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Se acerca el 15 de mayo, día de San Isidro, patrón de Madrid, que como siempre nos propone festejos diversos, la visita a la Ermita, la merienda en La Pradera, el baile en las Vistillas… y, cumpliendo con mi tradición particular, la visita a la Casa-Museo del Santo, hoy llamado Museo de los Orígenes.

Como tal vez recordéis, a primeros de año el museo reabrió parte de la Colección Permanente, cerrada por obras de remodelación durante un largo tiempo. La visita por entonces nos deparó la sorpresa de encontrar Los sepulcros de Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco Ramírez “El Artillero. Seguramente habrá finalizado su restauración, hay que ir sin falta a admirarlos de cerca. Además, la visita ofrece otros nuevos alicientes.

El Almacén, lleno de valiosos elementos que explican la evolución de la Comunidad madrileña desde la Prehistoria, vuelve a ser visitable. Da gusto recorrerlo y entretenerse con tantos detalles… Aunque por otra parte echamos de menos algunos de los poquitos restos arqueológicos de la ciudad aparecidos los últimos años, en la plaza de Ramales, obras de soterramiento de la M-30, etc. Sería deseable que las escasísimas huellas del pasado de Madrid se pudieran contemplar reunidas en su propio museo, nuestro museo, este Museo de los Orígenes.

Aquí se exponen hallazgos paleontológicos que muestran la fauna prehistórica que habitaba las terrazas de los ríos, y tesoros arqueológicos que nos cuentan nuestra evolución. Millones de años de la vida en el valle del Manzanares y en las riberas del Jarama resumidos en unas cuantas vitrinas y carteles explicativos.

Los mastodontes y tortugas gigantes del Terciario madrileño, restos de los poblados del Neolítico de cabañas construidas con ramas y barro, la cerámica de la Edad del Bronce…

… hasta la época romana, la medieval… huellas de toda la historia madrileña y la vida que transcurría junto a los cursos de agua.

Siempre que contemplo estos objetos no puedo dejar de pensar que son muy importantes porque hace cientos de años, en algún lugar, fueron utilizados por personas que vivían en sencillas casas o cabañas, para comer, beber, o conservar sus alimentos. Son el recuerdo de la vida cotidiana de nuestros antepasados.

También se ha recuperado el  Jardín Arqueobotánico, una selección de árboles y plantas en el corazón del Madrid medieval, entre la Iglesia de San Andrés y la Capilla del Obispo, una idea preciosa y un lugar encantador.

Hiedra, salvia, el majuelo, cuyo jarabe elaborado a partir de sus frutos en la Edad Media era considerado un buen remedio contra el envejecimiento, el olivo y el madroño por supuesto, la presencia de ambos ya está documentada en el Mayrit musulmán, el romero… y otros árboles y arbustos cuya hojas, frutos o madera eran utilizados para diversos usos, medicinales, ornamentales y como combustible. Más datos que nos permiten viajar al pasado con la imaginación.

Y finalmente, no puede faltar, la visita al bello Patio renacentista donde beberemos un vasito de agua de la fuente, como todos los años, aunque no sea agua del Pozo sino agua normal “del grifo”, del Canal de Isabel II, y creamos poco en los milagros.

Feliz San Isidro a todos.

por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés, 2.

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El emir Muhammad I fundó Mayrit, una pequeña ciudad amurallada, hacia el año 865, en un lugar privilegiado, rodeado de defensas naturales, el Arroyo de Leganitos, el Arroyo de las Fuentes de San Pedro y el Río luego llamado Manzanares. Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada, primero con un objetivo meramente militar. Con el tiempo los mayritíes desarrollaron una rica vida cultural y científica, como demuestran, además de las fuentes escritas, los objetos de su vida cotidiana encontrados en las excavaciones de la Plaza de Oriente y de la Cuesta de la Vega que podemos contemplar en el Museo de los Orígenes.

De aquel primer recinto rodeado por una recia muralla perviven escasos restos y muchas incógnitas, pero también algunas certezas. A pesar de la polémica, de la que ya hemos hablado aquí varias veces, creada por la arqueóloga directora de las excavaciones llevadas a cabo durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales E. Andreu -que afirma que Madrid no nació en época árabe sino más tarde, en el siglo XII, bajo el dominio de los reyes cristianos-, hay documentos antiguos que se refieren a la medina de Mayrit. Hay discusiones que parecen estériles. El empeño en afirmar que no existen fuentes escritas de época musulmana resulta incomprensible. Recordemos, tal como nos cuenta José Luis Garrot, que el Mayrit musulmán aparece en los escritos desde tiempos muy antiguos, siendo la primera fuente que lo menciona La description de l’Espagne, escrita en el siglo X por Ahmad al Razi.

La mayoría de investigadores están de acuerdo en que el Madrid islámico estaba formado por dos recintos, el primero, de unas cuatro hectáreas, con la forma de un cuadrilátero irregular, acogía la medina o recinto urbano.

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. (La línea más oscura representa los restos visibles, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

El segundo recinto, hipotético, era otro espacio fortificado donde se encontraba la residencia del Gobernador. Probablemente se hallaba en el lugar donde hoy se levanta el Palacio Real aunque algunos autores dicen que pudo estar donde hoy se encuentra la Catedral de la Almudena.

Respecto a lo anterior, antes de comenzar nuestro recorrido recordemos que al norte de este primer recinto, en la actual Plaza de Oriente se conservan escasas pero importantes huellas de la presencia árabe:

Parte de un muro del albacar del siglo X,

Albacar siglo X (en “Nacimiento y evolución del Madrid medieval” de A.Malalana)

una atalaya del siglo XI…

Atalaya siglo XI en el aparcamiento bajo la plaza de Oriente.

… y, muy cerca del Palacio Real, un mágico pasadizo con muros de pedernal, que pensamos podría pertenecer a la antigua fortificación musulmana.

Pasadizo junto al Palacio Real (localización: Pedro Jareño)

Recordando todos estos tesoros, desde los Altos del Rebeque, punto más alto de la muralla y de nuestra cita, contemplamos la espectacular vista de Mayrit.

