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Emprendemos un nuevo paseo en busca de la muralla medieval, la fortificación construida desde finales del siglo XI-siglo XII tras la llegada del rey Alfonso VI a Mayrit, con el fin de actualizar la localización y estado de los restos conservados.

Recordemos que los límites del llamado segundo recinto estaban marcados por el antiguo Alcázar -ubicado aproximadamente en el lugar donde hoy se levanta el Palacio Real-, y sus cuatro puertas: La Puerta de Valnadú, la Puerta de Guadalajara, la Puerta Cerrada y la Puerta de Moros.

El Plano de Espinosa, de 1769, representa perfectamente algunos de los tramos, conocidos gracias a la Planimetría General de Madrid realizada a partir de 1750, que aún hoy nos sirve de ayuda para completar nuestro recorrido.

Segundo recinto. Plano de Espinosa (1769) (en rojo, restos actuales, aprox.)

Siguiendo el plano, de norte a sur, el paseo se puede leer/recorrer de una vez, o, si os parece muy largo, dividirlo en cuatro tramos, igual que la propia muralla. Como guste el lector/caminante.

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De la Puerta de Valnadú a la Puerta de Guadalajara

En algún sitio cercano al Alcázar, procedente del primer recinto islámico, nacía la muralla construida a lo largo del siglo XII en mampostería de sílex y piedra caliza.

Plano de Espinosa (1769). De Valnadú a Puerta de Guadalajara.

La muralla debía de recorrer los terrenos donde hoy se asienta el Teatro Real y llegar a la plazuela de los Caños del Peral, actual plaza de Isabel II. Es un tramo hipotético, pero –hay que citarlo–, en un programa de Telemadrid dedicado a los 200 años del Teatro Real, paseando a más de veinte metros bajo el suelo de Madrid por una galería perimetral, los protagonistas comentaron que ahí dicen que está la muralla cristiana.

Teatro Real (Telemadrid)

La Puerta de Valnadú es quizá la más desconocida de todas, en cuanto a ubicación y características. Una placa la recuerda en la esquina de la calle de la Unión con la de Vergara.

Desde la Puerta de Valnadú –próxima a la actual plaza de Isabel II–, en su camino hacia la Puerta de Guadalajara en la calle Mayor, la muralla discurría entre las actuales calles de la Escalinata y Mesón de Paños –ronda exterior- y del Espejo –ronda interior–.

En la plaza de Isabel II nº 3, en el sótano del restaurante Foster’s Hollywood, se hallan los restos, muy modificados, de un lienzo en su cara intramuros. En el centro existe una puerta con arco de medio punto de ladrillo, abierta en época más moderna, que comunica con el solar colindante en la calle de la Escalinata.

Plaza de Isabel II, 3.

Dicho solar, en la calle de Escalinata nº 21, tras la demolición en 1988 del edificio que lo ocupaba, ocultos durante mucho tiempo tras unos paneles, en 2012 quedaron al descubierto los vestigios de la muralla, en su cara extramuros, muy deteriorados, pidiendo a gritos desde entonces una consolidación, restauración y acondicionamiento. La puerta que vemos es la misma que pudimos ver en el interior del restaurante, en su cara exterior.

Calle Escalinata, 21.

Recientemente se ha publicado en la prensa, aquí, que el Ayuntamiento procederá a calificar este solar como zona verde de uso público. Después, lo prioritario debería ser la restauración y protección de la muralla.

Desde Escalinata se ve perfectamente el singular edificio, situado en Espejo nº 12, que fue construido adaptándose a la forma de una torre de la fortaleza defensiva, forma que ha conservado a lo largo de los siglos a pesar de las construcciones sucesivas.

Calle de la Escalinata

A sus pies hay un garaje con entrada por la calle de la Escalinata nº 13 donde además de coches se guardan los restos de la torre y un considerable tramo de la muralla.

