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Hace pocos días hablábamos de los vestigios de un viaje de agua hallados en la calle Fuencarral, unas galerías que, según la propia Comunidad de Madrid en un principio, podrían corresponder a una construcción del siglo XVII. A propósito de esta noticia, escribí que podría tratarse de vestigios del Viaje de Agua de la Alcubilla. Y es que, como comentaba, se sabe que uno de sus ramales bajaba por allí. En este barrio se han encontrado varios restos importantes (galerías, norias…) en diferentes obras en la zona.

A través del diario ABC y de TVE, el pasado día 30 de agosto la Dirección de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid confirmó que se trata de un importante y hermoso tramo de un viaje de agua y pudimos ver imágenes del interior de la galería.

Aunque ya conocemos la historia básicamente, creo que el gran hallazgo merece una breve actualización del post.

Leemos en el ABC que “los técnicos de la Dirección General de Patrimonio han concluido que se trata de un viaje de agua del siglo XVII, procedente de los de Fuente Castellana y La Alcubilla”.

Recordemos que el Viaje de la Alcubilla y el Viaje de Contreras, a su llegada a Madrid, se unían al de la Fuente Castellana que se comenzó a construir en 1612 y finalizó en 1619, aunque las reparaciones y obras de mejoras fueron numerosas a lo largo de todo el siglo XVII, como en todos los viajes. Ya en el interior de la villa el Viaje de la Castellana se extendía en un complicado entramado de galerías.

Según las mencionadas noticias, este tramo, de unos 180 metros, fue construido en 1632.

Como vimos, también se sabe que en ese punto, a la altura de las calles de San Mateo y San Joaquín, hubo un arca de repartición del agua, el “arca que está debaxo de tierra en calle alta de Fuencarral, frente de la de San Mateo”, como describió Aznar de Polanco.

Felizmente, también se han encontrado restos de esta construcción.

Restos del arca de distribución o de repartición que se encuentra en el viaje de agua de Fuencarral (Foto: Guillermo Navarro. ABC)

El arqueólogo, Manuel Silvestre, explica que el hallazgo, muy bien conservado, tiene una gran valor arqueológico.

Galería del viaje de agua (Foto: Guillermo Navarro. ABC)

Las fotos de Guillermo Navarro son una maravilla que nos permiten conocer un nuevo tramo de una galería de conducción que trasladaba el agua desde el norte de Madrid a las casas próximas a este lugar, desde el siglo XVII hasta mediado el siglo XIX. Y conocer un poco mejor cómo eran los viajes de agua, patrimonio singular madrileño.

Por : Mercedes Gómez

 

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La semana pasada supimos por las noticias de Telemadrid que se habían paralizado unas obras en la calle Fuencarral al encontrase unas galerías que podrían tener valor histórico.

El día 8 las autoridades de la Comunidad de Madrid notificaron que estaban estudiando los hallazgos y confirmaron que parte de los restos podrían ser galerías del siglo XVII.

Noticia Telemadrid 8 agosto 2018

Después varios diarios han publicado la noticia con las explicaciones de la Comunidad. Lo más importante de la nota de prensa es que se confirmaba que una parte de los restos serían una construcción original del siglo XVII, a la espera del informe arqueológico solicitado por la Dirección de Patrimonio.

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Podría tratarse de vestigios del Viaje de Agua de la Alcubilla.

El antiquísimo viaje de la Alcubilla, recordemos, se comenzó a construir en 1399. Nacía en la Dehesa de Chamartín en el valle de la Alcubilla, a 18 metros de profundidad, y llegaba a Madrid a través de una serie de pozos.

Por el Camino de Fuencarral, hoy Bravo Murillo, llegaba hasta la actual Glorieta de Cuatro Caminos, donde se dividía en dos ramales, uno por la calle de Santa Engracia hasta la plaza de Santa Bárbara, donde comenzaba la distribución de las aguas. El otro se dirigía a la glorieta de Quevedo, donde a su vez se dividía en dos ramales, uno bajaba por San Bernardo y otro por Fuencarral, en dirección a la ciudad.

Calle de Fuencarral

Por aquí, en el cruce con las calles de San Mateo y San Joaquín, se sabe que discurría el viaje y que en el siglo XVIII se encontraba un arca de distribución del agua.

Lo poco que he podido ver hoy desde la acera en las obras que ocupan la vía es la sección de una bonita galería.

Y en su entrada, debajo, adivinar otra galería o arco, perpendicular, en la dirección de la calle Fuencarral, típico de los viajes de agua.

Entre otras cosas, el vicepresidente y portavoz del gobierno de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollán, ha dicho en las declaraciones publicadas que no existe ninguna calle en Madrid en la que no aparezcan elementos históricos en los trabajos que ejecutan el Canal de Isabel II, Metro o compañías de servicios.

Qué drástico. Si es así, nos gustaría tener más noticias. Y comprendemos que no todo se puede convertir en un museo y mostrar al público indefinidamente, pero sería deseable una mayor información, más transparencia, y de vez en cuando, conservar, explicar y mostrar, no solo documentar para uso interno y tapar.

