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A finales de 2017, comienzos 2018, el Ayuntamiento de Madrid, ante el desprendimiento de algunas piedras del muro o pretil que separa las calles del Rebeque y del Factor de la calle Bailén, procedió a la colocación de una serie de lonas protectoras y, como hemos sabido recientemente gracias al diario El País, proyectar su consolidación y restauración. Además, la gran noticia es que se va a proceder a su estudio y a la prospección arqueológica.

El muro se encuentra en el denominado Jardín de Larra, terreno propiedad del Ayuntamiento, con una superficie de unos 6.000 metros cuadrados. Tiene un nivel 3 de Protección en el Catálogo de Parques y Jardines de Interés y nivel 1 en el de Elementos Urbanos Singulares por su valor Histórico Artístico. Parte del gran arbolado es considerada vegetación singular.

El Jardín ocupa los llamados Altos de Rebeque y la espalda de los edificios impares de la calle del Factor, por donde –como ya hemos contado repetidamente en este blog–, subía la muralla árabe del siglo IX.

Hemos recorrido infinidad de veces la calle del Factor, y tantas otras nos hemos preguntado sobre el lugar por donde continuaba tras llegar a los Altos. Es sin duda uno de los misterios más importantes de nuestra historia. Se considera que en este punto podría girar hacia el oeste. También es posible que continuara hacia el norte. Y no muy lejos debía estar la unión con la muralla cristiana del siglo XII, incluso con una hipotética segunda muralla árabe.

“Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. Primer recinto (la línea más oscura representa los restos visibles de muralla, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

El muro mide unos 60 metros, 50 en el primer tramo paralelo a la calle Rebeque y, tras un giro, alrededor de 10 metros en un segundo tramo, paralelo a la calle del Factor.

El pretil sin duda evoca el camino que seguía la muralla del primer recinto islámico hasta aún no se sabe exactamente dónde.

Ya contamos la historia de las murallas de Madrid y los Altos de Rebeque. No vamos a repetirla, pero recordemos que hace un siglo aún quedaban restos de la muralla en este lugar. En 1913 se derribaron unos paredones y unos desmontes dentro de obras de mejora de la calle Bailén y ajardinamiento de los alrededores de Palacio. En el diario ABC el cronista Antonio Velasco Zazo lamentaba el derribo de un resto de antigüedad, de ese trozo que perteneció a la muralla primitiva, por la parte que se llamó calle del Viento.

El material constructivo principal del muro es la piedra caliza, con algunos sugerentes bloques de sílex o pedernal. En algunas zonas se aprecia relleno de ladrillos.

En dirección sur el muro se va convirtiendo en un paredón y la barandilla de granito que separan el jardín de la calle del Factor.

Lo importante ahora es que por fin el Ayuntamiento va a estudiar con criterio arqueológico la zona. Hace muchos años que estudiosos e interesados en las murallas madrileñas hemos deseado y pedido la excavación, es lógico pensar que bajo el jardín existen probables restos de muralla islámica.

¿En qué momento fue construido el pretil?, ¿quizá en la época en que fue derribado el lienzo de muralla que subsistía a principios del siglo XX?, ¿serían reutilizados sus restos?…

¿Qué nos deparará el estudio de los cimientos del muro?

Tal como informa el mencionado artículo de El País, en referencia al informe arqueológico que posee el Ayuntamiento, se espera encontrar datos decisivos sobre el supuesto giro de la muralla islámica hacia el oeste y la posible unión con la muralla cristiana.

Este mes de septiembre el Ayuntamiento iniciará los trabajos de restauración con el fin de devolverle la importancia que posee y está previsto que finalicen en diciembre. Esperemos noticias.

Como nos recuerda el reportaje, esta actuación forma parte de un proyecto global de recuperación, valoración y explicación de las murallas de Madrid. Bienvenido sea.

Por: Mercedes Gómez

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Hace pocos días hablábamos de los vestigios de un viaje de agua hallados en la calle Fuencarral, unas galerías que, según la propia Comunidad de Madrid en un principio, podrían corresponder a una construcción del siglo XVII. A propósito de esta noticia, escribí que podría tratarse de vestigios del Viaje de Agua de la Alcubilla. Y es que, como comentaba, se sabe que uno de sus ramales bajaba por allí. En este barrio se han encontrado varios restos importantes (galerías, norias…) en diferentes obras en la zona.

A través del diario ABC y de TVE, el pasado día 30 de agosto la Dirección de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid confirmó que se trata de un importante y hermoso tramo de un viaje de agua y pudimos ver imágenes del interior de la galería.

Aunque ya conocemos la historia básicamente, creo que el gran hallazgo merece una breve actualización del post.

Leemos en el ABC que “los técnicos de la Dirección General de Patrimonio han concluido que se trata de un viaje de agua del siglo XVII, procedente de los de Fuente Castellana y La Alcubilla”.

Recordemos que el Viaje de la Alcubilla y el Viaje de Contreras, a su llegada a Madrid, se unían al de la Fuente Castellana que se comenzó a construir en 1612 y finalizó en 1619, aunque las reparaciones y obras de mejoras fueron numerosas a lo largo de todo el siglo XVII, como en todos los viajes. Ya en el interior de la villa el Viaje de la Castellana se extendía en un complicado entramado de galerías.

Según las mencionadas noticias, este tramo, de unos 180 metros, fue construido en 1632.

Como vimos, también se sabe que en ese punto, a la altura de las calles de San Mateo y San Joaquín, hubo un arca de repartición del agua, el “arca que está debaxo de tierra en calle alta de Fuencarral, frente de la de San Mateo”, como describió Aznar de Polanco.

Felizmente, también se han encontrado restos de esta construcción.

Restos del arca de distribución o de repartición que se encuentra en el viaje de agua de Fuencarral (Foto: Guillermo Navarro. ABC)

El arqueólogo, Manuel Silvestre, explica que el hallazgo, muy bien conservado, tiene una gran valor arqueológico.

