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Visitamos la Quinta de Vista Alegre por primera vez hace ya más de trece años, en marzo de 2009. Entonces estaba catalogada como Jardín Histórico en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997. Un grupo de amigos considerábamos que debía ser catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) de la Comunidad de Madrid en la categoría de Conjunto Histórico. Conseguimos 439 firmas para la solicitud –hoy pueden parecer pocas–, una a una, firmas reales, no virtuales, en papel, con paciencia, en las que participaron nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo.

Además de la solicitud presentada en el Registro de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, aquí hicimos una breve descripción de la Quinta, sus edificios, jardines, protagonistas y su historia en general: La Quinta de Vista Alegre, ¿Bien de Interés Cultural?

Después explicamos porqué la Quinta debía ser declarada BIC como Conjunto Histórico.

Muchas personas y colectivos han continuado pidiendo la declaración de BIC, trabajando por ello. Por fin en 2018, aunque no en la categoría de Conjunto Histórico, la Comunidad concedió la declaración de BIC en categoría de Jardín Histórico. Fue una alegría. El año pasado, tras largas obras, los jardines fueron abiertos al público.

Hoy día es un placer leer en la entrada al recinto una placa que nos informa de que los jardines de los palacios de Vista Alegre fueron declarados Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico por Decreto 169/2018, de 11 de diciembre.

Después de mucho tiempo por fin hemos tenido ocasión de volver a visitarlos.

Acceso Jardines Vista Alegre: Puerta Real. Calle General Ricardos nº 179.

Si comparamos las fotos que pudimos hacer entonces con las que hemos podido hacer hace pocos días es fácil comprobar el buen estado de los jardines tras la restauración, entonces muy deteriorados, hoy bien cuidados y luciendo esplendorosos.

La hoy llamada Finca Vista Alegre en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM) fue una de las Quintas de Recreo más importantes, una Real Posesión creada en el siglo XIX por la regente María Cristina de Borbón.

Un plano nos indica los lugares de la Quinta que podemos visitar, numerados para su recorrido: la Estufa grande, el Baño de la reina, el Palacio viejo, la Galería, Casa de Bella Vista, Caballerizas, Jardín Plaza de las Estatuas, la Ría, Palacio Nuevo, Parterre, Cedro y Casa de Oficios.

El Palacio Viejo desde un cenador junto a la Ría

La Ría y su montaña artificial de rocalla han recuperado el agua.

Aunque gran parte de los elementos de los jardines existentes entre el Palacio Viejo y la Ría han desaparecido (embarcadero, fuentes, esculturas, puentes…), siguen siendo un precioso ejemplo de jardín romántico.

Junto al Palacio Viejo se construyó la Estufa Grande con un baño monumental, ahora rehabilitada de forma espectacular.

En su interior se encuentra el conocido como Baño de la reina o de Isabel II, que también ha sido restaurado.

Baño de la reina

El Palacio Nuevo o Palacio del marqués de Salamanca sigue a la espera de rehabilitación.

Palacio Nuevo o del marqués de Salamanca

Desde le entrada se puede ver su lujoso vestíbulo.

El palacio escondía verdaderos tesoros, como su Salón Árabe.

Las fuentes frente a palacio están siendo restauradas.

Todo esto es solo una pequeña muestra de lo que ofrece la visita, que puede realizarse los fines de semana, sábados, domingos y festivos.

Toda la información y más datos se pueden encontrar en la página de la Comunidad de Madrid, aquí.

Y en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), Declaración BIC Jardín Histórico, de fecha 14 diciembre 2018, nº 298, pág. 59.

Y por supuesto en los numerosos artículos que varias personas dedicamos en este blog a la historia de la Quinta, con la etiqueta de Vista Alegre.

Gracias a todos.

Por: Mercedes Gómez

Cuando hace ya más de un año y medio visitamos el Casino de la Reina, antiguo Sitio Real, hoy convertido en un bonito parque, una de las cosas que llamó nuestra atención fue una casita de ladrillo, muy modesta, pero encantadora, uno de los escasos elementos que nos recordaban el pasado del lugar. Desaparecidos los lujosos Caprichos, fuentes, grutas, ría y puentecillos, nos sorprendía esta sencilla construcción junto a la puerta principal.

marzo 2009

En aquella primavera de 2009 estaba tapiada, para protegerla, y marcada por los grafitis, hoy es un placer verla convertida en un acogedor quiosco a la antigua usanza, de gran tradición en Madrid, pero con moderno espíritu, donde podemos hacer un alto en el camino, descansar, conversar, y comer y beber cosas ricas, el Quiosco de la Reina.

