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Mi admirada Cristina Iglesias vuelve a exponer en Madrid. Hemos hablado aquí varias veces de su escultura, sus obras en distintos lugares de Madrid, en el Museo Reina Sofía y de sus exposiciones. Así que no puedo dejar de recomendar esta nueva muestra titulada Impresiones.

En el Museo de la Casa de la Moneda, en sus salas dedicadas a exposiciones temporales, contemplamos grabados y serigrafías sobre distintos materiales con los que experimenta, como es habitual en esta artista.

sala cobre2

Acero, cobre -esplendoroso-, aluminio, seda y papel reflejan sus impresiones.

cristina iglesias cobre

Dice João Fernandes en su texto La máquina de enmarañar paisajes que “la obra impresa de Cristina Iglesias es el reflejo de una obra dentro de la obra”.

Como comentamos en otra ocasión, sus creaciones tienen mucho que ver con la arquitectura, con el espacio, más que con la forma o el volumen. Ella misma ha dicho que no da mensajes, crea lugares. Quizá por eso sus esculturas tienen algo que invita a involucrarse, sugieren, animan a imaginar, también son algo misteriosas. Sus serigrafías, obra impresa, también forman parte de ese mundo relacionado con el espacio.

cristina iglesias aluminio

Además de estas serigrafías sobre los distintos soportes, no podía faltar uno de sus muros vegetales de bronce.

cristina iglesias

El Museo Casa de la Moneda está un poco alejado de los circuitos habituales del arte y del centro de la ciudad pero merece la pena acercarse, ahora con el aliciente de contemplar las obras siempre bellas y sugestivas de Cristina Iglesias.

Exposición Impresiones, hasta el 13 de septiembre, en la calle Doctor Esquerdo, 36.

Por: Mercedes Gómez

 

Hace unos meses conocimos la historia del Real Monasterio de Santa Teresa y pudimos contemplar algunas deslumbrantes obras de arte, sobre todo de pintura y escultura, que guardan su iglesia y su convento de la calle de Ponzano. También tuvimos noticia de una de las obras más valiosas que habían pertenecido a las carmelitas casi desde su fundación, una “tapicería bordada de realce, de oro y plata” que había sido legada a las monjas por el patrono-fundador don Nicolás Gaspar Felipe de Guzmán Príncipe de Astillano, Duque de Sanlúcar la Mayor y de Medina de las Torres, poco antes de su muerte en 1689, actualmente propiedad del Museo Arqueológico Nacional.

Desde la Edad Media las piezas textiles fueron muy valoradas. Los tapices y alfombras, las sargas o telas pintadas, las colgaduras bordadas… De origen utilitario, proteger del frío o del calor, servir de cortinas, incluso de elemento decorativo, llegaron a convertirse en objetos de gran valor artístico y en cierto modo de ostentación social y símbolo del lujo.

Las colgaduras son paños de seda bordados que solían ser utilizados, como los tapices, para cubrir las paredes de las estancias. Aunque, al contrario que los tapices que servían para abrigar en invierno, las colgaduras eran utilizadas sobre todo en verano, y eran mucho más delicadas.

Las Colgaduras del Convento de Santa Teresa habían pertenecido a la Princesa de Astillano, madre del fundador.

Según algunos autores fue considerada una obra milanesa o flamenca. Recientemente, Juan María Cruz Yabar, Conservador del Museo Arqueológico Nacional del Departamento de Edad Moderna, ha estudiado los documentos existentes y ha llegado a la conclusión de que fue realizada en Nápoles entre 1640 y 1644.

Fue adquirida por el Museo en 1877, donde se conservan nueve piezas, siete de 4,75 m. de alto por 4,70 de ancho, y dos de la misma altura por 2,31 de ancho. Son paños bordados en relieve con hilos de seda, oro y plata, en cada uno de las cuales se representa una galería con sus balaustres, cubierta por un emparrado que está sostenido por cuatro columnas salomónicas. Hojas, flores y pájaros componen el dibujo; en el centro de los balaustres se representan animales.

Paño del lebrel

Paño del lebrel

A los paños napolitanos se había añadido una nueva pieza con función de dosel, hoy perdida, compuesta del respaldo, cielo y cuatro frisos, que debió ser obra madrileña realizada entre 1655 y 1660.

En cada una de las piezas hay un escudo de armas. Estos escudos, según Cruz Yabar, también fueron añadidos después de su llegada a Madrid. Eran los escudos de Guzmanes y Caraffas, los del Príncipe de Astillano.

Durante un tiempo se consideró que las piezas habían pertenecido al Conde Duque de Olivares, pero ahora se sabe que pertenecieron a la Princesa de Astillano, que las heredó de su madre, así figura en los documentos.

En la actualidad las Colgaduras no están expuestas en la Colección Permanente del Museo Arqueológico pero sus bellísimos relieves sí se pueden contemplar ocasionalmente, y merece la pena.

colgaduras sala noble

Son nueve paños magníficos, colgados en las paredes de las Salas Nobles, en las que se organizan conferencias y conciertos, con acceso público por tanto.

El Paño del oso y el perro, el del leopardo, del león con bola, del león erguido, del lebrel, del ciervo, carnero, perrillo y del mono.

Paño del leopardo

Paño del leopardo

De Nápoles al Real Monasterio de Santa Teresa de Madrid, hasta llegar al Museo Arqueológico Nacional, las colgaduras han tenido una vida azarosa. Con el paso del tiempo, cambios de ubicación, revoluciones, guerras… los paños se deterioraron, recientemente han sido restaurados y sobre todo sometidos a una limpieza, y hoy lucen esplendorosos.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VIGNAU, Vicente. “La Colgadura del Convento de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Madrid”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Madrid, tomo IV, año 1900, nº 1. pp 31-48.

