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Ya hemos visitado la iglesia de San Nicolás en varias ocasiones. La hemos conocido durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, hemos intentado descifrar la misteriosa inscripción en su ábside, hemos contemplado su pasadizo, admirado algunas de las obras de arte que guarda en su interior… la iglesia parroquial de San Nicolás de los Servitas es uno de los tesoros madrileños. Ocupa la manzana 426, rodeada por la plazuela de las Monjas de Constantinopla –hoy del Biombo–, calle de San Nicolás y plazuela de este nombre.

placas

No por repetido es menos emocionante recordarlo, aparte los restos de las murallas medievales, su torre es la construcción más antigua que existe en Madrid, una auténtica joya considerada Monumento Nacional desde la llegada de la República en 1931, y calificada de Bien de Interés Cultural en 1978. Pero no siempre fue así, su historia está llena de dificultades, incluso estuvo a punto de ser derribada.

Actualmente en general se acepta como fecha de su edificación el siglo XII, realizada por los alarifes mudéjares madrileños; aunque durante mucho tiempo algunos autores opinaron que su origen es anterior, que fue un alminar árabe. En cualquier caso parece probable que en el mismo emplazamiento antes se levantó una mezquita.

En estos terrenos ubicados fuera del primer recinto musulmán, pero en el interior de la medinilla, posible segundo recinto islámico, entre la calle del Factor y la calle de Señores de Luzón, se desarrolló un intrincado tejido urbano de callejones que por su forma en el siglo XVIII recibieron el nombre del Biombo. Las callejuelas desaparecieron en el siglo XIX al derribar el Convento de Constantinopla; en su lugar se abrieron las calles de Juan de Herrera y de Calderón de la Barca, pero la zona conserva recuerdos de lo que fue un arrabal islámico en los siglos X-XI como han demostrado los hallazgos arqueológicos, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente. Recordemos que en las cercanías de la plaza de Ramales (Calle San Nicolás y Calle Noblejas) se encontraron restos islámicos, materiales que fueron fechados entre el siglo IX al XI.

Aunque no hay documentos ni restos que demuestren una u otra teoría, lo único cierto es que San Nicolás es una de las diez parroquias mencionadas en el Fuero de Madrid de 1202, las iglesias cristianas más antiguas, las que dividían el Madrid del siglo XII en diez barrios o colaciones. Se trate de una edificación del siglo XII o anterior, en cualquier caso seguro que queda alguna huella de los siglos en que allí habitaron los musulmanes, aunque sea bajo tierra, como comentaremos.

La plaza de San Nicolás estaba en un lugar estratégico, entre la calle de Santa María, actual calle Mayor, y el Alcázar pero su mención en los Libros de Acuerdos del Concejo medieval es escasa; el 3 de noviembre de 1503 se acordó que la calle desde San Nicolás hasta la casa de Gonçalo de Monçon fuera empedrada porque es la principal calle que va a palacio.

Hoy día, desde la calle Mayor hay que recorrer despacio la calle de San Nicolás, observar su forma curva y empinada que seguro se adapta a antiguos caminos, hasta llegar a la altura de la iglesia, contemplar sus muros, detenernos y mirar hacia la plaza de Oriente, para intentar comprender cómo debía ser el paisaje hace siglos.

La fábrica de la torre es de ladrillo, excepto la base que está formada por un zócalo de sillares de piedra. Su planta es cuadrada, con 3,70 metros de lado. Desde dicho zócalo hasta el campanario mide más de 15 metros de altura. El campanario y el chapitel que la coronan fueron añadidos en los comienzos del siglo XVII, ¿quizá reforma o sustitución de otro anterior del siglo XVI?: en el plano de Antonio Mancelli el templo está representado con el nº 67; en el campanario están representadas dos ventanas.

Plano de Mancelli (1623)

Plano de Mancelli (1623)

Unos años después Pedro Texeira lo dibujó con bastante detalle, con una ventana, y debajo dos filas de arcos.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

En los comienzos del siglo XIX se pensó en su demolición, pero en 1825 se hizo cargo de la iglesia la Orden Tercera de los Servitas que desde entonces la ha cuidado. Se construyeron las dependencias parroquiales que rodearon y casi taparon la torre. Por una parte el convento ocultaba la joya mudéjar, por otra tal vez este hecho sirvió para protegerla.

