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Hace unos días, mientras preparaba una de las últimas entradas de este blog, buscando las huellas de Manuel Godoy en Madrid, fui al Museo de la Real Academia de Bellas Artes para completar el artículo. Pero es tan importante la presencia de Godoy en ese lugar que merecía un capítulo aparte. Godoy, nombrado por el rey Carlos IV, fue protector de la Real Academia.

Es conocido que el ministro consiguió reunir una gran colección de arte, entre cuyas pinturas más famosas se encontraban la Venus del espejo de Velázquez y las dos Majas de Goya. En 1808 cuando tuvo que huir de España, su colección fue confiscada. Actualmente se reparte entre la Galería Nacional de Londres –allí se encuentra la Venus del espejo–, el Museo del Prado y la Academia. La Real Academia recibió parte de la colección en 1815, entre otras obras las Majas de Goya, hasta 1901 en que fueron trasladadas al Museo del Prado.

Entre todas esas valiosas obras que habían pertenecido a Manuel Godoy se encuentran varios retratos del propio Príncipe de la Paz.

Manuel Godoy, joven Guardia de Corps fue retratado en 1788, cuando tenía 21 años, por Francisco Folch de Cardona. Se cree que pudo ser un encargo del propio Godoy o de los reyes.

Fco. Folch de Cardona, “Manuel Godoy, joven guardia de Corps”, h. 1787.

Pocos años después, en 1794, el encargo fue para el escultor Juan Adán, que realizó un busto en mármol ensalzando el poder de Godoy al representarlo como si fuera un emperador romano.

Juan Adán, “Retrato de Manuel Godoy”, 1794.

Frente a este busto se encuentra una curiosa Alegoría de la Paz de Basilea, que Juan Clemente Brinardelli pintó en 1795, exaltando la figura de Godoy, tras la firma de la paz entre España y Francia ese año.

Godoy como general o Manuel Godoy, príncipe de la Paz fue pintado en 1801 por Francisco de Goya por encargo una vez más del propio Godoy que por entonces ya era todopoderoso.

El Príncipe de la Paz fue representado con su uniforme de capitán general, la cruz de Santiago, la orden de Cristo de Portugal y la banda de Carlos III.

Francisco de Goya, “Manuel Godoy, príncipe de la Paz”, 1801.

Es uno de los cuadros que ingresó en la Academia en 1816, procedente de la colección incautada en 1808, junto con todas las obras que se incorporaron a la institución por orden del rey, tal como se recoge en acta académica: «… mandando S. M. se entreguen a la Academia todas las pinturas existentes en el Palacio de Buenavista, y fueron de don Manuel Godoy…».

Se conserva otro Manuel Godoy, Príncipe de la Paz obra de Antonio Carnicero.

Antonio Carnicero, “Godoy, príncipe de la Paz”, h. 1801-1803.

Agustín Esteve y Marqués en 1807 pintó Godoy como restaurador de la instrucción pública. Procedente de la Colección de Godoy, ingresó en la Academia en 1816. El cuadro ha sido restaurado en 2013. Es una de las copias que hizo Esteve del original de Goya, perdido. La pintura se encontraba en muy mal estado.

La otra, que no es exactamente igual, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

En la obra, Godoy sostiene en su mano izquierda el tratado de Educación pública del pedagogo suizo Heinrich Pestalozzi.

Hacia 1816, estando ya en el exilio en Roma con los reyes, José Madrazo también lo retrató, de forma idealizada pues parece más joven a pesar de los casi 50 años que tenía por entonces.

José Madrazo, “Retrato de Manuel Godoy”, h.1816.

En el museo también se expone un gran Árbol genealógico de Manuel Godoy, de Cayetano Rodríguez (1804), encargado seguramente por él mismo, en el que no todos los datos son ciertos al parecer.

Cayetano Rodríguez, “Árbol genealógico de Godoy”, 1804. (óleo sobre lienzo, 327 x 233 cm.)

Cayetano Rodríguez, “Árbol genealógico de Godoy”, 1804 (detalle).

