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Colmenar Viejo es uno de los pueblos que formó parte del territorio conocido como Real de Manzanares, junto a Soto del Real, Hoyo de Manzanares, Miraflores… que fueron objeto de pleitos entre Segovia y Madrid durante toda la Edad Media. Juan I de Castilla los adjudicó a Pedro González de Mendoza (1340-1385); Íñigo López de Mendoza (1398-1458) fue el I Conde del Real de Manzanares.

Bajo el patronazgo de los Mendoza, propietarios del Real de Manzanares, se levantó a finales del siglo XV la iglesia.

En 1504 el rey Fernando el Católico concedió a Colmenar la categoría de villa.

 

Basílica de la Asunción de Nuestra Señora

La Basílica de la Asunción es uno de los templos más importantes y bellos de la Comunidad de Madrid, construido sobre la antigua parroquia de Santa María, iniciado hacia 1480-90 y finalizado en la década de 1540. Su estilo es gótico tardío, con algunos elementos renacentistas.

iglesia colmenar norte

Las obras comenzaron por los pies, al parecer para que pudiera continuar el culto en la primitiva iglesia mientras se edificaba la nueva. En esta primera etapa se construyeron los tres primeros tramos bajo la dirección de Juan Guas que diseñó también las portadas.

Cerca de 1500 comenzó la segunda etapa constructiva –Juan Guas había muerto en 1496– a cargo de Hannequin de Cuéllar, hijo de Hannequin de Bruselas. En esta época se construyó el presbiterio y la magnífica torre.

La iglesia es de fábrica de granito, excepto sus tres puertas de acceso que fueron construidas en piedra caliza. Las más ricas en ornamentación son las de las fachadas norte y oeste, según modelo de Juan Guas inspirado en el arte mudéjar, con varios arcos, alfiz y moldura alrededor de todo el conjunto.

Portada norte

Portada norte

Los escudos que las adornan son -ya del siglo XVI- los del III Duque del Infantado, don Diego Hurtado de Mendoza, casado con doña María Alonso de Pimentel, hija del Conde de Benavente.

Portada oeste

Portada oeste

La portada sur o Puerta del Sol es más sencilla, cubierta con un pórtico de madera sobre tres columnas dórico-toscanas, añadido a finales del siglo XVII.

Portada sur

Portada sur

En el interior la imponente iglesia tiene planta basilical con tres naves, crucero y ábside ochavado.

iglesia naves

El altar mayor fue decorado con un pequeño retablo mural gótico de tracería estucada. La pintura fue descubierta en 1981 y limpiada en 1993.

La Misa de San Gregorio (h. 1500)

La Misa de San Gregorio (h. 1500) (Foto: “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Se cree que pudo formar parte del sepulcro de Benito López, sacerdote de Collado Mediano que murió en 1500 y fue allí enterrado.

El mural representa La Misa de San Gregorio, símbolo funerario frecuentemente utilizado en la Edad Media, bajo un calvario con la calavera de Adán.

La Misa de San Gregorio (h. 1500) (detalle)

La Misa de San Gregorio (h. 1500) (detalle) (Foto: “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Lo cierto es que es imposible contemplar el mural, se encuentra oculto detrás del extraordinario retablo plateresco que pasó a presidir el altar mayor, considerado de la escuela toledana. Nos cuentan que está situado a la altura del extremo inferior izquierdo del retablo actual.

Hacia 1540 se inició el último periodo de construcción de la iglesia durante el cual se incorporó la sacristía y el coro con su monumental escalera, a cargo de Rodrigo Gil de Hontañón o su escuela.

El retablo fue realizado entre 1560 y 1583. Sus 12,5 m. de altura por 11,60 de anchura exponen con gran riqueza iconográfica las figuras y escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.

retablo colmenar

En su ejecución intervinieron varios artistas. En la traza, ensamblaje y parte de la decoración de su arquitectura, los escultores Juan de Tovar y Francisco de Linares. El dorado y estofado fue posiblemente obra de los pintores Rodrigo de Vivar y Jerónimo Rodríguez.

