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Contábamos hace unos meses que la pintura al temple sobre tela es una técnica muy antigua aunque su uso se desarrolló durante la Edad Media y llegó a ser muy habitual en los siglos XV y XVI en Flandes, llegando a otros países, entre ellos España. Los sargueros españoles eran los cleederscrivers flamencos o, en inglés, los cloth painters (pintores de telas). Era un oficio más, regulado por las Ordenanzas, como el de dorador, el pintor de retablos, de techumbres de madera o de murales.

Ahora vamos a completar aquel artículo Sargas, telas pintadas gracias al conocimiento de nuevos documentos e información.

Libros de Acuerdos

Comenzamos hoy refiriéndonos a las mencionadas Ordenanzas que la investigadora Mercedes Agulló sacó a la luz, tal vez único documento conocido sobre el tema, incluidas en su libro Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII.

Con fecha 11 de mayo de 1543 el Ayuntamiento estaba reunido como era habitual en las Casas de la plaza de San Salvador –hoy plaza de la Villa–. Ese día firmaron y publicaron en las Actas de reunión las Ordenanças de pintores, ordenanzas para el ofiçio de pintores de sargería.

Habían sido solicitadas por algunos oficiales sargeros vecinos de la Villa para que los pintores fueran examinados y que solo ejercieran el oficio si antes eran declarados hábiles para ello.

Se estableció que ningún pintor del arte de la sargería de cualquier calidad o condición podía pintar en Madrid si no era examinado por los examinadores nombrados por la Villa, bajo pena de 600 maravedíes si hiciera lo contrario, el doble la segunda vez que infringiera la norma. A la tercera sería privado del oficio y desterrado de Madrid y su tierra.

Firmados los acuerdos, los presentes, el Corregidor y los Regidores suplicaban a Su Majestad los confirmara y mandara guardar.

Poco después, aproximadamente en 1547 fue cuando fueron instaladas las grandes sargas que cubrían el retablo de la bellísima Capilla del Obispo, entre las que estaba la que parece única pieza conservada, que ya vimos, el Descendimiento de la Cruz, de Juan de Villoldo, hoy guardada en los almacenes del Museo de Historia.

Así consta en el Inventario del Ayuntamiento de Madrid 2014, Muebles de carácter histórico o artístico.

El Descendimiento

El Descendimiento

La sarga está archivada con el nº 00073057 como Pintura, temple sobre sarga, con el título de “Descendimiento”, Juan de Villoldo, aprox. año 1547. Medidas 7,90 x 3,10 m.

Continuará…

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

AGULLÓ y COBO, Mercedes. Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII. Departamentos de Historia del Arte de las Universidades de Granada y Autónoma de Madrid. Granada 1978. Pág. 193.

Inventario del Ayuntamiento de Madrid. Muebles de carácter histórico o artístico. Madrid 2014.

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La palabra sarga, tal como recoge el Diccionario de la Real Academia Española, en su primera acepción tiene dos significados, se puede referir a un tipo de tela y a un tipo de pintura.

sarga1. (Del lat. serĭca, de seda).
1. f. Tela cuyo tejido forma unas líneas diagonales.
2. f. Pint. Tela pintada para adornar o decorar las paredes de las habitaciones.

Hoy vamos a hablar de las telas pintadas. Se suele llamar sarga a las pinturas realizadas sobre la tela sin ninguna preparación, excepto el encolado. Se habla de pintura sobre sarga, pero las telas empleadas eran sobre todo el lino, el tafetán y el cáñamo. La sarga es el objeto, no el soporte.

La pintura al temple sobre tela es muy antigua aunque su uso se desarrolló durante la Edad Media y llegó a ser muy habitual en los siglos XV y XVI en Flandes, llegando a otros países, entre ellos España. Los sargueros españoles eran los cleederscrivers flamencos o, en inglés, los cloth painters (pintores de telas). Era un oficio más, regulado por las Ordenanzas, como el de dorador, el pintor de retablos, de techumbres de madera o de murales. La pintura sobre sarga era difícil, requería una gran maestría y firmeza, pues secaba con gran rapidez y no admitía corrección.

Se realizaron muchas sargas debido a que eran más baratas que los tapices, para cubrir paredes con un fin decorativo. También eran utilizadas como puertas de los órganos en las iglesias o cortinas para cubrir los retablos de los altares en tiempos de Cuaresma.

Debido a que en muchas casos estuvieron destinadas a obras efímeras (arcos triunfales, representaciones teatrales, túmulos funerarios…) y a su fragilidad, muy pocas han llegado hasta nuestros días, pero quedan ejemplos en España, algunos en los museos de Madrid.

Hay varias obras propiedad del Museo del Prado calificadas como sargas.

De Pedro Berruguete el Prado posee cuatro sargas creadas para una iglesia de Ávila, procedentes del Museo de la Trinidad, no expuestas. Son pinturas sobre lienzo al aguazo, cada una mide 350 x 206 cm. San Pablo y La Adoración de los Reyes (temple), y San Pedro y Dos reyes magos (técnica mixta).