Ramón de Mesonero Romanos se refirió a ella como la antiquísima y mezquina parroquia de San Nicolás;  edificio mezquino, escribió Pascual Madoz… este adjetivo era muy del gusto de los autores del XIX. Por suerte, el tiempo pasó y la torre sobrevivió discreta. A lo largo de su historia llena de azares y problemas, ha tenido varias reformas. En una de ellas, hacia 1912 tras sufrir un incendio, los muros fueron revocados. Desde la calle apenas se contemplaba solo el campanario con su chapitel de pizarra al estilo de la época de los Austrias.

En 1927 el historiador y profesor Elías Tormo, durante su famoso curso sobre las Iglesias de Madrid y posteriores visitas a todas ellas, pudo conocer el interior de la torre. Imaginamos que con mucha emoción, –también el fotógrafo de la revista La Esfera, Miguel Cortés, que realizó un reportaje– subió por sus escaleras, contempló de cerca sus viejos ladrillos, y accedió a las buhardillas y desvanes que entonces la rodeaban.

torre 1927 copia

Tormo descubrió sus elementos mudéjares tapados hasta entonces. La prensa publicó sus conclusiones como “interesantísimo hallazgo arqueológico”:

“Al examinar el enlace del cuerpo primitivo con el de las campanas, vio que éste era completamente postizo y que debajo aparecía el pretil y rellano general de las torres de mezquita, o sea la azotea donde el muecín o almuédano anunciaba la oración a los musulmanes, en cuenta que entre ellos no se usaban las campanas”.

arcos revocados

Bajo los tejados aparecieron los arcos que habían quedado escondidos en el interior de los desvanes pegados a la torre.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Elías Tormo estaba convencido de que era un alminar construido antes de 1085. La consideraba obra del siglo XI. El gran defensor del patrimonio histórico y artístico madrileño pidió que se quitara el revoco así como las construcciones que tapaban la torre.

Ese mismo año el arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno publicó un artículo en el que, basándose en el estilo y orientación del templo, consideraba que la torre no fue nunca mezquita sino que estuvo dedicada al culto cristiano desde un primer momento.

El estado de la iglesia llegó a ser ruinoso, no siendo restaurada y consolidada hasta 1948-1953 por Francisco Íñiguez Almech; por fin se eliminó el revoco de la torre y quedó una parte visible al ser derribada la zona superior de las dependencias residencia de los padres servitas que la tapaban, extendiéndola sobre el pasadizo del Biombo que quedó cubierto.

san nicolas

Igual que Manuel Gómez Moreno, Basilio Pavón Maldonado la sitúa en los últimos años del siglo XII, obra de mudéjar toledano con elementos de influencia andaluza, características reconocidas por la mayoría de especialistas.

torre

A partir de los 8 metros por encima del nivel del suelo, la torre se adorna con tres líneas de arquerías ciegas, iguales en los cuatro lados. En los dos primeros niveles, aunque el primero sigue sin ser visible desde la calle, tres arcos lobulados en cada frente; en el cuerpo más alto, cuatro arcos de herradura por lado.

columnillas

La última restauración del templo fue dirigida por Jaime Lorenzo desde el comienzo de la década de los años 80 hasta 2000.

En lo que se refiere a la torre en 1983 se abrió un pequeño patio que al menos permite ver –un poco, pues hay muchas plantas– su base de sillares de piedra sobre los que se eleva la bella torre. El acceso al patio está en el interior del templo.

patio

Desde allí podemos admirar uno de sus lados con los tres niveles de arquerías.

torre desde patio

La  zona de la ventanita fue rehecha debido a su mal estado.

tres arquerias copia

Fue entonces cuando se colocaron las columnillas con su capitel al estilo corintio, de piedra artificial, que hoy adornan los arcos.

columnillas 3

Pavón describió algunos elementos del interior de la escalera de la torre a lo almohade, similares a los de algunos alminares de Córdoba o Granada, como los techitos, aunque en este caso de madera en lugar de piedra, cuando en Toledo se suele solucionar con falsas bovedillas de ladrillo escalonadas.