La obra escultórica se atribuye a Francisco Giralte, autor entre obras del retablo de la madrileña Capilla del Obispo.

La pintura, de gran valor, fue realizada por artistas toledanos y de la escuela madrileña. Son seis tablas que representan escenas del Nuevo Testamento. La Anunciación, situada en el cuerpo inferior a la izquierda –tras ella se encuentra la pintura de San Gregorio– se cree es obra de Diego de Urbina, discípulo de Alonso Sánchez Coello, pintor de Cámara del rey Felipe II. Dos tablas se han atribuido al propio Sánchez Coello, El Nacimiento y La Adoración de los Magos. Otras pinturas fueron obra de Hernando de Ávila.

En las dos naves laterales hay cinco retablos. Junto al altar mayor en el lado de la epístola, el retablo barroco de la Virgen del Rosario, con una imagen del siglo XVI procedente de una ermita desaparecida; en el lado del Evangelio, el de la Inmaculada Concepción. Otros son los de la Encarnación, de Santa Ana y el de San Juan Nepomuceno.

Todos los espacios están cubiertos por hermosas bóvedas de arista con terceletes.

terceletes

 

Museo de Arte Sacro

Desde el verano de 2009 la Basílica acoge un interesante Museo de Arte Sacro.

escalera2

Las piezas se distribuyen entre el coro y los cuartos de la torre.

museo en el coro

En el coro contemplamos la caja del órgano del siglo XVII, imágenes religiosas de varias épocas, libros de coro de los siglos XVI y XVII, piezas y ornamentos litúrgicos, y otros objetos, testigos de la larga historia de Colmenar Viejo.

Ajuar funerario (siglos VI-VII)

Ajuar funerario (siglos VI-VII)

Desde el coro iniciamos la subida a la torre, un verdadero viaje al siglo XVI.

inicio escalera torre

En el primer cuarto hay valiosas esculturas. Una de las joyas que admiramos es una Virgen con Niño realizada en alabastro hacia 1530, relacionada con el taller de Diego de Siloé.

Virgen con Niño (h. 1530)

Virgen con Niño (h. 1530)

En el segundo rellano, algunas piezas de retablos. También se exhiben pinturas del siglo XVIII. Además de las piezas del museo, algunas fotografías nos muestran cómo era la iglesia a principios del siglo XX y un detalle del mural de La Misa de San Gregorio.

 

La Torre-Campanario

La torre se levanta majestuosa a los pies de la iglesia, en el lado sur. Como dice Áurea de la Morena, es “una de las más importantes de Castilla por su tamaño, categoría artística y singularidad”. Coronada por el chapitel, es cuadrangular, con 8,80 m. cada lado, y una altura de 50,12 hasta la cúspide.

torre colmenar

En el exterior, del piso superior salen unas gárgolas, con forma de dragón en las esquinas y de león en los lados.

El chapitel se adorna con pináculos en las esquinas y centro de cada lado, y las aristas están adornadas por leones, dragones y grifos. Una balaustrada completa la rica ornamentación. Aunque por la altura no se puede apreciar, las esculturas son muy detalladas. Se cree pudieron ser obra de Francisco y Simón Colonia.

chapitel torre

Las escaleras de caracol por las que vamos subiendo están divididas en tramos que se corresponden con cada cuerpo de la torre, ubicados en diferentes esquinas con el fin de equilibrar los pesos en cada uno de dichos tramos.

torre dos esquinas

Durante el ascenso sorprende la belleza de las formas de los elementos arquitectónicos, los detalles, la magnífica piedra de granito local.

Quitamiedos en la escalera de caracol

Quitamiedos en la escalera de caracol

Y llegamos al precioso campanario en cada uno de cuyos lados se abren dos ventanas alargadas rematadas con un arco de medio punto.

campanario ventanas

Desde aquí podemos oír las sonoras campanadas y ¡qué maravilla ver el interior del chapitel!