A sus espaldas, intramuros, en el solar que corresponde al nº 14 de la calle del Espejo, cerrado desde hace mucho tiempo, también existen vestigios constatados en los años 80. Recientemente ha habido obras, al parecer se ha llevado a cabo un nuevo estudio arqueológico. Esperamos noticias.

Calle Espejo, 14 (nov. 2021)

Las obras, a fecha de hoy, de momento parece que han terminado.

Calle Espejo, 14

A continuación, en el mencionado número 12 de la calle del Espejo se conservan varios metros de restos de muro bajo un cristal. Aparecieron en 2009 durante las obras de acondicionamiento de la escuela allí alojada. El local era la sede de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y del Centro de Estudios Jovellanos. Un letrero en la cabecera del aula recordaba a los alumnos y visitantes ocasionales, que «estos restos arqueológicos pertenecen a un lienzo del segundo recinto amurallado de Madrid (siglo XII)». Este tipo de información debería figurar junto a todos los restos conservados, y no es así.

Vendido el inmueble, en 2016 fue ocupado por la Pastelería Santa Eulalia. Las dos aulas de la anterior escuela fueron unidas en un único espacio.

Calle Espejo, 12

En el nº 2 de Espejo, antiguo taller de reparación de instrumentos musicales, también se conserva una parte del lienzo, constatado según estudio arqueológico.

Calle Espejo, 2

En otra noticia televisiva (que no tenía nada que ver con la muralla) pudimos ver hace pocos meses un muro que seguramente pertenece a ese tramo.

Calle Espejo, 2

A espaldas de la calle del Espejo, en la calle Mesón de Paños números 11-15 se constataron restos de los que al parecer no queda nada, tras la construcción de viviendas modernas a finales de los años 60 del pasado siglo.

La muralla sigue su camino hacia la calle Mayor y atraviesa la Calle de Santiago, en cuyo nº 2, tras el derribo del edificio que lo ocupaba, en 1977 durante la construcción de las nuevas viviendas se realizó una intervención arqueológica que permitió constatar la presencia de la cerca. En el garaje se guardan muestras de aquellos hallazgos.

Calle Santiago, 2

La muralla continuaba. En el subsuelo del edificio de la calle Milaneses nº 2 –que fue tapiado hace tiempo, y así continúa– también se hallaron restos arqueológicos, probablemente vestigios de la muralla.

Calle de los Milaneses

A esta altura, en la calle Mayor se encontraba la Puerta más importante de la Villa, la Puerta de Guadalajara.

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De la Puerta de Guadalajara a Puerta Cerrada

El camino de la muralla desde la Puerta de Guadalajara hasta Puerta Cerrada es conocido. La Cava de San Miguel y la calle de Cuchilleros nacieron sobre el foso, originando las manzanas 171 y 169.

Plano de Espinosa (1769). De Puerta de Guadalajara a Puerta Cerrada.

En las escasas intervenciones arqueológicas realizadas en este tramo se documentó un resto original en su cara intramuros, en la calle Gómez de Mora nº 4, planta baja.

Calle Juan Gómez de Mora, 4

Desde aquí la muralla continuaba su camino hasta la Puerta Cerrada.

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De Puerta Cerrada a Puerta de Moros

La Puerta Cerrada fue la segunda en importancia en el Madrid medieval, después de la de Guadalajara.

Plano de Espinosa (1769). De Puerta Cerrada a Puerta de Moros.

Se encontraba situada en la actual plaza del mismo nombre, entre las calles del Nuncio, Gómez de Mora, Cava Baja y Cuchilleros.

Puerta Cerrada

La muralla, que desde Puerta Cerrada se dirigía hacia Puerta de Moros, discurre por el interior de la manzana 150 que igual que muchas otras, como hemos visto, nació alrededor de la tapia.

