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Convento de los Clérigos Menores del Espíritu Santo

El Convento de los Clérigos Menores del Espíritu Santo se fundó el año 1594, así consta en el plano dibujado por Pedro Texeira unas décadas después.

Plano de Texeira (1656) (detalle)

Fue edificado en la Carrera de San Jerónimo, frente a otros dos conventos construidos por el poderoso duque de Lerma Francisco Gómez de Sandoval, ambos comunicados con su casa de recreo en el Prado de San Jerónimo por un pasadizo volado. La marquesa del Valle construyó otro pasadizo que comunicaba su Palacio con el Convento del Espíritu Santo sobre la actual calle de Fernanflor.

El convento está representado en el cuadro atribuido a Jan van Kessel III pintado hacia 1680, Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas, que podemos ver en el Museo Thyssen. Aún no figuran las torres, que veremos después.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

La iglesia era el edificio más valioso del conjunto, proyecto del arquitecto Pedro de Mazuecos el mozo.

En su interior había bellas obras de arte, la mayoría perdidas, como la Venida del Espíritu Santo de Vicente Carducho, que menciona Ceán Bermúdez en su Diccionario Histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España (1800) que sitúa “en el coro, a espaldas del altar mayor”.

Pero algunas se conservan. Una obra propiedad del Museo del Prado procedente del Convento del Espíritu Santo es el Cristo yacente (1663) de Juan Antonio de Frías y Escalante.

Foto : Museo del Prado

También se conservan tres pinturas de 1738 de Pedro Rodríguez de Miranda que se encontraban en la Sacristía. De allí pasaron al Museo de la Trinidad y de ahí al Museo del Prado. Son:

Encuentro de Agustín Adorno con San Luis Beltrán en Valencia que se encuentra en depósito en el Palacio Episcopal de Lérida; la Profesión de votos de los padres Francisco Caracciolo y Agustín Adorno ante el vicario general de la diócesis de Nápoles; y la Aprobación de la regla de la Orden de los Clérigos Menores.

Rodríguez de Miranda, Aprobación de la regla de la Orden de los Clérigos Menores (1738), Foto: Museo del Prado.

El templo era de cruz latina con cuatro capillas en cada lado, una de ellas dedicada a San José con una escultura de Juan Pascual de Mena, que conocemos gracias a la estampa de Manuel Salvador Carmona, también del Museo del Prado.

Manuel Salvador Carmona, 1781 (Museo del Prado)

En los comienzos del siglo XIX la fachada se encontraba en muy mal estado. Fue reformada en 1816, según proyecto de Manuel de la Peña y Padura.

Se añadió una portada de orden jónico y se construyeron dos chapiteles típicamente madrileños. Una imagen incluida por Pedro Navascués en su obra El Congreso de los Diputados nos muestra el conjunto antes de 1834, cuando fue ocupado por el Estamento de Procuradores de las Cortes.

Otra bonita estampa es la de Eusebio de Lettre.

de Lettre, “Iglesia y Convento del Espíritu Santo” (1860-1864) (memoriademadrid)

En 1823 la iglesia sufrió un grave incendio y los frailes se trasladaron a otro convento, el de Portacoeli, en la calle del Desengaño. La fachada nuevamente hubo de ser reedificada, derribadas ambas torres, y entre 1826 y 1828 fueron necesarias otras obras de reparación. En resumen, la construcción estaba muy deteriorada así que se proyectaron una serie de reformas con el fin de que pudiera ser utilizado como Salón de Sesiones tras decidir que allí se instalarían los Procuradores. El arquitecto fue Tiburcio Pérez Cuervo.

La nueva fachada también se conoce por los grabados de la época. Se observa que en la entrada ya se situaron dos leones sobre pedestales, como luego se haría en el nuevo edificio, sede actual del Congreso.

 

Congreso de los Diputados

El Congreso de los Diputados en sus comienzos –Cortes Constituyentes de 1810– no tuvo sede propia, recorrió varios lugares, entre ellos este Convento del Espíritu Santo que ocupó tras las obras de acondicionamiento que tuvieron lugar durante el verano de 1834.

La imagen de la Jura de la Constitución de 1837 por la Reina Gobernadora María Cristina de Borbón permite conocer el interior de la iglesia del entonces abandonado Convento habilitado como Salón de Sesiones de las Cortes.

Pero el estado de la iglesia empeoraba; debido al deterioro de los cimientos y el efecto de las aguas subterráneas se llegó a temer por la seguridad del edificio y se tuvo que pensar en un nuevo traslado. En 1841 fue declarado en ruina, y al año siguiente derribada.

La Ilustración, 1849 (BNE)

El Convento fue derribado y convocado un concurso cuyo ganador fue el arquitecto Narciso Pascual y Colomer. La reina Isabel II puso la primera piedra el día 10 de octubre de 1843.

El nuevo edificio del Congreso de los Diputados fue inaugurado el 31 de octubre de 1850.