Este primer recinto, antigua al-mudayna o almudena, tenía tres puertas, la de la Sagra, la de la Almudena y la de la Vega.

De la Puerta de la Sagra, que estaba situada entre la actual plaza de la Almudena y los Altos del Rebeque, aún no hay pruebas materiales de su existencia, que quizá permanecen escondidas bajo la calle de Bailén y esperamos que algún día salgan a la luz.

Tomamos la calle del Factor, caminando extramuros, pensando que allí, bajo el césped del jardín probablemente se esconde la muralla, tratando de evocar una vez más el paisaje de aquel tiempo, boscoso, abrupto y surcado por cursos de agua.

Como ya comentamos durante nuestro paseo por esta calle del Factor, en 2005, en el solar del nº 3 se realizaron las correspondientes prospecciones arqueológicas. Se localizaron restos de construcciones pertenecientes al siglo XVII levantadas junto a la muralla.

Calle del Factor nº 3 (2005).

Sobre todo ello se construyó un nuevo edificio de viviendas.

A continuación, en el nº 1 de la calle, esquina Mayor 86, donde se encuentra el Palacio de Abrantes, actual sede del Instituto Italiano de Cultura, en uno de los muros de la Biblioteca lucen los restos de sílex de la vieja muralla, que ya tuvimos ocasión de ver en el post anterior.

El muro discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor. El hecho de que en los planos de la Comunidad de Madrid que representan la muralla, en este lugar aparece dibujado uno de los cubos como elemento constatado, nos lleva a preguntarnos si los alrededor de cinco metros que actualmente podemos contemplar corresponden a dicho cubo, más la anchura de la muralla.

Continuando nuestro paseo llegamos a la calle Mayor donde se hallaba el Arco de la Almudena, luego llamado de Santa María.

Hace pocos años, durante un tiempo se mantuvo un cierto debate sobre el lugar de la calle del Factor por dónde transcurría la muralla, la acera de los pares, o como finalmente se constató, la de los impares. Las dudas estaban provocadas por la existencia de muros y cuevas de pedernal en los edificios de los primeros números pares, que podrían pertenecer a la propia muralla o acaso fueran construcciones posteriores realizadas con la piedra de la antigua cerca reutilizada.

En el número 8, en el sótano, existe un pasadizo perpendicular a la calle y por tanto a la muralla, con bóveda de ladrillo y muros de piedra que ¿podría tratarse de una salida de la cercana fortaleza?.

Factor nº 8 (2005)

Cruzamos la calle Mayor, bajo la cual acaso permanezcan escondidos vestigios de la Puerta de la Almudena…

La muralla continuaba hacia el lugar donde desde el siglo XVII se levanta el Palacio de Uceda, hoy sede de Capitanía General, en cuyo interior también deben existir huellas del primer recinto. Desde allí se dirigía hacia el oeste.

Rodeando el Palacio de Uceda nos acercamos al Viaducto cuyo arco situado más al norte traspasamos.

Así, llegamos al aparcamiento del edificio cuya fachada principal da a la calle de Bailén nº 12, construido en 1959 sobre la muralla, tras destruir varios metros del largo lienzo descubierto pocos años antes. Resulta asombroso comprobar que allí debajo, tras la reja de la propiedad privada, pervive parte del monumento más antiguo de Madrid, incluyendo una de las torres.

Un muro de ladrillo separa el aparcamiento exterior de las viviendas del parque dedicado al fundador de Madrid, Muhammad I, al que nos dirigimos bajando por la Cuesta de Ramón, contemplando la belleza de la calle Segovia, por donde antiguamente discurría el Arroyo de las Fuentes de San Pedro.

El parque ha sido recientemente remodelado, adornado con una fuente de estilo andalusí, plantas y árboles. La lápida que recordaba al emir fundador de Madrid ha desaparecido.

Aquí, junto a la Cuesta de la Vega, frente a la Catedral de la Almudena, se halla el lienzo más largo conservado, descubierto y defendido en 1953 por Jaime Oliver Asín y Leopoldo Torres Balbás, que lograron salvar una gran parte del hallazgo. El día 2 de diciembre de ese año el diario ABC publicó la noticia de la carta enviada por ambos al periódico.

ABC 2 dic 1953

En la década de los 70, tras la demolición del Palacio de Castro Serna, perteneciente a la duquesa de Benavente, la muralla fue restaurada y se creó el parque. Los restos de las viviendas aparecidas (de los siglos XVII a XIX) se conservaron. En la reciente remodelación del parque han sido tapadas.

Son aproximadamente 120 metros de muro de pedernal, muros de fuego, en su parte inferior y piedra caliza blanca en la parte superior, jalonados por varias torres macizas cuadradas, características de la arquitectura militar islámica. Su anchura aproximada es de 2,60 m.

En la confluencia de la calle Mayor con la Cuesta de la Vega se abría la Puerta de la Vega, la más importante. Se conserva parte de la torre derecha -vista desde el exterior-. Probablemente bajo la calle Mayor se encuentren los restos de la torre de la izquierda y de la Puerta, quizá algún día los encontremos…

Una segunda torre está casi totalmente desaparecida. El lienzo conserva en gran parte otras tres torres. Desde allí la muralla se dirigía hacia el norte, bordeando la Cornisa de Madrid.

Desaparecido su rastro bajo la Catedral, durante las obras de construcción del futuro Museo de Colecciones Reales aparecieron importantes restos arqueológicos, entre ellos la muralla correspondiente al extremo noroeste que ahora se encuentra oculta en las salas del Museo cuyas obras tuvimos oportunidad de visitar el pasado mes de octubre en la Semana de la Arquitectura.

