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Desde 1992 en que fue inaugurado, el Museo Thyssen ocupa el que fuera antiguo Palacio de Villahermosa. Como vimos, este inmueble, junto con otros cuatro colindantes, formaron el sitio nº 6 de la que sería la manzana nº 273, que hacia 1750 era propiedad de la condesa de Altri. En 1771 su dueño pasó a ser el duque de Villahermosa.

A finales del siglo XIX la heredera del título de Villahermosa, Carmen de Aragón, se casó con José Manuel Goyeneche, conde de Guaqui. El hermano de José Manuel, Juan Mariano, que heredó el título de conde de Guaqui, también pasó a poseer los terrenos aledaños al Palacio de Villahermosa, sobre los que en el siglo XX se construyeron las conocidas como Casa de la duquesa de Goyeneche y Casa del conde de Guaqui.

Un complicado entramado de títulos nobiliarios, matrimonios y herencias que se refleja en los solares de esta manzana y la construcción de sus casas-palacio.

La antigua Casa Palacio de la Duquesa de Goyeneche, en la calle Marqués de Cubas actual número 21, fue construida en 1915.

Y en el número 19, con vuelta a la calle de Zorrilla, se levantó la Casa del Conde de Guaqui. Esta se comenzó a construir en 1917 según proyecto del arquitecto Cesáreo Iradier.

La Construcción Moderna (Hemeroteca BNE)

La Construcción Moderna (Hemeroteca BNE)

En noviembre de ese año 1917 la revista La Construcción Moderna publicaba la noticia de que, sobre el solar del entonces nº 13 de la calle, propiedad del conde de Guaqui, el nuevo edificio se hallaba en construcción “inspirada la arquitectura de las fachadas en el estilo antiguo del renacimiento español”.

palacio de guaqui

Fue reformado en 1952 por Luis García de la Rasilla y en 1995 por Francisco Ramírez Montesinos.

guaqui fachada

El proyecto original de Iradier utilizó elementos característicos de la arquitectura de comienzos del siglo XX, destacando el uso de las artes decorativas como la escultura, el hierro forjado y la cerámica.

Calle Zorrilla c/v Marqués de Cubas 19.

Calle Zorrilla c/v Marqués de Cubas 19.

guaqui escultura

Ambos edificios, el de la duquesa de Goyeneche y el del conde de Guaqui, fueron reestructurados en 2002 para la ampliación del Museo Thyssen que desde entonces albergan.

En la actualidad, durante la visita al museo, tras una inesperada puerta, podemos comprobar que se conserva el portal del segundo, de la Casa-palacio de Guaqui en el que se ha instalado una maqueta del conjunto museístico.

guaqui portal int

Antiguo portal de la Casa del conde de Guaqui

thyssen maqueta

Con sus espléndidas puertas de hierro forjado que ahora contemplamos desde el interior, su puerta de entrada a la vieja Portería…

guaqui porteria

… y su hermoso zócalo de cerámica.

guaqui detalle ceramica

Creo que es lo único que queda del interior de la casa-palacio del conde de Guaqui, por otra parte ahora sede de extraordinarias obras de arte propiedad del Museo Thyssen. Cuando vayáis la próxima vez al museo echadle un vistazo al antiguo portal, bonito recuerdo del pasado y de una arquitectura perdida. Y a la salida no olvidéis dar una vuelta a la manzana y contemplar las preciosas fachadas de las en otro tiempo casas palaciegas.

Por: Mercedes Gómez

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Fuentes y bibliografía:

Museo Thyssen
La edificación en Madrid. La Construcción Moderna, nº 21, Madrid, nov. 1917.
Monte-Cristo. “Un libro notable debido a la duquesa de Goyeneche”, Blanco y Negro, 22 enero 1928, pp. 59-62.
COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. 2003.

 

 

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El pasado mes de septiembre 2015 tuvimos ocasión de ver en la 2 de TVE un documental extraordinario titulado La Luz de Antonio. Se preparaba la exposición que actualmente ofrece el Museo Thyssen, los Realistas de Madrid.

