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Tras nuestro paseo por la calle del Espejo, preparando el nuevo recorrido, continuamos visitando lugares que guardan valiosos vestigios de la muralla que rodeaba Madrid en el siglo XII. Hoy nos detenemos en uno de los más interesantes, en el número 3 de la plaza de los Carros.

Los restos aquí conservados permiten apreciar el modo en que la cerca medieval madrileña fue utilizada en la construcción de viviendas e incluso habitada.

Tal como explica la investigadora Mercedes Agulló “… los habitantes madrileños de la muralla no sólo la habían utilizado como morada, sino que la habían adaptado a sus necesidades y caprichos abriendo puertas y ventanas, ocupando las torres y torreones, agregando a las casas que estaban arrimadas a ella parte de la propia muralla de Madrid o derribando y deshaciendo lo que les estorbaba.”

muralla carros arco

Como hemos repetido tantas veces, desde el siglo XV, y sobre todo en el siglo XVI, las manzanas se formaron alrededor de la muralla, utilizando lo que convenía, destruyendo o modificando lo que no. Así ocurrió con la entonces futura manzana 126 cuyas casas darían lugar a las calles de Don Pedro y de Los Mancebos. Pedro Texeira dibujó en su plano con mucho detalle las edificaciones que existían antes de 1656 y la antigua muralla identificada con el número 28.

texeira muralla carros

Entre 1656 y 1657 fueron demolidas varias casas, y con ellas la muralla cuya piedra fue reutilizada, para la construccción de la Capilla de San Isidro. En parte de los terrenos resultantes hoy se encuentra ubicada la plaza de los Carros.

El lienzo que hoy contemplamos debió quedar a la vista durante las obras de construcción del edificio de viviendas actual, pues del anterior no quedó más que la fachada. Sin duda en aquellos momentos en ese solar se debió poder contemplar la muralla de Madrid.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Foto: Ayuntamiento de Madrid

El solar corresponde a la casa nº 1 de la manzana que en el siglo XVIII era propiedad de la duquesa del Infantado, como lo fueron otros inmuebles en este barrio.

casa nº 1 manzana 126 copia

Tuvimos noticias del lienzo a finales de 2003, con la apertura del primer local abierto, entonces llamado el Tabernáculo.

plaza de los carros 3

Mide unos 6 metros de largo por 2,80 de alto.

muralla carros y ventana

El local está separado del edificio colindante –nº 4 de la plaza con vuelta a la calle Mancebos–, antigua casa-palacio levantada a finales del siglo XVII, por la tapia de granito y pedernal.

muralla carros

Cerrado el primer restaurante, algún tiempo después el inmueble fue ocupado por otro bar. Desde el pasado mes de diciembre y tras una reforma ahora podemos contemplar los restos en el restaurante Dona Camila.

Nos cuentan que su objetivo, además de ofrecer buena comida –habrá que probarla– y un ambiente agradable, es dar un contenido cultural al local. De momento exponen algunas pinturas, que van cambiando. Y tienen intención de colocar un cartel explicativo sobre la muralla y su historia. Así lo esperamos, es una idea excelente, lo cierto es que eso debería ocurrir en todos los lugares donde se conservan restos de tanta importancia histórica. Darlos a conocer es valorarlos.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Planimetría General de Madrid
AGULLÓ, Mercedes. “Ataques” contra la muralla de Madrid en el siglo XVII. Madrid, 1968.
VILLAR, C. “Las murallas ocultas”, El Mundo 7 oct. 2003, pág. 13

 

 

 

Es ya casi un clásico en este blog, pasear, volver una y otra vez, en busca del trazado y los restos de las murallas de Madrid. La primera muralla del siglo IX, la hipotética segunda muralla árabe del siglo X, y la cristiana del siglo XII. También la Cerca del Arrabal, la de Felipe II… los recios muros que han ido marcando la vida, el crecimiento y los límites de la ciudad desde su fundación hacia el año 865 hasta 1868 cuando fue derribada la última, la Cerca de Felipe IV.

Nuestro primer Paseo en busca de la muralla cristiana tuvo lugar casi en los comienzos del blog, allá por 2009. Tres años después pudimos actualizarlo. Poco antes, a modo de aperitivo, tuve la alegría de contaros el sorprendente y para mí emocionante hallazgo de los restos de un lienzo en su cara intramuros en la calle del Espejo nº 12, entonces sede de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y del Centro de Estudios Jovellanos.

Calle del Espejo

Calle del Espejo

Dos aulas de la escuela estaban ubicadas sobre los restos aparecidos en las obras de acondicionamiento, perfectamente restaurados y conservados. Un letrero en la cabecera de una de ellas recordaba a los alumnos y visitantes ocasionales, que estos restos arqueológicos pertenecen a un lienzo del segundo recinto amurallado de Madrid (siglo XII).

muralla espejo aula3

Con esta y otras novedades algún tiempo después realizamos nuestro nuevo Paseo en busca de la muralla cristiana.

espejo escuela

Han vuelto a transcurrir más de tres años desde entonces, casi cuatro. Ha llegado el momento de volver a recorrer el hermoso trazado. Como entonces, primero vamos a hacer una especie de prólogo, casualmente otra vez visitando el tramo visible en la calle del Espejo, 12.

Hace unos meses se podía ver el inmueble en obras, la Real Sociedad Económica Matritense había abandonado el local y se desconocía el nuevo uso que iba a tener y qué le depararía a nuestra valiosa muralla. Ha sido mi querido amigo El Sereno de Madrid quien me dio la buena noticia, que él descubrió en una de sus rondas y ha contado de forma espléndida en su blog, sobre la existencia de una nueva cafetería que guarda los restos de la muralla cristiana que se esconden en la calle del Espejo nº 12.

Como vimos, en este lugar, en el nº 12 de la calle del Espejo un singular edificio fue levantado adaptándose a la forma de una torre de la fortaleza defensiva, forma que conserva a pesar de las construcciones sucesivas, y que es perfectamente visible desde la calle de la Escalinata.

Calle de la Escalinata.

Calle de la Escalinata.

Ahora el local en su planta baja ha sido ocupado por la mencionada cafetería y pastelería Santa Eulalia en la que además de tomar cosas muy apetitosas podemos admirar los restos de muralla de una forma mucho más explícita de la que se mostraba en su época anterior.

La eliminación del revoco del muro antes tapado ha dejado el ladrillo visto y algunos otros elementos de la construcción original de la casa del siglo XIX levantada se supone sobre alguna edificación anterior arrimada a la muralla que aquí guarda la forma de la desaparecida torre en su cara interior –a sus espaldas en la calle de la Escalinata recordemos que se contempla su cara exterior, su cara extramuros–.

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Se aprecia muy bien cómo la construcción se levantó siguiendo la forma del torreón.

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Es muy interesante observar los cimientos, restos de la muralla y el inicio de la construcción posterior conservados bajo el cristal.