Laurent. Salón de Sesiones (1868-1872) (Archivo Ruiz Vernacci, IPCE)

Construido sobre el solar del antiguo convento, “la planta sótano contaba con depósitos de agua, pozos y enganches a la red de saneamiento, así como con un sofisticado sistema de caloríferos con tomas de aire que aseguraban el calor, a través de rejillas y bocas de calor a varios lugares del edificio y, muy especialmente, a los escaños de los diputados, montados escalonadamente sobre unas bóvedas anulares por las que circulaba el aire caliente, a modo de hipocausto romano. Otro sistema de chimeneas y conductos aseguraba la ventilación del gran salón en la época calurosa”, describe Pedro Navascués.

Las bóvedas anulares ya no cumplen esa función, hoy día el edificio goza de modernos sistemas de calefacción y aire acondicionado sin duda. Pero, además de ser muy bellas, las bóvedas del sótano depararían sorpresas.

Durante las obras de rehabilitación realizadas en 2009 en el sótano aparecieron restos humanos, tres cráneos y restos de huesos pertenecientes a tres adultos. Se pensó podrían proceder del osario de la antigua iglesia.

Una nueva rehabilitación iniciada el pasado verano 2018 ha convertido el sótano en una preciosa Sala de exposiciones.

 

El poder del arte

Ahora, hasta el 2 de marzo, con motivo de la celebración del 40 aniversario de la aprobación de la Constitución española se puede visitar la exposición El poder del arte. Obras de la Colección del Museo Reina Sofía, en dos sedes, el Congreso de los Diputados y el Palacio del Senado.

En el Congreso se exponen obras de la fotógrafa Colita, una escultura de Cristina Iglesias, Esther Ferrer… solo contemplar las Cinco figuras sentadas (1996) de Juan Muñoz en el Vestíbulo de la reina ya merece la pena la visita.

La sorpresa, un aliciente más, en la exposición del Congreso es que se han habilitado las salas en las hermosas bóvedas del sótano que veíamos en la primera parte del artículo.

Según nos comenta el guía de la visita probablemente se dediquen a Sala de exposiciones de forma permanente en el futuro. Una gran noticia.

En el Palacio del Senado se exponen obras de Juan Genovés, Miguel Ángel Campano, Luis Gordillo, Soledad Sevilla, etc. Me gustó mucho ver ocho dibujos de Elena Asins, artista que legó su obra al Museo Reina Sofía, en la espectacular Biblioteca construida en hierro por su bisabuelo Bernardo Asins. Desgraciadamente ella no ha podido verlo pues murió en 2015, creo que el montaje le habría emocionado.

Por : Mercedes Gómez

Nota: Actualización 6 feb. 2019, eliminadas dos fotos no propias.

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El poder del arte. Obras de la Colección del Museo Reina Sofía

Visitas guiadas hasta el 2 de marzo. Es necesaria inscripción previa:

Todos los detalles e instrucciones para la inscripción en las páginas del Congreso

y del Senado.

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Bibliografía:

CHICO, Manuel (Tutor: URREA, Jesús). Los clérigos menores en Madrid. Trabajo Universidad Valladolid 2015-16.

NAVASCUÉS, Pedro. “El Palacio” en El Congreso de los Diputados. Dic. 1998 (Archivo Digital UPM)

Catálogo “El Poder del Arte”.

 

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JARDINES DEL PASEO DEL PRADO-RECOLETOS (IV)

Continuando con los jardines del Paseo de Recoletos, hoy os invito a visitar el Jardín del antiguo Palacio del Marqués de Salamanca, situado en el nº 10, considerado de Interés Histórico.

Como ya comentamos durante nuestra visita al cercano Palacio de Linares, el Marqués de Salamanca fue el primer financiero de la época en prever el valor que adquirirían estos terrenos, situados entre la huerta del Convento de los Agustinos Recoletos –derribado en 1836- y el Pósito, y decidió construir aquí su palacio, alrededor del cual se instalaron otros, llegando la zona a ser conocida como el “barrio de los banqueros”.

Pero en un principio la casa quedó situada en un lugar un tanto raro para un palacete, más fabril que palaciego, entre el Pósito, que aún no había sido derribado, y la Fábrica de Carruajes con su gran chimenea, como se aprecia en el famoso grabado de Alfred Guesdon. Por eso la opinión unánime es que don José tuvo una gran visión de futuro.

José de Salamanca encargó el proyecto al entonces Arquitecto Mayor de Palacio, Narciso Pascual y Colomer, en el año 1846, cuando sus negocios se encontraban en un buen momento. El arquitecto diseñó tanto el palacio como el jardín.

En origen el edificio era exento, únicamente constaba del cuerpo central rectangular, rodeado por el jardín y cerrado por una verja. Al contrario que otros palacetes construidos por la misma época, con su fachada a la calle, el Marqués de Salamanca construyó el suyo alejado del Paseo por un frondoso jardín.

Tras un primera quiebra económica, que interrumpió la construcción del palacio, por fin fue finalizado en el año 55, siendo los años siguientes la etapa más próspera del Marqués.

Colomer diseñó una entrada monumental, que quedó reflejada en un precioso dibujo conservado en el Archivo de la Villa, que desapareció muy pronto, apenas un año después de finalizar la obra, al ser modificada la alineación del Paseo de Recoletos, que robó unos metros al jardín.

