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Hasta el próximo 20 de julio podremos visitar en la Casa de América en Madrid una exposición singular. Una Colección de fotografías que guarda el Museo Sorolla realizadas por Carleton Watkins en los años 60 del siglo XIX en el valle Yosemite en los Estados Unidos, Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla.

La exposición tiene muchos alicientes que descubrimos gracias a su comisario, Mario Fernández, en una enriquecedora visita guiada a la que he tenido la suerte y el placer de asistir. Es la primera vez que estas fotografías se exponen al público; esconden una historia maravillosa, la de sus protagonistas y la amistad entre ellos; y finalmente, además de mostrar una gran belleza son un documento extraordinario.

Yosemite. Watkins (1863-1866) (Foto Casa de América)

La historia comienza en 1828 cuando en Nueva York nació Carleton Watkins. El joven apenas con 20 años se unió a un grupo de emprendedores entre los que se encontraba Collis P. Huntington, unos siete años mayor.

Collis P. Huntington llegó a ser unos de los hombres más ricos y poderosos de Estados Unidos. De origen modesto llegó a reunir una gran fortuna. Fue uno de los cuatro magnates, The Big Four, que iniciaron la expansión de los ferrocarriles americanos.

A mediados de siglo Watkins ya era un experto fotógrafo con negocio propio. Pero en 1861 salió de las cuatro paredes del estudio para recorrer el Valle de Yosemite en California y crear las más bellas y artísticas panorámicas de este lugar. A lo largo de varios años volvió muchas veces y realizó cerca de seiscientas tomas.

Yosemite. Watkins (1863-1866) (Foto Casa de América)

Debemos recordar la dificultad que suponía la realización de fotografías en aquellos comienzos (largos tiempos de exposición, pesada carga de los equipos, etc.) para comprender lo que debió suponer la creación de estas imágenes tan hermosas y un tanto mágicas.

La enorme cámara o Mamouth con grandes placas de vidrio que utilizó Watkins por una parte le permitió la realización de estas obras de arte en una época en la que las ampliaciones fotográficas no eran comunes, por otra parte debió complicar mucho todo el proceso. El equipo pesaba casi una tonelada que debían transportar entre montañas y subir por terrenos abruptos.

Las grandes fotografías, con tanto detalle, casi pictóricas, le dieron gran fama como artista y en 1862 expuso su obra en la galería de arte Goupil de Nueva York.

Las dificultades comenzaron cuando el fotógrafo sufrió pérdida de visión y llegaron los problemas económicos. Su amigo Collis le ayudó siempre, sin embargo el artista cuando murió en 1916 carecía de recursos. El fotógrafo debió regalar los álbumes a su protector y amigo Huntington.

Joaquín Sorolla viajó por primera vez a Nueva York en enero de 1909. Al mes siguiente iba a exponer sus pinturas en la Hispanic Society of America, así que por primera vez se encontró personalmente con su fundador, Archer M. Huntington, hijo de Collis.

Por su parte también llegaron a ser grandes amigos, y el fruto de esa amistad podemos comprobarlo estos días –además de en esta muestra de Casa América que refleja los intereses artísticos de ambos­– en el Museo del Prado, en la exposición Tesoros de la Hispanic Society of America. Uno de esos tesoros es la colección de retratos que el pintor realizó de otros artistas, escritores, etc. para Huntington, ahora expuestos en el Prado.

Sorolla y Huntington hijo igualmente compartieron el amor por las fotografías, que intercambiaron durante muchos años, colecciones que hoy se conservan en la Hispanic Society y en el Museo Sorolla.

Ese mismo año 1909, en diciembre, Huntington envió a Sorolla 77 fotografías, entre ellas 32 de Carleton Watkins.

Sorolla le respondió, admirado por esas imágenes del paisaje americano, ¡hay que pintar América! Sin duda Sorolla, que desde sus inicios como artista conoció las técnicas fotográficas, a las que siempre fue aficionado, quedó admirado al contemplarlas.

La ciudad desde el número uno de la Calle Rincon Hill. San Francisco. Watkins, Carleton E. 1863-1866 (Foto Casa de América)

Se considera que las que guarda el Museo Sorolla pertenecen a las primeras tomas por lo que podrían fecharse entre 1863-66.

Gracias a la relación de Sorolla con Huntington podemos hoy contemplar estas imágenes de uno de los maestros de la historia de la fotografía americana, Carleton Watkins.

Es una colección única, desconocida incluso para los expertos en este fotógrafo pues no figura en su Catálogo razonado, que desde mañana 28 de abril podemos admirar en la galería Torres García de la Casa de América.

Por Mercedes Gómez

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Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla.
Casa de América
Paseo de Recoletos, 2
Del 28 de abril al 20 de julio del 2017.
De lunes a viernes de 11.00 a 19.30. Sábados de 11.00 a 15.00.
Domingos y festivos cerrado.

