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Con motivo del programa municipal Madrid Otra Mirada, dentro del Año Sabatini, hoy hemos tenido ocasión de disfrutar de una visita guiada especial, El Museo Naval en el Palacio de Godoy, recordemos edificio construido por el gran arquitecto, como vimos cuando visitamos los palacios de Godoy aquí.

El Museo Naval ha inaugurado una pequeña exposición sobre su colección cuando el museo se encontraba en el mencionado Palacio de Godoy, que entonces era la sede del Ministerio de Marina.

Inaugurado en 1843, la primera sede del Museo Naval fue el Palacio de los Consejos o de Uceda, en la calle Mayor. Solo un año después, en busca de más espacio, se trasladó a la Casa del Platero, desaparecida, situada aproximadamente donde hoy se encuentra la Catedral de la Almudena. En 1853 se instaló en el Palacio de Godoy o Palacio de los Ministerios.

Un plano de Madrid nos muestra los tres emplazamientos hasta llegar al actual, el Cuartel General de la Armada, donde se encuentra el museo desde 1932.

Plano de Madrid, 1846

Se conoce en parte cómo estaba organizada la colección en aquellos momentos y la museografía, la que imperaba en la época, gracias a la documentación que se conserva, algún reportaje de prensa y sobre todo las valiosas fotografías de Jean Laurent.

Aquí se exponen cuatro de ellas, además de otros documentos y objetos.

Jean Laurent y Cia, c. 1880. Vista de la sala de descubridores y muertos en combates y naufragios.

No hay que perderse al final de la muestra el reportaje publicado en 1928 en la revista La Esfera, Una visita al Museo Naval, poco antes del nuevo y definitivo traslado al Paseo del Prado.

Y después, por supuesto, hay que recorrer el museo, lleno de historia y de joyas artísticas, y buscar elementos expuestos en la colección que estuvo en el Palacio de Godoy, como esta enorme canoa que aparece en las fotos de Laurent y de Cortés, que hoy se encuentra en uno de los patios del espectacular edificio que alberga el Museo Naval, en el Paseo del Prado nº 3, desde 1932.

La pequeña pero muy interesante exposición se puede visitar hasta el día 31 de octubre.

Por: Mercedes Gómez

Hasta el próximo 25 de julio la Calcografía Nacional, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, expone Cristina Iglesias, una trayectoria. Premio Nacional de Arte Gráfico 2019.

La obra gráfica de Cristina Iglesias es tan singular y creativa como su obra escultórica, con la que sin duda está relacionada. La misma experimentación con los materiales, el cobre, el aluminio, la seda… y el mismo resultado, mágico. Sus grabados también invitan a entrar en la obra, con el mismo sentido arquitectónico que sus esculturas.

Sin título (Corredor suspendido), 2008. Aguatinta, punta seca e impresión digital.

No es la primera vez que tenemos ocasión de contemplar sus grabados y serigrafías, en 2015 fue un placer conocer sus Impresiones, en el Museo Casa de la Moneda. Como recordábamos entonces, aquí, ella misma ha dicho que no da mensajes, crea lugares. No se puede explicar mejor.

Serigrafías sobre cobre.

En 2019 el jurado le concedió por unanimidad el Premio Nacional de Arte Gráfico «por su continua y singular tarea de investigación e implicación con los procesos y avances de expresión gráfica, desarrollados en paralelo a su obra escultórica durante su extensa trayectoria artística».

Serigrafías sobre cobre.

La exposición dedicada a Cristina Iglesias en la Calcografía Nacional, además de serigrafías, incluye monotipos en los que el ácido actúa sobre el metal de cobre mordiendo la imagen. Hay que verlos de cerca.

Sin título. Ácido sobre serigrafía en cobre. 2021.

He dedicado varias entradas al arte de Cristina Iglesias , su escultura en Madrid y exposiciones, desde los comienzos del blog, hoy solo queda recomendaros la visita a su muestra actual:

En la Calcografía Nacional
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Alcalá, 13. Madrid

Cristina Iglesias, una trayectoria,

Hasta el 25 de julio de 2021.
Martes a viernes: 10 a 14 y 17 a 20 h
Sábado, domingo y festivos: 10 a 14 h
La entrada es gratuita.

Por: Mercedes Gómez

Los días anteriores al 14 de marzo pasado, día que seguro casi todos recordamos, visité varios museos en busca del Madrid islámico para un trabajo que, como tantas cosas, quedó interrumpido.

En realidad no es un tema nuevo en Arte en Madrid, hemos hablado muchas veces del origen de la Villa y el Madrid andalusí, pero no me gustaría que este resumen quedara guardado en el cajón para siempre, así que he decidido recuperarlo aquí. Os invito a repetir el recorrido que hice esos días, os propongo explorar el Mayrit de los siglos IX al XI con la ayuda de nuestros museos.

 

La primera visita fue al Museo Arqueológico Nacional. Aunque en el MAN no hay ninguna referencia a la medina de Mayrit, las salas dedicadas a Al Andalus y su presencia en la Península Ibérica sí nos dan una magnífica información sobre la vida social, cultural, la ciencia y las artes, y las técnicas y tipología de la cerámica andalusí del siglo X, todo ello aplicable a la actividad desarrollada en el primer recinto islámico mayrití y sus arrabales, como veremos.

Museo Arqueológico Nacional

Después, como es obligado para conocer nuestra historia medieval, visité el Museo municipal de San Isidro o Museo de los Orígenes, en la plaza de San Andrés; y el Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares.

