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Continuando con mi tradición veraniega de publicar un artículo contando la historia de algún lugar visitado en tierras catalanas, este año os invito a conocer el Monasterio de Pedralbes y especialmente su Capilla de San Miguel, decorada con extraordinarias pinturas murales del siglo XIV.

El Monasterio de Pedralbes fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón (1267-1327). Dedicado a Santa María, fue ocupado por monjas clarisas. Una pequeña comunidad de once monjas continúa viviendo en nuevas dependencias junto al antiguo monasterio, hoy convertido en un magnífico museo.

El lugar elegido para su construcción fue Sarriá, una localidad que fue independiente hasta 1921, año en que fue anexionada al municipio de Barcelona. Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta, que ya vimos cuando visitamos otra población próxima, Cornellá.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

En Sarriá, que hoy pertenece al distrito barcelonés de Sarriá-San Gervasio, se encontraba la zona de Pedralbes.

Pedralbes proviene del latín, petras albas (piedras blancas), nombre documentado desde finales del siglo X.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

A lo largo de los años el monasterio primitivo se fue ampliando con nuevas estancias. Hoy día el conjunto es un bello ejemplo del arte gótico. Originalmente estaba rodeado por una muralla de la que solo se conservan dos puertas y sus respectivas torres de vigilancia.

La iglesia es uno de los elementos más antiguos, los monarcas colocaron la primera piedra el 26 de marzo de 1326.

Es de una sola nave, con capillas a los lados, cubierta con bóvedas de crucería.

Original del siglo XIV es también el claustro gótico que consta de dos galerías con veintiséis columnas de piedra a cada lado y de un tercer piso levantado posteriormente a modo de buhardilla.

El techo es de madera y los capiteles, que sostienen bellos arcos ojivales, están decorados con los escudos de la casa real y de la familia Montcada.

En el patio se ha recreado un Jardín medieval en el que se cultivan plantas medicinales, convertido así en un jardín entre científico y espiritual.

Alrededor del claustro se organizan las dependencias del monasterio. La sala capitular, la cocina, el dormitorio, la abadía, el refectorio, las procuras…

Las procuras, así llamadas porque estaban a cargo de la procuradora del monasterio, responsable del abastecimiento, era el lugar donde se almacenaban los alimentos, utensilios y herramientas del huerto.

Desde sus comienzos se dispuso de una enfermería que pronto necesitó reformas; los espacios que hoy se pueden ver son del siglo XVI, construidos en 1568 gracias a la donación de 600 ducados de oro del rey Felipe II.

Las pequeñas celdas de día, algunas de las cuales hoy se pueden contemplar, adornadas como capillas, son del siglo XVI al XX, aunque la mayoría de las que se conservan son modernas.

Las estancias, con su mobiliario y objetos, nos explican cómo era la vida conventual. La cocina, situada junto al refectorio o comedor, utilizada desde el siglo XIV hasta 1983, es testigo del paso del tiempo y de las diferentes épocas.

El dormitorio es otro de los espacios más antiguos, del siglo XIV, junto con la iglesia y la planta baja del claustro, como vimos. El techo data del año 1533. Fue remodelado en 1990 siendo convertido en una espectacular sala de exposiciones.

Uno de los tesoros del monasterio sin duda es la capilla de San Miguel, decorada con pinturas murales realizadas en 1345 por el pintor Ferrer Bassa.

Fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, sobrina de la reina Elisenda, Francesca ça Portella.

Con el tiempo la capilla tuvo diversos usos, fue archivo, fue utilizada como guardarropa –quedando ocultos los murales–, se abrieron ventanas… A finales del siglo XIX las pinturas fueron descubiertas y valoradas, interés que felizmente ha ido en aumento. En el siglo XX fueron restauradas por primera vez. Y en la actualidad han sido objeto de un largo y minucioso proceso de restauración.

La capillita, después de más de diez años cerrada al público, ha sido reabierta hace pocas semanas. La exposición Murales divinos los muestra espléndidos, intentando recordar lo que debió ser una estancia resplandeciente, envolvente, destinada a la meditación.

Bajo un techo-cielo estrellado, los murales de la diminuta estancia estaban destinados a deslumbrar con sus tonos dorados y plateados realizados con láminas finas de estaño, plata y oro, lamentablemente perdidos.

Los primitivos muros blancos, gracias a las pinturas de Ferrer Bassa, se transformaron en un intenso fondo azul para las escenas, azul de azurita, que con el tiempo y la aplicación de fijadores se fue oscureciendo. Gracias a la restauración ha recobrado parte de su esplendor.

Las pinturas, de carácter italianizante, innovadoras en su momento, fueron ejecutadas con una técnica mixta: al fresco y al seco. Se han conservado mejor los frescos que las realizadas al temple o al óleo, más afectadas por desprendimientos.

