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Hace unos días me hicieron una pregunta curiosa sobre la Puerta de Alcalá, tal vez nuestro monumento más emblemático y uno de los más bellos.

Mi interlocutor quería saber mi opinión sobre algo que había leído: si era cierto que las dos caras de la Puerta de Alcalá eran distintas porque Francisco Sabatini había presentado dos proyectos a Carlos III y que, como al rey le gustaron los dos o que como era muy despistado, olvidó decirle cual era su preferido. O algo así. Por eso el arquitecto, para no incomodar al monarca, decidió construir ambos, uno en cada cara.

Aunque en efecto también me resultaba familiar la historia, una de tantas leyendas y cosas de esas que se dice, se cuenta… y se repiten sin contrastar, mi primera respuesta fue que no, que eso no era cierto. No podía ser así, qué absurdo.

La verdad es que Sabatini no presentó dos proyectos sino que llegó a realizar cuatro, siendo elegido por el rey el último tras un concurso por él mismo convocado, mucho más complejo que lo que esa supuesta anécdota puede hacer creer.

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Carlos III llegó a Madrid para suceder a su hermano Fernando VI procedente de Nápoles donde reinó durante veinticinco años, desde 1734 hasta 1759.

Diez años después, derribada la anterior, ordenó construir una nueva Puerta de Alcalá, una nueva entrada a la ciudad en el camino principal de Madrid, el Camino de Alcalá, relacionado con el Salón del Prado que había ideado José Hermosilla y que fue finalizado por Ventura Rodríguez, para lo cual se convocó un concurso. Todo ello formaba parte de un gran proyecto que debía modernizar Madrid y darle una nueva imagen.

Se sabe que José Hermosilla presentó una propuesta, de la que no se conocen datos, y que Ventura Rodríguez firmó cinco proyectos que sí se conocen y guarda el Museo de Historia de Madrid. Las primeras ideas de Francisco Sabatini datan de 1769.

Fuente: Aitor Goitia

Sabatini había llegado a Madrid en 1759-60 para trabajar al servicio del nuevo rey; entre otras cosas llegó a ser Maestro Mayor de las Obras Reales. Como es sabido fue el autor de numerosas construcciones, incluidas algunas puertas de entrada a la ciudad.

Francisco Sabatini es el autor del diseño no solo de la Puerta de Alcalá sino de otras puertas, entre ellas la de San Vicente, de gran importancia para él pues formaba parte de su propio plan de mejora en torno al Palacio Real.

En resumen, Sabatini proyectó varias puertas, con diferentes propuestas previas, cinco para la Puerta de San Vicente, una para la Puerta de Toledo, cuatro para la Puerta de San Bernardino y cuatro para la Puerta de Alcalá.

La única que queda en pie es la de Alcalá; la Puerta de San Vicente fue reconstruida. De todas ellas se conservan dibujos.

Los dibujos de Sabatini para la Puerta de Alcalá, las tres primeras propuestas, fueron propiedad de la colección particular de Mariano Marín, subastados en 2003 en la Sala Fernando Durán y finalmente adquiridos en 2006 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La propuesta definitiva se conserva en París, en el llamado Álbum de París.

Fernando Chueca Goitia, Carlos Sambricio y más recientemente Aitor Goitia los han estudiado y mostrado.

Diseños de Sabatini para la Puerta de Alcalá (Fuente: Aitor Goitia)

El tercer diseño reunía características de los dos primeros pero tampoco fue el definitivo. Sabatini unió en un cuarto diseño, a partir del tercero, las virtudes de los anteriores, esforzándose en encontrar un equilibrio en las proporciones entre las partes y el conjunto.

Sabatini buscaba un equilibrio entre lo puramente arquitectónico y lo simbólico. Los especialistas creen que quizá la cercanía de Sabatini al monarca y por tanto su mejor conocimiento de lo que este deseaba pudieron beneficiarle, pero no cabe duda de que la propuesta final del arquitecto fue extraordinaria.

Este proyecto final, con cinco huecos, los tres centrales de medio punto y los dos extremos adintelados, comenzó a hacerse realidad en los comienzos del año 1770.

Puerta de Alcalá. Planta y alzado exterior. Dibujo de Aitor Goitia.

El diseño, como dice Aitor Goitia, que sabiamente conciliaba los extremos encomendados, acabó por seducir a Carlos III, quien resuelve personalmente el disputado concurso entre Hermosilla, Ventura Rodríguez y Sabatini en mayo de 1769.