Berruguete. San Pablo (1493-99)

P.Berruguete. San Pablo (1493-99) (Foto Museo del Prado)

Otra, tampoco expuesta, es La Anunciación y la Visitación (205 x 167 cm.), temple sobre sarga, de un pintor anónimo llamado Maestro de la Leyenda de Santa Lucía, por la obra que representa escenas de la vida de esta santa (que se encuentra en la iglesia de Santiago de Brujas, ciudad en la que estuvo activo el pintor entre 1480 y 1501).

La obra está fechada entre 1485-1490. Fue adquirida por el Ministerio de Cultura en marzo de 1985 con destino al Museo del Prado. Es una pintura en grisalla, con escasos elementos de color, en la tradición flamenca. Las grisallas eran pinturas monocromas que empleaban únicamente la gama de los grises, para simular esculturas de piedra ubicadas en marcos arquitectónicos.

La Anunciación y la Visitación, temple sobre sarga, 205 x 167 cm.

La Anunciación y la Visitación, temple sobre sarga (1485-1490) (Foto Museo del Prado)

Otra sarga, propiedad del Museo Municipal, donde ingresó en 1936, es el Descendimiento de la Cruz, atribuido a Juan de Villoldo, temple sobre sarga, de 7,90 x 3,10 metros, del que tenemos noticia gracias al Catálogo de la exposición inaugurada a finales de 1979, Madrid hasta 1875 : testimonios de su historia. En aquellos momentos la directora del museo era Mercedes Agulló, a quien agradezco su gran ayuda, y su amistad.

Leemos en él que la pintura es “de estilo muy próximo al de Juan de Villoldo (h. 1507-1551), que en 1547 contrata las grandes sargas que cubrían el retablo de la Capilla del Obispo”.

Actualmente se encuentra, según informan en el hoy Museo de Historia, en algún almacén municipal. La imagen incluida en el mencionado Catálogo, la única que he podido localizar, es en blanco y negro, pero está “pintada con efecto de claroscuro, solamente coloreados los rostros y manos de los personajes”, casi una grisalla, como muchas de las sargas religiosas de la época.

El Descendimiento

Juan de Villoldo. El Descendimiento (mediados sg.XVI). Museo Municipal.

Ojalá en alguna próxima exposición la podamos ver. Escribió Pérez Sánchez que es un “ejemplo casi único del arte de mediados del siglo XVI, del manierismo más característico…”, del arte que Berruguete introdujo en Castilla.

Sí podemos contemplar y admirar, en el Museo del Prado, El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Bruegel el Viejo. Es una pintura al temple de cola sobre tela (sarga), de 148 x 270,5 cm, pintado entre 1565-1568.

Bruegel. El vino de la fiesta de San Martín (h.1565-1568) (Foto Museo del Prado)

Bruegel. El vino de la fiesta de San Martín (h.1565-1568) (Foto Museo del Prado)

Llegó al Prado en 2009 en muy mal estado, cubierta por un grueso barniz, varios repintados y reentelados. Todo ello fue eliminado tras una lenta, laboriosa y delicada restauración.

La sarga o tüchlein estuvo expuesta de forma temporal, desde diciembre de 2011 a marzo de 2012, en una pequeña muestra junto a las imágenes radiográficas y explicación de las fases de su restauración. Ahora se encuentra en la Colección Permanente en la Sala LVI A, una de las más importantes del museo. Sala deslumbrante, dedicada a los grandes maestros de la Pintura flamenca, El Bosco, Patinir y el propio Bruegel, de quien hasta ese momento el museo solo poseía una obra, El triunfo de la muerte, óleo sobre tabla (h. 1562).

Todas las obras de la sala son óleos sobre tabla, excepto la sarga El vino de la fiesta de San Martín. Contrastan los colores brillantes e intensos de los demás cuadros con el color mate de la sarga sin barniz.

La pintura de Bruegel describe el reparto del vino procedente de la vendimia el día 11 de noviembre, día de San Martín, y los excesos que provoca; representa más de noventa figuras y está llena de detalles, pequeñas escenas, algunas divertidas o irónicas dentro de lo dramático de la situación de los protagonistas, de la escena general. Robos, peleas, hasta una madre dando de beber vino al niño…

Bruegel. El vino de la fiesta de San Martín (detalle).

Bruegel. El vino de la fiesta de San Martín (detalle).

De Bruegel el Viejo se conservan solo tres pinturas en sargas, dos en el Museo Nazionale di Capodimonte en Nápoles, y esta del Prado. Es una obra maestra realizada al final de su vida, en la que demuestra su dominio de la pincelada.

Pintada con temple de cola sobre una tela sin preparación, técnica habitual en Flandes en los siglos XV y XVI como hemos comentado. Se utilizó lino con ligamento de tafetán, una tela muy fina, de color claro, que se empleaba a menudo en la época. “Sobre la tela solo se aplicó un apresto de cola de origen animal, como es habitual en las sargas, que se solían colgar en la pared sin bastidor”.

