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Hoy os invito a volver a la ciudad de Toro, en Zamora, para visitar el Monasterio de Sancti Spiritus el Real de Madres Dominicas. Fundado en los comienzos del siglo XIV, fue construido extramuros, algo alejado del centro histórico, al borde de un gran barranco junto al río Duero; una maravilla que ha sabido conservar su arquitectura y sus obras de arte en un entorno espectacular.

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Merece ser visitado por su riqueza inmensa y su historia. El Coro, que guarda tres sepulcros, el de la fundadora doña Teresa Gil, un túmulo de piedra con pinturas del siglo XIV; el de la reina Beatriz de Portugal, de alabastro, del siglo XV; y en el suelo la tumba de doña Leonor de Castilla que fue priora del convento, cubierta por azulejos del siglo XVI. La iglesia con su artesonado mudéjar original del siglo XIV, el retablo churrigueresco del XVII; el claustro con el olivo milenario…

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El Monasterio está lleno de tesoros. Las propias estancias, con sus techos artesonados medievales, cerámicas y pavimentos, infinidad de magníficas obras de arte, pintura, escultura, ajuares, etc.

Aunque en este artículo vamos a centrarnos en la extraordinaria colección de sargas que posee. A pesar de que no se encuentran en Madrid sino en la bella localidad de Toro creo que es obligado conocerlas y que formen parte de la serie de trabajos aquí publicados sobre las Sargas, telas pintadas, el Oficio de pintor de sargas en Madrid en el siglo XVI y Una sarga del siglo XIX en el Museo Cerralbo.

En el impresionante Refectorio, de 40 m. de largo, restaurado en 1982, con su suelo de ladrillos cocidos y restos del artesonado originales, así como las mesas de nogal y la azulejería, se expone la mayor parte de la colección de sargas del siglo XVI que a pesar de todos los avatares sufridos en el monasterio a lo largo de los siglos se han conservado con su policromía original.

refectorio

Cuando comenzó la guerra en 1936, ante la situación de incertidumbre que se vivió, las sargas fueron escondidas en la bodega de la casa de una familia de Toro. Después volvieron a su lugar, siendo guardadas, bien protegidas, en un desván.

Las monjas por entonces sabían que eran obras de gran valor. Las Madres dominicas, la generación anterior a las que actualmente habitan el convento, fueron conscientes de la importancia de estas obras de arte pero quizá no sabían en realidad hasta qué punto.

Una de las cosas que demostró su importancia es que aparecían mencionadas a menudo en los libros del Archivo del monasterio, por ejemplo en los apuntes que reflejaban los gastos conventuales cuando con mucha frecuencia se colgaban para tapar algún altar.

Recordemos que en los siglos XV y XVI se realizaron muchas sargas debido a que eran más baratas que los tapices, para cubrir paredes con un fin decorativo. También eran utilizadas como puertas de los órganos en las iglesias o cortinas para cubrir los retablos de los altares en tiempos de Cuaresma. Por este motivo, igual que en Toro, se conservan otras sargas sobre todo en pequeños pueblos de toda España.

Hacia 1980 un ministro del Gobierno de la época visitó el convento. Se preparó la sarga del Prendimiento y la colgaron en el Claustro, lo cual demuestra la importancia que las monjas le daban ante un acontecimiento para ellas tan especial.

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El monasterio en esos momentos había llegado a un estado de gran deterioro. Felizmente, a partir de entonces se inició una época de restauración en la que se acometieron grandes reformas y mejoras. Hoy día es un placer contemplar sus estancias cuidadas y el magnífico museo, con un montaje expositivo moderno y alegre.

Cuando el refectorio pasó a formar parte del recorrido museístico fue decorado, como decía más arriba, con cinco de las siete sargas que forman la colección que describe escenas de La Pasión.