Él, Antonio López, comienza diciendo: “Me enamoró… “. Se refiere a la pintura de su mujer María Moreno.

María nació en Madrid en 1933, tres años antes de que estallara la guerra. Muy pequeña fue a Valencia con su familia, donde, contó ella misma, tuvo gran libertad y vivió en contacto con la naturaleza, pero pronto volvió al duro Madrid de la posguerra y se convirtió en una adolescente introvertida. Dijo que la cultura le ayudaba a alejarse de la triste realidad y la pintura a expresarse.

Comenzó a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios. En 1954 entró en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando donde conoció a los que luego serían sus amigos para toda la vida y al que sería su marido, Antonio. Todos juntos formaron el grupo hoy conocido como los Realistas de Madrid, un grupo de artistas admirables pero sobre todo amigos, como ellos mismos siempre recalcan.

grupo joven

Hemos hablado aquí de ellos y de algunas de sus obras en varios artículos. Del propio Antonio López, de Amalia Avia y Lucio Muñoz, que tomó el camino de la abstracción. Julio López Hernández, que se casó con Esperanza Parada. Su hermano Francisco López Hernández, que se unió a Isabel Quintanilla.

grupo maduro

Esperanza –que había dejado de pintar hace muchos años– y Amalia murieron en los inicios de 2011. Lucio había fallecido en 1998.

Hay que resaltar el papel de las mujeres en la Escuela de Bellas Artes, en aquel Madrid de los años 50. Eran compañeras de estudios y en la vida, aunque ellos han llegado a ser más famosos, el arte de ellas fue muy importante, felizmente hoy día ya reconocido.

María se licenció en 1960 y se convirtió en profesora de dibujo. Al año siguiente se casó con Antonio.

Cuenta Antonio en el documental que después de casarse pasaron un mes en un pueblo de Alicante, pintando. Él dice que ella era su luz. Se enamoró de ella y también de su pintura. Nos explica que ella, más que los detalles, “captaba la luz, el alma de las cosas”.

pintando juntos1 copia

María Moreno ha participado en numerosas exposiciones colectivas. La primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1962, en el Palacio de Velázquez del Retiro. La última, la que actualmente podemos visitar en el Museo Thyssen.

Solo en tres ocasiones ha expuesto individualmente. La primera, en 1966 en la Galería Edurne. Eran óleos con silencio dentro, leemos en el antiguo catálogo.

galeria edurne

Unos veinte cuadros mostraban los lugares solitarios pero vividos por la autora. Como ese pasillo de la casa en Tomelloso.

(Foto rtve.es)

(Foto rtve.es)

En 1973 expuso en Frankfurt, Galería Herbert Meyer-Ellinger. Y la última en 1990 en París, en la Galería de Claude Bernard.

Bernard en aquellos momentos compró toda su obra. Hoy día cuenta Antonio López que no sabe cómo el galerista francés la conoció pero que la eligió y quiso que ella expusiera en su sala en París. Cuenta el propio Bernard que “ella no quería exponer, era feliz en su mundo”. En este aspecto coinciden todos. La mayoría pintaba para los demás, todos querían mostrar su obra, pero ella nunca quiso figurar socialmente, pintaba porque le gustaba.

Su pintura es luminosa, claros colores, difuminadas formas. Reconocida maestra del realismo, sus obras sin embargo parece que forman parte del mundo de la imaginación. A pesar de que pintaba sus cosas, su calle, sus flores… su pintura tiene algo de irreal.

pintando juntos2

A veces reflejó los mismos escenarios que su marido, pero de forma distinta. Ella, más suave, cotidiana. Dice Antonio que, igual que Velázquez, Mari “empezó oscura y acabó luminosa”.