Desgraciadamente hoy día el interior no es fácil conseguir verlo, lo que sí hemos podido admirar es el sótano del edificio donde se encuentra el despacho parroquial, bajo terrenos que en la Edad Media pertenecían a la plazuela de San Nicolás y al pasadizo del Biombo, junto a la torre.

sotano

En este sótano se hallan los cimientos de la torre, los sólidos muros de piedra y ladrillo que durante la última reforma y rehabilitación fueron raspados de forma que lamentablemente al parecer se ha perdido su aspecto primitivo.

cimientos

Aún así, el lado norte, resguardado junto a la escalera de espaldas al despacho, muestra un maravilloso muro de ladrillo y pedernal que nos traslada al Madrid más antiguo.

muro cimientos

Escribió el profesor Montero Vallejo que durante las obras hubo hallazgos arqueológicos que hubieran merecido un estudio pero, una vez más en Madrid, fueron tapados rápidamente. En la cripta, bajo el Altar Mayor, aparecieron gruesos muros y unos arquitos de medio punto y lobulados que podrían haber pertenecido a algún tipo de fortificación quizá exenta al primer recinto. No parece descabellado pensar que la torre de la iglesia cristiana posterior a 1085 fuera levantada sobre una torre árabe, bien religiosa o defensiva.

Por : Mercedes Gómez

NOTA: Con todo mi agradecimiento al párroco de la Iglesia de San Nicolás de los Servitas, el Padre Jaime, por su gran ayuda.

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Bibliografía:

J.D.B: Reseña de GOMEZ MORENO, Manuel.- La torre de San Nicolás, en Madrid. Archivo Español de Arte y Arqueología, 1927. Nº 16, Revista de la Biblioteca Archivo y Museo. Madrid, octubre 1927.
Rodero, Lorenzo. “Un monumento árabe en Madrid”. La Esfera, 23 abril 1927, pp. 3-6.
“El templo más antiguo de Madrid, restaurado”. Hoja del Lunes, 17 nov. 1952, pp. 1-2.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.
Pavón Maldonado, Basilio. Tratado de Arquitectura Hispanomusulmana. Mezquitas. Vol. IV. CSIC, Madrid 2009.

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Juan Vicente de Ribera nació en Madrid hacia el año 1668, cuando Juan Carreño de Miranda, Francisco Ricci, Antonio de Pereda, Bartolomé Esteban Murillo y Claudio Coello, los grandes artistas del último barroco, dominaban la escena artística.

Formó parte de una generación de pintores que aún habiéndose formado en los talleres barrocos la mayor parte de su carrera transcurrió ya en el siglo XVIII. Cuando se instauró la dinastía borbónica tenía poco más de 30 años. Vivió el paso del reinado de Carlos II, el último Austria, al de Felipe V y los cambios que ello supuso en todos los terrenos, incluido el del arte.

En sus comienzos, con apenas dieciséis años, fue discípulo de Francisco Ricci. Desde ese momento, y durante dieciocho años, trabajó en la decoración de arquitecturas efímeras, sobre todo en las fiestas y representaciones teatrales que tenían lugar en el Buen Retiro. Se sabe que fue reclamado en varias ocasiones por Teodoro Ardemans, Maestro Mayor de Obras reales, con quien debía tener buena relación, así como con Pedro de Ribera. A lo largo de su vida también fue autor de pintura de caballete, de temática religiosa. Finalmente, destacó por sus pinturas al temple, faceta en la que se mostró heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

Aunque en su época debió ser un artista valorado y bien situado, Juan Vicente de Ribera ha sido durante mucho tiempo un artista olvidado, por varios motivos: casi ignorado por los historiadores del arte del XVIII, se han conservado escasas obras suyas, y además fue víctima de un error.

Lacoonte

Alegoría del tiempo (J.V. de Ribera)

Hijo de Lorenza Fernández y Gabriel Jerónimo de Ribera, maestro tramoyista vinculado a las obras reales; tuvo dos hermanos, Juan de Dios, que fue tramoyista como su padre, y Teresa que se casó con Francisco de Peralta, con quien tuvo un hijo, Pedro de Peralta, que también fue pintor, discípulo de su tío.