El edificio que se está construyendo junto al Palacio Real, en plena Cornisa madrileña, para albergar el Museo de Colecciones Reales es uno de los más polémicos de los últimos tiempos. Desgraciadamente se ha perdido la gran oportunidad de crear el verdadero Museo de Historia de Madrid, el mejor, pues en estos terrenos se encuentra el origen de nuestra ciudad, y su evolución. Un museo que nos hubiera permitido transitar por la historia de la Villa y Corte, el primer Mayrit cercado por la muralla árabe, las calles medievales, costumbres sociales, alimentación, ritos, su desarrollo a lo largo de los siglos… en las diferentes épocas, desde antes de la llegada de los musulmanes hasta nuestros días. Hubiera sido maravilloso. Un sueño que parece nunca llegará a cumplirse.

En cualquier caso, la visita, guiada por Emilio Tuñón, uno de los arquitectos autores del edificio, es muy emocionante e interesante.

Los tramos de muralla hallados miden en total unos 70 metros. Su construcción es similar al lienzo de la Cuesta de la Vega, de sílex y caliza, igualmente trabados con argamasa de cal, con un espesor de 3,20 metros. También han aparecido varios cubos de planta cuadrangular.

Los restos arqueológicos serán musealizados en dos salas ubicadas en la planta que será dedicada a los Tapices.

Entrada a la sala donde se hallan restos de la muralla.

Durante nuestra visita al futuro Museo solo podemos adivinar los hallazgos y fantasear sobre la vieja fortaleza, ya que se encuentran cubiertos por plásticos y andamios. El lienzo de muralla en su parte más alta conservada mide unos 8 metros.

A pesar de todo, podemos apreciar bastante bien los restos de una de las torres.

Junto a los vestigios de la muralla árabe se observan restos de construcciones posteriores.

Desde la cúpula de la Catedral, antes de que todos ellos fueran cubiertos por el cemento, se podían distinguir perfectamente.

Obras Plaza de la Almudena (2007)

Ahora resulta difícil imaginar el resultado de lo que podremos ver cuando el museo sea abierto al público, pero lamentablemente una vez más sospechamos que sólo vamos a poder disfrutar de una parte de los importantísimos hallazgos.

Nuestro paseo termina en la plaza entre el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, frente a los Altos del Rebeque, donde comenzó, con la alegría de haber rememorado una parte muy importante de nuestra historia, nuestros orígenes.

por Mercedes Gómez, con la ayuda de Churri y Pedro Jareño.

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Bibliografía:

E. Andreu. El Madrid Medieval. Cæsaraugusta, 78. 2007, pp.: 687-698
J.L. Garrot. Recuerdos de Mayrit, En el tránsito de la Edad Media a la Moderna, Madrid 2008, pp. 83-103.
F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.
Christine Mazzoli-Guintard. Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI). Ed. Almudayna. Madrid 2011.
VVAA. Las murallas de Madrid. Ed. Doce Calles. Comunidad de Madrid 2003.
VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

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Otros artículos:

Origen de Madrid. Obras Museo de Colecciones Reales.
Origen de Madrid. Mayrit, fundación musulmana.
Origen islámico de la pequeña Villa de Madrid.

El pasado domingo 15 de abril un pequeño grupo de amigos disfrutamos de un paseo muy bonito. Estábamos citados, con mucha ilusión, en los Altos del Rebeque, desde donde se puede contemplar el lugar donde se hallaba el antiguo Mayrit, la pequeña ciudad fortificada que fundaron los árabes, origen de Madrid. Nuestro propósito era ir en busca de la muralla islámica.

Dentro de poco espero poder contaros cómo fue nuestro recorrido con detalle, hoy de momento os dejo un breve avance, también a modo de saludo ya que los últimos días he tenido muy poquito tiempo para escribir aquí, o poder meter baza en vuestros blogs, y os echo de menos.

La mayor parte de la muralla ha desaparecido, o permanece oculta en el subsuelo, son escasos los vestigios constatados. El lienzo de la Cuesta de la Vega es el más conocido pero no el único. Durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales ha salido a la luz un nuevo e importante tramo. Finalmente, algún edificio esconde los restos de la antiquísima muralla…

Durante nuestro paseo disfrutamos reconstruyendo el camino que seguían los muros construidos en el siglo IX, y entre todos fuimos recordando y descubriendo las huellas de nuestro pasado. Churri, intrépido reportero, es el autor de la foto de uno de los restos más desconocidos, los que se encuentran en el Palacio de Abrantes, actual Instituto de Cultura Italiana, en la calle Mayor, esquina calle del Factor nº 1.

Continuará…

por Mercedes Gómez

Hoy tengo el placer de recomendaros un nuevo y prometedor blog.

José Luis Garrot, amigo de esta casa, a quien tuvimos la suerte de conocer hace unos meses durante las XV Jornadas de Historia Medieval de la Asociación Cultural Almudayna, y escucharle hablar sobre la Fundación musulmana de Madrid y sus evidencias materiales, se ha decidido a participar en este especial mundo de internet, y compartir sus trabajos con todos nosotros.

Como sabéis, es un gran especialista en Historia Medieval, y colabora en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid.

Su blog se titula España y su Historia, y como él mismo explica, incluirá artículos de todas las épocas, con especial énfasis en Al-Andalus y la Guerra Civil.

El primer artículo no podría ser más sugerente, para todos los interesados en la historia del origen de Madrid y de la historia en general. Trata un tema apasionante para muchos de nosotros, y de gran actualidad.

Nos cuenta José Luis de forma rigurosa pero muy amena, todo lo que es posible saber sobre Mayrit, el Madrid islámico, gracias a los escritos árabes, cómo veían las fuentes árabes a Mayrit, qué contaron los cronistas, geógrafos, biógrafos… que escribieron sobre Mayrit desde el siglo X al XV.

El texto corresponde a su ponencia expuesta en 2010, durante las XIV Jornadas de Historia Medieval, Mayrit: un paisaje urbano andalusí. El libro que recoge dichas Jornadas y que incluye este artículo acaba de ser publicado.

Podéis leerlo completo en su recién estrenado blog, aquí: Cómo veían las fuentes árabes a Mayrit.

