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El belén barroco quiteño de Las Carboneras

 

Queridos amigos:

Un año más, os deseo una Feliz Navidad y que paséis unas muy felices fiestas.

En esta ocasión hablando de uno de los belenes más bonitos de Madrid, el belén barroco quiteño del Monasterio del Corpus Christi, más conocido como Las Carboneras. El monasterio es sin duda una de las joyas de la arquitectura y del arte barroco madrileños que ya ha cumplido sus cuatrocientos años de vida habitado por las monjas jerónimas. Su fundadora fue Beatriz Ramírez de Mendoza, bisnieta de Beatriz Galindo La Latina y de Francisco Ramírez el Artillero.

No se conoce exactamente la historia del belén ni cómo llegó al convento, pero sí se sabe que aquí se encuentra desde su fundación en 1605; se trata por tanto del belén más antiguo de Madrid.

Es de origen ecuatoriano y fue realizado a finales del siglo XVI o comienzos del XVII en su capital, Quito, en madera policromada al estilo barroco.

Se representan los misterios del Nacimiento y la Epifanía. Además hay dos personajes que eran habituales en los belenes en época de los Austrias aunque luego desaparecieron. Se trata de El Caballero de la Estrella, que guía a los magos y El Heraldo que con su trompeta anuncia la llegada del Gran Rey de reyes.

Visitadla esta Navidad, la iglesia de Las Carboneras acoge obras de arte deslumbrantes, siempre merece la pena, además estos días con el aliciente del delicado belén quiteño.

Y un año más, ¡muchas gracias! por vuestra compañía. Con el deseo de que el próximo año sigamos compartiendo historias madrileñas.

Muchos saludos y besos

Mercedes

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El ajimez o ventana volada, como el pasadizo volado, es un elemento arquitectónico medieval de origen islámico que continuó existiendo en época cristiana, hasta que comenzaron a derribarse en los siglos XV y XVI, primero debido a unas ordenanzas de los Reyes Católicos y luego a la ley de Carlos I de 1530.

Los pasadizos y los ajimeces tienen otra cosa en común: su carácter de construcciones encubiertas, su función de ocultar, de ver sin ser visto.

El ajimez es un saledizo que sobresale del muro ante una ventana o balcón tapado con una celosía, de forma que se puede observar lo que hay fuera pero desde el exterior no podemos ver su interior. Es un término medieval que proviene del árabe al-simasa (ventana).

Según el importante arquitecto y arqueólogo madrileño Leopoldo Torres Balbás, los ajimeces andalusíes tuvieron su origen en construcciones egipcias, las masrabiyyat de la ciudad de El Cairo, unas cajas de madera voladas, cerradas por celosías que los árabes trajeron a España.

H. Vyse. “Una mujer en El Cairo”.

Nos preguntamos si pervive algún ejemplo en Madrid.

La parroquia de Santa María de la Almudena tenía un ajimez en la cabecera donde se encontraba el camarín de la Virgen construido con el fin de darle luz. Pero la iglesia fue derribada en 1868, hoy día solo podemos rememorarla gracias a la conocida foto de Jean Laurent y a las maquetas que la representan con todo detalle, como la realizada en madera por José Monasterio hacia 1950 actualmente expuesta en el Museo de los Orígenes.

J.Monasterio. Sta. Mª de la Almudena. Museo de los Orígenes.

Sta. Mª de la Almudena. (detalle). Ajimez tras el camarín de la Virgen.

Existe otra maqueta de bronce que ya visitamos durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, instalada junto a las ruinas de la iglesia en la calle Mayor cuya placa nos lo recuerda: además del arranque del ábside curvo medieval del siglo XII, durante la excavación en 1998 aparecieron restos del ábside rectangular adosado al interior en 1638 que sostenía en voladizo el camarín de la Virgen.

Seguro que otros edificios medievales y templos madrileños tuvieron sus ventanas voladas, pero al parecer hoy únicamente se conservan los ajimeces del muro posterior del Convento de las Carboneras en la calle del Cordón, a continuación de la antiquísima Casa de Álvaro de Luján en la plaza de la Villa y frente a la Casa de Cisneros, conformando uno de los rincones más bonitos y evocadores de la Villa.

Calle del Cordón

En 1951 los describía Fernando Chueca : salientes, los ajimeces cerrados por el frente, y con unas troneras en los costados y por debajo del vuelo, cerradas a modo de celosía por una chapa agujereada.

Allí continúan. Tras ellos, por ambos laterales, seguro se puede contemplar todo lo que ocurre en la callejuela, observar quién camina desde la plaza de la Villa hacia la plaza del Cordón, o al revés, quién sube la cuesta desde la calle de Segovia.

Los ecos del discreto ajimez islámico llegaron al interior de los templos cristianos en forma de tribunas ocultas por celosías que hoy perviven o se han recreado en las iglesias madrileñas más antiguas.

Iglesia de San Andrés

En el siglo XIX bajo la influencia del Romanticismo, el gusto por lo exótico y el alhambrismo, proliferaron las construcciones de estilo mudéjar, incluyendo los voladizos y celosías.

Palacio de Laredo (Alcalá de Henares)

Con el tiempo el ajimez sustituyó las celosías por las rejas. El ajimez se convirtió en el balcón enrejado cubierto con un tejadillo. La madera fue sustituida por el hierro y el cristal. Los saledizos se convirtieron en lo que hoy conocemos como miradores que aún adornan las calles de Madrid. Una palabra que definía una construcción medieval continuó utilizándose para describir otras nuevas.