Juan Vicente se casó con María Prieto, viuda de Juan de Zaldo. No tuvieron hijos pero María tenía una hija, María Zaldo, a la que Juan Vicente consideró siempre como propia. La familia vivía en la calle de las Huertas, muy cerca del Prado y del Buen Retiro.

Unos años después María, la hija, se casó con Pedro, el sobrino de Juan Vicente.

calle Huertas

En 1685, al morir el maestro Ricci, continuó su formación con Antonio Palomino con quien trabajó hasta aproximadamente 1700. Desde al menos un año antes ya había establecido sus primeros contactos con la Compañía de Jesús, a la que estuvo vinculado toda su vida y para la que realizó un buen número de obras.

Una de ellas, la que ha dado origen a la revisión de su obra y su recuperación a raíz de su restauración en 1994, fueron las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas, en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares. Anteriormente habían sido atribuidas a Juan Cano de Arévalo. Las obras sacaron a la luz la firma del autor, Juan Vicente de Ribera.

La iglesia había sido construida entre 1602 y 1625 junto al Colegio, el primero que establecieron los jesuitas en España.

iglesia fachada

Es un templo magnífico ejemplo del barroco de comienzos del siglo XVII. Su fachada está adornada con cuatro esculturas de Manuel Pereira.

San Pablo, de M.Pereira

San Pablo, de M. Pereira

La construcción de la Capilla comenzó alrededor de 1680 con el fin de albergar las Sagradas Formas que dicen se mantenían incorruptas desde 1597, hecho considerado milagroso desde que así lo declarase el Arzobispo de Toledo en 1620. Aunque tiene una entrada desde la iglesia por el lado del Evangelio, a través del Callejón de las Santas Formas abierto hace pocos años se puede acceder directamente a ella, ubicada a espaldas del templo.

callejon capilla

Callejón de las Santas Formas

capilla exterior

Fue inaugurada en 1687 aunque las espléndidas pinturas al temple de la cúpula son posteriores, de 1689 ó 1699. Además de la firma del autor, la restauración puso al descubierto la fecha, algo confusa la penúltima cifra al parecer­, siendo más probable la de 1689.

capilla santas formas

Capilla de las Santas Formas

El tambor está dividido en ocho espacios decorados por flores, angelitos, niños y diversos símbolos religiosos, separados por ocho pares de columnas fingidas pintadas de color azul.

cupula sagradas formas

La linterna, con falsas pilastras, y el cupulín, están igualmente divididos en ocho partes.

cupula columnas

Sobre las ventanas el artista dibujó frontones también imaginados. Toda la cúpula fue realizada utilizando el color (azul, oro…), la perspectiva y la ilusión óptica para dar una sensación de grandiosidad. Las figuras, símbolos y alegorías representadas en el conjunto de la cúpula muy complejas, han sido ampliamente descritas por los autores de los artículos citados en la bibliografía, Ismael Gutiérrez y Natividad Galindo.

Hoy día es la Parroquia de Santa María la Mayor desde que la primitiva, situada en la plaza de Cervantes, fuera destruida. Solo se conservan la torre, la capilla del Oidor, convertida en Sala de Exposiciones, y unas fotografías de las pinturas que decoraban los ábsides de la cabecera de la desaparecida iglesia realizadas por Moreno entre 1920 y 1930. También se conservan las ruinas de dichos ábsides.

ruinas abside

Pl. de Cervantes (Alcalá de Henares)

Estos murales fueron también atribuidos a Cano de Arévalo, aunque lo más probable es que fueron obra de Ribera, igualmente ayudado por Cano, como veremos.

La Asunción de la Virgen, en el ábside de la capilla mayor.

La Asunción de la Virgen, en el ábside de la capilla mayor. (Fototeca Patrimonio Histórico)

Las pinturas partían de una falsa barandilla en espléndido trampantojo, que continuaba en las pinturas de las naves laterales.

