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En los comienzos del año se publicaba la noticia, una empleada del Aeropuerto de Barajas y un excorresponsal británico, Yolanda Sánchez y William Chislett, junto con Isabel Fernández, recogían firmas para solicitar que se dedicara una calle o plaza al autor de La forja de un rebelde, una vía pública dedicada al escritor Arturo Barea. Por entonces ya habían conseguido alrededor de quinientas que enviaron al Ayuntamiento con mucha ilusión.

La belleza de su obra sobre la ciudad y su gente y la desgarrada sinceridad de su relato sobre la Guerra Civil en Madrid justifican recordar y recuperar el espíritu humanista y reconciliador de Barea”, expresaba la petición a la que se sumaron otros destacados miembros del mundo cultural español.

Pocos meses después, la historia ha tenido un final feliz.

Por unanimidad el pasado día 30 de noviembre el Pleno de la Junta Municipal de Centro aprobó elevar a la Junta de Gobierno la asignación del nombre Plaza de Arturo Barea al espacio conocido popularmente, no de forma oficial, como Plaza de la Corrala, situada frente a las antiguas Escuelas Pías en las que el escritor fue alumno hasta los 13 años.

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Arturo Barea nació en Badajoz en 1897 pero pasó gran parte de su vida en Madrid.

A causa de la guerra civil en 1938 se fue a Inglaterra donde entre 1940 y 1945 escribió las tres novelas autobiográficas (aunque él dijo que narraban más lo colectivo que lo individual). La forja, La llama y La ruta componen la trilogía La forja de un rebelde. Originalmente fue publicada en inglés, traducida por su esposa Ilsa.

Allí trabajó para la BBC en español. Desgraciadamente no se conservan los programas pero se puede escuchar su voz en una entrevista en el espacio Ondas del ayer de Radio 5.

Murió en Londres en 1957. Su obra no fue publicada en España hasta 1978.

Con motivo de esta feliz decisión, la denominación de la Plaza de Arturo Barea, y como homenaje a su figura y su vinculación con este barrio, el distrito de Centro ha organizado unos paseos literarios por Lavapiés, barrio en el que pasó su infancia y al que volvió siempre, hasta que se fue de España, muy identificado con su pasado y su historia.

Guiados por el colectivo La Liminal he tenido el placer de participar ayer en el primer paseo, relato caminado por la memoria de Madrid, por la memoria de Arturo Barea. El paseo-relato es bonito y emotivo, como los recuerdos de Barea y la propia novela. El punto de encuentro fue la plaza de Cascorro, en el corazón del barrio.

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Desde allí nos dirigimos a la plaza de Tirso de Molina, entonces del Progreso, muy cerca de la que fue calle de las Urosas (actual Luis Vélez de Guevara) donde se encontraba la buhardilla de la corrala en la que el escritor vivió con su madre y hermanos. La calle de Mesón de Paredes, la antigua plaza de Cabestreros, calle del Amparo, Sombrerete…

En fin, recorrimos algunos de los lugares de la novela y de la vida del autor, aunque son muchos más. El Madrid de Arturo Barea, tan bien reflejado en su libro, llega hasta el río Manzanares y sus lavaderos, a la Cuesta de Moyano, a la Gran Vía… Un plano elaborado dentro de este precioso proyecto municipal nos los muestra y explica cada punto proponiéndonos otros paseos y otros recuerdos. Nos indica los sitios que podemos recorrer, desde esta calle de las Urosas hasta la que va a ser la Plaza de Arturo Barea.

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Después nos dirigimos al Centro Cultural Casino de la Reina donde se nos invitó a recordar, reflexionar sobre los lugares visitados, los temas sugeridos, lo que deseamos transmitir…

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Para ello elaboramos una placa, a partir del tema elegido entre todas las ideas expuestas. La infancia, la lucha de las madres y la instituciones de beneficencia, las tabernas como lugar de encuentro, los sentidos (olores, sonidos… de Lavapiés), etc.

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En mi grupo elegimos las Escuelas Pías, donde Barea estudió y adonde volvió en 1936 y a las que vio arder. Las ruinas de la iglesia, restauradas, son testigo de aquellos sucesos.

Recordamos la frase de uno de los primeros capítulos, cuando el protagonista era un niño, Madrid huele a sol por las mañanas. Y su vuelta al comienzo de la guerra: El barrio entero olía a quemado y caía una lluvia finísima de cenizas.

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Salimos nuevamente a la calle y colocamos las placas creadas entre todos en los muros de Lavapiés.

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Son placas efímeras, pero que seguro verán muchos paseantes, que invitan a conocer mejor a la persona, al escritor y su obra. Y también la historia reciente de Madrid.

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La placa más importante, y definitiva, será colocada frente a las ruinas de las Escuelas, junto a la Corrala, será la placa que señalizará la Plaza de Arturo Barea.

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Todos los interesados y admiradores de la obra del escritor disfrutaréis mucho en esta actividad, no dejéis de apuntaros. Y si no habéis leído La forja de un rebelde, os la recomiendo, es una obra magnífica, te atrapa desde el principio. Y disfrutad del paseo igualmente, podéis leerla después, seguro que os apetecerá iniciar su lectura nada más terminar el recorrido.

Toda la información en: La Liminal. Arturo Barea. Relatos caminados por la memoria de Lavapiés.

Por : Mercedes Gómez

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En estos artículos se puede conocer mejor la historia de la recuperación de la figura de Barea:

CHISLETT, William. “Recuperando a Arturo Barea”. El País, 19 nov. 2012.

FRAGUAS, Rafael. “Una calle en Lavapiés para Arturo Barea”. El País, 15 enero 2016.

 

Doña Catalina Téllez, camarera de la reina Isabel la Católica, en 1510 fundó una Casa de Recogimiento cerca de una de las Puertas de la Villa, la de Valnadú, próxima al Alcázar; en la actual calle de Carlos III, junto a la Plaza de Oriente. Fue el origen del Convento de Santa Catalina de Sena o Siena, institución histórica de azarosa vida a lo largo de cinco siglos cumplidos.

En 1574 las beatas convertidas en religiosas, habiendo adoptado la regla de Santo Domingo, se trasladaron a la actual plaza de los Mostenses, donde luego se instalarían los religiosos premostratenses de San Norberto, de modo que las monjas se vieron obligadas a sufrir un nuevo cambio de domicilio.