Los especialistas han considerado que tienen influencia de varios maestros, Giotto entre ellos. Los espacios representados son tridimensionales, con tratamiento de la perspectiva, y las figuras muy expresivas.

Varios paneles explican la iconografía que se inspira en las devociones marianas y representa la Pasión de Cristo, los gozos de la Virgen y varias figuras de santos. La narración discurre de izquierda a derecha en franjas.

Se han eliminado repintes y retoques antiguos que ocultaban el original.

La restauración también ha permitido descubrir los mármoles fingidos, puro trampantojo, del nivel inferior, antes tapados.

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

Monasterio de Pedralbes

Murales divinos. Capilla de San Miguel Monasterio de Pedralbes. Ajuntament de Barcelona, 2018.

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El Parque Móvil de los Ministerios Civiles, Vigilancia y Seguridad fue creado según Decreto del Consejo de Ministros, de 28 de septiembre de 1935. Va a cumplir por tanto 80 años, que celebra con una exposición que nos cuenta su larga historia, desde su origen en la República, su desarrollo a lo largo de la Dictadura, y situación actual bajo la Monarquía Parlamentaria. Y nos invita a conocer una parte de sus instalaciones.

Calle Cea Bermúdez, 1-5

Calle Cea Bermúdez, 1-5

Situado en la calle Cea Bermúdez nº 5 -el conjunto arquitectónico ocupa casi toda la manzana entre esta calle y las de Bravo Murillo y Donoso Cortés-, el antiguo organismo ha abierto sus puertas a los ciudadanos.

panel

Según la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid, en 1944 terminaron las obras de construcción de la primera fase de las viviendas del Poblado del Parque Móvil San Cristóbal, según proyecto del arquitecto José Fonseca Llamedo. La 2ª fase se construyó entre 1948 y 1952. Hacia 1950 Antonio Arroyo edificó los garajes y talleres. También se creó una capilla (h. 1950) y una escuela (1955).

Esa era su singularidad, que después de la guerra el Parque fue planificado como una ciudad autosuficiente, con todos los servicios que sus habitantes pudieran necesitar. Es un importante ejemplo del llamado “paternalismo industrial consistente en la construcción de poblados para los trabajadores en torno a las instalaciones fabriles o mineras donde prestaban sus servicios”.

Por una parte la muestra nos narra esta historia de 80 años de servicio público a través de la movilidad, por otra es un recorrido por la sociedad española a lo largo de todo ese tiempo.

La primera parte nos cuenta la historia y evolución mediante paneles y fotografías. Luego vemos una recreación de un antiguo despacho y algunos objetos, entre ellos un album fotográfico.

oficina

Oficina

Las oficinas han cambiado mucho…

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Máquina de escribir “Mercedes”

A continuación accedemos al espectacular Taller en el que continúan trabajando algunas personas mientras los visitantes contemplamos todos los objetos, recreaciones de los diferentes lugares que componían el Parque, automóviles antiguos y modernos, etc.

Exterior del Taller, desde el inicio de la calle Joaquín María López

El Taller, desde el inicio de la calle Joaquín María López

El Taller es un espléndido ejemplo de arquitectura industrial, una gran nave de una sola planta con techo en forma de dientes de serrucho, estilo que permitía crear grandes espacios y una mayor entrada de luz en los talleres o fábricas.

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La exposición nos muestra cómo era el Gabinete médico, que se cree existió desde el principio, la Peluquería, el Economato…

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Y no olvidaban el aspecto de ocio, había sesiones de cine y teatro para los trabajadores en el Salón de Actos. El Parque contaba con su propia Imprenta, Residencia de conductores, etc.

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Hasta los años 70 del pasado siglo XX funcionó una Escuela de aprendices, donde aprendían los oficios, chapistas, pintores, mecánicos.

Era un forma de proteger e incentivar al trabajador cualificado, también sin duda una forma de control.

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La exposición es muy interesante, por su contenido y por la posibilidad de acceder al taller, además es una ocasión única de ver el mural de Germán Calvo, Los oficios del automóvil, pintado en 1951.

mural parque movil

Mide 26 metros de largo por 1,6 de alto, y representa las distintas escenas de los oficios, Tapicería, Carpintería –antiguamente los vehículos eran de madera-, Construcción del parque móvil, el Estudio del arquitecto, la Soldadura y la Pintura.

Este mural es “posiblemente la única réplica en contenido y tamaño de los célebres murales industriales que Diego Rivera pintó a principios de los años treinta en las factorías automovilísticas de Ford y General Motors, en la ciudad norteamericana de Detroit”, como recuerdan en la propia Nota de prensa del Ministerio de Hacienda en la inauguración de la muestra, en referencia al gran muralista mexicano.

mural carpinteria

La exposición permanecerá abierta al público, en el Parque Móvil del Estado, desde el 10 de julio al 30 de septiembre (agosto cerrado), en horario de 9,30 a 13,30 horas.

