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Cuando hace pocas semanas visitamos la antigua Real Fábrica de Tapices comprobamos cómo la técnica del tapiz tradicional sigue viva y, por otra parte, cómo sus diseños se fueron adaptando a las nuevas tendencias artísticas. Vimos tapices según modelos de artistas como Joaquín Vaquero Turcios, Alberto Corazón o Guillermo Pérez Villalta.

Hace pocos días ha sido muy interesante descubrir el arte de Josep Grau-Garriga, conocido como el renovador del tapiz contemporáneo en España, que hasta el día 18 de julio podemos contemplar en la Galería Michel Soskine.

grau garriga catalogos

Josep nació en 1929 en San Cugat del Vallés, Barcelona. En los años 50 destacó como muralista; en 1956 comenzó a trabajar para la antigua Casa Aymat de Sant Cugat dedicada a la producción de alfombras.

La fábrica, que había fundado Tomás Aymat en 1920, inició una nueva etapa en 1955 cuando se hizo cargo de ella el industrial Miquel Samaranch que creó una sección de tapices, para lo cual llevó a San Cugat desde la Real Fábrica de Tapices de Madrid al maestro tapicero Vicente Pascual. Y ofreció a Grau-Garriga la dirección artística de la empresa, que organizó un taller de tapiz experimental. Después de viajar a Francia y conocer a Jean Lurçat, considerado un maestro de la tapicería moderna, su trabajo originó la llamada Escuela Catalana del Tapiz.

Trabajó para artistas como Joan Miró, Antoni Tapies y Josep María Subirachs. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1964 en la Sala Gaspar de Barcelona. Luego, viajes, talleres y exposiciones en diversos lugares han llevado su arte a algunos importantes museos de todo el mundo.

Desde 1989 vivió en Angers, Francia, ciudad en la que murió en 2011.

Estos días podemos admirar su obra en Madrid, en la mencionada y magnífica Galería Michel Soskine, que además ofrece el aliciente de encontrarse en un lugar muy literario. En el primer piso del nº 38 de la calle de Padilla, en el que vivió el poeta Juan Ramón Jiménez con su mujer Zenobia Camprubí desde junio de 1929 hasta agosto de 1936. Fue el último domicilio del matrimonio en Madrid, tras estallar la guerra. Una lápida en la fachada lo recuerda.

juan ramon padilla lapida

Calle Padilla, 38

La casa-palacio fue construida hacia 1925, según proyecto atribuido al arquitecto Bernardo Giner de los Ríos, sobrino de Francisco Giner.

padilla 38

Zenobia y Juan Ramón vivieron al parecer primero en el entresuelo, y luego en el primer piso.

padilla 38 entrada

Traspasamos la lujosa entrada de carruajes para tomar la escalera de mármol adornada con una bella vidriera en el primer rellano, que nos lleva hasta él.

padilla escalera

Este piso Principal que ocupó el poeta hoy está dividido en dos, separados por una pared, según me cuentan en la Galería.

Desde sus balcones a la calle Padilla Juan Ramón podía ver el jardín y el edificio el Sanatorio del Rosario, situado justo enfrente, y recordar su estancia allí, en los comienzos del siglo XX, cuando, según sus propias palabras era muy “joven y muy romántico“.

galeria padilla

La luminosa Galería Michel Soskine hoy acoge la exposición dedicada a este artista, Josep Grau-Garriga, quien “más allá del uso tradicional de la urdimbre y la trama, exploró las posibilidades de la textura y el volumen, logrando un extraordinario efecto escultórico en sus tapices, experimentando con el espacio tridimensional y la monumentalidad.”

grau garriga 2

En lugar de solo pintarlas, tejió sus obras abstractas, siguiendo el arte que desarrollaban sus compañeros de generación, como lo fue Tapies, de manera original y brillante. La muestra se titula Formas tejidas.

obra grau garriga

Los pintores crean el dibujo (históricamente, recordemos los cartones o dibujos para tapices de Goya, Rubens…) y los maestros tapiceros realizan la obra textil.

Su singularidad fue que él, pintor, ejecutaba las obras que él mismo diseñaba para tapiz. Y además de los materiales tradicionales incorporó otros nuevos, a la lana y la seda añadió el cotón, el yute, rafia, el lino y fibras sintéticas.

También experimentó con el color. En algunas obras utilizó los colores puros, en otras se decidió por la gama que le ofrecían, por ejemplo los azules.

grau garriga azules

Merece la pena visitar esta exposición, interesante y bonita, en una galería preciosa, en un edificio y una calle con historia. Hay motivos…

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

Galería Michel Soskine
Calle Padilla, 38
De martes a viernes 10:30 – 14:30 / 16:30 – 20:00
Sábados 10:30 – 14:30

Fernández Berrocal, Rocío. Guía del Madrid de Juan Ramón Jiménez. Comunidad de Madrid, 2007.