Por supuesto fue Carlos III quien eligió, el día 18 mayo de 1769, el proyecto que se iba a ejecutar.

Francisco Sabatini, autor del proyecto elegido, y director de la obra, pocos días después convocó el concurso y estableció las condiciones de la obra para su adjudicación. Las bases de licitación estaban también firmadas por él. Sabatini seleccionó a Francisco de la Fuente entre las seis ofertas presentadas. Las obras fueron largas, tuvieron lugar desde principios de 1770 hasta 1778, fecha que figura en la inscripción, en ambos lados.

Como es habitual en las puertas de entrada a una ciudad, las dos caras son distintas en cuanto a su decoración, generalmente más adornada la exterior (*). La imagen de las entradas a Madrid eran la imagen de la Corte y por tanto se consideraba que era de gran importancia lo que se mostraba.

La elección de ornamentación de cada lado del proyecto elegido estuvo condicionado por esa doble mirada, la de la ciudad o la del exterior.

La decoración escultórica de la nueva Puerta de Alcalá fue obra de Roberto Michel –lado oeste, el que mira al centro de la ciudad– y de Francisco Gutiérrez –lado este, que mira hacia el exterior–.

Para la cara interior Roberto Michel creó diversas figuras ensalzando los triunfos del rey. Trofeos militares de gran tamaño, sobre la cornisa, que el propio Michel denomina torsos.

Otros detalles ornamentales son las tres cabezas de león en las claves de los tres arcos centrales, las cornucopias sobre las dos laterales y las guirnaldas de flores y frutas sobre los dinteles.

Francisco Gutiérrez colaboró con Sabatini en varias ocasiones, aquí realizó las esculturas del lado exterior.

En las claves de los arcos, tres mascarones que representan cabezas de sátiros. Junto a las decoraciones en los tableros con motivos frutales representan la fertilidad.

El resto de esculturas, mediante figuras de niños, que se recortan contra el cielo y dan a la Puerta su aspecto tan característico, representan las cuatro virtudes cardinales, Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, según Mª Luisa Tárraga aplicables a la persona de Carlos III.

La Fortaleza

Corona el conjunto el escudo real sostenido por dos figuras, una Fama y un niño.

Aunque pueda no parecerlo por la distancia, las esculturas son de gran tamaño. Por ejemplo la Fama y el escudo miden casi 4 metros y medio de alto.

La Puerta es de granito mientras que las esculturas son de piedra blanca de Colmenar. Digamos como dato final que la obra escultórica fue costeada por la Tesorería de la Villa de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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(*) NOTA:

En relación a este tema, recordemos que la reconstrucción de la Puerta de San Vicente está situada al revés, la cara exterior original hoy mira hacia el interior de la ciudad. Se justificó el hecho debido a que en la actualidad ha perdido su función, ser la imagen de la ciudad, y la parte más ornamentada se contempla desde el interior, en su momento se pensó que era la mejor vista para la ciudad. Aún así, es cierto que debería haber conservado su situación original, tal como fue pensada.

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Bibliografía:

CHUECA GOITIA, Fernando. “Francisco Sabatini y la Puerta de Alcalá”, Villa de Madrid, nº 60, Madrid 1978, pp. 25-31.
TÁRRAGA, Mª Luisa. “Esculturas y escultores de la Puerta de Alcalá”. IV Jornadas de Arte: El arte en tiempos de Carlos III. Madrid 1989.
GOITIA, Aitor. “Diseños de Sabatini para las Puertas de Madrid”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XLVI, Madrid 2006, pp. 195-228.
GOITIA, Aitor. “El concurso de 1769 para la Puerta de Alcalá de Madrid. Las propuestas de Francisco Sabatini y Ventura Rodríguez”. Concursos de Arquitectura. Universidad de Valladolid, 2012.

 

Como contó Jaime Oliver Asín, Val o valle es término habitual utilizado para denominar pueblos, barrios o calles. En Madrid, Valverde, Vallehermoso, Valdezarza, topónimos como Valnegral (hoy Abroñigal), Valnadú…

Valnadú era el nombre -quizá de origen musulmán- de una de las puertas de la muralla cristiana, la más próxima al Real Alcázar. Y el valle de Valnadú debía ser el de la calle del Arenal que en la Edad Media estaba surcada por un arroyo rodeado por terrenos elevados, el arroyo del Arenal de San Ginés.

arenal placa2

“El profundo arenal que dio caminos
al agua, y dio llanura que no había,
tragando en sí los cerros convecinos.”

