El primer jardín botánico madrileño fue el que Felipe II creó en Aranjuez cerca del Palacio Real, allá por el siglo XVI, recién estrenada la capitalidad; y al parecer su hijo Felipe III dispuso de un jardín de plantas medicinales en la Huerta de la Priora, junto al Alcázar. Pero se puede considerar que el primer Real Jardín Botánico fue fundado por Fernando VI en la antigua Huerta de Migas Calientes, junto al río Manzanares, en 1755, trasladado unos años después bajo el reinado de Carlos III al entonces Viejo Prado de Atocha, zona de huertas y olivares en las afueras de Madrid.

El Real Jardín Botánico fue inaugurado en 1781. Transcurridos más de dos siglos, felizmente hoy día podemos seguir disfrutando de uno de los lugares más hermosos de la ciudad, un auténtico tesoro escondido en el centro de Madrid.

Nada más traspasar la entrada, sea cual sea la estación del año en que nos encontremos, percibes que estás en un lugar especial: en otoño con su gama de colores, durante el frío invierno, la esplendorosa primavera, o en verano, cuando el jardín se convierte en un refugio. Sea cual sea nuestro estado de ánimo sus bancos de piedra nos acogen y sus paseos entre maravillosas flores y árboles centenarios invitan a la serenidad. Esos paseos jalonados con treinta sencillos pilones o fontines labrados en granito son los que nos disponemos a recorrer ahora.

El jardín está dividido desde su origen en tres terrazas o planos, diseñados geométricamente al estilo neoclásico, en forma de escalera, con el objetivo de salvar la fuerte pendiente del terreno existente entre el Paseo del Prado y la antigua calle Granada, hoy Alfonso XII.  Aunque recientemente, en 2005, se haya inaugurado una nueva pequeña terraza tras el pabellón de Villanueva, con dos estanques.

Años 50 del siglo XX ( Archivo del Real Jardín Botánico)

En 1942 fue declarado jardín artístico, pero al Botánico le esperaban años de dificultades;  desde 1965 a 1974 vivió un periodo de gran penuria económica, a veces no se podía pagar ni el agua de riego ni encender la calefacción en sus instalaciones. La situación de abandono llegó a ser insostenible, y los fontines, que no habían sido objeto de ninguna reparación desde 1929, se encontraban en un estado lamentable.

En mayo de 1974, a causa de la caída de una gruesa rama de un olmo que sepultó el coche de un profesor de la Universidad, la dirección decidió cerrar el jardín al público. Ya no se volvería a abrir hasta 1981.

Antes de la restauración (Foto J.Armada. y S.Castroviejo)

Entre los años 1974 y 1978 los recursos económicos de la institución aumentaron, emprendiéndose obras importantes. El problema fue que estas obras cambiaron la fisonomía del jardín, desvirtuando su estilo y el trazado original, las críticas fueron tan numerosas que provocaron un replanteamiento de la restauración desde un punto de vista histórico. La realidad era que el trazado neoclásico inicial de las tres terrazas estaba prácticamente desdibujado y oculto, tanto por el descuido de los años pasados como por las obras. Los fontines de la etapa fundacional estaban prácticamente enterrados en el suelo.

A lo largo de 1977 se elaboró un proyecto que en septiembre de 1978 fue aprobado por Bellas Artes y dos meses después comenzaron los trabajos.  En algunos sitios fue necesario remover terrenos entre un metro y un metro veinte centímetros de espesor. Aparecieron escalones, muretes de granito… y las fuentes enterradas.

Este fue el comienzo de la recuperación del antiguo trazado del siglo XVIII, y con él, de sus Fontines, elementos importantes pero discretos, pues se saben accesorios y ceden todo el protagonismo a las plantas, las flores y los árboles que les rodean. Aunque son tan acogedores que invitan a sentarse en el borde a descansar y observar algunos peces que sorprenden y añaden encanto a una de las fuentes.

Los dos primeros Planos, que han recuperado el estilo neoclásico original, están divididos en espacios cuadrados con un fontín en el centro de cada uno de ellos.

Paseo de los Cuadros (primavera 2008)

En el primero, en la zona más baja y próxima al Paseo del Prado, se encuentra la Terraza de los Cuadros, formada por dieciséis espacios, cada uno con su pilón, alrededor de los cuales podemos admirar plantas ornamentales, aromáticas, medicinales, y de todo tipo.

Terraza de las Escuelas (invierno 2012)

El paseo central separa esta terraza de la Terraza de las Escuelas Botánicas, con todo el reino vegetal representado alrededor de otras dos series de fontines, siete en la primera y siete en la segunda.

Cedro del Himalaya, invierno 2012.

La última de la primera serie, es la nueva escuela botánica dedicada a la familia de las Palmeras, convertida hace poco en la escuela nº 13. En ese lugar, antiguo vivero, nunca hubo fontín, hasta la reciente colocación del que se convirtió en el número ocho del paseo y el número treinta del Jardín, construido a imitación de los originales.