Los Viajes de Agua de Madrid forman parte de un patrimonio histórico único.

Por Mercedes Gómez

Origen de los viajes de agua madrileños

Como hemos visto en artículos anteriores, el emir Mohamed I fundó Mayrit hacia el año 865 en un lugar privilegiado, rodeado de agua y de defensas naturales, el arroyo de Leganitos (actual Cuesta de San Vicente), el arroyo de las Fuentes de San Pedro (calle de Segovia) y el río hoy llamado Manzanares.

El cerro de las Vistillas desde el cerro de Palacio separados por la calle Segovia, antiguo arroyo de San Pedro.

Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada, primero con un objetivo meramente militar, y construyeron la primera muralla. Con el tiempo los mayritíes desarrollaron una rica vida cultural y científica, como demuestran, además de las fuentes escritas, los objetos de su vida cotidiana encontrados en diversas excavaciones.

Así, en este primer Madrid, el primitivo Mayrit de los siglos IX al XI, abundaba el agua. Además de los mencionados, otros arroyos surcaban sus terrenos. Y las aguas subterráneas eran captadas mediante pozos y norias.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro, plaza de San Andrés junto a la plaza de los Carros) (Museo Arqueológico Regional)

En lo que se refiere a los viajes de agua parece que hay acuerdo entre los historiadores e investigadores en cuanto al hecho de que fueron los musulmanes los que los trajeron a la Península Ibérica. Aunque hablando de Madrid, admitido el origen islámico de la técnica de los viajes, no tenemos pruebas documentales ni arqueológicas –al menos de forma unánime– definitivas.

En realidad no se sabe cuándo se construyó el primer viaje, en qué momento llegó a ser necesario. Se cree que la primera galería subterránea pudo ser la que discurría bajo la actual calle de Segovia, camino por el que bajaba el antiguo arroyo de las Fuentes de San Pedro desde Puerta Cerrada hacia el río. Esa galería existía en la Edad Media y ha sido identificada, primero por Jaime Oliver Asín, luego por otros autores, entre ellos Manuel Montero Vallejo, como la que se cita en el Fuero de 1202, en su Rúbrica LXXXII, pero no hay certeza sobre la fecha de su construcción.

“Quien lavara tripas desde la alcantarilla de San Pedro hacia arriba pague una ochava de maravedí a los fiadores.”

Algunas galerías que se conservan bajo la calle de Segovia son construcciones muy antiguas, alguna de ellas sin servicio en la actualidad. Aún su investigación podría deparar muchas sorpresas.

 

Plaza de los Carros

En 1983 durante las obras de remodelación de la plaza de los Carros se realizaron una serie de excavaciones arqueológicas en las que uno de los hallazgos más notables fue lo que se consideró un viaje de agua de época islámica.

Manuel Retuerce, uno de los prestigiosos arqueólogos participantes, explicó que solo se pudo estudiar un tramo de unos diez metros, que describió con todo detalle: el viaje es de sección rectangular, con andén lateral, piedras en su fondo sin cubierta aparente, o sea, a cielo abierto, y pequeñas presillas de piedra de trecho en trecho. La excavación permitió saber que la topografía original del terreno era la de un barranco con pendiente hacia el sur. Fue utilizado para verter escombros y, siempre según Retuerce, en la misma época islámica se abrió el viaje. En los escombros se halló material cerámico musulmán.

(Foto funci.org)

Retuerce y los demás arqueólogos directores de la excavación, Carmen Priego y Luis Caballero, opinan que se trata de un viaje de agua de época omeya, único en Madrid y en la Península. La datación se basó sobre todo en la cerámica hallada en su interior, decorada con la técnica “verde y manganeso”.

Actualmente no todos los autores están de acuerdo. Fernando Valdés aduce que la cerámica podría pertenecer a un amplio espacio de tiempo, desde la segunda mitad del siglo X hasta el siglo XII, lo cual, según él, no asegura que corresponda a la época musulmana.

Plaza de los Carros

Los restos se conservan bajo la plaza y son accesibles a través de una trampilla. El hallazgo arqueológico no volvió a ser rellenado por lo que se podría visitar, como dijo Manuel Retuerce, si las autoridades municipales así se lo propusieran.

 

Visita a las estructuras subterráneas de la Plaza de los Carros por la Fundación de Cultura Islámica

Hace pocos días, casualmente, durante una visita guiada por la Fundación de Cultura Islámica en el Parque del Emir Mohamed I junto a la muralla árabe, conocí la buena noticia.

Antes de continuar debo decir que tenía mucho interés en esa visita, desde que la pasada primavera visitamos la exposición El Jardín andalusí. Almunias, vergeles y patios en el Huerto del Retiro. La Fundación en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid está trabajando en la creación de un jardín de inspiración andalusí, con la plantación de muchas de las especies botánicas cultivadas en la España musulmana del siglo VIII al XVI. Cada árbol y cada planta se explican gracias a los letreros que se han instalado junto a ellos. Es un proyecto muy bonito, merece la pena conocerlo.