El chapitel o aguja octogonal, hueca, es de piedra caliza.

chapitel int

Es muy emocionante estar en el campanario, admirar el chapitel desde aquí, y contemplar la histórica villa de Colmenar Viejo y las montañas a lo lejos.

Colmenar

Por : Mercedes Gómez

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Basílica de la Asunción
Calle de Isabel la Católica, 2 – Colmenar Viejo
Museo de Arte Sacro, lunes a viernes de 11 a 13 h. Entrada: 3 euros.

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Bibliografía:

VVAA. Madrid, Villa, Tierra y Fuero. Ed. Avapiés. Madrid, 1989.
DE LA MORENA, Áurea. “La torre campanario de la iglesia parroquial de Colmenar Viejo (Madrid) en Anales de Historia del Arte, nº1, Madrid 1989.
Pintura mural de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, 2015.

Contábamos hace unos meses que la pintura al temple sobre tela es una técnica muy antigua aunque su uso se desarrolló durante la Edad Media y llegó a ser muy habitual en los siglos XV y XVI en Flandes, llegando a otros países, entre ellos España. Los sargueros españoles eran los cleederscrivers flamencos o, en inglés, los cloth painters (pintores de telas). Era un oficio más, regulado por las Ordenanzas, como el de dorador, el pintor de retablos, de techumbres de madera o de murales.

Ahora vamos a completar aquel artículo Sargas, telas pintadas gracias al conocimiento de nuevos documentos e información.

Libros de Acuerdos

Comenzamos hoy refiriéndonos a las mencionadas Ordenanzas que la investigadora Mercedes Agulló sacó a la luz, tal vez único documento conocido sobre el tema, incluidas en su libro Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII.

Con fecha 11 de mayo de 1543 el Ayuntamiento estaba reunido como era habitual en las Casas de la plaza de San Salvador –hoy plaza de la Villa–. Ese día firmaron y publicaron en las Actas de reunión las Ordenanças de pintores, ordenanzas para el ofiçio de pintores de sargería.

Habían sido solicitadas por algunos oficiales sargeros vecinos de la Villa para que los pintores fueran examinados y que solo ejercieran el oficio si antes eran declarados hábiles para ello.

Se estableció que ningún pintor del arte de la sargería de cualquier calidad o condición podía pintar en Madrid si no era examinado por los examinadores nombrados por la Villa, bajo pena de 600 maravedíes si hiciera lo contrario, el doble la segunda vez que infringiera la norma. A la tercera sería privado del oficio y desterrado de Madrid y su tierra.

Firmados los acuerdos, los presentes, el Corregidor y los Regidores suplicaban a Su Majestad los confirmara y mandara guardar.

Poco después, aproximadamente en 1547 fue cuando fueron instaladas las grandes sargas que cubrían el retablo de la bellísima Capilla del Obispo, entre las que estaba la que parece única pieza conservada, que ya vimos, el Descendimiento de la Cruz, de Juan de Villoldo, hoy guardada en los almacenes del Museo de Historia.

Así consta en el Inventario del Ayuntamiento de Madrid 2014, Muebles de carácter histórico o artístico.

El Descendimiento

El Descendimiento

La sarga está archivada con el nº 00073057 como Pintura, temple sobre sarga, con el título de “Descendimiento”, Juan de Villoldo, aprox. año 1547. Medidas 7,90 x 3,10 m.

Continuará…

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

AGULLÓ y COBO, Mercedes. Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII. Departamentos de Historia del Arte de las Universidades de Granada y Autónoma de Madrid. Granada 1978. Pág. 193.

Inventario del Ayuntamiento de Madrid. Muebles de carácter histórico o artístico. Madrid 2014.