En 1610 se instalaron entre la Carrera de San Jerónimo, la calle del Prado y la de Santa Catalina, que conserva el nombre en recuerdo de la santa italiana que había vivido en el siglo XIV. Este Convento de Santa Catalina de Sena fue uno de los dos conventos construidos por el poderoso Francisco Gómez de Sandoval duque de Lerma, ambos comunicados con su casa de recreo en el Prado de San Jerónimo por un pasadizo volado.

Durante la guerra de la Independencia fueron expulsadas y en 1824 el convento fue demolido. Las dominicas se mudaron, una vez más, en esta ocasión al Palacio de Santisteban en la calle del Nuncio. Poco después, gracias a la donación del duque de Medinaceli de un edificio de su propiedad, la Comunidad fue trasladada a la calle del Mesón de Paredes en el barrio de Embajadores.

Sobre el solar que desde el siglo XVI y a lo largo del XVII estuvo ocupado por varias casas de diferentes propietarios, en el siglo XVIII el Conde de las Torres edificó su palacio.

Plano de Pedro Texeira (1656)

Plano de Pedro Texeira (1656)

Era la casa nº 11 de la manzana 56, con fachada a las calles de Cabestreros (hoy Mesón de Paredes) y de la Comadre (actual calle del Amparo). El edificio fue habilitado para acoger a las religiosas.

Plano del General I. de Ibero (h.1875)

Plano del General I. de Ibero (h.1875)

Las monjas dominicas lo abandonaron a mediados del pasado siglo XX.

Los arquitectos Francisco Coello de Portugal Acuña y Francisco Moreno López en 1966 construyeron la nueva sede del Convento, en la calle Leonor de Austria nº 2 en el distrito de Hortaleza, donde continúan en la actualidad.

Por esas mismas fechas el edificio de Lavapiés fue adquirido por el Ayuntamiento; su estado era al parecer ruinoso y finalmente fue derribado, conservándose únicamente el muro que daba a Mesón de Paredes. El solar fue urbanizado como plaza pública. En una foto publicada por el diario El Mundo en 2007 se aprecia una entrada adintelada de piedra y sillares de granito del muro que, considerado una “barrera arquitectónica”, había sido demolido el año anterior.

cabestreros 2006 el mundo copia

En 1997 se había proyectado la reforma de la plaza y la construcción de un aparcamiento. Los arquitectos seleccionados fueron Emilio Rodríguez y Francisco Domoso. La idea fue dejar la plaza diáfana para evitar la inseguridad denunciada por los vecinos, debido a las escaleras y recovecos existentes. La entrada adintelada y los arcos o zócalos de valor se recolocarían según informó el Ayuntamiento.

Plaza de Cabestreros (2014)

Plaza de Cabestreros (2014)

Hace más de tres años, hablando de las Fuentes de la República, visitamos la Fuente de Cabestreros, colocada en 1934 frente a los muros del Convento. En los comentarios al artículo surgió el tema del muro, que creíamos desaparecido.

El pasado mes de diciembre, durante uno de sus deliciosos paseos guiados por el barrio de Lavapiés, David Gutiérrez nos descubrió el lugar donde habían sido colocados algunos restos. Los sillares de la puerta de granito y parte del muro se encuentran tumbados sobre el pavimento de la plaza.

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Según el Ayuntamiento, de acuerdo con la recomendación de Patrimonio, así se ha mantenido la “Huella histórica” del antiguo convento.

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Ha sido una sorpresa saber que no todos los restos del viejo muro del Convento de Santa Catalina de Sena, antiguo Palacio de los Condes de Torres, habían desaparecido tras su demolición.

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Aunque la verdad, se trata de una de las conservaciones de elementos históricos más raras que conozco.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía y fuentes:

Ayuntamiento de Madrid. 11 nov 2004.
Monasterio de Santa Catalina. rtve.es 9 agosto 2009.
P.F. García Gutiérrez – A.F. Martínez Carbajo. Iglesias conventuales de Madrid. Ed. La Librería. Madrid, 2011.

 

 

La calle del Doctor Fourquet nace en la de Santa Isabel, en los antiquísimos muros del Real Monasterio de la Visitación, y llega hasta la de Valencia, cruzando la animada calle de Argumosa en el extremo sudeste del barrio de Lavapiés. En ella, al abrigo del cercano Museo Reina Sofía y de la Casa Encendida, se han instalado varias galerías de arte, conformando un interesante y singular Paseo del Arte Contemporáneo.

La pionera fue Helga de Alvear que llegó a Lavapiés en 1995. Desde entonces cerca de una decena de galeristas, algunos de ellos procedentes de otras ciudades como Barcelona o Pamplona, han trasladado sus salas a esta castiza calle. No debió ser premeditado, pero se ha convertido en una alternativa a la galería tradicional y a zonas más caras, como el barrio de Salamanca. Nueva propuesta artística a la que en el algún caso se suma un compromiso social, alejado de lo puramente comercial, como es el caso de la emblemática Helga de Alvear, además dueña de una gran Colección que ya tuvimos ocasión de conocer el año pasado gracias a la exposición en el Palacio de Cibeles El arte del presente.

Ayer jueves 27 de marzo la galerista y el artista Thomas Locher presentaron su nueva exposición Absent things, Cosas ausentes, que “indaga en la relación entre el lenguaje y la economía, así como en la influencia que ambos ejercen sobre el individuo”.

Thomas Locher nació en 1956 en Munderkingen (Alemania), vive y trabaja en Berlín y su obra pertenece a importantes colecciones de todo el mundo (Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, etc.). Esta es su segunda exposición en la galería madrileña.

 

Mediante materiales diversos como la madera, la pintura acrílica, la fotografía… Locher nos propone una reflexión conceptual sobre nuestro contexto económico y su repercusión en la vida cotidiana. Su postura es política, supone una protesta, necesaria en estos tiempos, como avisa la propietaria de la galería, Helga de Alvear, antes del inicio de la presentación de la muestra. Trata aspectos como el intercambio, los obsequios… que se convierten en una deuda que debe ser devuelta.

Podéis leer una buena crónica de la presentación realizada por Alicia G. Arribas de la agencia Efe, El arte conceptual de Locher denuncia el “regalo” como corrupción política.

Madrid es una ciudad llena de arte que encontramos no solo en sus calles y museos sino también en las numerosas galerías que existen por toda la ciudad y que animo a visitar. Son gratuitas y ofrecen un panorama de la actividad artística actual. De vez en cuando es una buena idea ir de galerías.