Estos versos de Nicolás Fernández de Moratín, padre de Leandro, hacen referencia al relleno del cauce del arroyo que tuvo lugar después de la llegada de la Corte a Madrid en 1561.

Antes de las reformas de Felipe II la topografía de la zona era muy accidentada. Arenal, Santa Catalina, Valnadú, Arrieta…. todo eran barrancos. Y la zona estaba surcada por numerosos arroyuelos. El más importante era el mencionado Arroyo del Arenal.

Felipe II terraplenó los barrancos de Valnadú, ordenó derribos y creó muros de contención dando lugar a la plazuela de los Caños del Peral, hoy plaza de Isabel II.

plaza opera

Recordemos que los límites del llamado segundo recinto o Madrid cristiano estaban marcados por el antiguo Alcázar -ubicado en el mismo lugar donde hoy admiramos el Palacio Real-, y las cuatro puertas: la Puerta de Moros, Puerta Cerrada, la de Guadalajara y la Puerta de Valnadú.

La de Valnadú es quizá la más desconocida de todas ellas en cuanto a ubicación y características. Incluso su grafía presenta dudas, en algunos lugares se encuentra escrita con “B”. Respecto a esto, además del aspecto etimológico explicado por Oliver Asín –val, de valle-, lo correcto es con “V”. En las Actas de Acuerdos del Concejo siempre aparece escrito Valnadú.

Antes de continuar debemos decir que se cree que existieron dos puertas de Valnadú. La primera, más al sur, de ser cierta la teoría según la cual en origen la muralla procedente de la Puerta de Guadalajara en la calle Mayor giraba hacia el oeste por la calle del Espejo; en algún momento, debido a la expansión de la villa, fue desplazada hacia el norte, hacia el barranco del arenal de San Ginés.

Como ya vimos aquí al hablar de las murallas y los Altos de Rebeque, recordemos que algunos autores creen que la muralla cristiana en un primer momento discurría en pronunciada curva por la calle del Espejo (que se aprecia en los planos antiguos) y continuaba por la calle de Requena hasta unirse al primer recinto. Según esta teoría la cerca fue reconstruida posteriormente un poco más al norte (algunos de cuyos tramos subsisten como sabemos), llegando hasta la plaza de Isabel II y cerrando por la plaza de Oriente. Así la segunda Puerta se situó en las cercanías de la actual plaza.

plaza opera puerta

Una placa la recuerda en la esquina de la calle de la Unión con la de Vergara.

valnadu placa

Escribió Jerónimo de la Quintana en su obra A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid, publicada en 1629, que la muralla acababa en la Puerta de Valnadú, junto a la Casa del Tesoro, cerca de Palacio. Y afirmaba que las cuatro puertas eran de pasadizo acodado, entrábase con revuelta y por ambages o caminos laberínticos.

Según el Profesor Montero Vallejo este lugar correspondería aproximadamente a la parte meridional del actual Teatro Real.

Calle Carlos III, al fondo la Plaza de Oriente y el Palacio Real

Calle Carlos III, al fondo la Plaza de Oriente.

Aquí, en la parte sur de la actual plaza de Isabel II y parte del inicio de la calle de Carlos III también situó la Puerta Elías Tormo.

La Puerta de Valnadú fue la menos comunicada con el exterior de la Villa debido precisamente a lo abrupto del lugar. Es difícil saber cómo eran estos terrenos, sobre todo extramuros. Las Actas municipales nos dan noticias que pueden ayudarnos a imaginar.

Al menos desde el siglo XV fueron numerosas las obras en torno a la Puerta, detalladas en las reuniones del Concejo; también nos cuentan que allí se situó una Carnicería, y además de los arroyos había fuentes, pilones, puentecillos y una pequeña presa, la presa de Valnadú que al parecer entorpecía la llegada del agua a las fuentes de arriba.

En la Edad Media era habitual la actividad comercial en torno a las Puertas del recinto amurallado. El Concejo arrendaba las carnicerías de la villa y sus arrabales, y regía todo, incluidos los precios de venta. La Carnicería de Valnadú tenía dos tablas o puestos, uno de vaca y otro de carnero.

A pocos metros de la muralla se encontraba la Fuente de Valnadú, o de los Caños del Peral, antes de las Hontanillas.

Como ya vimos durante nuestro paseo por la Cerca del Arrabal del siglo XV, una alusión importante a las puertas y a cual era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa. En esa época también hay noticias de que en Valnadú existía un muladar o basurero, como en otras puertas, siempre en las afueras de la Villa.

