Gabriel García Márquez, el gran escritor, el mago de la escritura, ha muerto.

A pesar de su muerte anunciada, como la de su famosa Crónica del asesinato de Santiago Nasar, y de que hace tiempo no esperábamos nuevas historias nacidas de su imaginación… ¡qué pena!

Supongo que todos a los que nos ha gustado leer casi desde siempre, desde niños, recordamos los primeros libros que nos impresionaron y el descubrimiento de los auténticos artistas de la palabra escrita, aquellos que nos divertían no solo con la historia que nos contaban sino por cómo la contaban. Debía tratarse, aunque no nos diéramos cuenta entonces, de la magia del arte de escribir, esa que pocos alcanzan. En ese sentido creo que, en mi vida de lectora, García Márquez fue el primero.

He disfrutado mucho leyendo sus obras, desde la primera que llegó a mis manos, aún era la biblioteca de mis padres, la esplendorosa Cien años de soledad, que recuerdo algunos amigos leíamos a la vez y comentábamos al encontrarnos por las tardes, en lejanos tiempos de estudiantes, hasta la última que leí no hace mucho, sus Memorias, de las que desgraciadamente nunca pudo escribir un segundo tomo, de título tan significativo, Vivir para contarla. Pasando por sus cuentos, tan maravillosos como sus novelas, y sus talleres. Cómo se cuenta un cuento, o Me alquilo para soñar, dedicado al guión de cine. Del amor y otros demonios, esa historia de amor en los tiempos del cólera a lo largo de sesenta años, El coronel no tiene quien le escriba. Y tantas otras.

libros garcia marquez

Hoy su figura y su obra está en todos los medios, dicen que ha dejado una novela inacabada… esperemos que todos los reportajes y crónicas sirvan, además de para decirle adiós con agradecimiento, para que alguien que nunca haya leído sus relatos sienta curiosidad y los descubra. Y para los que hace tanto tiempo que lo leímos que apenas recordamos muchas historias, volvamos a ellas.

Muchas gracias, Gabriel García Márquez, por habernos empujado a conocer y disfrutar de una de las más bellas artes, la Literatura.

Por Mercedes Gómez

Queridos amigos:

Este mes de abril nos trae la buena noticia de que se ha publicado el volumen LIII de los Anales del Instituto de Estudios Madrileños correspondiente al año 2013, que podemos descargar libremente en su web.

Los Anales que se publican desde 1966 constituyen sin duda una de las herramientas más importantes de las que disponemos tanto profesionales como aficionados al estudio de la Historia de Madrid. Fuente experta que ofrece los resultados de las investigaciones de autores especialistas en todos los temas relacionados con Madrid. Arte, Arqueología, Geografía, Historia, Urbanismo, Lingüística, Literatura, Economía, Sociedad…

En este último tomo, como siempre, viajaremos a lo largo de los siglos, desde la Edad Media hasta la historia más reciente. Los textos nos hablan de fortificaciones, señoríos y cazaderos reales, de las formas de recreo de Felipe II, del retablo del colegio de doña María de Aragón… Se analiza el espacio ocupado por el Colegio de la Compañía de Jesús, la simbología del Alcázar de Madrid… y otros temas que aportan datos nuevos y valiosos.

anales 2013

Recordemos que también están a nuestra disposición completos el tomo I (1966), el LI (2011) y el LII (2012), que contiene una impagable bibliografía general del Instituto entre los años 1951-2012. De momento, en los tomos II al L podemos consultar los índices.

¿No es un lujo?

Muchas gracias al IEM por su trabajo y su generosidad.

Saludos a todos

Mercedes

Tal como ocurrió con las nuevas Escuelas que se construyeron con el fin de intentar llegar a casi todos los barrios madrileños, con la llegada de la República en 1931 se elaboró un Plan General de Mercados con el objetivo de mejorar el sistema de abastecimiento de alimentos. Los planes abarcaban tanto los mercados centrales como la venta al público que por entonces en gran parte se realizaba en las calles, en puestos al aire libre, con la consiguiente falta de higiene y el escaso control.

Imperó una nueva visión de las características que debía reunir un edificio para albergar este tipo de servicios que había nacido en los años 20 y culminó en los años 30. El Racionalismo y la funcionalidad dominaron los proyectos que por entonces se emprendieron. Bajo la dirección de Luis Bellido, Jefe de los Servicios Municipales de Arquitectura, se planificaron los Mercados Centrales de Frutas y Verduras, de Pescados y de Leche. El Matadero y Mercado de Ganados ya existía, obra del propio Bellido. Y se programó la creación de Mercados de Distrito, de los cuales solo algunos pudieron inaugurarse antes de la guerra.

La visión de la arquitectura oficial cambió radicalmente, la funcionalidad pasó a ser lo más importante frente a la forma o los elementos decorativos, que prácticamente desaparecieron. El objetivo no era construir mercados bonitos o crear grandes obras arquitectónicas sino facilitar la conservación de los alimentos, su almacenamiento y exposición. Lo importante era la luz, la higiene y la facilidad para la actividad en el interior de los mercados.

La construcción de los mercados centrales fue encomendada a Francisco Javier Ferrero Llusiá, uno de los arquitectos madrileños más notables, autor entre otras obras del emblemático Viaducto.

Nació en Madrid en 1891. Hijo de Luis Ferrero Tomás, y hermano de Luis Ferrero Llusiá, hay que destacar la huella de esta familia de arquitectos en nuestra ciudad.

Javier Ferrero comenzó colaborando con su padre. Sus primeros trabajos estaban influidos por la arquitectura regionalista, el monumentalismo de Antonio Palacios y el neobarroco de los años 20. Se conservan espléndidos edificios en la calle de Manuel Cortina 6, Goya 77 y Cedaceros 4. También es suyo el edificio de la Tenencia de Alcaldía de la Latina en la Ribera de Curtidores.

Con la reorganización de los servicios del Ayuntamiento, asumió un papel muy importante como arquitecto municipal. Entre 1932 y 1933 ejecutó el proyecto de Bellido para el Matadero de aves y gallinas. Además, entre otras cosas, como decíamos, le fue encomendada la construcción de los mercados centrales.

