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Una de las exposiciones más interesantes y sugerentes que podemos visitar estos días en Madrid es Darío Villalba. Pop soul. Encapsulados y otros, en un escenario perfecto, la Sala Alcalá 31.

Darío Villalba comenzó a preparar esta exposición, junto a su comisaria María Luisa Martín de Argila, hace dos años. Lamentablemente el artista murió antes de ver concluido su sueño –reunir sus encapsulados o crisálidas–, el pasado mes de junio de 2018, y ella tuvo que terminar el trabajo sola.

Darío nació en San Sebastián en 1939. Dos hechos, cuenta la comisaria en el espléndido Catálogo editado para la ocasión, condicionaron su vida cosmopolita y espíritu progresista. Uno de ellos fue la formación recibida bajo las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, en la que estudiaron sus padres; él mismo fue al Colegio Estudio. Su abuelo materno fue el arquitecto Antonio Florez Urdapilleta, recordemos creador de varios centros escolares inspirados en la ILE. El otro hecho fue la residencia de la familia en varios países debido a que su padre era diplomático.

Muy joven, tenía poco más de 30 años, en 1970 obtuvo un gran éxito en la XXXV Bienal de Venecia.

En 1973 el fotógrafo Luis Pérez Mínguez realizó una serie de reportajes que dieron a conocer su obra.

Foto: L. Pérez Mínguez, 1973. (Catálogo Comunidad de Madrid, 2019)

Darío Villalba se convirtió en uno de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque pertenecía a la generación heredera de los informalistas abstractos él se sintió más cerca del arte conceptual y el arte pop, en lo cual tuvo mucho que ver su estancia en EEUU hacia 1964-65 donde se sintió fascinado por los excesos (de alegría, de dolor…). Allí, en Nueva York, entró en contacto con Andy Warhol. De hecho sus primeros encapsulados fueron realizados a partir de fotografías de actores de la famosa Factory de Warhol.

El propio Darío contó que Warhol, estrella emergente que por entonces él admiraba, le dijo: Lo que usted hace es pop soul, pop del alma.

En 1978 lo entrevistó Santiago Amón para el programa de TVE Trazos: Entrevista al pintor Darío Villalba en la que habla de su arte y de sus preocupaciones. Aún no tenía 40 años.

Lo que más le interesaba eran las personas y sus emociones. La enfermedad, los marginados, la culpa, el arrepentimiento

Muchas de estas cosas las cuenta él mismo en una entrevista realizada en 2014, cuando ya tenía 75 años: Darío Villalba. Confesiones. Y en el programa Atención obras (min. 32) con motivo de su exposición en el CEART en 2015.

Darío Villalba fue pionero en el uso de la fotografía como soporte pictórico, pintura que manipulaba para expresar lo que pretendía.

La primera serie de encapsulados o crisálidas, seres con dos pieles según sus propias palabras, de fuerte colorido, en el que domina el rosa, fue realizada entre 1968-69 y es la que fue expuesta en Venecia.

Son figuras suspendidas envueltas en metacrilato, protegidas del mundo exterior. La segunda piel que protegía a los protagonistas.

Después de la Bienal el artista llegó a la conclusión de que esos encapsulados de color rosa no transmitían exactamente lo que él deseaba. Los personajes debían ser inquietantes, aislados, provocar emociones.

Decidió crear una nueva serie, en que la fotografía apenas sería manipulada limitándose al blanco y negro. Esta nueva serie es la que fue expuesta en 1973 en la XII Bienal de Sao Paulo que obtuvo el Premio Internacional de Pintura.

En 1974 los encapsulados llegaron a Madrid, fueron expuestos en la Galería Vandrés.

El artista fue Premio Nacional de Artes Plásticas en 1983 y miembro de la Real Academia de Bellas Artes desde 2002. En 2007 el Museo Reina Sofía le dedicó una exposición Darío Villalba. Una visión antológica 1957-2007.

Pero desde aquella exposición en la Galería Vandrés hace cuarenta y cinco años no se había conseguido reunir la mayoria de estas crisálidas.

Y es la primera vez que se exponen juntas las dos series, además de otras obras relacionadas con ellas.

Por todas estas razones la exposición es un acontecimiento que merece la pena no perderse. Además la Comunidad de Madrid programa varias actividades, entre ellas visitas guiadas, los sábados a las 12 h. Entrada libre, con aforo limitado.

Hay que recomendar finalmente el Catálogo, magnífico, él mismo “encapsulado”, protegidas sus portada y contraportada en blanco y negro por una doble piel de plástico que aporta el color rosa.

Todos los detalles:

Darío Villalba. Pop soul.
Sala Alcalá 31

Hasta el 28 de julio.

Por: Mercedes Gómez

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Estos días podemos visitar en Madrid una exposición muy interesante, La zarza ardiendo. Entre el asombro y la emoción (1955-1975), en O_Lumen.

La sala, situada en la calle de Claudio Coello nº 141, ocupa desde marzo 2018 la que fue iglesia de Santo Domingo el Real, obra del dominico Francisco Coello de Portugal, que fue inaugurada en 1968. El espacio ha sido rehabilitado para su uso artístico y cultural, un espacio para las artes y la palabra, manteniendo solo algunos de los elementos de la antigua iglesia.

La exposición actual ofrece un magnífico recorrido por el arte sacro realizado en España entre 1955-1975, la arquitectura religiosa de la época y en cierto modo también por la escultura en general.

Venancio Blanco, Nazareno (1963)

Varios artistas –algunos de ellos formaron parte de la vanguardia española– están presentes.

Uno de ellos es Pablo Serrano, con su “Cristo”, un boceto en bronce (1963-64), entre otras piezas.

Una de las obras expuestas, en el centro de la sala, es el espectacular “Gólgota” de Lucio Muñoz. Obra característica de su autor, de 1964 (técnica mixta sobre tabla), procedente del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

También podemos contemplar el “Crucificado” (1961) de Josep Mª Subirachs, de bronce, procedente del Convento de Padres Dominicos de Torrelodones. Esculturas de Venancio Blanco, José Luis Coomontes… Algunas pinturas, “Santo Domingo de Guzmán” (1971) de Joaquín Vaquero Turcios y un “San Pedro” (1958) de Francisco Farreras. Etc.

Son varias las obras del escultor José Luis Sánchez, que como vimos trabajó en varias iglesias madrileñas junto a arquitectos como Rodolfo García-Pablos, Miguel Fisac…

Todos estos artistas coincidieron en distintas ocasiones. Su obra tiene mucha importancia tanto en el marco artístico general de aquellos años como en el significado de los cambios que tuvieron lugar en el arte religioso.