No os lo perdáis, no tiene desperdicio. La fundación de Mayrit por el emir Muhammad I, su función militar, pero también su carácter de madina, ciudad notable desde el comienzo y la importancia que pudo llegar a tener, su ambiente cultural, personajes, y algunas curiosidades de la vida mayrití… la existencia de un comercio de cerámica casera de cierta relevancia, su importante red de alcantarillado, no habitual en ciudades pequeñas, etc.

Valioso y bonito relato, con interesantes conclusiones. Espero que lo disfrutéis.

Gracias, José Luis, enhorabuena y ¡bienvenido a la blogosfera!.

Mercedes

….

Tras varios artículos dedicados al origen de Madrid y a nuestro pasado musulmán, hoy os invito a visitar el Museo de los Orígenes, antiguo Museo de San Isidro, con el fin de conocer qué nos cuenta sobre este tema el museo dedicado a la historia más remota de nuestra ciudad.

Aunque la exposición permanente está cerrada desde hace tiempo por “obras de adaptación y mejora del museo”, una pequeña muestra titulada Orígenes de Madrid, nos ofrece una selección de piezas desde la Prehistoria hasta la época moderna, sin duda de gran interés.

En lo que se refiere al Madrid islámico, junto a una gran fotografía de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega, un texto titulado “La medina Mayrit” dice:

“El primitivo asentamiento islámico ocupó un espacio de reducidas dimensiones en torno al actual barrio de Palacio. Sus murallas, con torres cuadradas, y construidas con sillares de pedernal defendían un abigarrado caserío en el que destacarían el castillo y la mezquita. Este recinto se denominaría en época cristiana Almudena o ciudadela.

Las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar importantes vestigios pertenecientes a la muralla primitiva, así como restos materiales de sus pobladores. Mayoritariamente son utensilios cerámicos empleados en usos domésticos: la cocina, el servicio de mesa o la iluminación.”

Las piezas expuestas pertenecientes al Madrid islámico, datadas entre los siglos IX al XI, proceden de las excavaciones realizadas en la Cuesta de la Vega y en la Plaza de Oriente.

Una primera vitrina guarda cuatro piezas de cerámica. Un Jarro procedente de las excavaciones de la Cuesta de la Vega. Los otros tres objetos muestran decoración pintada. Un Candil, también hallado junto a la muralla, y una Olla y una Cantimplora encontradas durante las obras para la construcción del aparcamiento bajo la Plaza de Oriente.

Otra vitrina guarda, además de nuevos útiles domésticos (una botella, un tazón, dos ataifores o fuentes…) algunos objetos muy interesantes que revelan una vida cultural, más allá de la actividad militar, como un Peón de ajedrez y unas Paletas quirúrgicas, ambas de la Cuesta de la Vega.

ocho piezas

Todas las piezas son de cerámica realizada a torno. En esta segunda vitrina, junto a las decoraciones pintadas hay algunas vidriadas.

Un panel dedicado al desarrollo cultural y científico en el Madrid islámico nos cuenta que los musulmanes “introdujeron nuevas técnicas cerámicas como el vidriado, los esmaltes y la cuerda seca”, que proporcionan a sus piezas un acabado altamente decorativo.

fuentes y cantaro

Hacen referencia al “alto grado de progreso cultural y científico alcanzado en este momento” que demuestra el hallazgo de diversos objetos a los que nos referíamos más arriba, como los útiles quirúrgicos o las figuras de ajedrez.

También hay una referencia a los objetos decorados con inscripciones en escritura cúfica, o antigua caligrafía árabe,  que en gran mayoría son alusiones a Alá, pero a veces los alfabetos escritos sobre huesos, del que aquí se expone un ejemplo, podrían revelar una función mágica de protección del grano almacenado para alimento de la población.

En la penumbra de la sala, la contemplación de estos objetos la mayoría domésticos, que formaron parte de la vida cotidiana de los antiguos madrileños, los mayrities, hace tanto tiempo, entre diez y doce siglos, por un momento me resulta conmovedora. Los cacharros que utilizaban para guardar y tomar sus alimentos, de una cerámica tan buena que se hizo famosa, las inscripciones del alfabeto que tal vez utilizaron en la enseñanza, saber que jugaban al ajedrez, los instrumentos de sus médicos… tantas cosas sencillas que nos ayudan a imaginar cómo sería su vida en aquellos tiempos tan lejanos, y a la vez tan sugerentes, aquellos años en que nacía Madrid.

por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes
Plaza de San Andrés, 2


Allá donde en el siglo IX los musulmanes fundaron Mayrit, en lo alto de una colina frente al río, entre los arroyos de las Fuentes de San Pedro y de Leganitos, hoy día se encuentran la Catedral de la Almudena, el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Debajo, a muchos metros de profundidad, se esconde la historia del origen de Madrid.

Hoy Pedro y yo os invitamos a un nuevo y para nosotros emocionante viaje al pasado, al tiempo y al lugar en que los árabes construyeron su castillo y su muralla. Los mayritíes se fueron instalando en los alrededores, y allí vivieron hasta la conquista cristiana en el siglo XI.

A pesar de que lamentablemente la mayor parte de los hallazgos fueron destruidos, las obras realizadas en los años 90 para la construcción de un aparcamiento subterráneo en la Plaza de Oriente, y actualmente las del Museo de Colecciones Reales, han ido poco a poco desvelando secretos y dando a conocer cómo era Madrid en aquellos tiempos lejanos y su evolución como ciudad.

Se conoce bastante bien el recorrido de las murallas madrileñas -de las que se conservan valiosos restos-, tanto de la musulmana del siglo IX como la cristiana del siglo XII, sin embargo existen aún muchas incógnitas, sobre todo en la zona donde hoy día se levanta el Palacio Real y en una gran parte de la Plaza de Oriente, nunca excavada.

Bajo el Palacio Real pudo existir un reducto fortificado, posible residencia del Gobernador de Mayrit, sobre el cual los cristianos acaso levantaron su primer Alcázar, precedente del Alcázar de los Austrias incendiado en 1734.

Otro enigma es el camino que siguió la muralla cristiana desde la plazuela de los Caños del Peral -plaza de Isabel II-, donde discurría paralela al Arroyo del Arenal, hasta unirse al Alcázar.

