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Hace ya casi cuatro años que escribí aquí sobre las lagunas del Madrid medieval. Explicaba entonces que la palabra laguna en el siglo XV parece que no significaba lo mismo que en la actualidad. Eran descampados situados normalmente frente a las cavas y las puertas de la muralla, donde los vecinos echaban las basuras, pues así lo mandaba el Concejo.

Como vimos, la basura solo se podía llevar a los muladares señalados por la Villa. El Concejo elegía para ello lagunas o descampados que se convertían en estercoleros. Muladar y laguna eran prácticamente lo mismo. También es verdad que el agua de lluvia y en algún caso las aguas procedentes de la cava de la muralla iban a parar allí y se estancaban, con lo cual el lugar se debía convertir en un paraje poco transitable, seguramente nada idílico.

Desde entonces he podido leer en varias ocasiones que la Plaza Mayor antes de ser una plaza fue una laguna, en general contado como algo bueno, incluso romántico. Sin duda la idea puede resultar sugerente. Lo he visto en breves tuits, entradas de blogs y en libros. Pero se cuenta como algo sabido, de pasada, sin muchas aclaraciones… no es fácil encontrar fuentes o bibliografía sobre el tema.

Hace pocos días incluso lo hemos podido ver en la televisión, en una sin duda bonita e imaginativa recreación, pero que creo puede llevar a error y dar una falsa idea de lo que el arrabal medieval pudo ser realmente.

Antes que nada, debo aclarar que no es una crítica al programa, del que se han emitido dos capítulos, Desmontando Madrid en Telemadrid, que me parece muy positivo, además de original en su idea de reconstruir el Madrid antiguo y divulgar nuestra historia; pero hay que ser cuidadoso con lo que se muestra, y creo que esa imagen tan idealizada de la Plaza Mayor que vimos no es nada probable que responda a la realidad.

En el programa se afirma que la laguna, situada extramuros en el siglo XI, desapareció en el XIII. No se si existen documentos que apoyen esta afirmación; ojalá sea así.

¿Dónde nace la idea de que la plaza Mayor era una laguna, tal como entendemos la palabra hoy día…? ¿cuál es el origen de esa interpretación? Es difícil saberlo.

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En el Fuero de Madrid, impagable documento de 1202, –reinando Alfonso VIII de Castilla, comienzos del siglo XIII– no se nombran las lagunas, pero sí hay referencia a los muladares o basureros, y a la Puerta de Guadalajara. Ya en aquellos momentos estaba prohibido tirar la basura en cualquier parte.

La rúbrica LXXXIV, que trata Sobre el estiércol, advierte:

Todo hombre que arrojase estiércol dentro de la villa, por las calles o en otro lugar, a la puerta de Guadalajara o en otras puertas donde colocaron los hitos, pague una ochava a los fiadores siempre que medien testigos y si no preste juramento; a causa de ello los andadores tomen prendas y el que se resistiere al prendamiento pague una cuarta.

El estiércol debía echarse en los lugares señalados por el Concejo, generalmente mediante hitos de piedra, junto a las puertas de la muralla como dijimos; en el Fuero se menciona la puerta de Guadalajara junto a la cual se crearía la plaza del arrabal. Si no se cumplía la norma, llegaban las multas.

Como ya vimos, en los Libros de Acuerdos del Concejo, en varias sesiones a lo largo del siglo XV sí se citan las lagunas. De la laguna de Puerta Cerrada, ubicada en las afueras de la puerta hacia el sur, entre la muralla y la calle de Toledo hablamos también aquí.

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En el siglo XVII, Jerónimo de la Quintana, en su obra A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid. Historia de su antigüedad, nobleza y grandeza (1629), al hablar del Apellido de Luxan, del que en Madrid existieron varias ramas, se refiere a uno de ellos, a Juan de Luxan, que «vivía en la plaza del arrabal de Madrid cerca de la iglesia de Santa Cruz junto a una laguna, que en aquel tiempo había en aquel lugar». El influyente cronista se refiere a la laguna, sin dar más explicaciones.

El único trabajo específico que conozco sobre Las lagunas y muladares medievales es el de Fernando Urgorri (1954). Este autor cita al decimonónico Carlos Cambronero quien –en su libro Las calles de Madrid (1889), junto a Hilario Peñasco–, al hablar de la plaza Mayor narra que, según la tradición, «en este sitio estaban las lagunas llamadas de Luján, hasta que don Juan II mandó formar la plaza».

Luego, seguro que tiene mucho que ver en la difusión de la tradición, el periodista y escritor Pedro de Répide. Escribió en su famoso libro que recopila sus artículos periodísticos publicados en La Libertad en la década de los años 20 del pasado siglo –por cierto de igual título que el de Cambronero, Las calles de Madrid–, que «aún después de algunos siglos de cegadas aquellas lagunas quedan subterráneamente abundantes manantiales…»

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Fernando Urgorri, dejando aparte la tradición, estudia los Libros de Acuerdos y los documentos de la época.

El investigador dibuja y sitúa en un plano, que representa el Madrid de 1440, en tiempos de Juan II, las diferentes lagunas y muladares, descampados y basureros. La laguna de Santa Cruz debe de ser la misma que llamamos de Luján, en una época en la que ya existía mercado junto a la Puerta de Guadalajara.

F. Urgorri. Lagunas y muladares en el arrabal de Madrid (h. 1440)

Las lagunas además de basura solían recoger el agua de la lluvia, aunque la de Santa Cruz debido a su altura no podía servir para recoger el agua, según Urgorri.

F. Urgorri. La ocupación del arrabal de Madrid en tiempos de Enrique IV (lagunas marcadas en rojo)

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Ya en época más próxima, Manuel Montero Vallejo (1985-86), respecto a la plaza del arrabal, admite que durante toda la edad media «fue un descampado, una de esas lagunas…».

El profesor, que por supuesto estudió a Urgorri, estaba de acuerdo en general, pero discrepaba en lo que se refiere a la laguna de la plaza del arrabal, un descampado, pero no un simple descampado o muladar, como los de Puerta Cerrada o Puerta de Moros, en su opinión, sino que «el desnivel permitía un embolsamiento de las aguas llovedizas», a lo que se sumaba la procedente de cuatro corrientes que brotaban del subsuelo.

Por otra parte, Montero admite también que «no hay mención de la laguna hasta el siglo XV, cuando empieza a configurarse como espacio urbano».

Juan de Luján, afirma, fue uno de los pioneros en ocupar la zona más despoblada de la plaza. En 1464 este Luján, el Bastardo, vivía junto a la plaza «donde se vende la leña y la paja».

M. Montero Vallejo. “El Madrid Medieval”

Desgraciadamente ya no podemos preguntarle, pero tampoco creo que don Manuel, a pesar de su discrepancia con Urgorri en este caso, pensara que esa supuesta laguna era un lugar de recreo tal como sugiere la fantasiosa recreación televisiva. Es muy posible que, como él aprecia, las aguas de la lluvia se estancaran en una parte del terreno; y puede que incluso ocasionaran más problemas que la laguna de Puerta Cerrada, de los que hay constancia.