Como decía, durante el paseo supimos que el pasado 25 de octubre algunos miembros del Centro de Estudios de Madrid Islámico (CEMI), de la Fundación, acompañados precisamente por el arqueólogo Manuel Retuerce, realizaron una inspección ocular de las estructuras patrimoniales andalusíes ocultas bajo la madrileña plaza de los Carros: un qanat, o canalización de agua, y una cueva excavada en la roca.

(Foto funci.org)

La visita fue posible, nos cuentan, gracias a la Dirección General del Agua y Zonas Verdes del Ayuntamiento, que ha autorizado y acompañado al CEMI en esta pequeña aventura.

(Foto funci.org)

Junto a algunas fotos la web de la Fundación nos muestra un video:

La buena noticia, además de haber sacado a la luz este tema tan importante en nuestra historia y nuestro patrimonio, olvidado durante años, es que la intención del CEMI es proponer un proyecto de recuperación y valorización de estos restos arqueológicos para disfrute de madrileños y visitantes.

Ojalá este proyecto se convierta en una realidad. Es una oportunidad única. De valorar y recuperar unos restos importantes, y también de explicarlos.

Aparte teorías, opiniones –no siempre aclarando en qué se basan–, dataciones más o menos exactas, etc. hay algunos hechos indiscutibles. La zona en la que se encuentra, la colina de las Vistillas o de San Andrés, fue el arrabal más antiguo del Madrid islámico. Nadie puede poner en duda que estos terrenos fueron habitados desde tiempos muy remotos, incluida la época de la fundación de Mayrit.

La conclusión del CEMI, de acuerdo con Manuel Retuerce, es que originalmente parece que se trata de una estructura hidráulica que discurría a cielo abierto y que pudo tener relación con el mencionado arroyo de las Fuentes de San Pedro, que nacía en la plaza de Puerta Cerrada. Su datación la sitúan entre los siglos IX y XI.

En la web de la Fundación de Cultura Islámica podéis ver todo el magnífico trabajo que realizan, proyectos, visitas guiadas, etc.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

CABALLERO ZOREDA, Luis. “Madrid medieval y moderno. Excavaciones en la plaza de los Carros”. Revista de Arqueología, año V, nº 34, pp. 54-65.

RETUERCE VELASCO, Manuel. “Testimonios materiales del Madrid andalusí” en Testimonio del Madrid. Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004, pág. 103.

VALDÉS, Fernando. “El Madrid islámico. Notas para una discusión arqueológica”, en Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña. Ed. Polifemo, Madrid 1992, pp. 158-159.

 

El pasado mes de octubre de 2014 tuvimos ocasión de visitar por primera vez la Quinta de Torre Arias y conocer un poco su historia y la de la condesa doña Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno. Este año, el pasado mes de marzo, con motivo de las Jornadas que celebra todos los años La Casa Encendida sobre Viejos jardines, nuevos parques hemos podido volver a visitarla y comprobar los cambios tras un gran trabajo de limpieza, inicio de recuperación. Entre las buenas noticias que nos dieron estaba la de que no se iba a derribar ninguna construcción antigua, lo cual sí estaba previsto en el proyecto del anterior Consistorio. Pocos días después esta decisión fue reforzada por la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) que anuló de forma definitiva el Plan Especial de Protección y Ordenación de la finca de Torre Arias, aprobado por el Ayuntamiento de Madrid el 30 de julio de 2014 y que contemplaba la demolición de varios inmuebles incluidos en la finca.

Otro día tal vez hablaremos de estas construcciones, de gran interés. Hoy hablaremos del Agua.

boca de riego

En ambas visitas hemos podido comprobar la gran importancia del agua para el mantenimiento de la Quinta, sus jardines, arbolado y campo de labor a lo largo de los siglos. Hay fuentes de todo tipo, de las que fueron ornamentales, como la que subsiste a duras penas frente al palacio, o muy rudimentarias, con la única función de proporcionar el agua necesaria.

Casita junto a la entrada Quinta Torre Arias

Casita junto a la entrada de la Quinta

 

fuente entrada

Dos Viajes de Agua surtían fuentes de todo tipo. De adorno, como la del cenador junto al palacio…

fuente cenador

… o rústicas, como alguna situada junto a los edificios destinados a los animales.

fuente piedra

Grandes o pequeñas, de piedra o de hierro.

fuente hierro

En esta segunda ocasión fue una alegría y una delicia observar y escuchar el agua que ha vuelto a fluir por algunas de las canalizaciones antes secas.

Año 2014

Otcubre 2014

 

Marzo 2016

Marzo 2016

La revista de agricultura y jardinería El Campo nº 20 de 16 septiembre de 1877 hablaba de la Quinta entonces propiedad del marqués de Bedmar. El autor se refería a las norias, los pozos artesianos, cauces y acequias, un lavadero provisto de calderas alguna de ellas de vapor… y hablaba de las dos fuentes, la de la Isabela y la de la Minaya que derraman sus ricas y abundantes aguas y con ellas se riegan la huerta y los jardines.

arroyuelo

En nuestro segundo paseo pudimos ver ambas fuentes, surtidas por los dos Viajes de Agua de la Quinta, el de la Isabela y el de la Minaya. Y otros elementos importantes en la vida de Torre Arias.

