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Una de las grandes familias de finales del siglo XV, quizá la más poderosa de Castilla, fue la de los Mendoza. Don Íñigo López de Mendoza primer marqués de Santillana creó una verdadera dinastía nobiliaria con varias ramas familiares que llegaron a ser muy influyentes. Sin ir más lejos Pedro González de Mendoza, su quinto hijo, fue el Gran Cardenal, el Cardenal Mendoza.

Nos hemos encontrado sus huellas en Buitrago, Colmenar Viejo, Alameda de Osuna, Zamora y por supuesto en Madrid, ciudad a la que se trasladaron en el siglo XVII tras la llegada de la Corte. En la Villa llegaron a ser dueños de numerosos terrenos e inmuebles sobre todo en el barrio hoy popularmente llamado de la Latina (aunque en realidad se trata del barrio de Palacio, distrito Centro). Su primera residencia, el Palacio de los Lasso en la plaza de la Paja, fue de su propiedad desde comienzos del siglo.

Pero antes de llegar a Madrid su Palacio principal estuvo en Guadalajara, ciudad de realengo y con voto en Cortes, igual que lo tenía la Villa.

En 1482 don Íñigo López de Mendoza II duque del Infantado mandó derribar las casas que allí habían ocupado sus antepasados y levantar un nuevo y ostentoso palacio. Construido al final de la época gótica, con detalles mudéjares y algunas muestras del primer Renacimiento, ofrece una maravillosa mezcla de estilos. Su autor fue el arquitecto Juan Guas. La fachada oeste o galería del estanque fue obra de Lorenzo de Trillo.

En el siglo XVI (1570-1580) el quinto duque del Infantado don Íñigo Hurtado de Mendoza lo reformó al estilo renacentista. En el siglo XVII, con el traslado a Madrid, el gran palacio quedó relegado a residencia ocasional.

Foto: Clifford. 1856 (BNE)

En 1878 fue cedido al Ministerio de Guerra para la instalación del Colegio de Huérfanos de la Guerra.

Ricardo Velázquez Bosco participó en los comienzos del siglo XX en su ampliación con la construcción de la fachada del ala este, inspirada en la reforma del siglo XVI, que fue transformada en la rehabilitación que tendría lugar en los años 60.

Los jardines frente a la fachada principal también fueron creados durante esta reforma dirigida por Velázquez Bosco.

A.Passaporte. (Achivo Loty. Foto 1927-1936) (Fototeca Patrimonio Histórico).

El 7 de diciembre de 1936 el Palacio fue bombardeado por el ejército sublevado, y gravemente dañado. Al día siguiente el diario ABC publicó la noticia, El bárbaro bombardeo de Guadalajara, que describe los efectos de las bombas sobre la ciudad. Del palacio quedaron en pie las fachadas y las galerías del Patio de los Leones y del jardín, el resto se convirtió en ruinas.

Archivo Vaamonde (1936) (Fototeca Patrimonio Histórico)

No fue restaurado hasta muchos años después, entre 1960 y 1972.

Durante tantos años de abandono se deterioró y fue expoliado; aún hoy día leemos que se siguen encontrando piezas del antiguo palacio en subastas públicas.

Vista de la entrada al Patio del Palacio, 2017

Todo el Palacio se organiza alrededor del bello Patio de los Leones, así llamado por las cuarenta y ocho figuras de leones, todas ellos diferentes, dominando la decoración de estilo gótico flamígero. El escultor fue Egas Cueman.

Junto a Guas y su colaborador Cueman en la construcción del Palacio inicialmente trabajaron artistas de gran calidad en todas las artes decorativas, ceramistas de Talavera…

… rejeros como Cristóbal de la Plaza, que por cierto era vecino de Madrid, etc.

El Palacio del Infantado desde 1973 alberga el Museo de Guadalajara que había sido fundado en 1838. Consta de una exposición permanente llamada Tránsitos que recorre la historia de la provincia de Guadalajara desde el Paleolítico hasta el siglo XX. También es un recorrido por la historia del arte.

Carreño de Miranda. “Inmaculada Concepción” (h. 1662). Escuela madrileña.

Además, la exposición permanente sobre el Palacio del Infantado. Los Mendoza y el poder en Castilla nos ofrece un paseo por las estancias del palacio en las que podemos conocer la historia de esta familia tan importante en Castilla y admirar los restos conservados. La chimenea, alguna azulejería… y sobre todo las pinturas al fresco de Rómulo Cincinato.

Cincinato nació en Florencia h. 1540 y murió en 1597 en Madrid. Formó parte del grupo de pintores que trabajaron para Felipe II en El Escorial, los palacios reales de El Pardo, Valsaín y el Alcázar de Madrid.

Las Salas del Duque son las únicas que conservan gran parte del antiguo esplendor con sus techos decorados con pinturas al fresco por este artista italiano en los años 1570. Formaron parte de las mencionadas reformas del quinto duque del Infantado. De las estancias decoradas por el pintor dos desaparecieron en el incendio de 1936 pero se conservan tres y dos saletas, una maravilla.

En la Sala de Atalanta Cincinato representó la historia de Hipómenes y Atalanta, muy familiar para nosotros, los madrileños. Hipómenes y Atalanta representados mediante dos leones en la fuente de Cibeles; un mito cuyo origen está en las Metamorfosis de Ovidio, quien así comienza a describirlo:

Quizás hayas oído de una mujer que en el certamen de la carrera superó a los veloces hombres…

R. Cincinato. “Revelación de la Historia de Atalanta”

Cuenta la mitología que Atalanta, bella y ágil mujer, había decidido no casarse y mantenerse siempre virgen. Para alejar a sus pretendientes les retaba a una carrera; si ellos ganaban la desposarían, pero si resultaban derrotados serían decapitados. Hipómenes quedó prendado de ella y decidió asumir el riesgo.

R. Cincinato. “Hipómenes reta a Atalanta a participar en la carrera”

La belleza y astucia de Hipómenes enamoraron a Atalanta que junto a su prometido se dirigió al templo de Cibeles a desposarse…

En el centro del fresco Cincinato representó la Revelación de la Historia de Atalanta. A su alrededor el pintor representó las diversas escenas.

R. Cincinato. “Atalanta e Hipómenes se dirigen al templo de Cibeles”

Leemos en uno de los paneles que los Mendoza estaban convencidos de que la cultura es una arma tanto o más eficaz que la propia espada

Las Saletas de los Dioses y de los Héroes, con Marte y Minerva, dioses protectores de las armas y las letras, son deliciosas.

R. Cincinato. Saleta de los Héroes.

Entre las pinturas llama la atención este trampantojo en el que el verdadero mármol se confunde con el fingido.

R. Cincinato. Saleta de los Héroes

Las pequeñas saletas se comunican con la espectacular Sala de las Batallas.

Al final del recorrido encontramos la Sala de Cronos, que en el siglo XVI fue Antecámara del resto de estancias.

Finaliza la visita en el salón de actos donde actualmente se proyecta una breve pero impactante película que muestra el bombardeo y sus ruinas.

Las imágenes impresionan. Salir y poder contemplar el Patio nuevamente es un alivio y un lujo.

No es lo único que ofrece Guadalajara (el parque de la Concordia, hermosas iglesias, el Panteón de la Condesa de Vega del Pozo, etc.).