Y, esperemos, en un futuro, algún día… podamos visitar el Museo de Colecciones Reales. Durante su construcción se encontraron vestigios del Madrid más antiguo que completarán sin duda la información sobre nuestros orígenes.

Los museos no solo exponen cosas sino que nos explican, nos ayudan a imaginar, y así comprender: cómo vivían los primeros madrileños, dónde, cómo eran sus casas, en qué trabajaban, lo que comían, cómo cocinaban, el paisaje que les rodeaba… en definitiva, cómo eran Mayrit y los mayritíes.

Almacén visitable (Museo de San Isidro)

Los útiles domésticos nos proporcionan mucha información. La cerámica es un indicador cronológico, social y cultural, y su análisis nos ayuda a conocer mejor una época.

Botella o redoma. Cerámica a torno (sg. IX, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

Las ollas, jarros, candiles, etc. eran de una cerámica tan buena que, como sabemos, se hizo famosa. Recordemos que existe una descripción anónima de Al-Andalus en el siglo XI (luego repetida por cronistas posteriores) que dice algo así como:

«Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano».

Esto es muy importante porque entre otras cosas, además de contarnos cómo era la vida entonces, demuestra que existía una actividad artesanal, creativa. Es cerámica realizada a torno, con decoraciones pintadas y algunas vidriadas; los musulmanes trajeron a nuestras tierras nuevas técnicas cerámicas como el vidriado, los esmaltes y la cuerda seca.

Ataifor. Cerámica a torno, decoración vidriada (sg. X-XI, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

Todos estos objetos, que vemos en nuestros museos, nos permiten conocer la existencia de una vida cotidiana en la medina y saber cómo sería la vida en las viviendas que seguro aquí existieron, organizadas en muchos casos probablemente alrededor de un patio y un pozo. En el Museo de San Isidro hay una maqueta de una casa islámica que nos ayuda a comprender cómo podían ser.

Además de útiles domésticos hay otros objetos muy interesantes que revelan una vida cultural y un progreso científico; piezas de ajedrez, objetos de prestigio personal, como anillos, de tocador, para la enseñanza de la escritura, útiles quirúrgicos…

Instrumentos quirúrgicos, sg. IX-XI, Cuesta de la Vega. Museo de San Isidro.

Estos materiales nos revelan que había dos grandes grupos sociales en la que podemos llamar población civil, al margen de la militar: los notables o sabios, médicos, maestros de la escritura… El astrónomo y matemático Maslama al-Maryrití, el madrileño, no fue el único científico importante nacido en el siglo X en Madrid, aunque sí el más famoso.

Y los trabajadores: comerciantes, artesanos, sobre todo los alfareros, los fabricantes de hilo, los agricultores y ganaderos

Pesas de hilar o torteras (siglos IX-XI, Cuesta de la Vega). Museo de San Isidro.

La arqueología también nos habla de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, los arcaduces (de los cuales se han hallado bastantes ejemplos en Madrid) que demuestran la existencia de norias movidas por animales, que recogían el agua de los pozos, agua que se guardaba en tinajas o cántaros, y la población la consumía en las jarras de la buena cerámica mayrití.

Arcaduz de una noria, sg. X-XI hallado en la Casa de San Isidro, hoy en el MAR.

El agua era muy necesaria, no solo en el plano doméstico, también para la actividad agrícola y ganadera.

Unas vitrina y paneles en el Museo Arqueológico Regional muestran la gran importancia que tenía la agricultura. La cebada y el trigo eran los cereales principales, también cultivaban legumbres. En la plaza de Oriente se encontraron semillas de muchas especies, de vid, melón, zarzamora…

Museo Arqueológico Regional

En el Museo de San Isidro podemos visitar un verdadero, delicioso Jardín arqueobotánico, con especies propias de los huertos del Madrid islámico. Un madroño, un manzano, olivo, etc.

La ganadería se basaba sobre todo en la explotación de ovejas y cabras, vacas, caballos… no solo para obtener alimentos sino productos secundarios como la leche o el cuero. Los mayrities también cazaban.

Además, no hay que olvidar el uso higiénico del agua; existían baños públicos, que solían estar situados cerca de la mezquita. Junto con el mercado o zoco, eran los lugares de encuentro, los tres centros de la vida social.

Una gran parte de materiales que vemos proceden de las excavaciones de la Cuesta de la Vega y la plaza de Oriente, zonas pertenecientes o próximas al primer recinto; aunque también se han producido hallazgos en otros lugares extramuros, en el exterior del primer recinto árabe, en los llamados arrabales.

El arrabal más antiguo era el situado en torno a la colina de las Vistillas. En las plazas de los Carros y de San Andrés se hallaron ollitas y cazuelas y diversos objetos utilizados en las casas y en las cocinas de los vecinos que habitaban este barrio hacia el siglo X.

Olla (plaza de la Morería, sg. X-XI), MAR.

La cocina era muy sencilla, basada en las legumbres y cereales que cultivaban, y la harina, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne. Todos estos alimentos se cocían (en una ollita como esta que vemos sobre el hornillo) y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Olla (sg. X) sobre hornillo o anafre (IX-XI, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

En la Casa de San Isidro –durante la construcción del Museo–, se hallaron importantes elementos, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota; se cree pudo ser un juguete, o un pebetero. Otro, una pieza de ajedrez.

Modelo de puerta de recinto fortificado (sg. X) y torre de ajedrez (X-XI), Casa de San Isidro. MAR.

Ambos objetos pertenecen al MAR; en el Museo de San Isidro, en cuyos terrenos fue hallada, se expone una réplica de la puerta.