Una de las salas más importantes del Real Monasterio del Escorial, por su impactante decoración al fresco y sus dimensiones, es la Sala de Batallas, que en los documentos recibe este nombre solo desde mediados del siglo XVIII. Está situada sobre la galería porticada del lado sur del patio del monasterio.

plano sala batallas

Se desconoce el uso al que estuvo destinada, que quizá fue variando con el tiempo por lo que indican los distintos nombres con los que aparece mencionada en los documentos, Galería real privada, Galería grande de la Casa Real, Galería de su Majestad, Galería del Cuarto de la Reina, Galería del Rey

sala batallas

La galería, de 50 metros de largo por 6 de ancho y 8 de alto, se comenzó a pintar entre 1584-85. La obra total supuso más de seis años de trabajo.

La bóveda de cañón fue decorada con grutescos o figuras caprichosas; los muros a ambos lados, con imágenes de batallas, narración histórica destinada a exaltar al rey Felipe II y sus victorias.

A un lado, el que comunica esta galería con otra que bordea la Basílica mediante dos puertas, La batalla de la Higueruela, anterior en el tiempo pues se desarrolló en 1431 entre las tropas de Juan II y las musulmanas. Se utilizó como modelo una sarga de más de 36 metros hallada en un viejo arcón del Alcázar de Segovia al parecer contemporánea de dicha batalla. Enfrente, las otras batallas, que ya pertenecen a la época del propio Felipe II. La Jornada de San Quintín en 1557 y la de Isla Tercera (1582-83). Todo un documento descriptivo de las estrategias militares, las armas y los trajes de la época.

Pero hoy vamos a detenernos en un detalle, un elemento acaso menor dentro de las espectaculares escenas bélicas, motivo de la narración pictórica, pero que llama nuestra atención:

Cómo los artistas integraron las dos puertas mencionadas en la gran obra de arte.

Las puertas dividen el fresco que narra la batalla en tres partes. La pintura imita un gran tapiz clavado que se pliega a ambos lados del dintel para dejar libre el acceso, todo de forma fingida.

Revista R&R. Foto: C. Breitfeld

Revista R&R. Foto: C. Breitfeld

Calificados de artesanos, no artistas, pues no creaban sino que cumplían un encargo, los autores del conjunto fueron cuatro pintores procedentes de Génova. Nicolla Granello, Fabricio Castello, Lazzaro Tavarone y Orazio Cambiaso. Los cuatro ejecutaron un proyecto ajeno, a partir de los deseos del rey, pero lo hicieron con maestría.

Luca Cambiaso y su amigo Giovanni Battista Castello, el Bergamasco, llegaron al Escorial a trabajar para Felipe II, como otros artistas italianos, entre ellos sus hijos, que lo harían en esta Sala de Batallas.

El oficio se transmitía de padres a hijos. Orazio Cambiaso era hijo de Luca Cambiaso. Lazzaro Tavarone llegó a España también para trabajar con Luca, de quien fue alumno.

Giovanni Battista Castello vino a España en 1567 junto con sus hijos Niccola Granello y Fabricio Castello. Niccola (hijo de su mujer, de un matrimonio anterior) y Fabricio eran hermanastros.

Fabricio fue Pintor del Rey. Casado con la española Catalina de Mata, fue el padre del pintor Félix Castello, que conocemos gracias a sus cuadros de temática madrileña.

En este blog hemos contado la historia de los trampantojos y de vez en cuando admirado algunos de los más logrados, desde el Barroco hasta nuestros días. Éste, de finales del siglo XVI, es uno de los mejores que hemos podido contemplar.

Revista R&R. Foto: C. Breitfeld

Revista R&R. Foto: C. Breitfeld

Las puertas de granito adinteladas son verdaderas. No lo son los adornos sobre ellas, aparentemente del mismo material, que son fingidos. Cuesta distinguir la diferencia, el trampantojo es perfecto.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Francisco Javier Campos. “Los frescos de la Sala de Batallas”, El Monasterio del Escorial y la pintura. Actas del Simposium, 2001, pp. 165-209.

Carmen García-Frías. “Sala de Batallas”, Restauración & Rehabilitación. Nº 52, mayo 2001, pp. 26-35.