Por todo ello y por visitar el Palacio del Infantado merece la pena tomar el tren de Cercanías de Madrid –Línea C2– y acercarse a esta ciudad.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ABC 8 dic. 1936 pág. 5
LAYNA, Francisco. El Palacio del Infantado en Guadalajara. Aache ed. Guadalajara, ed. 1997.
eldiario.es 11 febrero 2017. “80 años del bombardeo de la seña de “identidad patrimonial” de Guadalajara”
Museo de Guadalajara. Folleto.

Ramón Casas, uno de los grandes pintores de finales del siglo XIX, principios del XX, nació en Barcelona en 1866, ciudad en la que murió sesenta y seis años después. Con motivo de la conmemoración del 150 aniversario de su nacimiento, en 2016 se celebró el Año Ramón Casas.

La Obra Social la Caixa junto con el Museo Nacional de Arte de Cataluña y Museos de Sitges organizaron la exposición Ramón Casas. La modernidad anhelada, que ahora tenemos la suerte y el placer de poder disfrutar en Madrid, en CaixaForum. Sin duda una de las más atractivas y esperadas de la temporada, define al pintor como bohemio, hedonista e inconformista, y nos propone revivir la eclosión de la modernidad en Europa de la mano de su mejor cronista.

Nos recibe uno de esos nuevos inventos que entonces representaban el progreso y que él utilizó, la bicicleta.

Ciento cuarenta y cinco obras de Casas y de otros artistas contemporáneos reivindican la obra del pintor catalán, y su significado dentro del contexto de la época.

La exposición ofrece un recorrido por la obra de Ramón Casas, indudablemente una de las grandes figuras del Modernismo, en relación a los artistas coetáneos que pudieron tener alguna influencia sobre él, Toulouse-Lautrec, John Singer Sargent, Julio Romero de Torres, Joaquín Sorolla, Joaquín Torres García, Pablo Picasso… algunos de ellos amigos suyos, como Santiago Rusiñol.

En Retratándose contemplamos una pintura especial, la única firmada por ambos, en la que se retratan el uno al otro como símbolo de su amistad.

R.Casas y S.Rusiñol, “Retratándose” (1890).

El recorrido se plantea como un juego de espejos, un camino de doble sentido que permite visualizar las influencias, analogías e intereses comunes que existieron entre Casas y otros autores contemporáneos.

El primer ámbito de la muestra nos cuenta cómo fueron los comienzos, como se llevó a cabo la construcción de una identidad artística.

Casas nació en Barcelona pero muy joven, con apenas 15 años, fue a estudiar a París, primer viaje a la ciudad que marcaría toda su vida.

R.Casas.”Autorretrato”, 1883.

París era entonces el centro del arte europeo, allí, como tantos otros artistas, conoció las diferentes tendencias y lenguajes pictóricos que serían un gran aprendizaje para él en los comienzos de su carrera. Volvió varias veces.

R. Casas. “Autorretrato” (1888-89)

En 1890 realizó su tercer viaje a París, en esta ocasión permaneció dos años. Fue una época enriquecedora en la que su obra se transformó. Representaba personas anónimas de la vida bohemia parisina, vivió la pulsión bohemia.

En enero de 1897 en Barcelona abrió la famosa cervecería Els Quatre Gats, que se convirtió en un gran centro de la cultura alternativa a la imperante en aquellos momentos, con el objetivo de estimular la creatividad. Aunque no supuso ningún cambio radical al arte existente, durante seis años albergó al grupo bohemio encabezado por Casas, Romeu y Rusiñol. Ramón Casas creó la imagen publicitaria del local.

R.Casas. “R.Casas y P.Romeu en un tándem”, 1897

Siguiendo el modelo de los azulejos catalanes de oficios del siglo XVIII diseñó un conjunto de 25 azulejos que mostraban la nueva Cataluña del siglo XIX.

“Los adelantos del siglo XIX”. Loza esmaltada y policromada. 1901

La exposición también reflexiona sobre la paradoja del artista moderno.

Es curioso comprobar cómo a Casas, tan cosmopolita, le interesaron los temas populares, destacando sus majas y toreros.

Hacia 1894 comenzó una serie en la que abordaba la crónica social, el pintor incorporó un elemento nuevo en su obra: la multitud anónima, representó la poética de la multitud.

Además de pintor fue un gran dibujante y creador de carteles.

R.Casas. “Ámbar y espuma”, 1898.

En el último ámbito temático, las identidades ambivalentes, la exposición muestra su habilidad para el retrato, sobre todo femenino. Mujeres sofisticadas y elegantes, atrevidos desnudos, y también modelos de mujer emancipada.

R.Casas. “Eligiendo un libro”, 1891.

En definitiva, es una exposición magnífica, con una propuesta interesante, y pinturas muy bellas. Para disfrutar en:

CaixaForum Madrid
Ramon Casas. La modernidad anhelada
Hasta el 11 de Junio de 2017
Toda la información, precios y actividades relacionadas: aquí

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Por : Mercedes Gómez

La madrugada del día 20 de mayo del año 2004 tuvo lugar un robo sorprendente. Dos hombres entraron en la Capilla del Hospital del Niño Jesús en la madrileña avenida de Menéndez Pelayo frente al Retiro, descolgaron uno de los cuadros que adornaban sus paredes y lo robaron. Los ladrones no se entretuvieron en quitar los clavos que unían el lienzo al bastidor, lo cortaron, dañándolo gravemente y enrollado se lo llevaron. Se trataba de una valiosa pintura, la Resurrección de Santa Leocadia.

El Hospital del Niño Jesús fue fundado por doña María del Carmen Hernández y Espinosa (nacida en Motril, Granada, en 1828), recordada como duquesa de Santoña por su segundo matrimonio con don Juan Manzanedo, duque de Santoña y marqués de Manzanedo, hombre de gran fortuna, y por su lujoso palacio en la calle de las Huertas, el Palacio de Santoña, hoy propiedad de la Cámara de Comercio.

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El hospital y su iglesia fueron construidos según proyecto de 1879 del cotizado arquitecto Francisco Jareño, que ya había levantado la Biblioteca y Museo Arqueológico Nacionales y el Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes.

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Avenida de Menéndez Pelayo, 65

De estilo neomudéjar, según la moda dominante en aquellos años finales del siglo XIX, la iglesia en su fachada está adornada con esculturas y bellos detalles.

La iglesia en su interior, con su única nave, es sin embargo neogótica, muy sencilla, pero con obras de gran valor artístico. Óleos sobre lienzo, óleos sobre metal en el púlpito del templo, las vidrieras, obra de 1881 de la Casa Mayer y un extraordinario viacrucis.

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La duquesa era poseedora de una gran riqueza; a pesar de ello murió en 1894, a los 66 años, en Madrid, sola y arruinada, ella misma afectada por una historia azarosa. Pero era dueña de un gran patrimonio artístico, en el que destacaba su colección de pintura, que legó al Hospital.

La Colección estaba formada sobre todo por obras de temática religiosa del siglo XVII, principalmente del barroco madrileño. En la actualidad el Hospital, Bien de Interés Cultural desde 1995, cuenta con más de ciento cincuenta obras de arte de gran valor.

En 1992 comenzó la restauración de algunas pinturas, entre ellas el Descanso en la huida de Egipto y la Huida de Egipto de Antonio Castrejón que hoy día podemos admirar en uno de los muros en el interior del hospital.