Por eso los alrededores no debían estar muy limpios; el 21 de marzo de 1494 se mandó limpiar la Puerta y el muladar y que Bartolomé Sánchez, empedrador, empedrara la calle desde Valnadú hasta la pontecilla. Además, el muladar estaba provocando el deterioro de un trozo de muro que amenazaba con caerse.

Para complicar aún más las cosas, había nueve tenerías, lugar donde se curtían las pieles que generaban aguas sucias entre otras molestias probablemente. Recordemos que la calle de la Escalinata antes se denominó de los Tintes o de los Tintoreros.

En 1522 se mandó empedrar la calle del Arenal.

El 7 febrero 1567 “el señor Corregidor dijo que su Majestad es servido que se derribe la Puerta de Valnadú y se haga una puerta llana en ella”, o sea sin recovecos.

El 1 de agosto del mismo año en el Concejo se propuso, por orden de Su Majestad, que se derribase la Puerta y Torre de Valnadú y se hiciesen dos paredones, y que también se derribase la Torre de Alzapierna –una torre albarrana o separada del muro– y se allanase la plaza frente a la Puerta.

placa puerta valnadu

Por estas fechas debió cambiar mucho el paisaje, también se allanó el camino que baja a la Priora con el fin de crear una plaza. La fuente de la Priora debía estar próxima a lo que hoy es la Plaza de Oriente.

Hoy día todo es muy diferente pero, si nos fijamos bien, aún quedan rastros de lo que pudo ser. Caminando por la calle de la Escalinata, viendo los vestigios de la muralla podemos imaginar la Puerta medieval con sus torres.

Escalinata 13.

Escalinata 13.

Paseando por los alrededores de la plaza observamos la forma de sus calles, el camino que seguía la muralla, las pendientes, caminos que subían a Santo Domingo, antiguos cursos de agua… y por un momento parece que imaginamos cómo pudo ser Valnadú hace siglos.

muralla hacia oriente

Recorrer el Madrid medieval es una de las mejores maneras de conocerlo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía

Gómez Iglesias, Agustín. “Introducción” en Libros de Acuerdos, Tomo II. Ayuntamiento de Madrid, 1970.
Fdez. de Moratín, Nicolás. “Elegía” en Semanario pintoresco español. 1842, tomo IV, pág. 284-287.
Oliver Asín, Jaime. Historia del nombre “Madrid”. AECI Madrid 1991.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid Medieval. Ed. La Librería, 2003.

 

En el siglo XV la Villa continuaba creciendo, como había ocurrido desde el siglo IX, hacia el este, aumentando la superficie habitada hasta llegar a desbordar los límites de la muralla. A lo largo de la segunda mitad del siglo se incrementó la población, de cinco mil a unos doce mil habitantes en los comienzos del XVI. Madrid era una ciudad pequeña, pero no hay que menospreciarla, tenia su importancia entre las ciudades castellanas medievales. Era uno de los diecisiete lugares con voto en Cortes, las cuales se habían celebrado ya aquí en alguna ocasión.

calle mayor

Camino de Guadalajara, hoy calle Mayor. Al fondo, la Puerta del Sol.

Una nueva cerca llamada del Arrabal encerró las tierras que a partir del siglo XII se fueron poblando en las afueras del recinto cristiano.

Algunos autores sitúan su construcción a mediados del siglo, en tiempos de Enrique IV; Urgorri en su trabajo dedicado al Ensanche de Madrid en tiempos de Juan II y Enrique IV, aunque dejaba fuera al arrabal de Santo Domingo, dibujó la Cerca del Arrabal considerando que ya existía en 1440, en tiempos de Juan II. En la misma línea, el profesor Montero Vallejo opinó que se trazó en 1438, reinando Juan II, y que se construyó con fines fundamentalmente administrativos e higiénicos, debido a una gran epidemia de peste, una de las muchas desgracias que asolaron Madrid a lo largo del siglo XV como vimos durante nuestra visita a los restos de la muralla en la calle de Santiago.

muro siglo xv

Muro siglo XV en la calle de Santiago nº 2

Hasta entonces solo hubo arrabales independientes, separados de la Villa con cercas propias, al menos alguno de ellos, como veremos. La nueva cerca los englobó todos, aunque la Villa por antonomasia continuó siendo el recinto rodeado por la muralla cristiana del siglo XII, allí se encontraban todos los centros de importancia.

