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Ya hemos hablado aquí, hace mucho tiempo, en los comienzos del blog, de los restos de una antigua Cerca, junto al Senado, en la calle de Bailén. Entonces no había indicación alguna sobre qué era o a qué época correspondían estos vestigios de una de las cercas que rodearon Madrid en el pasado.

Como vimos, se trata de un trozo de tapia construida en mampostería de aproximadamente tres metros de longitud que apareció durante las obras de ampliación de la sede de la Cámara Alta en el año 1991, muy cerca del Palacio Real. Se encuentra junto a la garita de entrada al moderno edificio, protegido por una verja.

cerca bailen

En el momento de su descubrimiento existieron discrepancias sobre la fecha de su construcción. ¿Se trataba de la Cerca de Felipe IV que rodeó Madrid desde el siglo XVII hasta 1868?, ¿de la más antigua Cerca del Arrabal?… El historiador y especialista Manuel Montero Vallejo creía que pertenecían a la Cerca de Felipe II, hipótesis que –desconozco si ha habido algún estudio o investigación posterior– ha sido aceptada como veremos.

Como ya hemos tratado en otros artículos, si resulta difícil establecer con exactitud los recorridos de las murallas árabe y cristiana, más desconocidos son los límites de las posteriores tapias que se construyeron a medida que Madrid fue creciendo: la Cerca del Arrabal construida en el siglo XV, y la llamada Cerca de Felipe II, levantada hacia 1566, poco después que el rey decidiera asentar la Corte en la Villa de Madrid en 1561.

Ambas, al haber perdido su función defensiva y ser construidas como medio de control fiscal y de protección ante las epidemias, no eran tan recias como las antiguas murallas y, ante el rápido crecimiento de la villa, tuvieron una vida relativamente breve y apenas dejaron rastro.

Una vez más, recurrimos al investigador Miguel Molina Campuzano que en su libro Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII estudió el Madrid de antes y después de Felipe II. Pensaba este autor que la nueva cerca construida en 1566 partía de algún punto de la muralla medieval cristiana, probablemente de la manzana 126, es decir, del lienzo ubicado en la calle de Don Pedro, del que se conserva una buena parte como sabemos. Bajaba por la calle de las Aguas, cruzando la Carrera de San Francisco, hacía un quiebro tomando la calle del Águila hasta tomar la dirección que correspondería a la actual calle Calatrava, hacia el este. Luego atravesaba la calle de Toledo.

Probablemente, siempre según Molina Campuzano, la cerca continuaba por la calle de Santa Ana hasta la plaza del Rastro, hoy de Cascorro, donde se encontraba el Matadero, desde allí iba hacia la actual calle de Embajadores, Mesón de Paredes, atravesaba la calle del Ave María, Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Santo Domingo… y continúa el autor su descripción hasta llegar al punto hipotético en que se unía nuevamente a la muralla del siglo XII, en algún lugar al noroeste, próximo al Alcázar, lugar donde hoy se levanta el Palacio Real.

Es muy interesante y sugerente contemplar la dirección del muro.

cerca felipe ii direccion alcazar

Son hipótesis basadas en las Actas del Concejo y otros documentos de la época que hablan de las casas por las que discurría la Cerca, estudiados por Molina y otros autores que él cita, como Íñiguez Almech.

Felizmente el pasado mes de marzo de este año 2016 ha sido colocada una placa municipal que informa sobre estos restos.

cerca bailen verja

Era algo obligado, me alegra mucho, pues como leemos en la impagable página memoriademadrid esta información es muy importante “para el conocimiento del urbanismo de Madrid”.

Cerca Bailen placa

Es una noticia excelente pues, como decíamos entonces, es tal vez el único resto conservado perteneciente a cualquiera de estos históricos muros, muestra importante del viejo Madrid cercado, testigo de nuestra historia y de la vida de nuestros antepasados, que debemos cuidar y conocer.

