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La Fuente de los Patos se encuentra en una pequeña plazoleta en el comienzo del Paseo del Prado, frente a la calle de Montalbán. A pesar de encontrarse en un lugar muy transitado, junto a la Cibeles, no deja de ser un rincón un tanto escondido, en el que resulta muy agradable sentarse un rato a descansar.

La plazoleta, de forma elíptica, está delimitada por cuatro pedestales rematados por jarrones, unidos en sus lados norte y sur por dos grandes bancos curvos.

El pilón, de cuatro lóbulos, es de granito. En el centro se encuentra un bonito grupo escultórico de mármol situado sobre un pedestal de piedra en forma de cruz.

Está formado por cuatro patos unidos por las alas, con un caño en cada uno de sus picos. En el centro hay una cesta con ocho caracolas y en la parte superior otra figura que podría ser una alcachofa, de las que también mana el agua. En el eje norte-sur, en línea con las esculturas, hay otros dos surtidores verticales.

La fuente fue instalada a finales de los años 50 del siglo XX, cuando el arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios reorganizó este espacio durante la reforma llevada a cabo en el Paseo del Prado y sus jardines. Por la misma época se colocaron los cuatro jarrones sobre los antiguos pedestales.

Los datos sobre la procedencia de la escultura son confusos. El propio Herrero Palacios contó que los Patos antes de ser trasladados al Paseo del Prado estuvieron en la Casa de Campo, dato que aparece hoy día en la web del Ayuntamiento. Pero según Luis Miguel Aparisi Laporta, gran especialista y estudioso de los parques de Madrid, ningún documento relaciona esta fuente con la Casa de Campo, y sí con el Retiro. Este conjunto escultórico, afirma, estuvo situado en un estanque en la plaza de Guatemala del Parque del Retiro, donde actualmente se encuentra el monumento al General Martínez Campos, obra de Mariano Benlliure. Dicho estanque recibía el nombre de Estanque de los Cisnes, ¿sería acaso el Estanque de los Patos?.

En lo único que parece estar todo el mundo de acuerdo es en que esta obra escultórica es muy antigua, podría ser de mediados del siglo XVIII.

En el proyecto del Plan Especial Recoletos-Prado esta fuente aparece como elemento protegido destinado a ser restaurado, igual que los antiguos pedestales de piedra que la acompañan y los clásicos bancos de piedra que jalonan el Paseo.

Pero es que la marea de monocorde y frío granito que invade el suelo de Madrid, tan del gusto del actual Consistorio -y de la mayoría de Arquitectos que ganan los concursos municipales últimamente por cierto-, que se llevó por delante zonas ajardinadas y antiguos bancos de piedra de la Plaza de la Independencia y Atocha, las fuentes de la Red de San Luis y Callao, asoló la plaza de Las Cortes…. está muy cerquita, ha llegado a las puertas del nuevo Ayuntamiento en Cibeles, y baja amenazante por la calle de Montalbán. ¿Estarán asustados los Patos?.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Ayuntamiento de Madrid.

Plan Especial Recoletos-Prado

M. Herrero Palacios. Madrid, sus jardines y parques. Revista Villa de Madrid, nº 5. Madrid 1959.

Conferencia “De la Puerta de Atocha a la de Recoletos” por L.M. Aparisi Laporta el día 7 de mayo de 2008 en la Casa de Guadalajara.

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JARDINES DEL PASEO DEL PRADO-RECOLETOS (III)

Retomamos los recorridos por los jardines históricos madrileños que perviven en algunas zonas de la ciudad. Ya tuvimos ocasión de pasear por algunos rincones de la Castellana, por el Paseo de Recoletos y nos adentramos en el Jardín del Palacio de Linares. Justo enfrente, en la otra esquina del Paseo con la calle de Alcalá, se encuentra el Palacio de Buenavista rodeado de un bello jardín de Interés Histórico-Artístico.

Situado entre las calles de Alcalá, Barquillo, Prim y el Paseo de Recoletos, parece una pequeña ciudad, con sus distintos edificios, calles y jardines.

La historia del lugar es muy antigua, allí vivieron ilustres personajes y sucedieron hechos notables durante siglos. Ya en el siglo XVI existía una casa-palacio en la colina conocida como Altillo de Buenavista, rodeada de huertas, a la salida del Camino de Alcalá. Eran las afueras de la Villa cuando Felipe II la eligió como capital, y el entonces propietario, el Cardenal Quiroga, se la cedió como casa de campo y lugar de descanso próximo al Alcázar.

Recordemos que en aquellos tiempos los límites de Madrid por el este se hallaban en la Puerta del Sol, una de las puertas de la Cerca que el propio Felipe II mandó levantar.

Los terrenos situados junto a la Casa, en el siglo XVII se convirtieron en la Huerta del Regidor Juan Fernández, entonces zona pública, de paseo y acaso devaneos, hasta el punto que Tirso de Molina escribió una obra titulada La Huerta de Juan Fernández, en gran parte escenario de la trama de esta comedia de enredo.