Foto : UnSereno

Foto : Un Sereno transitando la ciudad

Unidas las dos aulas de la anterior escuela en un único espacio, al fondo del local también se ha dejado la pared libre de revocos o enfoscados, quedando a la vista la antigua construcción de ladrillo y sus vigas de madera.

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La cafetería es preciosa, y la recuperación y exposición de los restos es magnífica. Únicamente se echa de menos alguna placa o cartel informativo, sería deseable y bonito que todo visitante curioso pudiera tener noticia del tesoro que se encuentra bajo sus pies, los restos de la muralla que rodeaba Madrid en el siglo XII y de una de sus torres.

Por : Mercedes Gómez

Uno de los hechos que siempre se ponen de manifiesto a la hora de hablar de los orígenes de Madrid es la ausencia de restos humanos localizados en los numerosos yacimientos arqueológicos excavados a lo largo del tiempo que acompañen los hallazgos materiales. Por eso la noticia publicada en 1999 en el diario El País, hace casi diecisiete años, tiene una gran importancia. Según el periódico, que no desvelaba el lugar exacto del hallazgo, los arqueólogos de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid habían descubierto tres esqueletos de la Edad del Bronce, de hace unos 4.000 años, en las inmediaciones del Rastro, en pleno centro de Madrid.

La noticia, además, era trascendental por otro motivo: explicaba que sobre los restos prehistóricos había una capa de estratos de edificaciones que abarcaban desde el siglo IX al XIX, lo cual indicaba que posteriormente, desde la época islámica, esos terrenos habían estado habitados.

Continuaban diciendo que la prospección, entre junio y julio de ese año, fue realizada en el más absoluto sigilo. Desde luego, una de las cosas que más llama la atención en esas noticias que se sucedieron durante varios días, es que no se indicaba el lugar del hallazgo.

Hacia 1970 había sido derribada la última edificación en el misterioso solar, un palacio del siglo XIX al parecer. Debajo estaba la historia de Madrid.

El mismo diario publicó pocos días después que el Museo Arqueológico Regional proyectaba exponer los esqueletos. En cualquier caso, decían, las decisiones se tomarían una vez realizado el informe de los arqueólogos autores del hallazgo, logrado durante la cata obligatoria previa a unas obras de edificación de viviendas.

Ante la importancia de la noticia y la búsqueda infructuosa de datos nuevos para un trabajo sobre este tema en el que estoy embarcada y espero vea la luz pronto, solicité información al Museo Arqueológico Regional.

La respuesta fue que sí, dichos restos se encuentran depositados en el museo, junto con la documentación de dicha intervención. Aunque, a pesar del gran lapso de tiempo pasado, se encuentran todavía en proceso de estudio y pendientes de publicación por parte de los arqueólogos directores de dicha intervención, por lo que no es posible su consulta tal como yo solicitaba.

Lo que sí me comunicaron amablemente es que se trataba de la calle de los Mancebos nº 3.

Conocemos muy bien el solar, efectivamente allí se encuentra uno de los lienzos conservados de la muralla medieval visible en su cara intramuros –a unos minutos del Rastro en realidad–. Pertenece al primer tramo de la muralla que rodeaba el llamado segundo recinto, que iba desde la Cuesta de la Vega hasta Puerta de Moros, del cual se conservan bastantes vestigios en las manzanas de casas que crecieron a partir de los siglos XV-XVI adosadas a la tapia, configurando las actuales calles de Don Pedro y de los Mancebos.

En el libro Las murallas de Madrid, publicado por la Comunidad en 1998, anteriormente a las noticias que comentamos, aparece la foto del solar.

Calle de los Mancebos nº 3 (1998) (Foto: Pilar Mena)

Calle de los Mancebos nº 3 (1998) (Foto: Pilar Mena)

En la nueva edición de 2003 comprobamos que ya se había construido el nuevo edificio, dejando una franja en la zona próxima a la muralla. Fue la condición para poder construir, dejar unos tres metros libres para una posible futura excavación.

Calle de los Mancebos nº 3 (2016)

Calle de los Mancebos nº 3 (2016)

El edificio resultante es por tanto estrecho, con un pequeño jardín que lo separa del edificio que da a la calle Don Pedro. Tras una verja podemos contemplar los restos de la muralla.

mancebos3 jardin estrecho copia

La muralla visible había aparecido en una primera intervención arqueológica. En la segunda, la que comentamos de 1999, aparecieron nuevos restos de muralla y una serie de silos colmatados por un apreciable conjunto de cerámica de cronología islámica y cristiana, además de, añaden en dicho libro de forma muy discreta, sin más comentarios, una inhumación prehistórica.

La inhumación prehistórica deben ser los tres esqueletos de la edad del bronce, restos de personas que habitaron la ladera del llamado cerro de las Vistillas o de San Andrés hace unos cuatro mil años.

Recordemos que un poco más abajo, a medio camino de la subida al cerro, previamente a la construcción de otro edificio, en la calle de Angosta de los Mancebos nº 3, en 1984 ya se habían encontrado restos, aunque no humanos, de la existencia de un poblado, que ya vimos aquí.

Calle Angosta de los Mancebos, 3

Calle Angosta de los Mancebos, 3

Se hallaron cerámicas, un molino y restos de huesos de animales. Se cree que debió pertenecer a un pequeño núcleo que vivía de la ganadería menor (ovejas, cabras y cerdos) y del pequeño cultivo, en un entorno de bosque y monte bajo, parecido a los actuales Monte del Pardo o a la Casa de Campo. Las cabañas solían estar construidas con ramas revestidas de barro. En el interior, o en los alrededores, excavaban hoyos donde guardaban los cereales, base de su alimentación junto a la caza y la ganadería.

Los recipientes hallados conservados en el Museo de San Isidro en la plaza de San Andrés, muy cerca de su lugar de origen, revelan la existencia de vida en un Madrid muy remoto, en el que unos hombres y mujeres prehistóricos construían sus cabañas con los elementos que tenían a mano, ramas y barro, y fabricaban objetos de cerámica utilizando la arcilla para guardar sus alimentos y cocinarlos.

Museo de San Isidro

Museo de San Isidro

Quizá algunos de estos madrileños que vivieron hacia el año 1330 a. de C. fueron los que aparecieron enterrados en el solar un poco más arriba, en la calle de los Mancebos.

De lo que no cabe duda es de que esta colina, separada por las aguas del arroyo de San Pedro -de las que seguramente se surtían sus habitantes- de la otra colina hoy llamada de Palacio en la que siglos después se fundaría Mayrit, origen de Madrid, fue habitada desde tiempos muy antiguos.

Cerro de las Vistillas. A la derecha, inicio de la calle Angosta de los Mancebos, subida a San Andrés

Cerro de las Vistillas. A la derecha, inicio de la calle Angosta de los Mancebos, subida a San Andrés.