La puerta ya no existe pero la plaza guarda aún hoy día muchas huellas del Madrid medieval. En los edificios que a ella se asoman se encuentran algunos de los vestigios más notables de muralla cristiana. En el nº 6 se conserva un lienzo completo en altura, a través de los pisos de las viviendas, visible en el sótano del bar en la planta baja.

Puerta Cerrada, 6, sótano (2006)

En dicho lienzo se apoyan los edificios del mencionado nº 6, el 5 y el colindante nº 4, una construcción muy antigua, tal vez del siglo XVIII, que en 2008 en parte se encontraba apuntalada. A pesar de su antigüedad y de tratarse de un edificio teóricamente protegido, en 2011 fue demolido.

Puerta Cerrada

Al fondo del solar se ve el muro de otro de los edificios apoyados en la muralla, el correspondiente a la Cava Baja nº 4. La buena noticia fue que quedaron a la vista nuevos restos de la cerca en su cara extramuros y de un torreón semicircular. Tras el derribo se estudiaron los hallazgos de los dos solares, el de Puerta Cerrada nº 4 y el de Cava Baja 4. En este último, el lienzo en su cara extramuros hasta el nivel de la primera planta y el impresionante torreón, que se conserva casi en su totalidad.

La torre y parte del lienzo de muralla estaban prácticamente cubiertos por un testero que fue eliminado y se procedió a su consolidación además de analizar la técnica constructiva. Los restos que quedaron a la vista en el solar de Puerta Cerrada 4 también se estudiaron y consolidaron.

Puerta Cerrada, 4

No existe nada semejante en todo Madrid. Los propietarios continúan esperando los permisos para poder convertir el local en restaurante y que todos podamos admirar la espectacular torre medieval.

Cava Baja, 4

La torre, de forma semicircular, como todas las más de cien que formaban parte de la muralla cristiana madrileña –al contrario que las construcciones militares islámicas que solían ser cuadradas–, construida en mampostería de sílex y piedra caliza, ocupa la planta baja y el primer piso del inmueble.

Se conserva una de las ventanitas o saetera, y en su interior la escalera de subida hasta ella. Es emocionante imaginar cómo sería su aspecto y recordar su función en el Madrid medieval, hace más de nueve siglos. La calle, actual Cava Baja, era la cava o foso de la muralla que no olvidemos formaba parte de la fortificación defensiva del Madrid cristiano desde finales del siglo XI.

A lo largo de la Cava Baja se localizan diversos tramos visibles desde algunas viviendas y locales comerciales.

Cava Baja

En el número 10 se encuentra uno de 7 metros de largo por entre 1 y 4 de altura, un precioso ejemplo consolidado y acondicionado mediante acristalamiento y luces que favorecen su contemplación.

Cava Baja, 10

Hace pocos años nuevos restos, unos doce metros, salieron a la luz en el nº 12, en una de las antiguas posadas de la Cava. La Posada del León conserva además del arranque del cubo que ya pudimos contemplar en el edificio del nº 10, y la mitad de otro cubo, un lienzo de unos 12 metros de largo y un metro de anchura. Este bonito hotel ha resguardado bajo cristales los restos defensivos que se pueden admirar en su restaurante, a la entrada del local.

Cava Baja, 12

La muralla continúa en el edificio contiguo, números 14-16, la Posada del Dragón y antigua jabonería La Antoñita. El acogedor bar y restaurante en la planta baja también guarda la muralla.

Cava Baja, 14

En el nº 22, otro solar durante muchos años cerrado tras una puerta de madera, como el que vimos en Espejo, guardaba más vestigios de la muralla medieval.

Durante más de treinta años el solar, de más de setecientos metros cuadrados, con entrada por la Cava Baja 22 y Almendro 3 estuvo tapiado y cerrado, excepto una época en que al parecer sirvió de aparcamiento. Solo sabíamos que allí se había constatado la existencia de restos de muralla.