Hace cuatro años, a lo largo del mes de julio de 2009, recordábamos aquí la larga y azarosa Historia de la Iglesia y Hospital del Buen Suceso. A finales de junio se había inaugurado después de casi seis años de trabajos, conflictos y hallazgos arqueológicos, decíamos entonces, la Estación de Cercanías de Sol.

En una primera parte vimos la evolución desde sus orígenes en el siglo XV, su construcción en el siglo XVI a cargo de Francisco de Mora, sucesivas reformas y reconstrucción, hasta su derribo en el siglo XIX. Después, la construcción de una nueva iglesia en el barrio de Argüelles, obra de Agustín Ortiz de Villajos, que desgraciadamente también sería derribada en 1975. En una tercera parte visitamos la iglesia actual, construida en 1982. Y una cuarta y última en la que regresamos a la Puerta del Sol para contemplar los restos conservados en la Estación.

Comentábamos en la introducción que la exposición tras un cristal de parte de los restos de la antigua iglesia hallados durante las obras quizá representara el último capítulo del relato, al menos de momento. Sin embargo esta semana se ha abierto un nuevo y bonito capítulo.

El pasado martes el diario El País publicó la noticia de que las obras bajo el edificio del antiguo Hotel París destinado a albergar un centro comercial de una famosa marca tecnológica, cumpliendo con las obligadas excavaciones arqueológicas, han sacado a la luz los cimientos del antiguo hospital situado junto a la iglesia.

Conjunto del Buen Suceso (Texeira, 1656)

Conjunto del Buen Suceso (Texeira, 1656)

Según el director general de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid Jaime Ignacio Muñoz se consideró la posibilidad de “colocar paneles de cristal en el suelo para permitir la visión de los restos”, pero se descartó porque “carecen de excesivo interés desde el punto de vista visual, son pura cimentación, importa más la información que aportan sobre la forma de los muros”. Aun así, “permanecerán protegidos bajo el suelo de la tienda, aunque solo tengan interés como documentación histórica”.

Curiosamente, hace poco el alto cargo que decide sobre nuestro Patrimonio ha utilizado el mismo argumento para justificar que tampoco se van a mostrar los importantes descubrimientos realizados en Vicálvaro, donde además de una necrópolis visigoda se ha hallado un taller de sílex del Paleolítico inferior, de la Edad de Piedra.

En este caso, el director general afirmó que cubrir el yacimiento en lugar de abrir un museo “no es una cuestión de dinero”, “este lugar tiene un gran interés científico pero no visual”. “Es como una cantera, los antiguos habitantes venían a hacer las herramientas y se iban, por lo que un posible visitante solo vería piedras y arena, salvo que acuda con un arqueólogo que se lo explique” (la “negrita” es mía).

¿Que solo veríamos piedras…? La verdad, personalmente me parece un razonamiento extraño, incluso podría parecer que menosprecia un poquito a los posibles visitantes interesados. Aunque estaría bien si fuera posible, no parece necesario que cuando visitemos ruinas pertenecientes a cualquier resto histórico o artístico, no ya en Madrid sino en cualquier otro lugar del mundo, sea necesario llevar un Arqueólogo particular.

Volviendo a la Puerta del Sol, al día siguiente, ayer miércoles, el mismo periódico publicó una buena noticia: que los arqueólogos excavarán todo el subsuelo bajo el edificio del antiguo hotel con el fin de desenterrar los muros del hospital. El País incluyó un espléndido dibujo de la planta, marcando en rojo la zona excavada:

Planta del edificio (El País)

Planta del edificio (El País)

También publicó una preciosa fotografía mostrando parte de los restos hallados en el histórico sótano, ¿os parece que carecen de interés visual?.

Foto: El País

Foto: El País

El proyecto consiste en enterrar los muros bajo el suelo de la tienda, dibujar su trazado sobre el suelo y exponer algún panel con una “explicación didáctica”.

