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Lo que hoy os quiero contar es un poco raro. En Madrid parece fácil mover, cambiar de sitio, incluso eliminar, todo tipo de mobiliario urbano, parterres, fuentes, estatuas… lo que no debe ser tan fácil es mover ni un palmo los quioscos dedicados a la venta de tabaco.

Me lo recordó María Rosa, autora del delicioso blog Viajando tranquilamente por España, al hablar aquí hace unos días de la Fiesta de inauguración de la calle de Serrano, en la que yo también estuve el pasado 25 de septiembre.

Cerca del inicio de dicha calle, en la Plaza de la Independencia, hay uno de estos quioscos, que, durante las obras en las que como sabemos hubo tantos cambios y desapariciones, debió resultar inamovible. Las losetas del nuevo pavimento se fueron colocando a su alrededor, de forma que las puertas de entrada a este elemento urbano han quedado situadas por debajo del actual nivel de la calle.

Se supone que para evitar posibles tropezones o caídas debido al nuevo e inesperado escalón que hay que salvar para acceder a la ventanilla del estanco, se colocaron unas vallas municipales protectoras, de esas que se suelen utilizar en las zonas en obras.

Pero llegaba el día de la Fiesta, todo estaba a punto. En la plaza, lugar desde el que partía la alfombra color de rosa para recorrer todo Serrano, sin ningún tipo de problema se habían eliminado todos los “obstáculos visuales”, se había “limpiado la glorieta”, empleando palabras de los autores de la reforma, los arquitectos Miguel Tejada y Clara Eslava.

Ahora sólo -y ciertamente- desentonaba el quiosco, había que solucionarlo. Una buena capa de pintura y unas elegantes vallas le dieron un nuevo e inmejorable aspecto.

Aunque a los pocos días vuelve a estar pintarrajeado.

Lo sorprendente es que estas “vallas” proceden de la barandilla del Paso Elevado de Juan Bravo y del Museo de Escultura, que como ya contamos es obra del escultor Eusebio Sempere.

¿No os parece raro?

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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A lo largo de los últimos meses hemos visto desaparecer los jardincillos que la adornaban, las farolas que recordaban los orígenes de esta plaza diseñada en el siglo XIX, cuyos edificios en su mayoría fueron construidos entre los años 1877 y 1890. Hemos visto arrancar y amontonar los clásicos bancos de piedra…

Hemos visto cómo todo se iba cubriendo por esa monocorde y árida marea de granito que nos inunda, y hemos asistido a la vuelta de uno de los viejos mojones de la antigua Vía Pecuaria transformado en uno nuevo y reluciente.

13 de septiembre 2010

Por fin, en el último tramo frente a la entrada del Retiro, se han instalado nuevos postes de luz -cuesta trabajo llamarlos farolas- , y nuevos, raros e incómodos bancos. Y escasos (sólo dos).

En cuanto al mojón que estaba situado en esta zona, al contrario que su vecino al otro lado de la calle de Alcalá, éste ha sido recolocado inmediatamente, en esta ocasión sin restaurar.

13 de septiembre 2010

Alrededor de la Puerta de Alcalá las obras han terminado, al menos de momento.

En opinión de los partidarios de este tipo de plazas, ahora hay mucho más espacio para el peatón (y para las motos, parece). De eso no hay duda. Pero ¿era necesario?.

La plaza en junio 2010, aún con su cálido césped, su doble fila de bancos y sus farolas

Texto y fotos: Mercedes Gómez

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Artículos anteriores:

Una vuelta alrededor de la Puerta de Alcalá.
Una vuelta alrededor de la Puerta de Alcalá (Cont.).
El nuevo viejo mojón de piedra.

Quizá recordéis que a lo largo del año hemos hablado varias veces del viejo mojón de piedra de la antigua Vía Pecuaria que pasaba/pasa por la calle de Alcalá.

Primero, su desaparición, cuando comenzaron las obras en la plaza de la Independencia. Luego su vuelta, convertido en uno nuevo, reluciente y sospechosamente simétrico, a juego con el pavimento de granito recién instalado.

Por entonces, tras las dudas que surgieron en algunos de nuestros comentarios, me dirigí al Ayuntamiento de Madrid preguntando si se trataba del hito original o de una réplica.

Hoy he recibido la respuesta procedente de la Dirección General de Infraestructuras. Me informan de que “el mojón se retiró y se ha vuelto a instalar después de un proceso de restauración por parte de los canteros del Ayuntamiento de Madrid“.