En 1931 se inició la del nuevo Mercado de Pescados junto a la Puerta de Toledo. El proyecto del Mercado de Frutas y Verduras, en Legazpi, había sido aprobado en 1930 aunque no se comenzó a construir hasta abril del año siguiente. Ambos fueron inaugurados en abril de 1935.

El Mercado de Frutas y Verduras, entre la plaza de Legazpi, la calle Vado de Santa Catalina, avenida del Manzanares y calle Maestro Arbós, ocupó una parcela triangular junto al río. Fue construido en hormigón, con cerramientos de ladrillo visto, en colaboración con el ingeniero José A. Peña Boeuf.

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Calle Maestro Arbós

Las naves se adaptaron al terreno de más de 30.000 metros cuadrados perteneciente a la antigua Dehesa de la Arganzuela, llamado el Pico del Pañuelo, alrededor de un gran patio destinado a los vehículos.

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Patio. Plaza de Legazpi.

En 2006 fue destinado a albergar la sede de la Concejalía de Urbanismo, entonces en la calle Guatemala, en cuyo proyecto el anterior alcalde de Madrid tenía previsto construir un rascacielos en el interior del antiguo mercado.

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Vado de Santa Catalina esquina avenida de Andalucía

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Río Manzanares

El plan nunca se llevó a cabo, surgieron otros que tampoco prosperaron. Durante un tiempo fue almacén municipal y alojó la Oficina de Objetos Perdidos, pero actualmente está sin uso. El paso del tiempo y la crisis económica han permitido que esta construcción, una de las más puras del racionalismo madrileño, se conserve casi íntegra.

El Mercado Central de Pescados, ubicado entre la glorieta Puerta de Toledo, calle Capitán Salazar Martínez, calle de la Arganzuela, la plaza del Campillo del Mundo Nuevo y la Ronda de Toledo, se adapta a un solar trapezoidal de más de 16.000 metros cuadrados con enorme desnivel de terreno. Igualmente el material utilizado fue el hormigón armado.

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Puerta de Toledo

Las plantas unidas por rampas, la lonja de contratación y los puestos de los asentadores, los almacenes de salazones y escabeches… desaparecieron en los años 80 del siglo XX en que el antiguo mercado, cerrado hacía tiempo, fue rehabilitado y convertido en el Centro Comercial Puerta de Toledo.

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Calle Capitán Salazar esquina calle Arganzuela

Hace tres años la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid cedieron el edificio a la Universidad Carlos III, que hoy ya ocupa una parte del antiguo mercado y pasará a ser de su propiedad totalmente en 2016.

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Plaza del Campillo del Mundo Nuevo

A partir de 1934 Ferrero también levantó el tristemente demolido Mercado de la Plaza de Olavide, otra de nuestras joyas racionalistas.

En 1935 el mismo Ferrero proyectó el Mercado Central de Leche, que no llegó a construirse.

De los tres mercados construidos, como decíamos, el único edificio que subsiste tal como fue proyectado es el de Frutas y Verduras de Legazpi. Si nos decidimos a dar un paseo por los alrededores, caminando desde Legazpi por el Paseo de la Chopera, llegamos a la plaza del General Maroto, donde, frente a la Casa del Reloj del Matadero, se encuentra el Edificio Parque Sur, obra de Ferrero junto a José de Azpiroz y el ingeniero José Paz.

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Pº de la Chopera 41

No es un mercado, pero sí otro magnifico ejemplo de la arquitectura racionalista de la época. Son los Talleres del Parque Automovilístico del Ayuntamiento de Madrid, otro edificio de los servicios municipales levantado entre 1933 y 1935.

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Una placa del Colegio de Arquitectos junto a la puerta de entrada que nos recuerda que “este edificio de estilo racionalista forma parte del conjunto de instalaciones municipales realizadas durante la II República” puede servir como resumen del modesto homenaje a este brillante arquitecto.

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Javier Ferrero es también el autor de la Imprenta Municipal.

Murió el 27 de octubre de 1936, con solo 45 años de edad.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

PEÑA BOEUF, A: “El mercado de frutas y verduras de Madrid. “, Revista de Obras Públicas, 1.1.1935.
“Nuevos mercados centrales en Madrid. “, La Construcción Moderna, 15 mayo 1935.
La Libertad 30 junio 1935
CASAS RAMOS, María Encarnación: “El arquitecto Francisco Javier Ferrero. “, Villa de Madrid, . nº 86, 1985-IV, pp. 33-42.

 

Como sabemos, la existencia de los baños públicos en Madrid se remonta a los orígenes de la Villa. Los musulmanes trajeron a Mayrit, como a todas las ciudades de Al Andalus, los baños o hammam.

Igual que sucedió con los viajes de agua, los baños fueron una herencia de la cultura romana. Las termas romanas eran edificios destinados al ocio, lugar de baño pero también de encuentro, lectura, ejercicio… Solían tener tres salas principales: la piscina fría (frigidarium), la tibia o templada (tepidarium) y la caliente (caldarium). De la misma forma, los baños árabes además de lugares para la higiene también lo eran para la relación social, a lo que se añadía la ablución o purificación religiosa. Heredaron esa filosofía del agua y los contrastes de la temperatura como elemento de limpieza del cuerpo y del alma. Inspirados en las termas romanas, normalmente estaban formados por tres salas abovedadas contiguas, el cuarto frío (bayt al-barid), templado (bayt al-bastani) y caliente (bayt as-sajun), además de otras estancias.

Hay constancia de los baños árabes madrileños en algunos documentos antiguos. Como ya vimos, Manuel Montero Vallejo habla en sus libros de los baños que se encontraban junto al Barranco por donde entonces fluía el Arroyo de San Pedro, hoy calle Segovia, y que continuaban existiendo en los siglos XIII y XIV. Estaban situados cerca de la iglesia de San Pedro, al norte del zoco, o azoche viejo, que visitamos hace unos días, situado en la Plaza de la Paja. Muy cerca, el profesor situó una mezquita que debía existir también aún en el siglo XV.