Los promotores de este quiosco lo han recuperado y lo han convertido en un lugar muy agradable que os invito a visitar.

Además han querido dar a conocer la historia del lugar, utilizando en su web parte del artículo publicado en este blog, lo cual les agradezco.

Como lo normal es comprobar cómo este tipo de cosas desaparecen, me parece una buena noticia que esta pequeña casita junto al antiguo Portillo de Embajadores se haya convertido en un agradable quiosco con su terracita.

noviembre 2011

En este tiempo otoñal y durante el invierno solo abrirá los fines de semana, pero los madrileños sabremos aprovecharlo muy bien,

¿os apetece, nos tomamos algo?.

Por Mercedes Gómez

Hace ya más de un año y medio, era el día 23 de enero de 2010, recordábamos el Antes y el Después del Túnel de Villanueva. Todo había comenzado dos días antes, cuando Jesús, en su blog Pasión por Madrid, había sacado a la luz la lamentable situación del antiguo pasadizo creado en tiempos de José Bonaparte por el arquitecto Juan de Villanueva para comunicar el Palacio Real con la Casa de Campo, y nos contaba toda su historia.

Pudimos recordar cómo era la gruta antes de las obras de soterramiento de la M-30 gracias a la foto publicada por Carlos Osorio en su blog Caminando por Madrid.

(Foto: Angela Souto)

También evocamos tristemente cómo durante las obras desapareció la rocalla que adornaba la entrada a la Gruta.

Año 2005

Finalmente comprobamos el aspecto que ofrecía en los comienzos de 2010, denunciado por Jesús:

Foto: J.J. Guerra Esetena en Pasión por Madrid.

Por entonces, el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso para la realización de las obras denominadas “Conexión ciclista y peatonal del Jardín Histórico del Campo del Moro con los bienes culturales del entorno del Puente del Rey”. El proyecto incluía la “restauración del acceso peatonal subterráneo del siglo XIX denominado Túnel de Bonaparte”.

Las obras terminaron por fin. Se construyó la vía ciclista y peatonal, y actualmente lo que se puede contemplar son dos muros revestidos de granito.

Entre ambos muros, una puerta negra, cerrada con candado.

Sobre uno de ellos se ha colocado un placa recordando la existencia del túnel, que cumple 200 años.

Bajo el encabezamiento, Túnel de Bonaparte (1811-2011), se representa el plano que muestra el Palacio Real, el Campo del Moro y la Casa de Campo, y al final un texto nos explica que “el túnel, de estilo neoclásico, se excava en 1811 bajo la avenida de la Virgen del Puerto,…  en 1891 fue reformado por el arquitecto Enrique Repullés, según el estilo romántico de la época«. A esta reforma se debe la rocalla destruida, que pervive en el interior de los Jardines del Campo del Moro.

El texto municipal añade que “en 2011 se restablece el tránsito peatonal entre el Campo del Moro, el río Manzanares y la Casa de Campo gracias a las obras de rehabilitación del Puente del Rey y a la construcción de un Pabellón de acceso al túnel”. Imaginamos que tras la misteriosa puerta se encuentra dicho pabellón.

Caminando por la nueva vía, siguiendo el mismo camino que el histórico pasadizo, atravesamos el Puente del Rey, y llegamos a la Casa de Campo, al lugar donde se encontraba la lamentable e impunemente desmantelada Puerta del Río.

Antes de entrar en la Casa de Campo, volvemos la vista hacia el Palacio y nos preguntamos ¿se conserva la gruta construida por Juan de Villanueva hace dos siglos y reformada por Repullés?, ¿se ha restaurado?, ¿se podrá algún día acceder al Pabellón de acceso al túnel y visitarlo?…

Y nuevamente,

¿continuará?.

por Mercedes Gómez

La Historia de Madrid se esconde en el subsuelo. A veces es difícil descifrarla, pero siempre es bella, y emocionante. Hoy Pedro y yo queremos mostraros un lugar impensable. Puede parecer un sueño, pero el lugar existe, a casi treinta y cinco metros de profundidad.