J.L. Sánchez. “San Francisco de Asís” (1958)

Finalmente, la muestra ofrece un apartado dedicado a la arquitectura, mediante revistas, libros, alguna maqueta y fotografías.

Se han seleccionado siete iglesias españolas de los años 50 y 60, todas ellas singulares, obras de los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oíza, Luis Laorga, Rafael de la Hoz, José María García de Paredes, los mencionados Miguel Fisac, Francisco Coello, Rodolfo García-Pablos, etc. De la obra de algunos de ellos hemos hablado en este blog, como la Iglesia de Santa Ana y la Capilla del Espíritu Santo, de Fisac; o la Basílica de la Merced, de Oíza y Laorga.

Luis Cubillo de Arteaga. Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito, 1961-63.

Fueron los arquitectos que contaron con los mejores pintores, escultores, artesanos… para conseguir sus objetivos renovadores, en este caso para el arte sacro, pero no únicamente.

Completan la muestra una serie de proyecciones sobre las obras de alguno de los escultores y un video con entrevistas breves a cuatro de ellos. Y la música acompaña durante toda la visita.

Es una exposición espléndida, y es gratuita. Toda la información se puede consultar en su web:

O_Lumen
Calle Claudio Coello, 141
La zarza ardiendo. Hasta el 9 de junio.

Miércoles a Sábados
De 11 a 14 h. y de 17 a 21 h.
Domingos
De 11 a 14 h.

Por: Mercedes Gómez

Recordemos que entre 1574 y 1579 el Concejo había adquirido unas casas en la plaza de San Salvador. En ellas se reunieron hasta el año 1619; por entonces tuvieron que buscar un nuevo lugar debido a su estado ruinoso. Estas viejas casas consistoriales fueron derribadas y el solar, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, fue el elegido para construir la Casa de la Villa. El Concejo se trasladó, de alquiler, a las casas que habían sido de don Juan de Acuña en la calle Mayor.

Por fin, en 1629, reinando Felipe IV, una Licencia Real concedió la autorización para construir la Casa Ayuntamiento de Madrid. El Concejo encargó el proyecto al arquitecto Juan Gómez de Mora, Maestro Mayor de Obras Reales y Maestro Mayor de Obras de la Villa. El primer proyecto no se conserva pero sí un dibujo posterior, el alzado del edificio que en esencia se cree mantiene la idea inicial del arquitecto. La construcción no comenzó hasta 1644.

Casa de la Villa de Madrid, alzado de la fachada a la calle Mayor, 1644 (Catálogo Juan Gómez de Mora, nº 122) (Museo de Historia)

En la edificación de la Casa de la Villa, que tardó muchos años en terminarse debido sobre todo a problemas económicos, participaron varios arquitectos. A partir del proyecto de Gómez de Mora, intervinieron José de Villarreal, Bartolomé Hurtado, José y Manuel del Olmo, Cristóbal de Aguilera y Teodoro Ardemans.

Una pintura expuesta en el Museo de Historia, realizada entre 1676-1700, muestra la Casa Consistorial en construcción.

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, óleo sobre lienzo, anónimo (1676-1700).

La escena representada tiene lugar en la plaza de la Villa. Además de ofrecer mucha información sobre el ambiente de la plaza en la que en esos momentos se encuentran todo tipo de personajes, “obreros, clérigos, aguadores, mujeres, niños, caballeros, mendigos, vendedores y animales” también permite observar la construcción de la sede del Concejo madrileño que se estaba llevando a cabo.

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, óleo sobre lienzo, anónimo (1676-1700) (detalle)

Teodoro Ardemans fue el encargado de acabar las obras, lo cual ocurrió por fin en 1695, después de más de cincuenta años. Este arquitecto diseñó las dos portadas barrocas, ideó la capilla, configuró el patio, la escalera de honor y remató las torres.

Las dos entradas se deben a que en origen el edificio fue diseñado para albergar la Casa y la Cárcel de Villa. La de la izquierda era la que daba acceso a la Cárcel; la de la derecha al Ayuntamiento.

El Salón Real se creó en 1656, con el balcón que se asoma a la calle Mayor, para que la reina pudiera contemplar la procesión del Corpus en la casa nueva que se estaba edificando, en el lugar donde había estado la cárcel vieja, como vimos en el artículo anterior.

Hoy día, desde el zaguán se accede a la Escalera de Honor donde se encuentra la escultura de la famosa Mariblanca, escalera que lleva al Salón Real y a otras estancias nobles, como veremos.

Con el tiempo el Salón, desde el que las reinas contemplaban la procesión del Corpus, se convirtió en Sala de recepciones o antesala de la Alcaldía; hoy es conocido como Salón Goya por el cuadro que lo adorna; es una copia del cuadro Alegoría de la Villa de Madrid cuyo original se encuentra en el Museo de Historia.

En este salón se encuentran otras pinturas notables, como la Crucifixión de Francisco Ricci (1662) y Los enterramientos del 3 de mayo de 1808 de Vicente Palmaroli (1871). El techo fue pintado por Pedro Martín Ledesma y Juan de Villegas.

Más cambios y reformas en el siglo XVIII dieron al edificio su aspecto actual.

La columnata que da a la calle Mayor, en el balcón abierto en origen, es obra de Juan de Villanueva (1787).

Otra pintura propiedad del Museo de Historia, El coche real pasando ante el Ayuntamiento, obra de Manuel Fernández Sanahuja, representa el paso de la carroza real por la calle Mayor ante la Casa de la Villa el 29 de noviembre de 1879, día de las segundas nupcias del rey Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo-Lorena. Sanahuja pintó la fachada del Ayuntamiento que da a la calle Mayor.

Recordemos que también es el autor de las bellas acuarelas que reproducen algunos de los frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería, que existieron hasta al menos 1880.

M.F, Sanahuja, “El coche real pasando ante el Ayuntamiento”, óleo sobre lienzo (1879) (memoriademadrid.es)

El edificio de Gómez de Mora estaba organizado alrededor de un patio, el Patio de la Casa de la Villa, al cual se accedía directamente desde la calle por ambas portadas.

Maqueta de León Gil de Palacio (1830), Museo de Historia.

En 1896 fue cerrado, convertido en dos pisos mediante un suelo intermedio, y cubierto. Transformado en Sala de reuniones, los balcones se convirtieron en puertas. Al ser destruida una parte de la cubierta durante la guerra civil posteriormente se instaló el nuevo techo formado por magníficas vidrieras de la Casa Maumejean, que es el que actualmente se puede admirar.

Hoy día es conocido como el Patio de Cristales.

Nuevas reformas de menor importancia y restauraciones tuvieron lugar en los siglos XIX – XX.