Antes de emprender el paseo consultamos los Libros de Acuerdos, publicados por el Ayuntamiento de Madrid, con las actas escritas desde 1464 –veintiséis años después del levantamiento de la tapia– a 1515 en busca de referencias a las murallas y cercas. Son pocas. La muralla había dejado de tener importancia defensiva y sobre todo se alude a ella para acordar alguna reparación. El 27 de septiembre de 1464, ya reinaba Enrique IV, el Concejo aprobó una derrama para reparo de los muros de esta Villa de veinte mil maravedís. Deberían pagar los caballeros y escuderos y dueñas y doncellas, y privilegiados, y judíos y moros y pecheros.

Las referencias a la cerca son básicamente a la muralla que rodeaba la Villa, a la que se habían adosado las casas en algunos tramos. Se reparaba especialmente la parte intramuros, a cargo del Concejo o de los dueños de las casas. Se alude varias veces a que los regidores vigilaban la cerca por dentro. Y donde uviere casa se requiera a los dueños de las casas que lo reparen.

Las Actas nombran sobre todo las puertas de la antigua muralla, la de Valnadú, de Guadalajara, Cerrada, de Moros y de la Vega.

La Puerta de Valnadú, en la actual plaza de Isabel II y próxima al Alcázar, a finales de siglo seguía siendo importante. Entre 1493 y 1498 son varios los acuerdos respecto a su reparación y limpieza. En las afueras creció el arrabal de San Ginés.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

También se mencionan las puertas de la nueva Cerca que vamos a recorrer: la puerta de Santo Domingo, del Sol, Tocha (Atocha) y Toledo. A veces se nombra a los vecinos del arrabal de Madrid.

Si el camino exacto que seguían la Muralla árabe y la Muralla cristiana esconden algunos misterios, el trazado de la Cerca que encerró los arrabales medievales en el siglo XV es aún más desconocido. No hay restos. En cualquier caso la Cerca del Arrabal debía partir de la muralla, en las proximidades del Alcázar y de la Puerta de Valnadú. Así que comenzamos nuestro paseo una vez más junto al Palacio Real.

Resulta difícil suponer cómo fueron estos parajes hace casi seis siglos; donde ahora encontramos sólidos edificios, asfalto y automóviles, antes solo había campo, huertas, un humilde caserío y algunas calles empedradas en el mejor de los casos. El camino que hoy recorremos lleno de tiendas, terrazas, paseantes y turistas, eran caminos de tierra por los que junto a los madrileños de entonces los animales andaban sueltos, cerca de los arroyos, lagunas y muladares… No hay fotos ni pinturas, ni siquiera planos. Solo los documentos antiguos nos pueden dar una imagen de lo que era la Villa por entonces. La única forma de al menos acercarnos un poco a comprender lo que pudo ser, es paseando y recorriendo sus contornos, imaginando.

Parece ser que la nueva tapia subía por los terrenos donde hoy se ubica la calle de la Bola

Al fondo, la calle de la Bola.

Al fondo, la calle de la Bola.

… para dirigirse hacia la Puerta de Santo Domingo, rodeando este antiguo arrabal.

Calle de la Bola

Calle de la Bola

El arrabal de Santo Domingo, que fue eminentemente rural, surgió en el siglo XIII, en torno al Monasterio. La Puerta de Santo Domingo estuvo a la altura de la actual plaza.

Plaza de Santo Domingo

Plaza de Santo Domingo

Desde la Puerta de Santo Domingo la Cerca debía discurrir por la calle Preciados en dirección a las Eras de San Martín.

Calle Preciados

Calle Preciados

Lo que hoy es la calle del Carmen debía ser la ronda exterior. En la zona había alfares y tejares junto a las tierras de cultivo que comenzaban a poblarse. Además de en la agricultura Madrid había desarrollado una gran actividad y fama en la artesanía.

También fue por entonces cuando comenzaron a tener lugar las llamadas Ferias de Madrid. Aunque anteriormente ya había actividad comercial en torno a las Puertas de la Vega y de Guadalajara y en plazas como la de la Paja, fue el rey Juan II quien concedió a la Villa el privilegio de poder celebrar dos ferias anuales libres de alcabalas o tributos, lo cual fue también importante para la Villa.

Caminando por la hoy, como antaño, zona comercial, vamos hacia el arrabal de San Martín, que fue el primer arrabal cristiano. San Martín surgió muy pronto, en el mismo siglo XII, alrededor del desaparecido Monasterio. A mediados del XIII se abrió la Puerta de San Martín o puerta del Arraval, al final de la calle que aún lleva su nombre, Postigo de San Martín. En un primer momento debía estar a la altura de la calle de las Navas de Tolosa, posteriormente se ubicó más al norte, casi en lo que hoy es la plaza de Callao.