Por entonces el paisaje era muy distinto al actual. Como todo el entorno, el terreno era un escarpado bosque surcado por barrancos y cursos de agua. El arroyo más importante era el del Arenal, pero no el único, la actual Plaza de Oriente de norte a sur estaba dividida por el Arroyo de la Parra. Encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños… una vegetación muy rica, con un clima más frío y húmedo que el actual. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La zona situada más al norte correspondía al barranco y al Arroyo del Arenal, que provenía de la plazuela de los Caños del Peral y, rodeando el cerro del alcázar, se dirigía a desembocar en el Arroyo de Leganitos –bajo la actual Cuesta de San Vicente-.

En la plaza, frente al Teatro Real, fueron hallados los restos de una Atalaya islámica del siglo XI, que se conservan y pueden visitarse en la primera planta del aparcamiento. Se trata de una torre de vigilancia que probablemente, al igual que otros elementos de fortificaciones musulmanas, fueron luego utilizados por los cristianos. Resulta difícil pensar que esa torre fue el único elemento defensivo construido en la zona. La atalaya está situada junto al barranco, y los arqueólogos no descartan que existiera alguna otra. El cimiento de la torre nos muestra el nivel del suelo medieval.

Muy cerca del Palacio también fueron localizados los restos de un sólido muro -no conservado- de la segunda mitad del siglo X que podía pertenecer a un Albacar, o recinto anejo a la fortificación de la ciudad, probable ampliación del primer recinto árabe hacia el norte, que entre otras funciones pudo tener la de servir de refugio a la población en caso de ataque.

Gracias a los hallazgos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos abruptos terrenos además de vida militar hubo actividad agrícola, cultural y artesanal. Una atalaya, restos de una fortificación …. Y huertos, pozos de agua, basureros, hornos… Se hallaron candiles, cuencos, cazuelas y otros utensilios domésticos.

Pero el antiguo cauce del Arroyo del Arenal, bajo la plaza y los terrenos al norte del Palacio, aún esconde muchos misterios y tesoros.

En el camino que seguían el barranco y el arroyo, en su misma dirección, a casi treinta metros de profundidad, en las proximidades del Palacio Real, existe un maravilloso pasadizo que nos traslada a tiempos pasados y hace volar nuestra imaginación.

Resguardado entre dos colectores, mide unos veinte metros de largo por uno veinte de ancho. Llama la atención su altura, aproximadamente cinco metros hasta la clave del techo, mucho para un mero pasadizo. Quizá es otra fantasía, pero se nos ocurre que en caso de necesidad podría haberse recorrido a caballo.

Los muros están construidos en su mayor parte con duro y brillante pedernal, apenas algunos trozos de piedra caliza.

Otro detalle singular es la existencia de varias hileras de adobe, antiquísimo material de construcción.

La bóveda del techo también es de adobe.

Por su interior hoy día sin uso, solo fluye un pequeño hilo de agua, probablemente debido a las filtraciones del terreno. El suelo de piedra está muy desgastado por la erosión del agua y el tiempo.

Su proximidad a Palacio y su situación junto al antiguo cauce del Arenal, al oeste de la atalaya islámica, nos hace pensar que el pasadizo pudo formar parte de una antigua muralla o fortificación, conservado a lo largo de los siglos, uno de los muchos caminos subterráneos que al parecer llegaban hasta el Alcázar y más tarde al Palacio Real.

Al final del tramo se halla una reja antigua, que para nosotros simboliza el gran y desconocido mundo que se esconde en el subsuelo y que nos transporta al Madrid más remoto.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización : Pedro Jareño

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Bibliografía:

VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

Como sabéis, ayer tuvieron lugar en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, las XV Jornadas de Historia Medieval de la Asociación Cultural Almudayna, bajo el título de Cultura material en las Tierras de Madrid en la Edad Media. Merece la pena conocer su trabajo, serio, riguroso y apasionante.

Abrió las Jornadas su directora, Cristina Segura, catedrática de Historia Medieval, y conocida gran especialista, que comenzó recordando la reciente presentación del libro de Christine Mazzoli-Guintard titulado Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI), editado por Almudayna, ya que la edición de libros de temática medieval es otra de las magníficas actividades que realiza esta asociación.

Dijo Cristina Segura que este libro es lo más sólido publicado hasta ahora sobre el origen islámico de Madrid. Otro libro de reciente publicación trata sobre el Agua en el origen de Madrid, de Eduardo Jiménez, por cierto otro de los temas favoritos en este blog.

Antes de dar paso al primer ponente, añadió algo muy bonito, les dijo que no sabía si eran conscientes de que están construyendo la Historia del Madrid Medieval.

Después de un año de investigación entre legajos en los Archivos, y mucho trabajo, allí nos hablaron de todo lo relacionado con la “cultura material” en la Edad Media madrileña, objetos, elementos, construcciones… La importancia de las fuentes y las construcciones hidraúlicas y la vida a su alrededor, el primer reloj mecánico instalado en la iglesia de San Salvador, los festejos y el ocio, datos en torno a los precios y salarios, los primeros archivos y su importancia tanto material como simbólica, los caminos, los horarios de trabajo, … a lo largo del día irían explicando detalles que nos permiten conocer cómo era la vida en Madrid entonces.

Tras la primera intervención, precisamente de Christine Mazzoli, ya en el debate surgieron comentarios relativos a Mayrit, el Madrid islámico, como la existencia de un Cadí -Juez- y de un Gobernador -cargo equiparable a los futuros Corregidores o Alcaldes- encargado de cobrar los impuestos, figuras necesarias en una sociedad civil, ¿qué sentido tendrían en un asentamiento estrictamente militar?.

A continuación José Luis Garrot amplió el contenido de su ponencia que ya conocíamos, Mayrit, fundación musulmana. Evidencias materiales.