En la buhardilla de la torre esquina con la calle Mayor, llamada la Torre del Reloj, fue instalado el reloj procedente de la derribada iglesia de San Salvador.

Casa de la Villa, 1930. (Foto memoriademadrid.es)

En la actualidad, el reloj –que no he conseguido saber si es el mismo–, está ubicado en el último cuerpo de la torre.

Casa de la Villa, 2019

Bajo esta torre, Ardemans diseñó el Oratorio, decorado con las extraordinarias pinturas de Antonio Palomino.

Durante un tiempo fue despacho del Alcalde. Hoy está felizmente libre de muebles y luce en todo su esplendor.

En la Sala de la Custodia se encuentra una de las joyas municipales, obra que realizó el platero Francisco Álvarez en 1576. En esta misma estancia hay un valioso Cristo de marfil, del siglo XVII.

Finalmente, el Salón de Plenos –las pinturas del techo también fueron obra de Palomino, al temple en este caso fue el escenario de las reuniones concejiles durante siglos.

Desde finales de 2007 la sede del Ayuntamiento madrileño es el antiguo Palacio de Comunicaciones, el Palacio de Cibeles, construido por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en los comienzos del siglo XX.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

NAVASCUÉS, Pedro y HURTADO, Pedro. La Casa de Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1985.

VARELA, Eulogio. Casa de la Villa de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1951.

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Artículos anteriores:

 

 

Leemos en las crónicas que desde antiguo ha existido en Madrid una gran tradición de veneración a la Virgen María; son numerosas las advocaciones, de las que se conservan algunas imágenes de gran valor histórico y artístico.

La antiquísima Virgen de Atocha; la Madona de Madrid, del siglo XIV, que se encuentra en la clausura del Convento de Santo Domingo en la calle de Claudio Coello, procedente del antiguo Convento en la plaza del mismo nombre; la hermosa Virgen de Loreto y Nuestra Señora del Buen Suceso, de las que hemos hablado en este blog. Por supuesto la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena; sin olvidar a Nuestra Señora de la Soledad. Y Nuestra Señora de Madrid.

En 1923 Antonio Velasco Zazo escribió que la imagen de Nuestra Señora de Madrid era la más bonita de las vírgenes de la ciudad, pero poco visitada y desconocida para la mayoría de los madrileños. Casi cien años después, no se si la más bonita, pero desde luego muy desconocida, y una de las más antiguas. Como en todas las imágenes marianas la historia se mezcla con la leyenda, pero parece claro que su origen se remonta a finales del siglo XVI.

La Esfera, 1923 (BNE)

Instalada en la capilla del Hospital General, desde 1582 la imagen salía en procesión todos los años el día 2 de febrero, día de la Candelaria. Entonces el llamado Hospital General y de la Pasión estaba en la carrera de San Jerónimo, en el lugar en que luego se instalaría el Convento de Santa Catalina de Siena. Después se trasladó a Atocha.

La procesión quedó representada en una interesantísima pintura, de autor anónimo, de 1643, a la que también hacía referencia Velasco Zazo en su crónica de 1923.

La Esfera, 1923 (BNE)

En 2008 se publicó la noticia del hallazgo del cuadro, “arrumbado en el castillo de Manzanares el Real” y su restauración.

El País, 5 marzo 2008 (Comunidad de Madrid)

Su gran valor es que muestra el hospital de Atocha y alrededores tal como eran en el siglo XVI-XVII. El hospital anterior al Hospital General de San Carlos que se construiría en el siglo XVIII según proyectos de José de Hermosilla y de Francisco Sabatini.

Frente a la fachada transcurre la procesión. A la izquierda, en la parte superior, vemos la ermita en el Cerrillo de San Blas –donde hoy se encuentra el Observatorio Astronómico–. A la derecha está representada la imagen de la virgen.

A los pies del cuadro en la actualidad hay una cartela que cuenta la historia, probablemente ¿colocada en el siglo XIX tras su restauración? :

La procesión… tuvo principio en 1582… estando el Hospital donde está el convento de dominicas de Santa Catalina de Sena. Desde allí iba al convento de San Felipe hasta que se pasó el hospital a este sitio, y se mudó la procesión a Nuestra Señora de Atocha. Se hizo este cuadro en el año 1643… Restauró este cuadro don Vicente Mayoral y Serrano el mes de marzo de 1865.

El Hospital General tuvo su sede en Atocha hasta 1965 en que fue clausurado. Posteriormente, como sabemos, el edificio rehabilitado se convirtió en el Museo Reina Sofía.

En 1968 fue inaugurada la nueva Ciudad Sanitaria Francisco Franco, entre las calles de Doctor Esquerdo, Ibiza, Máiquez y Doctor Castelo. Hoy es el Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

La iglesia del hospital es la Parroquia de San Vicente Ferrer. La Capilla formaba parte del conjunto hospitalario proyecto de Martín José Marcide Odriozola, construido entre 1966-1968.

Allí fue trasladada la imagen, donde continúa, junto al altar mayor.

Ricardo Valladares la describe así :

“Mide 1,30 m. de altura, aproximadamente. Es una especie de maniquí de madera hueca, con los pliegues de las vestiduras tallados en la madera y pintados, simulando ser de paño, con dibujos pequeños…

… Los brazos son de madera maciza y están articulados por encima de las muñecas, viniendo casi a unirse en el centro del cuerpo, un poco por encima de la cintura, para sostener con las dos manos a una imagen pequeña del Niño Jesús vestido con faldón blanco.

La Virgen está cubierta desde la cabeza con una mantilla de encaje blanca, sujeta por la corona y que cae hasta cerca de la rodilla. El rostro de la Virgen está enmarcado por un adorno de tela bordada, en la cabeza tiene una peluca de cabellos negros que caen por la espalda y, como la mantilla, esta sujeta por la corona con su halo, todo ello metálico niquelado”.

La histórica imagen se puede contemplar fácilmente, en la parroquia de San Vicente Ferrer, en la calle de Ibiza.

Pero no he conseguido saber dónde se encuentra el cuadro. ¿Habrá vuelto al Castillo de Manzanares el Real…?

Actualizo la entrada, hoy 5 de febrero, gracias al comentario de Ríozujar que podéis ver más abajo, que responde a mi pregunta:

La pintura efectivamente se encuentra en el interior del Castillo de Manzanares el Real presidiendo uno de sus salones (la Sala Santillana), así lo muestra una foto cuyo enlace se puede ver en dicho comentario.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VELASCO ZAZO, A. “Nuestra Señora de Madrid”, La Esfera, 24 marzo 1923.
HUARTE, A. Nuestra Señora de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1925.
“Iglesia Ciudad Sanitaria Francisco Franco”, Informes de la Construcción, oct. 1971.
VALLADARES, R. Hospital Provincial de Madrid. Comunidad de Madrid, 1979.
FRAGUAS, R. “La calle de Atocha en el siglo XVI”, El País, 5 marzo 2008.