Volviendo a la calle Mancebos nº 3, debemos comentar que en el momento del hallazgo los conflictos parece que fueron los habituales en Madrid en estos casos. ¿Conservamos en su lugar o lo mostramos en un museo, lo tapamos, evitamos la construcción de la casa para salvar el hallazgo…? También como casi siempre, con mucho sigilo, se tapó y se construyó. Hace casi diecisiete años.

Ojalá se reanuden las interesantes publicaciones de Arqueología madrileña tanto municipales como de la Comunidad, y que entre ellas se encuentre la relativa a estos hallazgos tan importantes para el conocimiento de nuestra historia.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Priego, Carmen. “El yacimiento de Angosta de los Mancebos, nueva contribución al conocimiento de la Edad de Bronce madrileña”, en Estudios de Prehistoria y Arqueología madrileñas, nº 9, Instituto Arqueológico municipal, Museo de San Isidro, Madrid 1994.

VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Comunidad de Madrid. Madrid, 1998.

Diario El País 7, 8 y 11 agosto 1999.

VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Ed Doce Calles, Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.

 

Como contó Jaime Oliver Asín, Val o valle es término habitual utilizado para denominar pueblos, barrios o calles. En Madrid, Valverde, Vallehermoso, Valdezarza, topónimos como Valnegral (hoy Abroñigal), Valnadú…

Valnadú era el nombre -quizá de origen musulmán- de una de las puertas de la muralla cristiana, la más próxima al Real Alcázar. Y el valle de Valnadú debía ser el de la calle del Arenal que en la Edad Media estaba surcada por un arroyo rodeado por terrenos elevados, el arroyo del Arenal de San Ginés.

arenal placa2

“El profundo arenal que dio caminos
al agua, y dio llanura que no había,
tragando en sí los cerros convecinos.”

Estos versos de Nicolás Fernández de Moratín, padre de Leandro, hacen referencia al relleno del cauce del arroyo que tuvo lugar después de la llegada de la Corte a Madrid en 1561.

Antes de las reformas de Felipe II la topografía de la zona era muy accidentada. Arenal, Santa Catalina, Valnadú, Arrieta…. todo eran barrancos. Y la zona estaba surcada por numerosos arroyuelos. El más importante era el mencionado Arroyo del Arenal.

Felipe II terraplenó los barrancos de Valnadú, ordenó derribos y creó muros de contención dando lugar a la plazuela de los Caños del Peral, hoy plaza de Isabel II.

plaza opera

Recordemos que los límites del llamado segundo recinto o Madrid cristiano estaban marcados por el antiguo Alcázar -ubicado en el mismo lugar donde hoy admiramos el Palacio Real-, y las cuatro puertas: la Puerta de Moros, Puerta Cerrada, la de Guadalajara y la Puerta de Valnadú.

La de Valnadú es quizá la más desconocida de todas ellas en cuanto a ubicación y características. Incluso su grafía presenta dudas, en algunos lugares se encuentra escrita con “B”. Respecto a esto, además del aspecto etimológico explicado por Oliver Asín –val, de valle-, lo correcto es con “V”. En las Actas de Acuerdos del Concejo siempre aparece escrito Valnadú.

Antes de continuar debemos decir que se cree que existieron dos puertas de Valnadú. La primera, más al sur, de ser cierta la teoría según la cual en origen la muralla procedente de la Puerta de Guadalajara en la calle Mayor giraba hacia el oeste por la calle del Espejo; en algún momento, debido a la expansión de la villa, fue desplazada hacia el norte, hacia el barranco del arenal de San Ginés.

Como ya vimos aquí al hablar de las murallas y los Altos de Rebeque, recordemos que algunos autores creen que la muralla cristiana en un primer momento discurría en pronunciada curva por la calle del Espejo (que se aprecia en los planos antiguos) y continuaba por la calle de Requena hasta unirse al primer recinto. Según esta teoría la cerca fue reconstruida posteriormente un poco más al norte (algunos de cuyos tramos subsisten como sabemos), llegando hasta la plaza de Isabel II y cerrando por la plaza de Oriente. Así la segunda Puerta se situó en las cercanías de la actual plaza.

plaza opera puerta

Una placa la recuerda en la esquina de la calle de la Unión con la de Vergara.

valnadu placa

Escribió Jerónimo de la Quintana en su obra A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid, publicada en 1629, que la muralla acababa en la Puerta de Valnadú, junto a la Casa del Tesoro, cerca de Palacio. Y afirmaba que las cuatro puertas eran de pasadizo acodado, entrábase con revuelta y por ambages o caminos laberínticos.

Según el Profesor Montero Vallejo este lugar correspondería aproximadamente a la parte meridional del actual Teatro Real.

Calle Carlos III, al fondo la Plaza de Oriente y el Palacio Real

Calle Carlos III, al fondo la Plaza de Oriente.

Aquí, en la parte sur de la actual plaza de Isabel II y parte del inicio de la calle de Carlos III también situó la Puerta Elías Tormo.

La Puerta de Valnadú fue la menos comunicada con el exterior de la Villa debido precisamente a lo abrupto del lugar. Es difícil saber cómo eran estos terrenos, sobre todo extramuros. Las Actas municipales nos dan noticias que pueden ayudarnos a imaginar.

Al menos desde el siglo XV fueron numerosas las obras en torno a la Puerta, detalladas en las reuniones del Concejo; también nos cuentan que allí se situó una Carnicería, y además de los arroyos había fuentes, pilones, puentecillos y una pequeña presa, la presa de Valnadú que al parecer entorpecía la llegada del agua a las fuentes de arriba.

En la Edad Media era habitual la actividad comercial en torno a las Puertas del recinto amurallado. El Concejo arrendaba las carnicerías de la villa y sus arrabales, y regía todo, incluidos los precios de venta. La Carnicería de Valnadú tenía dos tablas o puestos, uno de vaca y otro de carnero.

A pocos metros de la muralla se encontraba la Fuente de Valnadú, o de los Caños del Peral, antes de las Hontanillas.

Como ya vimos durante nuestro paseo por la Cerca del Arrabal del siglo XV, una alusión importante a las puertas y a cual era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa. En esa época también hay noticias de que en Valnadú existía un muladar o basurero, como en otras puertas, siempre en las afueras de la Villa.

Por eso los alrededores no debían estar muy limpios; el 21 de marzo de 1494 se mandó limpiar la Puerta y el muladar y que Bartolomé Sánchez, empedrador, empedrara la calle desde Valnadú hasta la pontecilla. Además, el muladar estaba provocando el deterioro de un trozo de muro que amenazaba con caerse.

Para complicar aún más las cosas, había nueve tenerías, lugar donde se curtían las pieles que generaban aguas sucias entre otras molestias probablemente. Recordemos que la calle de la Escalinata antes se denominó de los Tintes o de los Tintoreros.

En 1522 se mandó empedrar la calle del Arenal.

El 7 febrero 1567 “el señor Corregidor dijo que su Majestad es servido que se derribe la Puerta de Valnadú y se haga una puerta llana en ella”, o sea sin recovecos.