El arrabal más próximo al primer recinto ocupaba la actual plaza de Santiago, calles de Espejo, Escalinata… En las proximidades de la plaza de Ramales se hallaron restos islámicos de los siglos IX-XI.

Cazuela (calle Noblejas, siglo X-XI). MAR.

Entre los siglos X-XII la población musulmana también habitó zonas de la calle Mayor y del Sacramento, terrenos surcados por callejuelas que hoy conforman uno de los rincones madrileños que mejor conservan el trazado medieval. Las callejas, los solares, las construcciones… se debieron ir adaptando a la forma de los entonces seguramente tortuosos caminos de tierra, como vimos en algunas entradas anteriores; la Plazuela de San Javier, la calle del Conde, la calle del Rollo…

En primer término, gran contenedor (siglo XI, calle del Rollo, 7). MAR.

Bajo la llamada plaza del Rollo (árida plaza sobre el aparcamiento de la calle Sacramento) y alrededores se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación en la zona:

Se hallaron cerámicas y restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI que, no se si se han expuesto alguna vez, pero creo que es un dato muy importante.

La población continuaba creciendo y surgió el arrabal de la Cava Baja, en las actuales calles del Almendro, Nuncio, hasta Puerta Cerrada. Durante la excavación en la calle del Nuncio 13 diferentes fases de la intervención proporcionaron información de diversas épocas, se constató que la ocupación más antigua correspondió a los siglos X-XII, es decir, la época medieval islámica, como en otros solares próximos.

Todas estas piezas que podemos ver en nuestros museos, tan interesantes y bonitas, que pertenecieron a nuestros antepasados hace más de diez siglos nos hacen pensar que hay mucha vida y mucha historia tras su apariencia modesta, y que al fin y al cabo son una pequeña parte de la historia que guardan y una mínima parte de lo hallado:

Objetos para preparación de alimentos (sg. X y XI, Calle Mancebos 3, plaza de la Morería, Cava Baja 30 y plaza de Oriente). MAR.

Para terminar mencionaremos el futuro Museo de Colecciones Reales, que comentaba al principio.

Museo CCRR (Foto: 2011)

El museo se ha construido en los terrenos en los que nació Mayrit, por lo que no es de extrañar que hayan aparecido valiosos restos arqueológicos de varias épocas, incluido un largo lienzo de la primera muralla. Ojalá pronto podamos disfrutar del museo y de los hallazgos.

Museo CCRR (Foto: 2011)

Visitemos nuestros museos, sin duda una de las mejores maneras de conocer nuestra historia.

Por: Mercedes Gómez

 

Hace unos días tuve la suerte de visitar la pequeña, deliciosa exposición Dibujos de Alenza: escenas, costumbres y peligros de Madrid en el Museo Lázaro Galdiano. Un pequeño grupo de miembros del Instituto de Estudios Madrileños, del que tengo el placer de ser colaboradora, fuimos invitados y guiados por su comisario, Juan Antonio Yeves, Jefe de la Biblioteca Lázaro Galdiano. Un regalo.

El objetivo de la exposición es dar a conocer la figura y la obra del artista.

 

Leonardo Alenza

Leonardo Alenza nació en Madrid el 6 de noviembre de 1807. Su madre María Nieto murió cuando el niño aún era pequeño y en 1817 el padre Valentín se volvió a casar con la joven Micaela Bertrandi. Ambos, de situación modesta, le facilitaron los estudios, y él a cambio, vivió siempre con ellos y les ayudó.

En la muestra del Lázaro Galdiano, junto a las vitrinas que guardan las obras, vemos el retrato de El pintor Leonardo Alenza. La magnífica pintura, atribuida al propio artista, está datada hacia 1824. Pertenece a la colección de José Lázaro, aunque habitualmente no está expuesto, al menos hasta ahora.

L. Alenza (¿?) “El pintor Leonardo Alenza” (óleo sobre lienzo, h. 1824)

El retrato representa al pintor cuando tenía unos 17 años. Viste una levita, al estilo romántico, y bajo el brazo lleva una gran carpeta de dibujo; por entonces estudiaba en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde llegó a ser académico de mérito, lamentablemente por poco tiempo.

Una placa municipal en la plaza de San Ildefonso nº 4 indica que allí tuvo su estudio. Fue su domicilio, en el que murió, de tuberculosis, el 30 de junio de 1845, con solo 37 años.

 

Leonardo Alenza en el Museo Lázaro Galdiano

La colección de dibujos de Alenza, adquirida por José Lázaro, consta de más de trescientas piezas de las que se muestran treinta. Formaban parte de la serie que conservaba Micaela Bertrandi, tras la muerte de Leonardo y de su padre, quien ya había vendido muchas obras. Las que quedaban las entregó Micaela a Clemente Villa, cura de la parroquia de San Ildefonso, que también las fue vendiendo. La obra se dispersó. Además de la colección de José Lázaro, adquirida antes de 1913, se conservan obras en otros museos, como el Museo del Romanticismo, el Museo del Prado y la Academia de San Fernando. La Biblioteca Nacional también posee una gran colección de dibujos y grabados.

Alenza fue uno de los seguidores de Goya, quizá, tal como nos cuenta Juan Antonio Yeves, el menos copista, el más creativo de todos, con sus dibujos de gran calidad.

En la primera vitrina contemplamos varios álbumes con sus dibujos, como aquellos, podemos imaginar, que el joven Leonardo guardaría en su carpeta. Dibujos inspirados en los temas de Goya, con extrañas figuras y pesadillas.