Y llegó un momento impreciso en que se perdió el significado original de la palabra. Por alguna razón se acabó dando el nombre de ajimez a las ventanas arqueadas divididas por una columna o parteluz, otro elemento de reminiscencias islámicas. Como dice Rafael Cómez, en realidad esta nueva acepción se trata de un término romántico que nos llegó a través de corrupciones literarias.

El diccionario de la Real Academia Española recoge ambas definiciones, la moderna, y en segundo lugar la verdadera.

ajimez. (Del ár. hisp. šamís).

1. m. Ventana arqueada, dividida en el centro por una columna.
2. m. Saledizo o balcón saliente hecho de madera y con celosías.

Sí sobreviven en Madrid preciosos miradores, muchos de ellos construidos en el siglo XIX.

Hoy día se siguen construyendo aunque no son tan bellos como en el pasado. Y, como nos recuerda Cómez, todos los ajimeces son miradores, pero no todos los miradores son ajimeces.

Curiosamente, a pocos pasos de la plaza del Cordón, el edificio construido sobre el solar del Convento del Sacramento exhibe unos miradores modernos que parecen inspirados en los ajimeces islámicos, que quizá tuvo el antiguo monasterio en el pasado.

Calle del Sacramento

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
J. Abellán Pérez. Influencias orientales en las viviendas jerezanas (siglo XV): los ajimeces. Revista Aragón en la Edad Media, nº 14-15, 1. Zaragoza 1999.
R. Cómez Ramos. Mirador o ajimez, un elemento islámico en la arquitectura occidental. Revista Laboratorio de Arte nº 24. Sevilla, 2012.
F. Chueca. Semblante de Madrid. Ed. Instituto Estudios Madrileños, Madrid 1991 (1ª ed.: Revista de Occidente, 1951).
A. de la Morena. La antigua iglesia parroquial de Santa María de la Almudena.

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ACTUALIZACIÓN 27 septiembre 2012 

Actualizamos el post porque la foto que me ha enviado Manuel, que siempre anda mirando hacia arriba y por eso descubre muchas cosas bonitas, merece estar en este artículo-recuerdo de los ajimeces y miradores inspirados en ellos. Es precioso.

Foto: Manuel Romo.

No tengo datos sobre el edificio al que pertenece pero tiene mucho encanto, mucho más que esos miradores “modernos” tan fríos que se construyen ahora ¿verdad?.

¡Gracias Manuel!

Mercedes

Nuestros lugares preferidos de Madrid son dignos de ser visitados cualquier día de la semana y en cualquier estación de año, pero algunos de nosotros tenemos más tiempo para “perdernos” cuando llega el esperado fin de semana. Para mí, uno de esos lugares es la plaza del Conde de Miranda, en el corazón del Madrid de los Austrias, donde se encuentran la Iglesia y el Convento de las Carboneras. Además, los domingos, en la vecina plaza del Conde de Barajas, los pintores muestran sus obras, y en las cercanías no faltan las tabernas o bares donde tomar el aperitivo que tanto nos gusta. El paseo por estas plazuelas nunca defrauda.

fachada

Ahora la fachada de la iglesia está cubierta, debido a las obras; el año pasado se descubrieron algunos graves problemas bajo sus bonitos suelos, que podían amenazar su estabilidad, de forma que se acometieron las reparaciones de urgencia.

El Convento, una de las joyas de la arquitectura y del arte barroco madrileños, ya ha cumplido sus cuatrocientos años de vida.

El Monasterio del Corpus Christi, más conocido como Las Carboneras, está habitado por las monjas jerónimas desde 1605. Su fundadora fue Beatriz Ramírez de Mendoza, bisnieta de Beatriz Galindo “La Latina” y de Francisco Ramírez el Artillero.

En el prólogo de un libro editado con motivo de la celebración de su IV Centenario, Las Carboneras IV Centenario (1605-2005), de Vicente Benítez Blanco, dice la Priora que cuando por obligación tienen que salir a la calle, el ruido les aturde, no están muy acostumbradas, pero cuentan que les gusta darse a conocer y que comprendamos cómo es su vida. La iglesia suele estar abierta, no hay ningún impedimento para poder visitarla, como ocurre con algunas otras en Madrid, y está llena de obras de arte, destacando el Retablo Mayor, que incluye la magnífica “Santa Cena” de Vicente Carducho, pintor de la Corte de Felipe III. Este retablo tiene un gran valor artístico, y también histórico ya que se conserva en su lugar desde que fue inaugurado en 1625.

Las hermanas se ayudan económicamente con la venta de dulces. Y dulce resulta el simple hecho de comprarles una bandejita de pastas, os lo aseguro.

Después de llamar al portero automático, una amable monja te abre y después de traspasar la rotunda puerta junto a la iglesia accedes a un precioso zaguán que en otro tiempo fueron las caballerizas.

2zaguan

He visitado este zaguán tres o cuatro veces, siempre me admira la escalera con la balaustrada de madera, los techos con vigas del mismo material, el banquito de cerámica… todo.

4patio2

Para llegar al torno hay que pasar dos patios pequeñitos, deliciosos y acogedores, con sus ventanitas, rejas, una campanita, la pila. ..Y junto a la puerta reglar, está el torno. Tras él, la voz de una hermana a la que no puedes ver, te atiende siempre con amabilidad.

El torno

El torno

8hacia salida

El convento tras sus rejas y blancos visillos también esconde numerosas obras de arte, normalmente vedadas ya que se trata de un monasterio de clausura, aunque en raras ocasiones algunas se han podido admirar en exposiciones, gracias a las hermanas que de vez en cuando gustan de comunicarse con el exterior, mostrando sus tesoros artísticos, o dando a probar sus dulces.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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