 

gioto y el bosco

La exposición de Thomas Locher la podemos visitar hasta el 17 de mayo. En la Galería Helga de Alvear, calle Doctor Fourquet nº 12.

Por Mercedes Gómez

 

 

 

La calle del Salitre, antigua calle de San Bernardo, nace en la de Santa Isabel y llega hasta la de Valencia.

En el siglo XVII ya estaba urbanizada casi completamente excepto el último tramo bajando a la izquierda. En el Plano de Texeira en dicho tramo solo se aprecia una pequeña edificación en el solar donde luego se levantaría y hoy se encuentra la Parroquia de San Lorenzo. Los terrenos a continuación, sitios 1 y 2 de la futura manzana 36 junto a la Puerta de Valencia (marcados en rojo en el plano), aún eran un erial situado junto a la Cerca.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656).

Pedro Texeira no dibujó la iglesia porque su construcción debió comenzar unos años después de realizado el plano, finalizando las obras en 1669, en un principio como auxiliar de la parroquia de San Sebastián. Estaba situada en la esquina con la calle del Doctor Piga -antigua Travesía de San Lorenzo- frente a la calle de la Fe.

Una escultura de San Lorenzo en una hornacina central adornaba la fachada.

A.Passaporte. San Lorenzo (1927-36) (Fototeca del Patrimonio Histórico.)

A.Passaporte. San Lorenzo (1927-36) (Fototeca del Patrimonio Histórico.)

El interior también era sencillo, con una sola nave.

A.Passaporte. San Lorenzo (1927-36) (Fototeca del Patrimonio Histórico.)

A.Passaporte. San Lorenzo (1927-36) (Fototeca del Patrimonio Histórico.)

La antigua iglesia de San Lorenzo sufrió varios incendios a lo largo de su historia, el más grave de todos y definitivo en 1936. Desde el comienzo de la guerra hasta 1942 en que fue reconstruida, como veremos, los vecinos solo pudieron contemplar sus ruinas.

La calle de la Fe, según algunos autores -sobre todo del siglo XIX-, antes se llamó calle de la Sinagoga, debido a que en ese mismo solar estuvo ubicada la sinagoga judía. Recientemente otros autores han afirmado que no hay prueba documental que sostenga esta teoría, que hasta finales del siglo XV en que fueron expulsados por los Reyes Católicos, los judios habitaron en otros barrios (originalmente en el de Santa María de la Almudena) y que esta zona de Madrid entonces situada extramuros estaba muy poco poblada, siendo por tanto poco probable que allí se ubicara la judería medieval. Una vez más los especialistas, con ayuda de los documentos y la arqueología, deberán separar la leyenda de la verdadera historia de Madrid, tantas veces unidas.

En el siglo XVIII la monarquía borbónica creó varias fábricas, muchas de ellas de productos de lujo para su propio abastecimiento (tapices, loza, cristales…), pero también algunas de otro tipo. Entre estas últimas estaba por ejemplo la fábrica de Pólvora, para la cual era necesario el salitre.

La Real Fábrica de Salitres de Madrid fue construida entre los años 1778 y 1785 según proyecto de José de la Ballina en esos terrenos existentes al final de la calle de San Bernardo junto a la Puerta de Valencia. Le ayudó su hijo Manuel que alcanzó el cargo de Arquitecto de Rentas Reales desde el cual en 1784 se encargó de la construcción de la Fábrica de Filtraciones de Lejías, que eran necesarias para la fabricación del salitre -ubicada en el norte de la ciudad, cerca de la Puerta de los Pozos de la Nieve, hoy Glorieta de Bilbao-.

Manuel de la Ballina también se hizo cargo del proyecto de la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes de Madrid (1780-1796), luego Fábrica de Tabacos.

Los sitios mencionados de la manzana 36, junto a la Puerta de Valencia, se convirtieron en los llamados Terrenos del Salitre.

Las instalaciones de la Fábrica se extendieron por un amplio espacio, reflejado en los planos, desde el Barranco de Embajadores -hoy calle de Miguel Servet- hasta el Hospital General –hoy sede del Museo Reina Sofía- a ambos lados de la Cerca, actual Ronda de Atocha, llegando hasta el paseo de Santa María de la Cabeza. El Plano de Tomás López representa estas Fábricas de Salitre, que aún aparecen en el plano de 1835, dos grandes triángulos ocupados por albercas y depósitos de sal.

Tomás López (1785)

Tomás López (1785)

Recibe el nombre de calle del Salitre desde 1835, asignado por acuerdo municipal el día 11 de enero.

El Plano de Madrid de 1866 muestra el Barrio del Salitre, ya únicamente en el interior de la cerca, derribada dos años después.

Plano de Madrid (1866)

Plano de Madrid (1866)

En 1869 el Estado vendió el conjunto, como Bien Nacional, a varios particulares. La zona fue urbanizada, se abrieron calles como la de Doctor Fourquet y se crearon nuevas manzanas de viviendas.

Muchos de los edificios actuales son de aquella época, últimas décadas del siglo XIX, principios del XX, hoy rehabilitados y bien cuidados. Muchos detalles en las fachadas de estas viviendas nos trasladan al pasado, como las numerosas puertas de madera que se conservan.

puertas madera

La calle baja en gran pendiente hacia lo que era conocido como el Barranco de Embajadores ya mencionado, que fue explanado en 1881 y convertido en la calle de Miguel Servet, y hacia el Arroyo del mismo nombre que iba a desembocar en el Manzanares.

salitre pendiente

En el inicio del paseo, en el nº 2 hay una taberna con una preciosa fachada de cerámica. Sus azulejos, que representan un colorido viñedo y una bodega, fueron creados para la antigua Casa Lara, desde 1987 convertida en la Taberna Encantada.

ceramica salitre 2

Son  obra de la Casa de Carlos González. La Casa Carlos González y Hermano fue una de las empresas sevillanas de Cerámica más importantes. En los años 20 del siglo pasado se convirtió en la Casa González que abrió una sede en Madrid, en la Gran Vía nº 14, dirección que figura en la firma.

firma Gonzalez

En el número 22 existe otro edificio en el que la cerámica se mezcla con el ladrillo, bonito ejemplo de este tipo de decoración arquitectónica.

salitre 22

En 1929 la calle del Salitre cambió su nombre por el de calle de Baltasar Bachero, hasta 1967 en que recuperó, no se sabe muy bien porqué, su segunda denominación.