Con el tiempo se fue abandonando la pintura sobre sarga, aunque hay algunos ejemplos realizados ya en el siglo XIX.

En el Museo de Historia hallamos varias pinturas, temple sobre sarga. De autor anónimo, forman parte de un conjunto de cinco sargas que representan distintos lugares de Madrid; se cree debieron adornar las paredes de alguna finca de recreo. Son cinco trampantojos pintados sobre sarga gruesa que representan lugares rodeados por guirnaldas y marcos fingidos.

Actualmente se exponen cuatro de ellas, son sobre todo valiosos documentos de la vida madrileña hacia 1816. Miden 1,50 x 2,80 m. En la planta sótano, junto a la maqueta de 1830 de León Gil de Palacio contemplamos el Palacio de Buenavista y fuente de Cibeles.

El Palacio de Buenavista y la fuente de Cibeles.

Palacio de Buenavista y fuente de Cibeles (1816).

El Palacio de Buenavista y la fuente de Cibeles (detalle).

Palacio de Buenavista y fuente de Cibeles (detalle).

En la planta 1, El estanque grande del Retiro y la Fábrica de “la China” y el Palacio Real desde la Cuesta de la Vega. En la planta 2, la Puerta de San Vicente.

La del Estanque del Retiro es especialmente interesante pues representa el edificio de la antigua Fábrica de Porcelana, o lo que quedaba de ella después de la guerra de la Independencia, y el antiguo Embarcadero.

El Estanque grande del Retiro (detalle).

El Estanque grande del Retiro (1816) (detalle).

Finalmente, el Museo Cerralbo posee una sarga datada en 1819 obra de Zacarías González Velázquez, que podría proceder de un friso funerario, obra de arquitectura efímera, dedicado a la reina Isabel de Braganza.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

A.E. Pérez Sánchez. “Pintura y dibujo de los siglos XVI y XVII”. Catálogo exposición Museo Municipal, Madrid hasta 1875 : testimonios de su historia. Ayuntamiento de Madrid, 1979.
Guía del Museo Municipal de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1993.
E. Bermejo. “La Anunciación y la Visitación del Maestro de la Leyenda de Santa Lucía”. Boletín del Museo del Prado. Vol 15, nº 33, 1994.
S. Santos y M. San Andrés. La pintura de sargas. AEA, LXXVII, 2004.
P. Silva, M. Sellink y E. Mora. Pieter Bruegel el Viejo. El vino de la fiesta de San Martín. Museo del Prado, Madrid 2011.

 

Hoy miércoles día 10 de diciembre de 2014, por fin, la alcaldesa de Madrid ha inaugurado el nuevo Museo de Historia, antiguo y querido Museo Municipal, en la calle de Fuencarral.

Curiosidad, interés, emoción… eran muchas las sensaciones que esta mañana flotaban en el patio cubierto, nuevo vestíbulo de entrada al museo, entre los numerosos invitados a vivir este momento tan esperado por muchos de nosotros, la reapertura de la Colección Permanente.

patio alcaldesa

Tiempo habrá de volver una y otra vez, y observar las bellas pinturas, esculturas, objetos.. y hablar de ellos, pero hoy no podíamos faltar a la cita y es obligado dejar constancia en este blog, en el que tanto hemos hablado de este museo y de algunas de sus obras, de la grata noticia: nuestro Museo, el museo que cuenta nuestra historia ha reabierto sus puertas.

La maqueta, el Modelo de Madrid, de León Gil de Palacio, permanece en el sótano, donde se podía admirar desde hace algún tiempo, es la Sala -1 dedicada a Cartografía y maquetas. Junto al patio, en la planta 0, se encuentran los restos de la Noria del viaje de agua hallados durante las obras, que de momento no van a ser mostrados al público.

En las plantas 0, 1 y 2 ha sido ordenada la Colección bajo un lógico criterio cronológico. A través de las salas en las tres plantas asistimos al relato de nuestra historia, desde que en 1561 el rey Felipe II trajera por vez primera la Corte a la pequeña villa de Madrid hasta los albores del siglo XX.

El espacio interior ha sido totalmente remodelado, recordemos que por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade. Las nuevas salas, con suelos, paneles y techos de cálida madera, son luminosas y acogedoras. Ha sido muy agradable comprobar que no ha habido concesiones a una falsa “modernidad”, las obras son las protagonistas.

casa de campo

En la planta 0 se exponen las que ilustran los años finales del siglo XVI y sobre todo el siglo XVII. Villa, Corte y capital de dos mundos. Ese Madrid cosmopolita, con sus luces y sus sombras, sus nobles y sus mendigos, sus literatos y sus artesanos, ese Madrid, nuevo escenario de poder, al que llegaron personajes desde todos los rincones del Imperio. Las Vistas del Alcázar, de la Plaza Mayor, la Plaza de la Villa; la ciudad festiva y teatral del Barroco.

alcazar

En la planta 1 se cuenta la historia desde 1700, con la llegada de la nueva dinastía borbónica, hasta 1814, finalizada la guerra de la Independencia. El Madrid, Centro ilustrado del Poder, que vio cómo llegaban las nuevas ideas en economía, el arte y las ciencias.

pasillo bayeu

Finalmente, en la planta 2 nos sumergimos en el Sueño de una ciudad nueva, en el Madrid vivido de 1814 a 1910. Los barrios pobres y el nacimiento de un nuevo Madrid, el Ensanche y la actividad industrial, una realidad múltiple y antagónica.