El Jardín rodeaba el Palacio, con parterres curvos de estilo paisajista en la parte posterior y en la anterior, y estrechos parterres geométricos en los laterales. Tras el edificio se instaló una estufa o invernadero que había sido realizado en unos talleres de Londres en hierro y cristal, y que costó 100.000 pesetas de la época.

En 1876 nuevamente la ruina financiera le obligó a vender el Palacio, que fue adquirido por el Banco Hipotecario. Como sabemos, el Marqués de Salamanca murió unos años después en su Palacio de la Quinta de Vista Alegre.

A partir de la venta, varias ampliaciones y reformas fueron transformando el edificio y el jardín originales.

Foto: Amador. Palacio del Marqués de Salamanca, 1900. (www.memoriademadrid.es)

La única zona ajardinada que pervive es la delantera, frente a la fachada, donde se conservan tres fuentes,

Marzo 2011

y dos imponentes Cedros del Líbano de la plantación original.

El Palacio de Salamanca en Recoletos hoy está rodeado por otras construcciones, producto de las sucesivas ampliaciones llevadas a cabo, pero continúa resguardado por los majestuosos árboles plantados en época del Marqués.

Adquirido por otra entidad financiera a finales del siglo XX, actualmente tiene dos entradas, una en el Paseo, y la otra en la esquina con la calle de Salustiano Olózaga.

Entrada por la calle de Salustiano Olózaga

Varias esculturas pertenecientes a la Colección de los actuales dueños del edificio acompañan ahora a las antiguas fuentes. Obras de Cristina Iglesias, Miquel Navarro, Francisco Leiro y Andreu Alfaro.

El Marqués de Salamanca fue coleccionista de arte, seguramente si hubiera vivido en el siglo XXI habría sabido elegir también entre los artistas hoy día más cotizados.

En primer plano, obra de M. Navarro. Al fondo, escultura de F. Leiro

No está permitido acercarse a contemplar las esculturas, ni las fuentes, hay que conformarse con verlo todo desde fuera, a través de la verja.

Pero existe otro lugar, abierto a todos, donde podemos buscar las huellas del Marqués de Salamanca y el recuerdo de lo que pudo ser su Jardín. La Estufa fue trasladada al Retiro, estuvo situada en el centro de La Rosaleda creada en los comienzos del siglo XX por Cecilio Rodríguez. Durante la guerra resultó destruida, solo se conserva el basamento de ladrillo que limita el estanque.

Sí se conservan dos fuentes deliciosas, realizadas en granito y mármol, la Fuente del Amorcillo y la Fuente del Fauno, también procedentes del Jardín del antiguo Palacio del Marqués de Salamanca en el Paseo de Recoletos.

Se cree que pudieron ser diseñadas, igual que el palacio y el jardín, por Narciso Pascual y Colomer.

Fuente del Fauno, en la Rosaleda del Retiro.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo Exposición Narciso Pascual y Colomer (1808-1870). Arquitecto del Madrid Isabelino. Ayuntamiento de Madrid 2007.

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Otros artículos:

Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.
Paseo del Prado-Recoletos III.- El Jardín del Palacio de Buenavista.

A lo largo del siglo XIX entre la nobleza y las familias adineradas se puso de moda decorar los salones de sus palacios con estilos exóticos, como el chino, turco o sobre todo el árabe. El estilo árabe fue muy utilizado durante el reinado de Isabel II, de modo que a finales del siglo raro era el palacio o palacete que por entonces no contaba con su Salón decorado a imitación de la Alhambra de Granada. En la Europa romántica del siglo XIX surgió el término “Alhambrismo”, aplicado a la literatura, la música, y por supuesto a la arquitectura y a las artes decorativas.

En Madrid la recreación del ambiente y los detalles del monumento granadino fue habitual, y no únicamente en la decoración de interiores sino que incluso se construyó algún palacio bajo su influencia, como el Palacio de Xifré, que estaba situado frente al Museo del Prado, construido por José Contreras en 1865 imitando en todos sus detalles la arquitectura árabe. Desgraciadamente fue derribado en los comienzos de la década de los 50 del siglo XX.

Recordemos el Palacio de Anglada, que reproducía el Patio de los Leones de la Alhambra. El Palacio de la Condesa de Montijo en la plaza del Ángel también tuvo su gabinete al estilo árabe, el Palacio de los Marqueses de Alcañices -donde hoy se ubica el Banco de España-, … todos desaparecidos. O casi.

He leído en algún lugar que en Madrid no se conserva ningún Salón de este estilo, y esto no es exacto. En nuestra Comunidad existe el Salón de Fumar del Palacio de Aranjuez. De estilo árabe es el Palacio de Laredo en Alcalá de Henares, hoy sede del Museo Cisneriano.

Y, aunque lamentablemente muy deteriorado, en la ciudad de Madrid pervive el Salón Árabe del Palacio del Marqués de Salamanca en la Quinta de Vista Alegre.

Quizá alguno de vosotros recuerde nuestra visita a la Quinta el verano pasado, durante la cual pudimos conocer y admirar las Huellas del Marqués de Salamanca en su palacio, el conocido como Palacio Nuevo o Palacio del Marqués de Salamanca. Durante la visita una de las estancias que más nos llamó la atención a todos fue el Salón Árabe y su estado de abandono, apuntalado para no venirse abajo.