Y la tercera, en la parte más alta, la Terraza del Plano de la Flor, con maravillosos árboles y arbustos, fue reformada en la época de Isabel II, abandonando las dos series de cuadros primitivos, para convertirse en un jardín Romántico, con sus paseos curvos alrededor del estanque ovalado con la Fuente de granito en el centro, rematada por un busto de bronce del naturalista Carlos Linneo, y los dos fontines colocados a ambos lados, con pilón de ocho lóbulos y una verja de hierro en el borde, que probablemente sean los originales que aparecen en los planos conservados de la primera época del jardín.

Esta reforma, que tuvo lugar entre 1853 y 1859, fue respetada en la restauración posterior, de forma que actualmente podemos admirar los diferentes estilos que se han sucedido en el jardín, el neoclásico del XVIII y el paisajista del XIX. En la foto a continuación se aprecia cómo el nivel del terreno actual es superior al nivel en el que fueron construidas ambas fuentes, que la reforma respetó enmarcándolas  en un “hueco” de piedra y que permite apreciar el nivel original de la terraza superior:

Uno de los fontines en el Plano de la Flor

Finalmente, el día 2 de diciembre del año 1981 los reyes de España descubrieron una escultura dedicada a Carlos III, monarca impulsor de la creación del Jardín Botánico, durante el acto oficial de la reapertura del histórico recinto, después de siete años de clausura y al cumplirse el bicentenario de su fundación. El jardín quedó abierto al público.

Desde la reapertura, el agua de riego del Jardín Botánico es proporcionada gratuitamente por el Canal de Isabel II.

Los antiguos pilones son circulares con una moldura en el borde superior, aunque no todos son iguales; en el centro los pequeños surtidores están colocados sobre mojones de granito que muestran distintas formas, redondeada, octogonal o cuadrada. Inicialmente su misión fue proporcionar el riego de los espacios que los rodean y que forman los parterres del jardín, aunque también sin duda fueron construidos como adorno encantador.

Durante nuestro paseo, nos acercamos a otro de los fontines y contemplamos cómo las hojas de los árboles que caen en su interior se confunden con las hojas que se reflejan en el agua,  que a su vez se confunde con el cielo azul.

Por Mercedes Gómez

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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)

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Bibliografía

ARMADA, Juan y CASTROVIEJO, Santiago. “El Real Jardín Botánico, Madrid”. Cajamadrid, Madrid 1994. 2ª ed. revisada y ampliada, Madrid 2001.
MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. El Avapiés, Madrid 1994.
El País
24 jun 1979
Convenio CSIC-Canal Isabel II – ver El País 13 marzo 1981.

Entre los escasos ejemplos de arte renacentista que se conservan en Madrid se encuentran los sepulcros de Beatriz Galindo La Latina y su marido Francisco Ramírez El Artillero.

Son dos joyas labradas en mármol en el siglo XVI, procedentes del antiguo Convento y Hospital de la Latina situado en la calle de Toledo, hasta su derribo en los comienzos del siglo XX. El actual “Convento de La Latina”, en el número 52 de la calle, fue construido posteriormente.

Hospital de la Latina, fin siglo XIX-principios del XX.

Beatriz Galindo, La Latina, fue una mujer singular para su tiempo, muy culta, que dominaba el latín, la gramática y otras disciplinas, y escribió poesía y otros textos, entre otras actividades. Sus dotes y formación la convirtieron en maestra y consejera de la reina Isabel la Católica. En 1495, cuando contaba unos veinte años de edad, se casó con Francisco Ramírez El Artillero, secretario del rey Fernando, y capitán de Artillería.

Solo siete años después don Francisco murió en la batalla de Lanjarón durante la toma de Granada.

Continuando los proyectos iniciados junto a su marido, en los comienzos del siglo XVI la joven viuda fundó los conventos de la Concepción Jerónima -en la calle del mismo nombre-  y el de la Concepción Francisca y el Hospital, en la calle de Toledo.

Los cenotafios o monumentos funerarios, fueron realizados hacia 1531, según los expertos, en un estilo cercano al de Francisco Giralte, el gran escultor, autor entre otras obras del retablo y sepulcros de la Capilla del Obispo. Las figuras yacentes están representadas en actitud orante, sobre los arcones de gran riqueza ornamental, con detalles escultóricos diversos, figuras femeninas, niños, escudos… y una inscripción en cada uno de ellos.

Curiosamente, fueron labrados otros dos sepulcros, idénticos, que fueron instalados en la iglesia del Convento de la Concepción Jerónima. Parece ser que los cuatro sepulcros han estado siempre vacíos.

El cuerpo de don Francisco, que había muerto en Granada, nunca fue hallado.

Doña Beatriz murió en 1535, a la edad de sesenta años, siendo enterrada, según sus propios deseos, en el coro de la iglesia del Convento. Cuando este fue derribado, sus restos fueron trasladados al nuevo, en la calle de Velázquez esquina José Ortega y Gasset, a su vez desaparecido. Desde 2004 se encuentran en la cripta del actual monasterio construido en El Goloso, en la carretera de Colmenar. Allí se hallan también los dos sepulcros procedentes del primitivo cenobio.

¿Qué ocurrió con los dos sepulcros que habían sido colocados en el Hospital?

Cuando en 1903 fue demolido, el Ayuntamiento recuperó y trasladó a un almacén algunos de los elementos más valiosos que se hallaban en su interior, la bella escalera, y los dos sepulcros.