Pero el Museo no es solo un museo de historia, está lleno de maravillosas obras de arte. Es un placer ir descubriendo o recordando las piezas en las que grandes artistas han ido pintando, dibujando y fotografiando nuestra ciudad.

dos de mayo

Hacía demasiado tiempo que no podíamos disfrutar del rico patrimonio artístico que atesora esta institución, que a su vez forma parte de nuestra historia, alojada en el Antiguo Hospicio, el singular edificio de Pedro de Ribera. Sobre todo los madrileños más jóvenes no lo recordarán, lo más probable es que no lo conozcan. Ahora todos tenemos la ocasión, el privilegio, de poder volver, o empezar a conocerlo.

Me voy a permitir decirlo: ¡Qué bonito!

El Museo de Historia, en la calle de Fuencarral nº 78. Entrada gratuita.

Por : Mercedes Gómez

 

 

La semana pasada, en el acogedor salón de actos del Museo de la Imprenta Municipal en la calle de la Concepción Jerónima, tuvo lugar la inauguración del Curso 2014-2015 del Instituto de Estudios Madrileños, a la que tuve el placer de asistir.

Además del discurso inaugural, Por la cultura en una sociedad en cambios, a cargo de Miguel Ángel Recio, Director General de Bellas Artes, Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, los asistentes pudimos escuchar algunas buenas noticias.

Siempre es gratificante comprobar que la actividad del Instituto sigue viva, a pesar de los malos tiempos que corren. Según informó el Presidente Alfredo Alvar, pronto tendremos a nuestra disposición el ejemplar de los Anales correspondiente a 2014. Se está trabajando en la organización de unas jornadas que tendrán lugar en diciembre en homenaje a Julio Caro Baroja en el centenario de su nacimiento, que fue miembro del Instituto desde 1978 hasta su fallecimiento en 1995. En enero habrá otras prometedoras jornadas sobre Cervantes. Y probablemente el año que viene se celebrará un nuevo ciclo de Conferencias sobre La vida cotidiana en Madrid, que aún está en fase de proyecto.

En medio de todo esto, nos dieron otra buenísima noticia.

Hemos clamado aquí tanto por la reapertura del Museo Municipal, que es obligado hablar de la buena nueva.

Por fin, el próximo mes de diciembre, en torno al día 10, en cualquier caso antes de Navidad, será inaugurado el nuevo Museo de Historia, nuestro querido antiguo Museo Municipal, en la calle de Fuencarral. Lo comunicó el propio concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Corral.

Museo Municipal, calle Fuencarral 78.

Museo Municipal, calle Fuencarral 78.

A finales de 2001 el museo cerró sus puertas (excepto para algunas exposiciones temporales). Hace ya demasiado tiempo de eso.

Muchos madrileños recordamos con cariño las antiguas salas llenas de pinturas, grabados, esculturas, maquetas… hay que hacerse a la idea de que todo lo vamos a encontrar muy cambiado… y esperar la apertura con interés y emoción.

Recordemos que hace unos años las Colecciones del Museo Municipal fueron divididas en tres partes: la primera, desde nuestros orígenes al siglo XVI, fue destinada al Museo de San Isidro, en la plaza de San Andrés. La segunda, ubicada en este Museo de Historia, desde el XVI hasta el XIX. Y la última, que abarca las obras del siglo XX hasta la actualidad, en el Museo de Arte Contemporáneo, en el antiguo Cuartel de Conde Duque (museo del que por supuesto también deseamos su reapertura).

Así, el recorrido que nos propondrá el nuevo Museo de Historia comenzará durante el reinado de Felipe II, desde el momento en que en 1561 se produjo el primer traslado de la Corte a Madrid, y finalizará en el siglo XIX.

Durante las largas obras al parecer todas las salas han sido remodeladas, según proyecto del arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade (que también ha rehabilitado el Museo Arqueológico Nacional).

Otra gran noticia es que se conservan los restos de la Noria, estructura hidráulica del siglo XVII, hallados en 2004 durante las obras gracias a los sondeos arqueológicos realizados. Los lectores más antiguos del blog tal vez recordéis que nos hemos preguntado aquí también varias veces sobre ella, debido a su importancia dentro de la red de viajes de agua madrileños. Ante la falta de noticias llegamos a pensar que el hallazgo quizá había sido tapado, pero no fue así, así que estamos de enhorabuena.