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Otras obras restauradas fueron Caballero orante y Caballero de Santiago (anónimos, también del XVII) ubicadas en el Coro del templo, y Jesús ante Caifás, situada a la derecha del Altar Mayor.

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La propia Santa Leocadia, atribuida a Juan de Roelas, fue restaurada por primera vez en 1997.

Juan de Roelas fue un pintor sevillano, al menos durante mucho tiempo se ha considerado que nació en Sevilla (debido a que así lo afirmó Ceán Bermúdez) aunque de padres flamencos; ahora se cree que pudo nacer en Flandes hacia 1570, según investigación de Mª Antonia Fernández del Hoyo. En cualquier caso trabajó en Sevilla, Valladolid y Madrid.

Está documentada su estancia en Valladolid entre 1.598 y 1.603 de donde pasó a estar bajo la protección del Conde Duque de Olivares, en el pueblo de Olivares, cerca de Sevilla.

En 1614 se había convertido en clérigo y fue nombrado Capellán real. Por esto se trasladó a Madrid, con el objetivo de lograr un puesto de pintor en la Corte. Estuvo en la Villa entre 1616 y 1619, periodo en el que se cree pintó esta Resurrección de Santa Leocadia. Al no conseguir sus propósitos de convertirse en pintor del rey volvió a Olivares y desempeñó su labor religiosa como canónigo en la Colegiata. Murió en su ciudad en 1625.

Al parecer la obra le fue encargada por don Antonio de Loaisa, que vivía en Granada, pero se cree que debió de ser pintada en su etapa madrileña por dos motivos: el tema característico de la advocación toledana y su procedencia de la colección de la Duquesa de Santoña. Probablemente fue un encargo de alguna iglesia de Toledo:

Santa Leocadia resucita milagrosamente de su sepulcro en el mismo instante en que San Ildefonso corta con la daga del Rey Recesvinto un trozo de su mortaja, que el pintor imagina como un velo transparente. Alrededor de un espacio de arquitectura religiosa asisten atónitos al prodigio el pueblo de Toledo.

Resurrección de Santa Leocadia (detalle)

Resurrección de Santa Leocadia (detalle)

Tras el robo gracias a la existencia de una cámara la policía pudo localizar a los ladrones y pocos días después la pintura fue recuperada. El lienzo se encontraba en muy malas condiciones, con cortes, desgarros y dobleces que provocaron pérdida de capas de pintura. Se procedió a una delicada y minuciosa restauración.

En los comienzos del año 2006 fue expuesto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la exposición Huellas. Actuaciones de la Comunidad de Madrid en el Patrimonio Histórico, llena de maravillas entre las que pudimos contemplar el cuadro de Roelas.

En la actualidad felizmente podemos verla en su lugar de siempre, en la iglesia del Hospital del Niño Jesús, a la izquierda del Altar Mayor.

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Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia. “Juan de Roelas, pintor flamenco”. Boletín del Museo Nacional de Escultura, nº 4, 2000, págs.. 25-28.

Diario El Mundo. 7 junio 2004; 8 junio 2004.

Catálogo Huellas. Actuaciones de la Comunidad de Madrid en el Patrimonio Histórico. Comunidad de Madrid, 2006.

Hospital del Niño Jesús

Hoy os invito a volver a la ciudad de Toro, en Zamora, para visitar el Monasterio de Sancti Spiritus el Real de Madres Dominicas. Fundado en los comienzos del siglo XIV, fue construido extramuros, algo alejado del centro histórico, al borde de un gran barranco junto al río Duero; una maravilla que ha sabido conservar su arquitectura y sus obras de arte en un entorno espectacular.

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Merece ser visitado por su riqueza inmensa y su historia. El Coro, que guarda tres sepulcros, el de la fundadora doña Teresa Gil, un túmulo de piedra con pinturas del siglo XIV; el de la reina Beatriz de Portugal, de alabastro, del siglo XV; y en el suelo la tumba de doña Leonor de Castilla que fue priora del convento, cubierta por azulejos del siglo XVI. La iglesia con su artesonado mudéjar original del siglo XIV, el retablo churrigueresco del XVII; el claustro con el olivo milenario…

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El Monasterio está lleno de tesoros. Las propias estancias, con sus techos artesonados medievales, cerámicas y pavimentos, infinidad de magníficas obras de arte, pintura, escultura, ajuares, etc.

Aunque en este artículo vamos a centrarnos en la extraordinaria colección de sargas que posee. A pesar de que no se encuentran en Madrid sino en la bella localidad de Toro creo que es obligado conocerlas y que formen parte de la serie de trabajos aquí publicados sobre las Sargas, telas pintadas, el Oficio de pintor de sargas en Madrid en el siglo XVI y Una sarga del siglo XIX en el Museo Cerralbo.

En el impresionante Refectorio, de 40 m. de largo, restaurado en 1982, con su suelo de ladrillos cocidos y restos del artesonado originales, así como las mesas de nogal y la azulejería, se expone la mayor parte de la colección de sargas del siglo XVI que a pesar de todos los avatares sufridos en el monasterio a lo largo de los siglos se han conservado con su policromía original.

refectorio

Cuando comenzó la guerra en 1936, ante la situación de incertidumbre que se vivió, las sargas fueron escondidas en la bodega de la casa de una familia de Toro. Después volvieron a su lugar, siendo guardadas, bien protegidas, en un desván.

Las monjas por entonces sabían que eran obras de gran valor. Las Madres dominicas, la generación anterior a las que actualmente habitan el convento, fueron conscientes de la importancia de estas obras de arte pero quizá no sabían en realidad hasta qué punto.

Una de las cosas que demostró su importancia es que aparecían mencionadas a menudo en los libros del Archivo del monasterio, por ejemplo en los apuntes que reflejaban los gastos conventuales cuando con mucha frecuencia se colgaban para tapar algún altar.

Recordemos que en los siglos XV y XVI se realizaron muchas sargas debido a que eran más baratas que los tapices, para cubrir paredes con un fin decorativo. También eran utilizadas como puertas de los órganos en las iglesias o cortinas para cubrir los retablos de los altares en tiempos de Cuaresma. Por este motivo, igual que en Toro, se conservan otras sargas sobre todo en pequeños pueblos de toda España.

Hacia 1980 un ministro del Gobierno de la época visitó el convento. Se preparó la sarga del Prendimiento y la colgaron en el Claustro, lo cual demuestra la importancia que las monjas le daban ante un acontecimiento para ellas tan especial.

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El monasterio en esos momentos había llegado a un estado de gran deterioro. Felizmente, a partir de entonces se inició una época de restauración en la que se acometieron grandes reformas y mejoras. Hoy día es un placer contemplar sus estancias cuidadas y el magnífico museo, con un montaje expositivo moderno y alegre.

Cuando el refectorio pasó a formar parte del recorrido museístico fue decorado, como decía más arriba, con cinco de las siete sargas que forman la colección que describe escenas de La Pasión.

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Los personajes están representados en actitud exagerada y desmedida, llegando incluso a parecer caricaturas debido a sus facciones, como leemos en el texto de Mª Dolores Pérez, la autora del folleto editado por el propio monasterio, citado al final.