Volvemos a la Casa de Joaquín Sorolla, el palacete donde vivió el pintor con su familia, proyectado por el arquitecto Enrique María Repullés y Vargas en 1910, en el actual nº 37 del Paseo del General Martínez Campos, hoy Museo Sorolla.

Estos días podemos visitar la exposición temporal Sorolla. Un jardín para pintar.

La muestra reúne varios alicientes: la vida del propio Sorolla, su casa hoy convertida en uno de los museos más singulares de Madrid, los jardines que él mismo proyectó junto a su arquitecto, todo ello explicado en algunos paneles, fotografías, esculturas, en sus bellas pinturas y por supuesto en la realidad que disfrutamos paseando por los rincones en los que vivió y pintó.

Sorolla realizó muchos dibujos preparatorios de su deseado jardín. Algunos de estos croquis se exponen ahora. Son sencillos, pueden parecer poco importantes tras el cristal de la vitrina o los marcos, pero hay mucha historia tras esos trazos, y son emocionantes sin duda. Muestran los sueños del propio artista.

La exposición se basa en la idea de que a Sorolla lo que más le gustaba era pintar, sobre todo al aire libre, y por eso soñaba con un jardín propio, un lugar donde pintar al sol.

Planta del jardín y de la casa Sorolla (1911)

El Jardín de Sorolla es hoy día un oasis inesperado entre altos edificios y el propio paseo del General Martínez Campos con sus castaños de indias, que no existían cuando la casa fue construida. Cuando Sorolla creó sus jardines con sumo cuidado no imaginó que en un futuro se encontrarían rodeados y cubiertos de sombra, así que ahora los árboles plantados por él mismo y las plantas existentes tienen un problema, la falta de la abundante luz de la que gozaban entonces. Por eso actualmente en estos jardines no hay tantas plantas de flor, que el artista plantó, pues mantenerlas resulta difícil.

El Jardín de Sorolla consta de tres espacios o jardines distintos, además de un Patio andaluz.

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El Primer Jardín y su bonita fuente están inspirados en jardines de los Reales Alcázares de Sevilla que Sorolla conoció y admiró. Fue plantado a finales de 1911; en esos momentos fue cuando la familia se trasladó allí a vivir.

Jardín de Sorolla (el primer jardín), 1919. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla (el primer jardín), h.1919. (Museo Sorolla)

Jardin de Sorolla, 2018.

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El Segundo Jardín, construido el último, está inspirado en los jardines que el artista vio en Granada, en la Alhambra. Plantado entre 1915 y 1916. El pintor realizó muchos dibujos para este proyecto.

Joaquín Sorolla en su jardín, 1917. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla, 1918.

Jardín de Sorolla, 2018

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Entre el segundo y el tercero se situaron algunas esculturas, entre ellas un Fauno y un Sátiro con odre (1911), reproducciones en bronce de las obras del Museo Arqueológico de Nápoles (sg. II a. de C.), que Sorolla pintó en cuadros hoy aquí expuestos junto a las obras.

Anónimo (1932). (Museo Sorolla).

Actualmente las que se encuentran en el jardín son reproducciones a su vez.

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Y el Tercer Jardín, creado a la par que el primero en 1911, está dotado de una pérgola de origen italiano, y una alberca sevillana con dos figuras alegóricas, obra de Francisco Marco Díaz Pintado. Se llama la Fuente de las Confidencias. Fue plantado hacia 1912 o 1913 y rehecho hacia 1917, una vez concluido el segundo jardín.

La fuente de las confidencias en el tercer jardín, 1933. (Museo Sorolla)

Balsa del tercer jardín, 1618.

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Joaquín Sorolla imaginó su Jardín, lo dibujó, plantó las flores y los árboles, fue jardinero además de pintor…

Kurt Hielscher. Joaquín Sorolla en la escalera de acceso a los estudios (1919)

Lo cuidó hasta en los más pequeños detalles.

Es un placer recorrer la exposición, y después detenerse un rato en el jardín que Joaquín Sorolla soñó, creó, vivió y pintó.

 

Por : Mercedes Gómez

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Museo Sorolla. Catálogo.

Museo Sorolla.
Sorolla. Un jardín para pintar.
Pº Gral. Martínez Campos, 37
Hasta 20 enero 2019

Continuando con mi tradición veraniega de publicar un artículo contando la historia de algún lugar visitado en tierras catalanas, este año os invito a conocer el Monasterio de Pedralbes y especialmente su Capilla de San Miguel, decorada con extraordinarias pinturas murales del siglo XIV.

El Monasterio de Pedralbes fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón (1267-1327). Dedicado a Santa María, fue ocupado por monjas clarisas. Una pequeña comunidad de once monjas continúa viviendo en nuevas dependencias junto al antiguo monasterio, hoy convertido en un magnífico museo.

El lugar elegido para su construcción fue Sarriá, una localidad que fue independiente hasta 1921, año en que fue anexionada al municipio de Barcelona. Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta, que ya vimos cuando visitamos otra población próxima, Cornellá.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

En Sarriá, que hoy pertenece al distrito barcelonés de Sarriá-San Gervasio, se encontraba la zona de Pedralbes.

Pedralbes proviene del latín, petras albas (piedras blancas), nombre documentado desde finales del siglo X.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

A lo largo de los años el monasterio primitivo se fue ampliando con nuevas estancias. Hoy día el conjunto es un bello ejemplo del arte gótico. Originalmente estaba rodeado por una muralla de la que solo se conservan dos puertas y sus respectivas torres de vigilancia.

La iglesia es uno de los elementos más antiguos, los monarcas colocaron la primera piedra el 26 de marzo de 1326.

Es de una sola nave, con capillas a los lados, cubierta con bóvedas de crucería.

Original del siglo XIV es también el claustro gótico que consta de dos galerías con veintiséis columnas de piedra a cada lado y de un tercer piso levantado posteriormente a modo de buhardilla.

El techo es de madera y los capiteles, que sostienen bellos arcos ojivales, están decorados con los escudos de la casa real y de la familia Montcada.

En el patio se ha recreado un Jardín medieval en el que se cultivan plantas medicinales, convertido así en un jardín entre científico y espiritual.