CRUZ YÁBAR, Juan María. “De Nápoles a Madrid: la colgadura de los animales del Duque de Medina de las Torres”, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII-Historia del Arte (nueva época), nº 2, 2014. UNED, Madrid, 2014.

En el Museo de San Isidro se acaba de inaugurar una exposición dedicada a Las Murallas de Madrid. Es una noticia excelente, un regalo de Navidad, que se recuperen las exposiciones temporales en el Museo y el tema elegido, nuestras antiguas murallas, tan olvidadas.

La muestra es sencilla y muy clara. Da gusto ver cómo el público va y viene por la pequeña sala, observa, comenta y se muestra interesado.

puerta y torre

Mediante imágenes animadas por ordenador un magnífico video va mostrando los recorridos de las murallas, sus características y los restos conservados en la actualidad. Asistimos a la recreación de lo que fue el primer recinto rodeado por la muralla árabe del siglo IX, la posterior muralla cristiana del siglo XII y la cerca de Felipe IV del siglo XVII. Sus características, puertas de acceso, torres y materiales de construcción. El video no es exhaustivo, pero sí muy didáctico.

muralla cristiana

Se reconstruyen con detalle algunas Puertas de los tres recintos. La de la Vega, del recinto musulmán; la de Guadalajara, del cristiano.

Puerta Guadalajara

Puerta de Guadalajara en la calle Mayor

Y la Puerta de Fuencarral, de la cerca del siglo XVII. Son muy interesantes las simulaciones que muestran cómo pudieron ser estas antiguas puertas situadas en el Madrid actual.

puerta fuencarral

Puerta de Fuencarral en la calle San Bernardo

No hay referencias a la posible segunda muralla árabe del siglo X, que sí aparece representada, como las demás murallas y cercas, en la maravillosa maqueta colocada bajo la pantalla, en la cual un más que discreto texto inscrito sobre el cristal que la cubre recuerda que “después de casi cien años de investigaciones se mantiene el debate científico sobre algunos puntos controvertidos”:

El trazado exacto de los dos primeros recintos amurallados, la posibilidad de que el Alcázar Trastámara del siglo XIV se levantase sobre una fortaleza árabe, la posible ampliación de la muralla islámica sustentada en algunos hallazgos arqueológicos y la situación exacta de la Torre de Narigües.

maqueta murallas

Una vitrina muestra objetos de la vida cotidiana de cada época hallados gracias a las excavaciones arqueológicas. Junto a ellos, de forma sencilla, breves textos resumen la historia de Madrid, desde su fundación durante el emirato de Córdoba a mediados del siglo IX hasta 1868 cuando fue derribada la última cerca, que había sido levantada por Felipe IV en 1625.

vitrina

Se expone un dibujo de los Límites y puertas de la Villa, otro de la Puerta de Fuencarral de Juan Gómez de Mora, ambos procedentes del Archivo de Villa… Y uno de nuestros tesoros arqueológicos, hallado precisamente durante las obras de reconstrucción de este edificio que alberga el museo, la Casa de San Isidro. Es el Modelo de Puerta islámica, del siglo X-XI, maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota o barro cocido.

puerta2

Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. A pesar de haberse hallado en este solar, y ser una de las piezas arqueológicas más importantes recuerdo del Madrid musulmán, se encuentra en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares, que la ha prestado para la ocasión.

La exposición es estupenda, merece una visita.

Por : Mercedes Gómez

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Las Murallas de Madrid
Museo de San Isidro
Plaza de San Andrés, 2

 

Hoy miércoles día 10 de diciembre de 2014, por fin, la alcaldesa de Madrid ha inaugurado el nuevo Museo de Historia, antiguo y querido Museo Municipal, en la calle de Fuencarral.

Curiosidad, interés, emoción… eran muchas las sensaciones que esta mañana flotaban en el patio cubierto, nuevo vestíbulo de entrada al museo, entre los numerosos invitados a vivir este momento tan esperado por muchos de nosotros, la reapertura de la Colección Permanente.

patio alcaldesa

Tiempo habrá de volver una y otra vez, y observar las bellas pinturas, esculturas, objetos.. y hablar de ellos, pero hoy no podíamos faltar a la cita y es obligado dejar constancia en este blog, en el que tanto hemos hablado de este museo y de algunas de sus obras, de la grata noticia: nuestro Museo, el museo que cuenta nuestra historia ha reabierto sus puertas.

La maqueta, el Modelo de Madrid, de León Gil de Palacio, permanece en el sótano, donde se podía admirar desde hace algún tiempo, es la Sala -1 dedicada a Cartografía y maquetas. Junto al patio, en la planta 0, se encuentran los restos de la Noria del viaje de agua hallados durante las obras, que de momento no van a ser mostrados al público.

En las plantas 0, 1 y 2 ha sido ordenada la Colección bajo un lógico criterio cronológico. A través de las salas en las tres plantas asistimos al relato de nuestra historia, desde que en 1561 el rey Felipe II trajera por vez primera la Corte a la pequeña villa de Madrid hasta los albores del siglo XX.