Debidamente restaurados fueron instalados en la Casa de Álvaro Luján, en la Plaza de la Villa, cuando acogía a la Hemeroteca Municipal. Como sabemos, por nuestra visita al edificio, que ahora es la sede de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, allí continúa la maravillosa balaustrada de la escalera gótica, obra del alarife maestro Hazan.

Escalera en la Casa de Álvaro de Luján.

Hacia 1992 los sepulcros fueron trasladados al Museo Municipal, en la calle de Fuencarral, y allí, a la entrada de la Capilla, han estado hasta que hace unos años comenzaron las obras de remodelación del Museo, que como sabemos, continúan.

Hace dos meses la prensa publicó que los sepulcros iban a ser restaurados, ¿volverían al ahora llamado Museo de Historia?. ¿Dónde se encuentran en estos momentos?.

El fin de semana pasado tuve una bonita e inesperada sorpresa.

Hace pocos días el Museo de San Isidro o de los Orígenes, en la plaza de San Andrés, ha reabierto una parte de su Colección Permanente, cerrada hace unos años con el fin de llevar a cabo una remodelación y mejora de las instalaciones.

El paseo a través de las nuevas salas es una delicia, es sábado, hay pocos visitantes, despacito vamos descubriendo las novedades, y nos alegra poder volver a recorrer el querido museo. Teniendo en cuenta que está dedicado a nuestra historia, desde sus orígenes, nos sugiere bastantes temas sobre los que podríamos hablar, así que volveremos otro día.

Hoy solo quiero mostraros mi sorpresa final. Casi ya en la salida, al fondo, dos personas trabajan frente a algún monumento o restos aún medio tapados por unos plásticos…

… ¡parecen los sepulcros de la Latina y del Artillero! Los que hace tiempo estaban en el Museo Municipal…

Pregunto, con una cierta ilusión, y amablemente me responden que sí, que efectivamente lo son.

A partir de ahora esta va a ser la casa de los bellos cenotafios de mármol con las esculturas yacentes de Beatriz Galindo, La Latina, y de su esposo Francisco Ramírez de Madrid, El Artillero. Pronto podremos contemplarlos en todo su esplendor.

Por Mercedes Gómez

 

Queridos amigos:

¡Cumplimos tres años!. Una vez más me decido a escribir unas líneas para celebrarlo y agradecer vuestra compañía durante estos últimos doce meses. En cierto modo, cada año ha sido distinto, pero cuando llega este día 16 de enero solo se me ocurre decir : gracias.

En este largo y bonito camino, hemos visitado edificios, jardines, iglesias, museos…  hemos conocido escultores, arquitectos, pintores, algún poeta… Hemos contemplado, ¡por fin! -aunque con una cierta desilusión-, parte de los restos de la Fuente de los Caños del Peral, hemos asistido a la apertura al público del Palacio de Cibeles… hemos descubierto muros de pedernal en el subsuelo, y mágicos pasadizos, hemos dedicado tiempo a charlar sobre el origen de Madrid… y muchos de nosotros, con nuestros comentarios, hemos intentado darle a nuestra ciudad ese cariño que, como a veces decimos, tanto necesita.

Igual que el pasado año, en la madrugada de Año Nuevo recibí un correo de wordpress, salpicado de fuegos artificiales, con el informe de la actividad anual, una ilusión de colores cerca de las 5 de la mañana ;-) Además de números (visitas, comentarios y ese tipo de cosas) hablaban de personas, los posibles lectores, y eso fue lo más emocionante. De la mayoría no conozco vuestro nombre, algunos sois visitantes ocasionales. Otros habéis decidido quedaros y convertiros en amigos, desconocidos y silenciosos. Todos sois muy bienvenidos por supuesto, aunque es una alegría comprobar día a día que algunos sois muy fieles, que estáis ahí para lo que se tercie :-) , que no dudáis en participar y animar esta tertulia con vuestra conversación y ocurrencias.

En fin, me vais a permitir que le dedique un agradecimiento especial a Pedro Jareño, compañero de fatigas. Llevamos ya mucho tiempo trabajando juntos, desde mayo de 2010, y hemos escrito entre los dos muchos artículos, algunos de ellos para mí inolvidables, así que, para lo bueno y para lo malo, este blog es también suyo. Por experiencia se que trabajar en equipo es una de las cosas más difíciles que existen, pero con él resulta facilísimo. ¡Gracias Pedro!, contigo aprendo mucho y, lo que es mejor, siempre me divierto.

Muchas gracias a todos,

saludos y besos

Mercedes

En las primeras décadas del siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V se produjeron grandes cambios en la sociedad española y en la vida cultural. Entre otras instituciones, se crearon las Reales Academias y se fundó la Real Biblioteca Pública, origen de la actual Biblioteca Nacional, que acaba de cumplir trescientos años.

El día 29 de diciembre de 1711 el monarca aprobó el proyecto, y el 1 de marzo de 1712 nació la Real Biblioteca que se puso a disposición de todos. Su primera sede fue el Pasadizo que unía el Alcázar con el Monasterio de la Encarnación -uno de los varios pasadizos elevados que se construyeron en el siglo XVII uniendo las plantas superiores de dos edificios-.