Cuesta trabajo imaginar que aquel descampado extramuros, a la salida de la Puerta de Guadalajara, ubicado junto a un mercado y construcciones, que él mismo detalla, que iban emergiendo en el arrabal de Santa Cruz, fuera un lugar casi idílico donde refrescarse. De hecho, las lluvias solían ser un problema porque atascaban el foso de la muralla que bajaba hacia Puerta Cerrada, al mezclarse con las basuras.

Aprox. ubicación de las antiguas “lagunas” de Puerta Cerrada y del Arrabal. Plano de Espinosa (1769)

Cualquier dato o fuente que aporte luz a este asunto y a los orígenes de la Plaza Mayor, la hermosa plaza del barroco madrileño, serán muy bienvenidos.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Fuero de Madrid.
Libros de Acuerdos. Ayuntamiento de Madrid.
URGORRI, Fernando. “El ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV y Juan II”, Revista de la biblioteca, archivo y museo, Ayuntamiento de Madrid, 1954.
MONTERO VALLEJO, Manuel. El Madrid Medieval. La Librería, 2003.

 

Los días anteriores al 14 de marzo pasado, día que seguro casi todos recordamos, visité varios museos en busca del Madrid islámico para un trabajo que, como tantas cosas, quedó interrumpido.

En realidad no es un tema nuevo en Arte en Madrid, hemos hablado muchas veces del origen de la Villa y el Madrid andalusí, pero no me gustaría que este resumen quedara guardado en el cajón para siempre, así que he decidido recuperarlo aquí. Os invito a repetir el recorrido que hice esos días, os propongo explorar el Mayrit de los siglos IX al XI con la ayuda de nuestros museos.

 

La primera visita fue al Museo Arqueológico Nacional. Aunque en el MAN no hay ninguna referencia a la medina de Mayrit, las salas dedicadas a Al Andalus y su presencia en la Península Ibérica sí nos dan una magnífica información sobre la vida social, cultural, la ciencia y las artes, y las técnicas y tipología de la cerámica andalusí del siglo X, todo ello aplicable a la actividad desarrollada en el primer recinto islámico mayrití y sus arrabales, como veremos.

Museo Arqueológico Nacional

Después, como es obligado para conocer nuestra historia medieval, visité el Museo municipal de San Isidro o Museo de los Orígenes, en la plaza de San Andrés; y el Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares.

Y, esperemos, en un futuro, algún día… podamos visitar el Museo de Colecciones Reales. Durante su construcción se encontraron vestigios del Madrid más antiguo que completarán sin duda la información sobre nuestros orígenes.

Los museos no solo exponen cosas sino que nos explican, nos ayudan a imaginar, y así comprender: cómo vivían los primeros madrileños, dónde, cómo eran sus casas, en qué trabajaban, lo que comían, cómo cocinaban, el paisaje que les rodeaba… en definitiva, cómo eran Mayrit y los mayritíes.

Almacén visitable (Museo de San Isidro)

Los útiles domésticos nos proporcionan mucha información. La cerámica es un indicador cronológico, social y cultural, y su análisis nos ayuda a conocer mejor una época.

Botella o redoma. Cerámica a torno (sg. IX, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

Las ollas, jarros, candiles, etc. eran de una cerámica tan buena que, como sabemos, se hizo famosa. Recordemos que existe una descripción anónima de Al-Andalus en el siglo XI (luego repetida por cronistas posteriores) que dice algo así como:

«Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano».

Esto es muy importante porque entre otras cosas, además de contarnos cómo era la vida entonces, demuestra que existía una actividad artesanal, creativa. Es cerámica realizada a torno, con decoraciones pintadas y algunas vidriadas; los musulmanes trajeron a nuestras tierras nuevas técnicas cerámicas como el vidriado, los esmaltes y la cuerda seca.

Ataifor. Cerámica a torno, decoración vidriada (sg. X-XI, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

Todos estos objetos, que vemos en nuestros museos, nos permiten conocer la existencia de una vida cotidiana en la medina y saber cómo sería la vida en las viviendas que seguro aquí existieron, organizadas en muchos casos probablemente alrededor de un patio y un pozo. En el Museo de San Isidro hay una maqueta de una casa islámica que nos ayuda a comprender cómo podían ser.

Además de útiles domésticos hay otros objetos muy interesantes que revelan una vida cultural y un progreso científico; piezas de ajedrez, objetos de prestigio personal, como anillos, de tocador, para la enseñanza de la escritura, útiles quirúrgicos…

Instrumentos quirúrgicos, sg. IX-XI, Cuesta de la Vega. Museo de San Isidro.

Estos materiales nos revelan que había dos grandes grupos sociales en la que podemos llamar población civil, al margen de la militar: los notables o sabios, médicos, maestros de la escritura… El astrónomo y matemático Maslama al-Maryrití, el madrileño, no fue el único científico importante nacido en el siglo X en Madrid, aunque sí el más famoso.

Y los trabajadores: comerciantes, artesanos, sobre todo los alfareros, los fabricantes de hilo, los agricultores y ganaderos

Pesas de hilar o torteras (siglos IX-XI, Cuesta de la Vega). Museo de San Isidro.

La arqueología también nos habla de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, los arcaduces (de los cuales se han hallado bastantes ejemplos en Madrid) que demuestran la existencia de norias movidas por animales, que recogían el agua de los pozos, agua que se guardaba en tinajas o cántaros, y la población la consumía en las jarras de la buena cerámica mayrití.

Arcaduz de una noria, sg. X-XI hallado en la Casa de San Isidro, hoy en el MAR.

El agua era muy necesaria, no solo en el plano doméstico, también para la actividad agrícola y ganadera.

Unas vitrina y paneles en el Museo Arqueológico Regional muestran la gran importancia que tenía la agricultura. La cebada y el trigo eran los cereales principales, también cultivaban legumbres. En la plaza de Oriente se encontraron semillas de muchas especies, de vid, melón, zarzamora…

Museo Arqueológico Regional

En el Museo de San Isidro podemos visitar un verdadero, delicioso Jardín arqueobotánico, con especies propias de los huertos del Madrid islámico. Un madroño, un manzano, olivo, etc.

La ganadería se basaba sobre todo en la explotación de ovejas y cabras, vacas, caballos… no solo para obtener alimentos sino productos secundarios como la leche o el cuero. Los mayrities también cazaban.

Además, no hay que olvidar el uso higiénico del agua; existían baños públicos, que solían estar situados cerca de la mezquita. Junto con el mercado o zoco, eran los lugares de encuentro, los tres centros de la vida social.

Una gran parte de materiales que vemos proceden de las excavaciones de la Cuesta de la Vega y la plaza de Oriente, zonas pertenecientes o próximas al primer recinto; aunque también se han producido hallazgos en otros lugares extramuros, en el exterior del primer recinto árabe, en los llamados arrabales.

El arrabal más antiguo era el situado en torno a la colina de las Vistillas. En las plazas de los Carros y de San Andrés se hallaron ollitas y cazuelas y diversos objetos utilizados en las casas y en las cocinas de los vecinos que habitaban este barrio hacia el siglo X.

Olla (plaza de la Morería, sg. X-XI), MAR.

La cocina era muy sencilla, basada en las legumbres y cereales que cultivaban, y la harina, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne. Todos estos alimentos se cocían (en una ollita como esta que vemos sobre el hornillo) y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Olla (sg. X) sobre hornillo o anafre (IX-XI, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

En la Casa de San Isidro –durante la construcción del Museo–, se hallaron importantes elementos, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota; se cree pudo ser un juguete, o un pebetero. Otro, una pieza de ajedrez.