Por : Mercedes Gómez

 

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Volvemos a los Altos del Rebeque, una vez más, intentando descifrar nuestro pasado. Desde aquí hemos contemplado los terrenos del antiguo Mayrit, los hemos evocado rodeados por su muralla, e imaginado la vida de sus primeros habitantes, los musulmanes que en el siglo IX llegaron formando parte del ejército del emir Muhammad I, y su evolución.

A lo largo del siglo X la población mayrití creció, nuestros antepasados se fueron asentando en los terrenos más próximos y alrededor del primer recinto, de este bello lugar que ahora admiramos, antes tan distinto, se extendió la ciudad. Gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI.

Como hemos comentado en otras ocasiones, son muchas las incógnitas que perviven sobre los dos recintos y sus murallas, el Madrid del siglo IX y el del siglo XII. Pero aún es mayor el misterio que existe sobre la existencia de un posible recinto intermedio, que habría rodeado el arrabal islámico nacido a lo largo del siglo X entre los dos recintos conocidos.

El profesor Manuel Montero Vallejo fue uno de los primeros autores en hablar de la posible existencia de una medina intermedia, un recinto amurallado, entre el primer recinto árabe y el cristiano, la medinilla, como él la llamaba. Tanto en su libro El Madrid Medieval como en otras obras, dio a conocer los diferentes datos aportados por otros investigadores que apoyaban esta teoría, así como sus propias observaciones directas.

En sus escritos expone las dudas, contradicciones… pero de todas sus explicaciones se desprende una evidencia: la existencia de construcciones defensivas en la zona habitada por los árabes a lo largo de los siglos X y XI, al este de Mayrit.

Desde algún punto desconocido, quizá muy próximo al lugar en el que ahora nos encontramos, en el punto más alto de la calle del Factor, partía el hipotético recinto intermedio, la segunda muralla árabe.

Comenzamos nuestro paseo caminando hacia los terrenos donde después sería levantada la iglesia de San Juan, en la actual plaza de Ramales, por la calle Noblejas, en cuyo número 5, durante unas obras de reforma, aparecieron restos de cerámicas islámicas de los siglos IX al XI.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, este tipo de material ha proporcionado una información muy valiosa acerca de la actividad y de la vida cotidiana de los mayrities. Sus costumbres, escritura, lenguaje, etc. Los útiles hallados en diversos lugares de la zona que hoy vamos a recorrer demuestran que sus habitantes vivían de la agricultura y de la ganadería, usaban norias para el riego de sus cultivos y jardines… y trabajaban en telares, herrerías y alfares.

Durante las obras para la construcción del aparcamiento en la plaza de Ramales, aparecieron los cimientos de una torre de la iglesia de San Juan con todo el aspecto de haber pertenecido a una fortificación islámica. Por otra parte, uno de los escasos documentos que avalan la existencia de la medinilla (dado a conocer por Mercedes Agulló), para acometer la reforma de la iglesia de Santiago en la plaza del mismo nombre, el año 1645 hubo que desmontar un cubo de la muralla, que por su situación, dice el profesor Montero, pudo ser una torre exenta.

Tomamos la calle de los Señores de Luzón, posible antigua ronda exterior de la medinilla, que con el tiempo se convirtió en la calle de los Estelos, una de las más antiguas de Madrid, de las pocas que en la Edad Media tenían nombre, pues ya aparece en documentos del siglo XV.

En el edificio construido en 1975 en la esquina de Luzón con la calle de la Cruzada fueron hallados restos de muralla de gran envergadura, que al parecer se conservan en el sótano.

Lo más emocionante es comprobar cómo la curva que muestra la antiquísima vía medieval sugiere el posible recorrido de la muralla.

Continuamos nuestro paseo bajando por esta calle tan evocadora, hacia la calle Mayor, antigua Santa María, donde pudo existir un portillo, antecedente de la futura Puerta de Guadalajara.