(Foto rtve.es)

(Foto rtve.es)

En 1993 produjo El Sol del membrillo, dirigida por Víctor Erice, gracias a ella fue posible el rodaje de una película tan especial y difícil. Antonio López quería pintar el sol… y ella hizo todo lo posible por ayudarle a lograrlo.

pintar el sol

María, Mari, como la conocen su familia y sus amigos, siempre ha acompañado a Antonio. Recuerdo las fotografías publicadas del pintor visitando las salas antes de la inauguración junto a ella cuando en 2011 se anunciaba su esperada y memorable exposición Antonio López en el mismo Museo Thyssen.

expo 2011

Luego, cuando en 2014 se presentó la obra La Familia Real para Patrimonio Nacional, por primera vez María no estaba junto a Antonio en el acto social. Pero mientras él pinta en su estudio ella aún le acompaña y expresa la misma sensibilidad.

No hace mucho tiempo Claude Bernard quiso organizar otra exposición dedicada a la pintura de María Moreno, pero ya no ha sido posible. Ya no pinta.

Su obra está en gran parte en manos de colecciones privadas fuera de España, en Alemania, Francia e Italia. Cuenta su hija María López que hay muchas obras perdidas, o en lugar desconocido, sobre todo de la etapa en que la artista expuso en Alemania… Ella, comisaria de la exposición actual junto al director artístico del museo Guillermo Solana, ahora está buscando, con el objetivo de un día poder dedicar una exposición a la obra de su madre. Ojalá pronto podamos ver esa muestra por la que trabajan sus hijas, ahora de momento podemos admirar catorce obras en la exposición los Realistas de Madrid en el Museo Thyssen. Lo cierto es que es una ocasión única para conocer su pintura.

casa.rtve.es

(Foto: rtve.es)

El documental se puede ver en la web de rtve, La luz de Antonio. Si no lo habéis visto, no os lo perdáis, es maravilloso, es enternecedor, y enriquecedor, escuchar a Antonio López, a sus hijas y otras personas que la conocen a ella y a su arte.

Al final, la familia celebra el 82 cumpleaños de María, en el mismo jardín que ella tantas veces pintó y las bellas flores que ahora decoran una tarta alrededor de la cual se reúnen todos.

(Foto: rtve.es)

(Foto: rtve.es)

Hasta el próximo 22 de mayo podemos ver la exposición Realistas de Madrid, en el Museo Thyssen, donde los amigos se han vuelto a reunir y María Moreno brilla con luz propia. La luz de María Moreno, la luz de Antonio.

Hace pocas semanas hemos tenido ocasión de escuchar a Antonio López en su Conversación en el Palacio Real con Julio López y Francisco Calvo Serraller, una delicia. Salí enamorada de la sabiduría de Antonio López, de su pintura ya lo estaba…

Si os apetece completar esta historia En torno al arte contemporáneo, Antonio López y Julio López Hernández, se puede ver aquí.

Por : Mercedes Gómez

Como sabemos, este 2014 se conmemora el IV Centenario de la muerte de El Greco en Toledo. Con este motivo a lo largo del año vamos a tener ocasión de ver magníficas exposiciones y recordar su vida y su obra. Se trata de un acontecimiento artístico de enorme importancia de modo que no podemos dejar de hablar aquí sobre el pintor y modestamente sumarnos a este homenaje al artista, uno de los más grandes de todos los tiempos. A la poderosa atracción que a veces ejerce su personalísima obra ante nuestra mirada se añade que se trata de un personaje algo enigmático tanto por su pintura como por su vida de la que se ignoran muchos detalles.

Doménikos Theotokópoulos, El Greco, nació en 1541 en Candía, capital de la isla griega Creta, entonces perteneciente a la República de Venecia. Con 22 años ya era maestro de pintura. Con muchas lagunas y algunos datos confusos, se sabe que de Creta fue a Venecia donde vivió un tiempo, luego realizó un viaje por diversas ciudades de Italia, y finalmente hacia 1570 se instaló en Roma, hasta 1577 en que viajó a España. Tenía 36 años.