Comenzó comentando las contradictorias manifestaciones de la arqueóloga Esther Andréu, quien en 2007 pensaba que las casas halladas durante las excavaciones que ella dirige en la Plaza de la Armería eran árabes, como explicaba ella misma en su artículo El Madrid Medieval, para después opinar que databan del siglo XII, y afirmar que por tanto Madrid no nació hasta entonces. Sin embargo la arqueóloga luego en la revista La Ilustración de Madrid habló de que Madrid pudo ser un villorio visigodo debido al hallazgo de un esqueleto al parecer del siglo VIII.

Luego José L. Garrot nos recordó que en dichas excavaciones realizadas durante la construcción del Museo de Colecciones Reales, como contaba la misma arqueóloga en el famoso reportaje de El País, que se han encontrado cerámicas con inscripción y decoración árabe así como huellas judías.

Después nos mostró ejemplos de restos hallados en diferentes trabajos arqueológicos, como los materiales obtenidos previos a la reconstrucción de la Casa de San Isidro, actual Museo de los Orígenes, las excavaciones en la Cuesta de la Vega, etc. donde se hallaron cerámicas de cocina más propias de una vida civil que meramente militar.

Muralla árabe en la Cuesta de la Vega, nuestro monumento más antiguo.

Hasta ahora, la arqueología ha puesto de manifiesto la existencia de población durante los siglos IX al XI en varios barrios de Madrid (las Vistillas, zona calle Sacramento y Mayor,  la Cava Baja-Almendro, proximidades a la calle de Santiago, Espejo, etc.). También nos habló del Viaje de Agua hallado en la Plaza de los Carros, la Necrópolis de la calle de Toledo… Un vez más hizo referencia a los personajes madrileños que en esa época tuvieron actividad cultural o científica. En definitiva, testimonios de la existencia de población civil árabe.

Otro aspecto muy interesante comentado fue que los mudéjares, o musulmanes que siguieron viviendo en Madrid tras la conquista cristiana, continuaron aquí hasta el siglo XV. Parece claro que si se hubiera tratado únicamente de militares todos habrían abandonado la fortaleza.

En fin, el autor, Doctor en Estudios Árabes e Islámicos, hizo un recorrido por todas las pruebas materiales y documentales que considera avalan el origen islámico de Madrid, en el siglo IX.

Durante el debate alguien preguntó acerca del esqueleto hallado bajo una de las casas, perteneciente a un hombre visigodo (siglo VIII), “¿por qué sabemos que es visigodo?”, introduciendo otro tema importantísimo.

Según E.Andréu, se sabe por las pruebas realizadas mediante carbono 14.

José Luis Garrot nos aclaró que el carbono 14 es fiable para hallazgos mucho más antiguos, cuanto más cercana es la fecha, menos fiable es la prueba. En su opinión, en este caso no se puede afirmar algo así de forma tan categórica. El esqueleto podría ser del siglo VIII, del IX… mediante el carbono 14 no se puede saber con exactitud.

Muchas gracias a todos los que intervinieron, que tras las conclusiones y posibles temas expuestos nuevamente por Cristina Segura, ya decidieron el tema sobre el que van a investigar el próximo curso, para las XVI Jornadas.

Gracias a todos por construir la Historia del Madrid Medieval.

por Mercedes Gómez

Recientemente hemos hablado aquí sobre el origen de Madrid, a raíz de las declaraciones de la arqueóloga que dirige las excavaciones acometidas durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales, en las que afirmaba que Madrid no fue fundada por los musulmanes pues en época islámica la población fue únicamente militar, y negaba la existencia de una población civil.

Tema fascinante sin duda, el origen de Madrid. Hace unos días varios periódicos y otros medios digitales han insistido en dar como noticia el hecho de que en Madrid no existió una población civil durante los dos siglos de ocupación árabe. Si se trata de una opinión es absolutamente respetable, pero parece un tanto precipitado considerarlo una certeza. No parece serio eliminar de un plumazo todas las evidencias expuestas hasta este momento por especialistas, arqueólogos, historiadores e investigadores de la Historia de Madrid en general, que esperamos nos irán explicando sus conclusiones.

Me gustaría agradecer a José Luis Garrot que se haya puesto en contacto con nosotros, sus comentarios y aclaraciones, y que nos haya invitado a las Jornadas que se celebrarán el próximo lunes día 27 de junio. Licenciado en Historia, especialidad de Historia Medieval, y Doctor en Estudios Árabes e Islámicos, actualmente es investigador adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, dentro del grupo de investigación Madrid Medieval -dirigido por Cristina Segura-, además colabora con el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la U.C.M. Se trata sin duda de un gran especialista en la Historia Medieval de Madrid y sus orígenes.

Son las XV Jornadas de Historia Medieval de la Asociación Cultural Almudayna, bajo el título de Cultura material en las Tierras de Madrid en la Edad Media. Tendrán lugar en la Sala de Juntas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, a partir de las 10.30 de la mañana.

José Luis Garrot en su ponencia titulada Mayrit, fundación musulmana. Evidencias materiales, hablará de las pruebas, tanto arqueológicas como documentales, que demuestran la fundación musulmana de Madrid.

Nos recordará que para que un lugar fuera homologado como madina debía reunir varios requisitos: estar amurallado, disponer de una mezquita y un zoco, que en ella hubiera actividad comercial y cultural, etc. Con respecto a esto último hay que referirse a los numerosos intelectuales que las fuentes mencionan como madrileños, dedicados a las ciencias, la teología, la literatura, etc. Esta actividad es impropia de un lugar que simplemente fuera un acuartelamiento militar.

En cuanto a este aspecto, nos cuenta el autor que el Mayrit musulmán aparece en los escritos desde muy antiguo, la primera fuente que lo menciona es La description de l’Espagne, escrita por Ahmad al Razi en el  siglo X, en la que cataloga a Mayrit de madina.

En el siglo XI -antes de la conquista cristiana- tres fuentes mencionan Mayrit: Ibn Hayyan en su Crónica del califa Abderramán III al-Nasir entre los años 912 y 942; Ibn Hazm la menciona en su Naqt al-arus tawarij al-julafa (hay una traducción parcial de M. ali Makki titulada A propósito de la revolución de Ubayd Allah b. Mahdi en Madrid), y por último aparece en la obra Una crónica anónima de Abd al rahman III al-Nasir.