Galería del viaje de agua (Foto: Guillermo Navarro. ABC)

Las fotos de Guillermo Navarro son una maravilla que nos permiten conocer un nuevo tramo de una galería de conducción que trasladaba el agua desde el norte de Madrid a las casas próximas a este lugar, desde el siglo XVII hasta mediado el siglo XIX. Y conocer un poco mejor cómo eran los viajes de agua, patrimonio singular madrileño.

Por : Mercedes Gómez

 

La semana pasada supimos por las noticias de Telemadrid que se habían paralizado unas obras en la calle Fuencarral al encontrase unas galerías que podrían tener valor histórico.

El día 8 las autoridades de la Comunidad de Madrid notificaron que estaban estudiando los hallazgos y confirmaron que parte de los restos podrían ser galerías del siglo XVII.

Noticia Telemadrid 8 agosto 2018

Después varios diarios han publicado la noticia con las explicaciones de la Comunidad. Lo más importante de la nota de prensa es que se confirmaba que una parte de los restos serían una construcción original del siglo XVII, a la espera del informe arqueológico solicitado por la Dirección de Patrimonio.

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Podría tratarse de vestigios del Viaje de Agua de la Alcubilla.

El antiquísimo viaje de la Alcubilla, recordemos, se comenzó a construir en 1399. Nacía en la Dehesa de Chamartín en el valle de la Alcubilla, a 18 metros de profundidad, y llegaba a Madrid a través de una serie de pozos.

Por el Camino de Fuencarral, hoy Bravo Murillo, llegaba hasta la actual Glorieta de Cuatro Caminos, donde se dividía en dos ramales, uno por la calle de Santa Engracia hasta la plaza de Santa Bárbara, donde comenzaba la distribución de las aguas. El otro se dirigía a la glorieta de Quevedo, donde a su vez se dividía en dos ramales, uno bajaba por San Bernardo y otro por Fuencarral, en dirección a la ciudad.

Calle de Fuencarral

Por aquí, en el cruce con las calles de San Mateo y San Joaquín, se sabe que discurría el viaje y que en el siglo XVIII se encontraba un arca de distribución del agua.

Lo poco que he podido ver hoy desde la acera en las obras que ocupan la vía es la sección de una bonita galería.

Y en su entrada, debajo, adivinar otra galería o arco, perpendicular, en la dirección de la calle Fuencarral, típico de los viajes de agua.

Entre otras cosas, el vicepresidente y portavoz del gobierno de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollán, ha dicho en las declaraciones publicadas que no existe ninguna calle en Madrid en la que no aparezcan elementos históricos en los trabajos que ejecutan el Canal de Isabel II, Metro o compañías de servicios.

Qué drástico. Si es así, nos gustaría tener más noticias. Y comprendemos que no todo se puede convertir en un museo y mostrar al público indefinidamente, pero sería deseable una mayor información, más transparencia, y de vez en cuando, conservar, explicar y mostrar, no solo documentar para uso interno y tapar.

Los Viajes de Agua de Madrid forman parte de un patrimonio histórico único.

Por Mercedes Gómez

Hoy os invito a un paseo diferente, entre la realidad y la fantasía.

Un paseo real, por el Madrid de hoy, por la ribera del Manzanares junto al Puente de Segovia desde donde contemplamos el Palacio Real, la Catedral de la Almudena… pero pensando que entre los siglos I y IV, durante la época del Madrid romano, nada de eso existía. Era un paraje seguramente de buenas tierras para el cultivo y propicias para la crianza de ganado. Por eso allí se estableció una pequeña villa, un asentamiento rural.

También es un viaje al pasado, con la ayuda de la imaginación. Pensemos que ni siquiera existía el puente; aunque desde muy antiguo debió existir un vado, ya documentado en la edad media. Allí desembocaban las aguas de un arroyo que bajaba entre dos cerros, cursos que con el tiempo recibirían los nombres de arroyo de las Fuentes de San Pedro –hoy calle de Segovia– y Río Manzanares.

Visitamos la villa romana que allí existió. Recordemos, antes de continuar, el gran hallazgo, cómo era esa villa, que ya contamos aquí. Terminaba el artículo entonces con la fotografía de la maqueta de una villa romana que se encuentra en el Museo de San Isidro y otra del río Manzanares animando a intentar imaginarla habitada por sus pobladores hace casi veinte siglos.

Eso es lo que ha hecho Ramón Oria, un gran fotógrafo que además de buenas fotos realiza montajes mágicos. Si aún no conocéis sus trabajos os animo a visitar su cuenta en Flickr, seguro que os sorprende.

Ramón ha hecho un fotomontaje espectacular. Ha situado la villa romana en los terrenos donde se encontraba en el siglo I, en una imagen actual, con el fin de ayudarnos a realizar ese viaje al pasado. Caminando podemos llegar hasta las antiguas casas antes llenas de vida.

La imagen nos sugiere un “hoy” imaginado en el que aún existiría la construcción romana, unas casas habitadas, rodeadas de un suelo de tierra y algo de hierba, en lugar del árido pavimento actual; tras ellas un gran arbolado y un camino que acaso bajaba junto al arroyo.

Foto: Ramón Oria

No hemos pretendido situarla de forma precisa y científica. El fotomontaje no deja de ser un pequeño juego. Más que una localización exacta, Ramón –me consta que después de muchos intentos y mucho trabajo– ha optado por una bellísima imagen que ayude a comprender dónde estaba el caserío y a la vez contemplar el lugar donde unos siglos después se fundaría Madrid, en el luego llamado cerro de Palacio.

Os animamos a pasear por la zona, recorrer sus hoy caminos de asfalto y césped que guardan los recuerdos de un Madrid muy antiguo, el Madrid romano.

Cuando atraveséis el hermoso puente de Segovia o caminéis por los alrededores pensad que hubo un tiempo en que allí no existía nada de lo que hoy conocemos, solo el río y huertas y árboles, y un pequeño asentamiento rural en el que vivían unos remotos vecinos; que trabajaban, cocinaban, se alimentaban y pasaban sus ratos de ocio. Unas viviendas sencillas pero bien decoradas, con pinturas murales y cerámicas. Una villa romana.