El 1 de agosto del mismo año en el Concejo se propuso, por orden de Su Majestad, que se derribase la Puerta y Torre de Valnadú y se hiciesen dos paredones, y que también se derribase la Torre de Alzapierna –una torre albarrana o separada del muro– y se allanase la plaza frente a la Puerta.

placa puerta valnadu

Por estas fechas debió cambiar mucho el paisaje, también se allanó el camino que baja a la Priora con el fin de crear una plaza. La fuente de la Priora debía estar próxima a lo que hoy es la Plaza de Oriente.

Hoy día todo es muy diferente pero, si nos fijamos bien, aún quedan rastros de lo que pudo ser. Caminando por la calle de la Escalinata, viendo los vestigios de la muralla podemos imaginar la Puerta medieval con sus torres.

Escalinata 13.

Escalinata 13.

Paseando por los alrededores de la plaza observamos la forma de sus calles, el camino que seguía la muralla, las pendientes, caminos que subían a Santo Domingo, antiguos cursos de agua… y por un momento parece que imaginamos cómo pudo ser Valnadú hace siglos.

muralla hacia oriente

Recorrer el Madrid medieval es una de las mejores maneras de conocerlo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía

Gómez Iglesias, Agustín. “Introducción” en Libros de Acuerdos, Tomo II. Ayuntamiento de Madrid, 1970.
Fdez. de Moratín, Nicolás. “Elegía” en Semanario pintoresco español. 1842, tomo IV, pág. 284-287.
Oliver Asín, Jaime. Historia del nombre “Madrid”. AECI Madrid 1991.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid Medieval. Ed. La Librería, 2003.

 

Hoy os animo a viajar a Ávila, una de las muchas maravillosas ciudades españolas que nos ofrece un recorrido por la historia del arte, comenzando por su imponente muralla, un auténtico tesoro.

Como sabemos, a mediados del siglo XIX o poco después, las murallas de algunas ciudades  –entre ellas la de Madrid– fueron demolidas con el fin de facilitar su expansión, esa fue la recomendación de Pascual Madoz, político que entre otras cosas fue Ministro de Hacienda en 1855, y famoso por su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España. Felizmente, el Ayuntamiento de Ávila no siguió el consejo, la conservó y en 1884 fue declarada Monumento Nacional.

muralla de avila

Conservada a lo largo de los siglos, seguirá siéndolo, ahora con más medios a nuestro alcance.

Ayer tuve el placer de asistir a la presentación realizada por Telefónica de una herramienta muy interesante, Smart Patrimonio, Patrimonio inteligente, una innovadora aplicación, solución tecnológica ofrecida por esta empresa para la conservación preventiva de los Bienes de Patrimonio Cultural.

episcopio

Junto con la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, y el Ayuntamiento de Ávila, Telefónica está trabajando en un modelo de gestión del Patrimonio Cultural basado más en la prevención que en la corrección de los problemas, utilizando la buena filosofía, que ayer contaban con entusiasmo, del “más vale prevenir que curar”.

presentacion telefonica

Aunque a quienes no conocíamos esta actuación hasta ahora nos pueda parecer ciencia ficción, no lo es, es una realidad. Una red de sensores inalámbricos registran vía internet todos los parámetros de interés, y los transmiten a un servidor central, todos ellos decisivos en la conservación de nuestro Patrimonio: la temperatura, la luz, la humedad, etc. Los conservadores y especialistas los analizan y utilizan para posibles actuaciones, anticipándose a un deterioro grave.

MHS

Es el Sistema MHS (Monitoring Heritage System), monitorización de los elementos patrimoniales. Podéis encontrar buenas explicaciones en su web.

La presentación, a cargo de representantes de estas instituciones, Diana Caminero Gerente M2M Dirección Telefónica Digital España, Juan Carlos Prieto, director general de la Fundación Santa María la Real, José Luis Rivas, alcalde del Ayuntamiento de Ávila y Rosa Ruiz, arqueóloga municipal y responsable de la Unidad de Patrimonio de Ávila, tuvo lugar en un edificio perfecto para la ocasión, al que no puedo dejar de dedicar un breve espacio en esta crónica, el Episcopio, antiguo Palacio Episcopal.

episcopio avila

Es una construcción del siglo XII, actualmente de uso cultural, adosada intramuros a la muralla. Utiliza granito caleño, muy habitual en Ávila, de la cercana población de La Colilla, llamado sangrante por sus matices rojizos, en el acceso en arco de medio punto, y en las ventanas abocinadas de la fachada principal.

Tiene dos alturas, la superior hoy dedicada a Salón de actos, en la que tiene lugar la presentación a la que asistimos, con techumbre de madera, y otra inferior abovedada, dedicada a Sala de exposiciones.

boveda episcopio

Desde el Episcopio salimos a conocer la muralla. Junto a la Puerta de San Vicente, la arqueóloga municipal Rosa Ruiz nos habló del monumento y nos explicó el proceso mientras asistimos a una muestra, una simulación, de cómo se instalaron los sensores. La muralla, que goza de la máxima protección, nos recuerda que no puede ser escalada, excepto en este tipo de casos, aplicación de medidas preventivas, o de restauración, no se conceden permisos para otro tipo de acciones.

muralla sensores

La Muralla de Ávila, construida en el siglo XII, es uno de los monumentos más importantes y bellos de nuestro país, declarada Patrimonio de la Humanidad. En ella se han instalado 60 sensores que miden el efecto de varios parámetros, la luz, el viento, la lluvia…

Los datos que emiten los sensores son analizados de forma continua y en tiempo real, con lo que cualquier elemento que pueda poner en peligro el bien protegido es detectado y permite poner en marcha la prevención del mal.

Nos cuenta la conservadora que el gran problema de la muralla es la humedad. Se detecta, aunque a él no se puede acceder, que el núcleo está empapado. Se han monitorizado tramos en los que hay humedad, y otros considerados “sanos”. Los datos muestran humedad en todos los puntos. Aunque este no es un problema nuevo, sino histórico, proporciona información a los técnicos para posibilitar la prevención.

en la muralla

Ahora el estado de la Muralla de Ávila es bueno, tras una cuidadosa restauración, pero el mortero de la construcción se degrada con la humedad y hay que adelantarse a los problemas.

Esta tecnología se puede aplicar a grandes monumentos, como en este caso las Murallas, o el Real Monasterio de Santa Clara, en Tordesillas, donde también ha sido aplicada; en esculturas, pinturas, incluso en delicados documentos antiguos. Ayer descubrimos un mundo nuevo que abre posibilidades infinitas para el cuidado de nuestro patrimonio artístico.

Por : Mercedes Gómez

 

En el Museo de San Isidro se acaba de inaugurar una exposición dedicada a Las Murallas de Madrid. Es una noticia excelente, un regalo de Navidad, que se recuperen las exposiciones temporales en el Museo y el tema elegido, nuestras antiguas murallas, tan olvidadas.