Recordemos que en el Madrid más antiguo, abrupto y surcado por numerosos cursos de agua, uno de los arroyos más importantes era el Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo Matrice, que bajaba hacia el Río por un enorme Barranco, entre dos colinas, la de las Vistillas y la del Alcázar. El otro era el Arroyo de Leganitos, cuyas aguas corrían por el otro costado del cerro donde los musulmanes construyeron su castillo en el siglo IX.

Cuando Felipe II y su Corte llegaron a Madrid en 1561, a los pies de los Altos del Alcázar ya existía un puente que permitía cruzar el tortuoso barranco y el arroyo, junto a unas curiosas construcciones con arcos según el dibujo de Hoefnagel.

Vista de Madrid, detalle. (Hoefnagel, h. 1562)

El Rey fue adquiriendo terrenos alrededor del Alcázar, y acometiendo reformas con el fin de mejorarlos, acomodarlos a sus gustos y también que le aislaran y protegieran de miradas indiscretas. Al oeste, los terrenos que bajaban hasta el río eran antiguas huertas que Felipe II ordenó transformar en prado y bosque, convirtiéndose con el tiempo en el Parque de Palacio, hoy día conocido como Jardines del Campo del Moro, frente a la Casa de Campo.

El Arroyo nacía al norte de la Villa, en terrenos donde aún no existían casas, solo bosques, en los alrededores de la actual calle de Fuencarral, y bajaba hacia el oeste por la calle de los Reyes hasta lo que hoy es la Plaza de España, donde debido al aumento de población y de las edificaciones, en los comienzos del XVII junto a la Fuente se construyó el Puente de Leganitos.

Allí se abría el Barranco de Leganitos, por donde el arroyo transcurría junto al Camino del Río -actual Cuesta de San Vicente-, rodeado de huertas, hasta llegar al Parque de Palacio, actuando por ese lado como una frontera y protección natural del Alcázar.

Arroyo de Leganitos. Del puente de Leganitos al Puente del Parque. (Mancelli, 1623)

En ese punto era donde uno de los dos ramales del Arroyo del Arenal, procedente de la Plazuela de los Caños del Peral, se unía al de Leganitos. El Arroyo de Leganitos entraba en el Parque de Palacio, y desde allí se dirigía al Río. Es curioso comprobar que hoy día esa zona del Campo del Moro conserva el nombre de «bosquete del barranco».

Desconocemos en qué momento fue construido el Puente del Parque tal como se aprecia en el Plano de Texeira,  es posible que las sucesivas reformas y ampliaciones lo fueran transformando, como sucedía desde tiempos medievales con la mayoría de pontones, puentes y puentecillos que continuamente necesitaban ser reparados. Desde luego, en el siglo XVII, a juzgar por el dibujo del gran cartógrafo, debió ser muy importante. La zona continuaba libre de construcciones, pero pensemos que estamos en terrenos próximos al Alcázar, para uso por tanto del rey y su Corte.

Puente del Parque (Texeira, 1656)

El Puente del Parque, sobre el Arroyo de Leganitos y su afluente el Arroyo del Arenal, era una construcción complicada, con paredones, arcos, ojos… y dos brazos en cuya confluencia se encontraba el acceso a la Puerta del Parque, antecedente de la futura Puerta de San Vicente. Uno de los brazos del puente estaba situado sobre el Arroyo de Leganitos y cruzaba el Camino del Río, el otro se adentraba en el Parque sobre la unión de ambos arroyos.

En el siglo XVIII se llevó a cabo una gran obra urbanística y de ingeniería con el fin de suavizar el fuerte desnivel existente entre el Alcázar y el Río. Para ello se realizó un aporte de tierras allanando el terreno, creándose el Paseo de la Florida, la Cuesta de San Vicente y la calle Bailén. El arroyo y sus puentes desaparecieron.

En algún momento, el cauce de ambos arroyos fue entubado en galerías, convertidas en colectores, que actualmente continúan en uso.

Uno de esos colectores sigue el mismo camino que seguía el antiquísimo Arroyo de Leganitos hace siglos entre árboles y cultivos, ahora bajo los edificios, desde su nacimiento hasta el Manzanares.