El espacio interior ha sido totalmente remodelado, recordemos que por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade. Las nuevas salas, con suelos, paneles y techos de cálida madera, son luminosas y acogedoras. Ha sido muy agradable comprobar que no ha habido concesiones a una falsa “modernidad”, las obras son las protagonistas.

casa de campo

En la planta 0 se exponen las que ilustran los años finales del siglo XVI y sobre todo el siglo XVII. Villa, Corte y capital de dos mundos. Ese Madrid cosmopolita, con sus luces y sus sombras, sus nobles y sus mendigos, sus literatos y sus artesanos, ese Madrid, nuevo escenario de poder, al que llegaron personajes desde todos los rincones del Imperio. Las Vistas del Alcázar, de la Plaza Mayor, la Plaza de la Villa; la ciudad festiva y teatral del Barroco.

alcazar

En la planta 1 se cuenta la historia desde 1700, con la llegada de la nueva dinastía borbónica, hasta 1814, finalizada la guerra de la Independencia. El Madrid, Centro ilustrado del Poder, que vio cómo llegaban las nuevas ideas en economía, el arte y las ciencias.

pasillo bayeu

Finalmente, en la planta 2 nos sumergimos en el Sueño de una ciudad nueva, en el Madrid vivido de 1814 a 1910. Los barrios pobres y el nacimiento de un nuevo Madrid, el Ensanche y la actividad industrial, una realidad múltiple y antagónica.

Pero el Museo no es solo un museo de historia, está lleno de maravillosas obras de arte. Es un placer ir descubriendo o recordando las piezas en las que grandes artistas han ido pintando, dibujando y fotografiando nuestra ciudad.

dos de mayo

Hacía demasiado tiempo que no podíamos disfrutar del rico patrimonio artístico que atesora esta institución, que a su vez forma parte de nuestra historia, alojada en el Antiguo Hospicio, el singular edificio de Pedro de Ribera. Sobre todo los madrileños más jóvenes no lo recordarán, lo más probable es que no lo conozcan. Ahora todos tenemos la ocasión, el privilegio, de poder volver, o empezar a conocerlo.

Me voy a permitir decirlo: ¡Qué bonito!

El Museo de Historia, en la calle de Fuencarral nº 78. Entrada gratuita.

Por : Mercedes Gómez

 

 

La semana pasada, en el acogedor salón de actos del Museo de la Imprenta Municipal en la calle de la Concepción Jerónima, tuvo lugar la inauguración del Curso 2014-2015 del Instituto de Estudios Madrileños, a la que tuve el placer de asistir.

Además del discurso inaugural, Por la cultura en una sociedad en cambios, a cargo de Miguel Ángel Recio, Director General de Bellas Artes, Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, los asistentes pudimos escuchar algunas buenas noticias.

Siempre es gratificante comprobar que la actividad del Instituto sigue viva, a pesar de los malos tiempos que corren. Según informó el Presidente Alfredo Alvar, pronto tendremos a nuestra disposición el ejemplar de los Anales correspondiente a 2014. Se está trabajando en la organización de unas jornadas que tendrán lugar en diciembre en homenaje a Julio Caro Baroja en el centenario de su nacimiento, que fue miembro del Instituto desde 1978 hasta su fallecimiento en 1995. En enero habrá otras prometedoras jornadas sobre Cervantes. Y probablemente el año que viene se celebrará un nuevo ciclo de Conferencias sobre La vida cotidiana en Madrid, que aún está en fase de proyecto.

En medio de todo esto, nos dieron otra buenísima noticia.

Hemos clamado aquí tanto por la reapertura del Museo Municipal, que es obligado hablar de la buena nueva.

Por fin, el próximo mes de diciembre, en torno al día 10, en cualquier caso antes de Navidad, será inaugurado el nuevo Museo de Historia, nuestro querido antiguo Museo Municipal, en la calle de Fuencarral. Lo comunicó el propio concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Corral.

Museo Municipal, calle Fuencarral 78.

Museo Municipal, calle Fuencarral 78.

A finales de 2001 el museo cerró sus puertas (excepto para algunas exposiciones temporales). Hace ya demasiado tiempo de eso.

Muchos madrileños recordamos con cariño las antiguas salas llenas de pinturas, grabados, esculturas, maquetas… hay que hacerse a la idea de que todo lo vamos a encontrar muy cambiado… y esperar la apertura con interés y emoción.

Recordemos que hace unos años las Colecciones del Museo Municipal fueron divididas en tres partes: la primera, desde nuestros orígenes al siglo XVI, fue destinada al Museo de San Isidro, en la plaza de San Andrés. La segunda, ubicada en este Museo de Historia, desde el XVI hasta el XIX. Y la última, que abarca las obras del siglo XX hasta la actualidad, en el Museo de Arte Contemporáneo, en el antiguo Cuartel de Conde Duque (museo del que por supuesto también deseamos su reapertura).

Así, el recorrido que nos propondrá el nuevo Museo de Historia comenzará durante el reinado de Felipe II, desde el momento en que en 1561 se produjo el primer traslado de la Corte a Madrid, y finalizará en el siglo XIX.

Durante las largas obras al parecer todas las salas han sido remodeladas, según proyecto del arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade (que también ha rehabilitado el Museo Arqueológico Nacional).

Otra gran noticia es que se conservan los restos de la Noria, estructura hidráulica del siglo XVII, hallados en 2004 durante las obras gracias a los sondeos arqueológicos realizados. Los lectores más antiguos del blog tal vez recordéis que nos hemos preguntado aquí también varias veces sobre ella, debido a su importancia dentro de la red de viajes de agua madrileños. Ante la falta de noticias llegamos a pensar que el hallazgo quizá había sido tapado, pero no fue así, así que estamos de enhorabuena.

Continuará…

Por: Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 24 noviembre 2014 :

Ya se conocen los detalles del próximo Seminario en homenaje a Julio Caro Baroja, que tendrá lugar los días 9, 10 y 11 de diciembre en la Biblioteca Pública Manuel Alvar (c/ Azcona, 42). Si estáis interesados, podéis descargar el programa aquí.

 

Después de la quizá irrepetible gran exposición disfrutada esta primavera en Toledo, El Griego de Toledo, y la espectacular muestra del Museo del Prado El Greco y la pintura moderna (que aún se puede visitar, finaliza el 5 de octubre), llega a Madrid la sugestiva Entre el cielo y la tierra. Doce miradas al Greco, cuatrocientos años después.