En la zona de las Caballerizas una gran alberca y el Baño de los caballos.

caballeriza

La espléndida noria conservada…

noria

Recordemos que el arroyo, el Arroyo de la Quinta que la cruzaba de oeste a este, en cierto modo separaba la ciudad de la zona del palacio.

Cauce, a un lado la fuente de la Minaya, al otro la alberca.

Cauce, a un lado la fuente de la Minaya, al otro la alberca.

El puente de la Alcantarilla, al este. Etc.

Los dos Viajes de Agua que discurrían por su subsuelo surtían la Quinta de Torre Arias.

El Viaje de la Isabela actualmente no tiene agua.

Fuente de La Isabela

Fuente de La Isabela

 

fuente isabela2

Fuente de la Isabela (detalle)

Sí el Viaje de la Minaya.

Fuente de La Minaya

Fuente de La Minaya

Por sus preciosas galerías aún fluye el agua.

galeria minaya

 

Por : Mercedes Gómez

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NOTA:

La casualidad ha querido que mientras preparaba este breve artículo llegara la grata información por parte del Instituto de Estudios Madrileños de la próxima celebración de un nuevo Ciclo de conferencias sobre las Quintas de Recreo madrileñas en la sede de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno. Como os anunciaba el sábado pasado, el ciclo comienza hoy con Un recorrido por las quintas de recreo de la aristocracia en la Comunidad de Madrid, a cargo de Miguel Lasso de la Vega.

La segunda, por José Ramón Salgado, el próximo día 26 tratará sobre La evolución histórica de la Quinta de Torre Arias.

 

 

Además de los Viajes de Agua principales -Alcubilla, Abroñigal Alto, Bajo y Castellana-, que nacían al norte de la ciudad cercada y tras atravesar las Puertas de entrada llegaban hasta el centro mediante una intrincada red de galerías, existieron otros que surtían las fuentes y regaban las huertas de las afueras de la Villa. En el este, el Viaje de la Fuente del Berro. En el suroeste, en la salida de Madrid hacia Toledo, se construyeron dos Viajes, el de la Fuente de San Isidro y el de San Dámaso o Butarque.

Del Viaje de San Dámaso no tenemos datos precisos acerca de la fecha de su construcción, aunque algunas fuentes dicen que su origen se remonta al año 1407.

Nacía en el Cerro Negro, en Carabanchel Bajo, y discurría paralelo al Arroyo de San Dámaso o de Caño Roto. La mina tenía unos 2,5 kilómetros de longitud.

Al contrario que los demás Viajes de Agua de los que hemos hablado aquí, de los cuales se conservan tramos que ojalá algún día puedan ser restaurados y visitados, el Viaje de San Dámaso ha desaparecido. Aunque no completamente.

Es asombroso comprobar cómo, a pesar de que no podamos descifrarlo todo, el subsuelo refleja los cambios que se fueron produciendo en la zona a lo largo de los años.

El curso del antiguo arroyo, junto al cual fluía el Viaje, permanece enterrado, hoy día convertido en un colector del alcantarillado de Madrid, bajo la calle del Arroyo de Valdecelada.

Mediado el siglo XIX, en el lugar, al amparo del agua, abundaban los tejares y existía alguna fábrica de curtidos. A principios del XX, entre el cementerio de Santa María y la carretera de Carabanchel (hoy General Ricardos), se formaron algunas calles y surgieron construcciones.

La calle de los Comuneros de Castilla, Comandante Cirujeda (hoy de los Tejares), la desaparecida Perico el Gordo, que mereció una calle con su nombre por ser el propietario de varias casas…

… y la calle del Arroyo Seco… que no hemos podido localizar en los planos o callejeros, pero sí comprobar cómo pervive su recuerdo bajo tierra.

En algún momento, la inscripción manual dio paso a un letrero municipal.

El barrio, antes de que se levantaran las edificaciones actuales, estaba ocupado por chabolas, tal vez una de sus callejuelas recibiera ese nombre. El tramo de galería, que probablemente actuaba como alcantarillado, hoy día está condenado.

El Arroyo y el Viaje llegaban a las huertas de San Dámaso, a la salida del Puente de Toledo, donde nacía la Carretera de Toledo (hoy calle de Antonio Leyva).

El día 24 de agosto de 2006, durante las obras de construcción del subterráneo que comunica el túnel de la M‐30 con la carretera de Toledo apareció una galería de captación que posiblemente pertenezca al Viaje de San Dámaso.

La pena es que los muros de pantalla del túnel cerraron el acceso y la mina se perderá en el tiempo.