Recordemos que el zoco se solía improvisar en las calles, normalmente cerca de los dos centros de la vida social, la mezquita y los baños. Y que el primer zoco pudo existir en la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, cerca de la mezquita principal, la de la Almudena, en la actual calle Mayor. Podemos imaginar que no demasiado lejos existieron unos baños. ¿Acaso algunas de las cuevas abovedadas que se conservan en las proximidades pudieron pertenecer a los baños islámicos del Mayrit más antiguo?.

Hoy día podemos revivir la experiencia de aquellos baños árabes en la calle de Atocha nº 14, en Hammam Al Andalus y, como promete su eslogan, bañarnos en la historia. Sus sótanos abovedados fueron rehabilitados en los comienzos del siglo XXI para recrear unos hammam, con toda su magia, donde descansar y aislarnos por un rato de la ajetreada vida diaria.

El edificio, uno de los más antiguos de Madrid, con trescientos años de historia, se ubica en la calle Atocha esquina Concepción Jerónima, en la antigua manzana 159 en la que se encontraba la Iglesia y Convento de Santo Tomás, derribados en 1875, sobre cuyos terrenos se levantó la actual Iglesia de Santa Cruz.

Manzana 159, Casa nº 3.

Manzana 159, Casa nº 3.

Hoy el nº 14 de la calle de Atocha corresponde a la Casa nº 3 que a mediados del siglo XVIII era propiedad del Convento, como casi toda la manzana.

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Calle Atocha 14

Los aromas, la música suave, el agua tranquila… todo invita al descanso y a recordar el pasado madrileño nada más entrar en el recinto.

entrada al hammam

En la rehabilitación ejecutada entre 2002-2003 han cuidado hasta el último detalle conservando en la medida de lo posible los materiales originales, sobre todo el ladrillo de los muros y las bóvedas centenarias.

ladrillo y azulejos

Según cuentan en el propio establecimiento, el Hammam se halla sobre la estructura de un antiguo aljibe con bóveda de cañón, del siglo XVIII.

Foto: Hammam Al Andalus

Foto: Hammam Al Andalus

Para conseguir el mejor ambiente, en los elementos de nueva construcción, combinados con los originales, se han utilizado materiales como el mármol, la pizarra, azulejos artesanales y estuco.

piscina fria

Son muchos los detalles evocadores de aquellos años alrededor de 1700 en que en esta esquina las Casas que llaman de la Torrecilla se surtían del viaje de agua de la Fuente Castellana. Como un precioso y antiquísimo pozo hoy convertido en fuente moderna gracias al grifo del que ahora mana agua fresca.

pozo

Además de las piscinas a diferentes temperaturas, como antaño, hay una sala de vapor y otra de reposo en la que se puede disfrutar de una Fuente de té y del Rincón de los Aromas, donde se elije la esencia para el masaje, rosa, lavanda, ámbar rojo… Dedicado a Madrid, se ofrece el aceite aromático de la violeta.

Y como curiosidad, todos los años organizan un torneo de ajedrez en el agua templada, ¿os animáis?.

Hammam

Foto: Hammam Al Andalus

Como ellos mismos explican, lógicamente ahora el Hammam no tiene funciones higiénicas ni religiosas, pero sí aporta beneficios al cuerpo y a la mente, momentos de descanso, de relajación… tan necesarios, en un espacio que nos traslada a otra época, que nos hace recordar el Madrid más antiguo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Montero Vallejo, M. Origen de las calles de Madrid. Ed. Lavapiés. Madrid 1995.
Planimetría General de Madrid.
Aznar de Polanco, J.C. Tratado de los Cuatro elementos. Origen y nacimiento de las aguas y fuentes de Madrid. Madrid 1717. (Ed. facsimil E. y P. Libros antiguos, Madrid 1992).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de seis años de obras ayer día 1 de abril se inauguró el nuevo Museo Arqueológico Nacional.

Cuando lo visitamos en los comienzos de 2011 y vimos sus obras en marcha se anunciaba una apertura parcial para finales de ese año, pero se retrasó. Por fin, con una gran expectación entre la prensa y el público, ayer nos abrió sus puertas. Volveremos más adelante pues son muchas las piezas que nos esperan, y varios los aspectos que podemos comentar sobre este importantísimo museo, hoy solo quería celebrar la reapertura y contemplar una obra que hace años deseaba ver y hoy por fin ha sido posible, el Puteal de la Moncloa.

El Puteal, brocal en latín, de un pozo –puteus– es una bella pieza romana esculpida en mármol en el siglo I, inspirada en una obra griega del siglo IV antes de C., hallada en los jardines de la Moncloa a finales del siglo XIX.

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Durante un tiempo se relacionó con los perdidos relieves del frontón oriental del Partenón de Atenas, aunque hoy se sabe que no es una copia directa de la decoración del templo ateniense.

Antes de llegar al Museo Arqueológico, el antiquísimo brocal, que debió pertenecer a una casa romana, vivió una larga y azarosa historia, decorando los palacios de distintas familias reales. Su primera propietaria conocida fue la reina Cristina de Suecia. Después de su muerte en Roma en 1689 pasó por diversas manos hasta llegar a ser adquirido por el rey Felipe V que recién llegado a España en los inicios del siglo XVIII construía y decoraba el Palacio de La Granja de San Ildefonso. Allí fue a parar el puteal, hasta que Carlos III lo trasladó a Aranjuez. Hacia 1816 fue trasladado al Palacio de la Moncloa.

En 1868 Juan de Dios de la Rada, conservador del Arqueológico, lo encontró enterrado en los jardines del palacete, que ya había sido cedido al Estado por la reina Isabel II, y lo trasladó al museo.

Decorado con relieves que representan el nacimiento de Atenea, tiene un diámetro de 84 cm. y una altura de 99,50. cm.