Por: Mercedes Gómez

La calle del Nuncio es una de esas calles madrileñas breves, algo sinuosas, que conservan toda la historia de la villa en su trazado, la misma forma desde hace siglos. Primero, en los siglos X y XI fue un arrabal de la medina islámica, después las casas se fueron construyendo al abrigo de la muralla cristiana, entre la Cava Baja y la calle Segovia.

Nace en Puerta Cerrada, donde se encontraba una de las puertas de la muralla del siglo XII, y llega hasta la iglesia de San Pedro, una de las más antiguas de la villa. Pudo ser por tanto una vía medieval importante, que discurriría próxima a la muralla, adaptándose a sus quiebros, intramuros.

Puerta Cerrada, calle del Nuncio.

Sus edificios y el terreno sobre el que se asientan son un reflejo de la historia de Madrid. Igual que la Cava Baja, la calle del Almendro o la propia Puerta Cerrada, que ya hemos recorrido.

Calle del Nuncio

En el nº 8 de la calle se levanta el edificio que alberga la Federación Española de Municipios y Provincias, antigua casa palacio del siglo XVI rehabilitada en los años 80 del pasado siglo XX.

Enfrente, en el nº 13, el Palacio de la Nunciatura Apostólica, que da nombre a la calle.

Llegando al nº 17 esquina calle del Pretil de Santisteban vemos la antigua Casa de Postas del duque de Santisteban, del siglo XVIII, hoy convertida en un edificio de viviendas.

Al final de la calle, la Iglesia de San Pedro, que conserva su espléndida torre construida en el siglo XIV.

Encontramos huellas pertenecientes a todas las épocas, desde la edad media hasta la actualidad, incluso las casas más modestas de la calle del Nuncio narran la historia de Madrid.

Cada uno de estos edificios merecería un artículo. Pero hoy vamos a detenernos en los orígenes de estos solares, en el Madrid más antiguo. El solar del actual nº 13, sede de la Nunciatura, nos cuenta la historia de estos terrenos ubicados junto a la muralla del siglo XII, un barrio construido sobre un arrabal de época islámica, como vimos.

Con motivo del “Proyecto de ejecución de ampliación del Colegio Sacerdotal y adecuación de dependencias en la calle Nuncio Nº 13”, promovido por el Ministerio de Defensa, en una zona de su patio interior, tuvo lugar una importante excavación arqueológica, entre noviembre de 2008 y febrero de 2009.

Excavación calle del Nuncio 13 (detalle) (Foto: GEA Arqueólogos)

Las diferentes fases de la intervención proporcionaron información de diversas épocas, constatando que la ocupación más antigua corresponde a los siglos X-XII, como ya ocurrió en otros solares próximos. El hecho tiene gran importancia, no solo por los materiales hallados, sobre todo cerámicos, sino también por la información que aportan en cuanto a la población andalusí en esta zona de Madrid, a la vida en el Mayrit islámico.

Se trata, una vez más, de útiles domésticos (preparación, conservación y consumo de alimentos) típicos de la cerámica islámica de los siglos X al XII.

(Foto: GEA Arqueólogos)

En relación al agua, también se encontraron fragmentos de arcaduz, elementos utilizados para extraer el agua con las norias.

El yacimiento fue descrito como “ocupación de tipo familiar o comunal asociada a la expansión del Madrid andalusí durante el siglo XI hacia el arrabal de Puerta Cerrada”. Los hallazgos fueron calificados como pertenecientes a épocas medieval islámica, medieval cristiana, moderna y contemporánea.

Posteriormente en este solar estuvo el Palacio de don Francisco de Vargas, el consejero de los RRCC y de Carlos V. El edificio también es conocido como antiguo Palacio de don Rodrigo Calderón, pues aquí estaban las casas que la marquesa del Valle donó a don Rodrigo, marqués de Siete Iglesias. En el siglo XVII fue ocupado por la Nunciatura.

Casa y calle del Nuncio en el Plano de Texeira, 1656.

El edificio actual, obra de Manuel Moradillo en 1735, fue restaurado y reformado en el siglo XIX.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Comunidad de Madrid. Anuario de Actuaciones Arqueológicas y Paleontológicas. Ficha de la actuación en Nuncio, 13. Madrid, 2009.

PÉREZ VICENTE, Daniel. “Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico”, Testimonios del Madrid medieval. Museo de San isidro, Madrid, 2004.

 

Como hemos visto en artículos anteriores, en los terrenos que hoy ocupa la ciudad de Madrid han existido grupos de población, más o menos estables, en la edad del bronce, incluso alguna villa romana, aunque eso no significa que existiera un núcleo urbano.

Y como sabemos es muy posible que incluso propios grupos musulmanes pudieron vivir aquí antes de que en la segunda mitad del siglo IX llegara el emir Muhammad I, se estableciera con su ejército y mandara construir la muralla, la llamada muralla árabe, en torno al primer recinto conocido como Mayrit.

Maqueta evolución urbana de Madrid siglos IX al XIX (Museo de San Isidro)

Un momento importantísimo de nuestra historia ocurrió hacia el año 860, cuando el mencionado emir de Córdoba Muhammad I (que estuvo en el poder entre los años 852 y 886) fundó Mayrit, en principio como torre de vigilancia, gracias a su situación estratégica, que se convertiría en el origen de la villa de Madrid.

Hace ya seis años que hablamos aquí del Madrid islámico en el Museo de San Isidro. Desde entonces es grato comprobar que el interés por esta etapa histórica y sus restos arqueológicos ha crecido enormemente. Como ha transcurrido ya mucho tiempo y el museo muestra una renovada y más amplia exposición dedicada al Madrid de los siglos IX al XI ha llegado el momento de visitarlo nuevamente y actualizar la información.

Una hermosa vitrina guarda diversos objetos y cartelas que explican cómo pudo ser la vida cotidiana en aquel Mayrit remoto.