L. Alenza. “La pesadilla del avaro”. (Tinta china con pluma y aguada de tinta china y sepia con pincel sobre papel, h. 1838)

Leonardo Alenza trabajó para varias publicaciones ilustradas, como El Semanario Pintoresco Español, de Mesonero Romanos, y Los españoles pintados por sí mismos. En otra vitrina se exponen también algunas estampas conocidas como los caprichos de Alenza, aunque en realidad eran escenas costumbristas.

Finalmente, contemplamos sus dibujos y acuarelas que reflejaron el Madrid que él pudo conocer. Los escenarios que vería cuando iba de caza, como al parecer él mismo decía, a los barrios bajos o a las cercanías del río, pero seguro también los tipos castizos que diariamente se encontraba en la propia plaza de San Ildefonso donde vivía, la Corredera y alrededores. Personajes de las clases más humildes, oficios varios, malhechores, escenas, costumbres y los peligros de Madrid.

Con pocos trazos era capaz de representar las majas, celestinas, charlatanes, aguadores, taberneros… y contar una historia. Con ironía, incluso con humor.

 

El tirador del dos

Son muchos los temas sugerentes que ofrece la muestra, pero vamos a detenernos en un personaje singular que nos ha descubierto el comisario.

Hoy nos puede resultar desconocido, pero en la época en que vivió Alenza, en la primera mitad del siglo XIX era un término utilizado. De hecho, aparece en el Compendio del diccionario nacional de la lengua española, editado en Madrid en 1852:

Tirador del dos: ratero que roba bolsillos y pañuelos.

El tirador del dos era el último en ese mundo de ladrones y timadores, un raterillo, heredero de los bajamaneros –ladrón ratero, según la RAE– de la novela picaresca del siglo de oro.

Como comentaba Rodríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo, de Miguel de Cervantes, era un “ladrón ratero, aprendicillo, vamos al decir, que comienza a deletrear en la cartilla ladronesca”, citando un ejemplo del Guzmán de Alfarache:

“… quien se preciare de ladrón procure serlo con honra, no bajamanero.” O sea, no un simple raterillo, tirador del dos.

Con gran habilidad, solo con dos dedos, los aprendices del robo buscaban en los bolsillos de sus víctimas, como hace este ladronzuelo mientras la mujer, su cómplice, distrae al incauto.

“Mientras le miman le roban” (Foto: @BiblioLazaro)

Volvemos a encontrar a nuestro protagonista en otra acuarela, a la derecha hay un personaje que no parece prestar mucha atención al grupo, entretenido, dedicado a lo suyo.

Alenza. “El zapatero leyendo El Eco del Comercio” (acuarela sobre papel, h. 1839)

Como en todo, había un escalafón. Así lo refleja una noticia de 1866 en La Época:

“Se ha descubierto… una compañía de ladrones perfectamente organizada y dirigida por un hábil capitán, entre los cuales se hallan de todas las especialidades en el género de latrocinio, desde el simple mechero y tirador del dos, hasta paradores y escaladores de casas”.

El tirador del dos, el que Alenza dibujaba, era el ratero más pobre, en ese Madrid castizo y humilde.

Él mismo murió en la penuria, como tantos artistas, después de su penosa enfermedad, tan joven –como otro gran romántico, Gustavo Adolfo Bécquer, unos años después–.

Solo gracias a la generosidad de sus amigos escritores y artistas se celebró un sencillo funeral en la iglesia parroquial de San Ildefonso, frente a su casa, y pudo ser enterrado.

Por: Mercedes Gómez

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La exposición se puede visitar en el:

Museo Lázaro Galdiano
Calle Serrano, 122
Dibujos de Alenza: escenas, costumbres y peligros de Madrid

Hasta el 11 de agosto.
De martes a sábado: de 10 a 16:30 horas. Domingo hasta las 15 h.

Bibliografía:

MARTÍN-MATEO, Albina. “Algunos dibujos costumbristas de Alenza del Museo Lázaro Galdiano”, Revista Villa de Madrid, Madrid, 1976, nº 50-51, pp. 21-25.
OSSORIO y BERNARD, Manuel. Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX. Madrid, 1868.
“Biografía de don Leonardo Alenza”, El Renacimiento, 18 abril 1847.
Real Academia de la Historia
ceres

 

Hace unos días, mientras preparaba una de las últimas entradas de este blog, buscando las huellas de Manuel Godoy en Madrid, fui al Museo de la Real Academia de Bellas Artes para completar el artículo. Pero es tan importante la presencia de Godoy en ese lugar que merecía un capítulo aparte. Godoy, nombrado por el rey Carlos IV, fue protector de la Real Academia.

Es conocido que el ministro consiguió reunir una gran colección de arte, entre cuyas pinturas más famosas se encontraban la Venus del espejo de Velázquez y las dos Majas de Goya. En 1808 cuando tuvo que huir de España, su colección fue confiscada. Actualmente se reparte entre la Galería Nacional de Londres –allí se encuentra la Venus del espejo–, el Museo del Prado y la Academia. La Real Academia recibió parte de la colección en 1815, entre otras obras las Majas de Goya, hasta 1901 en que fueron trasladadas al Museo del Prado.

Entre todas esas valiosas obras que habían pertenecido a Manuel Godoy se encuentran varios retratos del propio Príncipe de la Paz.

Manuel Godoy, joven Guardia de Corps fue retratado en 1788, cuando tenía 21 años, por Francisco Folch de Cardona. Se cree que pudo ser un encargo del propio Godoy o de los reyes.

Fco. Folch de Cardona, “Manuel Godoy, joven guardia de Corps”, h. 1787.