Plaza de Callao

Postigo de San Martín

Las llamadas Eras de San Martín que debían llegar a la actual Gran Vía fueron ocupadas por edificaciones a mediados del siglo. No muy lejos, donde hoy se encuentra la plaza de España, procedente del norte de la Villa bajaba el Arroyo de Leganitos; la zona era propicia para huertas y alfares que facilitaron la actividad comercial.

preciados sol

Por tanto, San Martín fue territorio urbano –la otra vía pública importante del arrabal correspondía a la actual calle de la Flora– y de cultivo. Hacia 1321 pudo existir una cerca común para San Martín y Santo Domingo, separados por la actual Costanilla de los Ángeles.

San Ginés, que aparece como collación en el XIV fue el arrabal más urbano, próximo a la Puerta y Camino de Guadalajara, extendiéndose hasta el terreno abierto donde se ubicaría la Puerta del Sol.

El 13 enero de 1501, el Concejo acordó que se empedrara la calle del arrabal que va a la puerta del Sol.

Una alusión importante a las puertas y a cual era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa:

A la puerta de Alvega o de la Vega, a mano izquierda en el barranco, y a la puerta de Moros, donde fue puesto un palo, y a la puerta de Tocha (Atocha) y a la de Santo Domingo y del Sol, donde fuera señalado, so pena que quien en otra parte lo echare pague cien maravedís.

Puerta del Sol

Puerta del Sol

Desde Sol, por la calle de Carretas la Cerca se dirigía a la plaza de Jacinto Benavente donde la Puerta de Atocha o de Santa Cruz daba entrada al arrabal de Santa Cruz.

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Por las calles de Concepción Jerónima y Conde de Romanones, plaza de Tirso de Molina y calle del Duque de Alba llegamos a San Millán, último arrabal en conformarse. Frente a la Ribera de Curtidores, entre las calles de Duque de Alba y San Millán existió un Portillo.

Por la calle de las Maldonadas llegamos a la calle Toledo, frente a la plaza de la Cebada donde entonces debió existir la primera Puerta de Toledo.

Calle Toledo

Calle Toledo

En 11 de febrero de 1502 se menciona la Puerta de Toledo. Con motivo de la visita de los príncipes, nuestros señores, Juana y Felipe que desde Madrid se dirigían a Toledo por la calle grande de la plaza a la puerta de Toledo, se ordenó a todos los vecinos blanquear sus pertenencias, so pena de 600 maravedís a cada uno.

Finalmente, la Cerca llegaba hasta algún lugar cercano a la Puerta de Moros para cerrar los arrabales imparables, que continuaban creciendo. Por eso su vida duraría poco más de un siglo; poco después del asentamiento de la Corte en Madrid, hacia 1566 el rey mandó levantar un nuevo muro, la Cerca de Felipe II.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.
Urgorri Casado, Fernando. “El ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV y Juan II” en Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, nº 67. Ayuntamiento de Madrid, 1954.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid de Isabel I. Ed. La Librería. Madrid 2004.

En el post anterior, Patrimonio Recuperado, dedicado a los hallazgos arqueológicos localizados durante las obras del Intercambiador de Príncipe Pío cerca de la Puerta de San Vicente, intercambiamos varios comentarios acerca de la propia puerta, su desmontaje y su reconstrucción, y surgió una cierta e interesante controversia entre nosotros. Como prometí, ampliaré lo que yo recordaba haber leído. Es una larga historia, pero llena de detalles que creo merecen la pena.

El Ayuntamiento de Madrid, junto con Caja Madrid, que aportó gran parte del dinero necesario, publicó un libro, Reconstrucción de la Puerta de San Vicente. 1994-1995, que explica todo el proceso y nos descubre aspectos interesantísimos de esta obra.

Como sabemos, tras el derribo de la Cerca construida por Felipe IV en el siglo XVII, -que había tenido lugar en el año 1868-, la Puerta perdió su función, y con el aumento del tránsito de carruajes se fue convirtiendo en un estorbo. Se buscó una solución y al final la decisión fue desmontarla y colocarla en otro lugar, en el Paseo del Coches del Parque de Madrid, el Retiro, como muy lejos.