La pendiente, bajo la tierra, como lo era en la superficie en el pasado, es muy acusada, y el agua baja a gran velocidad, como antes lo hiciera el Arroyo de Leganitos.

Caminando por el antiguo cauce, ahora entubado, por los mismos lugares que el agua recorriera en siglos pasados, llegamos a un espectacular tramo con ciento ochenta y cinco escalones.

Al acercarnos al punto en que se encuentran los antiguos cauces de los Arroyos de Leganitos y del Arenal, a la altura del lugar donde se encontraba el Puente del Parque, antes de que acaso desapareciera bajo la tierra, a más de treinta metros de profundidad, descubrimos una serie de arcadas construidas en ladrillo sobre pilares de piedra.

Veinticinco arcos perfectos van apareciendo ante nuestros ojos uno tras otro. Su estado de conservación es bastante bueno.

Tres metros de altura por tres de ancho, bajo una estructura muy poderosa, y antigua, muy antigua. Creemos que puede pertenecer al viejo Puente del Parque que aquí existió hasta hace alrededor de trescientos años.


Traspasados los veinticinco impresionantes arcos, llegamos al lugar en que el Arroyo del Arenal llegaba a término, el fin del primitivo cauce del otro arroyo que bordeaba el Alcázar. El mismo lugar donde los brazos del Puente dibujado por Texeira se unían.

El espacio es algo sobrecogedor. Impresiona su magnitud, imaginar la época en que los arcos pudieron ser construidos, hace mucho tiempo, sobre las aguas del torrencial Arroyo de Leganitos, y pensar que milagrosamente allí continúan, a salvo, en nuestro Museo Subterráneo Matricense. Un museo virtual, pero real.

por :  Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización y fotografías : Pedro Jareño

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ACTUALIZACIÓN 3 octubre 2012

Corregido error en la fecha del Plano de Antonio Mancelli, la fecha correcta es 1623.

 

Hace pocos días hemos visitado el Salón de Reinos del antiguo Palacio del Buen Retiro, pero hoy os propongo una nueva visita en busca de otros detalles interesantes relativos al propio edificio.

Fue en 1841 cuando se convirtió en sede del Museo de Artillería, luego Museo del Ejército, hoy trasladado a Toledo como sabemos.

Entre los años 1883 y 1884 fue reformado por el arquitecto Eugenio Jiménez Corera, y decorado de acuerdo a las modas del siglo XIX.

Estos días se puede observar cómo en algunos lugares bajo las maderas y elementos ornamentales aparece la piedra y el ladrillo, seguramente mostrados intencionadamente.

El exterior del Palacio del Buen Retiro era muy simple, construido con materiales sencillos, aún se aprecia en este Salón de Reinos, pero el interior estaba decorado con gran suntuosidad, pinturas, tapices, braseros y figuras de plata, mesas de jaspe, etc. para disfrute de sus reales inquilinos.

De aquel fastuoso palacio queda en pie este edificio, que nos preguntamos ¿cómo sería en tiempos de Felipe IV?. Nos encanta imaginar cómo sería en el siglo XVII, cómo sería la vida en este escenario de los Austrias… Aunque, si algún día por fin se acomete su restauración, ¿no sería deseable que no desaparecieran todas las huellas de la decoración que acogió el Museo hasta hace pocos años?.

Hacia la mitad del salón central o Salón Grande, en el lado sur, existe un pequeño salón decorado a la manera árabe, bajo la influencia del Alhambrismo, estilo que ya vimos a propósito del existente en el Palacio del Marqués de Salamanca en la Quinta de Vista Alegre, y que podemos recordar aquí. Rica ornamentación polícroma que recuerda la de la Alhambra de Granada y nos transporta a tiempos pasados.

No he encontrado datos acerca de esta pieza construida en estilo mudéjar, ni conozco la fecha de creación exacta. En la última sala de la exposición, dedicada a la evolución del propio edificio, en un panel del siglo XX aparece una fotografía de esta pieza con fecha de 1929, pero no indica que esa sea la fecha de creación… En fin, fuera construida a finales del siglo XIX o principios del XX, lo cierto es cuando la ví me recordó extraordinariamente los restos del Salón Árabe del Palacio Nuevo en Vista Alegre.