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En la Sala capitular, sala gótica, se encuentran las otras dos sargas, de la serie de siete. Es la parte más antigua del conjunto, hermosísima, reformada en el siglo XVII. Dos arcos torales la dividen en tres naves, una central que termina en un altar de azulejería en el que hay restos de pintura mural del siglo XIV, y dos laterales, más pequeñas.

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En estas últimas, una frente a otra, se ubican las dos sargas, de gran tamaño, 9 x 7 metros, La Caída…

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… y La Crucifixión.

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El estilo de todas ellas está inspirado en estampas florentinas y flamencas.

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La Crucifixión (detalle)

Por otra parte, en la zona habilitada como Museo de Arte Sacro se exponen tres telas, aguada sobre sarga. La Santa Cena, Oración del Huerto y Camino del Calvario, obras de Cristóbal Ruiz de la Talaya realizadas hacia 1643.

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Proceden de la iglesia de San Miguel, de Villavendimio, y emplean la técnica de las arquitecturas fingidas al trampantojo, tan utilizadas en el siglo XVII.

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Finalmente, aunque situada en la recepción del museo, mencionamos una última sarga, aquí situada por su gran tamaño, obra del siglo XVIII que procede del Obispado de Zamora.

La escena, enmarcada en un óvalo rodeado de flores, representa al joven San Estanislao de Kostka, de la Compañía de Jesús, que murió novicio.

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Si tenéis ocasión no dejéis de visitar este Monasterio y su Museo, es una delicia, ejemplo en el cuidado de sus obras de arte y en la forma en que es posible mostrar sus tesoros, entre ellos las delicadas sargas.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Sor Mª Dolores Pérez Mesuro por su ayuda.

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Bibliografía:

PÉREZ MESURO, Sor Mª Dolores. Monasterio de Sancti Spiritus el Real. Valladolid, 1994.

Dibujar Versalles. Los cartones de Charles Le Brun (1619-1690), la extraordinaria exposición que podemos visitar en CaixaForum hasta el próximo día 21 de junio, es sin duda una de las más interesantes de la actualidad madrileña que ningún amante del arte debería perderse. Es un nuevo ejemplo de la colaboración entre la Obra Social La Caixa y el Museo del Louvre que nos está deparando bellas sorpresas. Recordemos la anterior Mujeres de Roma, dedicada a la representación de la mujer en la decoración de las villas romanas.

Versalles fue la sede de la Corte francesa desde 1682 hasta finales del siglo XVIII, allí trasladada por Luis XIV. Charles Le Brun fue el artista encargado de planificar las obras en las que participaron cientos de artistas y artesanos. Él realizó algunas de ellas, destacando la Escalera de los Embajadores y la Galería de los Espejos.

Versalles

De su trabajo se conservan unos valiosísimos cartones preparatorios que ilustran la última fase del proceso desarrollado por el artista. Son estudios de personajes, figuras alegóricas, trofeos y animales que se integraron en las composiciones, concebidas como grandes rompecabezas simbólicos. Trescientos cincuenta de un fondo de más de tres mil dibujos procedentes del estudio del pintor que fueron requisados a su muerte en 1690 y añadidos a las colecciones reales. La muestra en CaixaForum Madrid está formada por 74 obras, entre las que destacan 36 de sus cartones, buena parte de los cuales se muestran al público por primera vez.

Un cartón es un modelo a escala natural creado para ser reproducido en otro soporte, como vidrieras, tapices, cuadros o pinturas murales. Mediante contornos calcados o perforados, se traslada el dibujo al soporte definitivo.

El montaje en CaixaForum es espectacular.

escalera y techo

Un gran trampantojo reproduce el desaparecido decorado de la Escalera de los Embajadores.

escalera le brun

Se ha recurrido al color para mostrar las zonas donde se encuentran los dibujos expuestos.

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Los dibujos preparatorios sirvieron para trasladar los contornos de los modelos de Le Brun a las paredes y techos.

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La perfección de los dibujos en su gran formato es excepcional.

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La otra gran obra fue la Galería de los Espejos, la lujosa, barroca galería situada en el centro de la fachada que da al jardín del Palacio de Versalles. Fue encargada en 1678 por el rey Luis XIV a su arquitecto Jules Hardouin-Mansart.

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El caso de una de las obras, El Franco Condado conquistado por segunda vez en 1674, en el que se muestran todas las fases del proyecto, es impactante. Admiramos desde las primeras ideas compositivas…

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El Franco Condado conquistado por segunda vez . Lápiz negro sobre dibujo calcado al lápiz negro, aguada gris y marrón.

… y un pequeño modelo sobre lienzo…

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… hasta los grandes cartones destinados a trasladar las imágenes al lienzo que finalmente se colocaría en el techo de la Galería, aquí reproducido.

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Un video muestra el minucioso proceso de restauración a que han sido sometidos los cartones antes de viajar a Madrid.

La exposición merece ser visitada por muchos motivos, a la belleza de los dibujos hay que añadir la dificultad de su contemplación, que no será posible otra vez en mucho tiempo.

Cuando termine la muestra el próximo mes de junio los exquisitos y delicados cartones volverán a París, al Museo del Louvre a descansar, donde en alguna estancia serán guardados durante cinco años en la más absoluta protectora oscuridad.

Por : Mercedes Gómez

El pasado mes de septiembre 2015 tuvimos ocasión de ver en la 2 de TVE un documental extraordinario titulado La Luz de Antonio. Se preparaba la exposición que actualmente ofrece el Museo Thyssen, los Realistas de Madrid.

Él, Antonio López, comienza diciendo: “Me enamoró… “. Se refiere a la pintura de su mujer María Moreno.

María nació en Madrid en 1933, tres años antes de que estallara la guerra. Muy pequeña fue a Valencia con su familia, donde, contó ella misma, tuvo gran libertad y vivió en contacto con la naturaleza, pero pronto volvió al duro Madrid de la posguerra y se convirtió en una adolescente introvertida. Dijo que la cultura le ayudaba a alejarse de la triste realidad y la pintura a expresarse.

Comenzó a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios. En 1954 entró en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando donde conoció a los que luego serían sus amigos para toda la vida y al que sería su marido, Antonio. Todos juntos formaron el grupo hoy conocido como los Realistas de Madrid, un grupo de artistas admirables pero sobre todo amigos, como ellos mismos siempre recalcan.

grupo joven

Hemos hablado aquí de ellos y de algunas de sus obras en varios artículos. Del propio Antonio López, de Amalia Avia y Lucio Muñoz, que tomó el camino de la abstracción. Julio López Hernández, que se casó con Esperanza Parada. Su hermano Francisco López Hernández, que se unió a Isabel Quintanilla.

grupo maduro

Esperanza –que había dejado de pintar hace muchos años– y Amalia murieron en los inicios de 2011. Lucio había fallecido en 1998.

Hay que resaltar el papel de las mujeres en la Escuela de Bellas Artes, en aquel Madrid de los años 50. Eran compañeras de estudios y en la vida, aunque ellos han llegado a ser más famosos, el arte de ellas fue muy importante, felizmente hoy día ya reconocido.

María se licenció en 1960 y se convirtió en profesora de dibujo. Al año siguiente se casó con Antonio.