La muestra es sencilla y muy clara. Da gusto ver cómo el público va y viene por la pequeña sala, observa, comenta y se muestra interesado.

puerta y torre

Mediante imágenes animadas por ordenador un magnífico video va mostrando los recorridos de las murallas, sus características y los restos conservados en la actualidad. Asistimos a la recreación de lo que fue el primer recinto rodeado por la muralla árabe del siglo IX, la posterior muralla cristiana del siglo XII y la cerca de Felipe IV del siglo XVII. Sus características, puertas de acceso, torres y materiales de construcción. El video no es exhaustivo, pero sí muy didáctico.

muralla cristiana

Se reconstruyen con detalle algunas Puertas de los tres recintos. La de la Vega, del recinto musulmán; la de Guadalajara, del cristiano.

Puerta Guadalajara

Puerta de Guadalajara en la calle Mayor

Y la Puerta de Fuencarral, de la cerca del siglo XVII. Son muy interesantes las simulaciones que muestran cómo pudieron ser estas antiguas puertas situadas en el Madrid actual.

puerta fuencarral

Puerta de Fuencarral en la calle San Bernardo

No hay referencias a la posible segunda muralla árabe del siglo X, que sí aparece representada, como las demás murallas y cercas, en la maravillosa maqueta colocada bajo la pantalla, en la cual un más que discreto texto inscrito sobre el cristal que la cubre recuerda que “después de casi cien años de investigaciones se mantiene el debate científico sobre algunos puntos controvertidos”:

El trazado exacto de los dos primeros recintos amurallados, la posibilidad de que el Alcázar Trastámara del siglo XIV se levantase sobre una fortaleza árabe, la posible ampliación de la muralla islámica sustentada en algunos hallazgos arqueológicos y la situación exacta de la Torre de Narigües.

maqueta murallas

Una vitrina muestra objetos de la vida cotidiana de cada época hallados gracias a las excavaciones arqueológicas. Junto a ellos, de forma sencilla, breves textos resumen la historia de Madrid, desde su fundación durante el emirato de Córdoba a mediados del siglo IX hasta 1868 cuando fue derribada la última cerca, que había sido levantada por Felipe IV en 1625.

vitrina

Se expone un dibujo de los Límites y puertas de la Villa, otro de la Puerta de Fuencarral de Juan Gómez de Mora, ambos procedentes del Archivo de Villa… Y uno de nuestros tesoros arqueológicos, hallado precisamente durante las obras de reconstrucción de este edificio que alberga el museo, la Casa de San Isidro. Es el Modelo de Puerta islámica, del siglo X-XI, maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota o barro cocido.

puerta2

Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. A pesar de haberse hallado en este solar, y ser una de las piezas arqueológicas más importantes recuerdo del Madrid musulmán, se encuentra en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares, que la ha prestado para la ocasión.

La exposición es estupenda, merece una visita.

Por : Mercedes Gómez

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Las Murallas de Madrid
Museo de San Isidro
Plaza de San Andrés, 2

 

Queridos amigos:

De vez en cuando tenemos buenas noticias. El próximo día 24 de septiembre en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura se va a celebrar una Jornada sobre la Investigación, protección y conservación de Conjuntos amurallados de la Comunidad de Madrid.

jornada

La Jornada no puede ser más prometedora, con la participación de los especialistas (historiadores, arquitectos y arqueólogos) que mejor conocen nuestras murallas pues han trabajado o están trabajando en su estudio, restauración y conservación.

Además de los planes de gestión a cargo de la Comunidad de Madrid y su Dirección General de Patrimonio Histórico los participantes expondrán casos concretos:

Los recintos amurallados de nuestra querida Villa de Madrid y la intervenciones arqueológicas que han tenido lugar.

Buitrago de Lozoya, Talamanca de Jarama, Alcalá de Henares…

¿A que suena bien?

Podéis leer el interesantísimo Programa y todos los detalles en la web de la ETSAM, así como descargar la hoja de inscripción que se debe enviar antes del 22 de septiembre.

La asistencia es gratuita.

Mercedes

Tras la visita al Palacio de Nuevo Baztán, dentro del programa Abierto por Obras, hace unos días hemos tenido ocasión de entrar en el Castillo de los Mendoza en Buitrago.

La villa amurallada y el castillo se conservan gracias a las numerosas obras de restauración que ha tenido, calificados como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico desde 1993. En esta nueva fase acometida por la Comunidad de Madrid, con la colaboración de la Administración General del Estado y del Ayuntamiento de Buitrago, se ha procedido a la consolidación de distintos elementos.

Buitrago está situado en un pequeño promontorio rodeado por el río Lozoya, emplazamiento que seguro resultó decisivo para el nacimiento de su población y que conforma un paraje bello y singular.

rio Lozoya

El pueblo, y la muralla que lo rodea, están construidos sobre la roca granítica característica de la zona, la piedra gneis o neis, material esencial en la arquitectura de Buitrago y su fortificación. Se trata de una de las rocas geológicamente más antiguas de la Comunidad de Madrid, casi 500 millones de años. Su composición es similar a la del granito pero alterna dos tipos de minerales, de color claro y otro más oscuro que le dan su aspecto singular.

piedra neis

Estas rocas serranas sobre las que está construido el pueblo dan forma a las orillas del río y se adivina su presencia en el cauce sobre el que reposan las aguas del Lozoya, el agua de Madrid.

rio y rocas

Se habla de su origen romano y de la presencia árabe pero no hay certeza sobre quienes fueron sus primeros pobladores debido a la falta de pruebas arqueológicas.

De todas formas, aunque no hay constancia arqueológica de una población árabe, la muralla original debió ser construida por los musulmanes. Durante su rehabilitación en los años 90 del pasado siglo XX en la base de dos torres se encontraron materiales de época islámica, anteriores a 1085; el tapial hispano-árabe se conserva en el núcleo rodeado por la construcción posterior de mampostería. También apoya esta teoría el hecho de que el pueblo se encuentra situado en lo que fueran terrenos de la Marca Media andalusí en los siglos IX al XI, en la línea de las atalayas defensivas y de vigilancia.

Posteriormente, tras la conquista cristiana, se construyó gran parte de la fortificación que continúa en pie. La muralla fue construida entre los siglos XI y XIV.

La población fue adquiriendo relevancia y a partir del siglo XV se levantaron sus cuatro iglesias, de las que solo se conserva una, la parroquia de Santa María, y el Hospital de San Salvador, fundado por el marqués de Santillana, don Íñigo López de Mendoza, frente al Castillo. Del hospital se conserva una hermosa portada, antiguo acceso a la iglesia, y su Retablo de los Gozos de Santa María, encargado por el marqués al pintor flamenco Jorge Inglés que se puede admirar en el Museo del Prado.

Buitrago adquirió el título de Villa, y como Comunidad de Villa y Tierra de Buitrago fue cabeza jurisdiccional y administrativa de más de treinta concejos.