Altillo de Buenavista (Plano de Texeira 1656)

En 1769 don Fernando de Silva Álvarez de Toledo, Duque de Alba, adquirió estas casas llamadas de Buenavista y fue su nieta, la Duquesa de Alba, la famosa María Teresa Cayetana, quien inició la construcción de un gran palacio, junto a su esposo, José Álvarez de Toledo con quien antes de trasladarse aquí vivió en su Palacio de la calle de Don Pedro, que ya visitamos.

Pero del Palacio de Buenavista, actual sede del Cuartel General del Ejército, que posee maravillosos salones y obras de arte, quizá hablemos otro día, hoy recordemos la historia del jardín.

En época de José Bonaparte, se construyó la escalera que va desde el Palacio hasta la calle de Alcalá. La posesión, que había ido aumentando su extensión con las casas cercanas, estaba cercada por un muro.

J.Laurent. Ministerio de la Guerra. Antes de 1863 (memoriademadrid.es)

Posteriormente se creó un jardín geométrico, al estilo francés.

Fue después de 1870 cuando se construyeron edificios accesorios, se instaló la bonita verja de hierro y el jardín se transformó al estilo paisajista.

Plano del Gral I. de Ibero (h. 1875)

En 1882 fue noticia la instalación de luz eléctrica que por la noche embellecía la vista del palacio y del jardín.

La Ilustración Española y Americana 1882 (en http://www.bne.es)

Constaba de varios parterres de formas curvas organizados alrededor de la gran escalinata, que siguen existiendo. En el paseo central, mirando hacia la calle de Alcalá, se instaló una escultura dedicada al Valor.

En la terraza superior, a cada lado, una encantadora fuente de piedra.

Árboles de varias especies, castaños de indias, cedros, magnolios… rodeados de césped  y setos adornan el precioso jardín romántico. Leo que entre ellos hay dos árboles singulares, un Ginkgo o árbol de los cuarenta escudos, que mide más de 30 metros de altura, el más grande y más viejo de Madrid de esta especie procedente de China, con alrededor de 120 años de edad. El otro es una Casuarina, rara en Madrid, que con sus más de 20 metros es un ejemplar único.

Es bonito observar cómo, después de más de ciento cuarenta años, se conserva el trazado del jardín, por eso su valor no es únicamente histórico sino también artístico.

Altillo de Buenavista 2011 (Bing Maps)

Ahora por la calle de Alcalá circulan coches en lugar de carruajes.

18 de febrero 2011

Pero el antiguo Altillo de Buenavista ahí continúa, el palacio casi oculto tras los hermosos árboles.

El jardín normalmente está cerrado al público, únicamente se abre en ocasiones especiales (Noche en Blanco, Semana de la Arquitectura…), al menos de momento.

En los comienzos de este mes de febrero de 2011, el Alcalde de Madrid presentó el Proyecto Madrid Centro, en el cual se proponen una serie de intervenciones y planes para Madrid, de futuro incierto. Uno de ellos consiste en abrir al público estos jardines del palacio de Buenavista. Volver a abrir al público, como en el siglo XVII, ¿será posible?.

Nunca se sabe. Como dice un personaje en la obra de Tirso, en aquella Huerta de Juan Fernández, hoy Jardín del Palacio de Buenavista,

… que aunque es confusión Madrid,
tiene mucha claridad su cielo, …

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Alfonso De Carlos. El Palacio de Buenavista. Revista Villa de Madrid nº 52. Madrid 1976.
Rafael Moro. Árboles de Madrid. La Librería 2007.

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Otros artículos:

Paseo de la Castellana I.- Jardín del Museo de Ciencias Naturales.
Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo.
Paseo de la Castellana III.- El Jardín del Hotel Villa Magna.
Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.

Uno de los primeros artículos que escribí para este blog, hace ya bastante tiempo, fue el dedicado a la Sacristía de los Caballeros y el Patio de Moradillo, pertenecientes al conjunto de las Comendadoras de Santiago, que había tenido la suerte de conocer unos meses antes durante la Semana de la Arquitectura 2008. Actualmente hay una novedad interesante, existen visitas guiadas a la Sacristía, todos los primeros lunes de mes a cargo de los propios profesionales que han procedido a su exquisita restauración, por lo que me gustaría volver a este lugar, recomendarlo a quien no lo conozca, y recordar su historia.

El Convento de las Comendadoras y la Parroquia de Santiago el Mayor, situados en la plaza del mismo nombre, constituyen uno de los monumentos más importantes de Madrid, declarado Bien de Interés Cultural en 1970.

Ocupa toda la manzana, rodeada por las calles del Acuerdo, Montserrat, Amaniel, plazuela de las Comendadoras y calle de Quiñones. Su imagen y el ambiente que transmite por un momento te transporta al siglo XVII.

Fue fundado en 1584, aunque la escritura para las obras no se firmó hasta 1667, las cuales fueron encargadas a los arquitectos José del Olmo y su hermano Manuel. En 1650 el rey Felipe IV se hizo cargo del patronato de las Comendadoras y mandó traer monjas de Valladolid, pero murió antes de iniciarse la construcción del monasterio; fue su viuda Mariana de Austria la que por fin dió inicio a las obras. Eran grandes las dificultades económicas que sufría Madrid en esa época, se tardaron casi 30 años, no finalizando la construcción hasta 1697.