Cuenta Antonio en el documental que después de casarse pasaron un mes en un pueblo de Alicante, pintando. Él dice que ella era su luz. Se enamoró de ella y también de su pintura. Nos explica que ella, más que los detalles, “captaba la luz, el alma de las cosas”.

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María Moreno ha participado en numerosas exposiciones colectivas. La primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1962, en el Palacio de Velázquez del Retiro. La última, la que actualmente podemos visitar en el Museo Thyssen.

Solo en tres ocasiones ha expuesto individualmente. La primera, en 1966 en la Galería Edurne. Eran óleos con silencio dentro, leemos en el antiguo catálogo.

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Unos veinte cuadros mostraban los lugares solitarios pero vividos por la autora. Como ese pasillo de la casa en Tomelloso.

(Foto rtve.es)

(Foto rtve.es)

En 1973 expuso en Frankfurt, Galería Herbert Meyer-Ellinger. Y la última en 1990 en París, en la Galería de Claude Bernard.

Bernard en aquellos momentos compró toda su obra. Hoy día cuenta Antonio López que no sabe cómo el galerista francés la conoció pero que la eligió y quiso que ella expusiera en su sala en París. Cuenta el propio Bernard que “ella no quería exponer, era feliz en su mundo”. En este aspecto coinciden todos. La mayoría pintaba para los demás, todos querían mostrar su obra, pero ella nunca quiso figurar socialmente, pintaba porque le gustaba.

Su pintura es luminosa, claros colores, difuminadas formas. Reconocida maestra del realismo, sus obras sin embargo parece que forman parte del mundo de la imaginación. A pesar de que pintaba sus cosas, su calle, sus flores… su pintura tiene algo de irreal.

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A veces reflejó los mismos escenarios que su marido, pero de forma distinta. Ella, más suave, cotidiana. Dice Antonio que, igual que Velázquez, Mari “empezó oscura y acabó luminosa”.

(Foto rtve.es)

(Foto rtve.es)

En 1993 produjo El Sol del membrillo, dirigida por Víctor Erice, gracias a ella fue posible el rodaje de una película tan especial y difícil. Antonio López quería pintar el sol… y ella hizo todo lo posible por ayudarle a lograrlo.

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María, Mari, como la conocen su familia y sus amigos, siempre ha acompañado a Antonio. Recuerdo las fotografías publicadas del pintor visitando las salas antes de la inauguración junto a ella cuando en 2011 se anunciaba su esperada y memorable exposición Antonio López en el mismo Museo Thyssen.

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Luego, cuando en 2014 se presentó la obra La Familia Real para Patrimonio Nacional, por primera vez María no estaba junto a Antonio en el acto social. Pero mientras él pinta en su estudio ella aún le acompaña y expresa la misma sensibilidad.

No hace mucho tiempo Claude Bernard quiso organizar otra exposición dedicada a la pintura de María Moreno, pero ya no ha sido posible. Ya no pinta.

Su obra está en gran parte en manos de colecciones privadas fuera de España, en Alemania, Francia e Italia. Cuenta su hija María López que hay muchas obras perdidas, o en lugar desconocido, sobre todo de la etapa en que la artista expuso en Alemania… Ella, comisaria de la exposición actual junto al director artístico del museo Guillermo Solana, ahora está buscando, con el objetivo de un día poder dedicar una exposición a la obra de su madre. Ojalá pronto podamos ver esa muestra por la que trabajan sus hijas, ahora de momento podemos admirar catorce obras en la exposición los Realistas de Madrid en el Museo Thyssen. Lo cierto es que es una ocasión única para conocer su pintura.

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(Foto: rtve.es)

El documental se puede ver en la web de rtve, La luz de Antonio. Si no lo habéis visto, no os lo perdáis, es maravilloso, es enternecedor, y enriquecedor, escuchar a Antonio López, a sus hijas y otras personas que la conocen a ella y a su arte.

Al final, la familia celebra el 82 cumpleaños de María, en el mismo jardín que ella tantas veces pintó y las bellas flores que ahora decoran una tarta alrededor de la cual se reúnen todos.

(Foto: rtve.es)

(Foto: rtve.es)

Hasta el próximo 22 de mayo podemos ver la exposición Realistas de Madrid, en el Museo Thyssen, donde los amigos se han vuelto a reunir y María Moreno brilla con luz propia. La luz de María Moreno, la luz de Antonio.

Hace pocas semanas hemos tenido ocasión de escuchar a Antonio López en su Conversación en el Palacio Real con Julio López y Francisco Calvo Serraller, una delicia. Salí enamorada de la sabiduría de Antonio López, de su pintura ya lo estaba…

Si os apetece completar esta historia En torno al arte contemporáneo, Antonio López y Julio López Hernández, se puede ver aquí.

Por : Mercedes Gómez

Otra de las sugerentes exposiciones recientemente inauguradas en Madrid, recomendable a todo amante y estudioso del arte, es Miró y el objeto, en CaixaForum, que nos ofrece, además de una selección de obras extraordinarias, una nueva visión del arte del genio.

caixa forum miro

Joan Miró, uno de los grandes artistas del siglo XX, ha ejercido sin duda una gran influencia en el desarrollo del arte contemporáneo. La exposición, con un montaje brillante, se centra en uno de los aspectos más desconocidos de la obra y la personalidad de Miró, su relación con los objetos y el papel que estos jugaron en la evolución de su obra.

Desde el principio, cuando tenía poco más de veinte años, pintó naturalezas muertas, bodegones en los que a menudo los protagonistas eran objetos domésticos, tal vez un preludio de su intención de acercarse a la pintura en tanto que objeto que habita el mundo real, no como ilusión.

“El tiesto y el limón”. Óleo sobre tela (1916)

“El tiesto y el limón”. Óleo sobre tela (1916)

En una carta escrita en 1922 Miró afirmó que buscaba los objetos humildes, y que para darles emoción a estas cosas había que amarlas enormemente.

La exposición nos invita a adentrarnos en este mundo de objetos. Objetos de todo tipo que él encontraba y guardaba, que fue coleccionando a lo largo de toda su vida, muchos de ellos utilizados o convertidos en esculturas.

objetos miro

Hacia 1927 proclamó su deseo de asesinar la pintura y poco después dicen que afirmó que la pintura estaba en decadencia desde la edad de las cavernas.

Por esa época Miró comenzó a elaborar collages en los que utilizaba materiales ajenos al arte convencional, no pictóricos, en formatos no habituales. Como el alquitrán sobre el óleo, caseína, arena… comenzó a pintar sobre conglomerado, sobre madera…

“Pintura”. Óleo, alquitrán, caseína y arena sobre masonita. (1936)

“Pintura”. Óleo, alquitrán, caseína y arena sobre masonita. (1936)

El uso de esta técnica le abrió un mundo de enormes posibilidades en su intento de llegar a esa pintura-objeto que él pretendía lograr. Del collage llegó a la escultura.

Decoraba las pinturas con signos caligráficos que recordaban los dibujos infantiles y las pinturas rupestres que había conocido en 1957 en Altamira. Joan Miró en realidad creó un lenguaje propio y único.

pintura objeto

A finales de los años 40, principios de los 50 comenzó a utilizar materiales como el hierro, bronce, y sobre todo la cerámica, a veces mezclando todos ellos.

pintura objeto ceramica

El artista llegó a la cerámica por ese deseo de destruir el lienzo con marcas o signos. Poco a poco fue abandonando prácticamente la pintura para dedicarse a la escultura. Él mismo escribió que su pretensión era que el objeto en sí mismo dejara de existir y se transformara en una escultura. Hacia 1960 se inclinó cada vez más por el bronce.