Planos, alzados y cortes de la Real Biblioteca sita en la calle del Tesoro de Madrid (BNE)

Con la llegada de José Bonaparte al trono en 1808 y las obras de remodelación de la plaza de Oriente, el Pasadizo desapareció y la Biblioteca fue instalada en el Convento de la Trinidad Calzada en la calle de Atocha. Tras la vuelta de Fernando VII, en 1819 fue trasladada nuevamente, al Palacio del Consejo del Almirantazgo, en la plaza de la Marina Española (antes Palacio de Godoy). En 1826 su destino fue una casa que había pertenecido al Marqués de Alcañices, en la calle de Arrieta, sobre parte del solar donde luego se levantaría la Academia de Medicina.

En 1836 pasó al Estado y adoptó el nombre de Biblioteca Nacional.

Treinta años después la Reina Isabel II colocó la primera piedra del edificio que hoy alberga la Biblioteca y el Museo Arqueológico, en el Paseo de Recoletos, el Palacio de Museos, Archivo y Biblioteca Nacionales, proyectado por el arquitecto Francisco Jareño en estilo neoclásico.

La Biblioteca Nacional en 1892 (BNE)

Finalizado, con algunas modificaciones, por Antonio Ruiz de Salces en 1892, la Biblioteca fue inaugurada el 16 de marzo de 1896.

El magnífico edificio es Monumento Nacional desde el año 1983. Destaca la fachada adornada con seis esculturas y once medallones que representan a los grandes autores de la literatura española, y el bello frontón, esculpido en mármol por Agustín Querol, que simbólicamente, dicen, nos transmite la sabiduría si nos decidimos a subir por la escalinata y entrar en la Biblioteca.

En el vestíbulo, a los pies de una monumental escalera, se encuentra la estatua dedicada a Marcelino Menéndez Pelayo, director de la Biblioteca de 1898 a 1912, obra del escultor Lorenzo Coullaut Valera.

Una vez al año al menos la Biblioteca nos abre sus puertas. Da gusto recorrer sus lujosas salas rodeadas de barandillas de hierro forjado, muebles de finas maderas, contemplar las vidrieras de sus techos… todo es precioso, pero uno de los momentos más emocionantes sucede cuando llegas a conocer sus sencillos depósitos con pasillos repletos de libros esperando ser leídos y, éstos de verdad, transmitirnos la sabiduría que encierran muchas de sus páginas.

Libros… y revistas, periódicos, grabados, planos, mapas, fotografías, vídeos… los fondos de la Biblioteca Nacional son riquísimos y abarcan todos los medios de información posibles.

Además, esta institución admirable incluye el Museo de la Biblioteca Nacional, antiguo Museo del Libro, y dos salas de exposiciones temporales.

Actualmente, una espectacular exposición celebra el aniversario mostrando algunos de sus preciados tesoros. Desde los primeros manuscritos y objetos de la Biblioteca Real hasta la actualidad. Su título: La Biblioteca Nacional, trescientos años haciendo historia.

Comienza la muestra con lienzos del pintor madrileño más importante de la época, Miguel Jacinto Meléndez, que representan al rey Felipe V y la reina Isabel de Farnesio, su segunda esposa.

A continuación, obras de artistas de todos los tiempos y estilos: Velázquez, Rembrandt, Fortuny, Picasso…

De los escasos dibujos atribuidos al gran Diego Velázquez, la Biblioteca Nacional de España conserva cuatro y en esta ocasión, un poco escondidos en una esquinita, expone dos de ellos, dos pequeñas obras maestras realizadas con lápiz de carbón.

Diego Velázquez. "Cabeza de niña" (h. 1620). (BNE)

Podemos admirar códices medievales, documentos de valor incalculable, ejemplares pertenecientes a la antigua biblioteca de la Torre Alta del Alcázar de los Austrias -que gracias a su traslado a la Biblioteca Real se salvó del incendio que destruyó el palacio real en 1734-, la biblioteca del propio Felipe V, la primera edición del Quijote en los comienzos del siglo XVII…  archivos personales y documentos originales de escritores, Lope de Vega, Ramón Gómez de la Serna, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, etc.

Maravillosos mapas y planos, uno de ellos es el primero que se conoce de Madrid, en su edición más antigua, que muestra la Villa y Corte de finales del reinado de Felipe III y comienzos de Felipe IV.

Asistimos al nacimiento de las técnicas al servicio de la Cultura, por ejemplo la fotozincografía o transferencia de fotografía a planchas de zinc, que por fin hizo posible la reproducción mecánica.

Sorprende la belleza de los primeros aparatos que permitieron guardar y escuchar los documentos sonoros, como el fonógrafo o el gramófono. Una de las joyas de esta biblioteca, muy emotiva, es el archivo de la palabra, que guarda las voces de los protagonistas de nuestra Historia. Leer es enriquecedor, pero quizá escuchar lo es mucho más.