En un Madrid poco dado a conservar sus edificios más antiguos, hay que resaltar que es el único monasterio madrileño que se conserva íntegramente, sin que ninguna de sus dependencias haya sido demolida, aunque fue reformado por Sabatini en el siglo XVIII por orden de Carlos III.

En el ángulo noreste del convento se encuentra la Sacristía de los Caballeros, una joya auténtica, construida por Francisco Moradillo entre los años 1746 y 1753, durante el reinado de Fernando VI. Una joya inesperada, oculta, pues no se ve desde la calle, es imposible, carece de fachadas y está construída en el interior del conjunto.

Bellísima, de estilo barroco, era el lugar donde se preparaban para el nombramiento de Caballeros de la Orden de Santiago, ceremonia que luego tendría lugar en la Iglesia. Hace unos años, durante la exposición dedicada a la Colección Madrazo adquirida por la Comunidad de Madrid en 2006, instalada en algunas de las rehabilitadas salas y deambulatorios del convento, se podía vislumbrar, tras el cristal de la puerta cerrada, y con las luces apagadas.

Una magnífica restauración ha permitido recuperar el antiguo esplendor, perdido por el paso del tiempo y las varias reformas sufridas. Ahora ha recobrado su aspecto primero, sus colores originales, pavimento, toda su espectacularidad.

La entrada tiene lugar por la calle del Acuerdo, nada mas traspasarla, a la derecha se encuentra la puerta de acceso a la Sacristía que aparece deslumbrante ante nuestros ojos:

Detalles escultóricos y pictóricos adornan sus muros, hornacinas y la cúpula.

Al fondo, la figura del Apóstol Santiago, flanqueada por dos puertas, la de su izquierda nos lleva a una pequeña estancia con una lujosa pila de mármol en la que se lavaban estos nobles antes de de la ceremonia y de la misa.

El techo, con la cruz de Santiago, y la cúpula decorada con falsas ventanas al trampantojo, recurso pictórico muy utilizado en el Madrid barroco, como sabemos.

La otra puerta nos dirige a un patio delicioso.

El Convento de las Comendadoras de Santiago esconde, además del gran patio central, otros seis patios más pequeños, como se puede apreciar en el detallado plano de Ibáñez de Ibero realizado hacia 1875:

Uno de estos patios se encuentra junto a la Sacristía de los Caballeros -arriba a la derecha del plano-, y también se encontraba en muy mal estado. Es el hoy conocido como Patio de Moradillo.

Al igual que en la Sacristía, los trabajos de restauración han permitido recuperar las pinturas murales primitivas. El deteriorado estado en que se encontraba el pequeño patio se podía apreciar en los paneles explicativos de las distintas fases acometidas por los restauradores que nos mostraron durante aquella primera visita.

Antes

Después

En la decoración primitiva del patio se utilizaron los mismos colores que en el interior, como podemos observar en las fotografías. E igualmente se recurrió al trampantajo, veamos el delicado pañuelito imaginario tendido en una de las falsas ventanas.

La antigua fuente de piedra también ha sido recuperada.

La Iglesia de las Comendadoras permanece cerrada. Sí ha terminado, según se ha publicado recientemente, la restauración del lienzo del gran pintor barroco Lucas Jordán, el Santiago Apóstol en la Batalla de Clavijo, del siglo XVII, que se encuentra a salvo en una de las estancias próximas a la parroquia y volverá a su lugar, el Altar Mayor, una vez terminen las obras de consolidación estructural y restauración de la Iglesia, del Zaguán y las Torres del Convento.

Según estas noticias, podría ser la próxima primavera.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

 

La Ermita de la Virgen del Puerto es uno de los edificios más bonitos de Madrid, otro de mis lugares preferidos, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura castiza.

Todo comenzó en 1716, cuando por encargo del Municipio, Ribera proyectó y dirigió la creación del Paseo Nuevo –actual Paseo de la Virgen del Puerto-, todo un hito urbanístico en la evolución de Madrid, que fue realizado con fines funcionales (pavimentación, subsuelo, etc) pero también estéticos y paisajistas (jardines, fuentes). El objetivo era unir La Tela -terrenos actualmente ocupados por el parque de Atenas- con el Camino del Pardo y urbanizar la gran explanada existente entre el parque del Alcázar y el Río Manzanares.

El Marqués de Vadillo, Antonio de Salcedo y Aguirre, Alcalde de Madrid, con cargo a su propio bolsillo, le encomendó incluir en el proyecto la construcción de una ermita dedicada a la Virgen del Puerto, imagen de la que era muy devoto. La ermita fue una de las primeras obras realizadas por Pedro de Ribera, comenzada ese año, quizá la primera gran obra. Y el Alcalde debió quedar muy satisfecho pues Ribera se convirtió en su arquitecto favorito y llegó a nombrarle Maestro Mayor de Obras de Madrid y de sus Fuentes y Viajes de Agua.

El edificio presenta una imaginativa y deliciosa mezcla de elementos de la arquitectura del Madrid de los Austrias, como su sencilla portada y las dos torres con sus clásicos chapiteles de pizarra, y la arquitectura barroca del siglo XVIII, sobre todo en su interior.