En 1983 fue realizada una excavación arqueológica con el fin de localizar dichos vestigios, perfectamente documentado su paso por el lugar, y de datarlos. Aparecieron unos cuatro metros de muralla y el arranque de uno de los cubos semicirculares, y restos arquitectónicos superpuestos o adosados a ella, desde el siglo XIV al XIX; la muralla conserva solo una altura de unos dos metros. Se consideró una construcción de finales del siglo XI, comienzos del XII. Los restos del muro hallado son, según los informes entonces, de mampostería con un espesor de unos dos metros y medio.

En 2016 el Ayuntamiento de Madrid acondicionó el lugar y abrió sus puertas.

El lugar por el que discurría la muralla y el torreón, cuyos restos subsisten bajo el nivel del suelo, se marcaron en el pavimento que recrea la forma de su planta. Ahora podemos ver y comprender el camino que seguía la muralla, límite de Madrid en el siglo XII.

Cava Baja, 22 / Almendro 3

En el nº 15 de la calle del Almendro existe otro lienzo, de unos 16 metros de largo por 11 de alto, hallado tras el derribo de un edificio en 1967, que hasta hace poco nunca había sido restaurado ni objeto de estudio. Su estado, muy deteriorado por antiguas perforaciones y el paso del tiempo, era de ruina.

Calle del Almendro, 15

Volvemos al exterior de la Villa, a la Cava Baja. En el nº 30 se conserva un largo lienzo de muralla muy antiguo, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI ó XII, pues la mayoría presentan intervenciones de siglos posteriores; mide 19 m de largo por 11,5 de alto.

Cava Baja, 30

Esto significa que, después de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega construida en el siglo IX, y la impresionante torre mudéjar de la iglesia de San Nicolás de los Servitas del siglo XII, estamos ante una de las construcciones más antiguas de Madrid.

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De Puerta de Moros a la Puerta de la Vega

Al final de la Cava, llegamos a la plaza del Humilladero donde se encontraba la Puerta de Moros.

Plano de Espinosa (1769). De Puerta de Moros a la Puerta de la Vega.

Desde aquí, la muralla se dirigía hacia el Barranco, actual calle de Segovia.

Los restos conservados en el número 3 de la plaza de los Carros, planta baja y sótano, permiten apreciar el modo en que la cerca medieval madrileña fue utilizada en la construcción de viviendas e incluso habitada.

Plaza de los Carros

Tal como explicaba la investigadora Mercedes Agulló «… los habitantes madrileños de la muralla no sólo la habían utilizado como morada, sino que la habían adaptado a sus necesidades y caprichos abriendo puertas y ventanas, ocupando las torres y torreones, agregando a las casas que estaban arrimadas a ella parte de la propia muralla de Madrid o derribando y deshaciendo lo que les estorbaba.»

Como hemos repetido tantas veces, desde el siglo XV, y sobre todo en el siglo XVI, las manzanas se formaron alrededor de la muralla, utilizando lo que convenía, destruyendo o modificando lo que no. Así ocurrió con la entonces futura manzana 126 cuyas casas darían lugar a las calles de Don Pedro y de Los Mancebos.

Tuvimos noticias del lienzo a finales de 2003, con la apertura del primer local abierto. Mide unos 6 metros de largo por 2,80 de alto. Cerrado el primer restaurante, el local ha sido ocupado por sucesivos bares, el último hace pocos meses.

En la Calle Mancebos 3 se encuentra otro de los lienzos conservados en su cara intramuros.

Es incomprensible el estado en el que se encuentra en la actualidad, literalmente cayéndose a trozos, uno de nuestros monumentos más antiguos, bien de interés cultural, de protección obligada. Esperemos que forme parte del plan de mejora que afecta al solar de la calle de la Escalinata y, suponemos, al de la calle del Espejo.

Mancebos, 3

Este tramo, que bajaba desde la Puerta de Moros entre las actuales calles de don Pedro y de los Mancebos, continuaba por la de los Yeseros y Angosta de los Mancebos.