Por : Mercedes Gómez

 

 

El Metro de Madrid cumple 90 espléndidos años el próximo sábado. Su inauguración por el rey Alfonso XIII el día 17 de octubre de 1919 merece una celebración, y así lo está haciendo la madroñosfera, contando su historia, anécdotas, etc. Quiero poner mi granito de arena recordando que en las estaciones de metro también hay Arte.

Ya tuvimos ocasión de ver algunos ejemplos al hablar del Arte Urbano; desde el adorno más antiguo, el escudo cerámico, de reflejo metálico, que hoy día se encuentra en la estación de Tirso de Molina, que también cumple años, pues fue instalado en Cuatro Caminos ese mismo 1919, hasta alguno de los más modernos, como el luminoso mural de Planetario-Arganzuela. Pero hay muchos más. Según la propia empresa del Metro, hay más de cien murales instalados en la red.

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Escudo (1919) en Tirso de Molina

En Nuevos Ministerios, sus dos accesos, el antiguo y el nuevo, muestran en cierto modo la evolución de la expresión artística en el metro, las primeras cerámicas y las actuales técnicas fotográficas.

Nuevos Ministerios

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Merece la pena recordar también los anuncios publicitarios que en aquellos primeros años del suburbano igualmente se realizaban en cerámica, de ellos quedan maravillosas muestras en el Museo del Metro instalado en la antigua estación “fantasma” de Chamberí.

Museo del Metro

O este curioso anuncio de un taller de reparación de radios, encontrado en 2001 en la estación de Bilbao durante unas obras de remodelación (*). Se trata de una hornacina de azulejos de Triana, obra de la Casa Manuel Marcos Rejano, diseñada por el arquitecto Antonio Palacios para decorar la línea 1, que también data de 1919. Un bonito recuerdo casi arqueológico que debería ser restaurado y espero que conservado, las fotos están hechas hace unos meses. Palacios, tan importante para Madrid, también lo fue para el Metro y su estética, ideando los interiores de los andenes y pasillos, y las entradas, como los templetes que hoy día tanto añoramos.

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Menos habitual es la escultura, aunque hay algún caso, como en Sol donde se recuerda a los fundadores del metro, los ingenieros Echarte, Mendoza y Otamendi, en una obra colgada del techo, instalada en 1969, cuando se cumplieron los 50 años del Metro de Madrid.

Sol 1969

Muy distinta es la curiosa estructura amarilla de un avión colocada en la moderna estación de Colombia.

Colombia avion

Una estación completamente dedicada al arte es la de Goya, en la que se exponen reproducciones en aguafuertes de los grabados del famoso pintor, de las series Tauromaquia y los Desastres de la guerra.

Retiro, además de los vistosos murales de azulejos pintados por Mingote, posee su propia Sala de Exposiciones.

Y no olvidemos tantas otras estaciones en las que de vez en cuando sus pasillos y vestíbulos se han convertido en ocasionales escenarios de teatro, danza o conciertos musicales. Ni por supuesto a los ciudadanos anónimos que a veces nos ofrecen música de gran calidad en el momento más inesperado.

El Metro de Madrid, además de ser uno de los mejores del mundo, y en crecimiento constante, esconde mucha historia y mucho arte. Felicidades.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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* El País 12 enero 2001.

 

En el número 9 de la calle de la Victoria se encuentra la taberna Alhambra, fundada en 1929, de forma que en este 2009 cumple ochenta espléndidos años.

1 fachada

Era famoso su ambiente taurino, incluso se cuenta que en ella se veían el torero Luis Miguel Dominguín y la actriz Ava Gardner. Allí se vendían las entradas para los Toros, aunque de eso hace muchísimo tiempo. Actualmente, justo enfrente, en el inicio del Pasaje de Matheu, existe una caseta donde se pueden seguir adquiriendo las localidades para acudir a las Ventas. Tampoco se conserva su fachada original, los azulejos del exterior son modernos, obra de Adolfo Montes.

Lo que sí se conserva son sus ricas tapas, el buen ambiente y los cuadros de cerámica de su interior, obra del gran pintor ceramista Alfonso Romero.

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Alfonso Romero Mesa nació en 1882 en Montellano, Sevilla, y en el barrio de Triana de esta ciudad aprendió el arte de la cerámica de la mano de su maestro Antonio Romero.

En 1906 se trasladó a Madrid. Primero trabajó en la fábrica de Carabanchel de Enrique Guijo, a quien ya había conocido en Sevilla, y en 1915 entró en su famoso taller de la calle Mayor. De ambos ceramistas, andaluces, son muchas de las maravillosas obras de arte que felizmente aún hoy día adornan algunas tabernas y tiendas madrileñas.

Entre otras, Romero es autor de las famosas cerámicas del antiguo Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana, realizadas en 1928.