Es muy interesante el recorrido por la vida y obra de Godoy en la Real Academia, puede ser una excusa para acercarse a este museo. Pero son muchos los alicientes que ofrece la visita, obras de primer orden en un edificio singular.

El Museo de la Real Academia es sin duda uno de los mejores museos de Madrid, tengo la impresión que poco valorado en general. Su contenido es extraordinario, la web cada día más rica y útil, y su personal muy amable además de conocedor de la colección; me ayudaron mucho en este recorrido.

Hay que visitar el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los miércoles la entrada es gratuita.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ROSE-DE VIEJO, Isadora. Manuel Godoy: Patrón de las artes y coleccionista. Tesis doctoral, Madrid 2015.

Guía del Museo

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El pasado viernes 20 de febrero fue inaugurada la exposición El triunfo de la imagen. Tesoros del arte sacro restaurados por la Comunidad de Madrid, que se podrá visitar en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta el 12 de abril. La entrada es gratuita.

Son sesenta obras, sobre todo pinturas y esculturas, también orfebrería y textiles, de una inmensa calidad que, restauradas en los últimos años por la Comunidad, ahora resplandecen ante nuestros ojos. Una gran parte de ellas se exponen por primera vez, procedentes de iglesias, conventos, colegios, del Palacio arzobispal… lo más probable es que algunas de ellas no vuelvan a mostrarse, al menos durante mucho tiempo. Así que aprovechemos la ocasión y disfrutemos.

Son tantas las obras singulares, los autores representados y los lugares de los que proceden, que nos sugieren infinidad de temas, pero hoy la intención es solo dar unos breves apuntes para animar a visitar esta exposición irrepetible. Más adelante quizá volveremos para centrarnos en algunas de las obras expuestas.

El montaje en la Real Academia de Bellas Artes ofrece un recorrido por la historia del arte religioso en Madrid, que no deja de ser un recorrido por la historia del arte en general y la propia historia de la Villa, desde la Edad Media al Renacimiento del siglo XVI y la apoteosis de la Capital del Barroco.

Ejemplos del arte medieval, con imágenes en madera policromada de los siglos XIII-XIV, como la Virgen del Castillo o la Virgen del Remedio, de Montejo de la Sierra; pintura del siglo XVI, como el impactante Juicio final, anónimo, copia de Jean Cousin, una de las tres obras que veremos del Monasterio de Mercedarias de D. Juan de Alarcón. Piezas de los grandes pintores y escultores del siglo de oro… La Liberación de San Pedro de Angelo Nardi, de la iglesia de San Pedro ad Víncula de Vallecas. Carducho, Van Dyck, Alonso Cano…

Antoon van Dyck. Virgen con niño y ángeles (h.1626-1632). Monasterio de Mercedarias de D. Juan de Alarcón. Madrid.

Antoon van Dyck. Virgen con niño y ángeles (h.1626-1632). Monasterio de Mercedarias de D. Juan de Alarcón. Madrid.

Se exponen dos cuadros anónimos, óleo sobre lienzo, dos escenas madrileñas de gran interés, más por su contenido narrativo que por su valor artístico, procedentes de la antigua Iglesia de Santa María. La procesión de Santa María de la Almudena en 1638 y la Intervención y milagros de Santa María de la Almudena, ejemplos de pintura al servicio de la Iglesia católica, que más que mostrar un lugar real lo representan de forma que ilustre el contenido religioso deseado.

Anónimo. La Procesión de Santa María de la Almudena en 1638 (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Anónimo. La Procesión de Santa María de la Almudena en 1638 (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Madrid.

El segundo cuadro muestra la imagen de la Virgen de la Almudena tras la Puerta de la Vega de la muralla ante el asedio de los musulmanes.

Anónimo. Intervención y milagros de Santa María de la Almudena (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Madrid.

Anónimo. Intervención y milagros de Santa María de la Almudena (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Madrid.