Alrededor del claustro se organizan las dependencias del monasterio. La sala capitular, la cocina, el dormitorio, la abadía, el refectorio, las procuras…

Las procuras, así llamadas porque estaban a cargo de la procuradora del monasterio, responsable del abastecimiento, era el lugar donde se almacenaban los alimentos, utensilios y herramientas del huerto.

Desde sus comienzos se dispuso de una enfermería que pronto necesitó reformas; los espacios que hoy se pueden ver son del siglo XVI, construidos en 1568 gracias a la donación de 600 ducados de oro del rey Felipe II.

Las pequeñas celdas de día, algunas de las cuales hoy se pueden contemplar, adornadas como capillas, son del siglo XVI al XX, aunque la mayoría de las que se conservan son modernas.

Las estancias, con su mobiliario y objetos, nos explican cómo era la vida conventual. La cocina, situada junto al refectorio o comedor, utilizada desde el siglo XIV hasta 1983, es testigo del paso del tiempo y de las diferentes épocas.

El dormitorio es otro de los espacios más antiguos, del siglo XIV, junto con la iglesia y la planta baja del claustro, como vimos. El techo data del año 1533. Fue remodelado en 1990 siendo convertido en una espectacular sala de exposiciones.

Uno de los tesoros del monasterio sin duda es la capilla de San Miguel, decorada con pinturas murales realizadas en 1345 por el pintor Ferrer Bassa.

Fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, sobrina de la reina Elisenda, Francesca ça Portella.

Con el tiempo la capilla tuvo diversos usos, fue archivo, fue utilizada como guardarropa –quedando ocultos los murales–, se abrieron ventanas… A finales del siglo XIX las pinturas fueron descubiertas y valoradas, interés que felizmente ha ido en aumento. En el siglo XX fueron restauradas por primera vez. Y en la actualidad han sido objeto de un largo y minucioso proceso de restauración.

La capillita, después de más de diez años cerrada al público, ha sido reabierta hace pocas semanas. La exposición Murales divinos los muestra espléndidos, intentando recordar lo que debió ser una estancia resplandeciente, envolvente, destinada a la meditación.

Bajo un techo-cielo estrellado, los murales de la diminuta estancia estaban destinados a deslumbrar con sus tonos dorados y plateados realizados con láminas finas de estaño, plata y oro, lamentablemente perdidos.

Los primitivos muros blancos, gracias a las pinturas de Ferrer Bassa, se transformaron en un intenso fondo azul para las escenas, azul de azurita, que con el tiempo y la aplicación de fijadores se fue oscureciendo. Gracias a la restauración ha recobrado parte de su esplendor.

Las pinturas, de carácter italianizante, innovadoras en su momento, fueron ejecutadas con una técnica mixta: al fresco y al seco. Se han conservado mejor los frescos que las realizadas al temple o al óleo, más afectadas por desprendimientos.

Los especialistas han considerado que tienen influencia de varios maestros, Giotto entre ellos. Los espacios representados son tridimensionales, con tratamiento de la perspectiva, y las figuras muy expresivas.

Varios paneles explican la iconografía que se inspira en las devociones marianas y representa la Pasión de Cristo, los gozos de la Virgen y varias figuras de santos. La narración discurre de izquierda a derecha en franjas.

Se han eliminado repintes y retoques antiguos que ocultaban el original.

La restauración también ha permitido descubrir los mármoles fingidos, puro trampantojo, del nivel inferior, antes tapados.

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

Monasterio de Pedralbes

Murales divinos. Capilla de San Miguel Monasterio de Pedralbes. Ajuntament de Barcelona, 2018.

Francisco de Goya pintó La última Comunión de San José de Calasanz en 1819 para la Iglesia de San Antón del colegio de las Escuelas Pías en la calle Hortaleza de Madrid.

Goya recibió el encargo del rector de la iglesia, que aceptó de muy buen grado se cree que por su condición de antiguo alumno de los escolapios en Zaragoza. En la actualidad el cuadro que se expone en la iglesia es una copia.

La pintura original está en la Capilla de la Orden de las Escuelas Pías de la Provincia Betania, en la calle de Gaztambide nº 65.

El edificio en el que se encuentra fue construido en 1960 por el arquitecto Cecilio Sánchez-Robles, autor de varias obras de arquitectura religiosa en los años 50-60 del pasado siglo XX.

El cuadro pintado por Goya está en el altar de la sencilla capilla que se creó para acoger la obra. Recordemos que en 1989 el Colegio de las Escuelas Pías de San Antón en la calle de Hortaleza había sido vendido y el edificio vivió un periodo de abandono. Tras su limpieza y restauración en 1994, de las que se encargó el Museo del Prado, el lienzo pasó a su nuevo emplazamiento, en la residencia de Gaztambide.

Como se puede leer en el letrero del marco, es un depósito del Colegio de Padres Escolapios de San Antón.

Es un gran cuadro de altar, óleo sobre lienzo, firmado, de 250 x 180 cm. La firma de Goya se aprecia perfectamente en el extremo inferior izquierdo, “Franco Goya, año 1819”.

Goya (1746-1828) cuando realizó esta obra –hacía cerca de dos siglos que había muerto José de Calasanz (1557-1648)– estaba ya en su última época, la misma en la que comenzó a realizar las Pinturas negras en su Quinta cercana al Manzanares. Tenía 73 años.

La pintura es tenebrista, un juego de luces y sombras. La escena tiene lugar en una iglesia oscura, iluminada únicamente por potentes rayos de luz que llegan hasta el rostro de San José de Calasanz, que arrodillado, con las manos juntas, recibe la comunión. El sacerdote acerca la Sagrada Forma al santo. Solo el blanco y el dorado de la casulla del padre y el cojín rojo sobre el que se apoya el santo se apartan de los grises y negros dominantes.

“Llama la atención la disposición espacial y luminosa que revela la lección aprendida de Las Meninas de Velázquez con la que Goya buscó deliberadamente crear la ilusión óptica de que el espacio real de la iglesia se prolongaba en el espacio imaginado del lienzo”. (Museo del Prado).

La pintura expresa la gran religiosidad de José de Calasanz, que muestra un aspecto agonizante. Para esta imagen Goya utilizó la mascarilla mortuoria del santo.

Forman parte de la escena además del santo y el padre que le ofrece la comunión otros sacerdotes y varios niños del colegio.

Los padres escolapios guardan un esquema dibujado y escrito a mano, firmado por J.L. Monge, con los personajes pintados por Goya y la indicación de a quién representan algunos de ellos.

Los personajes principales son, con el nº 1, el Padre Vicente Berro, contemporáneo del santo, aunque más joven, y con el nº 2, San José de Calasanz.

Entre ambos (la figura nº 3) se ha identificado a un canónigo amigo de Goya.