José Cano Martínez, descendiente de un constructor de carros, en los comienzos del siglo XX era proveedor de lienzos y bastidores para pintura; la madera era el material que mejor conocía.

José Cano

José Cano (Cano 1907, marcos de museo)

Joaquín Sorolla era pintor y le gustaba elegir y a veces diseñar los marcos para sus obras.

A lo largo de su vida Sorolla tuvo relación con varios talleres en Sevilla y en Madrid. Quizá en búsqueda de alguien que conociera bien el oficio y diera forma a sus proyectos, entró en contacto con Cano con quien inició una fructífera colaboración.

Animado y apoyado por Sorolla, en 1907 Cano fundó en Madrid el Taller artesanal Cano. Entre otras cosas, juntos diseñaron un modelo de estilo clasicista con estrías que se puede ver en la Casa-Museo Sorolla.

J. Sorolla (La hora del baño).

J. Sorolla (La hora del baño).

Además, cuenta Fabiola Almarza en Los marcos tallados del Museo Sorolla, José también suministraba a Joaquín otros marcos sencillos sin ningún tipo de talla y otro modelo basado en el barroco sevillano.

Tras la muerte de José Cano en 1922 –Sorolla murió al año siguiente–, a lo largo de tres generaciones su familia continuó el trabajo artesanal, tallando la madera y aplicando los mismos cincelados, bruñidos, policromías… que antaño.

En la actualidad, en la calle Moreto nº 13 esquina Alberto Bosch, casi frente al Museo del Prado, se encuentra la tienda-museo Cano 1907, que alberga una parte de la Colección, formada por más de ochocientos modelos de los que aquí se exponen unos cien.

XVII y XVIII

Su función es delimitar y resaltar las obras pero los marcos también reflejan la historia de la Pintura; las técnicas de enmarcación tienen su propio lugar en la historia del Arte. Esta visión historicista es la que aplica el Taller Cano para crear el marco más apropiado para cada cuadro.

Aquí podemos contemplar ejemplos de los diferentes estilos artísticos, desde los primeros marcos exentos medievales. Las exquisitas tallas románicas con sus dorados al agua con pan de oro; los tabernáculos góticos, arquitecturas perfectas con arquitos, pilastras y columnillas.

XIII

En el siglo XVI las grandes influencias fueron italiana y flamenca, sin embargo en el XVII, durante el reinado de los últimos Austrias, igual que en la pintura o la literatura, el marco de Estilo Español vivió un siglo de oro.

Destacados museos, algunos palacios como el de Liria, y dueños de importantes colecciones pictóricas son clientes de esta casa. Numerosas obras expuestas en el Museo del Prado han sido enmarcadas por Cano, una de ellas es la gran pintura de Velázquez, La Familia de Felipe IV o Las Meninas, enmarcada en ébano rizado. Una muestra se puede ver sobre una mesita en el centro de la estancia.

XVII meninas

En el siglo XVIII con los Borbones llegó la influencia francesa, bajo la cual los marcos tanto de cuadros como de los espejos que adornaban los palacios reales adquirieron un gran barroquismo. Durante el reinado de Carlos III se introdujo en España la moldura italiana. Finalmente, la Corte de Carlos IV adoptó el neoclasicismo.

En el siglo XIX predominó un mayor eclecticismo, conviviendo los marcos más complicados de estilo isabelino con otros más sencillos. El marco, como la pintura, a lo largo de los siglos también ha reflejado la situación social de nuestro país. Ya no eran solo los nobles los clientes de este tipo de artesanía, la clase burguesa comenzó a decorar sus viviendas con pinturas y retratos.

XIX

En fin, igual que otras artes decorativas artesanales, las enmarcaciones de madera tallada y ornamentada reflejan la evolución de los estilos artísticos y de la sociedad, y son en sí mismas bellas obras de arte.

En el valioso y singular Museo Cano 1907 descubrimos no solo la importancia de la enmarcación, sino la complejidad del oficio, desde el boceto previo hasta la pátina final.

durero

Saber cómo se consigue el dorado al agua, el bruñido con piedra de ágata… la cantidad de sustancias y útiles necesarios para conseguir el acabado deseado, la dificultad del ensamblado de las piezas…

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Muchas gracias a Isabel Cantos-Figuerola y Paz Jusdado que de 11.00 de la mañana a 19.30 de la tarde atienden el local y con gran amabilidad y entusiasmo nos explican la historia del taller y muestran el pequeño museo ayudándonos a conocer un mundo nuevo y fascinante, el arte de la enmarcación.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Cano 1907. Marcos de Museo
María Pía Timón. El marco español en la historia del arte. Madrid 1998.
F. Almarza. Los marcos tallados del Museo Sorolla. Pieza del mes. Septiembre 2012.
R. Fraguas. De paseo por las esquinas del Arte. El País 20 agosto 2013.

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