“En el centro aparece Zeus, sentado de perfil en un trono, y a su derecha la diosa Atenea, que ha surgido de su cabeza ya totalmente desarrollada y revestida con todas sus armas. Entre ellos, Nike, la Victoria alada, vuela para coronar a Atenea. Detras de Zeus, Hefesto, que con su hacha de doble filo ha proporcionado el golpe decisivo para facilitar el parto, se retira asombrado ante la terrible aparición de la diosa. En la parte posterior tres mujeres llevan en sus manos diversos instrumentos: son las moiras, divinidades del destino, que tejen el hilo de la vida de los recién nacidos.”

Ahora, tras la remodelación, continúa expuesto, esplendoroso, aunque es una pena que no lo hayan colocado de forma que se pueda rodear y contemplar todas las figuras.

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Está ubicado en uno de los espacios dedicados a Grecia, el de los dioses del Olimpo nacidos por la relación que Eros creó entre las fuerzas de la Tierra, el Océano y el Cielo. Zeus, Afrodita, Apolo, Atenea, Hermes…

Además de tratarse de una pieza valiosa, una más a admirar en el Museo, podemos sumarla a nuestro recuerdo de la diosa griega, otra representación de Atenea en Madrid.

por : Mercedes Gómez

 

 

 

 

La calle del Doctor Fourquet nace en la de Santa Isabel, en los antiquísimos muros del Real Monasterio de la Visitación, y llega hasta la de Valencia, cruzando la animada calle de Argumosa en el extremo sudeste del barrio de Lavapiés. En ella, al abrigo del cercano Museo Reina Sofía y de la Casa Encendida, se han instalado varias galerías de arte, conformando un interesante y singular Paseo del Arte Contemporáneo.

La pionera fue Helga de Alvear que llegó a Lavapiés en 1995. Desde entonces cerca de una decena de galeristas, algunos de ellos procedentes de otras ciudades como Barcelona o Pamplona, han trasladado sus salas a esta castiza calle. No debió ser premeditado, pero se ha convertido en una alternativa a la galería tradicional y a zonas más caras, como el barrio de Salamanca. Nueva propuesta artística a la que en el algún caso se suma un compromiso social, alejado de lo puramente comercial, como es el caso de la emblemática Helga de Alvear, además dueña de una gran Colección que ya tuvimos ocasión de conocer el año pasado gracias a la exposición en el Palacio de Cibeles El arte del presente.

Ayer jueves 27 de marzo la galerista y el artista Thomas Locher presentaron su nueva exposición Absent things, Cosas ausentes, que “indaga en la relación entre el lenguaje y la economía, así como en la influencia que ambos ejercen sobre el individuo”.

Thomas Locher nació en 1956 en Munderkingen (Alemania), vive y trabaja en Berlín y su obra pertenece a importantes colecciones de todo el mundo (Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, etc.). Esta es su segunda exposición en la galería madrileña.

 

Mediante materiales diversos como la madera, la pintura acrílica, la fotografía… Locher nos propone una reflexión conceptual sobre nuestro contexto económico y su repercusión en la vida cotidiana. Su postura es política, supone una protesta, necesaria en estos tiempos, como avisa la propietaria de la galería, Helga de Alvear, antes del inicio de la presentación de la muestra. Trata aspectos como el intercambio, los obsequios… que se convierten en una deuda que debe ser devuelta.

Podéis leer una buena crónica de la presentación realizada por Alicia G. Arribas de la agencia Efe, El arte conceptual de Locher denuncia el “regalo” como corrupción política.

Madrid es una ciudad llena de arte que encontramos no solo en sus calles y museos sino también en las numerosas galerías que existen por toda la ciudad y que animo a visitar. Son gratuitas y ofrecen un panorama de la actividad artística actual. De vez en cuando es una buena idea ir de galerías.

 

gioto y el bosco

La exposición de Thomas Locher la podemos visitar hasta el 17 de mayo. En la Galería Helga de Alvear, calle Doctor Fourquet nº 12.

Por Mercedes Gómez

 

 

 

Para Gonzalo Díe, que allá donde esté, desde algún rincón del cielo, seguro que continúa acompañándonos en estos paseos por “nuestro querido Madrid”.

Hoy una vez más volvemos al Madrid más antiguo, el de los siglos X y XI, posteriores al establecimiento de los árabes en la villa y anteriores a la llegada de los cristianos, largo periodo de tiempo durante el cual la población creció y con ella la actividad agrícola, alfarera y comercial. Regresamos a los orígenes de Madrid, hoy en busca de sus zocos, azoches, o lugares de mercado.

Como nos cuentan los especialistas, para que una mera fortaleza fuera considerada ciudad debía tener una muralla, un edificio residencia de la persona que ejerciera el poder, una mezquita y un zoco. Todo ello lo tenía Mayrit, al menos desde la segunda mitad del siglo X.

Comenzamos nuestro paseo en la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, caminando hasta la plaza de la Paja, dos de los lugares con más encanto de nuestra ciudad, bordeando lo que fue el probable segundo recinto islámico habitado por pequeños núcleos de población que fueron creciendo poco a poco. Ambas plazas, extramuros de la posible medinilla, se convirtieron en lugar de mercado y con el tiempo centro de los arrabales islámicos.

Imagen Museo Arqueológico Regional

Imagen : Museo Arqueológico Regional

plaza de la villa

Plaza de la Villa

El Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares, que visitamos hace casi dos años durante nuestro paseo por el Madrid de los siglos X-XI, vuelve a darnos información sobre esta etapa de nuestra historia. Las vitrinas y paneles explicativos sobre el Madrid medieval ofrecen nuevos datos, además se han instalado algunas pantallas con videos referentes a los primeros siglos mayritíes. Se recuerda lo que fue y significó la sociedad andalusí.

Una sucesión de imágenes introduce el tema de la agricultura y el aprovechamiento del agua, entre ellas los restos de “un qanat andalusí muy cerca del pozo de San Isidro”. Como explica el video, el agua de Madrid ahora viene desde la sierra pero entonces brotaba del subsuelo, en referencia a los Viajes de Agua que los musulmanes trajeron desde Oriente. Sus técnicas hidráulicas y agrícolas mejoraron la agricultura y por tanto la vida cotidiana. El único resto conocido de uno de estos viajes es el localizado en la plaza de los Carros durante las obras de reforma que tuvieron lugar en los años 80 del pasado siglo XX.