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Junto con Guijo creó las obras que decoraban las paredes de Los Gabrieles en la calle Echegaray, taberna de ambiente flamenco cerrada desde 2004. Según se ha publicado hace pocos meses en la prensa (*) los espectaculares azulejos de la tradicional taberna no solo no se han perdido sino que se han restaurado y serán repuestos, de forma que podamos acceder a ellos, aunque la empresa encargada de la rehabilitación del inmueble aún no sabe en qué condiciones.

Suya es también la preciosa azulejería de la monumental Plaza de Toros de las Ventas.

Otras obras de este artista se encuentran en las Bodegas Rosell, en General Lacy 14; en el número 36 de la misma calle, la Bodega Los Romero; y La Ardosa, en Santa Engracia 70.

Bodegas Rosell

Bodegas Rosell

En 1929, año de apertura de La Alhambra, el artista abrió su propio taller, con su horno, del cual saldrían muchas de las pinturas sobre azulejo que aún hoy día podemos contemplar. A partir de entonces junto a su nombre en sus obras figuró la dirección de la calle del Rollo, también número 9.

Alfonso Romero murió en 1941, en Madrid.

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Texto y fotografías por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Cámara de Comercio de Madrid. El azulejo en el comercio de Madrid. Madrid 1989.

Carlos Osorio. Tabernas y Tapas en Madrid. Guía de tabernas madrileñas con Historia. Ed. La Librería. Madrid 2007.

(*) Manuel García Blázquez. “La Taberna de los Gabrieles resucita”. El País, suplemento “Propiedades”. 6 febrero 2009.

trampantojo.
(De trampa ante ojo).
1. m. coloq. Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.
(Real Academia Española)

Es más conocida la expresión francesa “trompe l’oeil”, engañar al ojo, aunque ahora comienza a utilizarse la palabra española, trampantojo, trampa a los ojos.

El trampantojo es una técnica pictórica que simula, que aparenta, que intenta suplir la realidad. Los trampantojos pretenden engañar, esta es su principal característica, no debemos confundirlo con la pura imitación o el realismo. Simulan objetos, perspectivas, paisajes, o materiales (madera, mármol…) con el objetivo de ocultar defectos, decorar, ampliar o simplemente alegrar una pared, una estancia, o una medianería. Puertas falsas, o que imitan madera, ventanas sin fondo, celosías dibujadas, personajes inmóviles,… escaleras que no llevan a ninguna parte… Los pintores utilizan la perspectiva para engañarnos y darnos sensación de realidad. Como en el edificio de la Plaza de los Carros donde los balcones falsos se confunden con los verdaderos.

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Plaza de los Carros

Se trata de un recurso muy antiguo, ya los griegos y romanos lo utilizaron; en el Renacimiento dio profundidad a los techos y a las paredes de iglesias, palacios, etc., pero sin duda fue el Barroco su época de mayor brillo. Durante el siglo XVII fue habitual su uso tanto en la pintura, sobre todo en el bodegón, como en las bóvedas, techos y muros de edificios.

Desde el pasado 24 de octubre 2006 al 7 de enero 07, tuvimos ocasión de poder visitar una exposición en el Museo del Prado sobre Bodegones españoles con un título muy significativo, “Lo fingido verdadero“, tomado de una obra de Lope de Vega. El “Cesto con melocotones y ciruelas” de Pedro de Camprobín es un magnífico ejemplo del bodegón barroco español que recurre al trampantojo, al efecto de engaño visual, la fruta parece que se sale del cuadro, que quiere salirse del marco:

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La cortina fue otro de los primeros recursos utilizados, también las barandillas; las figuras que se asoman son algo habitual en la pintura del XVII. Otro tema del trampantojo es fingir las figuras dentro de un marco. Un ejemplo, aunque no se encuentra en Madrid, sino en la National Gallery de Londres, es el Autorretrato de Murillo (1670).

Velázquez, durante su segundo viaje a Italia (noviembre 1648 – junio 1651), con el fin de completar la decoración del Alcázar, contactó con los mejores especialistas italianos en pintura al fresco, y así fue cómo se fraguó el viaje a Madrid de Agostino Mitelli y Michele Angelo Colonna para trabajar al servicio de Felipe IV. Mitelli y Colonna realizaron varias obras para el Alcázar, lamentablemente perdidas. Tres frescos decoraron los techos de las habitaciones cercanas al “cuarto bajo” , la bóveda central del Salón de los Espejos y una Galería en los Jardines de la Reina. Estos artistas, los más prestigiosos en Italia, llegaron a Madrid en 1658 y se alojaron en la Casa del Tesoro. Ejercieron una gran influencia sobre los pintores del barroco madrileño, introduciendo las técnicas de las perspectivas fingidas para bóvedas y muros, que ellos dominaban, y que imitaban espacios arquitectónicos. Pintores de la escuela madrileña, como Ricci o Carreño de Miranda.