Podéis descargar aquí un breve Resumen de su conferencia, y si estáis interesados en asistir a las Jornadas, este es el Programa completo.

Mercedes Gómez

El pasado mes de febrero el diario El País publicó un reportaje que dio bastante que hablar, con sus sorprendentes titulares sensacionalistas, La historia de Madrid da un vuelco, “El nuevo pasado de Madrid”, y en esta línea.

La noticia principal era que las excavaciones arqueológicas acometidas durante las obras para la construcción del Museo de Colecciones Reales revelaban que Madrid nació en la época cristiana, en el siglo XII, y no en la musulmana, en el siglo IX, como hasta ahora había sido admitido por todos, debido al hallazgo de unas casas datadas en dicha época cristiana.

Todo ello según declaraciones de la arqueóloga directora de las excavaciones, Esther Andréu. Según ella, la estancia de los árabes -que duró al menos dos siglos- consistió en un asentamiento únicamente militar, no civil.

Cuesta trabajo creer que durante un periodo tan largo de tiempo, y considerando los datos conocidos, notables aunque escasos, la población musulmana establecida en Madrid fuera una mera guarnición militar, sin viviendas, familias, sin actividades agrarias, artesanales, incluso científicas. Una población que debía contar con su mezquita, sus baños, sus comercios…

Estas afirmaciones, como mínimo precipitadas, desmontaban un montón de investigaciones llevadas a cabo por prestigiosos historiadores, y sus conclusiones. Y sorprendió a todos los aficionados al estudio de nuestra historia.

Hay que decir que no quedaba la duda de que la explicación de la arqueóloga fuera una interpretación de la periodista, pues ella misma lo cuenta todo en un video en la versión digital del periódico.

Por otra parte, el reportaje incluía la noticia del hallazgo de un esqueleto, “único vestigio visigodo hallado en la ciudad”,  según la misma arqueóloga, perteneciente a un hombre de unos 25 años que vivió en torno al siglo VIII, antes de la llegada de los musulmanes.

Obras entre la plaza de la Armería y la Almudena, 2007.

Era un reportaje muy importante y muy raro. Echaba por tierra algunos aspectos aceptados y puestos de manifiesto por los historiadores, relativos a la vida en Madrid durante la época árabe e incluso anterior, sin embargo desvelaba el descubrimiento de restos arqueológicos muy antiguos, el joven visigodo del siglo VIII, así como restos de cerámica del siglo I a. de C.

Realmente, en mi opinión, la noticia más destacable era el hallazgo del esqueleto visigodo, no tanto el hecho de que se hubieran encontrado restos de calles y casas habitadas en el siglo XII, aunque de gran valor -y que esperamos ver algún día-, ya se sabía, pues la misma autora lo había publicado en 2001, hace diez años. Además no comprendo porqué esas casas habían pasado a ser sin lugar a dudas las primeras de la historia urbana de Madrid, excluían cualquier vida organizada anterior y eliminaban de un plumazo la existencia de la medina árabe.

Esperaba con interés, incluso un cierto anhelo, leer otras opiniones sobre este tema tan serio, de otros arqueólogos, y sobre todo de los historiadores e investigadores de Madrid más reconocidos.

La sorpresa ha sido leer un artículo en la revista La Ilustración de Madrid, en su último número recién publicado (nº 19), titulado “Tumba visigoda entre la plaza de la Armería y la Catedral”, firmado por Verónica Paños Cubillo, Arqueóloga, y Esther Andréu, Arqueóloga directora. Sí, en efecto, la misma protagonista del reportaje de El País y directora de las excavaciones.

Y aún mayor sorpresa, casi asombro, leer el inicio del escrito. Dicen sus autoras:

“Como consecuencia de las intervenciones arqueológicas, se puede afirmar que el origen de Madrid –como primitiva entidad urbana- se remonta al siglo IX con la llegada de contingentes militares islámicos, … Sin embargo a los arqueólogos e historiadores conscientes de la existencia de los hábitat romanos y visigodos dispersos por el territorio madrileño, nos asalta la duda razonable sobre si existió un poblamiento anterior a la llegada del Islam en el denominado núcleo primigenio o almendra central de Madrid.

Las excavaciones arqueológicas acometidas en la zona que actualmente ocupan el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, entre los años 1999-2000 y 2007-2010, con motivos de la construcción del Museo para las Colecciones Reales y que ha dirigido Esther Andréu, permiten arrojar algo de luz sobre dicha controversia gracias al hallazgo de una inhumación aislada de cronología visigoda.”

… no consideramos descabellada la hipótesis de la existencia de un pequeño asentamiento visigodo en el casco urbano de la villa que, aunque de poca relevancia, sí pudo tener cierta entidad, más como villorrio-poblado que como centro urbano”.

Teniendo en cuenta que los posibles lectores de la revista madrileña La Ilustración de Madrid debemos ser muchos menos que los lectores del diario El País, creo que la arqueóloga directora de las excavaciones podría comunicar al diario sus nuevas reflexiones, y que este las difundiera, para evitar que un público mayoritario pensemos, sin plantearnos ninguna duda, que Madrid nació en el siglo XII con los cristianos y no en el IX con la llegada de los musulmanes, o incluso antes, en época visigoda, aunque se tratara de un sencillo villorrio-poblado y por supuesto aún no de un gran centro urbano.

Estamos hablando del origen de Madrid, un tema muy serio. El tiempo y los especialistas nos dirán.

Por Mercedes Gómez

En Madrid existe un lugar mágico, por donde hace siglos corría el Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo-matriz, Matrice, según la teoría de Oliver Asín, que pudo ser el origen del nombre de Madrid. El arroyo que con el tiempo y la urbanización del terreno se convirtió en la calle de Segovia.

A orillas del arroyo, que desde Puerta Cerrada bajaba hasta el Río, luego llamado Manzanares, estuvo el Madrid más remoto, allí se produjeron los asentamientos humanos más antiguos, junto al agua.