La mina de San Dámaso, que discurre por una zona arcillosa denominada arcilla de Peñuela, no está revestida en ninguno de los tramos que pudimos recorrer. Es una auténtica galería en lomo de caballo, tallada a mano.

Como se puede apreciar en las fotos realizadas en 2006, la galería seguía captando agua.

Algún día podría dar la cara por medio de filtraciones en el túnel.

Si así ocurriera, recordaremos que allí sigue escondido el Viaje de Agua de San Dámaso.

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Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización : Pedro Jareño

 

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Fuentes:
Aparisi Laporta, L.M. Toponimia Madrileña. Ayuntamiento de Madrid. 2001.
Mª Teresa Solesio de la Presa. “Los Viajes de Agua madrileños”. En: “Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña.” Ed. Polifemo. Madrid 1992.
VVAA. Los Viajes de Agua. Revista Obras Públicas. Nov. 1999.


Reseña Histórica

La tradición cuenta que San Isidro hizo brotar milagrosamente una fuente al golpear el suelo mientras araba. Sobre ese lugar en 1528 se levantó una ermita dedicada al santo por mandato de la emperatriz doña Isabel, después de que el príncipe don Felipe hubiera recobrado la salud al beber agua de la fuente. Más tarde, en 1811 don Baltasar de Zúñiga marqués de Valero construyó la ermita actual sobre el ábside del Cementerio Sacramental de San Isidro.

En 1407 siendo Rey Juan II de Castilla, cuarto de la dinastía de los Trastámara, se construyó un Viaje de Agua que llegaba hasta la Fuente del Puente de Toledo después de regar las huertas de San Dámaso, según consta en los documentos.

A finales del siglo XVI en visita realizada a la ermita por los Jueces Apostólicos que instruían la causa de Isidro, el labrador madrileño, se dice lo siguiente:

En la ermita hay una ventana junto al suelo que fue abierta y se vio que de ella salía agua que corre encima de una fuente existente en el suelo y que es la Fuente de la cual testifican los testigos de la información que con sus aguas fueron sanados y sanan de diversas enfermedades.

Construido el Cementerio de San Isidro, el reglamento para la distribución de aguas, publicado en 1872, señala que los jardines de éste se riegan con el agua de dicho manantial que se extrae y eleva con una máquina situada frente a la Ermita del Santo Patrón.

Hoy día el agua de la Fuente procede del manantial, mejorada por la depuradora que instaló el Ayuntamiento de Madrid detrás de la Ermita.

Interior del Cementerio de San Isidro

Dentro del cementerio nos ha sido fácil encontrar varios pozos que posiblemente pertenezcan al viaje de agua. Algunos de estos pozos se están utilizando para recoger las aguas pluviales de la zona, las bocas de hombre son muy estrechas, son pozos de piedra muy antiguos, y la bajada es por medio de mechinales, o huecos en los hastiales del pozo.

Ya que el acceso al Viaje por el cementerio era difícil, hemos buscado por el alcantarillado de los alrededores.

Existe un pozo cercano que recoge un absorbedero, bajando por este pozo caminamos por una gatera unos 30 metros (sección 1,00 m x 0,50 m), dirección interior del Cementerio de San Justo. Recorrida esta distancia nos encontramos con un pozo oculto en muy malas condiciones, agrietado y con peligro de derrumbe. Dentro de este pozo y a tres metros de altura salen dos galerías pertenecientes al Viaje de Agua de San Isidro.

Una trae un pequeño hilo de agua perteneciente a las lluvias, la otra está totalmente seca. Las dos tienen la misma sección mencionada anteriormente (1,00 m x 0,50 m).

Pozo de acceso a las galerías del viaje.

Pozo oculto fisurado con acceso a las galerías del Viaje:

Desde el culatón del pozo oculto vemos las Galerías:

Allí, en las galerías del interior del cementerio, vistas desde el pozo oculto, se detecta falta de oxígeno en su recorrido.

Recorrido del Viaje de Agua

Siempre por galería, el viaje discurría por la calle de la Ermita del Santo, antigua calle Urraca, posteriormente Carrera de San Isidro.

Regaba las huertas de San Dámaso y seguía su recorrido por el Paseo de San Illán, antiguo Camino Bajo de San Isidro.

Bordeando la actual avenida del Manzanares pasaba cercano por los lavaderos del Puente de Toledo hasta llegar a la fuente del mismo nombre situada en la actual Plaza del Marqués de Vadillo.

Recorrido del viaje de agua situado en el plano del Madrid de 1866

Posiblemente el viaje tuviera un recorrido paralelo por la calle Quince de Mayo (antiguo Camino Alto de San Isidro).

Galería condenada por las obras del soterramiento de la M-30

El viaje continuaba por la calle Emperatriz Isabel hasta llegar a la Fuente de Toledo.

Debido a las obras de soterramiento de la M-30, a la altura del Puente de Toledo en septiembre del 2005 se descubrieron los antiguos lavaderos y algunos tramos del viaje de agua que con la mejora de la zona desaparecieron.