Foto: J. Laurent, 1874

Por entonces, estamos en el año 1891, el Arquitecto Municipal era José López Sallaberry, quien informó de la necesidad de desmontar la Puerta de San Vicente para poder llevar a cabo la reforma de la zona. Al año siguiente comenzó el desmontaje y Sallaberry informó al Alcalde de que algunos sillares se habían partido al desmontarlos, entre otras cosas debido al mal estado de la piedra. Sallaberry opinaba que la reconstrucción de la Puerta junto a la verja “de carácter moderno” que se estaba construyendo en el Parque de Madrid, sería muy cara, y que no merecía la pena debido a su “poco mérito artístico”.

Así que el arquitecto propuso que los sillares inservibles fueran enviados a los Depósitos de la Dirección de Vías Públicas, y que los aprovechables fueran destinados a la “construcción de farolas monumentales acordadas por el Excelentísimo Ayuntamiento para la Glorieta de Cibeles”. Sentido práctico.

Al Consistorio le pareció bien y concedió la autorización por decreto para construir dichas farolas y que el resto de las piedras fueran valoradas y subastadas.

Los sillares eran de buena calidad, pues en seguida surgieron los postores. Ese mismo año la Dirección General de Fontanería y Alcantarillado solicitó “treinta o cuarenta” para el zócalo de la Casa de Máquinas de Elevación de Aguas en la Montaña de Príncipe Pío, que fueron concedidos. Otros acabaron convertidos en grava según parece, o utilizados en obras en la propia Casa de Campo. Y algunos, quizá permanecieron en los Almacenes, acaso hoy día algún sillar perdido continúe en espera de destino.

El proyecto de reconstrucción de la Puerta de San Vicente era antiguo, nació prácticamente en el mismo momento de su desmontaje, y la prensa siempre se hizo eco de ello. En 1962 el Ayuntamiento hizo una primera valoración, entonces un millón de pesetas, pero no fue hasta 1992 cuando el proyecto se puso en marcha.

Los Archivos Nacionales de París guardaban el Anteproyecto realizado por Sabatini, que, junto a otros documentos, como la maravillosa foto de Jean Laurent, permitieron acometer la reconstrucción.

El libro va explicando con todo lujo de detalles el proceso del estudio técnico requerido para emprender la obra. Parece mentira la infinidad de relaciones geométricas que conforman el monumento, ejes simétricos, medidas perfectas, arcos, ángulos… fue necesario un detallado análisis, piedra a piedra.

La medida de todas las piezas debería ser múltiplo o submúltiplo de 281 mm., lo que mide un pie castellano, si no, no encajarían.

Los materiales empleados fueron los mismos que los exigidos por Sabatini en el Pliego de Condiciones publicado en 1769, la “piedra de espléndida dureza”, que en este caso fue traída desde Quintana de la Serena, en Badajoz. Granito del denominado “Gris Quintana”, de color gris claro, transportado a Madrid en grandes piezas, alguna de ellas pesaba más de doce toneladas.

Fueron seiscientas veinte piezas de granito, más treinta y cinco de piedra caliza para las estatuas, caliza “traída en bruto y a estilo de cantera de Colmenar de Oreja”, también siguiendo las especificaciones que en el siglo XVIII diera el arquitecto italiano.

La primera piedra de la nueva Puerta fue colocada el 15 de septiembre de 1994. Entonces comenzó el trabajo de los canteros municipales, a quienes quiero rendir un pequeño homenaje.

Siempre he oído o leído esa frase, “… realizado por los canteros municipales…”, sin nombres ni apellidos, como quitando importancia. Además, las nuevas técnicas y mejoras constructivas, los nuevos materiales, han ocasionado que los Canteros, antiguo y duro oficio, sean menos necesarios y quizá estén en peligro de extinción. El Taller de Cantería del Ayuntamiento de Madrid fue creado hace más de cien años, y parece una buena noticia que sigan creando obras, no todas de tanta envergadura como la Puerta de San Vicente, pero sí de gran importancia para la ciudad, como son algunas fuentes, bancos, y otros elementos urbanos.

Para la reconstrucción de la Puerta de San Vicente, volvieron a ser utilizados instrumentos que hoy día ya están olvidados pues las obras modernas no los necesitan, pero que nuestros canteros aún saben manejar, reglas de madera, escuadras, martillos…

Cantero trabajando en la reconstrucción de la Nueva Puerta de San Vicente (Ayuntamiento de Madrid)

Ciertamente no es la Puerta de Sabatini, tiene apenas dieciséis años de edad, pero se construyó a su imagen y semejanza, con la intención de cumplir un sueño al parecer acariciado durante mucho tiempo.