Esta nueva exposición –un paso más en la celebración del IV Centenario de la muerte del genial pintor– que se acaba de inaugurar en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nos permite comprobar que el arte del Greco continúa fascinando a los creadores y es fuente de inspiración para muchos artistas contemporáneos.

Organizada por el Ministerio de Cultura dentro del programa Nuevas Miradas, procede del Museo Nacional de Escultura de Valladolid donde se pudo visitar hasta los comienzos del pasado mes de agosto. El origen del título, Doce miradas…, es que allí se expusieron las obras junto al Apostolado del Greco, pintura propiedad de ese museo. Aquí en Madrid la pintura que recibe la visita de los artistas actuales es San Jerónimo.

San Jerónimo. El Greco © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

San Jerónimo. El Greco © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Han acudido a la cita, Entre el cielo y la tierra, José Manuel Broto, Jorge Galindo, Pierre Gonnord, Luis Gordillo, Secundino Hernández, Cristina Iglesias, Carlos León, Din Matamoro, Marina Núñez, Pablo Reinoso, Montserrat Soto y Darío Villalba.

La influencia no es tan evidente como apreciamos en el arte de las vanguardias pero es poderosa, los propios artistas plantean abiertamente su vínculo con el Greco.

Durante la presentación, visita guiada por la comisaria Isabel Durán, y con la presencia de algunos de los artistas, se habla de la fuerza de la pintura del Greco, del color, de trascendencia, religión, luz, la mirada, libertad, innovación…

Los colores y la fuerza del Expolio de Cristo inspiran a José Manuel Broto.

Dos de las obras más explícitas son El Griego revisitado en Borox, de Jorge Galindo. Las características manos y brazos de las figuras del pintor cretense cambian de lugar…

Las inconfundibles fotografías de Pierre Gonnord tienen en común con la pintura del Greco la facilidad, la sencillez con que son capaces de retratar el alma, el interior de los seres humanos. Una de las tres obras expuestas, Konstantina, aparte las dudas que actualmente existen sobre la autoría del Greco, recuerda, como comenta Isabel Durán, la Dama del armiño.

Luis Gordillo mediante formas abstractas en su Sagrado Corazón de Jesús en vos confío representa el espíritu religioso, qué es la religión se pregunta.

Secundino Hernández nos cuenta que cuando era un niño coleccionaba cromos, esas imágenes que “venían en sobrecitos”, –como casi todos los niños– y, por lo que fuera, siempre reunía muchos con imágenes del Greco. Aún no sabía que iba a ser pintor, pero ya le atraía. Su expresiva pintura nace del uso libre del pincel; admira al Greco y se identifica con él y su valor al arriesgarse utilizando nuevas formas de expresión.

secundino hernandez

Cristina Iglesias no podía faltar, ella “quería estar en esta exposición”, tras haber trabajado en Toledo en su proyecto Tres Aguas, nos revela Isabel Durán. La obra elegida Sin título (Berlin II), es como casi siempre en su caso un espacio que invita al espectador a participar, a situarse. Un tapiz y un cristal azul que evoca el agua debe ser mirada desde abajo hacia arriba, desde la tierra hacia el cielo.

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La obra de Carlos León expresa mucha fuerza. Su pintura abstracta, del mismo título de la obra del Greco –que se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York–, El Cardenal don Fernando Niño de Guevara, evoca al temido personaje mediante el color púrpura, representación de la sangre y del poder.

carlos leon

Nuevamente la luz y el color, Cenital 1 y Cenital 2, de Din Matamoro, dos grandes cuadros que representan, según palabras del pintor, “nada más lo que ve en el aire: la luz y el color”, como hacía el Greco, aunque eliminando los elementos figurativos.

Marina Núñez participa con un video creado a partir de la Vista y plano de Toledo, más explícito que otras obras presentes en esta exposición, que incluye movimiento y música.

Es fantástico ir comprobando cómo la respuesta de cada artista es diferente. Pablo Reinoso reinterpreta el Laocoonte –de la National Gallery de Washington, que aún podemos ver en el Prado– mediante maderas entrelazadas.

La mirada al cielo y a la tierra de Montserrat Soto.

Y ese “gitanito” Entre dos mundos, de Darío Villalba. El arte que representa la vida.

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Aproximadamente la mitad de las obras han sido creadas expresamente para esta exposición, otras ya existían, pero todas son un homenaje a la pintura del Greco, otras miradas, desde la abstracción o la reinterpretación. Mediante pintura, escultura, fotografía o video.

En realidad son doce artistas más uno, pues en las estancias de la Real Academia, en algunos de sus rincones, se ha situado Joan Fontcuberta con seis Caballeros de la mano en el pecho un tanto sorprendentes, seis Camuflajes que esconden un juego, al propio artista escondido en cada imagen.

Las obras están repartidas entre la sala de exposiciones temporales (atención a la recepción, en la entrada) y la sala de Calcografía, donde además del Greco, su espíritu y su arte encontramos la mirada, cuatrocientos años después, de algunos de los artistas contemporáneos actuales más importantes.

En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta el próximo 8 de noviembre.

 

Por: Mercedes Gómez

 

 

 

El Museo Reina Sofía, entre otras actividades, ofrece una serie de visitas comentadas a través de su Colección Permanente, muy interesantes. Nos propone, además de la visita tradicional, lineal, nuevas miradas que ellos definen como transversales. Son otras formas de contemplar la Colección, otros puntos de vista, teniendo en cuenta que la obra de arte no es solo un hecho en sí mismo, un autor, una fecha, sino que se enmarca, influye y es influida por el momento histórico, político y social.