Volvemos por un momento al exterior del recinto amurallado. En la calle de Don Pedro 8, 10 y 12, en el interior del antiguo Palacio del marqués de Villafranca, hay un lienzo espectacular.

La zona del palacio que hoy corresponde al nº 8 son viviendas.

Calle Don Pedro, 8

Después de la rehabilitación, el edificio hoy día está ocupado por modernos apartamentos en alquiler en los que en algunas de las habitaciones se mantiene la muralla a la vista, los conocemos por sus anuncios, bautizados como La Muralla, utilizada como reclamo.

Foto Apartamentos Don Pedro

En los números 10 a 12, se conserva un lienzo espectacular, bien restaurado y cuidado, de unos 30 metros, en el sótano del antiguo palacio, actual sede de la Real Academia de Ingeniería. Un tesoro.

Desde aquí la muralla descendía hacia la calle de Bailén, continuaba paralela a la Cuesta de los Ciegos y después atravesaba el antiguo Arroyo de San Pedro, hoy Calle Segovia, para llegar hasta la Cuesta de la Vega donde se unía a la primera muralla, construida en el siglo IX, probablemente a la altura del tercer cubo desde la Puerta de la Vega.

Por: Mercedes Gómez

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NOTA: Esta entrada es una actualización de nuestros paseos en busca de la muralla medieval, en los enlaces a los varios artículos anteriores se puede encontrar bibliografía.

La existencia de una imagen de piedra en la Cuesta de la Vega, donde según la leyenda se halló la Virgen de la Almudena, es muy antigua.

Hay constancia de una Cédula del Rey Católico, de 1512, concediendo a Madrid licencia para echar sisa hasta en cantidad de 15.000 maravedís, a fin de hacer un humilladero en la Puerta de la Vega y empedrar los dos caminos que a ella conducían. El 29 de octubre de ese año los miembros del Concejo acordaron que la sisa de los quince mil maravedís fueran para el umilladero de puerta de Alvega. Según Timoteo Domingo Palacio –archivero de la Villa en 1909– este humilladero estaría indudablemente dedicado a la Virgen de la Almudena.

Cuenta Enrique Repullés, uno de los arquitectos de la Catedral, que el cubo de la muralla donde según la tradición fue hallada la imagen se derribó en 1707, en tiempos de Felipe V, de modo que en otra torre cercana se colocó en una hornacina una imagen de piedra representándola vestida, tal y como se hallaba entonces (la Almudena estuvo cubierta con vestidos desde 1640 a 1890, año en que el obispo mando retirarlos para que se pudiese ver la talla original).

Entre 1829-1831 el muro donde se encontraba la hornacina fue restaurado bajo la dirección del arquitecto municipal Francisco Javier Mariátegui. Debajo, se colocó la inscripción: «En el año de 1085 se apareció la imagen de María Santísima de la Almudena dentro del cubo que había en este sitio; y para memoria de tan dichosa aparición, el Excelentísimo Ayuntamiento ha ejecutado esta obra, año de 1830». La imagen es conocida gracias a la fotografía de Jean Laurent, La Cuesta de la Vega, datada entre 1860-1886.

“Madrid. Cuesta de la Vega”. J. Laurent (1860-1886). Archivo Ruiz Vernacci (IPCE)

A finales del siglo XIX, al comenzar las obras de la Catedral, en los terrenos cedidos por la Corona entre la Cuesta de la Vega y el Palacio Real, se construyó un nuevo muro de contención, mirando al sur, y en él un nicho donde se colocó la estatua otra vez, con la intención de recordar el origen de la Virgen de la Almudena. La imagen, deteriorada debido al paso del tiempo, se sustituyó por otra igualmente de piedra, que estuvo desde 1870 a 1936.

Esta escultura, como se aprecia en las fotografías de la época, estuvo adornada con una corona de metal dorado con piedras de colores, de autor anónimo, que había sido realizada en 1812, que hoy se conserva en el Museo de la Catedral.