Por supuesto, están presentes las modernas tecnologías, la web de la Biblioteca Nacional, que ofrece una informacion inmensa, los medios sociales, twitter, flickr, una completa y bonita aplicación para los teléfonos que se puede descargar de forma gratuita…

Ideas, palabras, dibujos, fotografías, sonidos, toda la creatividad a nuestro alcance, desde hace tres siglos.

Por Mercedes Gómez

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A un paso de Puerta Cerrada, en la calle de Concepción Jerónima nº 15, en pleno centro histórico, se encuentra un edificio que llama la atención por su estilo racionalista industrial. Se trata de la Imprenta Municipal, como indica el letrero en su fachada de ladrillo adornada con detalles de Art Decó.

Construido por los arquitectos Francisco Javier Ferrero y Luis Bellido entre 1931 y 1933, es un magnífico ejemplo de la arquitectura desarrollada durante la 2ª República. En 1955 fue ampliado y remodelado por Lucio Oñoro.

La Imprenta Municipal en los años 30

Hace pocos días nos sorprendió una grata noticia, desde el pasado día 16 acoge un nuevo museo, el Museo de la Imprenta Municipal. De momento se ha abierto al público la planta baja, donde se encuentra la Sala de Máquinas, que nos propone un paseo por la historia de la imprenta y las artes gráficas, desde el nacimiento de la imprenta manual en el siglo XV hasta la creación de la imprenta mecánica en el XIX.

Según nos cuentan en el propio museo, está previsto inaugurar en breve el resto de plantas, organizadas alrededor del patio iluminado por un tragaluz.

En la Edad Media los textos eran todos manuscritos, el número de lectores aumentaba, y fue necesario buscar otros medios. A mediados del siglo XV surgió la imprenta manual que por primera vez permitía realizar copias de los escritos.

En Madrid la primera imprenta fue instalada en 1566, poco después de que Felipe II estableciera la capitalidad, por Alonso Gómez asociado con Pierres Cosin, así nos lo contó una exposición dedicada a la imprenta en el Museo de los Orígenes hace unos años.

Los textos se componían letra a letra, con tipos fundidos en plomo, antinomio y estaño que formaban las líneas en la galera o tabla que recogía la futura página.  Una vez creadas las páginas se reproducían utilizando las prensas de imprimir. Tinta y papel, eran los elementos necesarios.

Poco después se descubrió la técnica del grabado calcográfico, que permitía reproducir no solo textos sino también imágenes, de forma que nacieron las ilustraciones, que tanta y tan valiosa información nos proporcionan.

El origen de la Imprenta Municipal se remonta al año 1853 cuando se creó la imprenta del Asilo de San Bernardino, que formaba en el oficio a los niños acogidos, y realizaba los trabajos que el Ayuntamiento necesitaba. De allí pasó a la calle Noblejas, la Casa de la Panadería y la Casa de Cisneros, hasta el año 1934 en que se instaló definitivamente en el edificio de la calle Concepción Jerónima.

A través de misteriosos artilugios vamos conociendo los procesos de la impresión y los secretos del oficio de la encuadernación, o forma de unir las hojas de los códices y libros desde hace muchos siglos, mediante costura.

Un bonito paseo por la Historia de la Impresión, de la Tipografía, del Libro… y por la Historia de Madrid.

Prensa Krause de 1860

En su web están todos los detalles del nuevo museo, Imprenta Municipal-Artes del Libro , que viene a unirse a la larga lista de museos a nuestra disposición, con la intención de convertirse en un centro cultural vivo.

Bienvenido sea.

Por Mercedes Gómez

Queridos amigos:

Os deseo una ¡Feliz Navidad!, y que el Año Nuevo os traiga muchas cosas buenas.

Que estos días disfrutéis de las luces que iluminan nuestras calles y edificios.

Y un deseo más: ¡que sigamos compartiendo historias y experiencias en nuestra blogosfera!.

Muchos saludos y besos

Mercedes

Se acercan las Fiestas navideñas, y estos días uno de los paseos más apetecibles por Madrid es la visita a algunos de los numerosos belenes instalados en las iglesias, organismos públicos, tiendas y lugares diversos. Además de tener un significado religioso, los belenes son obras de arte de gran tradición, con una larga e interesante historia.

En un principio eran instalados únicamente en las casas de la nobleza o familias adineradas, pero según cuentan, a mediados del siglo XX la costumbre fue arraigando y a partir de entonces raro era el hogar en el que no se colocaba uno. Cuando yo era pequeña, en casa se ponía “el nacimiento”, aunque además del pesebre había un río de cristal, musgo, casitas, vecinos, los pastores con sus ovejas…, eran las “figuritas”, que mi madre con paciencia iba situando rodeadas de luces de colores.

Como entonces en las casas, ahora en Madrid los hay para todos los gustos, valiosos, modestos, grandes, pequeños, de barro, de madera, pintados a mano o vestidos con ricos ropajes.

Uno de los que más me gustan, y quizá el más antiguo, es el belén barroco de origen ecuatoriano que todos los años se expone en la Iglesia del Monasterio del Corpus Christi, más conocido como de Las Carboneras, donde se encuentra desde la fundación del Convento en 1605, hace más de cuatrocientos años.