El 8 de septiembre de 1718 se inauguró la iglesia y dos días después se celebró una romería llevando a la Virgen en procesión desde el Colegio Imperial en la calle de Toledo hasta el nuevo templo en la que participaron las autoridades tanto religiosas como municipales.

Desde entonces ha sufrido muchos avatares, destrozos y reformas. Declarada Monumento Bien de Interés Cultural en 1945, fue posteriormente reconstruida y restaurada siguiendo las pautas de Ribera. Y allí sigue, entre el Parque de Palacio o Campo del Moro, y el Río, como si fuera una casita de cuento madrileño.

Solo la he podido visitar una vez. Parecía cerrada, pero me acerqué a la puerta, la empujé levemente, y se abrió.

No había nadie ni en el jardín, ni en el interior. Tras la puerta, el zaguán rectangular, sin luz. En el muro a la izquierda, dos lápidas, una de ellas recuerda la construcción de la ermita a cargo del arquitecto Ribera en 1718.

Y a la derecha el escudo del Marqués de Vadillo.

La espléndida reja del siglo XVIII estaba cerrada, pero permitía ver parte del templo.

El diminuto recinto es precioso. De frente, la Virgen del Puerto en el retablo mayor, dándole el pecho al Niño. Se trata de una réplica de la original del siglo XVII; el retablo también es moderno, imitación del antiguo retablo barroco.

La planta es octogonal, centralizada, prolongada en cuatro de sus lados por medias elipses, la que acoge el retablo mayor frente a la de la entrada, y dos a ambos lados, con sendas capillas.

Este fin de semana se celebran en Madrid las Fiestas de la Arganzuela, las Fiestas de la Melonera, cuyo origen se remonta a la romería que nació para celebrar la festividad de la Virgen del Puerto tras la construcción de la ermita.

La Romería de la Virgen del Puerto se convirtió en Verbena, más conocida como de “La Melonera” por la cantidad de puestos de melones y de sandías que se instalaban alrededor de la ermita.

Las mocitas madrileñas que en la primera verbena de la temporada, la de San Antonio de la Florida, le habían pedido un novio al Santo, luego, en los comienzos de septiembre, le pedían a la Virgen del Puerto que su novio fuera un buen marido. Y para que todo se cumpliera, la tradición obligaba a comprar un rico melón o una buena sandía y compartirlo con él.

Rescatada en los años 80 del pasado siglo XX, la verbena se ha convertido en una fiesta popular, la última del verano madrileño, tras las famosas San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma. Conciertos, bailes, competiciones deportivas, juegos y actividades para los niños y para mayores, en la Arganzuela, herencia del fervor de un antiguo alcalde por la Virgen del Puerto, más conocida como La Melonera, el Marqués de Vadillo, y del arte de un gran arquitecto, Pedro de Ribera.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Más información y bibliografía en monumentamadrid.

Desde hace mucho tiempo, el hierro ha desempeñado un papel muy importante en la arquitectura y el urbanismo madrileños, tanto desde el punto de vista constructivo como decorativo. Su uso y las formas que ha adoptado a lo largo de los siglos nos enseñan mucho acerca de la historia de dicha arquitectura y de Madrid.

En el siglo XV la mejor rejería era la toledana, pero con el traslado de la Corte a Madrid en el siglo XVI, la forja madrileña cobró mucha importancia. La mayoría de los talleres se concentraron alrededor de la calle del Barquillo por lo que el barrio fue conocido como el barrio de los chisperos, debido a las chispas que se producían al golpear el hierro con el cincel y salían a la calle desde los talleres. El Barrio de la Chispería originó una escuela de la Forja madrileña que llegó a ser famosa en toda España. Modestas herrerías, hijas de la floreciente metalistería española del siglo XVI, que con el tiempo jugaron un importantísimo papel en la construcción de la arquitectura barroca madrileña de los siglos XVII y XVIII.

En el siglo XVII las balconadas madrileñas eran muy sencillas, de barrotes abalaustrados y torneados, sin ningún tipo de decoración. Era el Madrid de los Austrias.

Perviven ejemplos espléndidos en algunos de los edificios más emblemáticos de Madrid: la Casa de la Villa, la antigua Cárcel de Corte, hoy dependencias del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Plaza de la Provincia, y la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor.

También nuestras iglesias y conventos ofrecen muestras de la antigua rejería madrileña. La iglesia de San Pedro el Viejo conserva en su entrada primitiva, actualmente clausurada, una sencilla reja del siglo XVII entre dos columnas toscanas. Aunque la entrada actual al templo, de creación posterior y mucho más vistosa, tiene mayor valor artístico, creo que la vieja portada tiene el valor y el encanto que le da la Historia.

Este tipo de reja también se observa en las casas de vecindad más modestas, como la de la Corredera Baja de San Pablo cuyos orígenes se remontan al siglo XVII.

Los talleres del barrio del Barquillo eran talleres artesanales donde los chisperos realizaban todo tipo de trabajos, no únicamente balconadas, sino los clavos de las puertas y sus aldabones o llamadores, las cerraduras, rejas, barandillas, etc.

En el siglo XVIII el barrio del Barquillo continuó siendo el centro más importante de la forja, y sus artesanos, que eran verdaderos artistas, creaban obras cada vez más elaboradas.