No es la Puerta de Sabatini, no tiene su “alma”, como dicen los propios autores del libro, pero quizá esta sigue vagando por algunos lugares de Madrid…

¿quizá por la glorieta de Cibeles?

Por :  Mercedes Gómez


La primera Puerta de San Vicente fue construida en 1726 por Pedro de Ribera en sustitución de la anterior del siglo XVII, la llamada Puerta del Parque. Solo cuarenta y cuatro años después, debido a las obras de remodelación de la zona, la puerta barroca de Ribera fue derribada.  Al poco tiempo Carlos III encargó a su arquitecto Francisco Sabatini la construcción de una nueva, cuyas obras terminaron en 1775.

Esta puerta no fue más afortunada que las anteriores y fue desmontada en 1892, según se dijo entonces, para no entorpecer el tráfico… de los carros.

La puerta actual es una réplica. Ya en 1978 el Ayuntamiento de Madrid tenía el proyecto de reconstrucción, aunque no localizaba los restos, ni conseguía el dinero necesario. Por fin fue inaugurada el 25 de abril de 1995.

Durante las obras para la construcción del Intercambiador de Transportes de Príncipe Pío, que tuvieron lugar entre los años 2005 y 2007, en la zona próxima a la Puerta fueron hallados importantísimos restos paleontológicos y arqueológicos. No se si debido a que la inauguración de la exposición tuvo lugar en agosto, en plenas vacaciones, o que los hallazgos han sido poco divulgados, la realidad es que el domingo pasado la visita a la antigua Estación del Norte supuso un descubrimiento emocionante.

Un sencillo panel colocado en uno de los muros del vestíbulo de la estación muestra los restos, mediante fotografías, dibujos, planos…, y breves explicaciones. La pequeña exposición permanente se llama Patrimonio Recuperado. La mayoría de los viajeros pasan sin prestar atención, sin embargo merece la pena detenerse un momento.

Se encontró un gran yacimiento paleontológico, con más de tres mil restos fósiles de la Fauna que habitaba en estos terrenos del Madrid más remoto, entonces similares a la sabana actual, en la época del Mioceno Medio. Hace alrededor de 15 millones de años, el oeste de Madrid era un territorio cálido y de clima seco, poblado por rinocerontes, tortugas gigantes, mastodontes… y una Flora alimentada por el agua que surcaba la tierra.

Reconstrucción del paisaje, por el ilustrador Mauricio Antón.

También se localizaron restos de construcciones mucho más recientes, aunque de gran interés histórico. Uno de los hallazgos arqueológicos fue la cimentación de la antigua Fuente de los Mascarones, cuya planta circular mide 16 metros de diámetro, construida en “pedernal, argamasa de cal y arena regulada cada 60 centímetros por tres hiladas de ladrillo macizo”.

La Fuente de los Mascarones fue diseñada por Francisco Sabatini a la par que la Puerta en 1775 y decorada con esculturas de Francisco Gutiérrez. Constaba de un cuerpo central y en cada uno de sus cuatro frentes tenía un mascarón simbolizando un río, vertiendo el agua en una concha y desde ella, en un pilón; en la parte superior se encontraba un niño montado sobre un delfín que arrojaba agua por su boca; toda la fuente era de granito, a excepción de los adornos, trabajados en piedra caliza, según la descripción de Pascual Madoz.

Existen otras imágenes, sin embargo quizá la fuente es conocida sobre todo gracias a la pintura de Fernando Brambilla, pintor de cámara del rey Fernando VII, realizada en 1833 y litografiada por Pic de Leopold. Pertenece a la serie Vistas de los Sitios Reales y Madrid y fue realizada a petición del rey en el Real Establecimiento Litográfico.

(Fuente: memoriademadrid.es)

La Fuente de los Mascarones fue derribada en 1871 cuando se construyó el Asilo de Lavanderas o Casa del Príncipe, lugar en que las mujeres más pobres dejaban a su hijos mientras lavaban las ropas en el Río Manzanares.

Basamento de la Fuente de los Mascarones

Restos del basamento de la fuente

Durante la remodelación del Intercambiador también se encontraron restos del Asilo, que había sido destruido durante la Guerra Civil.

Estructuras pertenecientes al Asilo de Lavanderas

Actualmente alrededor de la Puerta de San Vicente circulan los automóviles.

por Mercedes Gómez

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