Continuará…

Por: Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 24 noviembre 2014 :

Ya se conocen los detalles del próximo Seminario en homenaje a Julio Caro Baroja, que tendrá lugar los días 9, 10 y 11 de diciembre en la Biblioteca Pública Manuel Alvar (c/ Azcona, 42). Si estáis interesados, podéis descargar el programa aquí.

 

En Madrid en Navidad podemos contemplar bellos belenes, unos de gran valor histórico y artístico, otros más modernos y sencillos, pero todos bonitos. Hace dos años admiramos el de la iglesia de Las Carboneras, uno de los más antiguos, las delicadas figuras de marfil del de San Andrés… y otros a los que siempre apetece volver.

Este año quizá la estrella es el de Francisco Salzillo, formado por las extraordinarias esculturas realizadas por el artista barroco en el siglo XVIII, procedente del Museo Salzillo de Murcia. Se expone en el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento.

Otra novedad es el belén popular tradicional instalado en el Olivar de Chamartín cuya historia conocimos hace pocas semanas, cuando visitamos la Casa de Ramón Menéndez Pidal. El resto del antiguo olivar conservado, la mayor parte (casi una hectárea), pertenece a la familia Castillejo, herederos del primer propietario de todos los terrenos, José Castillejo. Recordemos que la entrada se encuentra en la calle de Menéndez Pidal nº 3.

Actualmente alberga la Fundación Olivar de Castillejo creada por sus hijos en 1985 con el fin promover la cultura y la educación en nuestro país, preservar importantes documentos de la época y por supuesto, mantener el entorno natural y los olivos.

camino del olivar

Es un lugar encantador. Se conserva la sencilla casa donde vivieron José y su mujer Irene Claremont junto a sus cuatro hijos, todos ellos ligados al mundo de la cultura y de la ciencia.

casa castillejo

Y la de su hermana Mariana, casada con el médico Juan López Suárez.

casa hermana portal

Los fines de semana ofrecen música, recitales de poesía… bar, restaurante y un ambiente delicioso para pasear entre más de cien olivos centenarios, además de algún lilo, membrillo… y, no podía faltar, un madroño.

Estas Fiestas han ampliado su horario con la novedad del belén que podemos visitar hasta el 6 de enero. En su web se pueden consultar los horarios y toda la programación navideña, además de conocer la historia y detalles de la Fundación.

belen castillejo

Las casitas blancas de Belén, los ajimeces o ventanas voladas…

belen voladizos

… escenas cotidianas de la vida del pueblo…

belen fuente

… y por supuesto, el nacimiento.

nacimiento

Y finalizamos nuestro paseo por los belenes madrileños volviendo al centro de Madrid. En el Museo de Historia, que sigue cerrado –excepto la sala en la que se expone la Maqueta o Modelo de Madrid, construida en 1830 bajo la dirección de León Gil de Palacio–, junto al patio han instalado un belén napolitano del siglo XVIII, excelente conjunto escultórico propiedad del museo, formado por más de cincuenta figuras articuladas que ejemplifican el espíritu cortesano de la cultura barroca.

escena copia

Su estilo naturalista, con sus figuras policromadas, adornos, los vestidos, describen la sociedad napolitana de la época, tanto la de las clases nobles como las más modestas, los campesinos, pastores, los distintos oficios, etc. Aunque habitualmente no se conoce el autor de este tipo de obras, son sin duda pequeñas joyas creadas por los mejores escultores del barroco, sobre todo los que desarrollaron su arte durante el reinado de Carlos III.

Por Mercedes Gómez

La Biblioteca Nacional continúa celebrando su Tricentenario con una iniciativa muy bonita e interesante. Algunos de sus tesoros se han trasladado a otros museos buscando Otras Miradas y un diálogo con otras obras. Esta singular exposición se distribuye por salas del Museo del Prado, Reina Sofía, Thyssen- Bornemisza, Lázaro Galdiano, del Romanticismo, Palacio Real, de Ciencias Naturales, de Historia, de América y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Todas las propuestas de los diez museos madrileños que acogen obras de la Biblioteca son sugerentes, pero hoy os animo a ver dos de las que yo he podido ya visitar, una algo inquietante en el Museo de Bellas Artes, calle de Alcalá 13, y otra, maravillosa, en el Museo de Historia, en Fuencarral 78. Ambas, imprescindibles. Un curioso paseo desde el siglo XVII de Calderón al siglo XIX de Larra.

La Primera parte de Comedias de don Pedro Calderón de la Barca, que incluye La vida es sueño, libro impreso en 1636 por María de Quiñones, se adentra hasta la sala nº 11 del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Allí se ha encontrado con El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, cuadro pintado a mediados del siglo XVII, contemporáneo por tanto de la obra de Calderón.