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Los personajes están representados en actitud exagerada y desmedida, llegando incluso a parecer caricaturas debido a sus facciones, como leemos en el texto de Mª Dolores Pérez, la autora del folleto editado por el propio monasterio, citado al final.

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En la Sala capitular, sala gótica, se encuentran las otras dos sargas, de la serie de siete. Es la parte más antigua del conjunto, hermosísima, reformada en el siglo XVII. Dos arcos torales la dividen en tres naves, una central que termina en un altar de azulejería en el que hay restos de pintura mural del siglo XIV, y dos laterales, más pequeñas.

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En estas últimas, una frente a otra, se ubican las dos sargas, de gran tamaño, 9 x 7 metros, La Caída…

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… y La Crucifixión.

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El estilo de todas ellas está inspirado en estampas florentinas y flamencas.

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La Crucifixión (detalle)

Por otra parte, en la zona habilitada como Museo de Arte Sacro se exponen tres telas, aguada sobre sarga. La Santa Cena, Oración del Huerto y Camino del Calvario, obras de Cristóbal Ruiz de la Talaya realizadas hacia 1643.

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Proceden de la iglesia de San Miguel, de Villavendimio, y emplean la técnica de las arquitecturas fingidas al trampantojo, tan utilizadas en el siglo XVII.

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Finalmente, aunque situada en la recepción del museo, mencionamos una última sarga, aquí situada por su gran tamaño, obra del siglo XVIII que procede del Obispado de Zamora.

La escena, enmarcada en un óvalo rodeado de flores, representa al joven San Estanislao de Kostka, de la Compañía de Jesús, que murió novicio.

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Si tenéis ocasión no dejéis de visitar este Monasterio y su Museo, es una delicia, ejemplo en el cuidado de sus obras de arte y en la forma en que es posible mostrar sus tesoros, entre ellos las delicadas sargas.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Sor Mª Dolores Pérez Mesuro por su ayuda.

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Bibliografía:

PÉREZ MESURO, Sor Mª Dolores. Monasterio de Sancti Spiritus el Real. Valladolid, 1994.

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Hace pocas semanas tuve ocasión de viajar a Toro, Zamora, con el fin de visitar la edición de las Edades del Hombre 2016 que finaliza el próximo día 14 de noviembre. Además de las exposiciones este año dedicadas al Aqua, son muchos los lugares que merece la pena conocer en esta bella localidad zamorana. Sus iglesias son verdaderas joyas del arte románico, el Monasterio del Sancti Spiritus, su muralla por cuyo adarve actualmente se puede transitar, las vistas del río Duero… y su historia tan antigua.

Tuvimos la suerte de que durante nuestra estancia se celebró por primera vez La Noche Blanca, una noche deliciosa en la que se abrieron al público las puertas de un buen número de edificios monumentales. Uno de ellos fue el Ayuntamiento.

El edificio actual, ubicado en la Plaza Mayor, fue construido en 1778 por el arquitecto madrileño Ventura Rodríguez que además de Maestro Mayor de Obras de la Villa de Madrid y de sus fuentes y viajes de agua, fue arquitecto real y arquitecto del Consejo de Castilla.

Las fotos de Jean Laurent nos permiten conocer cómo era su aspecto en el siglo XIX.

Foto: J. Laurent, entre 1860 y 1886. Archivo Ruiz Vernacci (Fototeca Patrimonio Histórico)

Foto: J. Laurent, entre 1860 y 1886. Archivo Ruiz Vernacci (Fototeca Patrimonio Histórico)

Una construcción aneja en uno de sus lados, ampliación posterior a la obra de Ventura Rodríguez, fue eliminada, gracias a lo cual el edificio recuperó su aspecto original.

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Un soportal con cinco arcos de herradura protege el acceso.

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Sobre él se encuentra la segunda planta con un balcón corrido y cinco ventanales, enmarcado por doce columnas en seis grupos de dos columnas cada uno, que se asoma a la Plaza Mayor.