Del Convento de San Plácido destaca un delicioso San Juan Bautista Niño, anónimo andaluz o madrileño de madera policromada de la segunda mitad del XVII.

Anónimo. San Juan Bautista Niño (segunda mitad siglo XVII). Madera policromada. Monasterio de Benedictinas de San Plácido. Madrid.

Anónimo. San Juan Bautista Niño (segunda mitad siglo XVII). Madera policromada. Monasterio de Benedictinas de San Plácido. Madrid.

Asistimos al final de siglo, con Claudio Coello, Pedro de Mena, Carreño de Miranda, Luca Giordano…

Luca Giordano. Anunciación (1685-1690). Óleo sobre cobre. Tercer Monasterio de la Visitación (Salesas). Madrid.

Luca Giordano. Anunciación (1685-1690). Óleo sobre cobre. Tercer Monasterio de la Visitación (Salesas). Madrid.

El extraordinario Martirio de San Ginés (1681), de Francisco Ricci, de la Parroquia de San Ginés. Un inédito Nacimiento o Adoración de los pastores, conjunto escultórico de Luisa Roldán, La Roldana, realizado en su etapa madrileña, de terracota policromada, ejemplo de su maestría en la expresividad de los rostros, procedente del Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Son varias las obras de este convento, otra es una maravillosa Inmaculada de Pedro de Mena.

Luisa Roldán. Adoración de los pastores (1689-1706). Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Madrid.

Luisa Roldán. Adoración de los pastores (1689-1706). Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Madrid.

Y llegamos al final del recorrido, el siglo XVIII, con varias obras magníficas, entre ellas una inquietante Santa María Magdalena de Luis Salvador Carmona.

Luis Salvador Carmona. Santa María Magdalena (h. 1745-1752). Madera policromada. Iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Torrelaguna.

Luis Salvador Carmona. Santa María Magdalena (h. 1745-1752). Madera policromada. Iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Torrelaguna.

Son solo algunos ejemplos, hay que ir, si es posible, a contemplar de cerca las bellísimas obras de arte y dejarse llevar.

Además, una serie de videos muestran también los proyectos de restauración de algunos bienes inmuebles: la Capilla del Obispo, el convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid, el monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa y la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora en Meco.

Un ciclo de conferencias a cargo de los arquitectos y restauradores que han participado en algunas de las actuaciones completan la oferta de la Comunidad de Madrid en colaboración con la Real Academia de Bellas Artes. La primera, Restauración del monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa, mañana martes 24 de febrero, a las 19,00 h.

Por : Mercedes Gómez

Después de la quizá irrepetible gran exposición disfrutada esta primavera en Toledo, El Griego de Toledo, y la espectacular muestra del Museo del Prado El Greco y la pintura moderna (que aún se puede visitar, finaliza el 5 de octubre), llega a Madrid la sugestiva Entre el cielo y la tierra. Doce miradas al Greco, cuatrocientos años después.

Esta nueva exposición –un paso más en la celebración del IV Centenario de la muerte del genial pintor– que se acaba de inaugurar en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nos permite comprobar que el arte del Greco continúa fascinando a los creadores y es fuente de inspiración para muchos artistas contemporáneos.

Organizada por el Ministerio de Cultura dentro del programa Nuevas Miradas, procede del Museo Nacional de Escultura de Valladolid donde se pudo visitar hasta los comienzos del pasado mes de agosto. El origen del título, Doce miradas…, es que allí se expusieron las obras junto al Apostolado del Greco, pintura propiedad de ese museo. Aquí en Madrid la pintura que recibe la visita de los artistas actuales es San Jerónimo.

San Jerónimo. El Greco © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

San Jerónimo. El Greco © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Han acudido a la cita, Entre el cielo y la tierra, José Manuel Broto, Jorge Galindo, Pierre Gonnord, Luis Gordillo, Secundino Hernández, Cristina Iglesias, Carlos León, Din Matamoro, Marina Núñez, Pablo Reinoso, Montserrat Soto y Darío Villalba.