Al parecer, según me cuentan las amables señoritas que atienden a los visitantes, fue Salón de Fumar –como el Salón Árabe del Palacio Real de Aranjuez-. Está formado por una estancia central, a la que se accede desde el propio Salón de Reinos como decíamos, y dos laterales, más pequeñas, separadas por arcos.

Creo que se trata de otro ejemplo digno de ser incluido en la breve lista de salones árabes que perviven en Madrid y que merecen ser conservados.

por Mercedes Gómez

La semana pasada fue inaugurada una exposición en el edificio que hasta hace poco albergó el Museo del Ejército, en la calle de Méndez Núñez. Bajo el título de DOMUSae –inspirado en la expresión domus musae, que significa «la casa de las musas», o «donde habitan las musas»-.

Me enteré por un reportaje del diario ABC, que la calificaba de “autobombo” del Ministerio de Cultura. A pesar de todo, personalmente me resultó muy interesante el tema y el lugar, y ayer fui a visitarla.

La realidad es que muestra algunos edificios construidos o rehabilitados a lo largo de los últimos treinta años, como precisa la propia noticia, para albergar espacios culturales, Museos, Archivos o Bibliotecas,  y también hay que decir que la autora del texto aún no debía conocer la exposición pues se inauguraba esa tarde.

Sí que es cierto que desde que se cerró el edificio y tras alguna propuesta, no se ha llegado a tener claro su futuro. Recordemos que el proyecto de traslado del Museo del Ejército a Toledo nació hace más de catorce años, el camino hasta aquí ha sido largo y difícil.

A la espera de decidir su destino y comenzar su necesaria restauración, el Ministerio actual ha decidido dedicarlo a exposiciones temporales. Esta me parece recomendable en sí misma, pero lo que me resultó más sugerente es el lugar en que se desarrolla, y el montaje realizado.

Antes que Museo del Ejército este singular edificio fue Salón de Reinos, una de las más suntuosas estancias del antiguo Palacio del Buen Retiro, Real Sitio construido en la década de los años treinta del siglo XVII para el rey Felipe IV.

El Palacio del Buen Retiro en 1636-1637, atribuido al pintor Jusepe Leonardo. El Salón de Reinos, situado entre la Plaza Cuadrada y la Plaza Grande.

El Salon de Reinos era un largo espacio rectangular situado entre las dos grandes plazas del Palacio, decorado para gloria y disfrute de la Monarquía. Sus paredes fueron cubiertas por doce escenas de batallas, de grandes victorias, representadas por los mejores pintores, entre ellos Diego Velázquez, con su cuadro Las Lanzas o La Rendición de Breda. Además, junto a las puertas se colocaron los retratos de Felipe III y Margarita de Austria, Felipe IV e Isabel de Borbón, todos ellos realizados por Velázquez. Y finalmente, sobre las ventanas, varios cuadros representando a Hércules, obra de Zurbarán.

Junto con el Casón –antiguo Salón de Baile-, aunque este muy modificado en su exterior, constituyen los únicos restos del Palacio del Buen Retiro.

Se considera sus autores a Juan Bautista Crescenzi y Alonso Carbonell, Maestro Mayor del Real Sitio. Su aspecto exterior es típico del Madrid de los Austrias, con sus dos torres con chapiteles.

En 1884 fue reformado para Museo de Artillería.

La exposición comienza en la planta baja, con fotografías de los edificios antes de su rehabilitación, en un espacio a su vez necesitado de restauración.

Madrid está representado por la Antigua Fábrica de Tabacos, y el propio Salón de Reinos.

Subimos a la primera planta, donde en un primer espacio se exponen las maquetas y documentación existentes sobre los proyectos realizados.

Aquí hallamos las maquetas de la Ampliación del Museo del Prado y la Ampliación del Reina Sofía.

A continuación la estancia principal se ha convertido en una espectacular gran biblioteca blanca, que acoge bajo la bóveda del antiguo Salón de Reinos el material expresamente creado para la exposición, maquetas, libros, videos…

En el otro extremo de la planta, más documentación, planos, fotografías y maquetas.  Y finalmente, en la última sala, la historia visual del propio edificio, el Salón de Reinos, desde el siglo XVII hasta hoy.