La explicación didáctica será muy bienvenida, pero también seguro que a muchos madrileños y visitantes nos encantaría poder contemplar ese sótano abovedado que esconde los restos del antiguo conjunto del Buen Suceso, pues pensamos que además de un indudable interés histórico y arquitectónico tiene un sugerente interés visual.

Por Mercedes Gomez

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Artículos anteriores:

Iglesia del Buen Suceso I (1590-1854).
Iglesia del Buen Suceso II (1854-1975).
Iglesia del Buen Suceso III (1975-2009).
Iglesia del Buen Suceso (y IV).

Una vez más, tenemos que agradecer a un lector su colaboración. Hace unos días, José Luis Díaz dejó un comentario en la entrada dedicada a Las Murallas de Madrid y los Altos de Rebeque informando acerca de los restos de un muro ubicado en un solar de la calle Toledo que él pensaba podría tratarse de un trozo de lienzo de la Cerca de Felipe II. Gracias a su admirable empeño y a las fotos que nos ha enviado, hemos podido preparar este artículo.

Calle de Toledo

Calle de Toledo

Si resulta difícil establecer con exactitud los recorridos de las murallas árabe y  cristiana, más desconocidos son los límites de las posteriores tapias que se construyeron a medida que Madrid fue creciendo: la Cerca del Arrabal construida en el siglo XV, y la llamada Cerca de Felipe II, levantada hacia 1566, poco después que el rey decidiera asentar la Corte en la Villa de Madrid en 1561.

Ambas, al haber perdido su función defensiva y ser construidas como medio de control fiscal y de protección ante las epidemias, no eran tan fuertes como las antiguas murallas y, ante el rápido crecimiento de la villa, tuvieron una vida relativamente breve y apenas dejaron rastro.

El investigador Miguel Molina Campuzano en su libro Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII estudió el Madrid de antes y después de Felipe II. Pensaba este autor que la nueva cerca construida en 1566 partía de algún punto de la muralla medieval cristiana, probablemente de la manzana 126, es decir, del lienzo ubicado en la calle de Don Pedro, del que se conserva una buena parte como sabemos. Bajaba por la calle de las Aguas, cruzando la Carrera de San Francisco, hacía un quiebro tomando la calle del Águila hasta tomar la dirección que correspondería a la actual calle Calatrava, hacia el este. Luego atravesaba la calle de Toledo.

Probablemente, siempre según Molina Campuzano, la cerca continuaba por la calle de Santa Ana hasta la plaza del Rastro, hoy de Cascorro, donde se encontraba el Matadero… y continúa el autor su descripción hasta llegar al punto hipotético en que se unía nuevamente a la muralla del siglo XII, en algún lugar al noroeste.

Son hipótesis basadas en las Actas del Concejo y otros documentos de la época que hablan de las casas por las que discurría la Cerca, estudiados por Molina y otros autores que éste cita.

Hoy nosotros nos centramos en el tramo próximo a la calle de Toledo, entonces Camino de Toledo.

calle y solar

En 1561 la zona que hoy recorremos eran arrabales, aún sin urbanizar, fuera de las murallas.

Pero antes de continuar volvamos por un momento al siglo XV, cuando la primera puerta de Toledo, la de la Cerca del Arrabal, se encontraba a la altura de la plaza de la Cebada. Sobre ella, cuenta Montero Vallejo que en 1478 existió un portillo sobre el Camino de Toledo, situado algo más al oeste que en la actualidad pues el trazado de la calle es posterior. Quizá este dato sea importante, el trazado de las calles actuales no es exactamente el de hace más de cuatro siglos y medio.

La Puerta fue trasladándose hacia el Sur a medida que Madrid crecía. En el siglo XVI la nueva Puerta de Toledo estaba situada a la altura de la calle del Humilladero, muy cerca de donde nos encontramos.

En el XVII se construyó la última Cerca, llamada de Felipe IV, y la Puerta de Toledo bajó hasta el lugar en que aún hoy existe.