Pocos años después, en 1794, el encargo fue para el escultor Juan Adán, que realizó un busto en mármol ensalzando el poder de Godoy al representarlo como si fuera un emperador romano.

Juan Adán, “Retrato de Manuel Godoy”, 1794.

Frente a este busto se encuentra una curiosa Alegoría de la Paz de Basilea, que Juan Clemente Brinardelli pintó en 1795, exaltando la figura de Godoy, tras la firma de la paz entre España y Francia ese año.

Godoy como general o Manuel Godoy, príncipe de la Paz fue pintado en 1801 por Francisco de Goya por encargo una vez más del propio Godoy que por entonces ya era todopoderoso.

El Príncipe de la Paz fue representado con su uniforme de capitán general, la cruz de Santiago, la orden de Cristo de Portugal y la banda de Carlos III.

Francisco de Goya, “Manuel Godoy, príncipe de la Paz”, 1801.

Es uno de los cuadros que ingresó en la Academia en 1816, procedente de la colección incautada en 1808, junto con todas las obras que se incorporaron a la institución por orden del rey, tal como se recoge en acta académica: «… mandando S. M. se entreguen a la Academia todas las pinturas existentes en el Palacio de Buenavista, y fueron de don Manuel Godoy…».

Se conserva otro Manuel Godoy, Príncipe de la Paz obra de Antonio Carnicero.

Antonio Carnicero, “Godoy, príncipe de la Paz”, h. 1801-1803.

Agustín Esteve y Marqués en 1807 pintó Godoy como restaurador de la instrucción pública. Procedente de la Colección de Godoy, ingresó en la Academia en 1816. El cuadro ha sido restaurado en 2013. Es una de las copias que hizo Esteve del original de Goya, perdido. La pintura se encontraba en muy mal estado.

La otra, que no es exactamente igual, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

En la obra, Godoy sostiene en su mano izquierda el tratado de Educación pública del pedagogo suizo Heinrich Pestalozzi.

Hacia 1816, estando ya en el exilio en Roma con los reyes, José Madrazo también lo retrató, de forma idealizada pues parece más joven a pesar de los casi 50 años que tenía por entonces.

José Madrazo, “Retrato de Manuel Godoy”, h.1816.

En el museo también se expone un gran Árbol genealógico de Manuel Godoy, de Cayetano Rodríguez (1804), encargado seguramente por él mismo, en el que no todos los datos son ciertos al parecer.

Cayetano Rodríguez, “Árbol genealógico de Godoy”, 1804. (óleo sobre lienzo, 327 x 233 cm.)

Cayetano Rodríguez, “Árbol genealógico de Godoy”, 1804 (detalle).

Es muy interesante el recorrido por la vida y obra de Godoy en la Real Academia, puede ser una excusa para acercarse a este museo. Pero son muchos los alicientes que ofrece la visita, obras de primer orden en un edificio singular.

El Museo de la Real Academia es sin duda uno de los mejores museos de Madrid, tengo la impresión que poco valorado en general. Su contenido es extraordinario, la web cada día más rica y útil, y su personal muy amable además de conocedor de la colección; me ayudaron mucho en este recorrido.

Hay que visitar el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los miércoles la entrada es gratuita.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ROSE-DE VIEJO, Isadora. Manuel Godoy: Patrón de las artes y coleccionista. Tesis doctoral, Madrid 2015.

Guía del Museo

Hoy se ha presentado la II Semana del Dibujo y la Estampa, la Madrid Paper Week, que se celebrará del próximo día 6 al 12 de mayo con diversas actividades en torno a las obras de arte en papel.

La presentación ha tenido lugar en el Museo de Arte Contemporáneo, en el Centro Cultural Conde Duque, a cargo de representantes de la organización, el Museo, el Ayuntamiento de Madrid y Calcografía Nacional.

El Museo de Arte Contemporáneo de Madrid es uno de los museos que participa en esta 3ª edición de Gabinetes Abiertos, que podremos disfrutar del 6 al 10 de mayo, dentro de esta Semana del Dibujo y la Estampa.

Se mostrarán al público algunas de las obras que normalmente guarda su almacén, que hoy hemos podido contemplar guiados por el director de Colecciones del Museo, Roberto García.

Obras de Manuel Bellver, en el Almacén del MAC

En el Gabinete se podrán admirar varias obras seleccionadas como homenaje al Bicentenario del Prado, igual que harán todas las instituciones participantes, además de mostrar piezas de sus propias colecciones.

En el MAC se podrán ver piezas de Guillermo Pérez Villalta, que a su vez rinde homenaje a Velázquez en sus aguafuertes, como su “Fragua de Vulcano”; y de Manuel Rivera, inspirado por Goya.

M.Rivera (1991)

El Museo de Arte Contemporáneo es solo una de las instituciones que abren las puertas de sus Gabinetes para mostrar dibujos y estampas de los grandes maestros del arte, desde el siglo XV al XXI.

Son lugares normalmente cerrados al público, zonas de seguridad para conservar las obras más delicadas y vulnerables. Ahora tenemos la oportunidad de conocer algunos de ellos:

El Museo del Prado, la Biblioteca Nacional, Biblioteca del Museo Lázaro Galdiano, Calcografía Nacional, Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, Museo de Historia de Madrid, Museo de Ciencias Naturales, Imprenta Municipal, Museo de América, etc.

L.A. Asselineau. Vista de la entrada al Real Museo,1827-1836. Litografía. Museo del Prado.