La influencia no es tan evidente como apreciamos en el arte de las vanguardias pero es poderosa, los propios artistas plantean abiertamente su vínculo con el Greco.

Durante la presentación, visita guiada por la comisaria Isabel Durán, y con la presencia de algunos de los artistas, se habla de la fuerza de la pintura del Greco, del color, de trascendencia, religión, luz, la mirada, libertad, innovación…

Los colores y la fuerza del Expolio de Cristo inspiran a José Manuel Broto.

Dos de las obras más explícitas son El Griego revisitado en Borox, de Jorge Galindo. Las características manos y brazos de las figuras del pintor cretense cambian de lugar…

Las inconfundibles fotografías de Pierre Gonnord tienen en común con la pintura del Greco la facilidad, la sencillez con que son capaces de retratar el alma, el interior de los seres humanos. Una de las tres obras expuestas, Konstantina, aparte las dudas que actualmente existen sobre la autoría del Greco, recuerda, como comenta Isabel Durán, la Dama del armiño.

Luis Gordillo mediante formas abstractas en su Sagrado Corazón de Jesús en vos confío representa el espíritu religioso, qué es la religión se pregunta.

Secundino Hernández nos cuenta que cuando era un niño coleccionaba cromos, esas imágenes que “venían en sobrecitos”, –como casi todos los niños– y, por lo que fuera, siempre reunía muchos con imágenes del Greco. Aún no sabía que iba a ser pintor, pero ya le atraía. Su expresiva pintura nace del uso libre del pincel; admira al Greco y se identifica con él y su valor al arriesgarse utilizando nuevas formas de expresión.

secundino hernandez

Cristina Iglesias no podía faltar, ella “quería estar en esta exposición”, tras haber trabajado en Toledo en su proyecto Tres Aguas, nos revela Isabel Durán. La obra elegida Sin título (Berlin II), es como casi siempre en su caso un espacio que invita al espectador a participar, a situarse. Un tapiz y un cristal azul que evoca el agua debe ser mirada desde abajo hacia arriba, desde la tierra hacia el cielo.

cristina iglesias2

La obra de Carlos León expresa mucha fuerza. Su pintura abstracta, del mismo título de la obra del Greco –que se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York–, El Cardenal don Fernando Niño de Guevara, evoca al temido personaje mediante el color púrpura, representación de la sangre y del poder.

carlos leon

Nuevamente la luz y el color, Cenital 1 y Cenital 2, de Din Matamoro, dos grandes cuadros que representan, según palabras del pintor, “nada más lo que ve en el aire: la luz y el color”, como hacía el Greco, aunque eliminando los elementos figurativos.

Marina Núñez participa con un video creado a partir de la Vista y plano de Toledo, más explícito que otras obras presentes en esta exposición, que incluye movimiento y música.

Es fantástico ir comprobando cómo la respuesta de cada artista es diferente. Pablo Reinoso reinterpreta el Laocoonte –de la National Gallery de Washington, que aún podemos ver en el Prado– mediante maderas entrelazadas.

La mirada al cielo y a la tierra de Montserrat Soto.

Y ese “gitanito” Entre dos mundos, de Darío Villalba. El arte que representa la vida.

dario villalba

Aproximadamente la mitad de las obras han sido creadas expresamente para esta exposición, otras ya existían, pero todas son un homenaje a la pintura del Greco, otras miradas, desde la abstracción o la reinterpretación. Mediante pintura, escultura, fotografía o video.

En realidad son doce artistas más uno, pues en las estancias de la Real Academia, en algunos de sus rincones, se ha situado Joan Fontcuberta con seis Caballeros de la mano en el pecho un tanto sorprendentes, seis Camuflajes que esconden un juego, al propio artista escondido en cada imagen.

Las obras están repartidas entre la sala de exposiciones temporales (atención a la recepción, en la entrada) y la sala de Calcografía, donde además del Greco, su espíritu y su arte encontramos la mirada, cuatrocientos años después, de algunos de los artistas contemporáneos actuales más importantes.