Junto al río, al este, adaptándose a su forma se conserva el muro levantado en el siglo XII con su adarve almenado, no demasiado alto ni grueso, no debía ser necesario más, el escarpado terreno era una gran defensa natural.

adarve

Al sur se hallan los elementos defensivos más rotundos, una gruesa y elevada muralla con doce torres. En el centro, la Puerta del Reloj, que era el único acceso entonces, presenta doble arco de medio punto en su pórtico intramuros. Al añadirse la torre pentagonal, de construcción más tardía (siglo XII-IV), la Puerta se convirtió en acodada.

puerta codo

A su derecha, contemplándolas intramuros, las más antiguas, las cinco primeras, del siglo XI; dos de ellas, a las que nos referíamos más arriba, revelaron materiales constructivos islámicos.

muralla sur

A la izquierda, las más modernas, de finales siglo XI-principios del XII; solo se conservan dos, el resto están muy reformadas y alguna reconstruida.

La guía nos explica, como ocurrió en la visita a Nuevo Baztán, que siempre se debe dejar clara la diferencia entre los elementos originales y los reconstruidos. En el caso de la torre ubicada en el extremo sureste, junto al arco de entrada a la calle de la Coracha, una franja de metal marca la línea entre ambos.

torre reconstruida

En esta esquina sureste se conserva uno de los elementos más interesantes de la fortaleza, la coracha, una prolongación de la muralla creada para la obtención de agua y también como protección del puente que existía a esa altura, al parecer de origen romano, actualmente bajo el agua embalsada.

coracha

La Coracha

Desde la calle de la Coracha volvemos a entrar en el recinto amurallado y llegamos al Castillo levantado por los Mendoza para convertirlo en su residencia en los siglos XIV-XV en estilo mudéjar, se supone que sobre una antigua fortaleza árabe.

ventanita2

Su planta cuadrada, de 45 metros de lado, está rodeada de torres, de las que subsisten siete de forma rectangular, excepto una pentagonal.

castillo entrada

Exterior del Castillo de los Mendoza

Después de admirar su exterior traspasamos el bello arco ojival de entrada y nos hallamos bajo una bóveda impresionante, desde donde accedemos a la antigua Plaza de Armas.

boveda entrada castillo

A su alrededor, convertida en patio del castillo-palacio, los Mendoza construyeron sus estancias. En un primer nivel situaron las habitaciones de servicio, cocinas… y en el segundo los salones y zonas nobles. Desaparecieron cuando en el siglo XX fue transformada en plaza de toros. Mediante pruebas de termoluminiscencia, nos explica la guía, se intenta datar los diferentes elementos del castillo construidos a lo largo de varios siglos. Se han hallado restos, por ejemplo chimeneas que se aprecian muy bien insertadas en el muro, de las desaparecidas estancias del siglo XV.

castillo int

Interior del Castillo de los Mendoza

La desaparición de las gradas de la plaza de toros, a raíz de las actuales obras, ha sacado a la luz material del antiguo alcázar utilizado para su construcción.

plaza toros

Se proyectó abrir una puerta de emergencia en el extremo sureste, pero durante las obras apareció un pozo de nieve que está en vías de restauración dada su importancia, con el propósito de mostrarlo al público en un futuro. Este tipo de pozos se excavaban y se cubrían de piedra para almacenar la nieve que, prensada, se convertía en hielo con el fin de conservar los alimentos. Este pozo fue excavado en la propia roca en el siglo XVII.

pozo de nieve

Pozo de nieve

Los trabajos continúan y hasta finales de septiembre podemos conocer el castillo, “abierto por obras”. La visita guiada, como sucedió en Nuevo Baztán, es muy interesante, las explicaciones de las guías son claras y amenas, nos sitúan históricamente y describen los procesos de restauración. Merece la pena.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía :

Mª Paloma López y Mª Jesús Rubio. “Las murallas de Buitrago de Lozoya”. Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña. Ed. Polifemo, Madrid, 1992.

Documadrid. Tierras de Buitrago. Biblioteca madrileña de bolsillo, Comunidad de Madrid, 1999.

 

 

Hay calles en que su forma esconde toda su historia, son las calles que nacieron a partir de los accidentes del terreno, antiguos caminos, o arrimadas a las murallas. La Cava Baja -su nombre ya nos cuenta su origen medieval-, antigua cava o foso de la muralla cristiana, es una de ellas.

Cava Baja

Cava Baja

Aunque su historia es más antigua. Como sabemos gracias a la arqueología (hallazgos de silos, restos de un muro de época islámica, materiales domésticos…), los terrenos entre Puerta de Moros y Puerta Cerrada se fueron poblando, conformando el llamado arrabal de la Cava Baja, uno de los arrabales musulmanes que existieron entre los siglos IX al XI, donde luego los cristianos levantaron uno de los tramos de su muralla.

Una vez más el libro La Forma de la Villa nos ofrece información valiosa. Uno de los importantes sondeos realizados en los años 80 del pasado siglo, el del misterioso solar, tantos años cerrado, ubicado en el nº 22, además de constatar la presencia de un lienzo de muralla de cuatro metros y un cubo semicircular, “la estratigrafía del terreno deparó el hallazgo de una serie de estructuras constructivas interpretadas por los directores de la excavación (Luis Caballero y Araceli Turina) como un probable arrabal de época islámica”.

cava baja 22 2

Cava Baja 22, a la izquierda

Las excavaciones en otros inmuebles, números 30 y 32, también ofrecieron información sobre el pasado árabe de la zona.

En los inicios del siglo XVI, construyendo en estos solares arrimados a la antigua tapia, se creó la manzana 150. Originalmente comenzaba a numerarse en Puerta Cerrada, seguía por la Cava Baja de San Francisco, hoy Cava Baja, volvía por la calle del Almendro, y por la calle del Nuncio llegaba nuevamente a Puerta Cerrada.

En los comienzos del siglo XVII Antonio Mancelli dibujó la manzana con el lienzo completo de la muralla y sus torres. Es un dibujo precioso, se observa todo el tramo que aún entonces debía estar a la vista.

Plano de Antonio Mancelli (detalle), 1625.

Plano de Antonio Mancelli (detalle), 1623.

Unos años después Pedro Texeira también la dibujó, detallando extraordinariamente alguno de los lienzos, el resto quizá ya ocultos por los inmuebles que los habían utilizado como muro.

Plano de Pedro Texeira (detalle), 1656.

Plano de Pedro Texeira (detalle), 1656.

Por entonces en la Cava Baja se ubicaban varias dependencias del Pósito, almacén de trigo o granero municipal. El Peso de la Harina, que estaba enfrente, en la Casa nº 4 de la manzana 148, representada en el plano de Texeira con el número 27. El edificio después se convertiría en la primera Posada madrileña, actualmente restaurante La Posada de la Villa, en el número 9 de la calle.

Posada de la Villa (2010), antiguo Peso de la Harina

Posada de la Villa, antiguo Peso de la Harina

El Alholí de la Villa ocupaba un gran solar en la manzana a que nos referimos, la 150; tenía dos puertas, la llamada Puerta Falsa que daba a la calle del Almendro (Casa 40), y la principal a la Cava (Casa 13).