Museo Arqueológico Regional

Museo Arqueológico Regional

Plaza de los Carros

Plaza de los Carros

Una de las novedades es una vitrina que recrea los productos agrícolas cultivados en Al-Andalus.

También hay un recuerdo para el “torrente” que bajaba por la calle Segovia que regaba las huertas en sus laderas, y las del arrabal que existía al otro lado del arroyo, en el cerro de las Vistillas.

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Museo Arqueológico Regional

Calle Segovia

Calle Segovia

No cabe duda de que el gran logro de los musulmanes instalados en Mayrit fue el desarrollo de la técnica de los viajes de agua que permitió el progreso de la agricultura que a su vez propició la mejora económica y una vida comercial.

Las abundantes huertas que existieron en el interior del recinto cristiano a partir del siglo XII muy probablemente se originaron en época árabe, en lo que quizá desde la segunda mitad del siglo X fueron los arrabales, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente cuya existencia conocemos gracias a los hallazgos arqueológicos.

Teniendo en cuenta que era un ciudad pequeña, no un gran centro islámico, se puede suponer, como ocurrió en otros lugares, que existían pequeños zocos y tiendecitas junto a los accesos al recinto y en los recodos de las puertas. Aunque existió también el gran zoco, que se cree pudo situarse en lo que luego sería la plaza de San Salvador, a la salida del recinto amurallado por el camino que partía de la Puerta de la Almudena, hoy calle Mayor.

Como vimos durante nuestro paseo por la calle del Codo, la zona en aquella época entre las hoy calles Mayor y Sacramento estaba habitada. Por entonces la plaza de la Villa no existía; los gruesos muros aparecidos en la esquina con la calle Mayor indican que por allí pudo discurrir la hipotética segunda muralla árabe. Acaso ¿allí pudo estar la puerta de salida del segundo recinto islámico?

Mucho después, en el siglo XV, cuando Madrid ya era una ciudad cristiana, la plaza de San Salvador se convirtió en lugar principal, lugar de reunión del Concejo y de mercado, probable herencia del pasado.

El zoco (suq) era el lugar donde se concentraba la intensa vida del mercado agrícola y artesanal. Como nos cuenta la lámina explicativa en el museo, hay documentos que dan noticia de que en Madrid había un mercado organizado con periodicidad situado extramuros. En las ciudades grandes el mercado tenía un lugar definido, pero en las medinas pequeñas, como Talamanca o Madrid, se solía improvisar en las calles, normalmente cerca de los dos centros de la vida social, la mezquita y los baños.

Su funcionamiento estaba regulado por la hisba (normas municipales), y los zabazoques (Sahib as suq) o almotacenes (al-muthtasib) eran los encargados de que se cumplieran, además cobraban las tasas y vigilaban los fraudes y la higiene.

Sí hay constancia de que existió otro gran zoco ubicado en lo que hoy es la plaza de la Paja, destinado al comercio al por mayor, forraje para los animales, etc.

Otros núcleos de población surgieron en las afueras de las Puertas (de la Sagra, de la Almudena) y se fueron extendiendo, pero el hábitat de las Vistillas, en los terrenos de la colina donde luego se levantarían la Capilla del Obispo, la Casa de San Isidro y la iglesia de San Andrés, estaban bastante alejados de la muralla, al otro lado del arroyo de San Pedro. Era el más antiguo y también más importante a juzgar por la cantidad de hallazgos arqueológicos. Algunos autores creen que pudo nacer al mismo tiempo que el primer recinto amurallado, a finales del siglo IX, o incluso antes; otros apuntan que allí vivieron los mozárabes, cristianos que continuaron en la zona durante la ocupación islámica.

Como sabemos, en estos terrenos se hallaron numerosos recuerdos de la vida doméstica a lo largo de los siglos X y XI.

Taza, sg. XI (Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja)

Taza sg. XI (Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja)

Plaza de la Paja

Plaza de la Paja

Lo cierto es que la historia de la Plaza de la Paja y sus alrededores es muy rica y remota. Recordemos que la colina de San Andrés ya estuvo habitada hace alrededor de quince siglos antes de Cristo, en la Edad del Bronce. En sus proximidades se localizaron restos del primer poblado madrileño, no es de extrañar que aquí hayan continuado viviendo nuestros antepasados a lo largo del tiempo, y los árabes establecieran su mercado por donde entraban y salían los animales cargados, en el extremo sur de lo que en aquellos siglos X y XI era la pequeña ciudad de Mayrit.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Museo Arqueológico Regional
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Mazzoli-Guintard, Christine. Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI). Ed. Almudayna. Madrid 2011.

El Servicio Fotográfico era un gabinete del Ayuntamiento creado en 1914 con el fin de fotografiar toda la actividad municipal y dejar constancia de los cambios que pretendían convertir Madrid en una ciudad nueva. En las primeras décadas del siglo XX se acometieron reformas urbanísticas, se construyeron nuevas escuelas, mercados, dispensarios… Con la llegada de la República los proyectos se sucedieron; la apertura de la Casa de Campo a los ciudadanos, la prolongación de la Castellana y el nuevo Plan de enlaces ferroviarios, etc.

El nuevo Servicio se encargaba de realizar todo el material fotográfico municipal y guardarlo.

Membrete del Servicio Fotográfico

Membrete del Servicio Fotográfico y relación Archivo (enero 1936)

Otro de sus objetivos era ilustrar las propias publicaciones del Consistorio.

 Tiempos Nuevos: revista quincenal de estudios socialistas municipales, 1934.

Tiempos Nuevos: revista quincenal de estudios socialistas municipales, 1934.

Su creación no fue una iniciativa aislada sino que formó parte de una política cultural global. Se fundó la Hemeroteca, la Biblioteca Musical, la Escuela de Cerámica, las Bibliotecas Circulantes y de Jardines, el Servicio de Investigaciones Prehistóricas, la Revista de la Biblioteca y Archivo… y reforzaron las principales instituciones municipales, por ejemplo el Archivo de Villa. Se propició la salvación de algunos edificios, como el Hospicio de San Fernando que se convirtió en sede del Museo Municipal. Etc.