A la izquierda, junto al marco (nº 4), J.L. Monge identifica al propio pintor, Francisco de Goya, que habría utilizado el recurso del autorretrato, tal como por cierto ya hizo Velázquez en sus Meninas.

Junto a él el otro rostro (nº 5) corresponde a Camilo Goya, su hermano, que era párroco en Chinchón, Madrid.

Al otro lado, los niños, alumnos del colegio. Los dos a la derecha, en primer plano, se indica que son Mariano, nieto de Goya, hijo de Javier, a su vez hijo de Goya; y junto a él se ha identificado al escritor Víctor Hugo que estudió en el colegio de San Antón de la calle Hortaleza de Madrid.

Acompañan el conjunto varias Figuras Negras, preludio de las pinturas que poco después crearía Goya.

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Hace unos días se ha conocido la noticia, dentro de unos meses la extraordinaria pintura de Francisco de Goya se podrá contemplar en el Museo del Prado.

Con motivo de la celebración del bicentenario del museo que fue inaugurado en 1819, el mismo año en que fue pintado el cuadro, los padres escolapios lo prestarán para su exposición temporal, durante un año, prorrogable a dos.

El cuadro volverá al Museo del Prado el próximo mes de octubre o noviembre por tercera vez. Antes de su restauración en 1994 como hemos comentado, La última comunión de San José de Calasanz se expuso en 1983 en la muestra Goya en las Colecciones madrileñas.

TVE emitió un programa dedicado a esta pintura y su estancia en la gran Pinacoteca el 9 de mayo de 1983 en la serie Mirar un cuadro.

Ahora, por un año, tal vez dos, volverá a ser cuidado por el Museo del Prado y allí podremos admirarlo.

Por : Mercedes Gómez

Una de las mejores exposiciones que podemos visitar esta primavera en Madrid es la dedicada a Warhol. El arte mecánico, en CaixaForum, en el Paseo del Prado 36, imprescindible para los amantes de la historia del arte y especialmente para los interesados en el siglo XX.

Se trata de una gran muestra monográfica que recorre la trayectoria del artista, nacido en 1928 en Pittsburgh, desde sus inicios en los años 50 cuando era un joven diseñador gráfico, hasta los años 80, convertido en figura mundial del arte pop. Conocido por su utilización de los iconos en los años 60 él mismo llegó a ser un mito.

Junto a la obra de Warhol se exponen retratos del artista realizados por grandes fotógrafos, que formaron parte de esta vida, como Avedon o Mapplethorpe.

David Gahr. Andy Warhol (1968)

En 1963 Andy Warhol creó The Factory, La Fábrica, su célebre estudio en Nueva York, por el que pasaron todos los artistas, modernos y personajes de la época; sus fiestas excesivas se hicieron famosas y forman parte de la historia de Warhol y de todo su mundo.

Mito mediático y personaje del mundo cultural neoyorquino, “actuó como enlace entre artistas e intelectuales, pero también entre aristócratas, homosexuales, celebridades de Hollywood, drogadictos, modelos, bohemios…”

Elizabeth Taylor (1963)

Warhol, aficionado a las repeticiones, a las series, descubrió nuevas técnicas que le facilitaron la labor y le abrieron caminos. Gracias a la serigrafía, la fotografía, etc. de la forma manual pasó a realizar sus obras de una forma mecánica, mucho más sencilla que con la pintura. Fue el arte mecánico.

Marilyn (1967) Impresión, serigrafía sobre papel.

De esta forma, además de un arte tradicional (pintura o escultura) desarrolló su creatividad en medios diversos (cine, diseño, publicidad…)

No solo experimentó con las técnicas sino también con los materiales.

Tres botellas de Coca-Cola (1962) (tinta serigráfica y lápiz de grafito sobre lino)

En 1968 sufrió un intento de asesinato que le llevó a un cambio en su actividad artística. Trasladó su sede de trabajo a The Office, una lugar más convencional en el que ejerció como artista-empresario. Todos los famosos demandaban su retrato y Warhol se entregó a las numerosas peticiones comerciales que recibía.

Símbolo del dólar (1981) (acrílico y serigrafía sobre lienzo)

Murió en 1987 en Nueva York.

Warhol. El arte mecánico se podrá visitar hasta el 6 de mayo 2018.

Alrededor de la exposición CaixaForum Madrid ha organizado una serie de interesantes actividades (conferencias, proyecciones, visitas comentadas, visitas en familia…). Toda la información en la web de CaixaForum.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

LEBRERO, José y otros autores. El dulce abismo del arte mecánico. CaixaForum, febrero 2018.

 

Retomamos la historia del pintor Juan Vicente de Ribera cuya vida y obra conocimos en el artículo Juan Vicente de Ribera, pintor madrileño. Entre otras facetas, el artista destacó por sus pinturas al temple, en la que se mostró heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

Como vimos, en 1685, al morir su maestro Francisco Rizi, continuó su formación con Antonio Palomino con quien trabajó hasta aproximadamente 1700. Desde al menos un año antes ya había establecido sus primeros contactos con la Compañía de Jesús, a la que estuvo vinculado toda su vida y para la que realizó un buen número de obras. Una de ellas, la que ha dado origen a la revisión de su obra y su recuperación a raíz de su restauración en 1994, fueron las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas, en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares. Anteriormente habían sido atribuidas a Juan Cano de Arévalo. Las obras sacaron a la luz la firma del autor, Juan Vicente de Ribera.

Recordábamos en dicho trabajo el equívoco que arrastrado durante dos siglos provocó el olvido de este pintor, verdadero autor de la obra.

En esos momentos, estábamos en 2013, no pudimos visitar ni el Camarín de Nuestra Señora del Rosario en la iglesia de San Pedro Ad Víncula de Vallecas, ni la Capilla de San Ignacio en la iglesia del Hospital de Antezana en Alcalá de Henares, ambas en obras de restauración. Y ambas actualmente atribuidas a nuestro protagonista.

El Camarín de Nuestra Señora del Rosario en Vallecas por fin tuvimos el placer de conocerlo. Hoy os invito a visitar la Capilla de San Ignacio de Loyola en Alcalá de Henares.

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La Capilla de San Ignacio está situada a los pies de la iglesia del Hospital de nuestra Señora de la Misericordia, conocido como Hospital de Antezana. El origen de la casa se remonta al siglo XV, reformada y transformada en hospital en el XVI.

Hospital de Antezana (Hauser y Menet, h. 1910)

La primera Capilla de San Ignacio de Loyola se construyó en 1616 en recuerdo del santo que había llegado a Alcalá casi un siglo antes. En el Hospital estuvo alojado y trabajó como enfermero.