Entre otras dependencias, allí existían también dos mesones. Uno de ellos, junto al Alholí, era el Mesón del Dragón.

Esta Casa del Alholí de la Villa de Madrid, Alhóndiga o primer Pósito municipal, del que ya conocimos su historia, cuyo origen se remonta a la época de los Reyes Católicos, había sido construido en los comienzos del siglo XVI sobre la muralla del siglo XII. Entre 1664 y 1665 se realizaron obras para la instalación de cuatro muelas para la tahona, proyecto del maestro de obras Juan de Lobera. Como sabemos, en 1666 el Pósito se trasladó a las afueras de la villa, junto a la Puerta de Alcalá. En 1745 el antiguo Alholí fue transformado en depósito de pan y de aceite.

El conjunto fue demolido a mediados del siglo XIX cuando el Ayuntamiento procedió a la prolongación de la calle del Almendro hasta la Cava, atravesando la manzana que quedó partida en dos, por la casa nº 13 que -según la Planimetría- en el siglo XVIII pertenecía al Real Pósito de la Villa y antes fue del Alholí. Eran del Pósito estas casas mencionadas, la nº 13 y la colindante nº 40.

Calle del Almendro

Calle del Almendro

Como tuvimos ocasión de comprobar durante nuestro último paseo en busca de la muralla cristiana, la Cava Baja ofrece algunos de los tramos mejor conservados.

Un nuevo paseo nos permite contemplar detenidamente otros vestigios, cuidados y conservados con cariño, en los inmuebles construidos sobre una parte del antiguo Alholí y mesones, en los primeros números pares de la calle, en la luego denominada manzana 150 “duplicado”, cimentados sobre la muralla.

Posada del León de Oro, Cava Baja 12

Posada del León de Oro, Cava Baja 12

En los actuales números 12 y 14 se encuentran la Posada del León de Oro y la Posada del Dragón, que guardan los vestigios de la muralla y de la historia de Madrid. Durante las obras de rehabilitación para convertirlas en hoteles modernos se realizaron las correspondientes sondeos arqueológicos. Se documentaron los lienzos extramuros al recinto fortificado del siglo XII y el foso de la muralla, además de los mencionados hallazgos anteriores a la ocupación cristiana, y se conservaron los tramos sacados a la luz, hoy día a la vista del público.

La Posada del León conserva además del arranque del cubo que ya pudimos contemplar en el edificio contiguo -en el nº 10-, y la mitad de otro cubo, un lienzo de unos 12 metros de largo y un metro de anchura.

posada del leon muralla1

Este bonito hotel ha resguardado bajo cristales los restos defensivos que se pueden admirar en su restaurante, a la entrada del local.

posada del leon muralla2

En el edificio contiguo, en el nº 14, se encuentra la Posada del Dragón.

Posada del Dragón, Cava Baja mº 14.

Posada del Dragón, Cava Baja mº 14.

Las vigas de madera de la antigua corrala que aloja las habitaciones están decoradas con frases que cuentan la historia de Madrid.

posada dragon corrala

Es un lugar encantador que ha conservado varios elementos de la antigua posada del siglo XX, como el viejo pilón de piedra en el patio.

posada dragon pilon

Han recuperado también la contigua tienda de Jabones La Antoñita manteniendo los letreros históricos de su fachada y su bañera de mármol, donde se elaboraba el jabón, que se ha instalado en los lavabos, junto a una reproducción del primer plano de Madrid, el de Mancelli, adornando sus paredes.

antoñita bañera

Y por supuesto el acogedor bar y restaurante en la planta baja también guarda la muralla.

posada del dragon muralla1

El antiguo Mesón del Dragón junto al Alholí de la Villa, luego Posada, hoy es un Hotel que ha sabido salvar su historia.

Por : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Planimetría General de Madrid.

Pérez Vicente, Daniel. “Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico”, en Testimonios del Madrid Medieval. Madrid musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.

Ortega Vidal, Javier y Marín Perellón, Francisco José : La Forma de la Villa. Comunidad de Madrid. 2004.

Oñate, Pilar y Sanguino Juan. “Intervención arqueológica previa al proyecto de rehabilitación del inmueble ubicado calle Cava Baja nº 12 de Madrid., en IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares 2007.

 

 

En el siglo XV la Villa continuaba creciendo, como había ocurrido desde el siglo IX, hacia el este, aumentando la superficie habitada hasta llegar a desbordar los límites de la muralla. A lo largo de la segunda mitad del siglo se incrementó la población, de cinco mil a unos doce mil habitantes en los comienzos del XVI. Madrid era una ciudad pequeña, pero no hay que menospreciarla, tenia su importancia entre las ciudades castellanas medievales. Era uno de los diecisiete lugares con voto en Cortes, las cuales se habían celebrado ya aquí en alguna ocasión.

calle mayor

Camino de Guadalajara, hoy calle Mayor. Al fondo, la Puerta del Sol.

Una nueva cerca llamada del Arrabal encerró las tierras que a partir del siglo XII se fueron poblando en las afueras del recinto cristiano.

Algunos autores sitúan su construcción a mediados del siglo, en tiempos de Enrique IV; Urgorri en su trabajo dedicado al Ensanche de Madrid en tiempos de Juan II y Enrique IV, aunque dejaba fuera al arrabal de Santo Domingo, dibujó la Cerca del Arrabal considerando que ya existía en 1440, en tiempos de Juan II. En la misma línea, el profesor Montero Vallejo opinó que se trazó en 1438, reinando Juan II, y que se construyó con fines fundamentalmente administrativos e higiénicos, debido a una gran epidemia de peste, una de las muchas desgracias que asolaron Madrid a lo largo del siglo XV como vimos durante nuestra visita a los restos de la muralla en la calle de Santiago.

muro siglo xv

Muro siglo XV en la calle de Santiago nº 2

Hasta entonces solo hubo arrabales independientes, separados de la Villa con cercas propias, al menos alguno de ellos, como veremos. La nueva cerca los englobó todos, aunque la Villa por antonomasia continuó siendo el recinto rodeado por la muralla cristiana del siglo XII, allí se encontraban todos los centros de importancia.

Antes de emprender el paseo consultamos los Libros de Acuerdos, publicados por el Ayuntamiento de Madrid, con las actas escritas desde 1464 –veintiséis años después del levantamiento de la tapia– a 1515 en busca de referencias a las murallas y cercas. Son pocas. La muralla había dejado de tener importancia defensiva y sobre todo se alude a ella para acordar alguna reparación. El 27 de septiembre de 1464, ya reinaba Enrique IV, el Concejo aprobó una derrama para reparo de los muros de esta Villa de veinte mil maravedís. Deberían pagar los caballeros y escuderos y dueñas y doncellas, y privilegiados, y judíos y moros y pecheros.