Palomino, cronista en el siglo XVIII, explica muy bien cómo funcionaba este juego ilusionista:

“En esta galería pintó Mitelli todas las paredes, enlazando algo la arquitectura verdadera con la fingida, con tal perspectiva, arte y gracia, que engañaba la vista, siendo necesario valerse del tacto para persuadirse que era pintado. De mano de Colonna fueron las figuras fingidas, y los festones de las hojas, y de frutas, y otras cosas movibles, y un muchacho negrillo que bajaba por una escalera, que éste se fingió natural, una pequeña ventana verdadera, que se introdujo en el cuerpo de la arquitectura fingida; y es de considerar que, dudando los que miraban esta perspectiva, que fuese fingida esta ventana (que no lo era), dudaban que fuese verdadera, causando esta equivocación la mucha propiedad de los demás objetos, que eran fingidos”.

Como en la plaza del Comandante de las Morenas, en el edificio que desde el número 1 se asoma a la Calle Mayor y en cuya medianería los verdaderos ventanucos se mezclan con las falsas ventanas

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Plaza del Comandante de las Morenas

El barroco madrileño nos ofrece varias muestras perfectas de esta técnica pictórica.

En el Monasterio de las Descalzas Reales hay maravillosos ejemplos: La escalera principal del palacio, del siglo XVI, es realmente espectacular. Los murales sin embargo son la mayoría del siglo XVII, obra de pintores de la Escuela Madrileña. Claustros y jardines con estatuas provocan la ilusión óptica de que la escalera se prolonga más allá de la realidad. Puro trampantojo. En la Sala Capitular también las paredes están completamente cubiertas de obras pictóricas. Pinturas murales y catorce lienzos clavados en la pared simulando frescos enmarcados por arquitectura fingidas. La culminación del trampantojo es la “Capilla del Milagro” , aunque se encuentra en la clausura y no forma parte de la visita.

Toda la capilla está decorada de forma ilusionista al trampantojo. Hasta la puerta de entrada pretende engañar, es de madera pero simula una reja de bronce dorado. Las dos estancias, la antecapilla y la capilla propiamente dicha están decoradas con maravillosas pinturas de arquitecturas fingidas y falsas esculturas.

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La Capilla del Milagro, Monasterio de las Descalzas Reales
(en BONET CORREA, “Iglesias madrileñas del siglo XVII“)

La Bóveda de la iglesia de San Antonio de los Alemanes “San Antonio de Padua en gloria” (1665-1668), de Juan Carreño, es otro magnífico ejemplo, una obra maestra. Juan Carreño de Miranda (1614-1685), fue Pintor del Rey en 1669 y Pintor de Cámara en 1671. Contemporáneo de Francisco Ricci, ambos trabajaron en las decoraciones al fresco y al temple de San Antonio de los Alemanes, y ambos trabajaron juntos también en otras obras perdidas, como las de la iglesia de Atocha, o en el Alcázar, donde lo hicieron a las órdenes de Mitelli y Colonna. Mateo Cerezo, J. Martín Cabezalero, F. Ignacio Ruiz de la Iglesia, Jiménez Donoso y Claudio Coello fueron otros pintores de la escuela madrileña, discípulos de Carreño.

La cúpula de la Iglesia del Sacramento (1690-1744, reconstruida en los años 40 del siglo XX), en la calle del mismo nombre, y actualmente Iglesia Arzobispal de la Fuerzas Armadas, está decorada también con fantásticos trampantojos.

En la Capilla de la Iglesia de la Venerable Orden Tercera (1679-1686), junto a San Francisco el Grande, el techo de la Sacristía, obra de Teodoro Ardemans, representa personajes asomados a una barandilla una vez más, y arriba el cielo y el “arrebato de San Francisco”. Durante la visita a esta iglesia la guía comenta que quizá Goya pudo inspirarse en esta obra para realizar sus frescos de San Antonio de la Florida.

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Sacristía de la Capilla de la VOT, obra de Teodoro Ardemans

Sobre la escalera del Hospital de dicha V.O.T., el techo también es obra de Ardemans, y en su capilla abundan los falsos mármoles y dorados.

El interior de la ermita de San Antonio de la Florida, edificio construido entre 1792 y 1798 según diseño de Felipe Fontana, presenta una impresionante decoración al fresco realizada por Francisco de Goya. En la cúpula, alrededor de una barandilla fingida y con un fondo de paisaje, una multitud de personajes del pueblo asisten al milagro de San Antonio, que resucita a un hombre asesinado para que testifique la inocencia de su padre, acusado del crimen.

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San Antonio de la Florida (en “Guía de San Antonio de la Florida”)

Pero no todos los trampantojos se encuentran en las iglesias o conventos. En los jardines de El Capricho, hay un pequeño embarcadero junto a la desembocadura de la ría, conocido como la Casa de Cañas, por estar revestido de dicho material; el edificio incluía un pequeño pabellón de reposo que servía como comedor ocasional. El autor es Ángel María Tadey, pintor, decorador, escenógrafo y tramoyista milanés, que entre 1792 y 1795 construyó una serie de edificios para disfrute de los visitantes.