Actualmente del Viaje de la Fuente de San Isidro solo se conservan en buen estado las galerías interiores del cementerio, todo lo demás, por edificaciones, remodelaciones y porque no hay nadie que se preocupe de ello, está desapareciendo poco a poco.

Situación de los lavaderos encontrados en las obras en 2005

En el siguiente plano indicamos la situación de las fotos que a continuación muestran los restos de Lavaderos y galerías del Viaje de Agua hallados durante las obras de soterramiento de la M-30 en 2005.

Situación de las fotos mostradas a continuación.

Foto 1. Inicio obras año 2005.

Aparecen los Lavaderos y un tramo del Viaje Fuente de San Isidro.

Foto 2.

Foto 3.

Cartel indicativo del viaje:

Foto 4.

En la foto nº 5 asoma una galería del Viaje de Agua:

Foto 5.

La nº 6 nos muestra cómo durante los trabajos arqueológicos se descubrió el Lavadero:

Foto 6.

Foto 7. Restos hallados del Lavadero

Foto 8. Puente de Toledo 2005.

Foto 9. Año 2007.

Foto 10

Estado actual del zona:

Foto 11.

Finalmente, este es el aspecto actual de la zona del antiguo Camino Bajo de San Isidro:

Foto 12.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

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Cuando hace ya algún tiempo visitamos el antiguo Viaje de Agua de la Fuente Castellana, recordábamos que se comenzó a construir en 1612 y finalizó en 1619.

Según Aznar de Polanco “nacía en un pozo empedrado, tapado con un remate de piedra” que estaba en lo alto de la Casa de Maudes, y de allí partían dos minas cortas, una a la derecha hacia Chamartín, y otra a la izquierda hacia el Camino de Fuencarral. El ramal principal nacía en Chamartín de la Rosa, a 10 metros de profundidad, seguía por el antiguo Camino de Maudes hasta el valle de la Guindalera y los Altos del Hipódromo -donde actualmente se encuentra el Museo de Ciencias Naturales- para dirigirse a la Puerta de Santa Bárbara -hoy glorieta de Alonso Martínez-, lugar en el que estaba situada el arca principal.

A la altura de la actual Glorieta de Bilbao, se unían a él los Viajes de Contreras y de la Alcubilla. Una vez en el interior de la ciudad, las galerías se multiplicaban y la red era muy compleja, se extendía por la calle de Hortaleza, San Mateo, Fernando VI, Fuencarral…

Hace poco más de un mes hablábamos de un nuevo hallazgo arqueológico en la calle de Mejía Lequerica. En un principio se habló de que se trataba de un muro del siglo XVIII o quizá de una estructura hidráulica conectada al Viaje de la Castellana.

Agosto 2011

Hace unos días El País publicó nuevas noticias.

Historiadores y arqueólogos al parecer continúan sin estar de acuerdo respecto a la naturaleza de los restos. Unos, aunque admiten que se trata de una construcción de tipo hidráulico, creen que pertenece a un cuartel construido en el siglo XVIII. Los otros piensan que podría pertenecer a uno de los Viajes de Agua.

Septiembre 2011

Según la Dirección General de Patrimonio Histórico la pieza va a ser desmontada para ser posteriormente musealizada, “no en el mismo lugar, sino en otro cercano”. Afirman que su intención es exhibir una parte del acueducto al aire libre, cerca del lugar de origen, la calle de Mejía Lequerica, “para no alejarlo de su lugar natural y para el disfrute de la ciudadanía.”

Pero parece que los ciudadanos como mucho vamos a disfrutar de un trocito, una séptima parte, y no en su lugar natural. El resto será destruido.

La espléndida arcada será seccionada con hilo de diamante y, después de ser numeradas las piezas que hayan quedado a salvo, se trasladarán a un almacén municipal donde permanecerán hasta su musealización.

La operación ya ha comenzado, la mayor parte ya ha sido demolida con excavadoras, y los arcos conservados -deberían ser tres, según la Comunidad de Madrid-, han comenzado a ser cortados.

Nosotros pensamos que se trata de los vestigios de un tramo perteneciente al Viaje de Agua de la Fuente Castellana, del siglo XVII.

Bajo las calles del barrio se encontraban las numerosas minas o galerías y las arcas de reparto. Eran los terrenos próximos a la Cerca que rodeaba Madrid en tiempos del rey Felipe IV, desde donde los Viajes comenzaban su camino al interior de la Villa y distribuían el agua a los vecinos.

La noticia del País revela también que, además de la ya varias veces aquí mencionada noria hallada en el sótano del Museo Municipal, muy cerca han sido localizadas otras dos, una en la calle de San Mateo con Mejía Lequerica, y otra bajo la calle de Barceló.

El subsuelo madrileño aún esconde muchas sorpresas, como estos posibles restos del Viaje de la Castellana.