Cuando hace varias semanas hablamos aquí de la vida y la obra de Antonio de Pereda comentábamos que así como la obra religiosa del gran autor barroco está bien representada en España, no tanto el bodegón, género del que fue un gran maestro. Aquí en San Fernando tenemos esta vanitas, especialidad de bodegón, considerada una obra maestra. El cuadro que perteneció a Manuel Godoy, bajo el título Los placeres del hombre pasan como un sueño, tras la invasión francesa fue enviado al Museo Napoleón en París. Fue devuelto a España en 1816 y desde entonces se encuentra en la Academia.

Esta pintura, como todas las de su género, está llena de simbolismos. El ángel señala los objetos sobre la mesa que representan las tentaciones, lo fugaz… con un objetivo moralizante, propio del Barroco.

Ambas obras, el sueño de Calderón y el sueño de Pereda, nos proponen reflexiones sobre la vida y la naturaleza humana, la vanidad y los placeres.

Otra visita obligada es al Museo de Historia, que ha vuelto a abrir su sala de exposiciones temporales. Las obras del museo al parecer han terminado, aunque aún no hay fecha de apertura debido a los problemas económicos. De momento podemos visitar esta muestra llena de alicientes. Ya que nos hemos quejado tanto de que este museo no permitía hacer fotografías en su interior, justo es decir que en esta ocasión sí está permitido.

El pobrecito hablador, revista satírica de costumbres, de Mariano José de Larra, impresa en 1832, ha viajado hasta el antiguo Museo Municipal, donde esperaba nada más y nada menos que la espectacular Maqueta o Modelo de Madrid, construida en 1830 bajo la dirección de León Gil de Palacio.

Es una alegría poder volver a contemplar la Maqueta, que nos permite recorrer el Madrid que vivió Larra, y también el nuestro, reconocer las calles, los edificios que perviven… y vernos a nosotros mismos paseando por ese Madrid de cuento. Disfrutamos buscando las calles y las casas que conocemos, nos sentimos protagonistas de la historia.

Como complemento a esta bella ilustración del Madrid de 1830 también se exponen los cuatro óleos de José María Avrial, las Vistas de Cibeles, Palacio Real, el Campo del Moro y la plaza de la Paja. Otra alegría poder admirarlas por fin.

En la misma sala se han instalado el Plano de Texeira y la Maqueta de Madrid basada en dicha Topographia que representa el Madrid de 1656, realizada en el año 2000 por Juan de Dios Hernández y Jesús Rey. Ambas obras proceden del Museo de los Orígenes y, junto a la Maqueta de León Gil de Palacio ofrecen un panorama completo de lo que fue el Madrid rodeado por la cerca de Felipe IV durante más de dos siglos, y nos producen una fascinación de la que ya hablamos hace algo más de dos años aquí a propósito de las maquetas de Madrid.

Como decíamos al principio, un delicioso y enriquecedor paseo desde el Madrid de Texeira al de León Gil de Palacio, del siglo XVII al XIX.

Por: Mercedes Gómez

El Antiguo Hospicio de San Fernando, situado en la calle de Fuencarral nº 78, fue construido durante el reinado de Felipe V entre los años 1721 y 1726 por el arquitecto Pedro de Ribera. La institución, que llegó a ocupar 15.000 metros cuadrados, entre las calles de Fuencarral, Beneficencia, Florida -actual Mejía Lequerica– y Barceló, ha vivido una historia muy azarosa, con varias reformas, ampliaciones, y derribos.

Son de sobra conocidas las críticas tan crueles a las que los cronistas madrileños del siglo XIX (Mesonero Romanos, Madoz…), defensores del neoclasicismo, sometieron a Pedro de Ribera. Esta actitud tan negativa, unida al hecho de que en los comienzos del siglo XX el edificio se encontraba muy deteriorado, ocasionó que se decidiera proceder a su demolición.

Un ejemplo: el escritor Augusto Martínez Olmedilla, en agosto de 1918, en la revista Blanco y Negro escribió un artículo titulado “El Hospicio: sentenciado”, en el cual se refería a los arquitectos del Barroco Castizo como “Churriguera y sus secuaces”, y calificaba su estilo como empalagoso, pretencioso, recargado, cursi… En fin, la Portada del Cuartel del Conde Duque, como sabemos también diseñada por Ribera, para este autor era una obra “deleznable”.

Por suerte a esas alturas del nuevo siglo no todo el mundo pensaba ya igual. Algunos organismos, entre ellos la Sociedad Central de Arquitectos, lucharon por conseguir su protección y solicitaron fuera calificado como Monumento Nacional. A veces, ayer como hoy, los esfuerzos se ven recompensados, y el 29 de noviembre de 1919 la Gaceta de Madrid, precursora del Boletín Oficial del Estado, publicó la declaración de Monumento Histórico-Artístico de la fachada, la primera crujía y la Capilla.

El Hospicio en 1920

Se habló de la posibilidad de que la Portada podía ser conservada y trasladada a otro lugar.