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Casa de Cañas, Jardines de El Capricho

Tanto el interior del embarcadero como el salón están decorados con pinturas murales que simulan falsa arquitectura, con la técnica pictórica del trampantojo que sirve para que el espectador que está dentro de los edificios pueda contemplar un paisaje dibujado a través de huecos también pintados. En el embarcadero unos falsos cortinajes simulan el interior de una tienda de campaña, y en el comedor unas finas columnas sostienen un toldo. A través de los huecos pintados en los muros el espectador contempla un paisaje inexistente a la vez que contempla la realidad por las ventanas auténticas. Al igual que el edificio, los murales fueron restaurados entre 1999 y 2001.

Otro edificio es la Ermita o Casa del ermitaño. Tadey quiso darle un aspecto de ruina y envejecimiento para lo cual pintó el exterior resquebrajado utilizando la misma técnica, al reproducir en los muros exteriores e interiores falsas grietas, ventanas inexistentes y mobiliario fingido. Restaurada en 2001, eliminando la capa de enlucido que escondía los trampantojos, consiguiendo también en el interior una iglesia también en ruinas, con falsas esculturas, etc.

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Ermita, Jardines de El Capricho

Pero volvamos al siglo XVII, época en la que además del fresco ilusionista fue habitual la construcción de elementos de Arquitectura fingida. Se trataba de arquitecturas construidas a propósito para los festejos espectaculares, como las entradas de nuevas reinas, etc. Normalmente, la arquitectura para dichos festejos de la Corte del Barroco eran efímeras, construidas especialmente para la ocasión, por lo que raramente se utilizaba la piedra, sino la madera, pasta de papel o la tela, materiales con los que se construían fachadas, arcos, obeliscos, castillos, montañas, galerías, perspectivas fingidas… Al final de las celebraciones los materiales se subastaban y eran reutilizados, sobre todo la madera. En su construcción participan todos, arquitectos que diseñaban, pintores que decoraban, escultores, maestros de obras, carpinteros, sastres, “maestros de apariencias” en definitiva.

Un ejemplo: en 1680, se construyó la Galería o Calle de los Reinos, arquitectura fingida levantada para decorar el recorrido de la entrada en Madrid de María Luisa de Orleans, futura esposa de Carlos II, a la salida del Real Sitio del Buen Retiro, en el paso que comunicaba el palacio con el Prado de San Jerónimo. Su traza fue obra de Claudio Coello y José Jiménez Donoso.

Hoy día cada vez más ciudades en el mundo lo utilizan para decorar sus calles, y no únicamente las paredes, sino también el suelo. Es famoso Julian Beever que ha trabajado en varios lugares del mundo (Reino Unido, Francia, EEUU, etc.) y llegó a Madrid en julio del pasado año 2007 para mostrarnos su habilidad. Podríamos decir que se trata de un recurso artístico muy distinto a los graffiti, ya que únicamente busca decorar, alegrar, mejorar, de una forma constructiva, cosa que no siempre ocurre en el otro caso.

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Graffiti en la Calle del Doctor Esquerdo, 33

A sí mismos, los grafiteros se llaman “escritores”, incluso son valorados en ciertos círculos artísticos convencionales. El año 2006 hubo una exposición de grafitis en Leganés, el “Museo del Graffiti” al aire libre. Y aunque en teoría el graffiti también tiene una dimensión creativa, y de ellos podemos encontrar muestras en Madrid, la realidad es que en muchos casos tiene un componente de egocentrismo, y en la mayoría de ellos supone un problema para las ciudades. A veces no parece claro el límite entre el presunto arte de algunas acciones y la simple falta de civismo por parte de los autores de la mayoría de pintadas sobre monumentos, mobiliario urbano, etc. Madrid gasta cerca de seis millones de euros al año en la limpieza de los muros, estatuas, etc. Muchos de los mejores trampantojos madrileños están manchados por los graffitis, como el de la calle de la Montera

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Calle de la Montera nº 22

Aunque hay otros casos muy interesantes como el de “el Tono”, antiguo grafitero en París y actualmente “pintor de puertas” en Madrid. Uno de los muros de la Fundación Elorz, en la calle Conde Peñalver, que fue antigua cárcel en la que estuvo Miguel Hernández, hoy Residencia con un bonito jardín, muestra una de sus “obras”.