Nuestra Señora de la Almudena vestida con el traje donado por la reina María Luisa de Parma en 1786 y la corona que estuvo en la Cuesta de la Vega. Museo de la Catedral.

La imagen sufrió grandes desperfectos durante la guerra. En el Museo de Historia de Madrid, antes Museo Municipal, se conservan unos interesantes restos, dos bloques de piedra caliza que corresponden al manto de la Virgen.

Estuvieron un tiempo en el jardín del museo. En la actualidad se encuentran en el almacén a la espera de nuevos datos y acaso un proyecto de su exposición al público.

Según el expediente de ingreso «un bloque de piedra que era parte del manto de la desaparecida imagen de Nuestra Señora de la Almudena… llegó al museo en el año 1949 como donación del Obispado». En realidad se trata al menos de dos fragmentos.

Observando detenidamente los dibujos de estos restos y las fotografías conservadas parece que se trata de una parte de la zona izquierda inferior y de la superior derecha, hay detalles del bordado del manto que se aprecian muy bien.

Virgen de la Almudena en la Cuesta de la Vega (1926, foto “Por esos mundos”) y fragmento del manto conservado en el Museo de Historia de Madrid en la actualidad.

Sustituyendo a esta imagen, el 7 de noviembre de 1941 se instaló la nueva escultura, obra de Fernando Valero. La Virgen recuperó su aspecto original, sin manto.

Muro de contención anterior a la construcción del Museo de Colecciones Reales (foto 2005)

Recientemente, en 2013, ha sido nuevamente sustituida. Durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales, desaparecido el antiguo muro de ladrillo, en la actual fachada sur del museo se construyó una nueva hornacina y se encargó una nueva estatua, similar a la anterior. Esta última, que recordemos había sido instalada en 1941, fue donada por el entonces arzobispo de Madrid don Antonio María Rouco Varela a la parroquia del pueblo de Navacerrada, donde se encuentra actualmente, en una pequeña ermita o humilladero dedicado a la Patrona de Madrid en el jardín a la salida de la iglesia.

En octubre de ese mismo año 2013 se bendijo la nueva imagen en la Cuesta de la Vega. La inscripción Imagen de María Santísima de la Almudena, ocultada en este sitio el año 712 y descubierta milagrosamente en el de 1085, sigue mostrándose.

Cuesta de la Vega, Madrid. 2019.

Por: Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento al Museo de la Catedral de la Almudena y al Museo de Historia de Madrid por su ayuda.

 

NOTA:

Esta entrada, como la dedicada al Origen de La Virgen de la Almudena, es resumen de otro capítulo de mi trabajo «La Virgen de la Almudena. Historia, leyendas y representaciones de la imagen venerada en la Catedral de Madrid» publicado en El Mundo de las Catedrales, Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas, nº 62, San Lorenzo del Escorial, 2019.

 

El emir de Córdoba Muhammad I fundó Mayrit, una pequeña ciudad amurallada origen de Madrid, hacia el año 865. Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada en nuestras tierras, primero con un objetivo meramente militar.

La recia muralla del primer recinto mayrití, además de algunos portillos, tenía tres puertas, la de la Sagra al norte, la de la Vega al oeste y la de la Almudena al este.

Primer recinto madrileño. Maqueta Museo de San Isidro (detalle).

La Puerta de la Vega es la mejor conocida, gracias a los documentos y sobre todo gracias a las excavaciones arqueológicas. Se cree que estaba formada por una entrada recta, típica del modelo de época emiral y califal, como apuntó el profesor Manuel Montero Vallejo.

Puerta de la Vega (recreación Museo de San Isidro)

Desde esta Puerta de la Vega una vía principal atravesaba la medina de Mayrit hasta la puerta oriental, la puerta o Arco de la Almudena conocida también como de la Mezquita por su proximidad al templo, situado en el lugar donde luego se levantaría la iglesia cristiana que conservó el nombre antiguo, Santa María de la Almudena.