Nuestro muro se encuentra en un solar a la altura del nº 72 de la calle Toledo, entre esta calle y la de Humilladero, más próximo a esta última.

Calle de Toledo

Calle de Toledo 72.

Construido en mampostería, mide unos 4 metros cuadrados, y se encuentra en bastante mal estado.

El solar es extraño, incluso la presencia del muro llama la atención. Hemos podido preguntar a un vecino, pero solo sabe que lleva ahí mucho tiempo, nada más.

muro1

Finalmente, nos hemos acercado a contemplar los únicos posibles restos de la Cerca de Felipe II que existen junto al nuevo edificio del Senado, en la calle de Bailén, y nos sorprende que su construcción es muy similar.

El muro de la calle Toledo, ¿podría pertenecer a la Cerca construida en el siglo XVI?

Si así fuera conoceríamos un poquito mejor su recorrido y cómo era aquel Madrid en expansión tras el asentamiento de la capitalidad.

por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Miguel Molina Campuzano. Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII. Cajamadrid, Madrid 2002 (Facsimil ed. 1960).
Manuel Montero Vallejo. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.

Entre los escasos ejemplos de arte renacentista que se conservan en Madrid se encuentran los sepulcros de Beatriz Galindo La Latina y su marido Francisco Ramírez El Artillero.

Son dos joyas labradas en alabastro en el siglo XVI, procedentes del antiguo Convento y Hospital de la Latina situado en la calle de Toledo, hasta su derribo en los comienzos del siglo XX. El actual “Convento de La Latina”, en el número 52 de la calle, fue construido posteriormente.

Hospital de la Latina, fin siglo XIX-principios del XX.

Beatriz Galindo, La Latina, fue una mujer singular para su tiempo, muy culta, que dominaba el latín, la gramática y otras disciplinas, y escribió poesía y otros textos, entre otras actividades. Sus dotes y formación la convirtieron en maestra y consejera de la reina Isabel la Católica. En 1495, cuando contaba unos veinte años de edad, se casó con Francisco Ramírez El Artillero, secretario del rey Fernando, y capitán de Artillería.

Solo siete años después don Francisco murió en la batalla de Lanjarón durante la toma de Granada.

Continuando los proyectos iniciados junto a su marido, en los comienzos del siglo XVI la joven viuda fundó los conventos de la Concepción Jerónima -en la calle del mismo nombre-  y el de la Concepción Francisca y el Hospital, en la calle de Toledo.

Los cenotafios o monumentos funerarios, fueron realizados hacia 1531, según los expertos, en un estilo cercano al de Francisco Giralte, el gran escultor, autor entre otras obras del retablo y sepulcros de la Capilla del Obispo. Las figuras yacentes están representadas en actitud orante, sobre los arcones de gran riqueza ornamental, con detalles escultóricos diversos, figuras femeninas, niños, escudos… y una inscripción en cada uno de ellos.

Curiosamente, fueron labrados otros dos sepulcros, idénticos, que fueron instalados en la iglesia del Convento de la Concepción Jerónima. Parece ser que los cuatro sepulcros han estado siempre vacíos.

El cuerpo de don Francisco, que había muerto en Granada, nunca fue hallado.

Doña Beatriz murió en 1535, a la edad de sesenta años, siendo enterrada, según sus propios deseos, en el coro de la iglesia del Convento. Cuando este fue derribado, sus restos fueron trasladados al nuevo, en la calle de Velázquez esquina José Ortega y Gasset, a su vez desaparecido. Desde 2004 se encuentran en la cripta del actual monasterio construido en El Goloso, en la carretera de Colmenar. Allí se hallan también los dos sepulcros procedentes del primitivo cenobio.

¿Qué ocurrió con los dos sepulcros que habían sido colocados en el Hospital?

Cuando en 1903 fue demolido, el Ayuntamiento recuperó y trasladó a un almacén algunos de los elementos más valiosos que se hallaban en su interior, la bella escalera, y los dos sepulcros.

