Como ya comentamos durante nuestra visita a los Viajes de la Alcubilla, Castellana, Alto Abroñigal y Bajo Abroñigal, a comienzos del siglo XVII, establecida definitivamente la capitalidad en Madrid, la población creció, y también la necesidad de agua, iniciándose la construcción de los Viajes mencionados, propiedad de la Villa. La Corona, con el fin de asegurar el abastecimiento al Alcázar, entre los años 1614 y 1619 construyó el Viaje de Amaniel, siendo por tanto de su propiedad, por lo que sería conocido también como Viaje de Palacio.

Como los demás Viajes, el de Amaniel nacía en el Norte de Madrid, dividiéndose en dos ramales. Uno atravesaba la Dehesa de la Villa, donde hoy día aún podemos contemplar varios “capirotes” que cubren los antiguos pozos de aireación.

Y el otro discurría por la llamada Huerta del Obispo, zona próxima al paseo de Juan XXIII, actualmente Colonia de Villamil. Ambos ramales se unían al final de la Dehesa de la Villa, en la Quinta de los Pinos.

En 2005, durante unas obras en la zona del paseo de Juan XXIII para la creación de un parque, se hallaron restos del antiguo Viaje de Amaniel.

En el interior de la galería se observó una gran acumulación de raíces.

Interior de la galería en 2006:

El pozo de aireación, está cerrado en cascarones (o cucharón). Este es su aspecto desde el interior:

Se pudo comprobar que la entrada del agua al Viaje estaba canalizada:

Los vecinos y asociaciones del barrio pidieron que los restos hallados fueran conservados y expuestos al público de forma que sirvieran para explicar lo que significaron los Viajes de Agua en la Historia de Madrid.

Por fin, dichos restos fueron integrados en el nuevo parque, a la altura del Paseo de Juan XXIII nº 46. Estas fotos, de hace pocos meses, muestran el estado del lugar, ensuciado por las firmas de los llamados grafiteros.

Una de las entradas conserva una puerta de hierro:

Ajena a todo, y sorprendentemente, el agua sigue fluyendo.

Nos gustaría que este parque que guarda los restos de uno de los Antiguos Viajes de Agua madrileños, apenas único testigo de una de las mayores singularidades de nuestra historia, fuera cuidado y dado a conocer como se merece.

A partir de aquí, el Viaje de Amaniel bajaba por la actual calle de Guzmán el Bueno. A la altura de Fernando el Católico se desviaba hasta llegar a la Glorieta de San Bernardo donde se encontraba la Puerta de Fuencarral y el arca principal del Viaje.

Por dicha Puerta entraba en la Villa y, por la calle de San Bernardo, iba hasta las de Quiñones, San Dimas, Norte, Noviciado y Amaniel. Atravesaba la plaza de los Mostenses, la actual Gran Vía, para llegar a la calle de la Bola, San Quintín, Bailén y la Plaza de Oriente, hasta Palacio. Su extensión era de 6 kilómetros.

Texto: Mercedes Gómez

Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño

Fotografías : Pedro Jareño

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Bibliografía:
Mª Teresa Solesio de la Presa. “Los Viajes de Agua madrileños”. En: “Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña.” Ed. Polifemo. Madrid 1992.

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Artículos anteriores:

Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.

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