La Anunciación (nave del Evangelio)

La Anunciación (nave del Evangelio)

Adoración de los pastores (nave de la Epístola)

Adoración de los pastores (Epístola)

Uno de sus maestros, Antonio Palomino, en su libro El Museo pictórico y escala óptica no mencionó a Ribera, se cree que cumpliendo su norma de no incluir a pintores vivos. Pero sí incluyó a Juan Cano de Arévalo, que había muerto en 1696 antes de cumplir los 40 años.

Cuenta Palomino que Cano “pintó algunas obras en diferentes capillas como es en la de las Santas Formas del Colegio de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares en que ayudó a otro pintor de Madrid que fue a ejecutarla; y también en la pintura de la capilla mayor, y colaterales de la iglesia de Santa María de dicha ciudad”.

No nombra al otro pintor que sin duda era Ribera, a quien conocía sobradamente pues había sido su alumno y además trabajaron juntos durante mucho tiempo en el Buen Retiro.

Después Ceán Bermúdez en su famoso Diccionario histórico de los más ilustres profesores de bellas artes en España, sí dedicó un breve párrafo a Ribera, de quien decía era un “pintor acreditado en Madrid a principios del siglo XVIII. Por real cédula del año 1715 el consejo de Castilla le nombró tasador de pinturas”. Y añadía algunos datos sobre su obra:

“… Pintó las pechinas de la cúpula de la iglesia de San Felipe el Real; y dos cuadros al óleo sobre los arcos de las capillas en la iglesia de la Victoria, relativos a la vida de San Francisco de Paula. Y es de su mano el martirio de San Justo y Pastor colocado en la tesorería de la magistral de Alcalá de Henares, pintado con franqueza. Las demás obras de Ribera están en las casas particulares y conventos de Madrid.”

Pero, en referencia a Cano, afirmaba que “pintó al temple la capilla de las santas Formas del colegio de los jesuitas de Alcalá”. Nada más. Omitió lo más importante, que había ayudado a otro pintor, el que fue a ejecutarla.

Así se originó el equívoco arrastrado durante dos siglos y el olvido del pintor Juan Vicente de Ribera, verdadero autor de la obra, aunque ayudado en su ejecución por Juan Cano de Arévalo.

Según Galindo, habría un tercer grupo de pinturas al temple realizadas por Juan Vicente para los jesuitas en Alcalá, las de la Capilla de San Ignacio a los pies de la iglesia del Hospital de Antezana, que no pudimos visitar pues actualmente está en obras.

A Ribera y su taller también se le atribuye la decoración de la capilla de la Inmaculada Concepción de la Iglesia parroquial de Navalcarnero. Y en Vallecas pudo ser el autor de la Cúpula de la Capilla del Sagrario en la iglesia de San Pedro ad Víncula.

En cuanto a la pintura de caballete, hacia 1691 realizó dos cuadros sobre San Francisco de Paula que estuvieron en la iglesia del Convento de la Victoria. Después pasaron al Museo del Prado y actualmente ambas se encuentran en depósito en la Catedral y Museo de Ciudad Real.

En Madrid son escasas las obras que se conservan. En 1722 realizó el dibujo San Antonio de Padua en una hornacina, que estuvo en el alta mayor del Convento de Capuchinos de San Antonio del Prado, derribado a finales del siglo XIX. Hoy pertenece al Museo del Prado. Lamentablemente no está expuesto.

Museo del Prado

San Antonio de Padua (Museo del Prado)

Parece ser que el palacio Arzobispal posee otras dos obras del autor de hacia 1724 dedicadas a la vida de San Pedro mártir.

Sí podemos admirar, quizá la única obra a la vista del público en Madrid, a los pies de la bella iglesia de San Nicolás de los Servitas un pequeño retablo la Huida a Egipto, considerado Anónimo del siglo XVII. En el templo no disponen de documentos sobre esta pintura que es posible llegara aquí procedente de la iglesia del Salvador.

Según la especialista Natividad Galindo, sin duda se trata de una obra de Juan Vicente de Ribera.

Huida a Egipto (en San Nicolás)

Huida a Egipto (Iglesia de San Nicolás)

Solo recientemente los historiadores han comenzado a valorar a este olvidado artista. Aún existen dudas respecto a algunas de sus posibles obras que ojalá los expertos continúen estudiando y aclaren, y este pintor madrileño alcance el reconocimiento que se le ha negado durante tanto tiempo.