La llegada de los Borbones produjo cambios en la rejería madrileña. Los balcones comenzaron a utilizar más elementos ornamentales, tomados tanto del estilo italiano como del francés. El ejemplo más notable son las balconadas del propio Palacio Real, gran obra creada en la Chispería.

En las viviendas también se notó el cambio. Tras los austeros balcones del XVII, la parte inferior de los barrotes o balaustres comenzó a adornarse con formas diversas, que conformaban el llamado redropie. Poco a poco, los redropies de los balcones fueron mucho más detallados en su decoración, con formas clásicas, circulares, volutas,…En parte esto fue motivado por las ordenanzas municipales, que pretendían evitar que cayeran tiestos u otros objetos a la calle, hecho que debía ocurrir con frecuencia.

Las rejas de los balcones madrileños pueden indicarnos en qué época fue construido el edificio. Por ejemplo, cuando en 2007 se acometió la rehabilitación del edificio donde se ubica la Librería Fuentetaja en la calle de San Bernardo, se desconocía la fecha de su construcción. Sus balcones, con los severos barrotes y redropie, nos dicen que probablemente fue construido en el siglo XVIII.

De los años 60 data la Casa-Palacio de don Domingo Trespalacios, en la plaza de Ramales, con sus preciosos balcones curvos de delicado dibujo en el redropie.

Otro ejemplo digno de mención son las casas conocidas como el Portal de Cofreros, viviendas situadas en el inicio de la calle de Toledo, reconstruidas por Juan de Villanueva a finales de siglo, tras el incendio de la Plaza Mayor en 1790, bajo los soportales que nacen en la plaza y que conservan toda su hermosa rejería.

Y llegamos al siglo XIX, los talleres de forja fueron desapareciendo y nacieron las fábricas. Será la época de esplendor de las Fundiciones, en las que, aunque ya no de forma artesanal, se realizaron maravillosas obras de arte muchas de las cuales aún podemos admirar.

Continuará…

Texto y fotografías : Mercedes Gómez


La entrada de hoy la firma Fernando, a quien ya conocemos por un artículo que nos envió hace algún tiempo, De Madrid al cielo. En esta ocasión nos recomienda un paseo precioso, por un lugar cercano a Madrid, pero quizá no demasiado conocido.

Espero que os guste.

Mercedes
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Don Alonso Manrique de Lara, Duque del Arco, ejerció diversos cometidos en la Corte de Felipe V lo que al parecer le permitió traspasar la relación de servidor a amigo. Además de cortesano el Duque fue político y ocupó numerosos cargos como virrey de Méjico y Alcaide de El Pardo.

Revisando el desarrollo de alguna de las grandes fincas, incluso Reales Sitios, se puede comprobar que abundan los casos en que el origen de los mismos es un palacio o palacete ajardinado, con carácter lúdico, que posteriormente se va ampliando con la instalación de extensas zonas de producción agrícola, ganadera y forestal.

Siguiendo esta tendencia el Duque del Arco adquirió una casa de labor llamada Quinta de Valderodrigo y encargó la ejecución de una residencia que se semejara al Palacio de la Zarzuela. Cuando el Duque falleció en 1745 su viuda donó la finca al rey Felipe V, quien la incorporó al Real Sitio de El Pardo.

Actualmente la Quinta pertenece a Patrimonio Nacional, y nos ofrece un hermoso y acogedor jardín de distintas alturas, cuidado con esmero, con bonitas fuentes, y gran cantidad de árboles y viñedos.

En días laborables que el lugar es frecuentado por poco público resulta un bello y tranquilo rincón que nos invita a pasar una jornada placentera inolvidable, con el inestimable aliciente de que para conocerlo no hace falta coger trenes, barcos o aviones, se puede llegar en unos minutos desde Madrid tomando sencillamente en Moncloa el autobús 601, que va a El Pardo.

Texto y fotografías por: Fernando Gómez

El edificio que acoge el Centro Cultural Conde Duque es uno de los más grandes de la capital, y también uno de los más antiguos. Aunque a veces se ha interpretado que debía su nombre al Conde Duque de Olivares, famoso valido de Felipe IV, en realidad se debe al conde de Lemos y III duque de Berwick y Liria, que vivió en el siglo XVIII, época de su construcción, y que se casó con una hija del duque de Alba, familia que era la propietaria de estos terrenos. De hecho, así se llamaba la plaza que existía junto al cuartel.

Plano de Chalmandrier, 1761.

2010 (Bing Maps)

Se trata de un singular ejemplo de arquitectura militar construido por orden de Felipe V para alojar su guardia personal.

El primer rey Borbón encargó construir el Cuartel de los Reales Guardias de Corps al entonces Corregidor del Ayuntamiento de Madrid, el Marqués de Vadillo, quien a su vez en 1717 encargó el proyecto a Pedro de Ribera, maestro de obras y alarife de la Villa. El rey ordenó que contribuyesen los lugares distanciados hasta diez leguas fuera de los contornos de la villa. Y que la contribución ciudadana se realizase sin distinción de clases, según la hacienda, bienes o rentas de cada cual.

Así, los madrileños tuvieron que costear la construcción del cuartel.