El Teatro, la Arquitectura, el Cuerpo, el Feminismo… son algunos de los temas que nos sugieren. Un folleto ayuda a que nosotros mismos organicemos la visita. También, en algunos casos, ofrecen una visita guiada. Se pueden consultar todos los detalles en la página web del museo.

Elegimos una de estas últimas para empezar a conocer, a compartir estas miradas diferentes, el Feminismo : una mirada feminista sobre las vanguardias.

sala

No se trata de mostrar una selección de obras realizadas por mujeres, como se ha hecho en otros casos, sino de analizar su papel en el Arte a lo largo de los últimos años del siglo XIX hasta el final de la guerra civil, y en la sociedad. La mujer es sujeto pero también objeto de la producción artística.

Feminismo propone al visitante un recorrido por los espacios de la Colección dedicados a las vanguardias históricas y cuestiona el papel y la visibilidad de la mujer en la Historia del Arte. Se pretende despertar una nueva mirada, incitar a considerar críticamente las imágenes de dominación masculina e invitando, en definitiva, a reconocer el trabajo de la mujer en la superación de estos roles y modelos”.

Uno de los primeros cuadros comentados es la Tertulia del Café Pombo, de José Gutiérrez Solana, una de las muchas tertulias famosas de comienzos del siglo XX, en las que participaban los intelectuales de la época y en las que la presencia femenina era escasísima.

J.G.Solana. “La Tertulia del Café Pombo” (1920)

J.G.Solana. “La Tertulia del Café Pombo” (1920)

Aunque el nuevo siglo llegó con grandes promesas de modernidad, la Institución Libre de Enseñanza incorporaba a las mujeres en sus textos y actividades, éstas se incorporaban al mundo de la industria y del trabajo, etc. su visibilidad en el mundo del arte era mínima. Solo algunas artistas entraron en los círculos intelectuales dominados por los hombres.

Maruja Mallo. “La verbena” (1927)

Maruja Mallo. “La verbena” (1927)

Durante la visita la guía nos invita a reflexionar sobre la imagen de la mujer transmitida por los pintores Anglada Camarasa, Nonell o Picasso.

H. Anglada Camarasa. “Sonia de Klamery” (1913)

H. Anglada Camarasa. “Sonia de Klamery” (1913)

Y por supuesto sobre las creaciones de mujeres singulares. Dora Maar, muy conocida por su relación con Picasso, quizá no tanto por su propia actividad artística. La cineasta Germaine Dulac, desconocido su trabajo hasta hace poco tiempo, en que se intenta su recuperación. La pintora Sonia Delaunay, no tan reconocida como su marido Robert… Observamos una curiosa pintura, el retrato del dadaísta Tristán Tzara, obra de Robert Delaunay, en la que el interesante personaje luce una bufanda hecha por Sonia.

R.Delaunay. “Retrato de Tristan Tzara” (1923)

R.Delaunay. “Retrato de Tristan Tzara” (1923)

Admiramos los cuadros de grandes pintoras como Maruja Mallo, María Blanchard o Ángeles Santos. Nuestra guía comenta especialmente la vida de María, una de las pocas que sí formó parte de los círculos vanguardistas a lo largo de su vida tan dura, que ya conocimos, o la de Ángeles Santos, cuyo espectacular comienzo pictórico que provocó curiosidad y admiración de artistas como Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, García Lorca o Juan Ramón Jiménez, se vio truncado también por una vida difícil.

A.Santos. “Un mundo” (detalle) (1929)

A.Santos. “Un mundo” (detalle) (1929)

El itinerario, guiado por una de las personas encargadas del servicio de mediación cultural del museo, se convierte en un gratísimo paseo por las salas de la 2ª planta dedicadas a la Vanguardia. Y un estímulo para conocer mejor aquella época y a sus protagonistas.

Por : Mercedes Gómez

 

 

Mucho antes de que existiera la Villa, antes de la fundación de Mayrit por los árabes en el siglo IX, de los probables asentamientos visigodos, antes de la construcción de las villas romanas que existieron entre los siglos I y V en lo que hoy es la ciudad de Madrid. Mucho antes de la Edad del Bronce, allá por los siglos XIII-XV antes de Cristo, época de la que tenemos noticias arqueológicas sobre grupos de población organizados en el Cerro de las Vistillas. Antes incluso del Neolítico –última etapa de la larga Edad de Piedra–, unos 6.000 años a. de C., cuando grupos pequeños vivían en poblados formados por cabañas construidas con barro y ramas, aún sin conocer las técnicas de cultivo que más tarde les permitirían una transformación en el modo de vida, establecer una organización social, división social del trabajo, adoptar creencias religiosas y tener una vida más sedentaria –en Madrid esto se produjo hace solo unos 7.400 años, setenta y cuatro siglos–.

Mucho antes de que todo esto tuviera lugar, en tiempos remotos, en el Paleolítico, primera época de la Edad de Piedra, hace entre 400.000 y 9.000 años, los valles junto al río Manzanares, que por supuesto aún tampoco tenía nombre, fueron habitados por pequeños grupos humanos que vivían de la caza y la recolección de los frutos.

M-30. Un viaje al pasado. Museo de los Orígenes (2007). Ilustración de M.Antón.

M-30. Un viaje al pasado. Museo de San Isidro (2007). Ilustración de M.Antón.

El Paleolítico fue la época caracterizada por el desarrollo de la industria lítica o talla de la piedra, que fue el primer material utilizado por los humanos para la creación de herramientas que permitieran su subsistencia. También se inició la creación de objetos de arte como expresión del pensamiento simbólico (arte rupestre y decoración de los objetos).

En el Museo de Ciencias Naturales hay una didáctica recreación de un corte geológico que muestra los diferentes estratos resultado de la evolución humana. Arriba del todo, bajo el nivel del suelo de la sociedad industrial, se encuentran los restos de la industria lítica y del arte del Paleolítico Superior.