Falta el último capítulo, saber cuál será por fin su destino en este siglo XXI.

por Mercedes Gómez

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DOMUSae. Espacios para la cultura
Salón de Reinos
Calle de Méndez Núñez
Madrid
Del 16 de diciembre al 16 de marzo de 2011, de 10:00 a 20:00


Uno de los jardines del Real Sitio del Buen Retiro creados para el rey Felipe IV, fue el Jardín Ochavado, que se encontraba entre el Palacio y el Estanque Grande.

El Jardín Ochavado en el plano de Texeira, 1656.

Era un Jardín formado por ocho paseos que se unían en una pequeña plaza central. Una estructura de madera adornada con enredaderas formaba ocho túneles de frondosa vegetación. Unos huecos o ventanas permitían contemplar los árboles y los espacios entre los paseos.

En la esquina noreste, al final de una de las calles, en el punto más alto, se formó una glorieta, también rodeada de madera, donde se instaló un Estanque Pequeño, el Estanque Ochavado, así llamado por su forma polilobulada. Ocho lados semicirculares que constituían el vaso del estanque en el que nadaban patos y otras aves acuáticas y alrededor del cual paseaban el rey, su familia y sus invitados.

En el centro de la fuente había un pequeño pabellón o templete chinesco al que se accedía a través de un puente o rampa, del que colgaban una serie de campanillas que sonaban con la ayuda del viento, por eso se le conoce también como Estanque de las Campanillas.

En el siglo XVII el jardín mostraba una gran pendiente natural, que en el siglo XVIII fue allanada para la formación del nuevo jardín al estilo francés, el Parterre, precioso jardín sin duda, pero muy distinto al jardín primitivo. Plano, geométrico y sin sombras. Aunque precisamente aquí perviven algunos árboles, como el famoso Ahuehuete, el más antiguo de Madrid.

Desde esta esquina noreste, donde se encuentra el Estanque de las Campanillas, se aprecia todo perfectamente. Al fondo, tras la calle de Alfonso XII, que entonces no existía, vemos uno de los escasos restos del Palacio, el Casón del Buen Retiro.

El Parterre, antiguos terrenos del Jardín Ochavado.

En el siglo XVII el paisaje desde este lugar era muy diferente, el Jardín Ochavado era un ejemplo perfecto de jardín barroco de la época de los Austrias en los que se combinaba la jardinería, el agua, la arquitectura, los juegos y la escenografía.

Creado para la diversión del rey, debía ser un lugar casi laberíntico y con recovecos, quizá el ruido de las campanillas servía para encontrar el camino de vuelta a Palacio, o para dirigirse al Estanque Grande a presenciar las naumaquias que solían representarse por entonces. O simplemente motivo de risas de los paseantes… solo podemos imaginar.

Pedro Texeira, en su plano realizado pocos años después que los propios jardines del Buen Retiro, detalla perfectamente los paseos de madera y los árboles entre ellos, así como la torrecilla en el centro del estanque de ocho lados y su puentecillo de acceso.

Estanque de las Campanillas, Texeira 1656.

También se conserva el grabado realizado por Louis Meunier nueve años después.

Louis Meunier. El estanque pequeño del Buen Retiro. 1665. (memoriademadrid.es)

Y otro grabado, obra de Berge, en el que se representa uno de los muros de madera.

Pierter van del Berge. El estanque pequeño del Retiro. 1701. (memoriademadrid.es)

A finales del siglo XIX aún existía el templete central, como podemos comprobar en esta encantadora fotografía.

(Fuente: Nicolas1056, de su galería de Flicker http://www.flickr.com/photos/nicolas1056/3996112404/)

En algún momento desapareció y fue instalada la rocalla que aún hoy día podemos contemplar.

Verano de 2005

El pasado mes de julio, durante un paseo dominical por el Retiro, descubrimos que el estanque estaba casi desmontado y toda la zona en obras. Aunque muy transformado, este estanque es uno de los pocos recuerdos del primitivo Real Sitio creado en el siglo XVII, de forma que merecía toda nuestra atención.

Julio 2010

Allí estaban, descolocados, los pilares que antes sujetaban la verja de hierro que rodeaba el estanque. También pudimos ver los mascarones de piedra que se conservan en cada ángulo de los ocho lóbulos. Y la puerta que antes llevaba al templete de las campanillas, que se conserva, aunque ahora no lleve a ninguna parte.

Al mes siguiente, El País publicó que el desmontaje se debía a que se estaban produciendo filtraciones de agua que debían solucionarse. Las obras debían notificarse y ser autorizadas por la Dirección General de Patrimonio Histórico, hecho que al parecer aún no se había producido.