Ojalá la solución encontrada por los responsables de nuestro Patrimonio hubiera sido más generosa con sus arcos de ladrillo centenarios y tan perfectos. Y ojalá los hubiéramos podido contemplar de cerca, completos, y no solo una pequeña parte, como nosotros hoy a través de una valla de obra, antes de que desaparezcan del todo para volver, no sabemos cuándo, cómo, ni donde, ni siquiera sabemos si volverán.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

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La calle de Mejía Lequerica nace en la calle de Hortaleza, junto al antiguo Camino de Santa Bárbara, y llega hasta la de Sagasta, antigua ronda por donde hasta el año 1868 discurría la Cerca que rodeaba Madrid desde tiempos del rey Felipe IV.

En 1941 se le asignó el nombre de un médico y escritor, José Mejía Lequerica, nacido en Quito (Ecuador) en 1777, diputado de las Cortes de Cádiz, y fallecido en esa ciudad en 1813. Anteriormente fue la calle de la Florida, y aún antes, en el siglo XVII, era la calle de la Flores.

Calle de las Flores (Texeira, 1656)

Es una calle corta pero con historia y edificios notables. En el nº 1 se encuentra la famosa Casa de los Lagartos, de comienzos del siglo XX. En los números 2 y 4, los Palacios del Conde de Villagonzalo y del Marqués de Ustáriz, recuerdos de otras épocas. Este último es uno de los pocos ejemplos de palacios del siglo XVIII que perviven en Madrid.

En el nº 8 se encuentra el edificio construido en 1913 por José María Mendoza Ussía para acoger la sede de la Papelera Española. El pasado mes de marzo, cuando estaba preparando el artículo dedicado a la cerámica de Juan Ruiz de Luna en Madrid, fui a esta calle con la intención de ver y fotografiar su fachada, decorada por el gran artista toledano, pero estaba cubierta por lonas de obra, igual que su vecino el Palacio de Ustáriz. Y no eran las únicas obras… la calle era prácticamente intransitable. La construcción de un aparcamiento para el futuro mercado de Barceló -también en marcha-, tras el derribo del antiguo, ocupaba toda la vía.

Un mes después El País publicó la noticia del hallazgo de un muro de sesenta metros de largo por uno y medio de ancho que recorre el último tramo de la calle. Aunque el titular era “Un gran muro del XVIII paraliza las obras en Mejía Lequerica” el reportaje planteaba dudas sobre si pertenecía a un antiguo cuartel o a una estructura hidráulica, quizá al antiguo Viaje de Agua de la Castellana.

Estos días de agosto el paseo por la calle de Mejía Lequerica nos depara algunas novedades. Una parte del Palacio de Ustáriz ha sido derribada, aunque en el antiguo jardín sobreviven sus majestuosos árboles.

La rehabilitación del magnífico edificio de la Papelera Española ha terminado, al menos en su exterior.

Un cartel anuncia las “obras de rehabilitación con acondicionamiento general y reestructuración parcial para uso hotelero”. Sobre una de las ventanas se conserva el viejo letrero Central de fabricantes de papel, y los frisos decorados por Ruiz de Luna ahora lucen esplendorosos.

Continúan las obras de construcción del mercado y del aparcamiento. Respecto al hallazgo arqueológico, por una rendija contemplamos el grueso “muro” tapado, aunque algún arco de ladrillo se muestra indiscreto, y nos recuerda el aspecto de las galerías de los antiguos Viajes de Agua que bajaban desde el norte y se adentraban en la Villa por esta zona de Madrid.

Muy cerca, en las proximidades de las Puertas de entrada al recinto urbano, se encontraban las arcas principales donde se medía el agua, desde donde partían las galerías que la conducían al interior de la ciudad. Recordemos también que, a pocos pasos de aquí, bajo el Museo Municipal fue encontrada una noria, quizá perteneciente al Viaje de la Alcubilla.

La construcción se adapta a la forma de la antigua calle de la Flores, cuando en su último tramo llegaba a encontrarse con la Cerca que cerraba Madrid en el siglo XVII, tal como nos muestra el plano de Pedro Texeira.

Estos descubrimientos sirven para conocer mejor nuestra historia, ojalá se aclare la procedencia del singular hallazgo. Y nos lo cuenten.

por Mercedes Gómez

Hoy tenemos que contaros una buena noticia. La Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa ha solicitado a la Comunidad de Madrid la declaración de los Viajes de Agua de Madrid como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), con el fin de que estos elementos tan singulares tengan “un grado de protección acorde con su importancia en la historia de la Villa”.

Como hemos comentado en más de una ocasión, los Viajes de Agua forman parte de nuestro Patrimonio Histórico por lo que sus restos merecen ser conservados y conocidos, y la Coordinadora está trabajando para que esto se cumpla.

Tras una breve justificación del porqué de la petición, la carta presentada a la Dirección General de Patrimonio Histórico por esta asociación de entidades sociales y vecinales, incluye una bonita explicación sobre qué son los Viajes de Agua y lo que significaron en la vida madrileña y el devenir de su historia.

Además de describir la técnica de los Viajes, el escrito hace hincapié en los importantísimos aspectos social y humano.