El belén fue creado a finales del siglo XVI o principios del XVII en Quito, en madera policromada. Da gusto verlo, con sus figuras tan vivas, los expresivos rostros y las delicadas manos, en ese ambiente tan recogido, en una de las iglesias más bonitas de Madrid, a su vez en una plaza preciosa, la plaza del Conde de Miranda. Imprescindible.

Otro Monasterio, que este año celebra su IV Centenario, es el de la Encarnación, fundado en 1611. Con este motivo esta Navidad se muestra en su iglesia un belén procedente del Monasterio de las Agustinas Recoletas de Salamanca, lugar que abandona por primera vez. Fue realizado en Nápoles en 1645, siendo por tanto otro de los más antiguos que se conservan. Merecerá la pena una visita.

Es muy interesante la historia del arte belenista, que alcanzó gran fama en el siglo XVIII, con las espléndidas figuras realizadas en Nápoles, en la Real Manufactura de Porcelana de Capodimonte. De allí proceden algunas de las que se exponen en el Palacio Real, encargadas por el rey Carlos III para su hijo el Príncipe, en 1760.

Otro de mis preferidos, igualmente napolitano del siglo XVIII, es el de la Iglesia de San Andrés, en la plaza del mismo nombre, una pequeña obra maestra realizada en marfil.

La Navidad es una buena ocasión para poder conocer las maravillas que esconden nuestras iglesias más antiguas, algunas de ellas casi siempre cerradas, y que estos días abren para mostrar sus belenes y otras obras artísticas, como la del Real Monasterio de Santa Isabel, en la calle de Santa Isabel 48.

En el siglo XVIII y XIX fueron realizadas las tallas policromadas del belén de otra iglesia que ya conocemos, la del Santísimo Cristo de la Fe, en la calle de Atocha 87.

En la actualidad, uno de los mejores maestros es el escultor José Luis Mayo Lebrija, cuyos belenes causan admiración al público, por estar llenos de detalles y describir cómo pudo ser la vida en la ciudad de Belén hace más de dos mil años. Uno de los más conocidos es el de la Iglesia de San Miguel, en la calle de San Justo 4, que desde 2006 muestra un paisaje de corcho y musgo en el que las figuras a palillo (son figuras únicas, realizadas a mano) describen la vida en Belén.

José Luis Mayo nació en Toledo, pero desde pequeño ha vivido en Madrid, aquí estudió y comenzó su formación como escultor e inició su trabajo. Entre otros, es el autor de la mayor parte de las figuras del Belén del Ayuntamiento, instalado este año por primera vez en el interior del Palacio de Cibeles. Además de las escenas navideñas que comienzan con La Natividad, ofrece un recorrido encantador, a través de las calles, construcciones,

… personajes y oficios de la época.

Incluido el oficio de artista, que esculpe sus obras a las puertas de su casa, y guarda sus pinturas en el interior.

Esta es solo una pequeña selección, hay muchos paseos posibles por la Navidad madrileña, según nuestros gustos. Aquí tenéis algunos de los Belenes que se pueden visitar estos días en Madrid Ciudad Navidad.

Y si, entre todos, los más famosos o los más desconocidos, hay algún nacimiento que os parezca especialmente recomendable, por favor contádnoslo.

Por Mercedes Gómez

 

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Un artículo interesante:

Belenes: Obras de arte

Junto al Gran Lujo clásico de hoteles como el Ritz, que tuvimos ocasión de visitar hace un año con motivo de su centenario, Madrid ofrece otras alternativas. Hoteles nuevos, igualmente suntuosos y con todas las comodidades posibles, pero inspirados en los gustos actuales. En los inicios del siglo XXI, de la misma forma que ocurrió en el naciente siglo XX, la ciudad necesitaba hoteles que cubrieran las necesidades de un nuevo Madrid. Uno de los más sugerentes es sin duda el Hotel Urban, situado en la Carrera de San Jerónimo 34.

La Carrera de San Jerónimo, como la calle de Alcalá, nació en el siglo XVI cuando comenzaron las edificaciones en las afueras de la Puerta del Sol y surgieron los caminos en dirección al Prado Viejo de San Jerónimo, hoy Paseo del Prado. Desde entonces, a lo largo de los siglos, conventos, palacios, famosos restaurantes, cafés y hoteles han dado vida a esta histórica calle.

Sobre el solar situado en la esquina con la calle Ventura de la Vega, antes calle del Baño, desde 1589 se encontraba ubicado el Convento de religiosas de San Bernardo que se había trasladado a Madrid desde Pinto.

Cuenta Mesonero Romanos que era un edificio poco notable y su iglesia pobre y sin adornos, pero con un gran jardín.

Plano Nicolás de Fer (h. 1706)

El Convento y su iglesia fueron derribados en 1836, durante la Desamortización de Mendizábal. Sobre su solar se construyeron varias casas.

Foto: M.Urech (h. 1960). Catálogo “Madrid al paso” 2007 (Diario Madrid).