Baltasar Bachero era conductor de una calesa o carruaje de cuatro o seis plazas del que tiraba un caballo que se utilizaba para transportar viajeros, aún habitual en esos años, que se convirtió en un héroe –hoy casi desconocido- tras morir al salvar del atropello a unos niños que jugaban en la calle cuando al pasar una calesa a toda velocidad el caballo se desbocó. Un placa de azulejos tan modesta como la vivienda y el propio Baltasar, recuerda los años en que la calle recibió su nombre.

bachero placa copia

Salitre, 34

Continuamos nuestro camino y llegamos a la actual Parroquia de San Lorenzo, en el nº 23 con vuelta a la calle del Doctor Piga nº 2, que fue construida entre los años 1942 y 1950 por los hermanos Sixto y Antonio Cámara Niño, según la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid, y es tan humilde o más que la primitiva.

san lorenzo

En el vestíbulo de la entrada lateral unos paneles cuentan la historia del templo y del martirio de San Lorenzo, y explican el proceso de restauración -finalizado en 2007- a que ha sido sometido el retablo mural situado en la cabecera del presbiterio. Las pinturas murales fueron realizadas en 1951 por Emilio Sánchez Cayauela “Gutxi”.

iglesia interior

Después de la visita a la iglesia continuamos nuestro paseo por la calle del Salitre, y contemplamos los edificios de viviendas que hoy ocupan aquel erial del siglo XVII sobre el que se construyó la fábrica en la que dicen llegaron a trabajar más de mil quinientos operarios y a cuyas espaldas se extendió el gran Barrio del Salitre.

sitios 1 y 2 manzana 35

Tras cruzar la de Argumosa la calle del Salitre llega a su fin encontrándose con las de la Sombrerería y de Valencia. Todos esos terrenos a la izquierda del lugar donde nos encontramos antaño ocupados por depósitos de sal hoy albergan casas antiguas pero bien rehabilitadas, animados bares, bonitas tiendas, y galerías de arte.

calle valencia

Es pequeña y discreta, pero con muchas cosas que contar, mucha vida y mucha historia, como tantas sencillas calles madrileñas.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Antonio Perla. Cerámica aplicada en la arquitectura madrileña. Madrid 1988.
L.M. Aparisi Laporta. Toponimia madrileña. Ayuntamiento de Madrid 2001.
Eugenio Suárez. El calesero. El País 7.5.2001
Gonzalo Viñuales. Los judíos de Madrid en el siglo XV: las minutas de los escribanos. Revista Espacio Tiempo y Forma, UNED 2002.
La Maqueta de León Gil de Palacio y su época. Madrid 1830. Museo Municipal, Madrid 2006.
Fidel Revilla y Rosalía Ramos. La arquitectura industrial de Madrid. La Libreria, Madrid 2008.

Como anunciamos en su momento, los pasados días 4 y 11 de mayo tuvieron lugar las Jornadas Corralas de Madrid: un paseo por su pasado, presente y futuro, organizadas por la Universidad Autónoma de Madrid y la Plataforma Yo no me voy. Ha sido un verdadero placer asistir a la primera Jornada y a la interesante y preciosa visita guiada Paseando por las Corralas de Embajadores-Lavapiés.

El primer día, el sábado día 4, la reunión fue en el salón de actos de El Corralón -la Corrala convertida en Museo de Artes y Tradiciones Populares-, en la que conocimos la parte teórica, algunos puntos de vista y la historia de las corralas, que dejamos acaso para otra ocasión.

Foto: Yo no me voy

El Corralón (Foto: Yo no me voy)

Hoy contaremos la práctica, el paseo que disfrutamos el pasado sábado, una auténtica delicia de la mano de vecinos del barrio, que nos mostraron sus corralas y hablaron con verdadero cariño de su historia, de su vida en ellas, y del futuro incierto que les espera.

Recordemos que a finales del año pasado 2012 se publicó la noticia de que el Ayuntamiento de Madrid tenía la intención de vender cinco edificios de su propiedad, ocupados por familias en régimen de alquiler social. Se trata de los edificios de la Carrera de San Francisco 16, Madera 24-26, que ya visitamos, los de San Cayetano 8 y 10, y Embajadores 46.

Los vecinos se unieron y formaron la Plataforma Yo no me voy. Si queréis conocer mejor su situación y otras temas interesantes, no dejéis de entrar en su cuenta de Facebook.

En pequeños grupos vamos saliendo del Corralón, y comienza el recorrido. Subimos por la calle de Carlos Arniches y nos detenemos unos momentos en la plaza del General Vara del Rey, sobre el antiguo Cerrillo del Rastro donde recordamos que aquí se encontraba el Matadero, el porqué del nombre del Rastro (según la tradición, debido al rastro de la sangre de los animales después de la matanza), evocamos el arroyo que bajaba por la Ribera de Curtidores (que al parecer continúa existiendo bajo la calle) cuya agua era utilizada por los curtidores de las pieles de los animales…

Ya en la Ribera de Curtidores recordamos la historia de Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro, ante su estatua obra de Aniceto Marinas. La primera visita es a las corralas en los números 3, 5 y 7 de la calle.

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Ribera de Curtidores, 3.

Según la Guía de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid, tanto el Corralón como estas corralas de la Ribera de Curtidores y otras del barrio, son obra de Jesús Carrasco-Muñoz Encina según proyecto de 1914, aunque su origen se remonta a 1790.

Continuamos nuestro camino y nuestros guías nos llaman la atención sobre otro edificio con mucha historia, el nº 9, una casa a la malicia, una de las pocas que se conservan en Madrid. Son construcciones que parecen estar formadas por un solo piso pero en realidad la fachada oculta otro piso que solo se ve desde la parte posterior. Así los madrileños intentaban eludir la Regalía de Aposento u obligación de ceder parte de sus viviendas y alojar a algún personaje de la Corte en ellas.

casa a la malicia

Ribera de Curtidores, 11.

Tomamos la calle de San Cayetano donde vamos a visitar dos de los inmuebles incluidos en el proyecto de venta por parte del Ayuntamiento, los números 8 y 10. El patio es realmente bonito. Su restauración y rehabilitación fueron llevadas a cabo en 1987.

san cayetano grupo

Calle San Cayetano, 8.

Desde aquí nos dirigimos a la calle de Embajadores, histórica y castiza vía que ha sufrido varios derribos lamentables no hace demasiado tiempo, el último hace muy poco, el del inmueble del nº 18, una construcción del siglo XVIII, que mostraba una bella entrada adintelada y un escudo nobiliario de piedra.