El edificio debería ser grandioso pues estaba destinado a albergar seiscientos guardias y cuatrocientos caballos. Siguiendo el modelo de la arquitectura militar francesa, significó una innovación en su momento. Concebido como gran fortaleza, su distribución geométrica alrededor de tres patios abiertos, así como la gran portada labrada en piedra, obra de Ribera, convierten al edificio en un monumento del último barroco madrileño.

La primera fase, en la que también intervino José Benito de Churriguera, se desarrolló entre 1717 y 1720, fecha que quedó grabada en un lateral de la monumental puerta de entrada.

La segunda fase transcurrió entre 1721 y 1736 y la capilla, situada en el patio central, no fue construida hasta 1754. Las obras duraron cerca de cuarenta años debido a los graves problemas económicos que sufría el Concejo madrileño.

Tras la desaparición del Cuerpo de Guardias de Corps, desde mediados del siglo XIX el edificio tuvo otros usos militares. En 1869 sufrió un grave incendio, que afectó a todas las cubiertas y a la parte superior de la Capilla.

Palomeque, 1930. (Museo de Historia)

Desde entonces su estado fue empeorando, y en los años 50 del siglo XX estuvo a punto de ser derribado. Pero, después de mucho tiempo de abandono, en 1969 fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, con la condición de que se destinara a fines culturales.

Fachada exterior (hacia 1960).

Planta Baja (hacia 1960)

En 1976 obtuvo la calificación de Monumento Nacional que la Academia de Bellas Artes había solicitado tres años antes, y a partir de este momento el Ayuntamiento comenzó a estudiar el futuro del edificio.

Se encargó a Julio Cano Lasso el proyecto de restauración y rehabilitación para instalar un gran centro cultural municipal que incluyera Biblioteca, Hemeroteca, Archivo de la Villa, y sede de eventos culturales. Dicho proyecto fue elaborado por este arquitecto en 1981.

Nuevamente las obras de acondicionamiento como centro cultural se demoraron varios años. En 1983 se abrieron al público las Salas temporales, y en 1992 la antigua Capilla fue rehabilitada y convertida en Auditorio.

Antigua Capilla, junio 2009

Desde el año 2001 allí se encuentra el Museo municipal de Arte Contemporáneo.

Ahora, gracias al Fondo Estatal para el Empleo del Plan E para 2010, las obras de rehabilitación continúan. Actualmente se encuentran en obras la fachada y el patio Sur.

Portada Pedro de Ribera. Febrero 2010.

Los muros cubiertos por falsos sillares pintados, poco fieles a la construcción primitiva, están siendo eliminados, dejando al descubierto los verdaderos ladrillos originales del viejo cuartel.

Interior. Patio central, febrero 2010.

Febrero 2010

También se ha construido una nueva planta en el ala que separa este patio de la plaza central.

Mayo 2005

Febrero 2010

Uno de los elementos que perviven de la construcción original, es una bonita puerta de piedra en el patio central.

Puerta en el patio central (hacia 1960)

Puerta en el patio central (febrero 2010)

Siempre me han gustado estos patios hoy solitarios y silenciosos, resulta difícil imaginar como sería la vida en el pasado, cuando los Guardias Reales habitaban el edificio y sus caballos ocupaban las enormes caballerizas bajo las arquerías de ladrillo de la primera planta o bebían en las fuentes instaladas en el centro de los dos patios menores.

Ahora el arte y la cultura llenan estos espacios. Hasta el 28 de marzo se puede visitar la exposición dedicada al grupo catalán Dau al Set, movimiento vanguardista en la España de los años 50. Es una muestra pequeña pero muy interesante con obras de Joan Ponç, Tharrats, Cuixart y Tapies, y la versión digital de todos los ejemplares de la mítica revista del grupo. Recomendable para todos los interesados en la historia del arte del siglo XX y las vanguardias.

También se puede visitar aún el Museo Municipal de Arte Contemporáneo, pero las obras se acercan a sus salas, que en un futuro próximo cerrarán “por lo menos durante un año”, según empleados del museo.

Es curioso, pero a partir de ese momento ya estarán cerrados los tres museos municipales. El Museo de Historia, desde hace varios años, y el de los Orígenes. Y pronto el de Arte Contemporáneo.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Matilde Verdú. “La obra municipal de Pedro de Ribera”. Ayuntamiento de Madrid 1988.
José Luis Ibarrondo. “El Cuartel de Reales Guardias de Corps“. Revista Villa de Madrid. nº 22-23. Madrid 1961.

Hay una pintura que me gusta mucho, se titula “Vista de la calle de Alcalá”, obra del pintor italiano Antonio Joli, quien la realizó en torno al año 1750.

Me gustó mucho la primera vez que la vi hace unos años, no sabía que existía hasta que la tuve de pronto ante mis ojos, en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la propia calle de Alcalá.

Fue una sorpresa. Ver, a la izquierda, la antigua Iglesia de San Hermenegildo, hoy de San José; enfrente, a la derecha, el desaparecido Convento de las Baronesas. Al fondo la Puerta de Alcalá, pero no la que conocemos hoy, construida para la llegada de Carlos III, sino la que había antes, situada un poco más abajo, aproximadamente a la altura de la calle de Alfonso XI. Los palacios, la vieja plaza de toros… un inesperado y mágico paseo por el Madrid del siglo XVIII.

