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El pasado lunes 25 de noviembre tuve el placer de asistir a la presentación de la Corona Catalina de Aragón, un postre renacentista creado por la centenaria Pastelería Ascaso. Fue en el Museo Thyssen, lugar donde se encuentra la pintura que ha inspirado el dulce.

Historia, arte y gastronomía unidos de forma exquisita.

Catalina de Aragón, que nació el 16 de diciembre de 1485 en Alcalá de Henares, fue la hija menor de los Reyes Católicos, la reina Isabel I de Castilla y el rey Fernando II de Aragón.

Dentro de la política de alianzas de la época, en 1501, cuando contaba con solo quince años –había sido prometida a los tres– la casaron con Arturo Tudor, Príncipe de Gales, que murió a los pocos meses. En 1509 casó con el hermano menor de Arturo, Enrique, nuevo heredero al trono. Así se convirtió en la primera esposa del famoso Enrique VIII y en reina de Inglaterra.

Durante la presentación pudimos escuchar un precioso audio, al estilo de las radionovelas clásicas, en el que se recrea una escena en la que Catalina cuenta que el rey está siguiendo los pasos a otra mujer, triste en sus últimos años en la umbría tierra inglesa –murió el 7 de enero de 1536 a los cincuenta años, recluida en el castillo de Kimbolton–. Enrique VIII consiguió divorciarse de Catalina para casarse con Ana Bolena que pronto ocupará sus aposentos.

Catalina rememora su infancia, los días felices en Castilla, ávida de saber, sus clases de álgebra, geometría y lengua latina; su niñez junto a su hermana María, que la requiere para que Juan de Flandes, pintor de corte, pueda terminar su retrato.

Pero era día de mercado y las niñas se escaparon… allí prueban los manjares, las yemas con azúcar, el aroma del azafrán, oro rojo, el sabor del jengibre, la fruta confitada, el mazapán con agua de rosas… Lo que escuchamos es ficción, pero podría ser realidad.

El cuadro atribuido al artista flamenco Juan de Flandes fue pintado hacia 1496, el Retrato de una infanta, Catalina de Aragón (no se sabe con certeza, pero se cree que se trata de ella) cuando la niña tenía unos once años de edad.

Juan de Flandes. “Retrato de una infanta. Catalina de Aragón (?)” h. 1496. Museo Thyssen. Sala 5.

 

Juan de Flandes trabajó como Pintor Real para Isabel la Católica desde que llegó a la Corte de Castilla en 1496 hasta la muerte de la reina en 1504.

El artista permaneció en Castilla, primero estuvo en Salamanca, luego en Palencia, donde murió en 1519. En esta ciudad esta semana se han celebrado unas Jornadas y un concierto conmemorando el V centenario de la muerte del pintor de origen flamenco Juan de Flandes.

 

La Cocina de la época renacentista ha sido investigada por Ascaso para conseguir un postre lo más parecido posible a los que pudo tomar la infanta, estudiando los recetarios de los siglos XV y XVI y el gusto por el mazapán con agua de rosas y las especias. El postre creado está incluido en el libro El Thyssen en el plato, un recetario de veinticinco platos de chefs españoles de renombre, todos inspirados en cuadros del museo.

Todos los ingredientes utilizados para crear la delicada Corona de Aragón existían a finales del siglo XV. Se trata de un pastel circular de mazapán con agua de rosas, como la flor que Catalina tiene entre sus dedos en el cuadro, combinado con otros sabores muy apreciados por los comensales de entonces.

En su interior, en deliciosas capas, se esconden la tierna yema, el azafrán y la compota de pera con jengibre. Horneada y decorada con pétalos de rosa natural caramelizados, se guarda en una preciosa caja que se puede adquirir en los establecimientos de Pastelería Ascaso.

 

Pastelería Ascaso nació hace 129 años en Huesca, donde se ubica su obrador principal. En Madrid se encuentra en la calle Zurbano, 25.

La Corona también se puede adquirir en el Museo Thyssen. Su precio es de 20,80 euros.

Un buen regalo y, si nos apetece, un capricho dulce.

Por: Mercedes Gómez

Ayer 26 de julio recordábamos a Antonio Machado, que nació en Sevilla ese día de 1875, pero vivió durante largo tiempo en Madrid, aquí creció, estudió, escribió, asistió a tertulias, vivió su amor secreto… Hablamos de su historia hace tiempo aquí.

Hoy he visitado una exposición en la Casa de Vacas en El Retiro en torno a ese amor, y otras muchas cosas interesantes que desconocía, “En torno a Guiomar”. Pincel y pluma en la Edad de Plata española.

La comisaria es Alicia Viladomat Martínez Valderrama, nieta de Pilar de Valderrama, Guiomar, el amor secreto de Machado.

La muestra es un homenaje de su descendiente a toda la familia y sus múltiples lazos con la cultura y personajes de la época (poesía, teatro, pintura…)

Pilar y su marido Rafael Martínez Romarate tuvieron tres hijos, Alicia, Mª Luz y Rafael. Alicia se casó con el cineasta y pintor Domingo Viladomat, padres de Alicia Viladomat. En ese árbol genealógico aparece también el artista Victorio Macho, casado con Mª Soledad Martínez Romarate, hermana de Rafael.

Rafael Martínez Romarate, recién casado con Pilar de Valderrama, 1912.

La primera parte de la exposición es la dedicada a Pilar de Valderrama (Madrid, 1889 -1979).

Guiomar y Antonio Machado (1928-1936)

El primer encuentro con Machado fue en 1928, en Segovia. En uno de los paneles leemos algunas cartas que él le envió a ella, que a mí me producen tristeza, pero sin duda son muy bellas.

De ella, un poema publicado en el diario ABC en 1970, Como si no me doliera.

La segunda parte muestra las pinturas de Domingo Viladomat (1913-1994).

Y en la tercera y última descubrimos la participación de Pilar y su marido Rafael en el mundo teatral, la creación del primer teatro de cámara, el Teatro Fantasio, en su propia casa del Paseo de Rosales, de 1929 a 1930.