Entre la plaza de Canalejas y Ventura de la Vega se conserva en gran parte el sabor de siglos pasados, siendo el último tramo de la calle, de aquí a la Plaza de las Cortes, el que más transformación ha sufrido, con el derribo en 1988 de varias viviendas para la construcción de la polémica ampliación del Congreso.

diciembre 2011

En los primeros años del siglo XXI, tras el derribo del edificio que ocupaba el solar, que había sido declarado en ruina por el Ayuntamiento, fue levantado el nuevo hotel. Construido en acero y cristal, obra de los arquitectos Carles Bassò y Mariano Martitegui, fue inaugurado a finales de 2004. A pesar de tratarse de un edificio que rompe con la arquitectura tradicional, es respetuoso y armónico con el entorno.

Una torre de cristal, en la que se reflejan los edificios vecinos, que recuerda la proa de un barco, se eleva orgullosa en la esquina con la calle de Ventura de la Vega.

Además de tratarse de un edificio elegante y vanguardista, su mayor singularidad es que también, en cierto modo, es un museo. En él se exponen valiosas piezas procedentes de la Colección Arqueológica del propietario, Jordi Clos, quien además de empresario hotelero es fundador del Museo Egipcio de Barcelona. La arquitectura más moderna acoge piezas de las culturas más antiguas, Egipto, China, India, etc.

Desde la calle, tras los cristales, se puede contemplar la planta baja donde se encuentra, a la derecha, el bar, y a la izquierda, más discreto, el restaurante.

El ambiente logrado en el restaurante, que visitamos vacío, es muy cálido, con cómodos muebles y vajillas sencillas.

Junto a las obras de arte allí expuestas, destacan algunos elementos decorados con teselas de oro.

Todo en el Glass Bar, o Bar de Cristal, es transparente. El suelo, las sillas, lámparas…

En la Recepción, y en varios lugares del hotel, se encuentran diversos postes y figuras antropomorfas, en las que dicen residían los espíritus de antepasados que otorgaban la sabiduría del conocimiento.

El edificio está construido alrededor de un patio o atrio, un espacio coronado por un tragaluz tras el cual se encuentra el cielo de Madrid. Lamentablemente, nuestra visita se produce en otoño y de noche, por lo que no podemos acceder a la última planta, donde se encuentra la terraza desde la cual seguramente se puede contemplar una vista maravillosa.

Sin embargo, gracias a que es de noche sí podemos admirar la columna de alabastro que ilumina el atrio de piedra negra o granito de Zimbabue.

En cada piso, en el pasillo, junto a los ascensores panorámicos que llevan a las plantas superiores, hay una obra cuidadosamente elegida. Llegamos a uno de los últimos pisos donde nos recibe una espléndida talla de madera camboyana del siglo XVIII. Se trata de un elemento arquitectónico hindú cuyas protagonistas son las Absaras, divinidades femeninas, ninfas celestiales que simbolizan las aguas del cielo y la energía del océano.

Para terminar nuestro paseo por las instalaciones de este hotel tan especial, nos muestran la que consideran su “mejor habitación”, un dúplex encantador con un gran ventanal ocupando la esquina del edificio, en el que las mayores comodidades, los últimos avances tecnológicos y la decoración más moderna conviven con las obras de arte.

Es asombroso, una columna simbólica del siglo XVIII, procedente de un templo budista birmano, realizada en madera estucada y pintada, y otras figuras antiquísimas, producen un contraste muy bello con los demás elementos de la moderna y confortable estancia.

Ha sido un placer poder conocer este hotel-museo, o museo-hotel, gracias a la amabilidad de su Director de Comunicación, Pepe García, que permitió la visita, a su Jefe de Eventos, Sylvia Robles, que la organizó y nos dio todas las facilidades, y al personal que nos atendió. Muchas gracias a todos.

Por Mercedes Gómez

Hoy ha amanecido un día precioso en Madrid, fresquito y soleado, bajo nuestro cielo azul. Era el día perfecto para ir al Retiro y visitar la instalación de Soledad Sevilla, Escrito en los cuerpos celestes, en el Palacio de Cristal, del Museo Reina Sofía.

Sobre esta obra escribió hace poco Jesús Olivan en su blog, poco puedo añadir a su espléndido artículo. Lo que sí puedo hacer es contar mis sensaciones. Creo que iba predispuesta a que me gustara, me apetecía mucho. Aún así no imaginaba lo que iba a encontrar en realidad.

Es una obra única, pensada especialmente para el Palacio de Cristal, que no solo invita a ver, mirar, admirar… sino a moverse, sentir y pensar. Participar. Un juego, como tantas veces en este maravilloso palacio de hierro y cristal.

Un juego de espejos, cristales y paneles llenos de signos, que dejan pasar la luz y las imágenes, o las recogen… a veces no estás segura si se trata de la realidad o su reflejo… todo es precioso.

El falso, provisional palacio, de azul intenso, nos sugiere la noche, instalado dentro del verdadero, y miramos hacia arriba buscando el cielo real, diurno, tras el ficticio.

Luego lo rodeamos, contemplando a la vez el exterior del Jardín, más cotidiano, y su imagen reflejada en las paredes del palacio recreado. Un juego de miradas y luces.

Un cielo imaginario lleno de interrogantes, exclamaciones, puntos suspensivos, paréntesis… que nos invitan a rellenarlos de palabras. Como la vida misma.

Es todo muy poético. Y muy bonito.

