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Esta es la tercera y última parte del magnífico artículo de Celia Vinuesa sobre La restauración del Claustro de Los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado.

La primera parte consistió en una Introducción histórica y el estado del Claustro antes de la restauración.

La segunda parte nos explicó las complejas tareas de Preconsolidación y Desmontaje.

Y por fin, conoceremos todo el trabajo que se llevó a cabo para su Restauración y Montaje. Junto al texto, un detallado e increíble reportaje fotográfico nos ayuda a comprender todo el proceso.

Restauración y Montaje.-

La nave del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte situada en Alcalá-Meco dónde se trasladaron los sillares tiene una superficie de 4.500 m2 y está dividida en dos crujías.

En una ellas hay un puente grúa y allí se colocaron los sillares de grandes dimensiones para facilitar su movimiento mientras que los de menor tamaño se trasladaban ayudados por la carretilla elevadora. En uno de los extremos de esta crujia se acondicionó un espacio destinado a taller de restauración dotado de ventilación adecuada y sistemas de recogida de los residuos tóxicos de los productos de limpieza empleados.

Puente grúa

Puente grúa en la nave de Meco

Puente

Carretilla elevadora

Los sillares se trasladaban a este lugar desde la segunda crujía, que se habia dividido en cuatro sectores correspondientes a cada una de las pandas del Claustro, dónde estaban colocados siguiendo el orden de las hiladas, con objeto de facilitar su localización.

Una vez restaurados volvían a su lugar de origen dentro de la nave a la espera del viaje de retorno.

En uno de los lados de la nave se encontraban las oficinas desde dónde se llevó todo el proceso de control y seguimiento así como los vestuarios, servicios, comedor etc.. para uso del equipo humano a cargo de la Restauración.

La Restauración comenzó por las hiladas inferiores. Se completó toda la información relativa a los sillares que ya se había iniciado en fases anteriores. Además de la fotografía del estado inicial se realizó un croquis en el que se marcaban las alteraciones, y toda la información tanto del estado inicial del sillar como del proceso de Restauración se iba recogiendo en la ficha correspondiente de una base de datos diseñada al efecto. Se efectuó el seguimiento fotográfico de todo el proceso y se registraron en una memoria final todos los pormenores de la intervención.

3. Ficha

Ficha del escudo inferior del lado norte.

Croquis

Croquis de trabajo de uno de los sillares.

Se organizó el trabajo en función de las operaciones a realizar en cada uno de los sillares. El proceso no fue exactamente igual para cada uno de ellos pues dependía del estado de conservación, como si se tratara de pacientes con distintas enfermedades a los que previamente se había hecho un diagnóstico muy preciso. El proceso de Restauración consistió en una serie de operaciones sucesivas realizadas en un orden determinado, de forma que cada sillar era tratado con los pasos que realmente necesitaba. De forma esquemática, se indica el orden real y la sucesión de los tratamientos, subrayándose en negrita los que recibieron todos los sillares sin excepción:

1. Tratamiento biocida.
2. Eliminación de morteros
3. Retirada de anclajes metálicos
4. Preconsolidación (*)
5. Limpieza
6. Sellado de fisuras
7. Pegado y cosido de fragmentos
8. Reintegración volumétrica
9. Reintegración cromática
10. Consolidación
11. Labra de sillares de sustitución

El tratamiento biocida se aplicó como primer paso con objeto de erradicar las colonias de biodeterioro y los restos vegetales, que se encontraban fundamentalmente en los elementos de cornisa y en impostas. Se efectuó, no obstante, en todos los sillares, como tratamiento preventivo mediante aspersión de un producto biocida.

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Aplicación del tratamiento biocida mediante aspersión.

Los restos de mortero y yesos adheridos se eliminaron utilizando distintos sistemas en función de la dureza del mortero a eliminar y del estado de conservación del sillar como tarea imprescindible para poder después limpiar y consolidar la superficie original de todas las caras de los sillares.

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Eliminación de morteros de cal y cemento con cincel.

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Uso de microtorno para la eliminación de enlucido de yeso.

Se procedió a la retirada de anclajes metálicos antiguos y oxidados de hierro. Cuando la eliminación suponía un riesgo para la conservación del sillar no se retiraron, se limpiaron y protegieron para evitar futuras oxidaciones.

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Retirada de anclaje antiguo con cincel.

Se realizó la limpieza de las caras externas de los sillares para retirar todos los productos ajenos al soporte que pudieran generar la aparición de nuevas alteraciones, recuperar las superficies originales y preparar el soporte para su posterior consolidación.

El grado de alteración de los sillares era muy diverso, al igual que la naturaleza y compacidad de la suciedad que los recubría. Por ello se contempló la utilización de distintos sistemas de limpieza, todos ellos fácilmente controlables por el operario, y que garantizaban la conservación de la superficie original sin que resultara afectada la estructura o el aspecto del granito.

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Limpieza con microtorno, empleado en costras negras de gran espesor.