Embajadores 18 (2007)

Embajadores, 18 (2007).

Casi enfrente, la casa que linda con la Iglesia de San Cayetano muestra un cartel de “Se vende” y los huecos de los balcones están tapiados. Debajo, otro letrero, con letras más pequeñas, anuncia: “Proyecto de demolición de inmueble sito en la C/ Embajadores nº 13”.

casa junto San Cayetano

La manzana 65, en la que se ubica el templo, en el siglo XVIII en su mayor parte era propiedad de los clérigos de San Cayetano, incluido el solar ocupado por este edificio en venta, que espera su derribo. Poco a poco, ¿sin que podamos evitarlo?, van desapareciendo las huellas del siglo en que aquí vivieron vecinos ilustres, como Pedro de Ribera.

Iglesia de San Cayetano

Iglesia de San Cayetano

En el nº 46, otro de los edificios que el Ayuntamiento quiere vender. Se trata de un típico ejemplo, solar estrecho y tres pisos como máximo tras cuyos balcones se esconde la inesperada corrala.

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Calle de Emabajadores, 46.

En el patio, una antigua casita baja que servía de vivienda a los porteros ha sido sustituida por modernos ascensores y una llamativa escalera pintada de amarillo que no es del todo del agrado de algunos vecinos, pero quizá todo esto convierte este inmueble en uno de los ejemplos más espectaculares de rehabilitación de lo que fue una antigua corrala transformada en modernas y cómodas viviendas.

embajadores escalera

embajadores ascensor

Entre las calles del Tribulete y del Sombrerete, la más famosa, cuyo antiguo patio hoy se abre a la calle del Mesón de Paredes 79, frente a las Escuelas Pías de San Fernando. Construida en 1839 según proyecto de José María de Mariátegui, como las anteriores fue rehabilitada en los años 80 del pasado siglo XX.

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Mesón de Paredes 79

Seguimos nuestro paseo por la calle del Mesón de Paredes. Desde el exterior observamos el singular perfil de las buhardillas de las corralas en la calle de Miguel Servet. Y la de la calle del Espino, al parecer la más antigua de Madrid.

miguel servet

Calle Miguel Servet esquina calle del Espino

Tras atravesar la glorieta de Embajadores y pasar frente a la Casa de Baños, termina nuestro paseo junto a la Antigua Fábrica de Tabacos, frente a los terrenos del Casino de la Reina. Son muchos los edificios y lugares bonitos que podemos admirar en el castizo barrio de Embajadores-Lavapiés.

Nos despedimos diciendo hasta pronto. Nuestros amigos de la asociación Yo no me voy tienen previsto continuar trabajando y organizar más actividades de este tipo, con el fin de defender sus propias viviendas y sin duda a la vez defender el Patrimonio de todos, nuestra Historia. Muchas gracias a todos los organizadores y participantes.

por Mercedes Gómez

Las Escuelas Pías de San Fernando fueron el primer colegio perteneciente a la Orden de los Padres Escolapios creado en Madrid, anterior a las Escuelas Pías de San Antón de la calle de Hortaleza.

El Convento y Colegio de San Fernando, fundado en 1729 por el padre rector de las Escuelas Pías, se instaló en la calle del Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés, en los terrenos donde en 1617 se había levantado el Hospital de Nuestra Señora de Montserrat perteneciente a la Corona de Aragón, en la esquina de la entonces calle de Cabestreros con Tribulete.

Plano de Texeira (1656)

El número de alumnos acogidos fue aumentando poco a poco, así que tras la adquisición de otras casas en el mismo solar se decidió construir un nuevo Colegio más espacioso encargándose el proyecto a Francisco Ruiz, uno de los notables arquitectos madrileños de la primera mitad del siglo XVIII, arquitecto de la Corte y Villa de Madrid, como él mismo firmó en algún documento.

Recorriendo despacio la calle del Mesón de Paredes y sus alrededores se encuentran las huellas de antiguos conventos, recuerdos de fuentes cuyas aguas en el pasado ofrecían eróticas promesas, una de las cuales se conserva, la Fuente de Cabestreros, iglesias y tabernas centenarias, corralas… y se intuye la presencia de los arquitectos castizos que de un momento a otro imaginamos se van a cruzar con nosotros camino de su casa, ataviados con casacas y calzones a la francesa o acaso con chaquetillas cortas como las de los majos del barrio…

Francisco Ruiz, que nació en Barajas hacia 1680, casado con María Campoy y con tres hijos, tuvo sus casas principales en la calle de la Encomienda. Casi de la misma edad que Pedro de Ribera, quien recordemos nació y vivió en este barrio, fueron vecinos y probablemente se conocieron. Sin duda, el barroco, primero de Ardemans y luego de Ribera, influyó en él. Y, aunque la arquitectura oficial estuviera dominada por estos dos arquitectos, Ruiz también recibió algunos encargos y se movió en el ambiente de la Corte.

El otro maestro de Ribera, José Benito de Churriguera, curiosamente, quince años antes también había nacido en la calle Mesón de Paredes, en el nº 2, como nos recuerda una placa.

En 1734 Ruiz proyectó la planta del Colegio, del Convento y su Iglesia, y tres años después comenzó su construcción.

Tras la muerte del arquitecto en 1744, José Álvarez continuó con las obras del conjunto que finalizaron en 1791, exhibiendo una arquitectura heredera de la del siglo XVII. La fachada principal daba a la calle de Mesón de Paredes, actual número 68, aunque el Colegio tenía una entrada por la calle del Tribulete.

Escuelas Pías de San Fernando, foto de A.Passaporte (Archivo Loty, Fototeca Ministerio de Cultura)

En el interior de la iglesia, sus altares guardaban una colección de esculturas de gran valor, en madera policromada a tamaño natural, obra de los más renombrados escultores. Un San Juan Bautista de Manuel Pereira, un San José y una Virgen de las Angustias  de Juan Adán… y varias obras de Alfonso Bergaz, entre ellas una imagen de San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías.

En el siglo XIX se acometieron varias obras de ampliación del Colegio que llegó a tener unas buenas instalaciones, biblioteca, gabinete de Historia Natural, de Física, comedor para los alumnos internos, sala de visitas, etc.

Desgraciadamente en 1936 llegó la guerra civil, tras la cual solo quedaron en pie las ruinas de la iglesia: la fachada, parte de los muros, el crucero con el tambor de la cúpula y algunos elementos decorativos.