Y así, en contra de las ideas convencionales o tradicionales, llegó a su antipintura o segundo asesinato de la pintura. En los comienzos de los años 70 rajó, cortó, incluso quemó la superficie de los cuadros, invitando a mirar y convencer de que la pintura era algo real, no una ilusión.

“Pintura”. Óleo sobre tela (1973)

“Pintura”. Óleo sobre tela (1973)

A la vez se dedicó a la creación de los cuadros-objeto.

“Cuadro-objeto” (1972)

“Cuadro-objeto” (1972)

Como él mismo había dicho en sus comienzos, para comunicar había que amar los objetos que se representaba. Y él lo demostró. Consiguió trasmitir una nueva forma de expresar y también percibir el arte.

sala antipintura

CaixaForum nos propone además una serie de actividades en torno a la muestra muy interesantes, como las visitas comentadas los fines de semana. Toda la información, horarios y precios, en su web.

Por : Mercedes Gómez

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Miró y el objeto
CaixaForum
Paseo del Prado 36
Hasta el 22 de mayo

Hasta el próximo día 28 de febrero el Museo Reina Sofía nos ofrece Andrzej Wróblewski. Verso/Reverso. Toda una sorpresa, un artista prácticamente desconocido en España -aunque una gran figura en su país, Polonia-, que vamos descubriendo en este siempre perfecto escenario del Palacio de Velázquez del Retiro.

palacio velazquez

Su pintura y su historia son emocionantes. La exposición, aunque se centra en dos etapas de su producción, no es cronológica, pero sí permite comprender la evolución, no ya de su obra -realizada en apenas diez años- sino del artista, de la persona.

En una vitrina una serie de fotos y documentos nos ayudan a saber quién fue Andrzej Wróblewski.

Andrzej nació en 1927 en Vilna (actual Lituania, entonces pertenecía a Polonia). Vivió una época difícil, una guerra, una posguerra y un sistema político que marcaron su obra. Y su vida.

Una foto de los comienzos de la década de los 30 muestra la familia, los padres, Bronislaw y Krystyna, con sus hijos pequeños, Jerzy y Andrzej, en su casa seguramente confortable. Su madre era artista gráfica y fue ayudante de Cátedra. Su padre era catedrático de Derecho y fue rector de la universidad en Vilna; en 1941 durante un registro nazi del hogar familiar murió de un infarto, en presencia de Andrzej que aún era casi un niño.

En 1945, con apenas 18 años se trasladó a Cracovia, Polonia, comenzando a crear su obra compleja, que abarca tanto el realismo como la abstracción, siempre con un lenguaje muy personal. Dramatismo, dolor, también esperanza. Una dualidad que se encuentra en una de las singularidades del artista, su pintura por las dos caras del papel o del lienzo. Inicialmente se pudo deber a razones económicas, pero luego sin duda fue algo premeditado, una forma de expresión.

Abstracción geométrica en gris y Abstracción geométrica (1948)

Abstracción geométrica en gris y Abstracción geométrica (1948)

 

Retrato de un joven (sin fecha)

Retrato de un joven (sin fecha)

Viajó a Holanda donde conoció a Piet Mondrian que seguramente influyó en su obra. Participó en la primera exposición de Arte Moderno que hubo en Cracovia, en 1948, sobre todo de obras abstractas, aunque él expuso también su realista Pintura sobre los horrores de la guerra.

El chófer azul (1948)

El chófer azul (1948)

Siempre la dualidad, que le llevó a pintar La liquidación del gueto (1949) en el reverso de El chófer azul (1948), imagen del trabajador socialista que conduce hacia un mundo mejor, tema recurrente en su pintura.

La liquidación del gueto (1949)

La liquidación del gueto (1949)

 

Entonces cambió la abstracción por el realismo directo, el que la ideología comunista esperaba de él. Aunque su visión fue muy personal y no llegó a ser aceptada del todo.

Autorretrato, 1949

Autorretrato, 1949

Algunas de sus pinturas sobrecogen.

Ejecución con niño (1949)

Ejecución con niño (1949)

En 1950 solicitó su ingreso en el Partido Obrero Unificado Polaco. Leemos dos informes de dicho partido, uno de 1952, otro al año siguiente. La redacción del perfil del solicitante proporciona muchos datos sobre el artista, también sobre la época. No tienen desperdicio. Consideraban que tenía talento artístico pero que “persisten vestigios intelectuales de clase, aprendidos en su casa”.

Contemplamos su diploma de la Academia de Bellas Artes, departamento de Pintura, obtenido en 1952. Ese año conoció a Teresa Reutt, con quien se casó.

Vemos fotografías, simpáticos autorretratos, con su esposa hacia 1954, año en que nació su primer hijo… Ese tipo de cosas que nos cuentan quién fue una persona, qué hizo, quienes le rodeaban, que siempre resultan un tanto conmovedoras.

fotos con su esposa

En 1956 volvió a la experimentación y vivió un explosión de creatividad extraordinaria.

Junto a las escenas de índole social o colectiva utilizó las familiares. Madres, hijos, parejas, y la muerte, que representaba con el color azul.

Madre e hija, la colada (1956)

Madre e hija, la colada (1956)

En marzo de 1957, durante una excursión en soledad por la montaña, murió. Solo tenía 29 años.

Es triste contemplar su Autorretrato alegre, pintado poco antes.

1957autorretrato

Autorretrato alegre (1957)

Por : Mercedes Gómez

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Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Palacio de Velázquez, El Retiro.
Exposición Andrzej Wróblewski. Verso/Reverso.
Hasta 28 de febrero 2016.

Visitas comentadas : los domingos a las 12,30 h.

 

 

La iglesia de San Pedro Ad Víncula, que visitamos hace ya más de año y medio, en junio de 2014, se encuentra en el Casco Histórico de Vallecas. Recordemos que inicialmente el motivo de nuestra visita fue conocer la Capilla del Santísimo, antiguo Camarín de Nuestra Señora del Rosario, que entonces hallamos cerrada debido a las obras de restauración.

san pedro

El templo, su historia y las obras de arte que guarda fueron un inesperado premio, un gran descubrimiento, mereció la pena el paseo. Hoy volvemos a la Villa de Vallecas para admirar el valioso Camarín, una verdadera joya barroca cuyas pinturas hasta ahora solo conocíamos por las fotografías de la Junta de Incautación de Madrid que se conservan en el Ministerio de Cultura, Fototeca del Patrimonio Histórico.

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

La Capilla es muy bella. Situada junto al altar mayor, en el lado de la epístola, fue creada en el siglo XVII sobre una construcción anterior.

capilla

Consta de dos espacios. El principal es de planta cuadrangular.

capilla completa

Está cubierto con una bóveda semiesférica con casquete central sobre pechinas.

cupula

Bóveda del Camarín de la Virgen del Rosario, Vallecas, diciembre 2015

Y tres lunetos, todo ello decorado al temple. Dos de los lunetos tienen una ventana en el centro.

cupula 3 lunetos

El tercero está adornado con el Nacimiento de la Virgen.

luneto3

La obra pictórica tradicionalmente se consideró próxima al arte de Lucas Jordán hasta que Natividad Galindo, como ya vimos en el artículo dedicado a Juan Vicente de Ribera, la relacionó con la Capilla de las Sagradas Formas de Alcalá de Henares. Su similitud en cuanto a estilo y contenido figurativo deja casi fuera de toda duda la autoría de Ribera.