Todos los museos e instituciones que participan y las instrucciones para la inscripción, hasta completar aforo, se pueden consultar en su web: Gabinetes Abiertos

Además, el día 8 de mayo se hará entrega del I Gran Premio Ceán Bermúdez de las Artes, en el Museo de Bellas Artes de San Fernando, en reconocimiento a la labor de varios artistas en el mundo del dibujo, la estampa, el libro ilustrado y el libro de artista.

Todo ello está organizado por GABINETE Art Fair, feria del dibujo, de la estampa y de las bellas artes, que este año tendrá lugar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del 8 al 12 de mayo. Una feria que pretende facilitar el acceso al coleccionismo de arte.

Toda la información en su web: MadridPaperWeek

Por: Mercedes Gómez

Se ha inaugurado en el Museo de Historia de Madrid la exposición Madrid, ciudad educadora. Memoria de la Escuela pública, un recorrido histórico y afectivo por la Escuela Pública desde fin del siglo XIX hasta 1938.

Su objetivo es “recuperar la memoria y descubrir la historia de los numerosos centros escolares públicos que abrieron sus puertas en Madrid durante el primer tercio del siglo XX”.

Estas escuelas formaron parte de un intento de renovación pedagógica que durante los años 1931-36 se trató de impulsar. Ya hablamos hace tiempo sobre este tema en el artículo dedicado a las Escuelas de la República.

La historia de estas escuelas forma parte de la propia historia de Madrid y, como leemos en el folleto, historia de la que los ciudadanos deberíamos ser conscientes y sentirnos orgullosos.

Folleto “Madrid ciudad educadora (1898-1938)”

La exposición muestra mediante documentos, videos, materiales didácticos y objetos preciosos, conservados por los propios colegios, testigos de aquella enseñanza, las prácticas escolares que desarrollaban los maestros, la historia de algunos de ellos, y la vida cotidiana.

Se puede visitar hasta el 1 de septiembre:

Museo de Historia
Calle Fuencarral 78
De martes a domingos de 10 a 20 horas.
Gratuito.

Hay visitas guiadas para niños a partir de 9 años acompañados de un adulto.
Información y reservas en el tel.: 91 701 18 63 y en la web del museo.

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La última parte de la muestra, instalada en el patio de acogida del museo, no es tan bonita, es dura, pero igualmente necesaria: La Escuela Pública en un Madrid en guerra (1936-1938).

Esta parte está formada por paneles con fotografías y reportajes de los diarios publicados aquellos días, procedentes de la Hemeroteca Municipal.

Otro de los paneles exhibe dibujos de los niños, que “siguieron dibujando su realidad cotidiana”.

Por supuesto la guerra también afectó a las escuelas, las bombas no las respetaron, pero vemos cómo algunas siguieron trabajando. Entre julio y agosto de 1936 se organizaron 27 guarderías o Residencias Infantiles en algunos de los grupos escolares existentes. Leemos artículos, como el de Elena Fortún en la revista Crónica, “Los niños durante la guerra. Cómo se trabaja en los Grupos Escolares de Madrid”, etc.

La guerra y los bombardeos destrozaron las calles y las casas en muchos barrios, y afectaron a todos los madrileños que permanecieron en la ciudad, sobre todo a las personas más mayores, a las mujeres y a los niños.

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A propósito de este tema recomiendo también el extraordinario trabajo de los arquitectos Enrique Bordes y Luis de Sobrón, el Plano del Madrid bombardeado:

80 Años después del final del horror de la guerra, este plano propone una visualización del urbicidio de Madrid, consecuencia de los bombardeos masivos, aéreos y artilleros, sufridos por la ciudad durante la Guerra Civil de 1936-1939… Sirva también este trabajo de homenaje a todos los habitantes de Madrid que vivieron y sufrieron la destrucción de su ciudad”.

Sus autores están trabajando en una web en la que de momento se puede descargar el plano, aquí: Madrid bombardeado

 

Por : Mercedes Gómez

 

ACTUALIZACIÓN 24 agosto: la exposición se ha prorrogado, y se podrá visitar hasta el 6 de octubre.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace unos días tuve el placer de recibir una invitación especial, la visita al Museo de Historia de Madrid para participar en el Encuentro “Madrid, historia y futuro”. Todos los asistentes, blogueros y administradores de redes sociales, fuimos recibidos con gran hospitalidad. Fue una tarde bonita e interesante.

Museo Municipal, calle Fuencarral 78.

En primer lugar, en la Sala de maquetas, la Directora nos dio la bienvenida y nos explicó el motivo del encuentro. Tan sencillo y tan agradable como simplemente conocernos y ver en qué podemos ayudarnos mutuamente pues tenemos un objetivo común: difundir la historia de nuestra ciudad.

El museo, por si fuera poco el maravilloso contenido que ofrece en sus salas, a disposición de todos, nos puede ayudar en nuestras tareas a la hora de elaborar artículos o emprender trabajos de investigación. Facilitarnos el acceso a imágenes o fotografías antiguas, bibliografía, etc.

Después de la directora intervino uno de los responsables de la extraordinaria e impagable web Memoria de Madrid. Otros miembros del personal del museo nos contaron sus actividades, proyectos, etc. Damos las gracias a todos.

En la breve charla y posterior participación de algunos asistentes se planteó un tema importante: debemos citar siempre la fuente del material que utilicemos. Quién es el autor de una fotografía, a quién pertenece, si procede del archivo del museo o de la web municipal, o de cualquier otro archivo, revista o diario, un blog … citemos por favor.