Como vimos, además de las estancias privadas, el Palacio tenía amplios y lujosos salones dedicados a recepciones o fiestas, siendo este quizá uno de los más esplendorosos del edificio.

El Palacio Nuevo fue obra de Narciso Pascual y Colomer, aunque según algunos autores, como Pedro Navascués, el Salón pudo ser construido por el arquitecto Rafael Contreras, por entonces restaurador de la Alhambra de Granada. Según otros, por el tallista y pintor Alejandro Mattey, aunque seguramente siempre bajo la dirección de Pascual y Colomer.

Tras la muerte del Marqués y su venta al Estado, la primera reforma del Palacio para convertirlo en Asilo de Inválidos tuvo lugar en 1888. Luego, en el siglo XX albergó el Instituto de Reeducación Profesional de Inválidos del Trabajo (1922), Instituto de Reeducación Profesional (1928) e Instituto Nacional de Reeducación de Inválidos (1933).

Hasta hace pocos meses ha sido la sede del Centro de Educación Especial María Soriano, colegio que ha sido trasladado al nuevo PAU de Carabanchel, en la Avenida de la Peseta, 30.

El Salón Árabe, como el resto de dependencias del Palacio, durante un tiempo, fue utilizado como aula, como muestran estas curiosas fotografías que deben coresponder a los años 60 del pasado siglo XX.

El Salón está ubicado en la planta baja, su planta es rectangular y está dividido en dos naves por un arco decorado con yeserías al estilo mudéjar.

El artesonado es solo de apariencia mudéjar, pues al contrario que los artesonados árabes realizados completamente en madera, éste presenta una técnica especial. La decoración no consta de maderas talladas y pintadas sino de otros materiales superpuestos que imitan la decoración en dicho material. Lino, pintura y papeles pintados sobre un armazón de piezas de madera.

Las yeserías completan la decoración de los muros.

Actualmente el Palacio se encuentra cerrado y sin noticias acerca de un proyecto claro de uso.

Esperemos que el Salón Árabe del Marqués de Salamanca sea restaurado y pronto podamos contemplar uno de los escasos recuerdos de una arquitectura prácticamente desaparecida, el único en la ciudad de Madrid.

por Mercedes Gómez

Por fin, después de casi seis años de trabajos, conflictos y hallazgos arqueológicos, el pasado sábado 27 de junio se ha inaugurado la Estación de Cercanías de Sol.

La exposición tras un cristal de parte de los restos de la antigua Iglesia del Buen Suceso hallados durante las obras quizá represente el último capítulo, al menos de momento, de la historia de esta iglesia, una larga y azarosa historia que vamos a intentar recorrer.

En esta primera parte veremos la evolución desde sus orígenes en el siglo XV, su construcción a cargo de Francisco de Mora, sucesivas reformas y reconstrucción, hasta su derribo en el siglo XIX. Después, la construcción de una nueva iglesia en el barrio de Argüelles, obra de Agustín Ortiz de Villajos, que desgraciadamente también sería derribada en 1975. En una tercera parte visitaremos la iglesia actual, construida en 1982. Y una cuarta y última en la que regresaremos a la Puerta del Sol.


Historia de la Iglesia del Buen Suceso (1590-1854)

La primitiva Iglesia y el Hospital del Buen Suceso estaban situados en la Puerta del Sol, entre las calles de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo. Herrera y Maldonado escribieron en 1633: “…se ha labrado un edificio grandioso, puesto en lo mejor de Madrid a la puerta que llaman del Sol…”

Su origen se remonta al siglo XV cuando, aún en tiempos de Juan II, se fundó la Ermita de San Andrés y un hospitalillo, con el fin de atender a los numerosos enfermos de la “cruel y rigurosa peste” que entró en Madrid en 1438, tal como nos cuenta León Pinelo en sus Anales.

Algunos años después los Reyes Católicos fundaron el Hospital de Corte para atender a los soldados y personal de la Corte, aunque en esos principios fue itinerante, y las tiendas que lo componían se instalaban allí donde la batalla o la situación lo requería. El mismo Pinelo cuenta que fue el Emperador Carlos V quien resucitó el hospital movible y lo convirtió en permanente otorgándole el título de Hospital Real de Corte.

En un principio se trataba de un conjunto de construcciones variopintas, formado por la antigua ermita y el humilladero, algunas viviendas y corrales, todo ello organizado alrededor de un patio. La construcción de un nuevo edificio para hospital finalizó en 1561, ya en tiempos de Felipe II.

La iglesia formaba parte del conjunto del Hospital, cuyas instalaciones eran sin duda muy modestas, por lo que continuamente resultaban necesarias obras de acondicionamiento, hasta que por fin en 1590 los claros síntomas de ruina provocaron la decisión de Felipe II de reedificar la iglesia y la enfermería.

Lo más probable es que las trazas de la nueva construcción se realizaran en el estudio del Arquitecto Mayor de las Obras Reales, por entonces Juan de Herrera (1530-1597), y lógicamente los primeros diseños debieron ser suyos, pero sus problemas de salud fueron la causa de que Francisco de Mora (1553-1610) fuera participando cada vez más activamente en las obras reales. Gracias a la documentación de la Junta del Patronato Real ya nadie duda de la importante participación de Francisco de Mora en las obras del primitivo templo y de que la construcción de la Iglesia fue sobre todo responsabilidad suya y de su más directo colaborador y aparejador Diego Sillero, enmarcándola dentro de la arquitectura clasicista del primer y maravilloso barroco madrileño.