En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta el próximo 8 de noviembre.

 

Por: Mercedes Gómez

 

 

 

Roberto Michel nació en 1720 en Francia, en un pueblo llamado Le Puy-en-Velay, y comenzó a estudiar en su tierra natal en talleres de escultura siendo apenas un niño, pero se trasladó a Madrid con solo 20 años de edad. Aquí vivió, desarrolló su arte y sin duda se convirtió en uno de los escultores más madrileños. Sus obras adornan nuestros museos y nuestras calles, algunas verdaderamente emblemáticas.

Por entonces reinaba en España el francés Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica. Nada más llegar a la capital el joven escultor recibió encargos, para algunas iglesias y para la Corona comenzando a trabajar en la decoración del Palacio Real.

Fernando VI, sucesor de Felipe V, fue quien alrededor de 1743 puso en marcha el plan para realizar las estatuas de los reyes hispanos que deberían decorar el Palacio Real, estatuas de azarosa vida que aún hoy día esconden algunos misterios, algunas desaparecidas y otras sin identificar. Roberto Michel realizó algunas, entre ellas la estatua de Teudis, rey godo, que se encuentra en Vitoria, ciudad a la que el escultor estuvo vinculado debido a su boda, poco después de llegar a Madrid, con la alavesa Rosa Ballerna.

Además creó otras obras para el Palacio Real. En el Museo del Prado, en el pasillo de la segunda planta que comunica las salas dedicadas al siglo XVIII español, se exponen dos relieves esculpidos en mármol entre los años 1753 y 1761, San Ildefonso y Santa Leocadia, y el Martirio de Santa Eulalia.

Martirio de Santa Eulalia. Museo del Prado.

Son dos de los treinta y cuatro relieves cuyo destino era decorar los pasillos del Palacio Real. Eran escenas bélicas o religiosas que fueron consideradas demasiado recargadas por Carlos III de forma que en 1761 interrumpió el proyecto de Fernando VI, igual que ordenó bajar las estatuas de reyes que adornaban la fachada del Palacio.

Fernando VI en 1757 había nombrado a Michel Escultor de Cámara. Posteriormente, a propuesta de Francisco Sabatini con el apoyo de Antonio Rafael Mengs, arquitecto y pintor reales respectivamente, la gran calidad de su escultura llevó a Carlos III a nombrarle Escultor de su real persona en 1775, lo cual incluía la dirección de todas las obras escultóricas realizadas para los Palacios Reales.

Roberto Michel trabajó en varias ocasiones para el arquitecto Francisco Sabatini. Una de las primeras colaboraciones, según proyecto de 1761, fue la decoración de la antigua Real Casa de la Aduana, en la calle de Alcalá nº 9, hoy Ministerio de Hacienda.

Iniciamos aquí un paseo por la calle de Alcalá que se convierte en un paseo por la vida y la obra de Roberto Michel, por el siglo XVIII madrileño y por el Madrid de Carlos III.

Para la fachada de la Real Casa de la Aduana Roberto Michel esculpió el nuevo escudo real adoptado por Carlos III en 1759,  además de otras esculturas, siguiendo siempre el diseño de Sabatini.

Antigua Real Casa de la Aduana. Alcalá, 9.

Muy cerca, en el nº 13, se encuentra la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tanto Roberto Michel como su hermano Pedro, ocho años menor, formaron parte de la Academia desde sus comienzos, y participaron en la introducción de la escultura neoclásica. Fundada en 1752, Roberto fue nombrado Teniente Director de Escultura. Pedro, Académico de Mérito seis años después.

En 1780 Carlos III convocó un concurso para la creación de un modelo de estatua ecuestre de su padre Felipe V, se cree que probablemente con el fin de instalar su estatua en bronce en alguna plaza o lugar importante de Madrid, como sucedía con sus antecesores los reyes de la dinastía austriaca, Felipe III y Felipe IV. No se llevó a cabo.

Presentaron sus bocetos Manuel Álvarez, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena, Juan Adán y Roberto Michel. Uno de los que se conservan es el de Michel.