Vemos también algunos de los proyectos para la escenografía de algunas obras representadas, de Viladomat.

Viladomat, Decorado para “Juan sin versos”, de Pemán.

Victorio Macho realizó los retratos de Rafael Martínez Romarate y de Pilar Valderrama. A ella la pintó con peineta y mantilla.

V. Macho. Retrato de Pilar Valderrama. 1919.

En la Casa de Vacas del Retiro. De 10 h a 21,30 h. Hasta el próximo miércoles 31 de julio.

Por: Mercedes Gómez

Hace unos días tuve la suerte de visitar la pequeña, deliciosa exposición Dibujos de Alenza: escenas, costumbres y peligros de Madrid en el Museo Lázaro Galdiano. Un pequeño grupo de miembros del Instituto de Estudios Madrileños, del que tengo el placer de ser colaboradora, fuimos invitados y guiados por su comisario, Juan Antonio Yeves, Jefe de la Biblioteca Lázaro Galdiano. Un regalo.

El objetivo de la exposición es dar a conocer la figura y la obra del artista.

 

Leonardo Alenza

Leonardo Alenza nació en Madrid el 6 de noviembre de 1807. Su madre María Nieto murió cuando el niño aún era pequeño y en 1817 el padre Valentín se volvió a casar con la joven Micaela Bertrandi. Ambos, de situación modesta, le facilitaron los estudios, y él a cambio, vivió siempre con ellos y les ayudó.

En la muestra del Lázaro Galdiano, junto a las vitrinas que guardan las obras, vemos el retrato de El pintor Leonardo Alenza. La magnífica pintura, atribuida al propio artista, está datada hacia 1824. Pertenece a la colección de José Lázaro, aunque habitualmente no está expuesto, al menos hasta ahora.

L. Alenza (¿?) “El pintor Leonardo Alenza” (óleo sobre lienzo, h. 1824)

El retrato representa al pintor cuando tenía unos 17 años. Viste una levita, al estilo romántico, y bajo el brazo lleva una gran carpeta de dibujo; por entonces estudiaba en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde llegó a ser académico de mérito, lamentablemente por poco tiempo.

Una placa municipal en la plaza de San Ildefonso nº 4 indica que allí tuvo su estudio. Fue su domicilio, en el que murió, de tuberculosis, el 30 de junio de 1845, con solo 37 años.

 

Leonardo Alenza en el Museo Lázaro Galdiano

La colección de dibujos de Alenza, adquirida por José Lázaro, consta de más de trescientas piezas de las que se muestran treinta. Formaban parte de la serie que conservaba Micaela Bertrandi, tras la muerte de Leonardo y de su padre, quien ya había vendido muchas obras. Las que quedaban las entregó Micaela a Clemente Villa, cura de la parroquia de San Ildefonso, que también las fue vendiendo. La obra se dispersó. Además de la colección de José Lázaro, adquirida antes de 1913, se conservan obras en otros museos, como el Museo del Romanticismo, el Museo del Prado y la Academia de San Fernando. La Biblioteca Nacional también posee una gran colección de dibujos y grabados.

Alenza fue uno de los seguidores de Goya, quizá, tal como nos cuenta Juan Antonio Yeves, el menos copista, el más creativo de todos, con sus dibujos de gran calidad.

En la primera vitrina contemplamos varios álbumes con sus dibujos, como aquellos, podemos imaginar, que el joven Leonardo guardaría en su carpeta. Dibujos inspirados en los temas de Goya, con extrañas figuras y pesadillas.

L. Alenza. “La pesadilla del avaro”. (Tinta china con pluma y aguada de tinta china y sepia con pincel sobre papel, h. 1838)

Leonardo Alenza trabajó para varias publicaciones ilustradas, como El Semanario Pintoresco Español, de Mesonero Romanos, y Los españoles pintados por sí mismos. En otra vitrina se exponen también algunas estampas conocidas como los caprichos de Alenza, aunque en realidad eran escenas costumbristas.

Finalmente, contemplamos sus dibujos y acuarelas que reflejaron el Madrid que él pudo conocer. Los escenarios que vería cuando iba de caza, como al parecer él mismo decía, a los barrios bajos o a las cercanías del río, pero seguro también los tipos castizos que diariamente se encontraba en la propia plaza de San Ildefonso donde vivía, la Corredera y alrededores. Personajes de las clases más humildes, oficios varios, malhechores, escenas, costumbres y los peligros de Madrid.

Con pocos trazos era capaz de representar las majas, celestinas, charlatanes, aguadores, taberneros… y contar una historia. Con ironía, incluso con humor.

 

El tirador del dos

Son muchos los temas sugerentes que ofrece la muestra, pero vamos a detenernos en un personaje singular que nos ha descubierto el comisario.

Hoy nos puede resultar desconocido, pero en la época en que vivió Alenza, en la primera mitad del siglo XIX era un término utilizado. De hecho, aparece en el Compendio del diccionario nacional de la lengua española, editado en Madrid en 1852:

Tirador del dos: ratero que roba bolsillos y pañuelos.

El tirador del dos era el último en ese mundo de ladrones y timadores, un raterillo, heredero de los bajamaneros –ladrón ratero, según la RAE– de la novela picaresca del siglo de oro.

Como comentaba Rodríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo, de Miguel de Cervantes, era un “ladrón ratero, aprendicillo, vamos al decir, que comienza a deletrear en la cartilla ladronesca”, citando un ejemplo del Guzmán de Alfarache:

“… quien se preciare de ladrón procure serlo con honra, no bajamanero.” O sea, no un simple raterillo, tirador del dos.

Con gran habilidad, solo con dos dedos, los aprendices del robo buscaban en los bolsillos de sus víctimas, como hace este ladronzuelo mientras la mujer, su cómplice, distrae al incauto.

“Mientras le miman le roban” (Foto: @BiblioLazaro)

Volvemos a encontrar a nuestro protagonista en otra acuarela, a la derecha hay un personaje que no parece prestar mucha atención al grupo, entretenido, dedicado a lo suyo.