Las primeras noticias arqueológicas sobre grupos de población organizados datan nada más y nada menos que de la Edad del Bronce, allá por los siglos XIII-XV antes de Cristo, como supimos durante uno de nuestros paseos por las Vistillas y el primer poblado madrileño. Y hay indicios -en ello se fundó Asín para su teoría- de que allí hubo asentamientos anteriores a la llegada de los musulmanes, un poblado construido en el siglo VII por los visigodos dedicados al pastoreo y a la caza.

En el siglo IX los árabes construyeron su castillo y la recia muralla, rodeando la almudena, recinto militar, y la medina, o recinto civil. Fuí sobre agua edificada, mis muros de fuego son, dice el antiguo emblema de la Villa de Madrid. Agua y pedernal, los símbolos del Viejo Madrid.

Después, en el siglo XII, los cristianos construyeron su cerca, que partía de la musulmana, en lo alto de la Cuesta de la Vega, cruzaba la gran hondonada entre las dos colinas, entre el Alcázar y las Vistillas, y se dirigía hacia la Puerta de Moros.

Era el terreno tan abrupto que cuesta trabajo imaginarlo. Si ahora el desnivel, salvado por el Viaducto, entre ambos cerros es considerable, en la Edad Media era mucho mayor, y más peligroso. Entonces no era una bonita calle, como ahora, la calle de Segovia, rodeada de césped, era el Barranco, así con mayúsculas, porque aunque no era el único en la villa, era el más profundo y difícil.

Cuando Felipe II convirtió a Madrid en capital y sede de la Corte, la muralla aún se mantenía en pie, imponente. Fue entonces, en el siglo XVI cuando comenzó a desaparecer, devorada por las construcciones que a ella se arrimaban o por la tierra.

Existe una pintura que a pesar de ser imaginada, realizada en los años 50 del siglo XX por Pierre Schild, refleja de forma asombrosa lo que pudieron ser aquellos parajes. El cuadro se encuentra en uno de los salones del Restaurante Sobrinos de Botín. Representa ese Madrid de 1561, con el Barranco en primer plano, atravesado por la muralla, sus torreones, sus arcos, callejones y sus adarves.

P. Schild

La primera reforma de la zona fue llevada a cabo poco después, hacia 1570, el rey quiso convertirla en transitable y facilitar la salida de Madrid hacia Segovia. Fue así cómo la muralla fue desapareciendo y el barranco allanado, aunque seguía siendo terrible en la Cuesta de los Ciegos, así aparece en el siglo XVII, dibujado por Texeira.

Plano de Texeira (1656)

Tras los derrumbes accidentales y los derribos provocados, la piedra fue utilizada para adoquinar la nueva calle y aprovechada en nuevas construcciones. La muralla desapareció del Barranco y de la Cuesta de los Ciegos, pero continuó subiendo por la calle Yeseros y entre las calles de Mancebos y Don Pedro, donde aún hoy día perviven restos, como sabemos.

La calle, llamada de la Puente en el siglo XVII, nació sobre el camino natural marcado por el cauce del arroyo. Otras calles surgieron aprovechando la ronda exterior de la muralla, como las Cavas, o la calle de Don Pedro, antes de la Alcantarilla, por haber servido de foso a la muralla. La Alcantarilla llegaba hasta el Arroyo de San Pedro.

Nuevas obras en la zona, a cargo de Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, los desmontes para suavizar el terreno en el XIX, la construcción de la escalera de la Cuesta de los Ciegos y más reformas durante la 2ª República en el XX… acabaron de transformar la Calle Segovia y su entorno en el bonito lugar que es hoy día. Pero al observar el paisaje ante nuestros ojos, no podemos olvidar como fue en el pasado.

¿Resulta descabellado pensar que a pesar de todo existen restos medievales bajo la antiquísima Cuesta de los Ciegos?

Hoy Pedro y yo os invitamos a un Viaje a la Edad Media. Puede ser producto de nuestra imaginación, pero parece real, juzgad vosotros mismos.

En todo el barrio de la Morería, las galerías del alcantarillado son, como en otros barrios del centro, de ladrillo enfoscado. También los túneles que comunican algunas de las construcciones más antiguas, algunos dicen que con el mismísimo Palacio Real, como por ejemplo el pasadizo que sale de la actual Academia de Ingeniería en la calle de Don Pedro, donde recordemos existe un largo lienzo de muralla cristiana, son de ladrillo.

Sin embargo bajo la Cuesta de los Ciegos, en este lugar tan misterioso para nosotros, cerca del camino por donde transcurría la vieja muralla, bajo la ladera ahora ajardinada, escondido entre subterráneos vericuetos, existe un pasadizo increíble, emocionante, y sin uso, por el que, además de las ratas, únicamente corre un pequeño hilo de agua limpia.

Una de sus singularidades es que mide cerca de dos metros de altura por 1,20 de ancho. No se trata de una galería cualquiera.

Y otra, muy importante, es que sus muros están construidos en mampostería de pedernal, aunque algunos tramos tienen refuerzos intermedios de ladrillo.

El camino es además de apasionante, sorprendente. Los muros del pasadizo, en algún lugar, cuenta Pedro, entroncan “en perfecta armonía” con una especie de cámara o espacio circular de construcción espectacular, con un precioso arco de acceso.

Lo mismo ocurre en otro punto del pasadizo, que continúa en la dirección de la muralla.

En otra parte del trayecto se incorpora al pasadizo una estrecha galería que parece pertenecer a un viaje que en caso de necesidad proporcionaría el agua.

Hoy día todo esto puede parecer imposible, una fantasía, pero creemos que se puede tratar de un Pasadizo construido cuando aún existía la muralla, acaso procedente de uno de los edificios próximos. Un camino de entrada o salida de la Villa en un lugar en el que no debía resultar fácil, escarpado y de difícil acceso, lejos de la Puerta de Moros, y separado de la Puerta de la Vega por el tortuoso barranco.

por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

Continuará… quizá.

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