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Limpieza con microabrasímetro mediante la proyección de microesferas de fibras de vidrio, en costras negras de menor espesor y en limpieza general de sillares.

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Limpieza mediante desincrustación fotónica o láser en claves, escudos y sillares con avanzado estado de degradación.

El sellado de fisuras pequeñas se hizo con inyecciones de mortero hidráulico sin árido. Para las grietas, ampollas y desplacaciones de mayor entidad se utilizó resina epoxi, añadiéndole en algunos casos polvo de sílice. En ambos caso se realizó un acabado superficial a base de mortero de cal y áridos de distintas granulometrías con pigmentos minerales para conseguir una textura similar a la del granito.

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Inyección de resina epoxi fluidificada en el interior de la fisura.

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Sellado exterior de la fisura mediante mortero de cal y árido pigmentado.

Se pegaron y cosieron fragmentos desprendidos. En la mayor parte de los casos se insertaron varillas de acero inoxidable o de fibra de vidrio en las partes a unir y en ocasiones se recurrió al empleo de grapas para garantizar las uniones.

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(9a)

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Proceso

Proceso de cosido de un fragmento: taladro, limpieza por aire comprimido, inyección de resina epoxi e inserción de varilla de fibra de vidrio.

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Proceso

Proceso de unión de las dos partes de un sillar de gran tamaño fracturado, que termina con el atado exterior mediante grapas de acero inoxidable.

En las lagunas que por razones de índole estructural era necesario reconstruir se reintegraron los volúmenes perdidos con morteros adecuados entonados en el tono base del granito acabando con pigmentos de carácter imitativo, y utilizando en casos necesarios varillas de fibra de vidrio para reforzar la unión.

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Reintegración volumétrica: realización de armaduras con varillas de fibra de vidrio, reconstrucción del volumen perdido mediante morteros adecuados y pigmentados en tono base y reintegración cromática mediante pigmentos de carácter imitiativo.

Preparación

Preparación de muestras para el acabado final.

Durante la intervención de José MªGonzález Valcárcel en los años 60 se realizaron reintegraciones parciales de sillares rotos con morteros de cemento. Cuando la eliminación de los mismos entrañaba riesgos para la conservación del elemento original se procedió a la reintegración cromática para lo que se utilizó pintura al silicato.

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(11a)

Proceso

Proceso de reintegración cromática mediante el estarcido de diferentes pigmentos, matizados con esponja y matizado final con pincel.

Con el fin de recuperar parte de la resistencia mecánica pérdida se realizó la consolidación superficial de todos los sillares. El producto utilizado, que debía asegurar la adhesión entre la zona alterada y la parte sana, fue el mismo que el que se usó durante la fase de preconsolidación. La aplicación se realizó por pulverización, insistiendo por impregnación, hasta la total saturación, en las zonas más deterioradas.

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Consolidación

Consolidación por aplicación de un éster del ácido silícico mediante pulverización y repaso por impregnación con brocha.

(*) Cuando la consolidación se realizó en las superficies pétreas con alto grado de descohesión con anterioridad a las operaciones de limpieza y cosido, para que no se produjeran nuevos daños, el nombre técnico de la operación es preconsolidación.

Un pequeño número de los sillares originales, que habían perdido gran parte de su sección, no pudieron recuperarse para el montaje por suponer un riesgo para la estabilidad del conjunto. Por otro lado se debían sustituir algunas piezas de la panda Sur, ya que González Valcárcel había utilizado aplacados y elementos de hormigón armado el lugar de sillares enteros como los originales.

Se realizó un estudio de los granitos para determinar su procedencia y labrar los nuevos sillares con piedra extraída de las mismas canteras, ambas situadas en la Comunidad de Madrid: la de Alpedrete, para el Claustro original, y la de Zarzalejo, para los elementos reconstruidos en la panda sur, con un grano más grueso, menos homogéneo y con menos gabarros.

La labra de sillares de sustitución se hizo según el diseño original y con el mismo acabado de superficie.

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Proceso de

Proceso de labra y abujardado de sillar de la hilada 28 del lado sur, con el canecillo incorporado según el diseño original, y sillar finalizado. Los nuevos sillares se cortaron a tamaño ligeramente mayor del realmente necesitado para luego terminarse de ajustar durante el Montaje.

La obra de Restauración del Claustro comenzó el 25 de septiembre de 2001. Con una duración inicial prevista de quince meses, finalizó en el primer trimestre de 2003. Costó aproximadamente 690.000 € y supuso en torno a 20.000 horas de trabajo de restauradores titulados en dos turnos diarios, sin contar el apoyo de un amplio equipo multidisciplinar compuesto por peones especializados, canteros, maquinistas, petrólogos y geólogos, arquitectos y arquitectos técnicos y coordinadores de seguridad.