Debidamente restaurados fueron instalados en la Casa de Álvaro Luján, en la Plaza de la Villa, cuando acogía a la Hemeroteca Municipal. Como sabemos, por nuestra visita al edificio, que ahora es la sede de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, allí continúa la maravillosa balaustrada de la escalera gótica, obra del alarife maestro Hazan.

Escalera en la Casa de Álvaro de Luján.

Hacia 1992 los sepulcros fueron trasladados al Museo Municipal, en la calle de Fuencarral, y allí, a la entrada de la Capilla, han estado hasta que hace unos años comenzaron las obras de remodelación del Museo, que como sabemos, continúan.

Hace dos meses la prensa publicó que los sepulcros iban a ser restaurados, ¿volverían al ahora llamado Museo de Historia?. ¿Dónde se encuentran en estos momentos?.

El fin de semana pasado tuve una bonita e inesperada sorpresa.

Hace pocos días el Museo de San Isidro o de los Orígenes, en la plaza de San Andrés, ha reabierto una parte de su Colección Permanente, cerrada hace unos años con el fin de llevar a cabo una remodelación y mejora de las instalaciones.

El paseo a través de las nuevas salas es una delicia, es sábado, hay pocos visitantes, despacito vamos descubriendo las novedades, y nos alegra poder volver a recorrer el querido museo. Teniendo en cuenta que está dedicado a nuestra historia, desde sus orígenes, nos sugiere bastantes temas sobre los que podríamos hablar, así que volveremos otro día.

Hoy solo quiero mostraros mi sorpresa final. Casi ya en la salida, al fondo, dos personas trabajan frente a algún monumento o restos aún medio tapados por unos plásticos…

… ¡parecen los sepulcros de la Latina y del Artillero! Los que hace tiempo estaban en el Museo Municipal…

Pregunto, con una cierta ilusión, y amablemente me responden que sí, que efectivamente lo son.

A partir de ahora esta va a ser la casa de los bellos cenotafios de alabastro con las esculturas yacentes de Beatriz Galindo, La Latina, y de su esposo Francisco Ramírez de Madrid, El Artillero. Pronto podremos contemplarlos en todo su esplendor.

Por Mercedes Gómez

 

Hace un mes María Rosa y yo visitamos el Palacio de Laredo en Alcalá de Henares, un lugar precioso que os recomendábamos sinceramente, por su arquitectura, su decoración mudéjar y las obras de arte que alberga. Una de ellas,  “una imagen de madera policromada de la reina Isabel la Católica, atribuida al escultor Gil de Siloé”.

En relación con esta escultura, me envía María Rosa, siempre atenta, una información importante que debe añadirse al post anterior.

Procede del Catálogo de la exposición realizada en 2005 “Isabel la reina católica. Una mirada desde la Catedral primada”, organizada por el Arzobispado de Toledo. La imagen formó parte de la exposición, y en el Catálogo aparece denominada como Estatua llamada de “Isabel la Católica”, de autor Anónimo hispano flamenco.

La ficha de esta imagen aparece en el capítulo dedicado a “Isabel la Católica y la cultura”, escrito por Mª Dolores Cabañas González de la Universidad de Alcalá.

Una de las fuentes citadas en el libro son las Actas del Congreso Internacional sobre Gil de Siloé y la Escultura de su época celebradas en Burgos en 1999.

La conclusión expuesta es que aunque “la tradición ha querido identificar esta estatua con la reina Isabel la Católica leyendo”, no es correcta esta identificación del personaje sagrado representado con la reina.

La Estatua llamada de Isabel la Católica, en realidad la imagen de una Virgen según los autores del Catálogo, pudo ser realizada en Castilla bajo cánones flamencos, en los comienzos del siglo XVI, con “lejanos ecos” de la escultura burgalesa, pero en absoluto atribuibles a Gil de Siloé.

Queda aquí reflejada esta opinión digna de tener en cuenta respecto a la bella estatua, lo que representa y la autoría.

por Mercedes Gómez

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