Uno de los hallazgos más importantes tuvo lugar en 1945, cuando en la esquina de la plaza de la Villa con Mayor, junto a la Casa de la Villa, apareció un grueso muro que Elías Tormo defendió como perteneciente a un recinto amurallado. Volvió a salir a la luz durante las obras de la plaza en 1980, pero, desgraciadamente, fue tapado de nuevo con rapidez. Montero Vallejo estaba convencido de que se trataba de muralla, por sus características constructivas y por su grosor.

Es muy interesante pensar que la Plaza de la Villa, antigua plaza de San Salvador, centro de Madrid, lugar de mercado y de reunión del Concejo, pudo nacer extramuros, junto al portillo, igual que después nacería la Plaza del Arrabal, plaza Mayor, en las afueras de la Puerta de Guadalajara.

Pasamos bajo el arco que une la Casa de la Villa con la Casa de Cisneros, hacia la ya casi inexistente calle de Madrid.

Bajo el solar de la desaparecida manzana situada entre las calles de Madrid, del Rollo, Sacramento y Duque de Nájera, por la que probablemente transcurría la muralla intermedia, en los inicios de los años 90 del pasado siglo se construyó un nuevo aparcamiento. Actualmente es una árida plaza conocida como la plaza del Rollo.

Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas (ollas, cazuelas, candiles…), y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

Seguimos nuestro camino por la calle del Rollo, que conserva el antiguo trazado árabe en su segundo tramo, lleno de encanto. Cuenta el profesor Montero Vallejo que no hay duda del origen de su nombre pues él mismo localizó un documento de 1481 en que “se manda al mayordomo Sancho de Cuenca que haga de cal y canto  la picota en la plaza de San Salvador”, hoy Plaza de la Villa. La presencia de un rollo o picota en la plaza de San Salvador -normalmente situados en las afueras-, podría significar que allí se encontraba el límite del recinto amurallado.

El rollo era símbolo de justicia y mercado y se solía colocar en una plaza muy importante o en las afueras, donde comenzaba la jurisdicción interna de los lugares.

En el nº 8, en el moderno bar Korgui, el muro de la planta baja junto al subsuelo de la empinada calle del Rollo, en gran parte es un precioso lienzo de pedernal que sigue la dirección de la supuesta muralla intermedia.

Enfrente, en el nº 7, aparecieron importantes vestigios del siglo XI, nuevas huellas de la vida islámica que existió en la zona.

Llegando al Barranco y al Arroyo de San Pedro, hoy calle de Segovia, la muralla debía dirigirse hacia la plaza de la Cruz Verde para volver a subir por el abrupto terreno de la ladera.

En la calle Segovia nº 16, en uno de los edificios más antiguos de Madrid se esconde otro sorprendente muro.

En el bar El Lagarto, en la pared trasera, cuya ventanita se encuentra casi frente a la entrada al otro bar que acabamos de visitar con restos de posible muralla, perviven otros restos de un rotundo muro de sílex, esta vez cubierto de algún barniz o pintura.

Desde la plaza de la Cruz Verde la muralla debía subir por la calle de la Villa, que también muestra un curioso trazado adaptado al terreno y al probable muro.

Se cree que la segunda muralla árabe finalizaba su recorrido en la zona oriental del Palacio de Uceda donde volvía a unirse con la muralla del primer recinto, procedente de la calle del Factor, donde comenzó nuestro paseo.

Si al parecer se conservan las huellas de la primera muralla árabe en su interior, ¿quedará algún rastro de la segunda?. Como dijo nuestro admirado Manuel Montero Vallejo al final de su escrito, ojalá algún día aparezcan “pruebas indiscutibles de este recinto árabe, aún misterioso, pero que cada vez apunta con más fuerza. No son escasos los indicios que permiten afirmar su presencia”.

Por : Mercedes Gómez

——–

Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

Dentro de pocas semanas se cumplirán dos años, parece mentira… Don Manuel Montero Vallejo, admirado profesor, nos dejó el 30 de julio de 2010.