Alenza. “El zapatero leyendo El Eco del Comercio” (acuarela sobre papel, h. 1839)

Como en todo, había un escalafón. Así lo refleja una noticia de 1866 en La Época:

“Se ha descubierto… una compañía de ladrones perfectamente organizada y dirigida por un hábil capitán, entre los cuales se hallan de todas las especialidades en el género de latrocinio, desde el simple mechero y tirador del dos, hasta paradores y escaladores de casas”.

El tirador del dos, el que Alenza dibujaba, era el ratero más pobre, en ese Madrid castizo y humilde.

Él mismo murió en la penuria, como tantos artistas, después de su penosa enfermedad, tan joven –como otro gran romántico, Gustavo Adolfo Bécquer, unos años después–.

Solo gracias a la generosidad de sus amigos escritores y artistas se celebró un sencillo funeral en la iglesia parroquial de San Ildefonso, frente a su casa, y pudo ser enterrado.

Por: Mercedes Gómez

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La exposición se puede visitar en el:

Museo Lázaro Galdiano
Calle Serrano, 122
Dibujos de Alenza: escenas, costumbres y peligros de Madrid

Hasta el 11 de agosto.
De martes a sábado: de 10 a 16:30 horas. Domingo hasta las 15 h.

Bibliografía:

MARTÍN-MATEO, Albina. “Algunos dibujos costumbristas de Alenza del Museo Lázaro Galdiano”, Revista Villa de Madrid, Madrid, 1976, nº 50-51, pp. 21-25.
OSSORIO y BERNARD, Manuel. Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX. Madrid, 1868.
“Biografía de don Leonardo Alenza”, El Renacimiento, 18 abril 1847.
Real Academia de la Historia
ceres

 

Una de las exposiciones más interesantes y sugerentes que podemos visitar estos días en Madrid es Darío Villalba. Pop soul. Encapsulados y otros, en un escenario perfecto, la Sala Alcalá 31.

Darío Villalba comenzó a preparar esta exposición, junto a su comisaria María Luisa Martín de Argila, hace dos años. Lamentablemente el artista murió antes de ver concluido su sueño –reunir sus encapsulados o crisálidas–, el pasado mes de junio de 2018, y ella tuvo que terminar el trabajo sola.

Darío nació en San Sebastián en 1939. Dos hechos, cuenta la comisaria en el espléndido Catálogo editado para la ocasión, condicionaron su vida cosmopolita y espíritu progresista. Uno de ellos fue la formación recibida bajo las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, en la que estudiaron sus padres; él mismo fue al Colegio Estudio. Su abuelo materno fue el arquitecto Antonio Florez Urdapilleta, recordemos creador de varios centros escolares inspirados en la ILE. El otro hecho fue la residencia de la familia en varios países debido a que su padre era diplomático.

Muy joven, tenía poco más de 30 años, en 1970 obtuvo un gran éxito en la XXXV Bienal de Venecia.

En 1973 el fotógrafo Luis Pérez Mínguez realizó una serie de reportajes que dieron a conocer su obra.

Foto: L. Pérez Mínguez, 1973. (Catálogo Comunidad de Madrid, 2019)

Darío Villalba se convirtió en uno de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque pertenecía a la generación heredera de los informalistas abstractos él se sintió más cerca del arte conceptual y el arte pop, en lo cual tuvo mucho que ver su estancia en EEUU hacia 1964-65 donde se sintió fascinado por los excesos (de alegría, de dolor…). Allí, en Nueva York, entró en contacto con Andy Warhol. De hecho sus primeros encapsulados fueron realizados a partir de fotografías de actores de la famosa Factory de Warhol.

El propio Darío contó que Warhol, estrella emergente que por entonces él admiraba, le dijo: Lo que usted hace es pop soul, pop del alma.

En 1978 lo entrevistó Santiago Amón para el programa de TVE Trazos: Entrevista al pintor Darío Villalba en la que habla de su arte y de sus preocupaciones. Aún no tenía 40 años.

Lo que más le interesaba eran las personas y sus emociones. La enfermedad, los marginados, la culpa, el arrepentimiento

Muchas de estas cosas las cuenta él mismo en una entrevista realizada en 2014, cuando ya tenía 75 años: Darío Villalba. Confesiones. Y en el programa Atención obras (min. 32) con motivo de su exposición en el CEART en 2015.

Darío Villalba fue pionero en el uso de la fotografía como soporte pictórico, pintura que manipulaba para expresar lo que pretendía.

La primera serie de encapsulados o crisálidas, seres con dos pieles según sus propias palabras, de fuerte colorido, en el que domina el rosa, fue realizada entre 1968-69 y es la que fue expuesta en Venecia.

Son figuras suspendidas envueltas en metacrilato, protegidas del mundo exterior. La segunda piel que protegía a los protagonistas.

Después de la Bienal el artista llegó a la conclusión de que esos encapsulados de color rosa no transmitían exactamente lo que él deseaba. Los personajes debían ser inquietantes, aislados, provocar emociones.

Decidió crear una nueva serie, en que la fotografía apenas sería manipulada limitándose al blanco y negro. Esta nueva serie es la que fue expuesta en 1973 en la XII Bienal de Sao Paulo que obtuvo el Premio Internacional de Pintura.

En 1974 los encapsulados llegaron a Madrid, fueron expuestos en la Galería Vandrés.

El artista fue Premio Nacional de Artes Plásticas en 1983 y miembro de la Real Academia de Bellas Artes desde 2002. En 2007 el Museo Reina Sofía le dedicó una exposición Darío Villalba. Una visión antológica 1957-2007.

Pero desde aquella exposición en la Galería Vandrés hace cuarenta y cinco años no se había conseguido reunir la mayoria de estas crisálidas.

Y es la primera vez que se exponen juntas las dos series, además de otras obras relacionadas con ellas.

Por todas estas razones la exposición es un acontecimiento que merece la pena no perderse. Además la Comunidad de Madrid programa varias actividades, entre ellas visitas guiadas, los sábados a las 12 h. Entrada libre, con aforo limitado.

Hay que recomendar finalmente el Catálogo, magnífico, él mismo “encapsulado”, protegidas sus portada y contraportada en blanco y negro por una doble piel de plástico que aporta el color rosa.