Estuvo primero en Madrid, al parecer intentando trabajar para la Corte del rey Felipe II, pero no lo consiguió. Así que decidió trasladarse a Toledo donde trabajó y vivió hasta su muerte, realizando escasos viajes y siempre por motivos profesionales.

Recién llegado a Toledo tuvo una relación amorosa con Jerónima de las Cuevas, de la que al año siguiente nació su hijo Jorge Manuel Theotocopuli –Domenico ya había italianizado su nombre y su apellido–, pero nunca se casaron.

El caballero de la mano en el pecho, h.1580 (Museo del Prado)

El caballero de la mano en el pecho, h.1580 (Foto: Museo del Prado)

Su arte, incomprendido durante los siglos XVII y XVIII, también esconde misterios, que solo los estudios iniciados en el siglo XX están revelando. Su pintura cuyo análisis llevó a teorías absurdas, como que padecía locura o defectos visuales, se ha demostrado que fue fruto de una evolución intelectual y personal y de la maestría de un genio. Visto con la perspectiva que nos ha dado el tiempo, fue el primer pintor moderno, precedente del gran Velázquez.

Hoy día, además de alguna colección particular, en Madrid son varios los museos o instituciones que poseen obras suyas o de su taller; el Museo Lázaro Galdiano, Cerralbo, la iglesia de San Ginés (impresionante su Expulsión de los mercaderes del templo), el Thyssen, el Museo del Prado…

Aunque la única obra importante que El Greco realizó para nuestra ciudad fue el retablo del templo del Colegio de la Encarnación o de María de Aragón, encargo que recibió en 1596 y que se convirtió en el trabajo mejor pagado de toda su vida. Sin embargo la extraordinaria obra, creada en plena madurez, fue objeto de comentarios negativos, las pinturas incluso fueron consideradas “creaciones nacidas del delirio”.

Según las conclusiones del Congreso celebrado en el Museo del Prado en 2000, la monumental obra estaba formada por la estructura arquitectónica, seis esculturas y siete pinturas. De todo ello solo se conservan seis pinturas. Las obras, óleos sobre lienzo, fueron desmontadas durante el reinado del rey francés José I. Después de una serie de avatares y traslados fueron felizmente recuperadas para el Museo del Prado (excepto una, La Adoración de los Pastores que se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Rumanía) procedentes del Museo Nacional de Pintura y Escultura, más conocido como Museo de la Trinidad.

Las cinco obras, firmadas, forman parte de la Colección Permanente del Museo del Prado, que dedica tres maravillosas salas (8, 9 y 10 B) a este pintor incomparable.

La Anunciación, 1597-1600, 315 x 174 cm. (Museo del Prado)

La Anunciación, 1597-1600, 315 x 174 cm. (Foto: Museo del Prado)

Acompañan a las esplendorosas pinturas que formaron parte del retablo una serie de obras maestras, como La Fábula, que representa de manera perfecta la luz que ilumina el rostro del pícaro; la famosa Caballero de la mano en el pecho, una de las obras procedentes de la Colección de Felipe V en la Quinta del Duque del Arco en el Pardo. Etc.

Además, el Prado prepara dos exposiciones temporales para este año de celebración. El próximo mes de abril presentará La biblioteca del Greco, y en junio El Greco y la pintura moderna.

Por su parte, el Museo Thyssen se ha adelantado y ya ha inaugurado El Greco, de Italia a Toledo, una pequeña pero valiosísima muestra basada en el estudio técnico de las cuatro obras que posee, que podemos visitar hasta el 2 de marzo. Ubicada en la Sala Contextos en la primera planta, la entrada es gratuita.