Entre estos emocionantes vestigios de tiempos pasados encontramos referencias a algunas de las actividades que tuvieron lugar en aquel Madrid medieval, en la medina de Mayrit que surgió junto al castillo primitivo.

De las manufacturas existentes en aquella época quizá la más importante fue la alfarería, la fabricación de útiles domésticos, ollas, cazuelas, cuencos… recipientes alabados por su capacidad para mantener los alimentos calientes o conservarlos durante mucho tiempo. Las ollas se colocaban sobre hornos o anafres, o directamente sobre el fuego.

Olla del siglo X (pl. de Oriente) sobre Hornillo o anafre (de sg. IX-XI)

Eran los cacharros que los mayrities utilizaban para guardar, cocinar y tomar sus alimentos, de una cerámica tan buena que se hizo famosa. Existe una descripción anónima de Al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

Jarra, Cuesta de la Vega (siglo X-XI) y botella o redoma, plaza de Oriente (sg. IX)

La mayor parte de objetos proceden de las excavaciones de la Cuesta de la Vega y la plaza de Oriente, zonas pertenecientes o próximas al primer recinto; aunque también se han producido hallazgos en otros lugares extramuros, en el exterior del primer recinto árabe, en los llamados arrabales, como la plaza de los Carros. Llama la atención, entre los útiles domésticos, un mango de cuchillo hallado en la que fue Casa de Iván de Vargas.

Los candiles, realizados igualmente por los artesanos musulmanes, jugaban un papel importante en la vida cotidiana.

Candiles siglos X-XI

Unas torteras o pesas de hilar halladas en la Cuesta de la Vega dan muestra de otra actividad que se desarrollaba en la medina, expuestas junto a unas monedas, dirham, dinar, tercio de dinar y dobla, utilizadas en la época islámica.

Además de los útiles domésticos, otros objetos revelan detalles sobre la vida de nuestros antepasados. Se sabe que uno de los juegos que los árabes introdujeron en Al Andalus fue el ajedrez; uno de los hallazgos de la Cuesta de la Vega fue un peón de ajedrez.

Otro aspecto importante de la época es el agua.

El agua era abundante, gracias a los arroyos y manantiales subterráneos de los cuales se extraía mediante pozos. En algún momento los árabes debieron aplicar su técnica de construcción de los viajes de agua, como hemos visto hace pocos días al hablar de la plaza de los Carros. En cualquier caso, los numerosos arcaduces hallados, de los que se expone una pieza, demuestran la existencia de norias movidas por animales. Desde fuentes o desde los pozos el agua que se guardaba en tinajas o cántaros llegaba a la población que la consumía en las jarras de la buena cerámica mayrití.

Cantimplora, Plaza Oriente y Cántaro, plaza de los Carros (IX-XI)

Los pobladores de la medina se dedicaban, además de a la alfarería, a la agricultura y la ganadería.

Pequeñas huertas eran explotadas tanto dentro como fuera de los muros. Un cartel titulado Una medina ajetreada explica todo esto. La ganadería se basaba sobre todo en la explotación de ovejas y cabras, vacas, caballos… no solo para obtener alimentos sino productos secundarios como la leche o el cuero.

La agricultura era muy importante en Mayrit. La cebada y el trigo eran los cereales principales, también cultivaban legumbres, etc. Y diferentes clases de árboles. Había encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños, manzanos, … una vegetación muy rica. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La religión formaba parte de la vida cotidiana por lo que aparecen referencias a Alá en objetos y recipientes. Se han hallado en silos restos de huesos de animales con inscripciones religiosas y se cree que este hecho puede tener un sentido ligado a la magia, con el dios como protector de los alimentos que se guardaban en esos lugares. Se expone en el museo un ejemplo, un omóplato de vaca con inscripción árabe hallado en el solar de la Cava Baja 30, antiguo arrabal.

Omóplato de vaca. Siglo XI. Cava Baja 30.

Gracias a los restos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos entonces abruptos terrenos además de vida militar se desarrolló una vida cotidiana, familiar, cultural y comercial; además de útiles domésticos y de otro tipo, han aparecido restos que revelan la existencia de basureros, hornos, huertos, pozos de agua … que muestran que allí hubo actividad agrícola y artesanal.

Todo esto nos ayuda a comprender, a imaginar cómo pudo ser la vida en el Madrid de los siglos IX al XI. Además de la población militar hubo otros dos grupos sociales. Los notables o sabios, el más famoso de ellos fue el astrónomo y matemático Maslama al-mayrití, Maslama el madrileño, aunque no el único; hubo médicos, maestros de la escritura, etc. Y los trabajadores, comerciantes del zoco, artesanos, alfareros, campesinos…

Todas estas piezas en la vitrina, tan interesantes y bonitas, nos hacen pensar que al fin y al cabo son una mínima parte de lo hallado, de lo que podría aparecer si se excavaran zonas de interés arqueológico en un futuro y de cuánto nos queda por aprender.

Por Mercedes Gómez

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Museo de San Isidro. Los orígenes de Madrid.

Plaza de San Andrés, nº 2

Origen de los viajes de agua madrileños

Como hemos visto en artículos anteriores, el emir Mohamed I fundó Mayrit hacia el año 865 en un lugar privilegiado, rodeado de agua y de defensas naturales, el arroyo de Leganitos (actual Cuesta de San Vicente), el arroyo de las Fuentes de San Pedro (calle de Segovia) y el río hoy llamado Manzanares.

El cerro de las Vistillas desde el cerro de Palacio separados por la calle Segovia, antiguo arroyo de San Pedro.

Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada, primero con un objetivo meramente militar, y construyeron la primera muralla. Con el tiempo los mayritíes desarrollaron una rica vida cultural y científica, como demuestran, además de las fuentes escritas, los objetos de su vida cotidiana encontrados en diversas excavaciones.