Todos los detalles:

Darío Villalba. Pop soul.
Sala Alcalá 31

Hasta el 28 de julio.

Por: Mercedes Gómez

Estos días podemos visitar en Madrid una exposición muy interesante, La zarza ardiendo. Entre el asombro y la emoción (1955-1975), en O_Lumen.

La sala, situada en la calle de Claudio Coello nº 141, ocupa desde marzo 2018 la que fue iglesia de Santo Domingo el Real, obra del dominico Francisco Coello de Portugal, que fue inaugurada en 1968. El espacio ha sido rehabilitado para su uso artístico y cultural, un espacio para las artes y la palabra, manteniendo solo algunos de los elementos de la antigua iglesia.

La exposición actual ofrece un magnífico recorrido por el arte sacro realizado en España entre 1955-1975, la arquitectura religiosa de la época y en cierto modo también por la escultura en general.

Venancio Blanco, Nazareno (1963)

Varios artistas –algunos de ellos formaron parte de la vanguardia española– están presentes.

Uno de ellos es Pablo Serrano, con su “Cristo”, un boceto en bronce (1963-64), entre otras piezas.

Una de las obras expuestas, en el centro de la sala, es el espectacular “Gólgota” de Lucio Muñoz. Obra característica de su autor, de 1964 (técnica mixta sobre tabla), procedente del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

También podemos contemplar el “Crucificado” (1961) de Josep Mª Subirachs, de bronce, procedente del Convento de Padres Dominicos de Torrelodones. Esculturas de Venancio Blanco, José Luis Coomontes… Algunas pinturas, “Santo Domingo de Guzmán” (1971) de Joaquín Vaquero Turcios y un “San Pedro” (1958) de Francisco Farreras. Etc.

Son varias las obras del escultor José Luis Sánchez, que como vimos trabajó en varias iglesias madrileñas junto a arquitectos como Rodolfo García-Pablos, Miguel Fisac…

Todos estos artistas coincidieron en distintas ocasiones. Su obra tiene mucha importancia tanto en el marco artístico general de aquellos años como en el significado de los cambios que tuvieron lugar en el arte religioso.

J.L. Sánchez. “San Francisco de Asís” (1958)

Finalmente, la muestra ofrece un apartado dedicado a la arquitectura, mediante revistas, libros, alguna maqueta y fotografías.

Se han seleccionado siete iglesias españolas de los años 50 y 60, todas ellas singulares, obras de los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oíza, Luis Laorga, Rafael de la Hoz, José María García de Paredes, los mencionados Miguel Fisac, Francisco Coello, Rodolfo García-Pablos, etc. De la obra de algunos de ellos hemos hablado en este blog, como la Iglesia de Santa Ana y la Capilla del Espíritu Santo, de Fisac; o la Basílica de la Merced, de Oíza y Laorga.

Luis Cubillo de Arteaga. Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito, 1961-63.

Fueron los arquitectos que contaron con los mejores pintores, escultores, artesanos… para conseguir sus objetivos renovadores, en este caso para el arte sacro, pero no únicamente.

Completan la muestra una serie de proyecciones sobre las obras de alguno de los escultores y un video con entrevistas breves a cuatro de ellos. Y la música acompaña durante toda la visita.

Es una exposición espléndida, y es gratuita. Toda la información se puede consultar en su web:

O_Lumen
Calle Claudio Coello, 141
La zarza ardiendo. Hasta el 9 de junio.

Miércoles a Sábados
De 11 a 14 h. y de 17 a 21 h.
Domingos
De 11 a 14 h.

Por: Mercedes Gómez

Recordemos que entre 1574 y 1579 el Concejo había adquirido unas casas en la plaza de San Salvador. En ellas se reunieron hasta el año 1619; por entonces tuvieron que buscar un nuevo lugar debido a su estado ruinoso. Estas viejas casas consistoriales fueron derribadas y el solar, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, fue el elegido para construir la Casa de la Villa. El Concejo se trasladó, de alquiler, a las casas que habían sido de don Juan de Acuña en la calle Mayor.

Por fin, en 1629, reinando Felipe IV, una Licencia Real concedió la autorización para construir la Casa Ayuntamiento de Madrid. El Concejo encargó el proyecto al arquitecto Juan Gómez de Mora, Maestro Mayor de Obras Reales y Maestro Mayor de Obras de la Villa. El primer proyecto no se conserva pero sí un dibujo posterior, el alzado del edificio que en esencia se cree mantiene la idea inicial del arquitecto. La construcción no comenzó hasta 1644.

Casa de la Villa de Madrid, alzado de la fachada a la calle Mayor, 1644 (Catálogo Juan Gómez de Mora, nº 122) (Museo de Historia)

En la edificación de la Casa de la Villa, que tardó muchos años en terminarse debido sobre todo a problemas económicos, participaron varios arquitectos. A partir del proyecto de Gómez de Mora, intervinieron José de Villarreal, Bartolomé Hurtado, José y Manuel del Olmo, Cristóbal de Aguilera y Teodoro Ardemans.

Una pintura expuesta en el Museo de Historia, realizada entre 1676-1700, muestra la Casa Consistorial en construcción.

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, óleo sobre lienzo, anónimo (1676-1700).

La escena representada tiene lugar en la plaza de la Villa. Además de ofrecer mucha información sobre el ambiente de la plaza en la que en esos momentos se encuentran todo tipo de personajes, “obreros, clérigos, aguadores, mujeres, niños, caballeros, mendigos, vendedores y animales” también permite observar la construcción de la sede del Concejo madrileño que se estaba llevando a cabo.

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, óleo sobre lienzo, anónimo (1676-1700) (detalle)

Teodoro Ardemans fue el encargado de acabar las obras, lo cual ocurrió por fin en 1695, después de más de cincuenta años. Este arquitecto diseñó las dos portadas barrocas, ideó la capilla, configuró el patio, la escalera de honor y remató las torres.

Las dos entradas se deben a que en origen el edificio fue diseñado para albergar la Casa y la Cárcel de Villa. La de la izquierda era la que daba acceso a la Cárcel; la de la derecha al Ayuntamiento.