Comparando el viejo mojón con el reinstalado cuesta trabajo creer que se trata del mismo, pero así es según el Ayuntamiento.

por Mercedes Gómez

Aún a riesgo de parecer insistente, continúo con la crónica, quizá algo melancólica, de las obras que se están llevando a cabo en la Plaza de la Independencia.

En el artículo anterior nos preguntábamos si los parterres y los bancos de la mitad sur de la plaza correrían la misma suerte que los de la mitad norte o se conservarían gracias a su cercanía a las puertas del Retiro.

Tengo la inmensa suerte de pasar por aquí casi todos los días, y me da pena ver la transformación que está padeciendo este lugar, que podemos considerar representa a otras plazas y otras calles de Madrid igualmente reformadas bajo una nueva idea o gusto urbanístico. El lugar de encuentro se convierte en mero lugar de paso. El mismo pavimento, la misma aridez.

Todo va muy deprisa, ayer, cerca de las 8 de la mañana, ya no quedaban apenas huellas del parterre de la esquina de Alcalá, en pocas horas había desaparecido.

Ya sabemos que destruir es mucho más fácil que construir. Qué pena, mi banco roto.

Pronto veremos la obra terminada, las dudas sobre el resultado final me temo que ya no existen.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

Las obras han regresado a la Plaza de la Independencia.

A primeros de año terminó la reforma de la mitad norte, el tramo Alcalá-Serrano-Alcalá, del cual ya desaparecieron jardincillos, farolas clásicas, bancos… y el mojón de piedra de la antigua Vía Pecuaria. Quizá recordéis que hace algún tiempo hablamos de su desaparición, y nos preguntábamos que pasaría con él, ¿volvería, desaparecería definitivamente?.

La semana pasada las máquinas comenzaron a levantar un nuevo tramo, el comprendido entre las calles de Alcalá y Alfonso XII. Las farolas parece que están en peligro, como hace poco estuvieron sus compañeras antes de ser eliminadas al otro lado de la calle de Alcalá.

Y los bancos de piedra amontonados en la esquina esperando lo peor.

Tras cruzar la calle de Alfonso XII llegamos a la Puerta principal del Retiro, lugar de paseo y también de encuentro. Allí siguen existiendo pequeñas islas de césped, setos, otro mojón de la antigua Vía Pecuaria, y los bancos, a menudo ocupados por personas que descansan, esperan a alguien, o simplemente contemplan el paisaje. ¿Desaparecerán igualmente?.

Después de dar la vuelta a la plaza, compruebo que el otro mojón, al menos de momento, continúa tranquilo en la esquina derecha de lo que antaño fue la salida de Madrid por el antiguo Camino de Alcalá.

Antes de cruzar veo algo sorprendente, parece que en la esquina contraria han recolocado el desaparecido mojón.

Pero al acercarme me parece muy raro, no se trata del viejo mojón de piedra, es otro sin duda.

Es curioso, este está reluciente, parece hecho a juego con el granito del nuevo pavimento, para que no desentone.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Artículos anteriores sobre la Plaza de la Independencia:

Jardín de la Plaza de la Independencia.
Real Pósito de la Villa.
Plaza de la Independencia. Vías pecuarias, mojones y obras.

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Hace algún tiempo, M.Carmen, la autora del imprescindible blog TODO MADRID, nos recomendó una Panadería nueva, un lugar muy apetecible a juzgar por sus palabras. Su entrada provocó algunos comentarios, uno de ellos recordaba la curiosa proximidad del nuevo local con el lugar donde estuvo ubicado el antiguo Pósito de la Villa. Bonita historia, comenté yo, y M.Carmen “retó” a Arte en Madrid a contarla.

Ahí va, M.Carmen, espero que te guste, que os guste a todos 🙂

Mercedes

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El trigo fue alimento básico en la dieta de los madrileños desde los tiempos más antiguos, sobre todo para los pobres, tiempos muy duros por la escasez, epidemias, etc. Por eso, desde muy pronto, su abastecimiento fue objeto de preocupación y vigilancia por parte del Concejo.

Ya en el antiguo Fuero de Madrid de 1202, primeras leyes escritas que regularon la vida madrileña, aparecía reflejada esta preocupación. Se intentaba proteger el suministro en el interior de la Villa multando a quien intentara sacar el grano y lo vendiera fuera de ella, debiendo pagar dos maravedises, … a menos que probara su inocencia con el testimonio de dos vecinos.

El Fuero también hacía referencia a que si se encontraba cualquier Panadera -el término en femenino hace pensar que en Madrid en el siglo XIII no había panaderos- vendiendo pan falto de peso debería pagar medio maravedí, siempre y cuando se tratara de más de tres panes.