Conforme su fue terminando la restauración de las hiladas inferiores se acometió en la nave de Meco una especie de “ensayo general” del Montaje. Consistió en realizar un montaje de las primeras hiladas del Claustro, piedra sobre piedra, sin mortero de agarre. Se perseguía situar exactamente las cuatro aristas de cada pilar, así como la cota de arranque de cada una de las basas. No hay que olvidar que el Claustro, antes del Desmontaje, estaba afectado por importantes deformaciones, y durante el mismo se habían grabado unas marcas en las basas que arrojaban diferencias de hasta 12 cm. Este replanteo en la nave de Meco tenia por objeto determinar que diferencias eran originales y cuales no, pues estas últimas no debían reproducirse durante el Montaje.

Montaje

Montaje de las primeras hiladas del Claustro en la nave de Meco.

La misma operación se realizó en la hilada 14, que corresponde a la imposta sobre la que arranca el segundo nivel de arcadas. Las hiladas 13 y 14 son las primeras que cierran el Claustro en todo su perímetro pues no tienen los huecos de los arcos y su montaje vendría a demostrar si los arcos de la arcada inferior se habían cerrado correctamente y si el Montaje, hasta esa altura, se había hecho correctamente.

En el verano de 2003 comenzaron a trasladarse los sillares desde Meco a los Jerónimos empezando por las hiladas inferiores siguiendo un orden necesario. Se descargaron directamente desde los camiones mediante grúa los palets de madera por la Calle Casado del Alisal hasta el piso dónde se montarían, efectuándose los traslados internos con carretillas elevadoras.

Sillares

Sillares acopiados sobre palets tras su llegada a la obra.

En ese momento la obra de ampliación del Museo del Prado estaba muy avanzada. Ya se habían finalizado el muro de hormigón que hoy envuelve al Claustro y la viga de coronación del mismo sobre la que pronto se terminarían de ejecutar los lucernarios. Dentro de este ajustado recinto se montó el Claustro como una estructura exenta e independiente que no llega tocar los elementos de hormigón que lo envuelven. Para el sistema general de elevación general de los sillares se dispuso de un perfil perimetral anclado a la viga mencionada del cual se suspendieron una serie de polipastos eléctricos.

Sistema

Sistema de izado de los sillares: dos polipastos suspendidos de un perfil metálico.

Replanteo

Replanteo de la esquina suroeste. Se observa el siglado, los huecos de las llaves de unión y el gran hueco central, que estuvo relleno con mampostería y piedras procedentes de otras construcciones.

Los escudos fueron una excepción al sistema general de elevación. Se subieron por los ángulos con ayuda de otros perfiles montados al efecto y se trasladaron con un carro que se desplazaba sobre raíles a lo largo de los andamios.

Una vez situado cada sillar en su posición, pero antes de apoyarlo sobre la hilada inferior, se repartía una cantidad suficiente de mortero de cal y se colocaban unas cuñas de madera sobre las que se posaba la pieza. A continuación el sillar se llevaba a su posición definitiva con ayuda de unas palancas, hasta que quedaba alineado, aplomado y nivelado, momento en que se estabilizaba acuñando con lascas de piedra. Una vez fraguado el mortero se podían retirar las cuñas.

Arranque

Arranque de una de las pilastras sobre dado de hormigón coloreado en masa. Cada uno de estos elementos tiene diferente alturas pues tuvieron que adaptarse a las diferentes medidas de cada una de las basas.

Arranque

Arranque de la esquina SE.

Vista

Vista general del lado Sur.

Para el montaje de los arcos se utilizaron veinte cimbras metálicas con el apoyo de apeos de madera. Uno de los puntos críticos del Montaje fue comprobar el cierre de los arcos, que se realizó sin problemas con un ajuste bastante preciso, ya que cualquier deformación en uno de ellos hubiera repercutido en el conjunto de los mismos así como en el cierre de las hiladas inmediatamente superiores a los mismos, 13 y 14 para la arcada inferior y 26 y 27 para la arcada superior.

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Montaje de los arcos inferiores con cimbras metálicas.

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Vista general de los lados Este y Sur.

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El Claustro una vez finalizado el montaje.

Finalizado el Montaje, se realizó una revisión final de todas las piezas así como una limpieza general, eliminando el polvo con un cepillado suave y aspiración, y se efectuaron pequeñas reparaciones en fisuras, desplacaciones y alguna fractura con métodos idénticos a los usados en la Restauración.

Habían pasado cuatro años desde los trabajos iniciales en octubre de 2000, finalizado un proceso que fue apasionante vivir y zanjado la polémica artificial creada en torno al madrileño Claustro de los Jerónimos.

Nota: La obra de Restauración fue realizada por la empresa J.QUIJANO S.A. y la de Montaje por PROART como subcontrata de las empresas adjudicatarias de la obra de Ampliación del Museo Nacional del Prado, A.C.S y SAN JOSÉ. Los trabajos fueron dirigidos, como los de fases anteriores, por Concha Cirujano Gutiérrez, restauradora del Instituto del Patrimonio Histórico Español.

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Texto y fotografías por: Celia Vinuesa, arquitecto.