Hay que citar las fuentes, por honestidad y respeto a los propietarios de los contenidos, y, esta es mi opinión personal, por dar credibilidad a nuestras publicaciones sea en el soporte que sea.

Después se cumplió el sueño de todos los enamorados de un museo, nos mostraron sus almacenes, algunas de las estancias normalmente cerradas al público.

Primero, el Gabinete de Estampas y Dibujos que también almacena cuidadosamente fotografías, grabados, etc.

¡Cuántos tesoros, entre finos papeles protectores, se conservan en esos cajones!

Luego visitamos un precioso y sugerente almacén abuhardillado.

Allí se encuentran algunas de las maquetas procedentes del desaparecido Museo de la Ciudad, esculturas, carteles de antiguas fiestas de San Isidro… y unas cajas bien embaladas, gran noticia, que guardan objetos y muebles en espera de su traslado al Museo de la duquesa de Osuna en los Jardines del Capricho, prevista su inauguración para el año que viene.

Según nos cuentan, este espacio está destinado a formar parte del recorrido expositivo. En un futuro próximo albergará piezas correspondientes al siglo XX, época que, como ya se publicó en la prensa hace unos meses, pasará a formar parte de la Colección permanente.

En otra sala unas vitrinas guardan diversos objetos, esculturas y porcelanas procedentes de la Real Fábrica del Buen Retiro. Comprobamos cómo las piezas son ordenadas y catalogadas a la espera de poder ser expuestas en algún momento.

Finalmente en otro almacén algunas pinturas y planos se ordenan en varios peines. Aquí se encuentra también una bella escultura, San Marcos, recientemente restaurada, como el San Joaquín que pudimos admirar hace unos días.

Merece la pena visitar el Museo de Historia de Madrid, y si ya lo conocemos, hay que volver, siempre depara sorpresas y nos enseña cosas nuevas. La Colección permanente es magnífica, y por supuesto hay que ver el Jardín con la Fuente de la Fama y la Capilla. Por supuesto admirar el edificio con su portada de Pedro de Ribera.

Además el museo municipal es gratuito, un privilegio que debemos aprovechar.

En la Calle Fuencarral nº 78.

Para terminar, os animo a visitar su web, que proporciona mucha información valiosa, y su cuenta de la red social Facebook en la que nos hablan de sus actividades, fondos, adquisiciones y curiosidades.

Por : Mercedes Gómez

Volvemos a la Casa de Joaquín Sorolla, el palacete donde vivió el pintor con su familia, proyectado por el arquitecto Enrique María Repullés y Vargas en 1910, en el actual nº 37 del Paseo del General Martínez Campos, hoy Museo Sorolla.

Estos días podemos visitar la exposición temporal Sorolla. Un jardín para pintar.

La muestra reúne varios alicientes: la vida del propio Sorolla, su casa hoy convertida en uno de los museos más singulares de Madrid, los jardines que él mismo proyectó junto a su arquitecto, todo ello explicado en algunos paneles, fotografías, esculturas, en sus bellas pinturas y por supuesto en la realidad que disfrutamos paseando por los rincones en los que vivió y pintó.

Sorolla realizó muchos dibujos preparatorios de su deseado jardín. Algunos de estos croquis se exponen ahora. Son sencillos, pueden parecer poco importantes tras el cristal de la vitrina o los marcos, pero hay mucha historia tras esos trazos, y son emocionantes sin duda. Muestran los sueños del propio artista.

La exposición se basa en la idea de que a Sorolla lo que más le gustaba era pintar, sobre todo al aire libre, y por eso soñaba con un jardín propio, un lugar donde pintar al sol.

Planta del jardín y de la casa Sorolla (1911)

El Jardín de Sorolla es hoy día un oasis inesperado entre altos edificios y el propio paseo del General Martínez Campos con sus castaños de indias, que no existían cuando la casa fue construida. Cuando Sorolla creó sus jardines con sumo cuidado no imaginó que en un futuro se encontrarían rodeados y cubiertos de sombra, así que ahora los árboles plantados por él mismo y las plantas existentes tienen un problema, la falta de la abundante luz de la que gozaban entonces. Por eso actualmente en estos jardines no hay tantas plantas de flor, que el artista plantó, pues mantenerlas resulta difícil.

El Jardín de Sorolla consta de tres espacios o jardines distintos, además de un Patio andaluz.

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El Primer Jardín y su bonita fuente están inspirados en jardines de los Reales Alcázares de Sevilla que Sorolla conoció y admiró. Fue plantado a finales de 1911; en esos momentos fue cuando la familia se trasladó allí a vivir.

Jardín de Sorolla (el primer jardín), 1919. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla (el primer jardín), h.1919. (Museo Sorolla)

Jardin de Sorolla, 2018.

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El Segundo Jardín, construido el último, está inspirado en los jardines que el artista vio en Granada, en la Alhambra. Plantado entre 1915 y 1916. El pintor realizó muchos dibujos para este proyecto.

Joaquín Sorolla en su jardín, 1917. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla, 1918.

Jardín de Sorolla, 2018

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Entre el segundo y el tercero se situaron algunas esculturas, entre ellas un Fauno y un Sátiro con odre (1911), reproducciones en bronce de las obras del Museo Arqueológico de Nápoles (sg. II a. de C.), que Sorolla pintó en cuadros hoy aquí expuestos junto a las obras.

Anónimo (1932). (Museo Sorolla).

Actualmente las que se encuentran en el jardín son reproducciones a su vez.