Las referencias a la cerca son básicamente a la muralla que rodeaba la Villa, a la que se habían adosado las casas en algunos tramos. Se reparaba especialmente la parte intramuros, a cargo del Concejo o de los dueños de las casas. Se alude varias veces a que los regidores vigilaban la cerca por dentro. Y donde uviere casa se requiera a los dueños de las casas que lo reparen.

Las Actas nombran sobre todo las puertas de la antigua muralla, la de Valnadú, de Guadalajara, Cerrada, de Moros y de la Vega.

La Puerta de Valnadú, en la actual plaza de Isabel II y próxima al Alcázar, a finales de siglo seguía siendo importante. Entre 1493 y 1498 son varios los acuerdos respecto a su reparación y limpieza. En las afueras creció el arrabal de San Ginés.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

También se mencionan las puertas de la nueva Cerca que vamos a recorrer: la puerta de Santo Domingo, del Sol, Tocha (Atocha) y Toledo. A veces se nombra a los vecinos del arrabal de Madrid.

Si el camino exacto que seguían la Muralla árabe y la Muralla cristiana esconden algunos misterios, el trazado de la Cerca que encerró los arrabales medievales en el siglo XV es aún más desconocido. No hay restos. En cualquier caso la Cerca del Arrabal debía partir de la muralla, en las proximidades del Alcázar y de la Puerta de Valnadú. Así que comenzamos nuestro paseo una vez más junto al Palacio Real.

Resulta difícil suponer cómo fueron estos parajes hace casi seis siglos; donde ahora encontramos sólidos edificios, asfalto y automóviles, antes solo había campo, huertas, un humilde caserío y algunas calles empedradas en el mejor de los casos. El camino que hoy recorremos lleno de tiendas, terrazas, paseantes y turistas, eran caminos de tierra por los que junto a los madrileños de entonces los animales andaban sueltos, cerca de los arroyos, lagunas y muladares… No hay fotos ni pinturas, ni siquiera planos. Solo los documentos antiguos nos pueden dar una imagen de lo que era la Villa por entonces. La única forma de al menos acercarnos un poco a comprender lo que pudo ser, es paseando y recorriendo sus contornos, imaginando.

Parece ser que la nueva tapia subía por los terrenos donde hoy se ubica la calle de la Bola

Al fondo, la calle de la Bola.

Al fondo, la calle de la Bola.

… para dirigirse hacia la Puerta de Santo Domingo, rodeando este antiguo arrabal.

Calle de la Bola

Calle de la Bola

El arrabal de Santo Domingo, que fue eminentemente rural, surgió en el siglo XIII, en torno al Monasterio. La Puerta de Santo Domingo estuvo a la altura de la actual plaza.

Plaza de Santo Domingo

Plaza de Santo Domingo

Desde la Puerta de Santo Domingo la Cerca debía discurrir por la calle Preciados en dirección a las Eras de San Martín.

Calle Preciados

Calle Preciados

Lo que hoy es la calle del Carmen debía ser la ronda exterior. En la zona había alfares y tejares junto a las tierras de cultivo que comenzaban a poblarse. Además de en la agricultura Madrid había desarrollado una gran actividad y fama en la artesanía.

También fue por entonces cuando comenzaron a tener lugar las llamadas Ferias de Madrid. Aunque anteriormente ya había actividad comercial en torno a las Puertas de la Vega y de Guadalajara y en plazas como la de la Paja, fue el rey Juan II quien concedió a la Villa el privilegio de poder celebrar dos ferias anuales libres de alcabalas o tributos, lo cual fue también importante para la Villa.

Caminando por la hoy, como antaño, zona comercial, vamos hacia el arrabal de San Martín, que fue el primer arrabal cristiano. San Martín surgió muy pronto, en el mismo siglo XII, alrededor del desaparecido Monasterio. A mediados del XIII se abrió la Puerta de San Martín o puerta del Arraval, al final de la calle que aún lleva su nombre, Postigo de San Martín. En un primer momento debía estar a la altura de la calle de las Navas de Tolosa, posteriormente se ubicó más al norte, casi en lo que hoy es la plaza de Callao.

Plaza de Callao

Postigo de San Martín

Las llamadas Eras de San Martín que debían llegar a la actual Gran Vía fueron ocupadas por edificaciones a mediados del siglo. No muy lejos, donde hoy se encuentra la plaza de España, procedente del norte de la Villa bajaba el Arroyo de Leganitos; la zona era propicia para huertas y alfares que facilitaron la actividad comercial.

preciados sol

Por tanto, San Martín fue territorio urbano –la otra vía pública importante del arrabal correspondía a la actual calle de la Flora– y de cultivo. Hacia 1321 pudo existir una cerca común para San Martín y Santo Domingo, separados por la actual Costanilla de los Ángeles.

San Ginés, que aparece como collación en el XIV fue el arrabal más urbano, próximo a la Puerta y Camino de Guadalajara, extendiéndose hasta el terreno abierto donde se ubicaría la Puerta del Sol.

El 13 enero de 1501, el Concejo acordó que se empedrara la calle del arrabal que va a la puerta del Sol.

Una alusión importante a las puertas y a cual era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa:

A la puerta de Alvega o de la Vega, a mano izquierda en el barranco, y a la puerta de Moros, donde fue puesto un palo, y a la puerta de Tocha (Atocha) y a la de Santo Domingo y del Sol, donde fuera señalado, so pena que quien en otra parte lo echare pague cien maravedís.

Puerta del Sol

Puerta del Sol

Desde Sol, por la calle de Carretas la Cerca se dirigía a la plaza de Jacinto Benavente donde la Puerta de Atocha o de Santa Cruz daba entrada al arrabal de Santa Cruz.

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Por las calles de Concepción Jerónima y Conde de Romanones, plaza de Tirso de Molina y calle del Duque de Alba llegamos a San Millán, último arrabal en conformarse. Frente a la Ribera de Curtidores, entre las calles de Duque de Alba y San Millán existió un Portillo.

Por la calle de las Maldonadas llegamos a la calle Toledo, frente a la plaza de la Cebada donde entonces debió existir la primera Puerta de Toledo.

Calle Toledo

Calle Toledo

En 11 de febrero de 1502 se menciona la Puerta de Toledo. Con motivo de la visita de los príncipes, nuestros señores, Juana y Felipe que desde Madrid se dirigían a Toledo por la calle grande de la plaza a la puerta de Toledo, se ordenó a todos los vecinos blanquear sus pertenencias, so pena de 600 maravedís a cada uno.

Finalmente, la Cerca llegaba hasta algún lugar cercano a la Puerta de Moros para cerrar los arrabales imparables, que continuaban creciendo. Por eso su vida duraría poco más de un siglo; poco después del asentamiento de la Corte en Madrid, hacia 1566 el rey mandó levantar un nuevo muro, la Cerca de Felipe II.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.
Urgorri Casado, Fernando. “El ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV y Juan II” en Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, nº 67. Ayuntamiento de Madrid, 1954.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid de Isabel I. Ed. La Librería. Madrid 2004.

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