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La primera vez que vi las esculturas de Cristina Iglesias fue por casualidad, hace mucho tiempo, en 1998, en el Palacio de Velázquez del Retiro. Fue una sorpresa, se trataba sin duda de un mundo diferente, nada que ver con la escultura tradicional, tanto figurativa como abstracta. Sus obras eran construcciones, muros, techos; arquitectura creada mediante formas escultóricas que parecían tomadas de la naturaleza. Recuerdo sobre todo las paredes formadas por infinidad de formas vegetales, espacios que podían ser visitados, habitaciones misteriosas, bosques… Para, como ella misma dice, “crear nuevas formas”, utiliza materiales muy distintos, como el hormigón, el hierro, la resina, el cristal, polvo de piedra…

Sin título (Celosía) 1997

Sin título (Celosía 1997). Madera, resina y bronce.

Habitación de bambú

Habitación de bambú (1995-97). Aluminio fundido.

(imágenes del folleto de la exposición
Palacio de Velázquez-Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía,
5 febrero a 20 de abril de 1998)

Luego supe que era su primera exposición individual en un museo español -procedente del Museo Guggenheim de Nueva York- y que no volvería a exponer en Madrid hasta muchos años después.

Pero para entonces ya era una escultora importante, reconocida internacionalmente, que había expuesto en museos y ciudades de buena parte del mundo. Al año siguiente recibiría el Premio Nacional de Artes Plásticas 99 junto al artista Pablo Palazuelo.

El gran pintor y escultor madrileño tenía 83 años, y ella 43. El siglo XX llegaba a su fin, y el jurado quiso premiar una “trayectoria reconocible” y un “valor renovador”. El pasado, el presente y el futuro del arte español.

Unos años después, el arquitecto Rafael Moneo, autor de la Ampliación del Museo del Prado, le encargó la creación de la puerta de entrada a su famoso Cubo, que acoge el antiguo Claustro de los Jerónimos.

Cristina Iglesias ideó una puerta-escultura maravillosa, en su más puro y personal estilo. Construida en bronce, consta de seis elementos, fijos los dos de los extremos, cuatro móviles, pesa 22 toneladas y mide 6 metros de altura. Como tantas obras suyas, recuerda elementos vegetales, raíces intrincadas que asombran desde su instalación en febrero de 2007.

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Pudo ser contemplada abierta, recién inaugurada la ampliación del Museo en octubre del mismo año. A partir de entonces solo se abrirá en contadas ocasiones, para acontecimientos señalados o para dar paso a personalidades. La casualidad quiso que ese mismo mes, unos días antes, muriera Pablo Palazuelo.

No muy lejos del Prado, en el Paseo de Recoletos, tras la verja del Palacio del Marqués de Salamanca, actualmente propiedad del BBVA, se encuentra, inconfundible, una obra de Cristina Iglesias. En este palacio vivió el marqués, que también fue coleccionista de arte, en su época de gloria, antes de trasladarse a la Quinta de Vista Alegre, donde murió.

Instalada en marzo del mismo año en el jardín, junto a las antiguas fuentes y otras esculturas, se encuentra la obra “Sin título” (Celosía X), realizada en gres.

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por Mercedes Gómez

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Cristina Iglesias, nacida en San Sebastián, se casó con el también escultor Juan Muñoz, madrileño, que obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2000, un año después que ella.
Juan Muñoz murió inesperada y prematuramente en 2001
.
Durante los últimos días la escultora ha asistido al montaje de la gran exposición dedicada al que fue su marido, en el Museo Reina Sofía, que podremos disfrutar hasta el próximo 31 de agosto.

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Juan Muñoz. Retrospectiva
21 de abril – 31 de agosto de 2009

Preconsolidación y Desmontaje.-

En el año 2000 el Claustro, sin cubierta alguna que lo protegiera, se encontraba expuesto a la acción del agua en combinación con las bruscas variaciones de temperatura, a la contaminación y a las sales procedentes del terreno natural ya que hacía decenas de años que había perdido el pavimento, por lo que estaba afectado por depósitos de suciedad muy adheridos, grietas, fisuras, fracturas, descohesión de los componentes del granito, desplazamiento de sillares debido a la disgregación y pérdida de morteros originales de cal, así como a la formación de colonias de plantas y a la aparición de eflorescencias salinas.

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Las costras son acreciones de yeso adheridas a la superficie del granito cuya causa primera es la contaminación atmosférica que produce reacciones de descomposición en los componentes de la roca. El color negro se debe a las partículas procedentes de la combustión del carbón y derivados del petróleo en calefacciones y vehículos. En el Claustro estaban muy extendidas y eran de diferentes espesores, encontrándose en ocasiones el granito fuertemente disgregado bajo ellas.

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Depósitos de suciedad en un escudo

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Reparación de fisura con mortero de cemento, diferente a los originales de cal. La utilización de mortero de cemento provocaba la aparición de eflorescencias.

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En la cornisa superior eran frecuentes las colonias de plantas y musgos y en ella se encontraban depositados materiales diversos transportados por el viento.