Museo de Ciencias Naturales

Museo de Ciencias Naturales

Los hallazgos arqueológicos y paleontológicos correspondientes al Paleolítico localizados en las terrazas del Manzanares, desde la Casa de Campo hasta su desembocadura, son importantísimos. Nos aportan una información asombrosa sobre nuestro pasado. Aunque hoy nos parezca mentira, entonces las riberas de nuestro río estaban pobladas por diferentes especies animales, y eran boscosas, con árboles que proporcionaban frutos suficientes para alimentarse. Esto, junto al agua abundante y los yacimientos de pedernal que eran materia prima esencial para su vida, provocaron los numerosos asentamientos. Los grupos que pasaban por estas tierras tenían todo lo que necesitaban. Quizá construían sus chozas aún solo con ramas y en el exterior encendían el fuego. Lógicamente de ellas no quedan huellas, pero sí de los muchos utensilios que tallaban, hachas, puntas, lascas, cuchillos…

De la antiquísima vida en las riberas del río dan fe estas herramientas de sílex que utilizaban sus pobladores encontrados en los numerosos yacimientos excavados a lo largo del siglo XX. Fueron hallados restos en Carabanchel, junto al Cementerio de San Isidro, Villaverde, Moratalaz y Usera.

Almacén Museo de San Isidro

Almacén Museo de San Isidro. Nº 20, hoja del arenero de los Hnos. Muñoz (Usera)

En el distrito de Usera, barrio de Moscardó, se encontró uno de los yacimientos más importantes, el llamado de El Sotillo, explorado por Paul Wernert y José Pérez de Barradas a partir del mes de julio de 1919. Estaba situado entre la actual calle de Antonio López y el Manzanares, a unos 400 metros del Puente de la Princesa, a 35 metros del río.

En los inicios del siglo XX la zona, a ambos lados del Manzanares, estaba ocupada sobre todo por huertas. Había un pequeño soto, zona arbolada, y un merendero llamado El Sotillo, junto al cual antes estuvo el arenero del mismo nombre, que propició las excavaciones y hallazgos arqueológicos. El Sotillo era un vado por el que se podía cruzar el río, llamado Vado de Santa Catalina.

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Se estudiaron los diferentes estratos del terreno que dieron información sobre las etapas geológicas. No demasiados, pero también aparecieron restos paleontológicos (mamíferos, tortugas…). La mayor parte de hallazgos correspondieron a pedernales de diferentes tamaños y formas tallados con el fin de servir como utensilios diversos y armas.

El arenero del Sotillo había sido uno de los más importantes del barrio. La zona contaba con varios establecimientos industriales, areneros y tejares. Muy cerca se encontraba el tejar de Matapobres. Los materiales industriales que proporcionaban, arenas, gravas, etc, eran utilizados en las construcciones urbanas que por entonces tenían lugar, entre ellas la del Matadero, al otro lado del Manzanares que ya aparece representado en el plano de 1915.

Plano de Madrid (1915)

Plano de Madrid. L. Delage (1915)

Entonces los arqueólogos aconsejaban que la mejor forma de llegar al yacimiento para visitarlo era tomar el tranvía 37, que salía de la esquina del Banco de España hacia el Puente de la Princesa.

El Sotillo, plano de situación (1919)

El Sotillo, plano de situación (1919)

Tras cruzarlo, seguir la orilla derecha del Manzanares hasta llegar al merendero junto al cual estuvo el arenero.

El Sotillo. (Foto: J.P. de Barradas)

El Sotillo. (Foto: J.P. de Barradas)

Hoy el yacimiento ya no existe, aunque bajo el terreno continúan existiendo las capas de tierra que cuentan los secretos del pasado de Madrid. Sigue siendo interesante y bonito acercarse hasta allí y dar un paseo por este barrio de Madrid, a ambos lados del río. Lo mejor es llegar en el metro, o como cada uno prefiera, hasta la Plaza de Legazpi. Desde aquí tomar la calle Vado de Santa Catalina, cuyo nombre constituye casi el único recuerdo de aquellos tiempos, entre el Mercado de Frutas y el Matadero, hoy magnífico centro cultural, hacia el Puente de la Princesa.

calle vado santa catalina

Cruzando el río, siguiendo las instrucciones de Wernert y Pérez de Barradas, llegamos a la calle de Antonio López, recorremos los metros indicados y llegamos a un solar.

Allí debajo debía estar el yacimiento de El Sotillo.

(Foto: J.P. de Barradas)

Foto: J.P. de Barradas (1919)

Hoy, igual que ayer, desde aquí contemplamos el Matadero y la torre de la Casa del Reloj.

Calle de Antonio López (2014)

Calle de Antonio López (2014)

Ahora las construcciones son numerosas; el Manzanares se puede cruzar a través de modernos puentes en lugar de vados naturales; y las riberas del río están ocupadas por paseos allanados, destinados a peatones y ciclistas, y árboles jóvenes.

riberas manzanares 2014

Pero no podemos dejar de pensar que aquí hubo vida en la prehistoria madrileña, desde los tiempos más antiguos. Una vida nómada y aún muy primitiva, pero al fin y al cabo una etapa de nuestra historia, precursora de civilizaciones más avanzadas, todas las que llegaron después, que citábamos al principio, hasta nuestros días.