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En el centro de la cornisa superior figura la inscripción: “Casa Consistorial”, y sobre ella el escudo de la ciudad.

Pero esta construcción dieciochesca es solo la cara visible, el último paso de una larga historia que nos lleva a una época mucho más antigua.

La primera casa consistorial había sido levantada en 1554. Un grave incendio el 1 de enero de 1761 provocó su reconstrucción, la del edificio que hoy visitamos. Nada más entrar vemos la escalera que se bifurca en dos tramos volados.

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En las paredes de la escalera hay varias lápidas conmemorativas, una de ellas nos cuenta que en 1230 Fernando III el Santo rey de Castilla fue el fundador del municipio y en él se proclamó rey de León.

En la Edad Media las ciudades con derecho a voto en las Cortes de Castilla variaron, también su número, y la frecuencia con que se reunían, según la voluntad real. En la época de la Casa de Trastamara, recordemos que la Corte era itinerante (no se estableció en Madrid hasta 1561, con Felipe II), se celebraron Cortes en varios lugares, entre ellos Madrid, y Toro.

Desde 1435 las ciudades castellano-leonesas con voto en las Cortes fueron Burgos, León, Zamora, Toro, Ávila, Soria, Salamanca, Segovia, Cuenca, Guadalajara, Valladolid, Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia, Toledo y Madrid. Y Granada, después de la conquista de esta ciudad por los Reyes Católicos en 1492.

Eran ciudades amuralladas, que en unos casos más y otros menos (apenas en nuestra Villa) se conservan restos, recuerdo de su pasado, que nos permiten conocer mejor nuestra historia e imaginar cómo era el paisaje entonces.

Muralla de Toro

Muralla de Toro

En la ciudad de Toro el 11 de enero de 1505, con asistencia de don Fernando el Católico y del Cardenal Cisneros, así lo expresa otra lápida, se proclamó reina de Castilla a doña Juana la Loca y a su marido don Felipe el Hermoso.

Aquella primera casa consistorial que levantaron el cantero Domingo de Garín y el carpintero Pedro de Salinas a mediados del siglo XVI era pequeña y desde el principio su estabilidad fue precaria pues fue construida sobre bodegas.

Una de las cosas que enseguida te cuentan cuando llegas a Toro es que la ciudad está construida sobre bodegas muy antiguas, casi todo el subsuelo del centro histórico está surcado por cuevas y túneles. Igual que en Madrid.

Cuando en el Ayuntamiento nos dicen que también podemos bajar a conocer una bodega no imaginamos lo que nos espera. Pasado el sótano accedemos a una escalera entre muros de piedra y ladrillo que nos lleva hacia ella.

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Llegamos a un primer espacio en el que el juego de bóvedas y arcos es espectacular.

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Pero es que el paseo solo acaba de comenzar. Túneles, escaleras… bellos arcos apuntados que se suceden no dejan de asombrarnos.

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Somos muchos los visitantes y hay que turnarse pues el camino es muy estrecho en algunos tramos, pero en todas las miradas se percibe la sorpresa ante lo que vamos encontrando.

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Las formas arquitectónicas son hermosas.

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Ya de vuelta a casa en Madrid me entero de que esta antigua bodega bajo la Casa Consistorial de Toro ha sido restaurada por el Instituto del Patrimonio Cultural de España. Las obras de consolidación, restauración y sustitución de fábricas de ladrillo y sillares terminaron en junio de 2010, desde entonces es posible visitarla.

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Según el IPCE, las bodegas formaban parte de unas viviendas adquiridas por el Ayuntamiento en 1778 para la construcción del nuevo edificio consistorial. Los cimientos se asentaron sobre ellas. Bodegas sobre las que ya se habían construido las primeras casas consistoriales recordemos en 1554.

Fueron excavadas directamente en la roca y después se revistieron con ladrillo y reforzaron con arcos de piedra.

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Constan de tres naves, en diferentes niveles, cubiertas con bóvedas de cañón.