Modelo de puerta de recinto fortificado (sg. X) y torre de ajedrez (X-XI), Casa de San Isidro. MAR.

Ambos objetos pertenecen al MAR; en el Museo de San Isidro, en cuyos terrenos fue hallada, se expone una réplica de la puerta.

El arrabal más próximo al primer recinto ocupaba la actual plaza de Santiago, calles de Espejo, Escalinata… En las proximidades de la plaza de Ramales se hallaron restos islámicos de los siglos IX-XI.

Cazuela (calle Noblejas, siglo X-XI). MAR.

Entre los siglos X-XII la población musulmana también habitó zonas de la calle Mayor y del Sacramento, terrenos surcados por callejuelas que hoy conforman uno de los rincones madrileños que mejor conservan el trazado medieval. Las callejas, los solares, las construcciones… se debieron ir adaptando a la forma de los entonces seguramente tortuosos caminos de tierra, como vimos en algunas entradas anteriores; la Plazuela de San Javier, la calle del Conde, la calle del Rollo…

En primer término, gran contenedor (siglo XI, calle del Rollo, 7). MAR.

Bajo la llamada plaza del Rollo (árida plaza sobre el aparcamiento de la calle Sacramento) y alrededores se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación en la zona:

Se hallaron cerámicas y restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI que, no se si se han expuesto alguna vez, pero creo que es un dato muy importante.

La población continuaba creciendo y surgió el arrabal de la Cava Baja, en las actuales calles del Almendro, Nuncio, hasta Puerta Cerrada. Durante la excavación en la calle del Nuncio 13 diferentes fases de la intervención proporcionaron información de diversas épocas, se constató que la ocupación más antigua correspondió a los siglos X-XII, es decir, la época medieval islámica, como en otros solares próximos.

Todas estas piezas que podemos ver en nuestros museos, tan interesantes y bonitas, que pertenecieron a nuestros antepasados hace más de diez siglos nos hacen pensar que hay mucha vida y mucha historia tras su apariencia modesta, y que al fin y al cabo son una pequeña parte de la historia que guardan y una mínima parte de lo hallado:

Objetos para preparación de alimentos (sg. X y XI, Calle Mancebos 3, plaza de la Morería, Cava Baja 30 y plaza de Oriente). MAR.

Para terminar mencionaremos el futuro Museo de Colecciones Reales, que comentaba al principio.

Museo CCRR (Foto: 2011)

El museo se ha construido en los terrenos en los que nació Mayrit, por lo que no es de extrañar que hayan aparecido valiosos restos arqueológicos de varias épocas, incluido un largo lienzo de la primera muralla. Ojalá pronto podamos disfrutar del museo y de los hallazgos.

Museo CCRR (Foto: 2011)

Visitemos nuestros museos, sin duda una de las mejores maneras de conocer nuestra historia.

Por: Mercedes Gómez

 

Llegamos al último capítulo de la serie dedicada a la historia del Concejo o Ayuntamiento de Madrid y a la plaza de San Salvador, a la que estuvo ligado desde siempre, como hemos visto. Último capítulo, al menos de momento; esperamos poder volver pronto y visitar los restos arqueológicos que veremos a continuación, y contarlo en una quinta entrega.

Hoy regresamos al Madrid medieval, al siglo XV, casi donde comenzamos.

Como vimos en un artículo muy antiguo en el blog, hace más de ocho años, dedicado a la Casa de Álvaro de Luján –actual sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas– a finales del siglo XV uno de los edificios existentes en la plaza de la Villa era el Auditorio. Recupero un párrafo escrito por entonces:

… aún no existía la Casa de la Villa, el Concejo se reunía en la iglesia de San Salvador, a cuyas sesiones por cierto consta que acudía muchas veces Álvaro de Lujan como representante de los Caballeros. Frente a las Casas de los Lujanes había un conjunto quizá algo abigarrado, no resulta fácil imaginarlo, la Cárcel de Villa, la Casa del Corregidor, la bodega de los cueros, la Alhóndiga del Trigo, la Carnicería, alguna vivienda… ese mismo año –1494– se construyó allí un nuevo Auditorio o “sala abierta de Justicia” donde los corregidores tenían sus audiencias para “escuchar y juzgar”… y la plaza llamada de San Salvador aún era lugar de mercado. Casi todas las cosas importantes en la vida de la Villa ocurrían en esta plaza que había sido ampliada y embellecida por orden de Enrique IV…

 

En octubre del pasado año 2018 el Ayuntamiento de Madrid dio a conocer un impresionante hallazgo, unos restos arqueológicos aparecidos en el sótano de la Casa de la Villa que podrían corresponder al mencionado Auditorio o sala de audiencias medieval.

Explicaba la noticia municipal que “las obras de redistribución de espacios y acondicionamiento interior llevadas a cabo por la Dirección General de Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid en el edificio de Casa de la Villa (plaza de la Villa, 5) han sacado a la luz un hallazgo sorprendente”. Las fotos del propio Ayuntamiento son espectaculares.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Manuel Montero Vallejo, el gran estudioso del Madrid Medieval, lo situó al sur de la manzana, en la esquina con la actual calle de Madrid, basándose en los documentos municipales. En ese lugar es donde se encuentran los vestigios que han salido a la luz, que corresponden a varias épocas, desde el siglo XV al XVII, según la noticia.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Recordando la historia que hemos ido recorriendo en las entradas anteriores, se trata de los terrenos donde se situarían las casas consistoriales adquiridas por el Concejo casi un siglo después y los mismos donde en el siglo XVII se levantaría la Casa de la Villa (zona de la cárcel, como vimos).

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Acudo una vez más a las Actas, a los Libros de Acuerdos municipales.

En una de las sesiones a comienzos del año 1492 los miembros del Concejo incluyeron en el orden del día la construcción de un nuevo auditorio que “se haga en el rincón de la plaza questa a espaldas de casas de Diego González, platero, y se quite donde está, pues es tan pequeña la que agora ay, y en lugar tan encubierto; lo qual sea honra desta Villa y ennoblecimiento de la plaza de San Salvador”.

Dos años después aún se repetía lo de que era un lugar muy estrecho, lamentando que un pueblo como este tenga semejante audiencia, suplicando a sus altezas que se concediera licencia y se hiciera el nuevo, que la honra y nobleza de la villa es mucha.

Entre 1492 y 1495 la necesidad del nuevo auditorio aparece mencionada bastantes veces en las actas de reunión.

En su web, el Ayuntamiento cuenta los detalles y conclusiones: ¿El primer Ayuntamiento de Madrid debajo de la Casa de la Villa?

El hallazgo es una maravilla, ojalá pronto podamos visitarlo. Decía la noticia que la intención es que próximamente los restos puedan ser expuestos al público.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Diario de Madrid. Noticias Ayuntamiento de Madrid.

MONTERO VALLEJO, Manuel. El Madrid medieval. La Librería, Madrid, 2003.

VARELA, Eulogio. Casa de la Villa de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1951.

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.