El Salón Real se creó en 1656, con el balcón que se asoma a la calle Mayor, para que la reina pudiera contemplar la procesión del Corpus en la casa nueva que se estaba edificando, en el lugar donde había estado la cárcel vieja, como vimos en el artículo anterior.

Hoy día, desde el zaguán se accede a la Escalera de Honor donde se encuentra la escultura de la famosa Mariblanca, escalera que lleva al Salón Real y a otras estancias nobles, como veremos.

Con el tiempo el Salón, desde el que las reinas contemplaban la procesión del Corpus, se convirtió en Sala de recepciones o antesala de la Alcaldía; hoy es conocido como Salón Goya por el cuadro que lo adorna; es una copia del cuadro Alegoría de la Villa de Madrid cuyo original se encuentra en el Museo de Historia.

En este salón se encuentran otras pinturas notables, como la Crucifixión de Francisco Ricci (1662) y Los enterramientos del 3 de mayo de 1808 de Vicente Palmaroli (1871). El techo fue pintado por Pedro Martín Ledesma y Juan de Villegas.

Más cambios y reformas en el siglo XVIII dieron al edificio su aspecto actual.

La columnata que da a la calle Mayor, en el balcón abierto en origen, es obra de Juan de Villanueva (1787).

Otra pintura propiedad del Museo de Historia, El coche real pasando ante el Ayuntamiento, obra de Manuel Fernández Sanahuja, representa el paso de la carroza real por la calle Mayor ante la Casa de la Villa el 29 de noviembre de 1879, día de las segundas nupcias del rey Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo-Lorena. Sanahuja pintó la fachada del Ayuntamiento que da a la calle Mayor.

Recordemos que también es el autor de las bellas acuarelas que reproducen algunos de los frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería, que existieron hasta al menos 1880.

M.F, Sanahuja, “El coche real pasando ante el Ayuntamiento”, óleo sobre lienzo (1879) (memoriademadrid.es)

El edificio de Gómez de Mora estaba organizado alrededor de un patio, el Patio de la Casa de la Villa, al cual se accedía directamente desde la calle por ambas portadas.

Maqueta de León Gil de Palacio (1830), Museo de Historia.

En 1896 fue cerrado, convertido en dos pisos mediante un suelo intermedio, y cubierto. Transformado en Sala de reuniones, los balcones se convirtieron en puertas. Al ser destruida una parte de la cubierta durante la guerra civil posteriormente se instaló el nuevo techo formado por magníficas vidrieras de la Casa Maumejean, que es el que actualmente se puede admirar.

Hoy día es conocido como el Patio de Cristales.

Nuevas reformas de menor importancia y restauraciones tuvieron lugar en los siglos XIX – XX.

En la buhardilla de la torre esquina con la calle Mayor, llamada la Torre del Reloj, fue instalado el reloj procedente de la derribada iglesia de San Salvador.

Casa de la Villa, 1930. (Foto memoriademadrid.es)

En la actualidad, el reloj –que no he conseguido saber si es el mismo–, está ubicado en el último cuerpo de la torre.

Casa de la Villa, 2019

Bajo esta torre, Ardemans diseñó el Oratorio, decorado con las extraordinarias pinturas de Antonio Palomino.

Durante un tiempo fue despacho del Alcalde. Hoy está felizmente libre de muebles y luce en todo su esplendor.

En la Sala de la Custodia se encuentra una de las joyas municipales, obra que realizó el platero Francisco Álvarez en 1576. En esta misma estancia hay un valioso Cristo de marfil, del siglo XVII.

Finalmente, el Salón de Plenos –las pinturas del techo también fueron obra de Palomino, al temple en este caso fue el escenario de las reuniones concejiles durante siglos.

Desde finales de 2007 la sede del Ayuntamiento madrileño es el antiguo Palacio de Comunicaciones, el Palacio de Cibeles, construido por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en los comienzos del siglo XX.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

NAVASCUÉS, Pedro y HURTADO, Pedro. La Casa de Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1985.

VARELA, Eulogio. Casa de la Villa de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1951.

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Artículos anteriores:

 

 

Leemos en las crónicas que desde antiguo ha existido en Madrid una gran tradición de veneración a la Virgen María; son numerosas las advocaciones, de las que se conservan algunas imágenes de gran valor histórico y artístico.

La antiquísima Virgen de Atocha; la Madona de Madrid, del siglo XIV, que se encuentra en la clausura del Convento de Santo Domingo en la calle de Claudio Coello, procedente del antiguo Convento en la plaza del mismo nombre; la hermosa Virgen de Loreto y Nuestra Señora del Buen Suceso, de las que hemos hablado en este blog. Por supuesto la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena; sin olvidar a Nuestra Señora de la Soledad. Y Nuestra Señora de Madrid.

En 1923 Antonio Velasco Zazo escribió que la imagen de Nuestra Señora de Madrid era la más bonita de las vírgenes de la ciudad, pero poco visitada y desconocida para la mayoría de los madrileños. Casi cien años después, no se si la más bonita, pero desde luego muy desconocida, y una de las más antiguas. Como en todas las imágenes marianas la historia se mezcla con la leyenda, pero parece claro que su origen se remonta a finales del siglo XVI.

La Esfera, 1923 (BNE)

Instalada en la capilla del Hospital General, desde 1582 la imagen salía en procesión todos los años el día 2 de febrero, día de la Candelaria. Entonces el llamado Hospital General y de la Pasión estaba en la carrera de San Jerónimo, en el lugar en que luego se instalaría el Convento de Santa Catalina de Siena. Después se trasladó a Atocha.

La procesión quedó representada en una interesantísima pintura, de autor anónimo, de 1643, a la que también hacía referencia Velasco Zazo en su crónica de 1923.

La Esfera, 1923 (BNE)

En 2008 se publicó la noticia del hallazgo del cuadro, “arrumbado en el castillo de Manzanares el Real” y su restauración.