El Arco de la Almudena debía ser muy sencillo –según modelos de la arquitectura islámica de los siglos IX al XI, como decíamos–, la construcción justa para cumplir su función, permitir la entrada y la salida de la fortaleza por el camino que llevaba a Guadalajara.

En este caso sí hay constancia documental pero no arqueológica; a falta de una excavación, no hay que descartar que existan restos bajo la calle Mayor, entre el Palacio de Uceda y el comienzo de la calle del Factor.

Del Arco de la Almudena partían dos caminos que con el tiempo se convertirían en las dos vías más importantes del Madrid medieval, futuras calle del Arco de la Almudena y de la Puerta de Guadalajara, actuales calles Sacramento y Mayor.

Los especialistas coinciden en que el Arco de la Almudena debía ser similar a la Puerta de la Vega, con salida recta, según Montero Vallejo muy parecida a la de la Bisagra vieja o la de Valmardón en Toledo.

Puerta de Bisagra antigua, Toledo (siglo X) (Foto: Wunderlich, 1915-30, del IPCE)

Lo confirma su única representación conocida, la del croquis de Villarreal del año 1549 que ya vimos cuando visitamos el Palacio de Abrantes en la manzana 440.

Croquis de Villarreal, 1549 (detalle) (Real Chancillería de Valladolid. Ministerio de Cultura)

La Puerta, que pasó a denominarse de Santa María, sobrevivió varios siglos pues era fortísima de pedernal, tal como escribió López de Hoyos y recogió Jerónimo de la Quintana en 1629 en su “A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid…”

Aunque en los comienzos del siglo XVI ya estaba muy deteriorada. Tenemos constancia de ello porque a lo largo del mes de junio de 1515 el Concejo madrileño reunido habló en varias ocasiones de su derribo y así lo reflejó en sus actas o Libros de Acuerdos. El 1 de junio se acordó que se acabe de derribar lo del arco de la Almudena...

Quince días después las actas recogen el acuerdo de que se saque… la piedra de lo que se cayó del arco de la Almudena e lo haga llegar a la puente de Valnadú. Estamos ante un ejemplo más de las eternas reparaciones y reutilizaciones de piedra de las murallas que se llevaron a cabo en el Madrid medieval.

Casi un mes después, el sábado 14 de julio, ante una situación que parecía suponer un verdadero peligro para los vecinos, el Concejo acordó que:

… porque la torre y arco de la Almudena se empezó a caer y se cayó, de suyo, un pedazo de ella, y lo que queda está en mucho peligro y en perjuicio de los que por allí pasan, que se quejan porque no la derriban, y de los vecinos que tienen junto a ella casas, y por ver en ello y tener el dicho arco, como está, no viene provecho a la villa, antes daño, que mandaran e mandaron derribar el dicho arco y la torre que está peligrosa.

El asunto parece que se demoraba, aunque por fin el 20 de julio mandaron que para derrocar la Puerta de la Almudena se asignaran ocho peones para que la derriben nuevamente.

Pero la puerta debió ser reparada o reformada pues siguió existiendo hasta al menos 1569 en que finalmente fue demolida.

Como ya contamos, en el interior del Palacio de Abrantes admiramos un muro de piedra caliza y pedernal de unos cinco metros que discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor.

Debe corresponder al comienzo del lienzo y el cubo de la muralla árabe que Villarreal dibujó en el siglo XVI.

Una placa en la fachada de la calle Mayor 84, manzana 435, recuerda que junto a este lugar se situó hasta 1569 la Puerta o Arco de Santa María perteneciente a la muralla de la Almudena, fortaleza del Madrid musulmán.

Los restos de la Puerta, si es que existen, no deben estar muy lejos.

Por : Mercedes Gómez

 

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