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Artículos anteriores:

La historia del Concejo de Madrid y sus lugares de reunión es larga y compleja. Desde sus inicios estuvo ligada a la plazuela de San Salvador, actual plaza de la Villa. Así ha sido durante siglos. Hasta hace pocos años.

 

El Concejo de Madrid en la Edad Media y la iglesia de San Salvador

En el camino que iba de la Puerta de la Vega a la Puerta de Guadalajara, hoy calle Mayor, se encontraba la iglesia de San Salvador, una de las más antiguas de la Villa que ya figura en el Fuero de 1202. Frente a ella había una pequeña plazuela que pronto se convertiría en protagonista de la vida madrileña.

En la primera época en que el Concejo era abierto, la asamblea general de vecinos tenía lugar en la plaza, en la que por supuesto aún no existía ninguno de los edificios que hoy conocemos; el Concejo reducido –alcaldes y otros cargos– debían ya de reunirse en la iglesia.

Una vez establecido el Regimiento regulado en 1346 por Alfonso XI las reuniones municipales continuaron celebrándose en el templo.

Ya hemos comentado en alguna ocasión que Enrique IV, rey de Castilla entre 1454 y 1474, fue un benefactor de Madrid, así lo recuerda hoy una placa en la fachada de la Casa de Álvaro de Luján en la Plaza de la Villa.

A Enrique IV le gustaba mucho la Villa de Madrid, a juzgar por sus actuaciones y las largas temporadas que aquí residió –­igual que por otra parte ocurrió con otros monarcas en aquellos tiempos en que la Corte era itinerante, como el mencionado Alfonso XI; Felipe II no fue el primero–.

En 1460 el rey, mediante una Real Cédula dirigida al Corregidor, instaba a empedrar las calles y a ensanchar la plaza. En años posteriores otras cartas fueron enviadas al Concejo solicitando que fuera allanada y otras obras de mejora; en 1469 concedió que en ella cada jueves se celebrase mercado, en lugar de hacerlo extramuros, junto a la Puerta de Guadalajara, como venía haciéndose hasta entonces.

La plaza de San Salvador se convirtió en el centro del Madrid medieval, centro económico, político y social. Allí se celebraba el mercado, se reunía el Concejo, se instalaron instituciones y se establecieron poderosas familias.

En el solar donde hoy se encuentra la Casa de la Villa había un conjunto de construcciones variopintas. La Cárcel de Villa, la Casa del Corregidor, la Alhóndiga del Trigo, la Carnicería, alguna vivienda…Las obras volvían de vez en cuando, en enero de 1487 el Concejo decide que la delantera del portal de San Salvador se debe empedrar.

En 1494 se construyó allí un nuevo Auditorio o Sala abierta de Justicia donde los corregidores tenían sus audiencias para escuchar y juzgar. Para entonces, frente a estas casas, ya existía la Casa y Torre de los Lujanes y es la época en que se construyó la Casa de Álvaro de Luján.

El Concejo madrileño tardó mucho tiempo en tener una sede fija.

Conocemos los lugares de reunión en el siglo XV por los Libros de Acuerdos. Generalmente era la iglesia de San Salvador, siempre a campana repicada. Las Actas suelen comenzar indicando el lugar de reunión, a menudo la Claustra de la iglesia o galería porticada, o el interior del templo. A veces se menciona el portal. Y otras la Cámara de la Claustra, que era una estancia pequeña que debió ser construida sobre la galería. Más raramente se menciona que los regidores estaban ayuntados en la plaza de San Salvador.

Con menor frecuencia aparece mencionado también el Mirador del Campo del Rey, seguramente situado frente al Alcázar. En ocasiones el Concejo se reunía en la Casa del Corregidor.

Hasta que en 1480 las Leyes de las Cortes de Toledo convocadas por los Reyes Católicos regularon las reuniones concejiles y surgió la necesidad de construir una casa dedicada exclusivamente a ellas. La vieja Cámara debía estar en muy mal estado así que se decidió la construcción de una nueva. Por fin, después de muchas dificultades, cerca de diez años después, la nueva Cámara del Concejo estuvo terminada y fue lugar de reunión habitual.

“El Concejo de la noble Villa de Madrid, estando ayuntados en la sala, ques encima del portal de la iglesia de San Salvador de la dicha villa, a campana repicada, segund que lo avemos de uso e de costumbre” (25 octubre 1512)

Pasó más de un siglo aún; fue en 1599 cuando los miembros del Concejo tuvieron que abandonar la iglesia. La calle Mayor fue ensanchada y la Cámara desapareció. Los munícipes se trasladaron a unas casas en la misma plaza, cuya ubicación creo que se desconoce.

La Iglesia de San Salvador se encontraba en la esquina de la calle Mayor y la calle de los Señores de Luzón –antes de San Salvador-, frente a la Plaza de la Villa. La primera representación conocida es la de Antonio Mancelli.

Plano de A. Mancelli, 1623 (detalle)

Pedro Texeira también la dibujó. La plaza en el siglo XVII ya recibía el nombre de Plazuela de la Villa y en este plano está representada, con el nº 25, la Cárcel de Villa, la cárcel vieja, sobre cuyos terrenos, y los de las casas colindantes –futura manzana 182–, se construiría la Casa de la Villa, que incluiría la Cárcel nueva, que no fue terminada hasta finales del XVII. (*)

Plano de P. Texeira, 1656 (detalle)

Una de las pocas representaciones de la iglesia es la de la pintura atribuida a Lorenzo de Quirós Ornato de la calle de las Platerías realizada hacia 1760 con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.

Atribuido a L. de QUIRÓS, “Ornato de la calle de las Platerías” (calle Mayor) h. 1760 (detalle), Museo de Historia.

Por supuesto la iglesia aparece representada frente a la plaza de la Villa en la Maqueta, el Modelo de Madrid de León Gil de Palacio de 1830.

Maqueta de León Gil de Palacio (1830) (detalle), Museo de Historia.

La parroquia fue demolida pocos años después, en 1842. Sus terrenos fueron ocupados por un edificio de viviendas.

En el lugar donde estuvo la iglesia hoy una placa nos recuerda que en ella celebraron durante más de tres siglos sus sesiones públicas los Regidores del Concejo de Madrid creado por Real Cédula de Alfonso XI el 6 de enero de 1346.

Calle Mayor, 70.

Por: Mercedes Gómez

(*) Actualizado 23 febrero 2019

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Bibliografía:

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.

VIZCAINO, María A. “La iglesia de San Salvador en el antiguo Madrid (I)”,  en Anales de Historia del Arte, UCM, Madrid 1991-92.

La calle del Nuncio es una de esas calles madrileñas breves, algo sinuosas, que conservan toda la historia de la villa en su trazado, la misma forma desde hace siglos. Primero, en los siglos X y XI fue un arrabal de la medina islámica, después las casas se fueron construyendo al abrigo de la muralla cristiana, entre la Cava Baja y la calle Segovia.

Nace en Puerta Cerrada, donde se encontraba una de las puertas de la muralla del siglo XII, y llega hasta la iglesia de San Pedro, una de las más antiguas de la villa. Pudo ser por tanto una vía medieval importante, que discurriría próxima a la muralla, adaptándose a sus quiebros, intramuros.

Puerta Cerrada, calle del Nuncio.