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Y el Tercer Jardín, creado a la par que el primero en 1911, está dotado de una pérgola de origen italiano, y una alberca sevillana con dos figuras alegóricas, obra de Francisco Marco Díaz Pintado. Se llama la Fuente de las Confidencias. Fue plantado hacia 1912 o 1913 y rehecho hacia 1917, una vez concluido el segundo jardín.

La fuente de las confidencias en el tercer jardín, 1933. (Museo Sorolla)

Balsa del tercer jardín, 1618.

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Joaquín Sorolla imaginó su Jardín, lo dibujó, plantó las flores y los árboles, fue jardinero además de pintor…

Kurt Hielscher. Joaquín Sorolla en la escalera de acceso a los estudios (1919)

Lo cuidó hasta en los más pequeños detalles.

Es un placer recorrer la exposición, y después detenerse un rato en el jardín que Joaquín Sorolla soñó, creó, vivió y pintó.

 

Por : Mercedes Gómez

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Museo Sorolla. Catálogo.

Museo Sorolla.
Sorolla. Un jardín para pintar.
Pº Gral. Martínez Campos, 37
Hasta 20 enero 2019

La antigua Fábrica de Tabacos vuelve a ser noticia. Hace pocos días se ha publicado que podría acoger una parte de la gran Colección Fontanals-Cisneros de arte latinoamericano contemporáneo.

Actualmente el edificio, en la calle de Embajadores 51-53, está ocupado por el Ministerio de Cultura, el espacio Tabacalera. Promoción del Arte, alrededor del Patio norte, que programa interesantes exposiciones. Y desde 2011, tras la cesión del Estado, por el Centro Social Autogestionado, CSA La Tabacalera, que desarrolla actividades diversas, en la zona sur.

Pero la mayor parte del inmenso edificio está vacío. La antigua Tabacalera es enorme, cerca de treinta mil metros cuadrados de pasillos, salas y abandonadas oficinas casi vacíos que ofrecen grandes posibilidades. Y que guardan la esencia de la arquitectura fabril y muchos recuerdos de su anterior función.

Visitamos por primera vez allá por 2009, en los comienzos de este blog, una pequeña parte, gracias a su apertura con motivo de una exposición, la mencionada zona habilitada por el Ministerio de Cultura.

Patio norte

Entonces contamos un poco su historia:

El edificio, situado entre las calles de Embajadores, Miguel Servet y Provisiones, con fachada a la Glorieta de Embajadores, es el único superviviente de la arquitectura industrial neoclásica del Madrid de Carlos III. Fue construido por Manuel de la Ballina entre los años 1781 y 1792, junto al Casino de la Reina en la salida de la ciudad, frente al Portillo de Embajadores; ampliado por primera vez a finales del siglo XIX, y nuevamente en los comienzos del XX. Su planta rectangular se distribuye en torno a tres patios, el jardín central, que felizmente permanece descubierto y ajardinado, y otros dos laterales, cubiertos.

Plano Coello y Madoz (h. 1849)

En un principio se construyó para albergar la Real Fábrica de Aguardientes, Rosolís y Naypes. Fue en tiempos de José Bonaparte cuando se convirtió en fábrica de cigarros y polvo de tabaco. Desde 1945 fue sede de la Tabacalera Española, hasta su cierre en 2000, en que pasó a pertenecer al Estado.

Los proyectos y conflictos para decidir el uso de este gran edificio se han sucedido desde que se cerrara la fábrica. El Ministerio de Justicia lo quiso para ocupar sus salas con juzgados, el Museo del Prado para ampliar sus dependencias, fue considerado sede perfecta de los Museos de Artes Decorativas y Reproducciones Artísticas, los vecinos reclamaron un uso social… Por fin se decidió emprender su rehabilitación para acoger el futuro Centro Nacional de las Artes Visuales, proyecto que también tuvo dificultades para la adjudicación del concurso. Tras una impugnación volvió a adjudicarse al mismo equipo de arquitectos, Nieto Sobejano. Con la crisis también se abandonó.

En una segunda visita pudimos conocer el precioso Jardín en el patio central. En el nuevo proyecto se habla de que en él se podría instalar una cafetería.

Jardín central

La idea es que una parte, la segunda planta, sea ocupada por la mencionada Colección Ella Fontanals-Cisneros y otra parte por el Museo Reina Sofía, manteniéndose los usos actuales.

En una nueva visita, la última de momento, hace tres años pudimos conocer el edificio mucho mejor. Subimos a la segunda planta, producto de una de las ampliaciones, que constaba de buhardillas en que las cigarreras liaban el tabaco. En 1929 fue convertida en un espacio diáfano, luminoso, que no nos permitieron fotografiar. Sigue vacía y tras necesarias obras de rehabilitación será, si se llega a cumplir el proyecto, la sede de la Colección Fontanals-Cisneros.

En los sótanos abovedados se amontonan objetos, restos de para nosotros extrañas maquinarias…

… testigos del pasado, inesperadas huellas de la vida de las mujeres que allí trabajaron y de sus hijos.

Sótanos que en estos nuevos tiempos han sido pintados con grafitis que se mezclan con los restos de un pasado cargado de Historia y de historias, la memoria de las cigarreras.

En el patio sur varios murales en las paredes las rememoran.

Patio sur

Como decíamos al principio, la mecenas Ella Fontanals-Cisneros donará parte de su importante colección, unas 700 obras, para exponerlas en esta antigua fábrica, creando un centro dedicado al arte latinoamericano que deberá convivir con los demás espacios, conservando el espíritu industrial de este edificio singular.

Por : Mercedes Gómez

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Noticias:

Diario El País 26 feb. 2009; 20 feb , 16 y 17 marzo 2018.

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