R. Michel. Retrato ecuestre Felipe V (1780). Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El Museo de la Academia conserva otra obra del escultor, el Busto de Antonio Ponce de León XI Duque de Arcos esculpido en mármol blanco en 1783.

Continuamos nuestro camino por la acera de los impares de la calle de Alcalá y llegamos a la iglesia de San José, en el nº 43. La Virgen del Carmen de la fachada es obra suya.

R. Michel. Virgen del Carmen. Iglesia de San Jose.

Como decíamos al principio, realizó bastantes trabajos para iglesias madrileñas. Entre las más notables se encuentran la Caridad romana y la Fortaleza en la Basílica de San Miguel, de mármol blanco, y los ángeles y querubines de la iglesia de San Marcos. Estos templos merecerán una visita pero de momento ahora permanecemos en uno de los lugares más bonitos de Madrid, frente a la iglesia de San José, allí donde nace la Gran Vía y desde donde ya a lo lejos podemos contemplar la bellísima fuente de Cibeles, instalada en 1782 en el Salón del Prado.

Según dibujo de Ventura Rodríguez, los Leones que tiran del carro de la diosa son obra de Michel. Los modelos previos que realizó el escultor se pueden ver en el Museo de la Moneda.

Cerca de aquí, en el Paseo del Prado se encuentran las Cuatro Fuentes para las cuales nuestro artista creó los Tritones y Nereidas que las adornan, junto a los escultores Francisco Gutiérrez y Alfonso Bergaz. Las figuras actuales son réplicas realizadas debido al mal estado en que se encontraban las originales por el efecto del tiempo y del agua. Actualmente se encuentran en el Patio del Museo de los Orígenes.

Y llegamos al final del paseo donde se encuentra otro de los monumentos más representativos de Madrid, la maravillosa Puerta de Alcalá, en la plaza de la Independencia.

Carlos III ordenó construir una nueva Puerta de Alcalá que fue finalizada en 1778. El arquitecto fue Francisco Sabatini, y la decoración escultórica fue obra de Francisco Gutiérrez (lado este, lado que mira hacia el exterior) y de Roberto Michel (oeste, lado que mira al centro de la ciudad).

Roberto Michel creó diversas figuras ensalzando los triunfos del rey. Trofeos militares de gran tamaño, sobre la cornisa, que el propio Michel denomina torsos, que se recortan contra el cielo y dan a la Puerta su aspecto tan característico; cabezas de leones sobre las tres puertas centrales, y cornucopias sobre las dos laterales.

Murió en 1786, con 66 años, solo hacía un año que había sido nombrado Director General de la Real Academia de Bellas Artes, el máximo cargo en la institución a la que había estado ligado casi toda su vida. Fue enterrado en la madrileña iglesia de Santa María de la Almudena, derribada en 1869. Sus restos se perdieron.

El cargo de Escultor de Cámara lo heredó su hermano Pedro Michel, y lo mantuvo durante el reinado de Carlos IV, completando así una larga carrera de ambos hermanos como escultores reales a lo largo de los reinados de los Borbones, desde Felipe V hasta Carlos IV.

Pedro murió en 1809. Solo un año antes había donado a la Real Academia de San Fernando el Retrato anónimo de su hermano Roberto.

Anónimo, “Roberto Michel” (Siglo XVIII. Museo Academia Bellas Artes de San Fernando)

Texto :  Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

C. Lorente Arévalo y C.M. Tascón Gárate. Nuevas aportaciones a la biografía del escultor Roberto Michel. Anales de Hª del Arte, n.” 5. UCM Madrid 1995.

J.J. Martín González. La escultura neoclásica en la Academia de San Fernando. Siglo XVIII. Universidad Coruña 1994.

Museo del Prado. Sala 85.

Mª Luisa Tárraga. Esculturas y escultores de la Puerta de Alcalá. Dpto. Hª del Arte del CSIC. Madrid 2008.