Así, en este primer Madrid, el primitivo Mayrit de los siglos IX al XI, abundaba el agua. Además de los mencionados, otros arroyos surcaban sus terrenos. Y las aguas subterráneas eran captadas mediante pozos y norias.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro, plaza de San Andrés junto a la plaza de los Carros) (Museo Arqueológico Regional)

En lo que se refiere a los viajes de agua parece que hay acuerdo entre los historiadores e investigadores en cuanto al hecho de que fueron los musulmanes los que los trajeron a la Península Ibérica. Aunque hablando de Madrid, admitido el origen islámico de la técnica de los viajes, no tenemos pruebas documentales ni arqueológicas –al menos de forma unánime– definitivas.

En realidad no se sabe cuándo se construyó el primer viaje, en qué momento llegó a ser necesario. Se cree que la primera galería subterránea pudo ser la que discurría bajo la actual calle de Segovia, camino por el que bajaba el antiguo arroyo de las Fuentes de San Pedro desde Puerta Cerrada hacia el río. Esa galería existía en la Edad Media y ha sido identificada, primero por Jaime Oliver Asín, luego por otros autores, entre ellos Manuel Montero Vallejo, como la que se cita en el Fuero de 1202, en su Rúbrica LXXXII, pero no hay certeza sobre la fecha de su construcción.

“Quien lavara tripas desde la alcantarilla de San Pedro hacia arriba pague una ochava de maravedí a los fiadores.”

Algunas galerías que se conservan bajo la calle de Segovia son construcciones muy antiguas, alguna de ellas sin servicio en la actualidad. Aún su investigación podría deparar muchas sorpresas.

 

Plaza de los Carros

En 1983 durante las obras de remodelación de la plaza de los Carros se realizaron una serie de excavaciones arqueológicas en las que uno de los hallazgos más notables fue lo que se consideró un viaje de agua de época islámica.

Manuel Retuerce, uno de los prestigiosos arqueólogos participantes, explicó que solo se pudo estudiar un tramo de unos diez metros, que describió con todo detalle: el viaje es de sección rectangular, con andén lateral, piedras en su fondo sin cubierta aparente, o sea, a cielo abierto, y pequeñas presillas de piedra de trecho en trecho. La excavación permitió saber que la topografía original del terreno era la de un barranco con pendiente hacia el sur. Fue utilizado para verter escombros y, siempre según Retuerce, en la misma época islámica se abrió el viaje. En los escombros se halló material cerámico musulmán.

(Foto funci.org)

Retuerce y los demás arqueólogos directores de la excavación, Carmen Priego y Luis Caballero, opinan que se trata de un viaje de agua de época omeya, único en Madrid y en la Península. La datación se basó sobre todo en la cerámica hallada en su interior, decorada con la técnica “verde y manganeso”.

Actualmente no todos los autores están de acuerdo. Fernando Valdés aduce que la cerámica podría pertenecer a un amplio espacio de tiempo, desde la segunda mitad del siglo X hasta el siglo XII, lo cual, según él, no asegura que corresponda a la época musulmana.

Plaza de los Carros

Los restos se conservan bajo la plaza y son accesibles a través de una trampilla. El hallazgo arqueológico no volvió a ser rellenado por lo que se podría visitar, como dijo Manuel Retuerce, si las autoridades municipales así se lo propusieran.

 

Visita a las estructuras subterráneas de la Plaza de los Carros por la Fundación de Cultura Islámica

Hace pocos días, casualmente, durante una visita guiada por la Fundación de Cultura Islámica en el Parque del Emir Mohamed I junto a la muralla árabe, conocí la buena noticia.

Antes de continuar debo decir que tenía mucho interés en esa visita, desde que la pasada primavera visitamos la exposición El Jardín andalusí. Almunias, vergeles y patios en el Huerto del Retiro. La Fundación en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid está trabajando en la creación de un jardín de inspiración andalusí, con la plantación de muchas de las especies botánicas cultivadas en la España musulmana del siglo VIII al XVI. Cada árbol y cada planta se explican gracias a los letreros que se han instalado junto a ellos. Es un proyecto muy bonito, merece la pena conocerlo.

Como decía, durante el paseo supimos que el pasado 25 de octubre algunos miembros del Centro de Estudios de Madrid Islámico (CEMI), de la Fundación, acompañados precisamente por el arqueólogo Manuel Retuerce, realizaron una inspección ocular de las estructuras patrimoniales andalusíes ocultas bajo la madrileña plaza de los Carros: un qanat, o canalización de agua, y una cueva excavada en la roca.

(Foto funci.org)

La visita fue posible, nos cuentan, gracias a la Dirección General del Agua y Zonas Verdes del Ayuntamiento, que ha autorizado y acompañado al CEMI en esta pequeña aventura.

(Foto funci.org)

Junto a algunas fotos la web de la Fundación nos muestra un video:

La buena noticia, además de haber sacado a la luz este tema tan importante en nuestra historia y nuestro patrimonio, olvidado durante años, es que la intención del CEMI es proponer un proyecto de recuperación y valorización de estos restos arqueológicos para disfrute de madrileños y visitantes.

Ojalá este proyecto se convierta en una realidad. Es una oportunidad única. De valorar y recuperar unos restos importantes, y también de explicarlos.

Aparte teorías, opiniones –no siempre aclarando en qué se basan–, dataciones más o menos exactas, etc. hay algunos hechos indiscutibles. La zona en la que se encuentra, la colina de las Vistillas o de San Andrés, fue el arrabal más antiguo del Madrid islámico. Nadie puede poner en duda que estos terrenos fueron habitados desde tiempos muy remotos, incluida la época de la fundación de Mayrit.

La conclusión del CEMI, de acuerdo con Manuel Retuerce, es que originalmente parece que se trata de una estructura hidráulica que discurría a cielo abierto y que pudo tener relación con el mencionado arroyo de las Fuentes de San Pedro, que nacía en la plaza de Puerta Cerrada. Su datación la sitúan entre los siglos IX y XI.