Desde entonces sus colaboradores en el Centro Territorial de Innovación y Formación de Madrid-Capital, del que fue director, han deseado celebrar una Jornada de Homenaje a su persona, que por diversas razones no se ha podido organizar hasta ahora. Tendrá lugar el próximo día 23 de mayo en el Salón de Actos del CTIF Madrid-Capital. El número de plazas es de 90 y la entrada es libre hasta completar el aforo:

Jornada “Homenaje al profesor Manuel Montero Vallejo: historiador del Madrid medieval”.

Constará de 3 ponencias y de una serie de proyecciones audiovisuales. Con la presencia de D. Antonio Bonet Correa, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

CTIF Madrid-Capital.
C/ Limonero, 28.

De 17.30 a 20.00 h.

Descargar Programa

Estos días de verano los periódicos y los telediarios están llenos de noticias tristes, muertes en la carretera, muertes de jóvenes durante unas vacaciones exóticas… contadas con todo lujo de detalles. Sin embargo, a veces en estos días en que una gran mayoría estamos menos atentos a lo que sucede por el mundo, desaparece alguna persona importante en el más absoluto silencio. Ignoro si se ha publicado en algún medio, pero desconocía la noticia, hasta ayer en que recibí un correo de una lectora del blog: Manuel Montero Vallejo ha muerto.

Los interesados en la Historia del Madrid Medieval le conoceréis, o habréis oído hablar de él. Era aún joven para abandonarnos, quizá se encontraba en la cincuentena, o quizá algo más, no lo se. Le llamaban, le llamábamos, el profesor Montero Vallejo. Además de Doctor en Historia, investigador, escritor, conferenciante, miembro del Instituto de Estudios Madrileños, y Académico correspondiente de Bellas Artes, esa era su profesión, don Manuel era profesor en un instituto de un sencillo barrio de Madrid.

Tuve la suerte y el placer de poder contactar con él hace unos años durante una época en la que tuve ocasión de organizar una serie de conferencias sobre la historia de Madrid. Había oído comentar que era una persona inaccesible, pero le admiraba tanto que decidí intentarlo y pedirle su participación. Desde luego la opinión de que el maestro era una persona inaccesible la pronunció alguien que no le conocía, pues nada más lejos de la realidad.

Pude hablar con él, qué nervios, me parecía mentira estar hablando con don Manuel Montero Vallejo. Se mostró dispuesto a colaborar desde el principio, por supuesto “por amor al arte”. Ante mis halagos, gastó alguna broma, con modestia y sentido del humor. Era accesible y nada presuntuoso.

La conferencia tuvo lugar, y tanto en ésta como en alguna otra charla a la que acudí a escucharle en el Museo de San Isidro, don Manuel siempre “llenaba” y generaba expectación.

6 de octubre de 2005

Sus libros no son de fácil lectura, su objetivo no era entretener sino descubrir cómo fue ese Madrid medieval tan desconocido y sugerente, del que tan pocas huellas quedan, y contarlo de forma rigurosa, sin concesiones. Sus investigaciones han sido la base para otros muchos estudiosos, escritores o meros aficionados.

El Origen de las Calles de Madrid, su Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval, El Madrid Medieval, sus artículos, textos de conferencias… mi biblioteca está llena de los trabajos de Manuel Montero Vallejo, algunos llenos de viejos “post-it” testigos de la cantidad de párrafos interesantes que en algún momento encontré en sus libros. Estudios posteriores, en algunos casos realizados por él mismo, han ido descubriendo nuevos puntos de vista y nuevas certezas en algunos de los aspectos que él investigó, pero toda su obra me sigue pareciendo imprescindible.

He sentido mucho su muerte, tan inesperada, por eso he querido rendirle mi modesto homenaje, y recordar que siempre tendremos sus escritos.

Gracias, profesor.

por Mercedes Gómez

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