Se conocen detalles de su vida gracias a los documentos redactados por él mismo, su testamento y un Memorial que presentó en 1703 solicitando la plaza de Pintor del Rey (que había dejado vacante Isidoro Arredondo). Enumeraba sus trabajos para el rey en las decoraciones del Buen Retiro y sus otras obras, entre ellas las que había realizado para la Compañía de Jesús, incluida la decoración de la capilla de las Santas Formas. Y hablaba de sus maestros, Ricci, Palomino, y el propio Arredondo. La plaza no se le concedió.

En la calle de las Huertas tenía su vivienda, y su taller, cuyos útiles legó a su sobrino Pedro de Peralta.

Huertas 66

Calle Huertas, 66.

Murió el 27 de diciembre de 1736, a la edad de sesenta y ocho años, y así consta en el archivo de la Parroquia de San Sebastián donde fue enterrado. Cerca de cuatro años después murió su mujer quedando como heredera su hija María.

En la Planimetría General de Madrid, que describe el Madrid de la segunda mitad del siglo XVIII, figura como propietario de la casa Pedro de Peralta, que recordemos estaba casado con María.

El edificio ya no existe, sabemos que debió ser la Casa nº 14, la mayor de la Manzana 245, actual nº 66 levantado en 1884, pero la calle, corazón del barrio de las Letras o de las Musas, aún conserva el sabor y el recuerdo de lo que pudo ser en aquellos años en que Juan Vicente y su familia, y tantos otros artistas, lo habitaban.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Antonio Palomino. El Museo pictórico y escala óptica. Madrid 1797.
Ceán Bermúdez. Diccionario histórico de los más ilustres profesores de bellas artes en España. Madrid 1800.
Ismael Gutiérrez Pastor. Juan Vicente de Ribera, pintor (Madrid c.1668-1736). Aproximación a su vida y su obra. Anuario Dpto. Hª y Teoria del Arte, UAM. Vol.VI, 1994.
Natividad Galindo. El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
Matías Fernández García. Parroquia madrileña de San Sebastián: algunos personajes de su archivo. Caparrós editores. Madrid 1995.
VVAA.La antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, actual Parroquia de Santa María. D.Gral. Patrimonio Histórico Artístico Diócesis Alcalá de Henares, 2001.

A estas alturas ya casi todos conocéis a mi amigo David y sabéis que ahora vive un poquito lejos, en Londres. Pero estos días hemos tenido ocasión de recordar antiguos paseos compartidos por las calles del viejo Madrid y revivir el trabajo realizado en común hace algún tiempo, siempre hablando de “esas cosas que tanto nos gustan”, sobre todo de nuestra villa medieval, tan sugerente y llena de contrastes, que él conoce a la perfección.

Para mí ha sido un placer y una alegría preparar este articulo juntos, ¡gracias David!.

Esperamos que os guste y os resulte tan enigmático como a nosotros.

Mercedes

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La iglesia de San Nicolás de Bari o San Nicolás de los Servitas es una de las joyas de nuestro querido Madrid al ser la iglesia más antigua de la capital. En su emplazamiento posiblemente se levantó una mezquita de barrio, sucediéndole después la iglesia cristiana que ya estaba levantada en 1202 según el Fuero de Madrid.

Como comprobamos en nuestra primera visita, aunque ha sufrido numerosas reformas a lo largo de los siglos tanto en su interior como en su exterior conserva elementos de todas las épocas. Destaca la torre mudéjar del siglo XII rematada por un chapitel del siglo XVII.

Plano de Texeira (1656)

La iglesia es del siglo XV y conserva varios elementos medievales. La nave y las capillas son también del XVII, y el bello pórtico de entrada de granito, con la imagen de San Nicolás obra del escultor Luis Salvador Carmona, es de comienzos del siglo XVIII.

Paseando por el exterior de la iglesia, y concretamente mirando las piedras de su ábside, encontramos por debajo de la ventana central y a la izquierda, un sillar reutilizado con los fragmentos de una inscripción.