Se exponen los resultados de un estudio realizado mediante análisis químicos, imágenes infrarrojas y radiografías con el fin de investigar la evolución del artista desde sus inicios en Italia hasta su etapa final en Toledo.

thyssen expo

La Anunciación, 1576, 117 x 98 cm. (Museo Thyssen)

La primera obra es la Anunciación pintada en 1576 probablemente durante su estancia en Roma antes de su viaje a España. Otra es la realizada hacia 1596-1600, ya en Toledo, versión en pequeño tamaño o tal vez un boceto de la Anunciación que pintó para el retablo del Colegio de Doña María de Aragón en Madrid que hemos visto en el Museo del Prado.

La Anunciación, 1596-1600, 114 x 67 cm. (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1596-1600, 114 x 67 cm. (Museo Thyssen)

Contemplando estos lienzos se aprecia la evolución de su pintura, desde su primera época bajo la influencia de los maestros italianos hasta su singularísima pintura en la que el dibujo cedió su lugar a una pincelada más suelta de tono impresionista y sus figuras alargadas tan personales.

La Anunciación, 1576 (detalle) (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1576 (detalle) (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1596-1600 (detalle) (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1596-1600 (detalle) (Museo Thyssen)

Pura pintura, que también esconde su personalidad, para algunos extravagante. Lo que no hay duda es que fue un hombre muy culto, que le gustaba vivir bien, que consideraba que ser artista no era solo un oficio manual, como aún era considerado en España, sino algo más elevado, una filosofía, un trabajo que merecía ser bien pagado. Tuvo muchos pleitos por eso, pero curiosamente guardaba una gran parte de su obra, en lugar de venderla.

A medida que se hacía mayor su taller fue creciendo, uno de sus discípulos fue su propio hijo que se casó en Toledo y lo convirtió en abuelo.

El genial pintor murió sin haber dictado testamento, a la edad de 73 años, en Toledo el 7 de abril de 1614. Aunque sí dejó escritos con sus opiniones sobre el arte, anotaciones en los márgenes de algunas obras de su biblioteca, que explican en parte quién fue Doménico, el griego, y el porqué de su pintura y comportamiento.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Calvo Serraller, Francisco. El Greco. Alianza Cien nº 49. Madrid 1994.

Pita Andrade, J.M. y Almagro, A. “Sobre la reconstrucción del retablo del Colegio de doña María de Aragón” en Actas del Congreso sobre el Retablo del Colegio de doña María de Aragón del Greco. Madrid 2001.

Marías, Fernando. El Greco. Guía de Sala. Fundación Amigos Museo del Prado. Madrid 2010.

El Museo ThyssenBornemisza es sin duda uno de los grandes museos de Madrid. Además de sus siempre sugerentes exposiciones temporales ofrece una Colección Permanente extraordinaria, con obras que abarcan desde el siglo XIII hasta finales del XX, desde el arte Medieval, Renacimiento, Barroco, Impresionismo, las vanguardias… hasta el Pop Art. Todo ello en un edificio singular, el antiguo Palacio de Villahermosa en el Paseo del Prado.

Ahora, desde el pasado mes de enero, gracias al patrocinio de MasterCard, el museo abre dicha Colección Permanente de manera gratuita todos los lunes del año, de 12.00 a 16.00 horas.

Hace unos días tuve el placer y la suerte de poder asistir a Un desayuno en el Thyssen, agradable encuentro que incluía una preciosa visita guiada y diseñada por Teresa de la Vega titulada El Viaje, patrocinado igualmente por MasterCard dentro de un programa de actividades que esta empresa va a ir desarrollando dentro de su campaña Priceless Madrid, Madrid no tiene precio.

Fue una invitación a desayunar y redescubrir el museo, una delicia. ¿Os apetece acompañarnos?.

pasillo Thyssen

Museo Thyssen

Se trata de un recorrido temático que nos lleva a través del tiempo y el espacio por el significado del Viaje y su presencia en la Pintura a lo largo de ocho siglos.

Comienza el paseo en la Sala 1 con uno de los primeros viajes representados, el de los Reyes Magos, ante la tabla de Luca di Tommé, La Adoración de los Magos, del siglo XIV.