La Biblioteca Nacional continúa celebrando su Tricentenario con una iniciativa muy bonita e interesante. Algunos de sus tesoros se han trasladado a otros museos buscando Otras Miradas y un diálogo con otras obras. Esta singular exposición se distribuye por salas del Museo del Prado, Reina Sofía, Thyssen- Bornemisza, Lázaro Galdiano, del Romanticismo, Palacio Real, de Ciencias Naturales, de Historia, de América y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Todas las propuestas de los diez museos madrileños que acogen obras de la Biblioteca son sugerentes, pero hoy os animo a ver dos de las que yo he podido ya visitar, una algo inquietante en el Museo de Bellas Artes, calle de Alcalá 13, y otra, maravillosa, en el Museo de Historia, en Fuencarral 78. Ambas, imprescindibles. Un curioso paseo desde el siglo XVII de Calderón al siglo XIX de Larra.

La Primera parte de Comedias de don Pedro Calderón de la Barca, que incluye La vida es sueño, libro impreso en 1636 por María de Quiñones, se adentra hasta la sala nº 11 del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Allí se ha encontrado con El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, cuadro pintado a mediados del siglo XVII, contemporáneo por tanto de la obra de Calderón.

Cuando hace varias semanas hablamos aquí de la vida y la obra de Antonio de Pereda comentábamos que así como la obra religiosa del gran autor barroco está bien representada en España, no tanto el bodegón, género del que fue un gran maestro. Aquí en San Fernando tenemos esta vanitas, especialidad de bodegón, considerada una obra maestra. El cuadro que perteneció a Manuel Godoy, bajo el título Los placeres del hombre pasan como un sueño, tras la invasión francesa fue enviado al Museo Napoleón en París. Fue devuelto a España en 1816 y desde entonces se encuentra en la Academia.

Esta pintura, como todas las de su género, está llena de simbolismos. El ángel señala los objetos sobre la mesa que representan las tentaciones, lo fugaz… con un objetivo moralizante, propio del Barroco.

Ambas obras, el sueño de Calderón y el sueño de Pereda, nos proponen reflexiones sobre la vida y la naturaleza humana, la vanidad y los placeres.

Otra visita obligada es al Museo de Historia, que ha vuelto a abrir su sala de exposiciones temporales. Las obras del museo al parecer han terminado, aunque aún no hay fecha de apertura debido a los problemas económicos. De momento podemos visitar esta muestra llena de alicientes. Ya que nos hemos quejado tanto de que este museo no permitía hacer fotografías en su interior, justo es decir que en esta ocasión sí está permitido.

El pobrecito hablador, revista satírica de costumbres, de Mariano José de Larra, impresa en 1832, ha viajado hasta el antiguo Museo Municipal, donde esperaba nada más y nada menos que la espectacular Maqueta o Modelo de Madrid, construida en 1830 bajo la dirección de León Gil de Palacio.

Es una alegría poder volver a contemplar la Maqueta, que nos permite recorrer el Madrid que vivió Larra, y también el nuestro, reconocer las calles, los edificios que perviven… y vernos a nosotros mismos paseando por ese Madrid de cuento. Disfrutamos buscando las calles y las casas que conocemos, nos sentimos protagonistas de la historia.

Como complemento a esta bella ilustración del Madrid de 1830 también se exponen los cuatro óleos de José María Avrial, las Vistas de Cibeles, Palacio Real, el Campo del Moro y la plaza de la Paja. Otra alegría poder admirarlas por fin.

En la misma sala se han instalado el Plano de Texeira y la Maqueta de Madrid basada en dicha Topographia que representa el Madrid de 1656, realizada en el año 2000 por Juan de Dios Hernández y Jesús Rey. Ambas obras proceden del Museo de los Orígenes y, junto a la Maqueta de León Gil de Palacio ofrecen un panorama completo de lo que fue el Madrid rodeado por la cerca de Felipe IV durante más de dos siglos, y nos producen una fascinación de la que ya hablamos hace algo más de dos años aquí a propósito de las maquetas de Madrid.