Después supe que existen al menos dos Vistas de la calle de Alcalá pintadas por Antonio Joli, otra es propiedad de la Casa de Alba, y pudo verse en una exposición dedicada a Fernando VI y Bárbara de Braganza, un reinado bajo los signos de la paz, a finales de 2002 en la propia Academia de Bellas Artes. Las diferencias son mínimas, pero existen.

Vista de la calle de Alcalá

A. JOLI. Vista de la calle de Alcalá. Casa de Alba. 81 x 139. Catálogo exposición "Fernando VI y Bárbara de Braganza, un reinado bajo los signos de la paz"

La obra se puede contemplar en la primera planta del maravilloso museo. Fue adquirida en 1997 con cargo a la Herencia Guitarte y ayuda del Ministerio de Educación y Cultura, según explica el cartel junto a ella. Guitarte fue un coleccionista que donó obras a la Academia.

A. JOLI. Vista de la calle de Alcalá. Academia de Bellas Artes. (Foto hecha sin flash)

A. JOLI. Vista de la calle de Alcalá. Academia de Bellas Artes. 78 x 131. (Foto hecha sin flash)

El de Bellas Artes es uno de los mejores museos madrileños, con obras de los artistas más importantes de la historia del Arte (Zurbarán, Goya, Alonso Cano, Rubens, etc.), posee una colección de escultura moderna impresionante, y está ubicado en un edificio, antiguo palacio de Juan de Goyeneche, que solo él mismo ya merece una visita.

Sin embargo quizá sea uno de los menos conocidos, no suele haber colas ni aglomeraciones. Si os gusta el arte y nunca lo habéis visitado, os lo recomiendo, no os lo perdáis.

Mercedes

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Calle de Alcalá, 13
De martes a sábado no festivo, de 9:00 a 17:00 horas.
Domingos y festivos, de 9:00 a 14:30 horas.
Lunes cerrado.

El Museo Arqueológico Nacional, en la calle de Serrano nº 13, a espaldas de la Biblioteca Nacional, está cerrado por obras de remodelación integral. La Colección sufrirá también una completa reordenación, algunas piezas pasarán a otras instituciones y el Museo se llamará Museo Nacional de Arqueología, según publicó El País hace pocos días.

Mientras, se mantiene abierta una pequeña exposición con algunas de las obras más representativas, una pequeña selección de Tesoros del Museo Arqueológico Nacional. Piezas de la Prehistoria, del Antiguo Egipto, y obras de la importancia de la Dama de Elche, la escultura orante del rey don Pedro I y el sepulcro de doña Constanza.

Entre estos tesoros, la mayoría mucho más antiguos, vistosos y quizá valiosos, se encuentra un pequeño Centro de flores de porcelana.

La obra protegida por los cristales de una vitrina llama mi atención, es preciosa y muy delicada. Leo en el cartelito informativo que fue realizada en la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro entre los años 1760 y 1784.

centro flores

La ficha del museo indica que es obra de la Familia Bautista, mide 37 cm. de alto por 44 de largo. Cada flor, cada pétalo, cada hoja, fueron realizados a mano, uno a uno, luego cocidos y cuidadosamente barnizados.

No es la única pieza del Buen Retiro que se conserva en la Colección del Museo Arqueológico, pero quizá esta ha sido elegida para formar parte de esta selección de “tesoros” por su perfección y su belleza.

Además de las pertenecientes a las Colecciones Reales, el Museo de Historia y el Arqueológico Regional de Alcalá de Henares también poseen algunas porcelanas procedentes de esta Real Fábrica.

La Real Fábrica de Porcelana fue creada por Carlos III e instalada en los terrenos cercanos a los que aproximadamente hoy ocupa la estatua del Angel Caído en El Retiro, en la antigua ermita de San Antonio de los Portugueses, construida en el siglo XVII. La ermita, que había sufrido un gran incendio, fue transformada completamente en su interior para alojar la real factoría. Quizá fue elegido este edificio porque estaba rodeado de un gran foso y una sola zona de acceso que podía ser fácilmente vigilada. En aquellos tiempos la fórmula de la porcelana era secreta.

Ermita San Antonio de los Portugueses

Ermita San Antonio de los Portugueses

La conocida como Fábrica de La China, convertida en cuartel por los franceses en 1808, fue destruida por los ingleses durante la Guerra de la Independencia, dicen las malas lenguas que para evitar la competencia con su porcelana debido a la más alta calidad de la madrileña, considerada incluso mejor que la de Sévres.

Hasta 1996 en que tuvieron lugar unas excavaciones arqueológicas en la zona no se conocían muchos detalles sobre la Fábrica ni su emplazamiento exacto. Se encontraron restos de porcelanas y restos de la batalla por la toma del entonces Cuartel.