Escuela municipal de cerámica en construcción (1932) Negativo. Placa de cristal.

Escuela municipal de cerámica en construcción (1932)
Negativo. Placa de cristal.

Durante la guerra el gabinete fotográfico desapareció, como tantas cosas. Su existencia se ha conocido gracias a las publicaciones oficiales y al Archivo de Villa donde se conservan los documentos que reflejan todos los movimientos o actuaciones del Ayuntamiento, así como los Presupuestos Ordinarios de Gastos e Ingresos.

En 1951 la Hemeroteca recibió cerca de dos mil negativos de vidrio además de otros materiales fotográficos que hoy día forman parte del Museo de Historia y de la propia Hemeroteca.

Con la intención de mostrar esta actividad y parte de su archivo, se ha inaugurado en el Centro Cultural Conde Duque la exposición Madrid 1910-1935. Fragmentos visuales, secuencias y contrastes de una ciudad en transformación, que podemos visitar hasta el próximo 20 de abril.

pasillo conde duque

Formada por fondos de este Servicio, además de ser un documento gráfico excepcional de la ciudad en las primeras décadas del siglo XX es un precioso testigo de la vida cotidiana en esos años. Contemplar escenas del pasado, la mayoría en lugares reconocibles, nos gusta a casi todos. Es emocionante descubrir sitios o construcciones de los que hasta ahora nunca habíamos visto una imagen… también se muestran espacios desaparecidos.

La fotografía constituye sin duda uno de los mejores medios de documentación del pasado. Las generaciones futuras contarán con mucha más información que nosotros respecto a su historia, gracias a las actuales nuevas tecnologías y la fotografía digital. Pero en los comienzos del siglo XX no era tan fácil, por eso resulta grato conocer el rico material municipal, gran parte del cual está a nuestra disposición en la maravillosa web memoriademadrid.

Por Mercedes Gómez

En la calle Mayor nº 86, entre la calle del Factor y la calle de la Almudena, sobre un solar de historia muy antigua, se encuentra el Palacio de Abrantes, sede del Instituto Italiano de Cultura.

En la primera mitad del siglo XVI, antes del establecimiento de la capitalidad en la Villa, se produjo un pleito entre unos vecinos de algunas casas aquí ubicadas a causa del cual en 1549 Cristóbal de Villarreal dibujó un precioso plano, conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, en Planos y dibujos, desglosados, 199, la planta de varios edificios situados entre la calle de los Palominos (calle del Factor) y la Iglesia de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid que nos proporciona una información muy valiosa.

Croquis de Villarreal. 1549. (Real Chancillería de Valladolid. M. de Cultura)

Croquis de Villarreal. 1549. (Real Chancillería de Valladolid. Ministerio de Cultura)

El autor, además de dibujar las casas, patios, puertas, cuadras, una noria, albercas… incluso un árbol en casa “de doña Luisa”, e indicar todos los propietarios, representó la Puerta o Arco de Santa María –que durante la época musulmana fue Puerta de la Almudena–, un cubo de la muralla, y la propia muralla atravesando los edificios situados entre la calle del Factor –aquí denominada calle de Los Palominos– y la iglesia.

En la parte superior del croquis aparece el ábside de la iglesia de Nuestra Señora de la Almudena, primera parroquia de la Villa, que antes fue mezquita, lamentablemente derribada en 1868. En la breve calle de la Almudena, junto al Palacio, bajo un cristal se conservan los restos hallados en 1998.

Croquis de Villarreal. 1549 (detalle). M. de Cultura.

Croquis de Villarreal. 1549 (detalle). M. de Cultura.

muralla Abrantes2

Calle Mayor 86, esquina calle Factor 1.

Recordemos que la muralla árabe venía desde la Cuesta de la Vega, atravesaba el Palacio de Uceda (hoy Capitanía General) y subía atravesando los abruptos terrenos sobre los cuales con el tiempo se construiría la manzana 440.

Desde que muy pronto, suponemos, se construyeron las primeras casas arrimadas a la muralla, probablemente primero intramuros, luego extramuros, en este tramo junto a la Puerta de Santa María y la iglesia, se sucedieron los propietarios cuyos nombres conocemos gracias a los documentos. El Croquis de Villarreal, la Visita General de mediados del siglo XVII y la Planimetría del XVIII trazan la historia de este lugar.

Sobre esas casas entre 1653 y 1655 se construyó el Palacio primitivo firmado por Juan Maza, al parecer con dos torres con chapiteles característicos del Madrid de los Austrias. Texeira debió dibujarlo cuando aún no estaba terminado; en su plano aparece con una torrecilla en la esquina de la calle Factor, curiosamente en el lugar donde Villarreal había situado un cubo.

Texeira (1656)

Texeira (1656)

Según la Planimetría, en el siglo XVIII el palacio ocupaba una parte de la Casa nº 1 de la manzana, que el siglo anterior había estado formada por ocho sitios o inmuebles colindantes. Su propietaria era doña Mª Teresa Pacheco de la Cueva.

Plano de Espinosa (1769)

Plano de Espinosa (1769) (en rojo, restos de la muralla)

En 1842 el edificio pasó a manos de José María Carvajal Téllez Girón duque de Abrantes cuyo nombre aún conserva el palacio.

Fue reformado por Aníbal Álvarez Bouquel, discípulo de Isidro González Velázquez, y arquitecto de la aristocracia isabelina. Bouquel lo transformó en un elegante y lujoso palacio conservando las torres.

Treinta y dos años después el duque lo vendió al senador Manuel María de Santa Ana que instaló la sede del diario La Correspondencia de España, hasta 1887 en que el nuevo dueño del periódico lo vendió al Gobierno italiano para albergar su Embajada. Al año siguiente comenzaron las obras proyectadas por el arquitecto Luis Sanz. Las torres fueron demolidas. Los decoradores italianos Grandi-Passeti realizaron las singulares pinturas al fresco bajo el gran alero de madera.

abrantes ext

De la reforma de Bouquel solo se conservó la escalera imperial.

escalera

Desde 1939 es la sede del Instituto Italiano de Cultura.

