Cuando hace ya algún tiempo visitamos el antiguo Viaje de Agua de la Fuente Castellana, recordábamos que se comenzó a construir en 1612 y finalizó en 1619.

Según Aznar de Polanco “nacía en un pozo empedrado, tapado con un remate de piedra” que estaba en lo alto de la Casa de Maudes, y de allí partían dos minas cortas, una a la derecha hacia Chamartín, y otra a la izquierda hacia el Camino de Fuencarral. El ramal principal nacía en Chamartín de la Rosa, a 10 metros de profundidad, seguía por el antiguo Camino de Maudes hasta el valle de la Guindalera y los Altos del Hipódromo -donde actualmente se encuentra el Museo de Ciencias Naturales- para dirigirse a la Puerta de Santa Bárbara -hoy glorieta de Alonso Martínez-, lugar en el que estaba situada el arca principal.

A la altura de la actual Glorieta de Bilbao, se unían a él los Viajes de Contreras y de la Alcubilla. Una vez en el interior de la ciudad, las galerías se multiplicaban y la red era muy compleja, se extendía por la calle de Hortaleza, San Mateo, Fernando VI, Fuencarral…

Hace poco más de un mes hablábamos de un nuevo hallazgo arqueológico en la calle de Mejía Lequerica. En un principio se habló de que se trataba de un muro del siglo XVIII o quizá de una estructura hidráulica conectada al Viaje de la Castellana.

Agosto 2011

Hace unos días El País publicó nuevas noticias.

Historiadores y arqueólogos al parecer continúan sin estar de acuerdo respecto a la naturaleza de los restos. Unos, aunque admiten que se trata de una construcción de tipo hidráulico, creen que pertenece a un cuartel construido en el siglo XVIII. Los otros piensan que podría pertenecer a uno de los Viajes de Agua.

Septiembre 2011

Según la Dirección General de Patrimonio Histórico la pieza va a ser desmontada para ser posteriormente musealizada, “no en el mismo lugar, sino en otro cercano”. Afirman que su intención es exhibir una parte del acueducto al aire libre, cerca del lugar de origen, la calle de Mejía Lequerica, “para no alejarlo de su lugar natural y para el disfrute de la ciudadanía.”

Pero parece que los ciudadanos como mucho vamos a disfrutar de un trocito, una séptima parte, y no en su lugar natural. El resto será destruido.

La espléndida arcada será seccionada con hilo de diamante y, después de ser numeradas las piezas que hayan quedado a salvo, se trasladarán a un almacén municipal donde permanecerán hasta su musealización.

La operación ya ha comenzado, la mayor parte ya ha sido demolida con excavadoras, y los arcos conservados -deberían ser tres, según la Comunidad de Madrid-, han comenzado a ser cortados.

Nosotros pensamos que se trata de los vestigios de un tramo perteneciente al Viaje de Agua de la Fuente Castellana, del siglo XVII.

Bajo las calles del barrio se encontraban las numerosas minas o galerías y las arcas de reparto. Eran los terrenos próximos a la Cerca que rodeaba Madrid en tiempos del rey Felipe IV, desde donde los Viajes comenzaban su camino al interior de la Villa y distribuían el agua a los vecinos.

La noticia del País revela también que, además de la ya varias veces aquí mencionada noria hallada en el sótano del Museo Municipal, muy cerca han sido localizadas otras dos, una en la calle de San Mateo con Mejía Lequerica, y otra bajo la calle de Barceló.

El subsuelo madrileño aún esconde muchas sorpresas, como estos posibles restos del Viaje de la Castellana.

Ojalá la solución encontrada por los responsables de nuestro Patrimonio hubiera sido más generosa con sus arcos de ladrillo centenarios y tan perfectos. Y ojalá los hubiéramos podido contemplar de cerca, completos, y no solo una pequeña parte, como nosotros hoy a través de una valla de obra, antes de que desaparezcan del todo para volver, no sabemos cuándo, cómo, ni donde, ni siquiera sabemos si volverán.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

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