Con el objetivo de poder controlar los precios y el suministro, se crearon las alhóndigas, lugar de compra y venta del grano.

Las alhóndigas, alholíes o pósitos –en origen con algunas diferencias, con el tiempo se fueron solapando sus funciones- eran graneros municipales, el lugar de almacenamiento del Pan, y también donde se regulaba su distribución y venta. Su objetivo principal era de tipo benéfico, vender el trigo a precios moderados, amasar el pan y venderlo lo más barato posible.

Sabemos por los Libros de Acuerdos, actas redactadas por los miembros del ayuntamiento madrileño, que a finales del siglo XV en Madrid había dos “casas de la harina” o alhóndigas –término de origen árabe-, una en la plazuela de San Salvador, y otra en la plaza del Arrabal, hoy Plaza Mayor. En la plaza del Arrabal se construyó la Casa de la Panadería, almacén de trigo y lugar de control de los precios, pero no era horno.

El primer Pósito propiedad de la Villa de Madrid se remonta a la época de los Reyes Católicos. Fue construido en los comienzos del siglo XVI en la Cava de San Francisco, en el número 14 de la actual Cava Baja. Con el número 27 aparece representada en el plano de Texeira la Alhóndiga o Casa del Alholí de la Villa, frente al Peso de la Harina, cuyo edificio después se convertiría en la primera Posada madrileña, actualmente el restaurante de la Posada de la Villa. La Alhóndiga se convertiría en otra Posada, la del Dragón.

Plano de Texeira 1656

Reinando Carlos II, en 1666 el Pósito se trasladó junto a la Puerta de Alcalá, en las afueras de la villa. Además del pósito o almacén para el grano se construyó un barrio completo, conocido como de Barrio de Villanueva, con 42 casas, con su horno, para 42 panaderos. Eran conocidos como los Hornos de la Villa, o de Villanueva. En su interior hubo incluso una Capilla, la de Nuestra Señora del Sagrario, o el “Oratorio de los Hornos de Villanueva” cuya puerta de entrada se encontraba frente al Retiro. También tenían su propia Fuente.

Según los cronistas del siglo XIX, en 1743 la Junta de Abastos eliminó los hornos de Villanueva, y con ánimo de proteger a los panaderos “les invitó a formar gremio”. La propia Junta se haría cargo de comprar el trigo necesario y almacenarlo, por lo que dos años después construyó un nuevo Pósito, gran edificio alrededor de un patio, que era descrito como edificio “vasto y suntuoso”.

El plano más detallado de todo el conjunto es el de Chalmandrier:

Pósito de la Villa (Chalmandrier, 1761)

Ocupaba la manzana 276, entre el Paseo de Recoletos, la entonces llamada calle del Pósito –la actual calle de Alcalá entre Cibeles y Plaza de la Independencia-, y el campo. Entre 1835 y 1871, este tramo de calle recibió el nombre de calle del Pósito.

Manzana 276 (Plano de Espinosa, 1769)

Unos años después, ya en época de Carlos III, en los terrenos entre el pósito o gran panera, y la Puerta de Alcalá se construyeron nuevas paneras.

En el siglo XIX hubo nuevas edificaciones. Una de ellas era utilizada como almacén de las herramientas de la Villa. Existían entonces cinco tahonas aunque solo tres funcionaban, y once hornos.

Detalle del grabado de A. Guesdon “Vista de Madrid”, 1854.

Cuando se creó la nueva Plaza de la Independencia, hacia 1869, llegó el momento de derribar el antiguo Pósito, que hacía años había perdido su carácter de granero municipal y había sido destinado a otros usos (cuartel, almacén del Teatro Príncipe…)

El Pósito en 1869 (foto de J.Suárez) (memoriademadrid)

Sobre sus terrenos, en la esquina con la plaza de la Independencia, actual nº 2, en 1883 se construyó un edificio de viviendas hoy ocupado por la Cámara de Comercio de Madrid.

Una placa colocada por el Ayuntamiento en 1991 recuerda que allí estuvo el Real Pósito de la Villa de Madrid.

Todos los edificios que se construyeron para configurar la Plaza de la Independencia debían reunir una serie de requisitos, como la forma circular de su fachada adaptada a la forma de la plaza alrededor de la histórica Puerta. Los terrenos situados al otro lado de la calle de Alcalá, actual nº 10 de la plaza, todavía pertenecían al Buen Retiro, y no fueron construidos hasta el año 1877.