En la Sala 4 viajamos al siglo XV y observamos cómo los Los Argonautas abandonan la Cólquida de Ercole de Roberti, los héroes griegos que junto a Jasón fueron en busca del vellocino de oro. En la nº 7, el Retrato del dux Francesco Venier, (1554-1556), de Tiziano… poco a poco continúa nuestro recorrido a lo largo de los siglos.

Durante el paseo aprendemos que los viajes no se realizaron por placer hasta el XVIII, antes únicamente se debían a motivos económicos, militares o religiosos. Como nos cuenta nuestra guía los caminos estaban ocupados por bandoleros o animales peligrosos, y los mares por piratas.

En el siglo XVII el Paisaje se va convirtiendo en un género, a medida que pierde su significado de lugar de peligro y adquiere el de lugar digno de ser contemplado y vivido. En la Sala 13 nos trasladamos a un Paisaje idílico con la huida a Egipto, de Claudio de Lorena (1663).

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C. de Lorena. Paisaje idílico con la huida a Egipto (1663)

En la Sala 17 admiramos las obras de Canaletto representando la bellísima Venecia, cita obligada para los viajeros que comenzaron a realizar el Gran Tour, itinerario antecesor del turismo moderno que incluía Turín, Milán, Venecia, Florencia y Roma, para terminar en Nápoles. El viaje, que duraba desde varios meses a años -según los medios económicos disponibles-, se puso de moda entre los jóvenes ingleses de las clases más altas.

Canaletto

Canaletto. Vista de la Pl. San Marcos en Venecia (1723)

En la Sala 21 una obra muy ilustrativa, el Rincón de una biblioteca (1711), de Jan Jansz. van der Heyden, en el que además de libros hay mapas, un atlas, una esfera terrestre, otra celeste y una armilar, objetos que reflejan la gran importancia que alcanzaron los Paises Bajos, especialmente Amberes, en el desarrollo de la Cartografía y los Viajes.

En fin, vamos descubriendo aspectos verdaderamente interesantes, como los Bodegones del desorden, relacionados con los viajes y con lo masculino, frente a los Bodegones del orden que representan los interiores de las casas, y están relacionados con lo doméstico, con lo femenino.

bodegones

Sala 27

Los descargadores en Arles de Vincent van Gogh (1888), la Habitación de hotel de Edward Hopper, ya en el siglo XX,… hasta veintitres obras magníficamente seleccionadas.

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Hopper. Habitación de Hotel (1931). Sala 40.

Muchas gracias al Museo Thyssen por su grata acogida, y a MasterCard por su invitación y su ayuda en la difusión de la Cultura y el Arte.

Acudir a los museos es otra forma de viajar y conocer mundos nuevos.

Mercedes Gómez

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Museo Thyssen
Paseo del Prado, 8
Entrada gratuita los lunes de 12.00 a 16.00 h.

Tarjeta MasterCard Priceless Madrid

En los inicios del siglo XVII el paseo del Prado Viejo de San Jerónimo era muy diferente al actual Paseo del Prado. Entonces no había calles asfaltadas, ni aceras, ni automóviles. Situado en las afueras de la villa, aún no estaba urbanizado, era un camino de tierra arbolado, surcado por un arroyo, con puentecillos y fuentes. A ambos lados había numerosos solares de pequeño tamaño en su mayor parte ocupados por huertas.

Ya desde el siglo XVI tras la llegada de la Corte a la Villa fue lugar de encuentro y diversión sobre todo para las clases altas madrileñas. Después, en tiempos del rey Felipe IV entre los años 1630-1640 se construyó el Real Sitio del Buen Retiro lo cual provocó que muchos nobles se instalaran en sus proximidades. Uno de los hombres más poderosos que construyó su casa de recreo en las cercanías de la posesión real fue el duque de Lerma, recordemos edificada según proyecto de Juan Gómez de Mora.

Los cortesanos que deseaban vivir cerca del rey fueron convirtiendo las tierras de labor que se encontraban frente al Buen Retiro en los jardines de sus casas.