En la web de la Fundación de Cultura Islámica podéis ver todo el magnífico trabajo que realizan, proyectos, visitas guiadas, etc.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

CABALLERO ZOREDA, Luis. “Madrid medieval y moderno. Excavaciones en la plaza de los Carros”. Revista de Arqueología, año V, nº 34, pp. 54-65.

RETUERCE VELASCO, Manuel. “Testimonios materiales del Madrid andalusí” en Testimonio del Madrid. Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004, pág. 103.

VALDÉS, Fernando. “El Madrid islámico. Notas para una discusión arqueológica”, en Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña. Ed. Polifemo, Madrid 1992, pp. 158-159.

 

Como vimos en el artículo publicado a finales de 2014 dedicado al Madrid romano, durante las famosas obras de soterramiento de la M-30 tuvo lugar un hallazgo muy importante. Junto al Puente de Segovia, en la avenida Virgen del Puerto … aparecieron restos de un pequeño caserío.

Eran estructuras de edificación de los siglos I-II, que ya estaban documentados… Se hallaron suelos empedrados, fragmentos de pinturas murales, zócalos, y una estructura hidráulica.

 

Hoy volvemos al Puente de Segovia para conocer mejor esa villa romana que en aquellos momentos nos pareció tan importante y tan desconocida. Gracias a dos circunstancias.

Nunca podremos ver esos restos porque la construcción del colector que provocó el hallazgo siguió adelante y todo desapareció. Pero fueron estudiados y debieron ser trasladados al Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares. En la actualidad sí existe una, aunque más que escasa presencia en el Museo de San Isidro. Dos pequeñas piezas, discretos testigos del pasado, que veremos.

Y sobre todo a que ahora disponemos de valiosa información y bibliografía sobre el tema, gracias a Aldo Petri, uno de los arqueólogos que trabajó en esta excavación.

Entonces yo desconocía en qué lugar estaba situada exactamente la villa romana localizada en el Paseo Virgen del Puerto. Gracias a su comentario supe que el hallazgo se produjo en la pequeña cuesta que desciende hacia la sala “La Riviera” junto al Puente de Segovia.

Sin duda la villa fue construida en un buen lugar, junto al río; las tierras debían ser ricas, aptas para cultivos y propicias para la crianza de ganado. Es difícil imaginarlo, pensemos que ni siquiera existía el puente hoy llamado de Segovia; aunque desde muy antiguo debió existir un vado, ya documentado en la edad media. Allí desembocaban las aguas de un arroyo que bajaba entre dos cerros, cursos que con el tiempo recibirían los nombres de arroyo de las Fuentes de San Pedro (hoy calle de Segovia) y río Manzanares.

Las noticias sobre la presencia romana en estos terrenos se remontan a los comienzos del siglo XX cuando Fidel Fuidio –igual que había ocurrido, recordemos, en Villaverde durante sus paseos con los alumnos por las orillas del Manzanares en busca de sílex– documentó el hallazgo de restos de cerámicas junto al Puente de Segovia en los desmontes realizados por entonces. Aunque la certeza y gran hallazgo llegó hace pocos años, como ya vimos, durante las obras de soterramiento de la M-30.

El hallazgo se produjo durante la excavación de una rampa de acceso a la zanja del colector de la calzada interior del soterramiento entre el puente de Segovia y el de San Isidro.

La excavación puso de manifiesto que estos terrenos fueron ocupados al menos en tres fases distintas a lo largo de dos siglos y medio, –con un breve intervalo entre ellas pues no se detectaron niveles de abandono–, entre mediados del siglo I hasta finales del siglo III.

Proceso de excavación (Foto: Argea Consultores SL)

La zanja excavada, entre dos pantallas, una de pilotes y otra de un parking cercano, solo permitió actuar sobre unos cien metros cuadrados que atravesaban la villa romana. Se desconoce su tamaño total pero se estima que la villa no era tan modesta. Se trataba de un pequeño conjunto residencial de cierta entidad.

Este enclave pudo formar parte de un camino en dirección este-oeste que atravesaba lo que hoy es la ciudad de Madrid cruzando el arroyo Abroñigal (Puente de Ventas) hasta llegar a esta zona y cruzar el río desde Complutum en dirección a Guadarrama.

La conclusión de los arqueólogos fue que su dimensión e importancia debía ser similar a las villas de Villaverde y Carabanchel, todas ellas formando parte de una serie de asentamientos rurales a lo largo de las riberas del Manzanares vinculados al mencionado núcleo urbano de Complutum.

Así lo indican la importante presencia de pintura mural y la gran variedad de tipos de cerámica Terra Sigillata Hispánica hallados.

La zanja atravesaba una parte del peristilo y una habitación de la villa. A unos seis metros de profundidad los hallazgos fueron notables, en cuanto a restos constructivos y restos materiales.

Entre los restos constructivos, en lo que debió ser el centro del atrio se localizó una estructura hidráulica, parte de una pileta construida en opus signinum, un material utilizado en la Roma antigua, decorada en su interior con un pequeño zócalo.

Pileta de la zona del atrio rota por un pozo medieval (Foto: Argea Consultores SL)

La zona del peristilo aún conservaba parte del pavimento y fragmentos de pintura mural. Se encontraron seis tramos de zócalos en varios niveles de suelos, en muros de una anchura entre 50-60 cm.

Museo de San Isidro. Moldura decorativa (51-300 d.C.) Villa romana del Puente de Segovia (pieza cedida en depósito por el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid)

Entre los vestigios destaca la pintura mural con fragmentos que correspondían al menos a dos espacios domésticos por su diferencia en cuanto a colores y motivos. Los muros de las estancias no se pudieron documentar porque estaban fuera de la zona de excavación pero la cantidad y calidad de los fragmentos hallados de pintura en distintas tonalidades y tipos dan muestra de su interés.

Algunas de las piezas tenían líneas rojas sinuosas sobre un fondo blanco simulando mármol –como sabemos, la técnica del trampantojo ya fue utilizada por los griegos y los romanos–, otras de mármol auténtico y teselas de algún pavimento no localizado. Todo ello demuestra el gran valor de los elementos decorativos.