El País, 5 marzo 2008 (Comunidad de Madrid)

Su gran valor es que muestra el hospital de Atocha y alrededores tal como eran en el siglo XVI-XVII. El hospital anterior al Hospital General de San Carlos que se construiría en el siglo XVIII según proyectos de José de Hermosilla y de Francisco Sabatini.

Frente a la fachada transcurre la procesión. A la izquierda, en la parte superior, vemos la ermita en el Cerrillo de San Blas –donde hoy se encuentra el Observatorio Astronómico–. A la derecha está representada la imagen de la virgen.

A los pies del cuadro en la actualidad hay una cartela que cuenta la historia, probablemente ¿colocada en el siglo XIX tras su restauración? :

La procesión… tuvo principio en 1582… estando el Hospital donde está el convento de dominicas de Santa Catalina de Sena. Desde allí iba al convento de San Felipe hasta que se pasó el hospital a este sitio, y se mudó la procesión a Nuestra Señora de Atocha. Se hizo este cuadro en el año 1643… Restauró este cuadro don Vicente Mayoral y Serrano el mes de marzo de 1865.

El Hospital General tuvo su sede en Atocha hasta 1965 en que fue clausurado. Posteriormente, como sabemos, el edificio rehabilitado se convirtió en el Museo Reina Sofía.

En 1968 fue inaugurada la nueva Ciudad Sanitaria Francisco Franco, entre las calles de Doctor Esquerdo, Ibiza, Máiquez y Doctor Castelo. Hoy es el Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

La iglesia del hospital es la Parroquia de San Vicente Ferrer. La Capilla formaba parte del conjunto hospitalario proyecto de Martín José Marcide Odriozola, construido entre 1966-1968.

Allí fue trasladada la imagen, donde continúa, junto al altar mayor.

Ricardo Valladares la describe así :

“Mide 1,30 m. de altura, aproximadamente. Es una especie de maniquí de madera hueca, con los pliegues de las vestiduras tallados en la madera y pintados, simulando ser de paño, con dibujos pequeños…

… Los brazos son de madera maciza y están articulados por encima de las muñecas, viniendo casi a unirse en el centro del cuerpo, un poco por encima de la cintura, para sostener con las dos manos a una imagen pequeña del Niño Jesús vestido con faldón blanco.

La Virgen está cubierta desde la cabeza con una mantilla de encaje blanca, sujeta por la corona y que cae hasta cerca de la rodilla. El rostro de la Virgen está enmarcado por un adorno de tela bordada, en la cabeza tiene una peluca de cabellos negros que caen por la espalda y, como la mantilla, esta sujeta por la corona con su halo, todo ello metálico niquelado”.

La histórica imagen se puede contemplar fácilmente, en la parroquia de San Vicente Ferrer, en la calle de Ibiza.

Pero no he conseguido saber dónde se encuentra el cuadro. ¿Habrá vuelto al Castillo de Manzanares el Real…?

Actualizo la entrada, hoy 5 de febrero, gracias al comentario de Ríozujar que podéis ver más abajo, que responde a mi pregunta:

La pintura efectivamente se encuentra en el interior del Castillo de Manzanares el Real presidiendo uno de sus salones (la Sala Santillana), así lo muestra una foto cuyo enlace se puede ver en dicho comentario.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VELASCO ZAZO, A. “Nuestra Señora de Madrid”, La Esfera, 24 marzo 1923.
HUARTE, A. Nuestra Señora de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1925.
“Iglesia Ciudad Sanitaria Francisco Franco”, Informes de la Construcción, oct. 1971.
VALLADARES, R. Hospital Provincial de Madrid. Comunidad de Madrid, 1979.
FRAGUAS, R. “La calle de Atocha en el siglo XVI”, El País, 5 marzo 2008.

Volvemos a la Casa de Joaquín Sorolla, el palacete donde vivió el pintor con su familia, proyectado por el arquitecto Enrique María Repullés y Vargas en 1910, en el actual nº 37 del Paseo del General Martínez Campos, hoy Museo Sorolla.

Estos días podemos visitar la exposición temporal Sorolla. Un jardín para pintar.

La muestra reúne varios alicientes: la vida del propio Sorolla, su casa hoy convertida en uno de los museos más singulares de Madrid, los jardines que él mismo proyectó junto a su arquitecto, todo ello explicado en algunos paneles, fotografías, esculturas, en sus bellas pinturas y por supuesto en la realidad que disfrutamos paseando por los rincones en los que vivió y pintó.

Sorolla realizó muchos dibujos preparatorios de su deseado jardín. Algunos de estos croquis se exponen ahora. Son sencillos, pueden parecer poco importantes tras el cristal de la vitrina o los marcos, pero hay mucha historia tras esos trazos, y son emocionantes sin duda. Muestran los sueños del propio artista.

La exposición se basa en la idea de que a Sorolla lo que más le gustaba era pintar, sobre todo al aire libre, y por eso soñaba con un jardín propio, un lugar donde pintar al sol.

Planta del jardín y de la casa Sorolla (1911)

El Jardín de Sorolla es hoy día un oasis inesperado entre altos edificios y el propio paseo del General Martínez Campos con sus castaños de indias, que no existían cuando la casa fue construida. Cuando Sorolla creó sus jardines con sumo cuidado no imaginó que en un futuro se encontrarían rodeados y cubiertos de sombra, así que ahora los árboles plantados por él mismo y las plantas existentes tienen un problema, la falta de la abundante luz de la que gozaban entonces. Por eso actualmente en estos jardines no hay tantas plantas de flor, que el artista plantó, pues mantenerlas resulta difícil.

El Jardín de Sorolla consta de tres espacios o jardines distintos, además de un Patio andaluz.

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El Primer Jardín y su bonita fuente están inspirados en jardines de los Reales Alcázares de Sevilla que Sorolla conoció y admiró. Fue plantado a finales de 1911; en esos momentos fue cuando la familia se trasladó allí a vivir.

Jardín de Sorolla (el primer jardín), 1919. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla (el primer jardín), h.1919. (Museo Sorolla)

Jardin de Sorolla, 2018.

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El Segundo Jardín, construido el último, está inspirado en los jardines que el artista vio en Granada, en la Alhambra. Plantado entre 1915 y 1916. El pintor realizó muchos dibujos para este proyecto.