Finalmente, volvemos una vez más al Museo de San Isidro para contemplar los recuerdos de esta historia, fruto de las visitas y del trabajo de los arqueólogos al arenero y sus hallazgos en el yacimiento prehistórico. El museo guarda el diario manuscrito de las excavaciones, el diario de campo escrito por un José Pérez de Barradas muy joven en aquellos momentos, apenas 22 años, que con el tiempo llegó a ser uno de nuestros arqueólogos más notables.

diario de campo

Yacimientos paleolíticos. Diario de campo. J. Pérez de Barradas (Museo de San Isidro)

Los hallazgos de El Sotillo están datados entre hace 20.000 y 15.000 años, en el Paleolítico Superior, cuando vivieron los Homo Sapiens, cuyas capacidades más desarrolladas que las de sus antecesores permitieron que establecieran grupos sociales más complejos, un lenguaje más evolucionado y una gran técnica en la construcción de herramientas. De todo ello quedaron evidencias en el subsuelo de este barrio madrileño, en Usera, junto al Río Manzanares.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Wernert, P. y Pérez de Barradas, J. “EL yacimiento paleolítico de El Sotillo (Madrid)”, en Anuario de Prehistoria madrileña. Vol. I. Ayuntamiento de Madrid 1930.

Museo de San Isidro. Orígenes. Un viaje al pasado de Madrid. Ayuntamiento de Madrid 2012.

Exposición Pérez de Barradas (1897-1981). Museo de San Isidro 2008.

Después de seis años de obras ayer día 1 de abril se inauguró el nuevo Museo Arqueológico Nacional.

Cuando lo visitamos en los comienzos de 2011 y vimos sus obras en marcha se anunciaba una apertura parcial para finales de ese año, pero se retrasó. Por fin, con una gran expectación entre la prensa y el público, ayer nos abrió sus puertas. Volveremos más adelante pues son muchas las piezas que nos esperan, y varios los aspectos que podemos comentar sobre este importantísimo museo, hoy solo quería celebrar la reapertura y contemplar una obra que hace años deseaba ver y hoy por fin ha sido posible, el Puteal de la Moncloa.

El Puteal, brocal en latín, de un pozo –puteus– es una bella pieza romana esculpida en mármol en el siglo I, inspirada en una obra griega del siglo IV antes de C., hallada en los jardines de la Moncloa a finales del siglo XIX.

puteal2

Durante un tiempo se relacionó con los perdidos relieves del frontón oriental del Partenón de Atenas, aunque hoy se sabe que no es una copia directa de la decoración del templo ateniense.

Antes de llegar al Museo Arqueológico, el antiquísimo brocal, que debió pertenecer a una casa romana, vivió una larga y azarosa historia, decorando los palacios de distintas familias reales. Su primera propietaria conocida fue la reina Cristina de Suecia. Después de su muerte en Roma en 1689 pasó por diversas manos hasta llegar a ser adquirido por el rey Felipe V que recién llegado a España en los inicios del siglo XVIII construía y decoraba el Palacio de La Granja de San Ildefonso. Allí fue a parar el puteal, hasta que Carlos III lo trasladó a Aranjuez. Hacia 1816 fue trasladado al Palacio de la Moncloa.

En 1868 Juan de Dios de la Rada, conservador del Arqueológico, lo encontró enterrado en los jardines del palacete, que ya había sido cedido al Estado por la reina Isabel II, y lo trasladó al museo.

Decorado con relieves que representan el nacimiento de Atenea, tiene un diámetro de 84 cm. y una altura de 99,50. cm.

“En el centro aparece Zeus, sentado de perfil en un trono, y a su derecha la diosa Atenea, que ha surgido de su cabeza ya totalmente desarrollada y revestida con todas sus armas. Entre ellos, Nike, la Victoria alada, vuela para coronar a Atenea. Detras de Zeus, Hefesto, que con su hacha de doble filo ha proporcionado el golpe decisivo para facilitar el parto, se retira asombrado ante la terrible aparición de la diosa. En la parte posterior tres mujeres llevan en sus manos diversos instrumentos: son las moiras, divinidades del destino, que tejen el hilo de la vida de los recién nacidos.”

Ahora, tras la remodelación, continúa expuesto, esplendoroso, aunque es una pena que no lo hayan colocado de forma que se pueda rodear y contemplar todas las figuras.

puteal1

Está ubicado en uno de los espacios dedicados a Grecia, el de los dioses del Olimpo nacidos por la relación que Eros creó entre las fuerzas de la Tierra, el Océano y el Cielo. Zeus, Afrodita, Apolo, Atenea, Hermes…

Además de tratarse de una pieza valiosa, una más a admirar en el Museo, podemos sumarla a nuestro recuerdo de la diosa griega, otra representación de Atenea en Madrid.

por : Mercedes Gómez

 

 

 

 

Para Gonzalo Díe, que allá donde esté, desde algún rincón del cielo, seguro que continúa acompañándonos en estos paseos por “nuestro querido Madrid”.

Hoy una vez más volvemos al Madrid más antiguo, el de los siglos X y XI, posteriores al establecimiento de los árabes en la villa y anteriores a la llegada de los cristianos, largo periodo de tiempo durante el cual la población creció y con ella la actividad agrícola, alfarera y comercial. Regresamos a los orígenes de Madrid, hoy en busca de sus zocos, azoches, o lugares de mercado.

Como nos cuentan los especialistas, para que una mera fortaleza fuera considerada ciudad debía tener una muralla, un edificio residencia de la persona que ejerciera el poder, una mezquita y un zoco. Todo ello lo tenía Mayrit, al menos desde la segunda mitad del siglo X.

Comenzamos nuestro paseo en la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, caminando hasta la plaza de la Paja, dos de los lugares con más encanto de nuestra ciudad, bordeando lo que fue el probable segundo recinto islámico habitado por pequeños núcleos de población que fueron creciendo poco a poco. Ambas plazas, extramuros de la posible medinilla, se convirtieron en lugar de mercado y con el tiempo centro de los arrabales islámicos.