Sus edificios y el terreno sobre el que se asientan son un reflejo de la historia de Madrid. Igual que la Cava Baja, la calle del Almendro o la propia Puerta Cerrada, que ya hemos recorrido.

Calle del Nuncio

En el nº 8 de la calle se levanta el edificio que alberga la Federación Española de Municipios y Provincias, antigua casa palacio del siglo XVI rehabilitada en los años 80 del pasado siglo XX.

Enfrente, en el nº 13, el Palacio de la Nunciatura Apostólica, que da nombre a la calle.

Llegando al nº 17 esquina calle del Pretil de Santisteban vemos la antigua Casa de Postas del duque de Santisteban, del siglo XVIII, hoy convertida en un edificio de viviendas.

Al final de la calle, la Iglesia de San Pedro, que conserva su espléndida torre construida en el siglo XIV.

Encontramos huellas pertenecientes a todas las épocas, desde la edad media hasta la actualidad, incluso las casas más modestas de la calle del Nuncio narran la historia de Madrid.

Cada uno de estos edificios merecería un artículo. Pero hoy vamos a detenernos en los orígenes de estos solares, en el Madrid más antiguo. El solar del actual nº 13, sede de la Nunciatura, nos cuenta la historia de estos terrenos ubicados junto a la muralla del siglo XII, un barrio construido sobre un arrabal de época islámica, como vimos.

Con motivo del “Proyecto de ejecución de ampliación del Colegio Sacerdotal y adecuación de dependencias en la calle Nuncio Nº 13”, promovido por el Ministerio de Defensa, en una zona de su patio interior, tuvo lugar una importante excavación arqueológica, entre noviembre de 2008 y febrero de 2009.

Excavación calle del Nuncio 13 (detalle) (Foto: GEA Arqueólogos)

Las diferentes fases de la intervención proporcionaron información de diversas épocas, constatando que la ocupación más antigua corresponde a los siglos X-XII, como ya ocurrió en otros solares próximos. El hecho tiene gran importancia, no solo por los materiales hallados, sobre todo cerámicos, sino también por la información que aportan en cuanto a la población andalusí en esta zona de Madrid, a la vida en el Mayrit islámico.

Se trata, una vez más, de útiles domésticos (preparación, conservación y consumo de alimentos) típicos de la cerámica islámica de los siglos X al XII.

(Foto: GEA Arqueólogos)

En relación al agua, también se encontraron fragmentos de arcaduz, elementos utilizados para extraer el agua con las norias.

El yacimiento fue descrito como “ocupación de tipo familiar o comunal asociada a la expansión del Madrid andalusí durante el siglo XI hacia el arrabal de Puerta Cerrada”. Los hallazgos fueron calificados como pertenecientes a épocas medieval islámica, medieval cristiana, moderna y contemporánea.

Posteriormente en este solar estuvo el Palacio de don Francisco de Vargas, el consejero de los RRCC y de Carlos V. El edificio también es conocido como antiguo Palacio de don Rodrigo Calderón, pues aquí estaban las casas que la marquesa del Valle donó a don Rodrigo, marqués de Siete Iglesias. En el siglo XVII fue ocupado por la Nunciatura.

Casa y calle del Nuncio en el Plano de Texeira, 1656.

El edificio actual, obra de Manuel Moradillo en 1735, fue restaurado y reformado en el siglo XIX.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Comunidad de Madrid. Anuario de Actuaciones Arqueológicas y Paleontológicas. Ficha de la actuación en Nuncio, 13. Madrid, 2009.

PÉREZ VICENTE, Daniel. “Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico”, Testimonios del Madrid medieval. Museo de San isidro, Madrid, 2004.

 

Recordemos que la muralla que rodeaba el segundo recinto cristiano construida en el siglo XII tenía cuatro puertas: La Puerta de Valnadú –en la actual Plaza de Isabel II–, la Puerta de Guadalajara –en la calle Mayor, a la altura del Mercado de San Miguel–, Puerta Cerrada y la Puerta de Moros.

La Puerta Cerrada fue la segunda en importancia en el Madrid medieval, después de la de Guadalajara. Los encargados de la muralla y de guardar sus llaves solían ser personajes notables, miembros de las familias más poderosas que habían llegado a la Villa; en la primera mitad del siglo XV el Guarda de la Puerta Cerrada y de los lienzos de la muralla hasta la Puerta de Moros era Pedro de Luján, camarero de Juan II.

Pero tanto las construcciones que pronto comenzaron a proliferar junto a la puerta como la creación de la cercana plaza del Arrabal anularon su importancia como lugar de mercado y los caminos que de ella partían, uno de ellos origen del Camino de Atocha.

Ya hablamos aquí, a propósito de los restos de muralla en la plaza de los Carros, de cómo la cerca medieval madrileña fue utilizada en la construcción de viviendas e incluso habitada. Aquí tenemos otro ejemplo:

El 7 de febrero de 1498 las actas municipales recogen que los presentes “…dieron lugar al dicho pregonero para que en lo hueco de la bóveda de una torre a la Puerta Cerrada pueda hacer una casa”. Se trataría probablemente de una de las torres más próximas a la puerta que aparecen representadas en el plano de Espinosa. Una de las torres semicirculares que jalonaban el recorrido de la muralla cristiana.

Plano de Espinosa (1769)

La muralla, que desde la Puerta de Guadalajara se dirigía hacia la de Moros, discurría entre la manzana 150 y la 169 que igual que muchas otras, como hemos contado aquí repetidamente, nacieron alrededor de la tapia, y ambas conservan restos como si de una espina dorsal se tratara.

La Puerta Cerrada se encontraba situada en la actual plaza del mismo nombre, entre las calles del Nuncio, Gómez de Mora, Cava Baja y Cuchilleros.

Juan López de Hoyos que vivió entre 1511 y 1583, y por tanto pudo ver la puerta, dijo que antes se llamó Puerta de la Culebra por tener esculpida en la piedra la mencionada figura hasta el mes de junio de 1569 en que fue derribada para ensanchar el paso.

Lo cuenta Jerónimo de la Quintana, Clérigo, Presbítero, Notario del Santo Oficio de la Inquisición y Rector del Hospital de La Latina, en su libro A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid (1629), quien añade que este Dragón estaba esculpido en la Puerta Cerrada para que no se perdiera la memoria del que él consideraba un pasado glorioso y muy antiguo de Madrid.

También cuenta Quintana (que nació siete años después de que la Puerta fuera derribada) que se llamaba Cerrada porque era muy estrecha y con varias revueltas por lo que de noche se escondían allí los ladrones y robaban a los que entraban y salían por ella. Por eso la cerraron, siempre según el cronista, hasta que se pobló el arrabal y se abrió de nuevo para que se pudiera comunicar con la Villa.

Otros autores cuentan algo parecido, que recibió ese nombre porque era tan peligrosa que al fin se optó por su cierre, aunque esto no parece que sea del todo cierto. Como siempre, además de la arqueología los documentos son los que aclaran muchas dudas. Hubo épocas en las que estuvo cerrada efectivamente pero también otros periodos de tiempo permaneció abierta.

Sabemos por los Libros de Acuerdos, las Actas del Concejo, que al menos en la década de 1480 ya recibía este nombre de Puerta Cerrada, y bastante tiempo después estaba abierta. Como nos cuenta Manuel Montero Vallejo estos cierres temporales se debieron a una serie de motivos distintos.