Según el manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid (magníficamente transcrito por el investigador Roberto Castilla, desgraciadamente inédito), hacia 1650 la última edificación de la Carrera de San Jerónimo hasta el Prado era una casa-jardín en esos momentos propiedad del secretario Luis Sánchez García.

Este inmueble, junto con otros cuatro colindantes, formaron el sitio nº 6 de la que sería la manzana nº 273, que hacia 1750 era propiedad de la condesa de Altri, según consta en la Planimetría General. En 1771 su dueño pasó a ser el duque de Villahermosa, quien construyó el edificio actual, remodelado y adaptado por el arquitecto Rafael Moneo para albergar el Museo Thyssen-Bornemisza, inaugurado en 1992.

Entramos en el museo en cuyo vestíbulo hay un cuadro que representa el lugar en que nos encontramos, el ambiente y el aspecto de las calles tal como debían ser en las últimas décadas del siglo XVII, durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias.

museo thyssen

Foto: Museo Thyssen.

Es la Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas.

Anónimo, atribuido a Jan van Kessel III, pintor nacido en Amberes en 1654 que a finales de la década de los 70 llegó a Madrid y trabajó en la Corte. Óleo sobre lienzo de gran tamaño (164 x 445 cm) pintado hacia 1680, pertenece a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Se encuentra en depósito en el Museo.

Tampoco se sabe con certeza qué acontecimiento representa pero parece claro que fue pintado con ocasión de la visita de algún alto dignatario a los monarcas, Carlos II y María Luisa de Orleans. Las carrozas se dirigen hacia el Palacio del Buen Retiro y a su alrededor se producen infinidad de escenas en las que los protagonistas son los madrileños de la época.

Todo tipo de personajes, nobles y pobres, hidalgos, curas y monjas, encapuchados, damas con abanicos, mujeres vestidas muy modestamente con su hijo en brazos, niños descalzos, perros jugando, un mozalbete bebiendo de la fuente, varias personas sentados en el borde del pilón o de pie, conversando… Los vecinos se asoman a ver pasar la comitiva…

fuentes

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

La pintura también nos proporciona una preciosa información acerca del caserío y las calles. A la izquierda se aprecia un trozo del muro o tapia de la casa del Duque de Lerma, y una de las Fuentes del Prado.

El Prado fue el primer lugar en que se empezaron a construir fuentes con un objetivo meramente ornamental, aspecto que cobró importancia con la llegada de la Corte a Madrid. A partir de ese momento, las fuentes siempre tuvieron protagonismo en los proyectos urbanísticos de la zona. La sencillez fue su principal característica. Por una parte, las fuentes-taza, puramente ornamentales, y por otra las pilas con uno o dos pedestales de granito, coronados con las tradicionales bolas graníticas herrerianas, dotados con surtidores que vertían a un pilón. Ambas aparecen representadas en el magnífico cuadro.

En la Carrera de San Jerónimo adivinamos el Convento del Espíritu Santo, sin terminar pues aún no aparecen las torres de la iglesia cuyas obras finalizaron alrededor de 1684, únicamente se ve una cruz coronando el tejado.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

A la derecha, el Paseo del Prado, con su frondoso arbolado. Al fondo, la Huerta de Juan Fernández, lugar de recreo inmortalizado por Tirso de Molina.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

Frente a la esquina donde hoy se encuentra el Museo Thyssen, aunque no se ve, en lo que hoy es la Plaza de la Lealtad estaba la Torrecilla de Música, sencilla casita donde se colocaban unos músicos que alegraban el paseo, y que también servía como alojería, o quiosco de bebidas.

Infinidad de detalles y pequeñas historias que poco a poco vamos contemplando con admiración en esta maravillosa Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado gracias a la cual, una vez más, paseamos por el Madrid del siglo XVII.

Por Mercedes Gómez

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Museo Thyssen-Bornemisza
Vestíbulo Palacio de Villahermosa,
Paseo del Prado 8.

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