, los zócalos del patio de butacas cubiertos de azulejos de Talavera y la doble escalera de mármol.

En 1924 se convirtió en cine, pero los problemas de subsistencia eran graves y al año siguiente tuvo lugar el primer cierre y la primera subasta, dedicándose entonces el local a representaciones de género ínfimo, como se llamó al cuplé “no apto para todos los públicos” a las que acudían solo hombres.

En 1927 el mismo Ferrero transformó el frontón de los dos pisos altos en salones para una empresa privada, mientras en el piso inferior el teatrito continuó representando piezas de cabaret, le llamaron primero Picadilly Club y luego Lido.

Durante la República volvió el cine, el Panorama, en esta ocasión sobrevivió durante más de 30 años, cine de barrio que más de una generación de madrileños guarda en su memoria. Hasta que en el mes septiembre de 1965 se inauguró el Teatro Arniches, que igualmente muchos aficionados recuerdan, así como algunas de las obras que allí se representaron.

Pero los problemas económicos volvieron a surgir, anunciándose el cierre en 1976.

La protección de Patrimonio Artístico evitó entonces su derribo, pero a partir de ese momento la situación fue empeorando. El entonces llamado Cine Cedaceros exhibía películas “S”, novedad de la época, pero que poco a poco también fue perdiendo espectadores.

En 1982 el edificio sufrió la sexta reforma, la última de momento, y pasó a ser el Cine Bogart, que proyectaba películas en versión original, pasando de sala “porno” a sala de culto.

Cine Bogart (foto COAM)

Desde el año 2001 el edificio permanece cerrado.

En el verano del 2006 fue “ocupado” durante una semana por más de cien integrantes de un movimiento social como protesta por la especulación inmobiliaria. Durante unos días fue noticia en todos los periódicos. Fue en ese momento cuando la puerta que en sus orígenes estaba protegida por una bonita verja de hierro repujado fue cegada.

Las últimas imágenes, antes de que la entrada fuera tapiada y desapareciera la marquesina, se pueden ver en este video:

Han pasado tres años y medio.

¿Quedará en su interior algo de la magnífica decoración, del zócalo de azulejos de Talavera, de los faroles de hierro repujado…?

¿Cuál será el futuro del local? Entre sus paredes se guarda casi toda la Historia del Espectáculo en Madrid y se reflejan los cambios de los gustos del público motivados por los cambios sociales a lo largo de todo el siglo XX. Seguro que, según nuestra edad y forma de vida, todos recordamos alguna de la etapas por las que ha pasado.

Esperemos que el singular edificio no corra peligro, se mantenga su protección, y que pueda ser recuperado como sala de Cine o Teatro, o tal vez para acoger ¿alguna otra forma de espectáculo o centro cultural?.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

(ACTUALIZACIÓN 4 de marzo 2010)

Foto: Eva Álvarez. 27 febrero 2010.

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Fuentes:
Arquitectura de Madrid
. COAM 2003.
La Construcción Moderna, 15 oct. 1921 (BNE)
Revista de la Unión de Actores
El País, 7 dic. 1989

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