Nuevamente Rafael Fraguas en el diario El País, el pasado martes día 28, publicó una buena noticia. Después de que la Comunidad exigiera al Ayuntamiento la realización de las obligadas catas arqueológicas debido a la categoría de Jardín Histórico que posee el Retiro, se han encontrado unos restos que podrían pertenecer al vaso de la fuente primitiva construida hacia 1630.

Según esta información, ha aparecido un muro, antes bajo tierra, de más de dos metros de altura por uno de anchura. El muro, “de esmerada fábrica, está compuesto por ladrillos cocidos de hasta dos palmos de longitud, grosor consistente y color anaranjado intenso, semejantes a los que se empleaban en las construcciones madrileñas en el arranque del Siglo de Oro”.

2 de octubre 2010

El lienzo hallado tiene una ligera curvatura que indica que podría pertenecer a uno de los ocho lóbulos de la taza ochavada.

El propio Ayuntamiento en su web de monumentamadrid dice que “sería interesante plantearse la recuperación o restitución de la imagen del conjunto original, sobre la base de la suficiente documentación conservada”.

Nos sumamos a la sugerencia de la web municipal. Y en estos momentos con más motivo, no se trata únicamente de documentación. Si se recupera parte de dicho conjunto, más que interesante, sería precioso poder disfrutar nuevamente del antiguo Estanque de las Campanillas y escuchar su mágico sonido, como hace siglos hiciera Felipe IV y su Corte en el Real Sitio, hoy convertido en el Parque de Madrid.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

El pasado viernes 9 de julio el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid publicó la resolución, por parte de la Dirección General de Patrimonio Histórico, de incoación del expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, a favor del Frontón Beti-Jai, único ejemplo de este tipo de edificios que pervive en Madrid.

Fue una buenísima noticia, por la que debemos felicitar y dar las gracias a los amigos de la «Plataforma Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid» pues llevan mucho tiempo trabajando para lograrlo. Como ellos mismos dicen, esto “supone uno de los mayores pasos hasta el momento que permitan poder recuperar el Beti-Jai”. Todos los detalles los podéis leer en su blog.

Y ayer, jueves 15 de julio, se publicó otra aún mejor: La Casa de Campo ha sido declarada Bien de Interés Cultural, en la categoría de Sitio Histórico.

Hace poco más de un año hablábamos aquí de Las Grutas de Felipe II, una de las joyas que esconde la Casa de Campo, y de la situación del Real Sitio como Bien de Interés Cultural.

Como decíamos entonces, la historia de la Casa de Campo como BIC era compleja y llena de vericuetos legales. La protección que había conseguido en 1999 en la categoría de Jardín Histórico fue anulada por una sentencia del Supremo en 2007.

El pasado año se procedió a la incoación de expediente para la Declaración de BIC, en la categoría de Sitio Histórico. Como en el caso del Beti-Jai, era el primer paso de un nuevo proceso, que esperábamos culminara con la concesión de la categoría. Un año después, la Comunidad de Madrid ha resuelto el expediente, otorgando la máxima protección a la Casa de Campo, por su valor medio ambiental, arqueológico, histórico y artístico.

La Casa de Campo fue el primer Sitio Real, el Real Bosque de la Casa de Campo, y hoy día es un parque inigualable, lleno de tesoros. Merece nuestra protección y nuestro cuidado. Estamos de enhorabuena.

por Mercedes Gómez

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Más información en :

Madrid Ciudadanía y Patrimonio

Los Viajes de Agua del Buen Retiro, el Alto y Bajo Retiro, fueron construidos en 1631, en tiempos de Felipe IV, además de para el abastecimiento, para el riego del Real Sitio que se comenzaba a edificar en las afueras de la Villa.

Nacían en el término de Chamartín. El Viaje del Alto Retiro atravesaba la Guindalera, el camino de Hortaleza y la calle de Alcalá, donde se encontraba la primera arca de distribución, de donde partían las aguas que surtían las Fuentes del Retiro. Tenía una longitud de 15 kilómetros.