Imagen Museo Arqueológico Regional

Imagen : Museo Arqueológico Regional

plaza de la villa

Plaza de la Villa

El Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares, que visitamos hace casi dos años durante nuestro paseo por el Madrid de los siglos X-XI, vuelve a darnos información sobre esta etapa de nuestra historia. Las vitrinas y paneles explicativos sobre el Madrid medieval ofrecen nuevos datos, además se han instalado algunas pantallas con videos referentes a los primeros siglos mayritíes. Se recuerda lo que fue y significó la sociedad andalusí.

Una sucesión de imágenes introduce el tema de la agricultura y el aprovechamiento del agua, entre ellas los restos de “un qanat andalusí muy cerca del pozo de San Isidro”. Como explica el video, el agua de Madrid ahora viene desde la sierra pero entonces brotaba del subsuelo, en referencia a los Viajes de Agua que los musulmanes trajeron desde Oriente. Sus técnicas hidráulicas y agrícolas mejoraron la agricultura y por tanto la vida cotidiana. El único resto conocido de uno de estos viajes es el localizado en la plaza de los Carros durante las obras de reforma que tuvieron lugar en los años 80 del pasado siglo XX.

Museo Arqueológico Regional

Museo Arqueológico Regional

Plaza de los Carros

Plaza de los Carros

Una de las novedades es una vitrina que recrea los productos agrícolas cultivados en Al-Andalus.

También hay un recuerdo para el “torrente” que bajaba por la calle Segovia que regaba las huertas en sus laderas, y las del arrabal que existía al otro lado del arroyo, en el cerro de las Vistillas.

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Museo Arqueológico Regional

Calle Segovia

Calle Segovia

No cabe duda de que el gran logro de los musulmanes instalados en Mayrit fue el desarrollo de la técnica de los viajes de agua que permitió el progreso de la agricultura que a su vez propició la mejora económica y una vida comercial.

Las abundantes huertas que existieron en el interior del recinto cristiano a partir del siglo XII muy probablemente se originaron en época árabe, en lo que quizá desde la segunda mitad del siglo X fueron los arrabales, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente cuya existencia conocemos gracias a los hallazgos arqueológicos.

Teniendo en cuenta que era un ciudad pequeña, no un gran centro islámico, se puede suponer, como ocurrió en otros lugares, que existían pequeños zocos y tiendecitas junto a los accesos al recinto y en los recodos de las puertas. Aunque existió también el gran zoco, que se cree pudo situarse en lo que luego sería la plaza de San Salvador, a la salida del recinto amurallado por el camino que partía de la Puerta de la Almudena, hoy calle Mayor.

Como vimos durante nuestro paseo por la calle del Codo, la zona en aquella época entre las hoy calles Mayor y Sacramento estaba habitada. Por entonces la plaza de la Villa no existía; los gruesos muros aparecidos en la esquina con la calle Mayor indican que por allí pudo discurrir la hipotética segunda muralla árabe. Acaso ¿allí pudo estar la puerta de salida del segundo recinto islámico?

Mucho después, en el siglo XV, cuando Madrid ya era una ciudad cristiana, la plaza de San Salvador se convirtió en lugar principal, lugar de reunión del Concejo y de mercado, probable herencia del pasado.

El zoco (suq) era el lugar donde se concentraba la intensa vida del mercado agrícola y artesanal. Como nos cuenta la lámina explicativa en el museo, hay documentos que dan noticia de que en Madrid había un mercado organizado con periodicidad situado extramuros. En las ciudades grandes el mercado tenía un lugar definido, pero en las medinas pequeñas, como Talamanca o Madrid, se solía improvisar en las calles, normalmente cerca de los dos centros de la vida social, la mezquita y los baños.

Su funcionamiento estaba regulado por la hisba (normas municipales), y los zabazoques (Sahib as suq) o almotacenes (al-muthtasib) eran los encargados de que se cumplieran, además cobraban las tasas y vigilaban los fraudes y la higiene.

Sí hay constancia de que existió otro gran zoco ubicado en lo que hoy es la plaza de la Paja, destinado al comercio al por mayor, forraje para los animales, etc.

Otros núcleos de población surgieron en las afueras de las Puertas (de la Sagra, de la Almudena) y se fueron extendiendo, pero el hábitat de las Vistillas, en los terrenos de la colina donde luego se levantarían la Capilla del Obispo, la Casa de San Isidro y la iglesia de San Andrés, estaban bastante alejados de la muralla, al otro lado del arroyo de San Pedro. Era el más antiguo y también más importante a juzgar por la cantidad de hallazgos arqueológicos. Algunos autores creen que pudo nacer al mismo tiempo que el primer recinto amurallado, a finales del siglo IX, o incluso antes; otros apuntan que allí vivieron los mozárabes, cristianos que continuaron en la zona durante la ocupación islámica.

Como sabemos, en estos terrenos se hallaron numerosos recuerdos de la vida doméstica a lo largo de los siglos X y XI.

Taza, sg. XI (Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja)

Taza sg. XI (Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja)

Plaza de la Paja

Plaza de la Paja

Lo cierto es que la historia de la Plaza de la Paja y sus alrededores es muy rica y remota. Recordemos que la colina de San Andrés ya estuvo habitada hace alrededor de quince siglos antes de Cristo, en la Edad del Bronce. En sus proximidades se localizaron restos del primer poblado madrileño, no es de extrañar que aquí hayan continuado viviendo nuestros antepasados a lo largo del tiempo, y los árabes establecieran su mercado por donde entraban y salían los animales cargados, en el extremo sur de lo que en aquellos siglos X y XI era la pequeña ciudad de Mayrit.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Museo Arqueológico Regional
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Mazzoli-Guintard, Christine. Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI). Ed. Almudayna. Madrid 2011.

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