Entre los estudios previos al Desmontaje que se realizaron en el Claustro el “Informe sobre la estabilidad y posible consolidación de las arquerías del claustro de San Jerónimo el Real” (D. Santiago Huerta Fernández, arquitecto, profesor de Estructuras de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, noviembre de 2000), indicaba: “La situación del piso superior de las arquerías norte y este puede considerarse crítica. Aunque es evidente que llevan en esta situación varios decenios, la posibilidad de un fallo local en algunas de las columnas, que podría desencadenar un hundimiento parcial del piso superior, es imposible predecir y puede ocurrir ahora o dentro de 10 años”.

Durante los meses de octubre y noviembre de 2000 se llevaron a cabo los trabajos de Preconsolidación (1) de los elementos pétreos del Claustro. El objetivo era el tratamiento de aquellos elementos que por su estado de conservación precisaban de una intervención como preparación para la restauración posterior y para que durante el Desmontaje no se produjeran daños. Tratándose de una intervención preliminar se seleccionaron las zonas a tratar en función de su estado de degradación y del riesgo que entrañaba su manipulación, así como aquellos elementos considerados singulares y que por su valor histórico-artístico debían preservarse especialmente. La fase de Preconsolidación se centró sobre todo en las basas y capiteles de las columnas, dovelas y claves de los arcos y escudos.

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La desalación se realizó mediante la aplicación de pulpa de pasta de papel, proceso habitual en la restauración de monumentos. El 27 de septiembre de 2000 El País publicó “HORAS FINALES DEL CLAUSTRO DE LOS JERÓNIMOS: Un equipo técnico recubre con pasta de papel sus piedras más erosionadas antes de iniciarse el desmontaje”.

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En la mayor parte de los casos la limpieza y eliminación de costras negras se realizó con microabrasímetro, y con la utilización como abrasivo de microesferas de vidrio con diámetro entre 100 y 250 milimicras.

Durante la Preconsolidación, y como paso previo a cualquier intervención de desmontaje de un Bien de Interés Cultural, se tomaron las medidas adecuadas que permitieran en el futuro la reconstrucción exacta y fiable del monumento. Se realizaron los trabajos para la obtención de la Restitución Fotogramétrica o Fotogrametría (2) de los cuatro alzados del Claustro, que sirvieron para levantar toda la documentación necesaria no sólo de la Preconsolidación, sino de las fases posteriores.

Coincidiendo con la realización de los trabajos mencionados se produjo en octubre de 2000 la visita al Claustro de todos los miembros del Tribunal Supremo, hecho histórico del que la prensa hizo amplio eco. El día 18 del mismo mes El País publicó “El Supremo rechaza paralizar las obras del Claustro de los Jerónimos … …al estimar que su fin es la conservación de los elementos estructurales … … visiblemente afectados por un proceso de degradación progresiva…”

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Plano de la Restitución Fotogramétrica del alzado este del Claustro y vista del alzado en el año 2000.

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Fragmento de plano que muestra los daños en la zona de un arco antes de la Preconsolidación

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Fragmento de plano que muestra la intervención de la Preconsolidación en la misma zona.

El 2 de febrero de 2001 se inició, envuelto en una gran repercusión mediática, el Desmontaje del Claustro, que se prolongó durante tres meses. Ante el considerable riesgo de derrumbe de las caras del mismo se proyectó y calculó el apeo estructural que se colocó en el interior del mismo. Su misión, a diferencia de la que hubiera tenido un andamio más simple, era no sólo servir de plataforma de trabajo con las máximas condiciones de seguridad, sino evitar la posible caída del Claustro. La estructura estaba dotada en toda su altura y en todos los lados del claustro de plataformas, accesos, barandillas y elementos de seguridad en número suficiente para permitir el desarrollo de los trabajos. Los arcos se apearon con cimbras metálicas dotadas de terminaciones regulables para acoger tablones de madera sobre los que se apoyaban las dovelas. El diseño permitió que se pudieran adaptar a cada uno de los arcos ya que en origen las dimensiones de los mismos no eran exactamente iguales.

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En este grupo de planos se plasmó el riesgo de daño que podrían tener los sillares en función de su estado de conservación tipo de labra y situación en el Claustro durante el Desmontaje para poder prever las medidas preventivas. En general el mayor riesgo o “riesgo 5” se estableció para las claves, escudos y capiteles de las pilastras de la arcada superior, y con “riesgo 4” las cornisas intermedia y superior.


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Apeo estructural en la esquina SO. El edificio de Sindicatos del Paseo del Prado a la derecha.

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Apeo estructural en la esquina NO

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Cimbra regulable para sostener las dovelas del arco durante el Desmontaje.

Fue tarea esencial el siglado de todo elemento constructivo de forma clara y definitoria representando tres parámetros: la orientación (N, S, E, O), el nº de hilada en la que se encontraba (de 1 a 29 de abajo hacia arriba) y la posición correlativa respecto a la anterior y posterior empezando a contar por la primera de izquierda a derecha. El proceso se realizó colocando plantillas de estarcir metálicas sobre la cara superior oculta de cada elemento y se utilizó pintura acrílica sobre la superficie limpia y preparada con un barniz reversible para facilitar su posterior retirada. La numeración de los sillares se realizó también sobre los planos fotogramétricos. Desde entonces cada uno de los dos mil ochocientos veinte sillares fueron perfectamente identificables así como el lugar que ocupaban en el Claustro.