Patio Antiguo Hospicio (1920)

Poco después algunos periodistas y profesionales comenzaron a pedir el “indulto” para el edificio y abogar por no separar la puerta de su fachada, pues, según ellos, la gran Portada perdería su sentido. A pesar de todo, en los primeros meses del año 1923 comenzó el derribo del viejo Hospicio. La Portada de Pedro de Ribera iba a ser desmontada y reconstruida “cuando hubiera ocasión y sitio oportunos”.

Solar del Antiguo Hospicio en 1924 (Revista Mundo Gráfico)

La Gaceta, la misma que había anunciado su protección como Monumento, publicó la autorización de venta de los terrenos.

Algunos medios denunciaron la posible desaparición de una “joya artística” y mostraron su temor a que la venta del gran solar que ocupaba el edificio, ya derribado en gran parte, provocara la pérdida de su condición de servicio público, solicitaban que fuera adquirido por el Ayuntamiento y se convirtiera en un parque, muy necesario para el barrio en aquellos tiempos.

La Capilla también iba a ser destruida.

Finalmente el Ayuntamiento adquirió el inmueble, salvándose la fachada completa que da a la calle de Fuencarral, y la Capilla.

En 1926 tuvo lugar un acontecimiento que resultaría decisivo para el futuro del edificio, la celebración de la exposición El Antiguo Madrid, precedente del Museo Municipal. Luis Bellido comenzó su restauración para museo.

1926 (Hauser y Menet)

También se creó el parque que deseaban los vecinos, el Jardín del Hospicio, o Jardines de Pablo Iglesias. En algún libro figura que recibieron este nombre únicamente durante la guerra civil, pero en mayo del año 1927, en plena dictadura de Primo de Rivera, Ramón Gómez de la Serna dedicó un artículo a estos jardines, en la revista Nuevo Mundo, un verdadero canto a los niños y a las “modestas plazas de barrio” en el que aparece el nombre de Jardines de Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista, que vivió en el Hospicio desde los 9 hasta los 12 años.

Jardines de Pablo Iglesias (Revista Nuevo Mundo 1927)

En 1929 fue inaugurado el Museo Municipal, con Manuel Machado como primer director.

Durante la guerra civil el Museo permaneció cerrado. Tras su reapertura hubo una serie de cambios. Desde entonces el parque recibe el nombre de Jardines del Arquitecto Ribera y en ellos fue instalada la Fuente de la Fama, obra del propio Ribera.

Pero debido a su mal estado en 1955 fue cerrado de nuevo. El Museo Municipal no reabrió sus puertas hasta veinticuatro años después.

Mientras, en 1967 en los jardines se había instalado el monumento a don Ramón de Mesonero Romanos –que tanto había criticado a Ribera por cierto-, obra de Miguel Blay, procedente del paseo de Recoletos. Dos años después se construyó un aparcamiento subterráneo y el parque fue remodelado.

Monumento a Mesonero Romanos (Foto: 2005)

En los años 90 comenzó una nueva etapa de obras, que aún continúa. Se rehabilitó la Capilla y se restauró la fachada. En el parque tuvo lugar el cerramiento de la histórica Fuente de La Fama, mediante una verja sobre un poyete.

El 29 de diciembre de 2001 se anunció en la prensa que el museo permanecería cerrado un año. En 2004 se dijo que la tercera fase de las obras del Museo Municipal acabarían en 2006. Luego la reapertura estaba prevista para 2007… Estamos en 2011 y las obras, remodelaciones y reestructuraciones parecen no tener fin.

Por otra parte, en los comienzos del año pasado se derribó el Mercado de Barceló, construido en los años 50 del siglo XX, instalándose uno provisional sobre lo que fue el Jardín.

Mercado provisional sobre los jardines (agosto 2011)

Según nos cuentan en el propio museo, está prevista la instalación de otra verja alrededor de la fachada principal.

Museo de Historia (Foto: julio 2011)

En cuanto a la noria hallada en 2004 nadie tiene noticias.

De momento,  el Museo Municipal, cuyos maravillosos fondos no podemos contemplar desde hace casi diez años, ha cambiado de nombre y ahora es el Museo de Historia.

Recientemente han abierto una pequeña sala de exposiciones temporales, con la interesante muestra “El aragonés Antonio Martínez y su fábrica de platería en Madrid (1778-1867)” que nos permite ver (excepto durante el mes de agosto), aunque sea en una mínima parte, cuál será el aspecto del futuro museo.

No hay fecha para la reapertura del Museo ni está muy clara la recuperación del Jardín.

De Hospicio a Museo Municipal… una azarosa e infinita historia.

Por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 11 diciembre 2011

Las obras exteriores del Museo de Historia han terminado, y, tal como me contaron en el propio museo este verano, ha sido instalada una reja alrededor del edificio.