Me gustaría valorar en su justa medida la importancia que tuvo en su momento la construcción de esta iglesia y la participación de Francisco de Mora, obra quizá menospreciada, con escasas representaciones o descripciones, y poco conocida por tanto. Parece dominar la idea de que su valor artístico o arquitectónico eran escasos. Aunque es cierto, y probablemente este hecho haya influido en esta falta de valoración, que excepto la cimentación de piedra, la construcción era muy modesta, prácticamente en su totalidad de ladrillo revocado, debido por otra parte y entre otras cosas a la mala situación económica que se vivía en Madrid. La sociedad madrileña atravesó momentos difíciles durante la última década del siglo XVI, lo cual unido al traslado de la Corte a Valladolid el año 1601, provocó que las obras de la iglesia se interrumpieran. Mientras tanto, el culto tuvo lugar en algún lugar del hospital. Por fin, en 1606, al volver la Corte a Madrid se reinició la construcción.

Llegado este año de 1606, y antes de continuar comentando la construcción de la iglesia, quizá es el momento de conocer el origen de la imagen que daría nombre a la institución, la pequeña imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso.
Dos hermanos obregones, así eran conocidos los integrantes de la orden fundada por Fray Bernardino de Obregón, encargada de atender los hospitales madrileños, Gabriel de Fontanet y Guillermo Martínez, se dirigían a Roma a solicitar la autorización papal para poder extenderse por todo el país, cuando en una cueva encontraron una pequeña imagen de la virgen.

Plano de Mancelli (1625)

Plano de Mancelli (1623)

Lo cuenta el antiguo cronista Jerónimo de la Quintana (1629) cuando habla de Nuestra Señora del Buen Suceso: “… Trájola por los años de mil y seiscientos y siete, a veinte y ocho de marzo, el hermano Gabriel de Fontanete, de la Congregación de los Siervos de los Pobres, de un humilladero del reino de Aragón. Colocóla en este hospital en cuatro de julio de mil y seiscientos y once. Es grande el concurso y frecuencia de los fieles, e infinitas las maravillas que la Majestad Divina obra por su devoción, como lo testifican las memorias, ofrendas y lámparas de plata que la piedad de las personas agradecidas le han ofrecido

El Papa se mostró conforme con las pretensiones de los hermanos, y además, según se cuenta, le pareció un buen suceso el hallazgo de la imagen, así que los hermanos volvieron con su aprobación y con la imagen de la Virgen “del buen suceso”. En un primer momento, cuando al año siguiente los hermanos llegaron a Madrid, la virgen fue colocada en el Hospital General.

Como ya hemos comentado, en la nueva iglesia la obra de cantería realizada por Agustín de Argüelles se limitaba a los cimientos, pilares y arcos que sustentaban la cúpula. El resto de la construcción, muy humilde, era toda de ladrillo. A pesar del tiempo trascurrido durante la interrupción de las obras, con su reanudación las modificaciones no afectaron a la disposición y planta original puesto que los diseños seguían bajo el control del maestro mayor de las obras reales, por entonces Francisco de Mora.

En septiembre de 1611, ya en tiempos de Felipe III, se dieron por finalizadas las obras de la iglesia.

Por aquellas fechas los hospitales atendidos por la Orden se habían reducido a tres, después de la reforma acometida por Felipe II. Gabriel fue destinado al Hospital de Corte, se llevó la imagen con él, y la instaló en la enfermería, pero no estuvo mucho tiempo ahí escondida, pronto fue trasladada a la iglesia, debido a la insistencia del hermano, que deseaba un lugar más importante para la imagen de la virgen, así que en marzo del año 1621 la cedió a la Junta de Diputados del Hospital. Unos años después, el 19 de septiembre de 1641, pasó por fin al Altar Mayor.

Desde muy pronto esta pequeña y nueva imagen fue objeto de una gran devoción tanto popular como real. En 1618, el rey Felipe III envió dos carabelas al Estrecho de Magallanes con dos nombres significativos: una recibió el nombre de “Virgen de Atocha” y la otra el de “Virgen del Buen Suceso”.

Plano de Texeira 1656

Pero los eternos problemas del Buen Suceso continuaron y hacia 1693 eran verdaderamente preocupantes. Se realizaron algunas reparaciones de urgencia, pero en 1695 se observó que uno de los lienzos de la iglesia estaba amenazando ruina.

Ante la grave situación advertida se plantearon dos posibilidades: o mantener la planta del edificio antiguo, aunque las crecientes necesidades de culto empezaban a pedir más espacio, o ampliarla a costa de la lonja añadiendo así un tramo a los pies de la nave principal y las correspondientes capillas laterales, aunque esto obligaría a levantar una nueva fachada y modificar la cúpula.

Los miembros del Patronato adoptaron esta última propuesta, de José del Olmo, en esos momentos Maestro Mayor de las Obras Reales, y en el mes de octubre se iniciaron los derribos de la zona más deteriorada.