Joaquín Sorolla en su jardín, 1917. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla, 1918.

Jardín de Sorolla, 2018

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Entre el segundo y el tercero se situaron algunas esculturas, entre ellas un Fauno y un Sátiro con odre (1911), reproducciones en bronce de las obras del Museo Arqueológico de Nápoles (sg. II a. de C.), que Sorolla pintó en cuadros hoy aquí expuestos junto a las obras.

Anónimo (1932). (Museo Sorolla).

Actualmente las que se encuentran en el jardín son reproducciones a su vez.

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Y el Tercer Jardín, creado a la par que el primero en 1911, está dotado de una pérgola de origen italiano, y una alberca sevillana con dos figuras alegóricas, obra de Francisco Marco Díaz Pintado. Se llama la Fuente de las Confidencias. Fue plantado hacia 1912 o 1913 y rehecho hacia 1917, una vez concluido el segundo jardín.

La fuente de las confidencias en el tercer jardín, 1933. (Museo Sorolla)

Balsa del tercer jardín, 1618.

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Joaquín Sorolla imaginó su Jardín, lo dibujó, plantó las flores y los árboles, fue jardinero además de pintor…

Kurt Hielscher. Joaquín Sorolla en la escalera de acceso a los estudios (1919)

Lo cuidó hasta en los más pequeños detalles.

Es un placer recorrer la exposición, y después detenerse un rato en el jardín que Joaquín Sorolla soñó, creó, vivió y pintó.

 

Por : Mercedes Gómez

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Museo Sorolla. Catálogo.

Museo Sorolla.
Sorolla. Un jardín para pintar.
Pº Gral. Martínez Campos, 37
Hasta 20 enero 2019

Continuando con mi tradición veraniega de publicar un artículo contando la historia de algún lugar visitado en tierras catalanas, este año os invito a conocer el Monasterio de Pedralbes y especialmente su Capilla de San Miguel, decorada con extraordinarias pinturas murales del siglo XIV.

El Monasterio de Pedralbes fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón (1267-1327). Dedicado a Santa María, fue ocupado por monjas clarisas. Una pequeña comunidad de once monjas continúa viviendo en nuevas dependencias junto al antiguo monasterio, hoy convertido en un magnífico museo.

El lugar elegido para su construcción fue Sarriá, una localidad que fue independiente hasta 1921, año en que fue anexionada al municipio de Barcelona. Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta, que ya vimos cuando visitamos otra población próxima, Cornellá.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

En Sarriá, que hoy pertenece al distrito barcelonés de Sarriá-San Gervasio, se encontraba la zona de Pedralbes.

Pedralbes proviene del latín, petras albas (piedras blancas), nombre documentado desde finales del siglo X.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

A lo largo de los años el monasterio primitivo se fue ampliando con nuevas estancias. Hoy día el conjunto es un bello ejemplo del arte gótico. Originalmente estaba rodeado por una muralla de la que solo se conservan dos puertas y sus respectivas torres de vigilancia.

La iglesia es uno de los elementos más antiguos, los monarcas colocaron la primera piedra el 26 de marzo de 1326.

Es de una sola nave, con capillas a los lados, cubierta con bóvedas de crucería.

Original del siglo XIV es también el claustro gótico que consta de dos galerías con veintiséis columnas de piedra a cada lado y de un tercer piso levantado posteriormente a modo de buhardilla.

El techo es de madera y los capiteles, que sostienen bellos arcos ojivales, están decorados con los escudos de la casa real y de la familia Montcada.

En el patio se ha recreado un Jardín medieval en el que se cultivan plantas medicinales, convertido así en un jardín entre científico y espiritual.

Alrededor del claustro se organizan las dependencias del monasterio. La sala capitular, la cocina, el dormitorio, la abadía, el refectorio, las procuras…

Las procuras, así llamadas porque estaban a cargo de la procuradora del monasterio, responsable del abastecimiento, era el lugar donde se almacenaban los alimentos, utensilios y herramientas del huerto.

Desde sus comienzos se dispuso de una enfermería que pronto necesitó reformas; los espacios que hoy se pueden ver son del siglo XVI, construidos en 1568 gracias a la donación de 600 ducados de oro del rey Felipe II.

Las pequeñas celdas de día, algunas de las cuales hoy se pueden contemplar, adornadas como capillas, son del siglo XVI al XX, aunque la mayoría de las que se conservan son modernas.

Las estancias, con su mobiliario y objetos, nos explican cómo era la vida conventual. La cocina, situada junto al refectorio o comedor, utilizada desde el siglo XIV hasta 1983, es testigo del paso del tiempo y de las diferentes épocas.

El dormitorio es otro de los espacios más antiguos, del siglo XIV, junto con la iglesia y la planta baja del claustro, como vimos. El techo data del año 1533. Fue remodelado en 1990 siendo convertido en una espectacular sala de exposiciones.

Uno de los tesoros del monasterio sin duda es la capilla de San Miguel, decorada con pinturas murales realizadas en 1345 por el pintor Ferrer Bassa.

Fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, sobrina de la reina Elisenda, Francesca ça Portella.

Con el tiempo la capilla tuvo diversos usos, fue archivo, fue utilizada como guardarropa –quedando ocultos los murales–, se abrieron ventanas… A finales del siglo XIX las pinturas fueron descubiertas y valoradas, interés que felizmente ha ido en aumento. En el siglo XX fueron restauradas por primera vez. Y en la actualidad han sido objeto de un largo y minucioso proceso de restauración.

La capillita, después de más de diez años cerrada al público, ha sido reabierta hace pocas semanas. La exposición Murales divinos los muestra espléndidos, intentando recordar lo que debió ser una estancia resplandeciente, envolvente, destinada a la meditación.

Bajo un techo-cielo estrellado, los murales de la diminuta estancia estaban destinados a deslumbrar con sus tonos dorados y plateados realizados con láminas finas de estaño, plata y oro, lamentablemente perdidos.