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Proceso de siglado en la hilada 19 de la esquina SO

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Fotografía y dibujo de la hilada 11 de la esquina SO. Detalles constructivos como el atado mediante grapas entre determinados elementos del Claustro quedaron recogidos para realizarse de la misma manera durante el Montaje.

El Desmontaje se realizó por cuadrillas de canteros especialistas hilada por hilada, mientras se levantaban numerosos dibujos para conocer y reflejar cualquiera singularidad de la construcción que luego tuviera que tenerse en cuenta y para poderse acometer, con la máxima fidelidad histórica, el Montaje.

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De abajo hacia arriba dibujos de las hiladas 26, 27, 28 y 29 del alzado norte del Claustro. Reflejan singularidades como la irregularidad de los sillares, de diferentes dimensiones y siempre más anchos en la parte central de la hiladas, la ausencia de labra en la cara interior ya que en origen esta cara no quedaba vista al estar rodeada por las galerías claustrales o la existencia de una grapa en la hilada 27 para la sujeción del escudo. En la fotografía inferior se muestran las hiladas.


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Detalle central del dibujo de la hilada 26 norte en el que queda reflejada la parte inferior del escudo.

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Muchos de los sillares fueron levantados únicamente sujetos con las eslingas o correas. En aquellos cuya geometría, labra y estado de conservación lo permitió se introdujeron en las caras no vistas tacos mecánicos a los que se roscaron argollas por las que se introdujeron las eslingas.

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Izado de un peto sujeto únicamente con eslingas

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Levantado de un sillar con eslingas introducidas en argollas

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Proceso de desmontaje de un arco.

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Escudo ya desmontado

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Durante el transporte los sillares fueron convenientemente protegidos con gomaespuma en las zonas de agarre para evitar daños en la superficie y embalados cuidadosamente en palets de madera se trasladaron a la nave habilitada a tal efecto propiedad del Ministerio de Educación Cultura y Deporte en Meco, dónde al descargarse se realizaba una foto digital de entrada de cada uno de ellos, y se procedió al acopio cuidadoso en el lugar asignado previamente, a la espera de la Restauración.

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Preparación para el transporte. Los sillares se depositaban en los camiones en grupos nunca mayores de tres filas separados por palets de madera.

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Los sillares acopiados en Meco y ordenados según la zona de procedencia.

Las cimentaciones que habían quedado vistas tras el Desmontaje iban a deparar una considerable sorpresa. Entre las piedras de mamposterías aparecieron otras de bella labra, similares a las que se habían encontrado como material de relleno de las esquinas ya desmontadas, muy diferentes a los granitos grises del Claustro. En el artículo de la revista publicada por el Instituto del Patrimonio Histórico Español nº 6 de 2006 “Restauración y estudio geométrico y compositivo del claustro gótico del monasterio de los Jerónimos de Madrid”, de Concha Cirujano Gutiérrez, se exponen los análisis y conclusiones: las piedras proceden de un claustro, y podría tratarse del de la primitiva fundación jerónima: el claustro del monasterio de Santa María del Paso en el Camino del Pardo del que desde hace quinientos años nada sobre su paradero se conocía.

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Vista aérea de la excavación arqueológica en la zona del Claustro y construcciones anexas tras el Desmontaje.

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El equipo de arqueólogos trabajando en las cimentaciones del lado norte de Claustro.

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Restos arqueológicos encontrados a la espera de ser trasladados a Meco.

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(1) Preconsolidación. El vocablo “consolidar” en restauración hace referencia a la aplicación de productos para devolver la cohesión interna a los componentes del granito y recuperar parte de la resistencia mecánica pérdida. Es preciso que el producto penetre y se asegure la adhesión entre la zona exterior alterada y la parte interna sana, por lo que lo habitual es que se realice después de la limpieza. Cuando debido al mal estado de la pieza se realiza antes, se habla de “preconsolidar”, palabra que dio nombre a esta fase de las obras.

(2) Fotogrametría. La fotogrametría arquitectónica es una técnica usada para documentar con la mayor precisión posible el patrimonio. Mediante métodos que combinan topografía de precisión y fotografía digital se obtiene los documentos gráficos en tres dimensiones, que son plenamente fiables a la hora de publicar, conservar o trabajar en restauración.

Notas: La obra de Preconsolidación fue realizada por la empresa CABBSA y la de Desmontaje por J.QUIJANO S.A. Los trabajos fueron dirigidos por Concha Cirujano Gutiérrez, restauradora del Instituto del Patrimonio Histórico Español.

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Texto y fotografías por: Celia Vinuesa, arquitecto.

Iniciamos hoy la publicación de un trabajo excelente sobre el Claustro de los Jerónimos y su restauración en las Obras de Ampliación del Museo del Prado. Su autora es Celia Vinuesa, arquitecto.