Y comenzó la reedificación del templo.

La forma y disposición del viejo edificio construido por Francisco de Mora lógicamente condicionó las soluciones adoptadas. Las obras significaron en parte una verdadera reedificación del edificio, pero aunque modificaron sustancialmente la disposición del templo original, por otra parte consistieron en una reconstrucción acorde con el modelo clasicista de Francisco de Mora.

Así pues, se construyó una nueva fachada, aunque a la entrada, bajo un arco de medio punto entre dinteles, sobrevivió la antigua portada dórica con los escudos reales, testigo feliz de los orígenes de la construcción en tiempos del anterior arquitecto.

Parte de su singularidad estaba en el hecho de que la planta se tuvo que adaptar a la forma trapezoidal de la parcela, y en su zona más estrecha.

A mediados de 1697, terminada la fachada, ya únicamente faltaba cubrir la iglesia y terminar la cúpula, y a principios del año siguiente se acordaron los detalles para la finalización de la obra.

El templo se dio por terminado en febrero de 1700.

Pero no acabaron aquí las desventuras de esta iglesia objeto de gran devoción popular, poco más de un siglo vivió en paz el Buen Suceso. Los graves acontecimientos del 2 de mayo de 1808 dañaron el edificio, tanto en la fachada como en su interior, el templo fue saqueado por los franceses, y el retablo central destruido; no se sabe muy bien porqué, pero la imagen de la Virgen, quizá tan chiquita alguien pudo esconderla, se salvó. Al año siguiente el rey francés José Bonaparte convirtió el templo en cuartel y hospital para sus tropas, todas las propiedades de la fundación real fueron requisadas y la Virgen fue trasladada a la cercana iglesia del Carmen. Allí estuvo hasta 1813 cuando el francés salió por fin de Madrid, y la imagen del Buen Suceso pudo regresar a su casa.

Iglesia

N. Pascual y Colomer. Alzado (hacia 1830). La portada es la primitiva del templo, diseñada por Francisco de Mora.

En la década de los 30 se volvió a reformar, en este caso según proyecto atribuido a Narciso Pascual y Colomer.

Pero ya a estas alturas de su azarosa historia a la Iglesia del Buen Suceso le quedaban pocos años de vida. La demolición comenzó el día 24 de febrero de 1854.

Iglesia del Buen

Iglesia del Buen Suceso. Calotipo de E.K. Tenison, incluido en “Recuerdos de España” (1854)

Fue una muerte anunciada, la demolición se veía venir desde bastantes años antes, algo que desgraciadamente no sería la última vez que le ocurriría a la iglesia del Buen Suceso. Esta vez la Virgen encontró refugio en el Real Colegio de nuestra Señora de Loreto, en la calle Atocha.

por Mercedes Gómez

Continuará…

Historia de la Iglesia del Buen Suceso II (1854 – 1975)
Historia de la Iglesia del Buen Suceso III (1975 – 2008)
Historia de la Iglesia del Buen Suceso IV (2009)

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Bibliografía:
CASTILLO OREJA, Miguel. “La Iglesia del Buen Suceso: la reedificación de un templo singular en el Madrid de Carlos II”, Revista de Arte, Geografía e Historia, nº 3, Madrid 2000. pp. 125-162.
DEL CORRAL, José “El Hospital de Corte. Llamado del Buen Suceso”. Ciclo Conferencias en Centro Mesonero Romanos 1999. Publicada por Instituto Estudios Madrileños. Madrid, 2000.
LEON PINELO, Antonio de. “Anales de Madrid (desde el año 447 al de 1658)”. Transcripción, notas y ordenación cronológica de Pedro Fernández Martín. Madrid. Instituto de Estudios Madrileños 1971.
HERRERA Y MALDONADO, F. “Libro de la vida y maravillosas virtudes del Siervo de Dios Bernardino de Obregón Padre y Fundador de la Congregación de los enfermos pobres…” Madrid 1633.

La Quinta de Vista Alegre, situada en el barrio de Puerta Bonita del Distrito de Carabanchel, con entrada principal en la calle General Ricardos nº 177-179, constituye un Bien del Patrimonio Cultural madrileño de indudable valor histórico y artístico.

entrada

Catalogada como “Jardín Histórico” en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997, consideramos que la Quinta de Vista Alegre debería ser catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) de la Comunidad de Madrid en la categoría de Conjunto Histórico.

La Quinta tiene una superficie de 450.000 m², algo menos que la mitad del Retiro, siendo en su mayor parte propiedad de la Comunidad de Madrid. Es el cuarto en tamaño de los Jardines Históricos, por detrás de la Casa de Campo, el Parque del Retiro y el Parque del Oeste…

Así comienza la carta enviada a la Comunidad de Madrid, firmada por 320 personas, solicitando la declaración de la Quinta de Vista Alegre como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

La Quinta de Vista Alegre, antiguo Sitio Real, es el único Jardín Histórico no declarado Bien de Interés Cultural. La Casa de Campo, el Retiro, la Quinta de la Fuente del Berro, El Capricho o el Jardín Botánico, hace tiempo fueron declarados Bien de Interés Cultural. Sin embargo, sorprendentemente, Vista Alegre no goza de tal catalogación.