Para empezar, todas las puertas de la Villa, no solo esta, en ocasiones permanecían cerradas por razones militares. Y la zona era tan abrupta que ocasionaba muchos problemas. Las aguas de lluvia y la que bajaba de la cava se estancaban y deterioraban la puerta. En las afueras de la puerta hacia el sur, entre la muralla y la calle de Toledo, había una laguna o muladar, la laguna de Puerta Cerrada, adonde iban a parar aguas y basuras. Recordemos que una laguna en la edad media era un descampado utilizado como estercolero.

Zona en la que estaba la “laguna” de Puerta Cerrada, hoy calle de la Cava Baja.

En las actas municipales a finales del siglo XV la Puerta Cerrada aparece mencionada varias veces aludiendo a la necesidad de reparaciones, tanto de la propia puerta como de su entorno. El 3 de septiembre de 1492 uno de los acuerdos municipales fue finalizar el empedrado de dos calles desde Puerta Cerrada.

El Concejo proyectó una construcción con el fin de remediarlo pero no debió tener mucho éxito. En los comienzos del año 1494, imaginamos que ante el imparable deterioro de la puerta, se decidió que el alarife de la Villa maestre Abrahán de San Salvador construyera un edificio para que el agua del arrabal y de la cava no entraran en la villa por la Puerta Cerrada.

Pocos meses después, el 14 de agosto de 1494, se acordó que el mayordomo debía hacer una pared de dos tapias en alto desde la esquina de la Puerta Cerrada hasta la chorrera –o desagüe– que había hecho el alarife maestre Abrahán para que no entrara el agua de lluvia en la Villa y evitar el muladar.

A finales de 1515 aún persistía el problema. El 18 de noviembre el Concejo acordó que el mayordomo hiciera abrir un albañal o conducto para que el agua sucia fuera a la laguna de la cava y no entrara en la villa.

La Puerta Cerrada fue finalmente demolida en 1569.

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Aparte realidades y fantasías de los cronistas, lo cierto es que la única imagen que nosotros conocemos de la Puerta Cerrada es su cara intramuros dibujada por Wyngaerde y por Hoefnagel en sus Vistas de Madrid.

Debido a las mencionadas descripciones del XVI-XVII se especuló con el hecho de que se trataba de una puerta con planta de doble eje acodado, pero documentos relativos a una reforma ejecutada en 1534 demuestran que su acceso era de un solo eje entre dos torres semicirculares.

La puerta ya no existe pero la plaza de Puerta Cerrada guarda aún hoy día muchas huellas del Madrid medieval. En los edificios que a ella se asoman se encuentran algunos de los restos más importantes de muralla cristiana que se conservan. Como sabemos, en el nº 6 de la plaza se esconde un lienzo completo en altura, a través de los pisos de las viviendas, visible en el sótano del bar La Escondía que ya hemos mostrado en artículos anteriores.

En dicho lienzo se apoyan los edificios del mencionado nº 6, el 5 y el colindante nº 4, una construcción muy antigua, tal vez del siglo XVIII, que en 2008 en parte se encontraba apuntalada.

Puerta Cerrada 4, 5 y 6 (2008)

A pesar de su antigüedad y de tratarse de un edificio teóricamente protegido, en 2011 fue demolido.

Solar de Puerta Cerrada, 4 (2017)

Al fondo del solar se ve el muro de otro de los edificios apoyados en la muralla, el correspondiente a la Cava Baja nº 4.

Vista general del torreón y lienzo de la muralla en Puerta Cerrada 4.

La buena noticia fue que quedaron a la vista nuevos restos de la cerca en su cara extramuros y de un torreón semicircular. Se trataba de la torre dibujada por Espinosa en su plano al sur de la Puerta.

Tras el derribo se estudiaron los hallazgos de los dos solares, el de Puerta Cerrada nº 4 y el de Cava Baja 4. En este último, el lienzo en su cara extramuros hasta el nivel de la primera planta y el impresionante torreón, que se conserva casi en su totalidad.

La torre y parte del lienzo de muralla estaban prácticamente cubiertos por un testero que fue eliminado y se procedió a su consolidación además de analizar la técnica constructiva.

Vista del alzado del torreón y lienzo de muralla en Cava Baja 4 (Comunidad de Madrid)

Los restos que quedaron a la vista en el solar de Puerta Cerrada 4 también se estudiaron y consolidaron.

No existe nada semejante en todo Madrid, un torreón casi completo de la muralla medieval.

Comprendo que se encuentra en el interior de un edificio de viviendas, pero, una vez derribada la casa colindante de la plaza, ¿habría alguna posibilidad de acondicionar esos valiosos, únicos restos de la fortificación del Madrid del siglo XII para que los pudiéramos contemplar? ¡Ojalá! Esta torre además de espectacular sí que es un tesoro escondido.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

OÑATE, Pilar; CABALLERO, Carlos; BUCETA, Gonzalo; SANGUINO, Juan. “Intervenciones en el segundo recinto de la Villa de Madrid: Puerta Cerrada 4 y Cava Baja 4”, en Actas de las décimas Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2013, pp. 443-450.
VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Ed Doce Calles, Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.
MONTERO VALLEJO, Manuel. Obra completa.
QUINTANA, Jerónimo. A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid. Madrid 1629.
Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.

Cuando leemos sobre el Madrid medieval hay una palabra que encontramos de vez en cuando que se refiere generalmente a algunas de nuestras plazas, a menudo a la Plaza Mayor. Es la palabra laguna.

En el caso mencionado incluso algún autor le da nombre, dicen que en el lugar donde hoy se sitúa la plaza Mayor estaba la laguna de Luján, tal vez debido a que allí cerca vivió una de las ramas de la familia de los Lujanes.

Preparando un artículo que publicaré en breve me he vuelto a topar con ella. Como sencilla nota preliminar al próximo post hoy me gustaría comentar dicha palabra pues su significado puede provocar confusión. No parece que laguna significara lo mismo en el siglo XV que en el XXI.

En los documentos de época medieval, por ejemplo en los Libros de Acuerdos municipales, nada hace pensar que tuviera el significado que le damos hoy día, no debían ser depósitos de agua, o lagos pequeños, con más o menos profundidad. Nada de eso.

Eran simplemente descampados situados normalmente cerca de las puertas de la muralla o cerca donde los vecinos echaban las basuras.

Como ya vimos durante nuestro paseo por la Cerca del Arrabal del siglo XV, una alusión importante a las puertas y a cuál era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión de reunión municipal dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa.

El Concejo elegía para ello lagunas o descampados que se convertían en muladares o estercoleros. Muladar y laguna eran prácticamente lo mismo.

También es verdad que el agua de lluvia y en algún caso las aguas procedentes de la cava de la muralla iban a parar allí y se estancaban, con lo cual el lugar se debía convertir en un paraje poco transitable, seguramente poco idílico.

La Plaza Mayor y Valnadú no eran las únicas lagunas, en algunos documentos aparecen mencionadas como laguna la Puerta Cerrada, la plaza de Santa Cruz…

Solían ser lugares despoblados extramuros, como en el siglo XV los terrenos de la futura plaza del Arrabal, nacida en las afueras del Madrid medieval, que en el siglo XVI se convertiría en la plaza más importante en sustitución de la plaza de San Salvador o de la Villa. Y posterioremente, hasta nuestros días, en la bella Plaza Mayor.