¿Qué puede ser? ¿A qué época pertenece? ¿Qué significan esas letras? Pues vamos a intentar desvelar algunos misterios.

Transcripción 

Se trata de un fragmento de una inscripción realizada en piedra caliza con un tipo de letra humanística capital, en castellano. Las letras que aparentemente podemos reconocer son:

A DE LA
QUE SA
V MOSE
VN AÑO Y
SMº SACRA
R QVEND
EV

1ª línea: Al principio se aprecia la finalización de una línea diagonal correspondiendo posiblemente con una A, a continuación a E y la D se unen para formar una sola letra, la L es encuentra poco marcada pero apreciendo bien el ángulo recto de la letra, y finalmente la A aparece cortada.

2ª línea: La Q es la formación de una O semicerrada con una prolongación de un trazo recto hacia la derecha (como aparece en la 6ª línea). La VE aparecen unidas y la S y A son trazos bien apreciables.

3ª línea: Existen unas primeras líneas diagonales que pudiera ser una V y a continuación una M, una posible O (ya que se aprecia dos líneas curvas pero no claras), y a S y E que sí son apreciables.

4ª línea: Se lee claramente VN AÑO y a continuación se aprecia el asta o trazo vertical de una letra, posiblemene una Y. Hay que decir que la Ñ en época medieval y moderna no existía y la virgulilla o la línea que escribimos por encima es una abreviación de una doble NN.

5º línea: Empieza con la S, después la M con una pequeña O (lo que significa que es una palabra abreviada), después los siguientes trazos podrían tratarse de una S (aunque no estamos muy seguros) y la A, C y R se aprecian claramente. Posiblemente la siguiente letra sea una A. Sin estar seguros del todo posiblemente esta frase quiera decir S[ANTISI]MO SACRA[MENTO].

6ª línea: Se aprecia bien una R, le sigue una Q (como en la 2ª línea) y una V. A continuación hay un espacio donde parece que la piedra un poco picada sin saber si habría alguna otra letra en medio. Le sigue una posible E, una N y un trazo curvo unido a la N que podría ser una D.

7ª línea: Lo único que puede verse bien es una E y después un asta diagonal, posiblemente una V.

A qué pertenece 

Este fragmento es indudablemente la reutilización de una lápida sepulcral o conmemorativa. La persona o difunto que encarga una lápida sepulcral es una persona de clase media-alta, lo suficiente adinerado como para poder tener un enterramiento y un epitafio que lo recuerde.

Los enterramientos desde la edad media solían producirse en el exterior de las iglesias, para aquellos sin recursos económicos, y en el interior de las iglesias, para los que tenían más recursos. Y dentro de este grupo, aquellos que podían pagar más dinero se enterraban más cerca del altar ya que era un modo de estar más cerca de Dios.

Al tratarse de una fragmento reutilizado como un sillar lo primero que nos preguntamos es de dónde proviene, si de la propia iglesia de San Nicolás o de otro lugar. Aunque sabemos que el ábside de San Nicolás se reformó a finales del siglo XV, no creemos que pueda tratarse de su interior ya que la propia familia del difunto habría pagado para que su recuerdo no se destrozara, a no ser que fuera suplantada por un epitafio de mayor coste. Podríamos pensar en un epitafio en el cementerio de San Nicolás, en el exterior, pero ¿alguien con el suficiente dinero para realizar un recuerdo en piedra estaría enterrado en el exterior? No lo creemos, ya que el mayor triunfo en aquel momento era enterrarse en el interior del templo y lo más cercano de la capilla mayor (para estar más cerca de Dios).

Datación de la piedra

Para precisar la datación de esta inscripción tenemos varios argumentos para decir que es de finales del siglo XV. Por un lado el ábside de San Nicolás fue transformado y ampliado a finales del siglo XV cuando se utilizó como capilla funeraria de la familia de los Zúñiga. Para ello levantaron un ábside poligonal con cubierta interior de nervios de crucería con terceletes, típica de este momento del reinado de los Reyes Católicos.  Los sillares tienen un color blanquecino y se pueden apreciar afloramientos del cretácico superior, lo que hace pensar que la piedra procede de las Canteras de Redueña en las zonas de Guadalix de la Sierra, el Molar, Venturada o Torrelaguna, de hecho la parroquia de Santa María Magdalena de Torrelaguna (finales del s.XV) está realizada con esta misma piedra.