Como decíamos al principio, un delicioso y enriquecedor paseo desde el Madrid de Texeira al de León Gil de Palacio, del siglo XVII al XIX.

Por: Mercedes Gómez

El gran Diego Velázquez, además de llegar a ser Pintor de Cámara de Felipe IV, desempeñó varios cargos para su rey. Fue ujier, alguacil de casa y corte, aposentador…, y entre otras muchas cosas se encargó de la decoración de las dependencias del Alcázar Real. Viajó a Italia por segunda vez en su vida con el cometido de adquirir obras de arte antiguo que incrementaran la Colección del monarca.

Y así fue cómo Velázquez, entre los años 1649 y 1651 contrató la compra de numerosas esculturas clásicas. Debido a que era muy difícil la adquisición de originales, optó por la reproducción de las más importantes mediante la técnica del vaciado en yeso o en bronce.

Muchos de los vaciados que trajo Velázquez, como tantas pinturas, mapas, etc. se perdieron en el incendio del Alcázar, en la Nochebuena del año 1734. Pero algunas se conservan. Dos de ellas se pueden admirar con facilidad pues se encuentran en el vestíbulo de entrada al Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Son las estatuas de Flora y Hércules Farnese.

Se trata de dos estatuas imponentes, de enorme tamaño, situadas sobre un gran pedestal de granito, sin embargo su situación quizá las hace pasar un tanto desapercibidas. Nada más acceder al museo, en el zaguán donde se encuentran las taquillas, a la derecha se halla Hércules. El original de esta magnífica estatua se encontró en el siglo XVI, en las antiquísimas Termas de Caracalla en Roma, aunque le faltaban las piernas, que fueron halladas después.

Actualmente se considera una obra de comienzos del siglo III después de Cristo, y que su autor fue Glicó, quien copió el Hércules realizado en bronce por el griego Lisipo en el siglo IV antes de Cristo.

La escultura original del Hércules Farnese se encuentra en el Museo Nacional de Nápoles. El vaciado que contemplamos, obra del siglo XVII, fue realizado cuando aún mostraba las piernas añadidas en la primera restauración, antes de localizar las originales, con el fin de exponer la estatua en el Palacio Farnese de Roma.

A la izquierda, frente a Hércules, se encuentra Flora.

No se sabe exactamente donde fue encontrada, aunque pudo ser en el mismo lugar que Hércules, en las Termas de Caracalla; en el siglo XVI se encontraba igualmente en el Palacio Farnese. En 1800 fue trasladada al Museo de Nápoles, donde continúa. En 1819, la corona que sujeta con la mano izquierda fue sustituida por un ramo de flores.

Velázquez contrató en Roma, en 1650, el vaciado en yeso de estas dos grandes obras al formador Cesare Sebastiani por la cantidad de 180 ducados.

Recientemente, el estudio de ambas esculturas, mediante gammagrafía, permitió conocer el número exacto de piezas que se realizaron para formar la obra completa, así como la forma en que se unieron utilizando pernos de hierro y piezas de madera. Las piezas, veinticuatro en el caso de Hércules, viajaron a Madrid en cajones para ser ensambladas en el Alcázar por Girolamo Ferreri, que se trasladó a Madrid en compañía de su hijo y un obrero especializado para desempeñar esta tarea.

Ambas esculturas fueron instaladas en los extremos de la Galería del Cierzo, en el viejo Alcázar de los Austrias.

En 1744 formaron parte de las primeras esculturas que se trasladaron a la Real Academia de Bellas Artes para ser utilizadas en la enseñanza a sus alumnos, cuando la institución se encontraba aún ubicada en la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor.

En 1774 el arquitecto Diego de Villanueva las trasladó al emplazamiento actual, cuando reformó el antiguo Palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá, para convertirlo en sede de la Real Academia de Bellas Artes.

Villanueva diseñó los pedestales de granito donde desde entonces se hallan colocadas las monumentales estatuas.

por Mercedes Gómez

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Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Calle de Alcalá, 13.

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