El antiguo jardincillo de la calle de Fuencarral y los setos de Barceló han sido sustituidos por el suelo de granito. Este es su aspecto, y el modelo de banco elegido:

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Bibliografía:

Blanco y Negro, 11.8.1918; Mundo Grafico 7.3.1923; Mundo Gráfico 5.3.1924; Nuevo Mundo 2.5.1927. (BNE)

www.memoriademadrid.es

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Otros artículos:

Pedro de Ribera, un arquitecto Castizo.
Ermita de la Virgen del Puerto.
Cuartel del Conde Duque.
Cuartel del Conde Duque (II)
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Hasta la llegada de la Fotografía, medio más fiable para conocer la historia y la evolución de una ciudad, además de la palabra, los testimonios de los cronistas a lo largo de los siglos, y los documentos localizados en los Archivos históricos, las fuentes de información más valiosas de las que disponemos son la Cartografía y, por supuesto, la Pintura. Gracias a los artistas que a lo largo de los siglos han representado la ciudad, sus calles, sus edificios, sus habitantes… conocemos Madrid mucho mejor. Uno de estos artistas que nos ha ayudado a conocer mejor el siglo XVII madrileño es Félix Castello.

Félix Castello nació en Madrid en el año 1595, descendiente de artistas italianos. Su abuelo fue Giovanni Battista Castello, El Bergamasco, arquitecto y pintor de Felipe II, y su padre Fabricio, quien también trabajó en El Escorial. Pero su madre, Catalina Mata, era española. Fue bautizado el 4 de julio de 1595 en la parroquia de San Sebastián, iglesia del Barrio de las Letras y de los artistas. Creció Félix por tanto en un ambiente artístico cercano a la Corte. Él mismo intentó ser Pintor del Rey, pero nunca lo consiguió.

Se casó en diciembre de 1615 con Catalina de Argüello, instalándose en la plazuela de Antón Martín, en el mismo barrio en que había nacido. Dos años después solicitó por primera vez la plaza de Pintor del Rey, sin conseguirla. Volvió a presentarse diez años después. Félix, como tantos artistas en la Corte, buscaba un cargo fijo que le asegurara la existencia, recordemos a Pedro Texeira, nacido el mismo año que Castello por cierto, intentando sin ningún éxito ser nombrado Ayuda de Cámara del Rey.

Fue discípulo de Vicente Carducho, siempre estuvo muy cerca de él, y su pintura se vio influenciada por la de su maestro. Aunque no llegó a tener ningún cargo en la Corte sí realizó algunos trabajos para Felipe IV. Participó en la decoración del Palacio del Buen Retiro, el Alcázar y otros Sitios Reales. En el Palacio del Buen Retiro pintó uno de los doce cuadros que cubrían las paredes del Salón de Reinos con escenas de grandes batallas, La recuperación de la isla de San Cristóbal, firmado en 1634. Victoria conseguida en 1629 por Fadrique de Toledo, la recuperación, por poco tiempo, de la isla de San Cristóbal, en las Antillas, en poder de franceses e ingleses.

Para la serie de reyes godos, al año siguiente pintó Teodorico, rey godo.

Ambas pinturas pertenecen al Museo del Prado. El primero no está expuesto, y el segundo se encuentra en depósito en el Museo del Ejército.

Salón de Reinos, antigua sede del Museo del Ejército, actualmente.

Para el Real Alcázar realizó varios retratos de reyes situados en la Sala de Comedias, y algunos trabajos para la Capilla. Otras obras suyas se encuentran en el Museo de Historia. Su Vista del Alcazar de Madrid, realizada en la década de los años treinta, es quizá una de sus obras más conocidas y una de las que nos ilustra sobre cómo era ese Madrid antiguo. El Real Alcázar, visto desde el Puente de Segovia, el Campo del Moro…

Otro encargo de la Corona fue la creación de cinco vistas de las casas de campo reales,  de las que se conservan un delicioso Paisaje de la Casa de Campo, de 1634.

Gracias a otra de sus pinturas tenemos la imagen de la desaparecida Torre de la Parada, pabellón de caza situado en el Real Sitio de El Pardo para alojar al rey y sus acompañantes. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando Luis de Vega lo construyó para Felipe II, aún príncipe; Gómez de Mora lo transformó completamente y Felipe IV ordenó su decoración con pinturas de Velázquez, Rubens y otros artistas. Un inventario realizado a la muerte de Carlos II describe ciento setenta y seis pinturas de grandes maestros, muchas de ellas se perdieron y otras se encuentran en el Prado.

El último cuadro adquirido por el Museo de Historia es el de los Baños en el Manzanares en el paraje del Molino Quemado, que se considera realizó al final de su vida. Se le atribuye su autoría además de por el tratamiento del paisaje, por los personajes y la temática. Un ejemplo: la escena del duelo recuerda extraordinariamente a la que aparece en La Torre de la Parada.

Esta pintura, además de ofrecer un verdadero cuadro costumbrista, nos proporciona datos valiosísimos acerca de esta construcción singular cuya situación frente a la Casa de Campo conocemos gracias a Texeira y su plano. Se sabe que fue “maestro de su arte”, dedicándose a enseñar el oficio de pintor. Félix Castello , o Castelo, pues de ambas formas firmó sus obras, murió en 1651, en su ciudad, Madrid. Por Mercedes Gómez

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