En 1667 fue ampliada y posteriormente decorada con pinturas murales, como decíamos atribuidas a Ribera, de las cuales quedan algunos restos.

Retablo de San Ignacio. Foto: Archivo Moreno (1893-1953) (IPCE)

El espacio que ocupa hoy la Capilla barroca corresponde a los dos pisos existentes en la época en que aquí vivió San Ignacio. El piso bajo, que ya sería alguna dependencia de la iglesia, y el piso superior que probablemente era el aposento que ocupó el santo. Eliminada la separación entre ambos pisos, quedó el lugar tal como hoy lo contemplamos.

La planta es rectangular, con una antecapilla cubierta con una bóveda de arista.

Y la capillita propiamente dicha cubierta con una cúpula sobre pechinas con linterna. Ambas estancias están separadas por un arco.

Las pechinas sobre las que se apoya la cúpula muestran la imagen de cuatro santos de la Compañía de Jesús: San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka.

Curiosamente, la Capilla se construyó en el siglo XVII en el interior de una edificación anterior, del siglo XVI. Debido a ello la cúpula queda oculta a la vista –sobresale la linterna–. Actualmente, tras las obras de rehabilitación del Hospital, durante las visitas guiadas que ofrecen, desde el patio se puede observar el exterior de la construcción de ladrillo que conforma la cúpula, en el interior de una de las habitaciones del piso superior.

La casa original del siglo XV fue transformada en el XVI para alojar el hospital de caridad, como comentamos.

El estudio de los materiales ha mostrado que los utilizados en la capilla corresponden al siglo XVII.

En el interior de la capilla, en el retablo dorado hay un cuadro de San Ignacio de Loyola pintado en 1669 por Diego González de la Vega, discípulo de Francisco Rizi –igual que lo fue Ribera por cierto–. Debajo hay dos tablitas que representan a la Virgen y Cristo con la cruz, que podrían ser del mismo autor.

Los muros laterales muestran restos de las pinturas murales realizadas al temple por Juan Vicente de Ribera que un día los decoraron.

En el lado izquierdo hubo una cartela, que recogió Cabello Lapiedra en 1922, que decía: ” I H S / ESTA CAPILLA FUE EL APOSENTICO / EN QUE VIVIÓ PARA / ASISTIR A LOS ENFER / MOS S. IGNACIO / DE LOIOLA.”

Cabello Lapiedra. Revista de Arte. 1922.

Igual que las pinturas de la cúpula, prácticamente todas las de la parte inferior de los muros se han perdido.

En la derecha, donde hay una ventanita que da al patio, se conserva algo más de los murales de Ribera. Jarrones, flores, guirnaldas y falsos mármoles se combinan con restos de arquitecturas fingidas.

Realmente es una pena que no se conserven y poder contemplar la recoleta capilla en todo su esplendor, pero en cualquier caso merece la pena acercarse a visitarla y por supuesto conocer la iglesia y sus obras de arte.

Por: Mercedes Gómez

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Hospital de Antezana. Visitas guiadas.
Calle Mayor, 46
Alcalá de Henares.

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Bibliografía:

VVAA. “El hospital de Antezana (Alcalá de Henares, Madrid): estudio arqueométrico y análisis arquitectónico de ladrillos y morteros”. En: X Congreso Ibérico de Arqueometría: 2013, Museo de Bellas Artes de Castellón.
ROMÁN, C. y FERNÁNDEZ, J. Datos históricos y evolución arquitectónica de la Fundación Antezana. Alcalá de Henares, 1996.
GALINDO, Natividad. “El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera”. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
CABELLO LAPIEDRA, L.M. “San Ignacio en Alcalá”. Arte Español, Madrid 1922.

La Casa de la Panadería está situada en el lado norte de la Plaza Mayor, antigua Plaza del Arrabal. Hace tiempo, con motivo de nuestra visita al Salón Real, contamos brevemente su historia. Hoy hablaremos de las pinturas que a lo largo del tiempo han adornado su fachada.

Juan de la Corte. Fiesta en la Plaza Mayor, h. 1630 (Museo de Historia)

El día 2 de agosto de 1672 hubo un gran incendio, el segundo de los tres que sufriría la plaza –el primero había tenido lugar en 1631–, en el que de la Casa de la Panadería únicamente se salvaron el sótano y la primera planta. El 7 de septiembre el Ayuntamiento aprobó la construcción de una nueva. La obra fue terminada diecisiete meses después, conservando la antigua traza de tres cuerpos con balcones y las dos torrecillas en los extremos. En el centro del primer cuerpo se situó el balcón del Salón Real.

Durante mucho tiempo algunos autores han considerado que Claudio Coello fue el autor de los frescos que la adornaron. Pero no fue así, hoy se cree que la decoración exterior es posterior al siglo XVII, como veremos.

Se sabe que en el siglo XVIII se adornó la plaza, pintándola desde los tejados hasta las basas de las columnas de azul y blanco; se colocaron azulejos entre ventana y ventana y los balcones se pintaron de negro. La fachada de la Panadería se adornó especialmente, con la pintura al fresco de medallas y festones de flores, y sus balcones pintados de verde y oro y el balcón del Rey dorado.

La imagen conocida más antigua de las pinturas podría ser el cuadro de Lorenzo de Quirós Ornato de la Plaza Mayor, con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III, realizado hacia 1760.

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia)

Como decíamos, los frescos fueron atribuidos a Claudio Coello, también a José Jiménez Donoso y a Francisco Pacheco. Sin embargo estudios más recientes indican que son posteriores, obra de la segunda mitad del siglo XVIII de Luis González Velázquez (1715-1763).

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia) (Detalle)

Lo cierto es que ya Ceán Bermúdez así lo citó en su Diccionario histórico publicado en 1800 como autor de los “adornos y niños de claro oscuro en la fachada” de la Panadería.

También Antonio Ponz en su Viaje de España (que comenzó a publicarse en 1772) escribió al referirse a la fachada de la Panadería que “entre las ventanas hay pinturas de claro, y oscuro, en que se representan Niños, y otras figuras, que executó D. Luis Velázquez”.

El Semanario Pintoresco Español, que recogió estos datos, publicó en 1844 que “en los ángulos se levantan dos torres cuadradas , y entre las ventanas hay pinturas de claro oscuro, obra de Luis Velázquez, terminando el todo con una elegante cubierta de pizarra que da buen remate al conjunto”.

Semanario Pintoresco Español, 1844.

De estas pinturas el Museo de Historia de Madrid posee un documento impagable.