Fachada de la iglesia de las Escuelas Pías. Mesón de Paredes.

Tambor de la cúpula.

En los años 40 en parte del solar, con fachada a la calle de Embajadores, se construyó el Mercado de San Fernando, obra de Casto Fernández-Shaw.

Mercado de San Fernando

Después, hacia 1950 en el solar de la calle del Tribulete donde estuvo el Colegio, se inauguró el Cine Lavapiés. En sus bajos se encontraba la Sala de Fiestas famosa en los años 50, Moulin Rouge, o El Molino Rojo, como se anunciaba a veces, la más típica de Madrid, que estuvo abierta hasta el comienzo de los años 80.

En 1979 el cine, que llevaba cinco años cerrado, fue convertido en el Teatro Lavapiés, hasta 1984 en que fue cerrado. Tres años después el Ayuntamiento adquirió el edificio con el proyecto de crear un museo, teatro, local para representaciones de zarzuela… incluso se llegó a hablar de su nombre, el futuro Centro de Casticismo. Pero pasaban los años y lo único que prosperaba era el deterioro del lugar, por eso en 1993 cuando llegaron las máquinas de obra los vecinos creyeron que comenzaba la restauración del edificio, sin embargo lo que pudieron contemplar fue su demolición, llevada a cabo por decisión del nuevo Consistorio.

Los locales del viejo cine, en el nº 16 de la calle del Tribulete, estaban catalogados con el máximo nivel de protección (que en cualquier caso implicaba que la nueva construcción debería ser dedicada al mismo uso cultural) por lo que su derribo provocó bastante polémica entre los vecinos y la prensa.

La historia de las Escuelas Pías es también la historia de la plaza creada sobre las ruinas de la antigua Inclusa y el Hospital de Maternidad que ocupaban el solar contiguo a las Escuelas, en el nº 66 de Mesón de Paredes.

Foto de S. Yubero (Biblioteca virtual Madrid)

El edificio fue derribado. En su lugar se construyeron varias viviendas y un parque, uno de los tres inaugurados el día 15 de mayo de 1973.

En la esquina una placa recuerda que en la Inclusa vivió Eloy Gonzalo.

Se crearon tres plazas ajardinadas con numerosos árboles de distintas especies, arbustos, hiedras, césped y bancos. La plaza de la Corrala, de la Iglesia y del Sombrerete.

Alrededor de las ruinas de la iglesia se creó un jardín que se comunicaba con la plaza del Sombrerete formando casi una única plaza.

Los jardines del Sombrerete fueron adornados además con una fuente, copia de la Fuente de los Delfines que se encontraba -y que continúa- en la plaza de San Ildefonso. Un artístico caño de vecindad de hierro fundido que representa dos delfines entrelazados.

Desde hace unos años la del Sombrerete es conocida como la plaza de Agustín Lara. En 1975, nuevamente en mayo, fue inaugurada la estatua dedicada a este músico muy querido en nuestra ciudad, autor entre otras obras del famoso chotis Madrid. La estatua de bronce es obra del escultor mexicano Humberto Peraza, y el pedestal de granito fue costeado por el Ayuntamiento. En una foto de aquellos años se ve que fue situada de espaldas a Mesón de Paredes, mirando hacia los jardines. Al otro lado de las escaleras que bajaban al jardín se aprecia la fuente.

(En «Madrid en sus plazas» de M. Jiménez)

En 1999 comenzaron las obras de construcción de un aparcamiento bajo la plaza, siendo retirada la escultura. El proyecto global fue obra del arquitecto José Ignacio Linazasoro. Los trabajos finalizaron en 2001.

Agustín Lara volvió a la plaza, al lugar que hoy ocupa, junto a las ruinas.

Entre 2001 y 2004 se puso en marcha el proyecto realizado por el mismo arquitecto para la restauración y rehabilitación de las Ruinas de las Escuelas Pías con el fin de convertirlas en biblioteca y la construcción de un aulario para la Universidad Nacional a Distancia (UNED). Sobre el solar del teatro, que estaba vacío desde que fue derribado, se construyó el Aulario.

Y en las ruinas de la iglesia se creó la Biblioteca.

 

Entre ambos, la nueva construcción y las viejas ruinas, separadas por el gran desnivel de la calle del Mesón de Paredes, se construyó una escalera que por un lado distribuye las dependencias del nuevo edificio y por otro se asoma a la biblioteca instalada en la iglesia.

Los materiales utilizados, la cálida madera y el sencillo ladrillo junto al hormigón, ayudan a la integración de las nuevas estructuras con las antiguas.

Arriba nos espera una acogedora terraza desde la cual podemos asombrarnos una vez más contemplando los tejados bajo el cielo de Madrid.

La idea era integrar la Biblioteca en las ruinas, sin alterarlas, de forma que conservaran su aspecto sugestivo y romántico.

Todo el proyecto estaba condicionado por los restos del edificio primitivo. Por una vez, lo nuevo se supeditó a lo viejo, los restos del pasado no se exhiben como un mero adorno sino que son valorados en sí mismos.

Los altares del templo ahora vacíos rodean el nuevo y confortable espacio lleno de libros y luz. Sobre el arco de medio punto de la emblemática rotonda aunque un poco maltrecho pervive el Escudo de las Escuelas Pías sostenido por dos ángeles, obra de Alfonso Bergaz, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés y en Madrid.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
José Ferrándiz. El templo de San Fernando y su olvidado tesoro artístico. Revista de la Biblioteca: Archivo y Museo del Ayuntamiento, nº 11, jul. 1926.
Virginia Tovar. Tres proyectos del arquitecto madrileño del siglo XVIII, Francisco Ruiz. Revista de la Biblioteca: Archivo y Museo del Ayuntamiento, nº 1-2, 1977.
Margarita Jiménez. Madrid en sus plazas, parques y jardines. Abaco Ediciones 1977.
ABC
, 15 mayo 1973.
El País
, 5 nov. 2001

Cuando hace ya más de un año y medio visitamos el Casino de la Reina, antiguo Sitio Real, hoy convertido en un bonito parque, una de las cosas que llamó nuestra atención fue una casita de ladrillo, muy modesta, pero encantadora, uno de los escasos elementos que nos recordaban el pasado del lugar. Desaparecidos los lujosos Caprichos, fuentes, grutas, ría y puentecillos, nos sorprendía esta sencilla construcción junto a la puerta principal.

marzo 2009

En aquella primavera de 2009 estaba tapiada, para protegerla, y marcada por los grafitis, hoy es un placer verla convertida en un acogedor quiosco a la antigua usanza, de gran tradición en Madrid, pero con moderno espíritu, donde podemos hacer un alto en el camino, descansar, conversar, y comer y beber cosas ricas, el Quiosco de la Reina.