Plano

La Fábrica de la China en el plano del Conde de Floridablanca realizado para Carlos III (1785)

También fueron hallados restos del sistema hidráulico que proporcionaba agua a la fábrica, dos albercas y sus norias. Una de las norias y su alberca han sido reconstruidas y actualmente pueden contemplarse en los terrenos antaño conocidos como Huerto del Francés.

noria

Alberca

Alberca junto a la Noria

Existen 1.454 piezas de porcelana del Buen Retiro repartidas por el mundo, sobre todo en Gran Bretaña, EEUU y Francia, que pueden ser consideradas un “verdadero tesoro artístico madrileño”.

por Mercedes Gómez

Hace unos días MCarmen nos anunció en su estupendo blog Todo Madrid la edición madrileña del XVIII Festival Les Rencontres Internationales París/Berlín/Madrid, y el inicio de “diez días plenos de cine y arte de vanguardia en la capital. Con sedes en lugares como el Centro de Arte Reina Sofía, la Filmoteca Española o el antiguo Edificio de Tabacalera, …”.

Confieso que no soy entendida ni aficionada a esto de las video-instalaciones, pero hacía muchísimo tiempo que tenía ganas de conocer la antigua Fábrica de Tabacos cerrada durante casi diez años, y únicamente abierta en 2004 para una exposición, como ahora. Solo se puede acceder a una parte de la planta baja, pero pensé que merecería la pena.

01 puerta

La antigua Fábrica de Tabacos es un edificio singular, no solo por su arquitectura sino también por su historia. Situado entre las calles de Embajadores, Miguel Servet y Provisiones, con fachada a la Glorieta de Embajadores, ocupa una gran extensión de terreno, casi treinta mil metros cuadrados, y es el único superviviente de la arquitectura industrial neoclásica del Madrid de Carlos III.

Construido por Manuel de la Ballina entre los años 1781 y 1792, fue ampliado por primera vez a finales del siglo XIX, y nuevamente en los comienzos del XX. Su planta rectangular se distribuye en torno a tres patios.

Imagen 2

En un principio se construyó para albergar La Real Fábrica de Aguardientes, Rosolís y Naypes, (Rosolí, Aguardiente con canela, azúcar y otros ingredientes olorosos, según el diccionario de la RAE). Fue en tiempos de José Bonaparte cuando se convirtió en fábrica de cigarros y polvo de tabaco. Desde 1945 fue sede de la Tabacalera Española, hasta su cierre en 2000, en que pasó a pertenecer al Estado.

Los proyectos y conflictos para decidir el nuevo uso que tendrá este gran edificio se han sucedido desde que se cerrara la fábrica. El Ministerio de Justicia lo quiso para ocupar sus salas con juzgados, el Museo del Prado para ampliar sus dependencias, fue considerado sede perfecta de los Museos de Artes Decorativas y Reproducciones Artísticas… los vecinos reclamaron un “uso social”. Por fin se decidió emprender su rehabilitación para acoger el futuro Centro Nacional de las Artes Visuales, aunque el proyecto está padeciendo ciertas dificultades para la adjundicación del concurso.

Por uno de los patios, cubierto, y con suelo de cesped artificial, se accede a la exposición. La visita resulta sorprendente.

02 entrada patio

03 patio cubierto

A pesar de que en la calle hace mucho calor, en el interior hace frío, hay humedad, oscuridad, paredes desconchadas… que convierten el recinto en un lugar tan inhóspito como sugerente. Múltiples pantallas que muestran infinidad de imágenes mudas, son la única iluminación en los pasillos y estancias separadas por “cortinas” de plástico transparente.

sala expo

Al ver las puertas y ventanas de madera, el suelo adoquinado tan viejo, y los largos pasillos, intenté imaginar cómo sería la vida de las Cigarreras en el siglo XIX entre esas paredes, aquellas mujeres trabajadoras en épocas difíciles y adelantadas a su tiempo en muchos aspectos. Elegidas por su buen hacer, ganaban más que la media, incluso más que algunos hombres, por lo que fueron mujeres independientes y fuertes, seguras de sí mismas. Y tenían un sentido de grupo muy arraigado que las llevaba a defender las causas que ellas consideraban justas. Al principio eran unas ochocientas, pero llegaron a ser más de tres mil. En el propio edificio tenían una guardería organizada para poder dejar a sus hijos mientras trabajaban, y una escuela.

Diapositiva1

Aunque no había demasiado público no éramos los únicos visitantes. Fotografié a un espectador de uno de los muchos videos que se pueden contemplar en la exposición, que crean ese ambiente tan inquietante que se respira entre los muros de la antigua fábrica. Supongo que los organizadores han querido que así sea.

espectador

Pensé que era un tipo raro, ahí sentado, mirando esa pantalla. Pero la persona que me acompañaba me hizo ver que yo también era un poco rara, fotografiando a ese espectador solitario. Seguramente tiene razón, pero se me ocurre que él también lo es, por acompañarme a ver esta exposición tan extraña, y observarme a mí observando.

Pero, aunque todo sea tan raro, y no os guste el video-arte, como a mí, no os lo perdáis. A lo mejor tardan en volver a abrir el viejo edificio otros cuantos años más. Y probablemente cuando lo hagan ya tendrá otro aspecto.

por Mercedes Gómez
——
Exposición “Después del fin / Faux raccords”
La Tabacalera
Calle Embajadores, nº 53
Hasta el 16 de mayo
16 h – 20 h

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Bibliografía:

Fidel REVILLA y Rosalía RAMOS. La arquitectura industrial de Madrid. Ed. La Librería, Madrid 2008.

Dº El País 26 feb 1994; 4 agosto 2003.

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