Por : Mercedes Gómez

 

 

Hay calles en que su forma esconde toda su historia, son las calles que nacieron a partir de los accidentes del terreno, barrancos, antiguos caminos o arrimadas a las murallas. Dos de ellas son la Cava Baja y la calle del Almendro.

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Originalmente la manzana 150 comenzaba a numerarse en Puerta Cerrada, seguía por la Cava Baja de San Francisco, hoy Cava Baja, volvía por la calle del Almendro y por la calle del Nuncio llegaba nuevamente a Puerta Cerrada. Desde el siglo XV la muralla construida en el siglo XII sirvió de apoyo a las casas que la fueron conformando, siendo la calle del Almendro la zona intramuros y la Cava Baja el antiguo foso situado extramuros. Se trata de uno de los tramos de la muralla cristiana con vestigios mejor documentados y representados en los planos.

En el primer plano conocido de la Villa de Madrid Antonio Mancelli la representó de forma esquemática pero muy clara, con sus torres, tres de ellas semicirculares.

Plano de A.Mancelli (1623)

Plano de A.Mancelli (1623) (detalle, Biblioteca Digital Comunidad de Madrid)

Unos años después en 1656 Texeira la dibujó en su plano. En los de Espinosa (1769) y de Coello y Madoz (1849) se aprecia cómo la calle del Almendro iba desde la plaza de San Andrés hasta la calle del Nuncio.

Hacia la mitad del siglo XIX, pues así aparece ya reflejada en el plano topográfico de 1866, la calle del Almendro se prolongó hasta la Cava, atravesando la manzana que quedó partida en dos.

Tramo final de la calle del Almendro abierto en el siglo XIX

Tramo de la calle del Almendro abierto en el siglo XIX visto desde la Cava Baja.

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Hoy volvemos al solar que visitamos a finales del pasado mes de agosto, solar con entrada por la calle del Almendro nº 3 y la Cava Baja 22. Actualmente, tal como estaba previsto, el espacio está en obras. El Ayuntamiento lo está acondicionando para que los vecinos y visitantes podamos disfrutarlo como ya contamos.

solar-almendro

Calle del Almendro nº 3

Recordemos que había sido abierto al público después de más de treinta años cerrado y tapiado.

Cava Baja, 22.

Cava Baja, nº 22 (agosto 2016)

Eliminados el tapiado y enfoscado se ha recuperado el muro original de piedra y ladrillo así como los huecos de las ventanas de la planta baja del edificio que ocupó el solar hasta su demolición ahora protegidas solo por unos barrotes que permiten ver el interior. La bonita puerta de entrada ha sido restaurada.

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Cava Baja, nº 22 (diciembre 2016)

El lugar por el que discurría la muralla y un torreón, cuyos restos subsisten bajo el nivel del suelo, se han marcado en el pavimento que recrea la forma de su planta; se han dibujado tal como hicieran Mancelli y Texeira hace siglos. Los visitantes del parque ahora podremos ver y comprender el camino que seguía la muralla, límite de Madrid en el siglo XII.

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Dichos restos fueron estudiados en 1983. Como ya vimos, durante la excavación aparecieron vestigios de su cimentación y el arranque de uno de los cubos semicirculares, ahora recreado. En altura se conservan restos en la medianería del edificio contiguo, nº 24 de la Cava Baja.

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Además fueron encontrados dos silos en los que aparecieron numerosos vestigios de cultura material, ataifores o platos islámicos y otras cerámicas. Estos materiales hallados en su relleno eran todos de cronología islámica (siglos X y XI), así como cinco fondos para encajar grandes tinajas, de la misma época.

También aparecieron restos arquitectónicos superpuestos o adosados a ella, desde el siglo XIV al XIX.

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(Foto: agosto 2016)

El muro perpendicular a la muralla que llamó nuestra atención este verano ha sido limpiado y luce espléndido con sus cajones de mampostería entre hiladas de ladrillo, típica construcción medieval.

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(Foto: diciembre 2016)

Es muy probable que se trate de restos de edificaciones que, como hemos visto en otros artículos, se fueron adosando a la muralla a partir del siglo XV. En esta zona, entre Puerta Cerrada y Puerta de Moros, las primeras casas extramuros fueron levantadas a partir de 1517.

El edificio contiguo al solar, actual nº 5 de la calle del Almendro, fue estudiado en 2003. Se llevó a cabo la excavación de un sondeo arqueológico y documentación del muro testero del inmueble con motivo del proyecto de su rehabilitación. En este caso no se encontró muralla pero fue hallado un pozo de época islámica.

Calle del Almendro, 5

Calle del Almendro, nº 5

En el nº 15 existe otro lienzo, de unos 16 metros de largo por 11 de alto, hallado tras el derribo de un edificio en 1967, que hasta ahora nunca había sido restaurado ni objeto de estudio. Su estado, muy deteriorado por antiguas perforaciones y el paso del tiempo, es de ruina.

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Actualmente, de la misma forma que el solar de Almendro nº 3, el jardincito cerrado durante años está en obras para ser acondicionado como espacio público y la muralla andamiada para su restauración. Gran noticia.

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Por fin, después de años de abandono y desinterés por parte de las autoridades competentes, la muralla medieval comienza a recibir la atención que merece y esperamos continúe.

Algunos de los solares que el Concejo de la Villa fue cediendo a algunos vecinos para construir viviendas desde los comienzos del siglo XVI ahora, convertidos en parques, van a poder ser disfrutados por todos los vecinos del siglo XXI.

Al fondo, jardincito calle del Almendro 15

Al fondo, jardincito calle del Almendro nº 15

Continuará…

Texto y fotos : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

SOLER, Álvaro. “Excavación de la muralla de Madrid. El solar de la Cava Baja 22 (octubre de 1983)”, Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas, Ayuntamiento de Madrid, 1987, nº 5.

SOLER, Álvaro y TURINA, Araceli. “Excavaciones arqueológicas en el solar de la Cava Baja 22”, Madrid del siglo IX al XI. Comunidad de Madrid, 1990.

VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Ed Doce Calles, Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.

ORTEGA VIDAL, Javier y MARÍN PERELLÓN, Francisco José : La Forma de la Villa. Comunidad de Madrid. 2004.

Durante más de treinta años el solar, de más de setecientos metros cuadrados, con entrada por la Cava Baja 22 y Almendro 3 ha estado tapiado y cerrado, excepto una época en que al parecer sirvió de aparcamiento. Solo sabíamos que allí se había constatado la existencia de restos de muralla.

En 1983 fue realizada una excavación arqueológica con el fin de localizar dichos vestigios de la muralla, perfectamente documentado su paso por el lugar, y de datarlos. Aún en el siglo XVII se conservaba parte del lienzo y algunas torres que dibujó nuestro cartógrafo Pedro Texeira.

Plano de P. Texeira (1656)

Plano de P. Texeira (1656)

Durante la excavación aparecieron la muralla y el arranque de uno de los cubos semicirculares, y restos arquitectónicos superpuestos o adosados a ella, desde el siglo XIV al XIX; la muralla conserva solo una altura de unos dos metros. Se consideró una construcción de finales del siglo XI, comienzos del XII, o sea de la época cristiana. Los restos del muro hallado son, según los informes entonces, de mampostería con un espesor de unos dos metros y medio.