La cúpula está dividida en ocho gajos por nervios cajeados fingidos tan perfectos que parecen verdaderos, adornados con ramos de frutas. En cada uno de ellos se halla la figura de un ángel, distinto en cada caso, con motivos alegóricos; en los extremos, letras que forman la frase “Mª del Rosario”. La bóveda se remata con un óculo con nuevas figuras de ángeles.

cupula angeles

Las cuatro pechinas son falsamente cóncavas gracias a la representación de arquitecturas fingidas con las imágenes de los cuatro Evangelistas. Son numerosos los recursos al trampantojo, característicos del Barroco. Juan Vicente de Ribera fue heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

pechina

El segundo espacio, más pequeño, es la antecapilla, situada tras un arco que, en lugar de un luneto, ocupa el cuarto lado de la cúpula.

antecapilla completa

El Camarín ha sido restaurado en varias ocasiones, en los años 50 del pasado siglo, entre 1996-2004 y más recientemente, entre 2012-2013, bajo la supervisión de la Comunidad de Madrid. De julio a septiembre 2012 se llevaron a cabo la limpieza y eliminación de antiguos morteros procedentes de una intervención anterior.

Igual que todo el templo, presentaba un gran deterioro debido a las humedades y a intervenciones no apropiadas. Su estado era lamentable por lo que se procedió a una restauración en profundidad. Era utilizado como almacén de forma que hubo que retirar armarios, entelados, cables, etc. para devolverle su aspecto original y recuperar elementos ocultos y dañados.

Después en esta primera fase se procedió a la consolidación y reintegración de elementos perdidos, con materiales estables, inocuos y reversibles.

En la cúpula, además de su restauración se realizaron una serie de catas en busca de las pinturas de la decoración primitiva que se suponía había bajo el temple actual sobre yeso, de las que solo se veía un pequeño fragmento en uno de los paramentos. Apareció una decoración al temple sobre cal y arena, de principios del siglo XVII.

pintura paramento

En los vanos de los huecos convertidos en armarios había decoraciones de dos épocas diferentes. Abajo, sin datar aún, al temple sobre cal y arena. Arriba, óleo sobre yeso, quizá del XVIII.

En la antecapilla aparecieron restos arquitectónicos y pinturas más antiguas, realizadas antes que las de la cúpula, muy sencillas pero de gran interés.

arco y pinturas

En los años 50 del pasado siglo XX fue cubierta por una bóveda de cañón que tapaba una anterior bóveda de arista. Se eliminó un muro ciego que dejó a la vista el arco de medio punto entre los dos espacios, con decoración vegetal de temple y oro sobre yeso.

arco y bovedas

Toda la capa pictórica fue limpiada y consolidada. En septiembre-noviembre 2013 finalizaron los trabajos en la cúpula y en el arco de encuadre entre los dos espacios, recuperándose los volúmenes y pinturas originales, las más antiguas probablemente realizadas en torno a 1650. Una de las tareas más delicadas fue la reintegración de las pinturas perdidas en la cúpula, que pudo llevarse a cabo gracias a las fotografías conservadas en los archivos del IPHE, siempre teniendo en cuenta la reversibilidad.

Finalmente, en 2014-2015 han terminado los trabajos de consolidación y restauración de la pintura, recuperada en los huecos de los vanos, la bóveda de arista y el arco de comunicación entre los dos espacios.

En la estancia más pequeña se hallaron vestigios de pintura de ángeles y flores al temple sobre yeso que corresponden al arranque de la bóveda de arista y paramentos primitivos, de una primera capilla-camarín.

Se realizó un estudio completo del estado de conservación, técnica del pintor, etc. y se descubrieron una serie de hechos importantes.

antecapilla

La capilla está realizada en fábrica de mampostería y ladrillo, con dos enlucidos de mortero, una primera capa de temple sobre cal y arena de comienzos del siglo XVII y una segunda capa de yeso de mediados del mismo siglo. Sobre esta última están las pinturas realizadas al temple de Juan Vicente de Ribera.

El Camarín es una joya que merece la pena contemplar, lleno de detalles pictóricos y arquitectónicos, pero también toda la iglesia. Sus muros, la bóveda gótica… eliminados los daños por la humedad, ahora lucen en todo su esplendor.

Antes de abandonar el histórico templo, no hay que olvidar tampoco admirar la pintura La Liberación de San Pedro de Angelo Nardi, igualmente restaurada por la Comunidad de Madrid, que pudimos ver de cerca en la exposición El triunfo de la imagen, uno de los cuadros situados en el altar mayor, a la izquierda de La liberación de San Pedro de Ricci, ubicada en el muro exterior del Camarín.

Mucho arte para disfrutar.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GALINDO, Natividad. El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
GARCÍA GUTIÉRREZ, P.F. y MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería 2006.
LÓPEZ FERNÁNDEZ, Yolanda. “Iglesia de San Pedro Ad Vincula de Vallecas (Madrid). Restauración de la capilla de la Virgen del Rosario”, en Pintura mural de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, 2015.

 

 

La batalla de Mühlberg tuvo lugar el 24 de abril de 1547 en esa ciudad, a orillas del río Elba -actual estado alemán de Brandeburgo, entonces estado de Sajonia-. Peleaban las tropas de Carlos V, con el duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo como General al mando, y los protestantes de la Liga de Smalkalda, dirigidos por Juan Federico de Sajonia, duque de Sajonia. El emperador ganó la batalla.

Al año siguiente Tiziano lo inmortalizó en su famoso cuadro, la obra maestra Carlos V en la Batalla de Mühlberg.

Carlos V en la Batalla de Mühlberg (1548) óleo sobre lienzo 335x283 cm. (Museo del Prado)

Carlos V en la Batalla de Mühlberg (1548) óleo sobre lienzo 335×283 cm. (Museo del Prado)

El retrato ecuestre del emperador Carlos V, conmemorativo de la victoria en Mühlberg, ingresó en las colecciones del Museo del Prado en 1827 donde hoy lo podemos admirar.

Para ver otra representación de la Batalla tenemos que alejarnos un poco de Madrid, pero merece la pena. En Alba de Tormes, un histórico pueblo de Salamanca, entre otras razones por ser el lugar donde murió Santa Teresa, además de otras joyas en su Castillo existen unos maravillosos frescos renacentistas que la describen.

El origen del Castillo de Alba de Tormes fue, igual que el de otros castillos medievales, entre ellos el Castillo de Madrid, un mero emplazamiento militar. Se remonta posiblemente al siglo X cuando tras la conquista el año 986 de Alba, Salamanca, Zamora y León por Almanzor, allí sobre un cerro de pizarra, en la orilla derecha del Tormes… se alzaría ya entonces una pequeña defensa que menciona el autor árabe al-Udri, nos cuenta Manuel Retuerce. Un cerro de pizarra, roca característica de estos parajes.

alba de tormes pizarra

En el siglo XII, en 1140, ya aparece una mención en el Fuero de la Villa de Alba. Con el transcurso de los años la población fue concedida a diferentes Infantes y miembros de la Nobleza. Desde 1430 el señorío de la villa perteneció a los Álvarez de Toledo; el alcázar pasó a ser su residencia. Eran los tiempos de Juan II.