Procedente de la Biblioteca Histórica, desde 1998 el museo municipal guarda un álbum que contiene una albúmina y catorce acuarelas sobre cartulina (29×18 cm.) que reproducen algunos de estos frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería que existieron hasta al menos 1880, creadas con el fin de que quedara constancia de ellos antes de proceder a realizar la nueva decoración.

Las acuarelas fueron realizadas en 1880 por el pintor Manuel Fernández Sanahuja siguiendo las indicaciones del informe emitido por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a petición del Ayuntamiento de Madrid.

Una de las inscripciones del álbum dice que las catorce acuarelas que contiene este libro son copia exacta de algunos de los frescos que existen en la fachada … Dichos frescos desaparecerán dando lugar a otros, que según dictamen de la Real Academia de San Fernando serán pintados por el que sea referido en el concurso que al efecto se abrirá.

Las inscripciones, firmadas por Fernández Sanahuja, indican las figuras que copió. Eran grisallas, a las que se añadió los colores azul y dorado sobre fondo rojizo que representaban figuras al trampantojo, con efecto escultórico. Ángeles que portaban jarrones o elementos vegetales y seis medallones con las figuras de seis musas.

Las seis primeras, del piso principal, eran las que estaban mejor conservadas.

(Primer piso) (memoriademadrid.es)

El séptimo era uno de los cuatro de los costados, solo se copió uno ya que los demás eran iguales.

(Costado primer piso)

Lo mismo ocurrió en el segundo piso, cuyas pinturas estaban en bastante mal estado.

Musa (2º piso)

(Costado segundo piso)

De los del tercer piso quedaban tan escasos restos que no se pudieron copiar.

El 17 de noviembre de 1879 se había acordado no restaurar las pinturas que estaban muy deterioradas y convocar un concurso para seleccionar el pintor que realizaría las nuevas.

Al concurso se presentaron entre otros Ramón Mélida y Salvador Martínez Cubells. También Arturo Mélida presentó un proyecto al concurso para la decoración de la fachada de la Casa de la Panadería con el lema “Arquitectura y Pintura”, con cariátides clásicas y jarrones, conservado en el Museo de Historia; Mélida incluyó el busto de Juan de Villanueva, autor de la reconstrucción de la plaza tras el incendio de 1790, el tercero que sufriría.

A. Mélida. Proyecto para el concurso de la Casa Panadería, 1881 (no seleccionado) (Museo de Historia)

El concurso lo ganó el pintor Salvador Martínez Cubells, aunque Arturo Mélida consiguió un accésit con su proyecto y en 1901 llegó a participar de alguna manera en la restauración de la fachada –además de en el interior del Salón Real, como ya vimos–, considerándose este su último trabajo. Murió al año siguiente.

Por algún motivo –los retrasos parecen algo habitual en Madrid desde antiguo– los nuevos frescos en sustitución de los de Luis González Velázquez los pintó Enrique Guijo en 1914 –en enero de ese año había muerto Martínez Cubells–.

Recordemos que Enrique Guijo durante su estancia en Madrid colaboró con el Ayuntamiento junto al arquitecto municipal Luis Bellido en varios trabajos. Uno de ellos fue la realización de los nuevos frescos en la fachada de la Panadería –además participó en la restauración de los azulejos y pinturas del interior del Salón Real–.

Plaza Mayor: Casa de la Panadería (1893-1954). Archivo Moreno (IPCE)

En los años 80 del siglo XX, ante el mal estado de los frescos, nuevamente debido a la climatología, el sol y los sucesivos repintes se decidió renovar las pinturas de Guijo. En 1988, a la vez que se realizaba una nueva restauración de la Casa de la Panadería, el Ayuntamiento de Madrid convocó un nuevo concurso.

En el concurso restringido participaron los artistas Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta y Carlos Franco, que fue el ganador.

Casa de la Panadería (2017)

Los motivos elegidos, que son los que podemos contemplar en la actualidad, tenían relación con la mitología y la historia madrileñas. Vemos a Cibeles, Cupido, Baco, sátiros, venus, leones, gatos, tritones, jarrones, … las figuras miden unos tres metros y medio y recuerdan las antiguas pinturas barrocas. A los colores de la carne de las figuras se suman nuevamente los azules y los dorados.

En lugar de la pintura al fresco, tan delicada, el pintor Carlos Franco utilizó pintura al silicato, más resistente.

En 2015-2016 tuvo lugar en el Palacio Real un gran ciclo de entrevistas organizado por Patrimonio Nacional, “En torno al arte contemporáneo. Conversaciones con artistas en Palacio”. Una de ellas fue la realizada por Estrella de Diego a Carlos Franco. Naturalmente hablaron de las pinturas de la Plaza Mayor.

Contó Carlos Franco cómo acometió este encargo público tan importante, con la colaboración de ocho pintores, pero siempre siendo él responsable de cada detalle y del resultado final que debía ser unitario; cómo se enfrentó a la técnica de la pintura mural recurriendo al Libro del arte de Cennino Cennini, las dificultades con los colores al trasladarlos del papel al muro…

Piensa el artista que, entre los grandes pintores que concursaron, él fue elegido por ser su propuesta la más barroca. Cuenta que en aquellos momentos se debatía si debía considerarse a la Panadería una obra de Juan de Villanueva que recordemos reconstruyó y reformó la plaza a finales del siglo XVIII, o si era una obra del Barroco madrileño. Felizmente predominó esta última idea, de acuerdo con el origen de la plaza y el edificio. El proyecto de Carlos Franco, totalmente barroco –como lo habían sido las figuras de Guijo–, fue el ganador.

La obra duró entre seis y siete meses de trabajo efectivo, pero se alargó en el tiempo tres años debido a los muchos problemas que surgieron y al cambio de alcalde, que se produjo hasta en tres ocasiones. Con dos años de retraso, las pinturas se dieron por finalizadas en 1992.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Dibujos en el Museo de Historia de Madrid: Arquitectura madrileña de los siglos XIX y XX. Museo de Historia de Madrid, 2010.
SÁNCHEZ-CABEZUDO, Ángel. “Enrique Guijo, artista esencial en el historicismo cerámico de Talavera”. En Renacimientos: la cerámica española en tiempos de Ruiz de Luna. Universidad Castilla-La Mancha. Cuenca 2010.
GUERRA, Esperanza. “La Casa de Panadería”, Revista de la biblioteca, archivo y museo. Ayuntamiento de Madrid, oct. 1931.
Conde de POLENTINOS. “La Plaza Mayor y la Real Casa Panadería”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Madrid, 1er. trimestre, 1913.
“La Casa Real de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid”, Semanario Pintoresco Español, 22 dic., 1844
Ayuntamiento de Madrid
Los frescos de la Plaza Mayor, memoriademadrid, 25 enero 2012.

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