También se encontraron numerosos vestigios de cultura material, ataifores o platos islámicos y otras cerámicas, de cronología musulmana, de los siglos X y XI, lo cual ratificaba la existencia de un arrabal islámico en la zona.

Cava Baja, 22.

Cava Baja, 22.

¡Cuántas veces hemos visto el candado en la puerta de madera en la Cava Baja y observado los muros en la calle del Almendro! solo podíamos ver los árboles que sobresalían magníficos sobre las tapias.

Ahora hace pocos días el Ayuntamiento de Madrid ha abierto sus puertas.

Calle del Almendro, 3.

Calle del Almendro, 3.

Es una buena noticia. Para los vecinos, que ya han comenzado a disfrutar del espacio; para los amantes y estudiosos de las murallas de Madrid, para quienes era un lugar cerrado y misterioso que escondía sus restos, ahora abierto con la expectativa de su futura restauración; y para todos los madrileños, pues un solar cerrado y desaprovechado en pleno centro de la ciudad ahora es un lugar prometedor.

Un casi poético cartel firmado por los niños del barrio nos cuenta qué hay en este número 3 de la histórica calle.

almendro 3 letrero

Es un espacio en el que se puede estar y jugar, un espacio salvajemente romántico en medio de la jungla de Madrid, leemos.

El redactor del cartel lo expresa bien, sí, es salvaje y es romántico, un espacio que se está pensando, hasta hace poco impensable, que se está construyendo, aunque hasta ahora todos esperábamos que se construyeran casas en él… Nos cuentan también los niños firmantes que el solar tiene unas reglas, el tabaco y el alcohol no son bienvenidos. El horario se decide en grupo. Es una buena idea, preservarlo de usos no deseados por todos; y que los visitantes lo mantengan, mantengamos, limpio.

Desde luego de momento esto no tiene nada que ver con un parque ni con un jardín, es un terreno silvestre, aunque parezca mentira un trocito de campo en pleno centro de Madrid.

almendro 3 solar

Pero no olvidemos que el solar estuvo ocupado casi desde los orígenes de Madrid, cuando se convirtió en uno de los arrabales del Mayrit islámico como han demostrado los hallazgos arqueológicos.

Contemplamos el solar y la puerta de madera de la Cava Baja desde dentro, por fin. Dos mamás con sus hijos pequeños se encuentran aquí tranquilas esta mañana en que yo lo he visitado, ellas charlan y ellos juegan.

Aquí, bajo la parcela cubierta de cemento, están los vestigios de la muralla.

almendro solar muralla

No hay fecha, ni quizá presupuesto, para su restauración pero esperemos que en un futuro próximo se saque a la luz. Y que se explique que por aquí pasaba la muralla medieval, un monumento de gran importancia en nuestra historia. Y que aquí vivieron nuestros antepasados desde al menos el siglo X, quedando algunos de los objetos utilizados en su vida cotidiana aquí sepultados como prueba. Colocar un cartel que lo mencionara y lo explicara también sería una buena idea.

En uno de los muros de las antiguas construcciones también hay vestigios de mampostería.

almendro muro muralla

muros almendro 3

Y aún quedan restos de las casas que en el pasado en ella se apoyaron, tal vez las últimas del siglo XIX, con sus baldosas hidráulicas.

almendro 3 suelo

Junto a la entrada de la calle del Almendro hay una fuente de hierro, de 1903, con pilón de piedra, que ignoro desde cuando está aquí. ¿Volverá a proporcionar agua?

almendro 3 fuente

A la salida la verdad es que resulta algo enternecedor ver tres viejos bancos de piedra, después de haber visto cómo se destruían sin misericordia en algunos lugares de Madrid, salvados, procedentes vaya usted a saber de qué almacén, colocados en la estrecha antiquísima calle del Almendro, a la entrada de un solar rodeado con una tapia pintada de colores, en el que juegan los niños y en el que hay restos de muralla y recuerdos de otros tesoros.

almendro bancos piedra

Otro día volveremos a la calle del Almendro, que tanta historia guarda. Continuará.

Por : Mercedes Gómez

 

Desde el pasado día 7 de octubre estamos asistiendo al espléndido ciclo Al fresco. Un recorrido por la pintura mural de Madrid, que continuará a lo largo de todo el trimestre.

El ciclo, iniciativa de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, es un lujo para profesionales, aficionados y estudiosos de la historia del arte madrileño. Consta de una serie de conferencias, un recorrido cronológico, desde el arte rupestre prehistórico hasta la pintura mural contemporánea, complementadas por visitas guiadas a algunos de los lugares en los que podemos admirar las obras; iglesias, algunas de las más bellas de Madrid, y edificios singulares como la Casa de la Panadería o la Bolsa. Además se ha editado un magnífico libro que recoge la historia de la pintura al fresco en Madrid y todas las intervenciones de restauración.

Las conferencias, que tienen lugar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fueron inauguradas presentando un panorama de la pintura mural en la Comunidad de Madrid. El primer día se mostró un resumen de las intervenciones que han tenido lugar, que vamos a ir viendo con detalle en las charlas sucesivas. También se hizo referencia a los principales futuros proyectos de restauración. Entre las previsiones en la ciudad de Madrid se encuentran la Colegiata de San Isidro del siglo XVII, las iglesias de Santa Bárbara y de San José del XVIII, la de Santiago del XIX… y la ermita mudéjar del siglo XIII Nuestra Señora Santa María la Antigua en Carabanchel.

Junto al cuadro de la Virgen de Lis, ubicado en la Cripta de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, las pinturas de Carabanchel son los únicos ejemplos conservados de pintura medieval en la ciudad de Madrid.

Cuando en enero de 2014 visitamos la iglesia aquí en el blog, ya hicimos referencia a las pinturas encontradas en el ábside semicircular y en una hornacina en la epístola junto al altar. Aparecieron durante la restauración del templo llevada a cabo por la Comunidad entre 2000 y 2002. Los escasos vestigios no permiten apreciar los temas representados. Tampoco se conoce la fecha de su realización pero se cree que pertenecen a dos momentos distintos de la época gótica. Se espera que en una futura intervención se pueda estudiar y conocer tanto los motivos representados como la fecha de creación.

En el ábside se aprecia parte de una mandorla.

abside1

Y una figura enmarcada con motivos geométricos.

abside2

En el muro del fondo de la mencionada hornacina hay otra figura.

hornacina

Igualmente apareció durante las obras de restauración acometidas en 2000 oculta bajo decoraciones posteriores.

hornacina2

El pasado miércoles día 21 tras la conferencia dedicada a la Pintura mural medieval y del primer Renacimiento a cargo de Santiago Manzarbeitia, por parte de la Comunidad nos comunicaron que las pinturas de Santa María la Antigua están en peligro debido al mal estado de los muros en el ábside. Como mejor solución en este caso, los frescos van a ser retirados y trasladados a un lugar adecuado para su restauración. Luego volverán a su lugar.

Tanto la ermita como sus pinturas son joyas madrileñas únicas, de gran valor, es una gran noticia que se proceda a su estudio y restauración.

Por : Mercedes Gómez

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