Por : Mercedes Gómez

 

El Museo Nacional del Romanticismo es quizá uno de los menos conocidos de Madrid. Antes llamado Museo Romántico, tras cerca de diez años cerrado por obras de reforma y restauración, ahora luce esplendoroso. La espera ha merecido la pena.

El pasado lunes tuve el placer de asistir a una visita guiada, invitada por el Museo, junto a otros autores de blogs dedicados al arte y a la vida cultural madrileña. Nos recibió su directora Asunción Cardona, y Carmen Cabrejas y Mª Jesús Cabreras, del departamento de Difusión, nos guiaron. Mil gracias a las anfitrionas.

Matritensis, autor del blog Es Madrid no Madriz, ha escrito una buena crónica de la visita, que os recomiendo, en la que podréis ver magníficas fotos del interior. Por mi parte, propongo otra visión, os invito a conocer un poquito la historia de la calle, del edificio y su jardín, y por supuesto animo a todos a visitar el Museo, interesante y encantador.

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El Museo del Romanticismo se encuentra en la calle de San Mateo, que ya en el siglo XVII recibía este nombre. Iba desde el camino de Fuencarral hasta la Puerta de Santa Bárbara, atravesando la calle de las Flores, actual Mejía Lequerica. En ella se encontraba una de las arcas cambijas que distribuían el agua del Viaje de la Fuente Castellana. Las casas de Juan de Echauz, situadas en los terrenos en los que después se construiría nuestro edificio protagonista, recibían medio cuartillo de agua.

Plano de Texeira (1656)

La calle, situada en lo que entonces eran las afueras de la Villa, próxima a la Cerca, albergó a la nobleza desde muy pronto. Se conservan algunos palacios construidos entre el siglo XVIII y XIX, el del conde de Villagonzalo y el del marqués de Ustáriz, en la zona próxima a la plaza de Santa Bárbara, el palacio del duque de Veragua, en el nº 7, y el Palacio del marqués de Matallana, sede del Museo que hoy visitamos, en el número 13.

En el último cuarto del siglo XVIII fue cuando el solar pasó a manos del marqués de Matallana, quien en 1776 encargó la construcción de su palacio al arquitecto Manuel Rodríguez, sobrino del gran Ventura Rodríguez. Don Manuel levantó un edificio de estilo clasicista, de líneas limpias y sencillas, y escasos adornos.

La entrada principal tiene lugar por la calle de San Mateo, aunque existe otra entrada en el nº 14 de la calle de la Beneficencia, antes San Benito. Mediado el siglo XIX la construcción fue adquirida por los condes de la Puebla del Maestre.

El museo ha estado ubicado en este edificio desde que en 1921 fue creado por Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II marqués de la Vega-Inclán, quien donó al Estado una serie de obras de arte y objetos de su colección privada. Don Benigno fue uno de los personajes más importantes de la vida española en los años finales del siglo XIX y comienzos del XX, coleccionista de arte e impulsor de la cultura, junto con otros como José Lázaro Galdiano, Manuel Laredo y el marqués de Cerralbo.

En 1927 el edificio fue adquirido por el Estado.

En el zaguán de entrada, nos da la bienvenida el busto del Marqués, realizado en 1931 por el escultor Mariano Benlliure.

El edificio, en forma de “L”, está organizado alrededor de dos patios, más el jardín, como se aprecia en el plano del General Ibáñez de Ibero.

Plano del Gral. I. de Ibero (h. 1875).

Uno de los patios se puede contemplar desde el zaguán, tras una puerta protegida por una bonita verja y arco de medio punto, con una sencilla fuente, cubierta por un emparrado sobre un suelo de grava que forma figuras geométricas tan perfectas que parecen una alfombra.

También se conserva el precioso Jardín Romántico, sorprendente remanso de paz en pleno centro de Madrid, en el que únicamente escuchamos el ruido del agua de una fuentecilla que lo adorna, junto a plantas, flores y árboles de diversas especies, entre los que destaca un gran magnolio centenario.

Los sencillos balcones de algunas estancias de la casa, ahora museo, se asoman a este jardín que por un ratito nos traslada a tiempos románticos.

En la esquina contraria, algo escondido, a los pies del magnolio, hay un brocal de piedra acaso del antiguo pozo que surtía al palacio del agua necesaria.

Es una alegría comprobar cómo el jardín conserva el antiguo trazado y el pilón de la fuente que ya existía cuando el museo fue aquí instalado, como se aprecia en la foto de los años 20 del siglo pasado:

Foto : Hauser y Menet (1920-25). Museo de Historia.

3 diciembre 2011

La bonita figura del niño que sostiene una flor de la que mana el agua debió instalarse posteriormente.

El museo, planteado como una evocación y explicación del siglo XIX, propone distintos recorridos, aunque paralelos entre sí: el arte de la época, la historia, la vida cotidiana y los usos sociales… Es un museo pequeño pero que nos ofrece una riqueza extraordinaria, la pintura de grandes maestros, muebles y objetos que recrean la vida de la burguesía decimonónica, y mucha historia, además de interesantes actividades que podéis consultar en su web, y una estupenda Librería romántica.

Por Mercedes Gómez 

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