Por otra parte, se trata de un lugar casi desconocido por la mayoría de nosotros, que merece la pena descubrir. Os invitamos a leer la carta, en cuya elaboración han trabajado varias personas, y en la que además de incluir la solicitud, se describe brevemente la Quinta y se resume su rica historia:

A finales del siglo XVIII comenzaron a surgir gradualmente en Carabanchel residencias estivales en forma de posesiones, casas-jardín o palacetes, erigidas por nobles o burgueses que seguían la tradición ya famosa del buen aire y del excelente agua de la zona, con la ventaja adicional de estar en un lugar con vistas privilegiadas sobre la Corte y comunicada con ella a través del camino de Alcorcón (actual calle General Ricardos).

Ya nada queda de las villas de Ceriola, del Marqués de Mortara, de la Finca de “Buenos Aires”, de la de “Las Delicias Cubanas”, de la de González Bravo, de la de D. Jaime Girona,… y así hasta cerca de la treintena de fincas y casas jardín donde los burgueses madrileños mataban sus ocios veraniegos. Otros casos flagrantes son los de la “Quinta del Sordo”, que perteneció a Goya, y la vergonzosa desaparición de la Finca de los Montijo.

La Quinta de Vista Alegre es la única que mantiene intactos sus límites. Al haber sido posesión de la Reina María Cristina de Borbón se conserva mucha documentación en el Archivo General de Palacio que nos permite comprender y valorar como eran las Quintas decimonónicas de Carabanchel y ésta en particular. La tesis doctoral “El jardín paisajista y las Quintas de recreo de los Carabancheles: La Posesión de Vista Alegre”, de Eva J. Rodríguez Romero (2000), nos describe en detalle como eran sus maravillosos jardines y nos aporta las reseñas y bibliografía existentes sobre la Quinta. Complementario de este trabajo es la publicación de Miguel Lasso de la Vega (2007) sobre las Quintas de recreo de los alrededores de Madrid, publicación en dos volúmenes en la que se dedica uno de ellos a Los Carabancheles, y por tanto y a Vista Alegre.

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Palacio Viejo

Jardín frente al Palacio Viejo

Jardín frente al Palacio Viejo

La Reina María Cristina compró en 1832 la finca propiedad del coronel Pablo Cabrero, (entre el Camino de Madrid y el Camino de la Venta de Pradolongo) dónde existía un establecimiento público de recreo. Ente 1832 y 1836 compró las parcelas colindantes hasta un total de 52 parcelas. María Cristina construyó, sobre el primitivo establecimiento público, un palacio, conocido después como Palacio Viejo, de María Cristina o de Invierno. Prueba del afecto de la Soberana por Vista Alegre es que durante su exilio en París a partir de 1840 se hizo llamar Marquesa de Vista Alegre. En 1846 donó la Quinta a sus hijas la Reina Isabel II y la Infanta Luisa Fernanda.

Baño de Isabel II conservado en el Palacio Viejo

Baño de Isabel II conservado en el Palacio Viejo

El Marqués de Salamanca la compró en 1858 a los Duques de Montpensier, y tras su muerte la finca fue vendida por sus herederos al Estado en 1883 con la condición de que se destinara a instituciones de beneficencia. El Marqués de Salamanca revitalizó la finca rehabilitando los edificios existentes y encargando a Narciso Pascual y Colomer la rehabilitación del Palacio Nuevo, también llamado del Marqués de Salamanca o de verano, que se había empezado a construir en tiempos de María Cristina.

Palacio Nuevo

Palacio Nuevo

Los jardines próximos a los palacios eran “de recreo”, mientras que según se descendía hacia el sur y el este adquirían un carácter productivo, con frutales, viñedos, olivos, cereales… No dejaban sin embargo de tener la unidad que le confería la cerca, y todo el jardín, considerado en su conjunto como paisajista, estaba surcado de caminos y canales de agua. Abundaban las construcciones tanto utilitarias (vaquería, cuadras, casas de empleados) como los caprichos o “folies” (el castillo viejo, la codornicera, la faisanera, etc…). Cinco norias extraían el agua del subsuelo para riego y consumo. Había estufas e invernaderos de distinto tipo y gran cantidad de animales domésticos y exóticos. Pero sin duda el elemento más representativo del jardín era la ría navegable, que en un extremo tenía la fortaleza, la isla o baluarte en forma de estrella, el embarcadero y el dique y en el otro la montaña artificial. Un tramo de la ría ha sido recientemente reconstruido en el recinto del Palacio Viejo. Narciso Pascual y Colomer dejó un bellísimo testimonio del jardín y sus construcciones en los planos que levantó en 1845 para uno de los inventarios, que se conservan en el Archivo General de Palacio.

La Ría

La Ría

Comenzó la instalación de instituciones benéficas en 1887 cuando se creó por Real Decreto el Asilo de Inválidos que se inauguró dos años después en el Antiguo Palacio del Marqués de Salamanca. La finca comenzó progresivamente a dividirse hasta llegar a la situación actual: trece recintos de los cuales dos no pertenecen a la Comunidad de Madrid, presididos por los siguientes edificios e instituciones que se construyeron en el siguiente orden cronológico:

– El Palacio Viejo, cuyo edificio principal fue restaurado a finales de los años 90 y hoy es sede del Centro Regional de Información y Formación del Profesorado. Tiene protección Nivel I-Integral según el Plan General, y los jardines que le rodean nivel protección I.