En los comienzos del siglo XX la tasa de escolarización madrileña -y española en general- era muy baja, y muy alta la de analfabetismo. En los años 20 se iniciaron una serie de actuaciones encaminadas a solucionar este grave problema. El proyecto más importante nació en 1929 en la Oficina de Información sobre la Ciudad del Ayuntamiento de Madrid, aunque las bases se habían establecido mucho tiempo antes, inspirándose en la Institución Libre de Enseñanza, que dentro de sus principios pedagógicos además del propio contenido educativo incluía la importancia de los edificios, del medio en que se impartía la enseñanza.

El Ayuntamiento contempló la creación de plazas escolares desde un punto de vista global teniendo en cuenta la pedagogía, la arquitectura y la funcionalidad (luz, higiene, etc).

Antonio Flórez Urdapilleta, que había creado los Pabellones de la Residencia de Estudiantes y algunos centros escolares inspirados en la ILE, fue nombrado arquitecto jefe de la Oficina Técnica para Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Bernardo Giner de los Ríos dirigía la Sección de Construcciones Escolares del Ayuntamiento. Ambas oficinas trabajaron conjuntamente dentro de un plan unitario para solucionar la falta de plazas escolares en Madrid.

Giner y Flórez formaron y coordinaron desde 1930 la Junta Mixta del Estado y el Ayuntamiento, y tras el análisis de la situación, elaboraron el Plan de Intervención para los años 1931-1932 en el que se proyectó la construcción de dieciocho centros escolares de nueva planta.

Aceptando todo lo que ya se había proyectado con anterioridad, una vez proclamada la República se aprobó dicho Plan y se pusieron en marcha los primeros proyectos con la intención de llegar a casi todos los barrios madrileños. Los colegios, dieciocho nuevos centros que acogieron a 11.759 niños desescolarizados, fueron inaugurados por el Presidente Niceto Alcalá Zamora en 1933 en tres fases. El 11 de febrero se inauguraron cinco, otros siete el día 14 de abril, y finalmente seis el 15 de septiembre.

Aunque realizados casi a la par, y siempre de acuerdo a los postulados de Flórez, los distintos edificios presentan algunas diferencias arquitectónicas, su estilo va desde un leve Regionalismo hasta un estricto Racionalismo sin apenas recursos decorativos.

Uno de los colegios más próximos a las pautas iniciales de Antonio Flórez, aunque sustituyendo el ladrillo visto de sus primeras edificaciones por revocos, es el Colegio Amador de los Ríos, que conserva su nombre, en el Paseo del Marqués de Zafra, en el barrio de la Fuente del Berro. Fue uno de los inaugurados el 14 de abril de 1933.

Amador de los Rios fachada

Paseo del Marqués de Zafra, 16.

En línea con las demás construcciones del proyecto, sigue el modelo de módulos de tres plantas y un ático. En este caso consta de dos volúmenes comunicados por un pórtico por el que se accede al edificio, con columnas de orden dórico, cristaleras, y una terraza. A sus espaldas, en la calle de Antonio Toledano, se encuentra situado el patio.

M.Zafra columnas patio

Aunque, como decíamos, la tendencia en estas obras fue hacia el Racionalismo más puro, en este edificio aún se observan elementos historicistas, columnas, arcos, etc. Flórez aún incluyó incluso algún detalle del Regionalismo de comienzos de siglo, como los aleros de madera sobre los áticos.

Amador alero

El Grupo Escolar Lope de Rueda, en el nº 48 de la calle del mismo nombre, en el barrio de Retiro, fue uno de los inaugurados en febrero. Su característica especial es que no es exento, sino que está ubicado entre medianerías de otros edificios, y es uno de los más funcionales, de una sencillez absoluta, sin detalles ornamentales, tal vez el más racionalista de todos. Hoy día es el Colegio Público Nuestra Señora de la Almudena.

Lope de Rueda

Calle Lope de Rueda, 48.

Según el Plan de 1933 se construyeron veintiún nuevos centros. El 14 de abril de 1936 se inauguraron cuatro más. Una gran parte de estas Escuelas Públicas construidas entre 1931 y 1936, junto a otras reformadas o ampliadas, continúan en pie y en uso. Algunas de ellas hoy cumplen años.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
Alfredo Liébana. La educación en España en el primer tercio del siglo XX. La situación del analfabetismo y la escolarización. Ministerio de Sanidad, Madrid 2009.

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