Los promotores de este quiosco lo han recuperado y lo han convertido en un lugar muy agradable que os invito a visitar.

Además han querido dar a conocer la historia del lugar, utilizando en su web parte del artículo publicado en este blog, lo cual les agradezco.

Como lo normal es comprobar cómo este tipo de cosas desaparecen, me parece una buena noticia que esta pequeña casita junto al antiguo Portillo de Embajadores se haya convertido en un agradable quiosco con su terracita.

noviembre 2011

En este tiempo otoñal y durante el invierno solo abrirá los fines de semana, pero los madrileños sabremos aprovecharlo muy bien,

¿os apetece, nos tomamos algo?.

Por Mercedes Gómez

Pedro de Ribera fue un arquitecto y un hombre singular. Un arquitecto madrileño que contribuyó en gran medida a construir la imagen de un nuevo Madrid, y sin duda uno de los más brillantes e imaginativos. Quedan como recuerdo sus construcciones, y sobre todo sus inconfundibles portadas, pero además Ribera participó en las mejoras urbanísticas de Madrid del siglo XVIII con obras de gran envergadura. Ya conocemos alguna de sus primeras obras, la ermita de la Virgen del Puerto, y el Cuartel del Conde Duque, más adelante quizá visitemos otras, hoy de momento os invito a conocer un poquito su vida y recorrer las calles del barrio donde siempre vivió, Lavapiés.

Nació en Madrid, el día 4 de agosto de 1681, en la calle del Oso, donde vivían sus padres, Juan de Ribera y Josefa Pérez.

Plano de Texeira, 1656. Calle del Oso.

Su padre era aragonés y se había trasladado a la capital con la intención de desempeñar su profesión de carpintero ensamblador. Así, el niño Pedro creció en un ambiente humilde pero relacionado con el mundo de la arquitectura, por lo que aprendió pronto el oficio y estuvo en contacto desde pequeño con maestros de obras y arquitectos, gracias a lo cual empezó a formarse en esta disciplina de forma natural.

A lo largo de su vida Ribera se casó tres veces y tuvo nueve hijos.

En 1702 -entonces vivía en la cercana calle de San Cayetano-, con 21 años se casó con Juana Verdugo, realizando lo que podríamos llamar un buen matrimonio, sin tener aún una profesión definida. En esta situación, se enroló en el ejército de Felipe V como jornalero en las Obras Reales. Su trabajo fue de carpintero encargado de levantar las tiendas de madera en el frente en la frontera con Portugal. Y así obtuvo el cargo de Maestro de Tiendas de Madera de Campaña de la Real Caballeriza.

Aunque nació unos años después y se le considera discípulo y continuador de Teodoro Ardemans (Madrid, 1661-1726) y José Benito de Churriguera (Madrid, 1665-1725), los tres forman el grupo de arquitectos representantes del llamado Barroco Castizo. Este término fue empleado durante mucho tiempo de forma peyorativa, refiriéndose a la arquitectura barroca desarrollada por los arquitectos madrileños cuando ya se estaba introduciendo el clasicismo importado del extranjero, sobre todo Italia y Francia.

El rey francés, el primer borbón llegado a España con el inicio del siglo XVIII, relegó a  los artistas locales y apoyó la renovación que anulara la herencia tradicional. Es cierto que Felipe V sentó las bases para la modernización de Madrid, pero también que cerró las puertas a una serie de artistas locales que sin duda podían ofrecer mucho a la arquitectura y a la historia del arte madrileños.

En 1711, contando treinta años, se casó por segunda vez, con Juana Ursula Voiturier. Como en el matrimonio anterior, él poco pudo aportar a la buena dote de ella. Según consta en los documentos, ambas mujeres debían tener buen gusto, y aportaron además de joyas, cucharas de plata, y ropa de vestir para la casa muy elegante, encajes, colchas blancas… así como exquisitos muebles de madera y utensilios de cocina.

En esta ocasión, vivieron en la calle de Mesón de Paredes, frente a la Fuente de Cabestreros.

Tenía ya 34 años cuando Ribera por fin consiguió el titulo de Alarife de la Villa que le permitió además de tener un sueldo fijo desarrollar la profesión de arquitecto. Así que a partir de los 35 años creó sus obras más importantes y su prestigio fue creciendo, gracias sobre todo al apoyo del alcalde. En 1715 don Francisco de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, fue nombrado corregidor de Madrid por Felipe V, y enseguida supo valorar el arte de Ribera, con quien además parece ser entabló una relación amistosa, y le encomendó obras arquitectónicas o urbanísticas que resultarían importantísimas para la ciudad. Su colaboración se mantuvo hasta la muerte del Marqués -en 1729-, quien fue enterrado en la ermita de la Virgen del Puerto, en el sepulcro obra de su amigo.

En los dos años siguientes participó en dos obras muy importantes, que felizmente aún podemos disfrutar: el Cuartel de los Guardias de Corps o Cuartel del Conde Duque, y el Puente de Toledo. Fue por entonces cuando consiguió el cargo de Teniente del Maestro Mayor.

Estos años fueron de gran importancia en la trayectoria de Ribera. Hacia 1722 se encargó de continuar las obras que estaban a cargo de José Benito de Churriguera en la Iglesia de San Cayetano, en la calle de Embajadores. La Iglesia de Nuestra Señora del Favor, parroquia de San Millán desde 1869, hoy más conocida como San Cayetano, fue sin duda uno de los edificios barrocos más monumentales de Madrid.

A pesar de lo que se pensó durante mucho tiempo, la construcción de San Cayetano comenzó en el siglo XVII, no en el XVIII, y terminó en 1761, época en las que las huellas de Ribera debían ser mucho más notorias que en la actualidad. La iglesia sufrió un grave incendio en el siglo XIX y durante la guerra civil fue prácticamente destruida y luego reconstruida. Por unos dibujos encontrados en 1928 se sabe que el proyecto de Ribera nunca llegó a realizarse tal como el arquitecto lo había diseñado, sino que tanto la cúpula como la ornamentación de la fachada e interior fueron muy simplificadas.