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Calle Juan Bravo, 50

Gran parte de los murales y trampantojos que decoran Madrid hoy día datan de los años 80 del pasado siglo XX. Como los de Puerta Cerrada, obra de Alberto Corazón, realizados en 1983. Uno de ellos, el “Gallo carnicero”, que nos observaba desde la medianería del nº 3 de la plaza, junto al enorme río de frutas y verduras que adornan el muro vecino, desapareció en 1995, al producirse una reforma en el edificio. Sí pervive el falso paisaje del edificio contiguo, así como también enfrente, la celosía de madera con falsas enredaderas junto al pedernal que nos recuerda que Madrid fue sobre agua edificada y que sus muros son de fuego, antigua leyenda.

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Puerta Cerrada

Alberto Pirongelli es el autor de varios de los trampantojos más conseguidos, como el que podemos contemplar subiendo por la cuesta de la Carrera de San Francisco, a espaldas de la iglesia de San Andrés. Resulta difícil diferenciar la falsa fachada de la verdadera.

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Carrera de San Francisco

Este pintor y extraordinario muralista es autor también del de la plaza de los Carros, de la calle San Bernardo y de la calle de la Montera.

Otros trampantojos, muy cerca, en la calle Segovia o en la Costanilla de San Andrés muestran un recurso bastante habitual, los falsos sillares dibujados en las paredes de los edificios.

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Calle Segovia

En la calle de la Cruz, allá donde en el siglo XVII estuviera el Corral de Comedias, bajo el cielo azul una calle imaginaria se abre ante nuestros ojos.

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Calle de la Cruz

A un paso de la Plaza Mayor nos saludan los personajes creados por Antonio Mingote que se asoman en animada tertulia a los balcones de la Calle de la Sal

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Calle de la Sal

En la Cava Baja el amable cocinero nos invita a entrar en la antigua Posada de la Villa

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Cava Baja

Incluso decorando lonas publicitarias o simplemente ocultando las obras en los edificios. Hay preciosos trampantojos por toda la ciudad, y no únicamente en el centro. En la calle Azcona, esquina con Francisco Silvela, algo deteriorado, un reloj de sol en Embajadores, etc.

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Calle Azcona

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Calle Escorial

El Madrid del siglo XXI continúa escribiendo páginas en su contribución a la historia del arte. Comprobar que las técnicas descubiertas en la más remota antigüedad y llevadas a la más pura perfección en el siglo XVII son utilizadas hoy día de esta forma resulta muy gratificante.

Los ejemplos son interminables: Una antigua corrala, a un paso de la Castellana, en la calle Fernández de la Hoz, luce un gran trampantojo dibujado por el artista José Luis Tirado en 1987, que representa a un gigante avanzando entre los edificios. Es propiedad del Ivima que al parecer tiene intención de vender el edificio, sin duda situado en un lugar muy cotizado, y realojar a los inquilinos.

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Calle Fernández de la Hoz, 63

O las clásicas pinturas del Palacio de Abrantes en la calle Mayor. O uno de los trampantojos más puros, desconocidos y acertados en su propósito de engañarnos, la falsa puerta en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se trata de un maravilloso tapiz que reproduce la antigua y desaparecida puerta de entrada al Palacio, obra de Churriguera, anterior a la restauración del edificio de la calle de Alcalá.

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Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Y por fin, en la calle Alfonso XI, bajando desde el Retiro por la calle Valenzuela vemos un trampantojo con el palacio de Correos -hoy palacio de Cibeles- al fondo, más emparentado con el arte moderno que ninguno de los visitados hasta el momento. Obra de Vaquero Turcios, simula altos edificios en blanco y negro, y es de los más fotografiados y a menudo utilizado en películas y spots publicitarios.

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Calle Alfonso XI

Ya únicamente resta animar a todos los posibles curiosos que hayan llegado hasta aquí, a pasear por Madrid, a “mirar” Madrid y continuar descubriendo los preciosos trampantojos y murales que adornan la villa. Y a cuidarlos, pues sin duda forman también parte de nuestro patrimonio artístico y cultural.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

BONET CORREA, A. Iglesias madrileñas del siglo XVII. CSIC 2ª ed. Madrid 1984.

FEINBLATT, Ebria “A ‘Boceto’ by Colonna-Mitelli in the Prado“. The Burlington Magazine. Jul. 1965

GARCÍA GARCÍA, Bernardo J.. “Arquitectura y efectos de la fiesta“. SEACEX Catálogo “Teatro y fiesta del Siglo de Oro en tierras europeas de los Austrias”. Mayo 2003.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J. “Acerca del trampantojo en España”. Cuadernos de arte e iconografía, Tomo 1, Nº. 1, 1988.

Bodegones Españoles”. Folleto exposición. Museo del Prado. Octubre 2006.
El Real Alcázar de Madrid.” Catálogo Exposición 1994.
Las Descalzas Reales. Guía de Visita“.
San Antonio de la Florida“. Guía.
Paneles informativos en el Jardín de El Capricho.
Diarios El País 21 abril 2006, El País 11 julio 2007, ABC 21 nov 2006, El Mundo 27 agosto 06, ADN, 8 enero 2007.