Los primitivos muros blancos, gracias a las pinturas de Ferrer Bassa, se transformaron en un intenso fondo azul para las escenas, azul de azurita, que con el tiempo y la aplicación de fijadores se fue oscureciendo. Gracias a la restauración ha recobrado parte de su esplendor.

Las pinturas, de carácter italianizante, innovadoras en su momento, fueron ejecutadas con una técnica mixta: al fresco y al seco. Se han conservado mejor los frescos que las realizadas al temple o al óleo, más afectadas por desprendimientos.

Los especialistas han considerado que tienen influencia de varios maestros, Giotto entre ellos. Los espacios representados son tridimensionales, con tratamiento de la perspectiva, y las figuras muy expresivas.

Varios paneles explican la iconografía que se inspira en las devociones marianas y representa la Pasión de Cristo, los gozos de la Virgen y varias figuras de santos. La narración discurre de izquierda a derecha en franjas.

Se han eliminado repintes y retoques antiguos que ocultaban el original.

La restauración también ha permitido descubrir los mármoles fingidos, puro trampantojo, del nivel inferior, antes tapados.

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

Monasterio de Pedralbes

Murales divinos. Capilla de San Miguel Monasterio de Pedralbes. Ajuntament de Barcelona, 2018.

Francisco de Goya pintó La última Comunión de San José de Calasanz en 1819 para la Iglesia de San Antón del colegio de las Escuelas Pías en la calle Hortaleza de Madrid.

Goya recibió el encargo del rector de la iglesia, que aceptó de muy buen grado se cree que por su condición de antiguo alumno de los escolapios en Zaragoza. En la actualidad el cuadro que se expone en la iglesia es una copia.

La pintura original está en la Capilla de la Orden de las Escuelas Pías de la Provincia Betania, en la calle de Gaztambide nº 65.

El edificio en el que se encuentra fue construido en 1960 por el arquitecto Cecilio Sánchez-Robles, autor de varias obras de arquitectura religiosa en los años 50-60 del pasado siglo XX.

El cuadro pintado por Goya está en el altar de la sencilla capilla que se creó para acoger la obra. Recordemos que en 1989 el Colegio de las Escuelas Pías de San Antón en la calle de Hortaleza había sido vendido y el edificio vivió un periodo de abandono. Tras su limpieza y restauración en 1994, de las que se encargó el Museo del Prado, el lienzo pasó a su nuevo emplazamiento, en la residencia de Gaztambide.

Como se puede leer en el letrero del marco, es un depósito del Colegio de Padres Escolapios de San Antón.

Es un gran cuadro de altar, óleo sobre lienzo, firmado, de 250 x 180 cm. La firma de Goya se aprecia perfectamente en el extremo inferior izquierdo, “Franco Goya, año 1819”.

Goya (1746-1828) cuando realizó esta obra –hacía cerca de dos siglos que había muerto José de Calasanz (1557-1648)– estaba ya en su última época, la misma en la que comenzó a realizar las Pinturas negras en su Quinta cercana al Manzanares. Tenía 73 años.

La pintura es tenebrista, un juego de luces y sombras. La escena tiene lugar en una iglesia oscura, iluminada únicamente por potentes rayos de luz que llegan hasta el rostro de San José de Calasanz, que arrodillado, con las manos juntas, recibe la comunión. El sacerdote acerca la Sagrada Forma al santo. Solo el blanco y el dorado de la casulla del padre y el cojín rojo sobre el que se apoya el santo se apartan de los grises y negros dominantes.

“Llama la atención la disposición espacial y luminosa que revela la lección aprendida de Las Meninas de Velázquez con la que Goya buscó deliberadamente crear la ilusión óptica de que el espacio real de la iglesia se prolongaba en el espacio imaginado del lienzo”. (Museo del Prado).

La pintura expresa la gran religiosidad de José de Calasanz, que muestra un aspecto agonizante. Para esta imagen Goya utilizó la mascarilla mortuoria del santo.

Forman parte de la escena además del santo y el padre que le ofrece la comunión otros sacerdotes y varios niños del colegio.

Los padres escolapios guardan un esquema dibujado y escrito a mano, firmado por J.L. Monge, con los personajes pintados por Goya y la indicación de a quién representan algunos de ellos.

Los personajes principales son, con el nº 1, el Padre Vicente Berro, contemporáneo del santo, aunque más joven, y con el nº 2, San José de Calasanz.

Entre ambos (la figura nº 3) se ha identificado a un canónigo amigo de Goya.

A la izquierda, junto al marco (nº 4), J.L. Monge identifica al propio pintor, Francisco de Goya, que habría utilizado el recurso del autorretrato, tal como por cierto ya hizo Velázquez en sus Meninas.

Junto a él el otro rostro (nº 5) corresponde a Camilo Goya, su hermano, que era párroco en Chinchón, Madrid.

Al otro lado, los niños, alumnos del colegio. Los dos a la derecha, en primer plano, se indica que son Mariano, nieto de Goya, hijo de Javier, a su vez hijo de Goya; y junto a él se ha identificado al escritor Víctor Hugo que estudió en el colegio de San Antón de la calle Hortaleza de Madrid.

Acompañan el conjunto varias Figuras Negras, preludio de las pinturas que poco después crearía Goya.

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Hace unos días se ha conocido la noticia, dentro de unos meses la extraordinaria pintura de Francisco de Goya se podrá contemplar en el Museo del Prado.

Con motivo de la celebración del bicentenario del museo que fue inaugurado en 1819, el mismo año en que fue pintado el cuadro, los padres escolapios lo prestarán para su exposición temporal, durante un año, prorrogable a dos.

El cuadro volverá al Museo del Prado el próximo mes de octubre o noviembre por tercera vez. Antes de su restauración en 1994 como hemos comentado, La última comunión de San José de Calasanz se expuso en 1983 en la muestra Goya en las Colecciones madrileñas.

TVE emitió un programa dedicado a esta pintura y su estancia en la gran Pinacoteca el 9 de mayo de 1983 en la serie Mirar un cuadro.

Ahora, por un año, tal vez dos, volverá a ser cuidado por el Museo del Prado y allí podremos admirarlo.

Por : Mercedes Gómez

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