Los murales, que a su vez pueden utilizar diversas técnicas, son otra forma de arte urbano. Ya tendremos ocasión de admirar algunos, como los famosos de Puerta Cerrada, o algunos más recientes, pero hay otro tipo de mural que vamos a visitar ahora.

En el paso subterráneo de Cibeles sobreviven cuatro murales construidos con hormigón en 1976. Su autor es José Luis Fernández. Este tipo de pasos proliferaron en Madrid durante los años 70 cuando el tráfico se hizo más intenso, el de Cibeles es de los pocos que se mantienen, pues casi todos se han clausurado por razones de seguridad e higiene.

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En Octubre de 1987 se inauguró un mural bajo el puente de Raimundo Fernández Villaverde obra de Jesús Núñez, que sugiere rascacielos. Era el deseo del Ayuntamiento mejorar un lugar de por si poco atractivo y un tanto inhóspito. Tanto el mural como el estanque a sus pies se encuentra en bastante mal estado, tal vez puedan ser restaurados en un futuro. Una escultura y algún banco acompañan al mural en esa extraña isla que sobre todo sirve de paso al peatón que desea cruzar la calle.

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Otro mural con una historia singular es el que se encuentra en Usera, obra de Diego Moya, instalado en 1993, como indica su placa. Se titula “El árbol de la vida”, construido con diversos materiales, piedra, cemento, metales, ladrillo… más próximo a la escultura que a la pintura. Se ha producido la circunstancia paradójica de que el mismo Instituto de la Vivienda de Madrid que encargó su construcción al retirar su ayuda económica ha puesto en peligro su existencia.

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Así como son muchas las esculturas de autores consagrados que se pueden ver por las calles o jardines de Madrid, no es tan fácil encontrar sus pinturas. Un ejemplo: el mural de cerámica, colocado en 1981 en el Palacio de Congresos de la Castellana, original de Miró.

Los murales no se encuentran solo en las calles o bajo los puentes, sino en otros lugares eminentemente urbanos, como son las estaciones de metro. Hay muchos ejemplos, desde Tirso de Molina, donde se encuentra el adorno más antiguo, hasta las estaciones más modernas.

En la estación de Tirso de Molina, en el vestíbulo de salida a la calle Conde de Romanones, se encuentra un escudo de Madrid cerámico, de reflejo metálico, realizado en 1919, procedente de la estación de Cuatro Caminos, en la que fue colocado cuando ese año fue inaugurado el metro por el rey Alfonso XIII. Quizá la mayoría de los viajeros pasamos junto a él sin percatarnos de su presencia y antigüedad.

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Cuando hace años se comenzó a instalar murales en las estaciones de metro, los primeros eran de cerámica. Uno de ellos fue instalado en Manuel Becerra, que actualmente ha perdido el protagonismo que debió tener alguna vez, cuando se decidió su creación. Las máquinas expendedoras de billetes se han colocado contra la pared del mural, tapando una gran parte. Otros murales cerámicos se pueden encontrar en diversas estaciones, como en la zona antigua de Nuevos Ministerios, Plaza Elíptica, etc.

Después, se utilizaron mosaicos de azulejos o teselas, como en la estación de Bilbao o la de Argüelles, realizado en 1995, que muestra una imagen del teleférico de gran colorido. También se utilizaron los metales, por ejemplo en Ventas (José Luis Fernández, 1987). Hay infinidad de murales distintos por toda la red. Unos de los más vistosos y aceptados, inaugurados en 1997, son los de las figuras de Mingote que adornan los andenes de la estación de Retiro.

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En el vestíbulo de La Elipa, un mural realizado en cerámica recorre la Historia del Arte universal, a través de sesenta y dos grandes pintores, desde el primitivo arte egipcio hasta el siglo XX. Mediante imágenes salpicadas con citas literarias, la autora Esther García Ocampo realiza un homenaje a la mujer “como fuente de vida y renovación”. Varios murales proceden del taller de esta notable ceramista, como el de Ópera, que representa una partitura, o el mencionado de Retiro.

Realizado igualmente en cerámica, el mural de Campo de las Naciones, formado por mil trescientos cincuenta azulejos, es espléndido. Diseñado por Ralphe Sardá y Carlos Alonso, se titula “Rostros de las naciones, una sola bandera”.

En este siglo XXI algunos murales recurren a la fotografía, como en Nuevos Ministerios o en Planetario Arganzuela, con un resultado espectacular.

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por Mercedes Gómez

y continuará…

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