Entre los escasos ejemplos de arte renacentista que se conservan en Madrid se encuentran los sepulcros de Beatriz Galindo La Latina y su marido Francisco Ramírez El Artillero.

Son dos joyas labradas en alabastro en el siglo XVI, procedentes del antiguo Convento y Hospital de la Latina situado en la calle de Toledo, hasta su derribo en los comienzos del siglo XX. El actual “Convento de La Latina”, en el número 52 de la calle, fue construido posteriormente.

Hospital de la Latina, fin siglo XIX-principios del XX.

Beatriz Galindo, La Latina, fue una mujer singular para su tiempo, muy culta, que dominaba el latín, la gramática y otras disciplinas, y escribió poesía y otros textos, entre otras actividades. Sus dotes y formación la convirtieron en maestra y consejera de la reina Isabel la Católica. En 1495, cuando contaba unos veinte años de edad, se casó con Francisco Ramírez El Artillero, secretario del rey Fernando, y capitán de Artillería.

Solo siete años después don Francisco murió en la batalla de Lanjarón durante la toma de Granada.

Continuando los proyectos iniciados junto a su marido, en los comienzos del siglo XVI la joven viuda fundó los conventos de la Concepción Jerónima -en la calle del mismo nombre-  y el de la Concepción Francisca y el Hospital, en la calle de Toledo.

Los cenotafios o monumentos funerarios, fueron realizados hacia 1531, según los expertos, en un estilo cercano al de Francisco Giralte, el gran escultor, autor entre otras obras del retablo y sepulcros de la Capilla del Obispo. Las figuras yacentes están representadas en actitud orante, sobre los arcones de gran riqueza ornamental, con detalles escultóricos diversos, figuras femeninas, niños, escudos… y una inscripción en cada uno de ellos.

Curiosamente, fueron labrados otros dos sepulcros, idénticos, que fueron instalados en la iglesia del Convento de la Concepción Jerónima. Parece ser que los cuatro sepulcros han estado siempre vacíos.

El cuerpo de don Francisco, que había muerto en Granada, nunca fue hallado.

Doña Beatriz murió en 1535, a la edad de sesenta años, siendo enterrada, según sus propios deseos, en el coro de la iglesia del Convento. Cuando este fue derribado, sus restos fueron trasladados al nuevo, en la calle de Velázquez esquina José Ortega y Gasset, a su vez desaparecido. Desde 2004 se encuentran en la cripta del actual monasterio construido en El Goloso, en la carretera de Colmenar. Allí se hallan también los dos sepulcros procedentes del primitivo cenobio.

¿Qué ocurrió con los dos sepulcros que habían sido colocados en el Hospital?

Cuando en 1903 fue demolido, el Ayuntamiento recuperó y trasladó a un almacén algunos de los elementos más valiosos que se hallaban en su interior, la bella escalera, y los dos sepulcros.

Debidamente restaurados fueron instalados en la Casa de Álvaro Luján, en la Plaza de la Villa, cuando acogía a la Hemeroteca Municipal. Como sabemos, por nuestra visita al edificio, que ahora es la sede de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, allí continúa la maravillosa balaustrada de la escalera gótica, obra del alarife maestro Hazan.

Escalera en la Casa de Álvaro de Luján.

Hacia 1992 los sepulcros fueron trasladados al Museo Municipal, en la calle de Fuencarral, y allí, a la entrada de la Capilla, han estado hasta que hace unos años comenzaron las obras de remodelación del Museo, que como sabemos, continúan.

Hace dos meses la prensa publicó que los sepulcros iban a ser restaurados, ¿volverían al ahora llamado Museo de Historia?. ¿Dónde se encuentran en estos momentos?.

El fin de semana pasado tuve una bonita e inesperada sorpresa.

Hace pocos días el Museo de San Isidro o de los Orígenes, en la plaza de San Andrés, ha reabierto una parte de su Colección Permanente, cerrada hace unos años con el fin de llevar a cabo una remodelación y mejora de las instalaciones.

El paseo a través de las nuevas salas es una delicia, es sábado, hay pocos visitantes, despacito vamos descubriendo las novedades, y nos alegra poder volver a recorrer el querido museo. Teniendo en cuenta que está dedicado a nuestra historia, desde sus orígenes, nos sugiere bastantes temas sobre los que podríamos hablar, así que volveremos otro día.

Hoy solo quiero mostraros mi sorpresa final. Casi ya en la salida, al fondo, dos personas trabajan frente a algún monumento o restos aún medio tapados por unos plásticos…

… ¡parecen los sepulcros de la Latina y del Artillero! Los que hace tiempo estaban en el Museo Municipal…

Pregunto, con una cierta ilusión, y amablemente me responden que sí, que efectivamente lo son.

A partir de ahora esta va a ser la casa de los bellos cenotafios de alabastro con las esculturas yacentes de Beatriz Galindo, La Latina, y de su esposo Francisco Ramírez de Madrid, El Artillero. Pronto podremos contemplarlos en todo su esplendor.

Por Mercedes Gómez

 

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