Museo de San Isidro. Pintura mural (50-300 d.C.) Villa romana del Puente de Segovia. (pieza cedida en depósito por el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid)

Recordemos que los restos localizados anteriormente en otras villas (Carabanchel, Villaverde…) revelan, aunque dentro de la sencillez propia de lo que eran construcciones rurales, que siempre había un intento de dotarlas de una decoración exquisita y de comodidades a la manera de Roma.

Y en segundo lugar la cultura material es importantísima pues facilita información acerca de la época, forma de vida, etc. Se hallaron materiales metálicos, líticos, óseos, y sobre todo cerámicos.

Se recuperaron muchísimos fragmentos, más de siete mil, aunque en general debido al pequeño tamaño de la mayoría resultó muy difícil la reconstrucción de su forma completa. Aún así se identificaron cuencos, platos, copas… utensilios domésticos que describen la vida de los pobladores de la villa. Este tipo de material se encontraba en las zonas que se supone eran habitaciones delimitadas por muros de piedra y adobe enlucido.

En general eran piezas lisas, aunque algunas estaban decoradas. Se pudo diferenciar los tipos, la cerámica común, utilizada en los utensilios domésticos, en los que se almacenaba, cocinaban y comían los alimentos. Ollas, platos, cuencos, fuentes, botellas… útiles de cocina. Y otra cerámica digamos más refinada, empleada en útiles de mesa.

Además se localizaron teselas de mármol y piedra caliza, restos de Sigillatas Negras y Brillantes y otras cerámicas además de la mencionada Terra Sigillata Hispánica.

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Aunque en el Museo de San Isidro solo se exponen dos fragmentos entre tantos vestigios hallados, merece la pena ir a verlos y contemplar las vitrinas y zonas dedicadas al Madrid romano, a las residencias señoriales o villas, los mosaicos de Carabanchel, etc.

Museo de San Isidro, Plaza de San Andrés, 2.

Y observar la maqueta que representa una de estas villas …

Museo de San Isidro

… e intentar imaginarla habitada por sus pobladores junto al Manzanares hace más de diecisiete siglos.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VEGA MIGUEL, Jorge; PETRI, Aldo; HERRERA VIÑAS, Teresa; CUESTA, Marta. “La villa romana del Puente de Segovia” en Vides Monumenta Veterum. Madrid y su entorno en época romana. Vol I. Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares, 2017.

VEGA MIGUEL, Jorge; PETRI, Aldo; HERRERA VIÑAS, Teresa; MENDUIÑA GARCÍA, Roberto; MÉNDEZ MADRID, Juan Carlos; FERRER MEJÍA, Genaro y CARRASCO SÁNCHEZ, Ángeles. “La villa romana del Puente de Segovia (Madrid)”, en Actas de las octavas jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2011.

CABALLERO, Carlos. “Madrid romano: nuevos puntos de vista”, El nuevo miliario, nº 3, dic. 2006.

Durante más de treinta años el solar, de más de setecientos metros cuadrados, con entrada por la Cava Baja 22 y Almendro 3 ha estado tapiado y cerrado, excepto una época en que al parecer sirvió de aparcamiento. Solo sabíamos que allí se había constatado la existencia de restos de muralla.

En 1983 fue realizada una excavación arqueológica con el fin de localizar dichos vestigios de la muralla, perfectamente documentado su paso por el lugar, y de datarlos. Aún en el siglo XVII se conservaba parte del lienzo y algunas torres que dibujó nuestro cartógrafo Pedro Texeira.

Plano de P. Texeira (1656)

Plano de P. Texeira (1656)

Durante la excavación aparecieron la muralla y el arranque de uno de los cubos semicirculares, y restos arquitectónicos superpuestos o adosados a ella, desde el siglo XIV al XIX; la muralla conserva solo una altura de unos dos metros. Se consideró una construcción de finales del siglo XI, comienzos del XII, o sea de la época cristiana. Los restos del muro hallado son, según los informes entonces, de mampostería con un espesor de unos dos metros y medio.

También se encontraron numerosos vestigios de cultura material, ataifores o platos islámicos y otras cerámicas, de cronología musulmana, de los siglos X y XI, lo cual ratificaba la existencia de un arrabal islámico en la zona.

Cava Baja, 22.

Cava Baja, 22.

¡Cuántas veces hemos visto el candado en la puerta de madera en la Cava Baja y observado los muros en la calle del Almendro! solo podíamos ver los árboles que sobresalían magníficos sobre las tapias.

Ahora hace pocos días el Ayuntamiento de Madrid ha abierto sus puertas.

Calle del Almendro, 3.

Calle del Almendro, 3.

Es una buena noticia. Para los vecinos, que ya han comenzado a disfrutar del espacio; para los amantes y estudiosos de las murallas de Madrid, para quienes era un lugar cerrado y misterioso que escondía sus restos, ahora abierto con la expectativa de su futura restauración; y para todos los madrileños, pues un solar cerrado y desaprovechado en pleno centro de la ciudad ahora es un lugar prometedor.

Un casi poético cartel firmado por los niños del barrio nos cuenta qué hay en este número 3 de la histórica calle.

almendro 3 letrero

Es un espacio en el que se puede estar y jugar, un espacio salvajemente romántico en medio de la jungla de Madrid, leemos.

El redactor del cartel lo expresa bien, sí, es salvaje y es romántico, un espacio que se está pensando, hasta hace poco impensable, que se está construyendo, aunque hasta ahora todos esperábamos que se construyeran casas en él… Nos cuentan también los niños firmantes que el solar tiene unas reglas, el tabaco y el alcohol no son bienvenidos. El horario se decide en grupo. Es una buena idea, preservarlo de usos no deseados por todos; y que los visitantes lo mantengan, mantengamos, limpio.