El cambio de uso provocó nuevas reformas en el interior del edificio. Las galerías del patio se cerraron y se creó una nueva acristalada en el piso superior.

patio pavimento

patio cielo

Desde los ventanales de la fachada trasera del Palacio de Abrantes que se asoman al Palacio Real y a los Altos de Rebeque, punto más alto de la antigua manzana, rememoramos la muralla del siglo IX.

desde el palacio

En la esquina sur este del Palacio, donde Villarreal dibujó el arranque de la “cerca principal” y un cubo, hoy se encuentra la Biblioteca del Instituto Italiano.

Como ya contamos durante nuestro paseo en busca de la muralla árabe, en su interior, moderno y cómodo, admiramos un muro de piedra caliza y pedernal de unos cinco metros que discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor. Debe corresponder al comienzo del lienzo y el cubo que Villarreal dibujó en el siglo XVI.

muralla cerca

Entonces la muralla atravesaba las casas, a ella arrimadas, del licenciado Garcés, del procurador Salazar, de Gaspar de Oviedo… actualmente es uno de los muros de la biblioteca y, al menos de momento o que sepamos, el único resto conservado en el interior de la importante y aún enigmática manzana 440, de la muralla que cerraba el primer recinto mayrití .

muralla Abrantes

A pesar del tiempo transcurrido y de las dificultades, ha subsistido como fragmento vivo del Madrid más antiguo. Ahora, en el siglo XXI, bien cuidada, ella custodia solo libros.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Guerra de la Vega, Ramón. Palacios de Madrid. ed. del autor. Madrid, 2001. (tomo 1)

Aunque no se conoce su origen con certeza, la historia del vino de Madrid es muy antigua. Uno de los pocos oficios mencionados en el Fuero de 1202, documento impagable que nos informa sobre la vida en el Madrid de los siglos XII y XIII, es el de vinateros o vinateras, taberneros o taberneras, dejando claro que era desempeñado tanto por hombres como por mujeres. Una de las rúbricas de esta ley medieval estaba dirigida a Quien comprare cubas. Los precios eran fijos, marcados por el Concejo, y el vender vino adulterado era objeto de multa.

A lo largo de la Edad Media creció el cultivo del viñedo y el vino se convirtió en un elemento importante dentro de la alimentación de los madrileños. Además era utilizado con fines sanitarios como medio para desinfectar y curar heridas. Y finalmente, no hay que olvidar su importancia fiscal, la alcabala o impuesto del vino fue uno de los más importantes debido a que su consumo era muy elevado. En definitiva, poco a poco aumentó su producción y comercio llegando a cumplir un papel esencial en la vida económica medieval madrileña.

Los dueños de los viñedos podían ser particulares; casi todos los vecinos tenían su viña que en su mayor parte trabajaban ellos mismos y solían cubrir sus propias necesidades. También el Concejo y la Iglesia; las iglesias y sobre todo los conventos era propietarios en muchos casos.

La buena conservación del vino era esencial, para ello se construían bodegas subterráneas, algunas con su propio lagar, donde se almacenaba en cubas de madera o tinajas de barro. Esto ocurría en los pueblos y también en la Villa, a lo largo de la Edad Media, y en siglos posteriores. A finales del XVI, con la llegada de la Corte y el aumento de la población y por tanto del consumo prosperaron los oficios relacionados con la elaboración y venta de vino, bodegueros, taberneros, tinajeros…

BODEGAS SAN BLAS_10

En la calle de San Blas nº 4, a espaldas de la calle Atocha 111, existe una antigua bodega convertida en restaurante, quizá la única de estas características que se conserva en el centro de Madrid. Es uno de esos tesoros ocultos y abandonados, llamados a desaparecer, que a veces se salvan y salen a la luz gracias a particulares que reconocen su valor histórico y ponen todo su empeño en su conservación y rehabilitación.

El edificio bajo el que se cobija y el solar también esconden su historia.

La Bodega de los Secretos se encuentra en la manzana 255 que comenzaba a numerarse por la calle de Atocha, seguía por San Pedro, San Blas y Alameda para volver a Atocha, denominaciones que ya aparecen en el plano de Pedro Texeira.

Texeira, 1656 (detalle)

Texeira, 1656 (detalle)

El solar de la calle Atocha, esquina San Pedro y vuelta a San Blas, que un siglo después sería la Casa nº 6 de la manzana 255, a mediados del siglo XVII estaba ocupado por cinco casas. Una de ellas pertenecía a Pedro Martínez de la Membrilla, tabernero. Parece que en este lugar de la calle de Atocha ya se vendía vino hace más de trescientos cincuenta años.

Sabemos por la Planimetría General de Madrid que a mediados del siglo XVIII la Casa nº 6 era propiedad de la Congregación de San Felipe Neri de seglares siervos de los pobres-enfermos del Real Hospital General, situado al otro lado de la calle, hoy sede del Museo Reina Sofía. Era una asociación religiosa de beneficencia constituida por seglares.

Manzana 255. (Espinosa, 1769)

Manzana 255. (Espinosa, 1769)

Es posible que entonces fuera construida la bodega, quién sabe si sobre alguna construcción anterior, como veremos.

Sobre este solar –actuales números 109 y 111 de la calle Atocha–, en distintas épocas fueron construidos otros edificios. En 1874 las casas correspondían a los números 137, 139 y 141.

Plano Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

Plano Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

Sabemos que en 1897 Melchor Vega era el dueño de una tienda de vinos en el nº 139 de la calle Atocha, establecimiento que estaba abierto desde 1875. Ese año don Melchor solicitó al Ayuntamiento una licencia para continuar, que le fue concedida. A las puertas del siglo XX, allí se vendía vino, como a mediados del XVII.