El Viaje del Bajo Retiro atravesaba los caminos de Chamartín y Hortaleza. El arca de medida estaba situada en el inicio de la actual calle de López de Hoyos cerca del Paseo de la Castellana, siguiendo después por lo que es hoy la calle de Serrano hasta el arca de distribución, a la entrada del Retiro. Tenía una longitud de 4 kilómetros.

En el Palacio del Buen Retiro existían norias que eran utilizadas para elevar el agua, surtir a las numerosas fuentes y poder ser utilizadas en el riego de los jardines. En los años 90 del pasado siglo XX, durante unas excavaciones arqueológicas, fueron hallados restos de Porcelanas de la Antigua Fábrica creada en tiempos de Carlos III, y vestigios de un sistema hidráulico. Las construcciones más antiguas halladas fueron una noria y su estanque que ya estaban en uso a mediados del siglo XVII y que servían para el riego de los huertos cercanos.

Del Viaje del Bajo Retiro se conservan restos de una galería cuyo pozo de bajada, sin pates, se encuentra a la altura del número 74 de la Calle de Claudio Coello.

Aún pervive la antigua verja de hierro de la entrada.

Como muchos de los tramos de las antiguas galerías de conducción, este fue reutilizado para instalar canalizaciones de servicios.

La galería tiene aproximadamente 1,60 metros de altura, parece menor que otras visitadas, y debido a la existencia de los anclajes para la instalación de las canalizaciones y cableados, el camino resulta algo difícil para Pedro y sus compañeros.

La galería está revestida de ladrillo, como todos los tramos de otros viajes que hemos visitado hasta el momento. A lo largo del recorrido llegamos a una zona en la que se observan arcos en ambos muros.

Un compañero de Pedro observa el muro bajo los arcos y nos cuenta que se trata de tosco.

Los antiguos constructores de las minas de captación de agua hablaban de dos tipos de terreno, los arenosos o «de miga» y los «toscos», más arcillosos y casi impermeables.

Llegamos a un punto donde la galería se encuentra condenada y de donde sale otra galería más moderna con un pozo de acceso.

Texto : Mercedes Gómez

Según información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

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Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.

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Más bibliografía:

J. Llorca Aquesolo y J.L. Monte Sáez. El antiguo sistema de abastecimiento de agua de Madrid y su influencia en la vía pública, construcciones en servicio y nueva construcción. Revista de Obras Públicas. 1984

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La Quinta de Vista Alegre, situada en el barrio de Puerta Bonita del Distrito de Carabanchel, con entrada principal en la calle General Ricardos nº 177-179, constituye un Bien del Patrimonio Cultural madrileño de indudable valor histórico y artístico…

Así comenzaba la primera entrada publicada en este blog sobre la Quinta de Vista Alegre, en la que explicábamos la historia de este antiguo Sitio Real, su situación actual y la solicitud por parte de un grupo numeroso de personas de su declaración como Bien de Interés Cultural.

Dentro de pocos días se cumplirá un año desde que enviamos nuestra primera solicitud de incoación de expediente para la declaración de la Quinta de Vista Alegre como BIC.

En vista del tiempo transcurrido sin haber obtenido ninguna respuesta, decidimos enviar una nueva carta a la Dirección General de Patrimonio Histórico recordando nuestros dos envíos, el primero con 320 firmas y el segundo con 119, y solicitar información sobre el estado de nuestra petición.

Entregamos la carta en el Registro el pasado viernes 5 de marzo, y el lunes 8 recibimos una llamada telefónica de la Subdirectora de Protección y Conservación, quien muy amablemente nos puso al corriente de la situación.

Nos recuerda la complejidad de la Quinta de Vista Alegre debido a sus distintos dueños, consejerías que intervienen y múltiples usos de sus edificios, y que en cualquier caso se trataría de un proceso muy lento, pero comenta que la Comunidad de Madrid es favorable a la protección de la Quinta y a su catalogación como BIC.

En un principio el Plan Especial redactado por el Ayuntamiento no estaba del todo acorde con el planteamiento de protección de la Quinta por parte de la Comunidad. Últimamente ambas partes están manteniendo reuniones muy frecuentes, y “se están acercando las posturas”.

En definitiva, confía en que se “llegue a buen puerto”.

Esperamos tener mejores y más concretas noticias en un futuro cercano.

A las firmas presentadas hay que sumar el apoyo mostrado por algunos de vosotros aqui, a través de los comentarios.

Muchas gracias a todos,

Mercedes

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