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NOTA: La primera versión de este artículo, realizada entre los meses de julio 2006 y enero 2007, fue revisada y publicada en la web de Amigos del Foro http://www.amigosdelforo.es en junio 2008.

El trabajo sobre el Arte Urbano publicado en este blog, surgió como una continuación de estos Trampantojos en Madrid.

Los murales, que a su vez pueden utilizar diversas técnicas, son otra forma de arte urbano. Ya tendremos ocasión de admirar algunos, como los famosos de Puerta Cerrada, o algunos más recientes, pero hay otro tipo de mural que vamos a visitar ahora.

En el paso subterráneo de Cibeles sobreviven cuatro murales construidos con hormigón en 1976. Su autor es José Luis Fernández. Este tipo de pasos proliferaron en Madrid durante los años 70 cuando el tráfico se hizo más intenso, el de Cibeles es de los pocos que se mantienen, pues casi todos se han clausurado por razones de seguridad e higiene.

mural-cibeles

En Octubre de 1987 se inauguró un mural bajo el puente de Raimundo Fernández Villaverde obra de Jesús Núñez, que sugiere rascacielos. Era el deseo del Ayuntamiento mejorar un lugar de por si poco atractivo y un tanto inhóspito. Tanto el mural como el estanque a sus pies se encuentra en bastante mal estado, tal vez puedan ser restaurados en un futuro. Una escultura y algún banco acompañan al mural en esa extraña isla que sobre todo sirve de paso al peatón que desea cruzar la calle.

mural-fco-fdez-villaverde

Otro mural con una historia singular es el que se encuentra en Usera, obra de Diego Moya, instalado en 1993, como indica su placa. Se titula “El árbol de la vida”, construido con diversos materiales, piedra, cemento, metales, ladrillo… más próximo a la escultura que a la pintura. Se ha producido la circunstancia paradójica de que el mismo Instituto de la Vivienda de Madrid que encargó su construcción al retirar su ayuda económica ha puesto en peligro su existencia.

mural-usera

Así como son muchas las esculturas de autores consagrados que se pueden ver por las calles o jardines de Madrid, no es tan fácil encontrar sus pinturas. Un ejemplo: el mural de cerámica, colocado en 1981 en el Palacio de Congresos de la Castellana, original de Miró.

Los murales no se encuentran solo en las calles o bajo los puentes, sino en otros lugares eminentemente urbanos, como son las estaciones de metro. Hay muchos ejemplos, desde Tirso de Molina, donde se encuentra el adorno más antiguo, hasta las estaciones más modernas.

En la estación de Tirso de Molina, en el vestíbulo de salida a la calle Conde de Romanones, se encuentra un escudo de Madrid cerámico, de reflejo metálico, realizado en 1919, procedente de la estación de Cuatro Caminos, en la que fue colocado cuando ese año fue inaugurado el metro por el rey Alfonso XIII. Quizá la mayoría de los viajeros pasamos junto a él sin percatarnos de su presencia y antigüedad.

mural-tirso

Cuando hace años se comenzó a instalar murales en las estaciones de metro, los primeros eran de cerámica. Uno de ellos fue instalado en Manuel Becerra, que actualmente ha perdido el protagonismo que debió tener alguna vez, cuando se decidió su creación. Las máquinas expendedoras de billetes se han colocado contra la pared del mural, tapando una gran parte. Otros murales cerámicos se pueden encontrar en diversas estaciones, como en la zona antigua de Nuevos Ministerios, Plaza Elíptica, etc.

Después, se utilizaron mosaicos de azulejos o teselas, como en la estación de Bilbao o la de Argüelles, realizado en 1995, que muestra una imagen del teleférico de gran colorido. También se utilizaron los metales, por ejemplo en Ventas (José Luis Fernández, 1987). Hay infinidad de murales distintos por toda la red. Unos de los más vistosos y aceptados, inaugurados en 1997, son los de las figuras de Mingote que adornan los andenes de la estación de Retiro.

mural-arguelles

En el vestíbulo de La Elipa, un mural realizado en cerámica recorre la Historia del Arte universal, a través de sesenta y dos grandes pintores, desde el primitivo arte egipcio hasta el siglo XX. Mediante imágenes salpicadas con citas literarias, la autora Esther García Ocampo realiza un homenaje a la mujer “como fuente de vida y renovación”. Varios murales proceden del taller de esta notable ceramista, como el de Ópera, que representa una partitura, o el mencionado de Retiro.

Realizado igualmente en cerámica, el mural de Campo de las Naciones, formado por mil trescientos cincuenta azulejos, es espléndido. Diseñado por Ralphe Sardá y Carlos Alonso, se titula “Rostros de las naciones, una sola bandera”.

En este siglo XXI algunos murales recurren a la fotografía, como en Nuevos Ministerios o en Planetario Arganzuela, con un resultado espectacular.

mural-planetario

por Mercedes Gómez

y continuará…

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