Finalmente, se expone una más que interesante propuesta que incluye, además de su Catalogación como Bien de Interés Cultural, la creación de una Oficina de los Viajes de Agua, cuyas funciones serían su protección, documentación, información a los madrileños, etc. y un Centro de Interpretación o museo que ofreciera la posibilidad de visitar alguno de los tramos.

Podéis leer el texto completo en su blog, Los Cordeles de la Dehesa.

La presentación de la solicitud es solo el primer paso de un largo camino que esperamos se complete con éxito.

Gracias a Luis Díez San Emeterio y a la Coordinadora por su excelente trabajo en el estudio y defensa de los Viajes de Agua y su importante significado dentro de la historia de Madrid.

Por supuesto, su iniciativa cuenta con todo nuestro apoyo.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

El Palacio del Conde de Tepa se encuentra en la calle de San Sebastián nº 2, frente a la Parroquia del mismo nombre, con fachadas a esta calle, a la de Atocha y a la plaza del Ángel, en uno de los barrios más bonitos de Madrid, el Barrio de Las Letras. La plaza de Santa Ana, Huertas, Lope de Vega… es un auténtico placer pasear por estas calles y plazuelas.

Fue construido entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX por Jorge Durán, en piedra y ladrillo alrededor de dos patios, al estilo neoclásico, aunque la historia del lugar es mucho más antigua, como veremos.

Su transformación en viviendas al final del siglo XIX y la instalación de distintos locales comerciales a lo largo del siglo XX fueron eliminando casi todas las huellas del antiguo palacio, que llegó a estar muy deteriorado. Recientemente ha sido convertido en un lujoso hotel de cinco estrellas, magníficamente restaurado por los arquitectos Javier Feduchi Benlliure y Werner Durrer.

Calle de San Sebastián esquina Atocha. Febrero 2011.

Durante las obras de rehabilitación se realizó la correspondiente intervención arqueológica, gracias a la cual han salido a la luz los espectaculares restos del Viaje de Agua de La Castellana, que surtía a las “Casas situadas frente a la Parroquia de San Sebastián” durante los siglos XVII y XVIII, y después probablemente al Palacio del Conde de Tepa, hasta la llegada del Agua a Madrid, ya mediado el siglo XIX.

Cuando el pasado mes de mayo iniciamos la serie de artículos dedicados a los Viajes de Agua, intentando llamar la atención sobre la existencia de restos de este importante y singular elemento del Patrimonio Histórico madrileño, decíamos que ojalá alguna vez pudiéramos disfrutar en Madrid de un Museo de los Viajes de Agua, y conocer cómo eran y cómo funcionaban gracias a los tramos conservados bajo el subsuelo.

De momento, ha sido una grata sorpresa el descubrir la existencia de estos vestigios bajo los cimientos del antiguo palacio y la forma en que se han conservado en el nuevo hotel bajo un suelo acristalado sobre el cual podemos caminar y contemplar todos los elementos hallados.

Cuatro paneles informativos muy detallados completan el pequeño museo. El primero de ellos nos cuenta la historia del solar que ocupa el palacio. Sus orígenes como suelo urbano se remontan a mediados del siglo XVI, época en que se produjo un gran crecimiento en la población y urbanización de la Villa.

Nada más iniciarse el siglo XVII Francisco González Heredia adquirió el solar y construyó una casa-palacio que probablemente pervivió hasta la construcción del edificio actual.

Como indica una placa en la fachada, allí estuvo la Fonda de San Sebastián, donde se reunían los literatos de la época de Carlos III, los literatos de la Ilustración, constituyendo la tertulia más famosa e influyente de la época.

El segundo panel describe la etapa que va desde la creación del Palacio a finales del siglo XVIII hasta la actualidad.

El Palacio fue encargado por el primer Conde de Tepa al arquitecto Jorge Durán, proyecto aprobado por la Villa de Madrid y su Arquitecto Mayor, entonces Juan de Villanueva, aunque finalmente el edificio construido fue más sencillo que el inicialmente diseñado.

El tercer panel está dedicado a los Viajes de Agua. El de la Fuente Castellana construido a partir de 1612, atravesaba parte del palacio, de forma que durante la intervención arqueológica han aparecido restos de la gran obra hidráulica, perfectamente detallados en el cuarto y último panel.

Un esquema de la planta de los elementos conservados ayuda a identificar los restos que se hallan bajo nuestros pies. El aljibe, de cuyo interior se muestran fotografías. Unas escaleras nuevas llegan hasta la entrada a la galería.

Junto al pozo de registro, uno de los restos más bonitos, que estimulan nuestra imaginación y nos trasladan a los tiempos en que este era el medio por el que el agua llegaba al palacio, un pilón de granito.

Recordemos que el Viaje de la Castellana abastecía a 11 fuentes públicas, con 147 aguadores y 85 fuentes particulares. Una de ellas, la de la casa-palacio frente a la Parroquia de San Sebastián.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Hotel NH Palacio Conde de Tepa
entrada Plaza del Ángel nº 10.

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