A lo largo del siglo XV vivió varias etapas constructivas, según se fueron sucediendo los dueños. El obispo Gutierre Álvarez de Toledo, primer Señor de Alba (1376-1446), Fernán Álvarez de Toledo I conde de Alba (1398-1464), García Álvarez de Toledo, I duque de Alba (¿?-1488) y Fadrique Álvarez de Toledo, II duque de Alba (1458-1531).

Después se convirtió en un palacio adaptado a las costumbres cortesanas. Hemos visto ejemplos en Madrid, como los de los Mendoza y los Zapata en Buitrago de Lozoya y Alameda de Osuna. Los nobles construían sus palacios aprovechando antiguas fortalezas.

En este caso fue el III Duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo -uno de los protagonistas de la batalla de Mülhberg, como hemos visto-, el llamado Gran Duque de Alba, quien lo reformó profundamente según modelos renacentistas que había conocido en sus viajes por Italia. El palacio alcanzó su mayor esplendor. El Duque amplió la torre del siglo XV con el fin de iluminar la primera planta y decorarla con frescos. En el siglo XVI algunos nobles decoraron sus palacios con pinturas históricas. Así lo haría después el rey Felipe II en la Sala de Batallas del Monasterio de El Escorial,

Es también conocido que el Castillo a lo largo del tiempo recibió visitas de personajes del Siglo de Oro, como Santa Teresa, Garcilaso o Lope de Vega.

castillo y el rio

Lope de Vega, que había sido desterrado de la Corte -cuya sede ya había sido establecida por Felipe II en Madrid-, llegó a Alba de Tormes hacia 1592. Y aquí vivió hasta que pudo volver a la añorada corte madrileña, y en 1596 instalarse en su casa en la calle de Francos, hoy calle de Cervantes.

Lope, aunque en algunos lugares se dice que fue secretario, se cree que durante su destierro fue el gentilhombre del V duque de Alba, don Antonio Álvarez de Toledo, nieto del Gran Duque. Lope debió ser acompañante del Duque en calidad de poeta y animador literario en las muchas fiestas que en el palacio tuvieron lugar.

Aunque lejos de su Madrid vivió el ambiente cortesano y de lo que no cabe duda es que vivió el gran ambiente literario que existió en la Casa del duque de Alba. Con 30 años, comenzando su gran carrera, allí escribió algunas de sus comedias que fueron estrenadas en el propio castillo.

El lujoso palacio, descrito por Ponz en su viaje en el siglo XVIII, contaba con un bello patio, una portada con similitud a las de la portada principal de la Universidad de Salamanca, la Torre Dorada con pinturas al fresco, una espaciosa Galería con columnas de mármol y la Torre de la Armería digna de verse, así por sus armas y armaduras, como por las pinturas que adornan las paredes…

Carderera, 1836 (detalle) (bibliotecadigital.jcyl.es)

Carderera, 1836 (detalle) (bibliotecadigital.jcyl.es)

Durante la Guerra de la Independencia el edificio sufrió graves daños, su ocupación por unos y otros lo fue deteriorando; al parecer las propias tropas españolas lo incendiaron para evitar que volvieran a instalarse los franceses.

P. Villaamil, 1850 (bibliotecadigital.jcyl.es)

P. Villaamil, 1850 (bibliotecadigital.jcyl.es)

El abandono y los expolios lo acabaron de arruinar.

Parcerisa, 1865 (bibliotecadigital.jcyl.es)

Parcerisa, 1865 (bibliotecadigital.jcyl.es)

En 1991 se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas. Para entonces ya solo quedaba en pie la Torre de la Armería o Torre del Homenaje. Los cimientos aparecidos del castillo-palacio permitieron constatar que en su última etapa fue un gran edificio de planta cuadrada con seis torres.

torre armeria

El Torreón consta de tres plantas; en la planta baja, antiguo Salón de la Armería, donde los duques exhibían sus armas y trofeos, se ha instalado una Sala Museo en la que se exponen algunos de los hallazgos arqueológicos junto a paneles explicativos.

museo planta baja

Una estrecha escalera conduce a la primera planta o central en la que tenían lugar las representaciones teatrales.

subida a la torre

En ella se encuentra la gran sorpresa. Todo el espacio está decorado con pinturas al fresco, apenas una pequeña muestra del lujo y el arte que debió adornar el palacio desde los tiempos del Gran Duque.

Los frescos, ocultos bajo sucesivos encalados, fueron descubiertos a mediados del siglo XX por Luis Martínez de Irujo, que los estudió. Fueron realizados por Cristóbal Passini entre 1567 y 1571 con la ayuda del pintor Miguel Ruiz de Carvajal y tal vez su hermano Juan Bautista Passini.

Las pinturas están formadas por arquitecturas fingidas al trampantojo (columnas, frontones, suelos… seguramente obra de Carvajal) y por figuras históricas, de Passini.

pinturas arq fingidas

En las paredes, las escenas históricas consisten en tres grandes frescos que representan la batalla de Mühlberg, protagonizada entre otros, como ya dijimos, por el propio III Duque de Alba.

La primera escena describe el paso del Elba de los tercios del Gran Duque de Alba y la entrada a la ciudad de Mühlberg.

Foto A. Sánchez Jiménez (*)

Foto A. Sánchez Jiménez

La segunda muestra el combate entre las tropas del Duque y los protestantes en el bosque de Lochau.

escena2

Foto A. Sánchez Jiménez

Y la tercera -de la que se perdió una parte-, el final de la batalla, con la entrega a Carlos V del Duque de Sajonia.

escena3

Foto A. Sánchez Jiménez

La bóveda y otros espacios están ocupados por figuras alegóricas.

figuras boveda

En el centro de la bóveda, el escudo de los Álvarez de Toledo.

frescos boveda

La ampliación realizada en el siglo XVI, recordemos para iluminar la estancia, también conserva las pinturas de sus muros donde se representan las Virtudes y las figuras de su bóveda.

boveda ventana

En su trabajo, citado más abajo, Antonio Sánchez Jiménez explica cómo los frescos, las escenas de la batalla, y la decoración de la Torre de la Armería inspiraron a Lope de Vega para componer su Arcadia, en la que incluiría referencias a los objetos y pinturas que aquí pudo contemplar.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MARTÍNEZ DE IRUJO, Luis. La batalla de Mühlberg en las pinturas murales de Alba de Tormes. Real Academia BBAA San Fernando, Madrid, 1962.
RETUERCE VELASCO, Manuel. “El Castillo de Alba de Tormes: primeros resultados arqueológicos” en Boletín de Amigos del Museo de Salamanca, 1992.
SÁNCHEZ JIMÉNEZ, Antonio. “Furor, mecenazgo y enárgeia en la Arcadia (1598): Lope de Vega y los frescos de Cristoforo Passini para el palacio del Gran Duque de Alba”. Revista Etiópicas, nº 10, 2014.
Turismo de Salamanca. Castillo Duques de Alba. Torre del Homenaje. Salamanca, 2014.

 

 

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