Por otro lado en la 4ª línea se puede leer claramente VN AÑO. Se puede referir bien a una edad (del difunto) o a una fecha (quizás la de la lápida). Si el ábside es de finales del siglo XV, descartamos que pueda ser 1501, por lo que podría ser 1481 o 1491.

La escritura es en letra humanística capital. Esta tipología de letra se empieza a utilizar a partir de 1408, por influencia de la letra carolingia y a su vez de la latina romana, con el fin de separarse de los caracteres decorativos de la letra gótica, por lo que esta inscripción está dentro de la época del siglo XV.

Por qué su reutilización

El reutilizar el epitafio puede deberse a dos motivos, pensando en todo momento que ha habido un contrato entre canteros y mecenas para traer piedra de las canteras del norte de Madrid y labrarlas para realizar la capilla del siglo XV, pudo haber ocurrido que:

1.- Bien que en un momento dado no quedara piedra y se decide reutilizar la piedra inscrita, porque pertenezca a una lápida del antiguo ábside, quizás reemplazado por la familia del fallecido.

2.- Bien que una vez construido el ábside se realizara algún arreglo o “chapuza”, de tal forma que sin haber quedado material se reutilizara la piedra. Pero esto nos llevaría nuevamente a la pregunta ¿pero de dónde se habrá reutilizado?

Conclusión

Al final, con todos estos datos, lo concluyente sobre esta inscripción es que perteneció a la segunda mitad del siglo XV, procedente de una lápida sepulcral y que fue reutilizada como sillar para hacer el ábside del siglo XV. Todo lo demás tendría que ser objeto de un mayor estudio o bien dejarlo en la conjetura o imaginación que siempre nos ofrece un Madrid escondido.

por : David Gutiérrez y Mercedes Gómez

La iglesia de San Nicolás fue una de las diez iglesias primitivas de Madrid, construidas dentro del recinto amurallado cristiano, que ya figuraban como parroquias en el Fuero del año 1202.

El templo, situado en la plaza del mismo nombre, ha sufrido numerosas transformaciones y rehabilitaciones casi desde sus orígenes, pero su torre del siglo XII, de estilo románico-mudéjar, es la construcción más antigua de Madrid. Solo la muralla árabe en la Cuesta de la Vega, del siglo IX -en este caso se trata de una construcción militar o defensiva- es anterior.

La iglesia es del siglo XV. La nave, las capillas y el chapitel de pizarra que corona la torre son del XVII, y la portada de piedra de la entrada es obra de comienzos del siglo XVIII. Pero, a pesar de las numerosas modificaciones sufridas a lo largo de los siglos, nos encontramos ante el templo que más elementos medievales conserva en su interior .

Antes de recorrerla, nos detenemos un rato en uno de sus rincones donde se muestra toda su historia mediante planos, textos y dibujos que merece la pena observar.

Después buscamos los elementos más antiguos. La magnífica techumbre de la nave central, construida en madera al estilo mudéjar, que estuvo oculta durante siglos, recuperada en la reforma de mediados del siglo XX.

Los arcos de herradura, ciegos, en el muro derecho de la capilla mayor, que probablemente en origen estaban abiertos.

Y la gran bóveda gótica estrellada de la cabecera, obra del siglo XV.

Para los aficionados al arte y curiosos en general, este templo ofrece una singularidad más:

desde hace unos meses en uno de sus muros luce una pintura abstracta, obra realizada en 2007 por Rafael Aleman. La pintura se titula Sepulcro vacío, y es una representación conceptual de la resurrección de Jesús.

Instalado junto a extraordinarias pinturas y esculturas de los siglos XVII y XVIII, este cuadro es una de las escasas muestras de arte contemporáneo que se puede admirar en el interior de una iglesia madrileña. Precisamente en la más antigua.

No hay otra iglesia en Madrid donde podamos ver representada casi toda la Historia del Arte, desde el mudéjar del siglo XII al abstracto del siglo XXI. Una maravilla.

por Mercedes Gómez

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