La bodega contaba con todas las oficinas necesarias para la elaboración de vinos y una gran cueva de cañones seguidos con sus útiles para la colocación de las tinajas que sirven para la conservación de los vinos, cuyos calados y bodega se introducen en los perímetros de las tres casas.  Así consta en la escritura firmada en 1921 por un representante de la Congregación de San Felipe Neri conservada en el Archivo General de Protocolos.

Por otra parte, es curioso leer en la Constituciones de la Congregación de 1899, en su capítulo XIV, Que se repartan las cenas y el vino, cómo los Hermanos acabada la cena repartían a los enfermos del Hospital bizcochos y vino tinto, atendiendo con especialísimo cuidado a los que, por su total inapetencia, no hubiesen cenado, supuesto se sabe por experiencia que este socorro les sirve de alimento y medicina respecto a su achaque.

Derribadas las casas antiguas que tenían un máximo de dos plantas, se construyeron los edificios actuales. El de la calle de Atocha 111, y fachada posterior a la de San Blas fue obra del arquitecto Emilio Antón Hernández.

ext manzana 255

La cornisa del nuevo edificio fue adornada con la imagen de San Felipe Neri, patrón de la Congregación.

Calle Atocha 111

Calle Atocha 111

La entrada y bajada a la bodega está en la calle de San Blas nº 4.

BODEGAS SAN BLAScalle

Como hemos visto, las construcciones se han ido sucediendo, desde las modestas casitas del XVII hasta estos edificios de seis plantas obra del siglo XX. Lo más sorprendente es que el sótano continúa ocupando todo el solar de la antigua Casa nº 6 propiedad de la congregación religiosa en el siglo XVIII, más de 300 metros cuadrados bajo las viviendas de Atocha nº 109 y 111 con vuelta a San Pedro y San Blas 2 y 4.

A pesar de los derribos y nuevas edificaciones, el sótano de galerías y bellas bóvedas de ladrillo se ha mantenido casi inalterable a lo largo del tiempo. Aunque llegó a estar en un estado lamentable, hace algo más de diez años comenzó su recuperación.

La Bodega en efecto está llena de secretos. Está formada por cuatro galerías que en cierto modo recuerdan la forma de un claustro irregular. Cuatro lados, diferentes, de un espacio algo laberíntico. De la galería mayor, espaciosa y altos techos, paralela a la calle San Blas, a la que llegamos tras bajar unas modernas escaleras de hormigón, parten otras dos que al final se unen por un pequeño túnel abovedado.

BODEGAS SAN BLASgaleria1alta

Ambas galerías están jalonadas por una serie de grandes hornacinas donde se debían situar las tinajas que contenían el vino.

BODEGAS SAN BLASrincon

Algunas diferencias entre ambas galerías sugieren la posibilidad de que fueran construidas en épocas distintas. La primera, podría ser más antigua, es muy sencilla, estrecha, poco más de dos metros de alto. La construcción es de ladrillo excepto el centro, el corazón de los pilares, de los gruesos muros que soportan los arcos, que tienen un refuerzo de sílex.

 galeria 1 silex

silex

Después de atravesar el breve túnel que une ambas…

BODEGAS SAN BLAStunel abovedado

… llegamos a la otra galería, mayor en todos los sentidos. Por sus dimensiones, mayor anchura, altura y longitud, y por sus detalles decorativos y arquitectónicos más complejos.

BODEGAS SAN BLASarcos

Las bóvedas rebajadas son espléndidas, cuidadas construcciones  llenas de detalles.

 BODEGAS SAN BLASboveda2

BODEGAS SAN BLASboveda1

Algunas de las bóvedas de esta galería muestran unas decoraciones que nos recuerdan las elaboradas construcciones de las pechinas de algunas iglesias.

BODEGAS SAN BLASpechina

Hay que resaltar la magnífica restauración y rehabilitación del espacio realizada por su propietario Raúl Muñoz. Gracias a su tesón y esfuerzo se han conservado todos los elementos constructivos y los materiales en la medida de lo posible. Tanto los más antiguos como los de épocas más recientes, todos testigos de las diferentes etapas en la historia de esta singular construcción.

En las zonas en que el deterioro era tan grande que no se podían recuperar, los ladrillos fueron sustituidos por otros realizados a la antigua usanza en una fábrica artesanal en Arévalo en la que milagrosamente se continúan haciendo a mano, como hace siglos.

Tras uno de los muros apareció un largo y misterioso pasadizo cuyo comienzo se puede contemplar gracias a un espejo colocado con acierto. Su probable destino era el Hospital General con el cual seguro se comunicaba la bodega.

pasadizo

Durante las obras también aparecieron restos de las antiguas tinajas y su soporte. Alguna de las bóvedas muestra parte de estos recuerdos.

tinaja

Otras guardan vino, como en el pasado. Las demás se han convertido en acogedores rincones.

BODEGAS SAN BLAS_06

La Bodega de los Secretos, un restaurante que hace honor a su nombre, en la calle de San Blas nº 4, a un paso de las Serrerías Belgas, Caixaforum, el Jardín Botánico…. Además de un lugar donde comer bien y estar a gusto, un precioso ejemplo de arquitectura del Madrid subterráneo, un retorno al pasado y una lección de historia.

Texto : Mercedes Gómez
Fotografías : Carlos Rodríguez Zapata

Nota:
Esta entrada ha visto la luz gracias a la ayuda de varias personas.
Gracias a Raúl Muñoz, por rehabilitar la antigua bodega con tanto cariño y cuidado, haber investigado su pasado acudiendo a los Archivos y facilitarnos toda la información.
Gracias a Alberto Villar por mostrarnos y contarnos todos los “secretos” de este restaurante que dirige y conoce tan bien.
Y por supuesto gracias a Carlos R. Zapata que “descubrió” el lugar, me llevó a conocerlo y realizó unas fotografías preciosas, como suele hacer siempre y podéis comprobar en su web.

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Bibliografía:

Puñal Fernández, Tomás. “La producción y el comercio de vino en el Madrid medieval”. En la España Medieval nº 17. Ed. Complutense. Madrid 1994.
Manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid Corte de España. 1658. Transcripción de Roberto Castilla.
Planimetría General de Madrid

artedemadrid@gmail.com
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