Desde luego de momento esto no tiene nada que ver con un parque ni con un jardín, es un terreno silvestre, aunque parezca mentira un trocito de campo en pleno centro de Madrid.

almendro 3 solar

Pero no olvidemos que el solar estuvo ocupado casi desde los orígenes de Madrid, cuando se convirtió en uno de los arrabales del Mayrit islámico como han demostrado los hallazgos arqueológicos.

Contemplamos el solar y la puerta de madera de la Cava Baja desde dentro, por fin. Dos mamás con sus hijos pequeños se encuentran aquí tranquilas esta mañana en que yo lo he visitado, ellas charlan y ellos juegan.

Aquí, bajo la parcela cubierta de cemento, están los vestigios de la muralla.

almendro solar muralla

No hay fecha, ni quizá presupuesto, para su restauración pero esperemos que en un futuro próximo se saque a la luz. Y que se explique que por aquí pasaba la muralla medieval, un monumento de gran importancia en nuestra historia. Y que aquí vivieron nuestros antepasados desde al menos el siglo X, quedando algunos de los objetos utilizados en su vida cotidiana aquí sepultados como prueba. Colocar un cartel que lo mencionara y lo explicara también sería una buena idea.

En uno de los muros de las antiguas construcciones también hay vestigios de mampostería.

almendro muro muralla

muros almendro 3

Y aún quedan restos de las casas que en el pasado en ella se apoyaron, tal vez las últimas del siglo XIX, con sus baldosas hidráulicas.

almendro 3 suelo

Junto a la entrada de la calle del Almendro hay una fuente de hierro, de 1903, con pilón de piedra, que ignoro desde cuando está aquí. ¿Volverá a proporcionar agua?

almendro 3 fuente

A la salida la verdad es que resulta algo enternecedor ver tres viejos bancos de piedra, después de haber visto cómo se destruían sin misericordia en algunos lugares de Madrid, salvados, procedentes vaya usted a saber de qué almacén, colocados en la estrecha antiquísima calle del Almendro, a la entrada de un solar rodeado con una tapia pintada de colores, en el que juegan los niños y en el que hay restos de muralla y recuerdos de otros tesoros.

almendro bancos piedra

Otro día volveremos a la calle del Almendro, que tanta historia guarda. Continuará.

Por : Mercedes Gómez

 

Ya hemos hablado aquí, hace mucho tiempo, en los comienzos del blog, de los restos de una antigua Cerca, junto al Senado, en la calle de Bailén. Entonces no había indicación alguna sobre qué era o a qué época correspondían estos vestigios de una de las cercas que rodearon Madrid en el pasado.

Como vimos, se trata de un trozo de tapia construida en mampostería de aproximadamente tres metros de longitud que apareció durante las obras de ampliación de la sede de la Cámara Alta en el año 1991, muy cerca del Palacio Real. Se encuentra junto a la garita de entrada al moderno edificio, protegido por una verja.

cerca bailen

En el momento de su descubrimiento existieron discrepancias sobre la fecha de su construcción. ¿Se trataba de la Cerca de Felipe IV que rodeó Madrid desde el siglo XVII hasta 1868?, ¿de la más antigua Cerca del Arrabal?… El historiador y especialista Manuel Montero Vallejo creía que pertenecían a la Cerca de Felipe II, hipótesis que –desconozco si ha habido algún estudio o investigación posterior– ha sido aceptada como veremos.

Como ya hemos tratado en otros artículos, si resulta difícil establecer con exactitud los recorridos de las murallas árabe y cristiana, más desconocidos son los límites de las posteriores tapias que se construyeron a medida que Madrid fue creciendo: la Cerca del Arrabal construida en el siglo XV, y la llamada Cerca de Felipe II, levantada hacia 1566, poco después que el rey decidiera asentar la Corte en la Villa de Madrid en 1561.

Ambas, al haber perdido su función defensiva y ser construidas como medio de control fiscal y de protección ante las epidemias, no eran tan recias como las antiguas murallas y, ante el rápido crecimiento de la villa, tuvieron una vida relativamente breve y apenas dejaron rastro.

Una vez más, recurrimos al investigador Miguel Molina Campuzano que en su libro Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII estudió el Madrid de antes y después de Felipe II. Pensaba este autor que la nueva cerca construida en 1566 partía de algún punto de la muralla medieval cristiana, probablemente de la manzana 126, es decir, del lienzo ubicado en la calle de Don Pedro, del que se conserva una buena parte como sabemos. Bajaba por la calle de las Aguas, cruzando la Carrera de San Francisco, hacía un quiebro tomando la calle del Águila hasta tomar la dirección que correspondería a la actual calle Calatrava, hacia el este. Luego atravesaba la calle de Toledo.

Probablemente, siempre según Molina Campuzano, la cerca continuaba por la calle de Santa Ana hasta la plaza del Rastro, hoy de Cascorro, donde se encontraba el Matadero, desde allí iba hacia la actual calle de Embajadores, Mesón de Paredes, atravesaba la calle del Ave María, Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Santo Domingo… y continúa el autor su descripción hasta llegar al punto hipotético en que se unía nuevamente a la muralla del siglo XII, en algún lugar al noroeste, próximo al Alcázar, lugar donde hoy se levanta el Palacio Real.

Es muy interesante y sugerente contemplar la dirección del muro.

cerca felipe ii direccion alcazar

Son hipótesis basadas en las Actas del Concejo y otros documentos de la época que hablan de las casas por las que discurría la Cerca, estudiados por Molina y otros autores que él cita, como Íñiguez Almech.

Felizmente el pasado mes de marzo de este año 2016 ha sido colocada una placa municipal que informa sobre estos restos.

cerca bailen verja

Era algo obligado, me alegra mucho, pues como leemos en la impagable página memoriademadrid esta información es muy importante “para el conocimiento del urbanismo de Madrid”.

Cerca Bailen placa

Es una noticia excelente pues, como decíamos entonces, es tal vez el único resto conservado perteneciente a cualquiera de estos históricos muros, muestra importante del viejo Madrid cercado, testigo de nuestra historia y de la vida de nuestros antepasados, que debemos cuidar y conocer.

Por : Mercedes Gómez

 

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