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Salimos admirados de la belleza de las bodegas tan antiguas sobre las que Ventura Rodríguez reconstruyó la Casa Consistorial de Toro, hoy felizmente recuperadas.

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Un buen ejemplo de lo que se puede conseguir restaurando y recuperando un espacio subterráneo histórico, en este caso dentro de un amplio proyecto de recuperación de espacios dedicados a actividades tradicionales, entre las que se incluye la elaboración del vino. En Madrid, gracias a la iniciativa privada, tenemos la espléndida Bodega de los Secretos.

En otro caso, ojalá algún día le llegue el turno a los viajes de agua madrileños, que también y tan bien debió conocer el Maestro don Ventura Rodríguez.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VASALLO, Luis. Una intervención de Andrés Julián de Mazarrasa en el Ayuntamiento de Toro. Boletín del Seminario de Arte y Arqueología. Univ. de Valladolid. 1999.

Ministerio de Cultura. 2010.

A los pies de la ciudad de Zamora, en la llamada Puebla del Valle, extramuros, a finales del siglo XII, principios del XIII, se levantó la iglesia de Santa Lucía, una de las veintitrés que hoy forman parte de la ruta de iglesias románicas zamoranas, perfectamente señalizada y descrita por toda la ciudad.

En su busca bajamos por la calle de los Herreros de marcado trazado medieval desde el centro hacia el río Duero.

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Ya en las afueras, caminando junto a la muralla llegamos a las espaldas de la plaza de Santa Lucía.

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Desde aquí contemplamos los pies del templo, reformado en el siglo XVII, época a la que corresponde su estructura actual. La espadaña fue reconstruida en el XVIII.

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De la iglesia primitiva apenas se conservan las huellas románicas en su muro norte.

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Frente a ella, a finales del siglo XV o comienzos del XVI, se construyó el llamado Palacio del Cordón o de Puñonrostro.

Plaza de Santa Lucía. Zamora.

Plaza de Santa Lucía. Zamora.

Así llamado por la magnífica portada enmarcada por un cordón franciscano de piedra a modo de alfiz, junto a los escudos de los propietarios, los condes de Puñonrostro.

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El primer conde de Puñonrostro fue Juan Arias Dávila, título concedido por Carlos V por luchar junto a él en la guerra de las Comunidades, firmado por Juana en 1523*. Juan Arias, notable personaje de la época, se casó con Marina de Mendoza, hija del marqués de Santillana y primer duque del Infantado. Murió en 1538.

Los restos de ambos edificios, la iglesia y el palacio, hoy forman parte del Museo de Historia de Zamora.

La iglesia es almacén visitable del museo. Del palacio se conserva la fachada principal y algunos arcos del antiguo patio hoy ubicados en el interior del nuevo edificio del museo formando parte de la Colección permanente.

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Los arquitectos madrileños Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla construyeron la nueva sede. La obra, realizada entre 1992 y 1996, ocupa unos 3.000 metros cuadrados. Fue la primera gran obra del estudio Mansilla + Tuñón Arquitectos. Después acometieron la reforma y ampliación de la antigua Fábrica de Cervezas El Águila, que casualmente visitamos la semana pasada, recordemos actual sede de la Biblioteca y Archivos Regionales de Madrid.

El nuevo edificio del Museo de Zamora es un cubo de piedra, “un cofre que contiene la memoria de la ciudad”, según palabras de los propios autores.

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Este museo, “extramuros de la ciudad, y bajo el desplome de la muralla que mira al río Duero” es una maravilla que merecería un artículo él solo, incluso algunas de las obras allí contempladas, pero hoy vamos a continuar con nuestra historia de los condes de Puñonrostro, que nos lleva de vuelta a Madrid.

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En Madrid Juan Arias Dávila también tuvo su palacio, con su cordón de piedra en la fachada principal, aunque al contrario que en Zamora el edificio hoy ya no existe.