Ribera y sus padres pertenecían a la Congregación de Nuestra Señora de la  Pureza  y el Santo Cristo de la Divina Providencia, grupo que jugó un papel importante en la construcción del nuevo templo. El arquitecto participó además de en la construcción, económicamente, tanto de forma directa, como con la aportación que tuvo que hacer al profesar dos de sus hijos.

Y es que la iglesia y el barrio en que está enclavada significó mucho en la vida de Ribera y de su familia. Allí cerca nació, en la calle del Oso, y allí vivió. Tras varias casas en las que vivió de alquiler, siempre en el barrrio, Pedro de Ribera llegó a ser el dueño de varios edificios en Madrid, pero su casa principal la construyó en la calle Embajadores nº 26, frente al templo.

Calle de Embajadores 26

Una placa junto a la puerta adintelada dice que el edificio fue propiedad y residencia del Arquitecto y Maestro Mayor del Ayuntamiento Pedro de Ribera.

En San Cayetano tomaron el hábito religioso tres de sus hijos, fueron enterrados sus padres, su hermana Matea, sus dos últimas esposas y él mismo.

Primero alarife municipal, luego Teniente, y por fin Maestro Mayor de las Obras de Madrid. En poco espacio de tiempo murieron, primero Churriguera y luego Ardemans, cuyo cargo heredó Ribera.

El máximo cargo municipal Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua  lo alcanzó en 1726, con 45 años y viudo nuevamente. Ocho años después, a la edad de 53 años, esta vez sí ya en una buena posición, se volvió a casar con Francisca Vallejo.

Entre 1722 y 1726, en todo su apogeo creativo, se produjo la reedificación del Antiguo Hospicio de San Fernando, uno de los edificios más representativos de su estilo y emblemático de Madrid, en la calle Fuencarral nº 76; la Iglesia de San José, los Palacios de los duques de Santoña, Marqués de Perales, Miraflores…

Los cronistas del siglo XIX fueron implacables con Ribera. Fernández de los Ríos, por ejemplo hablando de Fuente de la Fama afirma que Ribera, discípulo de la escuela churrigueresca, «parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles…»

Pedro de Ribera fue un arquitecto autodidacta, que consiguió crear un lenguaje propio, distinto, quizá lo máximo a que puede aspirar un artista. Inimitable y genial, consiguió con el tiempo ser reconocido y su arquitectura formar parte de la imagen de Madrid.

Gracias a su tesón y talento hoy día gozamos de algunas de las mejores obras del barroco del siglo XVIII, heredero del mejor barroco madrileño del siglo XVII. Pedro de Ribera, incansable en su trabajo hasta el final, murió el 19 de octubre de 1742, en Madrid. Tenía 61 años.

Fue enterrado en San Cayetano, su iglesia, junto a la calle en la que nació y la casa en la que vivió, y desde entonces allí descansa.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo Exposición  El arte en la corte de Felipe V. Madrid 2003.

Verdú Ruiz, Matilde. La obra municipal de Pedro de Ribera. Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1988

Verdú Ruiz, Matilde. Intervención de Pedro de Ribera en la Iglesia y Convento de San Cayetano en Madrid. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Segundo semestre de 1993. Número 77.

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ACTUALIZACIÓN 9 ENERO 2014

En algunos lugares aparece como fecha del nacimiento de Teodoro Ardemans el año 1664. Es la que dio Ceán Bermudez en su Diccionario Histórico, pero gracias a las investigaciones de Ciriaco Pérez Bustamante publicadas en su trabajo “Claudio Coello. Noticias biográficas desconocidas”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 1918, 3er. trimestre se sabe que Teodoro nació en Madrid el 30 de junio de 1661.

Corregido queda pues el año de 1661 es la fecha aceptada por la mayoría de especialistas.

A los pies de la Cuesta de los Ciegos, en la calle de Segovia, se encuentra la Fuente de la Cuesta de los Ciegos, que fue construida, igual que la gran escalera de granito que sube hasta las Vistillas, en los comienzos de la 2ª República, cuando la zona fue reformada, aunque la obra no pudo ser terminada hasta después de la guerra. Se trata de uno de los caños de vecindad instalados en los años 30 en Madrid, de los que se conservan muy pocos ejemplos.

El pilón es redondo, con un cuerpo central construido en granito sobre una base de piedra blanca de Colmenar. El Escudo de Madrid, situado en los lados norte y sur, también es de piedra.

Es el Escudo de la Villa de Madrid utilizado durante la República, con la corona mural en lugar de la corona real. Representa al Oso y el Madroño en un cuartel, y en otro al Dragón. Debajo, aparece la fecha, 1932, y arriba la inscripción Ayuntamiento de Madrid. La fuente actualmente no conserva los grifos, su carácter es puramente ornamental.

No muy lejos de aquí, en el barrio de Lavapiés, en una plazoleta a la altura de la calle de Cabestreros, en la calle del Mesón de Paredes, se encuentra la Fuente de Cabestreros. En tiempos era conocida como la “fuente de los machos”, debido a que, decía la leyenda, sus aguas potenciaban la virilidad de los hombres que las bebían.

En este lugar ha existido una fuente al menos desde el siglo XVII, representada en el plano de Texeira. En el siglo XIX fue sustituida por una muy sencilla, de faroles. La fuente actual  se colocó en 1934 frente a los muros del que había sido Convento de Santa Catalina de Sena, edificio de mediados del XVIII. En los años 50 del XX fue sede de un colegio. Adquirido por el Ayuntamiento en 1967, su estado era al parecer ruinoso, finalmente fue derribado, conservándose únicamente el muro que daba a Mesón de Paredes, que fue demolido en 2006.

También es de granito y sus adornos de piedra blanca de Colmenar. Está formada por dos pilones rectangulares al norte y al sur de un eje central, y rematada por una piña.

Terminamos nuestro paseo fuera de la ciudad, en la gran Casa de Campo, donde se encuentran varias fuentes instaladas después de que el Real Sitio fuera abierto al público el 1 de Mayo de 1931. La mayoría se encuentran cerca del Lago. La del Plátano Gordo, la de la Piña, la de los Neveros, la del Triángulo… todas ellas construidas entre 1932 y 1934.

Son fuentes de construcción muy sencilla, encantadoras, que perseguían únicamente cumplir su función, dar de beber a los vecinos y paseantes, y algunas de ellas siguen haciéndolo.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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