Para mi es una inmensa suerte, un lujo, el contar con su colaboración en este blog.

Celia fue la coordinadora de las obras de ampliación del Prado por parte de la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de Educación y Cultura del Ministerio de Educación y Cultura, entre los años 2000 y junio de 2004.

Con mimo, pieza a pieza, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, documentado, restaurado y montado de nuevo. Asistiremos a todo el proceso gracias a Celia, testigo de excepción, a través de sus textos y sus fotografías.

En la primera parte de su artículo nos cuenta la historia del Claustro, tan antigua, y nos muestra el estado en que se encontraba antes de la restauración. En la segunda parte asistiremos a su Preconsolidación y Desmontaje. Y en la tercera a su Restauración y Montaje.

Espero que os guste, y cuando Celia nos descubra los hallazgos conseguidos gracias a este desmontaje necesario, os parezcan tan emocionantes como a mí.

Mercedes

Introducción histórica y estado antes de la restauración.-

Las obras del Monasterio de San Jerónimo el Real comenzaron en 1503, probablemente siguiendo las trazas y dirección de Enrique Egás. Su estilo era gótico tardío de tipo isabelino y se componía, además de la Iglesia, de un claustro en torno al cual se situaban las dependencias monacales. La construcción respondió a la petición hecha a los Reyes Católicos por parte de los monjes del convento situado en el camino de El Pardo que Enrique IV había fundado en 1464, ya que consideraban que el lugar primitivo era insalubre y pantanoso. El nuevo emplazamiento estaba en la zona extramuros de la villa, en un pequeño alto sobre el Arroyo de la Fuente Castellana.

Entre 1550 y 1560 se levantó un nuevo claustro de estilo plateresco, llamado posteriormente “claustro viejo”, al oeste del que ya existía. Fiel a la costumbre de la monarquía española de alojarse en los conventos, pero consciente de la incomodidad de hacerlo en las mismas celdas que los monjes, Felipe II ordena a Juan Bautista de Toledo construir un Cuarto Real adosado al lado norte del ábside de la iglesia. En la década de 1630, con motivo de la jura del príncipe Baltasar Carlos y por mediación del Conde Duque de Olivares, Felipe IV transforma el Cuarto Real. Lo que en un principio era una Ampliación de los aposentos reales existentes en el Monasterio, se convirtió en la residencia de recreo y descanso de los Austrias en las afueras de la villa.

El Monasterio de  los Jerónimos en el plano de Mancelli-Witt, hacia 1635

El Monasterio de los Jerónimos en el plano de Mancelli-Witt, hacia 1635

El Monasterio de los Jerónimos y el Palacio del Buen Retiro en el plano de Teixeira, 1656.

El Monasterio de los Jerónimos y el Palacio del Buen Retiro en el plano de Teixeira, 1656.

El Claustro principal conocido popularmente como Claustro de los Jerónimos hoy reconstruido dentro de la Ampliación del Museo del Prado fue levantado en el lugar donde se encontraba el primer claustro gótico isabelino del Monasterio. La fecha probable de construcción, en opinión de la mayoría de los autores, es 1672, y el autor Fray Lorenzo de San Nicolás. Está realizado en granito madrileño y decorado con los escudos reales y con los emblemas de los Jerónimos.

En 1808 el Monasterio se convirtió en Cuartel General de Murat y posteriormente en el transcurso del ataque a Madrid por las fuerzas angloespañolas resultó considerablemente dañado. Tras la desamortización del reinado de Isabel II la iglesia del Monasterio fue Parque de Artillería y el convento cuartel. En 1837 el Claustro se convirtió en hospital o cuartel de inválidos y en 1855 se utilizó como hospital de coléricos coincidiendo con la gran epidemia.

“Plan Topographique de la Ville de Madrid et ses environs / avec la position de l'armée française pendant le bombardement le 3 decembre 1808". Servicio Geográfico del Ejército (Madrid 1808).

“Plan Topographique de la Ville de Madrid et ses environs / avec la position de l'armée française pendant le bombardement le 3 decembre 1808". Servicio Geográfico del Ejército (Madrid 1808). El Monasterio y el Palacio en la parte inferior.

En torno a 1865 con la construcción de la Calle Ruiz de Alarcón entre los Jerónimos y el Museo del Prado, dentro de las obras del nuevo Ensanche de Madrid, se perdió el claustro plateresco y comienzan a perderse las galerías en torno al Claustro. Nos queda, como testimonio de la coexistencia de los dos claustros, la maqueta de León Gil de Palacio de 1830 que se encuentra en el Museo Municipal.

Plano de construcción del Ensanche. Ya se ha perdido el claustro plateresco. En azul los restos del Palacio del Buen Retiro.

Plano de construcción del Ensanche. Ya se ha perdido el claustro plateresco. En azul los restos del Palacio del Buen Retiro.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal

En febrero de 1879 se hizo el deslinde entre el Buen Retiro y el Monasterio y en el mismo mes de 1880 ya se habían realizado las obras más urgentes de restauración general del templo a cargo del arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, quién en la memoria de su intervención destacaba el estado de ruina en que se encontraba el Claustro.