En el siglo XX el pan continuaba siendo el alimento base de las familias modestas, pero curiosamente tras la guerra casi se convirtió en un artículo de lujo, sujeto al racionamiento, lo cual originó un mercado negro con precios tan altos que solo estaba al alcance de unos pocos.

Actualmente ni el trigo ni la venta de pan necesitan ser regulados ni racionados. Es un producto que continúa siendo habitual en los hogares españoles, aunque en la última década su consumo ha ido decreciendo. Por otra parte, aumenta el gusto por el buen pan elaborado artesanalmente.

El azar ha querido que muy cerca del antiguo Pósito, sobre los antiguos terrenos del Buen Retiro, hoy día se haya instalado una Panadería del siglo XXI que ofrece a los madrileños pan de varias clases, todas ellas de buena calidad.

Horno de la Panadería en el nº 10 de la plaza de la Independencia.

El nombre elegido para el local no puede ser más atinado: se llama Harina.

Esta moderna y sofisticada nueva Casa de la Harina, además de tienda es restaurante, y desde sus acogedoras mesas, mientras tomamos nuestro desayuno o comida ligera, observamos la Puerta de Alcalá -que ahora se refleja en los cristales-, como en otro tiempo lo hicieran los inquilinos y visitantes del Real Pósito de la Villa de Madrid.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

Jardines del Barrio de Salamanca (I)

Cuando se proyectó el Ensanche de Madrid, en el siglo XIX , se tuvo en cuenta la necesidad de crear espacios verdes para uso público, por primera vez. Se planificaron patios de manzana, jardines, bulevares y plazas.

Igual que a lo largo del Paseo de la Castellana y sus alrededores, algunos de los cuales ya hemos visitado, en los barrios de Chamberí y de Salamanca también se conservan vestigios de algunos jardines de aquel tiempo. Un paseo a través de la historia y los restos de los jardines de este último barrio podría comenzar en la Plaza de la Independencia, diseñada en 1869 alrededor de la Puerta de Alcalá.

La Plaza figura en el Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés del Ayuntamiento de Madrid, por su interés histórico. Son de Interés Histórico los jardines que han perdido su trazado total o parcialmente, pero conservan elementos o restos que permiten aún considerarlos como testimonio de una época.

Antes de convertirse en uno de los monumentos más emblemáticos de Madrid, la Puerta de Alcalá era una las puertas de entrada y salida de la villa, construida por Sabatini en 1778 dentro de las reformas acometidas durante el reinado de Carlos III, para sustituir otra puerta más antigua.

Era una de la puertas de la Cerca que rodeaba Madrid y que no sería derribada, como sabemos, hasta 1868.

Tras el derribo, se proyectó crear una plaza alrededor de la Puerta, y se hizo, según el modelo del Ensanche, creando aceras de diecisiete metros de anchura y una triple alineación de árboles, siguiendo el Plan de Ángel Fernández de los Ríos del año 1869. Era un intento de modernización de Madrid, inspirado en la plaza de L’Etoile en París.

En un principio el jardín reflejaba el estilo  paisajista y romántico de moda en el siglo XIX, como se aprecia en los planos e imágenes de aquellos años, jardín por el que los madrileños por entonces podían transitar.

En el siglo XX, con la llegada de los tranvías, los coches y el nuevo urbanismo, el jardín desapareció, convirtiéndose en una mera zona ajardinada de adorno en torno a la Puerta. Zona que actualmente sin duda también sirve para alejar a los coches y los peatones del monumento.

Enero 2010

Estos días las obras y las máquinas invaden el jardín y se aproximan a la Puerta de Alcalá de una forma un tanto inquietante.

Enero 2010

A las obras de construcción del aparcamiento bajo la calle Serrano debemos sumar la complicada construcción de un nuevo túnel para el AVE que unirá Atocha con Chamartín, aún en fase preparatoria.

Una tuneladora excavará el subsuelo madrileño desde la glorieta del Emperador Carlos V, siguiendo un camino próximo al que antaño recorriera la Cerca de Felipe IV, bajo las calles de Alfonso XII y de Serrano. No podemos dejar de preguntarnos ¿qué encontrará a su paso?.

De allí continuará hasta la plaza de la República Argentina, la calle de Mateo Inurria, hasta la estación de Chamartín.

La máquina pasará cerca de los cimientos de más de cuatrocientos cincuenta edificios y monumentos, como la Puerta de Alcalá, que al parecer serán revisados antes de las obras.

Ojalá que la Puerta de Alcalá y su jardín no sufran demasiado y pronto recuperen la tranquilidad.

Por Mercedes Gómez

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© Mercedes Gómez

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