El Palacio del Cordón madrileño estaba situado en una de las dos vías medievales más importantes (la otra era la actual calle Mayor), la que iba de la Puerta de Santa María a Puerta Cerrada, hoy calles del Sacramento y San Justo.

Igual que en Zamora, fue construido junto a una iglesia medieval, en este caso la parroquia de San Justo, una de las más antiguas, ya citada en el Fuero de 1202. Desapareció a finales del siglo XVII. En 1739 comenzó la construcción de la actual Basílica de San Miguel.

El Palacio del Cordón probablemente fue de los primeros edificios que se construyeron en la zona, en estilo gótico tardío. Debió ser levantado en la misma época que el zamorano, a finales del siglo XV o principios del XVI, cuando –aún antes de que Felipe II trajera la Corte a Madrid– las familias castellanas más poderosas comenzaron a llegar a la Villa.

Los nobles se fueron instalando en torno a la plaza de la Villa, entonces plaza de San Salvador, recordemos embellecida y ampliada por Enrique IV. De esa época se conservan las Casas de los Lujanes. Enfrente, hasta 2002, estuvo la Casa de Iván de Vargas, hoy reconstruida, mucho más sencilla que los palacios cercanos. En la misma acera en 1537 se edificó el palacio de Jiménez de Cisneros que, aunque muy modificado, sí se conserva. El plano de Pedro Texeira una vez más nos ayuda a imaginar cómo pudo ser la plaza en el siglo XVII.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

A ambos lados del viejo palacio que ocupaba todo el solar junto al convento de las Carboneras, las calles tomaron, igual que la plaza, el nombre de sus dueños y el detalle arquitectónico del palacio, las calles de Puñonrostro y del Cordón.

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En el siglo XVIII era la Casa nº 1 de la manzana 176. La Casa nº 2 era y sigue siendo el Convento de las Carboneras.

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El madrileño Palacio del Cordón fue derribado en la segunda mitad del siglo XIX, sobre el solar se construyeron las casas actuales, números 2 y 3 de la plaza.

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Plaza del Cordón. Madrid.

Una placa municipal en su fachada recuerda que aquí “estuvieron las Casas del Cordón donde el secretario de Felipe II Antonio Pérez vivió desde 1575 y sufrió cautiverio hasta su fuga en 1585”.

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Enfrente, nº 1 de la plaza, se encuentra la hoy llamada Casa del Cordón por el adorno de su fachada. Pero este edificio, rehabilitado para viviendas, fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII.

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Tal vez el detalle decorativo del cordón de piedra fue colocado inspirado en el nombre de la plaza y del palacio que por entonces aún existía frente a él, pero no tiene nada que ver con el desaparecido Palacio del Cordón del Conde de Puñonrostro.

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Estamos sin duda en una de las plazuelas más bonitas de Madrid, se respira su historia. A pesar de las muchas modificaciones conserva el espíritu del pasado. Se puede derribar un edificio pero no es tan fácil hacer desaparecer la forma de las calles. ­Igual que en Zamora, se conserva su singular trazado medieval; también restos de la arquitectura del siglo XVI en la vecina Casa de Cisneros y el más puro barroco del siglo XVII, con el convento de las Carboneras a sus espaldas; la histórica Casa de Iván de Vargas… por supuesto la magnífica iglesia de San Miguel del siglo XVIII. Toda la historia de Madrid recogida en una plaza, sus edificios y las calles que a ella se asoman. Y mucha belleza.

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Por: Mercedes Gómez

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Ver:

SERRANO, Luis. Restauración del castillo de Puñonrostro en Torrejón de Velasco. Madrid 2012
Museo de Zamora
Obra de MONTERO VALLEJO, Manuel.
Tabla genealógica de Arias Dávila, señores y condes de Puñonrostro (Manuscrito). Biblioteca Digital RAH.

* Corrección 12.10.16

 

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