En 1925, por Real Orden del 15 de Julio, el Claustro fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional. En marzo de 1931, el arquitecto Emilio Moya informó al entonces Director General de Bellas Artes del estado de ruina inminente en que se encontraba el Claustro, recomendando que se prohibiera el acceso al mismo hasta que se aprobaran las obras de apeo. Hay carencia de documentación y de intervenciones hasta el año 1947, probablemente debido a la Guerra Civil, año en que se realizó la edificación en torno al Claustro cegando los arcos de la arcada inferior.

En los años 1963 y 1964 el arquitecto José María González Valcárcel realizó la reconstrucción de las arquerías del lado Sur del Claustro tras el desplome acaecido en la década anterior. Su proyecto comprendía, según la memoria del mismo, “… las obras de consolidación y recalzo de cimientos detalladas en los documentos del proyecto, la sustitución de las basas y capiteles totalmente descompuestos y abiertos y la cornisa desaparecida o totalmente destruida, que es preciso sustituir. También se incluye la restauración de dos escudos y dos claves con emblemas jerónimos que están en mal estado de conservación y en peligro de caerse. Para estas obras es preciso montar los andamios necesarios, procurando conservar al máximo las piedras antiguas, aún cuando la mala calidad de la piedra y el abandono en que ha estado a raíz de la exclaustración del Monasterio, obliga a sustituirlas parcialmente….” Valcárcel utilizó una cantera diferente de la original, según pudo comprobarse años después en los ensayos previos a la restauración del Claustro.

La proximidad del Claustro y del Museo del Prado y la necesidad de este último de constantes ampliaciones y aumento de superficie desde el momento en que se decidió cambiar el uso del edificio que se había comenzado a construir en 1785 para Gabinete de Historia Natural y Academia de las Ciencias al de Galería de las Nobles Artes en 1818, ha provocado que muchos de los numerosos proyectos para ampliaciones que no llegaron a construirse actuaran en el entorno del Claustro. Ya en 1851, siendo director del Museo José de Madrazo, se solicitó el espacio del antiguo convento de San Jerónimo para establecer allí a los celadores, talleres de restauración de pintura y escultura, y para poder también desarrollar algún espacio para exponer obras de los depósitos. En 1972 Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos plantearon en torno al claustro del monasterio de los Jerónimos un edificio conectado con el Museo por medio de un puente-galería.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos, 1972. El Claustro a la derecha de la imagen.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos, 1972. El Claustro a la izquierda de la imagen.

En septiembre de 1996 el concurso internacional para la ampliación del Museo del Prado es declarado desierto. En 1998, en la convocatoria de un concurso restringido a los diez últimos finalistas del primer concurso, es elegido el anteproyecto de Rafael Moneo Vallés para la ampliación del Museo del Prado. El proyecto contemplaba la construcción de tres niveles de sótano bajo la cota del Claustro para destinarlas a salas de exposiciones temporales y almacenes, con lo que se hizo imprescindible el desmontaje del mismo.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo Vallés.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo Vallés. El Claustro a la derecha de la imagen.

Las obras de ampliación del Museo comenzaron en 2001 pero desde el año 2000 se vinieron realizando en el Claustro actuaciones y estudios previos al desmontaje. La situación de partida era la de unas arquerías exentas, carentes de bóvedas, arcos o cualquier elemento estructural que en el pasado dieron estabilidad al conjunto, que mostraban una visible y alarmante curvatura hacia el patio según pudo apreciarse con claridad desde los andamios que se montaron para las obras de Preconsolidación y Desmontaje, las dos primeras del proceso de recuperación del Claustro, a las que seguirían la Restauración y el Montaje, finalizando este último en 2004.

Estado del Claustro antes de la restauración:

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Texto, selección de imágenes y fotografías por : Celia Vinuesa, arquitecto.

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Bibliografía.-

Pedro Moleón Gavilanes. Proyectos y obras para el Museo del Prado. Fuentes documentales para su historia. Madrid, Museo del Prado, 1996.

Jonathan Brown – John H. Elliot. Un palacio para el Rey. El Buen Retiro y la Corte de Felipe IV. Madrid. Taurus. 2003.

Elías Tormo y Monzó. Las iglesias del antiguo Madrid. Madrid. 1927. Reedición del Instituto de España. 1979. Pág. 200-206.

Antonio Ponz. Viage (sic) de España. Madrid. Viuda de Ibarra. 1793. Vol. V. Pág. 12-21.

Fray José de Sigüenza, OSH. Historia de la Orden de San Jerónimo. Madrid. Nueva Biblioteca de Autores Españoles. 1907. Vol. I. Pág. 373-376.

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Y los próximos títulos serán:

La restauración del Claustro de Los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado (II).- Preconsolidación y Desmontaje.

La restauración del Claustro de los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado (III).- Restauración y Montaje.

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