– El Palacio Nuevo, que tiene protección Nivel I-singular y sus jardines, con nivel protección I. Es la sede del Centro de Educación Especial María Soriano. En el PAU de Carabanchel se está terminando de construir un edifico al que se trasladarán sus dependencias, sin que conozca el destino futuro de este Palacio patrimonio de la historia de Madrid.

– La Residencia de Estudiantes San Fernando, dependiente del Patronato de Huérfanos del Ejército del Tierra situado en el ángulo noreste de la finca, y el Centro de Formación de la Dirección General de Policía, que tiene protección estructural y entrada desde la plaza de Carabanchel. Son los dos recintos que no pertenecen a la Comunidad de Madrid.

– El Instituto de Enseñanza Secundaria Puerta Bonita, situado en el ángulo SO de la Quinta, que se comenzó a construir en 1.929 como Reformatorio del Sagrado Corazón. Se trata de un magnífico edificio con protección estructural.

– Los edificios del oeste y sur de la Quinta, construidos por la Dirección General de Regiones devastadas entre 1.944 y 1.948: el edificio de “Los Lujanes”, cedido a Caja Madrid para su gestión como Centro Integrado de Enseñanza Musical; la Residencia de mayores “Gran Residencia”; la Residencia de menores “Las Acacias”; el Centro de Formación Ocupacional “Fray Bernardino Álvarez” y la Residencia de mayores “Carabanchel”. Presentan una uniformidad de estilo, tenían bellos patios ajardinados y hoy en día son edificios con protección estructural y ejemplos representativos de la arquitectura de una determinada etapa histórica. También en la primera mitad el siglo XX intervino en la Quinta el paisajista y pintor sevillano Xavier Winthuyssen con el diseño y la ejecución de bellos jardines andalucistas cuyas trazas se conservan sólo parcialmente. En las fotografías y vistas aéreas de la época se observa que hasta los años sesenta coexisten en armonía las construcciones de los siglos XIX y XX, y los trazados y caminos del jardín paisajista del siglo XIX aún perduran.

– El Centro de Formación Profesional “Carabanchel Bajo”, situado en el centro de la Quinta, la Residencia de mayores “Vista Alegre” y los centros de reinserción del menor “El Madroño” y “Renasco”. Construidos sin plan prefijado a partir de los años setenta no ha aportado a la Quinta más que arquitectura de nulo interés, fragmentación, incoherencia en las circulaciones y destrucción de los trazados originales del jardín. Los jardines han quedado desde entonces fragmentados y sin coherencia interna. No existe modo de gestión y mantenimiento unitario, y hay zonas que se encuentran en estado de conservación lamentable.

Fuente en mal estado

Fuente en mal estado

En cualquier caso lo importante de Vista Alegre es su valor de conjunto integrado tanto por edificios representativos de la historia de Madrid y de España de los siglos XIX y XX como por jardines de los que es posible recuperar su trazado, su valor histórico con independencia de su estado de conservación, siendo posible y necesaria para su protección la declaración de Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico a la luz de la Ley 10/1998, de 9 de julio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Fuente de los caballos

Fuente de los Caballos

A partir de los últimos decenios del siglo XX se han comenzado a gestar “planes” tanto por iniciativa de la Comunidad como del Ayuntamiento de Madrid.

En mayor o menor medida, contemplaban la Quinta como “residuo” de espacio libre dentro de la ciudad susceptible de seguir siendo ocupado con nuevos edificios o equipamientos y su “inserción” en la ciudad mediante la demolición de la cerca. Cabe preguntarse por qué este trato a la Quinta de Vista Alegre, cuando planes similares serían impensables para cualquier otro jardín histórico (La Casa de Campo, el Retiro, la Quinta de la Fuente del Berro, El Capricho o el Jardín Botánico, hace tiempo fueron declarados Bien de Interés Cultural). Como ejemplo mencionar el proyecto de la Consejería de Medio Ambiente de 1995 para proyectar un “parque” ajeno a los datos históricos con amplias zonas de aparcamiento en el centro de la Quinta. Afortunadamente para los madrileños ninguno de esos proyectos y planes comenzó a ejecutarse: la Quinta no merece cualquier destino irreflexivo.

Por todo lo anteriormente descrito, de acuerdo con la Ley del Patrimonio Histórico Español (Ley 16/1985 del 25 de junio de 1985), hemos presentado la solicitud de declaración de Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

Ha sido muy gratificante constatar la buena acogida de la iniciativa, tanto por parte de algunos amigos expertos y conocedores de la Quinta desde hace tiempo como por aquellos que por primera vez nos han oído hablar de este reducto histórico en el corazón de Madrid.

Dada la difusión que ha tenido la idea aún nos siguen llegando firmas y estamos encantados de que así sea. Encontraremos la mejor forma de entregarlas oficialmente como anexo a la primera carta o como petición independiente.

Muchísimas gracias a todos.

Mercedes Gómez y amigos


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